Amanda miraba por la ventana de su cuarto en la mansión Zabini. Estaba preocupada porque había comenzado a tener nuevamente sueños extraños. Desde pequeña tenía el don de la previsión pero era un don del cual no gustaba presumir. Sabía lo que le hacía el ministerio a los videntes, no quería terminar encerrada en un cuarto para proporcionar profecías a los inefables para que las investigasen. El sonido de la aparición de un elfo la sacó de sus pensamientos.
—Joven ama, el señor Nott desea verla —informó la criatura después de hacer una reverencia.
—¿Sebastián? —cuestionó con una ceja alzada, el elfo asintió—. Guíalo al salón del té. Atiéndelo bien, Danio. Infórmale que bajaré en un momento.
—Como ordene, joven ama —dijo el elfo antes de desaparecer con un pop.
Amanda se alejó de la ventana y se acercó al espejo de cuerpo completo que tenía en su habitación. Llevaba un sencillo vestido negro con una cinta blanca en la cintura y zapatos cerrados. Se acercó al tocador y tomó asiento frente a él. Recogió su largo cabello en una coleta alta, peinó su fleco de lado y tomó el labial rojo pero antes de colocarlo en sus labios lo regresó a su lugar.
"Parezco estúpida" pensó con amargura "arreglándome para un chico que no me ve más que como una hermana". Miró el espejo y su reflejó le regresó una mirada triste. Suspiró y sonrió así debía ser, una chica que no se mostraba triste ni mucho menos imperfecta. Se levantó y con la sonrisa en su rostro y su alma rompiéndose salió de la habitación para recibir al hombre que amaba pero que no le correspondía.
—¡Sebastián! ¡Feliz cumpleaños! —saludó la morena a su prometido con una radiante sonrisa que no llegaba a sus ojos.
El mencionado sonrió. Esta vez no miró a la niña que visitaba cada fin de semana con Scorpius, ni vio a la adolescente que los acompañaba en sus travesuras a media noche en Hogwarts, esta vez, notó a la mujer que en pocas semanas se volvería su esposa. Miró a Amanda y se percató de la tristeza que rodeaba su alma. En ese momento quiso regresar con Scorpius para que lo golpeara nuevamente. El chico llegó frente a Amanda y con sutileza tomó su rostro. La bruja lo miró con una ceja alzada.
—¿Qué haces? —preguntó la chica deshaciendo el contacto y alejándose del chico para sentarse en uno de los sillones—. ¡Genial! Danio trajo galletas con chispas de chocolates —comentó la chica tomando una de las mencionadas—. Te juro que ese elfo vendrá con nosotros cuando nos casemos, me consiente demasiado. ¿Y bien? ¿Qué te trae por acá? ¿Problemas con los trámites de la boda? ¿Necesitas que te ayude con algo? —preguntó antes de darle una mordida a su galleta.
—No, en realidad antes de venir aquí fui a tu trabajo pero Rachel me dijo que hoy no asistirás.
—Así es, estoy trabajando en mi vestido.
—¿No lo tienes en el estudio? —preguntó Sebastián tomando asiento frente a su prometida.
—¡Obvio que no! No quiero que alguna bruja lo vea y lo quiera —dijo la chica con presunción.
—Te entiendo pero… no he venido por algo de la boda —dijo el chico.
—¿A no? —cuestionó con una ceja alzada—. ¿Qué es entonces? ¿Algún arreglo de último momento para la fiesta de esta noche? —preguntó Amanda tomando otra galleta.
—Scorpius me dijo que no quieres casarte conmigo —dijo Sebastián sin expresión.
La bruja cortó el camino de la galleta a su boca por esa oración. Regresó el bocadillo al plato y miró sorprendida a Sebastián.
—¿Scorpius te dijo eso? —preguntó incrédula, Sebastián asintió—. ¡Ese traidor! —dijo por lo bajo.
—¿Es cierto? —preguntó Sebastián levantándose de su sillón para mirar desde arriba a la bruja.
Amanda cruzó las piernas y miró a Sebastián con expresión fría.
—Si así fuese ¿qué? ¿Acaso me rogarías que no te dejase? —preguntó con frialdad la morena.
Sebastián miró a Amanda sin mostrar la sorpresa que sentía, pensó que la chica le pediría no dejarlo pero uno de las muchos reclamos que le hizo Scorpius llegó a su mente "Es capas de arriesgar su propia felicidad por un zoquete como tú".
—No, no haría nada —dijo Sebastián con suavidad.
Amanda desvió la mirada sintiendo como sus barreras caían, sus ojos comenzaban a llenarse de lagrimas pero recordó que debía mostrarse fría, no solo por quien era sino que esta era la mejor oportunidad que tendría para liberar a Sebastián de algo que no quería.
—Entonces, qué pretendes viniendo aquí a preguntar si quiero o no estar contigo. Deberías estar feliz ¿no crees? Podrías seguir revolcándote con tus "amiguitas" sin preocuparte de dejarme a mi, tu prometida, en ridículo ante el mundo mágico.
Sebastián sonrió de manera amarga, hasta ahora se daba cuenta de cuanto lastimaba a Amanda. Lo peor era que seguía haciéndolo a pesar de querer corregir sus errores. Pero esperaba que lo que iba a hacer le demostrase que realmente quería estar con ella, no por obligación ni compromiso, sino porque realmente la amaba.
—No haré nada porque tú y yo no romperemos el compromiso —dijo Sebastián con una sonrisa antes de acercarse a Amanda e hincarse en una de sus rodillas frente a ella.
—¿Qué haces? —preguntó la bruja tras la acción del chico.
Sebastián tomó una de las manos de Amanda, la mano donde portaba el anillo de la familia Nott como señal de compromiso con el heredero.
Sin prisa buscó entre sus ropas una cajita cubierta por terciopelo verde. Sonrió tras el jadeo de sorpresa de Amanda. Tomó el anillo y lo deslizó por el dedo anular de la chica.
—¿Qué... qué…
—El anillo que te entregó mi padre simboliza que eres bienvenida a la familia Nott, jura la lealtad entre ambas estirpes y mi compromiso contigo… pero este anillo —dijo acariciando el anillo que acababa de colocarle—, simboliza mi lealtad hacia ti como amigo, como mago, como esposo y como amante.
—Sebastián, no entiendo por qué me das esto —dijo la chica con las mejillas sonrojadas y los ojos llorosos.
A pesar de que la razón era explicita Amanda no quería hacerse ilusiones.
—Te he lastimado, he sido ignorante de tus sentimientos y he escondido los míos. Te he faltado el respeto tocando otra piel, te he fallado como amigo y como tu prometido. Pero Amanda a partir de este día te entrego mi magia, mi cuerpo, mi presente y mi futuro; te entrego todo lo que soy, dispón de mí como quieras.
Amanda sin poder resistirlo más se lanzó a los brazos de Sebastián.
—Si es otro de mis raros sueños no quiero despertar —comentó la chica aferrada al cuerpo de Sebastián.
—No es un sueño, lo prometo.
—¿Qué te hizo hacer esto? ¿Qué te hizo cambiar de opinión?
—Scorpius, siempre es él quien me abre los ojos a puñetazos —dijo con una sonrisa.
—Ese chico —dijo con una sonrisa Amanda—. Espera ¿te golpeó?
—Sí, en toda la nariz. Aunque fueron dos golpes —dijo con orgullo Sebastián—. Por cierto debe de estar por llegar.
Amanda se levantó del suelo y le tendió la mano al mago.
—¿Y eso?
—Ni idea, dijo algo sobre mi regalo.
Lily miró con una ceja alzada a su novio que acababa de entrar a la cocina. Ella estaba de pie tomando una taza con café con a un par de tostadas.
—¿Qué haces aquí a esta hora de la mañana? —preguntó la pelirroja antes de darle un sorbo a su café.
—Si venía más tarde no te encontraba. Entras a las 7 a trabajar ¿no? —inquirió Scorpius.
—Sé que conoces mi horario, pero por lo general nos vemos a la hora del almuerzo, no antes.
—Es que tengo un pequeñísimo favor que pedirte —dijo el rubio acercándose a la cafetera para servirse una taza de café.
—¿Qué quieres? —preguntó Lily con el ceño fruncido.
—Quiero que me acompañes al departamento de Anthony, planeo presentarle a mis amigos y quiero que estés ahí en caso de que algo salga mal.
—¡Eso si que no! —dijo Lily a su novio dejando la taza de café sobre la encimera.
—¿Pero por qué no? —preguntó Scorpius con frustración dejando de lado la taza con café.
—Por que es riesgoso ¿por qué más?
—Pero Lily cualquier cosa que salga mal tú estarás ahí. Tienes mi permiso para borrarles la memoria.
—¿Tú permiso? —preguntó Lily girándose para encarar a Scorpius con los ojos entrecerrados.
—Sí, mi permiso. Son mis amigos después de todo.
—Escucha, Scorpius es peligroso. Anthony no puede interactuar con cuanto mago quieras que lo conozca.
—No es con cuanto mago, mi pequeña insolente, sola será Amanda y Sebastián. Necesito que ellos lo conozcan, son mis mejores amigos necesito contarles esto —al ver que no haría cambiar de parecer a Lily agregó—. Escucha, de todas formas lo hubiese hecho solo que ahora tú entras en la ecuación.
—Ten cuidado con lo que dices —advirtió la aurora.
—No te enojes, Lily. Escucha antes era solo yo cometiendo errores, no tenía a nadie con quien consultar este asunto ahora te tengo a ti. Vamos, se mi cómplice —pidió el rubio tomando las manos de la pelirroja.
—Si he sabido que ser tu novia real implicaría cumplir tus caprichos me fuese negado —se quejó la bruja.
—¿Es eso un sí? —preguntó entusiasmado Scorpius, Lily asintió—. ¡Eres la mejor novia de este mundo! —exclamó el rubio alzando a Lily para dar una vuelta con ella en brazos.
El rubio regresó a Lily a suelo y la besó en los labios. Lily rió en medio del beso, Scorpius era como un niño caprichoso.
—Pero deberás ir sin mí, yo llegaré más tarde. Recuerda que dentro de poco entro a trabajar —dijo la chica mirando a Scorpius con acusación—, no puedo faltar simplemente. Te veré en el almuerzo.
—¡O vamos! Prácticamente eres la jefa, puedes faltar todo lo que quieras.
—No es juego Scorpius, estoy en medio de un caso importante y debo ponerle mucha atención.
—Lo sé, lo sé. El loco que asesina a los magos para hacer piedras bonitas —dijo Scorpius abrazando a su novia.
Lily empujó al rubio y lo miró con sospecha.
—¿Cómo sabes eso? —preguntó con un tono peligrosamente lento.
Scorpius al percatarse de su error quiso lanzarse así mismo la maldición Cruciatus.
—El imbécil que trajiste ayer lo comentó cuando estábamos a solas —mintió el rubio.
—¡Ese imbécil! —dijo enojada Lily.
—Ey, no te ensañes con él. Me preguntó sobre algún joyero oscuro al que haya asistido mi familia.
—¿Cómo quieres que no me ensañe con el cuando te acusó indirectamente? —dijo la chica cruzada de brazos.
"Debo arreglar esto antes de que se me salga de las manos" pensó el rubio con los sentidos de alarma encendidos.
—Escucha —dijo acercándose a Lily para tomarle las manos—. El chico esta prendado de ti, es obvio que lo hizo para molestarme.
Lily suavizó la expresión. Dejó caer su frente en el hombro del rubio.
—De verdad detesto que te molesten por tu apellido.
—Déjalos ser, solo son envidiosos. Ahora, la aurora Modig debe marcharse a su trabajo para atrapar a un loco de las joyas mientras que yo debo marcar la historia presentando a dos herederos sangre pura, con un historial familiar bastante largo odiando a no magos, a un muggle.
Lily soltó una ligera risa y negó.
—Suerte —dijo la pelirroja antes de besar a Scorpius.
El chico asintió cuando se separó de Lily. Sonrió y se apareció en los terrenos de la mansión Zabini. Caminó hasta la casa y esperó a que un elfo lo recibiera.
—Amo señor, la joven ama y el señor Nott lo esperan en el salón del té —dijo un elfo apareciendo a su lado.
Scorpius asintió y sin decir nada más caminó hasta el lugar indicado. Cuando entró en el salón descubrió a sus dos amigos charlando y riendo animadamente. La sonrisa de Amanda era radiante. Scorpius llegó a la conclusión de que todo había ido bien entre el par. Cuando Amanda se percató de su presencia su sonrisa se borró. Se levantó del sillón, preparó su varita y apuntó a Scorpius.
—¡Expulso! —gritó Amanda arrojando al rubio contra una de las paredes—. Eso fue por traicionarme —aclaró Amanda con voz seria antes de acercarse e inclinarse frente a Scorpius quien se reincorporaba adolorido—. Y esto es por traicionarme —agregó la chica antes de besarlo en la frente.
—Eres una bruja insoportable, bipolar y egoísta —se quejó el rubio poniéndose de pie—. No pudiste simplemente decirle que la amabas omitiendo el pequeñísimo detalle de mi traición —se quejó el rubio esta vez a su amigo que lo miraba divertido desde el sillón.
—Si no lo decía mi hermosa y amada prometida no te habría hecho eso —dijo Sebastián con una sonrisa burlona—. Estamos a mano, tú me golpeaste en la nariz después de todo.
—Si, lo hice yo; no tuve la necesidad de decirle a Lily que te hechizase, aunque, pensándolo bien debería hacerlo.
—Ya, ya. No molestes a mi amado prometido —dijo melosa la chica sentándose en las piernas de Sebastián quien la recibió con gusto.
—Sí, sí, sí. Me alegro que se amen y todo eso pero debemos irnos antes de que Anthony sufra de un colapso nervioso —dijo el rubio instando a sus amigos a levantarse.
—¿Anthony? —preguntó Amanda.
—El chico que me ayudó con el regalo de este odioso mago —aclaró Scorpius.
—¡Oye! —se quejó Sebastián.
—Pero antes de ir me gustaría hablar contigo, Scorp. A solas —dijo la chica mirando a Sebastián.
—Entiendo, los esperaré en el recibidor —señaló el moreno antes de salir.
—¿No planeas matarme o sí? —preguntó el rubio con una ceja alzada a Amanda una vez quedaron a solas.
—No, estoy agradecida —dijo Amanda con una sonrisa.
—No tienes por qué agradecerme. Pero ¿de que quieres hablar? Dudo que sacaras a Sebastián solo para agradecerme.
—Nunca se te escapa nada —dijo Amanda con una sonrisa retraída—. Veras, e tenido algunos seños extraños… —comentó.
—¿Otra vez? —preguntó el rubio con expresión seria—. La última vez que tuviste sueños de este tipo fue antes de la muerte de tu hermana y con mi… ¿se trata de eso otra vez?
—Si, lo sé. Por eso me preocupo. Vi la muerte de mi hermana no le preste atención y el resultado fue trágico. Son sobre ti pero… no es ese sueño, es otro —dijo la morena comenzando a caminar por la habitación tratando de mantener la calma.
—¿Cuándo comenzaste a soñar otra vez con el futuro?
Preguntó el rubio preocupado. Desde pequeños Scorpius conocía la habilidad de Amanda, era el único al que la chica le confiaba su secreto, después de todo él fue testigo de como Amanda dictó una profecía. Desde entonces su amiga le contaba los sueños para evitar la angustia de sentir que perdía la cabeza y compartir la preocupación con alguien más. Pero Amanda no era como cualquier vidente, tenía un don único. Era más susceptible a las cosas, a la magia.
—Desde hace varias semanas.
—¿Y hasta ahora me lo dices? —preguntó el rubio deteniendo los pasos de la chica—. ¿Por qué no me dijiste antes?
—Por que eran confusos al principio. Solo eran voces gritando y peleando. La voz de esa molesta reportera de El Profeta diciendo infinidades de anuncios, rostros enojados y gritos de dolor. No había nada definido, Scorp.
—¿Qué ha cambiado ahora? ¿Qué te preocupa?
—Tú —dijo Amanda con los ojos llorosos.
—¿Yo? —preguntó Scorpius, Amanda asintió.
—Sí, ahora veo un cartel de se busca con tu rostro Scorpius. Pero eso es todo —dijo Amanda apretando los puños a sus costados—. ¡Detesto tener este maldito don y no poder ver las cosas claras! —exclamó disgustada consigo misma.
Scorpius abrazó a su amiga.
—No te preocupes, todo esta bien —dijo Scorpius alejando la preocupación por si mismo y centrándose en su amiga.
—No, no lo esta no quiero que nada malo te pase. Tengo que soñar más, tengo que ver… —comenzó a decir Amanda nerviosa.
—Ey, ey —Detuvo Scorpius a Amanda que estaba a un paso de entrar en crisis—. No te preocupes, lo que tenga que pasar, pasará. No te obsesiones con esto, solo te enfermarás. No pretendas querer ver el futuro por tu cuenta si sucederá algo importante lo verás, pero por ahora no.
Amanda asintió y se dejó abrazar unos instantes más por el chico.
—Realmente te amo Scorpius, eres mejor hermano que mi propio hermano —dijo la chica más calmada.
—Y tú la mejor del mundo, ahora andando hay alguien que se muere por conocerlos. Pero prométeme una cosa ¿quieres? —Amanda asintió—. Promete que dejarás de pensar en ello.
—Lo prometo pero si veo algo más, te lo diré.
—Eso espero pero deja de mortificarte por algo que aun no sucede ¿sí? Ahora solo debes enfocarte en poner en cintura a Sebastián.
Amanda sonrió y asintió. Mas calmados salieron del salón del té para alcanzar a Sebastián en el recibidor. Cuando estuvieron listos Scorpius tomó las manos de sus amigos y se apareció en el departamento de Anthony.
La pareja miró el lugar con curiosidad.
—¿Quién vive aquí? —preguntó la chica arrugando la nariz al ver el vomito de colores en las paredes.
—Uno de mis mejores amigos —respondió Scorpius.
—¿Por qué no lo habíamos conocido? —Preguntó Sebastián distraído viendo el extraño cuadro negro que descansaba en uno de los muebles de madera—. ¿Qué es esto? —preguntó curioso acercándose al artefacto.
Scorpius miró lo que Sebastián curioseaba y con una sonrisita tomó el control remoto y lo encendió. El mago cayó sentado en el suelo por la impresión.
—¡Santos magos! ¿Qué es esto? —preguntó viendo las imágenes de la pantalla.
—Es una televisión —dijo Anthony desde el pasillo, el castaño se acercó a Scorpius y miró a los extraños con cautela—. ¿Son ellos?
—Sí —dijo Scorpius volviendo a apagar el televisor—. Ella es Amanda Zabini —presentó el rubio guiando a Anthony hasta ella.
La chica miró al muggle con una sonrisa. Anthony era un poco mas bajo que ella. La chica le tendió la mano y observó con interés los tatuajes del chico.
—Anthony Planck —contestó el chico apretando suavemente la mano de Amanda.
—Él es Sebastián Nott —dijo Scorpius presentando esta vez a su amigo moreno.
Sebastián se acercó a Anthony quien se amedrentó por su presencia.
—A… Anthony —respondió el chico tomando la mano de Sebastián de manera temblorosa.
—¿Eres extranjero? —preguntó Sebastián—. Nunca te vi en Hogwarts ¿fuiste al Instituto Durmstrang o a la academia Beauxbatons?
—Siempre e vivido aquí en Londres —respondió bajito el castaño.
—¿Entones por qué… —intentó preguntar Sebastián.
—Él es un muggle —dijo de bocajarro Scorpius—. Y por la cara de Amanda, ya lo sabía.
Amanda sonrió radiante y le guiñó un ojo a su mejor amigo.
—¡Scorp! ¡Dijiste que se lo dirías sutilmente! —riñó Anthony.
Sebastián se acercó al sofá y se sentó en él incrédulo.
—Un muggle —dijo el moreno en un susurro.
Amanda se acercó a Anthony y lo observó detenidamente con expresión seria. Tomó su cara con un poco de brusquedad y lo observó en diferentes ángulos; lo liberó y lo rodeó para observarlo. Anthony se sonrojó por el escudriñamiento.
—Dis… disculpa, podrías dejar… de… de verme así —pidió el chico.
Amanda regresó a su posición inicial y sin previo aviso lo abrazó colocando la cara de Anthony en sus pechos.
—¡Pero que adorable! ¿¡Sebas, podemos quedárnoslo!? ¡Quiero uno!
Anthony empujó a la chica y la miró horrorizado. Amanda intentó acercarse nuevamente pero Anthony corrió y se ocultó tras Scorpius.
—Esa chica da miedo —dijo Anthony mirando con horror a la bruja.
—No sería Amanda si no diera miedo. Tranquilo, a pesar de ser Zabini también es un Parkinson; mi padre me decía que su madre se le pegaba como lapa.
—¡Oye! ¡No te metas con mi madre y su sueño frustrado de ser una Malfoy! —dijo dramáticamente la morena.
—Un muggle —volvió a susurrar Sebastián.
—Si un muggle, supéralo —dijo Amanda, la chica se sentó junto a Sebastián y le dio un par de palmaditas en la espalda—. Es Scorpius con quien tratamos ¿realmente te sorprende que salga con esto?
—¡Claro que no me sorprende! Si me sorprendiera sería porque no lo conozco pero lo que me preocupa son las consecuencias de que él muy abiertamente le haya hablado de nuestro mundo —dijo Sebastián levantándose de su asiento—. ¡Saben las jodidas leyes que hay en el mundo mágico! No hablar sobre el secreto es una de ellas —señaló—. ¡Merlín, yo no debería enterarme de esto! —murmuró para sí.
—Lo sé —dijo Scorpius tomando asiento en uno de los sillones.
Anthony observó a los magos discutir permaneciendo de pie junto al rubio.
—¿Lo sabes? —cuestionó Sebastián—. Tus acciones demuestran lo contrario, Scorp.
—No seas quejica, Sebastián —riñó Amanda—. Esto debe tener una historia muy interesante, siéntate y escuchemos a Scorpius —ordenó Amanda.
—¿Cómo me pides que…
—Siéntate —ordenó con mayor ímpetu la morena.
Sebastián miró fijamente a su novia y al ver que era una batalla perdida no se molesto en seguir discutiendo. Resignado se sentó junto a la chica de brazos cruzados.
—Puedo suponer que de los tres ella es la que manda ¿no? —preguntó Anthony al rubio.
—Supones bien —dijo Amanda con una sonrisa—. ¿Desde cuando se conocen?
—Desde hace un par de años —respondió el rubio—. Anthony, siéntate ellos no te comerán —indicó el rubio a su amigo muggle.
—A menos que me provoques —dijo Amanda con una sonrisa de lado.
Anthony entornó los ojos al escuchar el comentario de la chica pero aun así se sentó en el otro sillón disponible.
—¿Dónde esta mi regalo? —preguntó Sebastián sin mirar a nadie en especifico resignado a la situación.
—Hay que ver que eres un interesado —dijo Scorpius—. ¿Puedes buscarlo? —preguntó a Anthony.
El menor se levantó de su asiento y se perdió en el pasillo. A los pocos minutos regresó con el cuadro en la mano. Sebastián cuestionó al chico con una ceja alzada. Amanda lo miró expectante. Anthony con timidez giró el cuadro y le mostró al par la pintura. Amanda la observó maravillada, sin poder evitarlo se levantó de sillón para acercarse al cuadro y poder deslizar los dedos por la superficie.
—¿Lo hiciste tú? —preguntó Amanda, Anthony asintió—. Es… es increíble.
Sebastián sonrió desde su asiento.
—¿Era un regalo para mi o para Amanda? —preguntó el moreno a Scorpius.
—¿Acaso importa? —preguntó el rubio con una ceja alzada viendo como el moreno miraba más las reacciones de Amanda que a la pintura en sí.
—No, no importa.
—¿De donde sacaste la idea? —preguntó la chica.
—Bueno, Scorp me dijo que Sebastián se iba a casar y pensé que no abría mejor regalo que algo que le recordase a la mujer que ama —dijo el chico—. Scorp me mostró varias fotos de ustedes, pensé que eras, tú eras… eres una musa.
Amanda sonrió ampliamente sintiendo su ego crecer.
—Me gusta el chico, en definitiva lo conservaré —dijo Amanda a Scorpius.
—¿Qué significa eso? —preguntó Anthony palideciendo.
Sebastián chasqueó la lengua.
—Para que no te confundas imagina que eres un lindo cachorro y ella una caprichosa niña que quiere conservarte —explicó Sebastián.
—¿Debo asustarme? —preguntó el castaño al rubio.
—No te preocupes, significa que le agradas —respondió el rubio.
—¿Pueden dejar de hablar como si no estuviese aquí? —pidió Amanda con el ceño fruncido.
A medida que la plática fluía Anthony se fue relajando hasta que pudo reír y platicar con soltura. Scorpius miraba a sus amigos magos platicar relajados con Anthony y se sintió satisfecho. Solo faltaba que Lily llegase y su día sería perfecto.
Lily estaba en una nueva escena del crimen, en esta ocasión se trataba de la familia Stewart. Almagor Stewart, patriarca de la familia, era un auror importante en la división del departamento de investigación. Que uno de los integrantes fuera miembro del Departamento de Seguridad Mágica complicaba aun más el caso, especialmente con la nueva evidencia. Este caso era peor que los anteriores porque las victimas fueron torturadas antes de que drenasen su magia.
Abigail Stewart la esposa de Almagor fue quien recibió la peor tortura, fue torturada a base de Cruciatus, además tenía golpes y laceraciones en el cuerpo. Eadda, la hija mayor, fue golpeada; Irisa, la menor, fue la única que no sufrió daño físico. Lily atribuía que aquello se debía a que Irisa tan solo tenía cinco años, tal vez quien hubiese cometido tal barbaridad tuvo compasión por la menor. Almagor fue el ultimo en morir, fue testigo de la tortura de su familia. Shamir Stewart, el segundo hijo, no estaba en la casa. Según los vecinos de la familia, Shamir estaba de viaje lo cual explicaría la ausencia del chico.
—Aurora Modig —llamó Liana Skeeter.
Lily ignoró a la bruja y siguió dando órdenes a sus subordinados.
—Intenten localizar al hijo de Almagor, posiblemente este en peligro —ordenó Lily a Athens—. ¿Dónde esta…
—¿Han tenido alguna pista? El mundo se pregunta cuando atraparán a ese asesino ¿el ministerio dará algún toque de queda para minimizar los riesgos a las familias del mundo mágico? ¿Acaso la negligencia recae en usted? ¿Esta sobre valorado su trabajo solo por ser la hija del jefe de departamento, Konge, mejor conocido como Harry Potter el salvador del mundo mágico? —bombardeó la reportera de El Profeta a la pelirroja.
Lily se giró y encaró a la rubia con una expresión de pocos amigos.
—Si no le importa, tengo trabajo que hacer —dijo entre dientes Lily conteniendo las ganas de sacar la varita y ahuyentar a los reporteros a punta de hechizos.
—Pero aurora Modig, el mundo merece conocer la verdad. ¿O acaso su incompetencia como líder de este escuadrón es tan obvia que no merece explicación? ¿No teme decepcionar a su padre? —preguntó la rubia con falsa preocupación.
Lily contó hasta diez, sabía que Liana solo buscaba sacarla de sus casillas.
—Liana, mi escuadrón esta trabajando duro para encontrar las respuestas necesarias para detener al culpable de los asesinatos. No puedo responder a la mayoría de tus preguntas porque sería revelar información confidencial. Y por ultimo no necesito la aprobación de nadie ni mucho menos me preocupa decepcionar a mi padre porque lo único que me interesa es darles paz a aquellos magos que han caído a manos del culpable y encontrar a las personas desaparecidas —dijo Lily con dureza.
Liana sonrió enormemente miró la pluma que escribía con violencia en una libreta que flotaba junto a ella.
—Gracias por sus palabras, aurora Modig —dijo Liana con un brillo malicioso en su mirada.
Lily se arrepentiría más tarde de sus acciones. Asintió y regresó al interior de la casa. Sin mirar a nadie se dirigió al cuarto de la menor de los Stewart y sintió su corazón apretarse cuando vio a los aurores estudiar la escena. La niña estaba acostada en su cama, parecía dormida. Si no estuviese en la situación en la que estaba juraría que en cualquier momento la niña despertaría por el ruido que hacían sus compañeros. Se acercó, rodeó la cama y observó su rostro, estaba pasivo. La niña abrazaba un peluche de unicornio.
—No sufrió —dijo una mujer a su lado—. Quien sea que lo hizo se encargó de que ella estuviera en calma.
—¿Dónde esta el resto de la familia? —preguntó Lily.
—En el sótano —respondió la misma aurora.
—¿Han encontrado alguna pista aparte de los cuerpos? —preguntó Lily saliendo del cuarto de la niña junto a la misma aurora castaña.
La aurora iba a responder cuando Jack llegó apresurado junto a ellas.
—Aurora Modig, tiene que ver esto —pidió Jack con prisa.
Lily siguió al auror por el pasillo del piso superior.
—¿Dónde vamos? —preguntó la pelirroja.
—Al cuarto de Shamir —respondió Jack—. Esto es totalmente diferente.
—¿Qué tan diferente?
Jack no respondió solo abrió la puerta de la habitación de Shamir. Lily observó atónita la habitación del chico. Estaba desordenada, alguien había entrado y había destrozado todo pero eso no era lo más impactante; las paredes estaban manchadas de sangre y en una de ellas estaba escrito:
"Lo hijos del olvido no dejarán de lado los pecados del Ministerio.
No dejaremos de lado lo que nos han hecho".
—Analicen la sangre en la pared y averigüen a quién pertenece. Registren la habitación en caso de que hayan dejado alguna huella u otra pista relevante. Tendremos que reunirnos con los altos mando, no se trata de un asesino en serie como sospechábamos, al parecer tratamos con una especia de hermandad —habló Lily con voz seria.
Un equipo de aurores entró a la habitación y con velocidad comenzaron a trabajar. Lily salió de la habitación; dio un par de ordenes más antes de marcharse a al departamento de Anthony, solo se aseguraría de que todo estaba bien antes de regresar al trabajo después de todo le había asegurado a Scorpius que lo alcanzaría más tarde.
Apareció en la sala del departamento del muggle. Scorpius se asomó por la puerta de la cocina al escuchar el sonido de la aparición.
—Ya te estaba extrañando, Anthony esta… —Scorpius se cortó al ver la expresión del rostro de Lily—. ¿Qué ha sucedido? ¿Tu familia esta bien? ¿Tú estas bien?
—Si, pero esta mañana han reportado un nuevo asesinato. Este es peor que todos los anteriores —dijo Lily.
Scorpius se apresuró a llegar junto a Lily y abrazarla.
—¿Tan grave a sido?
—Esta vez fue la familia de un colega, todo el departamento esta tenso. No solo eso, también he descubierto que no trato con un maldito asesino sino que trato con un grupo de locos que se hacen llamar Los Hijos del Olvido —dijo frustrada Lily dejándose abrazar por Scorpius.
—Que nombre tan melodramático —dijo el rubio comenzado a acariciar el largo cabello de su novia.
—Scorpius, esto es serio.
—No cargues con esto tu sola, recuerda que tienes un equipo capacitado para trabajar. Y si quieres incluso yo podría decirle a mi padre que te de una mano, después de todo hubo un tiempo en el que trabajó con el Departamento de Investigación.
Lily sonrió agradecida y asintió.
—Gracias, Scorpius eres lo máximo. Dejando eso de lado, ¿dónde están los demás? solo he venido a ver como va todo, debo regresar al trabajo.
—Están en el estudio de Anthony. Vamos, los saludas, te tomas una taza de té y regresas a tu papel de aurora. Esta noche es la fiesta de Sebastián y lamento decirte que no podemos faltar por cuestiones de etiqueta y amistad pero solo iremos a saludar y a dar una vuelta por el salón para que nos vean. Luego nos marchamos a la mansión Malfoy y dejarás que te consienta un rato ¿te parece? —propuso el rubio.
Lily asintió agradecida antes de tirar de su cuello para besarlo. El rubio atrajo aun mas a Lily para profundizar el beso pero un carraspeo los hizo separarse de golpe.
—¿Ella también lo sabe? —inquirió Sebastián con una ceja alzada—. Eso explica porque estás tan relajado con el hecho de que has quebrantado algunas leyes.
—No comiences —dijo el rubio rodando los ojos.
La pareja se separó.
—Hola, Sebastián —saludo la pelirroja desganada.
—¿Qué cuentas, roja? ¿Día difícil? —preguntó el moreno.
—Ni te imaginas.
Escucharon como Anthony y Amanda se acercaban por el pasillo. Los tres decidieron sentarse en la sala. Scorpius se sentó en el sofá con Lily quien apoyo su cabeza en su hombro. Sebastián se sentó en el sillón. Amanda llegó y saludó emocionada a Lily, tomó asiento en el otro sillón disponible y Anthony después de saludar a la recién llegada se sentó junto a ella en el sofá.
Comenzaron a hablar de algunas complejidades del mundo mágico al principio Amanda participaba emocionada en la conversación pero a medida que avanzaba la charla su participación se fue reduciendo hasta que guardó completamente silencio. La chica comenzó a sobarse las sienes. Un ardor nació en su pecho y fue subiendo por su esófago, la sensación le era conocida y tenía miedo de lo que pudiese significar.
—¿Estas bien? —preguntó Sebastián a su prometida preocupada por su palidez.
—Sí, solo me siento un poco mareada y mi garganta se siente seca.
Anthony se iba a levantar para buscarle un vaso con agua pero Amanda jadeó sorpresivamente dejándolo estático en su sitio. Sebastián se levantó con prisa del sillón y se arrodilló frente a la chica, tomó sus manos y la miró preocupado. Amanda levantó el rostro y miró a Scorpius suplicante. El rubio se alarmó conocía esa expresión, jamás podría olvidar esos gestos. Un jadeo doloroso escapó de los labios de Zabini. Con voz de ultratumba comenzó a decir:
"El amor los creó, la verdad los iluminó, el rencor los formó y el olvido los hizo nacer.
Nuevos magos tenebrosos se levantarán y el miedo al mundo mágico azotará.
El enemigo será más visible de lo que creéis solo debéis ser más listos que él y así lo podréis ver.
Aquello sujeto por cadenas, en la habitación que siempre cambia, deberéis revisar si vuestra investigación queréis avanzar.
El héroe será engañado y en una trampa caerá.
En una batalla el enemigo se disfrazará y al rey con un largo sueño vencerá.
La princesa de sangre dorada y cabello de fuego sufrirá si la verdad se niega a escuchar.
Una encrucijada al mago con la sangre más pura hará dudar, si escoge mal podrá ganar pero lo más importante perderá.
Pero una pista tendréis si queréis escoger bien: Aquel que ama un mundo ajeno todo deberá olvidar si vuestra luz no queréis perder y al enemigo pretendéis vencer".
Cuando Amanda terminó de hablar comenzó a hiperventilar. Se aferró a Sebastián que la miraba boquiabierto. Lily estaba pálida y Anthony miraba a la bruja asustado.
—Scorp… Scorp… dime… dime que no lo he hecho otra vez… Scorp, dime que no lo he hecho —dijo entre sollozos Amanda.
—Amanda, has… has dicho una profecía —dijo Scorpius con suavidad levantándose para acercarse a su amiga.
—¡No! ¡No! —lloró Amanda.
Scorpius con suavidad alejó a un confundido Sebastián. Amanda se aferró a Scorpius cuando tuvo oportunidad.
—Tranquila, no es tu culpa —consoló el rubio sintiendo como sus manos temblaban. Era la segunda vez que escuchaba una profecía de Amanda.
La primera vez que escuchó a Amanda decir una profecía terminó tan asustado como ella. Aun recordaba las frías palabras que había dicho la bruja.
—A… Amanda, cálmate —pidió el rubio.
—¡¿Cómo quieres que me calme?! He dicho otra maldita profecía frente a una aurora. Ahora sí me encerrarán y no podrás evitarlo. Scorpius tienes que…
—Desmaius —dijo Lily apuntando con su varita a Amanda.
Scorpius acomodó a Amanda en el sillón y miró disgustado a Lily.
—¿Por qué has hecho eso? —preguntó el rubio en un siseo bajo.
Sebastián se acercó a su prometida y con la meno temblorosa removió el cabello de su cara.
—Debe calmarse —dijo Lily aun un poco pálida—. Esto es grave, el ministerio…
—¿La delatarás? —siseó Scorpius.
Lily miró al rubio sorprendida.
—¡Claro que no! —exclamó Lily indignada.
El rubio relajó su expresión.
—Lo siento —dijo Scorpius con voz apenada, Lily negó.
—Creo que lo mejor sería que acostásemos Amanda en mi cuarto… o… el, el de Scorpius —dijo con la voz temblorosa el muggle.
—Sería una gran idea —apoyó Sebastián—. Yo la llevaré.
El mago tomó entre sus brazos a su novia.
—¿Por qué no usas un hechizo? —preguntó Anthony comenzando a guiar al mago.
—Es más seguro de esta manera, además, no quiero separarme de ella —confesó Sebastián.
Anthony asintió. Llegó frente a la puerta de su cuarto y la abrió para el chico. Sebastián entró y se acercó a la cama; con suma delicadeza depositó el cuerpo inconsciente de su novia. Anthony se acercó a su armario y tomó las cobijas, detestaba dejarlas sobre la cama. Se las ofreció al moreno y este con un asentimiento las aceptó para arropar a Amanda después de quitarle los zapatos.
—¿Qué piensas sobre lo que has visto? —preguntó Sebastián.
Anthony miró al chico y luego recorrió con la mirada los cuadros que había en su habitación. Estaba sorprendido pero había visitado tantas veces al mundo mágico que ahora sabía que cualquier cosa era posible.
—Debo admitir que me sorprendí y asuste a la vez, pero ahora que la veo así estoy preocupado —admitió el no mago.
—¿Por qué estas preocupado?
Anthony se alejó del moreno y se acercó a la pequeña ventana que estaba en su cuarto. Llevó la mano al cuello y tocó ligeramente la piedra que se escondía bajo su ropa.
—Scorpius me ha explicado ciertas leyes de su mundo y comprendo los riesgos que acarreen hablar conmigo pero… la reacción de Amanda fue… bueno, da mucho que pensar ¿Por qué teme decir una profecía?
—Es complicado, sinceramente no sabía que ella tenía este don. Dios esto me pone en una situación muy difícil…
Se sumergieron en un silencio incómodo. Pero estaban tan distraídos con sus propios pensamientos que no tenían tiempo para sentirlo. Anthony repasaba en su mente una y otra vez las palabras de Amanda, estaba asustado. Primero había sido la nota anónima, luego el cuarto extraño al que fue con Scorpius, la piedra que el usaba para pasar las barreras del mundo mágico y ahora una profecía. Las cosas comenzaron a complicarse desde que Scorpius había conocido a Lily.
—¿Te importaría dejarme a solas con ella? Quiero despertarla y hablar antes con ella para calmarla —pidió Sebastián sin expresión.
Anthony asintió estaba acostumbrado a los cambios de humor del rubio y al afán de no mostrar lo que realmente sentía, por lo que no le sorprendía ver que Sebastián era similar. Sin decir nada abandonó su habitación.
Sebastián miró a su prometida y cuando escuchó la puerta cerrarse se sentó junto a ella. Con delicadeza acomodó el mechón rebelde que cubría su cara tras la oreja. Buscó la varita entre sus ropas y apuntó a Amanda.
—Rennervate —susurró Sebastián.
Amanda abrió los ojos lentamente. Los recuerdos llegaron de golpe y se sentó de repente.
—¿Dónde estoy? —preguntó asustada al no reconocer la habitación.
—Shhh, tranquila. Estoy aquí —susurró el moreno apresurándose a abrazar a la chica.
—Lo siento, lo siento mucho —dijo entre sollozos la bruja—. Entenderé que quieras dejarme.
Sebastián se separó de Amanda y la miró con el ceño fruncido.
—¿Por qué querría separarme de ti? ¿Por qué eres vidente? Que parte de mi vida es tuya y has de mi lo que quiera y todas esas cursilerías que dije en la mañana no entendiste.
—Pero…
—Sin peros, Amanda. Eres perfecta, vidente o no, lo eres. Ahora, debes calmarte y regresar a ser la misma cotilla, entusiasta y perfeccionista bruja que sueles ser.
Amanda dejó escapar una ligera risa.
—Por un momento pensé que me dejarías —dijo Amanda más relajada dejándose abrazar por el chico.
—Deberás esforzarte más que eso para que yo te deje —dijo con fastidio el mago—. Ahora debemos regresar a la sala con los demás. Pero esta noche cuando termine la fiesta me explicarás por que no me dijiste nada de esto.
Amanda asintió. Rompieron el abrazó y la chica con ayuda de Sebastián se arregló un poco para salir nuevamente a la sala. Lily estaba caminando de un lado a otro por el lugar y Scorpius estaba en el sofá con cara de estreñido. En ese momento Anthony salió de la cocina con una bandeja llena de tazas con té.
—¿Ya estás mejor? —Preguntó Anthony a Amanda, la chica asintió—. Mira, este té de la esquina es para ti, es la receta de mi madre, es bueno para los nervios.
Amanda sonrió y tomó la taza agradecida. Se acercó a uno de los sillones para tomar asiento. Sebastián tomó un té y se sentó en el otro sillón. Lily llegó juntó al rubio y se sentó en el sofá. Anthony decidió sentarse en el suelo frente a la mesa del centro de una manera que podía ver a todos a la cara.
—¿Qué vamos a hacer? —preguntó Scorpius.
—Es necesario que el ministerio reciba la profecía —dijo Lily.
Amanda miró alterada a la aurora. Lily alzó las manos en son de paz.
—¿Estas insinuando que entregarás a mi prometida? —preguntó Sebastián disgustado.
—Escúchenla antes de alterarse —advirtió Scorpius.
—Dije que es necesario que el ministerio reciba la profecía más no que tú debas ser entregada. No pienso entregarte al ministerio. Se perfectamente lo abusivo que son los inefables con los videntes.
—¿Entonces por que quieres que sepan la profecía? —preguntó curioso Anthony.
—Creo que la profecía tiene que ver con el caso en el que trabajo y que yo sepa ciertas cosas que otros no sería sospechoso, además, hay datos de la profecía que deben ser investigados —aclaró Lily.
—¿Cómo piensan entregar la profecía? —preguntó Amanda comprendiendo mejor a Lily.
—No lo sé, yo no puedo llevarla porque sería extraño que lleve la profecía. Me preguntarán como la conseguí y por más que sea hija de Harry Potter no me salvaré de un interrogatorio —aclaró Lily—. Scorpius tampoco podría porque pensarían que los Malfoy solo están anunciando a otro mago oscuro o algo así.
—Espera un momento —dijo Amanda—. Dijiste que tú no puedes llevarla al ministerio pero ¿qué hay de tu padre? —preguntó.
Lily medito por unos momentos y a la final asintió.
—Nadie dudaría de él —aceptó Lily.
—¿Pero como piensas entregársela? ¿No sería lo mismo si tú se la dieses a él? ¿No querría saber como la conseguiste? —señaló Sebastián a la pelirroja.
—Tienes razón debemos pensar mejor como entregársela. Podría rastrearnos si dejamos nuestra esencia mágica en ella —agregó Scorpius.
—¿Y si se la entrego yo? —preguntó Anthony.
Los magos miraron a Anthony sorprendidos.
—¿Qué tú se la entregues? —inquirió Sebastián con una ceja alzada.
—Sería bastante difícil —concedió Amanda.
—No, si lo piensas bien es adecuado. El no tiene magia para rastrear —señaló Lily.
—Sí, pero ¿cómo se aparecerá frente al grandioso Harry Potter? —preguntó Sebastián con ironía.
Anthony intercambió una mirada con el rubio quien no había dado su opinión sobre la idea. Ambos sabían que él era perfecto para la tarea pero debía proponer un plan sin que se enterasen sobre el collar.
—¿Lily, tienes acceso a la casa de tus padres? —preguntó Scorpius con mirada seria.
—Obvio que la tengo —respondió con el ceño fruncido.
—¿Tienes algún trasladador que te lleve ahí? —preguntó esta vez Scorpius.
Lily en vez de responder con palabras se quitó el medallón que siempre llevaba consigo. Se lo ofreció al rubio. Scorpius miró el medallón y asintió.
—¿Crees poder programarlo para que funcione a cierta hora?
—¿Qué planeas, Scorpius? —preguntó Amanda con una sonrisa de lado, conocía a su amigo lo suficiente para ver la mirada traviesa que mostraba.
—Ya se que haremos para que Anthony deje el mensaje a los Potter sin que lo atrapen —fue la simple respuesta que dio el rubio.
Todos escucharon con atención. El plan del rubio y a medida que hablaban, Anthony se iba sintiendo más y más nervioso. Amanda miró a Lily y a su amigo, sonrió y se sintió feliz. Scorpius había encontrado a una mujer que lo apoyaba y no dudaba en ser su confidente. Se sentía alegre por su amigo.
El recuerdo de su primera previsión llegó de golpe a su mente.
—Scorpius… —llamó la chica pálida.
—¿Qué sucede? —preguntó el rubio mirando extrañado a su amiga.
—¿Recuerdas la primera profecía que dije? —preguntó la bruja morena.
—Si —dijo el rubio con suavidad.
Ambos intercambiaron una mirada. Scorpius y Amanda tenían una conversación con solo mirase. Todos miraban extrañados al par.
—Creo que esa también debería ser estudiada en el departamento de misterios —habló al final la chica.
—¿A qué te refieres? —preguntó esta vez Sebastián sin entender.
—¿Crees que se relacionen ambas profecías? —preguntó Lily sorprendida.
Amanda asintió.
—Yo no recuerdo muy bien que es lo que dice, pero Scorpius sí.
Todos miraron al rubio expectantes.
—Bueno sí, la recuerdo.
—Que esperas, ¡dila! —se apresuró a ordenar Anthony interesado por escucharla.
"Un héroe con la sangre más pura ha surgido.
Una aventura emprenderá.
Dos amigos lo cubrirán, y uno lo acompañará.
El amor conocerá y por culpa del enemigo lo perderá.
Una guerra peleará y más de un enemigo tendrá.
Buenos y malos lo odiarán pero cuando menos lo espere aliados encontrará.
La oscuridad derrotará y al mundo conseguirá cambiar".
El silenció que siguió después de que el rubio dijese aquellas apalabras fue aplastantes. Todos se miraron preocupados. Todo estaba tomando un giro demasiado inesperado. Lily liberó un pesado suspiro pensando en que tal vez regresaría más tarde de lo esperado al trabajo.
