¡Muchas gracias a la gente que deja comentarios y sigue la historia!
Disclaimer: The PowerPuff Girls o cualquier personaje de esta historia no son de mi propiedad.
VIII
—¡Bien, llegamos!
Butch miró a su alrededor, un parque bastante grande con adolescentes en patinetas, patines o simplemente charlando y tomando algo en unos bancos al lado de varias maquinas de bebidas. Había mini rampas, un gran skate plaza y halfpipe o medio tubo, bowls y en si todo lo necesario para que los skaters pasaran la tarde practicando su deporte favorito. Era un lugar colorido y bastante animado todos los días del año.
Él se quedó visiblemente sorprendido ante esto, realmente nunca había tenido la oportunidad de ver algo parecido y una emoción por la adrenalina comenzó a nacer en su interior, lo único que lo estropeaba un poco era…
—Ahora vuelvo, voy a por nuestras patinetas y una para el nuevo. —Mitch salió corriendo hacía un grupo de adolescentes que parecían vigilar un cubículo que hacía de pequeño almacén.
—¡Pero no te entretengas que no tengo todo el día! —le reprochó entre gritos la morena mientras este se reía alejándose.
Sí, podría ser un día emocionante si no fuera por que tenía que estar acompañado por ellos, sobre todo por ella. Bufó con irritación, un día de estos su hermanito le tendría que compensar con mucho dinero por obligarlo a hacer esto.
—Oye.
Escuchó aquella voz irritante a su lado y la miró de reojo, observó sus ojos verdes. Frunció el ceño levemente, como odiaba aquel tono verde manzana de sus ojos, tan brillante y lleno de vida, le daban arcadas.
—Butch ¿no es cierto? Pareces de pocas palabras. —ella le habló con un tono amistoso y una media sonrisa divertida, él simplemente se encogió de hombros. —Dime, ¿eres bueno en el skate?
A Butch le brilló la mirada y su sonrisa burlona habitual no tardó en aparecer, esta vez la miró de frente dándose golpes de pecho con orgullo.
—¿Bueno? Si te dijera en todo lo que soy bueno te sorprenderías… —se inclinó con inercia para llegar a la altura de la pequeña muchacha que no le llegaba más allá del hombro. Buttercup se cruzó de brazos y alzó una ceja con duda, inmediatamente rio con gracia y dio unos pasos para atrás sin sentirse realmente incómoda por la acción o palabras del chico.
—Ya veo ¿entonces te gustan los deportes?
—Pues… sí, en realidad no se me da nada mal. —pasó la mano por su cabello con vanidad, mostrando su eterno narcisismo. —Donde yo vivía no teníamos mucho que hacer así que digamos que gastaba mi tiempo en hacer deporte y ejercicio, o sino ¿de donde crees que han salido estos músculos? —mostró sus bíceps sin ninguna pena, haciendo que la risa de morena se intensificara.
—¿A eso le llamas músculos? Mira esto. —Imitó su acción y el moreno observó como efectivamente, tenía complexión física envidiable, intuitivamente sus ojos se movieron hacía la parte trasera de la chica y alargó una pequeña sonrisa.
—Nada mal… —susurró con gusto.
—¿Qué te parece si después nos vamos a la cancha de futbol y me enseñas lo que sabes? —habló repentinamente la chica alarmando a Butch y corrió sus ojos con rapidez hacía ella, suspiró aliviado a ver que no pareció percatarse de lo que observaba segundo atrás. —Quiero ver si eres tan bueno como dices.
El de ojos achinados meditó la idea por unos segundos. Es cierto que una Powerpuff girl no era la mejor compañía para él, pero también era cierto que lo único que hacía en su tiempo libre era sentarse en el sofá a ver cualquier cosa en la televisión o jugar videojuegos hasta quedarse dormido y no solo empezaba a sentirse aburrido, también iba en contra de su personalidad explosiva estar todo el día tirado sin moverse. Volteó hacia ella retándola con la mirada.
—De acuerdo, pero te aviso que soy un hueso duro de roer. —se cruzó de brazos imitando la pose de la muchacha y rio animado.
—Ya veremos, si me ganas tal vez pueda llegar a pensar el hecho de considerarte mi amigo. —esta vez ella imitó el vanidoso comportamiento de él. Butch abrió los ojos con sorpresa, no es que realmente aquello le interesara, pero la propuesta era tentadora. Tenía la sensación que no había sido tan mala idea ir con estos dos perdedores.
—Digo lo mismo… —le sonrió con una malicia escondida de rivalidad.
…
La tarde pasó más agradable de lo que el pelinegro pensó, es más, se divirtió. Tanto Mitch como Buttercup eran buena compañía, se reía con las ocurrencias del chico pecoso y se ría aún más fuerte cuando la ruda muchacha lo golpeaba por sus tonterías. Mitch era muy bueno con la patineta y Buttercup no se quedaba atrás, hacía cada truco que dejaba impresionados a muchos de los adolescentes que iban por el lugar, incluso él llegó a interesarse en cómo hacía esos movimientos. Todo esto también le ayudo a socializar con varios skaters que estaban por ahí, y aunque no le gustaba demasiado estar rodeado de esa gente, se sintió… sinceramente bien.
Por unos momentos se pararon a descansar en una de las banquetas y Mitch aprovechó para ir al baño. Buttercup fue a comprar unas bebidas mientras él se quedó esperando sentado, con la mirada perdida.
—Toma.
Sintió algo frio en el costado de su frente y alzó la vista para ver como la morena le ofrecía un refresco de melón. Lo tomó, mirándolo dubitativo, en realidad no le gustaba demasiado ese sabor, algo empalagoso para su gusto, igualmente agradeció.
—Gracias. —lo abrió y bebió un sorbo que agradeció su garganta reseca, hizo una pequeña mueca de disgusto, definitivamente no era su sabor favorito. Buttercup se sentó a su lado con su bebida entre los labios.
—Perdona, si quieres te traigo de otro sabor, este es mi favorito asique pensé que te gustaba. —estuvo a punto de levantarse, pero Butch la detuvo.
—No, esta bien. No está tan mal. —Buttercup asintió y volvió a tomar asiento. El silencio reinó entre los dos.
La chica morena había advertido momentos antes la mirada perdida del pelinegro, pensó en preguntar, pero no quería hacerlo sentir incómodo, además que eso de los sentimentalismos no era lo suyo.
—¿Sabes algo? A pesar de que tu hermano me parezca un bicho raro y amargado con cara de estar planeando el fin del mundo… creo que tú no te pareces en absolutamente nada. —volvió a dar un sorbo a su bebida, viéndolo de reojo.
Butch la miró con gran confusión y Buttercup al ver su rostro no dudó en soltar una sonora risa sin querer escupiendo la bebida de su boca.
—No me mires así, parece que te hubiera dicho el secreto de la inmortalidad.
—No… —Butch relajó un poco su expresión. —es solo que no se a qué te refieres con eso.
La chica se llevó la mano a la barbilla en señal de estar pensando, hizo un movimiento de ojos algo extraño entre él y el suelo, finalmente levantó la mirada hacía él y le brindó media sonrisa, aunque su mirada parecía una mezcla entre seriedad y diversión.
—Creo que podría llegar a confiar en ti. Es extraño, te acabo de conocer, pero te veo alguien sincero y buena persona.
Butch sintió doble puñalada en la conciencia, si es que todavía tenía de eso… Lo acababa de describir como alguien que definitivamente no tenía nada que ver con él y eso sinceramente le incomodó. Directamente negó con la cabeza y apartó su mirada de la de ella, sonriendo con amargura. No le molestaba ser él… pero que lo confundieran de esa manera le hacía querer mostrarle su verdadero ser, hacerla tragar aquellas palabras. Él no era sincero y mucho menos buena persona, no como ella… que era todo perfección.
—Creo que vas muy rápido, no me conoces como para describirme de esa manera. —habló con profundo rencor.
Aquello que lo había dejado con la mente en otro lado hace un momento era el duro recuerdo de todo lo vivido en sus años pasados, los momentos que tenía clavados como espinas en su memoria. Los malos y los buenos, pero, sobre todo, en como en aquel orfanato estaban solos, abandonados por los demás niños, solo tenía como compañía a sus hermanos y cada persona que se acercaba a él huía despavorida al conocer su pasado. Y hoy en ese lugar, por primera vez en muchísimos años se sintió acogido por las personas… personas que enseguida le darían la espalda en cuanto supieran quién era él.
La furia en su interior se incrementó de una manera horripilante, sus puños se cerraron con fuerza y sus parpados se apretaron intentando detener las lágrimas de rabia. Si tuviera sus poderes habría destruido en cuestión de segundos todo ese lugar y habría matado a cada una de las personas que tan felices y sociables se divertían, sobre todo, habría disfrutado torturando a la persona que ahora estaba su lado…
Sí, ella definitivamente estaba equivocada, no era sincero, no era buena persona…
—Hey.
Sintió como apoyó la mano en su hombro y quiso romperle todos los dedos, uno a uno. Alzó la cabeza y su mirada se cruzó con la de ella, e inevitablemente sus ojos asesinos se tuvieron que suavizar al ver como ella lo veía con… amabilidad.
—Se lo que sientes ahora mismo, lo se perfectamente. Por eso también se que eres buena persona, soy una Powerpuff y mi sentido nunca falla, me dice que puedo confiar en ti.
¿Qué? ¿Acaso le había leído la mente? ¿Cómo que sabía lo que sentía ahora? ¿Acaso pudo ver como sus ojos se llenaron de odio? Tragó con dificultad. Apartó la mirada de ella rápidamente, se sentía avergonzado, profundamente avergonzado.
Acababa de ser consolado por una PPG. Efectivamente, ella había logrado con solo un par de palabras típicas y clichés y con una simple mirada que toda aquella horrible sensación se esfumara. Sintió sus mejillas arder, no era justo ¿Cuándo se había vuelto tan débil?
—Pero que veo ¿te acabas de sonrojar? —la chica cambió su tono inmediatamente a uno de diversión, haciendo que Butch frunciera el ceño con molestia. Ella rio estruendosamente ante esto, contagiando a Butch que también comenzó a reír.
—¿Me tardo un momento en el baño y ya estáis coqueteando?
Mitch apareció de la nada asustando a la pareja de pelinegros. Buttercup lo amenazó con la mirada lanzándole un rayo laser que este esquivó como si fuera una cosa cotidiana de toda la vida.
—Un día de estos no vas a tener tanta suerte e igual te dejo sin tu carita de niño bueno, así que mejor cállate Mitch.
—Aw, Buttercup me quiere matar, Butch dile algo. —el castaño cambió su expresión a una de cachorrito que provocó la risa de ambos.
—No seas payaso, Mi-
Se vio interrumpida por el estruendoso ruido de un grupo de gente que gritaba, todos reunidos en un mismo lugar. El grupo de tres se miró confundido, pero enseguida tanto Buttercup como Mitch supieron lo que sucedía y su rostro se petrifico en una expresión de hielo. Buttercup se levantó rápidamente y caminó a paso rápido hacia aquel grupo de personas, los dos chicos la siguieron por detrás.
—¿Qué es lo que pasa? —preguntó Butch aún sin entender que sucedía. Mitch suspiró y destensó un poco el rostro.
—Son policías, lo más seguro que acompañados por uno de los hombres más ricos de Townsville.
—¿Quién? —Butch abrió la boca con sorpresa ¿policías? ¿Qué hacían ahí?
—Morbucks.
Ese apellido le sonaba de algo… ¿Princesa?
—¿Princesa Morbucks?
—Más bien su padre, ella no tiene nada que ver con esto en realidad.
—Pero no comprendo ¿Qué es lo que viene a hacer aquí?
—Townsville es una ciudad muy grande, pero el cerdo gordo de Morbucks prefiere tirar abajo todo el parque de skate para construir su nuevo centro de reuniones para políticos. Y como puedes ver, viene acompañado porque tiene la intención de echarnos a todos a la fuerza, todavía no ha conseguido un sí del ayuntamiento y no lo conseguirá hasta que nosotros estemos de acuerdo. Aunque con todo el dinero que tiene… no dudo que en poco logre lo que quiere.
Tras terminar aquella explicación, llegaron hacía el montón de adolescentes enfadados. Ambos se metieron entre la gente ya que Buttercup hacía rato que había desparecido entre ellos también. Les costó un poco llegar hasta el final, todos estaban exaltados y algunos algo más violentos. Vieron perfectamente como aquel señor ancho y grande era escoltado por sus guardias y tres policías, rápidamente avistaron a la de ojos verdes.
—¡Malditos abusadores!
—¡No nos vais a quitar lo que nos pertenece!
—¡Largaos y no volváis!
Se escuchaban gritos y reclamaciones por todos lados. Unos insultaban y otros querían ponerse agresivos pero los escoltas lograban pararles los pies. Butch miraba todo aquello con cierta hostilidad, podía entender el descontento de todas aquellas personas que, tal vez, aquel lugar era el único que tenían para pasar el rato, divertirse y sentirse en sociedad con gente que tenía el mismo amor por el skate… Sintió la adrenalina por sus venas, si tuviera sus poderes no dudaría ni un segundo en mandar a volar a base de puñetazos a toda esa gentuza ricachona con complejo de superioridad.
—¡TE DIJE QUE SI VOLVÍAS A INSISTIR TE IBA A DESTROZAR LA CARA, VIEJO REPUGNANTE!
La voz enloquecida de Buttercup se escuchó a cuatro cuadras de allí, todos se quedaron callados al ver como la muchacha agarraba del cuello de la camisa al viejo y lo levantaba del suelo sin dificultad. En sus ojos se podía ver el evidente enojo, su cara deformada por la furia le dio un pequeño escalofrío al moreno. Aquel señor a pesar de estar siendo amenazado y agarrado de esa manera, rio con supremacía, como si fuera algo de lo más normal.
—Claro niña, siempre dices lo mismo, pero… ¿sabes qué? —Morbucks se soltó del agarre de la joven con bastante facilidad.
Butch observó que, a pesar de tener esa expresión asesina en su rostro, de que sus músculos estaban tensados con toda su potencia… no utilizaba ni el más mínimo ápice de su fuerza contra él. El señor se acercó a ella sin borrar aquella sonrisa burlona, se acercó demasiado a pesar de que ella parecía estar preparada para en cualquier momento mandarlo al otro barrio de un solo puñetazo.
—Que no puedes hacerme nada porque… —juntó sus dedos corazón y pulgar y le dio un pequeño golpecito en la frente a la muchacha. —eres una superheroína, y eso no entra dentro de tus valores ¿cierto?
Butch observó con desconcierto y sobre todo con algo de zozobra, ¿Por qué no le hacía nada? El señor le había susurrado algo delante de sus narices, dándole con todo el aliento en la cara, incluso se había atrevido a darle un golpecito en la frente y ella seguía ahí parada empuñando las manos y con esa mirada deseosa de romperle la nariz.
Buttercup bajó la mirada, respirando con pesadez, una especie de gruñido llegó hasta los oídos del moreno y para sorpresa de todos, la muchacha salió corriendo de allí. Invadió el silencio y el señor Morbucks volvió a reír provocando una mirada de odio de parte de Butch y Mitch.
—Supongo que todavía no puedo hacer nada, pero andad con cuidado mugrosos pordioseros, la próxima vez que venga no será de buenas.
Y sin más el viejo se fue acompañado por todos sus guardias. El murmullo no tardó en llegar y todos comenzaron a disiparse de nuevo, varios se fueron con desilusión y el ambiente ya no era el mismo que al principio. Mitch bufó con aburrimiento, Butch pudo ver su mirada preocupada dirigirse hacia donde Buttercup había desaparecido.
—Iré a buscarla, tal vez está en el baño. Cada vez que esto sucede se encierra ahí y no sale hasta dentro de unos minutos.
Butch asintió y vio como el muchacho se alejaba con andar deprimido hacía los baños públicos del skatepark. Volvió a tomar asiento donde antes había estado con la morena, vio la lata medio llena de su bebida, la tomó de nuevo y bebió un sorbo, por algún motivo ahora ya no le sabía tan mal, digamos que cierto pensamiento ocupaba todos sus sentidos.
Durante aquella corta pelea entre aquel señor y ella, pudo ver como los ojos de la chica se volvían de un verde brillante, demasiado intenso, recordándole a los ojos de su hermana rubia cuando se la encontró en el puesto de helados. Aquella mirada, esa sensación era la misma que sintió aquella vez con su hermana. Solo que esta vez el temor fue diferente, fue más intenso, como si inminentemente se fuera a convertir en un monstruo horripilante. Volvió a percatarse de aquellos dientes afilados, colmillos largos y blancos, apretados con furia, no recordaba que ellos fueran así antes. Sus pensamientos se vieron interrumpidos por la voz de Mitch ¿Cuánto tiempo había estado ahí pensativo?
—Ya estamos aquí.
Butch se levantó rápidamente al ver a Buttercup de soslayo, estaba detrás del castaño y se alegró de no verla directamente de nuevo, su cuerpo tembló débilmente, el recuerdo de su rostro desfigurado por la rabia estaba pegado en sus ojos, en su momento no había sentido miedo, pero ahora que lo recordaba con claridad, su garganta se secó.
De repente apareció de detrás del chico.
—Perdonad por irme de esa manera, pero ese viejo me pone de los nervios y si estaba un momento más ahí, quién sabe lo que hubiera pasado.
Dejó que su cuerpo se calmara con otro trago de la bebida al ver que la chica finalmente estaba más relajada, en verdad lo agradeció, no le gustaría volver a encontrarse con esa versión suya… no sabía que enfadada podía llegar a infundir ese terror.
—¿Vamos a jugar al futbol un rato? —ella miró a Mitch que asintió con ganas. —Vienes, ¿no, Butch? Dijiste que serías capaz de ganarme. —Buttercup finalmente parecía de mejor humor, sonriendo animada.
—Vaya, si que tienes valor para retarla, amigo. Eso es algo difícil, créeme. —Mitch imitó la sonrisa de la morena y Butch finalmente decidió seguirles el juego.
—Créeme a mi cuando te digo que yo ganaré.
Comenzaron a alejarse del skatepark que ya se encontraba medio vacío. Hablaron animadamente como amigos de toda la vida. Butch finalmente se sintió más seguro y se soltó mostrando algo más de su personalidad en la cancha de futbol, cosa que a Buttercup pareció agradarle puesto que encontró el perfecto rival a su altura. Por un momento a él se le olvidó que estaba pasándoselo bien junto a su némesis.
Así estuvieron en un partido de futbol dos contra dos bastante reñido al mejor de diez. Finalmente, Buttercup acabó venciendo por un gol más y ambos cayeron rendidos al pasto mientras Mitch vitoreaba y silbaba con diversión desde las gradas.
—Parece que al final no podrás ser mi amigo. —resollaba la morena desde el pasto, volteando la cabeza hacía él.
—Que pena, me moría de ganas. —Butch dijo con sarcasmo mientras reía con dificultad por la falta de aire, ella imitó su risa y se quedaron callados por un momento mientras se recuperaban.
—Bueno, tal vez me lo piense aún.
—Avísame cuando lo sepas.
Ella le sonrió graciosa y miró hacia el cielo que se volvía anaranjado, él por un momento se quedó también embobado con las nubes de tono amarillento.
—No has estado mal, hay que repetir otro día ¿Qué te parece? —dijo ella aún con la mirada concentrada en el cielo. Butch volteó para ver su perfil y responderle.
—Cuando quie…ras.
Su pecho comenzó a latir justo tras sentir su corazón pararse por un segundo, contuvo la respiración y el color de su piel se volvió pálido.
No supo que pensar al ver dos pequeñas marcas redondas, de agujeros, en el cuello de la chica. Tocó su bolsillo y dio gracias por seguir teniendo aquellos ajos a pesar de que su hermano mayor dijera que era una tontería.
CONTINUARÁ…
