Cuando acabé "Voyeur" me quedé con ganas de más. Y creo que no fui la única, así que al pensar a quién quería volver a traer en este loco mes, estaba claro que ellos estaban a la cabeza de mi lista.
No hace falta deciros quién es el tercero de esta historia, el título lo deja claro, no podía no contar con él. Espero que lo disfrutéis, la semana que viene habrá otro más de esta pareja, son un poco droga. ¡Tercer extra de San Calentín 2022 para todes!
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Estaba emocionado. En sus 25 años nunca había salido de la isla, era la primera vez que pisaba el continente. De pie, junto a la barandilla de la terraza de un hotel mágico, en los Cárpatos, rodeados de montañas tapizadas de pinos y abetos, tomaba grandes bocanadas de aire.
— Pareces feliz de estar aquí —habló a su espalda la voz grave y baja de su pareja.
Se giró y caminó hasta abrazarlo por la cintura.
— Lo estoy. De estar aquí, contigo.
Severus sonrió y se inclinó a besarle. No las había tenido todas consigo cuando Harry le había propuesto tomarse un descanso de su carrera de auror para viajar con él. El trabajo en Aberdeen no había sido tan bueno como pensaba y su pareja se había dado cuenta, muy a su pesar.
El primer destino les había llevado a Rumania. Sabía que Harry no era consciente de que la reserva de dragones en la que trabajaba Charlie Weasley estaba en una de las montañas que distinguían desde su terraza.
Desde que había salido de la peor manera de La Madriguera, no había retomado contacto con Ronald y Hermione. Peor aún, poco antes de abandonar Inglaterra Harry se había enterado por la prensa de que sus amigos se habían comprometido. Por una vez, Severus se había molestado con Bill, por no avisarle; entonces fue cuando supo que el hermano mayor no estaba en los mejores términos con el pequeño.
Harry no había dicho nada. Había visto el artículo, había dejado el periódico y había preguntado si seguía en pie el plan de cenar con Draco y Sirius. Pero Severus le conocía, sabía que aquello había escocido. Por eso le daba vueltas en su cabeza a la conversación que había tenido con Bill sobre Charlie.
"Charlie decidió hace bastante desconectar de los rollos familiares, pero sé que aprecia a Harry. Dale la opción a él de verlo".
— ¿Seguro que no te aburrirás mientras yo estoy en la Academia? —insistió por tercera o cuarta vez.
— ¿Aburrirme? Puedo explorar un pueblo mágico en el que no me conoce nadie —respondió Harry con una gran sonrisa feliz, apretando más fuerte su abrazo.
— También está la reserva de dragones.
Harry se separó un poco para poder mirarle mejor a los ojos, entre sorprendido y emocionado.
— Espera, ¿te refieres a…?
Asintió.
— Está allí, entre esos bosques. —Señaló con una mano una pequeña montaña a unos 50 kilómetros— Quizá Charles Weasley podría hacerte una visita guiada.
Lo vio, el brillo de ilusión en sus ojos. Quizá sí había sido una buena idea darle a Harry la oportunidad de ver mundo.
— Le escribiré. —Entró entusiasmado en la habitación, pero a los tres pasos se detuvo en seco, girándose con gesto aprensivo— ¿Tú crees que va a querer verme?
Severus asintió y entró tras él, pasando un brazo protector sobre su hombro.
— Bill me animó a esto, dice que Charles se mantiene al margen de los conflictos familiares. Y bueno, un mojigato no es.
Harry le miró con sospecha, los ojos verdes entrecerrados.
— ¿También te has acostado con Charlie?
— Fue una noche, nada más, las navidades que Grimmauld era la sede de la Orden —explicó, quitándole importancia con un gesto de la mano.
— Nunca dejas de sorprenderme, Severus. Voy a escribirle entonces, creo que he visto que el hotel tiene servicio de lechuzas.
Severus le detuvo un momento, para mirarle a los ojos, con el rostro serio.
— ¿Seguro que no te parece mal?
— ¿A estas alturas crees que voy a volverme celoso? —Sonrió de lado, jugando con el cuello de su camisa— Sev, lo único que lamento es no haber visto eso, Charlie es definitivamente el hermano más…
Le besó, callando lo que fuera a decir sobre el domador.
— Tú sí que me sorprendes a diario —afirmó, acariciándole la mandíbula—. Ve con tu carta, yo voy a acercarme a la Academia a firmar unos papeles.
Y volvió a besarle antes de salir.
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Charlie no respondió a la carta, se presentó directamente en el hotel ese mismo día. Harry y Severus tomaban en el bar una copa antes de cenar cuando lo vieron entrar caminando con largas zancadas. Llegó junto a ellos con una gran sonrisa; Harry se puso de pie, nervioso, con la mano extendida, pero el pelirrojo lo ignoró para darle un abrazo.
— Me alegro mucho de verte, Harry —le dijo al separarse, palmeándole el hombro— Severus —saludó con un pequeño movimiento de cabeza a la par que estrechaba su mano, .
— Un placer, Weasley. ¿Te unes a nosotros? —preguntó, señalando a la barra.
— Encantado —respondió, alzando la mano para llamar al camarero.
La copa derivó en cena y la cena en otra copa. Severus daba vueltas en su mano a un vaso ancho con whiskey muggle, cómodo en una de las butacas del salón de fumadores mientras veía a su compañero charlar con el pelirrojo. Había temido que, a pesar de lo que Harry le había dicho, esa reunión fuera incómoda, pero no. Sonrió para sí mismo, recordándose que debía tener fe en su relación, que habían hecho las cosas bien los últimos dos años.
Le sacó de sus reflexiones el movimiento de Charlie al ponerse de pie.
— Ha sido una cena estupenda, gracias. Me quedaría más rato, pero me levanto al amanecer. Espero verte de nuevo antes de que os vayáis —le dijo a Severus al estrecharle la mano—. Harry, mañana te escribo cuando tenga permiso de mi jefe para esa visita guiada.
Y se marchó. Los dos hombres lo siguieron con la mirada mientras salía del bar.
— Aún le gustas —dijo Harry con una pequeña sonrisa mientras apuraba su copa.
— Lo dudo bastante, eso pasó hace mucho.
Negó con la cabeza.
— Auror aquí, —Se señaló a sí mismo— sigo sabiendo interpretar el lenguaje corporal de la gente.
— Mortifago y espía aquí —le respondió Severus—, estoy vivo gracias a saber interpretar a la gente, Harry. Seguramente ni lo recuerde, bebimos bastante ese día.
— Créeme, Sev, no eres fácilmente olvidable; —Se puso de pie y esperó a que su pareja recogiera el tabaco y apurara su copa— de todos modos, mañana lo veré.
— No le incomodes sacando ese tema —pidió, tomando su mano mientras se dirigían al ascensor— será muy violento cuando descubras que no lo recuerda.
Dentro del ascensor, Harry se giró hacia él, los ojos brillando de malicia, y le abrazó por la cintura.
— Apostemos.
— ¿Y en qué estás pensando? —le preguntó estrechando los ojos al sentir que una erección se frotaba contra su pierna.
— Si tengo razón, haremos una excepción esta vez.
— ¿A qué?
— A la norma de no compartir fuera del club, —Se acercó a su oreja y murmuró, empujándose un poco más contra él— quiero verte con él.
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Estaban sentados en el bar de empleados de la reserva, cada uno con una cerveza. Harry aún estaba emocionado como un niño pequeño, los dragones eran una de sus debilidades. Charlie lo escuchaba divagar sobre todo lo que habían visto con una sonrisa, verlo así de entusiasmado era incluso enternecedor.
— Es una lástima que Severus se lo haya perdido.
Esa frase le devolvió un poco a la realidad.
— ¿Siempre es así? Él enseñando y tú haciendo turismo.
Harry negó con la cabeza.
— Es el primer viaje. Él ha estado enseñado dos años en una escuela cercana a mi guarnición. Los dos necesitábamos un cambio de aires.
Charlie le miró largamente y Harry fue consciente de que iba a medir las palabras que usara a continuación.
— Cuando Bill me escribió que estabais juntos…
— ¿Tuviste celos? —saltó Harry, juguetón.
— ¿Qué? —se espantó, hasta dio un saltito en la silla— No no, ¿por qué…?
Los ojos verdes chispearon de malicia cuando se inclinó hacia delante y habló lentamente, con voz suave.
— Porque es bueno en la cama. Vamos hombre, reconócelo, ayer te lo comías con los ojos.
— ¿Quién eres tú y dónde está el chaval que maldecía al que miraba a mi hermana de más? —cuestionó un poco más relajado por la obvia falta de malestar en Harry.
Se encogió de hombros y dio un largo sorbo.
— He aprendido muchas cosas de Severus. Aposté ayer con él a que lo recordabas, se empeña en creer que estabais muy bebidos y no fue tan memorable. ¿Lo fue?
— ¿En serio quieres hablar de esto?
— Lo único que me molesta de que follarais es no haberlo visto —afirmó rotundo.
— Así que era verdad.
— ¿Qué me gusta mirar? Lo es. Y que he apostado también.
Se inclinó hacia delante, metiéndose de lleno en su juego.
— Fue épico. Y sí, ayer me impactó, está jodidamente en forma.
— Puedes jurar que sí. Él se queja de su edad, pero te aseguro que… pero bueno, no te voy a dar detalles. He ganado la apuesta
— ¿Y qué apostasteis?
— Le dije que si yo tenía razón te invitaría esta noche a cenar de nuevo y luego me sentaría cómodamente en un sillón a veros repetir el espectáculo para mí.
Charlie escupió la cerveza y le miró con los ojos muy abiertos.
— Me tomas el pelo.
— Para nada. Y te aseguro que a él no le disgustó la idea, acabo follándome contra la puerta de la habitación.
Soltó una carcajada, aquello era inesperado pero realmente interesante.
— ¿Hacéis esto a menudo? Pareces muy cómodo con la idea.
— Una o dos veces al mes.
— ¿Y te limitas a mirar?
Sonrió, travieso.
— Normalmente no. Esta vez es posible que Severus decida pegarme al sillón para castigarme un poco. Y lo estoy deseando.
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Finalmente hubo que esperar un par de días, Charlie les había pedido que esperaran a la víspera de su día libre. Y de paso les dio la oportunidad de replanteárselo, aunque deseaba realmente que no fuera así. El sexo en su vida cotidiana no era muy interesante, el trabajo absorbía muchas horas y mucha energía; la expectativa, el fantasear con lo que podría pasar cuando se vieran, dio pie a dos dias de masturbación y sueños muy locos.
Cuando entró aquella tarde en el bar del hotel, supo rápidamente que no era el único al que la expectativa le había aumentado las ganas. Al abrazar a Harry no le cupo duda de que estaba muy muy interesado en ver el desenlace de su apuesta. Incluso la mirada y el apretón de manos de Severus al saludarle le transmitieron un calor que no estaba ahí en su anterior encuentro.
Sudó. Él, habituado a lidiar con dragones, sudó durante la cena. Esos dos eran un peligro, las miradas, las sonrisas, los comentarios… el pie de Harry posado toda la cena en su entrepierna. Hasta la forma en la que Severus fruncía los labios alrededor del tenedor cada vez que tomaba un trozo de pescado le parecía apetecible.
— ¿Vamos a hacer esto entonces? —preguntó por fin mientras veía a Harry tomar las últimas cucharadas de su tarta de chocolate.
— Creo que el pie de Harry provocándote es toda una declaración de intenciones —apuntó Severus, encendiendo un cigarrillo con una diminuta sonrisa.
— ¿Hay algo que deba saber? ¿alguna regla? —insistió.
— Solo que esto es algo ocasional. Y que se trata de pasarlo bien —le respondió Harry, quitando por fin el pie—. No te sientas obligado a nada.
Asintió, poniéndose de pie y ajustándose la túnica para disimular su erección. Severus y Harry hicieron en seguida lo mismo y caminaron bastante juntos los tres hasta el ascensor. En cuanto se cerraron las puertas, el profesor se acercó hasta acorralar a Charlie contra la pared.
— Última oportunidad para echarte atrás, Weasley —le avisó, a unos centímetros de su boca.
Los ojos azules brillaron intensamente antes de que se echara hacia delante y le sujetara del pecho de la túnica para echárselo encima, besándole. Miró a Harry por encima del hombro de Severus y lo único que vio fue calor.
En cuanto entraron en la habitación, Severus caminó hasta Harry, lo sentó en un sillón y le dijo algo al oído a la par que sacaba la varita. Charlie vio que el más joven asentía y a su compañero cogerle de la nuca y besarle de un modo que casi le hizo lamentar que Harry fuera a ser un mero espectador.
— ¿Va a estar bien? —le preguntó a Severus mientras se desnudaban mutuamente al ver que Harry solo movía los ojos.
— Es perfectamente capaz de liberarse si lo necesita —le susurró mientras le besaba el cuello.
Se quedó en el aire el resto del mensaje: "yo nunca haría nada que le perjudicara".
Sentado en el sillón, Harry jadeó cuando Severus bajó los pantalones de Charlie y ambos descubrieron que no llevaba ropa interior. Había tenido razón cuando pensó que era el mejor dotado de todos los hermanos… se moría por ver si Severus era capaz de metérsela entera en la boca.
Ansioso, los siguió a ambos con la mirada mientras acababan de quitarse la ropa, la suya propia cada vez más apretada en su entrepierna. Charlie parecía tan ansioso como él, echándose encima de Severus en cuanto no hubo ropa por medio. La gran mano del domador fue directa a aferrar el pene de su pareja. Harry sabía como se sentía esa carne dura y caliente contra su mano, la piel suave que se deslizaba como seda.
El primer gemido le puso la piel de gallina. Escuchar seguía siendo aún mejor que mirar, y los sonidos de Severus eran especialmente estimulantes para él. Lo adoraba, sobre todo cuando hacía ese gesto que Charlie estaba consiguiendo al acariciarle, ese de echar la cabeza hacia atrás, con los tendones del cuello marcados y un largo gemido saliendo de los labios. Si el estuviera en la cama, mordisquearía esos tendones mientras pellizcaba sus pezones.
El pelirrojo había tomado el mando rápidamente y sabía que eso estaba bien para Severus si se tenía en cuenta el color oscuro que estaba tomando su erección dentro de la mano de Charlie, desde allí podía ver que comenzaba a gotear.
— ¿Esto es por mí o porque te gusta ser mirado? Jamás habría dicho que detrás de esa apariencia tan sombría había un exhibicionista —preguntó, acariciando arriba y abajo con lentitud enloquecedora.
— No te escuché quejarte aquella noche cuando te corriste dos veces —le contestó en un jadeo Severus, mojándose los labios resecos con la lengua.
— Ni me escucharás ahora. ¿Probamos a ver si puedes conseguir que lo haga de nuevo?
Si había algo que Severus disfrutaba eran los retos y estaba claro que Charlie se había dado cuenta. En menos de lo que se tarda en decir quidditch, Severus había tumbado a Charlie y estaba de rodillas, con la cabeza entre sus piernas, lamiendo. Sus ojos oscuros se desviaron a Harry un momento y sonrió provocador, su pareja tenía los ojos muy abiertos y respiraba agitado.
La facilidad de la práctica le permitió leer en su mente la pregunta "¿Podrás? La tiene más grande que Bill"; en respuesta, abrió la boca y chupó. Chupo fuerte, sintiendo en el paladar el sabor amargo del primer preseminal, y siguió hacia abajo, respirando por la nariz y con los ojos fijos en Harry como un reto, hasta que la punta tocó su garganta.
Charlie gruñó una larga palabrota en rumano y echó las manos a la cabeza de Severus, metiéndolas entre el pelo, sujetándolo en el sitio mientras el hombre enrojecía, hasta que los largos dedos blancos apretaron su muslo al punto del dolor. Aflojó el agarre, sin sacarla del todo, y espero a que el rostro de Snape recuperara su palidez normal antes de empezar a empujar tentativamente, un vaivén más suave que lo anterior pero que le permitía disfrutar de la fantástica boca y garganta de su ex profesor.
— Voy a… estoy casi… —masculló entre dientes.
Severus sonrió ladino, sin sacárselo de la boca, y dejó caer un poco de saliva. Humedeció así uno de sus largos dedos y lo introdujo en el apretado agujero de Charlie, de sopetón, sin avisar. El pelirrojo rugió como uno de sus dragones y se corrió en su garganta.
Un movimiento en el sillón hizo que los dos hombres se giraran a mirar a Harry, aún con la respiración agitada. Tenía los brazos y los muslos tensos, los puños y la mandíbula apretados y un bulto considerable en la entrepierna. No se había liberado, pero el sillón se había movido unos centímetros.
— ¿El hechizo le impide terminar? —preguntó Charlie, limpiando con los pulgares la barbilla de Severus antes de besarle con suavidad.
— Sí —respondió con voz ronca por la garganta irritada.
— Eres cruel. —Sonrió el pelirrojo, acariciándole los brazos y los costados— ¿No vas a liberarle?
— Olvídate de Harry —le dijo al oído, cogiendo su mano para llevarla a su erección— , segunda ronda, Charles.
Lo conocía, sabía que Harry apuraría en el sillón hasta no poder más. Usaban pocas veces la inmovilización, pero siempre merecía la pena. Y en esta ocasión aún más, porque para disfrutar la anticipación llevaban dos dias hablando de cómo sería, pero sin tener sexo.
Sintió la vibración mágica en el mismo momento que entró en Charlie. No separó la mirada de la ancha espalda, ni tan siquiera cuando sintió el hechizo en su propia entrada, ni los brazos morenos abrazándolo por detrás.
— Te voy a follar, Severus —le dijo al oído, entrando en él de golpe—. Os voy a follar a los dos.
Lo soltó para estirar los brazos y tomar a Charlie de la cintura. Severus dejó los músculos flojos, dejando a Harry hacer el esfuerzo, literalmente manejándolos a los dos a su antojo. Luchó contra la sobreestimulación que suponía la furia de su pareja machacando su próstata y estar enfundado en la estrechez caliente del pelirrojo.
Cerró los ojos y apretó la mandíbula, tratando de respirar hondo por la nariz, pero los gruñidos de Harry en su oído no ayudaban. Abrió los ojos al sentir otra vibración de magia y descubrió que Harry había transformado la pared frente a ellos en un espejo. Charlie tenía la mirada clavada en el reflejo con una mezcla de asombro y lujuria.
— Harry —jadeó Severus— no puedo… no aguanto más.
— Vamos, Sev, le has prometido a Charlie dos orgasmos. Mírale, está también a punto, sólo necesita una ayudita.
Severus volvió a apretar los dientes cuando la boca de Harry se enganchó a los tendones tensos de su cuello, su zona preferida, y rodeó a Charlie con la mano para masturbarle fuerte y rápido, necesitado de verlo acabar para poder acabar también. Harry se había detenido, profundamente enterrado en él, a la espera.
En cuanto el pelirrojo se derrumbó, agotado por el segundo orgasmo, Harry le abrazó fuerte contra su pecho y volvió a golpearle con todo. Podía sentir en su espalda el sudor que se deslizaba entre los pectorales ligeramente cubiertos de vello.
— Ha sido increíble, Sev. Tú eres increíble y yo soy tremendamente afortunado. Te amo, muchísimo —le susurró en el oído, sintiendo ya los primeros espasmos de su orgasmo.
Con un quejido, Severus se quedó flojo contra él. Salió con cuidado, besándole el hombro por última vez, y lo ayudó a acostarse. Después bajó de la cama, fue al cuarto de baño y mojó dos toallas con agua tibia. Los limpió con cuidado, ignorando lo que pasaba todavía en su propio cuerpo.
— Tienes una resistencia alucinante —comentó Charlie, tumbado en la cama, siguiendo con ojos golosos la bamboleante erección.
Harry sonrió de lado, no podía decirle que la había desarrollado gracias a las largas noches con su hermano mayor. Tiró del edredón y los cubrió a los dos antes de ir a dejar las toallas en el suelo del cuarto de baño. Al volver, se sentó en el sillón de nuevo, dispuesto a regalarles el final del espectáculo.
