¡Muchas gracias a la gente que deja comentarios y sigue la historia!
Disclaimer: The PowerPuff Girls o cualquier personaje de esta historia no son de mi propiedad.
XV
Mis ojos se movieron en la oscuridad. Con dificultad despegué los parpados que se sentían pesados, como si me los hubieran pegado con pegamento fuerte. Mi vista se vio molestada por la intensa luz del exterior, entonces fue cuando un agudo dolor surcó desde mi sien hasta la cabeza y me vi obligado a volver a cerrar los ojos.
Siseé por el pinchazo en mi cabeza mientras intentaba reincorporarme, mi espalda crujió, al parecer no me había movido de posición en un largo rato.
Cuando por fin pude acostumbrarme a toda la luz, mi mente, que parecía estar apagada hasta el momento, reaccionó y me di cuenta de que estaba en un lugar desconocido, más bien, parecía una habitación ajena.
A mi alrededor todo era extraño, jamás había estado en este sitio, es más, parecía una habitación de chica y yo hace años que no entro en una…
¡Un momento!
Giré la cabeza lentamente hacía una figura que se encontraba prácticamente a mi lado, dormida al parecer en una silla de escritorio verde lima… Ahora la adrenalina corría por mis venas ¡estaba en la habitación de Buttercup!
—¡¿Qué mierda?! ―tapé mi boca rápidamente, grité de forma involuntaria. Mi corazón comenzó a latir ansioso, ella estaba despertando.
Imágenes brutales de ella llegaron a mi cabeza. La ultima vez que la vi…
—¿Butch? —se frotó los ojos y los abrió lentamente. —al fin estas despierto.
Tragué con dificultad y mis manos se aferraron a las sabanas como si fueran un escudo protector o mi última salvación.
—¿Cómo te encuentras? —preguntó con una ceja alzada mientras se acercaba a mí.
—¡NO! —exclamé y pegué un salto fuera de la cama con la intención de alejarme de ella.
Como respuesta a mi acción, ella entrecerró los ojos y se cruzó de brazos, mirándome con inquisitiva molestia.
—¿Se puede saber qué diablos te pasa?
—¡Más bien, que te pasa a ti! —respondí rápidamente mientras le apuntaba con mi dedo de forma acusatoria. —¡Que sepas que tengo un par de ajos en…!
Fui a llevar la mano al bolsillo de mi pantalón, donde llevaba un par de dientes de ajos pequeños siempre por si acaso ¡qué digo por si acaso! Ahora era obvio ¡es un vampiro!
Me sorprendí cuando la palma de mi mano chocó contra mi piel desnuda.
—¿Eh? —miré hacia abajo para encontrarme mi torso al aire y no solo eso. —¡estoy desnudo! —como acto reflejo intenté taparme con las manos mis partes íntimas, encogiéndome.
La vi rodar los ojos y negar con la cabeza.
—No estas desnudo, idiota, todavía llevas los boxer puestos. —sus labios se curvaron en una pequeña y burlona sonrisa.
Observé mi alrededor con desconfianza y confusión.
—No acabo de entender, ¿por qué llevas ajo contigo?
Temblé ante la pregunta, otra vez esas imágenes aterradoras en el baño, decidí evitar una respuesta con otra pregunta.
—Mas bien… ¿Por qué estoy medio desnudo en tu habitación?
Ella asintió con comprensión, y suspiró. Evitando mi mirada me respondió.
—Bueno verás, sabes que soy una persona… con mucho carácter, entonces, cuando tu me viste en aquella situación me asusté y me enfadé muchísimo, me lancé contra ti y tu caíste, golpeándote la cabeza en el proceso, por eso te desmayaste.
Torcí mi boca ante aquella explicación, tenía sentido, pero a la vez… no parecía real, yo vi cosas que no había incluido en su historia, como, por ejemplo, la sangre.
—Ajá, claro, ¿entonces cómo explicas la sangre que vi en tus manos y tu boca? —dije, perspicaz.
Se encogió de hombros y negó, eso me hizo arrugar la nariz, desconforme.
—No se de que hablas.
—Ah, ¿no? ¿¡y entonces que es est-
Me toqué el cuello, hacia donde ella se me abalanzó, donde sentí una punzada antes de desmayarme, donde deberían estar los dos agujeritos de los colmillos, y sí, digo deberían ¡porque no estaban!
—…
Ella se carcajeó un par de veces como si acabase de escuchar una buena fábula.
—O el golpe te ha dejado más tonto de lo normal o tienes una imaginación bastante extraña.
Entorné la mirada mientras mis dedos seguían palpando el lugar que debería estar marcado en mi cuello. Ahora mi mente era un completo lio, hasta hace un momento estaba completamente seguro de que los vampiros existían y que Buttercup era uno y ahora… ahora la verdad es que pacería que todo lo había soñado mientras dormía.
—Ya… —musité, por una parte, aliviado y por otra dudoso, la imagen era tan clara en mi mente que parecía una realidad pura y dura.
—Bueno, por lo visto te crees que soy un vampiro o algo por el estilo. De veras que estas de psicólogo.
—Cállate, chica cactus. —me burlé de ella y pude ver como sus ojos se achinaban con molestia. —Vale, pues explícame ahora porque estoy sin ropa y dentro de tu cama.
Más relajado y cada vez más seguro de que todo aquello había sido obra de mi mente, decidí jugar un poco con ella. Me acerqué lentamente con coquetería, pretendiendo ponerla nerviosa, cosa que conseguí pues dio un par de pasos hacía atrás apoyando su mano en mi pecho para alejarme.
—Fácil, tienes tan mala suerte que caíste dentro de uno de los cubículos que estaban rotos y con todo el suelo inundado de… pis.
Un escalofrío repugnante me revolvió el estómago.
—Te traje para que pudieras descansar. Ahora toda tu ropa esta para lavar.
—Oh, o sea que tu misma me desnudaste. —dije con una sonrisilla pícara.
Buttercup rodó los ojos.
—No te hagas ilusiones, ha sido la primera y la última vez que eso vaya a pasar en tu vida.
Me llevé la mano al pecho, fingiendo estar dolorido por su confesión.
—Auch…
Ambos reímos ante nuestro juego. Se sentía bien de algún modo volver a estar de esta manera con ella, por una parte, me alegro de que todo haya sido una ilusión ¡que tontería! Claro que los vampiros no existen.
—Como sea, yo me voy ya, gracias por todo, pero prefiero darme una ducha ahora que se que he dormido por no sé cuánto tiempo sobre meado.
Me dirigí hacía la puerta con clara intención de volver a casa cuando siento que ella me agarra del brazo para detenerme.
—No tan rápido, exhibicionista. —la miré confuso. —Te recuerdo que estás medio desnudo y mis hermanas siguen ambas en casa, incluso tu hermano está aquí con Blossom y como podrás comprender, por nada del mundo me voy a arriesgar a que te vean salir de mi habitación así.
Me crucé de brazos con el ceño fruncido, en primera por sentirme insultado con el mote de exhibicionista y en segunda ¡quería irme a casa! Ya había tenido suficiente en un día y podría haber estado durmiendo, pero estaba cansado aún y con un dolor de cabeza aún latente.
—¡Oye, pero yo me quiero ir! ¡Y tengo hambre!
Ella negó seriamente con la cabeza.
—Está bien ¡pues saldré por la ventana! —corrí hacía la ventana y escuché su voz, la cual me hizo detenerme al instante.
—Suerte saltando de un segundo piso.
Me asomé por esta y, efectivamente, podría acabar como poco con una pierna rota si saltaba sin más y encima totalmente descalzo.
—Tú ganas genio ¿Cuál es tu idea entonces? —resoplé con desgana.
—Por el momento, deberías acostarte un rato y yo pues, tal vez tenga ropa de mi padre que te pueda servir, también te traeré algo de comer.
La vi abrir la puerta para marcharse a buscar, no sin antes darme un último aviso.
—Por cierto, ni se te ocurra intentar salir porque si lo haces, date por muerto.
Sinceramente, después de todo lo ocurrido, no pude evitar tomarme esa "broma" como una amenaza de verdad. Revolví mi cabello, entre el dolor de cabeza y toda la confusión, me iba a volver loco.
Decidí tomarle la palabra y volví a la comodidad de su cama, ciertamente no se estaba tan mal, podría acostumbrarme… pero en el momento que tomé asiento, algo brillante se reflejo en el espejo que quedaba justo en frente de mí.
Agaché la cabeza pues venía de debajo de la cama, tanteé a ciegas con mi mano hasta que me topé con algo punzante. Chasqueé la lengua, me había pinchado el dedo.
—¿Qué hace algo como esto aquí?
Tomé en mi mano el pequeño objeto, una jeringuilla. La miré fijamente, era una bastante extraña, tenía dos agujas -bastante gruesas- en vez de una y el rastro de un liquido negro rebosaba dentro… ¡espera! Yo me encontré una de estas antes, pero era una jeringuilla normal.
Forcé mi mente a recordar.
Hace un tiempo, mucho en realidad, cuando nos conocíamos a penas, sucedió algo al ir al parque de skate, ella se enfadó y al salir del aseo donde se escondió, ella tenía… dos agujeros en su cuello.
Toda la sangre de mi cuerpo cayó, acumulándose en mis piernas. Tal vez porque mi cuerpo tuvo el impulso de salir corriendo. El pensamiento de que ella era un vampiro ya no era real, ahora era otro totalmente diferente, porque digamos que encontrar jeringas en su habitación no era del todo normal…
Entonces, ¿qué significaba aquello? ¿drogas? ¿pero que droga era de color negro? ¿y porqué una superheroína se drogaría? Miles de preguntas se acumulaban en mi cabeza, tristemente esta sentía leves dolores en los costados, impidiéndome pensar con claridad.
Con la intención de relajarme un poco, volví a tomar asiento en la mullida cama de Buttercup.
—Tal vez estoy exagerando, tal vez solo es algún tipo de medicina, como la insulina para los diabéticos… ¡pero ella ni siquiera es humana como para contraer diabetes! —mi cabeza comenzaba a palpitar dolorosamente. —¡Agh, joder!
Me recosté, el dolor comenzaba a acentuarse.
—Entonces ¿sí es droga?... —mis parpados comenzaron a sentirse pesados cual rocas. —si es eso… yo… yo…—los abrí estrepitosamente. —¡me he pinchado el dedo al cogerla!
Salté de la cama, buscando por todos lados algo que sirviera para lavar mi mano, aunque tenía la sensación de que eso ayudaría más bien poco. Corrí de un lado para otro, ¡solo quería volver a casa, diablos! Y entonces no me importó absolutamente nada quien pudiera o no verme en esta madriguera de locas, alargué mi mano hacia el picaporte de la puerta con la intención de salir.
Pero algo sucedió.
Parpadeé varias veces, de repente un agujero pequeño apareció en el centro de la puerta. Miré a mi alrededor ¿qué diablos había pasado? ¿cómo apareció aquello de repente? Observé bien el pequeño agujerito, parecía haber sido hecho con algún laser, no parecía exactamente un agujero de bala…
Miré a mis espaldas y no había nada que pudiese haberlo provocado. Me asomé por la ventana, no había absolutamente nadie.
Algo asustado, lo único que se me ocurrió es repetir la acción. Cerré los ojos con fuerza cuando volví a acercar mi mano al picaporte y un sonido seco, como si hubiese golpeado un trozo de madera hueca, hizo que abriera los ojos con rapidez.
Otra vez, otro agujerito, justo al lado. Mi respiración se aceleró, mi corazón bombeaba como un loco. Fijé mi mirada en aquella puerta, inmóvil y asustado ante mi propio pensamiento.
"Yo… ¿hice eso?"
Levanté mis manos, temblorosas, a la altura de mi nariz. Tragué saliva con dificultad, esto… no podía ser… de mi dedo índice se podía ver un pequeño rastro de humo blanco que acabó desapareciendo.
—Qué…
Hice mi cabeza un poco hacia atrás, no podía ser cierto. Sin poder apartar la mirada de mis propias manos, anduve a zancadas hacía la ventana. Fruncí el ceño, esto no podía ser real. Levanté el dedo índice, apuntando hacía el exterior y de este salió un pequeño rayo de un verde oscuro, casi negro que desapareció en la lejanía.
Mis labios temblaron hasta formar una pequeña sonrisa que acabó alargándose en una enorme mueca de felicidad.
—Sí, sí, sí, sí, sí ¡SÍ! ¡DEBO ESTAR SOÑANDO!
Daba saltos de alegría por toda la habitación, ahora todo mi cuerpo vibraba de una extraña y nostálgica felicidad que hasta hace poco era simplemente un bonito recuerdo. Aquel sentimiento era simplemente un recuerdo que ahora resurgía de mi interior ¡Habían vuelto! ¡MIS PODERES! No sabía como diablos lo había conseguido, tal vez el golpe en mi cabeza ¡pero que más daba! ¡ESTO ERA INEXPLICABLE!
Paré en seco cuando escuché la puerta abrirse. Me di la vuelta aún con esa clara felicidad reflejada en mi expresión.
—Butch, traje algo de ropa de mi padre, no es lo mejor, pero supongo que te servirá para… ¿qué te pasa? —Buttercup me miró como si viera algún extraterrestre terrorífico.
—¡Gracias, gracias, gracias! —la tomé de ambas manos para estrecharlas fervientemente.
—… ¿por?
—¡Por haberte tirado sobre mi y casi matarme golpeando mi cabeza!
Ella expresó su sorpresa abriendo la boca, incrédula. Torció las cejas y llevó su mano hasta mi frente.
—Creo que el golpe fue peor de lo que pensaba, debería llevarte al médico, tal vez tengas fiebre.
—¡DAME ESA ROPA!
Rápidamente me vestí, consistía en un pantalón de vestir negro y una camisa blanca que ni siquiera pude terminar de abrochar los botones por la euforia, solo quería salir corriendo de allí para ver a mis hermanos y contarles la buena noticia.
—Bueno, Butters, nos veremos en otro momento ¡adiós! —me despedí abrazándola de manera inconsciente. Ella parecía paralizada, totalmente desorientada.
—¡Hey! ¡Espera! ¡Te traje una lasaña precocinada! —la escuché gritarme desde su habitación, pero yo ya estaba a varios pasos lejos de esta.
Iba a bajar las escaleras a toda prisa, cuando una voz diferente me hizo salir un poco de mi ensoñación y cuando estuve a punto de girarme para ver quien era un cuerpo se tiró sobre mí, abrazándome por la espalda con intensidad, casi haciéndome caer. Giré un poco mi cabeza, una cabellera rubia se aferraba a mí.
—¡PROFESOR! ¡Por fin regresó, lo he echado tanto de menos! —sentí como mi espalda se humedecía, me encontraba petrificado ¿de que estaba hablando? Yo no…
—¡Bubbles! —alcé la cabeza para encontrar a Buttercup corriendo hacia nosotros.
—Profesor… —su agarre se acentuaba en mí, era tan fuerte que me cortaba algo la respiración. Era Bubbles, su gran sonrisa y mejillas sonrojadas mientras que lágrimas grandes y abundantes rodaban por estas me perturbaban de mala manera.
—Bubbles, para. —su hermana llegó hasta nuestro lado. —no es el profesor. —la tomó de los hombros con suavidad, la miraba con ternura y cierta pena. Aquello hizo que, extrañamente, mi corazón pegara un brinco, jamás había visto aquellos ojos amorosos en ella.
La susodicha abrió los ojos enormemente, asustada, como si la despertaran de un sueño. Levantó sus grandes orbes cristalizados hacía mi y no pude reaccionar de otra manera que, saludándola con la mano, incómodo por la situación. Ella rápidamente se separó de mi y por fin pude respirar con normalidad.
—B-Butch… —mi nombre en su boca se escuchó como un susurro incrédulo, soñador, parecía estar perdida. —p-pero, la ropa… —entonces contempló a su hermana pidiendo una explicación con la mirada.
—Sí, ya te contaré.
La pequeña rubia agachó la cabeza, tomó una postura de suma decepción, se abrazó a si misma y pasó a mi lado, al parecer antes de verme ella también tenía la intención de irse.
Todo el momento fue tan repentino que se me olvidó por completo aquella felicidad de hace un momento, miré a Buttercup que simplemente se encogió de hombros, con un suspiro agotado.
—No le hagas caso.
Aquella euforia abandonó mi cuerpo y por lo tanto me hizo recordar el dolor de cabeza, que ahora era tan intenso que consiguió marearme, me tambaleé unos pasos hacia atrás y sentí que la pelinegra me tomó de los hombros.
—Volvamos a mi habitación, será mejor que esta noche te quedes aquí.
No me quejé cuando me tomó del brazo para arrastrarme hasta su habitación, en realidad ahora lo único en lo que pensaba era en llenar mi estómago y dormir toda la noche. Todo aquel día estaba siendo una completa locura, ya tendría tiempo mañana para lo demás.
Me sentó sobre su cama y me acercó la comida. Yo prácticamente la devoré en completo silencio mientras sentía su mirada intensa sobre mí.
—Butch. —su voz rompió el silencio.
—Dime. —contesté con la boca llena sin despegar mis ojos de aquella deliciosa lasaña.
Volvió a callar. La escuché revolverse un poco en su silla, se aclaró la garganta.
—¿Por qué hay dos agujeros en mi puerta que parecen hechos con un láser?
Comencé a toser la comida atorada en mi garganta. De un momento a otro la tenía sentada a mi lado en la cama, me puse nervioso y sentí mis mejillas arder ¿Qué me estaba pasando? Sus ojos verdes eran mas brillantes de lo normal, tal vez porque estábamos prácticamente a oscuras y sus orbes lima eran como dos soles.
—E-este… yo… —mi voz se quedó a medio salir, de repente su cercanía me producía cosquilleos por todo el cuerpo. —Debería dormir…
Dejé todo lo que sobró sobre la mesita de noche, el hambre desapareció totalmente. Entonces su mano agarró mi mandíbula con fuerza y me obligó a girar la cabeza hacia ella y mis ojos conectaron con los suyos, comencé a sudar, otra vez aquella sensación de miedo tan incómoda y a la vez… tan atrayente, que sentía cuando ella me miraba de esa manera.
Tal vez era por el dolor de cabeza, pero el sueño se incrementó. Creo que me estaba hipnotizando, la cercanía me mareaba.
—¿Tienes algo que contarme?
Yo negué con la poca movilidad que dejaba su agarre.
—Esta bien, duerme. —su voz se volvió suave, tan suave que fue como si me cantaran una nana al oído. De un momento a otro ya estaba acostado en la cama y con los parpados a punto de caer como persianas. —Mañana será otro día, buenas noches…
Y lo último que vi antes de caer en los brazos de Morfeo fue su mirada gatuna brillando como orbes de luz entre la inmensa oscuridad, me observaban desde cierta lejanía como si protegieran mis sueños de las pesadillas. O como si por el contrario se concentraran para provocármelas.
Sí, ella debía ser un demonio disfrazado.
…
Aquel techo color verde claro de nuevo, ¿dónde estaba? ¡Ah, claro! En casa de Buttercup. Respiré hondo, ya no sentía el dolor de cabeza, dormir tanto había sido una buena medicina. Miré a mi alrededor, Butters estaba en aquella silla cabeceando. Por un momento me sentí algo apenado de que fuera yo quien ocupara su cama, por otra parte, agradecido con ella.
No se que me pasaba, pero últimamente me sentía más y más cómodo a su lado y, de alguna manera, siempre acababa olvidándome de que ella y yo se suponía que éramos enemigos.
—¡Buttercup! —de solo alzar la voz un poco conseguí despertarla.
Ella se estiró con una pequeña mueca mientras masajeaba su cuello, se notaba que no había dormido muy bien aquella noche en esa posición.
—¿Qué hora es…? —me dijo algo adormilada, yo me encogí de hombros.
—Ni idea, pero yo diría que casi mediodía. —le respondí al ver como por la ventana el sol brillaba con fuerza.
—¡Si que hemos dormido! —ella se levantó rápidamente. —¿Cómo te encuentras?
—Mucho mejor. —asentí con media sonrisa. Ella correspondió la sonrisa.
—Genial ¿quieres que vayamos a comer algo?
Me lo pensé por un momento.
—No, debería volver a casa, he estado desaparecido un día entero. Seguro que el controlador de Brick me devuelve el dolor de cabeza a base de preguntas.
Reímos al unísono y entonces me dispuse a levantarme cuando sentí algo rugoso en mis dedos. Al fijarme vi que uno de ellos estaba envuelto en una fina gasa.
—¿Por qué tengo este dedo vendado? —pregunté sin comprender nada, ayer no tenía nada.
—Ah, eso. —ella me dio una pequeña sonrisa, algo falsa a mi parecer, cosa que me confundió aún más. —¿no te acuerdas? Te cortaste ayer y te lo vendamos en el baño.
Abrí los ojos en sorpresa, no recordaba aquello. Me rasqué la cabeza, en realidad tenía lagunas de todo lo ocurrido ayer, más allá de ir al cine, caerme dentro de un cubículo sucio en el baño y de haber comido una deliciosa lasaña, a parte del punzante dolor de cabeza, no recordaba mucho más.
—¿En serio? —su pequeña y extraña sonrisa me hizo dudar, pero supongo que pudo pasar aquello. —Oh bueno, gracias por curarme entonces.
—No es nada.
—Me voy a casa ya, ¿nos vemos luego para ir a cenar o algo? Si quieres claro. —propuse con algo de nervios, no estaba seguro, pero creo que era como… ¿algo parecido a una cita?
—Sí, no hay problema. Te acompaño hasta la puerta.
Me levanté de la cómoda cama, algo molesto por todavía llevar puesta aquella incómoda ropa, pero supongo que no tenía de otra.
Al salir por la puerta, un frío escalofriante recorrió mis nervios desde la punta de mi dedo vendado hasta la cabeza al tocar el picaporte. Me paré para contemplar la puerta, totalmente normal sin nada en especial en ella. Con el ceño fruncido y una extraña sensación de que se me olvidaba algo, rocé la madera pulida.
—¿Ocurre algo? —preguntó a mis espaldas la pelinegra.
Me volteé hacía ella, negando.
—Absolutamente nada, todo normal.
Excepto por ese extraño sentimiento de que una cosa u otra no cuadraba para mí y de que las lagunas mentales en mi cabeza cada vez eran menos coherentes.
Algo se me olvidaba, algo importante, pero supongo que podía dejarlo pasar.
CONTINUARÁ…
Epaaaa, más cosas extrañas pasan aquí eh! Bien, como siempre mis disculpas si tuvisteis que esperar demasiado, pero ya sabeis que la inspiración aparece cuando a ella le apetece, por no decir que prácticamente el 90% de este capitulo fue improvisado sobre la marcha jajajaja.
De todas formas, espero que haya sido de vuestro agrado. Nos seguimos leyendo!
