Fluttering Lashes
By: HybridVirus
Disclaimer: Hetalia y sus personajes son pertenencia de sus respectivos dueños, solamente soy dueña de Rafaela y no hay ninguna ganancia con esto, más que darles amor a las relaciones de mi país con otros países; solo soy una fan que escribe para fans.
Pd: Se aceptan donaciones en PP :La descalabran:
Advertencias: Menciones de intento de asesinato, sangre, golpes contra la pared, un tímpano reventado, sordera, abuso pasado, se sugiere discreción sobre el contenido, en caso de causar alguna especie de incomodidad.
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Capítulo VII
El murmullo de la madera crujiendo resuena en el silencioso campamento, mientras la charla de sus relajadas voces, se une a la inexistente sinfonía de la perpetua noche. Los cuerpos acurrucados contra los troncos, delatan la calma que se puede encontrar únicamente bajo la luz de la fogata.
¿Cómo es que todo es tan familiar, y al mismo tiempo es completamente diferente?
Este lugar no es más que una simple estampa de la noche, no existe la magia que la luna y las sombras llevan consigo al mundo del hombre. Porque lo único que ronda más allá del resplandor del fuego, es el miedo y el dolor de convertirse en la victima de uno de esos escabrosos seres.
"Esto es un verdadero asco…"
La nuca de Rafaela se presiona contra el tronco, al mismo tiempo que intenta mantenerse inmóvil. La cabeza de la mujercita que descansa en su regazo, le recuerda que no es el momento de romperse. Puede decir que han pasado días desde su desliz, pero cómo puede estar segura ¿Si aquí no existe el paso del tiempo?
Los dientes de la joven se aprietan con fuerza, porque es casi como si ese maldito ser estuviera jugando con ella. Han pasado incontables cacerías, y en cada una de ellas se ha encontrado atrapada bajo el agarre de la legión. En todas y cada una de ellas, ha terminado con vida… pero al costo de su dignidad.
Es a causa de esto que su cabaña, ha pasado a convertirse en algo realmente perturbador, no necesita estar sola en este instante. No donde esa maldita caja se encuentra presente, una parte de ella sabe que es patético el siquiera intentar ocultarse del 'obsequio', que le ha sido entregado por esa criatura.
"Esto es una vil, y reverenda mierda Rafaela…"
La entidad está jugando con su cordura, porque es la única explicación que tiene para la oscura tela… que se encuentra ahí esperando por ella. Tal parece que el líder de la legión, no es el único aprovechándose de su maldita estupidez. ¿Cuántas veces ha tenido que ceder, ante ese desgraciado?
Los dedos de su diestra se hunden en la tierra, intentando mantener su molestia imperceptible para el resto de los sobrevivientes, que aún no caen rendidos ante el intento de conseguir un poco de descanso. Ha sido una imbécil y no le queda más, que continuar con el camino que ha elegido por su propia cuenta. Es eso o aceptar el obsequio de ese monstruo…
–Sé que sonara tonto, pero… ¿Te encuentras bien?
Los dedos de Rafaela empiezan a revolver la tierra, intentando disimular cualquier gesto que su compañero haya podido observar, como para acercarse a ella. Una pequeña sonrisa se dibuja sobre sus labios, al ver la silueta del alto policía tomar asiento a su lado.
Abel es algo completamente diferente, al menos en cuanto a lo que está acostumbrada a ver en los policías. Aún recuerda a los guardianes de la ley, en todas las ciudades a las que su trabajo la llevo. Algunos imbéciles, otros engreídos y odiosos. Siempre prometiendo atrapar a ese asesino, ese mismo que estaba acostumbrada a seguir.
A diferencia de todos esos hombres, Abel Morgens es algo… simplemente fascinante para ella. Su uniforme azul hace un contraste encantador, contra sus pálidas facciones y su rubia cabellera. No le habría molestado tener su cámara, para inmortalizar su gallardo porte y seria faz, que no parecía contener el menor indicio de mentira.
–No es tonto, que te preocupes por los demás.
Menciona la joven mientras le dirige una mirada tranquila, el recuerdo de la inexistente sensación del calor que debería desprenderse del cuerpo de su acompañante, la hace desear un poco de su cercanía. Pero hay límites delicados que respetar, en especial en la seguridad del campamento.
Después de todo… solo tiene a ese idiota de la legión como su indeseable compañía nocturna. No es que le desagrade la idea de hacerlo, es el hecho de que el acuerdo era el de cubrir las necesidades del otro. Algo que ese imbécil hace de un modo simplemente mediocre…
–Es solo que…
Susurra con un tono exhausto la sobreviviente, intentando mantener en su interior la molestia e incertidumbre, que su estúpido acuerdo ha generado en su persona. No vive únicamente para echar pata ¿Es mucho pedir, un poco de simple afecto físico? No es como si enserio esperara, porque dichas emociones fueran honestas.
Una parte de ella supone que la entidad rueda cagada de la risa, en alguna parte de esta horrible dimensión. Disfrutando toda su frustración, la misma que pudo haber sido resuelta si hubiera tenido el valor, para simplemente morir a manos de ese pelmazo.
–Estoy cansada de estar aquí…
¿Cuál es el maldito problema, que esa cosa tiene en su contra? Sí, era bastante obvio que no era sencilla de atrapar, es a causa de eso que la joderia de este modo ¿En una especie de castigo, por rehusarse a simplemente morir?
La sensación de una mano posándose sobre la suya, la hace redirigir la mirada hacia el policía. Quien no hace más que mantener sus ojos fijos, en las danzantes llamas que mantienen a los asesinos al margen del campamento.
La luz es la seguridad en este mundo, lamentablemente la misma no es eterna. Porque el juguetero de este lugar, es el único que puede profanar la santidad de este refugio. Este pequeño paraíso que les ha entregado, como un burdo intento por hacerlos sentir seguros.
–Lo entiendo, pero no podemos darnos por vencidos ¿Verdad?
La seguridad es algo inexistente del todo, porque en las sombras acechan los asesinos. Aquellos que miran entre las ramas de los árboles, buscando a los sobrevivientes cuya sangre desean verter, en honor a la criatura que los ha traído a un mundo donde pueden hacer aquello, que anhelan más que otra cosa en todo el cosmos.
La sensación de una mano guiando su cabeza hacia un muslo, la hace retener la respiración en su pecho. La caricia de los dígitos del neerlandés, acelera el palpitar de su corazón. El aroma de la pólvora que se desprende del uniforme azul, le resulta mil veces más agradable que el del hielo, que escapa de la chaqueta de cierto asesino.
–Deja de preocuparte, y simplemente descansa…
Un sonrojo se apodera del puente de la nariz de la mexicana, porque es la primera vez que se permite hacer algo así con el chico policía. Si Abel hubiera llegado antes, nunca habría sido capaz de decirle que si al líder de la Legión. Pero él hubiera no existe, y es consciente de la sensación de unos ojos que intentan apuñalarla desde las sombras.
Algo que le avisa que debe alejarse a la brevedad posible, a no ser que quiera que el hombre pague por su insolencia. Los dedos del policía se entrelazan en su cabello, impidiéndole que se aleje de la curvatura creada por sus músculos. Para que sus miradas se encuentren una vez más.
–No tienes por qué ser tan precavida, no me molesta que te apoyes en mí.
Una parte de ella grita que está jugando con fuego, pero la idea de la calidez de Abel es tan relajante. Que no puede evitar asentir, para recostar por completo la cabeza contra su muslo. Si es legión quien está mirando desde la oscuridad, le tiene sin el menor cuidado el berrinche que el asesino termine haciendo.
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El aroma de los químicos en el ambiente, la hace apresurar el paso. No necesita ver mucho para estar consciente de que se encuentra, en uno de los peores lugares para ser una sobreviviente. El complejo subterráneo es un lugar simplemente horripilante, donde es muy complicado escapar de los asesinos.
Y tampoco contribuye el hecho de que sea el líder de la legión, quien ha estado corriendo detrás de ella mientras agita ese cuchillo de un lado a otro. No ha hecho absolutamente nada, que deba tener a este idiota tan molesto con ella. No puede rehusarse a trabajar en los generadores, en especial cuando algún otro miembro de los sobrevivientes la encuentra.
–¡Ven acá, zorra!
El siseo de la cuchilla cortando el aire, la lleva a intentar apresurarse a encontrar alguna tarima para recuperar algo de distancia. Lo que sea que tiene de este genio a Anko, no significa absolutamente nada bueno para ella. En especial porque puede ver a sus compañeros, desviarse y ser ignorados por el asesino.
No hay duda alguna, esta vez este imbécil no va a respetar el trato. Es esta realidad, lo que ha lace apresurar aún más sus pasos. Los dedos de Rafaela se aferran a toda prisa contra la madera de la tarima, para azotar la misma con toda su fuerza posible. El sonoro grito a sus espaldas, le eriza la piel porque sin duda alguna sabe… que ha cruzado un camino sin retorno.
–¡No creas que voy a dejarte ir, voy a despellejarte sin importar cuanto supliques por piedad!
El corazón de Rafaela late completamente fuera de control, porque hay algo realmente familiar en ese tono de voz. Una promesa que recuerda haber escuchado, justo antes de terminar en este mundo repleto de niebla. La voz del monstruo del que escapo esa escabrosa noche, resuena en su cabeza sobre las palabras del líder de la legión.
El eco de las pisadas del resto de los sobrevivientes, se pierde sobre el acelerado palpitar de su corazón. Pero, aun así… puede apreciar el estruendo de la madera cediendo bajo el ataque del asesino. Si no se apresura, terminara siendo apuñalada por ese idiota. ¿Pero, por cuanto tiempo más podría evadirlo?
–¡Ahh!
El grito es tan repentino que la hace detenerse de golpe, porque los quejidos y forcejeos le resultan realmente familiares, lo suficiente como para hacer que el corazón de Rafaela salte hacia su garganta. Porque está completamente segura de ello, esa es la voz de una aterrada Alice.
No hay duda en su interior al dar la vuelta, los dedos de la periodista se aferran a su linterna. Sabe de sobra que puede hacerlo, pero esto implica que habrá cerrado por completo, cualquier puerta de escape que tenga al alcance. La legión no la perdonara por esto, tal parece que finalmente va a admitir que nunca… ha sido capaz de tomar las mejores decisiones.
–¡Hija de puta!
El sonoro 'thump' de Alice azotándose contra el piso, la hace dar unos cuantos pasos hacia atrás. Intentando crear algo de distancia, entre la silueta del temporalmente cegado hombre y ella. Solamente para detenerse al ver a varios de sus compañeros, cruzar por una de las ventanas en los alrededores. Este lugar es inmenso y no hay como poder ocultarse, al menos no por siempre.
Una de las manos de Rafaela empuja al asesino hacia un costado, porque sabe que tiene que hacer el suficiente tiempo para que Alice escape. Quizás sea algo ridículo, porque es consciente de que en verdad nadie tiene escapatoria. Al menos no de este horrendo lugar. Nadie esta loopeando al asesino, y eso tiene que cambiar… si es que el resto espera escapar.
"¿No es este, el peor momento para intentar ser un héroe?"
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Es apenas una cuestión de segundos, pues sabe que esta semioculta del resto de los sobrevivientes. Pero no es como si pudiera decirles, que se detuvo a intentar charlar con el asesino. Algo que está consciente es una idea completamente descabellada. Esta realidad se reafirma, al sentir la forma en que unos dedos se aferran a su cráneo, para azotar su cabeza contra el concreto de una de las paredes del laboratorio.
No ha sido más que una caricia, si se atreve a comparar lo que su propio monstruo puede hacer. Su cabeza da vueltas por un instante, mientras intenta mantenerse de pie. No es extraño que sus oídos zumben, tal parece que uno de sus tímpanos ha reventado con el inesperado golpe. Una mano se aferra a su mandíbula, para empujarla con brusquedad hacia la pared.
–¡…..!
Los ojos de Rafaela se posan sobre la máscara del hombre, que usa una de sus manos para jalonearla de un lado a otro. La sensación es bastante familiar, pues le recuerda a ese forcejeo que tuvo con ese ser. El mismo que le dijo que era su momento, para finalmente unirse a la larga lista de sus víctimas.
A pesar de que hay cierto parecido, las diferencias son realmente notorias. El líder de la legión, viste como un chiquillo rebelde que ha salido a pedir dulces, en una noche de Halloween. Su máscara es un claro intento, por ser intimidante para el resto del mundo. Como si fuera una forma de decir… que no debían meterse con él y considerarlo como una amenaza.
–¿¡…!?
Un tembloroso jadeo escapa de sus labios, al sentir como la palma de una mano se impacta contra su mejilla. No puede escuchar el golpe, pero sabe que ha sido lo suficientemente fuerte… porque aún puede sentir dolor. Así como también puede sentir la forma, en que esa mano que la ha agredido se presiona bruscamente contra su cuello.
El terror en su interior es similar; pero sabe que… aunque su monstruo parecía un imbécil vestido con un ridículo disfraz de Halloween, hecho de una forma mediocre y burda a sus ojos. Era esa la misma razón la que conseguía, que todas sus víctimas bajaran la guardia, antes de terminar como un bloque para cuchillos.
–¡…!
Pero no es exactamente igual, no del todo… Porque este sujeto, no la ha torturado del mismo modo que esa cosa. No es la máscara lo que hace que su corazón lata fuera de control, no es el hecho de que sabe que puede morir en cualquier instante. No son las palabras, amenazas o gritos, que Rafaela no puede escuchar.
Es el hecho de que su estómago se revuelve, ante la forma tan apacible en que su cuerpo se congela. Porque es similar a la manera, en la que ese sujeto la sostendría contra la pared. Similar al modo en que esos ojos azules, la mirarían como si juzgaran el más mínimo de sus movimientos.
"¿Qué esperas, no piensas hacer nada… esta vez?"
Los ojos de Rafaela se abren de par en par, porque recuerda a la perfección ese susurro. El mismo que escucho esa noche, en la que ese hombre le prometió la muerte. Ese día en que la única respuesta, era pelear o simplemente morir… ese susurro que le pertenece a la cosa, que la ha traído a este horrendo lugar.
Las oscuras e inhumanas extremidades, que surgen del suelo disparan el latir de su corazón. Haciéndola que aferre las manos a la chaqueta del más alto. ¿En qué momento es que el resto de los sobrevivientes, ha logrado arrancar los generadores? Es perturbador saber, que no puede darse cuenta de si hay gritos, o de si alguien en verdad la está buscando.
Es vergonzoso admitir que esto es igual, a lo que sucedió ese día en que se aferró con fuerza al cuerpo de ese hombre. Mientras eran arrastrados por la espesa niebla, y esa voz que le prometía divertirse todo lo que quisiera.
Continuara…
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Hybrid-Virus
Yo! Buen día lectores, finalmente pude actualizar esta historia. Ya tenía ganas de hacerlo hace meses, pero simplemente no había sido posible. Amo demasiado a Abel, quizás sea porque ha sido él quien me trajo a este fandom. Por esta razón es que le toca ser mi chico favorito de los Resident Evil.
Del mismo modo veo a Abel, como alguien que enserio se preocupa por los demás. Así que no sería raro que comparta su espacio, con aquellos que cree están en un mal momento. No tengo mucho que agregar en estas notas, pero espero que la historia sea de su agrado mientras vamos avanzando.
Sin más por el momento, dejen un review y nos vemos en la próxima actualización.
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"Formemos parte de la línea de reviews, cuando leamos un fanfic con un personaje que nos gusta y no es muy común ver, de un fandom olvidado o de una historia que nos guste; dejemos un review, porque esa persona escribe para nosotros y que mejor forma de inspirarla y darle combustible para seguir"
