Capítulo 8
En mayo, Snape notó un par de cosas al inicio del mes. Por un lado, parecía que sus alumnos por fin caían en cuenta de qué si no se esforzaban ese último mes de clases —dado que junio era un mes exclusivamente para los exámenes finales y los especializados—, lo más probable era que pasaran sus vacaciones de verano encerrados en el castillo, tratando de no repetir el año escolar. Por otro lado, en el estudio de danza, percibió un cambio notorio en el ambiente.
Lo que solía ser un lugar tranquilo, lleno de diversión y relajo, radicalmente se transformó en el cuartel general de una guerra, una zona de tensión y caos, tal y como la biblioteca en periodo de exámenes. Los alumnos del primer turno de la profesora McGonagall solían quedarse con ellos durante el último turno, por lo que el salón, por primera vez, estaba repleto. No obstante, eso les dejaba menos espacio a los de siempre para practicar. Cuatro parejas de bailarines avanzados compartían el salón con ellos durante dos horas, acaparando la atención tanto de la bailarina escocesa como de su discípula, dejando como único instructor a Harry Potter.
Pero todo tenía una explicación y esa era que estaban en mayo, lo que significaba que la competencia syllabus de ballroom dance estaba a la vuelta de la esquina.
Snape, quien siempre se consideró una persona sumamente inteligente, descubrió que era un completo ignorante en lo que competencias de baile se referían, así que una emocionada Luna Lovegood y un estresado Harry Potter le tuvieron que explicar todo lo necesario para que entendiera la magnitud de lo que esa competencia significaba para las parejas avanzadas. Cada tanto, McGonagall o Hermione los corregían para que no confundieran más al pobre académico.
De toda la información nueva, solo pudo retener lo siguiente: las dos categorías de competencias más importantes que existían eran el ya mencionado Syllabus y el Open. Las competencias se dividían tanto por edad, categoría, habilidad y, por supuesto, trayectoria. Las competencias Open eran para los bailarines que ya tenían un lugarcito en el mundo del baile de salón, así que lo más cercano a lo que podría aspirar —y a lo que los alumnos de Miss Granger y la profesora McGonagall aspiraban también— era a la competencia Syllabus. El syllabus eran competencias para bailarines novatos hasta avanzados, pero sin que estos fueran considerados como "profesionales". El syllabus se dividía en cuatro niveles: novato o pre-bronce, bronce, plata y oro. La profesora McGonagall estaba entrenando en ese momento a dos parejas que aspiraban aloro—el título más alto en esa categoría— y Miss Granger, a una pareja junior de 15 años y a una youth de 16 para la plata.
—Dejame ver si entendí —el pelinegro se encontraba sujetando a la joven rubia de la espalda mientras Harry los guiaba en su desliz—. Este mes, McGonagall's tendrá cuatro representantes en el Syllabus del Royal Albert y los que pasen a la etapa final irán a bailar a Stoke-on-Trent para a finales de mayo, ¿verdad?
—No solo irán a bailar. No, no, sujeta de esta forma —Harry detuvo a la pareja y, tomando a Luna con sus manos, le mostró al profesor de Química la posición apropiada para realizar el movimiento rotatorio en el vals—. Irán a por el título. ¡Es Stoke-on-Trent! Es muy importante, realmente esperamos que lo logren, sería increíble no solo para ellos, sino también para la academia.
—Yo confío en Lila y Johnny —añadió Luna volviendo a Snape. Lila y John eran la pareja de 16 años que Hermione entrenaba, eran unos jóvenes amables con sonrisas tan perfectas que Snape se preguntaban si en realidad eran de verdad— y Julia y Edmond son increíbles en latin, estoy segura que ellos de hecho llegarán a la final.
—Solo has mencionado a dos parejas, Luna —comentó Neville quien en ese momento se encontraba tomado de la mano de Sirius mientras que él mayor bailaba con él el mismo vals que Luna y Severus bailaban. A falta de alumnas mujeres, no había muchas opciones de reemplazo—. ¿Qué hay de Emy y Alex? ¿Y Sophie y Ben? También son increíbles.
—No lo sé, Neville —intervino el millonario haciendo girar a su compañero en una dramática postura—. El Syllabus es lo mejor de lo mejor, no sé si ellos puedan lograr el oro, pero espero que al menos sí lleguen a la final. Minerva se está esforzando mucho por estos chicos y es la primera generación de Hermione en participar en un concurso.
—¡No! —escucharon al otro lado del salón, donde los avanzados se estaban preparando. Los novatos se giraron para ver como una copia joven de McGonagall regañaba a sus propios pupilos. Hermione Granger había interrumpido su propio ensayo al ver el desempeño de sus bailarines—. No, no, suéltala, lo estamos haciendo mal.
La instructora apartó a Alex y tomó su lugar al lado de Emy. Tomó a la muchachita y la llevó al medio de su espacio para iniciar el baile —La rumba, Alex, es un baile de pasión. ¡Sientes pasión por ella! ¡Demuéstralo! —Miss Granger dio un par de pasos suaves y felinos hacia Emy quien la imitó como si fuese un espejo, ella tomó una de sus manos y extendió su otro brazo, haciendo una onda lenta; sin embargo, podías apreciar toda la fuerza contenida dentro de ella, provocando que sus dedos hicieran posturas extrañas, como si estuviera en una lucha interna—. Te acercas a ella, seductor y galante. Sabes cuál es tu lugar, sabes que ella está interesada y te seguirá a donde tú vayas. ¡Las caderas, no olvides las caderas! —Hermione la hizo dar una vuelta y siguió con los movimientos circulares de caderas y ondas en los brazos, lentamente, seduciendo. Emy la imitó. Cada tanto, la castaña hacía un movimiento rápido, tomando desprevenida a su pupila. Era como si estuviera acorralándola, evitando que escape de su alcance, estaba jugando con ella a su antojo—. La confianza debe brotar de tus poros. Debes exponerla al mundo, tú eres su marco y ella la obra—Tomó a Emy y la acercó hacia ella, apoyando su espalda contra su pecho, deslizando sus delicadas manos sobre los brazos extendidos de Emy y luego bajando, deslizándose por su cintura y sus piernas mientras se inclinaba sobre ella. Una escena muy pasional, sin duda—. Luego la tomas entre tus brazos como si fuese a desaparecer, le das vuelta, acércala hacia ti con pasión y, por último, la dejas ir, ¡con fuerza! Como si la sacaras de tu vida.
Hermione apartó dramáticamente a Emy y la muchacha cayó de rodillas al suelo, en una pose dramática, jadeante, anonadada por el corto baile que había compartido con su maestra. Al otro lado del salón, los cuatro alumnos del segundo turno y Harry miraban boquiabiertos a la castaña, de pie, detrás de Emy —Prepara tu mejor mirada y cuando estés listo, miras al jurado —La bailarina levantó la mirada y todos pudieron notar la pasión desbordante de sus ojos miel.
—La pasión, Alex. Existe una diferencia entre la intensidad y la pasión y es esa diferencia la que te separa de la victoria o la derrota.
Los presentes en el salón se quedaron callados, incluso la propia profesora McGonagall. Una pequeña sonrisa se formó en sus delgados labios, no era completa, no mostraba los dientes, pero sí toda la satisfacción del mundo, como si viera todo el potencial que tenía la castaña para seguir sus pasos como maestra. El adolescente Alex asintió cabizbajo los enunciados de su instructora, entendiendo claramente su mediocre desempeño bailando rumba.
Snape estaba en shock. Los seductores pasos de baile, el movimiento ondulante de sus brazos, el constante giro circular de sus caderas, los delicados y felinos pasos que sus piernas bien formadas daban sobre el suelo de madera, todo eso era demasiado para él. Y para rematarlo, la mirada. Esa maldita y hermosa mirada. Fija, intensa, profunda, atrevida, se preguntaba cómo era posible que una simple mirada pudiera transmitir tanta pasión. Hermione había dejado ser ese delicado cisne blanco para convertirse en una fierecilla. Se había convertido en una leona que estaba reclamando un pedazo de carne, la pobre Emy no tenía oportunidad contra ella y solo se dejaba ir entre sus brazos hasta terminar en el suelo, agotada.
Hermione salió de su trance en cuanto escuchó el solitario sonido de un par de manos aplaudiéndole, provocando eco en el callado salón. El hombre de piel cetrina le estaba aplaudiendo como si su vida dependiera de ello. Todos se giraron a verlo, incluyendo la castaña. Dos nubes rojizas provocadas por la sangre se dibujaron en las mejillas de la castaña. Casi podía leer en sus ojos el "Gracias, pero detente, por favor".
Snape, deja de hacer el ridículo, se dijo así mismo.
—Bien, menos demostraciones —intervino la profesora McGonagall, terminando con el silencio—, más ensayos. Pónganse a trabajar, todavía tenemos un par de días antes del Royal Albert, ¡a bailar! —luego se giró y se dirigió a sus novatos alumnos del segundo turno— Y ustedes, dejen de holgazanear, espero que estén aprendiendo algo de esto, cuando acabe la temporada voy a evaluar su progreso. A ensayar, todos.
Ambos grupos volvieron a sus respectivos deberes en silencio, siguiendo al pie de la letra las instrucciones de sus respectivos profesores mientras la música sonaba de fondo. Snape cada tanto se detenía para mirar a la leona castaña quien estaba demasiado distraída supervisando a los adolescentes como para notarlo. Podía ver la angustia detrás de esa mirada, ella estaba tan o incluso más ansiosa que sus propios alumnos. Eso estaba bien, pensó Snape, significaba que realmente le importaba esa competencia y quería que sus pupilos triunfaran.
Era una buena profesora.
—Hicieron un buen trabajo hoy, todos ustedes, se los felicito —anunció McGonagall cuando el reloj de pared indicó el fin de las clases por esa noche—. Ahora vayan a descansar, mañana continuaremos con el grupo uno a las 4 pm, si hay algún cambio, Hermione se los hará saber. Ya pueden retirarse, que pasen una buena noche.
Como venía pasando las últimas semanas, Snape se quedaba un poco más con sus compañeros mientras guardaba sus cosas en su pequeña mochila deportiva. Se había acostumbrado a esos diez minutos post clases como si siempre hubiesen formado parte de su vida: El parloteo sin sentido de la voz soñadora de Luna, las constantes bromas de Sirius Black, los intentos disimulados de Potter por hacer un paso de baile moderno, Neville tratando de seguir el monólogo de Luna y Miss Granger cerrando el salón junto con la profesora.
—Me pregunto qué vestido usará Sophie para la competencia —dijo Luna a lo lejos—. Espero que sea el anaranjado de tirantes, me gusta como le queda.
—¿Cuándo era la competencia? ¿El 16? —respondió Neville.
—¿Se está dejando la barba?
Snape volteó la cabeza hacia su izquierda donde Miss Granger se encontraba alistando su propia mochila, casi lista para irse. Inconscientemente, se llevó una mano a su barbilla, tocando la incipiente barba que empezaba a brotar. Rayos, de seguro se veía mal, pensó. Se había quedado dormido esa mañana y, entre preparar el desayuno, la medicina de Lamarck, bañarse, salir rumbo al metro, realmente no le había dado el tiempo suficiente para su arreglo personal como solía estar acostumbrado.
—Eh… —respondió nervioso, buscando rápidamente una explicación en su mente—, eh, no, no, no. Es que no tuve tiempo en la mañana y olvidé afeitarme. Debe verse horrible— Su mano se mantuvo sobre su boca, como si quisiera ocultarla.
¿Acaso estás avergonzándote, Snape?
—No, no —lo interrumpió la chica, sonriéndole—. Le queda bien, un poco incompleta, a decir verdad, pero me gusta. Debería dejársela.
Le gustaba… Le gustaba a Miss Granger.
—Ah…. Gracias —eso sonó más a una pregunta que a una respuesta, pero a Hermione no pareció importale; sin embargo, su contestación había matado lo que pudo ser una conversación casual, pues la castaña se dio la media vuelta y se fue.
—Mione, vamos a ir a cenar, ¿vienes con nosotros? —preguntó Harry cuando ya estaba fuera del edificio. Los otros miembros del grupo estaban parados afuera, esperando pacientemente la respuesta. Era usual que al menos una vez cada semana, Sirius Black se tomara la importante tarea de invitar la cena para todos.
—Claro, dejame cerrar y nos vamos.
—¿Tú vienes, Snape? Es comida italiana —le preguntó el ojiverde.
Por cortesía, siempre invitaban a "Snivellus" a todas las cenas, pero él siempre rechazaba la invitación. Por más que ya formaba parte del grupo; que, después de la noche de Jacky's en el Rivoli, Snape había ido a bailar una segunda vez en compañía de sus eufóricos compañeros y que incluso se había acostumbrado a las bromas de Sirius, Snape aún se sentía reacio a acompañarlos a cenar. Comer con una persona era algo demasiado intimo que aún no estaba dispuesto a compartir. Solo necesitaba tiempo… solo un poco más.
—Gracias, pero tengo que irme, me esperan en casa.
Además, tenía a Lamarck esperándolo para cenar y dormir. No era que fuera indispensable volver, el dispensador de comida estaba programado para que se sirviera la cena, aunque él no estuviera en casa. Gracias, maravillosa tecnología comprada por Draco, por facilitarle la vida.
—Tal vez en otra ocasión —usualmente esa frase solía decirla Luna, pero en esta ocasión, fue Hermione quien la dijo. Ella le sonreía y levantó los hombros en un gesto despreocupado.
—Tal vez.
—Bien, tú te lo pierdes, Snape —comentó Sirius aburrido, ansioso por ya irse a comer—. Nos vemos el sábado. ¡Adiós!
Adiós, Snape. ¡Adiós! Adiós. Adiós, Sr. Snape.
Snape cruzó la calle y se quedó de pie frente a la pequeña cafetería que solía frecuentar y a la cual ya casi había olvidado por completo. Demasiados croissants no eran buenos para su nueva vida llena de ejercicios. Al otro lado de la calle, alejándose de la estación de Earl's Court, podía ver al grupo de jóvenes (y Sirius) caminando y riendo con rumbo desconocido. Snape esbozó una sonrisa. Tal vez algún día. Con eso en mente, se fue en dirección a la estación a tomar su tren.
Un cansado Severus Snape en pantalones joggers y vestido con su vieja sudadera de Oxford cayó rendido sobre una de las bancas del parque que tanto frecuentaba entre los límites de su distrito con Wimbledon. Sus piernas lo estaban matando, sentía un hincón doloroso en sus costillas y el aire le faltaba. No lo entendía, llevaba dos meses haciendo ejercicio, pero seguía muriéndose cada vez que salía a correr al parque.
Tal vez correr no era lo suyo, con caminar debería ser suficiente.
Lamarck, a su lado, se le acercó, tratando de olfatear su cara. El enérgico perro no estaba cansado en lo más mínimo, es más, ni siquiera había entrado en calor. A penas habían dado tres vueltas al parque y la última ni debería contarse como una vuelta completa pues se detuvieron a la mitad de esta. ¡Ay, su costilla! Quería meterse a su cama y que alguien le hiciera un masaje. Estaba envejeciendo, de eso no había duda.
El samoyedo apoyó sus fuertes patas sobre sus rodillas y, levantándose sobre las traseras, se dedicó a frotar su cabeza de peluche contra la cara de Snape, como diciendo "¡Vamos, arriba! Aún nos faltan diez vueltas".
—Lo siento, amigo, papá está cansado —se excusó acariciando su cabeza, dando pequeñas palmaditas sobre esta, provocando que su perro cerrara los ojos—. Dame un minuto… mejor que sean veinte.
Lamarck aulló con el corazón destrozado. El paseo en el parque se había acabado por ahora.
—¡No llores, bebé! Ya estoy aquí —como caída del cielo, una deportiva Hermione Granger, se apareció por detrás de él, apoyando sus manos en el respaldar de la banca. Lamarck ladró y persiguió su cola en señal de alegría—. Buenas tardes, Sr. Snape. ¿Qué tal la caminata?
—Esta vez casi le di tres vueltas completas corriendo —anunció el profesor luego de corresponder su saludo con un tímido movimiento de mano—, pero a este muchacho no le parece suficiente.
—Lamarck solo quiere correr, ¿no es así, hermoso? —la castaña rodeó la banca para poder acercarse al perro, poniéndose a su nivel en el suelo. Hoy traía el cabello amarrado en su típica coleta alta, llevaba sus mallas de deporte negras y una camiseta de tirantes roja que se apegaba a su cuerpo, acentuando su pequeña cintura. Al parecer, hoy se había olvidado la casaca pues no había señales de ella por ningún lado. Sus audífonos anaranjados decoraban su cuello y unas cuantas gotas de sudor caían por su cuello—. ¿Quién quiere ir a correr? ¡Tú quieres ir a correr! ¿Vamos a correr? ¿Sí? ¡Vamos a correr!
—Llevátelo, por favor, yo necesito recuperar el aliento. Toma —le ofreció la correa roja aún sujetada al cuello del can y ella la tomó, tal cual como venía haciendo desde los primeros días del mes—. Llevátelo, hoy tiene mucha energía. Suerte con eso.
—Vamos a ver si esta vez se cansa. Volvemos en un rato, Sr. Snape.
Aún sentado sobre la banca, Severus observó como la castaña se alejaba trotando, sosteniendo la correa roja de su perro mientras que este corría contento a su lado. Estaba infinitamente agradecido con aquella bailarina, un paso más y él hubiese terminado en el hospital por un paro cardiaco o por falta de oxígeno en sus pulmones. La vio trotar por los senderos de corredores hasta que tomó velocidad y desapareció de su rango visual.
Desde la primera vez que se encontraron en ese parque —la vez que una pelota y Lamarck casi la matan—, sus encuentros se volvieron más frecuentes. Todos los lunes, miércoles y viernes se encontraban por la tarde en el parque, a la misma hora, cuando él le daba un paseo a su perro y ella le daba la vuelta por tercera vez a aquella área verde.
"Creo que se está haciendo un hábito encontrarme con usted, ¿no le parece?" le comentó en alguna ocasión.
Hermione, después del segundo encuentro, le confesó que siempre corría en ese parque por las mañanas, pero que había cambiado recientemente su horario porque quería dedicar la mitad del día a entrenar a Johnny, Lila, Emy y Alex para llegar listos al 16. Entre pruebas de vestuario, ensayos, las clases a los otros grupos del McGonagall's Studio y otras cosas que de seguro tenía que hacer, le quedaban tan solo dos opciones para salir ejercitarse y prefería hacerlo por la tarde que por la noche.
Asimismo, la castaña había notado el mal estado físico del profesor cada vez que terminaban de darle al menos una vuelta al parque. Teniendo en cuenta que Lamarck —el cual se había ganado el corazón de Hermione en el poco tiempo que se conocían— aún tenía energía luego de las primeras vueltas, ella siempre se ofrecía a correr con él hasta que alguno de los dos estuviera lo suficientemente cansado para ya no continuar… usualmente era ella la que se cansaba primero.
A pesar de que siempre se ponía nervioso cada vez que se encontraban, trataba de que no se le notara. No quería que la muchachita notara su "debilidad" hacia ella. Era agradable charlar con alguien que no fuera Lucius o Narcissa, ni que tuviera la mente de un adolescente como Draco —a pesar de que tenía de seguro la misma edad que ella—, o cargada de veneno como Bellatrix. Charlar con alguien dos generaciones más joven que él era una experiencia nueva y rica, era como abrir un nuevo mundo de posibilidades. Ella era inteligente, más de lo que hubiese imaginado, siempre tenía un argumento para defender su posición y nunca se quedaba sin un comentario inteligente o dato curioso que decir. Sabía cómo mantener en pie sus pláticas las cuales eran cortas, pero entretenidas.
Odiaba admitirlo, pero Hermione Granger era posiblemente lo más interesante que le había pasado en los últimos tres años.
Al cabo de unos diez minutos, mientras estaba aún sentado disfrutando del fresco de la tarde, Hermione pasó frente a él, acompañada de Lamarck. Verla trotar era entretenido, sumamente entretenido. Su cabello castaño se balanceada de un lado al otro exponiendo su delgado y largo cuello. Sus caderas se movían en un ritmo constante y sus pies tocaban brevemente el suelo y volvían a levantarse para dar el siguiente paso. No había que ser un genio para decir que ella estaba corriendo al ritmo de la música proveniente de sus audífonos. Sus labios gesticulando la letra de la canción eran prueba de ello. Cada tanto, cuando caminaba para recuperar el aliento, podía descifrar que tipo de canción escuchaba: Si daba pasos cortos, ágiles y de puntillas, era una canción de ritmos latinos, si daba pasos largos moviendo sus caderas de manera pronunciada, lo más probable es que fuera una canción lo suficientemente lenta como para modelar y, si empezaba a trotar otra vez, era porque la canción era demasiado rápida como para bailarla.
Ella tenía un bonito cuerpo, pensó cuando ella pasó frente a él por cuarta vez. Tenía piernas fuertes, cintura pequeña, caderas redondas y un firme trasero... ¡Deja de mirar el trasero de Miss Granger, Severus Snape! ¡Eso es de bárbaros! Deberías estar avergonzado, yo no te crie de esa forma, escuchó mentalmente a la voz de su difunta madre regañándolo. Tenía razón, eso era de bárbaros. Sacudió su cabeza para alejar esos pensamientos. Le estaba perdiendo el respeto a Miss Granger y eso era lo último que quería hacer, después de todo, ella odiaba a los mirones.
—Ahora sí te cansaste, ¿eh? —le preguntó al can después de 40 minutos de trote. Su perro se apoyó jadeante contra su rodilla. Esperaría a que este se recuperara para poder llevarlo a uno de los bebederos que el parque tenía esparcidos por ahí.
A su lado, echada sobre el césped, Hermione respiraba agitada, con los ojos cerrados y la cara roja debido a la actividad física. Su frente y su cuello estaban perlados por el sudor a pesar de que ya se había secado con su toalla roja. Sus carnosos labios aún seguían húmedos gracias a toda el agua que había tomado hace unos segundos e, incluso, alguna gota de esta se deslizaba por su piel caliente. Sus audífonos anaranjados descansaban en una de sus manos y, con la otra, sostenía su botella roja de agua.
—Bueno… no importa si está cansado o no… yo sí… Ya no puedo seguir… Lo siento, pequeño… se acabó el paseo por hoy —jadeó la chica aún recostada. Su pecho subía y bajaba de forma constante, tratando de recuperar el oxígeno—. ¿Es normal que esté… tan cansada?
—Lamento si fue demasiado. Este perro parece no tener botón de apagado —se excusó el profesor acariciando la cabeza de su mascota—. Ya sabe que no tiene que hacerlo si…
—No, no, no. Al contrario… es un placer… Lo disfruto mucho —la joven se reincorporó apoyándose con sus codos hasta luego estar sentada por completo. Cruzó sus piernas y se apoyó sobre ellas para poder ver mejor a Snape a los ojos—. Si bien desde que empecé a correr con Lamarck, mis rutinas se han hecho más largas, todo mi estrés por la competencia desapareció gracias a ello. ¡Hasta bajé dos kilos! Es increíble. Desde que usted y su perro empezaron a venir a mi parque, correr se volvió divertido.
—¿Cómo van los entrenamientos con los chicos? ¿Ya están listos para el Royal Albert?
—Eso espero.
Notó la variación en el tono de voz de la Srta. Granger. Hace unos segundos, su voz era cantarina y alegre, pero en cuanto mencionó el concurso, esta se apagó, incluso su mirada se había apagado. Desenredó sus piernas y empezó a estirar para que su sangre volviera a circular. Parecía que el concurso la estresaba más de lo que él suponía.
—Son buenos, muy buenos —dijo de repente—. Estoy orgullosa.
—Son increíbles.
—Sí… son increíbles. Tengo tantas esperanzas en ellos y confío completamente de que lo harán bien, sé que estarán fabulosos, pero… pero tengo miedo. Es nuestra primera competencia internacional y… siempre me pongo ansiosa con las competencias. Recuerdo que la noche anterior ni siquiera podía dormir y ahora, este Syllabus, es de tres días… Será una competencia larga.
—¿Cuándo inician?
—Este martes… Estoy muy nerviosa, no me importa tanto el premio, solo quiero que sea una buena experiencia para mis chicos… Bueno, sí, sí quiero ganar —confesó—, pero quiero que ellos se diviertan. Tenemos ya preparado los trajes, las coreografías de los solos y, bueno, todo queda en ver como se desenvuelven en el baile de secuencia.
—Lo harán increíble —Snape se inclinó sobre sí mismo y estiró su brazo derecho para apoyarlo sobre el hombro de la castaña en señal de apoyo—. Tienen a la mejor maestra del mundo.
La bailarina de rizos castaños se sonrojó de inmediato. Sus ojitos color miel brillaron con una intensidad que nunca había visto antes, al menos no de ella. Se notaba agradecida y conmovida. Ella llevó una de sus manos hacia la que Snape tenía apoyada sobre su hombro. Era la primera vez que se tocaban de verdad y no por cuestiones de baile. Su tacto era agradable, su pequeña mano acariciando la suya era un recuerdo que conservaría el resto del día, del mes y tal vez el resto de su vida.
Luego de un rato, ella le sonrió y se apartó con cuidado para levantarse— Bueno, debo irme —anunció mirando su reloj, jugando con la pantalla de este—. Tengo cosas que hacer. ¡Fue un placer correr contigo, bebé hermoso! —la muchacha se arrodilló frente al can y tomó su rostro entre sus manos para esparcir tantos besos como el perro se lo permitiera —Adiós, pequeño —la joven se levantó y le tendió la mano a Snape en señal de despedida— y adiós a usted, Sr. Snape.
—Adiós, Miss Granger. La veré en clase —respondió sacudiendo firmemente su mano.
—Se supone que eso lo digo yo, Sr. Snape, usted es mi alumno, no al revés —bromeó. Snape se rió de su comentario, no era una risa bonita, se notaba algo forzada, pero sentía que, si no lo hacía, sería incómodo—. En fin, nos vemos, no llegue tarde.
Vio a la castaña doblar hacia atrás sus piernas una por una antes de empezar a trotar otra vez, desapareciendo unos segundos después. Lo último que pudo ver de ella fue su cabello castaño meciéndose de un lado al otro sujetado por su alta coleta. Le estaba empezando a gustar esto de verla casi todos los días, le daba la oportunidad de conocerla mejor y, aunque no compartieran conversaciones profundas sobre la vida, al menos sabía que ella estaba interesada en muchos temas entre los cuales figuraban la política, la literatura e incluso, los voluntariados.
Lamarck tiró de la correa, esperando que su dueño le hiciera caso— ¿Qué quieres? ¿Quieres ir con ella? —el perro estiró las patas delanteras contra el suelo, apoyando la parte delantera de su dorso y levantando la cola casi por inercia— Lo siento, amigo, Miss Granger está fuera de tu alcance… y del mío. Vamos, es hora de ir a casa. ¿No te importa si regresamos en taxi?
Severus había estado en el Royal Albert Hall antes, era uno de sus teatros favoritos. Había visto una que otra obra de teatro ahí, incluso recordaba en alguna ocasión haber asistido a un concierto. El Royal Albert era enorme, tenía una capacidad aproximada de 5500 asientos o tal vez más. Su decorado era lujoso y sumamente ornamentado, de diseño italiano y predominante paleta rojiza terracota. El escenario principal era grande, con un mezanine exclusivo para el coro y la orquesta, la platea inferior tenía la capacidad de desinstalarse para agrandar el escenario, convirtiendo a la casa de la ópera en un anfiteatro rojizo.
El día anterior, Hermione había enviado un mensaje al grupo, avisando que llegaran una hora antes de lo normal y que llevaran ropa "sport-elegante", fuese lo que fuese eso. Snape tuvo que salir el jueves corriendo del colegio y, aún con la ropa de trabajo, llegó justo a tiempo al edificio de puertas azules pues la limusina personal de Sirius Black ya lo estaba esperando estacionada al frente, con sus compañeros de clase adentro.
Harry guiaba al pequeño grupo por los corredores de la antigua estructura victoriana, sabiendo perfectamente a donde ir. Luna era la más emocionada de todos ellos. No paraba de hablar, había llevado su cámara e iba tomando fotos a cada paso, capturando cada pintura, cada pequeño detalle arquitectónico y, cada tanto, a cualquier inocente visitante que se encontrara en el camino. En más de una ocasión, la había descubierto tomándole una foto sin que este se diera cuenta.
—Ignórame —pidió la rubia—. Las mejores fotos son las que se toman desprevenidas. Tú sigue caminando —luego levantó la cámara y volvió a tomar otra foto, esta vez a Sirius quien sí se tomó el tiempo para sonreír, levantar una mano y formar con sus dedos lo que parecía ser un teléfono.
Cuando llegaron al interior de la casa de la ópera, la encontraron medianamente repleta. A diferencia de las otras veces en las que Snape había visitado el lugar, esta vez se había retirado la platea inferior y la reemplazaron por una gran pista rectangular de madera brillante y clara. Inmediatamente al frente del escenario principal, estaba instalada una mesa larga para los jueces y, alrededor de toda la pista, habían dispuesto pequeños asientos para los invitados u otros bailarines, supuso. Mientras se internaban más y más a su zona de asientos asignada, Snape notaba como la mayoría de personas que asistían al evento eran familiares o amigos de los bailarines. Cada tanto, podía ver a alguno de ellos corriendo a toda velocidad ya vestidos con sus trajes de gala en dirección desconocida. Nunca había visto un vestido de ballroom, pero le gustaba lo que había visto hasta ahora. Eran prendas de colores vibrantes y de apariencia tan delicada que Snape temía que pudieran romperse con tan solo mirarlas.
—¡Harry! —la profesora McGonagall se levantó de uno de los asientos de la zona baja del anfiteatro y levantó la mano para llamar la atención del grupo—. Por aquí —la profesora les había reservado siete asientos al lado de ella para que tuvieran la mejor vista posible de la competencia.
La veterana bailarina y su aprendiz instructora habían llegado mucho más temprano al Royal Albert, pues tenían que llevar a sus bailarines y ayudarlos con todo el proceso del papeleo, pasar las pruebas antidoping, revisar el vestuario y maquillaje y, por sobre todo, hacer de coach emocional ante sus nervios previos al evento. Sus ojos verdes se notaban cansados, de seguro no había tenido una mañana tranquila con todo lo que le esperaba y eso que no contaba los dos días previos en los cuales también estuvieron compitiendo. El grupito se acercó a ella y saludó, haciendo comentarios de lo emocionados que estaban por presenciar el ya tan mencionado concurso.
"Damas y caballeros, el tercer y último día de la Competencia Anual e Internacional de Ballroom Syllabus del Royal Albert Hall iniciará en 15 minutos. Se les pide a los asistentes tomar sus respectivos asientos con anticipación para evitar inconvenientes. Se le recuerda a los participantes que…".
La voz que hablaba a través de los parlantes era clara y detallaba cada punto que tanto los participantes como los asistentes debían tener en cuenta para poder disfrutar al máximo del evento. Notó que poco a poco los asientos se iban llenando y los murmullos del resto de los asistentes se transformaron en un constante zumbido que resonaba debido al eco generado por la misma estructura. Ya sentados, Snape se atrevió a preguntar algo que venía atormentándolo desde que llegó.
—¿Dónde está Miss Granger? —inquirió, captando la atención del resto del grupo. Desde que habían llegado con McGonagall, no encontró por ningún lado a la bailarina, lo cual era extraño, teniendo en cuenta todo lo que ella se había esforzado en trabajar con sus pupilos—. Pensé que nos encontraría aquí.
—Oh, Hermione debe estar atrás con Johnny y Lila, dándole una de sus "charlas motivadoras" —respondió Sirius, estirándose como un gato sobre su asiento rojo—. No quisiera ser esos niños en este momento.
—Lo harán bien —le recriminó Luna—. Han practicado muchísimo y son increíbles. Iré a buscarlos, quiero tomarles unas fotos antes de que inicie la competencia. Cuidame mi asiento, Neville, por fa. ¡Ya vengo!
Durante los siguientes minutos, la profesora McGonagall —en un evidente ataque de ansiedad—, se la pasó explicando tanto a Snape como a Neville todo lo necesario para que pudieran entender el concurso. Los hombres y mujeres en uniforme negro y portapapeles azules en sus manos eran los "anotadores" —denominados "escrutadores" si querías emplear vocabulario técnico—, eran como los árbitros del evento. Se encargaban de anotar el número total de reclamos —por parte de los jueces— acumulados por cada pareja en cada ronda hasta las finales. Los jueces, por su parte, eran cuatro principales sentados en la mesa rectangular y los secundarios estaban esparcidos por los bordes de la pista junto con los anotadores. La competencia se dividía en dos partes: el estándar y el latino.
Según el BDC, la British Dance Council, primero se iniciaba con los ritmos latinos, los cuales eran cinco: Samba, Chachachá, Rumba, Pasodoble y Jive. Luego, se cambiaba el vestuario y se iniciaba la fase estándar, la cual también consistía en 5 bailes: Vals, Tango, Vals vienés, Foxtrot y Quickstep. Cada baile tenía una duración de entre un minuto y medio a dos minutos y no debía excederse de esos tiempos. Los jueces evaluaban diversos criterios tales como el equilibrio, el asimiento —el famoso "marco" del cual tanto había escuchado—, la postura, la musicalidad y la expresión, la sincronización, la alineación y la forma del cuerpo, las embarcaciones de pista, la acción de los pies y de las piernas y, por último, pero no menos importante, la presentación.
¡Era demasiada información para procesar!
—¡Gin! —gritó Harry levantándose de su asiento y agitando las manos, haciendo que el público a su lado se girara a verlos. Estaba llamando a una joven pelirroja que llegaba corriendo desde el otro lado del anfiteatro.
—Qué bueno que llegó, pensé que no llegaría nunca —comentó Sirius.
La muchacha los alcanzó pronto, saludando a todos a medida que iba pasando por los asientos de cada uno hasta llegar al final, al lado de Harry. La joven era de estatura promedio, una pelirroja de lacios cabellos y pecosa como ninguna otra. Tenía brillantes ojos azules maquillados con sombras oscuras, muchos brazaletes dorados y delgados, las orejas perforadas múltiples veces y sombrero y botines negros —Lamento la demora, el tráfico estaba horrible. Por favor, díganme que no me perdí de nada.
—Llegas justo a tiempo, querida —señaló la mujer escocesa—. Creo que están por anunciar el inicio en unos instantes. Chicos —se dirigió a Neville y Snape —, ella es Ginny, la mejor amiga de Luna y Hermione. Srta. Weasley, ellos son mis nuevos alumnos.
—Las chicas me hablaron mucho de ustedes, un placer —la joven saludó con la mano desde su asiento. Tenía una bonita sonrisa—. ¿Dónde está Luna y Mione? Me estuvieron llamando hace unos minutos.
—Están en el backstage —informó Sirius. La recién llegada hizo ademanes de levantarse, pero el mayor se lo impidió—. Ni te molestes, deben estar en camino.
"Damas y caballeros, oficialmente declaramos el inicio del tercer día de competencia del Syllabus del Royal Albert House. A continuación, empezarán la etapa semifinal de las categorías novato, bronce, plata y oro. Los concursantes de la categoría novato deben acercarse a…"
Y justo después de que la voz en off de los parlantes terminó de dar su anuncio, el grupo vio como las cabelleras de Luna y Hermione venían subiendo por las escaleras al lado de McGonagall. Las jóvenes saludaron animadamente a la pelirroja a lo lejos, pero no tuvieron oportunidad de abrazarse porque no quería incomodar el público detrás de ellos. Luna se sentó en su sitio reservado por Neville al lado de Sirius y Hermione se quedó de pie al inicio de la fila, aún en la escalera, mirando fijamente a Snape.
—Creo que está en el asiento de Miss Granger, Sr. Snape —comentó McGonagall en voz baja.
Snape se levantó de inmediato, como si el asiento tuviera un resorte que lo impulsara a levantarse. Hermione casi pegó un brinco debido a la inesperada reacción de su alumno; sin embargo, se contuvo. No quería hacer un espectáculo con todo ese público ahí, ellos venían a ver a los bailarines, no a ella. Se quedaron mirando y, luego de una eternidad —al menos para ambos— sin saber qué hacer, Snape se hizo a un lado para que Hermione pudiera sentarse en su asiento, sentándose él en el lugar siguiente.
"Iniciamos con la semifinal del nivel pre-bronce. Proceden a ingresar a la pista la pareja 04, la pareja 09, la pareja 11, la pareja número 17, la pareja número 20, la pareja 21, la pareja 28 y la pareja número 30. La categoría es latin, empezaremos con las coreografías de lo solos y luego, los bailes de secuencia".
Snape había asistido a eventos deportivos durante casi toda su vida. De pequeño, solía escabullirse entre los bastidores de un pequeño estadio cerca de su casa para ver los partidos de futbol del equipo local. En Hogwarts, solía apoyar a los equipos de su colegio durante los campeonatos inter-escolares. Durante la universidad se volvió un fanático de los partidos de tenis a los cuales iba con Lucius y, bueno, desde que tenía memoria, toda su vida había sido un fiel seguidor del equipo de Slytherin. Sin embargo, esta era la primera vez que asistía a un evento deportivo de baile de salón y nunca hubiese esperado que este "deporte" tuviera tantos adeptos.
"Ahora, la siguiente categoría es… ¡Jive!"
Era impresionante el talento de esos jóvenes. Sus pasos eran seguros, sus posturas, limpias y sus movimientos rápidos y firmes. No entendía cómo sus pies no se enredaban con tantos saltos y giros. Cada tanto podía verlos dando una postura desbordante de fuerza, como si quisieran presumir ante los anotadores. En ningún momento dejaban caer ni su postura erguida ni sus sonrisas perfectas. Si así eran los competidores de pre-bronce y bronce, no quería ni imaginarse como serían los de plata y oro. La competencia estaba fuerte, no sabía a cuál mirar primero, todos eran impresionantes.
"La siguiente categoría es… ¡Samba!"
Algo que Snape no sabía —y que obviamente se habían olvidado de informarle— era el constante cambio de vestuario de estos atletas. Parecía que cambiaban de vestido para cada baile —esta bien, tal vez estaba exagerando un poco—. Tanto hombres como mujeres tenían reglas para los vestuarios, explicó Hermione quien estaba demasiado concentrada en la competencia como para prestarle atención mientras aclaraba sus dudas. Los vestuarios de la categoría Latino debían ser de colores brillantes con patrones vibrantes y pegados al cuerpo. Los vestidos se pegaban a los cuerpos delgados y curvilíneos de las chicas como una segunda piel; los pantalones negros de los hombres eran apegados a sus piernas y las camisas estaban abiertas enseñando parte de sus pechos lampiños. Incluso el maquillaje y peinado tenían reglas: las mujeres podían usar un maquillaje más… dramático, por así decirlo, colores fuertes y labios rojos, el cabello recogido en coletas altas perfectamente peinadas. Para los varones, parecía que se hubiesen terminado todo un frasco de gel para lograr mantener su cabello peinado hacía atrás.
"La categoría es… ¡Vals vienés!"
En cambio, cuando pasaron a la categoría Estándar, los trajes cambiaron por completo, incluyendo el comportamiento. De trajes atrevidos y actitud desinhibida, pasaron a actitudes más recatadas y a trajes elegantes como sacados de cuentos de hadas. Las mujeres llevaban largos vestidos de telas de un solo color, delicadas como la seda y el satén y de faldas acampanadas y vaporosas que daban el efecto de que levitaban. Sus cabellos estaban decorados con diademas y elaborados recogidos que exponían sus largos y delicados cuellos. Los hombres usaban fracs impecablemente negros y de largas colas, camisas blancas almidonadas, zapatos perfectamente lustrados y el cabello peinado hacia atrás, está vez si tanto gel.
"La categoría es…. ¡Tango!"
Cada tanto, se giraba a ver a sus compañeros. A su derecha, estaban en orden Neville, Luna, Black, Potter y la Srta. Weasley. Ellos, al igual que otros asistentes, solo miraban comentando lo espectacular que se veían o lo bien que bailaban, aunque era claro que no eran conocedores del tema. En cambio, a la izquierda, Hermione y McGonagall conversaban en voz baja entre ellas sobre quien estaba haciendo un mal giro, quien estaba descoordinado con la música o quien no iba a pasar a la final. Era un fuerte contrante.
"A continuación, empezaremos con la semifinal del nivel plata. Por favor, acercarse a la pista, las siguientes parejas: la pareja número 05, la pareja número 08, la pareja número 11, la pareja número 14, la pareja número 22, la pareja número 28, la pareja número 31 y la pareja 32".
—¡VAMOS EMY! ¡VAMOS ALEX!
—¡VAMOS LILA! ¡VAMOS JOHNNY!
Snape empezó a aplaudir cuando la pareja 11 —Johnny y Lila— y la pareja 28 —Emy y Alex— entraron en la pista. Sus demás compañeros gritaron, incluso Sirius y Ginny se atrevieron a pararse a aplaudir y vitorear. Al igual que los anteriores niveles, iniciarían con la categoría latino. Pudo identificarlos debido al número pegado a las espaldas de los pupilos varones, los cuales parecían incluso haber crecido tres centímetros más al momento de entrar en la pista.
Era increíble lo que podía hacer el maquillaje y el traje adecuado. ¡La pequeña Emy ni siquiera parecía ser la pequeña Emy! ¿En qué momento se convirtió en una mujer tan despampanante si cuando entrenaban era más plana que una tabla? El maquillaje dramático le aumentaba unos años, ahora parecía al menos ser mayor de 18. De Lila ni hablar, de por sí ella era bonita, pero ahora, ataviada con un vestido azul que dejaba ver sus largas piernas, parecía ser una modelo profesional, incluso se veía más bronceada, como si hubiese pasado semanas en la playa. Johnny y Alex no se quedaban atrás, los descontrolados rizos de Alex estaban peinados perfectamente hacia atrás que era la primera vez que podía verle las orejas. Además, nunca pensó que a Johnny le quedaran tan bien las camisas semi-abiertas.
"Iniciaremos con las coreografías de los solos y luego, pasaremos a los bailes de secuencia".
Durante este periodo de la competencia, Snape conoció dos facetas de Miss Granger. Durante las pruebas del solo, Hermione estaba relajada, espalda pegada al respaldar y piernas cruzadas. Sus ojos miel analizaban cada paso que sus pupilos ejecutaban, esperando que se lucieran como solo ellos sabían hacerlo. Se notaba la confianza ciega hacia su desempeño y aplaudía orgullosa cada vez que ellos terminaban una demostración. Se regocijaba con su trabajo, había preparado bien a esos muchachos.
Pero todo cambió cuando iniciaron las pruebas de secuencia.
"La siguiente categoría es… ¡Paso Doble!".
—¡Los van a cerrar! ¡Los van a cerrar! —murmuró en voz alta, aunque se notaba que dicho enunciado no iba dirigido a nadie en particular. Sus repetidos pensamientos en voz alta fueron más que suficiente para no solo captar la atención de Snape, sino que también del resto de personas que podían escucharla— ¡Los cerraron! —después de dicha exclamación, a la castaña se le escapó una palabrota de la cual luego se avergonzaría. Snape se giró para ver al frente, en dirección a la pista, donde la pareja conformada por Lila y John bailaban peligrosamente cerca de la pareja número 05 y la 32.
Snape realmente no entendía lo que pasaba. ¿Por qué Miss Granger estaba tan ansiosa cuando no había que ser un experto para decir que sus alumnos lo estaban haciendo más que bien?
—¡Salgan de ahí! —susurró.
—No se preocupe, Sr. Snape, Hermione siempre es así de intensa cuando se tratan de los bailes de secuencia —Snape se giró para ver a la profesora McGonagall hablándole divertida por la expresión de confusión que él traía en el rostro—. Esta en su mundo ahora, por más que intente pedirle que se calme, ni siquiera se dará cuenta.
—¿A qué se refiere con "los van a cerrar"?
—Cuando dos parejas o más están bailando muy cerca, se les llama cierre. Si alguno de ellos roza a la otra pareja, interrumpe sus pasos, choca, no permite que sigan bailando o los obliga a salirse de los límites de la pista, todo eso puede sumar puntos en contra. Ese es el peligro de bailar en una pista llena. No pensaba que esto era tan fácil, ¿verdad?
—Ya… ya, ya, ya… ¡SÍ! —gritó la castaña levantándose de su asiento a aplaudir. Luego, se volvió a sentar, dándose cuenta de sus acciones— Lo siento.
"La siguiente categoría es… ¡Chachachá!"
La competencia entre los bailarines del nivel plata era fuerte, ninguno quería quedarse atrás estando tan cerca de la final. Muchos dejaban el alma en la pista… y otros dejaban más que el alma. En una ocasión, Snape se preguntó quien movía más las caderas, si los hombres o las mujeres. Asimismo, pudo confirmar los enunciados que Luna y Sirius dieron clases atrás. Sí, era cierto que Emy y Alex eran buenos, pero no tenían punto de comparación con Lila y Johnny, no se sorprendería si estos últimos pasaban a la final, aunque debía aceptar que se sentiría mal si los primeros se quedaban atrás.
"La siguiente categoría es… ¡Foxtrot!"
—Uno, dos, tres y… ¡desliz!
Snape estaba asombrado. Era como si Miss Granger estuviera conectada con las mentes de sus pupilos y, por medio de telepatía, lograba dirigir cada uno de sus movimientos desde su asiento junto a él. Dicho y hecho, la pequeña Emy y Alex dieron tres saltos cortos y luego se deslizaron a lo largo de la pista, juntaron sus talones y volvieron a bailar esos locos pasos.
Una extasiada castaña exclamó un fuerte "¡SÍ!" al ver la perfecta ejecución de dicho paso y, tanta fue su emoción, que no se dio cuenta cuando tomó la mano de Snape, la cual reposaba tranquila sobre uno de los soportes de brazo del asiento. Ella lo apretó con fuerza, descargando toda su energía. Snape no hizo movimiento alguno, no quería incomodar a la joven pues, tal y como McGonagall había pronunciado anteriormente, ella estaba en su propio mundo. Solo cuando llegaron a la categoría del vals vienés, Hermione se percató de que su mano estaba sobre la del pelinegro.
—Perdóneme, por favor— dijo y retiró su mano con rapidez.
—No se disculpe, por favor… aunque sí le diré que tiene fuerza, creo que mi mano se durmió.
Ver a los chicos bailar el vals vienés le trajo tantos recuerdos, todos ellos relacionados con su primer encuentro con Miss Granger en la estación de Southfields, donde, por unos sesenta segundos, ella había detenido por completo su mundo mientras bailaba.
Las parejas daban la impresión de levitar sobre la pista. Las mujeres sonreían hasta que sus ojos se cerraban y sus cabezas, inclinadas a un lado, buscaban la atención del público y en especial, la de los jurados. Los varones, estirados a todo lo que podían, las llevaban a lo largo y ancho de la pista, girando despacio y meciéndose como un péndulo. Cada cinco pasos al lado, hacían un movimiento rápido sujetándose de sus brazos para no caer debido a la fuerza. Un extraño pensamiento vino a la cabeza del profesor, las mujeres, con sus vestidos delicados y las telas colgando de sus brazos como alas, parecían cisnes a punto de alzar el vuelo. No entendía como unos simples humanos, sin tal vez nada que los hiciera destacar del resto, podían ejecutar pasos tan perfectos.
Eran hermosos, todos ellos. Sus trajes, su baile, sus sonrisas, sus posturas, todo sobre esa pista era hermoso. La música delicada de los violines no ayudaba a calmar todas sus emociones encontradas y muy pronto se encontró a sí mismo dejando caer solo un par de lágrimas que rápidamente limpió de sus mejillas pálidas, rogando que nadie se hubiese dado cuenta.
"Las parejas que mencione a continuación pasarán a la final, que se llevará a cabo el 30 de mayo en Stoke-on-Trent. Los ganadores de esta etapa son: la pareja número 5, la pareja número 11, la pareja número 14 y la pareja número… ¡28! ¡Felicitaciones a los finalistas!"
Mientras que el resto de la fila se levantó aplaudiendo y gritando los nombres de sus representantes, Hermione Granger se quedó en su asiento, cubriéndose la boca con ambas manos ahogando un gemido. Sus ojos miel se llenaron de lágrimas que trató de contener y su corazón le latía tan rápido que sintió que moriría en ese instante. Una sensación cálida se instaló en ella y la hizo sonreír aliviada. Después de tres días de competencia y quien sabe cuanto tiempo de preparación, por fin su alma volvía a su cuerpo. ¡Lo había logrado! ¡Lo habían logrado!
—¡Hermione, linda, lo lograste! ¡Lo lograste! —exclamó McGonagall a su lado, abalanzándose hacia ella para abrazarla— Los llevaste a la final. ¡Iremos a la final!
—Hermione, lo hiciste, lo hiciste, ¡lo hiciste! —una desbocada Ginny Weasley pasó sobre toda la fila sin importarle repartir pisotones, solo tenía un objetivo, abrazar a su amiga y entrenadora de las dos parejas de bailarines quienes se encontraban abrazándose en grupo en la pista, evidentemente llorando.
—¿Lo hice? ¡Lo hice! —finalmente, la joven rompió en llanto, ocultando su rostro con ambas manos—. Los cuatro… los cuatro irán a la final.
"Iniciaremos con la siguiente y última etapa del concurso, el nivel oro, luego del receso de cinco minutos. Las siguientes parejas, por favor, prepararse para ingresar a la pista de baile: la pareja número 04, la pareja numero 09, la pareja número 10, la pareja número 17, la pareja número 23, la pareja número 25, la pareja número 34 y la pareja número 39".
La última parte de la competencia, Snape se la pasó tratando de calmar el llanto de Miss Granger quien seguía temblando como un conejo sin poder creer que todo su esfuerzo había rendido frutos. Aun así, pudo apreciar el gran performance de cada bailarín avanzado. Ellos bailaban a morir, el destino de sus vidas estaba sobre la pista de baile. Esta fase ya no era cuestión de errores o de quien bailaba mejor, todos eran tan buenos que literalmente cualquiera podía pasar. Sus posibilidades de ir a la final y alcanzar la gloria estaban en manos de los jurados y de qué tanto ellos querían verlos en Stoke-on-Trent. Todo era tan subjetivo. ¡Era bailar o morir!
La pareja número 34 —Julia y Edmon— y la número 23 —Sophie y Ben— se lucieron en los solos, pero todo se definía en el baile de secuencia. La profesora McGonagall se encontraba tranquila, incluso sonriendo, como si supiera lo que pasaría a continuación. ¿Cómo podía estar tan tranquila? Incluso él estaba ansioso, el constante movimiento de su pierna izquierda lo dejaba en evidencia. ¿Qué era lo que ella sabía que ellos no?
Entonces lo supo.
Lo supo en el mismo instante cuando el quinto baile de latino acabó. La mirada que Julia y Edmon tenían en sus rostros lo decía todo. Era la mirada de alguien que ya sabía que había ganado, de alguien que se sabía inalcanzable, de alguien que tenía la competencia en el bolsillo. Sus ojos gritaban "¡Mirame! ¡Mirame a mí! ¡Nunca dejes de mirarme!". Era tan desbordante de confianza y de pasión que incluso él se sentía abrumado a pesar de estar a metros y metros de distancia. Era una lástima que Sophie y Ben no tuvieran la misma mirada y eso le dejó claro al profesor que la única pareja que pasaría a la final sería la pareja 34.
Tal vez a eso se refería Hermione cuando dijo que la pasión era lo único que los separaba a la victoria de la derrota.
…
—Felicitaciones chicos, estoy muy orgullosa de todos ustedes. Sin importar cual fuese el resultado, todos lo hicieron perfecto. Ya saben como es esta competencia, algunas veces se gana y otras se pierde, lo que me importa es que dieron lo mejor de ustedes y que han crecido con esta experiencia. Sophie, Ben, vengan aquí —la profesora esperó a sus bailarines con los brazos abiertos y estos corrieron a abrazarla con sus rostros cubiertos de lágrimas—, lo hicieron excelente y nadie cambiará mi opinión. Habrá más concursos, no se desalienten, este es solo el inicio de la temporada. Lo lograremos la siguiente. ¿De acuerdo? Ya no lloren.
El grupo se había reunido en los pasillos cercanos a los vestidores. Sirius había mandado a traer rosas rojas para las cuatro muchachitas y el Sr. Kreacher estaba tras ellos, sosteniendo una botella de champagne, listos para celebrar en cuanto todos terminaran de cambiarse. El millonario había prometido llevarlos a todos a cenar a algún lugar elegante, incluyendo a los padres de sus concursantes.
"Por fin comerás con nosotros, Snivellus", comentó su contemporáneo.
—Miss Granger, ¿podría ayudarnos a recoger nuestras cosas, por favor? —preguntaron Emy y Lila— Queremos avisarles a nuestros padres para que vengan con nosotros.
—Claro, claro —respondió la castaña—. Vayan, yo les llevaré sus cosas. Nos encontramos en la salida.
Casi al instante, Snape se ofreció a ayudarle con las cosas. Dudosa, ella aceptó. Los vestidores eran grandes, amplios y muy bien iluminados. Habían dispuesto biombos cremas y muchos espejos para que los bailarines pudieran cambiarse y maquillarse. Miss Granger lo llevó hasta la parte más interna de la habitación, donde le indicó que tomara las fundas protectoras de los trajes mientras ella se encargaba de guardar los neceseres de maquillaje y los peines. La joven no dejaba de comentar lo feliz que estaba de que sus chicos pasaran a la siguiente etapa, aunque seguía sintiéndose mal por Sophie y Ben, esperaba que les fuera mejor en la siguiente competencia.
—Miss Granger —llamó alguien tras ella. Snape y Hermione se giraron a ver a un hombre en traje de gala, alto, pecoso y con lentes de una delgada montura plateada. El profesor tuvo que aguantarse la risa pues pensó que el extraño lucía exactamente igual a un fideo con corbatín negro—. Ahí está, la he estado buscando por todos lados.
El larguirucho hombre se acercó con paso garbo hacia ellos. Entre sus manos, llevaba un gran número de lo que parecían ser cartas elegantemente decoradas con cintas doradas y, bajo un brazo, un portapapeles. Tenía el aspecto de ser un coordinador, tal vez el encargado del evento o algo parecido.
—Sr. Poe, buenas noches, que sorpresa verlo. ¿Por qué me buscaba? —respondió ella. Parecían conocerse, es más, podría afirmar que Hermione parecía conocer a todos los que estaban ahí.
—Tengo su invitación formal para el evento del viernes. Como no la encontraba, se la di a Madame McGonagall, pero que bueno que está aquí, así puedo apuntar que ya la recibió. Por cierto, no hemos recibido su correo de confirmación. ¿No le llegó?
—Ah… Eh… Ya no uso ese correo —respondió atropelladamente. Snape llevaba tantos años como profesor que había desarrollado la habilidad de detectar mentiras. Cada vez que un alumno estaba en problemas, podía descubrir si estaba mintiendo o no para librarse del asunto, por lo que pudo detectar sin problema alguno la improvisada mentira de la castaña—, lo siento, creo que olvidé actualizar mis datos.
—Bueno, actualícelos, por favor, facilitaría mi trabajo —respondió poniendo una sonrisa forzada en su rostro, la misma sonrisa que pondría alguien que sufre de estrés crónico—. En fin, la gala es el viernes a las 19h, por favor, llegué temprano —acentuó muchísimo la palabra "por favor"—. El programa está en la invitación, en el correo y le daremos la suya en el evento. Puede llevar un acompañante, hay un boleto extra, y bueno, esperamos que nos honre participando en algún baile. Siempre es un deleite verla bailar.
—Gracias, Sr. Poe —la muchacha bajó la mirada y se sonrojó levemente.
—Bueno, debo seguir repartiendo esto a los demás profesores representantes —el hombre les tendió la mano a los dos y se despidió con un fuerte apretón—. Que tenga una buena noche, Miss Granger, usted también, señor.
—Gracias.
—Casi lo olvido. Felicitaciones y felicite a sus alumnos de mi parte, estuvieron fantásticos. Nos vemos en la gala.
El hombre se dio la media vuelta y siguió su camino. Así como de rápido y abrupto fue su encuentro, así fue también su salida. Muy pronto lo perdieron de vista cuando se mezcló entre los demás bailarines y personas dentro del backstage. Hermione volvió su atención hacia el mayor, ambos aún sostenían los neceseres de maquillaje y las fundas protectoras de los vestidos y trajes. A su alrededor, el mundo no se había detenido, todos estaban ocupados en desalojar sus cosas de los puestos de maquillaje y ellos les estaban interrumpiendo el paso.
—Es el Sr. Poe —aclaró la castaña como si fuese necesario hacerlo.
—Sí, ya me di cuenta.
—Es el coordinador de los eventos dentro de la temporada de competencias. Siempre se encarga de las galas y otras reuniones. Forma parte de la comitiva o algo así, ni siquiera yo sé explicarlo… ¿Le parece si ya nos vamos? Quiero poner deshacerme de esto de una vez.
—Yo la seguiré a donde vaya, Miss Granger.
La castaña se sonrojó dejando escapar una risilla infantil y ambos regresaron con los objetos hacia la salida, donde su nuevo y más grande grupo de amigos los aguardaba para irse a festejar el éxito de sus bailarines y por la futura victoria en Stroke-on-Trent.
La siguiente semana fue un completo martirio para Miss Granger. Obviamente no lo decía en voz alta, pero podía notarse en su aura. A pesar de que la competencia había llegado a su fin e incluso habían resultado ganadores, Hermione parecía haber entrado en un cuadro de estrés crónico. En más de una ocasión, Snape la notó cayéndose de sueño, ojerosa y se atrevía a decir que con menos cabello que antes. Y como le hubiese gustado decir que solo eran disparates suyos, pero él no fue el único en darse cuenta del estado de la bailarina.
—Toma, Herms, te traje un smoothie —Luna se acercó a la castaña y le entregó un vaso de plástico grande con una pajilla para poder absorber el líquido verde y espeso—. Tomátelo todo, es sano y te devolverá la energía. Ignora el color, sabe rico.
—Gracias, Luna —respondió en voz baja mientras se tomaba la bebida. Por la expresión de su rostro, pudo descifrar que el smoothie sabía mejor de lo que se veía—. No sé que me pasa, he tenido muchas cosas en qué pensar y tengo la cabeza en la… luna… Perdón.
—No te preocupes.
Era martes y hoy era un día muy tranquilo, a decir verdad. Solo eran Neville, Luna, McGonagall, Miss Granger y él. Sirius había cancelado de último momento indicando que tenía "negocios" que atender. Harry estaba en la academia de Scotland Yard, rindiendo los exámenes que tanto había comentado el sábado pasado. A pesar de solo haber ensayado dos semanas con Emy, Lila, Alex y Johnny; se extrañaba sus presencias dentro del ahora salón tan grande.
—Sr. Longbottom, manténgase más erguido, el vals es un arte y no permitiré, bajo ninguna circunstancia, que arruine este baile encorvando su cuello —escuchó a la profesora reclamar al otro lado del salón.
—Sí, profesora —Neville estaba bailando solo, con los brazos levantados en la posición base. Trataba, con todas sus fuerzas, de no inclinar la cabeza hacia el suelo, pues no quería recibir otro regaño—. Es solo que es difícil mirar las indicaciones del piso sin bajar la cabeza.
Habían dispuesto impresiones de pasos sobre el suelo de madera, para que sirvieran de guía para los novatos Snape y Neville. Hasta ahora Snape no había tenido problemas con las señalizaciones, pues tenía experiencia en eso de mirar de reojo —no por nada ningún alumno podía copiar cuando él vigilaba el salón en épocas de exámenes—; en cambio, a Neville, se le estaba yendo la vida en ello.
—Te acostumbrarás, pronto los pasos estarán programados en tu cabeza y no necesitarás mirarlos. ¿Cómo va, Sr. Snape? ¿Ya se aprendió los pasos?
—Quiero algo más difícil —bromeó.
—¿Oíste, Hermione, querida? —le comentó McGonagall— Quiere algo más difícil.
—Veamos si dice lo mismo cuando me acabe esto y vaya a bailar con él.
Snape perdió la concentración cuando descubrió a Miss Granger guiñándole un ojo. El inocente gesto de la castaña hizo que perdiera su tan perfecto ritmo y terminó bailando… lo que sea que intentara bailar. Luna y Hermione rieron, era de esas risitas de niñas al cometer una travesura.
—¿Qué hay sobre la gala del viernes, Hermione? Sí irás, ¿verdad? —preguntó la escocesa luego de un rato. El semblante ya recuperado de la joven instructora volvió a decaer. Tal vez su enfermedad se llamaba "gala del viernes".
—Profesora, estuve pensando… creo que sería mejor que solo usted vaya, yo realmente no me siento muy segura de…
—Oh, debiste decírmelo antes, querida —dijo la mujer cambiando su expresión tranquila a una angustiada—. Hablé con el Sr. Poe, le dije que tú irías en representación mía. Unos amigos me invitaron a cenar el viernes desde hace casi un mes, pero con la competencia y todo esto, no tuve oportunidad. Lo lamento, yo…
—No se preocupe, profesora —respondió en voz baja, dejando el smoothie verde a un lado—, veré que puedo hacer.
—¿Harry está listo para ir?
—Oh, hablé con él. Tiene prueba el sábado así que pasara donde Ginny toda la noche para estudiar, dice que Sirius lo distrae demasiado… Espero que realmente estudien —comentó ofuscada—, pero al menos me dejó su auto, para que me regrese cuando quiera.
—¿Qué tal si vas con Sirius? —inquirió la profesora— Él siempre está dispuesto a ir a cualquier fiesta.
—Oh, no, no, no —negó decidida—. No quiero llamar la atención e ir a cualquier lugar con Sirius Black es como ir con un cartel de letras neones y brillantes. No quiero decir que no me guste salir con Sirius, en serio me divierto con él, pero en esta ocasión… quisiera pasar desapercibida. ¿No quieres ir conmigo, Luna? —preguntó mirando a la rubia a su lado, apoyando su barbilla sobre sus manos—. Nos divertiremos.
—Ay, Herms, me encantaría —suspiró la joven en el suelo, estirando a todo lo que podía—, pero mi papá viene hoy a Londres y quiero llevarlo a West End, iremos a ver el Fantasma. Si fuese otro día, con gusto te hubiese acompañado. Lo siento mucho.
—No te preocupes, Lu, lo entiendo.
—¿Por qué no le preguntas a los dos caballeros que tenemos aquí? —Neville y Snape se detuvieron en cuanto se dieron por aludidos. La profesora se giró y, con un par de aplausos, les indicó a sus nuevos pupilos que continuaran con su entrenamiento— ¿Qué dicen, muchachos? ¿Alguno quiere acompañar a Miss Granger?
—Yo estaría encantado, Hermione, no tengo problema —comentó Neville dedicándole su mejor sonrisa mientras volvía a seguir las impresiones de pasos en el suelo.
—Gracias, Neville, pero no quiero molestarte. Estos eventos son algo aburridos, ¿sabes? —respondió en voz baja, frunciendo el ceño. Le estaba pidiendo con los ojos que no insistiera.
—¿Y qué hay de usted, Sr. Snape? —Severus miró a la joven y sabiendo sus verdaderos deseos, solo atinó a sonreírle.
Al acabar la clase, Hermione cerró la academia y embarcó a la profesora en un taxi. Luna y Neville se fueron juntos esa vez, el botánico la había invitado a comer una hamburguesa y la rubia no dudó en aceptar. La castaña caminó lentamente hasta la estación, sosteniendo su bolso con su brazo derecho. Su mente estaba hecha un completo caos. Necesitaba encontrar un vestido, confirmar su asistencia y, por sobre todo, encontrar un acompañante. Odiaba esos eventos, los odiaba con todas sus fuerzas. Necesitaba darse un baño y tal vez un trago.
Bajó las escaleras y caminó hasta la plataforma de la línea District, encontrándose a Snape en la fila para el tren. El profesor, en un auténtico gesto de empatía, le hizo un espacio entre él y la persona frente a él para que se colara. Un tímido "gracias" surgió de sus labios.
—¿Disfrutó la clase, Sr. Snape? —preguntó intentando entablar una conversación casual, aunque fuera completamente innecesario. Había suficiente ruido en la plataforma como para evitar hablar.
—Siempre las disfruto, Miss Granger, aprendo mucho con ustedes.
—Me alegro. Ha mejorado mucho en estos 3 meses. Sabe, creo que su fuerte es el vals vienés —comentó—, lo cual es tan raro, no cualquiera puede. Son pocos…
—… los que pueden hacerlo de forma correcta —completó él. Hermione lo miró fascinada, como si fuese la primera vez que se vieran. Snape sintió la necesidad de aclarar ello pues no podía soportar por más tiempo la mirada color miel de su maestra—. Usted me lo dijo, una vez, en la primera clase.
—¿Recuerda todo lo que le dije en la primera clase?
—… Tal vez, me dicen que tengo buena memoria.
Pronto, el tren llegó y sus puertas automáticas se abrieron, permitiendo el paso a los pasajeros. Estaba lleno, Snape tuvo que casi lanzar su propia mochila para poder ocupar un asiento el cual cedió amablemente a Miss Granger, a pesar de sus protestas.
—Yo me bajo antes, Miss Granger, siéntese usted. Además, con ese semblante, se nota que usted lo necesita más que yo —el profesor se acomodó a su lado, protegiéndola de la vista de los otros pasajeros.
—Gracias —la joven se mantuvo en silencio, jugando con sus pulgares, nerviosa y sonrojada. Actuaba como sus alumnas de primer año cuando querían preguntarle algo, ella tenía algo que decir y estaba buscando valor para hacerlo— Escuche —dijo de repente, levantó su cabeza para poder mirarlo mejor. Se le notaba nerviosa y podría decir que hasta avergonzada—, no le pediría esto si no fuera estrictamente necesario, pero no puedo presentarme a ese evento yo sola… Ha pasado mucho tiempo desde que he ido a uno y puede ser un poco incómodo… no me siento preparada para afrontarlo sola y pensé… pensé que tal vez usted podría… acompañarme, por favor.
—Miss Granger… —quiso hablar, pero ella lo interrumpió antes de que pudiera decir algo.
—Antes de que me rechace, por favor, se lo pido, no me haga suplicarle. Tengo poco tiempo y no muchas opciones. Entiendo si no puede —la joven bajo la mirada y concentró su atención en su bolso como si de pronto se hubiese convertido en lo más interesante en el tren.
—No, no, al contrario —respondió apresurado. Sabía identificar a una damisela en peligro cuando la veía. Bueno, no era que ella fuese una damisela en peligro, pero era más que obvio que necesitaba ayuda con urgencia—. Me encantaría ayudarla, apuesto que nos divertiremos mucho.
—¿En serio? —se giró hacia él, con los ojos brillando esperanzada.
—Por supuesto.
—¡Oh, Sr. Snape! ¡Muchísimas gracias! No tengo idea de como pagárselo, esto significa tanto para mí. No se preocupe por nada, todo esta pagado y yo puedo ir a recogerlo, tengo auto. ¿Le parece si voy por usted a las 6 p.m.? Es viernes por la noche y no quiero llegar tarde.
—¡Perfecto! —exclamó— Es una cita.
Tal vez, en el momento en que lo dijo, Snape no calculó la magnitud que tenían sus palabras. ¿UNA CITA? ¿En serio había dicho "una cita"? ¿Por qué había dicho eso? En primer lugar, ni siquiera era una cita, pudo haber dicho cualquier otra palabra en lugar de "cita". La expresión de sorpresa de Hermione lo decía todo, fue una mala elección de palabras por lo que intentó enmendar su error con torpeza, pero solo parecía arruinarlo más.
—No, digo, me refiero a que no es una cita, quiero decir… sí, a esa hora esta perfecto —por increíble que pareciera, a la castaña pareció no molestarle su parloteo incesante, al contrario, parecía divertirse con él haciendo el ridículo.
La voz electrónica del tren avisó a los pasajeros la siguiente parada y, en cuestión de segundos, empezó a disminuir la velocidad, indicando que ya estaban por llegar a Southfields. Ambos se quedaron mirando sin decir nada, pero diciéndose todo. Ella estaba agradecida y no necesitaba palabras para expresarlo y él, él estaba honrado de ser su repentino "salvador".
—Aquí me bajo —anunció.
—Buenas noches, Sr. Snape, y muchas gracias otra vez —Hermione le sonrió aún en su asiento, sin hacer ademanes de querer acercase.
—Que pase una buena noche, Miss Granger —el profesor asintió con la cabeza y se dirigió en orden a las puertas automáticas, donde los pasajeros ya estaban aguardando por bajarse.
Se apresuró en salir pues no quería irse con el tren hasta Wimbledon, además, dudaba que fuera una buena idea seguir en el mismo ambiente que Miss Granger después de haberse despedido. Antes de que las puertas se cerraran por completo, logro alcanzar a ver como la castaña se despedía de él con la mano izquierda y su sonrisa tierna todavía plasmada en su rostro, marcándole los hoyuelos. Se quedó mirando al tren hasta que este abandonó la estación para continuar con su recorrido hacia al sur, dejándolo solo a mitad de la plataforma al aire libre.
Tenía una cita con Hermione Granger… ¡Tenía una cita con Hermione Granger! Sin darse cuenta, dio un salto y rápidamente recuperó su compostura, rogando mentalmente que nadie lo hubiese visto. Iba a ser su acompañante… ¡Iba a ser su acompañante!
Una pequeña sonrisa se formó en sus finos labios, no era de esas sonrisas que mostraban los dientes, apenas si era perceptible, ni siquiera le quitaba su ceño fruncido tan marcado por los años, pero era una sonrisa, al fin y al cabo. Se sentía… feliz. Ansioso, pero feliz. El aire fresco de la noche golpeaba su rostro y lo mantenía despierto, eso era bueno, necesitaba saber que estaba despierto y no soñando.
Caminó a paso lento las seis cuadras hasta el 71 de Trentham Street, necesitaba reflexionar en lo que había pasado en ese tren. Miss Granger lo había invitado como su acompañante oficial a un evento de gala muy importante para ella, tan importante como para mantenerla en vela durante varios días. Ella estaba interesada en que él la acompañara…. Bueno sí, lo había escogido porque era su única opción disponible, pero no cualquiera le pide a alguien que apenas conoce que la acompañe a un evento donde la crema y nata del mundo del ballroom asistiría.
Eso le recordaba… ¡Iba a conocer el verdadero mundo del baile de salón! Estaba por entrar a lo desconocido y eso despertaba su ansiedad. Además, había olvidado un pequeño detalle muy, peor muy importante.
Era su primera cita en años.
Durante los años que estuvieron separados, más no divorciados, Severus decidió no salir con nadie. No iba a cometer los mismos errores que su ex esposa, además, en el fondo aún mantenía la esperanza de que todo se iba a arreglar y, eventualmente, estarían listos para volver a ser un matrimonio. En cuanto recibió aquel sobre amarillo con la petición de divorcio, su abogado dijo que no saliera con nadie durante el proceso de juicio, eso ayudaría a obtener más beneficios cuando por fin firmaran el apta. Y luego, el primer año de su nueva soltería, los Malfoy le había arreglado dos citas a ciega tan desastrosas que no valían la pena recordarlas.
Bueno, no podía echarse para atrás, ya se lo había prometido.
No tenía porque tomarlo como algo romántico, ¿no? Tan solo la iba a acompañar al evento como amigos… tal vez menos que amigos. Pero estaba bien, no se sentía listo para una cita de verdad y acompañar a Miss Granger podría servir como una buena terapia. Todo iba a salir bien…
¿No?
HOLA CHIQUIS!
ANTES DE QUE ME LAPIDEN, QUIERO ACLARAR QUE ESTE CAPÍTULO (#8) SERÁ DIVIDO EN DOS PARTES PORQUE CUANDO EMPECÉ A ESCRIBIR ME EMOCIONÉ TANTO DESCRIBIENDO LA CITA DE HERMIONE Y SNAPE QUE ME QUEDÓ DEMASIADO LARGO, ¡DEMASIADO! ERAN COMO MÁS DE 30 PÁGINAS Y MEJOR LO DECIDÍ DIVIDIRLO EN DOS PARTES, ASÍ QUE, EN TEORÍA, AÚN CUENTA COMO UN SOLO CAPÍTULO, SOLO QUE ESTÁ EN DOS PARTES.
QUIERO DECIR QUE ESTOY MUY AGRADECIDA POR TODOS SUS COMENTARIOS TAN BONITOS, ME HACEN SENTIR MUY FELIZ Y ME MOTIVAN A QUE SIGA ESCRIBIENDO. EL TEMA DEL BALLROOM ES ALGO QUE REALMENTE ME APASIONA E INTENTÉ DESCRIBIRLO LO MEJOR QUE PUDE, AUNQUE ME HUBIESE GUSTADO USAR CANCIONES. TAL VEZ PARA LA SIGUIENTE PARTE USEMOS CANCIONES, DÍGANME SI LES GUSTA LA IDEA. EN FIN, CREO QUE ESO ES TODO, MUCHAS GRACIAS POR LEERME.
POR CIERTO, PIDO DISCULPAS SI HAY ALGUNA PARTE QUE ESTÉ MAL EDITADA O QUE SE SIENTA MUY RÁPIDA, CON TODAS MIS TAREAS Y EXÁMENES, SE ME HACE DIFÍCIL ESCRIBIR Y ESTUDIAR A LA VEZ, PERO SEGUIRÉ ESCRIBIENDO, PRONTO TENDRÁN MI SIGUIENTE CAPITULO, LO PROMETO :3
BESITOS, CUÍDENSE!
