Encuentro con el Amor

Había pasado un par de días desde que Scorpius y Anthony fueron al Departamento de Misterios. Anthony estaba por terminar el cuadro para Sebastián. El muggle llevaba pensativo varios días, a duras penas le dirigía la palabra a Scorpius. El castaño siempre se excusaba diciendo que estaba muy concentrado en el cuadro pero el mago sabía que algo lo molestaba.

El Malfoy era paciente pero ese día Anthony terminaría la pintura y ese sería el momento preciso para interrogarlo y descubrir que sucedía con él.

—¿Qué falta? —preguntó el rubio sobre el hombro de Anthony mirando la pintura. El chico soltó una exclamación.

—¡Me asustaste! —se quejó.

—Lo siento, pero estabas tan concentrado que no me escuchaste entrar al estudio.

—Solo falta mi firma —respondió el chico de los tatuajes a la pregunta anterior.

—Muy bien. Ahora si me dirás qué sucede —atacó el rubio.

—Necesito tiempo para…

—Nada Anthony. Dime de una vez qué sucede. Desde que llegaste aquel día estas raro. ¿Qué pasa? ¿Qué te molesta?

Anthony dejó el pincel a un lado y miró al rubio.

—Estoy preocupado.

—¿De qué?

—De meterte en problemas, de saber lo que sé. Scorpius tengo miedo —respondió el menor.

—¿Pero de qué? —insistió en saber el mayor.

—De que sea cierto —dijo Anthony llevando sus manos a la parte posterior de su cuello para desatar el collar—. Tengo miedo de que esto —El muggle agitó el collar frente a Scorpius—, sea el producto de un asesinato. Escuchaste lo que dijo aquel anciano.

—No estamos seguro de que este sea el caso —intentó calmar el rubio.

—Entonces respóndeme ¿De dónde lo sacaste? ¿A quién se lo compraste?

Scorpius desvió la mirada. No tenía muy clara la respuesta a esas preguntas. Lo había comprado a un extraño y en ningún momento se molestó en preguntar de que estaba hecho; cuando le dijeron que funcionaria para que un muggle entrara a su mundo sin ser notado no escuchó más, solo entregó el oro y ya.

—Ahí tengo mi respuesta ¡No lo sabes! Mira, si Lily me ve esta cosa, tú y yo estaremos en problemas.

—No lo verá porque ninguno de los dos lo mostrará.

—Eres imposiblemente terco —se quejó el castaño.

—¿Qué quieres que haga? ¿Quieres que lo regrese? ¡Bien, lo haré! —dijo el rubio tendiendo la mano esperando que Anthony lo entregase—. ¡Ves! Hablas por hablar, no quieres deshacerte de él.

—No, pero no quiero pensar en la remota posibilidad de lo que puede o no estar hecho.

—Te entiendo, pero con esas ideas en mente no evitarás que esas personas hagan lo que hacen —Anthony chaqueó la lengua negando darle la razón al rubio aunque la tuviese—. Ahora, firma el cuadro. Sebastián cumple años mañana.

—Sí —dijo el chico con una sonrisa triste.

—¿Ahora qué?

—Nada, solo me gustaría ver su rostro cuando se lo entregues.

Scorpius meditó por unos segundos.

—Lo hará.

—¿Qué? ¡Estás loco! —Scorpius se encogió de hombros—. Lily te matará.

—No, no lo hará porque ella me ayudará.

—¿A qué te refieres?

—Tú tranquilo yo me encargo. Vendré mañana, ten listo el cuadro y yo me encargaré de traer a Sebastián y a Amanda.

—Scorpius… —Anthony no pudo replicar porque en ese mismo momento el rubio desapareció—. Odio cuando hace eso.

Scorpius se apareció en la mansión Nott. A los pocos minutos un elfo apareció para atenderlo.

—Señor Malfoy ¿en qué puedo servirle? —preguntó el elfo haciendo una exagerada reverencia.

—Vengo a hablar con Sebastián —dijo Scorpius comenzando a caminar.

—Señor, no puede el joven amo… —Trataba de alcanzar el elfo.

—Tranquilo, no pasa nada —dijo Scorpius comenzando a subir la escalera—. ¿Dónde está?

—En sus aposentos pero… —Seguía intentando detener el elfo a Scorpius.

El rubio ignoró las suplicas del elfo para que se detuviera y abrió la puerta de la habitación del moreno.

—Ya veo —dijo el chico con una mirada fría.

—¡Scorpius! —se apresuró a decir Sebastián empujando a un lado a la chica rubia que estaba en su regazo a medio vestir—. ¡Espera! —El chico miró a la rubia—. Lárgate.

La bruja tomó sus cosas y se acercó a la chimenea para marcharse.

—¿Qué significa esto? —preguntó el rubio con una mirada dura.

Sebastián pasó sus manos por el cabello.

—¡Mi buen Merlín! —exclamó—. Me pillaste —dijo con una sonrisa avergonzada.

Scorpius apretó los puños y antes de que pudiese meditar sus acciones estrelló su puño contra el rostro sonrojado de Sebastián.

—¡¿Tienes una puta idea de lo que sufre Amanda por ti?! —preguntó en un grito.

Sebastián miró sorprendido y adolorido desde el suelo a su amigo.

—¿Qué tiene que ver Amanda en esto?

—Maldito desgraciado —dijo entre diente el rubio—. Tiene todo que ver. Ella es tu prometida —dijo rechinando los dientes.

—Lo sé, pero no soy de piedra —dijo Sebastián con el ceño fruncido reincorporándose.

—¿Pero por qué traerla a tu casa? —cuestionó el rubio.

—Quiso sorprenderme —dijo encogiéndose de hombros el moreno.

—¿Qué hubiese sucedido si fuera sido Amanda la que entrase por esa puerta y no yo? —preguntó el rubio.

Sebastián desvió la mirada y apretó los puños.

—Nada, segaríamos comprometidos.

—Lo sabe —dijo Scorpius suavemente comprendiendo la actitud relajada de su amigo—. ¿¡Lo sabe!?

—Sí, ella lo sabe —dijo Sebastián sin poder encarar a su amigo.

Scorpius llevó las manos a su cabello. Caminó por la habitación maldiciendo por lo bajo. De un momento a otro se acercó a Sebastián y lo tomó por las solapas.

—¿Tienes idea de las ganas que tengo de matarte a golpes?

—Me hago una idea —dijo Sebastián con una mirada afligida—. Sé que merezco una paliza.

—¿Por qué lo haces con una chica cualquiera? ¡Tienes a Amanda! Ella es perfecta.

—¡Por eso mismo no lo hago con ella! —gritó el chico alejando las manos de Scorpius de un manotazo—. No me atrevería a tocarle un cabello, la respeto. No podría, no después de todo lo que ha sufrido por mi culpa.

—¿La respetas? ¡Por favor! —exclamó el rubio—. Si sabes que sufre por tú culpa toma la responsabilidad.

—¿Qué crees que hago, grandísimo idiota? ¡Me casaré con ella!

—¡Aquí el único idiota eres tú! —Señaló Scorpius—. ¿Te has molestado en saber los sentimientos de Amanda? ¡Obvio que no! Ella no quiere casarse contigo de esta forma.

—¿A qué te refieres? —preguntó Sebastián confundido—. A cierto, ella quisiera estar con James-jodido-Potter —dijo con amargura Sebastián.

—¡Ese es tu maldito problema! —Gritó Scorpius—. Dices cosas sin pensar, actúas sin pensar ¡Todo lo haces sin pensar! —Dijo Scorpius apretando los puños—. Amanda te ama con todo su ser, te desea a ti y a nadie más de este jodido mundo. Lo único que ha llegado a sentir por James es admiración, nada más. De quien tiene la desgracia de estar enamorada es de ti. Pero lamentablemente tú no puedes ver eso.

Sebastián miró sorprendido a su amigo.

—Ella nunca… nunca me lo había dicho —dijo confundido el Nott.

—¿Seguro? ¿Estás realmente seguro? —preguntó con los ojos en blanco—. ¿Te has puesto a pensar? —preguntó esta vez señalándose a sí mismo la cabeza—. No porque lo único que haces es burlarte de ella.

—¡Un momento! —dijo Sebastián alzando las manos—. Yo no me burlo de ella.

—¿A no? —cuestionó el rubio con una ceja alzada—. ¿Qué crees que haces acostándote con una cualquiera?

—Solo lo hago para liberar tensiones. Además, quien será la señora Nott pronto es Amanda.

—No puedo creer lo desvergonzado que estas actuando —dijo el rubio pasando una de sus manos por el rostro—. Dime una cosa ¿qué pensarías si te dijera que puedo conseguirle una cita a Amanda con James Potter?

Sebastián miró sorprendido a Scorpius pero su sorpresa pasó a enojo.

—No te atreverías —siseó—. ¡Ella es mía, será mi esposa y llevará mi apellido! —dijo entre dientes el moreno.

—No tienes derecho a impedírmelo, ya no.

—Claro qué lo tengo. Ella lleva el anillo de la familia Nott y ella…

—Un anillo que le entregó tu padre porque tú en ningún momento le pediste matrimonio, solo fuiste con Blaise y le dijiste que te entregara a su hija para "reponer tu error" —recordó Scorpius para sorpresa de Sebastián—. ¿Qué? ¿Te sorprende que sepa ese dato? Déjame decirte que se todo sobre su compromiso, todo Sebastián, Amanda confía en mí. Tú grandísimo imbécil volviste a su padre en su contra, por tu culpa fue humillada públicamente.

Sebastián desvió la mirada y apretó los puños a sus costados.

—Sé que soy un descarado pero pensar que ella estaría con otro me destroza, me destroza por dentro —dijo Sebastián con una sonrisa triste.

—¿Por qué no se lo has dicho? —acusó el rubio.

—Ella no querría escucharme, ella siempre estará enamorada de James Potter —respondió Sebastián bufando al final.

—¡Eres imposible! ¡A ti hay que explicártelo todo con lentitud! —dijo frustrado Scorpius—. Esa chica con cada gesto te demuestra cuanto te ama. Conoce todo de ti, sabe que te gusta y que no. Conoce tus miedos y tus fortalezas. Sabe cuáles son tus debilidades, deja que te apoyes en ella ¿Y que recibe a cambio? Nada.

—Eso es imposible —fijo dubitativo Sebastián.

—¿Imposible? Hay que ser ciego o muy idiota para no verlo. Desde un principio ella ha tenido que guardar silencio mientras que tú te revuelcas con tus putas.

—Sí, tienes razón. Me revuelco con mis putas pero en ningún momento le he impedido ver a Amanda a quien quisiese.

—¡No lo puedo creer! —dijo indignado Scorpius—. No me interesa perder tu amistad, me encargaré de romper este maldito compromiso, la felicidad de Amanda es más importante que tu maldito orgullo. Me encargaré de que James y ella estén juntos —siseó con rabia mal contenido.

—Ni si quiera lo pienses —siseó Sebastián—. ¡Ella es mía, solo mía!

—Amanda no es un maldito objeto, es una mujer y ella estaría feliz al ver que puede romper este maldito compromiso.

—¿Por qué querría romper el compromiso? —preguntó Sebastián con el ceño fruncido perdiendo la fuerza para pelear.

Scorpius miró a su amigo por unos largos segundos. Vio la confusión y el miedo en su mirada y no pudo seguir, tan, disgustado con él.

—En definitiva eres idiota —se quejó el rubio acercándose a un sillón para sentarse—. Has que nos traigan algo con alcohol si te abriré los ojos necesito algo que me atonte para no matarte —ordenó el rubio

Sebastián asintió antes de llamar a uno de sus elfos para ordenar firewhisky. El chico acompaño a Scorpius sentándose en un sillón frente a él.

—¿Por qué quiere romper el compromiso? —preguntó nuevamente Sebastián.

—Porque es capaz de arriesgar su propia felicidad por un zoquete como tú.

—Pero ¿por qué cree que no sería feliz a su lado? —preguntó el chico tomando un vaso con firewhisky.

—No lo sé, dímelo tú —dijo el rubio antes de darle un largo trago a su bebida.

—Es cierto que la trato como siempre, no quería que nuestra relación cambiase y la hiciese sentir incomoda.

—Por amor a todo lo sagrado, Sebastián. ¿Estamos hablando de la misma chica? ¡Es Amanda! Ella sabe adaptarse al ambiente perfectamente. Si a ella le hubiese molestado algo en tu actitud te lo hubiese dicho, incluso deja que le faltes al respeto acostándote con otras cuando se supone te has comprometido con ella. Pero no, tú por tú propia cuenta decidiste tratar a la mujer que se supone te dará hijos en un futuro como a una hermana.

—Me haces sentir más idiota de lo que soy —dijo el moreno con una sonrisa de lado.

—Te lo mereces. Y deja de sonreír, desgraciado, estoy que te golpeo nuevamente.

—Lo sé. Pero… no quiero hacerle daño —Scorpius bufó por sus palabras.

—Déjame decirte que haces un pésimo trabajo —señaló.

—¿Qué puedo hacer? —preguntó Sebastián encogido en sí mismo.

Scorpius miró a su amigo y dejó salir un suspiro cansado.

—Primero, ve a quitarte todos los gérmenes que haya dejado esa zorra en ti; segundo, toma una poción que te quite lo achispado y tercero, dile de una vez por todas qué es lo que realmente sientes.

Sebastián sonrió de lado antes de asentir. Scorpius se levantó del sillón y antes de salir de la habitación miró a Sebastián.

—Por cierto, mañana al medio día vendré por ti y Amanda para llevarlos a buscar tu regalo. Quien me ayudó a hacerlo quiere ver sus expresiones cuando lo vean. Más vale que remedies lo tuyo con Amanda de lo contrario te mataré con el regalo.

—¿Por qué no simplemente lo invitas a la fiesta? —preguntó Sebastián con una ceja alzada.

—Mañana lo sabrás —dijo Scorpius sin expresión—. Una cosa más —dijo el rubio encarando a su amigo con una expresión seria—. Hazla llorar de nuevo o engáñala otra vez y te daré más que un simple puñetazo.

—Si eso llega a pasar yo mismo te buscaré para que me mates de la peor manera —dijo Sebastián con una sonrisa más relajada.

—Pensándolo bien, usaré tu chimenea —dijo Scorpius re-direccionando sus pasos a la chimenea.

El chico gritó la dirección del departamento de su no-novia oficial. Miró la hora en el reloj de la sala de Lily y sonrió al ver que faltaba una hora para que Lily llegase a almorzar. Con un plan en mente fue a la cocina. Se acercó a la estufa y su sonrisa se borró, era pésimo cocinero. Salió de la cocina y se acercó a la chimenea. Llamó a la mansión Malfoy y su madre al poco tiempo lo atendió.

—¿Qué sucede, cielo? —preguntó Astoria.

—¿Me ayudas a prepararle una sorpresa a Lily? —preguntó el rubio.

—¿Tiene que ver con cocinar? —preguntó Astoria con una ceja alzada.

—Como me conoces, mujer —dijo Scorpius con una sonrisa resignada.

—Claro, soy tu madre. Has espacio, voy para allá.

Scorpius retrocedió y a los pocos segundos Astoria salió de la chimenea. La mujer recorrió con la mirada el departamento y con una sonrisa asintió.

—¿Qué?

—Nada, solo pienso en el buen gusto de tu novia. Ahora sé que no tengo por qué temer cuando ella sea la nueva matriarca Malfoy.

—¿No crees que te estas adelantando, madre? —preguntó el rubio con una ceja alzada.

—¡Para nada! —exclamó la mujer restándole importancia al asunto con un movimiento de manos—. Muy bien, ¿Qué tienes en mente? —Scorpius se encogió de hombros—. Tú y tu padre son nulos en la cocina. Dejó que los elfos domésticos se encarguen de las comidas en la mansión por necedad de Draco y mi comodidad. Muy bien, pongámonos manos a la obra y sorprendamos a esa linda chica que tienes por novia.

Scorpius rodó los ojos y pidió a todos los grandes magos que su madre no exagerara.

Lily bostezó esa mañana había recibido el reporte completo sobre los Glasgow. Al parecer nada estaba fuera de lo común excepto que su hijo, Bahréin Glasgow, había comenzado a actuar de manera extraña antes de desaparecer. Al parecer la salud del chico había decaído recientemente y se mostraba reacio a ser ayudado o a hablar con otras personas.

También el viejo Luke Fuscoe le había dado una explicación más concreta sobre el collar. El artefacto estaba hecho de magia pura. Encerraba un núcleo mágico, estaba investigando la manera de acceder a él y el uso que se le podría dar. Lily se preguntaba por qué el asesino querría aquel collar. Tal vez era un mago excéntrico que disfrutaba tomar la mayor posesión de sus víctimas o había un plan mayor tras todo aquello. Su estómago rugió y le recordó que debía cubrir una de las necesidades básicas del cuerpo. Se estiró en su silla antes de guardar todo y prepararse para salir. Tomó su capa del perchero salió de la oficina y cerró la puerta.

—Aurora Modig* —saludó Jack Prodromou—. ¿Va a casa?

—Sí, voy a almorzar ¿y tú?

—Iba a ir a la cafetería —dijo con una débil sonrisa el moreno.

Lily meditó unos instantes pero con una sonrisa miró al auror a su cargo.

—¿Te gustaría venir conmigo? —preguntó la pelirroja—. No soy la mejor cocinera pero creo que puedo hacer un mejor trabajo que las mujeres de la cafetería —agregó en tono confidencial.

—¿Rechazar la oferta de mi superior? Creo que no es una opción —respondió el joven con una galante sonrisa mostrando sus perfectos hoyuelos.

Lily sonrió y en compañía de aquel auror se dirigió a la zona de aparición. Ambos llegaron al departamento de la pelirroja y el olor a buena comida inundo sus fosas nasales.

—Veo que alguien intenta sorprenderte —señaló el chico.

—Así parece —dijo Lily con el ceño ligeramente fruncido.

La pelirroja abandonó a Jack en la sala para dirigirse a la cocina. Encontró a Scorpius con su delantal rosa que decía "Vivan los leones", las mangas de la camisa arremangadas, una expresión de frustración y una mueca indignada.

—Sea lo que sea que tenga ese pastel, tú eres el culpable —dijo la pelirroja con una expresión divertida.

Scorpius miró a la pelirroja con el ceño fruncido.

—Muy graciosa, mi pequeña insolente.

Lily se acercó y olfateó el aire.

—¿Tú cocinaste?

—¿Yo? —dijo con una sonrisa incrédula Scorpius—. Para nada, mi madre me ayudó pero padre la mandó a llamar con un elfo y me dejó el resto a mi cargo. Por suerte solo faltaba sacar esto del horno, pero incluso eso lo he hecho mal.

—Déjame yo te ayudo, ve a lavarte —ordenó la pelirroja.

Scorpius asintió tomó un pañuelo y se limpió las manos antes de abandonar la cocina. El rubio se encontró de lleno con Jack que miraba las fotos con curiosidad.

—¿Qué haces tú aquí? —preguntó el rubio con una ceja alzada acercándose al invitado.

El auror miró a Scorpius y con una sonrisa burlona miró más tiempo del necesario el delantal. Scorpius siguió la mirada del moreno y recordó lo que usaba.

—¿Qué haces aquí? —repitió.

—Lily me invitó a almorzar —respondió Jack con una sonrisa relajada.

—Mmmp —gesticuló el rubio notando que el hombre seguía observando el delantal—. ¿Acaso nunca has visto a un chico usar las cosas de su novia? —preguntó el rubio acentuando las últimas dos palabras de la pregunta.

—Sí, disculpa mi indiscreción pero es divertido que precisamente tú use algo con la frase "vivan los leones" —se justificó el auror—. No cuando te la vivías peleando con los de mí casa.

Scorpius se deshizo del delantal y en ese preciso momento Lily se asomó por la puerta de la cocina.

Scorpius miró fijamente al chico unos instantes, se le hacía vagamente familiar.

—Anticuado, ayúdame a poner la mesa —ordenó la chica.

—Como quieras, mi pequeña insolente —accedió el rubio.

El chico fue a la cocina por las cosas requeridas y se acercó al comedor para colocar los platos.

—Los apodos que se tienen son bastante extraños —señaló el hombre.

Scorpius apretó la mandíbula conteniendo las ganas de decirle al hombre que no metiese su nariz donde no lo llamaban.

—Sería raro si fueran normales —dijo entre dientes.

—¿Por qué lo dice? —preguntó extrañado el hombre.

—Porque ella es una Potter y yo un Malfoy, lo convencional no va con nosotros —dijo con una expresión fría el rubio.

—En eso tienes razón, su relación es poco… común —dijo Jack—. Muchos apostaban a que durarían poco pero ya han pasado un par de meses desde que salió la noticia.

—Pues que se acostumbren. No pienso dejar a Lily —dijo firme el rubio.

—Es una pena —dijo el auror con una sonrisa de lado—. Pero sé que de un momento a otro cometerá un error y yo seré quien esté ahí para ella, después de todo puedo decir que soy su mejor amigo —agregó ampliando su sonrisa.

—¿De verdad? Sí es así porque te trae hasta ahora, y hasta donde sé este encuentro entre nosotros es una mera coincidencia y Lily en ningún momento ha tenido la molestia de siquiera mencionarte.

—Tal vez porque temía que yo la juzgase —dijo Jack apretando los puños.

Scorpius alzó una ceja y con una sonrisa de lado miró altivo al auror.

—¿Acaso tu opinión es más importante que la de su familia? Si no está informado déjeme decirle que Lily me ha presentado a su familia y he sido bien recibido —finalizó en un siseo.

Lily decidió salir de la cocina en ese momento. Con una sonrisa emocionada la pelirroja sirvió el almuerzo. Al notar el mutismo en Scorpius no pudo evitar acercarse y preguntar: —¿Algún problema?

Scorpius miró al auror que le sonreía amablemente pero el rubio no era tonto y podía ver la amenaza tras esa sonrisa.

—Ninguno, solo que necesitaba hablar contigo a solas.

—Ya me tendrás para ti —dijo la chica con una sonrisa.

Scorpius sonrió de lado cuando una idea pasó por su mente.

—Tienes razón —dijo antes de inclinarse para besar a la chica sutilmente en los labios.

Lily miró con el ceño fruncido al rubio más no dijo nada.

—Toma asiento —dijo la pelirroja invitando al auror.

Jack asintió y con una sonrisa se sentó junto a la pelirroja. Scorpius con una expresión mal humorada tomó asiento frente a la chica. Tomó los cubiertos desganado para comenzar a comer su Strogonoff de pollo*. La pelirroja probó la comida y liberó un sonido de satisfacción al probarlo.

—Está delicioso —alagó la pelirroja—. Tu madre es magnífica cocinera.

—Y yo que por un momento pensé que Malfoy fue nuestro chef, una cualidad menos en tú lista.

—En ningún momento he intentado pretender que he sido yo quien ha cocinado esto. Lily sabe que soy malo en esa área —Se defendió el rubio con una mirada gélida a su contrario—, pero lo compensó en… otras —agregó con una sonrisa arrogante consiguiendo que la sonrisa de Jack temblase.

—Así es, siempre que le encargo a Scorpius algo relacionado con comida la compra o le dice a su madre que le ayude —concedió Lily con una sonrisa ignorante del altercado de miradas de los hombres.

—¿No es una molestia? Digo, se lo encargas porque confías en él ¿no? Pero él en su incompetencia lo encarga a otros.

Scorpius apretó los puños y fulminó con la mirada al auror. Era obvio lo que intentaba. Quería hacerlo quedar mal frente a Lily.

"Este auror de cuarta" pensó con disgusto el rubio.

—No, no es una molestia. Por el contario —se apresuró a decir la pelirroja—. Scorpius es de gustos muy finos, él no dejaría que cualquiera se encargarse de la comida —respondió Lily a Jack.

El auror pareció choqueado por la respuesta de Lily para disfrute del rubio.

—Es una pena que pruebes la comida de mi madre —No puedo evitar decir el rubio—. Pocos tienen el privilegio de probar la comida de ella, quería que solo fuese Lily la complacida el día de hoy.

—¡Scorpius! —Reprendió Lily, Jack sonrió de lado—. No seas grosero.

El rubio rodó los ojos.

—No soy grosero, soy sincero.

—Scorp —dijo con tono de advertencia la pelirroja.

—Como sea —dijo el rubio tomando un trago de su vino.

—No te preocupes, es un Malfoy, disgustar a las personas está en su sangre.

Scorpius sintió su sangre arder con el comentario de Jack. Lily frunció el ceño.

—Haré que no escuche eso por su bien —dijo Lily con voz dura.

Jack miró sorprendido a la pelirroja, Lily nunca en eventos sociales le hablaba de aquella manera, ni siquiera en alguna misión. El resto de la comida transcurrió sin comentario alguno. Al finalizar Jack se ofreció a ayudar con los platos pero Lily se negó rotundamente.

—Regresaré al ministerio —dijo Jack—. ¿Vendrás conmigo? —preguntó el auror con una mirada insistente a Lily.

—Lo siento, pero tengo que discutir algunos asuntos con Scorpius —cortó Lily—. Disculpa que te abandone pero debó regresar a la cocina.

Scorpius quedó a solas con el auror y no pudo evitar mirarlo con una sonrisa altiva.

—Con esta comida has perdido muchos puntos —se mofó el rubio.

—Puedo recuperarlos en cualquier momento —retó el auror.

—Hazlo, Lily está conmigo no contigo —dijo el rubio con desprecio—. Es mía después de todo —agregó con altanería.

El auror se giró indignado y se acercó a la chimenea.

—Te arrepentirás, imbécil, eres igual de insoportable que en la escuela —dijo antes de gritar la dirección y desaparecer entre las llamas verdes.

El rubio suspiró cansado. El almuerzo había robado más de la energía que pretendía perder.

"Soy idiota, actuando celoso como si Lily realmente fuera mi novia" se reprendió el rubio mentalmente dirigiéndose a la concina.

—¿Qué haces? —preguntó Scorpius viendo a Lily devorando un trozo de pastel.

La chica miró con una ceja alzada al rubio sin dejar de comer pastel.

—Sí tienes razón, pregunta estúpida. Intentaré de nuevo… ¿algo te molesta? —preguntó el rubio al ver que la chica engullía casi enteros los bocadillos.

Lily miró al rubio con las mejillas infladas, llenas comida y los labios llenos de migajas. Como tenía la boca llena la bruja solo asintió. Scorpius se acercó y tomó a la chica por el cuello con suavidad, junto sus frentes y cerró los parpados. Lily tomó las manos del rubio y las colocó en su cintura y ella llevó las suyas hasta el cuello del rubio.

—Este gesto sería más romántico si dejaras de tragar —dijo Scorpius con burla.

Lily rodó los ojos y negó. Se separó sutilmente de la chica y miró sus labios, aún tenía algunas migajas del pastel. Sin querer evitarlo dejó caer sus labios sobre los contrarios. A los pocos segundos rompió el contacto y colocó nuevamente su frente sobre la de Lily.

—¿Por qué todos te tratan así? —preguntó Lily una vez terminó de tragar.

El rubio sonrió y atrajo más a la chica hasta su cuerpo al ver que Lily no rechazaba su contacto.

—Porque a pesar de lo que dicen no han olvidado los pecados de mi familia.

—Pero mi familia lo ha hecho, bueno, los Potter. Además tú no tienes nada que ver con los actos de tu padre o los de tu abuelo.

—Es bueno que tú no me atribuyas parte de sus culpas pero dime algo ¿acaso a ti no te veneran por quien es tu padre? —preguntó el rubio separando su frente de la de Lily.

—Sí y es tan jodidamente molesto.

—Lo sé, mi pequeña insolente pero es la vida que nos tocó vivir.

—¿Por qué me besaste? Hoy no había cámaras ni nada porque agradecerme.

—Tenías migas en tus labios.

—¿Y el anterior a ese?

—Marcaba mi territorio — dijo el rubio desviando la mirada.

Lily alzó una ceja y miró con una sonrisa burlona a Scorpius.

—No me digas que estabas celoso —Scorpius no respondió—. ¡Mi buen Merlín lo estabas! ¿Pero por qué?

—Porque no me gusta que alguien mire lo que se supone es mío.

—¿Tienes idea de lo machista que suena eso?

—Sé que suena machista pero es verdad, aunque sea mentira eres mía y no quiero que nadie te miré —dijo con los labios fruncidos Scorpius.

Lily miró incrédula a Scorpius y un amargo recuerdo cruzó su mente pero lo alejó tan rápido como llegó, se dijo a sí misma que Scorpius no era Lysander por lo tanto no tenía de que preocuparse. No dejó que la molesta sensación arruinase el momento, sonrió con burla.

—¡No puedo creerlo! —dijo divertida Lily—. ¡Estás haciendo berrinche por una novia falsa!

—Falsa pero a fin de cuentas MI novia —dijo el rubio aferrándose a la cintura de la pelirroja.

—Si estas con eso entonces no quiero que dejes que otras brujas coqueteen contigo —dijo la chica golpeando con su dedo índice el pecho del rubio.

—¿Qué brujas? Nadie me mira de esa manera.

—Tienes que estar bastante ciego para no ver como las brujas suspiran cuando pasas ¿Qué pasa con tu orgullo Malfoy? ¿Esta averiado?

—Payasa —gruñó el rubio.

—Scorpius… —dijo la pelirroja recostando su frente contra el pecho del rubio.

—¿Qué sucede?

—Qué tan en contra estas con terminar esta farsa.

Scorpius aflojó el agarre. Con una mirada dolida e incrédula se separó de Lily.

—¿Qué?

—Sí, no… ¿no quieres terminar con esto? —preguntó Lily sin atreverse a mirar a Scorpius.

—Me rehúso —dijo con seriedad el rubio consiguiendo que Lily lo mirase sorprendida—. Me rehúso totalmente.

—Pero si sigues conmigo no podrás salir con alguien que realmente te guste. Si te preocupa que diga algo sobre Anthony no tienes por qué hacerlo, de todas formas seguiré acosándolos en sus encuentros —se apresuró a explicar la pelirroja.

—Me rehúso porque quien realmente me gusta eres tú —dijo el rubio tomando a Lily nuevamente entre sus brazos.

—¿Cómo es eso posible? ¡Eres un Malfoy! Y los Malfoy no se enamoran de los Potter.

Scorpius soltó una fresca risa.

—Es posible de la misma manera que Anthony es mi amigo.

—¿Realmente te gusto? —preguntó Lily alejándose un poco de Scorpius para mirarlo al rostro, el chico asintió—. ¿Qué te gusta de mí?

—Tu cabello —dijo a la vez que acariciaba la melena de la chica —, tu sonrisa —Esta vez acarició sus labios—, la forma graciosa como arrugas tu nariz cuando algo te disgusta —Deslizó el dedo índice por su nariz—, como brillan tus ojos cuando discutes con tus hermanos, como caminas, como te expresas, incluso toda tu insolencia me gusta —dijo rodando los ojos.

Lily dejó escapar una risa que fue en aumento hasta que repentinamente sus ojos se llenaron de lágrimas que comenzaron a escaparse sin su permiso. Scorpius miró preocupado a la chica quien se aferró a él como un salvamento.

—¿Realmente te gusto? —preguntó de manera ahogada.

Scorpius como pudo llevó a la chica hasta la sala para sentarse en el sofá con Lily entre sus brazos.

—Sí, realmente me gustas ¿Por qué te sorprende tanto?

—No puedes enamorarte de mí, nadie puede.

—Pero que idioteces dices ¡claro que puedo! Tienes prohibido decirme que sentir.

Lily dejó escapar una pequeña risa que se escuchó amortiguada.

—Idiota.

Scorpius intentó alejar a la chica pero esta se rehúso.

—No, me veo horrible cuando lloró.

Scorpius ignoró el comentario y alejó a la chica de todas formas.

—Tienes razón, te vez terrible —dijo el rubio con una sonrisa de lado intentando retirar las manos del rostro de Lily—. ¡Chica, que me muestres tú cara!

Lily colocó sus brazos cruzados haciendo un puchero.

—Eres cruel, estoy llorando y me gritas ¿y así dices que te gusto? —dijo Lily un poco congestionada.

—Esto es lo que recibirás de mí, sinceridad —dijo el rubio con una sonrisa—. Pero escucha te ves terrible mas no fea, incluso puedo decir que adorable —aclaró el rubio retirando las lágrimas de las mejillas de Lily, con curiosidad llevó una de las lágrimas a su boca—. Quien diría que una chica tan amargada como tú tendría las lágrimas dulces.

Lily golpeó el brazo del rubio. Scorpius dejó escapar una risa divertida. Tomó una de las manos de Lily y tiró de ella para que se acostase sobre su pecho. El rubio se dejó caer en el sofá con Lily sobre él.

—Eres un odioso —se quejó Lily.

—Sí, sí, sí. Viene con el apellido no es mi culpa.

—Lo es porque no haces nada para evitarlo.

Permanecieron en silencio. Lily escuchando el corazón acelerado de Scorpius y el rubio acariciando el cabello de la pelirroja.

—¿Por qué te es difícil creer que me gustas? —preguntó Scorpius con curiosidad.

—Son las consecuencias de haber escogido mal de quien enamorarse en el pasado.

—¿Tiene que ver con el tal Lysander? —preguntó con cautela.

—Lamentablemente, sí.

Scorpius no preguntó más, no quería ser un entrometido. Pero no fue necesario porque Lily dejó escapar un suspiro de satisfacción por las caricias del rubio antes de comenzar a hablar.

—Él fue mi primer amor —dijo con una sonrisa amarga la pelirroja.

—¿Te rechazó? —preguntó Scorpius.

—Ojala hubiese sido así. El me llenó de promesas, alimento mis sueños y me juró amor pero lo que él sentía por mí no era amor. Mi familia me advirtió pero no hice caso. Cometí una locura y me escapé de casa antes de terminar la escuela. Me alejé de mi familia, me aferré a él y ese fue mi error. Descubrí que no era como creía, tenía miedo y por eso regresé a casa. A pesar de todo lo que dije e hice mis padres y mis hermanos me recibieron con los brazos abiertos. Pero fui tonta al pensar que él me dejaría ir. El final de esa trágica historia consiguió que mis padres cargasen con mis penas, incluso mis hermanos se sienten culpables por algo que no hicieron.

—Entonces yo no haré promesas que no pueda cumplir, no alimentaré tus sueños te ayudaré a que se vuelvan reales y sobre todo si me lo permites te amaré cada día como si fuera el ultimo. Además, no te alejaré de tu familia —dijo Scorpius avergonzado por decir aquello sin poder controlar los latidos de su corazón.

Lily se incorporó para mirar a Scorpius directamente a los ojos.

—¿Amarme? —preguntó sorprendida—. Pensé que habías dicho que solo te gustaba.

—Amar, gustar ambos van de la mano.

—Pero… yo a ti no te amo —dijo sincera Lily.

Scorpius dejó escapar una risita ignorando el pequeño dolor que sintió tras la sinceridad de la chica sobre él.

—Aun no pero lo harás, mi pequeña insolente. Lo prometo.

—Dijiste que no me harías promesas —recordó Lily.

—Sí, promesas que no pueda cumplir pero esta me encargaré de cumplirla —dijo con una sonrisa de lado antes de tirar de Lily para besarla.

La aurora dejó que Scorpius la besará y se permitió el capricho de pensar que a partir de ahora su relación no sería falsa. Pero a pesar de todas las emociones placenteras que sentía por las caricias de Scorpius en lo más profundo de su corazón agradecía que no siguiera indagando en su pasado o él terminaría descubriendo el terrible acto que cometió en su juventud y que los Potter ocultaron.

Información del capítulo:

*Modig (Noruego): Valiente, apodo de Lily.

*Strogonoff de pollo: es un plato originario de Rusia, adoptado por diferentes países y se prepara según las tradiciones del país en donde se sirva. Es muy bueno mi mami lo hace :G