Capitulo 9: solo una razón para quedarse
Inuyasha sacó su teléfono y se dio cuenta que tenía un mensaje de Kikyo, donde le pregunta si se podían ver hoy. Quizás con Kikyo logré sacar toda esa frustración sexual que tenía, no pudo hacer bien con Kagome, y Kikyo no tenía ese problema. Así que le dijo para encontrarse, Inuyasha se baño, arreglo y salió al departamento de Kikyo.
Luego de una sesión de sexo desenfrenado, donde ambos quedaron exaustos, y casi sin poder respirar, Inuyasha sentía que no hacía falta las palabras para que ellos supieran como les gustaba simplemente es como si solo supieran los gustos del otro.
- ¿Qué decidiste sobre el viaje? - fue Kikyo quien rompió el silenció
- ¿Qué?
- Te dije que debía ir a Estados Unidos, a grabar un comercial
- Ah, eso…
- Te pregunté si querías ser mi guía?
- Yo… lo siento no puedo ir.
Ahora tenía que estar con Moroha, no la iba a dejar, tenía que ganar el corazón de su hija
- ¿Alguna razón en particular? - le pregunto Kikyo
- Es que me gustaría hacer negocios acá.
Fue una mentira rápida que lo salvó en ese momento. Sabía que estaba haciendo mal al mentirle pero no quería que ella supiera nada sobre Moroha o Kagome, simplemente no se sentía cómodo hablando de ellas con Kikyo.
- Bien, yo me iré por dos meses. Espero logres hacer algo en ese tiempo
- Si
Le pareció extraña la forma de hablar de ella, como si sus palabras ocultan otro significado. Pero qué más podía decir? Entre ellos solo había sexo, no lograba estar con ella un día, sin estar sin ropa, ella no fallaba era perfecta que hombre no suela estar con una modelo?
- Lo siento Kikyō
- No importa, quizás en ese tiempo logres "completar" esos "negocios"
Ella tenía sus razones para sospechar, él fue quien tuvo la idea de una relación, y era él quien fallaba.
- Kikyō yo de verdad lo siento
- Qué te disculpes tanto, me hará pensar que la mala soy yo
- No, tu no eres mala, es solo que…
- Solo déjalo así, no quiero saber nada
- Ah…
- Me iré mañana en la mañana, no tienes que ir a despedirte de mí, ni nada por el estilo. Volveré en 2 meses, y hablaremos.
- Si…
Se vistió y salió de su departamento, sabía o creía que ella quería estar sola después de eso. Y él tenía que arreglar sus pensamientos. Debía hacer las cosas bien con Moroha, y tampoco quería mentirle a Kagome. Tenía 2 meses para poner en orden su vida. Están a finales de septiembre, y Kikyo regresaría en diciembre. Inuyasha llegó así casa y se tiró directo en la cama estaba exhausto, no sabía cómo solucionar todas las cosas que pasaban por su mente, y tampoco quería herir a nadie.
Cuando despertó, ya el sol estaba entrando por la ventana, cuando consulto el reloj se dio cuenta que eran las 8:30am, llamó a Estado Unidos, para consultar el estado de las cuentas, su socio le dijo que todo estaba bien y le dio ideas sobre nuevas inversiones juntos con datos que podían ser favorables, luego de decir que los consultara, Inuyasha habló con los gerentes de sus empresas para consultar los estados y saber si cuadraba con los mencionados por su socio. Al ver que todo estaba bien, decidió investigar un poco sobre ese negocio de editorial que le indico su socio, pero sólo consiguió estresarse, la información que quería no lograba encontrarla por internet, el siempre iba a los lugares a evaluar la zona, los empleados, el trato, el manejo, entre otras cosas por internet era complicado saber todo eso, podía pedirle a su compañero pero sabía que no tenía tan buen ojo crítico como el. Tenía que volver a Estados Unidos, tenía que evaluarlo y si le gustaba cerrar el contrato.
Cerró la laptop, sabía que no estaba haciendo nada allí, más que estresarse. Se puso a pensar en la noche que tuvo con Kikyo, sabía que él era el único culpable, le mintió diciendo que quería hacer tratos en Japón, aunque la verdad no sonaba tan mal la idea, hacer negocios en Japón le daría una excusa para quedarse allí, además su mentira se volvería una verdad, y aún mejor ese negocio se lo daría a Moroha, es decir que la niña tenga un poco de dinero. Al final y al cabo ella es su hija y le daría el mundo si se lo pidiera. Saldría a caminar por las calles y buscaría negocios que necesiten una nueva forma de vida.
Con esa idea en mente se levantó de la cama, y bajó las escaleras su madre ya tenía el desayuno listo. De hecho el bajo tarde a desayunar.
- En esta casa hay horarios de comida - le regaló su mamá
- Estaba cansado lo siento, además tenía que hablar con mi socio para saber cómo están los negocios allá
- Y? Todo bien?
- Si, hasta el momento bien.
- Qué alegría
- Oye, mamá te gustaría que hiciera negocios acá en Japón?
- Eh?
- ¿Te gustaría que invirtiera aquí en Japón?
Izayoi solo pensó en el otro significado que podía tener esas palabras y eran que si hacía esos tratos su hijo estaría más presente, no se volvería a ir por años.
- Si, estaría feliz - Izayoi no pudo evitar llorar un poco de alegría
Para una madre perder a su hijo es lo peor que puede haber, pero saber que él tiene razones para quedarse le hacía feliz.
- Debo darle las gracias a la persona que ves por las tardes
- Eh?
- Si esa persona te hace tan feliz, hasta estás buscando excusas para quedarte.
Izayoi todavía no sabía que Moroha existía, Inuyasha también pensó que debía presentarla a sus padres, ellos tenían derecho a saber que eran abuelos.
- Oye mamá, ¿quieres conocerla?
- Por supuesto, mi hijo solo puede estar enamorado de alguien muy linda
- Si, ella es linda, también es juguetona, con mucha energía, me gusta mucho su sonrisa, y me siento feliz de solo verla.
Esos eran los sentimientos que despertaban en Inuyasha, Moroha era la dueña de sus pensamientos, era la dueña de su corazón.
- Bueno, debes traerla a la casa. Quiero conocerla.
- ¿Te parece el sábado?
- No puedo esperar, pero quiero un adelanto como la conociste?
- Bueno fue en el parque ella estaba jugando a la pelota, y me invitó a ser el árbitro
- Osea que le gusta el deporte?
- Si, y mucho. También le gusta el helado de frutas, su color favorito es el rojo, le gustan las películas de aventuras e infantiles, le gusta mucho el ramen, su grupo de música favorito en Linkin Park…
Inuyasha seguía nombrando las cosas que sabía le gustaban de Moroha, su madre solo escuchaba como su hijo hablaba de esa persona que lo tenía totalmente cautivado.
- Se ve que la quieres mucho
Le dijo Izayoi interrumpiendo a su hijo, Inuyasha recién se había dado cuenta que hablaba de Moroha sin pensar y mientras lo hacía su corazón se llenaba de una cálida sensación. En qué momento se enamoró de esa niña?
- Si
Fue la palabra más sincera que Inuyasha dijo en toda su vida. Y su madre también la sintió de la misma forma. Por fin su hijo volvía amar, el por fin tenía un fuerte sentimiento de amor hacia alguien, y de hay su deseo de quedarse.
- Bueno mamá, voy a salir, a caminar un rato, quizás consiga hacer un negocio o algo.
- Buena suerte
Izayoi realmente quería que su hijo tuviera éxito, ella sabía que su hijo quería una excusa para quedarse.
Inuyasha caminaba por las calles de Tokio, tanto que hasta se dio cuenta de estar perdido en esas calles, casi no recordaba esos lugares y sentía que todo era diferente a cuando era niño y adolescente. Inuyasha quería salir con Moroha pero la niña estaba en clases, entre tanto caminar llegó a una tienda que vendía teléfonos inteligentes, y decidió entrar. Compro uno en tono rojo ya que era el color favorito de Moroha.
Sabía que Kagome se molestaría por eso. Pero él quería que ella tuviera uno y poder hablar juntos. Sabía que Moroha cumplía años en octubre y están justo en ese mes, el 30? Eso quiere decir que Kagome se embarazó de Moroha en enero, ahora recordaba en una vez en enero decidieron ir a un parque de diversiones, y Kagome se asustó con todas las atracciones, la peor fue la casa embrujada donde ella nunca lo soltó del brazo, Inuyasha deseaba quedarse hasta la noche y subirse en la noria, pero Kagome siempre debía irse temprano, por sus hermanas, ahora entendía que era por culpa de su padre, ese dia recuerda que se molestó tanto de su desespero por irse que se enfado y la llevó a un hotel de baja categoría, y fue donde tomó posesión de su cuerpo. Vaya idiota que había sido, nunca entendió las señales de Kagome sobre lo mucho que sufría. Si para él su relación lo era todo porque nunca se fijó en ella? ¿Realmente estaba tan ciego? No veía cuánto sufría.
Con el regalo de cumpleaños de Moroha en mano decidió seguir caminando, quería saber en que podía invertir su dinero algo que esté mal pero que pueda mejorar con pocas cosas o simplemente una empresa que se pueda vender por partes y obtener dinero rápido. Caminando sin rumbo llegó a una calle menos transitada, al fondo de la calle vio una pastelería.
Inuyasha se asomó por el ventanal, y observó que adentro estaba un poco lleno, había muchas personas, algunas de pie pidiendo otras estaban sentadas en las mesas. Olía bien, y la cantidad de personas casi no daba aval para el tamaño del local. Necesitaban expandirlo, además veía que las personas se levantaban de sus mesas para pedir, lo que indicaba falta de personal, cuando se asomó en la barra vio que solo había un hombre atendiendo lo más rápido posible, acaso trabaja solo? Inuyasha entendía porque algunas personas se cansaban de esperar o simplemente estaban muy apurados para esperar. Inuyasha observó los precios, estaban un poco por debajo que otros lugares pero olía mucho mejor, tenía un aroma exquisito el o la cocinero, tenía que ser muy bueno, todo se veía exquisito.
Cuando por fin llegó el turno de Inuyasha, pidió varios postres de diferentes sabores, Pero…
- Disculpe, no le quedan de frutas? - le pregunto Inuyasha al señor que lo atendió
- Se me acabaron, pero ya no debe faltar mucho para el otro lote. Iré a preguntar
El señor se fue a lo que parecía ser la cocina, cuando abrió la puerta sus fosas nasales se llenaron del mejor dulzor que alguna vez pudo conocer. Y eso le hizo recordar aquel día que Kagome estaba en su casa cuando eran adolescentes, y ella le preparo unos brownies y se los relleno de crema y chocolate, recuerda lo deliciosos que estaban pero le bromeó diciendo que sabían bastante común, recuerda que ella se molestó un poco y el se reía de verla molesta. Le gustaba hacerla enfadar y luego sin darse cuenta ambos acababan por reírse de algo y quedaba en el olvido la pelea.
- Señor estarán en unos minutos
Le dijo aquel hombre sacándolo de sus pensamientos, Inuyasha decidió hacerse aún lado para que atendiera a otra persona. Veía que ese hombre atendía y cobraba, otra persona en la cocina, y nadie atendiendo las mesas. El olor que desprendía ese lugar, más la gente que no dejaba de entrar le indicaba que hacía falta alguien que lo organizará, y el podía ser ese hombre. Expandir ese lugar era lo principal, el espacio se quedó pequeño, si pudiera ver la cocina podría decir cómo expandirlo internamente.
- Aquí están los postres de fruta
Esa voz? cuando Inuyasha volteo a ver a la cocinera, era Kagome
- Si, es para ese caballero - le dijo el hombre a Kagome, cuando ella volteo a verlo casi se le cae la quijada de verlo
- Qué haces aquí? - le dijo Kagome a Inuyasha
- Vine a comprar unos dulces para Moroha - era la verdad
- Estos tienen mucha azúcar, Moroha no puede comer estos, se le subiría a la cabeza. - le dijo Kagome
- Y cuáles debo comprar?
- Los postres sin azúcar, estarán listos en unos minutos más. - dijo Kagome
- Ah, sabes muchas personas se aburren de esperar tanto - Inuyasha fue sincero
- Lo sé, pero estoy sola en la cocina y Ranma está en la caja y tambien atiende lo más rápido que puede.
- Porque no contrata más personal? Se ve que les hace falta - dijo Inuyasha
- Después hablamos si, que debo sacar otros postres - Kagome le dijo y se fue a la cocina
Inuyasha ahora entendía por qué siempre Kagome llegaba tarde, y cansada. Solo habían dos empleados en ese lugar, podía suponer que ese chico era el dueño. Aunque por un lado está feliz ya que a Kagome siempre le gusto la repostería, ella siempre le preparaba dulces y postres cuando podía ir a su casa. Pero se estaba explotando laboralmente. Necesitaba un descanso.
Se imaginaba a Kagome llegando tarde de trabajar, hacer las compras que podía y en la casa Moroha la esperaba para que le contara un cuento o jugará con ella. Esa niña sí que tenía energía, y Kagome ya no era una niña para seguirle el juego.
- Toma estos son sin azúcar para Moroha - dijo Kagome para sacarlo de sus pensamientos
- Gracias, cuánto te debo?
-Déjalo así ya los pague yo, si quieres ir a casa, ya Moroha habrá llegado a casa, y quiera jugar contigo
- Ah, claro…
- Si quieres la llevas al cine o algo así, como hiciste la otra vez.
- ¿Ella te contó que la lleve al cine?
- Por supuesto ella me dice todo, al inicio me asusté porque supe que ella salía con un desconocido, luego Kaede te vio y me dijo que parecías un buen sujeto, y fue grande mi susto cuando te vi en la puerta de la casa aquella noche.
La forma sincera de hablar de Kagome le sacó una pequeña risa a Inuyasha, hasta que fue llamada por el señor y se fue a trabajar, además de estar en la cocina, también ayudaba cuando podía en la barra.
- Kagome a qué hora sales?
- Eh? A las 8pm
- Vendré a buscarte.
Inuyasha quería hablar con ella, averiguar sobre ese negocio, si tenía suerte podría invertir para expandir, por un buen precio y dejarle ese negocio a Moroha. Nunca antes había querido un negocio tanto como en ese momento y confiaba en la cocina de Kagome, solo les hacía falta una mano.
Inuyasha siguió caminando por la ciudad, con la bolsa del teléfono y la caja de postres que compró. Hasta que se hizo la hora de salida de Kagome. Cuando cerraron el local Inuyasha esperó a que Kagome saliera. Y allí estaba ella, tenía una falda que le llegaba por debajo de las rodillas, y una blusa sin mangas, su cabello suelto y un bolso de lado.
- Perdona que tuvieras que esperar
- Tranquila.
- Y bien? ¿Qué necesitabas?
- Yo quería preguntarte por este lugar
- Este lugar? ¿Hablas de la repostería?
- Si, quiero que respondas unas preguntas.
- Claro
Kagome tenía cada de no entender exactamente qué era lo que Inuyasha quería. Inuyasha por su parte, comenzó a caminar con Kagome, mientras le preguntaba todo lo que podía sobre el lugar, cuando vendían, cuantos postres hacia, sí solo eran ellos dos, quería conocer al dueño, y cualquier cosa que se le ocurriera.
- Puedo saber porque quieres saber tanto de mi trabajo? - le pregunto Kagome
- Estaba buscando algo en que invertir, el lugar donde trabajas parece ser un buen lugar aunque le faltan pulir muchos detalles
- No creo que Ranma, acepté trabajar para alguien más.
A Inuyasha no le gustaba mucho que Kagome llamara a su jefe por su nombre, eso significaba que ambos eran muy unidos ¿qué tanto? Se preguntaba Inuyasha internamente.
- Podría reunirme con él un día y ver si podemos llegar a un acuerdo. - dijo Inuyasha
- Esta bien, le plantearé tus ganas de querer invertir- dijo Kagome
- Gracias
- Oye, me puedes acompañar al supermercado, debo comprar varias cosas para la casa.
- Claro
Inuyasha y Kagome entraron en el supermercado, y Kagome fue comprando las cosas que ella decía ser necesarias para su casa mientras llenaba el carro de mercado, Kagome más que nada compraba muchas frutas
- ¿No son muchas frutas?
- A Moroha siempre le gusta tomar jugos o comer directamente la fruta. Así que nunca duran en la casa. Así la consiento sin que se de cuenta - le dijo Kagome a Inuyasha para guiñarme el ojo.
- ¿Nunca dejas de pensar en Moroha?
- No, ella es lo único bueno que tengo en mi vida. Es mi pequeño rayo de luz.
Inuyasha vio como esas palabras salían de Kagome con todo el amor que podía tener.
- A mí, me fuese gustado estar con ella cuando nació - Inuyasha dijo esas palabras con dolor
- Lamento que te perderás de sus primeros años. - Kagome sabía que todo era culpa de sus miedos
- Después que tú y yo terminamos me planteé nunca tener hijos, de hecho me dije a mi mismo que nunca volvería a abrir mi corazón a nadie
- No sabía que te había herido tanto
- Pero sabes, conocí a Moroha ese día en el parque y me cautivó su mirada inocente, y su amor por el deporte. Cuando la vi correr en ese partido vaya que no pude quitarle la vista de encima. Cuando jugaba con ella en tu casa a golpear la pelota, fue que pude tener ese deseo nuevamente de tener hijos. Pero luego descubrí que Moroha era mía y tuya…
- Inuyasha…
Inuyasha conocía esa mirada, esa mirada donde Kagome lo veía como si fuera la última comida de un sentenciado a morir, como si fuera la fábrica de chocolate y ella fuera Augustus Gloop.
- Inuyasha…
Maldita sea, ella sabía cómo llamarlo. Aunque ahora que lo piensa desde que se hicieron pareja y aún en su reencuentro nunca le ha llamado por su nombre siempre es Inuyasha.
- Kagome, no es justo. Tú siempre has tenido ese poder sobre mí.
- ¿Qué poder?
Espera me lo está preguntando en serio? Inuyasha no veía nada de picardía en esa pregunta. ¿Por qué su inocencia le excitaba tanto?
- Te lo dije un millón de veces que me veas con esa cara, significa que quieres hacerlo
- ¿Soy tan obvia? Qué vergüenza
Allí está la adolescente de la que él está enamorado, esa mujer que nunca pudo olvidar. Inuyasha quería estar con ella pero…
- Paguemos en caja y volvamos a casa - Kagome le cortó el ánimo en una frase.
- Ah, claro.
Pagaron lo que estaba en el carro de mercado, Inuyasha la ayudó con las bolsas de comprar y caminaron hacia la casa. Sin darse cuenta estaban recordando momentos felices de su juventud juntos. Como la vez que Inuyasha ayudó a Miroku a escaparse con Sango. Y terminaron siendo descubiertos en la salida de la escuela. Los dos tortolos no llegaron lejos, o cuando Inuyasha y Kouga quisieron probar el cigarro en la escuela y un profesor los atrapó a ambos. O cuando en el salón de química Inuyasha mezcló unos químicos, le tocó un mal compañero y casi que los matan a todos allí.
- Si, ese día pensé que moriría… - se reía Inuyasha
- Jajajaja… - Kagome le siguió el juego
-Recuerdas cuando nos quedamos atrapados en el techo.
- Si, ese día pensé que nos íbamos a quedar allí para siempre.
- Yo solo pensaba ese día que era mi oportunidad de oro, para pedirte salir conmigo
- Por eso no me hablabas - Kagome dio cuenta de lo que pasaba en la mente de Inuyasha en ese momento
- Si, estaba nervioso por eso, y no lograba declararme. Además estabas tan asustada y desesperada que creía no me escucharías.
- Y no te fuese escuchado, jajaja… solo pensaba en salir de allí
- Si… fue una época divertida, a veces me gustaría volver a esos días
- A mí no me gustaría volver
¿Qué? Realmente Kagome dijo eso? Acaso nunca la paso bien en la escuela y la preparatoria, siempre estaban juntos.
Kagome volteo a ver a Inuyasha y por un momento supo lo que él estaba pensando.
- No lo tomes mal Inuyasha, no lo digo por ti. Siempre me divertía contigo y los demás. Lograban sacarme por un momento del infierno donde estaba.
- Lamento no darme cuenta de lo mucho que sufrías
- Eras mi refugio, en aquella oscuridad. Mi luz en aquel abismo, yo simplemente no quería corromperlo o dañarlo.
- Porque nunca me dijiste lo que sufrías?
- No quería que me vieras de otra forma, además sentía que si te decía muchas cosas se iban a romper y sería imposible recuperarlas. No sabía exactamente qué era pero sentía que lo perdería, que te perdería si te decía la verdad
- Debiste confiar en mí - Inuyasha se acercó a Kagome, pasó todas las cosas a una mano, y con su mano libre comenzó a tocar su rostro.
- Debí confiar en ti - una lágrima comenzó a rodar por el rostro de Kagome
Inuyasha la limpió con su mano, y por un momento quería devolver el tiempo y sacar a Kagome del brazo de aquel lugar, tumbar la puerta y rescatarla de su padre. Ella no merecía esa vida, no merecía nada de lo ocurrido.
- Inuyasha...
- Kagome…
No pudo soportarlo más, necesitaba besarla, necesitaba decirle que ahora estaría allí. Y lo hizo, ambos se besaron allí en medio de la calle, no le importaba que alguien los viera, solo importaba ella en ese momento. Pero debían romper ese beso, no por temor a ser atrapados sino porque Kagome tenía una niña que la esperaba más que a nada.
- Debemos seguir - fue Inuyasha quien rompió el beso
- Si
Siguieron caminando, y llegaron a la casa Furōra, Moroha fue quien recibió en la entrada a Kagome, cuando vio a Inuyasha se sorprendió de verlo allí
- Hola, Moroha… - la niña lo veía, pero luego sonrió y le dijo
- Bienvenido papá
Era la primera vez que escuchaba a Moroha decir papá, le llenó de orgullo que esa niña.
- ¿Te vas a quedar a comer? - le pregunto Moroha a Inuyasha
- Yo? No creo que pueda.
- Quédate a cenar sería bueno para ella - le dijo Kagome, animandolo a quedarse
- Bien, me quedaré para la cena. - dijo Inuyasha sin poder resistir, la alegría que esa niña expresaba en su rostro.
- Si… ven conmigo
Moroha llevo a Inuyasha a conocer su habitación, todo estaba en miniatura. Tenía hasta un futbolito de mesa, y un poste grande de Ashleigh Barty y Naomi Osaka.
- ¿Te gusta el tenis? - le preguntó inuyasha a Moroha
- A mi mamá le gusta el tenis, y a mi también me gusta.
- ¿Te gustan mucho los deportes verdad?
- Si, quiero jugar. Vamos a jugar
Le dijo Moroha, para llevarlo al futbolito. Donde comenzaron a jugar. Moroha ya sabía cómo jugar con esa mesa y le ganaba con mucha facilidad a Inuyasha, 15 goles a 2. Incluso Inuyasha sospechó que le dejó meter esos goles por lastima.
Kagome los llamó a cenar y ambos salieron a comer, en la mesa estaban los 4 reunidos.
- Mamá, está muy rico - le decía Moroha a Kagome
- Gracias Moroha. Si te lo comes todo podrás comer el postre que trajo tu papá - le dijo Kagome a la niña.
- Si… - le niña extendía su alegría
- Imagino que tú vas a jugar con ella para cansarla - le dijo Kaede a Inuyasha
- Creo que ya estoy cansado de solo pensarlo - dijo Inuyasha pensando en jugar con ella tan tarde
- Papá! Te vas a quedar a dormir? - le pregunto Moroha a Inuyasha
- Eh? No creo que deba - le dijo Inuyasha no muy seguro de eso
- Moroha no molestes a tu papá - le dijo Kaede a Moroha
- ¿Cómo estuvo la escuela Moroha? - le pregunto Kagome
- Bien, la maestra dice que Moroha es buena niña - Inuyasha se dio cuenta que el tono que usó era extraño
- Segura no quieres decirme nada? - le pregunto Kagome preocupada
- No, me gusta jugar a la pelota. ¿Cuándo vamos a jugar tenis? - Moroha le cambió el tema.
- El domingo vamos a jugar - Kagome le siguió el cambio
- Y papá va a venir? - pregunto Moroha viendo a Inuyasha
- No lo sé, te gustaría venir el domingo a jugar tenis con nosotras? - le pregunto Kagome a Inuyasha
- No tengo nada que hacer. Asi que está bien. Iré - dijo Inuyasha mirando la alegría en la cara de Moroha
- Si…
La cena finalizó, todos comieron. Y mientras Kagome limpiaba los platos Kaede se fue a bañar, Inuyasha y Moroha pateaba el balón de uno al otro hasta que Moroha fue llamada a bañarse.
- Papá se puede bañar con nosotros? - le dijo Moroha
- Eh, hoy no. Tal vez otro día. - le dijo Kagome
- Pero… - Moroha quería hablar pero Inuyasha los interrumpió
- Otro día, ya que no tengo ropa para bañarme - se justificó Inuyasha
- Ah… - ella pareció darse cuenta que no tenía más ropa que esa
- Ahora entiendes porque no me puedo bañar con ustedes - le dijo inuyasha a la niña
- Entonces mañana, ven con ropa y nos bañamos juntos - la inocencia era una virtud.
- Veré si recuerdo traer ropa - Inuyasha sabía que había perdido esa guerra
- Bien, vamos mamá - Moroha se fue al baño
- Espera a que salgamos, si? - le dijo Kagome a Inuyasha
- Esta bien
Inuyasha se quedó un rato en la sala, al fondo podía imaginar a Kagome y Moroha bañándose, era tierno imaginar a Moroha jugando con el agua, o correteando por el baño y Kagome tratando de agarrarla para quitarle el jabón. Se reía solo en la sala de solo pensar en todas esas cosas. Moroha siempre le sacaba una risa, hace años que no pensaba en ese tipo de cosas alegres y nunca llegó a pensar que serían por culpa de una niña.
- ¿De que te ríes?
Kagome asustó a Inuyasha, al hablarle a si de repente cuando estaba sumergido en sus pensamientos.
- Perdón por asustarte - se disculpó Kagome
- A mí me dio risa - se reía Moroha.
- Y para que me dijiste que me quedara? - Inuyasha cambió el tema para que no se burlen de él.
- Ah, Moroha quería ver una película contigo hoy - respondió Kagome
- Si, quiero ver la sirenita - le dijo Moroha, para colocar la película en el televisor de la sala.
- Bien, hacía años que no veía esa película - dijo Inuyasha resignado
- Esa es la película favorita de Moroha - le dijo Kagome
- Ya veo
Comenzaron a ver la película, y Moroha ya conocía la película de memoria, tanto que los diálogos los recitaba al pie de la letra en el momento justo. Inuyasha solo podía pensar en que emoción había en repetir la misma película hasta aprenderte los diálogos de memoria. Al terminar la película, Kagome llevo a una Moroha cansada a su cama a que se duerma.
- Oye papá, ¿te puedes quedar hasta que me duerma? - le pidió Moroha, aún entre sueño
- Está bien - y se acostó de lado, con la niña
- Tú también mamá - le pidió a Kagome también.
Inuyasha y Kagome se acostaron uno de cada lado en la cama dejando a Moroha en medio de ellos, para Kagome, Moroha era la niña más dulce y linda que puede existir, y la ama más que a nada en el mundo.
Hasta aquí, Moroha es un amor como me fuese gustado ver más aspectos de Inuyasha paternal en la serie de YashaHime. pero bueno con mi imaginación me conformo (y fanfics)
sinceramente siendo yo madre, enterarme que mi hija sale con un hombre mayor me preocuparía pero Sakura card captor me hizo darme cuenta que haya es totalmente norma. cochinos degenerados jajajajajaja.
los personajes no son míos son creación de Rumiko Takahashi solo la historia me pertenece
