Lily se arreglaba en su habitación mientras que Scorpius miraba la cocina como si fuese una tecnología difícil de entender.
—Como sea, dijo que me encargara más no que la preparara —se dijo a sí mismo el rubio.
Se acercó a la chimenea llamó a su casa y esperó pacientemente a que su madre lo atendiese.
—¿Qué sucede, cielo? —preguntó la bruja.
—Necesito que me prestes un par de elfos domésticos.
—¿Qué sucede? —volvió a preguntar la bruja.
—Estoy con Lily y dentro de poco su abuela llegará y necesito que la cena este dentro de… ¿diez minutos?
—Scorpius, ¿Qué te he dicho? —preguntó disgustada Astoria.
El rubio suspiró con pesadez.
—Las cosas importantes se organizan con tiempo. Pero madre, Lily tenía trabajo que hacer al igual que yo.
—Tienes suerte de que te ame como lo hago… Ya he dado las órdenes para la cena de la mansión le diré a los elfos que la organicen y la lleven para…
—El departamento de Lily —indició el rubio.
—El departamento de tu novia. Me debes una, cielo. Pero para la próxima vez organiza con tiempo las cosas y si no puedes solo debes pedirme ayuda —advirtió la mujer.
—Si mamá, ya podrás torturarme como gustes —restó importancia el menor.
El rubio se alejó de la chimenea se acercó al sofá y se tiró en él. Tomó una revista y dejó que los elfos que su madre envió se encargasen de todo. A los pocos minutos Lily le arrojó un cojín a la cara.
—¿¡Qué te pasa insolente!?
—Te dije que te encargases de la cena.
—¡Ya lo hice! —indicó el rubio señalando la cocina, ante la mirada incrédula de la chica le restó importancia al asunto con un movimiento de manos—. Le he pedido ayuda a mi madre.
Lily se iba a quejar pero el sonido de la chimenea se lo impidió.
—Buenas noches —saludó Molly—. Me alegro que se sienta cómodo con mi presencia, señor Malfoy —señaló la mujer al notar a Scorpius acostado en el sofá.
El rubio tuvo la decencia de sonrojarse. Con la frente en alto se levantó del sofá, se sacudió una inexistente pelusa del sacó y se acercó a la bruja mayor. Con galantería tomó la mano de la mujer, la llevó hasta sus labios y depositó un beso en el dorso de la mano.
—Disculpe si la he incomodado.
—Para nada —dijo Molly con una expresión neutra—. Por el contario, eso demuestra que nuestra charla se basará en la verdad o ¿me equivoco señor Malfoy?
—Eso dependerá de mi pequeña insolente —dijo Scorpius mirando a la pelirroja menor quien le regresó un gesto que gritaba traición.
—Jamás pensé que alguien encontraría un apodo tan perfecto para ti, Lily —soltó la abuela con diversión.
—¡Abuela! ¡Deberías reñirlo por llamarme sí! —se quejó la joven bruja.
—Cariño, no neguemos lo cierto —dijo Scorpius con una expresión llena de burla—. Por favor, tomemos asiento —invitó.
Molly asintió. Lilly estaba sentada en un sillón individual viendo como Scorpius se sentaba en el sofá junto a su abuela.
—Antes de hablar de lo que nos acontece el día de hoy, quería pedirle disculpas por el comportamiento de mis hijos —dijo Molly con voz penosa.
—No tiene por qué disculparse, por su parte y la del señor Arthur me sentí bien recibido, al igual que algunos miembros de su familia —restó importancia Scorpius, Molly asintió.
—Volviendo al tema inicial… cuéntame querido, ¿qué es lo que mi nieta no quiere que sepa? —preguntó Molly.
El rubio sonrió.
—Hay muchas cosas que ella no quiere revelar, sin embargo, hay cosas que por mi parte también temo que se sepan.
—No soy tonta, sé que todos tenemos secretos —restó importancia la pelirroja—. Mi familia los tiene al igual que la suya, señor Malfoy. Solo quiero saber por qué mi Lily ha decidido tener una relación con usted.
—Abuela, nos amamos… —intentó decir la aurora.
—Niña, no interrumpas —advirtió la mujer mirando con dureza a su nieta.
—Sí, abuela —dijo la chica cruzándose de brazos.
—Ahora sí jovencito. Explíqueme, porque el cuento de amor no se lo compró. Conozco a mi nieta lo suficiente para saber que amor no es lo que hay entre ustedes —dijo Molly mirando momentáneamente Lily—. Por lo menos no en este momento, tal vez deseo, pero amor no.
Lily miró indignada y sonrojada a su abuela. Scorpius dejó escapar una sonrisa arrogante.
—¿Deseo? —preguntó Scorpius.
—¡Por supuesto! —exclamó la bruja—. No negaré que es bastante guapo.
—¡Abuela por favor! —dijo en un quejido Lily cubriendo su rostro con una de sus manos.
—No sabía que me desearas, pequeña insolente.
—Te suplico que te mueras —dijo Lily encarando al rubio.
Scorpius sonrió enormemente al ver el ceño fruncido y las mejillas sonrojadas de la pelirroja.
—Que linda —contestó el rubio como cada vez que Lily le pedía aquello.
Molly miraba al par curiosa. Como había dicho, el amor aún no estaba en aquellos jóvenes corazones pero el deseo si existía, aunque la mirada del rubio le era incierta de alguna manera.
—No nos desviemos de lo importante —interrumpió la mujer la batalla de miradas de la pareja.
—Como ya le dije, de mis labios solo saldrá lo que Lily quiera que se sepa.
—Es muy galante de su parte, pero no me interesan las palabras de mi nieta en este asunto. Solo me interesan las de usted, caballero.
Scorpius soltó un suspiro con pesadez. Miró sus manos unos instantes buscando palabras que no lo expusiesen a él o a su cómplice. Pero sobre todo que no revelasen lo que comenzaba a sentir, porque ciertamente empezaba a sentir cosas por Lily que se resistía a ponerles nombre.
—Lily conoce uno de mis más vergonzosos secretos —dijo despacio el rubio.
—Comprendo, pero eso qué tiene que ver con que estén saliendo.
—Ella me pidió salir con ella a cambio de mantener mi secreto.
—Así es abuela, es solo eso. Él me gusta y lo chantajee para que saliese conmigo —se apresuró a decir Lily.
Molly miró a los chicos y negó. Pensaban que era tonta y senil, pero los años le enseñaron lo suficiente como para saber cuándo dejar una batalla y prepararse para otra.
—Me conformaré con eso por ahora —accedió la mujer.
Scorpius estaba en el centro de Londres muggle caminando por las calles. Observando los anaqueles. Pronto su mejor amigo estaría de cumpleaños y aun no sabía que obsequiarle. Sebastián era un amigo a quien realmente apreciaba y no quería defraudarlo con su regalo. Había salido al mundo muggle tratando de despejar su mente. Su amigo lo tenía todo, libros, artículos de colección, tesoros, oro y una increíble prometida. Recientemente no había pasado tanto tiempo con sus amigos porque ellos estaban ocupados entre los preparativos para su boda y la fiesta de cumpleaños del chico. Scorpius sabía de primera mano lo emocionada que estaba Amanda con aquel evento aunque conservase algunas dudas con respecto a su relación. Sebastián aunque lo negase también estaba entusiasmado y Scorpius sabía que el chico realmente amaba a Amanda pero no había tenido oportunidad para expresarlo adecuadamente.
Scorpius en medio de sus pensamientos tuvo una idea. Con una sonrisa tomó su teléfono y marcó el número de Anthony.
—Hola, ¿qué sucede? Por general soy yo el que llama.
—Necesito que me hagas un pequeño favor.
—Ya decía yo, solo eres un interesado —se quejó el castaño.
—Te ayudará a expandir tus horizontes como artista.
—Dime qué tengo que hacer —se apresuró a decir el castaño.
Scorpius iba a contarle a su amigo la idea pero por estar distraído chocó con alguien. Se apresuró a girar para disculparse cuando se encontró frente a frente con Molly Weasley, la abuela de su no-novia. La mujer tenía varias bolsas en sus manos. La bruja miró sorprendida al rubio y lo recorrió con la mirada. El chico llevaba prendas muggles. La mujer reparó en el celular del chico y se sorprendió aún más.
—Después te llamo —dijo Scorpius a Anthony antes de colgar.
El rubio miró a los alrededores se acercó a Molly, la tomó del brazo, tiró de ella hasta un callejón, miró a ambos lados y se apareció en el departamento de Lily; por suerte la aurora estaba en el trabajo. Sacó su varita y apuntó a la mujer. Pensó en lo que tenía que hacer pero a pesar de todos los predicamentos que se ahorraría borrándole la memoria a la mujer, no pudo hacerlo.
—¡Maldición! Suficiente tenía con mi pequeña insolente —se quejó el rubio bajando la varita.
Molly observó al rubio, en ningún momento se sintió amenazada por él, sabía que era lo suficientemente capaz para defenderse de otro mago.
—Así que ese era tu secreto —señaló la mujer.
El rubio dejó caer los hombros y resignado asintió. Se sentó en el sofá y señaló el sillón. Molly aceptó la muda invitación sentándose.
—¿Sorprendida? Un Malfoy paseando en el mundo muggle como si perteneciese a él.
—Admito que estoy sorprendida —concedió Molly.
—Lily necesitaba callar las bromas de sus hermanos así que a cambio de mantener mi secreto salgo con ella.
—¿No es peor decirle a tu padre que sales con una Potter a que sales al mundo muggle?
—Sorprendentemente mis padres aman a Lily —dijo el rubio con una sonrisa.
—Algo me comentó mi hija, pero no lo creí cierto; pensé que solo lo decía para que Arthur estuviese tranquilo.
—No, mi madre prácticamente llama hija a Lily —dijo el rubio entornando los ojos—. Cuando la ve en la mansión acapara toda su atención —agregó.
—¿Y tu padre? ¿Qué piensa de su relación? —preguntó genuinamente curiosa.
—La acepta, no muestra mucha emoción pero no es sorpresa; es un Malfoy después de todo. Aunque admito que desde que Lily ronda la mansión padre compra muchos chocolates. Los cuales solo come con Lily ya que mi madre y yo no compartimos tal pación por ellos. Es un secreto a voces entre madre y yo que padre esta secretamente encantado con Lily.
Molly se levantó del sillón y se sentó junto al rubio en el sofá.
—Si alguna vez deciden terminar ¿Qué crees que pensarán?
—Es lo mismo que le preguntó a Lily. El señor Potter me acepta a pesar de la historia de nuestras familias; sus hermanos disfrutan hacerme bromas pero no muestran estar en contra de nuestra supuesta relación; la señora Potter es muy amable…
Scorpius permaneció en silencio por un instante pensando en lo que realmente quería decir. Cualquiera pensaría que todo era perfecto, pero no lo era porque todo era falso. Una mentira que poco a poco comenzaba a desear volver cierta.
—¿Puedo ser completamente sincero con usted, señora Weasley? —preguntó el rubio mirando a Molly directamente sin mostrar sentimiento alguno.
—Por supuesto, señor Malfoy —contestó la bruja.
—No quiero que esto acabe —dijo Scorpius permitiéndose mostrar una sonrisa triste.
—¿A qué se refiere, señor Malfoy? —preguntó Molly confundida.
Scorpius dejó escapar un suspiró.
—Usted señaló que conoce lo suficiente a su nieta para decir que no está enamorada de mí —recordó Scorpius.
—Así es.
—Pero usted no me conoce para decir qué es lo que siento.
—Discúlpeme joven Malfoy, pero su mirada no muestra amor —dijo Molly con el ceño fruncido disgustada de que dudasen de sus habilidades.
—¿Acaso un Malfoy no es educado para que no muestre sus debilidades ante los demás? —preguntó serio el rubio.
—Sí, pero el amor…
—Es una debilidad, la más grande de todas —concluyó el rubio.
Molly miró sorprendida al rubio sin poder creer lo que escuchaba.
—¿Cómo?
—No lo sé. Tal vez fue cuando me descubrió en el mundo muggle o cuando me exigió fingir una relación con ella. Su mirada, su sonrisa sarcástica, su rudeza, la forma en que se preocupa por hacer bien su trabajo, la forma en que ondea su cabello rojo con el viento, la mirada brillosa que tiene cuando ve a su familia, la forma en que arruga su nariz cuando algo no le gusta, todo de ella me fue atrapando —dijo el rubio mirando a Molly sin expresión—. Ella es diferente. Toda mi vida pensé que me casaría con una buena sangre pura, con solo tres cosas en mente: dinero, posición social y tener que darme herederos. Pero ella, bueno por si misma ya tiene posición y dinero. Mencionarle que tiene que darme herederos solo conseguiría que me achicharre las pelotas a punta de hechizos, disculpe el vocabulario —se apresuró a decir Scorpius, Molly solo negó con una pequeña sonrisa—. Ella es cascarrabias y no tiene problemas en ponerme en mi sitio.
—Es sorprendente —dijo Molly.
—¿El qué? ¿Qué me haya enamorado de su nieta?
—¿Qué? ¡No! ¡Qué va! Mi nieta es perfecta no me sorprende que cayeras por ella. Cuando digo que es sorprendente me refiero a la cantidad de palabras emotivas que puedes decir sin mostrar expresión en tu rostro. ¡Rayos! Eso explica porque no lo vi antes —dijo Molly disgustada consigo misma.
Scorpius dejó escapar una ligera risa.
—¿No le molesta que su nieta me guste?
—¿¡Molestarme!? ¡Al contrario! Señor Malfoy. Escuche, mi nieta sufrió en el pasado por un joven, se enamoró y tomó malas decisiones. Hizo sufrir a sus padres y sus padres la hicieron sufrir a ella, pero confío en que con usted no se repetirá esa historia —dijo Molly tomando las manos del rubio.
—¿Qué quiere decir?
—Lo importante es que sea sincero con ella.
Scorpius negó.
—Disculpe, pero prefiero guardar mis sentimientos para mí.
—¿Por qué? No son tus sentimientos si van dirigidos a alguien más —riñó Molly—. Si esos sentimientos tienes rostros debes compartirlos con quien corresponde.
—Señora Weasley —interrumpió el rubio—. Aunque Lily quiera negarlo ella aún espera enamorarse otra vez y si no le molesta, mis sentimientos no serán quienes se interpongan. Si el destino quiere que yo sea merecedor de ese amor lo aceptaré del resto solo seré un simple espectador.
—No creo que sea lo correcto.
—Para mí lo es, no quiero hacerla sentir incomoda; hace suficiente con cuidar mi secreto.
Molly apretó los labios en una fina línea.
—Como quiera, señor Malfoy, pero insisto ella debería conocer lo que realmente siente por ella.
—Está bien, me conformaré con lo que recibo —dijo Scorpius con una expresión fría.
—No me parece pero lo acepto —dijo Molly con una sonrisa triste por el joven—. Sin embargo, señor Malfoy, le recomiendo esconder un poco su rostro cuando salga al mundo muggle, cualquier mago con un poco de criterio y vida social sabe quién es usted y sus hobbies pueden llegar a oídos de su padre desde cualquier fuente.
Molly se despidió del chico antes de irse por la chimenea. Scorpius se apareció en el departamento de su amigo muggle, meditando las palabras de la mujer.
Anthony se asomó por la puerta de la cocina cuando escuchó el sonido de la aparición.
—¿Solo? —preguntó el no mago al no ver rastro de la bruja pelirroja.
—Más que nunca —dijo el rubio abatido antes de tirarse en el sofá.
Anthony se acercó al rubio con una taza entre las manos llena de palomitas de maíz.
—¿Qué sucede? Algo me dice que la razón por la que colgaste el teléfono esta mañana tiene que ver con tu desanimo.
—Así es —dijo el rubio con una sonrisa triste.
—¿Qué es?
—Nada grave, solo admití lo que intentaba negar.
—¿Y eso era? —animó el castaño al rubio para que se apresurara a hablar.
—Que me he enamorado de Lily.
Anthony se ahogó con las palomitas.
—¿Qué? —preguntó apenas recuperando el aliento.
—Lo que escuchaste, mi querido amigo muggle.
—¿Pero cómo?
—¿Crees que lo sé? Solo sé que sucedió y ya.
—Uno no se enamora por que sí. Tiene que haber una razón. Veamos ¿te parece bonita por lo menos? —Scorpius asintió—. Bueno, lo es pero ¿te agrada su personalidad? —Scorpius chasqueó la lengua.
—Para nada, es una odiosa insufrible.
—¿Entonces? —indagó el menor.
—Yo qué sé Anthony. Toda mi vida he esperado que mis padres me comprometan con alguien sin idea propia, tonta y anticuada pero Lily… Lily no es así. Es todo lo contrario y me gusta por ser ella.
—Eso solo confirma lo que ya sabía —dijo Anthony tomando un puñado de palomitas antes de meterlas en su boca.
—¿Por qué lo dices?
—Po'que afi ef —dijo el chico con la boca llena.
—No seas desagradable, Anthony —se quejó el rubio.
Anthony tragó las palomitas y habló nuevamente.
—Porque así es. Escucha, ya sospechaba esto antes. Ustedes se atraen como imanes. La forma en que discuten, como intentan llamar la atención del otro, como se miran. Los indicios estaban ahí pero no quisiste verlos.
—¿Ahora eres el maestro de los sentimientos? —preguntó disgustado el mago.
—No, pero he convivido con ustedes y los he visto. Lily siempre te ve cuando no miras y lo mismo pasa contigo cuando crees que ella no está mirando, la devoras con tus lujuriosos ojos grises —acusó el castaño.
—¿De verdad me mira? —preguntó interesado Scorpius.
—Maldito engreído —dijo por lo bajo el muggle—. Sí, lo hace. En especial aquella vez que te vio sin camisa.
—¿Cuándo he estado sin camisa frente a ella? —preguntó con una ceja alzada el rubio.
—Recuerdas el día del desastre con la pintura —preguntó el chico de tatuajes—. Bueno, ese día te quitaste la camisa y ella te devoró completito.
Scorpius sintió sus mejillas arder al recordar ese pequeño detalle que había olvidado.
—Yo…
—No vengas a hacerte el puro y casto conmigo, Scorp.
—Soy un idiota.
—No seas reina del drama, te gusta la chica ¿Y? ya están saliendo de todos modos por más falso que sea, solo debes volverlo real.
—No puedo.
—¿No puedes o no tienes las pelotas suficientes para hacerlo? —preguntó con una ceja alzada el castaño, Scorpius bufó.
—Recuerdas que te dije que una de sus primas mencionó a un tal Lysander —Anthony asintió—. Creo que es una historia que aún no ha superado y por lo que insinuó su abuela hoy, es una historia que realmente marcó a la familia. No quiero obligarla a nada. Además, sé que ella quiere enamorarse y no creo que a mí me tome como un candidato.
—¿Por qué no? Eres bastante guapo —señaló el menor.
—¿Algo que quieras contarme, Anthony? —preguntó el mayor con una sonrisa burlona.
El mencionado le tiró un puñado de palomitas a Scorpius.
—No sea pesado. Se supone que soy un artista y ver la belleza en las cosas es mi trabajo. No insinúes cosas raras, estúpida bruja —advirtió molesto el castaño.
Scorpius dejó escapar una ligera risa.
—No sé si me tomará a consideración, no soy quien para decirle qué sentir pero es muy improbable que llegue a sentir algo por mí. Soy un Malfoy y ella una Potter, es imposible.
—Creo que te hechas a morir por nada ¿acaso a ti eso te impidió enamorarte de ella? —cuestionó el muggle.
—No, pero nuestros padres…
—Los cuales han aceptado la relación que supuestamente tienen…
—Sí, pero…
—Sin peros, lo único que te impide estar con ella eres tú mismo. Bueno, aunque prácticamente están juntos —señaló Anthony—. El caso es que solo tienes miedo de salir lastimado Scorpius, siempre me he fijado que eres una especie rara alérgica al amor.
—Lo soy porque él nos hace débiles —dijo molestó el rubio.
—Pero también nos hace fuertes. Si quieres dejarla ir, allá tú, luego no vayas a lamentarte.
—Idiota —dijo por lo bajo Scorpius disgustado.
—No importa, pero en fin ¿para qué me llamabas esta mañana?
Scorpius miró fijamente el fuego en la chimenea.
—Necesito que me ayudes con el regalo para Sebastián, quiero darle una pintura.
—Cuenta conmigo —dijo animado Anthony—. Voy por hojas blancas para hacer un boceto, mientras tanto piensa en lo que quieres que pinte.
Scorpius quedó a solas y se permitió perderse en sus pensamientos. Molly conocía la verdad a medias. Confiaba en que la bruja no le mencionaría nada a su nieta. Sin embargo Scorpius deseaba que algo le comentase. Su corazón era un lio, nunca había experimentado el amor, solo había sido testigo de él. Con eso era suficiente para decir que el amor solo debilitaba a las personas y los hacia cometer errores.
Lily miraba pasmada la pulcra letra en la invitación que acababa de recibir. Unos toques en la puerta la sacaron de su momentánea estupefacción.
—Adelante —dijo Lily a la vez que guardaba la invitación de Narcissa Malfoy en uno de los cajones superiores de su escritorio.
Jack entró con una sonrisa, cerró la puerta y se acercó al escritorio de Lily. Colocó en la mesa un reporte y esperó pacientemente de pie frente a la aurora. Lily miró al moreno y con una sonrisa tomó el reporte.
—¿Qué haces aun de pie? —inquirió con una ceja alzada—. No seas tan formal conmigo cuando estamos a solas —dijo la pelirroja a su ex compañero de colegio y actual subordinado.
—Es raro, antes no dejabas de estar detrás de mí y ahora resulta que eres mi jefa, Modig —dijo con una sonrisa de lado Jack sentándose en la silla frente al escritorio de Lily.
—¡Supéralo! ¿Quieres? —dijo colocando los ojos en blanco—. Y yo nunca estuve detrás de ti —agregó la pelirroja—. Nunca hablamos realmente.
—¡Auch! —exclamó con fingido dolor el auror.
—Resúmeme el reporte ¿Quieres? No tengo cabeza para leer —pidió Lily con cara de aburrimiento a la vez que arrojaba la dichosa carpeta al escritorio.
—Eres una abusiva, me la pase toda la tarde de ayer redactándolo para que no tuviera errores y me dices que no vas a leerlo —dijo Jack con los ojos entrecerrados.
—No te lo estoy pidiendo, te lo estoy ordenando —dijo con una sonrisa altiva Lily.
Jack negó y suspiró resignado.
—¡Abusiva! —dijo por lo bajo antes de comenzar con su reporte—. Bueno, según el inventario que ha realizado el equipo, como lo has ordenado, ha señalado que el collar que encontramos en la casa de los Glasgow no pertenece a ningún miembro de la familia. Hemos consultado con algunos joyeros importantes y todos desconocen la firma del collar. Athens ha llegado a tres conclusiones…
Lily interrumpió a Jack alzando la mano para que se detuviera.
—Déjame adivinar —dijo con una sonrisa traviesa, Jack rodó los ojos—. Primera conclusión, el artefacto era nuevo y no llegaron a registrar la pieza; segunda conclusión, los joyeros locales no reconocen el diseño porque es una pieza extranjera y tercera conclusión, en caso de que hayan consultado con joyeros extranjeros y no dieron con el creador significa que el dueño es el culpable, por ello no hay registro de ningún tipo ya que él no quiere que conozcan su identidad.
—Eres una listilla —se quejó Jack—. Sin embargo Athens también mencionó que hay altas probabilidades de qué el culpable sea el fabricante.
—Como sea pero aunque mi padre sea el Jefe del Departamento de Seguridad Mágica este puesto me lo he ganado a pulso —simplificó Lily encogiéndose de hombros.
—No pongo eso en duda, eres buena en tu trabajo —alagó Jack.
—Continua.
—Esas fueron las conclusiones a las que llegó Athens. Al no tener mayores respuestas ha llevado el collar al departamento de misterios para que los inefables lo revisen, bueno con su jefe, ya sabes que cuidan mucho la identidad de los inefables —dijo con molestia Jack—. ¿Tienes idea de lo mucho que costó para que quisieran colaborar y no quitarnos el caso?
—Déjame adivinar… —dijo con burla Lily—. ¿Mucho?
—¡Como un demonio! Detesto esos tipos, nunca sabes qué hacen.
—Hubo un tiempo que querías ser uno de ellos —recordó Lily.
—Sí y me enteré de cosas que me hicieron cambiar de opinión —dijo Jack con una mirada un poco oscura.
Lily suspiró.
—Eres un poco melodramático, no puedes estar feliz sin hacer drama ¿verdad? Para que veas que soy una buena jefa, me encargaré personalmente de todo lo relacionado con ellos. Así ni ti ni ningún otro auror a mi cargo tendrá la molestia de ver al viejo Luke Fuscoe.
—Gracias —dijo con ironía el mago.
—¿Eso es todo?
—Por el momento sí.
—¿Qué ha pasado con el horario de la familia?
—Nada enigmático que merezca ser reportado, por ahora nos concentramos en los movimientos del heredero Glasgow, queremos saber lo que hacía antes de su repentina desaparición.
—Muy bien, puedes retirarte.
—Como ordene, aurora Modig —dijo Jack antes de salir del despacho.
Lily liberó un suspiro y cuando se aseguró de que estaba sola. Sacó nuevamente la carta de Narcissa y se apresuró a leerla, por el desconcierto y la interrupción de Jack no había podido hacerlo.
Señorita Potter, es una molestia tener que recurrir a este medio para comunicarme con usted. No me malinterprete, el verdadero receptor de mi molestia es mi nieto por tener la desfachatez de no presentarme a su flamante novia. Es una pena que haya tenido que enterarme por El Profeta pero entiendo los motivos de mi nieto. Si no es molestia me gustaría invitarla a tomar té esta tarde en mi casa.
E adjuntado un trasladador a esta carta, se activará a las tres de la tarde.
Sin más que decir, Narcissa Malfoy.
"Genial, ahora por culpa de ese estúpido rubio la que recibirá el regaño de Narcissa Malfoy seré yo" pensó Lily con molestia.
Resignada invocó un tempus para saber la hora. Solo faltaba una hora para el encuentro. Tomó sus cosas y decidió que luego de la cita para el té con Narcissa regresaría al trabajo, aunque implicase salir tarde. Tomó el sobre y sacó el pequeño broche que la llevaría al lugar. Se apareció en su departamento para cambiarse.
Se quitó su uniforme de auror. Entró al baño para darse una refrescante ducha, al terminar salió del baño envuelta en la toalla. Se acercó a su armario y sacó un vestido sencillo de color azul marino. Buscó en su cajón medias panti de color negro, zapatos de tacón bajo. Se vistió y se peinó el cabello para dejarlo suelto. Tomó una capa y cuando la hora pautada llegó agarró el broche y este la llevó al recibidor de una casa pintoresca.
A los pocos minutos un elfo apareció, le pidió la capa y le indicó que lo siguiera. Mientras el elfo la guiaba por la casa pudo apreciar el lugar. Era bastante grande y de cierta forma tenía un toque acogedor y familiar. El elfo tocó una puerta y tras recibir el adelante la abrió, invitando a Lily a entrar.
—La señorita Potter, ama, si me disculpa Millan debe regresar a la cocina —dijo el elfo antes de desaparecer.
—Querida, acércate, no pienso maldecirte —comentó Narcissa desde el sillón donde tomaba el té.
Lily se acercó a la mujer y tomó asiento tras el gesto de Narcissa para que lo hiciese. Lily recorrió con la mirada el jardín donde tomarían el té. Varios kilómetros más allá divisó la mansión Malfoy.
—¿Sorprendida de que mi casa este en los terrenos de la mansión de mi hijo?
—Un poco, pensé que me recibiría en la mansión Malfoy —contestó Lily.
Narcissa miró intensamente a la pelirroja y segundos más tarde desvió la mirada a la mansión.
—Ya no tengo nada que hacer ahí, mucho menos sin mi amado Lucius esperándome en ella —dijo la mujer con voz cansada.
Lily se sintió un poco mal por aquello.
—Yo…
—No digas nada querida, no tienes que decir nada. Hoy solo te he invitado para conocer a la mujer que me ha robado la atención de mi nieto —comentó Narcissa con una mirada altiva.
Lily sintió sus mejillas arder. Aquella mujer la hacía sentir pequeña e insignificante. Muy diferente a Astoria que era alegre y abierta.
—Lo lamento, no era mi intención —se disculpó torpemente Lily.
—Claro que no, si algo se dé un hombre es que pierden las facultades por la mujer que aman. Mi hijo fue igual cuando conoció a quien hoy es su esposa.
Lily no supo que contestar a eso. Se sentía incomoda bajo aquella mirada fría y calculadora. Su padre en una ocasión le había dicho que Narcissa Malfoy era una bruja poderosa con las palabras y especialista en hacer sentir menos.
—Cuéntame, qué te ha hecho estrechar relaciones con mi nieto.
—Bueno, es algo difícil de explicar —respondió Lily.
—Qué tan difícil puede ser expresar las razones de su relación. Obviamente un compromiso concertado es descartado al igual que un amor de colegio. Dígame señorita Potter ¿qué la une a mi nieto? —preguntó con más insistencia Narcissa.
Lily sintió sus labios temblar esa mujer la haría llorar. Se sentía estúpida por no responder una simple pregunta. Era una aurora reconocida, hija del salvador del mundo mágico. Perder el control por hablar con una bruja de avanzada edad era una burla. Respiró y se calmó, con los nervios a flor de piel solo emporaría las cosas.
—Por qué mejor no hablamos claro —dijo Lily ganando seguridad, Narcissa la miró con una ceja alzada interrogante—. ¿Qué es lo que le molesta? ¿Qué sea una Potter o una mestiza?
Narcissa dejó salir una sonrisa fría, casi arrogante.
—Es bastante… directa pero no se equivoque, no me molesta ni uno ni lo otro, señorita Potter. Como le expliqué en mi carta, el verdadero receptor de mi disgusto es Scorpius.
—¿Por ello debo ser yo quien pague las consecuencias? —inquirió Lily con una ceja alzada tomando la taza con té que hacía bastante tiempo esperaba su atención.
Narcissa miró a Lily por unos instantes antes de inclinarse y tomar su propia taza con té.
—No tiene por qué pagar por ello, lo admito. Pero póngase en mi lugar por un momento, mi amado nieto a quien acostumbro ver casi a diario reduce considerablemente sus visitas para ver a otra bruja.
—La comprendo pero sigo sin entender por qué no simplemente confronta a Scorpius.
—Porque no quiero obligarlo a visitarme.
—¿En dónde entro yo en esto? ¿Me está pidiendo que lo deje para que sus visitas regresen? —preguntó Lily con el ceño ligeramente fruncido.
Narcissa sonrió de lado.
—No soy tan egoísta, al contrario, me alegra que mi nieto decida hacer su vida por sí mismo. Conozco a Scorpius lo suficiente para concluir que él esperaba que su padre lo comprometiese con quien considerase adecuada.
—¿Acaso yo no entorpezco esos planes?
—Sí, y por eso te estoy agradecida. Mi Draco se sintió relajado y comenzó a ser feliz cuando Lucius dejó de darle órdenes —dijo con tristeza Narcissa—. Lo mismo sucede con mi nieto, si ha decidido estar con usted es porque antepone su felicidad a la de su padre —agregó.
Lily bajó la taza de té y miró a la bruja frente a ella. Estaba siendo dura con la mujer. Había sufrido dos guerras mágicas y aun cargaba con las consecuencias de sus decisiones. Se relajó, la mujer no la agarraba con ella solo por ser quien era sino por las consecuencias que podría llevarle a su familia.
—Señora Malfoy, Scorpius es bastante feliz a él le resbalan los comentarios sobre él —dijo Lily con una sonrisa llamando el interés de Narcissa—. Solo se disgusta cuando mencionan a su familia. Pero del resto es feliz, su padre lo ha enseñado bien y eso ha sido gracias a usted y a su esposo ya que el señor Draco es tan buen padre porque los tuvo a ustedes como ejemplo.
Narcissa se permitió sonreír levemente a la pelirroja.
—Me alegra escuchar eso. Cuénteme, cómo es mi nieto cuando esta con usted.
Lily colocó los ojos en blanco.
—Pedante, engreído y odioso —dijo Lily antes de chasquear la lengua.
—Por un momento pensé que me dirías que contigo era más… cariñoso —comentó Narcissa tomando una de las pasta secas que había traído el elfo en ese momento.
—¿Cariñoso? Bueno, en ocasiones le sale algún ramalazo cariñoso pero siempre es tan… —Lily se quedó corta buscando la palabra correcta.
—¿Malfoy? — ayudó la bruja.
—¡Eso! —exclamó la pelirroja un poco más relajada.
Narcissa se permitió reír discretamente. No pensó que aquel encuentro terminase volviéndose agradable, debía reconocer que Scorpius tenía buen gusto, la chica era de la familia más importante del mundo mágico, era hermosa y excelente bruja, no por nada era una reconocida aurora. Solo estaba el hecho de que era mestiza, pero con las nuevas leyes mágicas el tema de la sangre era algo que no se debía comentar tan abiertamente.
—Discúlpeme —dijo la pelirroja al percatarse de su desfachatez.
—No tienes por qué disculparse, no negaré lo obvio. ¿Me permite tutearle? Así será más cómodo —Lily asintió con una sonrisa—. Lucius era igual, pero sabía escoger los momentos para demostrarme que me amaba. No sé cómo es Draco en su relación con Astoria pero la cara de felicidad de mi nuera y la de mi hijo me da indicios suficientes para saber que tendrán sus momentos —comentó la bruja.
Lily miró la hora y descubrió que eran pasadas las seis. Había pasado casi toda la tarde hablando con Narcissa de manera amena una vez las dudas fueron aclaradas.
—Debo partir, señora Malfoy…
—Narcissa, puedes llamarme Narcissa.
—Bueno, Narcissa, debo irme. Tengo que regresar a la oficina.
—¿A estas horas de la tarde?
—Sí, estoy algo llena de trabajo en el ministerio.
—Querida, comprendo. No robo más tu tiempo pero antes de partir me gustaría pedirte un favor.
—Si esta en mis manos…
—Lo está, veras me gustaría que este encuentro quedase entre nosotras. Quiero que sea mi nieto quien te traiga para conocerte. No quiero ponerle más presión de la que debe sentir por salir con la hija de Harry Potter.
Lily sonrió y asintió.
—No lo ponga en duda, de mis labios no saldrá nada a menos que usted lo quiera.
Antes de que Lily se marchara Narcissa la detuvo. La bruja la abrazó y la miró con una discreta sonrisa.
—Gracias por querer a mi nieto y por no juzgarlo por la familia que le tocó tener. Siéntete libre de visitarme cuando gustes.
—Gracias por la invitación y por aceptarme.
Lily regresó a su apartamento y antes de ir a su oficina se tiró en su cama. Se sentía confundida. Realmente disfrutaba estar con Scorpius pero comenzaba a querer terminar con todo aquello. La familia de Scorpius realmente estaba feliz de que el chico se diese una oportunidad de amar y ella se estaba entrometiendo en el camino del rubio para encontrar a alguien que lo mereciera. Si la familia Malfoy se enteraba de que Scorpius y ella tenían una relación falsa reaccionarían mal y todo eso recaería en el rubio. Era una familia interesante y ella se sentía a gusto con ellos. Los Weasley eran totalmente diferentes juzgaron duramente a Scorpius. Por lo menos tenía el apoyo de sus abuelos, su primo Hugo, su prima Victorie, su tío George, sus hermanos y el de sus padres.
Por un lado quería dejar al rubio pero por el otro no quería apartarlo de su vida. Se había hecho tan común llegar del trabajo y encontrar a Scorpius esperándola o que el rubio la fuese a buscar al trabajo para almorzar. Incluso disfrutaba los fines de semana que pasaba en el mundo muggle con Anthony y el rubio. Si dejaba a Scorpius dejaría de ir a visitar a la mansión Malfoy y Astoria dejaría de contarle cosas sobre Scorpius y Draco dejaría de comprarle esos chocolates franceses que tanto le gustaban. Ni hablar de las tardes que Amanda y ella se la pasaban hablando de moda y quejándose de Sebastián y Scorpius. Realmente extrañaría sentirse como una chica normal, con un novio normal y amigos normales. Si dejaba a Scorpius no tendría escape de su ajetreada vida como hija del salvador del mundo mágico, imagen pública, líder de escuadrón y sin amigos.
Sabía que era egoísta pero no quería alejarse de Scorpius había encontrado en él un amigo y aunque quisiera negarlo comenzaba a sentir algo por él pero no podía permitirse enamorarse, no después de lo que había pasado y lo que había hecho.
