¡Muchas gracias a la gente que deja comentarios y sigue la historia!
Disclaimer: The PowerPuff Girls o cualquier personaje de esta historia no son de mi propiedad.
XI
Estiré todo mi cuerpo sintiendo de manera inmediata un escalofrío recorrer mi espalda y erizarme la piel. Con desgana abrí la puerta de aquel lugar que se había vuelto una rutina para mí, llevo trabajando en la misma librería meses y aún así no me acostumbraba a tener que venir todas las mañanas temprano, sobre todo cuando el sol de invierno tardaba cada vez más en aparecer.
Saludé como siempre al hombre que me brindó el trabajo, no tenía una gran relación con él, era mi jefe y punto. Él se adentro a la librería para comenzar a ordenar algunos libros mientras yo me encargaba de atender en el mostrador y… como siempre, las personas que aparecían por ahí se podían contar con los dedos de una mano.
Pasaron un par de horas aburridas, pero bueno, al menos aquí encontraba el silencio que en casa no existía para poder leer un rato. De repente el sonidito de la campanita me hizo alzar la mirada hacia la puerta. No me sorprendí al ver a la pelirroja en la puerta.
—Buenos días, Brick. —Venía con una gran sonrisa y más energía de la que yo necesitaba tan temprano, cosa que me irritaba.
—Buenos días. —le respondí igualmente con una pequeña sonrisa falsa.
Desde hace días, meses, podría decir que ahora somos amigos, ¿amigos? Sí, supongo que eso es lo que nos define. Nos vemos algunas tardes y quedamos para leer o pasear, no tenemos conversaciones muy profundas, simplemente hablamos de nuestro día a día. Nuestra relación ha tomado confianza desde que llegamos aquí, hace cinco meses, pero también todo esto me ha servido para darme cuenta de que… ella es alguien algo misteriosa, parece ocultar más cosas de las que parece.
—Venía para devolverte esto. —dejó sobre el mostrador una gorra, mi gorra. Abrí los ojos sorprendidos, ahora la utilizo tan poco que las únicas veces que la llevo puesta se me olvida. —Te la dejaste en mi casa ayer.
—Gracias, pero podrías haber venido más tarde, ¿has madrugado solo para traérmela?
—No. —rio levemente. —Tengo que ir al instituto, tonto.
Es cierto, hasta el día de hoy me pregunto por qué es que siguen yendo para ahí, me dijo que repitieron un curso hace años y eso pues, me lo esperaría de las dos idiotas de sus hermanas, pero de ella no y nunca me quiso explicar que fue lo que pasó, por eso digo que es alguien bastante… enigmática.
—Oh bueno, que tengas un buen día entonces. —nos despedimos y ella se marchó.
Recogí la gorra y me la coloqué, entonces vi caer algo de dentro; era un pequeño papelito, lo tomé y lo giré para ver que era, con letras cursivas y de color rojo ponía: "Nos vemos esta tarde como siempre, que no se te olvide." Y un corazoncito al final. Sonreí de lado, vaya estupidez, siempre me acababa escondiendo notas en algún lado. Esto era como un juego para ambos en realidad, ya que yo también lo hacía. Ni yo sabía bien porqué empezó todo, pero se había vuelto algo bastante continuo.
Tomé la nota y lo llevé hacía mi nariz para aspirar con fuerza, ella siempre utilizaba papel aromatizado y me encantaba llevarlo conmigo hasta que se iba el aroma. La odiaba, pero con el tiempo comprendí que si quiero acercarme más a ella necesitaba meterme muy bien en el papel y eso hacía que en ocasiones se me olvidaran mis verdaderas intenciones…
…
—Ah, pero si es el estúpido novio de Blossom. —la morena rodó los ojos con una mueca bien dibujada en sus labios. La fulminé con la mirada. Jamás he llegado a ser alguien de su agrado, ha sido la única de las tres que siempre me ha mirado con desconfianza, realmente parece que no le caigo bien y bueno, no esta equivocada en pensar mal de mí, pero me dan ganas de golpearla siempre que le veo esa cara de amargada.
—Un gusto verte a ti también, troll. —sonreí con gusto al ver como sus parpados se entrecerraron con rabia. De repente, por detrás suya, apareció la niña.
—Hola, Brick ¿cómo estás? Vienes a buscar a Bloss supongo. —la de ojos azules me dio una gran sonrisa como saludo, ésta al menos tenía modales.
—Bien gracias, y sí, ¿está en casa? —ambas me abrieron paso para que entrara.
—Sí, me parece que está arriba. Nosotras nos vamos ya.
Las vi desaparecer tras la ventana, la troll verde seguía con su mirada fulminante sobre mi hasta que la puerta se cerró. Yo sin más di un vistazo a la casa, estaba completamente en silencio, siempre tuve curiosidad por esto ¿ellas no tenían padre? Nunca pregunté, tal vez había muerto ya que jamás lo habían nombrado asique preferí ignorarlo, de todas formas, era extraño, no tenían ninguna foto de él ni nada por el estilo, es como si nunca hubiera existido ¿tal vez me lo imaginé cuando era chico?
Con estos pensamientos comencé a subir las escaleras hasta la segunda planta donde estaban las habitaciones, recorrí el pasillo hasta llegar a la habitación de la pelirroja la cual era la última. Toqué un par de veces y la llamé, esperé unos segundos a que alguien contestara, pero no se escuchaba nada.
—Blossom, voy a entrar. — abrí la puerta y como supuse la habitación estaba completamente vacía. Rodé los ojos, genial, estaría en otra parte de la casa.
Iba bajar las escaleras cuando de repente me entraron unas ganas incontrolables de orinar. Por suerte ellas tenían dos baños, uno por cada piso, asique corrí hacía el que estaba a unos pasos de mi. La puerta estaba entreabierta y de un manotazo la terminé de abrir. Abrí los ojos, consternado por la cantidad de vaho que había en el cuarto, estaba tan nublado que tuve que dar un par de pasos dentro para poder ver donde estaba el retrete. Pero entonces, mis pupilas se dilataron ante la tremenda imagen ante mi.
Aquella nívea pelirroja estaba a un metro de mi, encorvada puesto que estaba subiendo con sus manos unas braguitas rosa pálido que se podía confundir con su piel y que apretaban levemente sus muslos, mi mirada corrió fugaz hacía sus dos abultados pechos, totalmente cubiertos por un sujetador de encaje para mi no tan buena suerte. Sentí la sangre de todo mi cuerpo correr como un tren sin freno, acumulándose en mi rostro, mis orejas ardían, mi corazón golpeaba descontrolado contra mi pecho. No podía pestañear, más bien no quería hacerlo. Me quedé inmóvil, pero al momento de alzar la vista hasta su cara, ahora quise salir corriendo de allí, también pude notar a la perfección y a pesar de la nublada habitación, como su cara estaba roja cual tomate.
—¡CIERRA LA PUERTA! —su voz me sacó de mi ensimismamiento y con los nervios confundiendo mi pensamiento racional la cerré, pero… —¡PERO TÚ SAL FUERA! —se me olvidó que yo tenía que salir y me quedé dentro, di media vuelta con rapidez y como un estúpido acabé estampándome contra la puerta intentando girar con torpeza el pomo.
—¡P-perdón! —mi voz salió entre asustada y nerviosa.
Finalmente, todo se aclaró una vez que cerré la puerta tras de mi con fuerza, respiraba con dificultad y algo ahogado por la pesadez del ambiente ahí dentro… llevé una mano a mi rostro, todavía estaba caliente por ahí… ¿Qué mierda acababa de pasar?
—Tendré que… usar el baño de abajo. —Con la mirada perdida bajé las escaleras intentando recuperar la compostura.
…
Una vez hice mis necesidades me dirigí hacia la cocina para servirme por mi mismo un vaso de agua bien fría, lo necesitaba. Tragué con gusto, aquella imagen en mi cabeza estaba pegada cual calcomanía. Rememoré cada segundo, para que mentir, tristemente el vaho de la habitación no me dio una vista del todo nítida… sacudí mi cabeza con fuerza ¡qué me pasaba! Yo no era un adolescente con las hormonas alborotadas como mi hermano moreno, aunque sus palabras nuevamente volvían a tener sentido en mi cabeza… esta era la segunda vez que veía su escote, aunque claro, con la clara diferencia de que si entro unos segundos antes podría haberla visto totalmente desnuda.
—Brick.
Pegué un respingo de mi lugar, lentamente giré la cabeza hacía la dueña de aquella voz, la cual no acababa de verme directamente, más bien parecía tener los ojos fijos en mi cabello. Me relamí inconscientemente los labios cuando mi vista volvió a dirigirse sin disimulo al inicio de su busto, no podía ser, ahora no podía apartar mi mirada de ahí. Llevaba una camisa blanca de manga larga y los tres primeros botones sueltos, dejando ver como las pequeñas gotas que aún caían de su cabello se colaban por entre sus pechos ¡dios! ¿ya basta no?
—Ehm… —articulé como pude. —Blossom, yo… eh… n-no… —mi voz salía con tanta dificultad, diría que lo sentía, aunque en realidad no podría arrepentirme de eso…
—Tranquilo, se que no fue tu intención, hagamos como que nada pasó ¿de acuerdo? —esta vez su cabeza apuntaba al suelo, mientras jugaba con sus manos nerviosa.
—Estoy de acuerdo.
Ambos nos sentamos en el sofá de la sala y comenzó nuestra sesión de lectura. Hace tiempo se volvió una costumbre en nosotros elegir un libro que nos gustase a ambos y venir aquí para leer en tranquilidad y compartir opiniones, en ocasiones ella leía en voz alta y yo la escuchaba y viceversa. Hoy le tocaba a ella leer.
Abrimos nuestro libro por la ultima página que leímos y su voz hablaba entonando a cada personaje… era sinceramente tranquilizante. La voz de Blossom era suave y no muy aguda, me gustaba. Pero hoy no podía concentrarme, claro que no, cuando lo único que hacía era subir una y otra vez mi mirada de mi libro y observarla de arriba abajo, no la escuchaba, mi mente se quedaba permanentemente en su cuerpo y en el recuerdo de éste mojado y semidesnudo.
—¿Me estás escuchando? —el sonido del libro cerrándose con fuerza entre sus manos me hizo despertar. Mis ojos quietos sobre ella me delataban y pude sentir mis mejillas arder.
—No. —respondí con seguridad.
—Me he dado cuenta, no paras de mirarme. —me maldije mil veces por ser tan jodidamente obvio. —Oye…
—Sí, lo siento, es que… lo siento, lo de antes fue demasiado incómodo. Mejor me voy. —no le di pie a decir más, lo mejor era que me fuera y dejar que todo este tema se olvidase con el pasar de los días, por lo tanto, me levanté, pero un tiró de mi camiseta me hizo caer de nuevo sobre el sofá. —¿Qué…?
—Espera un momento. Yo… tengo que hablar contigo y…
—Ya me he disculpado ¿qué más quieres? —comenzaba a irritarme, si esperaba que me arrodillase para rogarle que me perdonara estaba muy equivocada.
—No, no, déjame hablar por favor. —se llevó una mano al pecho, justo donde estaba su corazón, al parecer estaba bastante nerviosa, giró sobre el asiento mirando al frente. —Tú… ¿crees en el amor a primera vista?
He de decir que esa pregunta me pilló del todo desprevenido, tanto que la saliva se atragantó en mi garganta haciéndome toser un par de veces. No pensé que la pelirroja fuera alguien interesada en ese tipo de temas, que me preguntase a mi menos ¿acaso le gustaba alguien?
—Eh… no se… la verdad no lo había pensado antes ¿me lo preguntas porque te ha sucedido?
—…
Se quedó callada, demasiado callada, prácticamente no podía oír ni su respiración, de repente cogió una gran bocanada de aire y con un movimiento tan rápido que apenas logré percibir, se acercó a mí, logrando que echara mi cuerpo hacia atrás. Me consideraba alguien inteligente pero ahora mismo, no podía descifrar que estaba ocurriendo, es más, mi cerebro estaba bloqueado y no quería funcionar.
—¿Blossom? —pregunté ante su eterno silencio, su mirada penetrante junto a su cercanía comenzaba a incomodarme.
—Que creerías si te dijera que… que… —otra vez, comenzó a mirar a todos lados, era como su tic nervioso. —que no me molestó tanto que me vieras… de esa manera, en el baño.
—Creo que… no entiendo ¿eso es que me perdonas? —observé con confusión como su entrecejo se frunció suavemente, su mandíbula notablemente apretada ¿estaba enfadada? ¿acaso dije algo malo? —¿significa eso?
—No.
Y cerré los ojos esperando algo parecido a un golpe cuando la vi abalanzarse hacia mí y lo único que sentí por su parte fue la suavidad de sus labios contra los míos. Despegué los parpados por la sorpresa, me quedé inmóvil y lo único que me preguntaba ahora era que qué estaba pasando. Las manos de Blossom se aferraron a mi camiseta, no se separaba de mí, al parecer esperaba que correspondiera el beso, pero yo… simplemente no sabía qué hacer. Entonces no lo quedó de otra que alejarse, la vi bajar la mirada hasta tal punto que su flequillo tapaban sus ojos, vi como sus puños se cerraban y sus labios formaban una fina línea.
—Lo siento… creo que fui demasiado imprudente.
Ah. Ahora entendía todo. Yo le gustaba.
—Blossom ¿yo te gusto? —pregunté sin que me temblara la voz, la vi asentir y… una sonrisa larga se dibujó en mí. Ahora mi cuerpo vibraba de la felicidad, yo buscaba algo tan simple como ser su amigo, pero al parecer mi encanto consiguió algo mucho mejor.
Mis ojos brillaron con malicia, ya la tenía comiendo de mi mano, fue más fácil de lo que creí. Siempre pensé que a mí me tocaría el trabajo más complicado con ella y resultó todo lo contrario. Inspeccioné todo su cuerpo con la mirada y llegó de nuevo esa imagen del baño a mi mente, al menos podría aprovecharme de todo esto y disfrutarlo. Para que mentir, unas horribles ganas de tenerla debajo de mí gritando mi nombre por el placer me invadieron por completo.
Me acerqué a ella y coloqué una mano en su hombro, pude notar como toda ella se tensaba y levantó la cabeza de golpe, al parecer había interrumpido en una ola de pensamientos. Recorrí todo su brazo con las yemas de mis dedos y noté como los bellos de su piel se erizaban y su cuerpo temblaba ante esto, reí con malicia para mis adentros, sí que era susceptible a mi tacto. Decidí aprovecharme un poco de la situación y jugar más sucio.
Con lentitud acerqué mi rostro a su cuello y aspiré su aroma que llenó mis pulmones de un dulce olor a pétalos de flor, rocé mis labios quedamente contra la piel de su hombro y la escuché dar un pequeño suspiro, no se apartó, ni se quejó, tan solo se dejó palpar por mí, de verdad no mentía con lo de que le gustaba, todo su cuerpo respondía muy bien ante mis caricias.
—¿Sabes? —me alejé de ella con pesadez por alejar aquel deleitoso aroma de mí, la miré directamente a sus pupilas rosas y me mordí el labio con una sensualidad que podía matar. —Igual… podrías arrepentirte de esto. Tal vez pueda aprovecharme de ti, hacerte daño…
Estaba jugando con fuego, pero quien avisa no es traidor, luego que no se sorprenda de que mi venganza sea aún más dolorosa. Llevé mi mano hasta su rostro y con mi dedo pulgar recorrí todo su labio inferior, luego el superior y ella entreabrió la boca, su respiración se volvía fatigosa, rápida. Ya veo… ¿a nuestra querida heroína le excitaban los chicos malos?
—Yo… ¿te gusto? —su mirada no subía de mis labios, parecía querer escuchar mi confirmación para lanzarse de nuevo sobre mí. Volví a alargar una sonrisa socarrona, me relamí los labios ante su atenta mirada.
—Mejor responde tú esto ¿quieres que te bese?
De un empujón hizo que me reclinara en el respaldar del sofá y de un momento a otro ella ya estaba encima de mi regazo, alcé una ceja, extrañado, estaba siendo más atrevida de lo que esperaría de ella. Sentí su cálida respiración cerca de mi cara, tragué saliva con dificultad, toda esta situación también comenzaba a afectarme a mí.
—¿Qué crees? —habló con una voz profunda, arrastrando con sensualidad cada sílaba. Inconscientemente mis manos subieron hasta su cadera y la apreté, pegándola a mí. Ahora yo también quería.
Nuestras bocas se unieron finalmente en un beso que nada tenía que ver con el primero. Era un beso impetuoso, pasional. Acaricio su largo cabello, su espalda. Allí, donde se avivaba mi fuego sentí una necesidad crecer. Llevó sus manos a mi pecho y enterró sus uñas en mi camiseta. Gruño en su boca. En el silencio de la habitación se podía escuchar el sonido de nuestros labios chocar con sensualidad. Su perfume me acogió, por un segundo deseé impregnarme para siempre de ese olor. Realmente la fogosidad de aquel beso estaba siendo mas fuerte que mi propia cordura. Introduje mi lengua en su cavidad bucal sin permiso alguno y, ansioso, busco la suya, sintiendo una punzada de placer al encontrarla. Me faltaba el aire, pero ella parecía poder seguir todo el día. Para mi desgracia y para la de ella me separé, mi vista estaba algo nublada, había sido demasiado placentero ¡demonios, como esta chica había aprendido a besar de esa manera!
Totalmente perdido en una nube de deseo, hablé.
—¿Qué… qué es lo que quieres de mí?
—Tan solo sé que ahora mismo te anhelo.
Mi pulso se aceleró, yo también estaba deseoso de llegar a otro nivel con ella en ese momento, pero antes jugaría un poco con ella, quería ver cuán interesada estaba en mí y hasta que punto estaba decidida a llegar.
—Blossom, ¿estás segura? —corrí un mechón rebelde detrás de su oreja. —Después ya no habrá vuelta atrás.
—Lo sé. —una pequeña sonrisa me demostró lo que esperaba escuchar.
Le sonreí de vuelta y ataqué su boca ahora sintiéndome libre de que ella quería lo mismo y oh, disfrutaría de esto hasta hartarme de ella.
…
—¡Hasta mañana, Brick!
—Adiós.
Me despedí con una pequeña sonrisa de ella y me encaminé hacia mi casa. Durante el camino me quedé pensando en lo que acababa de suceder, yo no la amo, ni siquiera la quiero, pero si que podría decir que me gusta, sino no habría disfrutado lo que pasó entre nosotros. Definitivamente, la venganza estaba siendo un plato muy dulce.
CONTINUARÁ…
¡Hola, hola! Bueno, primero que todo ¿os gustaría lemmon en la historia? En un principio no pienso colocar ese tipo de escenas, pero visto lo visto casi se me va la mano y hasta yo me quedo con las ganas x'D Segundo, espero que os haya gustado este capítulo, en realidad creo que la evolución de esta pareja ha sido la más rápida, pero que puedo decir, son demasiado calenturientos y yo creo que hubo cierta química entre ellos desde el principio. ¡Y tampoco quería haceros esperar más por un poco de romance!
