¡Muchas gracias a la gente que deja comentarios y sigue la historia!

Disclaimer: The PowerPuff Girls o cualquier personaje de esta historia no son de mi propiedad.

V

Estaba a dos cabezadas de dormirme sobre el mostrador del puesto de helados. Hoy en concreto había tenido que despertarme especialmente tarde para venir ya que mi estúpido hermano mayor no recordó que hoy le tocaba volver al trabajo y olvidó colocar la alarma para todos, haciendo así que llegáramos tarde los tres y a mí me tocara atender el puesto sin un maldito descanso como castigo, o sea que la pequeña siesta de quince minutos que tomaba en ese tiempo y me rejuvenecía, esta mañana era totalmente imposible.

Maldecía desde mis adentros, sin poder evitar la cara de malas pulgas que me cargaba y que al parecer le provocaba una especie de ardor anal a mi jefe porque me gritaba cual perro rabioso. No tenía suficiente con quitarme mis minutos de descanso que también tenía que aguantar sus problemas matrimoniales y toda esa mierda.

—¡Butch! ¡Escúchame cuando te hablo! —me gritó nuevamente mi jefe gordo de pelo grasiento.

Rodé los ojos poniéndolos en blanco, y le contesté aun dándole la espalda.

—Queeee… —arrastré las palabras, no tenía ganas de ponerme a pelear con él esta mañana.

—¡Te tengo dicho que eches a las personas que no consuman nada y se sienten en nuestra terraza! —exclamó escupiendo. Miré alrededor como por trigésima sexta vez y como era de esperar, había no más que cuatro personas que ya habían pedido y a punto de irse.

—No se quien esperas que venga en pleno inicio de septiembre, viejo. —le dije con cansancio. —no hay prácticamente nadie y todos parecen haber hecho su pedido.

—¡Claro que no! —siguió con su necesidad de tirar escupitajos cada vez que decía dos palabras seguidas. —¡La misma niñata rubia de allí sigue viniendo y se sienta sin pedir! ¡ÉCHALA EN ESTE INSTANTE! —me dio un manotazo en la espalda que me empujó fuera del puesto y tuve que aguantarme para no romperle la nariz en ese momento, se fue dando pisotones a hacer a saber qué cosas y yo no tuve de otra que hacer lo que me pedía.

Arrastré mis pies y mi cuerpo hacía aquella mesa para dos que daba de cara al lago del parque donde casi cada mañana desde que llevo trabajando aquí, veo una chica rubia sentarse y quedarse ahí, con la vista fija en la nada, lápiz en mano y un cuaderno en blanco.

—Oye tú, necesito que te vayas. —le dije cruzándome de brazos. —antes de que mi jefe venga y entonces él sí que no tendrá compasión contigo.

Casi siempre era mi jefe el que venía a echarla y ella con las mismas, pedía una disculpa y se iba sin quejarse, lo extraño es que a pesar de decirle que no podía estar aquí sin consumir, ella volvía, se sentaba en la misma mesa, con la misma expresión perdida y un lápiz y una hoja en blanco, a veces se traía hasta colores, pero nunca le vi utilizar nada. Eso sí, se quedaba por horas sentada hasta que comenzaba a anochecer ¡y no pedía ni un triste vaso de agua!

—Ah… lo siento, otra vez lo volví a hacer. —pareció salir de su trance y me sonrió desganada.

—Te puedes quedar si pides algo.

—No… este… —jugó un poco con su pelo y agachó la mirada. —Me siento aquí siempre porque el paisaje es muy bonito, tengo tanto la ciudad como un hermoso lago al lado y…

—Si quieres sentarte a ver el paisaje puedes utilizar uno de los miles de bancos que hay. —bufé con cansancio, ahora lo único que pasaba por mi mente era acabar la jordana para poder volver a casa y dormir hasta el día siguiente. —Por cierto, no puedes traer bolsas que puedan ser utilizadas para robar algo del establecimiento y… bueno y todo eso. —le expliqué una de las, muy estúpidas, reglas que me habían obligado a memorizar nada más llegué aquí. Al percatarse de que hablaba de su mochila, hizo un movimiento torpe y nervioso y la escondió a sus espaldas de manera, a mi parecer, bastante sospechosa. Quién sabe si es que solo venía aquí a robar y se hacía la tonta embobada con el "bonito paisaje".

—No lo entenderías… desde pequeña siempre vengo aquí en busca de inspiración, este lugar siempre ha sido el perfecto por las vistas, pero… —suspiró aún con la mirada baja, su voz temblaba débilmente, me asusté al pensar que iba a ponerse a llorar. —Pero hace tiempo que simplemente mi mente está en blanco, hace años creo… y por más que lo intento, mi mano no se mueve y no puedo dibujar nada. —sí, estaba a punto de llorar.

Comenzó a contarme su triste historia ¡como si a mí me importara! Además, no tenía tiempo para escuchar los lamentos y quejidos de una niña preocupada. Hice una mueca de disgusto y negué con la cabeza, tal vez si fuera tan duro como el gordo baboso de mi jefe se iría de una vez sin dar tanto la lata.

—¡No te lo voy a volver a repetir niñata! ¿Te crees que puedo gastar mi tiempo de trabajo escuchando la estúpida historia de una estúpida niña y sus dibujitos? ¡Pide algo o lárgate! —exclamé intentando repetir las palabras que siempre escuchaba de mi jefe.

Me sorprendí de mí mismo por lo autoritaria que sonaba mi voz, tanto que la vi tensarse en su sitio, como si en verdad la hubiera asustado. Pude notar como apretaba los puños y arrugaba su vestido, probablemente ya no aguantaría y finalmente lloraría y yo, pues la verdad es que no me sentiría mal, es culpa de ella por no hacer caso y venir aquí a pesar de las advertencias.

—¿Me estás escuchando? —le pregunté inclinándome y acercándome a ella arrugando mi expresión, para intimidarla. La chica no decía nada, seguía cabizbaja y yo no podía ver más allá que la sombra del flequillo sobre sus ojos.

—No me llames niña… —musitó entre dientes. Apretaba su mandíbula y ahora sus puños se cerraban con fuerza sobre sus piernas. Ya no estaba muy seguro si es que iba a llorar o es que estaba enfadada. Me puse recto de nuevo y sonreí con burla.

—Oh ¿entonces cómo quieres que te llame? Si eres totalmente una niña, con esas coletitas y esa mochila tan bonita de osito, oh y esos lápices de animalitos.

—No… me… —su respiración se volvía acelerada y hasta podía escucharla gruñir. La verdad me estaba divirtiendo demasiado molestándola, mejor esto que estar aburrido delante de un mostrador. Me reí con gracia y volví a repetirlo para sacarla más de sus casillas. Así seguro que conseguía que se fuera de una vez.

—Perdona, ¿la niñita ha dicho algo? —jugué un poco más.

—¡NO SOY UNA NIÑA!

Soltó un rugido que me dejó sordo. Me quedé estático y con la vista fija en la mesa que acababa de partir en dos de un puñetazo. Pestañeé sin creer lo que acababan de presenciar mis hermosos ojos verdes, entonces algo hizo clic en mi cabeza: "Powerpuff Girl". Literalmente me acaba de jugar el cuello burlándome de una PPG y yo indefenso sin poder defenderme. Tragué en seco al levantar la cabeza una vez que pude creerme que una chica había hecho pedazos una mesa de cristal sin hacerse ni un rasguño. Los ojos azules de ella parecían querer matarme con un brillo celeste que centelleaba tan intenso que, por algún motivo, hizo que mi respiración se entrecortara y un nudo se formase en mi garganta; inyectados en sangre, con fiereza, parecían los mismos ojos de una bestia, y un destello ambarino cruzó un momento por ellos haciendo que mi piel se erizase. Todo su rostro desfigurado por la rabia, temí por mi yugular al ver sus dientes afilados que, cual agujas, chirriaban. Ahí mi cuerpo me pedía salir corriendo lejos de ella, pero su hipnotizante mirada me impedía moverme un centímetro. De repente unas horribles ganas de vomitar por los nervios en mi estómago, estaba aterrado y no podía ni pestañear. Literalmente me quedé sin palabras, era la Powerpuff azul y que yo recordara era una niñita llorona, incapaz de matar a una mosca, y ahora me encuentro con que podría infundir incluso más miedo que su hermana la morena.

—E-eh… —me temblaban los labios.

—Mierda. —la escuché maldecir lo que también me confundió viniendo de la llorona. Intentó tranquilizarse, parecía que le dolía la cabeza puesto que se la agarró emitiendo un quejido de dolor. —¡Lo siento, lo pagaré! —y como alma que lleva el diablo salió corriendo del parque.

Exhalé con agotamiento y alivio al estar aguantándome la respiración, me sentí como un estúpido al sentir miedo, eso no puede pasar, jamás puedo permitirme algo como eso y menos de una apestosa. Pero es que había algo extraño, no la reconocí como siempre, vi algo diferente que realmente me hizo temblar, como si acabase de luchar inconscientemente contra un horrible monstruo…

Su mirada tan punzante y feroz penetró en mi subconsciente y durante todo el día no pude sacármela de la cabeza.

Mi turno había terminado hace más de dos horas y aún así yo seguía aquí, haciendo horas de más probablemente de manera ilegal y sin derecho a quejarme. Me cargué con dos pesadas bolsas de basura llenas de esa comida sobrante y no aprovechada que la gente deja y que luego algún perro o gato callejero se acababa comiendo; servilletas usadas, cubiertos rotos y demás cosas sin importancia.

Al abrir la puerta metalizada que daba al patio de atrás que conectaba con la calle por un estrecho pasillo, sentí todo mi cuerpo comenzar a tiritar y una brisa que cortaba congelarme las manos en cuestión de segundos. Maldije al maldito de mi hermano mayor por condenarme a esto.

Efectivamente, el idiota se quedó dormido y a mi me tocaba pagar los platos sucios con mi jefe, ganándome una regañina de dos pares de narices y una amenaza de despido ¡Bah! Podría largarme cuando quisiera, para que quiero un trabajo como este que solo me deja en vergüenza con su estúpido traje ¿Y las cremas para la piel quién me las pagaba? Con la cantidad de picores que me provocaba me estaba destrozando mi hermosa y limpia cutis. No solo tuve que soportar los gritos, sino que también me obligaron a hacer horas extras y terminar de limpiar la cocina para luego tirar la basura y cerrar yo mismo el local.

Eché todo el aire que guardaba en mis pulmones al dejar bruscamente las bolsas grasientas dentro de los contenedores de la basura, me masajeé el cuello sintiendo la tensión en mis músculos. Todo el día de pie para acabar así. El olor asqueroso de la basura me estaba dando náuseas y mis manos lo habían adoptado también. Gruñí con irritación dándole una patada al cubo que estuvo a punto de caer.

—¡Cuando te vea te vas a enterar Brick! —grité al cielo con fuerza sintiendo que me liberaba un poco de ese cabreo. Suspiré seguido de un quejido. Qué estaba diciendo, ni en mis mejores sueños me atrevía a enfrentarme a mi hermano, antes que me mate él prefiero hacerlo yo mismo para no sufrir tanto.

Un escalofrío en mi espina dorsal me puso los pelos de punta, me erguí más recto que un poste de luz.

Me quedé en silencio, con los sentidos encendidos. Ciertamente la brisa de la noche era fría, pero había algo que me perturbó, sentí una especie de soplo en mi cuello, que se diferenciaba del viento por congelarme toda la nuca, hasta el punto que creo que me quemó.

De repente mi pulso se aceleró, me sentía amenazado. Miré a todos lados, nada, intenté escuchar el mínimo ruido o sonido, nada. Me encontraba yo solo en aquel lugar, pero entonces, ¿Qué fue esa ráfaga de hielo en mi cuello? Me reí de mi mismo. Ya era lo suficientemente mayor como para tenerle miedo a la oscuridad.

Me giré una vez que cerré los cubos de basura.

Un pequeño chillido se atragantó en mi garganta oculto por una aspiración ruidosa que llenó mis pulmones de oxígeno. Mis músculos faciales se detuvieron en una expresión de susto y sentí mis labios temblar. Quieto, no me moví puesto que delante de mí, unos ojos que me observaban de cerca ocupaban mi total visión y también mi espacio personal. Di unos pasos atrás hasta casi tropezar y caer cuando choqué con una de las bolsas y algo de basura tirada.

Aquellos ojos, no sabía exactamente si rojos o rosas ¿tal vez magenta?, me miraban imperturbables, grandes, enormes y brillantes. Tragué con dificultad, toda mi atención pertenecía a esos orbes cálidos pero que transmitían una frialdad que me dejaba congelado en el sitio, tanto era mi embelesamiento que ni siquiera me fijé en la portadora de aquellas bolas de fuego frío.

—¿Qué haces aquí todavía?

Una voz femenina, interrogante, suave pero severa me hizo salir de mi trance. Pestañeé un par de veces y ahora si pude ponerles nombre a aquellos ojos: Blossom Utonium. Permanecía ahí parada, con una pose tranquila, una pequeña sonrisa, pero su mirada ahora había cambiado… ese brillo hipnótico se había perdido y tan solo quedó un simple color rosa. La noté alzar una ceja y su sonrisa se ensanchó.

—Hey, ¿me estas escuchando? —me preguntó con una sutil risa.

—No… ¡digo, sí! —sacudí la cabeza confuso, no acababa de entender que me pasó, porqué me quedé embobado cual idiota.

—Ah, ¿sí? ¿Qué te acabo de preguntar? —aún con la ceja alzada y su sonrisa graciosa, se cruzó de brazos y rodó los ojos.

—Bueno… tú… mmm ¿Que si quiero comer tacos contigo? —hice una pregunta al azar, puse cara de tonto y recé interiormente porque le haya dado pena y no vaya a matarme.

Era curioso. Ella era una Powerpuff girl, salvadora y protectora de la ciudad, y aun así mi instinto me decía que me protegiera de ella, como si quisiera hacerme daño. Ahora mismo.

La escuché reír un poco más fuerte. Su risa era cantarina y dulce, pero a mí me provocó dolor de cabeza.

—Boomer, ¿verdad? Eres el hermano de Brick el de la librería, si no recuerdo mal.

—Sí. —contesté con simpleza.

—Te preguntaba que qué haces aquí todavía, deberías estar en casa hace unas horas. —me dijo como si nada, pero su mirada era impaciente.

—Oh bueno… —Me quedé pensativo, ¿por qué tenía que darle explicaciones a ella? Ah, claro. Puede matarme de un puñetazo. —¿Te interesa? —me atreví a cuestionarle, mi tono de voz sonó gracioso intentando ocultar mi incomodidad.

—Pues… supongo que no es asunto mío ¿no? Perdón por la imprudencia. —torció la boca, se le veía avergonzada. —De todas formas, hace tiempo que fue el toque de queda, no puedes estar por aquí.

—¿Toque de queda? —arrugué la nariz, no sabía que ese tipo de cosas se utilizaban hoy en día. Mi curiosidad floreció. —No sabía que había toque de queda ¿por qué? —me rasqué la cabeza en mi incomprensión.

Apretó los labios en una fina línea, de repente pareció aún más incómoda que yo. Miraba a todos lados, como si se hubiera perdido en su propia mente o como si se encontrar en otro lugar; vi como los dedos de sus manos se movían efusivamente de manera extraña tal y como si hiciera cálculos mentales a toda velocidad. Puse una mueca, se estaba comportando muy extraño. Dio varios pasos hacía atrás y finalmente pareció tranquilizarse a ella misma, dejó de moverse con vehemencia y respiró un par de veces. Volvió a sonreír. La sonrisa más falsa que había visto en mi vida, apariencia pura. Había comenzado a sudar, podía distinguirlo perfectamente por la luz de la farola encima de nuestras cabezas.

—No te preocupes por eso. Es simple precaución por si… bueno, dejémoslo en que es una medida para mantener a la ciudad a salvo, ya sabes que hay mucha criminalidad y pues…

—Pero si hace tiempo que no ha habido ni un simple atraco. —torcí los morros, ¿por qué me estaba mintiendo? —Hasta en la televisión dicen que Townsville ahora es una de las ciudades más seguras de alrededor.

Su cara se tensó, al parecer la había pillado en plena mentira. No comprendía nada, la líder mintiendo… eso si que era nuevo. Entonces por mi mente pasó la idea de que… si era capaz de mentir en algo así, es porque algo pasaba y probablemente no era muy bueno… Estuve a punto de abrir la boca para interrogarla, pero me callé al instante al ver que volvía a tener la misma conducta rara de antes. La escuché reírse con dificultad, como si le faltara el aire.

—Tienes que… irte a casa, por favor. —Su voz sonaba temblorosa, hablaba a trompicones. —Vete, en serio.

Me mantuve necio en mi curiosidad y me crucé de brazos, todo esto cada vez me parecía más ilógico y mira que yo no soy mucho de la lógica, pero es que realmente había algo que no cuadraba en ella.

—Oye, pero ¿Qué pasa? No entiendo porque me tengo que ir a casa ¿Cuál es el problema? Se supone que ya no hay que preocuparse por el peligro ¿no? —insistí. Error.

—No entiendes nada…

Estaba cabizbaja hasta entonces, al levantar la cabeza pude ver su expresión, horror, simple horror. Su cuerpo temblaba notablemente, parecía paranoica puesto que miraba a todos lados como si la vigilaran o la persiguieran y ella estuviera huyendo. Me pregunté a mi mismo si lo que estaba viendo era real o la noche y el sueño estaban distorsionando las cosas.

Sin darme a tiempo a reaccionar, me vi acorralado contra la pared dura y fría que daba al otro lado de la calle; los cubos de la basura cayeron a mi alrededor provocando un eco que se repitió y chocó contra los muros, asustando a un par de pajarracos que salieron volando asustados. Tenía los ojos cerrados con fuerza al sentir el impacto de mi espalda. Y al abrirlos con lentitud, deseé no haberlo hecho.

Otra vez, esa mirada de un color que no podía distinguir, simplemente de una variedad de rojo que eran como dos focos de luz intensa, lo blanco de ellos se tornó amarillento por segundos y enseguida desapareció. Me mostraba los colmillos junto a todos sus dientes blancos apretados con tal fuerza que su mandíbula temblaba. Arrugó la nariz, el ceño fruncido y podía notar una pequeña vena hinchada en su frente. Todos los músculos de su cuello en tensión.

Me dejó sin aliento, hasta me entraron ganas de llorar, quería correr lejos de ahí, huir de ella y debí haberlo hecho cuando aquella falsa sonrisa y aquella risa encendieron mis alarmas. Creo que ya podía ir pensando que clase de castigos me condenarían al infierno eterno. Si no hubiese preguntado ahora no estaría en esa situación. Quería matarme, lo sabía, quería matarme.

Pero por alguna razón no lo hizo, tan solo abrió la boca, con mucha mucha tranquilidad.

—No quisiera volver a repetirlo… —su voz… su voz era normal, si totalmente normal sino fuera porque podía escuchar, muy bajito, escondido detrás de ella, un desgarre, de tal forma que se percibía una voz gutural como si de un monstruo se tratase. Era apenas apreciable, pero ahí estaba y creo que estuve a punto de desmayarme ahí mismo. —La ciudad no es segura… ¿me escuchas? ¡NUNCA LO SERÁ!

Arrastraba las palabras, dejando que esa voz honda y grave saliera limpia y totalmente audible en ese último grito. Como un bramido.

Sentí que el agarre de su mano que empuñada sujetando mi traje se sosegaba y de un momento a otro ya estaba en el suelo y ella a unos metros lejos de mí.

Mis ojos abiertos, muy abiertos, en ningún momento dejaron de observarla, simplemente no podía, algo me obligaba a verla y eso hacía que el terror agitara todo mi ser. Pude ver claramente cada lugar, cada rincón de su rostro desfigurarse por la rabia, sentí en mis músculos aquella flojedad, me debilitó y apenas podía respirar, incluso me sentí cansado mentalmente. Tal vez… es como si, se llevara mi alma…

—¡Recuerda lo que te dije! ¡Vete a casa, por favor!

Pareció volver a la normalidad puesto que ella misma parecía asustada, sus manos temblaban y hasta creí que aquellos ojos que antes se colaban por cada vena de mi cuerpo, estaban aguosos. Después de gritarme aquello, salió disparada por el aire dejando tras suya su estela rosa personal que se distinguía perfectamente en la oscuridad azul de la noche.

No se cuanto tiempo me quedé ahí sentado, con la vista fija en el cielo, pero la mente en blanco. Algo tenía seguro, los años perdidos que no estuvimos en Townsville fueron más importantes de lo que creíamos.

Todo era distinto a como lo recordaba, incluso las PPG habían cambiado drásticamente, ahora parecían más… violentas, por definirlo de alguna manera.

Tanto así… que Him no daba señales de vida ¿De verdad estaría muerto? ¿Him murió? ¿Era eso acaso posible?

CONTINUARÁ…