Aquí la continuación editada...
Ino se despertó al detectar la presencia de otra persona en el dormitorio. Tenía el sueño ligero, siempre lo había tenido, y se quedó tumbada para intentar averiguar la identidad del visitante.
—Estás despierta.
Se tensó. Esa voz aterciopelada era inconfundible. Se sentó en la enorme cama y se cubrió con la sábana hasta el cuello antes de mirar hacia la puerta. La luz titilaba alrededor de Neji Hyuga, resaltando su impresionante físico y manteniendo la mitad de sus facciones en la oscuridad. Parecía la encarnación del demonio; todo él desprendía poder y una oscura masculinidad.
—Usted me ha despertado —le riñó con la voz adormilada y el cuerpo tenso como un arco. El sueño de Ino había estado infestado de imágenes de Neji. Había soñado que la tocaba, que fundía los labios con los de ella, que su cuerpo la presionaba contra la cama... Fantasías nocturnas de las que había disfrutado sintiéndose sólo un poquito culpable. —. Esto es de lo más inapropiado, señor Hyuga —le dijo seria, ocultando el deseo que sentía—. ¿Por qué está aquí?-.
Él se acercó a pasos agigantados, un depredador sexual en movimiento. Se detuvo al lado de la cama y encendió el quinqué que había en la mesilla de noche. Cuando la luz la iluminó, se quedó boquiabierto.
—¡Dios! ¡Estás desnuda! —le recriminó tambaleándose hacia atrás con expresión horrorizada.
—Por eso mismo usted no debería estar aquí. —Ino se subió la sábana y con el mentón le señaló el negligé transparente que había en el respaldo de la silla—. Pensé que era preferible estar desnuda a ponerme eso.-
Los ojos de él no dejaron de mirarla ni un segundo.
—Debería haber dejado que te fueras —farfulló sacudiendo la cabeza. Ino se sonrojó.
—Usted debería irse de aquí ahora mismo. No tiene derecho a entrar en mi dormitorio.- Neji retrocedió hasta la puerta, pero al llegar allí la voz de ella lo detuvo. —¿Ha llegado mi hermano? —le preguntó impaciente apartándose el pelo de la cara. Hyuga se quedó petrificado.
—No —logró contestarle—.Uzumaki no está aquí. —Se quedó mirándola largo rato antes de volverle a hablar—. ¿Estás cómoda?-
—¿Si estoy...? —Ino frunció el cejo ante tal abrupto cambio de tema—. Sí, estoy bastante cómoda.-
—¿Y la comida? ¿Te ha gustado?-
—La cena era excelente. —Le sonrió—. Su establecimiento quita el aliento. Había oído rumores, evidentemente, y Naruto, quiero decir Uzumaki, se pasa horas hablando de lo bonito que es este club, pero nada puede compararse a verlo en persona. Es impresionante. Le admiro por todo lo que ha conseguido.-
—¿Tú me ad...? —Tragó saliva—. Gracias. Me alegro de que te guste.-
—Seguro que se lo dicen muy a menudo.-
—A decir verdad —reconoció él—, es la primera vez que alguien, aparte de mis padres, dice sentir alguna clase de admiración por mí.-
—Oh. —Ino no sabía qué decir. Sabía lo que los demás decían acerca de él, pero le entristeció comprobar que él también lo sabía—. ¿Por eso ha venido a verme? ¿Para ver cómo estaba?-
Un silencio incómodo se hizo entre ellos.
—Tal vez he venido a seducirte —dijo él al fin. Ino se atragantó y después se rio en voz alta, incluso su estómago dio una pequeña voltereta.
—Es lo más ridículo que he oído nunca.- Hyuga abrió los ojos de par en par.
—¿Por qué? ¿No crees que quiera seducirte?- Ino se frotó la frente y sacudió la cabeza preguntándose si no estaría soñando.
—Señor Hyuga, usted es el hombre más guapo de toda Inglaterra. Su reputación le precede. Soy consciente de que un libertino como usted jamás sentiría el menor interés por una debutante como yo.- Neji volvió a acercarse a ella con dolorosa lentitud, era como si alguien estuviese tirando de él en contra de su voluntad.
—¿El hombre más guapo de toda Inglaterra? —le preguntó en voz baja—. ¿Coincides con esa opinión o meramente repites lo que dicen otros?- Ino se giró por la cintura y ocultó la espalda desnuda.
—Las dos cosas —reconoció. Arqueó una ceja—. No le imaginaba vanidoso, señor Hyuga, pero si lo es y necesita que le confirme que me parece atractivo, estoy más que dispuesta a hacerlo... mañana por la mañana. Ahora mismo le agradecería que...-
—Siento curiosidad, mi lady —la interrumpió esbozando una mueca muy íntima—. ¿Cómo vas a confirmarme que te parezco atractivo?- Ino vio la llama que ardía en los ojos de Hyuga, que la estaba mirando igual que en el despacho. Le gustaba, pero, Dios santo, ¡estaba desnuda! Toda esa situación era... emocionante..., lo más emocionante que le había sucedido nunca. Apretó la sábana con una mano y levantó la otra para pedirle que se detuviera. Hyuga obedeció de inmediato.
—¿Qué quiere?-
—Seducirte.- Lo dijo sin artificios, con una expresión tan sincera en el rostro que Ino se quedó muda. Oh, ese hombre era tan atrevido, y mucho más interesante que los caballeros que ella conocía.
—Puede tener a cualquier mujer que desee.-
—No —le sonrió con tristeza—. A ti no puedo tenerte.- Ino se quedó sin aliento.
—Es usted muy bueno en esto —dijo al fin anonadada. Nunca había visto a un seductor profesional en acción. Es encantador, consigue parecer sincero. Ahora entiendo que haya conquistado a tantas mujeres. Pero, en serio, no vale la pena que pierda el tiempo conmigo, aunque le aseguro que me siento muy halagada.
Hyuga se rio.
—Cariño, eres increíble. Te disfrazas de hombre para colarte en mi club, dejas que te extorsione y accedes a quedarte a pasar aquí la noche, y te sientes halagada cuando me cuelo en tu dormitorio y te digo que quiero seducirte. —La voz destiló ternura—. Ojalá pudiera quedarme contigo.- La expresión del rostro de él hizo que se le acelerase el corazón. A Ino volvía a darle vueltas la cabeza y se sentía mareada. Entonces se le ocurrió una explicación, la única que haría que todo eso tuviese sentido.
—¿Ha estado bebiendo?-Neji se acercó despacio a la silla y se sentó.
—Dime por qué quieres encontrar a tu hermano y yo te diré por qué he venido a verte.-
—Si quiere mantener una conversación conmigo, ¿le importaría darme unos segundos para vestirme?- Los ojos azules de él brillaron impacientes.
—¿Qué vas a ponerte, el negligé o los pantalones?- Ino se quedó boquiabierta, todo eso tenía que ser un sueño. Un sueño extraño y maravilloso.
—No sé cómo tratar a un hombre como usted, señor Hyuga —se le escapó.
—Puedes empezar llamándome Neji—sugirió él—. Y después probablemente deberías ponerte a gritar. A estas alturas, la gran mayoría de las debutantes habrían salido corriendo horrorizadas. Para ti soy un desconocido de quien sólo conoces su escandalosa reputación, que básicamente me reduce a un hedonista y a un conquistador.- Ella le sonrió.
—No te tengo miedo. Tú nunca obligarías a una mujer a estar contigo, no tendrías necesidad.-
—¿Y quién dice que voy a obligarte? —le preguntó seductor.
—Dios santo —farfulló ella dejando los ojos en blanco—. Cultivas tu mala imagen adrede, ¿me equivoco? Me juego lo que quieras a que en realidad no eres tan malo como dicen.- Una de las comisuras del labio de Neji se levantó.
—No —reconoció—, soy mucho peor. Si no fueras la mujer más pura, más dulce y más hermosa que he visto nunca, ya te habría tumbado en la cama y te habría echado un polvo.-
Ino abrió la boca sorprendida y apartó la mirada con el rostro sonrojado. Era un canalla por decirle esas cosas, pero a ella no le importaba. Era fuerte, viril y devastadoramente atractivo. Neji Hyuga era su fantasía hecha realidad. Lo había sido desde el momento en que lo vio en la fiesta de Nara. Era más alto que el resto de los hombres que habían acudido a la casa de campo y mucho más musculoso. Neji se había grabado para siempre en su memoria cuando la miró y le guiñó un ojo. De eso hacía un mes yl' no había pasado ni una sola noche sin soñar con él. Unos sueños que ninguna dama debería tener sobre ningún hombre, ni siquiera su esposo. Ah, qué no daría ella por ser atrevida y deseable, aunque fuera sólo por un segundo. Le encantaría ser la clase de mujer capaz de despertar el interés de un hombre como Neji. Suspiró resignada.
—Maldita sea.- Levantó la mirada sorprendida y se quedó atónita al ver la angustia que dominaba el rostro de Neji.
—¿Qué sucede? —le preguntó—. ¿Por qué me miras así?- Neji se puso en pie y se colocó detrás del respaldo de la silla, poniendo el mueble entre los dos como si ella fuese una amenaza para su bienestar.
—¡Porque tú me estás mirando así! Sé lo que estás pensando, y tienes que parar. Ahora mismo.-
—Mis pensamientos son cosa mía. —Le señaló la puerta con la mano —. Es tarde y estoy cansada. No voy vestida y...-
—Quería verte dormir.-
—¿Disculpa? —Ino parpadeó confusa.
—Me has preguntado por qué he venido a verte. —Se aclaró la garganta—. Quería verte dormir.- Ella frunció el cejo intrigada.
—¿Y por qué querías verme dormir? —Neji Hyuga, el famoso seductor, ¿quería verla dormir? Eso sonaba mucho más íntimo que querer seducirla. Se quedó mirándolo, vio que tenía las manos en la parte superior del respaldo de la silla y que las apretaba con tanta fuerza que le habían quedado los nudillos blancos. Era imposible que estuviese interesado en ella. Iba tan en contra de la naturaleza de Hyuga que Ino no podía creérselo. Le gustaban las mujeres maduras, y mejor si estaban casadas.
—¿Te encuentras mal, señor Hyuga, quiero decir, Neji? ¿Has bebido alguna copa de más?-
—¡No he bebido ninguna copa de más! —se defendió—. Pero sí, te aseguro que me encuentro mal. Me estoy volviendo loco. Y, maldita sea, a juzgar por el modo en que me miras, a ti te sucede lo mismo. No soy un hombre honorable, y no aspiro a serlo. Te arrebataré la virginidad y te abandonaré sin mirar atrás. Tu reputación quedará destrozada, Ino. Llevo semanas deseándote. Semanas. —Se apartó de la silla y paseó de un lado al otro del dormitorio—. Dios mío, ojalá no hubieras venido al club.
Ino se quedó sin aliento. Su mundo estaba patas arribas desde que llegó a Londres y empezó la temporada. Su hermano había desaparecido, los acreedores asediaban Uzumaki Hall y Neji Hyuga quería acostarse con ella. No sabía cuál de todos esos hechos era el más perturbador. Notó un calor extendiéndose por su piel y sintió que todo su cuerpo se tensaba.
—¿No vas a decirme nada? —preguntó él—. Grítame. Dime que soy un crápula, o algo mucho peor. Lánzame todos los insultos que conozcas. Dime que me vaya. —Ella siguió mirándolo, incapaz de creerlo, y Neji se acercó a ella para sujetarla por los hombros. La zarandeó—. ¡Haz algo! Cualquier cosa, maldita sea, dime que me vaya. —Flexionó los dedos en la piel de ella como si no pudiera soportar la idea de no tocarla. Ino miró muda al hombre tan fiero que la estaba sujetando. Su voz, sus palabras, la tensión que desprendía su cuerpo... nunca había visto tanta pasión. Y pensar que era ella la que había causado que se sintiese así la había dejado sin habla. Y la había emocionado.
—Dime que me vaya —le repitió él con la voz ronca—. Antes de que haga algo de lo que los dos nos arrepentiremos.-
—Vete —murmuró en apenas un susurro. Pero fue suficiente.
Neji la soltó y se apartó de ella furioso con grandes zancadas.
Cuando la puerta se cerró detrás de él, Ino sintió un pánico extraño, como si su marcha implicase que no iba a volver a verlo nunca más. Y probablemente así sería. Jamás volvería a poder hablar con él, no podría volver a tocarlo; mirarlo ya constituiría una ofensa. Ahora que Neji había salido por esa puerta, nunca más podrían estar juntos. Nunca más. Y no pudo soportarlo.
—¡Neji! —lo llamó asustada, deseando con todas sus fuerzas que él volviese a entrar. La puerta se abrió de inmediato y él apareció en sus brazos.
Bueno ¿Y qué les pareció? SON UNOS ATREVIDOS jejeje para estar en el siglo XIX
Algun rewien, nos leemos en el siguiente capítulo , un beso :3
