¡Muchas gracias a la gente que deja comentarios y sigue la historia!
Disclaimer: The PowerPuff Girls o cualquier personaje de esta historia no son de mi propiedad.
XIV
.
..
…
Alguien toca la puerta.
—¿Blossom?
Silencio.
…
—¿Blossom? ¿Estás ahí?
Corre hacia la puerta después de medio tropezar con la sabana. Abre la puerta con el pelo alborotado y la cara perlada de sudor.
—¡Bubbles! Perdona, estaba durmiendo.
—¿Estas bien? Escuché ruidos extraños y creí que estabas con dolor otra vez…
—Sí… ¡sí! No te preocupes, estaba… —traga con dificultad, claramente su garganta estaba seca. —tenía una pesadilla sin importancia, perdón.
—Ah, menos mal. —suspiró con alivio. —bueno, ya me contarás luego, voy a salir un momento. Buttercup sigue en su habitación.
—E-está bien.
…
Cierra la puerta y deja que su cuerpo se relaje. Aún con la sabana envolviéndola, se acerca a mí, que la espero pacientemente en la cama. Ella toma asiento y estamos frente a frente.
—Creo que deberíamos tener más cuidado… o por lo menos intentar ser más silenciosos. —dijo ella con aquel sonrojo tímido, que conseguía encenderme más de lo normal últimamente.
—Tranquila, no pasó nada ¿cierto? —le di una diminuta pero perversa sonrisa. —así que… podemos continuar.
Mi siguiente pasó fue acercar mi rostro al suyo con la intención de fundirme en sus labios con un ardiente beso, pero, sorprendiéndome, ella echó su cabeza un poco para atrás esquivando mis intenciones. Con un rostro serio y una ceja alzada me la quedé mirando. No me gustó para nada ese gesto.
—En serio Brick… —ella bufó como si acabara de decepcionarse de algo. —ya no es tan solo por el ruido o lo que sea, es que… siempre estamos aquí encerrados, mis hermanas empiezan a cuestionarse porque paso tantas horas en mi habitación ¡por dios! Ni siquiera saben que tu estas aquí…
Apreté los labios en una fina línea, ahí vamos de nuevo, los mismos reproches.
Llevamos, contados, 3 meses "saliendo", bueno ni siquiera lo llamaría así ya que-
—Dime ¿Cuándo podremos salir como una pareja de verdad? A veces pienso que simplemente no te gusto en realidad… ¿no me quieres? —ella me miró con intensidad en sus pupilas cristalizadas, rodé los ojos y esto pareció enfurecerla. —¡ni siquiera me has pedido que seamos una pareja oficial! Simplemente venimos a mi habitación, nos acostamos y te vas… solo quieres estar conmigo cuando no hay nadie alrededor y yo… ¡yo-
Y se calló rápidamente cuando vio que yo me levanté de repente de la cama. Veía por el gran ventanal de su habitación en penumbras, sin alguna expresión que descifrara que por dentro me estaba muriendo del aburrimiento solo de escucharla. A ella le temblaba el labio inferior. Con sumo cuidado, me acerqué a ella como si de un animalito indefenso se tratase y coloqué mi mano en su rostro con tal delicadeza que pude escuchar un suspiro ahogado en su garganta.
Le sonreí. Sabía uno de sus puntos débiles y era que mi sonrisa era capaz de calmarla y borrar cualquier pensamiento de su mente. Estaba perdida por mí. Y yo me aprovechaba de ello.
—Es tarde. —la luz de la luna y el tintineo de las estrellas adornaban nuestros cuerpos desnudos. —será mejor que me vaya.
Ella arrugó consternada el puente de la nariz y abrió la boca, tal vez para quejarse de nuevo. Simplemente no le di tiempo para ello pues yo ya había recogido mi ropa, y aprovechando que nadie andaba por la casa en ese momento, salí por la puerta de la habitación vistiéndome y me fui de aquella casa.
…
Al día siguiente me desperté con un presentimiento en el fondo del estómago, algo parecía ir mal este día. Boomer estaba en las nubes desde hace varios días, pero hoy en especial estaba tan embobado que se quedaba horas mirando algo que sujetaba en su mano. Por otro lado, Butch no había aparecido por casa esa noche. Y yo… yo tengo un mal sabor de boca desde que abandoné la habitación de la pelirroja.
No creí que fuera por algo en concreto, pero desde ese momento, un incómodo sentimiento se acomodó en mi cuerpo ¿nervios?
Sin darle muchas vueltas al asunto me encaminé a la librería a comenzar mi día de trabajo. Alguien tenia que mantener a los dos simios que tengo por hermanos o sino morirían de hambre por inútiles.
La mañana, como siempre, pasaba aburrida. Entraba poca gente y yo no tenía otra cosa que hacer que ponerme a leer ¿qué mas en una estúpida librería? Pequeña y encima calurosa.
Estaba disfrutando "Bóvedas de acero" cuando escucho la campanita de la puerta sonar indicando que alguien había entrado.
—Buenos días. —era un chico joven, parecía de mi edad.
—Buenas.
Bajé la cabeza para seguir con la lectura mientras el chico entraba entre las estanterías. Poco tiempo después volvió a aparecer ante mi vista dejando su libro seleccionado sobre mi mesa. Al ver de que libro se trataba sonreí de lado. Lo busqué en el ordenador para poder cobrarle.
—¿Ocurre algo? —preguntó él al verme con aquella rara sonrisa.
—Ah, nada. Simplemente me recordó a una amiga, también le gusta esta saga. —recordé cuando entró ella por primera vez para encargar "Las lágrimas del conde."
—Pues tiene buen gusto entonces. Esto es un regalo para alguien que también le gusta. —dijo él con una diminuta sonrisa, no parecía una persona muy expresiva.
—Bien. —dije sin intención de empezar alguna conversación con él. —Aquí tienes.
—Gracias.
Se fue y yo sin más continué con mi lectura, teniendo en mente la imagen de una pelirroja y volví a sentir un pinchazo en el estómago, esto era recurrente últimamente. Tal vez debería ir al médico.
Ya por la tarde decidí no pasar por casa y comer algo fuera pues hoy tocaba tarde de lectura en la casa de Blossom y prefería ir pronto. Esto tiene una razón; resulta que últimamente nuestras sesiones de lectura eran cada vez más cortas, desde ese día que me dijo que le gustaba, nuestra relación cambió bastante y aprovechábamos cualquier momento a solas para, bueno… ya sabéis. Y por la tarde sus hermanitas suelen tener cosas que hacer fuera de casa y me conviene.
Después de contentar a mi estómago, me dirigí camino a su casa cuando, justo al girar la esquina para entrar a su calle, algo hizo que frenara mis pies de inmediato. Parpadeé rápidamente, un poco por la sorpresa y por otro lado por estar desconcertado.
Blossom se encontraba parada en la puerta y alguien, concretamente un muchacho pelirrojo, el mismo que fue a comprarme el libro esta mañana, pensé, estaba justo delante de ella, con un gran ramo de flores varias y en su otra mano sujetaba, al parecer… ¡el libro!
Me quedé ahí, congelado, al ver como ella le sonreía, como si le gustara o divirtiera esa situación. Apreté la mandíbula, esto no se podía quedar así. Anduve rápido hasta su casa apunto de interponerme, pero ellos fueron más rápidos que yo y se metieron dentro.
Todo esto no me importa. Debería irme, pero…
Toqué la puerta, fui más bruto de lo que quería. Sonaba como si estuviera enfadado, pero en realidad no lo estaba, para nada.
¡Simplemente por qué debería estarlo!
Abrió con una linda sonrisita que me dieron ganas de vomitar, aunque en cuanto vio que se trataba de mí, esta sonrisa se borró por completo. La había sorprendido y probablemente no para bien.
—Hola… —arrastré las palabras. Intenté sonreír, pero simplemente en ese momento no me salía ser amable.
—B-brick. —tartamudeó en contra de su voluntad. —Hola, em…
Me asomé detrás de ella. El chico aquel estaba sentado en el sofá, firme cual roca y con las manos seguramente sudorosas ¡que ingenuo! Claramente todo esto era un intento de conquista. Al gafotas le gustaba MI pelirroja.
Bueno, pues no hace falta ni que lo intente.
Volví a ella, me miraba inocentemente, como si no ocurriera nada. Lo vi en sus ojos, me miraba como siempre, se derretía por mí. Para nada le gustaba ese imbécil. Yo seguía teniéndola a mi merced y eso me llenó por completo el tanque del orgullo. Aun así, prefería advertirla.
—¿Un amigo? —la miré copiando falsamente su inocencia.
—¡Sí! Es un viejo amigo y se acaba de mudar a la ciudad. Le dije que le enseñaría la ciudad hoy.
Ya veo, nuevo aquí y ya intenta robarse cosas ajenas.
—¡Perdona! Con todo el lío se me olvidó por completo que hoy era nuestra tarde ¿te parece bien dejarlo para mañana?
Sin previo aviso, tomé su rostro con mi mano, con intensidad.
Quizás eso sí me molestó un poco.
—Puedes hacer lo que quieras, pero…
Eché un rápido vistazo al nerd que ahora nos veía desde su sitio con una ceja alzada. Sonreí, completamente divertido.
—Recuerda que solo eres para mí. —mi voz sonó más grave de lo normal, cerca de su oído, con la intención de provocarla, cosa que conseguí. Me separé y en el camino rocé mis labios con los suyos de una forma muy efímera.
Sus ojos se oscurecieron ante mi contacto y mis palabras.
—Yo…
Dejándola con las palabras en la boca, me fui de allí con un claro sentimiento de victoria reflejado en mi expresión. Me entretenía todo esto. Jamás pensé tener a una powerpuff comiendo de mi mano y ahora mismo no cabía en mi gozo.
Ahora tenía toda la tarde libre así que me dispuse a pasear un rato por el parque y así aclarar un poco mis pensamientos. Por lo que vi, ella no estaba molesta conmigo por lo de la noche de ayer, eso o que estaba demasiado feliz como para acordarse…
¡Bobadas! Ese adefesio no podía compararse conmigo y mi mente de villano privilegiada.
Me senté en un banco cerca de un lago después de pedir un helado, convencido por mis propias palabras. Pensaba en lo que disfrutaría viendo como ella correría a mis brazos si le pidiera que dejara de ver al tipo.
—¿Brick Him?
Una voz femenina, suave y sensual me sacó de mis pensamientos. Delante de mí, la mujer que podría quitarle el sueño a más de uno.
—¡Oh! Buenos días, Srta. Bellum, no esperaba encontrármela por aquí. —con una gran sonrisa angelical me levanté para saludarla.
—Hola. —dijo ella envolviéndome con su sonrisa. No se como hacía para que cualquier cosa que hiciera o demostrara pareciera lo más sensual del mundo.
Me fijé en que ella era tan alta que me superaba un par de centímetros. Una mujer que podría intimidarte solo con la mirada. Eso me gustaba.
—¿Cómo está? Debería estar ocupada con todo eso de ser alcaldesa y tal… —por algún motivo, al lado suyo no me salía ningún comentario inteligente. Ella se rio un poco.
—Pues sí, pero todos necesitamos nuestro descanso de vez en cuando, sobre todo un domingo.
—Seguro. —creo que sonreí como un bobo.
—Bueno, iba a decirte de tomar un helado conmigo y charlar, pero veo que ya has comprado uno... derretido.
—¿Ah? —vi mi mano, chorreaba el helado que se caía por cada lado del cono. Me sonrojé un poco por la vergüenza, creo que me subió el calor corporal ¿tal vez volvieron mis poderes? No, no creo que fuera eso…
—¿Qué te parece si te invito a otro?
—¡Para nada! Yo lo hago. —asentí con seguridad, creo que me emocioné demasiado. Ella volvió a reír con esa suavidad de su voz.
—Como digas, vamos.
Empezó a caminar, moviendo sus caderas de izquierda a derecha rítmicamente.
Ya no podía negarlo, esa mujer me traía babeando el suelo.
Llegamos hasta el puesto de helados, los compramos y nos sentamos en una mesita con un par de sillas, frente a frente.
La conversación fue normal, temas diversos. Hasta que pensé en indagar un poco en la desaparición de Him.
—¿Y usted sabe algo sobre la desaparición de aquel diablo que era tan famoso por aquí? Como se llamaba… —me hice el pensativo. —¡ah, sí! Him, dicen que fue una gran hazaña de las chicas. —intenté inventarme aquello, en realidad no tenía ni idea de que sucedió, pero di por hecho que ellas tenían algo que ver. —Además, ¿antes no había un alc-
—Dime, ¿cómo os va a ti y a tus hermanos por aquí? Se respira tranquilidad ¿cierto?
Me cortó… ¡cambió de tema por completo!
—Sí. —asentí. Su mirada intensa, observando cada uno de mis movimientos, me ponía nervioso. —En realidad… al llegar nos sorprendió volver y no ver ningún monstruo ni nada por aquí.
—Claro, nuestras heroínas se ocuparon de eso hace mucho. —dijo ella con seguridad, su mano se acercó a la mía sin quererlo, creo.
—Ya… —miré hacía aquel roce que a ella no le incomodó, es más, no apartó la mano de la mía. —Eh… —mi mente se volvía de color blanco. —¿c-cómo fue? —pregunté con dificultad, casi me ahogo con mi propia saliva cuando ella me acarició el dorso de la mano con el pulgar.
Ya no sabía que decía, mi conciencia se nublaba.
—Cómo fue… ¿qué? —dijo ella sonriendo de oreja a oreja. Sin darme cuenta Bellum había inclinado su cuerpo hacia mí, su rostro cerca del mío y sus atributos me hicieron sudar.
¿Qué? ¿Qué era qué?
—¿Qué? —dije fuera de mí, me acerqué a su rostro peligrosamente.
Me dejé caer sobre la cama ¿cómo había pasado esto? Mi respiración agitada, mi cuerpo caliente, muy caliente y mi corazón palpitando a mil.
¿Estaba soñando?
A mi lado, el cuerpo desnudo y escultural de la pelirroja de cabellos rizados y piel bronceada y brillante, también respiraba con dificultad.
—Nada mal. —susurró ella entre aspiración y espiración.
—Nada mal. —confirmé.
No sé cómo he acabado acostándome con la alcaldesa. Creo que esto podría ser un nuevo logro.
Bellum se reincorporó un poco, apoyando su espalda en el respaldar de la cama, sacó un cigarrillo y se lo encendió.
—¿Quieres? —me ofrece uno y yo acepto, me lo pongo en la boca y ella misma me lo enciende. Aspiro el aire y al soltarlo mi cuerpo ahora se relaja y siento que he gozado como nunca.
—Dime una cosa. —empieza ella a hablar y yo la escucho atentamente. —estas saliendo con la mayor de las Utonium ¿cierto?
Escupo el cigarro de la boca y me cae en el abdomen aún encendido, ahogo un grito de dolor y lo aparto con rapidez. Paro un segundo para pensar que había dicho. Lo ultimo que esperaba era una pregunta como esa.
¿¡Cómo lo sabe!?
—¿C-cómo sabe eso? —pregunto, un malestar crece en mí. Se suponía que era un secreto, se lo dejé bien claro a Blossom.
Ella rio.
—Cada vez que viene aquí de lo único que habla es de ti. Brick esto, Brick lo otro… te tiene todo el día en la boca.
Iba a decir algo, pero ¿qué? No sabía que contestarle en realidad. Eso no me lo esperaba, pero no quitaba el hecho de que lo hiciera. No tiene porque hablar de mi ni de nosotros a nadie.
—Y tranquilo, ella no ha comentado nada sobre vuestra relación, aunque por la manera en la que se expresa de ti y lo presente que te tiene, no hace falta ser muy inteligente para darse cuenta. —su rostro continuaba con aquella sonrisa enigmática, nunca dejaba de sonreír.
—Ya veo. —torcí la boca con disgusto. Mi expresión seria volvió. —De todas formas… —me encendí uno de mis propios cigarrillos y aspiré su humo. —Nosotros no estamos saliendo, nuestra relación es más… cómo diría yo… ¿amantes? Bueno, creo que ni eso…
—¿De verdad?
—Sí, simplemente mantenemos relaciones, ni ella es nada mío ni yo nada suyo.
—Entiendo… —miró al techo en una pose pensativa y volvió su vista a mí. —pues yo creo que, si se enterara de lo que acaba de pasar entre nosotros, no le gustaría nada.
—No me importa, yo no soy su pareja, puedo hacer lo que quiera.
Ella asintió, su sonrisa seguía siendo enigmática.
—Ah pues hoy me parece que tenía que quedar con un chico para pasear con él, yo creo que a él le gusta ella y por lo que me ha contado son muy amigos y se conocen bastante tiempo. Quien sabe, tal vez ellos podrían…
—¡NO! —exclamé a todo pulmón. Conforme iba hablando me sentía asqueado, se me pusieron los bellos de punta solo de pensar en aquello. —Eso no puede pasar. —intenté hablar con más calma a pesar de que tenía ganas de vomitar, mi estomago se encogió
—¿Por qué no? —preguntó ella con una pequeña mueca.
Ya no sabía si esta mujer estaba jugando conmigo o de verdad no lo entendía.
—Pues porque ella es mía. —hablé sin pensarlo ni un segundo. —No puede estar con otro porque a ella solo le gusto yo.
Creo que hice una especie de rabieta cual niño chico pues ella comenzó a carcajearse. Me puse rojo de la vergüenza. Estuve a punto de contestarle de mala manera cuando ella habló primero.
—¿Entonces? ¿Ella no puede estar con otro, pero tú si puedes acostarte con otra?
Fruncí el ceño ¿de qué iba esta tía? A ella que le importaba lo que hiciera con mi vida.
—¿Esto es un interrogatorio o algo? No se que intentas, pero no vas a hacer que cambie de parecer.
Ella se encogió de hombros.
—No lo entiendo ¿te arrepientes de lo que ha pasado o simplemente quieres darme una aburrida lección de moralidad? —rodé los ojos con desinterés.
—Para nada, es más… —acarició mi pecho con uno de sus dedos, alcé una ceja con interés. —Cuando quieras puedes venir a visitarme de nuevo.
Sonreí de lado con picardía y me acerqué a su rostro con intención de volver a repetir lo de hace un rato y cortar este estúpido tema, pero ella se apartó sin delicadeza alguna, haciendo que casi cayera de cara al suelo.
—Que diablos… —susurré con aburrimiento. Estaba más bien desconcertado.
—Solo digo que igual deberías pensar más claramente todo, puede que pienses que ella esta a tus pies ¿no?
Yo me recosté de nuevo en la cama, pasé los brazos por detrás de mi cabeza y me acomodé para terminar de fumarme el cigarro. Asentí con seguridad, cerrando los párpados, tranquilo.
—Pues este chico que acaba de llegar es bueno con ella, tampoco es feo y además se llevan muy bien, por no decir que, claramente, SÍ está enamorado de ella, se nota. —ella comenzó a vestirse, cosa que me gustó poco. —Igual esta más cerca de lo que crees de conquistarla, porque ella tampoco le dice que no a sus regalitos y sonrisas.
Abrí los ojos de repente y giré lentamente la cabeza hacía ella. Ahí seguía con su sonrisa enigmática y que comenzaba a perturbarme, o ¿en realidad lo que me perturbaba era lo que acababa de decir?
—¿De qué-
No se que manía tenía con no dejarme hablar, pero nuevamente me interrumpió.
—Puedes irte cuando desees, yo tengo que bajar a trabajar. —caminó hacía la salida y antes de cerrar se volvió hacía mí. —Dicho esto, espero volver a verte por aquí Brick Him. —y me guiñó un ojo para desaparecer tras la puerta.
Esta mujer era increíble. De un momento a otro se me insinúa y acabamos acostándonos para después juzgarme y prácticamente regañarme como si fuera mi madre, luego como si nada me dice que quiere volver a verme y repetir… ¡Qué le pasaba!
Pero lo que definitivamente me dejó en el mundo de los pensamientos, fue su insinuación ¡porque eso era! una insinuación sobre que la líder de las PPG me iba a dejar por un estúpido nerd que, ni de lejos, podía competir contra mí. Definitivamente estaba loca si pensaba algo como eso, por muchos regalos y rosas que le diera ese tipo jamás podría darle lo que yo le doy, no se divertiría como lo hace conmigo y... y… ¡agh!
Le di un puñetazo a la cama algodonada ¡eso jamás iba a ocurrir! ¡si eso pasara, yo no podría completar mi plan! Y sí, eso era lo que importaba ¡el jodido plan! Y para conseguirlo, yo tenía que estar con ella y ella conmigo, juntos ¡los dos! Ese no podía interponerse y si eso ocurriera… ¡lo haría arder!
Respiré con dificultad por culpa de mis propios pensamientos y entonces algo hizo que mi corazón se detuviera por un segundo ¡ahora mismo estaban esos dos solos! Y… y lo que pasó la ultima vez que los dos estábamos solos, y yo era un amigo, lo que ocurrió fue…
Apreté los puños con fuerza, eso no podía permitirlo. Me levanté de un brinco, comencé a vestirme con tanta rapidez que creo que me coloqué la camiseta del revés ¡que importaba! Salí corriendo de la habitación dispuesto a parar lo que fuera que estaba sucediendo con MÍ PELIRROJA.
Estaba cansado de decirlo y repetirlo, ella era mía hasta el momento que yo decida lo contrario. Se lo dejé claro y espero que siga con eso en mente.
Bajé las escaleras a prisa, hasta que unas voces hicieron que me detuviera.
Era la voz sensual de Bellum y una masculina. Me entró la curiosidad ¿Cuántos hombres a casa se traía esa mujer?
De puntillas caminé por ahí, como temiendo de que alguien me viera y me echara. Me asomé por la habitación entre el hueco de la puerta entreabierta de donde salían las voces. Claramente era ella y otra persona, pero no me dio tiempo a ver más pues desaparecieron al girar una pared y bajar unas escaleras. Susurraban todo el rato por lo que no pude escuchar de que hablaban.
Guiado por mi indagación, entré con cuidado y verifiqué que no hubiera nadie en los alrededores. Ahora podía ver que me encontraba en su despacho donde hablamos la primera vez junto a mis hermanos. ¿Qué diablos? Habían desparecido, podía jurar que los vi irse por otra habitación.
Fisgoneé un poco por los alrededores, cuando me fijé que en el suelo había una pequeña trampilla. Miré a todos lados, por ahí habían ido.
Sin dudarlo la abrí. Eran unas escaleras duras, de piedra gris. Parecía que fuera a entrar a unas mazmorras. De todas formas, no dudé y bajé ¡un Rowdy no le teme a nada!
Conforme bajaba, la luz iba cambiando hasta turnarse oscura, de un verde intenso, pero demasiado oscuro como para iluminar correctamente. Había una sala, de apenas cuatro metros cuadrados, no había nada alrededor a parte de una gran puerta de seguridad que necesitaba código para entrar.
Me iba a acercar con el corazón acelerado, esto era tan extraño… ¿Qué hacía un sitio así en el ayuntamiento? Hasta podría hacerse pasar por una de las guaridas de Mojo. Cuando estuve a punto de mirar a ver que clase de contraseña se necesitaba para entrar, las puertas comenzaron a abrirse lentamente.
Ahora sí, el miedo se apoderó de mí. Miré por los rincones, ¡era literalmente una sala cuadrada! No había donde esconderse, por lo que sin más tuve que subir las escaleras como alma que lleva el diablo.
Una vez arriba, con la respiración agitada y el corazón bombeando a mil, decidí esconderme detrás de una de las estanterías que había por ahí, no me daba tiempo a salir sin ser visto, ya podía escuchar sus voces prácticamente detrás de mí.
—¿Escuchaste eso? —dijo la voz madura de Bellum.
Aprovechando un pequeño hueco de luz, alcancé a ver un trozo del exterior.
—Sí, pero no te preocupes, seguramente venía de las escaleras de enfrente.
Aquella voz masculina, apenas podía verlo, era tapado por la pelirroja.
—Tienes razón, bueno, como te iba comentando…
Y comenzaron a alejarse. Cuando ya no escuché sus voces salí de mi escondite. Respiré por fin, mi cuerpo se destensó, estuve a punto de ser descubierto fisgoneando. Ahora mismo solo pensaba en salir así que eso hice, con cautela salí del despacho procurando que no me viera nadie y justo antes de tocar el suelo del exterior. Volví a escucharlos caminar. Esta vez pude ver a la otra persona.
Era un hombre alto, de cabellos azabache y vestido completamente de blanco. Solo pude verlo de espaldas ¿Quién era?
Con un millón de dudas en mente, me fui por fin a casa, ese día se me había hecho interminable ¿Quién era ese hombre? Pero más importante ¿¡que diablos era ese lugar secreto que parecía la guarida de un científico loco!?
CONTINUARÁ…
Pues este capitulo se extiende nuevamente x2 no se que pasa que siempre que escribo y me sale una nueva idea no puedo negarme a escribirla y al final nunca se acaba jajaja. Bueno espero que os haya gustado este capitulo, aquí hay más interacción de otros personajes que de Blossom y Brick ¡pero todo es necesario para la historia!
Nos vemos en el siguiente capítulo, kisses!
