¡Muchas gracias a la gente que deja comentarios y sigue la historia!
Disclaimer: The PowerPuff Girls o cualquier personaje de esta historia no son de mi propiedad.
XII
Bostecé una vez. Miré al techo, al suelo, al frente y volví a bostezar. Y otra y otra vez.
—¿Puedes dejar de bostezar tan ruidosamente? Te voy a taponar la boca de un puñetazo. —Mi hermano moreno que estaba a mi lado sentado en aquel sofá de tres plazas, se encontraba concentrado en la partida de futbol que se disputaba dentro del televisor.
—Sí, cállate, no dejas que me concentre. —Brick siguió la queja. Estaba en la otra punta del sofá con las narices metidas en uno de sus tantos libros. Yo lo miré con hastío.
Era una noche fría de invierno, los tres hermanos Him estábamos en casa, a la luz de la chimenea sin nada mas que hacer que vaguear. Me lamentaba, pobre de mí que no encontraba diversión por ningún lado y los otros dos no parecían querer compartir el mismo aburrimiento conmigo.
—¡Me aburro! —exclamé en forma de berrinche. Miré de reojo y como era de esperar, nadie me hizo ni el más mínimo caso. —¡ME ABURRO! —esta vez chillé con voz aguda y más ímpetu, mientras dejaba mi cuerpo deslizarse por el sofá hasta casi tocar el suelo.
Se escuchó un gruñido de frustración por parte del pelirrojo que por un momento dejó su lectura de lado para mirarme con mala cara.
—Date un paseo o algo y deja de molestar ¡Venga, lárgate! —y volvió a concentrarse en lo suyo.
Medité esa idea por unos momentos. Fuera hacía un frío de mil demonios y aquí por lo menos podía estar caliente… pero claro, la verdad prefería alejarme del aburrimiento a pesar del frío que seguir allí y acabar deprimiéndome.
Me levanté de un salto decidido a no quedarme allí haciendo un agujero en el sofá. Tomé mi abrigo, el más grueso que tenía y justo antes de abrir la puerta escuché a uno de mis hermanos llamarme.
—¡Trae algo de cenar cuando vuelvas!
Arrugué el entrecejo y les enseñé el dedo de en medio.
—¡Una mierda!
Claro, ellos me habían echado a propósito para que fuera yo quien fuera a por la cena, pero me parece a mi que se iban a quedar con las ganas esta noche.
Terminé por salir y una ráfaga de suave brisa congeló mi piel y me obligué a abrazarme a mi mismo para reconfortarme, me estaba arrepintiendo un poco de haber tomado la decisión estúpida de salir…
—¡Cierra la puerta, imbécil!
Gruñí audiblemente y pegué un portazo. Di dos pasos y mis pies se enterraron en la nieve. Al echar un vistazo a mi alrededor, observé como todo el bosque estaba cubierto de un manto blanco, los copos de nieve caían con delicadeza sobre mi rostro y en seguida se convertían en gotas de agua. Arrugué la nariz, esto era como caminar bajo la lluvia prácticamente pero bueno, vi que lo mejor era andar para entrar en calor.
No contemplé cuanto tiempo estuve andado realmente, pero la luz de las farolas de la ciudad ya iluminaba mi paso. Al alzar la vista me di cuenta de una cosa: ya estábamos en época navideña. Cuanto más me adentraba por las calles de la ciudad podía contemplar como todas estas estaban repletas de luces de colores, arboles adornados y más personas de lo normal rondando por ahí. Resoplé ante eso, ya de por si la gente me gustaba poco y en esta época todos estaban más amorosos y pegajosos, todo demasiado… feliz y falso.
Sin darme cuenta ya había llegado a una de las tantas plazas de Townsville. Mis ojos se llenaron de color cuando ante mi se alzaba un enorme pino totalmente iluminado y decorado, parecía tener el tamaño de todo un complejo de pisos. Me sentí emocionado, nunca había visto algo como aquello, era cierto que la Navidad no me gustaba ni el significado de esta, pero era cierto que este tipo de cosas alegraban el día a cualquiera.
Recorrí la plaza durante un rato curioseando por las tiendas de dulces, todo estaba repleto de tiendas de ropa y restaurantes. Me paré en uno en concreto del cual, si te acercabas a la entrada, un delicioso aroma a pasta recién echa te llenaba los pulmones y dejaban a mas de uno con el estomago rugiendo. Tragué saliva y metí la mano en el bolsillo de la chaqueta para sacar mi cartera y… como supuse, ni un centavo para un miserable caramelo…
Rodé los ojos, no se como esos dos tontos querían que les llevara la cena si a mi hace rato que me despidieron del local donde trabajaba y Butch ahora tampoco hacía nada con su vida, tan solo Brick era el que nos mantenía con vida y con su empleo en la librería no nos daba para casi nada… Pateé una papelera que había cerca con un claro enojo.
—Odio mi vida… —susurré con rencor mientras apretaba los puños.
Sin ganas de continuar moviéndome de un lado a otro, tomé asiento cerca del gran árbol navideño y me quedé observándolo mientras me perdía entre sus luces parpadeantes y mis pensamientos comenzaban a volar recordando mis antiguas navidades… bueno en realidad no recordaba algo de navidad, puesto que cuando en el orfanato esta se celebraba, nosotros siempre nos quedábamos en nuestra habitación encerrados.
Estornudé con violencia despertando así de mi ola de recuerdos y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, de repente sentí algo de calor proveniente de algún lado. Suspiré con una pequeña sonrisa formándose en mi rostro.
Aunque esa sonrisa se fue cuando me di cuenta que no tenía sentido aquello puesto que estaba en la calle y no había manera alguna de calentarse… además que ese calor lo sentía solo en una parte del cuerpo. Un olor fuerte y ácido me revolvió el estomago y entonces bajé la vista al comprobar que ese calor y olor provenía de mis pies.
—¡Pero q-…! —tardé unos segundos en reaccionar y levantarme cuando me di cuenta de que era un perro meandome la pierna. —¡Qué te pasa maldito chucho! —comencé a sacudir mi pierna con agresividad, y por supuesto que un par de gotas tenían que escaparse a mi cara. —¡AAAAAAH! —grité totalmente asqueado mientras buscaba desesperadamente un pañuelo en los bolsillos de mi chaqueta.
Escuché a aquel malnacido canino ladrar mientras me limpiaba las gotas de pis de la cara.
—Un momento… —me fijé bien en aquel perro. —tu eres… ¡el mismo perro de la última vez! —exclamé con sorpresa mientras recordaba aquel día que casi muero devorado por un pequeño cachorro. Volvió a ladrar, pero esta vez me miraba como si quisiera pegarme un bocado… de nuevo. —E-espera, esta vez ni siquiera voy disfrazado de comida… —me alejé dos pasos de él, tropezando con mis propios pies y cayendo al duro asfalto, sentí toda mi espalda retorcerse del dolor.
Mientras me quejaba no me di cuenta de que el chucho se acercaba lentamente enseñando los dientes brillantes por salivar. Cuando quise darme cuenta ya era tarde y el mendigo perro ya estaba a pocos pasos de mí. Como pude me levanté asustado y comencé a correr despavorido de un lado a otro. De repente sentí un cuerpo tumbar el mío propio y sin siquiera molestarme en ver quien era, me escondí detrás esperando que ese desconocido me salvara.
Cuando levanté los ojos vi que… ¿era un oso?
—¡Fuera de aquí perro estúpido!
Y en menos de un segundo el perro salió volando por los aires. Mi mandíbula tocó el suelo de la impresión mientras mis ojos se abrieron de par en par. Giré la cabeza lentamente hacía aquella persona vestida de oso gigante, asustado obviamente, es más, iba a salir corriendo de ahí, cuando de repente un sentimiento extraño me invadió. Esto era un Deja Vú, está sucediendo exactamente lo mismo que aquel día… entonces esa persona debería ser… no creo, ya sería mucha mala suerte junta ¿no?
—¿Estás bien, Boomie? —habló el sujeto con voz… chillona y que pude reconocer perfectamente, aunque solo con escuchar esa última palabra no había que preguntarse nada más.
—¿B-bubbles? —pregunté solo con la esperanza de haber escuchado mal, aunque era lo menos probable.
—¡Sí! — se retiró aquella enorme y ridícula cabeza de oso de encima y dejó sus enormes ojos azul cristal a la vista. —¿Cómo supiste que era yo? ¡Eres adivino!
Torcí la boca alzando una ceja, esta chica no tenía muchas luces. Negué con la cabeza mecánicamente, en definitiva, esto del destino era simplemente ser un desgraciado en mi caso.
—¿Qué cosas no? Es la segunda vez que pasa algo así, solo que esta vez yo soy la que tiene el disfraz gracioso. —Hizo una pose extraña como si fuera lo mejor que le ha pasado en la vida y comenzó a reír.
Asentí con desinterés.
—Sigues siendo alguien de pocas palabras, eh. —río con suavidad. Yo volví a tomar asiento donde anteriormente estaba y ella se colocó a mi lado. Fue un largo silencio con su mirada imperturbable encima de mi y su sonrisa de loca agobiándome. Claramente esperaba que yo dijera algo y con tal de deshacerme de ella -ya que no parecía tener la intención de irse-, decidí preguntar.
—Ehm… ¿Por qué llev-…? —no me dejó terminar la frase cuando ya me había respondido.
—¿Qué porque llevo esto puesto? Bueno, estoy trabajando a tiempo parcial en una tiendecita de aquí cerca, querían hacer promoción de esta manera y preguntaron quien quería hacerlo y yo me ofrecí ¿¡No es genial!? —habló con una rapidez pasmante, con suerte pude comprender todo lo que decía.
Me la quedé mirando, ahora sabía con seguridad que esa cabeza suya era un lugar muy extraño. Me encogí de hombros.
—Deberías volver a trabajar entonces, ¿no? —dije con la pequeña ilusión de que se largara de una buena vez y me dejara solo.
—Nah, estoy descansando ahora.
Apreté mis labios en una fina línea y contemplé de nuevo quedarme en silencio. Y eso hice, miré al cielo, había dejado de nevar para mi suerte. Teniéndola al lado me puse a pensar en nuestra relación que se resumía básicamente en mis intentos fallidos por evitarla. No se como lo hacía que siempre me la encontraba en algún lugar y una vez que entraba dentro de su campo visual ya no había vuelta a atrás y se pegaba a mi como un chicle. Hasta el día de hoy todavía no me acabo de acostumbrar a su presencia y a su necesidad loca de ser mi amiga, pero he de admitir que alguna que otra vez si me hace reír con sus locuras.
Aun así, preferiría no tenerla cerca demasiado, puesto que últimamente me sentía algo extraño cerca de ella, sinceramente. No lo sabía bien, era un sentimiento de rechazo y a la vez, su compañía me acababa alegrando un poco más la mañana y eso me asustaba, lo ultimo que quería era eso… exactamente ese sentimiento que yo, dentro de mi poca experiencia, calificaba como… cariño. Y eso era imposible en todos los sentidos, era mi némesis.
—Oye, Boomer.
Sentí algo cálido nuevamente, un soplo cálido cerca de mi cara, pero este si me llenó todo el cuerpo reconfortantemente e hizo que mis cabellos se erizasen por el contraste con el frío ambiente. Volteé la cabeza rápidamente para encontrarme con un par de grandes ojos curiosos donde, si los mirabas detenidamente, podías observar el mar en ellos. Estos me perturbaron, no, lo que me perturbó realmente fue la incomoda cercanía de su rostro y el mío.
—¡Hey, aléjate! —la tomé de los hombros y la aparté lejos de mí, mi cara ardía de la vergüenza.
—¿Tienes hambre? —preguntó con una pequeña sonrisa en sus labios.
Alcé una ceja y me crucé de brazos volviendo mi vista al frente.
—Claro que no ¿Por qué piensas eso?
—Es que…
Entonces un rugido que provenía de mi estomago hizo que aquel sonrojo ahora fuera aún más fuerte.
—Llevo escuchando tu estomago desde hace rato. —esta vez ella rio un poco, yo fruncí el ceño ante esto, pero bajé mi cabeza derrotado. —¿No has cenado todavía?
—No… —le contesté totalmente avergonzado y tragándome mi orgullo, lo más seguro es que se había dado cuenta de que no llevaba ni un penique con el que pagarme algo de comer…
—Ven. —se levantó de golpe. Vi su mano extendida delante de mi cara, ofreciéndola. La miré sin comprender. —Vamos, te invito a cenar. —ahora su rostro resplandecía cual ángel puritano. Ante aquella imagen sentí mis mejillas picar.
Estuve a punto de negarme cuando volvía a escuchar a mi pobre estomago quejarse, sabiendo bien que lo que me convenía era aceptar. A regañadientes, no me quedó de otra que acompañarla.
—Esta bien, pero que conste que te acompaño porque no tengo otra cosa mejor que hacer. —le dije de forma interesada, observando como asentía con aquella indescifrable sonrisa, aun con su mano extendida hacía mí. —No te voy a dar la mano.
—¡No digas tonterías, vámonos! —de improvisto tomó mi mano con la suya cubierta de pelo sintético y me llevó a rastras a donde sea que íbamos.
…
—¡Voy a explotar!
No podía dar ni dos pasos cuando ya estábamos fuera del restaurante. Fue una coincidencia que justo me llevase a aquel restaurante de pasta en el que me fijé y claro, ya que ella invitaba, ¿cómo desperdiciar la oportunidad? arrasé con todo lo que podía. Total, que acabé con estomago a punto de estallar de todo lo que había tragado, ahora mi nivel de felicidad estaba por las nubes.
—Que exagerado eres. —me dijo ella con una de esas risitas que se le escapaban cada dos por tres.
Aunque claro, con ese disfraz de oso que no se había quitado ni para entrar al restaurante, llamamos la atención en cada rincón, lo extraño es que no nos hubiesen echado de ahí en cuanto pisamos la entrada. Fue incómodo, pero a la vez me hacía mucha gracia como todos se nos quedaban mirando como si vieran un espectáculo en el circo.
—Lo que deberías es quitarte el espantoso traje, te ves ridícula. —le dije con media sonrisa burlona, buscando molestarla, y lo conseguí pues ella torció la sonrisa y frunció el ceño mientras se cruzaba de brazos.
—¡Oye, pues yo creo que te veías muy adorable con ese traje de salchicha gigante! —me reclamó ella mirándome directamente a los ojos.
Iba contestarle con alguna otra broma cuando, ocurrió eso de nuevo, eso que me pasaba tan seguido cuando conectábamos la mirada… Aquellos enormes ojos azules me atrapaban y me gustaba ver que cuando sonreía estos se achinaban un poco. No pude evitar inspeccionar su rostro de punta a punta, me fijé entonces que, cuando sus labios se alargaban en aquel brillante gesto, dos pequeños hoyuelos se formaban en ambos lados de sus mejillas. Volví a sus orbes, tranquilizadores a pesar de esa personalidad aniñada que tenía. Sin darme cuenta di un paso logrando acercarme más a ella y Bubbles seguía ahí, parada, sin pestañear, ahora su expresión enojada había sido sustituida por una relajada, parecía esperar a que yo siguiera moviendo mis pies hacía ella y eso hice, el calor en mi interior crecía a cada paso que daba.
"¡UN MOMENTO! ¿¡QUÉ DIABLOS ESTOY HACIENDO!?"
Pestañeé cinco veces antes de volver al mundo real, me bofeteé mentalmente ¡qué rayos! Me había quedado tan embobado que… que- no lo se ¡pero creo que iba a hacer una gran tontería! Tomé una lejanía prudente de la rubia y ella pareció salir también de una nube pues se me quedó mirando con cara de confusión o… ¿decepción?
—Eh… —iba decir algo cuando de repente un niño corriendo pasó por detrás de ella, empujándola de improvisto y yo como acto reflejo corrí hacia ella para atraparla. Terminé con mi mano en su cintura y Bubbles con el único soporte de mi brazo pegándola a mi para más seguridad. —E-eh… —balbuceé con las mejillas incendiadas al sentir su extrema cercanía. —¡AH! —solté mi agarré de ella como si quemara y parecía que dejó todo su peso sobre mi pues acabó de bruces contra el suelo.
—¡Auch, que no soy de goma! —exclamó algo adolorida. Volteé el rostro con el sonrojo más persistente en mi y el entrecejo arrugado. —Bueno… —suspiró ella, levantándose. —¡Demos una vuelta!
Otra vez tomándome de sorpresa, se colgó de mi brazo haciendo que el pelaje de su traje calentara mis músculos. Ella me sonrió como un niño travieso, pegándose como si fuera lo último que haría en el mundo.
—¿Qué haces? —alcé un poco la voz, forcejeando para soltarme de su agarre, pero como era de esperar, ella era mas fuerte que yo y no estaba en la labor de dejarme. —¿Tú no tenías que trabajar?
—¿Te he dicho que siempre te quejas de todo? —volvió a darme esa sonrisa traviesa y a mi por algún motivo me pareció adorable.
Sacudí la cabeza, claro que no, eso no podía ser. Resignándome a su pesadez, comencé a andar y ambos sincronizamos nuestros pasos. Así, nos recorrimos gran parte de la plaza entre diferentes charlas entretenidas.
…
Sin comerlo ni beberlo, acabamos llegando casi a las afueras de la ciudad, a un gran campo extenso con alguna que otra flor sobreviviente del verano, donde la nieve no había llegado, aunque el frío congelante seguía ahí. Entre el pasto medio seco tomamos asiento y la luz de una de las pocas farolas que había nos iluminaba tenuemente.
Me quedé mirando a mi alrededor, todo estaba en completo silencio y aquello era definitivamente mejor que todo el ruidoso gentío de la ciudad. Respiré hondo y sentí mi pecho llenarse con la suave y fría brisa de la noche, cerré los ojos relajándome… y claro, la chillona voz de la ojiazul tenía que romper aquella fantasía.
—Es un lugar bonito ¿verdad? —ahí seguía, enganchada a mi hasta el último momento. Cualquiera que nos viera pensaría que éramos una pareja… algo extraña pero pareja al fin y al cabo… y ¡NO! Claro que no lo éramos. Me solté de su tedioso agarre alejándome un poco.
—¿No sabes lo que es el espacio personal? —le dije con una mueca de asco.
Hizo un puchero bastante aniñado y arrugó la nariz. Pareció enfadarse pues volteó la cabeza hacía otro lado y yo rodé los ojos con cansancio.
Me dedique a disfrutar de aquel sonido adormecedor que tenían las hojas de los arboles cuando la brisa las mecía. Entonces algo entró por mi campo visual, algo que permaneció bastante oculto por culpa de la oscuridad nocturna. A lo lejos pude divisar lo que parecía una alargada montaña con una abertura en la cima… mi cerebro hizo clic ¡El volcán!
El volcán de Mojo Jojo era un lugar al que muy pocos podían acceder, por no decir nadie. Nosotros hace meses nos acercamos a este, pero era más grande de lo que recordamos y, claro, como ya no podíamos volar, fue imposible asomarnos además de que aquella base o guarida más bien que tenía construida había desaparecido, dejándolo ver como un volcán completamente normal. Yo hacía tiempo que desistí de buscar a nuestros aliados contra la lucha de las PPG, pero la curiosidad sobre lo que podría haberle sucedido al mono me invadió.
—Oye, Bubbles. —la llamé.
—Dime. —se giró rápidamente con los ojos enormes de curiosidad.
—Ese volcán de allí… —señalé con mi dedo a la silueta oscura y lejana. —¿sigue activo? —pregunté simulando algo de temor.
Ella se le quedó viendo en silencio un rato largo, demasiado largo para mi gusto. Cuando iba a volver a preguntar, su voz me interrumpió.
—¡Que va! No te preocupes, no tiene peligro alguno. —ella me sonrió de forma tranquilizadora, pero esa respuesta no era a la que yo quería llegar.
—Ya veo… —obligué a mi cerebro a pensar algo que me diese una mínima pista. —Y… ¿alguien vive cerca? Digo, si un día llegase a activarse, podría ser peligroso… —aplaudí mentalmente por aquella ingeniosa pregunta.
—Hum… —pareció pensarse lo que iba a contestar. —mira, te voy a contar una cosa curiosa ¿ok? Pero tienes que dejar de huir de mi cada vez que me acerco a ti ¿trato? —volvió a sonreírme con travesura.
Negué con la cabeza ante su molesta insistencia y ella volvió a colocarme esos ojos de cachorrito degollado que me llevaron a la mala decisión de aceptar desganado. Entonces ella volvió a interponer mi brazo entre el suyo y su cuerpo, dejando su cabeza apoyada en mi hombro. La cercanía hacía que mi corazón latiera nervioso.
—Esta bien, pues… hace muchos años, aunque sea difícil de creer, ahí vivió un mono. —comenzó ella a contar, la escuché atentamente. —¿curioso verdad? Ese mono era uno de los villanos más inteligentes de la ciudad, y también bastante fuerte.
Asentí, cuando algo en aquella historia ya comenzaba a descuadrar para mí. La miré con una ceja alzada, ella perdió la mirada en el horizonte.
—Un momento, has dicho… ¿vivió? ¿se ha mudado de lugar? —pregunté esperanzado, aquel rayo de esperanza que me decía que Mojo estaba en alguna parte, esperando paciente a que nosotros lleguemos para ayudarlo.
—Mudarse… bueno, sucedió una cosa y…
—¿Qué? ¿Qué sucedió? —pregunté impaciente por tanto misterio.
—Murió, está muerto.
Lo único que escuchaba era el latir de mi corazón retumbar en mis oídos, mis manos comenzaron a temblar sin que yo pudiese controlarlo y sentí la presión de mi cuerpo más baja de lo normal. Aquel rayo de esperanza que me iluminaba se convirtió en una nube de recuerdos que me traslado a un tiempo pasado, mi juventud más temprana… aquel día cuando creímos celebrar la derrota de las PPG, como nos llevaba a jugar al campo, al baseball, lo que hacían en esos tiempos los padres e hijos tan seguido, como nos preparaba el desayuno todas las mañanas aun cuando lo tratábamos como a la misma… basura. Nos duchaba, nos cuidaba las pocas veces que nos enfermábamos… Todo aquello que hacía un padre bueno, aquel mono que nos dio la vida en un retrete de la cárcel… y nosotros jamás se lo agradecimos por ser unos gamberros y maleducados niñatos. Yo sabía que mis hermanos, a pesar de todo, consiguieron cogerle aquel cariño de hijo que el buscaba en nosotros, su gran creación, éramos perfectos ante sus ojos y aún así… el ahora… Todas aquellas imágenes se recopilaron en mi memoria y sentí que volvía a estar allí, con él, divirtiéndome y siendo… feliz.
…
….
…..
—¿Pa… pá?
Aquellas palabras se escaparon de mi sin darme cuenta, con un susurro tan pero tan bajo, como si lo dijera dentro de un sueño. Una lágrima traicionera se resbaló por mi mejilla directa al dorso de mi mano.
—¿Boomer? ¿Me estas escuchando?
Aspiré un aire que me faltaba, tenía la sensación de haber estado aguantando la respiración por un largo tiempo. Apreté los parpados antes de abrirlos y me di cuenta de que ya no estaba en aquel parque jugando a la pelota y volví a fijarme en aquella muchacha que me hablaba.
—Ah, perdón, me distraje. —dije con un hilo de voz grave y cansado.
—Pues eso, en realidad no te puedo asegurar que esté muerto, simplemente desapareció, se esfumó. —me contó ella, encogiéndose de hombros.
—¿Cómo? ¿Y estás segura de que no se fue simplemente?
—Sí, al igual que todos los demás villanos y monstruos de la ciudad. Como él, ellos también desaparecieron ¡pof! Dejaron de existir.
—P-pero… —traté de ocultar la tristeza en el tono de mi voz. —¿Qué les paso?
—¿Qué les paso?... —repitió mi pregunta con un tono monótono, me miró de reojo, yo asentí con la cabeza. Ella soltó un suspiro. —Si te lo dijera, tendría que matarte… —Su sonrisa se ensanchó tanto que resultaba perturbadora, al igual que sus ojos tomaron un brillo extraño que ponía los pelos de punta, aunque su rostro en cambio tomó una sombría perspectiva que lo hacía ver… aterrador. Sentí mi garganta secarse mientras sudaba frío, e intuitivamente me moví incomodo, como si mi cuerpo solo quisiera separarse rápidamente. —¡Es broma, tontito! ¡Vaya cara se te ha quedado!
Echó una carcajada como si le divirtiera mucho todo este asunto. Apreté la mandíbula con enojo, ¿quién se creía para reírse de mí?
—¡Bah! Tengo que irme ya. —me levanté con prisa para irme y ella igualmente se puso en pie al mismo tiempo que yo.
—Oh vamos, no te enfades… solo estaba bromeando. —dijo ella con un adorable puchero, esos gestos de niña hacían que en un momento mi enfado se esfumara, no se cómo lo hacía… —En realidad no sé exactamente qué sucedió, era muy pequeña. Lo siento… —Bubbles se encogió con pena y yo resoplé, conformándome con la información que había logrado obtener.
—Como sea, de todas formas, ya es tarde, deberías volver a casa tu también. —la vi asentir con una dulce sonrisa dando por hecho que ya la había perdonado, me giré sobre mis pies con la intención de marcharme cuando sentí un pequeño tirón de mi chaqueta.
—¡Espera! —la escuché gritar con ese tono irritante, a pesar de que estábamos prácticamente al lado. Puse los ojos en blanco, algo exasperado.
—¿Qué…?
No pude pronunciar a penas un sordo sonido entre dientes al sentir sus labios estamparse contra los míos. Abrí los ojos desorbitadamente, me quedé paralizado, quieto cual estatua, mi respiración se cortó inmediatamente y cuando me di cuenta de lo que pasaba realmente, mi cara se tiñó de un color rojizo intenso. El beso duró menos que nada, simplemente sus labios contra los míos.
Al momento de ella separarse, no se alejó demasiado, su cara todavía estaba a centímetros de la mía, pero ahora podía observar con especial detalle las pequeñas pecas repartidas por todo su rostro, muy parecidas a las mías. Debí verme como un tonto, cuando mis labios todavía se encontraban con esa forma de boca de pulpo… Picó con sus ojos hacía arriba, y yo que no me perdía detalle de ellos, alcé la vista y me encontré… ¿un muérdago?
—¡Feliz navidad, Boomer!
—…
Como era de esperarse, las palabras se quedaron atascadas en mi garganta y ningún pensamiento coherente pasaba por mi cabeza, por no decir que estaba completamente en blanco. La vi yéndose ahora con esa cabeza de oso colocada, agitando la mano en forma de despedida antes de desaparecer girando la esquina.
—¿Feliz… navidad? —y cualquier rastro de otro pensamiento que no fuera aquel suave roce, abandonó mi mente ¿mi primer beso?
CONTINUARÁ…
¡MADRE MÍA! ¿Pero cuanto tiempo llevo sin actualizar? ¡casi un año diría yo! Pufff, ni me acuerdo. Lo siento muchisiiiiiimo por todo este tiempo sin actualizar nada, realmente estaba sin ganas y concentrándome al máximo en terminar mis estudios ¡y gracias a los dioses, ya me queda poco para acabar! Muchísimas gracias a la gente que ha seguido leyendo y a la nueva que viene también, espero poder traeros más seguido algo. Realmente estuve sin ideas y todo este capítulo es… pues bastante improvisado la verdad.
De todas espero que lo hayais disfrutado este pequeño (no tan pequeño, pues quedó bastante extenso jeje) ¡nos vemos en la próxima actualización!
