Encuentro con un Misterio: Nota anónima

Lily estaba en su oficina llenando algunos reportes que tenía atrasados. Le dolía la mano por escribir tanto. Los casos recientes la tenían bastante ocupada, tanto que no había tenido tiempo para llenar los reportes de los casos que ya había cerrado. También estaba el hecho de que tener una relación, por más falsa que fuera, reclamaba su atención en especial si dicha relación agradaba a sus padres. No solo Scorpius restaba horas de su tiempo para los casos también lo hacía el amigó muggle que tenía. Anthony era un chico bastante agradable, bastante inocente si lo evaluabas bien. Tenía pocos amigos, en ocasiones la chica pensaba que Scorpius era su único amigo. El muggle estaba interesado en el mundo mágico por fines artísticos, él presumía que era una gran fuente de inspiración para sus obras. Admitía que el chico tenía talento pero que estuviese tan interesado en el mundo mágico no terminaba de inspirarle confianza por más que disfrutase hablar con él.

Unos ligeros toques en la puerta interrumpieron su trabajo.

—Adelante.

Ginny pasó a través del umbral. En silenció, cerró la puerta, insonorizó la habitación, se acercó al escritorio y miró a su hija con intensidad.

—¿Algún problema? —preguntó Lily con una ceja alzada.

Ginny se sentó en la silla frente al escritorio de Lily.

—Eso es lo que me gustaría saber —comentó Ginny sin bajar la intensidad de su mirada.

—Madre, si no hablas con claridad pasarás toda la tarde aquí intentando hacerme entender las señales que me des. Sé que crees que por ser tu hija puedo adivinar lo que piensas, por suerte no es así. Por lo tanto, te invito a ser especifica con lo que te molesta —dijo Lily con expresión disgustada.

—Aunque seas mayor, tengas trabajo y ya no vivas en mi casa puedo ponerte en tu lugar si así lo deseo por lo que te agradecería más respeto, jovencita.

Lily dejó a un lado la pluma y se recostó en su silla.

—Disculpa madre, estoy un poco tensa.

—¿Scorpius no puede ayudarte con eso? —preguntó Ginny con una sonrisa divertida.

Lily miró a su madre sorprendida y no pudo evitar sonrojarse al recordar la vez que Scorpius le había dado un masaje.

—¡Madre!

—Si te escandalizas ha de ser por algo —aseguró la mayor—. Vamos, sé que ya estas grandecita, estamos en otros tiempos y tonta no soy.

—Por qué no tengo una familia normal —se quejó la menor.

—Porque te aburrirías, querida.

—Madre, solo di lo que has venido a decir.

—Me preguntaba si estás bien con Scorpius.

—¿Por qué estaría mal?—preguntó Lily con los ojos entrecerrados.

Ginny se encogió de hombros. Se acercó al escritorio y colocó sus codos en él para descansar la cara entre sus manos.

—Ha pasado tiempo desde que lo vi.

—¿Por qué tendrías que verlo? Es mi novio, no el tuyo —señaló la aurora.

—Lily, te estoy advirtiendo; no me pesará la mano cuando te de la bofetada que te faltó de niña.

—Estás bastante pesada hoy ¿no crees?

—Eso debería decirlo yo —dijo Ginny con el ceño fruncido.

—Por esto cuando regresé a casa aquella vez decidí que lo mejor sería si yo tenía mi propio lugar, en ocasiones eres insoportable, madre —comentó Lily levantándose de su asiento.

—Nuestro carácter es similar —dijo Ginny con una sonrisa que no llegó a sus ojos recordando aquel fatídico día que encontró a su única hija llorando desconsoladamente en la sala de su casa después de haberse escapado e ido durante casi un año.

—Demasiado, diría yo —dijo Lily antes de apretar los labios.

—Madre, sí has venido hasta aquí para preguntarme por Scorpius a de ser por algo ¿qué sucedió?

—No supero lo que sucedió en la madriguera cuando llevaste a Scorpius.

—James me lo advirtió —dijo Lily desviando la mirada no quería recordar ese día.

—No, él solo dijo que lo molestarían y lo mirarían feo —corrigió Ginny.

—¿Acaso eso no fue lo que hicieron? En especial tío Ron y Hermione —dijo Lily apretando los puños sobre el escritorio.

—Admito que lo que dijeron fue bastante duro, además, no tenía nada que ver con Scorpius. Pero lo que tú dijiste…

—Fue la verdad, y no me arrepiento de haberla dicho.

—¿Segura?

—Solo me arrepiento haber revelado lo de Victorie pero del resto no me arrepiento.

—Lily…

—Si has venido a regañarme…

—No he venido a eso, es más yo fui directo a la casa de Ron a plantarle cara. Por más que sea mi hermano él no tiene el puñetero derecho a decir si lo que hacen mis hijos está bien o no de eso solo nos encargamos Harry y yo. Que él se ocupe de sus hijo y yo de los mío.

—Si no es por eso ¿qué haces aquí?

—Extrañamente, ayer en la noche cuando fuimos a la cena mensual a la madriguera; a la cual groseramente decidiste faltar; mamá se la pasó toda la noche hablando maravillas de tu novio.

—E faltado por obvias razones —dijo disgustada Lily—. ¿Pero qué dijo mi abuela? —preguntó.

—Mamá habló maravillas de Scorpius. Mencionó que era un caballero y que sus sentimientos eran sinceros. También habló sobre lo importante que era hacernos la idea de que lo veríamos mucho tiempo —señaló Ginny mirando a su hija fijamente.

"No entiendo, hasta donde sé, mi abuela aun sospecha sobre nuestra relación. ¿Qué la pudo hacer cambiar de opinión?" pensó la pelirroja menor extrañada.

—Sinceramente no sé por qué habló así de él. ¿Es algo malo?

—No, no lo es. Si mi madre dice eso de Scorpius puedo confiar plenamente en él. Es obvio que es un caballero, muchos de los atributos que mencionó mi madre los he podido notar por mí misma pero ¿qué sus sentimientos sean sinceros? Eso no lo creí la noche que lo conocí.

—Sí… sus sentimientos son sinceros —comentó Lily pensativa.

"Me he perdido de algo" pensó la pelirroja sintiendo que algo no cuadraba. Conocía perfectamente a su abuela y ella no diría algo porque sí. Para que Molly Weasley dijese algo bueno sobre la pareja de algún miembro de su familia tenía que tener bases y fundamentos.

—¿Qué hay de los tuyos? —preguntó Ginny.

Lily alejó sus dudas de golpe y se concentró en su madre.

—¿Los míos?

—Sí, los tuyos. ¿Correspondes al joven Malfoy?

—Con corresponderlo te refieres a… a…

—Sí, Lily, a amarlo. ¿Lo amas? O por lo menos ¿lo quieres? —preguntó Ginny enderezándose en su asiento.

Lily se sentó nuevamente en su silla y miró los reportes a medio terminar sobre su escritorio. Obviamente no lo amaba, era una farsa pero aun así se sentía extraña. Solo pensar en quererlo le era difícil. Inevitablemente Lysander pasó por su mente.

—No, mamá. No lo amo —dijo Lily encarando a su madre.

—¿Entonces por qué estas con él? Mi hermano Ron dice que es por venganza pero no es algo que quiero escuchar de él, después de todo él no conoce toda la historia de ti y de Lysander.

Lily apretó los puños. Esa una historia que quería olvidar.

—No mamá, no es venganza. Solo quiero estar con él.

—¿Pero por qué? —Preguntó Ginny—. ¿Es por despecho?

—Mamá, es suficiente —dijo con molestia Lily.

—Hija, por más que intentes alejarnos no dejaremos de apoyarte y de querer ayudarte. Sé que lo dudas pero puedes confiar en mí; escucharé todo lo que quieras decirme, intentaré comprenderte y te apoyaré.

—Eso lo dijiste en el pasado —dijo con dolor Lily.

—Lo sé, yo fui quien te falló por no haberte entendido, por haber olvidado que también fui joven. Pero intento con todas mis fuerzas arreglarlo. Mi pequeña niña, sé que tienes miedo de equivocarte nuevamente pero no fue tu culpa, nunca lo fue.

Lily miró a su madre y descubrió que bajo de toda esa fachada de mujer fuerte estaba una madre que aun sufría por el daño que alguna vez le causó a su hija.

—Mamá, Scorpius es… —Ginny sintió sus ojos llenarse de lágrimas cuando Lily comenzó a hablar pero las alejó y escuchó con atención—. Es diferente.

—¿Diferente? —preguntó con una ceja alzada Ginny.

—Sí, diferente. Todos los chicos cuando me ven solo ven a la sombra de Harry Potter.

—Es de esperarse, eres hija de Konge* —señaló Lily.

—Lo qué quiero decir es que Scorpius no es amable —Ginny miró alarmada a su hija—. Antes de que pienses mal déjame explicarte. Me refiero a qué él no es falso conmigo, es un completo idiota. Es sarcástico, se burla de mí, es engreído y tiene una sonrisa insoportable.

—Todo lo que me dices son solo razones para no estar con él —señaló Ginny sin perder la expresión alarmada.

—Mamá, deja de interrumpirme.

—Lo siento, lo siento. Continua.

—A pesar de todas esas cosas insoportables cuando menos lo esperas es lindo, comprensivo, da buenos consejos y se preocupa por mí. Además, su familia es encantadora.

—¿Encantadora? ¿Los Malfoy? —preguntó incrédula la mayor.

—Sí, aunque cueste creerlo —Lily dejó escapar una ligera risa y se acercó más a su madre para seguir hablando—. Astoria es bastante buena conmigo se esfuerza en hacerme sentir cómoda con ellos. Y el señor Malfoy es encantador, es muy complaciente conmigo, me compra montones de chocolates; y de los buenos.

—Jamás lo pensé. Bueno, el día de la cena en la mansión Malfoy, Draco fue bastante cordial y Astoria fue muy amable y servicial. Me sorprendió ver que en ningún momento se alteraron o mostraron disgusto alguno por los comentarios de los muchachos. Pensé que solo actuaban así por ser quien éramos.

—Son bastante interesantes.

—Son los Malfoy, que los maldigan si no lo son —comentó Ginny divertida pensando en lo pomposo que era el rubio en la escuela.

—Lo sé. Cada vez que voy a su mansión se desviven por atenderme. Es bastante divertido. Astoria regaña mucho a Scorpius y su padre lo molesta por eso.

—Suena bastante bien. Me deja bastante tranquila saber que te tratan bien —dijo Ginny con una sonrisa.

—Mamá, Scorpius consigue que olvide mis problemas y si no puede, hace que no les de tanta importancia.

—Parece un buen partido.

—Lo es.

—¿Entonces por qué dices que no lo amas?

Lily no respondió solo permaneció en silencio. Era una buena pregunta, Scorpius era increíble, la hacía enojar pero también la hacía reír. Los pensamientos de la pelirroja se desviaron hasta Anthony y la sonrisa que pugnaba por salir murió. Por eso no podía amar a Scorpius o siquiera considerarlo, todo era una farsa. El rubio solo era amble con ella para asegurarse de que mantendría su secreto. Además, tenía miedo de echarlo a perder, de alterarse por una estupidez y cometer una locura nuevamente.

—Porque no puedo, no ahora.

—¿Cuándo entonces, Lily?

—Cuando mi corazón así lo decida. Mamá, tengo mucho trabajo por favor, dejemos la charla hasta aquí.

Ginny apretó los labios en una fina línea pero aun así asintió.

—Como quieras, pero recuerda cuando quieras hablar conmigo solo debes buscarme.

—Lo sé madre. Ahora lo sé —dijo Lily sin mirar a su progenitora.

—Y Lily, no tengas miedo. Siempre estaremos contigo, Harry sería capaz de eliminar a todo el mundo con tal de verte sonreír como lo haces con Scorpius; tus hermanos, James, Albus y Teddy, aunque no lo parezca lucharían batallas solo porque seas feliz. Y yo, ahora que he visto mi error y me arrepiento de ellos lucharé para que nadie, ni siquiera mi familia, juzgue tu decisión de estar con un Malfoy y te prometo que nunca más seré tan dura contigo sin saber tus verdaderas razones.

Ginny abandonó la oficina y dejó a Lily sola. La pelirroja apretó los puños conteniendo las enormes ganas de llorar. Se arrepentía tanto de haber sido una ilusa y de haberse enamorado tan joven, de haber desafiado a su madre, insultado a su padre y hechizado a sus hermanos. Se arrepentía tanto de haber conocido a Lysander. Sus padres cargaban culpas que no le correspondían, cargaban con un fantasma que era enteramente suyo.

"Cuanto te odio, no puede ser que aún no salgas de mis pensamientos" pensó con amargura la pelirroja.

Scorpius estaba en el departamento de Anthony. El castaño estaba en su estudio pintando el cuadro que el rubio le regalaría a Sebastián por su cumpleaños. Estaba en su habitación realizando algunos inventarios para su padre. Se había aburrido haciéndolos en su despecho de la mansión por esa razón terminó ahí. Al rato, Anthony entró a la habitación con una bandeja llena de emparedados y con dos vasos llenos de jugo.

—¿Qué haces aquí? —preguntó el rubio alejando momentáneamente la atención de los cálculos que hacía.

—Me dio hambre y decidí preparar emparedados.

—Tengo miedo a preguntar cuántos serán para ti —comentó el rubio mirando la cantidad excesiva de bocadillos en el plato.

—Shhh —chitó el castaño—. Mi metabolismo me permite comer lo que quiera.

—Ni se te ocurra sentarte en mi cama —advirtió el rubio al ver las intenciones de su amigo.

—¿¡Por qué!?

—Llevas la ropa de tu trabajo, mancharás las sabanas.

—Ahora entiendo porque Lily se queja tanto de tu anticuada personalidad.

—No me llames anticuado —se quejó el rubio tomando uno de los emparedados.

—Lily lo hace todo el tiempo.

—Eso no tiene nada que ver.

—Claro, debes estar enamorado de mí para permitirme llamarte así —se quejó el castaño comenzando a quitarse la braga.

—Cállate… ¿intentas seducirme o algo? —preguntó el rubio con una ceja alzada.

Anthony molesto enseñó el dedo medio a su amigo.

—Eres un insufrible —se quejó el castaño terminando de quitarse la braga de trabajo quedando en una bermuda y una franela de algodón.

Scorpius dejó escapar una ligera risa. Se levantó de la silla frente a su escritorio y se sentó en el sillón que estaba junto a la ventana. Anthony tomó uno de los pufs que tenía el rubio y lo intentó arrastrar pero estaba fijo en el suelo.

—¿Por qué esto no se mueve? —preguntó el castaño encarando a su amigo.

Scorpius rodó los ojos, sacó su varita y con un ligero movimiento arrastró el mueble frente a él.

—¿Contentó?

—Eres un bravucón ¿sabías?

—Está en la sangre —dijo el rubio con una sonrisa de lado—. ¿Cómo va la pintura?

—Bastante bien, la foto que me diste de ellos me ayuda mucho, a pesar de que había hecho un boceto de ellos juntos, terminé pintándola solo a ella. ¡Es una musa!

—Espero que sea bastante buena, así Sebastián no me matará por que pienses que Amanda es una musa.

—¿Con quién crees que estás hablando? lo será. A todo esto ¿Cómo hacen para que la foto se mueva?

—Son mágicas, deben moverse.

—Es muy interesante. —permanecieron en silencio unos minutos hasta que Anthony se atrevió a hablar—. Scorp…

—¿Sí? —comentó distraído Scorpius tomando un emparedado para darle una buena mordida.

—¿Por qué los magos y los muggles no pueden relacionarse? —preguntó un poco afligido el menor.

El rubio dejó el emparedado en el plató y miró por la ventana. Frente al edificio donde vivía Anthony había un parque. El rubio disfrutaba ver el lugar. Siempre estaba lleno de muggles despreocupados paseando y charlando.

—Por muchas razones y por nada a la vez.

—Estúpida bruja, explícame bien porque tus frases filosóficas solo me confunden más —señaló el castaño.

—Todo se remonta al pasado, cuando los muggles casaban brujas —explicó el rubio.

—Pero estamos en una época diferente ya no queman a las personas y esas cosas de antes.

—Lo sé. Sin embargo hay muggles desagradables que odian la magia.

—¡A mí me encanta! —exclamó el chico.

—Ese es mi punto. No deberíamos poner a todos los muggles en un mismo saco. Además, eso no es lo más grave.

—¿Qué puede ser más grave que ocultar egoístamente un mundo tan magnifico como el tuyo? —preguntó Anthony con una ceja azada.

—Separar familias —dijo Scorpius con una mirada fría.

—¿A qué te refieres?

—En nuestro mundo, cada vez que un niño mago nace automáticamente su nombre y el de sus padres aparece en un libro de registros. Ese libro está en el ministerio y es custodiado por un grupo específico y poco numeroso de magos. A lado del nombre de los padres se indica el status de sangre. Si el niño tiene un padre muggle todo conocimiento sobre su origen no mago deberá permanecer oculto.

—Eso es poco cruel ¿no crees?

—Esa no es la peor parte. Hay varias formas de ocultarle al niño su parte no mágica.

—Por tu mirada puedo asumir que son un poco… drásticas.

—Lo son, pero todo depende de los padres. En el mejor de los casos simplemente el muggle se aleja de su mundo para convivir con su nueva familia obligado a mostrarse como Squib o simplemente permanecer oculto.

—¿Y si no? —preguntó Anthony con una expresión alarmada.

—Si el padre o la madre muggle se niega a cortar lazos con su verdadero mundo, incluyendo familia y amigos. Se le negará el derecho de ver a su hijo y de contactar a su pareja.

—¿Cómo pueden hacer eso? El mago recordará todo y el "mucle" también. Solo deben hablar y todo se sabrá —señaló disgustado el castaño.

—Imposible, ningún caso se conoce.

—¿Por qué? ¿Cómo es eso posible?

—Simple, les borran la memoria. Le hacen creer al mago que murió en el parto. Si es una bruja le hacen creer que su pareja la abandonó. Si la parte mágica está casada solo le hacen creer que el hijo es fruto de ese matrimonio al igual que a su pareja.

Anthony permaneció en silencio procesando la información. No pensó que un mundo tan maravilloso tuviese su lado malo.

—Eso es lo que hacen con los magos pero… ¿qué sucede con los "mucles"?

Scorpius mostró una sonrisa bastante amarga.

—Ellos ni siquiera recordarán haber tenido un hijo o una pareja de origen mágico.

—Es bastante cruel —dijo el castaño—. Separan familias.

—Eso es solo en caso de que el niño sea mestizo. Hay casos donde algunos magos o brujas tienen ambos padres muggles.

—¿Eso es posible? —preguntó Anthony sorprendido por esa posibilidad. Scorpius asintió.

—Lo es si tienen algún antepasado de origen mágico.

—Pero si le borran la memoria a estas parejas ¿Qué hacen cuando ambos padres son muggles? —preguntó Anthony interesado en la respuesta.

—Les arrebatan a su hijo, les borran cada recuerdo del embarazo, les hacen creer que nunca tuvieron un hijo.

—¿Qué hacen con el niño? —preguntó el chico temiendo la respuesta.

—Son entregados a alguna familia que haya sido aprobada por el ministerio para criar a estos niños como propios. Aunque hay casos donde incluso a los niños que tienen un padre mago son entregados a otra familia. Pero también existen orfanatos cuando no hay familias que puedan cuidar o que no estén dispuestas a hacerlo.

—Pero las personas saben cuándo estos niños…

—No, nadie lo sabe. Está prohibido mencionar el estatus de sangre de un mago. La mayoría de los niños no saben que son adoptados o que perdieron a su padre muggle de la peor manera. Muy pocos magos saben de esto. Lo peor es que las familias que acogen estos niños piensan que son suyos, les crean recuerdos falsos. Claro, hay parejas que si adoptan y los niños saben que son adoptados pero creen que sus padres eran magos.

—¿Por qué hacen eso?

—Por miedo a que se repita lo de la segunda guerra mágica. Si nadie se preocupa por el status de sangre no habrá guerra entre nosotros.

—¿Por eso está prohibido hablar y relacionarse con un muggle? —Scorpius asintió.

—Ya antes estaba establecido mantener nuestro mundo en secreto pero ahora toman medidas demasiado drásticas con respecto a los mestizos.

—Y yo que me quejaba de las leyes de este país —comentó Anthony sorprendido—. ¿Qué le sucede a aquellos que rompen estas absurdas reglas?

—Bueno, en caso de los magos enamorados de un muggle solo borran su memoria no es tan grave. Pero aquellos que revelan el secreto son castigados severamente.

—O sea que tú…

—Si —accedió con una sonrisa de lado—. Desde el punto de vista de un mago soy un traidor a la sangre. Irónico, muy irónico. El nieto de un Sangre Pura que odiaba a muerte a los muggles tiene a uno como mejor amigo.

—No seas duro contigo mismo —dijo Anthony —. Yo no diré nada a nadie, tienes mi palabra.

—Lo sé, sé que puedo confiar en ti.

—Un momento —se apresuró a decir Anthony—. Dijiste que muy pocos magos sabían de esto ¿cómo es que tú lo sabes?

—Ventajas de ser quien soy —respondió Scorpius.

—¡Scorpius! ¡No digas cosas a media!

Scorpius rio.

—Disculpa. Solo investigue un poco sobre esto. Necesitaba conocer las consecuencias que me acarrarían si mantenía tu amistad. Una cosa llevó a la otra y terminé enterándome de cosas que no me incumbían.

—¿Desde cuándo sabes esto?

—Desde hace un par de años.

—¿Cómo puedes vivir sabiendo esto?

—Con la idea de que algún día lo cambiaré —dijo con una débil sonrisa.

Anthony iba a decir algo más pero en ese momento Scorpius sorprendido observó como una lechuza se acercaba. Lentamente abrió la ventana y dejó que el animal aterrizase dentro.

El muggle observó el animal con fascinación. Era una lechuza de color negro. Uno de sus ojos estaba cerrado y a simple vista podía notarse la cicatriz que lo atravesaba. En ojo visible tenía un iris de un intenso color amarillo. La lechuza extendió la pata y Scorpius se apresuró a desatar el pergamino que estaba en ella.

—¿Por qué ha llegado hasta aquí? Dijiste que ni siquiera las lechuzas podrían encontrarte por las protecciones —dijo Anthony preocupado al recordar ese detalle.

—Sé lo que dije, estoy tan sorprendido como tú —dijo el rubio con una mirada calculadora—. La única forma es que sepan que estoy aquí.

La lechuza alzó el vuelo era obvio que no esperaba una respuesta. Scorpius miró fijamente a la lechuza alejarse hasta que se volvió un punto inexistente en el cielo.

—¿Qué esperas? Léelo —recordó el castaño.

Scorpius con su varita revisó el pergamino. Cuando se aseguró de que no representaba alguna amenaza lo desenrolló.

"En el departamento de misterios hay una puerta que pocos pueden ver, no te confundas con la puerta negra que lleva a la sala circular. Cuando des con ella entra ahí y encontrarás archivos que ayudarán a tu causa".

—No iras ¿o sí? —cuestionó Anthony.

Scorpius miró la nota con los ojos entrecerrados. No tenía remitente y el contenido era incierto. Hasta donde sabía no luchaba por nada.

—¿Por qué crees que me enviarían esto? —preguntó Scorpius a su amigo.

—Yo que sé, pero sí sé que eso es una advertencia.

—¿Advertencia? —preguntó el rubio con una ceja alzada.

—¡Claro, idiota! ¿¡Quien sabe que vienes a mi departamento!? Eso solo quiere decir que alguien aparte de Lily sabe que vienes aquí —señaló el muggle.

—Tienes un punto —concedió el rubio—. Aunque también pudo ser Lily.

—¿Por qué ella te enviaría esto? ¿¡No crees que te lo diría en tu cara de niño pretencioso!? Esa chica es muy directa.

—Tienes razón.

—¡Claro que la tengo!

—Solo hay una forma de averiguar qué significa esto —dijo Scorpius con una mirada seria.

—No lo harás —dijo en un susurro el castaño.

—Lo haré, y tú vendrás conmigo.

—¡A no! ¡Eso sí que no! —señaló el chico.

—Busca tu collar y tus ropas de mago.

—Ya tengo el collar, nunca me lo quito —dijo el chico resignado mostrando el colgante que le había obsequiado el rubio.

—Bien, ve a arreglarte.

El rubio caminaba por el Atrio del Ministerio junto a Anthony quien tenía una expresión bastante seria. Para sorpresa de Scorpius Anthony era muy buen actor. Por suerte muy pocas personas le prestaban atención ya que estaban ocupadas criticándolo a él.

—¿Y si Lily nos encuentra? —preguntó Anthony.

—Esta fuera en una escena del crimen. Me aseguré de no coincidir con ella —respondió bajo el rubio.

Llegaron al elevador y se dirigieron al Departamento de Misterios. Anthony se sujetaba de la túnica de Scorpius nervioso por la extraña forma de desplazarse del elevador. A los pocos minutos el elevador se detuvo en el piso requerido. Con cautela salieron del artefacto y miraron con disimulo a su alrededor. El rubio daba gracias a los magos porque aquel piso era el menos transitado. Con prisa buscó la puerta que fue indicada en la nota. Se sentía confundido ya que la puerta negra era la única que podía ver.

—¿Cómo dices que debe ser la puerta? —preguntó Anthony observando el largo pasillo con curiosidad.

—No lo dije y en la nota tampoco especifica —respondió el rubio—. Solo dice que no es aquella —dijo el rubio mirando la puerta negra que llevaba a la sala circular.

Comenzaron a caminar hasta la puerta, Scorpius insistía en que debía ser aquella.

—¿Qué sucede? —preguntó el rubio girando para ver a Anthony quien se detuvo a medio pasillo mirando una de las paredes.

El chico señalo la pared.

—¿Qué sucede? —preguntó Scorpius nuevamente mirando la pared que señalaba Anthony.

—Ahí, mira hay una puerta —dijo el castaño acercándose con cautela.

—Pero qué dices —dijo el rubio dudando de las facultades de su amigo.

—Mira, yo sé mucho sobre arte, hay una puerta pintada de tal forma para que se confunda con los azulejos negros.

—Yo no veo nada —insistió Scorpius.

El castaño exasperado tomó a Scorpius del hombro y lo colocó en su posición. En ese momento el mago se percató de que algunas líneas no cuadraban con las del resto de los azulejos.

—Eres un genio. Es tan simple la forma en que lo ocultan que nadie se molestaría en fijarse de eso. Cualquiera buscaría protecciones mágicas.

Anthony se acercó y tanteó la pared buscando como abrir la puerta.

—No es tan fácil, chico —dijo Scorpius con una sonrisa—. Alohomora.

La puerta se abrió con un clic. Scorpius y Anthony entraron a una habitación oscura pero a los pocos segundos la estancia se iluminó.

—¡Hay Diosito! —exclamó sorprendido Anthony—. ¿Cómo cabe todo esto aquí? ¡Ni siquiera veo el techo!

Frente al par se extendía metros y metros de estantes repletos de cajas y archivos.

—¿Por qué ocultan esto? A simple vista son papeles.

—Deben ser más que simples papeles para estar en este departamento —dijo el rubio acercándose al primer estante.

El rubio observó con detenimiento cada uno de ellos. Anthony paseaba sus ojos por doquier maravillado. Comenzaron a caminar entre los estantes y las repisas tratando de encontrar algo que llamase su atención.

—Mira —señaló Anthony una mesa que estaba a varios metros.

Ambos se acercaron y con sorpresa observaron sobre la mesa un collar similar al de Anthony.

—¡Wow! ¡Es como el mío! —dijo Anthony sorprendido.

Scorpius detuvo a Anthony antes de que lo tomase.

—No toques nada —advirtió el rubio, Anthony solo asintió.

A lo lejos Scorpius notó un estante repleto de cajas de color oscuro rodeadas por cadenas. Con curiosidad se acercó a ellas. Las cadenas eran una simple fachada para las verdaderas protecciones de las cajas. Con sumo cuidado revisó las protecciones con su varita, eran bastante fuertes pero nada que no pudiese burlar. Cuando pudo abrir una brecha en las protecciones tomó una de las cajas. La cadena que rodeaba el objeto simplemente permaneció suspendida como si aún envolviese la caja. Anthony llegó junto al rubio curioso.

—Sostenla —pidió Scorpius entregándole la caja.

Scorpius quitó la tapa y con inquisición observó las carpetas con los diferentes nombres en ella. Tomó una y la abrió. Leyó el contenido y a medida que leía se sorprendía más y más.

—¿Qué es? —preguntó Anthony al ver la expresión alarmada y disgustada de Scorpius.

—Son los registros de los mestizos y nacidos de muggles —dijo el rubio.

—¿El de los niños que separan de sus familia? —Scorpius asintió—. ¿Dice algo malo?

—Dice todo sobre sus familias adoptivas y las medidas que tomaron para separarlos de sus familias no mágicas. Especifica todo, incluso el recuerdo falso que les dan a los padres y la localización de sus padres biológicos.

—¿Por qué crees que están aquí? —preguntó Anthony.

—Creo que aquí muy pocas personas tienen acceso. Cada objeto en esta habitación tiene fuertes protecciones. Por eso la puerta fue tan fácil de abrir. Las protecciones de estas cosas alertarían hasta a los muertos.

—Entonces, dejemos esto en su lugar —se apresuró a decir Anthony preocupado.

El rubio obedeció a su amigo y regresó la caja a su sitio. En ese momento un sonido proveniente de la entrada los alertó. El par se miraron alarmados.

—¿Ha encontrado algo? —se escuchó una voz femenina preguntar.

Scorpius y Anthony intercambiaron una mirada angustiada. Esa era la voz de Lily. Si los pillaba ahí se armaría una grande.

—En realidad sí —respondió otra voz—, le sorprenderá mucho saber esto, aurora Modig*.

Scorpius y Anthony en completo silencio fueron caminando entre los estantes para no ser vistos pero a pesar del riesgo Scorpius se negaba a irse. Quería saber de qué hablaban.

—Ya se para que usan la magia que drenan de las víctimas —respondió el mayor.

—¿De verdad? —preguntó Lily emocionada por tener una nueva pista.

—Así es. La usan para hacer esto —dijo el mayor mostrándole a la chica el collar que había encontrado en la casa de los Glasgow—. Sin este objeto jamás habríamos supuesto algo tan oscuro.

Lily miró sorprendida el objeto.

—¿Para que querrían asesinar a magos para… ¿esto?

—No estoy muy seguro, pero esto simula un núcleo mágico.

Scorpius y Anthony se miraron impresionados. Ambos salieron corriendo para acercarse a la puerta. Antes de salir Anthony chocó con una se los estantes consiguiendo que algunas cajas cayesen. Scorpius miró inquieto hacia atrás y escuchó como se acercaban. El rubio miró las carpetas y vio que se trataba de los registros de los mortífagos que estaban en Azkaban. Con prisa buscó la de su abuelo, cuando la encontró, lo tomó y con un movimiento de varita colocó el resto en su lugar. Tomó la mano de Anthony y tiró de él. Abrió la puerta; por suerte no había nadie.

—Ve hasta el ascensor, dirígete al Atrio del Ministerio y sal al mundo muggle.

—Pero….

—Ve, puedes hacerlo. No te preocupes por mí. No hables con nadie y muéstrate serio. Ahora ve. Te llamaré cuando salga de aquí.

Anthony asintió y salió corriendo.

—¿Quién eres? —preguntó Lily apuntando a Scorpius.

El rubio se giró y miró culpable a la chica.

—Hola, mi pequeña insolente.

Lily bajó la varita y miró dubitativa a Scorpius.

—Aurora Modig ¿conoce a este joven?

—Sí, es… es mi novio. Debieron enviarlo aquí —se apresuró a decir la chica.

—Qué raro —dijo el anciano mirando a Scorpius y a la chica con los ojos entrecerrados—. ¿Quién lo envió aquí?

Scorpius sintió como el pánico lo inundaba poco a poco. Pero se calmó, angustiado no resolvería nada. Debía pensar con la cabeza fría.

—Mi suegro, Harry Potter.

El anciano palideció y asintió.

—Cuando se desocupe espero verla de regreso. Aún no hemos terminado de hablar, aurora Modig.

El anciano se alejó del lugar dejando a los jóvenes solos.

—¿¡Que estás haciendo aquí!? —preguntó furiosa Lily.

—Buscaba esto —respondió Scorpius mostrándole el archivo.

—¿Prisioneros de Azkaban? ¿Qué planeas, anticuado? —preguntó con los ojos entrecerrados.

—Nada ¿sí? Solo quiero ver cómo puedo ayudar a mi abuelo. Mi abuela Narcissa está enferma y quiere ver a su esposo —dijo Scorpius con la mirada fría.

Lily soltó un suspiro.

—Pudiste habérmelo dicho.

—¿Para qué? ¿Para qué pensaras que solo estoy contigo por interés? —cuestionó el rubio con una ceja alzada.

Lily sonrió de lado.

—¿Acaso no lo estás? Como sea, deja eso aquí. Ya veré que puedo hacer. Ahora andando antes de que nos metamos en problemas.

Ambos salieron del lugar y con prisa se acercaron al ascensor el cual estaba vacío.

—¿Por qué dijiste eso? —pregunto Lily una vez se cerraron las puertas.

—¿Qué?

—Que mi padre te envió.

—Ese nombre tiene bastante poder.

—Hiciste bien, el viejo Luke Fuscoe no se atrevería a cuestionar a mi padre.

Salieron al Atrio y Scorpius miró a los alrededores con disimulo buscando una cabellera castaña con reflejos verdes.

—¿Sucede algo? —preguntó Lily.

—Nada, nada.

—Bueno, tengo que regresar a trabajar y tú no busques problemas —advirtió Lily.

—Oye —llamó el rubio, Lily giró mirándolo con una ceja alzada invitándolo a hablar.

Scorpius miró a la pelirroja y no pudo evitar el impulso. Se acercó a la chica para juntar sus labios. La pelirroja intentó resistirse pero a la final cedió al contacto arrollando sus brazos en el cuello de Scorpius. Se separaron lentamente y sus miradas se encontraron.

—¿Por qué fue esta vez? —preguntó Lily.

—Para agradecer que me cubrieras, mi pequeña insolente —respondió el rubio con una sonrisa.

—No hay nada que agradecer, eres mi novio debo protegerte ¿no? —dijo la chica con diversión.

Scorpius sonrió y antes de separarse besó la frente de la chica.

—No te estreses, puedes con todo —dijo a modo de despedida el rubio antes de ir a una de las chimeneas.

Salió en su despacho y con preocupación se apareció en el departamento de Anthony. Con prisa buscó el celular entre sus ropas y llamó a su amigo. El teléfono lo enviaba directamente al buzón de voz.

—¡Mierda! —exclamó antes de volverlo a llamar.

Esta vez el chico contestó a los pocos segundos.

—¿Dónde estás? —preguntó el rubio.

En el metro, camino al departamento. Estaba de los nervios pero conseguí salir.

—¿Qué hiciste con la ropa —preguntó el rubio.

Me quite la túnica y la arrojé a la basura antes de ir a algún lugar concurrido.

—Muy bien. Ya estoy en el departamento. Te espero aquí.

Scorpius colgó la llamada y se permitió respirar un poco más relajado. Fue a su habitación y se acercó a su escritorio. Tomó el pergamino que había en él y lo arrugó con las manos. Algo no estaba bien. No solo los archivos de los nacidos de muggle, el hecho de que Lily haya estado en el lugar cuando debía estar fuera del ministerio, todo había sido planeado querían que lo encontraran infraganti y algo le decía que era Lily quien debía encontrarlo. Además, estaba el hecho de que el collar que estaba en el departamento de misterios era similar al de Anthony. Scorpius estaba preocupado si lo que había escuchado era cierto había altas probabilidades de que el collar de Anthony también hubiese sido elaborado de la misma forma.

Información del capítulo:

*Konge (noruego): Rey, apodo de Harry.

*Modig (Noruego): Valiente, apodo de Lily.