Parece que nunca hay suficiente snarry. O que me cuesta cerrar esta historia, pero ahora sí que sí, se acabó, finito, chimpún.

Cuarto extra de San Calentín 2022, dedicado a -Uroboros- : esto es culpa tuya; Mariana, dejaste un comentario en esta historia diciendo que querías saber cómo era Harry espiando a Seamus y Dean, pues aquí lo tienes. Ya sé que pediste otras parejas, espero que el extra anterior te compense algo, aunque Charlie no esté a solas con Harry. Y a les demás, la semana que viene el último extra, !nos vemos!

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El octavo año cambió muchas cosas en sus vidas. Harry llegó a Hogwarts de la mano de Ginny, feliz, exultante. Volvieron las clases, los horarios, la buena comida. Por primera vez en su vida, tenía normalidad, no vivía bajo la amenaza de un psicópata. Y ser un adolescente normal incluía… sexo.

Había pasado el verano en La Madriguera, poco dispuesto a separarse de su novia para volver a la fúnebre casa que era Grimmauld y a un padrino deprimido. Lo primero que había aprendido, cortesía de una charla de hermano mayor de Bill para Ron y para él, habían sido los hechizos anticonceptivos básicos. A partir de ahí, el verano se había deslizado en buscar momentos para estar a solas, aunque nunca consiguiera todo lo que se proponía.

En el colegio aún era más fácil encontrar momentos para la intimidad. Una tarde, tras el entrenamiento de quidditch y un intenso y frustrante encuentro de besuqueo bajo las gradas del campo, Harry entró arrastrando los pies en su dormitorio. Dejó la escoba sobre la cama, se quitó la túnica de entrenamiento y caminó hacia el baño desabrochándose los pantalones. Apenas había puesto una mano en el pomo de la puerta cuando lo escuchó: un gemido y un chapoteo.

Entreabrió la puerta, curioso, y los vio: Seamus y Dean se duchaban juntos. A esas alturas toda la escuela debía de saber ya que eran pareja. Para Harry había sido chocante al principio, nunca había visto a dos chicos besarse, y sus amigos se cortaban poco. Seguramente lo que estaba viendo en ese momento debería haber sido más chocante, pero ni siquiera se le pasó por la cabeza.

Dean tenía a Seamus acorralado contra la pared. Más que besarse, se devoraban, mientras se acariciaban mutuamente. La piel oscura destacaba sobre la pecosa mientras las manos de Dean se aferraban al trasero de Seamus y la mano más pequeña del irlandes se envolvía en la gran erección. Por Godric, no era consciente de que Dean estaba tan bien dotado.

El sonido de la ducha encubría casi todos, salvo los gemidos más fuertes, pero la escena en sí misma era caliente. La forma en la que los glúteos de Dean se apretaban cada vez que se empujaba en la mano de Seamus era hipnótica. Su cara de placer, sus dedos engarfiados dejando marcas en el trasero pálido de Seamus y el sonido que finalmente hizo al correrse le llevó a él detrás.

Vivir con esos dos era un poco tortura. Parecía que nunca se les acababan las ganas, así que después de varios encuentros incómodos, Harry había decidido llevar la capa de invisibilidad con él de nuevo a todas partes. En su mente tenía sentido, si había de encontrárselos, al menos disfrutarlo.

A Ginny le sorprendió que Harry dejara de insistir con avanzar en sus experiencias sexuales. Estaba hasta más relajado y más cariñoso. Lo que no sabía era que su novio andaba pelándosela como un mono debajo de la capa casi a diario gracias a Dean y Seamus.

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Julio 2006

Harry estaba sentado en la mesa de la pequeña cocina de su casa en Cokeworth. Tenía una taza de café sobre la mesa y una libreta y un bolígrafo muggles. Tomaba notas con gesto concentrado, intercaladas con sorbitos de café.

No apartó los ojos del papel cuando escuchó pasos suaves entrando a la habitación. Sintió los largos y fuertes dedos de Severus masajeando sus hombros y su cuello. Cerró los ojos un momento, disfrutando del tacto. A pesar de la frialdad que aparentaba de cara al mundo, su compañero era muy táctil, era habitual en él darle la mano por la calle o pasarle el brazo por los hombros cuando veían una película en el sofá.

Inclinó la cabeza hacia atrás, hasta apoyar la coronilla en su cintura y disfrutó de la vista de su sonrisa y su melena oscura cayendo por los hombros. Con un apretón algo más fuerte, Severus se agachó y dejó un suave beso en sus labios.

— Has madrugado mucho —comentó, sentándose junto a él y robándole un sorbo de su taza de café.

— Me he despertado a las seis y no podía volver a dormir —explicó, tirando el bolígrafo sobre la libreta—. Necesitaba sacar esto de mi cabeza.

— ¿Una idea para otro libro?

Negó, frustrado, pasándose la mano por el pelo.

— Hay cosas… cosas que siento que necesito arreglar.

— ¿Por ejemplo? —preguntó Severus levantando una ceja.

— Ayer recibí una carta de Ron.

— Vaya, no me lo esperaba —comentó, dejándose caer hacia atrás en la silla.

— Ni yo. Ginny va a casarse y han tenido la deferencia esta vez de avisarme antes de que lo publique El Profeta.

— Bien por ella —contestó con un tono muy neutro.

Harry tomó el boli de nuevo y jugueteó con él, rallando una esquina del papel.

— Creo que necesito cerrar eso, ¿sabes?

Severus se enderezó y le tomó la mano libre.

— Me parece normal. Es tu familia, cinco años es mucho tiempo.

Los ojos verdes se levantaron del papel para mirarle, un poco brillantes.

— Bill no me ha presionado nunca con esto. Charlie tampoco. Pero me ha costado mucho convencerme de que no hice nada mal, Severus.

— Solo fuiste sincero. Creo que Bill aún se siente responsable.

Volvió a soltar el boli y a revolverse el pelo.

— Hermione está embarazada. Quiero tener la oportunidad de conocer a ese bebé, ¿sabes?

— ¿Qué es lo que te retiene entonces?

— Necesito poner límites.

— ¿Respecto a? —preguntó con una ceja levantada.

— A lo que voy a tolerar que me digan.

Le miró tan fijamente que supo que se refería a lo que pudieran decir de su relación.

— No me metas en esto, Harry, sería normal que ellos dijeran cosas en el calor del momento.

— No voy a ceder en eso, porque entonces ya estaría dejándoles juzgarme otra vez. No hice nada malo entonces y no lo estoy haciendo ahora —respondió con terquedad.

— Y lo importante es que tú lo sabes —concluyó, levantándose de la mesa para ir a hacer el desayuno, dejándole un beso en los labios de camino a la nevera.

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Severus ya estaba sentado junto a la barra del club, revisando un listado de números con un vaso en la mano. Aprovechó que aún no había detectado su presencia para observarle con detenimiento. Nadie diría que había pasado ya los cuarenta y cinco, su pelo se mantenía igual de oscuro y las únicas arrugas que podían apreciarse eran las de expresión alrededor de los ojos.

Se acercó despacio, disfrutando de verlo relajado. Llevaba varios días casi tan tenso como él por el resultado de la reunión de la que venía. De hecho, suponía que lo había citado allí precisamente por eso, para ayudarle a liberar el estrés que había acumulado la última semana a causa del reencuentro con Ron y Hermione.

— Hola —le saludó, con las manos en los bolsillos de los vaqueros.

Los ojos oscuros le examinaron intensamente antes de que abriera los brazos para recibirle. Se dejó abrazar, sintiendo el calor a través de la camisa.

— ¿Cómo ha ido? —preguntó, levantando la mano para pedirle una cerveza al camarero.

— Bueno… creo que bien.

— ¿Crees?

Harry le dio las gracias a Erik y dio un largo sorbo antes de subirse a una banqueta.

— Ha sido correcto. No ha habido gritos, ni reproches, de hecho han sido muy amables preguntando por ti. Casi he echado de menos al Ron brusco de siempre.

— Con el tiempo será más fluido —le consoló, apoyando un pie en la barra inferior de su banqueta y la mano en su rodilla.

— Sí, supongo —respondió, sin mucho convencimiento, poniendo la mano sobre la más pálida—. ¿Qué tal tu tarde?

— Terminada. Preparado para ver qué nos depara hoy la noche.

La sonrisa depredadora en su cara le confirmó que su pareja planeaba algo especial para ese día.

— Perfecto. —Terminó la cerveza de un trago y se puso de pie— ¿Vamos?

— Ve entrando tú, yo voy a dejar estos papeles en la oficina.

Se acercó a besarle, poniéndole las manos en las caderas.

— ¿Te he dicho hoy que te amo? —preguntó Harry, los ojos negros brillando intensamente cuando le besó en respuesta— ¿La habitación de siempre?

Severus asintió y se bajó de la banqueta, acompañándole hasta la puerta.

— Ya hay alguien dentro, por cierto —le dijo al oído, besándole una tercera vez.

Entró a la habitación que casi consideraba suya, preguntándose de cuál de los habituales del club se trataría. Pero cuando la ventana se despejó, se encontró con una imagen inesperada y conocida, algo que no contaba con volver a ver: sobre la cama, Seamus estaba sobre sus manos y rodillas y tras él Dean le lamía despacio. La cara de Seamus era de estar en el cielo y pudo evocar en su memoria como gemía en esa situación, lo había escuchado muchas veces bajo su capa. Era bajo y entrecortado, porque Dean provocaba más que otra cosa su sensible agujero. Aún le quedaba un rato para hacer esos sonidos que le habían llevado a él más de una vez al orgasmo.

Sintió a Severus sentarse en el brazo del sofá y pasarle el brazo sobre los hombros.

— No necesito preguntarte si te gusta tu regalo de cumpleaños, ¿no?

— ¿Esto es cosa tuya? —se giró a mirarle, sorprendido.

— No he tenido que convencerles mucho, la verdad.

Harry se apretó a su costado, apoyando la cabeza contra su pectoral.

— Pensé que después de la tensión de estos días te vendría bien recordar que tienes amigos que no te juzgan. Y bueno, —La puerta se abrió, permitiéndoles escuchar los sonidos que Harry recordaba bien— ellos están encantados de invitarte a unirte, creo que siempre supieron que estabas allí y no se atrevieron a hacerlo.

— ¿Has roto las normas por mí?

— No lo hice. Les invité como hizo Bill contigo, con la excusa de organizar algo por tu cumpleaños. Solicitaron ser socios a los diez minutos.

No pudo evitar reír. Era la semana de cerrar círculos por lo visto. A pesar de la tensión con Ron y Hermione, los vería al día siguiente en la cena que Sirius había organizado por su cumpleaños. Y por fin iba a probar lo que era estar en medio de esos dos que le llamaban con gestos desde la cama al otro lado de la ventana.

— Ve —le empujó Severus.

— Contigo.

— Es tu regalo, Harry. Yo me estiraré aquí a fumar un cigarro y disfrutar de las vistas.

Lo miró al fondo de los ojos, buscando asegurarse de que estaba todo bien, que eligiera quedarse en la habitación de fuera era algo nuevo. Por respuesta, Severus lo levantó del sillón y le dio una palmada en el trasero.

— Dejaré la puerta abierta, por si cambias de opinión.

Sonrió y asintió, empujándole otra vez.

Hacía mucho que no estaba en esa posición tras la ventana, de los dos era Harry el que tenía realmente afición a mirar. Pero lo cierto era que la acción sobre la cama era… interesante. Tal y como le había dicho a Harry, estiró las piernas en el sofá y encendió un cigarrillo.

Dentro, Harry disfrutaba del acoso por parte de dos pares de manos.

— Te mantienes en forma —le dijo Dean, tumbándolo en la cama y repasando con la lengua sus marcados abdominales.

— Tengo que seguirle el ritmo a Severus —jadeó, mirando a su compañero tumbado en el sofá, exhalando humo despacio hacia el techo con los párpados entornados.

— No hemos hecho esto nunca, Harry —le dijo Seamus, que se masturbaba de rodillas en el colchón—. Feliz cumpleaños.

Harry se incorporó sobre los codos y le hizo una seña con el dedo para que se acercara. Le apartó la mano y le acarició mirándole a los ojos. En la cara de Seamus apareció una sonrisa perezosa.

— Es un regalo cojonudo. ¿Algún límite que queráis plantear?

La pareja se miró.

— A Seamus no le gusta arriba. A mí no me importaría probar abajo por una vez. ¿Tú?

— Yo estoy bien con todo. Reconozco que siempre he querido saber como era ser follado por esto —agarró el gran pene y lo masajeó, las dos manos al mismo ritmo.

— Bueno, veamos si todos podemos conseguir lo que deseamos —comentó Seamus, moviendo con fuerza las caderas para llamar la atención de Harry.

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Severus se incorporó un poco en el sofá, inevitablemente interesado por los sonidos que llegaban de la habitación. Sobre sus rodillas, Harry chupaba con interés la cabeza del pene de Seamus a la par que lo masturbaba con una mano y con la otra tiraba de sus testículos. Tras él, Dean jugaba con su culo, usando lengua y dedos, podía escuchar perfectamente los sonidos húmedos y los jadeos de Harry y Seamus.

Llevaba bastante tiempo acostándose con hombres, y los dos hermanos Weasley estaban a la cabeza de los mejor dotados, pero lo que tenía Thomas entre las piernas era una cosa tremenda, gruesa, larga y venosa, entendía que Harry quisiera probarlo. Quizá, en otra visita al club, si se cruzaban de nuevo, se ofrecería a probar esa polla que estaba entrando despacio en su novio. Por Circe, la cara de Harry le haría estar celoso si fuera capaz de serlo. Sintió lástima por el pobre Seamus, que había sido abandonado, el invitado era incapaz de hacer otra cosa en ese momento que gemir muy fuerte y apretar la frente contra el colchón.

En el momento en el que los gemidos se convirtieron en gritos, Severus empezó a arrepentirse de no haber entrado a la habitación. Sobre la cama, Finnegan se masturbaba, disfrutando del espectáculo, pero obviamente un poco chafado. No pudo evitarlo, podía culpar a esa vena un poco cruel que solía mostrar a sus alumnos, sacó su varita y apuntó a Seamus.

El irlandés se giró a mirarle en cuanto sintió el efecto del hechizo. Era un invento propio, que usaba a veces para torturar a Harry cuando le pedía que usara el hechizo de inmovilizacion. Además de estirar y lubricar, generaba una sensación parecida a la de ser penetrado por una larga lengua.

Las cejas de Seamus se alzaron en una muda pregunta, a la que respondió con un cabeceo y una sonrisa malévola, reconociendo su autoría. En respuesta, su ex alumno le hizo una seña para que entrara a la habitación. Sobre la cama, Dean taladraba a Harry con una energía que solo había visto a Bill en víspera de la luna llena. Lo iba a dejar tan agotado que ninguno de los dos estaría disponible en un buen rato…

Entró a la habitación. Seamus se bajó de la cama rápidamente y se acercó a él. No dijo palabra, le desabrochó los pantalones y lo guió hasta el sofá. En un momento estaba de rodillas delante de él, chupándosela de una manera que mostraba que era una de sus actividades favoritas.

Se apoyó contra el respaldo del sofá, disfrutando de la succión y de las vistas. La resistencia de Harry seguía mejorando de año en año, de otro modo se habría corrido hacía rato con semejante taladro. Era muy excitante ver como a Dean le caía el sudor por la frente y la manera en que se contraían sus abdominales y glúteos en cada movimiento. Tenía un físico increíble.

Bajó la mirada a Seamus, que había dejado la succión en favor de largas lamidas, los veinte años de diferencia se notaban y su resistencia no era tan espectacular de todas formas, así que levantó una ceja y palmeó los muslos como una invitación que el irlandés aceptó sin dudar.

Se levantó del suelo y se subió al sofá, poniendo un pie a cada lado de las piernas de Severus. En cuclillas, con la espalda apoyada en el pecho de Severus, se dejó caer despacio, penetrándose. Esa postura le permitía no hacer ningún esfuerzo, Seamus hacia todo el trabajo, y parecía muy satisfecho con el resultado a tenor del entusiasmo con el que se movía.

Sus gemidos llamaron la atención de la pareja sobre la cama. Dean abrió los ojos sorprendido por la imagen de su novio follándose a sí mismo mientras su ex profesor los miraba con el rostro un poco sonrojado.

— Hostia puta —farfulló, deteniéndose.

— ¿Qué pasa? —jadeó Harry.

— Tu novio se está follando al mío. Definitivamente hacernos socios de este club ha sido una buena idea, esto es jodidamente caliente.

Seamus se limitó a sonreírle y moverse con más vigor, sacando los primeros jadeos de la boca de Severus.

— Bueno, bienvenido —respondió Harry con una sonrisa divertida, echándose hacia atrás— ¿Cuánto de caliente, Dean? —le provocó.

— Oh, amigo. Espero que no tengas planes importantes mañana, porque cuando acabe contigo es posible que no puedas caminar.

Harry se limitó a apoyar la frente de nuevo en la cama y apretar los músculos de su recto como invitación. En respuesta, Dean volvió a golpear su prostata como si no hubiera un mañana, haciéndole gritar.

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Un par de horas después, Severus y Seamus fumaban un cigarrillo con un buen brandy sentados en el sofá.

— ¿Siempre es así? —preguntó el irlandes, señalando con el vaso a la cama.

Contempló el cuadro que era Harry, con energía todavía para darle a Dean lo que había pedido, después de un orgasmo épico y de haber follado a Seamus, que se veía bastante desgastado tirado en el sofá.

— Cada año tiene más energía.

— Antes nos ha dicho que se mantenía en forma para seguirte el ritmo —comentó, mirando interesado como Harry tomaba una pierna de Dean y se la apoyaba en el hombro, entrando más profundo y haciendo a su novio poner los ojos en blanco.

— Exagera.

— Bueno, la verdad es que yo no tengo queja. Y lo que tengo en casa ya ves que no es poca cosa.

Severus no pudo evitar reír. Desde luego la cosa no era pequeña.

— Nunca habíamos estado con otra persona, ninguno de los dos —confesó Seamus un poco tímido.

— Harry me dijo que lleváis juntos desde la escuela.

Seamus asintió, mirando a su pareja con evidente amor.

— La capa de invisibilidad no contiene los sonidos, ¿sabes?

— Y Harry no es precisamente silencioso —apostilló Severus justo cuando Harry empezó a gruñir, cerca ya del orgasmo.

— Esto es una vieja fantasía. Gracias por confiar en nosotros e invitarnos, en la vida nos habríamos atrevido a dirigirnos a Harry, y menos estando contigo.

— Adiós a mi fachada de tipo intimidante —sonrió, exhalando el humo hacia el techo.

— Bueno, quizá otro día quieras ponerte tu antigua túnica negra e intimidarnos un poco —le respondió Seamus, juguetón, apagando el cigarrillo y dejando el vaso en el suelo.

Se puso en pie y trepó a la cama para besar a Dean. A continuación se subió sobre él, en posición de 69, y se metió aquella cosa tremenda y supurante en la boca, mientras Dean ahogaba sus gemidos devolviéndole el favor. Severus se acabó con calma su copa, preguntándose si a Dean le quedaría energía para otra ronda. Por si acaso, se preparó a sí mismo con el mismo hechizo que había usado con Seamus antes, sintiendo como su propio pene comenzaba a reaccionar con interés.