Scorpius salió del Ministerio al mundo muggle y buscó un callejón para aparecerse en la sala del departamento de Anthony. Buscó al chico y al no encontrarlo maldijo por lo bajo. Rebuscó su teléfono entre sus ropas y marcó el número del chico.
—¿Qué pasa? —susurró el chico.
—¿¡Dónde estás!?
—Doy una clase, estúpido. Cuando termine te llamaré —contestó el castaño antes de colgar.
Scorpius intentó llamar nuevamente pero el aparato lo enviaba directamente a buzón de voz. Maldijo por lo bajo nuevamente al comprender que Anthony había apagado el teléfono. Liberó el aire que retenía, frustrado no lograría nada. Lo mejor sería regresar a la mansión y encargarse de sus propios asuntos, ya más tarde regresaría para hablar con Anthony. Se apareció en el recibidor de la mansión y a los pocos minutos Amanda salió de la chimenea.
—¿Algún problema? —preguntó Scorpius al ver la mueca preocupada de la chica.
—He soñado algo más —dijo bajo la chica.
—Vamos a mi despacho —dijo el rubio invitando a su amiga a seguirlo.
Caminaron por los pasillos de la mansión en silencio. Cuando llegaron al despacho del rubio, Scorpius se aseguró de poner hechizos de protección no quería que alguno de sus padres se enterasen de lo que sucedía para no preocuparlos.
—¿Quieres tomar algo? —preguntó Scorpius.
—Un café estaría bien, y algunas galletas —dijo Amanda con una sonrisa tensa.
—Timoti —llamó Scorpius.
Un elfo con rasgos infantiles apareció con un sonoro pop. La criatura hizo una reverencia a Scorpius y al ver a Amanda se acercó con prisa a su amo y miró a la bruja con algo de temor.
—¿El amo llamó a Timoti? —preguntó el elfo con voz temblorosa.
—Así es, trae dos tazas con café y una bandeja con galletas —ordenó el rubio.
—Como ordené el amo —dijo el elfo antes de desaparecer.
—¿Elfo nuevo? —preguntó Amanda con una sonrisa, Scorpius asintió—. Se ve que no tiene experiencia.
—Pero me gané su lealtad —dijo Scorpius restando importancia—. Ahora al asunto principal ¿Qué has soñado?
—Con una niña —respondió Amanda.
—¿Una niña? ¿Qué tiene que ver una niña con todo lo que está pasando?
—No lo sé pero, estoy preocupada —admitió Amanda.
—¿Por qué?
—Scorpius, lo que soñé fue horrible —dijo Amanda comenzando a perder el color de las mejillas.
—Amanda, dime qué soñaste exactamente —pidió el rubio alarmado.
Amanda liberó un suspiro. Miró nerviosa a su alrededor.
—Estaba en una habitación, era… el cuarto de una niña —comenzó a explicar Amanda—. Al principio no entendía lo que pasaba. Iba a salir de la habitación cuando vi a una pequeña entrar al cuarto con un vaso lleno de agua. Ella no notó que estaba ahí.
»Se metió en su cama, bebió del vaso y cuando terminó lo colocó en la mesita que estaba a un lado. Se acomodó y se quedó dormida. No sé cuánto tiempo pasó pero para mí fue todo muy rápido. La puerta se abrió con un tétrico chillido y un… un chico entró a la habitación, en silencio se acercó a la cama sacó la varita de su túnica y apuntó a la niña, su mano temblaba; dudaba; sabía cuáles eran sus intenciones pero por más que trate de moverme para hacer algo no pude. Por suerte, las dudas le ganaron al chico y comenzó a llorar.
»Él decía entre sollozos "no puedo, es… es mi hermanita, no puedo". Se limpió las lágrimas y se acercó a ella, comenzó a sacudirla casi con desesperación para que despertara.
»Ella se removió y cuando despertó lo miró moleta "¿Qué quieres Roger? ¡Estaba durmiendo!". Él la abrazó, luego se separó de ella y la miró a la cara "debemos irnos" dijo asustado. "Estas loco, Roger es muy tarde". Él gimió desesperado "Mira enana, debo sacarte de aquí cuanto antes. Ahora se buena niña y sígueme".
»Sin esperar a que la niña contestase la tomó en brazos y se acercó con prisa a la puerta. Esta vez pude moverme para seguirlos. El chico caminó con prisa por los pasillos hasta llegar al inicio de las escaleras. Bajó con cuidado y cuando llegó a la sala, la niña, ella… ella le preguntó "Roger, por qué mamá y papá están así. Roger ¿qué está pasando?". Sentí el temor de la niña como propio. Miré la escena y comprendí el temor. Los padres tenían una mueca terrible en sus rostros y no se movían.
»En la pared del fondo había un mensaje en sangre, decía "Los hijos del olvido castigaremos a aquellos que nos han negado". Él intentó calmarla pero la niña comenzaba a derramar lágrimas. Un sonido proveniente de afuera los alertó. Roger le indicó que hiciera silencio. Se acercó a un armario que estaba cerca de la cocina y metió a la niña dentro. Le colocó un extraño collar y le dijo "Esto te protegerá. Esto, no permitirá que te lastimen y si alguien lo ve no digas que yo te lo di. Pero Emily, no importa lo que escuches o lo que veas no hagas ruido y por nada del mundo salgas de aquí. Aunque no me veas quiero que sepas que y-yo te protegeré siempre".
»El chico la dejó en el armario, yo me quedé junto a ella por más que intenté salir de aquel lugar no pude. Me resigné y aguardé en silencio.
»Esperé que algo sucediese pero nada pasaba. La niña estaba temblando y yo no podía hacer nada para consolarla. "¿Has terminado el trabajo?" preguntaron cuando menos lo esperaba. La voz que habló era imponente y siniestra, pero delicada y suave. El chico apenas pudo responder "Sí, Her… hermano pero… pero mi, mi hermana no está aquí". La niña se removió y consiguió que algunas cosas cayesen. El intruso preguntó "¿Qué fue eso?". El chico se apresuró a responder "Emily tiene un… un gato seguro fue él"…
Amanda miró alarmada a Scorpius. Sus manos temblaban y sus ojos estaban llorosos.
—¿Qué más sucedió? —preguntó Scorpius tragando grueso.
—No lo sé, en ese momento desperté sobresaltada. Yo… yo no sé qué sucedió, no sé si descubrieron a la niña. No sé nada, Scorpius, no sé nada.
El elfo se apareció sobresaltando a los magos. Dejó las tazas con café y las galletas. Con una reverencia volvió a desaparecer.
—Creo que ese fue el llamado que recibió Lily esta mañana —dijo Scorpius.
—¿Llamado?
—Esta mañana fui a ver a Lily a su trabajo y antes de irme le avisaron que había otro llamado pero en el valle de Godric —respondió el rubio mirando pensativo a la chica.
—¿Crees que esté relacionado con mi sueño? —preguntó Amanda.
—Creo que lo que soñaste fue exactamente lo que sucedió —aclaró Scorpius—. Estoy preocupado, Amanda. Justamente ayer en la noche Anthony estuvo en el valle, tengo que preguntarle si notó algo extraño mientras estuvo en el valle.
—Creo que sería mejor que dejases a Anthony fuera de esto —aconsejó la bruja.
—Sí Anthony vio algo debe decirle a Lily.
—Sí pero piensa, Scorp. Si el chico vio algo relevante ¿cómo podría explicar Lily que conoce ese dato? Tendría que revelar que Anthony estuvo ahí y ello conllevaría a revelar qué él fue quien dejó las profecías y por consecuente revelar que yo soy una maldita vidente.
—Disculpa, me precipité un poco. Pero si Anthony tiene algún dato pertinente sobre esto Lily debe saberlo solo que hay que buscar la forma de que ella no nos delate.
—Scorpius, si sabes algo de este caso necesito que me lo digas —pidió la chica.
—¿Por qué quieres saber sobre los casos?
—Necesito saber que la niña está bien, no soporto la idea de haber estado ahí y no haber hecho algo para ayudarla.
—Amanda, tú no estuviste ahí —consoló Scorpius.
—Mi cuerpo no, pero mi espíritu sí.
Scorpius no contradijo a la chica, ya estaba suficientemente perturbada y contradecirla solo la empeoraría. Tomó su taza con café y se perdió en sus pensamientos pero se percató de algo.
—Dime Amanda, ¿le dirás a Lily sobre este sueño? —preguntó el rubio.
—No creo que sea conveniente que Lily sepa que sueño con esta clase de cosas. No quiero arriesgarme que por esa razón la chica me lleve al ministerio para trabajar con los inefables.
—No creo que Lily haga eso pero es tu decisión —concedió Scorpius.
Amanda miró fijamente a su amigo, apretó los labios en una fina línea y se planteó preguntar o no lo que quería saber. Scorpius al ver su indecisión se recostó contra el respaldar de su asiento
—Anda, dilo —habló el rubio mirando fijamente a la bruja.
Amanda miró fijamente a Scorpius.
—Tu magia…
—Lo sé, la siento…
—Si no lo aceptas y ella sigue… perderás el control y…
—Estoy bien, Amanda. No pasará, eso no pasará. Puedes estar tranquila, el sello que me colocaste actúa bien.
Amanda asintió pero igual estaba inconforme.
Lily llegó al valle de Godric con una cara de pocos amigos. La escena del crimen era a pocas cuadras de la casa de sus padres. Agentes de la Sede de los Desmemorizadores estaban por doquier ya que el valle era un lugar donde habitaban magos y muggle. Entró a la casa ignorando a los reporteros, ya se había enterado de la noticia que había publicado Liana Skeeter. Lily tenía tremendas ganas de buscar a la bruja y lanzarle unos cuantos cruciatus pero recordaba que era aurora para calmarse y asegurar su trabajo.
Entró a la casa y fue directo a la escena principal. A simple vista se había llevado a cabo una batalla en la sala. Había varias manchas de sangre en la alfombra, ni hablar del mensaje que Los Hijos del Olvido dejaron esta ocasión.
—Adela, ¿dónde están los aurores Longbottom y Prodromou? —preguntó Lily a la aurora que tomaba notas sobre la escena.
—Los enviaste junto a los aurores, Bailey, Hughes y Kelly a buscar a la chica Patterson esta mañana —recordó la aurora.
—Tienes razón, disculpa tengo muchas cosas en la cabeza —comentó Lily sobando el puente de su nariz.
—No tienes por qué pedir disculpa —dijo Adela con una sonrisa.
—¿Qué tenemos hasta ahora?
—El matrimonio Simmons son las victimas esta vez. Su magia fue drenada hasta morir. Según los análisis, la sangre en las paredes es del señor Augusto y fue obtenida post mortem.
—¿Hay alguna otra víctima en la casa? —preguntó Lily.
—No, aunque creemos que esta vez el culpable se llevó a dos hijos.
—¿Dos hijos?
—Verá, según los registros el matrimonio Simmons tenía dos hijos. La investigación en la casa confirmó el registro. Hay fotos de un joven y de una niña. Pero hemos revisado las habitaciones y no los hemos encontrado.
—Auroras —llamó un hombre con bastante prisa—. No creerán lo que hemos hayado.
Lily y Adela intercambiaron miradas. Se apresuraron a seguir al otro auror que las guió a la cocina donde estaba una niña rubia siendo atendida por otro auror. La pelirroja se acercó al hombre que intentaba calmar a la niña, le colocó una mano en el hombro indicándole que ella se haría cargo. Se agachó a la altura de la niña y la miró a la cara, estaba pálida y tenía una expresión aterrada. Se aferraba con fuerza a algo que colgaba de su cuello.
—Hola —habló con suavidad la pelirroja pero sin conseguir que la niña reaccionase—. Soy Lily Potter —se presentó con suavidad, la niña la miró sorprendida pero sin perder el miedo reflejado en su mirada—. ¿Quieres acompañarme? Te llevaré a un lugar donde te revisen.
Lily se levantó y le ofreció la mano a la niña. Con la mano temblorosa la pequeña rubia tomó la mano que le ofrecía la aurora. La pelirroja se sintió aliviada al ver que reaccionaba con ella.
—La llevaré a San mugo. Deben revisarla. Adela, encárgate del resto.
Lily se apareció en la zona específica donde llevaban a los aurores. Era una sección específica para trabajadores del departamento de seguridad mágica ya que la mayoría del tiempo los aurores, guardianas y cualquier agente de las diversas áreas del departamento necesitaban un lugar privado lejos del ojo público para ser atendidos en caso de ser heridos en una misión. Además, la sección contaba con un área de aparición para transportar a las víctimas de los casos que resolvían.
—Lily —saludó Neville Longbottom sanador en turno de la sección—. ¿En qué puedo ayudarte?
Lily sonrió al mago y miró a la niña. Se agachó a la altura de la pequeña bruja y la instó para que la mirase.
—Este hombre es un sanador, es amigo de Harry Potter y mío —Lily ya se había percatado de que la niña respondía al apellido Potter—. Él quiere revisarte para asegurarse de que no estas herida.
La niña miró a Lily y luego al sanador. Soltó la mano de Lily y la regresó juntó a la otra para aferrarse al dije del collar que portaba.
—Creo que sería conveniente que la acompañes —señaló Neville mirando a la niña preocupado.
—Coincido con usted —accedió Lily—. Pequeña, vamos.
Caminaron por los pasillos blancos de San Mugo hasta que Neville abrió una puerta.
—Aquí estarás más cómoda —dijo Neville con una sonrisa a la niña—. Súbela a la camilla.
Lily se acercó a la niña y con una sonrisa amable en el rostro la alzó en brazos. La sentó en la camilla y con cuidado la metió entre las sabanas.
Neville sacó su varita para hacer un chequeo de rutina pero la niña empezó a temblar y miraba con miedo al hombre. Lily se sentó con la niña.
—Neville me revisará a mi primero ¿te parece? —no obtuvo respuesta.
Neville siguió las palabras de la aurora y comenzó a revisarla con rapidez. A los pocos minutos un pergamino apareció flotando junto a la pelirroja, Neville lo tomó y se lo ofreció a la niña que dudando lo aceptó.
—Ahí están los resultados de mi análisis. Neville quiere ver si estás bien, no tienes por qué temer.
La niña miró a Neville y asintió. El sanador procedió a revisar a la niña lanzando diferentes hechizos para revisar su estado. Revisó los brazos, las piernas, el torso y la cabeza. En todo el chequeó la niña no soltaba el collar.
—Cariño, que tienes ahí —preguntó Lily curiosa por que la niña no soltaba por nada aquella pieza.
La niña un poco más confiada con los magos abrió la mano mostrando el objeto que con tanta fuerza aferraba. Lily palideció considerablemente. Neville miró las reacciones de la aurora. La niña esperaba que ella reaccionase y al ver que se tardaba en responder la pequeña sonrisa que había nacido en su rostro comenzaba a desaparecer.
—Es muy bonita ¿te la dio tu mami? —habló Neville cubriendo el silencio de Lily, la niña negó—. ¿Acaso fue tu papá? —la niña volvió a negar.
Lily se recompuso de su asombro.
—¿Puedo verla? —preguntó la pelirroja tendiendo su mano para que la niña fuera quien se la diese.
La niña miró a Lily y luego su collar. Con pasos lentos se quitó la pieza de su cuello y se la entregó. La pelirroja no perdió tiempo para revisarlo y confirmar que ya lo había visto. La piedra era idéntica a la que permanecía en el departamento de misterios. El sonido del pergamino la sacó de sus pensamientos. Neville revisó el contenido y asintió satisfecho.
—¿Te molesta si me la quedo? —preguntó Lily.
La niña comenzó a hiperventilar. Negó a la vez que sus ojos se llenaban de lágrimas.
—Será mejor que se lo regreses no queremos que se altere —ordenó Neville, Lily asintió y se lo regresó—. Pequeña, una enfermera te acompañará un rato para hacerte otros análisis pero no te preocupes solo debes tocar esto —habló el mago entregándole una moneda a la niña—. Si tocas eso sabré que me necesitas.
A los pocos minutos una enfermera entró con una amable sonrisa. Lily se despidió de la niña y salió de la habitación con Neville.
—¿Ha encontrado algo? —preguntó Lily.
—Nada físico. Esta sana, lo que me preocupa es el hecho de que no ha hablado. Necesito la información de sus padres para contactarlos ¿has ido a una misión de rescate? —preguntó Neville revisando el historia que había obtenido en el chequeo anterior.
—De hecho la he sacado de su casa, su padres… están muertos —dijo Lily seria sin poder dejar de pensar en el collar—. ¿Sanador Longbottom, cree poder hacerla hablar?
—Trabajaré con ella. Más tarde la trasladaremos al área pediátrica. Deberé ponerme en contacto con el ministerio para revisar si hay algún familiar que pueda hacerse cargo de ella, aunque es posible que sus padres hayan asignado un guardián en caso de que su muerte se diera antes de que cumpliese la mayoría de edad.
Lily asintió a las palabras del sanador. Era una situación delicada.
—Cuando consiga hacerla hablar necesito estar al tanto, el collar que tiene es una pieza importante en el proceso. En cualquier caso necesito el nombre de quien se lo entregó. Cualquier cosa enviaré al auror Longbottom por información. De mi escuadrón él es quien mejor se lleva con los niños, además, sería conveniente que un auror este con ella; es un testigo después de todo.
Neville asintió y sin poder evitarlo una sonrisa escapó de sus labios al escuchar el nombre de su hijo.
—¿Es bueno?
Lily miró al mago frente a ella y se permitió relajarse un poco para sonreír.
—Bastante bueno.
Lily se despidió del hombre y se dirigió a la zona de aparición. Regresó a la escena del crimen. Buscó a Adela y escuchó con paciencia lo que había sucedido en su ausencia. Retiraron los cuerpos y ordenaron las pistas para llevarlas al ministerio. Lily salió fuera de la casa para hablar con el encargado del grupo de Desmemorizadores.
—¿Has tenido información de los muggles? —preguntó Lily.
El mago miró a Lily con algo de desprecio. Lily no se alteró por la mirada de aquel hombre, estaba al tanto de que había muchos magos que estaban en contra de que ella fuera una líder de escuadrón tan joven; especialmente cuando solo tenía dos años de graduada.
—Preferiría que no me tutease, señorita Potter —ladró el hombre con disgusto.
—Disculpe, señor Hammil. No era mi intención —siseó la pelirroja—. Permítame repetir la pregunta, ¿a obtenido información relevante al caso o no?
El hombre frunció aún más el ceño.
—Los muggles, como siempre, solo han dicho incoherencias. Pero no se preocupe le diré a alguno de mis Desmemorizadores que le envié el reporte más tarde. Ahora, si me disculpa debo seguir con mi trabajo, señorita Potter.
Lily se mordió la lengua conteniendo el insulto que pugnaba por salir de su boca. Cuando sus aurores se marcharon decidió hacer lo mismo. No tenía nada que hacer y no quería ver como el molesto desmemorizador intentaba lucirse.
Llegó al Atrio del Ministerio. Se dirigió al ascensor y vio a uno de los aurores que había enviado a buscar a Débora Patterson esperándola. Se apresuró a llegar junto al auror.
—Aurora Modig, tenemos a la señorita Patterson bajo nuestra custodia. Está en una de la salas de interrogatorios que hay en el segundo piso.
—Muy bien Miriam, será mejor que nos apresuremos. ¿La han interrogado?
—No queríamos proceder sin usted —contestó la aurora.
Tomaron el ascensor e impacientes esperaron a llegar al segundo piso. Lily ignoró la molesta voz del ascensor anunciando cada piso. Pero cuando dijo "Departamento de Seguridad Mágica" se apresuró a bajar. Sin mirar a nadie caminó al pasillo donde estaban las salas de interrogatorios que tenían en el segundo piso. Miriam le indicó donde tenía a la chica. La pelirroja entró a la sala de interrogatorio. Jack, Athens, Alexander y Anabel estaban en la sala observando por el vidrio* a Débora Patterson. Miriam alcanzó al grupo y observó a la chica.
—¿Dónde la encontraron? —preguntó Lily al grupo.
—Estaba vagando en el Callejón Knockturn —respondió Jack.
—¿Qué hacía ahí?
—No lo sabemos, aun no la hemos interrogado —comentó Athens señalando lo que ya le había dicho Miriam—. Cuando la encontramos actuaba de manera extraña, no mostró resistencia al venir con nosotros. Solo nos miró y dejó que la trajésemos aquí, fue muy extraño porque pareció reconocer a Jack. Luego comenzó a resistirse pero Jack la dejó inconsciente con un hechizo extraño.
Lily miró al mencionado con una ceja alzada, Jack solo se encogió de hombros.
—Una variante del Desmaius —explicó Jack.
—Muy bien, Alexander y Miriam permanezcan aquí. Jack ve a ayudar con las pistas que obtuvimos en el valle de Godric.
—Preferiría estar aquí —rezongó Jack.
Lily frunció el ceño.
—No se lo he preguntado, auror Prodromou. Vaya a ayudar a ordenar la información que obtuvimos hoy, es una orden.
—Con permiso —dijo Jack apretando los puños antes de salir.
Alexander y Miriam intercambiaron una mirada antes de rodar los ojos.
—Athens, sígueme. Ustedes dos —dijo al final mirando a Alexander y Miriam—. Ya regresó, buscaré el informe de la familia Patterson.
Lily salió con Athens de la habitación y ambos se dirigieron a su oficina personal. Lily buscó el reporte del caso Patterson y cuando lo tuvo en su mano miró a Athens.
—Escucha, las siguientes ordenes que te daré nadie más puede saberlas —explicó Lily antes de colocar un hechizo silenciador.
—¿Qué ordenes?
—El caso que agregamos hoy a la lista de asesinatos tiene una víctima que sobrevivió.
—¿Cómo es eso posible?
—Aun no lo sé, es una niña pequeña. No quiere hablar. Está en San Mugo, tu padre es el sanador encargado de atenderla. Escucha, no quiero que nadie se entere de su ubicación. No solo por la posible información que guarde sino porque no quiero ponerla en peligro, algo me dice que ella también debía morir pero sabrá Merlín qué sucedió para que aun este viva. Es una testigo importante.
—Haré todo lo que este en mis manos para protegerla.
—Hay algo más, la niña tiene un collar similar al que encontramos en el caso de los Glasgow. Ya se lo pedí a tu padre, pero también te lo pediré a ti, averigua quién se lo entregó.
Cuando las órdenes estuvieron claras ambos salieron de la oficina. Athens salió en dirección al ascensor y Lily a la sala de interrogatorios. Entró a la correspondiente e ignoró a los dos aurores que había dejado custodiando a la chica. Entró donde estaba Débora y se sentó frente a ella colocando el reporte sobre la mesa.
—¿Sabe por qué esta aquí? —preguntó Lily, la chica negó.
Lily miró extrañada a Débora. Estaba muy calmada para su gusto. Se supone que llevaba meses desaparecida, además, no tenía ni una pizca de curiosidad sobre sus padres y eso la inquietaba. Sobre todo, no tenía pinta de haber sido secuestrada.
—¿Puede decirme dónde estoy? —preguntó la rubia—. No sabía dónde estaba. Si esos policías no me hubiesen encontrado quién sabe dónde estaría.
Lily parpadeó confundida.
—¿Policías? —inquirió Lily.
—Sí, policías. Estaban de incognito ¿verdad? Lo digo por las ropas extrañas que llevaban. Aunque la forma en que llegamos a la estación fue bastante confusa, aun no estoy del todo segura como fue que llegamos —dijo Débora confundida—. Aunque recuerdo vagamente que me desmayé unos segundos pero no sé…
Lily sintió que se quedaba sin aire.
—Puede decirme cómo se llama —pidió la aurora.
—Kate Sanders —respondió inmediatamente la chica.
—¿Dónde vive, señorita Sanders? —preguntó esta vez Lily sintiendo como su sangre bombeaba con fuerza.
—Vivo en el centro de Londres ¿por qué?
—¿Le importaría contarme cómo llegó al callejón donde la encontraron? —preguntó Lily ignorando las preguntas de la chica.
—Bueno, yo… yo estaba —empezó a decir la rubia pero frunció el ceño y se forzó a si misma a pensar—. Yo iba… no, estaba… creo que… Yo no recuerdo, no recuerdo cómo llegué ese extraño callejón.
Lily miró a la chica quien tenía la cabeza entre las manos y una expresión confundida. La aurora liberó un suspiro, poco a poco diferentes conclusiones llegaban a su cabeza.
—¿Está bien? —preguntó Lily, la muchacha negó.
—Lo último que recuerdo es que salí de mi clase de francés para ir a la estación de buses e ir a la casa de mi madre, Ashley.
Lily tamborileó los dedos sobre la mesa. Por un instante miró a la chica antes de acercarse un poco más y preguntar.
—¿Qué piensa sobre la magia? —inquirió Lily con una expresión bastante seria.
La chica se recuperó de su confusión tras la pregunta. Miró con incredulidad a Lily y tras unos breves segundos liberó una risa.
—¿Qué clase de pregunta es esa? Es una oficial bastante extraña —comentó con burla la detenida—. Sin ofender —agregó al ver la expresión molesta de Lily.
—Como sea, respóndame ¿cree en ella? ¿En la magia? —insistió la aurora ignorando la molestia que le causaba la chica.
La chica rio nuevamente.
—¿Creer en la magia? ¡Por favor! —comentó la chica con una sonrisa burlona—. Cree poder llevarme a mi casa o aún no hemos terminado, oficial.
Lily no respondió solo tomó el reporte de la mesa, se levantó, se acercó a la puerta y tras salir la cerró. Los aurores la miraron sorprendidos. La bruja pelirroja los ignoró y se recostó contra ella. Pasó una de sus manos por su cabello, liberó un cansado suspiro y cerró los ojos por un momento.
—¿Qué ha sido eso? —preguntó Alexander sorprendido.
—No sé qué significa todo esto pero solo tengo una cosa clara, esa chica piensa que es una muggle —dijo Lily sintiendo como la tensión afectaba sus hombros.
"Necesito un masaje de Scorpius cuanto antes" pensó la pelirroja. Una pequeña sonrisa se asomó en sus labios.
—¿Sucede algo? —preguntó Miriam con una ceja alzada.
Lily carraspeó para recobrar la compostura. Sintió sus mejillas un poco calientes pero decidió ignorarlas.
—No es nada.
—¿Qué haremos ahora? —preguntó Alexander.
—Contactaremos con el departamento de Accidentes y Catástrofes Mágicas. Específicamente con la sede de los Desmemorizadores, Miriam encárgate de eso y por favor que el pesado de Frederick Hammil no sea quien colabore con nosotros.
—¿Por qué solicitaremos ayuda de ellos en este caso? —preguntó Miriam curiosa.
—No nos ayudarán en el caso en general, solo con ella —contestó señalando a la chica que observaban tras el vidrio—. También quiero que la revise un sanador. Solo se me ocurren dos opciones por las que ella no recuerde que es una bruja. Recibió un golpe o han usado un obliviate. De todas formas, los desmemorizadores saben mejor de esto que nosotros, no es lo mismo aplicar un obliviate que identificar si hay uno o algo más que eso.
—Entiendo. Me encargaré de eso —dijo Miriam.
—¿Puedo sugerir algo? —preguntó Alexander con una sonrisa entusiasta.
—Dime —dijo Lily sobando su cuello un poco para liberar la tensión.
—¿No deberíamos investigar lo que ha dicho? O por lo menos corroborar que lo que dice Débora o Kate… ella, la chica, sea cierto.
—¿Para qué queremos saber eso? —preguntó Miriam con los ojos en blanco—. Novato, eres bastante…
—No —detuvo Lily a Miriam—. Tiene un punto, encárgate de eso, Alexander —el mencionado asintió con una radiante sonrisa—. Si ella tiene esos recuerdos será por algo —comentó a la otra aurora—. Tenemos que averiguar dónde estuvo los últimos meses.
—Pero tal vez pueda ser una simple fachada. Los que están tras de esto no quieren que se sepa quiénes son; la mejor forma de hacerlo es robando los recuerdos de la testigo y sustituyéndolos con otros totalmente falsos —explicó Miriam.
—Ambos tienen un punto, pero es mejor salir de dudas. Alexander ¿crees ser capaz de eso? —preguntó Lily.
Alexander asintió regalándole una sonrisa victoriosa a Miriam quien negó con una sonrisa divertida, el chico siempre conseguía lo que quería de Lily. Ambos aurores salieron del reducido cuarto y dejaron a Lily sola. El caso se complicaba a pasos gigantescos. Necesitaba ordenar las pistas que tenía y resolver todo antes de que se le saliese de las manos.
Doce personas estaban reunidas alrededor de una larga mesa. Todos eran jóvenes e inspeccionaban de manera seria los pergaminos que estaban sobre la superficie de madera. Hablaban con suavidad y exponían sus ideas, algunas era duramente descartadas y otras eran consideradas. El grupo discutía la misión fallida de la noche anterior, estaban disgustados por el error y las consecuencias que había traído consigo. A los pocos minutos la puerta de la habitación se abrió dando paso a otra persona. Todos enmudecieron e hicieron una leve reverencia hacia el hombre como señal de respeto.
—Por favor, no esperen por mí, tomen asiento —dijo con una sonrisa amigable y un leve gesto con la mano.
Los presentes obedecieron, tomaron asiento y dejaron disponible una silla; en la cabeza de la mesa. El recién llegado caminó con pasos calmos por la habitación hasta llegar a la silla vacía. Se sentó y miró a los presentes. Todos tenían una expresión calmada, miraban a su líder quien les regresaba una expresión serena.
—Hermanos… —habló con sosiego—. Sé que esta última semana ha sido bastante difícil. Nuestros planes han sido entorpecidos pero eso no quiere decir que estén arruinados —comentó con una sonrisa.
—Hermano mayor… —interrumpió un joven al final de la mesa.
—Dime, hermano Damián —habló el líder.
—¿Qué haremos con el traidor? —preguntó.
—Todo a su tiempo —contestó con una sonrisa que no llegó a su fría mirada—. Primero quiero informarles de algo que… me ha disgustado. Hoy he sido testigo de algo terrible: Kate Sanders ha caído en manos del Ministerio. Tuve que encargarme de alzar nuevamente las barreras en su memoria porque se tambalearon.
Los presentes comenzaron a susurrar y a maldecir por lo bajo.
—¿Cómo ha sido eso posible? He dejado a la hermana Kate en un lugar seguro. Además es imposible que sus barreras se debilitasen, yo mismo me encargué de ponerlas. —dijo un hombre.
—¡Así es! —dijo una chica junto al líder—. Yo estuve con él cuando dejamos a nuestra hermana en su verdadera casa.
—Abrahán, Leticia, hermanos míos —dijo el líder para calmarlos—. Sé que han hecho eso, no dudo de ustedes. Ella escogió regresar a su verdadera vida en el mundo muggle y como todos somos buenos hermanos la hemos ayudado a deshacerse de su falso pasado y le dimos uno real.
»Estoy preocupado por nuestra hermana Kate. Pensar en la posibilidad de que le están llenando la cabeza de mentiras nuevamente me llena de furia. Pero no es solo eso, sé que intentarán averiguar que le ha sucedido y considerarán que la libertad que le dimos es mala.
—¿Cómo puede ser mala la libertad que ha escogido? —preguntó Leticia.
—Para ellos, lo es; porque afectará su mundo, perturbará las mentiras que le hacen creer a todos. Kate es un miembro importante de esta familia, y nosotros como sus hermanos debemos apoyarla y ayudarla —dijo el líder tomando una de las manos de Leticia para apretarla suavemente en señal de apoyo.
—¿Cómo la sacaremos de ahí? —preguntó una morena.
—Ariana, hermana, me encargaré de eso personalmente. Pero necesitaré ayuda de dos de ustedes.
—Puedes contar con cualquiera de nosotros, Hermano mayor —dijo otro joven de tez oscura.
—¿Qué haremos con el traidor de Karl? —preguntó Abrahán.
—¡No lo llames así! —explotó el líder—. Él ha elegido vivir una mentira —siseó—. No tiene derecho a que alguno de nosotros lo llame por su verdadero nombre, ha escogido ser Roger Simmons y Roger Simmons será. No obstante —habló antes de ponerse de pie y comenzar a caminar alrededor de sus hermanos—, quiero que, sin importar el medio, obtengan información de él; debemos descubrir dónde está la piedra.
—¿Puedo encargarme de su interrogatorio? —pidió uno de los hombres.
—Por supuesto hermano Carlos. Erzabeth, querida hermana, ¿puedes ayudarlo?
—Me encantaría pero hay otro asunto del cual debo encargarme —dijo la chica con una expresión fría.
—¿Qué asunto es más importante? —preguntó Carlos.
—Ese no es tu problema —siseó la chica en respuesta.
—Me temo que te equivocas, querida hermana —habló el hermano mayor—. Nosotros, Los Hijos del Olvido no tenemos secretos, nosotros tus hermanos somos los únicos que sabemos de tu verdadera existencia. No puedes mentirnos ya que combatimos contra las mentiras.
—Lo sé, hermano, pero antes de comunicarles este… asunto quiero confirmarlo antes. Juro por mi nombre que espero obtener de esto algo beneficioso para todos nosotros —dijo Erzabeth con una expresión neutra.
—¿Algo beneficioso para nosotros? —preguntó el mayor intrigado.
—Así es. Solo les comentaré que tiene que ver con la profecía que nos has comentado al inicio de la semana.
El hombre liberó un suspiro. Se había enterado de la profecía por pura casualidad y se lo había comunicado a sus hermanos porque lo creyó conveniente. Sin embargo, le había ordenado expresamente que la ignorasen.
—¡Les dije que no los quería jugando con eso! —rugió el hombre misterioso deteniendo su caminata frente a la chica.
—Y yo insisto en que al menos uno de nosotros le preste atención —contestó la chica poniéndose de pie demostrando que no se dejaría intimidar.
—¿Por qué? —preguntó el Líder—. Si algo nos ha enseñado la historia es que: ponerle cuidado a voces inciertas solo entorpecerá nuestro camino. Seguiremos los planes que desde hace años he formado, no cambiaremos nada.
—No pretendo cambiar los planes, pero investigar sobre este asunto nos beneficiará. Tú mismo has dicho que Harry Potter ha formado un equipo para investigar esta profecía.
—¿A qué quieres llegar? —preguntó el mayor mirando a la chica.
—Si sabemos cuáles son sus planes podemos estar un paso delante de ellos, si estamos informados sabremos que hacer sin que se den cuenta de lo que hacemos ¿acaso ese no era el plan al unirte al escuadrón siete?
—El escuadrón siete es diferente a ese equipo —señaló Abrahán.
—¿En qué es diferente? —preguntó Erzabeth mirando al hermano que habló.
—Obviamente la diferencia radica en los líderes de cada grupo. El escuadrón siete es liderado por la niña Potter y todos sabemos que la chica solo es apellido, en cambio, el otro grupo es liderado nada más y nada menos que por Harry Potter —habló un chico rubio con expresión de aburrimiento.
—El hermano Louis lo ha dicho claramente —dijo Abrahán encogiéndose de hombros.
—Eso es correcto, pero —tomó la palabra Erzabeth antes que su líder—. Lily Potter confía en ti ¿no? —señaló la chica mirando directamente al mayor—. Pero su padre es diferente, es necesario saber qué es lo que él planea. Si intentaras acercarte a él para tener información sospecharía inmediatamente de ti. Recuerda que él ha dicho que aún no puedes saber lo que dice la profecía ¿por qué? Porque no se fía de ti.
»Germán, eres nuestro hermano mayor, nuestro líder y nuestros ojos. Por ti hemos descubierto todo lo que oculta el Ministerio, sabes lo que sucede cuando alguien vive en la ignorancia, no caigas en ella ahora. Mantente interesado en la investigación, confía en mí y me encargaré de hacer el resto. Ya he sembrado un espía en quien menos se espera. Déjame trabajar en esto, cuando menos lo esperes te entregaré una gran fuente de información y tal vez un haz bajo la manga para que termines de triunfar con nosotros a tu lado.
La sala se sumió en silencio. Todos miraban a su líder en espera de una respuesta. Germán comenzó a caminar con lentitud alejándose de su hermana y de la mesa. Se acercó a la puerta y antes de salir giró levemente para mirar a la chica quien tenía una expresión furiosa al verse ignorada.
—Confiaré en tus palabras, hermana, no me decepciones —dijo Germán antes de Salir.
—No lo haré, hermano, no lo haré —dijo con una sonrisa de lado—. La reunión ha terminado, todos regresen a sus compromisos —ordenó al resto antes de salir de la sala.
Caminó por los pasillos con una sonrisa en su rostro, si todo salía bien aseguraría el camino a la gloria. Cuando menos lo esperasen el Ministerio caería. Pero lo más importante de todo, es que se aseguraría de destruirlos a todos.
Información del capítulo:
*La sala de interrogatorios es igual a la que salen en los programas de investigaciones policiacas muggles.
