Charla Matutina
(Rito and Nana Fanfic)
Ya era un nuevo día para Yuuki Nana, incluso cuando el sol aún no había salido. Se levantó de la cama que compartía con su marido el cual hizo algunos murmullos en señal de protesta por la ausencia de ella lo que provocó risas de parte de Nana. Su marido, Yuuki Rito, era un caso especial, incluso cuando ya llevaban tiempo de casados.
Como siempre, debían alistarse para ir a trabajar y eso significaba que debían estar despiertos a temprana hora de la mañana. Pese a las protestas que en inicio ella tuvo con respecto a esto, con el tiempo se acostumbró y ahora le tocaba a ella lidiar con alguien que yacía en la cama y que esperaba su retorno.
—Debemos acabar esos pasteles, Rito—comentó la princesa de Deviluke mientras se ponía la camisa de su esposo para cubrir su desnudo cuerpo.
—Son las cuatro de la mañana—respondió con desagradó Rito mientras abrazaba la almohada que ella usó y cuyo aroma estaba impregnado sobre la tela—, podemos dormir cinco minutos más.
—Si terminamos de hacer los pasteles, podremos cerrar temprano y tener tiempo para nosotros en la tarde.
—Espero que ese tiempo lo usemos durmiendo juntos.
—Lo haremos, después de todo, eres mi preciada bestia en la que adoro dormir.
Los comentarios de Nana provocaron que su marido se sonrojara ante el doble significado que tenía su apodo. Era muy difícil que ella lo mencionara como antes, pero cuando lo hacía, se refería perfectamente a dos cosas que para ellos era algo privado.
Tomando un poco aire, Rito al fin pudo levantarse lo suficiente para poder observar a su mujer. Estaba embobado ante la belleza que era Nana levantada con su cabello suelto y esa camisa grande que cuidaba el cuerpo que solo le pertenecía exclusivamente a él. Estaba en verdad agradecido de que ella estuviera siempre para él.
—¿Sucede algo, dormilón?
—No, nada. Solamente estaba recordando el pasado un poco, nada más.
—Sabes que no tienes que hacerlo si eso te molesta—el tono de la voz de la princesa había cambiado—, eso que pasó, ya no nos concierne a nosotros y no debe de ser de nuestro interés.
Con cuidado, Nana se acercó a él y lo abrazo mientras acariciaba aquel cabello rebelde que tenía. El pasado de ellos era algo que ya no deseaban tocar, pero que al fin terminaban por hacerlo debido a que sus vidas estaban ligadas a ello. Siempre que lo hacían, algo de tristeza terminaba por cambiar el ambiente y la nostalgia de esos días los hacían preguntarse muchas veces qué fue lo que sucedió con ellos.
Viendo la situación que había creado, Rito tomó a su esposa de su cadera y le acercó para darle un beso cerca del cuello. No era nada del otro mundo, pero ella siempre había sido sensible en esa área por lo que siempre terminaba gimiendo de placer ante los suaves labios de su marido que recorrían desde su barbilla hasta su collar.
—No tenemos por qué estar tristes, ellas optaron por irse y nosotros tenemos una vida tranquila—el olor del cuerpo de Nana pronto entró en la nariz del chico provocando que este se embriagara ante un aroma especial—, ya vamos a levantarnos para ir a terminar esos pasteles, Nana—justo antes de poder irse, su esposa lo tiró a la cama.
—¿Nana?
—Tenemos cinco minutos para hacerlo. ¿No crees?
Rito no podía creer que su esposa estuviera lista para tener sexo otra vez, simplemente no podía —Eres una bestia, Nana—terminó por decir mientras escuchaba los reclamos de la ex princesa ante sus palabras.
Que puedo decir. Adoro a Nana y a Rito.
