¡Muchas gracias a la gente que deja comentarios y sigue la historia!

Disclaimer: The PowerPuff Girls o cualquier personaje de esta historia no son de mi propiedad.

VII

—Hace un día estupendo ¿no crees, Boomer?

El bullicio de la gente aquel domingo por la mañana era agradable, el lugar estaba habitado ese día por grupos de niños en el parque de juegos, correteando por todas partes o paseando con sus padres, los abuelos en las bancas dando de comer migajas a los pájaros y hablando entre ellos mientras también se podían ver parejas jóvenes caminando de la mano o descansando cerca del gran lago que hacía especial aquel sitio arbolado.

Dos rubios en su adolescencia tardía eran los protagonistas de varías miradas curiosas, al ver que uno de ellos era una PPG muy apegada a un chico, lo cual no era muy común de ver en ella. El joven comenzó a sentirse incómodo desde que entraron al parque, todas las miradas le agobiaban y se suponía que no tenía que llamar la atención de nadie. Se colocó la capucha de su sudadera esperando que eso alejara un poco las miradas de él.

—Lo que tu digas. —le respondió desganado, evidentemente muy desganado. "Es una pesadilla que tenga que pasar mi día libre de esta manera."

La pequeña rubia volteó la cabeza hacía el y observó con intensidad los ojos azules como zafiros del chico, el cual dibujó una mueca extraña en su rostro. Le devolvió la mirada, pero al ver que ella no decía nada y seguía ahí parada observándolo como si fuera la cosa más interesante del mundo, decidió cortar el silencio.

—Eh… ¿Pasa algo? —preguntó de la manera más amable que su tono de voz permitió.

Ella agrandó una enorme sonrisa mostrando su dentadura blanca y perfecta y lo tomó de la mano.

—Me gustan tus pecas, tú me gustas. —Bubbles volvió a caminar distrayéndose con las flores que adornaban los parterres que se iba encontrando. A Boomer se le desfiguró la expresión, ¿eso acaso era una confesión? Pero si la acababa de conocer prácticamente, alzó la vista hacia ella y la vio distraerse con una mariposa que pasaba a su lado… no, simplemente era tonta, sí, eso tenía que ser. Observó su mano estática siendo sujeta por la pequeña de ella, sintió un escalofrío, la apartó inmediatamente.

Siguieron caminando hacía a saber dónde, ella continuaba hablando sobre cosas que al rubio poco le importaban y que no tenía interés en saber. De repente un llanto llenó sus oídos y sus pies frenaron el paso por inercia, miró a todos lados buscando de donde venía aquel sonido que iba acompañado por lastimeros quejidos.

No muy lejos de ahí, pudo distinguir a un grupo de niños alrededor de lo que parecía ser otro niño. Pudo escuchar perfectamente como sus risas aumentaban junto al llanto del nene al que estaban pateando, otro de ellos le tiraba arena encima y alguno que otro le escupía mientras seguían dándole patadas sin compasión mientras este se agarraba su propia cabeza y se encogía tirado en el suelo.

Se sintió algo cohibido al ver eso, más que nada por su lucha interna. Lo moral y socialmente aceptable sería acercarse y parar todo eso, pero claro, a él que debería importarle aquello, después de todo él era un villano, sin poderes, pero villano a fin de cuentas. Hizo una mueca irritada, quería irse, pero a la vez todo aquello le pareció algo que se tenía que solucionar, aunque él no fuera a hacer nada. Giró la cabeza y entonces vio a la rubia alejarse a paso medianamente rápido de él, corrió hacía ella y la tocó del hombro para que frenara.

—Em… este… allí. —Señaló con el dedo hacía donde se encontraban aquellos niños una vez que Bubbles le prestó atención, esta situación estaba siendo de lo más irrealista para él.

La chica de orbes claros cual cristal dirigió su mirada hacía donde el dedo de Boomer señalaba, se quedó quieta observando, pestañeó un par de veces, el rubio comenzó a exasperarse ¿por qué no estaba corriendo para salvar al niño? Volvió a mirarlo directamente a los ojos y esbozó una pequeña y leve sonrisa.

—¿Qué ocurre?

Boomer alzó una ceja para luego abrir la boca en su incomprensión, volvió la vista hacía aquella escena ¿tal vez había visto mal? Para nada, todo aquello estaba sucediendo y el llanto era claramente audible. Se rascó la cabeza sin entender.

—¿No lo ves? ¡Allí! —volvió a señalar moviendo el dedo índice con impaciencia.

—Sí veo, pero ¿cuál es el problema? —preguntó con toda la inocencia de su voz, esa sonrisa tenue pero visible comenzaba a desagradarle. La miró como si estuviera viendo a un extraterrestre o a un loco con un cuchillo.

—¿No vas a hacer nada? Quiero decir, ¿¡ayudarlo!? —alzó un poco la voz en aquella última palabra, pensando que era lo más obvio del mundo.

—Hum… —Bubbles inclinó la cabeza cual cachorro y arrugó el entrecejo arqueando las cejas. —Vámonos, son cosas de niños. —asintió para volver a su gesto normal con su típica sonrisa, volteó y siguió su camino sin más.

Al chico pecoso casi se le cae la mandíbula al suelo al escucharla decir aquello. Miró por última vez aquella escena de maltrato antes de marcharse sin sentirse valiente como para pararlo, pero también con una confusión que lo mantuvo entretenido y callado durante un tiempo.

—¡Aquí es!

Boomer estuvo cabizbajo con la mente en otra parte hasta el mismo momento en el que la voz aguda y vivaz de la chica que lo acompañaba lo despertó inmediatamente. Alzó la vista y miró a su alrededor.

—¿Pero aquí no es donde trabaja mi hermano?

—Sí, y es el mejor sitio del parque, las mejores vistas están aquí. Tenemos el lago justo al lado, enfrente una preciosa perspectiva de la ciudad y la gente para bastante a menudo, por no decir el hermoso jardín de flores a nuestro otro lado. —comentaba como un perfecto guía turístico. Boomer rodó los ojos, otra vez no paraba de hablar.

—Ya, bueno ¿y qué quieres que hagamos? — cuestionó llevándose las manos a los bolsillos de la sudadera, tomando una pose cansada.

—Es obvio, nos sentamos aquí. —lo agarró del brazo y lo sentó, sin usar mucha fuerza pues él no se resistió, en una de las sillas de una mesa para dos, seguidamente tomó asiento ella enfrente de él. —y nos ponemos a dibujar ¿Qué te parece?

Comenzó a sacar de su mochila un par de blocs de hojas de dibujo, lápices de colores, carboncillos, gomas, etc. Le brindó al malhumorado rubio un bloc también, pero el negó con la cabeza y lo apartó con la mano.

—No, no se dibujar.

—Oh, esta bien, pero… —ella asintió con la cabeza para luego jugar con sus dedos en una pose algo apenada.

—¿Pero?

—¿Podrías pedir algo? No quiero que vuelvan a echarme. —se rio con suavidad y sus mejillas algo tintadas de rojo por la vergüenza. Boomer bufó acordándose, efectivamente, de que su hermano le contó que la habían echado varias veces por sentarse ahí sin consumir.

—Como sea.

Boomer se levantó a pedir dos batidos de chocolate sin siquiera preguntarle a ella qué era lo que quería, entonces Bubbles pensó por un momento que él parecía ser un chico de pocas palabras, pero no le molestaba, en realidad, le gustaba eso. Ella sonrió viendo solo la espalda del chico a unos metros de ella mientras esperaba a que le sirvieran, se había quitado la capucha de la sudadera y sus ondulados cabellos rubios se removían con la ligera brisa; podía ver su perfil, su expresión aburrida que no dudaba en esconder. No le molestaba aquello, es más le causaba gracia como arrugaba los morros y fruncía levemente el ceño. Un palpitar en su corazón le hizo voltear cuando él volvía hacía ella. En realidad… si le hacía algo de daño, pero ella sabía porque era así y porque tenía que seguir siéndolo.

—Toma.

—¡Gracias! —lo tomó con rapidez volviendo a bajar la cabeza hacía su cuaderno, el pequeño roce de sus dedos la hizo sentir otra de esas punzadas dolorosas.

Y así ambos quedaron en un absoluto silencio, ella movía con avidez la muñeca, haciendo trazos limpios. Boomer sorbía su batido, apoyando el codo en la mesa y la cabeza en su mano; miraba al cielo, miraba a su alrededor, se distraía con las hojas cayendo por el pronto otoño, pero nunca la miraba a ella, a veces un vistazo de reojo fugaz, tampoco se interesó en decir una palabra más. Adoraba el silencio que se que había formado, música para sus oídos. De repente escuchó el sonido de algo rasgarse. Vio como la chica rompía en pedazos el papel donde estaba dibujando, para desecharlo en la papelera más cercana de un tiro de muñeca y volver a su trabajo en un lienzo nuevo. Suspiró; así es como pasaron el tiempo allí.

—¡Agh!

Boomer ya llevaba dos batidos y tres donas de diferentes sabores. Se estaba por terminar la última cuando escuchó el quejido frustrado de la rubia, la vio arrancando el papel con más fuerza de la normal y tirarlo con agresividad a la papelera, fallando y dejándolo fuera. La vio esconder la cabeza tras sus brazos recostada sobre la mesa. Se quedó callado mirándola, iba a preguntar que si se iban ya, cuando ella lo alcanzó al hablar.

—¡Boomer, esto es horrible! —exclamó llevándose las manos a la cabeza con exasperación.

—Hum… ¿Qué pasa? —cuestionó arrepintiéndose al instante sabiendo que ahora volvería a hablar sin parar.

—¡No puedo! ¡Simplemente no puedo! —se podía escuchar la profunda decepción en su voz, como sus mejillas volvían a sonrojarse signo de que pronto podría empezar a llorar. —No puedo… —bajó la vista dejando que su cabello tapara sus grandes ojos azules.

Boomer miró hacia otro lado, si empezaba a llorar no sería bueno para él, no le gustaba que otros lloraran delante de él, porque eso le hacía querer hacerlo también… Con toda la fuerza de voluntad que pudo reunir y sin pensarlo demasiado para no acabar lamentándolo, tomó la silla y la colocó al lado de ella, se sentó y con las manos temblorosas, colocó una encima de su hombro.

—Hey… no llores. —su voz ahora también temblaba, podía ver como una pequeña lágrima se escapó del rostro de ella para chocar directamente contra el polvoriento suelo de arena. —No, no… este, ah… —su ansiedad aumentaba al ver como ahora realmente estaba llorando, escuchaba su gimoteo y cada vez se hacía más consistente. —¡No llores!

El grito desesperado fue escuchado perfectamente por ella que levantó la vista al momento, con los ojos acuosos y la boca levemente abierta de la sorpresa. Boomer tragó en seco al ver sus ojos perlados por las lagrimas y de un azul cielo brillante que volvían a nublarse.

—E-espera… no q-quería gritarte. —intentó calmarla sonriéndole un poco y parece que funcionó puesto que ella a pesar de tener los ojos aún húmedos, se quedó quieta mirándolo con curiosidad. —Este… ¿Qué ocurre? ¿No te gusta lo que estas dibujando? —necesitaba encontrar una solución a eso a como diera lugar.

Bubbles negó con la cabeza y se secó las lagrimas con la manga de su chaqueta, tomó un sorbo de su batido que aún no había terminado y esto pareció relajarle un poco. Él suspiró con agobio.

—Mi inspiración… no sé por qué me sucede esto… yo… hace tanto q-que… —volvía a tartamudear con pequeño hipitos. Iba a llorar nuevamente y Boomer tenía que solucionarlo.

—Y… ¿Y porque no pruebas dibujando algo diferente? —aclaró su voz con rapidez. —Ya se, si no puedes dibujar un paisaje pues… no sé, ¿por qué no dibujas algo de tu imaginación? O no sé… ¿una persona? Aquí hay mucha gente, podrías… —se vio interrumpido por un suspiro de sorpresa de Bubbles.

—¡Boomer, que buena idea! ¡Colócate delante de mí! —sus ojos se veían ahora brillantes por la idea que corría en su mente, se levantó de un salto agarrando al chico del brazo lo cual hizo que el también tuviera que levantarse, tomó la silla y la colocó donde antes estaba.

—¿Qu-qué…? —una vez más no pudo terminar la frase puesto que Bubbles lo sentó de un empujón en la silla y volvió a su lugar.

—¡Te dibujaré a ti! —otra vez cogió sus cosas de dibujo con la ilusión de una niña.

—¿¡A mí!? —ella asintió repetidamente con la cabeza mientras veía su lienzo. Boomer resopló resignado. —Si así dejas de llorar…—murmuró para sus adentros.

—Sonríe y mirarme, no te muevas. —Bubbles se llevó un dedo a la comisura del labio alargando una sonrisa. El dudó por un momento, pero tan solo para que pudieran irse de ahí cuanto antes decidió no poner en duda nada de lo que ella dijera. Forzó los músculos de su cara a contraerse y formar algo parecido a una sonrisa, la más natural que le salió en ese momento. Ella tomó su carboncillo y comenzó a dibujar con muchas ganas.

Los minutos pasaban y a Boomer ya le dolía la cara por tener que fruncir la sonrisa de esa manera.

—¿Ya? —preguntó sin dejar de sonreír.

—No… todavía queda un poco. —ella estaba sumamente concentrada en aquel retrato, tanto que no se dio cuenta cuando alguien pasó por su lado y la saludó.

—¡Bubbles, hola!

Un chico alto, moreno de piel y castaño de ojos ámbar pasaba por allí y advirtió la presencia de la rubia. Vestía con el típico uniforme de un jugador de futbol americano del instituto. Saludó a la chica con una sonrisa y envió una mirada amistosa al pecoso el cual solo cabeceó como saludo.

Pero no hubo ninguna respuesta de por medio, tan solo un silencio. Boomer extrañado volteó la vista hacia la chica, ella seguía entretenida con su dibujo, aunque su mirada ahora era más serena y ya no estaba ese brillo de emoción en sus orbes cristalinos. Repentinamente ella levantó un poco la cabeza, miró al muchacho de reojo con algo de recelo y nuevamente se volvió a sumergir en el papel y el carboncillo. El rubio no entendía que estaba pensando, viró hacia aquel chico el cual apartó la mirada con incomodidad y se fue del lugar sin decir una palabra más.

—¿Lo… conoces? —se atrevió a cuestionar, incluso cuando parecía algo obvio. Bubbles se quedó un momento en silencio, guardó el carboncillo y dejó por primera vez el bloc sobre la mesa, dando a entender que tal vez ya había acabado. Su rostro reflejaba una seriedad que él pensó estar viendo a una persona diferente.

—Sí. Yo estoy, bueno, estaba, con las animadoras del instituto del equipo de fútbol, lo conozco de ahí básicamente. Éramos… amigos. —habló con algo de nostalgia, a pesar de que su cara era tan dura como un témpano de hielo.

—¿Erais? —por primera vez si tenía algo de interés o más bien, curiosidad, por lo que le estaba contando.

—Sí… —suspiró, parecía que los nervios florecían en su interior. —En realidad, yo era amiga de casi todos los de mi grado en el instituto. Era. —recalcó. —La verdad, es que actualmente no me junto con ninguno de ellos, ni siquiera hablamos.

Boomer alzó una ceja con incredulidad, estaba evidentemente sorprendido.

—Pero, tu me dijiste que te gustaba mucho hacer amigos y toda la cosa, por lo que me estas diciendo… ahora ninguno de ellos lo es. —ahora tenía más sentido, tal vez, que ella estuviera tan apegada a él todo el tiempo.

—Boomer. —sentenció su nombre con dureza, algo que pilló desprevenido al chico. Su rostro seguía igual de inexpresivo. Se miraron mutuamente por unos segundos, hasta que ella aflojó y suavizó un poco más la expresión y frunció un poco el ceño, la comisura de sus labios floja, caída, visiblemente perturbada. —No te dije del todo la verdad…

No podía creerlo, ¿una PPG le había mentido? ¿Por qué parecía que ellas solo le mentían? O eso pensó él, después de todo lo que la pelirroja le dijo a su hermano sobre la ciudad, ahora esto… eso no era normal en las superheroínas perfectas.

—¿Me mentiste? —realmente no era algo de suma importancia para él, pero es cierto que no le calló muy bien al estómago.

—¡No! —ella negó con la cabeza, con un gesto asustado en sus ojos. Pero en ese momento pareció perder aquella seguridad con la que le respondió. —No… del todo, quiero decir, es cierto que me encanta hacer amigos… me encanta… pero simplemente, no puedo. Yo… estoy sola. —sonrió con debilidad, tan pero tan leve que apenas era perceptible, sus ojos se oscurecieron, se mordió las uñas con manía.

¿Sola? ¿Cómo que sola? Es decir, la PPG más sociable de las tres, que siempre ha adorado estar rodeada de gente, eso era evidente solo con verla, como se desenvolvía con confianza… con él. Algo cruzó en su mente ¿con él? ¿solo era así con él entonces?

—No lo entiendo, ¿por qué no puedes? ¿no dices que te encanta? —en ese momento sus pensamientos estaban totalmente en blanco, algo no cuadraba en todo lo que le decía.

—Simplemente no puedo, eso es lo único que te puedo decir, intento mantenerme alejada de todos ellos, solo mis hermanas pueden ser mis amigas. —sus palabras eran cortantes, no parecía querer dar explicaciones y por mucho que se las pidiera no le iba a resolver las dudas.

Otra vez en su mente ¿y con él? ¿por qué con él era así?

—Y… si es así, ¿por qué conmigo no te comportas como con aquel chico? —preguntó a pesar de que no sabía realmente si quería saber la respuesta, tal vez la respuesta lo encadenaba aún más a que ella no se separase de él.

—Tú… —ahora sus ojos recobraron un poco de aquel brillo de felicidad que los reinaban siempre, su sonrisa se hizo más grande. —creo que no tiene explicación. En mi interior algo me dice que no debo separarme de ti… que no seré capaz de hacerte daño nunca… desde el momento que te vi, sabía que eras alguien especial, distinto para mí. —se sinceró como mejor pudo.

Su corazón latió, el de ambos, ella lo pudo sentir, él lo pudo sentir. Ella sostuvo su mirada y él la de ella. Boomer intentó abrir la boca, decir algo, lo que fuera, pero nuevamente sus ojos grandes y brillantes de un azul puro lo tenían hipnotizado, por un momento sus pestañas largas y negras removieron el aire a su alrededor, lo sintió más pesado. Había entrado en una especie de trance y… se sentía bien, le gustaba esa sensación, sus palabras le llenaron el pecho, le hicieron sentir necesitado, único. Tragó saliva con dificultad ¿por qué ahora de repente divisó aquel pequeño lunar cerca de su labio inferior? Su vista se agudizó como nunca lo hizo, sus pupilas se dilataron y su pecho latía y dolía ¿Qué demonios…?

—Boom, si pudieras tener un poder ¿Cuál te gustaría más? —finalmente su voz rompió aquella extraña espiral constante en la que se había visto atrapado.

Pestañeó varias veces como si volviera a la realidad, sus manos temblaron un momento al darse cuenta de que sus ojos estaban sobre él, por primera vez se sintió tímido ante su mirada. Carraspeó y se incorporó sobre la silla tomando una pose despreocupada para disimular las cosquillas en su estómago que lo estaban molestando.

—P-pues… —volvió a carraspear cuando su voz le falló y soltó un gallo que a la chica le causó una tierna risa, los colores subieron a su cara y se cruzó de brazos, con el entrecejo fruncido y cerrando los ojos para evitar que ella siguiera intentando entrar en su cabeza con aquella mirada imperturbable e inocente. —Supongo que… si solo puedo elegir uno. —

Calló repentinamente. Dolorosos recuerdos de su niñez lo turbaron, aquel aire limpio en sus pulmones comenzó a ahogarle, un malestar inundó su pecho. Rememoró en sus pensamientos todo el gozo que le provocaban esos tiempos en los que él era feliz siendo diferente sin saber que aquello acabaría, cuando se divertía con Brick y Butch, no les importaba nada y podían hacer todo lo que quisieran sin reprimendas, finalmente vio cómo fueron encarcelados en una estúpida cárcel para niños, y sobre todo… cómo les arrebataron aquello que los hizo únicos… los años de malos pensamientos, de encierros, de dolor… de burlas. Despegó los párpados inmediatamente, ahora su mirada era impasible, llena del rencor que tenía hacia aquellas chicas… quiso tirarse encima de ella y matarla a puñetazos. Todo lo que en un momento fue algo bonito para él, las palabras de ella que lo hicieron sentirse especial, todo aquello desapareció al recordar que… ellas mismas fueron las que le quitaron lo que de verdad los hacía peculiares.

—¿Boomer?

Ahora el tono de su voz le daban más ganas de vomitar que antes. Estuvo a punto de marcharse de allí, incluso quiso insultarla, pero respiró hondo, su hermano le había dicho que se esforzara, que tenían que hacer su trabajo bien, así que con todo el dolor en su pecho… sonrió con la falsedad de un ángel caído y respondió a la pregunta que ella le formuló unos momentos antes.

—Creo que elegiría volar ¿no? Es lo más común e interesante. —su tono era fuerte, se contenía para no gritarlo pues dentro estaba hecho un volcán a punto de explotar.

—Así que volar… —ella sonrió hasta achinar sus ojitos, se levantó de un salto y guardó con rapidez todos sus utensilios en la mochila de animalito que casi siempre llevaba con ella. —Entonces, ¿quieres volar? —le brindó una mano, la cual Boomer observó sin entender, ella echó una risa algo infantil y formuló la misma pregunta. — ¿quieres volar?

Él siguió sin entender nada, simplemente se levantó por inercia al ver que ella se colocaba delante de él dándole la espalda. Se agachó de cuclillas y lo miró de reojo.

—¡Sube! ¡Volemos! —ahora su sonrisa era graciosa, pero verdadera, se la veía emocionada.

—¿¡QUÉ!?

Boomer abrió los ojos enormemente, casi poniéndolos en blanco. Se negó varias veces, pero ella insistía cada vez más, hasta el punto que ya no le quedaron ganas de decirle que no. Sin ganas y con vergüenza, se volvió a colocar la capucha de la sudadera, esperando que nadie se fijara en ellos, se subió con cautela encima de ella, sin pegarse mucho, a lo ella rio al ver su pose incómoda.

Alzó el vuelo y salió despegada de allí, advirtiéndole antes al chico que se agarra fuerte. Y él tuvo que hacerlo puesto que estuvo a punto de caer en picado encima de un estanque.

CONTINUARÁ…