Harry llegó a Grimmauld Place a través de la chimenea del salón. Iba a subir a su habitación cuando escuchó la voz de Draco en la biblioteca. Sonaba enfadado, así que apretó el paso hacia la escalera. Tenía un pie en el primer escalón cuando escuchó otra voz. Reconocería en cualquier lugar la voz baja de Severus molesto.

Retrocedió con un suspiro y arrastró los pies hasta la puerta de la biblioteca. Golpeó con los nudillos y entró. Casi se echa a reír al ver la escena: Sirius y Severus estaban sentados en un sofá, cada uno en una punta, cabizbajos, y Draco estaba frente a ellos con los brazos en jarras.

— ¿Qué ha ocurrido? —preguntó, acercándose.

— ¿Recuerdas las veces en las que ellos han insinuado que tú y yo éramos unos niños?

Tuvo que esforzarse para mantener el rostro serio, no quería ofender a Draco, que parecía realmente enfadado.

— Lo recuerdo, sí. ¿Os habéis comportado como críos?

Severus levantó la mirada del suelo, dejando ver un ojo morado. Harry caminó hasta su padrino y lo tomó de la barbilla para encontrarle la nariz enrojecida y un labio partido.

— ¿Os habéis pegado? ¿Cómo si esto fuera el patio del colegio?

— Tal cual. Cuando llegué de trabajar los encontré revolcándose por el suelo como...

— Como tú y yo en la Academia —le recordó Harry.

Sirius dejó escapar una risa, que le valió una mirada disgustada de su pareja.

— Solo que ellos presumen de que son adultos. ¿Le explicaís a Harry lo que ha pasado, por favor?

— Se lo debía. Él me puso a parir cuando supo que Draco y yo estábamos juntos —acabó confesando Sirius, cruzándose de brazos y echándose hacia atrás en el sofá con un gesto chulesco.

— Eres un animal, Black. Yo fui a gritarte, tú has venido directo a partirme la cara —masculló Severus con las cejas bajas.

A modo de respuesta, Sirius se transformó y se tumbó frente a la chimenea. Dracó bufó y salió de la habitación pisando fuerte. Harry sonrió y se acercó a sentarse en las rodillas de su novio, haciendo que el perro se levantara para salir de la habitación.

— ¿Te lo curo? —preguntó, acariciando el moratón con suavidad.

Por respuesta, Severus estiró el cuello para besarle.

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Habían acudido a la invitación de Sirius y Draco para celebrar juntos su segundo aniversario y pasar en Londres tres días de las vacaciones de Pascua. Harry ya esperaba que Sirius reaccionara violentamente al descubrir que estaban juntos, que le pusiera un ojo morado era lo mínimo que cabía esperar. Así que al cabo de un rato besándose en el sofá huyó de la tentación para ir en busca de Draco.

— ¿Quieres hablar? —le preguntó, entrando en la salita pequeña, donde Draco leía una revista de quidditch.

El rubio bajó la revista con un suspiro.

— Recuérdame que eres feliz con Severus, por favor. Eso me compensará los próximos días cuando Sirius le gruña cada vez que se encuentren.

No pudo evitar una carcajada, que hizo a Draco sonreír a su vez. Se dejó caer junto a él en el sofá.

— Confiesa que has pensado en algún momento que he ido tras Severus para vengarme.

— ¿Algo así como tu me robas a mi padrino, yo te robo el tuyo?

— Apostaría que tengo razón —insistió Harry.

Draco rió y asintió con la cabeza. En ese momento Padfoot entró en la habitación y se acercó al rubio, buscando una caricia. Sonriendo todavía, le rascó detrás de las orejas.

— Somos familia ahora, Harry. ¿No es una locura?

— Y seguramente siga siéndolo, esos dos hombres van a tardar más en aprender a convivir que tú y yo, me temo.

Padfoot ladró, mostrando su desacuerdo.

— La opinión de la mascota no cuenta —le dijo Draco, dándole un par de palmadas en el lomo.

Se quedaron un rato callados, observando a Padfoot enroscado en el suelo, dormitando pero vigilándolos.

— Me gusta la idea de tener una familia. Y amo a Severus, por si te quedaba alguna duda.

— Me alegra saberlo. Soy el ahijado de un pocionista, conozco al menos tres pociones que te matarían sin dejar rastro —contestó con el tono petulante que usaba en el colegio, levantando de nuevo la revista.

Harry soltó otra carcajada y se dejó caer al suelo para acariciar a Padfoot, sin ver que Severus sonreía desde el marco de la puerta.

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¡Y llegamos al final! conforme escribo esto, me hago preguntas. Creo que Severus y Harry siguen yendo al club a compartir con Bill y Fleur cada mes, más alguna escapada extra para ocupar ellos mismos una habitación e invitar a otres a mirar. Y creo también que al cabo de un par de años en Aberdeen, Harry decide pedir una excedencia y viajar con Severus mientras escribe un libro, quizá un libro de texto sobre DCAO o quizá una novela erótica basada en sus experiencias, quien sabe.

¡Nos leemos pronto en otra historia!