Los días suceden con monotonía, uno tras otro, ninguno de ellos se diferencia del anterior ni del siguiente, son como eslabones de una larga cadena, hasta que de repente surge el cambio.

Travis Bickle (Taxi Driver).

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Después de muchos fracasos, Eren por fin había ganado su primera apuesta, fue algo tonto sobre cuál sería el complemento que darían en la comida. Pero una victoria era una victoria y Eren no tenía muchas de ellas en prisión. Por lo que había estado emocionado por ello. Pudo haber mantenido todo aquel buen humor si no fuera porque Levi tuvo que irse a inspeccionar.

Eren sabía que no había razón para que se preocupara por Levi, el guardia era bueno en lo que hacía y nunca llegaba con algún daño. Pero Eren no podía evitarlo.

Algo muy terrible en prisión era eso, demasiado tiempo para pensar, cuestionarse y preocuparse. Más aún en la soledad que siempre traía pensamientos negativos.

Por lo que Eren negó con la cabeza para deshacerse de esos pensamientos, y reanudó sus deberes, tarareando cualquier canción que se le ocurriera. No recordaba del todo la letra de las canciones, pero si algo de los tonos. Eren se subió a uno de los taburetes ahora con cuidado y con todas las precauciones necesarias mientras sacudía el polvo de los libros superiores, pensando en qué lo que sea que Levi tuviera que enfrentar fuera rápido y sin peligros.

Levi volvió diez minutos antes de que llegaran los demás reclusos. Entró silenciosamente y se fue a sentar tan pronto consiguió el libro que había dejado abandonado en una de las mesas antes de irse. Eren estaba aliviado de verlo llegar; Levi llegó aparentemente sin daños con su uniforme tan pulcro como siempre, pero había una seriedad y distracción más persistente en él.

El guardia no le había dicho ni una palabra a Eren, simplemente se sentó retomando su libro.

—Imagino que todo fue bien—comentó Eren, fingiendo falsa concentración en su tarea por delante.

—Lo hizo— dijo Levi.

La respuesta corta y la actitud de Levi desconcertaron a Eren, y como si Levi pudiera leer los pensamientos de Eren, el guardia añadió: —No fue gran cosa, nada fuera de lo común.

—¿Y usted está bien?

—Estoy bien—recalcó Levi con impaciencia.

—Bien—habló Eren, incómodo. Quería saber qué le pasaba a Levi, pero no quería ser un entrometido molesto, además Levi había estado distraído y distante incluso antes de haber salido, así que Eren le daría su distancia. Eso es lo que el guardia hacía cuando Eren quería su espacio.

Quizás Levi solo estaba teniendo un mal día.

Con otro suspiro, Eren volvió a lo suyo, listo para seguir con su tarea, pero tuvo una abrupta idea.

Lo tengo, pensó Eren, creyendo saber cómo animar a Levi, había funcionado la última vez que Eren estaba tan desanimado.

El castaño dejó lo que hacía, sacudió el polvo de sus manos y se dirigió hacía uno de los estantes. Mientras caminaba en busca de su objetivo, sintió como la mirada de Levi lo seguía, Eren lo miró. El guardia tenía su ceño fruncido como diciendo: "¿Qué estás haciendo?". Eren sonrió, pero no recibió la leve y muy pequeñísima sonrisa que usualmente recibía cuando se encontraban. Levi solo suspiró y volvió a su libro.

Eso solo animó a que Eren siguiera con su misión. Y ahí estaba ese libro que buscaba. Entre la limpieza y hurgando entre los estantes al final de la habitación Eren había encontrado un libro interesante: La Odisea. Era algo griego, parecía interesante. Recordaba que se lo habían encargado a leer hace unos años para una clase, cosa que jamás hizo, hizo un resumen del resumen de Armin. Así que sería algo nuevo para él porque no recordaba los detalles, sería interesante supuso.

—He terminado al fin de limpiar— anunció Eren, regresando cerca de Levi, mostrando el libro en sus manos—. Encontré este libro, por cierto, parece interesante y creí que…

—Eren… No estoy de humor para leer, quizás otro día— respondió Levi sin mirarlo.

Eren miró al guardia. El hombre estaba ahí indiferentemente sentado en su asiento, mirando su propio libro con profunda concentración. El castaño ignoró la contradicción ahí.

—Oh, bien, está bien. Comenzaré a leerlo entonces, le diré si vale la pena—dijo Eren, fingiendo que la respuesta no lo desanimó. Y fue a su asiento habitual con la nueva lectura en sus manos.

—Solo no me siento bien hoy… pero podrías seguir contándome sobre la apuesta—murmuró Levi.

Eren apreció el esfuerzo, sin embargo, comentó: —No era nada, solo una tontería. Y está bien, leeré esto y sí vale la pena lo diré.

El castaño sabía que sería uno de esos días tranquilos, así que tomó su propio asiento y continuó tarareando lo más silenciosamente posible. Esperando la llegada de los demás. Ignoró la breve mirada indiscreta de Levi.

Con los días, y con la Navidad a la vuelta de la esquina, Eren sospechaba que Levi sí tenía algo.

El guardia estaba distraído, Levi nunca estaba distraído como si algo le molestara o preocupara. Ya no daba comentarios mordaces, ni se quejaba de los métodos de limpieza de Eren, incluso cuando Eren los hizo mal a propósito solo para saber cuánta atención Levi le estaba prestando.

Tampoco Levi parecía tener humor para alguna lectura, centrándose en sus propios libros. Lo que era raro, porque ahora parecía prestarle absoluta atención al libro que tuviera delante. Y las veces que leían juntos era extraño. Distante. Había una tensión que no había ahí antes.

Eren quería preguntar, saber qué había cambiado. Pero cada que preguntaba era una respuesta evasiva de Levi con un "No es nada", y cambiaba de tema hacia cualquier otra cosa.

Quizás estos días simplemente eran malos para Levi, con la temporada y todas las festividades cerca era probable que había algo detrás. Después de todo, el guardia tenía una vida afuera de prisión, tal vez estaba simplemente pasando por un mal momento. La prisión sobre todo para los reclusos estaba del mismo modo estos últimos días del año; Demasiado nostálgicos y deprimentes. A Eren no le gustaría caer en alguna de esas categorías, pero inevitablemente lo hizo, sin embargo, no fue como el año pasado. No era mejor, probablemente nunca sería mejor, pero era tolerable.

Antes Eren no era consciente de esos días, Eren había estado tan atrapado en su propio dolor como para notar el de los demás. Además, él y Levi no habían sido cercanos esas fechas el año pasado. No habían hablado mucho la primera vez como ahora, y por ello no había reconocido el extraño comportamiento. Ahora Eren lo hacía y no le gustaba.

Pero no hubo mucho que pudiera hacer. Levi no decía nada.

Finalmente, cuando Navidad llegó, la comida fue lo que levantó el ánimo. Fue digna de la temporada, y era la única comida del año que valía la pena. La segunda hora de comida sobre todo fue lo que para Eren se había llevado el premio mayor; El clásico espagueti rojo, tres pedacitos de pavo bañado en una salsa que Eren no tenía ni idea de qué era porque era medio dulzón, pero que bebería cada gota de ella y acompañado de unas cuantas papas al horno con mantequilla.

La comida era una delicia, les brindaba un poco de normalidad, pero también incentivó las extorsiones y el robo. Después de todo, les servían raciones medio decentes. Y siempre se quería más. Por lo que todos devoraban la comida manteniendo sus platos muy cerca de ellos, atesorándolos con su vida. Eren no podía creer que no recordaba esto del año pasado, la depresión de ese tiempo debía ser mayor.

El alimento no fue la única excepción, también les habían dado hora libre opcional para los prisioneros que tenían labores menores -Eren estaba en esa lista, pero que no iba a aceptar, porque ya estaba acostumbrado a laborar en biblioteca-, y les agregaron unos cuantos minutos más libres en los patios y en la sala de entretenimiento. Solo los más "valientes" y los fumadores salían a los patios con el clima helado, la mayoría prefirió estar en la sala de televisión mirando alguna película que fuera aceptable, otros en sus propios módulos jugando cartas o chismorreando y los restantes tranquilamente en la calidez de la biblioteca.

Todo eso impidió a Eren trabajar correctamente, además que Levi no se había presentado hasta mucho más tarde cuando los otros reclusos ya estaban ahí. Lo único que hizo Levi fue mirar alrededor, verificando que todo estuviera en orden y cuando se encontró con Eren simplemente asintió con reconocimiento y fue al asiento de siempre, haciendo lo que siempre hacía.

Eren suspiró aburrido en su propio asiento, y enterró su rostro en el libro. No tenía ni idea que es lo que se suponía que estaba leyendo, pero continuó con ello. Se dijo que era otro día tranquilo, pero su estómago estaba satisfecho, así que sí se acomodaba inteligentemente nadie sospecharía que Eren descansaría sus ojos solo por un momento.

Ese solo un momento se convirtió en muchos minutos porque al volver en sí, alguien estaba agitándolo del hombro.

—Mocoso, hora de levantarse—dijo una voz muy conocida, que hizo a Eren sonreír.

—Capitán—murmuró Eren, levantando la vista adormiladamente, viendo a Levi.

El hombre estaba ahí, mirándolo, había una ligera diversión en su expresión. Su postura estaba relajada y tranquila, lo que Eren no había visto en días, lo que lo puso de buen humor.

—No deberías estar durmiendo—le comentó Levi, sin ninguna pizca de severidad.

—No lo hacía, solo descansaba la vista.

Levi tarareó en desacuerdo.

Tal vez era la nebulosidad del sueño que aún no lo abandonaba, pero Eren se sentía feliz, y con el descubrimiento que su hombro derecho se sentía cálido. Una mirada de reojo le hizo notar que una mano seguía apoyada ahí. El tacto no era aterrador, estaba bien, firme y seguro. Pero cuando lo notó, la otra parte también lo hizo.

Levi apartó su mano de inmediato y la ocultó en su bolsillo, se alejó a acomodar una silla que estaba perfectamente en orden con su otra mano y miró hacia cualquier otra parte que no fuera a Eren por unos segundos.

El ambiente se sintió extraño de pronto.

—Muy bien, niño, andando, no querrás perderte la cena—dijo Levi finalmente, recargándose un poco con los brazos cruzados en la otra mesa cercana. Toda la tensión y rigidez estaban de vuelta en su expresión y postura.

Eren ignoró el extraño comportamiento lo mejor posible y comenzó a estirarse cuando se levantó del asiento.

—No, no la perderé y no soy un niño—respondió Eren. Al despabilarse lo suficiente, y acomodar su silla, miró a Levi—. Esta vez, me dirá lo que le pasa.

Levi frunció el ceño y cuando estuvo a punto de responder, Eren lo interrumpió: —"No es nada" no cuenta como respuesta.

El castaño se cruzó de brazos y se apoyó en la mesa detrás de él. El guardia estaba solo a un par de metros de distancia.

Levi chistó—. Eso no es lo que iba a decir. Me iré unos días, unas jodidas vacaciones obligatorias que debo tener.

—Oh… ¿Por qué?

—Por las estúpidas festividades. Otro me remplazará, supongo, igual no cambiará mucho, solo sigue haciendo lo que estás haciendo, estará bien.

—Bueno—murmuró Eren, su buen humor marchito. Levi decía que no iba a cambiar, pero sí iba a cambiar, puede que las cosas estaban tensas en estos momentos, pero prefería eso. No quería estar solo con otro guardia, quien sabe quién sería, además, le agradaba Levi actuando extraño o no. Quién sabía, quizás en esos días Levi por fin diría que tenía y Eren podría haberlo ayudado, o las cosas podrían mejorar porque navidad ya acabaría. Pero ahora no tendría esa oportunidad —. ¿Cuándo volverá?

—En una semana.

Una semana parecía mucho, eso estaba bien para Levi, Eren supuso, el hombre se lo merecía, de hecho, más. Raramente Levi faltaba a prisión, era él el que Eren veía constantemente, solo se ausentaba en esos días de juntas importantes o esas cosas, pero eran escasas a comparación de las veces que cualquier otro guardia faltaría.

—Otra cosa— agregó Levi.

Más malas noticias, pensó Eren con desanimó.

—Una abogada está merodeando, abriendo casos, incluye el tuyo—comentó Levi.

—Armin y Mikasa me han hablado sobre ello… no creí…—confesó Eren, desconcertado, siendo interrumpido.

—Es real. Probablemente te entreviste en estos días, sí lo hace, sé honesto y dile sobre todo lo que recuerdes ese día. Estarás bien, ella sabe lo que hace.

Dios, se sintió como si le echaran agua fría, Eren había estado negando la posibilidad. La esperanza no le había resultado bien, pero esto le daba una posibilidad de salir, de volver a abrazar a Armin, Mikasa, Hannes, ver a Shadis otra vez y probar adecuadamente las famosas y deliciosas hamburguesas con queso. Pensó en todo que fue tan abrumador. Los sentimientos se arremolinaron tan rápidos y ansiosos, como los niños a la espera de abrir sus regalos debajo del árbol navideño.

Repentinamente, Levi estaba frente a él sosteniéndolo por los hombros, empujándolo lo suficiente para que tomara asiento.

—Oye, está bien, respira.

Eren lo hizo, pero respirar no era suficiente. Tomó el antebrazo de Levi, el hombre no había soltado sus hombros, lo que estaba bien, necesitaba a alguien ahí. No había imaginado lo increíblemente solo que se sentía. No estaba solo lo sabía, en prisión era imposible estar solo. Pero no era lo mismo, no era la compañía que quería.

Levi estaba tenso al principio, Eren temió que haberlo hecho fuera lo incorrecto, pero necesitaba respirar, y alguien que se lo recordara. Pero luego Levi se relajó y siguió repitiendo palabras suaves.

—…Lo siento—dijo Eren, una vez que sus pulmones estaban llenos y su mente sin pensamientos arremolinados como un torbellino.

—Está bien, no debí…

—No, no, no, está bien, es mi culpa, no he dormido bien y no lo sé, pero no es su culpa. Está bien. Yo agradezco que me lo dijera, ahora sé que esperar—admitió Eren, tratando de nivelar su voz, hablar suave y tranquilo como se supone que debería de estar—. Gracias.

—No tienes nada que agradecer. Y tener abogado son buenas noticias, pero no quiere decir que la libertad vendrá pronto—dijo Levi con cierto pesar.

—Lo sé—dijo Eren de inmediato, antes de que Levi pudiera continuar—. Entiendo eso, pero no lo esperaba. Sé que no saldré de un día para otro, pero hay una posibilidad de que no estaré para cumplir toda la maldita condena.

Levi asintió sin decir palabras, y mirando a Eren con precaución. Eren debía lucir como una mierda para preocupar tanto a Levi.

—Podríamos ir a enfermería si quieres, podrían ayudar en algo.

La preocupación de Levi divirtió un poco a Eren— Siempre quiere que vaya a enfermería, pero estoy bien, solo necesitó respirar—Eren comenzó a inhalar y exhalar suavemente, intentando demostrar que lo peor ya había pasado.

—No te veo bien—dijo Levi frunciendo el ceño.

Lo que le hizo recordar a Eren qué Levi jamás le respondía esas preguntas cuando él las hacía—. Eso es lo que le he estado diciendo por semanas sobre usted, y siempre dice lo mismo.

—Porque estoy bien—respondió Levi, frunciendo aún más el ceño.

—Ajá, está mintiendo, no está bien.

—Mientes.

—No, no lo hago, ha estado actuando extraño.

—No actúo extraño.

Ahora fue turno de Eren de fruncir el ceño. Era bueno concentrarse en Levi, que en él. Además, la mirada que le estaba dando Levi era lo suficientemente entretenido. Tuvieron una lucha de miradas obstinadas por unos segundos, hasta que Levi cuestionó serenamente:

—¿Lo hago?

"Sí" Eren quería decir, quería decir todas esas cosas raras que Levi estaba haciendo, y mientras más lo pensaba, concluyó que Levi estaba siendo más evasivo con él. Sin contacto visual, ni bromas, ni nada conocido. Verlo de esa manera, hizo que Eren sintiera una pesadumbre de la cual no estaba acostumbrado. Por lo que evitó el contacto visual, sin valor para confesar el descubrimiento, mirando hacia cualquier otro lado que no fuera Levi. Lo que le hizo consciente de que seguía agarrando a Levi del antebrazo derecho y que Levi aún lo tomaba por los hombros. Eren sabía que el tacto debería parecerle inapropiado, pero no lo hacía. Era Levi, y el hombre nunca había demostrado malas intenciones, jamás. Y tampoco tenía la fuerza para dejarlo ir, era una presencia bienvenida. Como si lo soltara las emociones amenazarían con abrumarlo de nuevo—. Lo hace—respondió Eren, intentando aparentar una calma que no tenía.

Levi suspiró como si estuviera muy cansado, lo que motivó a Eren a mirarlo de nuevo, el hombre ya no lo miraba, estaba ahí mirando hacía la mesa, pero se veía inseguro. El agarre a sus hombros no cambió, Levi tenía que estar demasiado perdido en sus pensamientos como para no notarlo.

Entonces el guardia volvió a mirarlo, con detenimiento y cautela. Era penetrante, de una forma que no era incómoda, era tan extraña que hacía que Eren no pudiera evitarla. Mirándolo con la misma intensidad, tratando de encontrar algo, lo que sea, sin éxito.

—Seguirás insistiendo sobre esto, ¿No es así? —farfulló Levi, con un suspiro resignado.

—Las veces que sea necesario, sí—respondió Eren, sorprendentemente rápido.

Sin más que decir, se quedaron simplemente haciendo contacto visual. Eren no podía apartar sus ojos de los aceros tan intensos que no dejaban de mirarlo. Lo ponían nervioso, cálido y… feliz. Borraban en él toda duda porque no había severidad ni molestia en aquella mirada, en realidad era suave y serena, con una incógnita silenciosa. Le hizo olvidar que hace tan solo unos minutos Eren se había sofocado con sus propias emociones, que hace tan poco se sintió rechazado e ignorado por Levi, pero esa mirada estaba de vuelta, esa en la que hacían sentir a Eren importante.

Pero todavía había ese algo, a pesar de que Levi no se había expresado ni hecho mención de ello, la manera en la que se veía, en la forma en como lo veía le dijo a Eren que no había un problema como temía, pero definitivamente había algo.

—Yo… yo sé que no puedo ser de ninguna ayuda, pero puedo escucharlo. Si quiere hablar, estoy aquí—murmuró Eren. Levi siempre escuchaba cuando Eren se quejaba, e intentaba ayudarlo cuando podía, Eren haría lo mismo ahora.

Levi abrió la boca como para decir algo, y Eren se irguió un poco más inconscientemente, queriendo escuchar a Levi como si el hombre susurra sus próximas palabras y para darle a entender que sea lo que sea que iba a decir él estaba ahí y quería ayudar. La acción solo hizo que tuvieran un mayor acercamiento.

Y de pronto todo se sintió tan íntimo, como si fueran a contarse un secreto, Eren no lo sabía, ni siquiera era consciente de qué esperar tampoco, tan inmóvil y perdido, y Levi también, quien silenció sus labios de inmediato. Al principio pareció sorprendido, pero aquella emoción lo abandonó rápido para lucir tan callado y serio. Y aun mirándolo de ese modo que dejaba a Eren sintiendo un montón de sensaciones pasando en su interior. Fueron las mismas e inquietantes sensaciones que sintió cuando estaba en los brazos de Levi aquella vez que había caído por acomodar unos libros.

Así como el extraño ambiente ocurrió, también se acabó con el sonido de la alarma del reloj en la muñeca de Levi. Fue un pitido tan minúsculo, que fue sorprendente que lo pudieran oír. Pero tan pronto se escuchó, Levi lo soltó de inmediato y se alejó por lo que Eren tuvo que soltarlo y sentarse erguido en la silla. La emoción en el rostro del guardia también cambió a esa severidad tan conocida con su ceño fruncido.

—Mierda, es tarde, si no te apuras perderás la cena, y darán algo de estofado o una mierda así que solo darán este día, y si no lo alcanzas te enfadaras y comenzaras a maldecir a todos con esa boca de marinero que comienzas a tener.

—No maldigo tanto— se quejó Eren, ignorando la tensa situación de hace unos segundos. Si Levi podía hacerlo él también.

—Si claro, andando… y no te metas en muchos problemas en mi ausencia, niño—dijo Levi lo último casi murmurado y rápidamente. Como si fuera incómodo y un esfuerzo decirlo. Y de nuevo hizo énfasis en la palabra 'niño', hace tiempo que no le había llamado así.

—Me pide lo imposible, por cierto, Feliz navidad, capitán—dijo Eren con una sonrisa igual de incómoda y nerviosa. Salió torpemente hacía la puerta, sin esperar respuesta, pero entonces recordó algo y regresó.

Se sorprendió de ver a Levi ahí, nuevamente apoyado en la mesa con hombros caídos y mirando hacia el piso terriblemente pensativo. Preocupó a Eren.

El castaño tocó la puerta para llamar la atención de Levi, cuando lo hizo, Levi volvió a su actitud conocida, como si su postura anterior o sus pensamientos jamás hubieran estado ahí.

Eren se aclaró la garganta, y olvidando todas esas emociones que pasaban por el como un montón de hormigas molestas. Tomó una respiración y con el buen humor que había sentido cuando estaba simplemente sentado en esa silla sosteniendo a Levi, dijo:

—Quizás no lo vea hasta el otro año, así que Feliz Año… Levi.

Al principio fue casi cómico la forma desconcertada en la que lo miró Levi, como si jamás hubiera escuchado las palabras. Pero luego su expresión cambió totalmente—. Feliz Año… Eren— dijo Levi, con esa pequeñísima sonrisa de las suyas.

La acción despertó en Eren esa calidez en su pecho tan desconocida, y que esperaba seguir recibiendo.

Con una última mirada y una sonrisa, Eren siguió su camino.

Eren esperaba que Levi volviera a actuar como antes, antes de esa tensión incomoda que se había formado repentinamente, cuando regresara.