CAPÍTULO 10
Después de la gala y aquella pseudo cita, Miss Granger tuvo que viajar hacia el norte, a Stoke-on-Trent, para acompañar a los representantes de McGonagall's Studio en la tan ansiada final. Las chicas habían hecho una pequeña reunión en la academia días antes de su partida, para desearles buena suerte en la competencia. La profesora McGonagall estaba orgullosa. Les había dedicado unas hermosas palabras las cuales estaban repletas de esperanzas de que, por fin, su academia vuelva a sus antiguos días de gloria, cuando eran invitados a este tipo de eventos todos los años.
Con Hermione fuera de Londres durante cuatros días, Snape tuvo tiempo y espacio para poder pensar mejor sobre los acontecimientos de esa noche de viernes. Por un lado, su mentira fue exitosa o al menos eso creía. Según los Malfoy, él había pasado toda la tarde en una conferencia en la facultad de Química de King's College y, luego, había ido a cenar con algunos viejos colegas y, según Lamarck —si es que el perro era capaz de pensar— había pasado casi una noche fuera de la casa, paseando por un parque sin él, y no había llegado para su hora de dormir, motivo por el cual el samoyedo todavía seguía resentido hacia su persona.
Por otro, aún seguía intrigado por las confesiones de Miss Granger. La muchacha había abierto su lastimado corazón y fue totalmente transparente con él, un hombre al cual apenas conocía hace tres meses. Tal vez eso indicaba lo tan desesperada que estaba por un poco de compresión, pero también, lo herida que aún se sentía. Pasaría un tiempo para que pudiera superar aquella traición, debía dejar de lado ese enojo y sanar poco a poco. Le quedaba un largo camino por recorrer, al igual que él. Le gustaría ayudarla, ambos viajaban en el mismo barco, no quería que alguien tan joven y con tanto futuro desperdiciara sus años de esa forma.
Tal y como la Sra. Kaminski lo había indicado con vehemencia.
Eso le hizo preguntarse cómo habría sido Hermione Granger durante sus cortos años como bailarina profesional. Debió ser buena, tal vez mucho más de lo que era ahora. En ese entonces, no debía ser más que una niña soñadora con un futuro prometedor y suficiente talento como para aspirar a tener un lugar entre las grandes figuras del baile de salón, las cuales admiraba y —por lo que pudo comprobar esa noche— seguía admirando.
—¿Profesor Snape? —el llamado de uno de sus alumnos regresó su atención al presente. Estaba en el salón de física del segundo piso del colegio, en una asesoría de dicho curso con los alumnos de la selección. El mencionado se levantó de su asiento tras el escritorio y se dirigió lentamente al muchacho de 4to año—. En esta pregunta, la número ocho, como puedo hallar el trabajo del bloque si…
Las tardes de asesorías eran tranquilas, tal vez demasiado tranquilas. Literalmente le pagaban por estar sentado durante dos horas en un salón con no más de 10 alumnos dos veces a la semana. Dinero fácil. Los alumnos, de diversos grados, iban al salón asignado después del almuerzo y Snape les repartía cuadernillos con ejercicios variados, les daba una hora para resolver todo lo que pudieran y, luego, revisaban cuantos habían logrado resolver, explicaba lo que no estaba claro, repasaban la teoría y resolvía lo que habían dejado inconcluso. Durante esas horas, Snape pasaba sentado la mayor parte del tiempo, esperando que algo interesante pasara o tratando de no quedarse dormido sobre el escritorio.
Al menos podía usar la computadora del aula con total libertad.
Recordando ese pequeño detalle, sus dedos teclearon automáticamente sobre el aparato mientras sus ojos negros vigilaban con atención a sus concentrados alumnos, no quería tener a esos chismosos por ahí espiándolo mientras investigaba a Miss Granger. Google era de mucha ayuda cuando de buscar cosas se trataba, si tan solo hubiese tenido estas herramientas cuando estaba en la universidad, de seguro ni se encontraría ahí, lo más probable es que estuviera dando conferencias en Alemania o quién sabe dónde. En fin, generación privilegiada.
"Lista de participantes de Syllabus Amateur Royal Albert 2009"
"Conozca a las 4 parejas representantes de Inglaterra en el International Classical Sequence Competition 2011"
"Entrevista a los ganadores de la categoría estándar youth del National United Kingdom Championships 2010".
Snape revisó el pequeño, pero lindo artículo sobre una Hermione Granger de 16 años previa a competir por el oro en las nacionales junto con su entonces pareja, Ronald Weasley. La entrevista era breve, pero se veía a una pareja adolescente, vestidos con elegantes trajes, sonriendo felices como nunca antes lo habían hecho, tomados de la mano y contestando a través del micrófono las preguntas del periodista. Debajo de todo ese maquillaje dramático, Snape contempló el rostro de niña de la castaña. Sus ojos miel brillaban y se le notaba tan nerviosa que apenas podía vocalizar sin trabarse. El profesor se puso los audífonos y reprodujo el video.
"—¿Qué se siente ser la única pareja novata de esta categoría en estar en la final?
—Bueno, creo que esto es un regalo —respondió Ronald, sonriendo y mirando a la cámara fijamente, fallando en ocultar sus nervios—. Es cierto que no tenemos el mismo, eh, tiempo que otras parejas compitiendo, pero… eh, pero hemos luchado mucho para estar aquí y lo seguiremos haciendo.
—Es casi como un sueño, eh, jamás pensamos que llegaríamos a la final… ¡Es tan impresionante! Perdón, estoy muy nerviosa.
—Son una de las parejas favoritas de este año, ¿creen que ganarán el primer puesto?
—Ese es el objetivo. La competencia está muy fuerte, hay muchas parejas extraordinarias, pero creo que podemos con el reto. Hemos ensayado día y noche y nos estamos esforzando, conocemos nuestras capacidades y creo que sí podemos.
—Yo ya me siento una ganadora estando aquí, pero sería maravilloso si pudiéramos llegar, aunque sea, al tercer puesto. Hay muchas personas detrás de nosotros brindándonos su apoyo. Eh, nuestro maestro es un gran apoyo… nuestras familias y… y estamos muy agradecidos con el público que, desde el inicio, nos viene acompañando competencia tras competencia, en serio, estamos muy agradecidos".
Lo siguiente que supo sobre esa nota fue una foto de la final, ambos bailarines sosteniendo orgullosos sus medallas de oro frente a la cámara. De seguro habían sido una gran dupla, no dudaba del talento de cada uno. Siguió buscando más información sobre Hermione, principalmente algo relacionado sobre su accidente, pero había muy poco de ella en la web, casi todo estaba relacionado con la creciente carrera de Ronald Weasley. Lo más cercano a ella era su cuenta de Instagram a la cual no podía acceder porque, primero, era una cuenta privada y segundo, él no tenía Instagram. Parecía ser que Hermione Granger estaba relegada a desaparecer de esa historia.
"Tragedia en la final de Blackpool 2013"
El título del video en YouTube llamó su atención casi al instante. ¿Tragedia? Sabía del desafortunado accidente de Miss Granger, pero había creído que solo eran exageraciones. Los comentarios del video colgado hace tres años no eran los mejores, todos comentaban lo horrible o lo triste que era "ver llorar a un gran talento como Hermione Granger". Incluso un usuario exigía la eliminación de dicho material. Ya no estaba seguro si quería ver eso, Hermione había confiado en él para contarle su pasado como bailarina, pero en ningún momento le había comentado sobre su accidente. ¿Estaba haciendo lo correcto al ver ese vídeo? ¿Qué era lo que le esperaba? ¿Ese video podría cambiar la concepción que tenía de la castaña?
Dio un último vistazo a sus alumnos antes de darle play al video, ellos estaban demasiado ocupados resolviendo sus ejercicios como para prestarle atención. Llevó el cursor hasta el botón del triángulo y esperó a que el video corriera.
Lo siento, Miss Granger.
Grabado desde la cámara de un celular cuyo dueño tenía manos temblorosas, el video mostraba a los finalistas de la categoría estándar adulto del Blackpool del 2013. Elegantes parejas mezclándose entre ellas bajo la impresionante cúpula del Empress Ballroom, el lugar donde la competencia se llevaba a cabo. Solo quedaban seis parejas en la pista, dando vueltas y vueltas mientras la música en vivo sonaba. Las sonrisas de las mujeres podían notarse desde la distancia, las telas de sus delicados vestidos flotaban con cada movimiento. Sus parejas, altas e imponentes, las guiaban cuidándose de no chocar unas contra otras, pero sin perder ni la más mínima oportunidad para lucirse.
Encontró a Miss Granger y a Weasley bailando casi frente a la mesa del jurado. Ella de azul y él de negro. No era un experto, pero se atrevía a decir que estaban dando los típicos pasos del Quickstep. El audio no era muy bueno, podía escuchar los comentarios y vitoreo del público incluso más fuerte que el propio sonido de la música. La cámara se paseaba por las parejas, enfocando a unas más que a otras. En la mesa del jurado, reconoció al campeón Diego Caplan mirando atentamente a todas las parejas, entre ellos al dúo 17, Granger-Weasley, los cuales saltaban animados con cada paso alrededor de la pista.
En un determinado momento, la pareja 17 estaba dando un par de vueltas cuando, sin saber cómo, ambos terminaron en el suelo. La cámara se movió bruscamente en su dirección, haciendo zoom hacia ellos. A pesar de que el público se puso de pie, ahogando exclamaciones de sorpresa, la música no se detuvo ni tampoco las parejas, estas seguían bailando, dando saltos a lo largo del área. El pelirrojo había caído sobre ella y, torpemente, se estaba levantando, tendiéndole sus manos a la castaña quien, a juzgar por su expresión, no podía creer que habían caído.
Weasley levantó un brazo como señal a los anotadores y bailarines para que no detuvieran nada, que estaban dispuestos a volver a la competencia. Las personas en las tribunas aplaudieron en señal de apoyo, dándole ánimos a la bailarina que aún seguía en el suelo, incluso el jurado aplaudió su valentía. Algunos de los otros participantes se detuvieron para brindarles su apoyo también, pero mientras más pasaban los segundos, Hermione Granger seguía sin poder levantarse. La bailarina le susurró algo a su pareja mientras negaba con la cabeza. La cámara hizo otro zoom hacia ellos, tratando de no perder calidad en el proceso. Por la expresión del rostro de Miss Granger, sabía que le dolía demasiado.
Las personas susurraban, lanzando comentarios preocupantes sobre su estado. La música se detuvo y algunos competidores se acercaron para intentar ayudar. Hermione, aguantando el llanto, se apoyó con una pierna, aún sujetada fuertemente de la mano del pelirrojo, y luego, se apoyó con la otra, provocando un crujido que se quedaría grabado en su mente por el resto de su existencia.
Crack
Granger cayó al suelo gritando, sin poder moverse, demasiado asustada como para comprender que estaba pasando con ella. La persona que grababa se levantó de su asiento, así como el resto de personas que lo rodeaba, todos murmurando improperios, ahogando grititos de horror y cuestionándose si estaba bien, todos queriendo ver en primera fila la desgracia de Hermione Granger. Mientras la joven gritaba de dolor, todos los bailarines se abalanzaron sobre ella queriendo ayudarla, incluso el campeón Caplan corrió hacia ella, trayendo consigo a un grupo de paramédicos. Hermione lloraba y sujetaba con fuerza la mano de su pareja, gritando incoherencias mientras los médicos la levantaban con cuidado para ponerla en una camilla.
Snape cerró la página y se quitó los audífonos casi con violencia, captando la atención de sus alumnos. Aún podía escuchar en sus oídos ese sonido, ese horrible sonido. Crack… Crack… ¡Crack! El desgarrador grito de Miss Granger no ayudaba a calmar esa sensación dentro de él. No podía juzgarla por haber decidido abandonar su futuro después de ese horrible accidente. Sentía escalofríos por todo su cuerpo, tenía ganas de sacudirse para poder quitárselos de encima. No debió ver ese video, no debió verlo.
—Profesor, ¿está bien? —la voz de una alumna de 6to año la trajo a la realidad. No debía olvidar donde estaba, a mitad de una asesoría en horario de trabajo.
—¿Ya terminaron con los ejercicios? —los jóvenes asintieron silenciosos— Bien, ¿cuáles son los que faltan resolver?
Su mano temblaba inconscientemente, impidiendo que pudiera escribir sobre la pizarra con el plumón negro. Sus números estaban temblorosos y sus gráficos, torcidos. Se sentía demasiado mal consigo mismo, se sentía sucio y estúpido por haber desenterrado un pasado que no era suyo. No podía concentrarse en los ejercicios, por lo que decidió sentarse entre el grupo de alumnos y hacer que ellos salieran al frente e intentaran resolver los problemas en conjunto mientras él despejaba su mente con un masaje en las sienes.
Eso te pasa por meter tu nariz en donde no te llaman.
Pobre Miss Granger, pobre pequeña bailarina de mirada triste sentada sola en la ventana. ¿Cómo podría mirarla a los ojos sin sentir lástima por ella? Y lo peor era que no podía hablarle del tema, se suponía que él no sabía nada. Era bueno guardando secretos, sería una tumba hasta que ella misma quisiera compartir el tema con él, pero dudaba que pudiera sacarse esos sonidos de la cabeza por lo que quedaba del día o tal vez de la semana.
Su teléfono en el bolsillo de su pantalón vibró pegándole un buen susto. No era más que un mensaje del grupo de SIRIUS Y SU PANDILLA —seguía sin entender por qué aún no cambiaban el nombre—. Era mensaje de Hermione, dos fotos de ella junto con sus pupilos, posando en el backstage de lo que, suponía, eran las galas previas al concurso. Los chicos se veían felices en sus trajes de gala, alguno a medio peinar o a medio vestir, pero se les veía emocionados. Ellos tenían el mismo brillo en su mirar que Hermione tuvo alguna vez, cuando ella también era una adolescente, así como ellos, a punto de salir a escena a deslumbrar.
Antes de ese crack.
Crack.
—¡Draco!
—Lo siento, mamá.
—¡Llevate a ese animal fuera de aquí! ¡Ya! ¡Dobby! Por favor, limpia ese desastre.
—Sí, señora.
Draco tomó con sumo cuidado a su escurridiza pitón real, Nagini, y se la llevó de regreso a su cuarto, a su terrario donde pertenecía. Lamarck yacía sobre el mueble, escondiendo su hocico en la espalda de su amo como si fuese un avestruz. Snape, inmóvil, aún sujetaba su taza de té en sus temblorosas manos. Lucius se cubría el rostro con una mano, tratando de mantener su compostura y Narcisa, oh, la pobre Sra. Malfoy, estaba a un ruido más de explotar.
Era fin de semana y los Malfoy habían invitado a Snape y a su "hijo" a pasar el día entero con ellos ya que era la última vez que verían a Draco antes de que la fase final del semestre empezara y no volviera a casa hasta que finalizara el ciclo y sus exámenes. Estaban en uno de los salones, tomando el té. Narcisa siempre estuvo muy orgullosa de su fina vajilla de porcelana la cual nunca perdía oportunidad de lucir cada vez que llegaban las cuatro. Su delicada tetera de té negro, sus pequeñas tazas blancas y los preciosos platos con delicados estampados. En medio de la animada tertulia, la traviesa Nagini se deslizó silenciosa por el suelo hasta llegar a la mesa, donde, con su cabeza, tiró una taza junto con su respectivo plato, destruyéndola en mil pedazos.
El Sr. Dobby, el pobre mayordomo, volvió con una escobilla y un recogedor de mano; se arrodilló y se puso a limpiar la loza rota bajo la atenta mirada de los señores de la casa. Lucius pudo ver como una vena de la frente estaba a punto de salirse del rostro de su esposa, su mujer estaba por explotar. Que bueno que no estaba solo para enfrentar a la ira de su amada compañera, al menos tenía a su lado al viejo Snape y a su perro miedoso.
Aunque Snape parecía estar en medio de un trance, con la mirada perdida en la pared de al frente, reviviendo un evento tan traumático como la guerra de Vietnam.
El crujido de la taza al romperse le hizo recordar al sonido de la pierna de Granger al quebrarse en el video. Podía reproducir esa imagen en su mente como si realmente hubiese estado ahí, en Blackpool, en medio del público hace tres años. Salió de su trance en cuanto Lamarck sacó su cabeza y acercó su hocico a la taza para beber del contenido, logrando que Cissy Malfoy perdiera la poca cordura que le quedaba.
—Baja a ese perro de mi sillón, Snape, ahora —murmuró entre dientes.
—¿Snape? ¿Estás bien? —los ojos oscuros del mencionado se enfocaron en Lucius, quien lo miraba preocupado desde su lugar en el sillón contrario a él—. Estás más pálido de lo usual, parece que hubieses visto un fantasma.
—Eh… No, no es nada —se excusó rápidamente mientras sacudía su cabeza—. Baja, Lamarck, bajate —el perro inclinó su cabeza, pero no dudó en obedecer las órdenes de su amo. Snape le tendió su propia taza al mayordomo a su lado, pidiéndole amablemente que se la cambiara por otra—. Es solo el estrés de las clases. Ya inicia junio, fin del año escolar, los exámenes finales y el egreso de esta promoción. Son muchas cosas las que se vienen —mintió en un suspiro.
—Dímelo a mí —le siguió su ahijado, volviendo a entrar en el salón, cuidándose de hasta donde pisaba y, sobre todo, cuidándose de no pasar cerca de su enojada madre—. Aún no termino ese proyecto de Estadística que me dejaron al inicio del semestre y todavía tengo que leer dos libros de Teoría Económica —rodeó los muebles y se dejó caer al lado de Snape, lejos del alcance de Narcisa.
—¿Y no deberías estar leyendo esos libros en lugar de estar ahí sentado? —cuestionó su padre.
—Eh… Mire, padrino —Draco le tendió su teléfono al profesor, desviando completamente el tema de la conversación, salvando su pellejo en el proceso—. Un amigo de la facultad me hizo estas fotos durante nuestro partido de fútbol de la semana pasada y mira cuantos likes. Parezco jugador profesional, ¿a qué sí?
Snape tomó el celular del rubio para ver mejor. Eran cinco fotos del muchacho con el uniforme de su equipo, posicionado frente al arco, atento a cualquier intento del equipo rival para meter un gol. Quienquiera que fuera el fotógrafo era increíble, había captado el mejor ángulo de Draco, incluso parecía que estaba posando.
—¿Es Instagram? —preguntó al terminar de ver las fotos.
—¿Y ese milagro? —se burló—. ¿Acaso sabes lo que es Instagram?
—Claro que sí —se defendió. Más allá, podía ver la sonrisa de lado de Lucius, estaba divirtiéndose escuchando esa tonta conversación—. Mis alumnos lo usan todo el tiempo, incluso le crearon un hashtap a un colega.
Por primera vez, ese "un colega" no era él. Grande había sido la sorpresa cuando, en la sala de profesores, el cuerpo docente descubrió que los alumnos de tercer año habían creado el #DaddyLupin. Todo sucedió cuando el profesor de Biología había llevado a su pequeño hijo al trabajo por primera vez. Teddy tenía como tres años en ese entonces y no podía mantenerse quieto, por lo que el profesor iba arriba y abajo con el niño, sujetándolo con esas correas especiales que fabricaban para los infantes. Desde entonces, cada vez que alguien posteaba una foto del profesor sea cual sea el contexto —la más vergonzosa era una de él comiendo una hamburguesa—, iba acompañada de dicho hashtag. Aunque claro, Snape no se libraba de los "ataques" virtuales de sus alumnos. Mientras Lupin era víctima de fotos de él mismo haciendo cualquier cosa, Snape era víctima de memes o fotos donde salía cerrando los ojos o con la boca abierta.
—¿Un qué? —exclamó conteniendo la risa—. ¿Qué es un "hashtap"? Jajajajaja…
—Es hashtag —corrigió Narcisa, ocultando su risilla elegante con una mano—, no hashtap, estoy segura que ni siquiera es una palabra.
—¿Desde cuando eres una experta sobre hashtags? —volvió a defenderse, dejándose llevar por lo ridículo de la conversación.
—Debo serlo, alguien debe manejar las redes sociales del Heir —le respondió dándole un sorbo a su té. ¿Qué no tenía personal que podía encargarse de eso?—. Además, tengo mi cuenta personal. Alguien debe promocionar a la casa Malfoy.
—¿y tú tienes también o qué? —le preguntó a Lucius. El hombre, quien estaba dándole un mordisco a un pastelillo, solo pudo asentir con vehemencia.
—No, no, lo que tienen ellos es una cuenta conjunta —dijo el menor, fastidiado—. Se creen la Royal Family y tienen una cuenta en conjunto con el nombre de House of Malfoy.
—Y funciona de maravilla —le espetó su padre—. No solo nos promocionamos a nosotros mismos, sino que también al Heir y a Malfoy Co. —el hombre enarcó una ceja, como si estuviese retando a su hijo— y 603 miles de seguidores no es poca cosa. ¿Tú cuantos tienes?
—No puedo creer que mis padres tengan más seguidores que yo —murmuró para sí, aunque Snape pudo escucharlo claramente—. ¿Y tú, padrino?
—No tengo cuenta —admitió sin tomarle importancia a sus palabras—. No me interesan esas cosas. A las justas uso Facebook.
—¿Cómo que no? No existes si no tienes Instagram —respondió indignado—. Dame tu teléfono, te voy a crear uno.
—No, Draco —se negó, pero el menor insistió, consiguiendo el móvil casi al instante—. ¿No le dirán nada?
Esperó el apoyo de sus amigos, pero estos se hicieron los sordos. Snape solo pudo ver como su ahijado movía sus dedos ágiles sobre la superficie brillante de su celular, descargando e instalando apps que tal vez nunca usaría. Fue imposible hacerlo razonar, argumentaba que era hora de actualizarse e ingresar al mundo falso de las redes sociales, que era necesario y se lo agradecería más tarde. Sus padres lo secundaron.
Qué rápido se les pasó el enojo, pensó.
—Necesitamos un buen nombre, el nombre de usuario lo es todo… ¿Te gusta "Papá de Lamarck"? Así podemos poner la foto de Lamarck —el samoyedo levantó la cabeza y se acercó al rubio para pedir cariño. Snape se negó rotundamente. No iba a ponerse ese ridículo nombre.
—¿Qué tal " "? —sugirió Lucius.
—Aburrido.
—¿"SnapeSnake"?
—Nop.
—Murciélago de las mazmo… —ni siquiera pudo terminar la frase antes de echarse a reír, casi ahogándose en el proceso. Snape puso los ojos en blanco, tomando una profunda respiración y volvió a intentar recuperar su teléfono, diciendo que ya no quería nada.
—¿Cuál era el apellido de soltera de tu mamá? —intervino Narcisa, uniéndose emocionada a la tortura de Snape— ¿Prince? ¿Qué tal "Prince"?
—¡Oh! ¡Me gusta! —exclamó su hijo—. Prince, príncipe en inglés, puede funcionar —el chico tecleó algo más sobre la pantalla, luego lo borró y luego volvió a escribir—. ¿Príncipe qué?
—¿El príncipe de la ciencia? —sugirió Lucius.
—Con eso solo le darán unfollow —respondió Draco como si fuese lo más obvio del mundo—. Te prohíbo volver a sugerir algo.
A estas alturas, Snape ya se había dado por vencido y había optado por ignorarlos, era mucho más sencillo dedicarse a comer pastelillos y mimar a Lamarck que tratar de detenerlos. Cuando a los Malfoy se les metía una idea en la cabeza, no había nada ni nadie que los detuviera, menos si los tres estaban unidos en ello.
—Dijiste una vez que Lamarck era un perro mestizo, ¿verdad? —Snape asintió, sosteniendo la cabeza de peluche de su mascota con ambas manos. ¿Y ahora por qué esa pregunta? — ¿Qué te parece mestizo? ¿El príncipe mestizo?
Dicen que las mascotas se parecen a sus dueños, tal vez Lamarck y Snape tenían más en común de lo que el profesor pensaba. Ambos se giraron al mismo tiempo para mirar a Draco e, incluso, inclinaron la cabeza a la derecha totalmente coordinados. Lamarck ladró en señal de aprobación, Snape lo pensó antes de abrir la boca. ¿"El príncipe mestizo"? Le gustaba, sonaba bien.
—No suena mal —contestó.
—¿Bromeas? Suena increíble, tal vez demasiado —exclamó el chico, orgulloso de su idea. Luego levantó el celular y tomó una foto del pelinegro con el perro a su lado, ambos aún con la cabeza inclinada—. El príncipe mestizo será y, mira esta foto, después de que la edite, ya tendremos tu perfil listo.
—Pon que es químico y físico —pidió Narcisa.
—Solo pon que es científico de Oxford —corrigió su esposo.
—No olvides doctor.
—¡¿Quién está creando el perfil?! —reclamó el menor— Esto es Instagram, no LinkedIn.
Realmente estaba asustado por lo que sea que Draco haría con su nueva red social. No estaba seguro si la idea de tener una cuenta de Instagram le agradaba por completo, ni siquiera sabía si se acordaría de usarla más adelante hasta que recordó algo. Todos en McGonagall's Studio tenían Instagram, hasta la misma profesora tenía la cuenta del estudio para promocionar su negocio por el ciberespacio. Luna tenía una, Neville tenía una, Harry tenía una y Sirius, por supuesto, tenía una —tal vez era un peligro para todos que tuviera una cuenta, siempre subía algo, lo que sea, desde lo que estaba comiendo hasta lo que estaba pensando—. Y, ahora, gracias a su reciente investigación, sabía que Miss Granger tenía una, hasta se sabía el nombre de la cuenta. Además, la misma Hermione había enviado el link al grupo donde había posteado las fotos del concurso en Stoke-on-Trent.
Tal vez no era tan mala idea.
—Listo, creo que ya está —dijo pasándole su teléfono—. Puse la foto que te tomé como la de perfil y, luego posteé esta foto que tomé cuando Lamarck era un cachorro. Seguí a esas aburridas páginas que dijiste y otras más. Me sigues a mí, a House of Malfoy, al Heir, a la tía Bella, al tío Nott, a tío Rodolphus, a…—
—Creo que ya entendí el punto, gracias, Draco —lo interrumpió—. ¿Es privada?
—Sí, sí, ya te conozco, tranquilo.
Snape revisó la pantalla de su celular, algo angustiado de lo que sea que fuera a encontrar. La foto de perfil no estaba mal, pero la descripción...
" thehalfbloodprince
Severus Snape
Científico
Londres, Inglaterra
Dog Lover
Chef entusiasta
Apasionado de los libros
Profesor de vocación"
¿Desde cuando era un chef entusiasta o un profesor de vocación?
—¿Tardaste tanto para esto? —preguntó con un toque de sarcasmo en su voz.
—¿Qué tiene? —Snape no estaba convencido, pero tampoco se le ocurría nada mejor que poner. Revisó la foto posteada y sonrió para sí. Lamarck era tan pequeño en ese entonces—. Ahora debo enseñarte a publicar cosas. Escucha, esto es de vital importancia. No subas todo lo que veas o pienses, Instagram no es para eso. Sube fotos buenas, cosas de las que sabes. Con esto no quiero decir que publiques clases hablando de química molecular o qué se yo. Si lo tuyo son los desayunos, publica desayunos. No abuses de los hashtags, con dos es suficiente. ¿Me estás escuchando? Te decía que…
Snape estaba a miles de kilómetros de ahí, perdido en sus propios pensamientos. En primer lugar, no entendía cómo es que ahora era Draco quien le enseñaba cosas cuando siempre había sido él el profesor. El tiempo pasaba rápido, tal vez demasiado y, segundo —lo más importante—, estaba realmente perdido con toda la explicación que su ahijado le estaba dando. A pesar de que sonaba detallada y en vocabulario simplificado, Snape no entendió más de cuatro palabras. Había tantas cosas que desconocía, así que solo fingía escuchar la lejana voz de Draco en su cabeza. Las desventajas de estar separados por una generación.
—Ya que estamos en esto, ¿no quieres que te cree una cuenta en Tinder? —la frase lo trajo de regreso, girándose hacia la familia Malfoy quien lo miraban divertido. ¡Eso sí entendía!—. Ya ha pasado un tiempo y creo que es hora de que te coticen. He estado pensando en solo poner "Sev" porque…—
—No.
—Pero….
—¡Dije no! —el hombre se levantó, callando por fin al menor. Estaba desesperado, sí, pero tampoco tanto como para perder la dignidad, usando esa endemoniada app—. Creo que será mejor que me vaya, el tráfico se pone pesado a esta hora. Gracias por la comida.
En el taxi de regreso a casa, Lamarck se había quedado dormido sobre su regazo por lo que Snape se mantenía inmóvil, mirando cada tanto las calles oscuras a través del cristal. La música de la radio del conductor estaba reproduciendo una emisora donde tocaban baladas suaves, lo cual lo adormecía un poco. Al llegar a un semáforo antes del Támesis, decidió revisarlas ventajas de la dichosa app y tal vez, las redes de sus compañeros de baile.
moony_lovegood era la cuenta de Luna, una cuenta dedicada a sus fotografías coloridas, las cuales contrastaban enormemente con sus fotos en blanco y negro de arte conceptual. Asimismo, había muchas fotos de comida llena de verduras, cosas naturales y poses de yoga. "Periodista y fotógrafa, vegetariana, zen lifetsyle, lightlessons, dreamer". La cuenta de Neville era la de cualquier joven de 20 y pocos años. nevlong era un "biólogo y botánico, eco-friendly, amante de la pasta" cuyas fotos, las cuales eran pocas, eran de él en campamentos o lo que parecía ser un vivero. Harry Potter tenía la cuenta en privado, por lo que no pudo ver mucho, lo cual hubiese preferido en lugar de ver la cuenta de su padrino, Sirius.
BlackPadfoot era la cuenta pública de Sirius la cual era una miscelánea de todo tipo de cosas. Sesiones de fotos, deportes extremos, reuniones, bailes, comidas, viajes a lugares exóticos, motos, fiestas, actividades benéficas, había realmente un poco de todo. Sirius parecía hacer diferentes cosas todos los días y sus cientos de historias lo demostraban. "Sirius Black Official, tú sabes quién soy". Era increíble la cantidad de seguidores que tenía, estaba seguro que la mitad de sus alumnos estaban entre ellos.
Su error fue haber buscado.
La cuenta de Hermione también era privada. Lo descubrió cuando buscó a mione_mione y encontró una foto de la castaña, haciendo una pose de baile de perfil. Paseo su pulgar sobre la pantalla durante unos minutos, dudando en si darle al botón celeste de "Seguir" o no. Antes de que al taxi se detuviera frente a su casa, una notificación nueva vibró en el aparto.
" mione_mione aceptó tu solicitud"
" mione_mione quiere seguirte".
Aceptó de inmediato.
Snape lamentó profundamente no haber disfrutado de la última semana de mayo pues, en cuanto entraron a junio, su perfecto y calmado mundo quedó patas arribas y su tan planificado horario se fue a la mierda junto con él. Como una ola salvaje rompiendo contra las rocas, de esa misma forma arremetieron todas sus obligaciones contra él. Últimas clases, prácticas calificadas, proyectos finales, ensayos para salvar el curso, actividades finales de la agenda escolar, reuniones de coordinación, correcciones de trabajos, etc. Parecía que cada día se hacía más y más largo y, al llegar a casa, no quería hacer nada más que prepararse un baño y relajarse. Su pobre espalda lo estaba matando, no era sano para nadie estar sentado todo el día, inclinado sobre un escritorio, ya sea corrigiendo trabajos o subiendo notas en una computadora. Sumado a lo anterior, estaba el hecho de que aún no terminaba su parte de la investigación que venía realizando con sus otros colegas de la universidad; las constantes llamadas para recordárselo solo provocaban que sus niveles de estrés se dispararan.
Quien sufría las terribles consecuencias de esto era el pobre samoyedo de Southfields. Con tanta energía dentro de su cuerpo, Lamarck no estaba acostumbrado a pasar todo el día encerrado. Podía soportar un día, tal vez dos, pero en cuanto terminaron la primera semana, el perro corría de un lado a otro en el pequeño patio durante casi dos horas sin parar, creando un caos en el minimalista jardín. Otros días, recorría a toda velocidad las dos plantas de la casa, saltando sobre algunos muebles y tirando otros en el proceso.
—Lo siento, amigo —le dijo al llegar el primer fin de semana, cuando Lamarck se acercó a él con su correa roja en el hocico, despertándolo, pues, a pesar de ser casi las once, aún se encontraba en su cama, con los ojos tan cansados que apenas los podía abrir. Solo había pasado una semana, pero sentía que habían pasado dos meses—, papá está muy cansado. ¿Qué tal mañana?
Era una pena que Lamarck no comprendiera que "mañana" significaba hasta "nuevo aviso".
En fin, todo cambiaría tres días después, cuando, al llegar a casa, Snape encontró un par de zapatos rotos, la tierra del jardín removida, las croquetas sabor a cordero desparramadas por las baldosas de la cocina y a Lamarck corriendo de aquí a allá con una almohada en el hocico, esparciendo el relleno blanco de esta por donde sea que iba. Si así estaba la primera planta, no quería ni imaginarse como estaría el segundo piso. Snape no se desmayó, pero sí que puso el grito en el cielo y castigó al perro mandándolo a dormir en la cocina una vez que esta estuvo limpia. Ahora no solo tenía que preocuparse de su trabajo, también de encontrar a alguien que limpiara la casa, arreglara el jardín y alguien que se ocupara del perro en su ausencia por este mes.
Los dos primeros eran fáciles de encontrar, solo estaban a un pago de distancia, pero encontrar un niñero apropiado para su perro, eso era otra historia. Snape era muy receloso cuando de Lamarck se trataba, no pensaba dejarlo con cualquiera. Tenía que ser alguien de confianza, alguien que supiera la delicadeza y los retos que implicaba cuidar de ese perro y alguien quien fuera del gusto del propio. Pensó en Draco, pero, al igual que él, el universitario se encontraba en la fase final de su semestre y, aunque quisiera ayudar, no podría. Lucius y Narcisa quedaban descartados, ambos estaban muy ocupados con sus actividades de gente pudiente y, a pesar de que su casa tenía el suficiente espacio para que Lamarck corriera libremente, dejar al perro solo con Salazar, el pavo real o Nagini, la pitón, no era la mejor idea.
La solución llegó un día jueves en clase de McGonagall. Snape ya se había perdido tres sesiones seguidas, por lo que todos estaban más parlanchines con él de lo usual. Se vio obligado a dar explicaciones las cuales fueron comprendidas por la profesora, pero a cambio le pidió que diera su mejor esfuerzo durante los días que sí podría asistir.
Sirius como siempre, estuvo probando el límite de su cordura con todos sus comentarios fuera del lugar. Incluso, ahora que ya tenía una cuenta en redes sociales, se atrevió a subir una instastory etiquetándolo a él y al resto. Sin embargo, Snape no estaba de humor para ese tipo de actos sociales, ni siquiera estaba de humor para hablar y eso lo había notado Hermione. Snape, quien usualmente era quien buscaba iniciar una conversación con ella, ahora la evadía de forma magistral y la castaña, extrañada por su comportamiento, tampoco se atrevía a acercársele por temor a encontrarse con ese Snape de entrecejo fruncido.
Esa tarde, la profesora decidió redoblar los esfuerzos en las clases, estaba decidida a lograr que ni Snape ni Neville volvieran a caerse cuando hacían los giros del foxtrot.
—Tu barrido no es limpio —le indicó la mujer quien estaba siendo sostenida por el académico—. Vamos, otra vez.
—¿Otra vez? —protestó hastiado.
Snape se estaba frustrando cada vez más y no necesitabas estar presente para saberlo. El profesor era, hasta ahora, el único alumno de dicha clase que nunca protestaba, el único que obedecía en silencio cada indicación al pie de la letra sin importar lo tonta que pudiera sonar y el único quien realmente hacía un progreso notable en cada clase; sin embargo, su desempeño daba que desear hoy.
—Sigue trastabillando, Sr. Snape, tenemos que terminar con esos errores. Una vez más —ordenó la escocesa con seriedad—, desde el inicio.
Llevaban casi una hora intentando hacer el mismo paso. Al principio fue divertido, Sirius y Harry podían confirmarlo, ver caer a Snape y a Neville una y otra vez era algo que no tenía precio, pero las cosas cambiaron en el instante que Neville logró dominar dicho paso y Snape, no.
—Dos libras a que esta vez se cae —susurró Sirius a su ahijado a un lado de la habitación, donde se suponía que debían estar practicando en la barra.
—Hecho.
Snape se giró en su dirección, dedicándoles una de sus frías miradas que reservaba para sus clases y luego, volvió su atención a su maestra, esperando que, esta vez, por fin pudiera hacer ese barrido y callar a ambos pelinegros de una buena vez. Con una mano tomó la mano de McGonagall y con la otra, su omóplato. Hermione, sentada en el suelo junto con Luna y Neville, presionó el botón del estéreo y la música se reprodujo.
—Cinco, seis, siete, ocho…
Al escuchar el uno, Snape empezó a guiar a la bailarina escocesa por el salón como ya lo había hecho incontables veces. Estiraba su cuello casi a todo lo que podían y se aseguraba de que sus pies estuvieran bien sentados antes de elevarse sobre ellos y dar otro paso. Hasta ahora todo iba bien, hasta que, una vez más, llegaron al barrido.
—¡PROFESORA!
Luna se cubrió la boca con ambas manos, sorprendida y Harry y Hermione corrieron en dirección a la profesora McGonagall quien se sostenía con fuerza de los brazos de Snape. La pobre mujer había caído. Mejor dicho, Snape la dejó caer. Con las rodillas tocando el suelo, McGonagall colgaba de las manos de Snape quien, asustado por lo que acababa de pasar, trataba de levantar a la pobre bailarina. El corazón del profesor latía con fuerza contra su pecho, todavía no era capaz de salir de su impresión.
—¿Está bien? ¿Se hizo daño?
—Profesora, ¿está bien?
—Lo siento, profesora, lo siento mucho.
—Creo que fue suficiente por hoy —respondió poniéndose de pie y acomodándose, fingiendo que no había ocurrido absolutamente nada. Snape yacía de pie en el medio del salón completamente avergonzado y esa vergüenza se le notaba en los ojos, la caída de la ojiverde a causa suya era algo que jamás se hubiese esperado—. Necesita un descanso, Sr. Snape. Creo que todos necesitamos un descanso.
Luego de aquel incidente realmente no hubo nada destacable en la clase. Snape estaba demasiado cansado y frustrado como para querer entablar una conversación o soportar las bromas de Sirius, por lo que, en cuanto les permitieron retirarse, bajó las escaleras a toda velocidad y se dirigió a la estación de metro, deseoso de llegar a casa y darse un baño para calmar su mal humor.
Mientras hacía la fila para tomar el tren, Snape se masajeaba las sienes, tratando de olvidar su pésimo desempeño. Ya no podía seguir con esta situación. Todo se le estaba escapando de las manos, necesitaba quitarse algo de peso de encima. Se preguntó por qué demonios no existía un curso sobre cómo lidiar con las responsabilidades de ser adulto y no morir en el intento… o no matar a tu profesora de baile en el intento.
—¿Día de perros? —la voz de Hermione lo hizo levantar la cabeza y girarse para encontrarla de pie a su lado, con una sonrisa traviesa en el rostro y su cabello castaño sujetado en su tan conocida coleta alta.
¡Oh, demonios! ¡Había olvidado que aún tenía que solucionar el problema del niñero de Lamarck! Ya podía imaginarse comodebía estar su casa cuando abriera la puerta. Con otro completo destrozo causado por el animal en señal de protesta por no tener tiempo para llevarlo al parque, pero sí para ir a bailar.
—No tienes ni idea.
—Aunque te sorprenda, también los he tenido —su inocente respuesta le robó una pequeña sonrisa de lado la cual, a duras penas, podía calificarse como sonrisa en lugar de mueca—. No tuve oportunidad de preguntártelo, has estado muy raro toda la clase, ¿estás bien?
—Mejor que la profesora —respondió en casi un susurro el cual, sin embargo, se escuchó fuerte y claro—. ¿Cómo está ella?
—Tendremos que reacomodarle la cadera de nuevo, pero estará bien —Snape abrió los ojos asustado y se giró a verla, con el cerebro trabajando a mil por segundo. ¡Carajo! ¡¿Le había sacado la cadera?! Esto definitivamente no lo cubriría el seguro y ni todo el dinero del mundo harían que Minerva McGonagall lo perdonara. Hermione debió notar la conmoción y el miedo en el rostro de su interlocutor pues rápidamente continuó su enunciado, tratando de ahogar una risa nerviosa—. Lo siento, lo siento, no, era una broma, Snape, lo siento. Era una broma.
—Maldita sea, Granger —exclamó, sintiendo como su alma volvía a su cuerpo—. No juegues con eso.
—Perdón, perdón —la joven ocultaba su risa con ambas manos, pero fallaba magistralmente y, cuando no pudo más, su risa resonó por la estación, atrayendo miradas de los otros usuarios—. Tenía que hacerlo, lo siento, debiste ver tu cara.
—Se me paró el corazón, pensé que la había matado.
—Tranquilo, ella está bien, ni siquiera se golpeó. Ha sufrido peores caídas en su vida, lo que pasó hoy es nada comparado con ello. Le pedí un taxi y ya debe estar rumbo a casa —el tren llegó pronto y las personas que estaban al frente de ellos empezaron a caminar como pingüinos hasta detrás de la línea amarilla de seguridad de la plataforma—. Hoy no fue tu mejor día, ¿verdad?
—Obviamente —comentó con sarcasmo el cual Hermione no supo como responder. Las puertas del vagón se abrieron y se deslizaron con el grupo hasta entrar—. Lo siento, Granger. Estos días han sido muy complicados. Estoy muy estresado y cansado, perdona si no estoy de humor para bromas, pero ya tuve suficiente soportando a sus, perdone mi expresión, idiotas amigos toda la tarde como para soportar más.
—Lo siento —respondió cabizbaja, sonrojándose al instante. Snape le cedió su asiento a la muchacha y él se quedó de pie a su lado, entregándole su mochila como ya solía hacer desde hace casi un mes y un poco más—. Me imagino que debe estar muy ocupado. Lo hemos extrañado durante las clases, aunque no lo crea. Tal vez es por eso que Sirius estuvo tan insoportable hoy, es su forma de decir que lo extraña.
—Desearía que no me extrañara tanto.
El comentario provocó una risilla a la castaña y fue suficiente como para cambiar, aunque sea un poco, su mal humor. Las personas se movían por el vagón, empujándolo cada tanto. Cuando por fin estuvieron llenos, el tren cerró sus puertas y continuó su recorrido.
—La verdad es que todos lo hemos extrañado un poco, incluso yo —admitió la joven, mirando sus piernas—. Las clases, no sé, no son lo mismo sin usted. Me imagino que debe estar muy ocupado, ya estamos cerca del fin de año escolar y, si mal no recuerdo, usted es profesor, ¿verdad? —el asintió, meciéndose con el suave movimiento del tren—. ¿Cómo van las cosas?
—Ocupadas… más de lo que quisiera.
—Me imagino. Sabes, se te extraña. Correr en el parque no es lo mismo sin Lamarck o sin ti. Me aburro —agregó sonriendo—. Necesito un reto, el único que puede cansarme es tu perro y ahora que ni siquiera lo veo… No sé… los extraño. ¿Ya no hay tiempo para correr?
—Sí, no he tenido tiempo de ir al parque. Tengo demasiado que hacer y parece que las 24 horas del día no son suficientes —admitió en un suspiro—. Me da pena el pobre Lamarck. Estar encerrado todo el día en casa no es bueno para él. El veterinario le dijo que hiciera ejercicio, pero hasta ahora no hemos podido salir ni una sola vez. Mi patio le queda muy chico, ya lo ha destruido dos veces.
—Me imagino. Es un perro grande y con mucha energía, necesita espacio.
El tren pasó por en West Brompton, Fulham Broadway y detuvo en Parsons Green para recoger más gente. La persona sentada junto a Granger se bajó en dicha estación, por lo que ahora ambos viajarían sentados juntos por las siguientes paradas. Hermione habló con él de lo sorprendida que estaba cuando recibió su solicitud de amistad y que ya le había regalado un like a la foto de su cachorro. Snape, por su parte, realmente no la estaba escuchando, estaba distraído evitando mirar a Hermione a los ojos. Sus oscuros orbes se posaron en la pierna derecha de la castaña, la pierna que en algún momento estuvo rota.
Crack.
—Hermione —dijo de la nada, captando su atención.
—Dime.
—… —¿Qué le iba a decir? ¿Por qué la había llamado?—. Tú… ¿tú podrías hacerme un favor?
—Claro, ¿qué es?
—… eh, mira, yo no confiaría en nadie más para encargarle a Lamarck. Él te quiere mucho y parece hacerte caso más a ti que a mí —la castaña se sonrió—. Así que, ¿crees que podrías ayudarme con Lamarck por este mes?
—Oh, Sev…—
—Antes de que digas algo, solo serán estas semanas, ¿sí? Estoy hasta el cuello lleno de proyectos de la escuela y, además, tengo un trabajo atrasado con unos colegas y están presionándome para entregarlo pronto. No quiero que mi perro pague las consecuencias de mi irresponsabilidad. Tiene una salud delicada y necesita ejercicio constante. ¿Crees que puedas ayudarme, por favor?
—Severus, yo estaría encantada, sabes que adoro a Lamarck —le respondió entusiasmada. Snape suspiró aliviado, al menos ya tenía una preocupación menos sobre sus hombros.
—Te estoy tan agradecido, ese perro terminara destruyendo mi hogar si no lo saco a pasear pronto.
—Yo estaré encantada. Nos divertiremos mucho. ¿Qué días tengo que ir? No hay problema si es en la mañana, ¿verdad? Trabajo turno tarde.
—En la mañana es perfecto, a la hora que se te haga más fácil —el tren se detuvo en East Putney, una estación antes de la suya—. Sabes, no creo poder ir el sábado a clases, ¿te parece si coordinamos todo esto por WhatsApp?
—Claro, estaría perfecto o, si quieres, puedo pasarme el domingo por tu casa, para que me indiques todo lo que tengo qué hacer —Snape abrió los ojos sorprendidos, jamás espero esa iniciativa por parte de la castaña.
—¿No es molestia?
—No, no, claro que no. Estaré encantada —Snape se levantó de su asiento, para no tener problemas para cuando tuviera que bajar del tren. Hermione le sonreía desde su lugar con sus ojos miel brillando.
—Gracias, muchas gracias —la voz automática del tren avisó la siguiente parada. Los pasajeros empezaron a dirigirse a la puerta del vagón—. Te escribo después, me avisas cuando llegues a tu casa.
—Lo haré. ¡Adiós!
Más tarde, esa misma noche, ya acostado en su cama, Snape miraba el mensaje que Hermione le había enviado casi media hora después de que ambos se separaron en la estación de Southfields. Lamarck yacía sobre él, con su mano sobre su cabeza, disfrutando de los mimos detrás su oreja. El perro estaba tan aburrido que ni siquiera se quiso mover cuando su dueño le tomó una foto, solo atinó a mirarlo curioso con sus heterocromáticos ojos mientras su humano escribía algo en el aparatejo brillante.
Lamarck nunca entendería por qué tanto alboroto por esa pequeña cajita, solo hacía ruidos. Ni siquiera servía para jugar o morder.
Tú: [Foto]
Por fin logré que se durmiera
Aún no le digo que serás su niñera
Miss Granger: [Nota de voz] "Se va a llevar una sorpresa el domingo. Ah, estoy cansada, ya me voy a mimir. Dale un beso a Lamarck de mi parte, ¿sí? Descansa, buenas noches".
Tú: Buenas noches, Granger.
Tal y como habían acordado, Hermione se apareció el domingo por la tarde en Southfields. La castaña se encontró una peculiar escena en cuanto el dueño de casa le abrió la puerta de su humilde hogar. Un Severus Snape aún en pijama —o lo que ella creía era un pijama— trataba de controlar a su perro, el cual estaba demasiado emocionado por salir a recibir a su inesperada visita. Sus largas piernas envueltas en pantalones de chándal hacían de barrera humana para evitar que el perro atravesara la puerta, pero todo el esfuerzo fue en vano pues Lamarck consiguió burlar a Snape, salir de la casa y saltar sobre la castaña quien, al estar desprevenida, terminó cayendo sentada con el samoyedo atacándola con besos y cosquillas.
—¡No! ¡Lamarck!
—Déjalo, déjalo —exclamó la joven, riendo, mientras trataba de frenar el ataque de afecto con sus brazos desnudos—. ¡Yo también te extrañé, bebé! ¿Tú me extrañaste? ¡Sí, sí lo hiciste! —Hermione había extrañado tanto al cuadrúpedo durante esas dos casi eternas semanas que no podía evitar que su voz se volviera aguda y dirigirse a él como si fuese un bebé de verdad— Ay, te amo tanto. Extrañé a mi buen chico. ¿Quién es mi buen chico? ¡Tú lo eres! ¡Tú lo eres!
Snape se quedó apoyado en el marco de la puerta, mirando divertido la escena frente a él. Nunca antes había visto a su perro tan feliz como ahora y eso era difícil ya que Lamarck era de esos que se emocionaba literalmente con cualquier cosa. Le tomó un par de minutos a la castaña ponerse de pie, pero no pareció importarle en lo más mínimo estar cubierta de saliva de perro ni haberse golpeado contra el suelo, al contrario, se le notaba muy feliz.
—Lamento eso —se disculpó tomando a su mascota de su collar verde y metiéndolo a la casa, invitándola a pasar implícitamente—. No ha salido en dos semanas por lo que es un peligro abrir la puerta cada vez que él está cerca. No tienes idea de cuanto ha extrañado salir… también te ha extrañado a ti, por cierto. Entra, te daré un pañuelo.
Hermione sonrió con los labios cerrados e ingresó al hogar del señor Snape. Era una casa grande, muy grande y de muebles sobrios, muy al estilo apartamento de soltero. Y como en todo hogar de hombre soltero muy ocupado, estaba hecho un completo caos. Había muchas tazas de café vacías sobre casi toda superficie plana, los juguetes del perro yacían olvidados por ahí y estaba segura que no necesitaba entrar en la cocina para saber que el lavaplatos estaba lleno.
—Perdona el desorden —se disculpó cuando notó a la castaña demasiado ocupada revisando la morada del pelinegro como para prestar atención a sus palabras—. Olvide que venías hoy, estuve ocupado redactando unas cosas, hubiese limpiado un poco si no. Contraté a una señora para que limpiara, pero me temo que se volverá loca cuando venga mañana y vea que todo su trabajo no duró ni dos días.
—No te preocupes —le interrumpió siguiéndolo de cerca mientras se limpiaba la cara y braos con un pañuelo que el pelinegro le había ofrecido. Snape seguía con la mano en el collar de su perro, llevándolo al patio trasero, atravesando por la cocina la cual, tal como Hermione había anticipado, tenía el lavabo repleto de platos y vasos a medio lavar—. Creeme, hay peores. Deberías ver el departamento de Ginny y Luna durante sus épocas de exámenes. Están tan concentradas en sus estudios que soy yo la que tiene que ir a limpiar y llevar comida —Snape se giró y levantó una ceja sin creer lo que estaba escuchando—. ¡En serio! Si no voy, esas dos son capaces de sobrevivir esa semana a base de Red Bull, café y ensalada.
—¿Ensalada?
—Luna es vegetariana y Ginny es demasiado floja para salir a comprar comida normal por lo que se conforma con una ensalada de lechuga.
Lamarck salió al patio el cual ya estaba en mejores condiciones gracias al arduo trabajo de un jardinero contratado a último momento. El samoyedo corrió hasta alcanzar su pelota amarilla olvidada sobre el césped y regresó para dejarla a los pies de la castaña, esperando para jugar. Tomó la pelota y salió al patio para lanzarla tal como el perro quería.
—Quitando de lado el desorden, tienes una casa hermosa, Snape. Es muy grande y espaciosa.
—A veces demasiado para mi gusto.
—Me gusta el color de las paredes y los muebles. ¿La decoraste tú?
—Oh, no, no, no tengo tan buen gusto —admitió mirando como la castaña ejecutaba la admirable labor de entretener a su hijo cuadrúpedo. Sonrió para sus adentros cuando recordó el momento en que trajeron todos los muebles que actualmente ocupaban toda la casa. Una docena de hombres en overoles de trabajo azul, entrando y saliendo de su casa, cargando muebles y cajas bajo la atenta dirección de Narcisa Malfoy quien coordinaba con la decoradora de interiores todos los detalles—. Después de mi divorcio, pensé en vender la casa. Era demasiado grande para mí solo, pero había peleado tanto por ella. Además, me queda cerca al mercado, a la estación, tiene una buena ubicación. No tenía sentido mudarme, así que una amiga se ofreció a ayudarme a cambiar algunos muebles, pero terminamos renovando toda la casa. Literalmente todo aquí tiene menos de tres años, creo. Las puertas, la mampostería, los cuadros, los muebles, incluso las plantas.
—Un cambio completo.
—Es como si me hubiese mudado —comentó acercándose a ella y tomando la pelota amarilla que en ese momento ella sujetaba en sus manos—. Ya casi ni recuerdo como era esta casa cuando la compré.
Ambos se quedaron de pie uno frente al otro, aún con sus manos sobre la pelota amarilla, bajo la atenta mirada del perro. Hermione hizo cálculos rápidos en su cabeza, nunca antes se había detenido a pensar en lo alto que era su alumno. Debía llevarle una cabeza y un poco más, ambos tenían que inclinar las propias para poder verse a los ojos. Su cabello, algo graso, le caía sobre el rostro pues empezaba a crecerle otra vez, asimismo, había indicios de que su barba volvería a brotar pronto. Se le notaba cansado, las ojeras sobre su piel cetrina se lo hacían saber. Se preguntaba cuando fue la última vez que durmió decentemente. Admiraba que fuera tan dedicado con lo que sea que estuviera haciendo.
Snape, por su parte, hacía sus propias conjeturas en su mente. Esta era la segunda vez que se encontraba solo con Hermione desde la gala en el Bloomsbury en un contexto fuera del salón de clases y, a su vez, era la primera vez que la veía a los ojos luego de investigar sobre su accidente hace tres años. Tal vez, en el primero encuentro, lo había dejado de lado debido a su mal humor o al estrés de ese día, pero ahora que estaba más calmado y podía pensar con claridad, no podía dejar de lado el recuerdo de ella cayendo sobre la pista de baile en medio del pavor de cientos de personas.
Crack.
Sus ojos oscuros se desviaron a su pierna derecha la cual estaba enfundada en largas medias negras. Ahora que lo pensaba, nunca prestó atención a dicha pierna hasta ahora, ni siquiera cuando estuvieron descalzos en el parque. Se preguntó si la operaron o si solo le pusieron un yeso. Por el sonido, se imaginaba que era la primera opción. ¿Miss Granger tendría alguna cicatriz? Volvió a sus ojos miel los cuales lo miraban sin mirar, perdidos en sus propios pensamientos.
¿En qué piensas, Granger? Dijo para sí mismo, mientras su mano libre, involuntariamente, acomodaba uno de los mechones castaños de la muchacha detrás de su oreja. Hermione volvió a la realidad ante su tacto cálido e inocente. Sus largas pestañas revolotearon y luego le sonrió.
La inoportuna intromisión de Lamarck sacó a ambos adultos de su burbuja. Adentro, el perro blanco asomaba temeroso su cabeza por la puerta de la cocina, asegurándose que su amo no viniera a por él. Snape conocía muy bien esa mirada de culpable y, apoyado por el hecho de que Lamarck salió despavorido a esconderse escaleras arriba, todo indicaba que el animal había roto algo… otra vez.
—Ay, ya verás cuando te atrape —gritó ingresando a la casa sabiendo que el perro lo escucharía—. Más te vale que no sea otra taza. Esto es increíble, ¿puedes creerlo? —preguntó en voz alta, aunque Hermione consideró que Snape estaba más hablando para sí mismo que para ella. Ambos se dirigieron a la mesa del comedor donde, a un lado de esta, yacían los restos de lo que alguna vez fueron una taza y un plato de loza. Snape fue por una escoba y se puso a recoger los pedazos antes de que alguien se lastimara y, cuando decía "alguien", se refería al perro—. Ya he perdido cuatro tazas en dos días, esta es la quinta.
—Tal vez si no hubiera tantas tazas por todos lados —comentó la joven en voz baja. Snape puso los ojos en blanco y fingió no escucharla—. Es solo un cachorro, no sabe lo que hace.
—Claro que sí, ese perro sabe exactamente lo que tiene qué hacer para llamar la atención. Creeme, Granger, ese perro es más listo que tú y yo juntos. Esta resentido porque no lo llevo al parque y se está vengando rompiendo mis cosas. Tuve que tirar dos buenos pares de zapatos por su culpa —Hermione llevó una mano a sus labios y tomó aire para aguantarse una carcajada a las espaldas del profesor—. En fin, no viniste hasta aquí para escuchar mis quejas —admitió, poniendo todo ese desastre en una bolsa.
—¿Qué debo hacer? ¿Solo sacarlo a pasear?
—Sí, sígueme —el profesor guio a la joven por la primera planta de su casa, específicamente a un armario y a la cocina—. Bien, aquí en el armario esta la caja de juguetes, donde se supone que deberían estar todos esos juguetes que ves por ahí tirados. Aquí también están sus pañoletas y sus correas, ah, y las bolsas para cuando lo saques a pasear y se le antoje hacer sus gracias. Todo lo que necesites debería estar aquí y en la cocina —ambos volvieron sobre sus pasos y se dirigieron a dicho lugar—, aquí está su calendario con el veterinario. De eso me encargó yo, pero en el caso de que no pueda, te avisaré. ¿Qué te quería mostrar? Ah, sí, la comida.
Snape abrió una de las gavetas bajas donde había dos enormes sacos de comida para perro sabor cordero y pollo —Aquí está la comida. Siempre le dejó regular en el dispensador que está por allá —señaló—, pero puede que llegue hambriento después del paseo, así que, si necesitas rellenar su plato, puedes tomar la de sabor a pollo que ya está abierta. Y si no te quiere hacer caso, siempre puedes usar los premios —Snape tomó una caja mediana roja con galletas grandes en forma de huesos—, son sus favoritos, hará lo que quieras mientras le des uno de estos, pero no le des más de tres o enloquecerá y no queremos eso.
—Entiendo. No más de tres, archivado.
—Y debes cambiar su agua si la sientes muy caliente, para que se refresque ya que está iniciando el calor —Hermione asintió—. Por último, todas las mañanas le doy sus medicinas, por lo que no debería darte problemas, pero en el caso de que lo veas temblando sin parar por más de diez minutos, debes darle dos de estas gotas que están en este cajón —el hombre mostró la medicina, la sacudió frente a ella y las volvió a guardar—. Bueno, creo que eso es todo.
—Genial, será sencillo, espero.
—Te daré una copia de la llave para que puedas entrar y salir cuando quieras y, afuera, debajo de la primera maceta a la izquierda, hay una llave de repuesto. Solo usala en caso de emergencia —el profesor sacó una llave de una gaveta de la cocina y se la entregó en su mano. La llave era plateada y tenía un pequeño circulo verde—. Te pagaré por esto, no te preocupes, y te dejaré dinero de emergencia sobre la mesa de la cocina.
—Oh, Severus, te estoy haciendo un favor, no necesitas pagarme, ya te dije que lo haré con gusto —Lamarck volvió a aparecer, asomándose por la entrada de la cocina, pero volviendo a esconderse cuando Snape lo pescó espiando—. Por ese amiguito, haría lo que sea.
—Entonces, si no dejarás que te pague con dinero al menos dejame pagar con otra cosa. ¿Deseas postre? —preguntó dirigiéndose a su refrigerador, donde sabía que le quedaba una rebanada de pastel— Ayer me regalaron un pedazo de pastel de chocolate, pero es muy dulce. ¿Quieres un poco?
—Oh, bueno, ya que insiste —los ojos de la joven brillaron. Tal vez eso era porque no sabía que el pastel lo había preparado Lucius Malfoy en uno de sus tantos intentos de repostería. ¿Se iba a arrepentir de ofrecerle uno de los postres de Malfoy? Esperaba que no—. ¿Puedes dármelo para llevar? Pienso ir donde Luna y Ginny saliendo de aquí, quiero llevarlo para compartir.
—Claro, creo que tengo un táper por aquí.
Snape acomodó el postre en el contenedor de plástico y luego de intercambiar un par de palabras más, Hermione le avisó que su taxi la recogería ahí en cinco minutos, tiempo suficiente para que pudiera despedirse apropiadamente del samoyedo y su incontrolable ataque de besos. De Snape se despidió con un, algo incómodo, abrazo. Tal vez aún no estaban preparados para los abrazos. Dejó a Lamarck encerrado dentro de la casa para poder despedir a Miss Granger en su taxi, memorizando mentalmente el número de placa y la cara del conductor.
—Salúdame a Luna —luego se dirigió al chófer y dijo—. Llévela con cuidado, por favor.
—Adiós, Severus. Dale un beso a Lamarck de mi parte —la chica se despidió por última vez y el vehículo avanzó calle arriba. Snape se quedó de pie en la acera, hasta que lo perdió de vista. El sonido de algo cayéndose dentro de su casa lo hizo regresar corriendo.
Ahora ya tenía seis tazas rotas en tan solo dos días.
HOLA CHIQUIS!
LAMENTO LA DEMORA DEL CAPÍTULO, PERDÍ LA CUENTA DE CUANTOS DÍAS HAN PASADO, PERO HE ESTADO MUY OCUPADA CON MI PROYECTOS DE MITAD DE SEMESTRE Y CADA PROFESOR ES MÁS ESPESO QUE EL OTRO, TUVE UN PROBLEMA CUANDO ENTREGUÉ LA COPIA DE UN TRABAJO PARA EL VISTO BUENO ASÍ QUE TUVE QUE HACERLO TODO DE NUEVO Y TENGO HASTA LA PRÓXIMA SEMANA Y COMO SI NO FUESE POCO, ESTE CAPÍTULO LO ESCRIBÍ DOS VECES PORQUE SE ME BORRÓ EL ARCHIVO. EN FIN, ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO Y QUE NO SE NOTARA MI MEDIOCRIDAD ESCRIBIENDO, PORQUE SIENTO QUE ESTÉ CAPÍTULO ME SALIÓ COMO UN MAMARRACHO, PERO UN MAMARRACHO DEL CUAL ESTOY ORGULLOSA. CUALQUIER OPINIÓN SERÁ BIEN RECIBIDA EN LOS COMENTARIOS (POR FAVOR, QUE SEA CONSTRUCTIVO O DE AMOR, NO ME LAPIDEN, HICE MI MEJOR ESFUERZO).
NOS VEMOS LA PRÓXIMA SEMANA Y MEDIA O UN POQUITO MÁS.
BESITOS!
