ADVERTENCIA: Este capítulo puede contener contenido sexual por lo que se recomienda discreción. Si no te gusta o no te interesa leerlo, puedes saltearte esa parte, gracias por su atención (para que después no digan que no advierto).
CAPÍTULO 14
Snape se recostó al lado de Hermione, sintiéndose una completa mierda.
Le costó salir de ella. No era cómo que se había quedado atorado, mucho menos que se había desmayado, sino que estaba tan sorprendido que no sabía qué hacer. Se estaba muriendo de vergüenza, solo quería que la tierra se lo tragase. ¿En serio había pasado eso? ¿En serio se había corrido a las seis envestidas? ¿En serio no había durado ni un maldito minuto?
El silencio de Hermione contestaba sus preguntas.
La castaña estaba completamente muda. Ni siquiera se atrevía a mirarlo. De la nada, el techo de su habitación se había convertido en la cosa más interesante del mundo. Ella apretaba sus hinchados labios en una línea tan delgada que solo revelaba incomodidad. No era para menos, la situación que estaban viviendo en ese momento era sumamente incómoda y vergonzosa.
Su cabeza era un completo caos. ¿Qué debe hacer? ¿Debía decirle algo? No, no, se dijo, hablarle solo haría que el pobre hombre se sintiera peor de lo que ya se estaba sintiendo. Sería mejor dejar que él hable primero, ¿no? Esto nunca le había pasado con ninguno de sus amantes… Bueno sí, con Ron, cuando fue su primera vez, pero… pero ambos eran dos adolescentes nerviosos, con cero experiencias, un punto de perder su virginidad.
¡Esto era completamente diferente!
" Tal vez esto no es exactamente un problema. Quiero decir, esto le pasa a cientos de hombres, Severus no tiene por qué ser el único. Hay personas que a veces no pueden controlarlo o tal vez no tienen mucha resistencia. Puede que Severus sea una de esas, es decir, es cuestión de biología. ¡No puedes luchar contra la biología! "
" ¿Qué hago ahora? ¡No está hablando! ... ¿Debería irme? No, no. Si me voy, podría ofenderse. Tal vez pueda decir que recibí un mensaje… ¡Ay! Pero mi celular está en mi bolso, allá abajo. Escapar no es una opción… ¿Y si solo me levanto y ya? No, no le haré esto. ¡Mierda! ¡¿Por qué ?! Eso me pasa por andar de calenturienta ... Dile algo, Hermione, no pueden quedarse así ".
—Eso fue… —empezó, rompiendo aquel silencio tan embarazoso para ambos. Lo único que quería en ese momento era que alguien la sacara de esa incómoda situación, pero no quería herir al pelinegro. Sabía lo sensible que podría ser los hombres con respecto a los temas de cama—… Interesante.
—Yo… yo… —titubeó Snape sin tener la menor idea de cómo excusarse. No tenía palabras, no sabía que decir, ni siquiera podía mirarla a los ojos. Tuvo que cubrir los suyos con su antebrazo para no sentirse tan avergonzado e inútil -. L-Lo sien… -
—No, no, no digas nada —lo interrumpió al instante de forma atropellada. Pudo detectar un rastro de lástima en su voz—, por favor.
Ambos se quedaron tumbados sobre la cama, tensos y nerviosos, sin mirarse ni tocarse. Era como si estuvieran acostados al lado de una bomba a punto de explotar y ninguno quería ser el detonador. Hermione sujetaba las sábanas con ambas manos, roja como un tomate, cubriendo su cuerpo desnudo lo más que podía.
Si lo pensaba mejor, no estuvo tan mal. Había estado bien o, al menos había iniciado bien. Severus fue atento y muy tierno con ella en todo momento. Realmente se portó como todo un caballero, siempre preguntando si lo que hacía le gustaba, dejándola tomar el control en múltiples ocasiones y, sin duda, podía compensar la poca duración con el talento de sus dedos largos.
—Escucha… no te sientas mal, no es tu culpa —Si su objetivo era intentar reconfortarlo, no lo estaba logrando. Por el contrario, Snape solo se sintió peor con esas palabras—. A todo el mundo le pasa.
—¡NO A MÍ! —Exclamó cubriéndose el rostro una vez más y dejando escapar un suspiro en el cual liberaba toda su frustración—. Esto nunca me había pasado, en serio, es la primera vez. ¡A mí no me pasan estas cosas, Granger!
—Oye, ¡está bien! Ya entendí —Hermione se reincorporó apoyándose con sus codos y, con mucha cautela, retiró una de las manos de Snape para que él pudiera verla—. Mira, tal vez… tal vez esto fue una señal para que esto no pasara. No te sientas mal, por favor.
—Hermione… —Severus se reincorporó también y encontró el valor suficiente para verla a la cara. Ella tenía las cejas fruncidas en un gesto de angustia y una de sus manos se aseguraba de que la sábana siguiera cubriéndole los pechos. Le dolían sus palabras. No quería que ella dijera eso, él en serio había querido que esto saliera bien—. Lo siento. Yo de verdad quería… Maldición, en serio que quería…
—Está bien… está bien —ella seguía usando ese tono cargado de lástima. Su mano libre volvió a posarse sobre la mano izquierda de Snape en una señal de apoyo la cual el pelinegro consideró sumamente degradante.
—Yo ... —hizo una pausa larga. No estaba seguro de querer decir eso, pero ya no podía avergonzarse más. Al menos, si ella se iría, lo haría sabiendo que el problema no era ella— yo no he hecho esto en mucho, mucho tiempo —se dejó caer sobre el colchón y cerró los ojos para no tener que ver sus enormes orbes miel—. Yo sabía que estaba fuera de práctica, pero nunca pensé qué tanto… ¡Demonios! ¡Debes pensar que soy patético! —Murmuró arrastrando las palabras, cubriéndose el rostro con ambas manos por enésima vez—. No te culpo si quieres irte, yo lo haría si fuera tú… En serio, lo lamento.
—No, no, Severus, no eres patético —contradijo. La joven se hundió sobre el colchón, moviéndose sobre este. Snape no necesitaba abrir los ojos para saber que estaba envolviéndose con las sábanas, podía sentir como estas dejaban de cubrir parcialmente su cuerpo—. Si te sirve de algo, yo tampoco lo he hecho en mucho tiempo.
—¡Ay, por favor! —Gritó levantando las manos al cielo, negándose a creerle. Solo quería ser empática con él. Pues, ¡no era el mejor momento para ser empática! - Granger, no tienes que mentirme para que yo me sienta mejor. No estás ayudando, solo me haces sentir peor.
—No tengo motivo alguno para mentirte, Severus Snape —su tono de voz cambió a uno más serio, hasta su ceño se frunció, molesta.
Snape, abriendo los ojos, se reincorporó sobre sus codos, encontrándose a la mujer a su lado, sentada contra la cabecera de la cama. Su cabello castaño estaba revuelto y la humedad había provocado que sus rizos alocados regresaran. Su piel tostada era cubierta por las sábanas claras, haciendo un contraste único. Sus mejillas, que hasta entonces están estado del mismo color de su piel, se sonrojaron ligeramente al darse cuenta de que era la primera vez que ambos se veían desnudos, totalmente conscientes y no embriagados por la pasión.
—Vamos, eres joven, bonita —afirmó— y tienes un cuerpo delici… es… es realmente muy hermoso, lo siento —se corrigió. No estaba seguro si debería calificar el cuerpo de Miss Granger de esa forma, pero estaba tan avergonzado y confundido que no estaba pensando lo que decía—. Es imposible que no haya hombres que no quieran acostarse contigo.
—Y eso no significa que me acostaré con el primero que se muestra frente a mí, dispuesto a quitarse los pantalones —refutó cruzando sus brazos delgados sobre su pecho, con una expresión de incredulidad en su rostro—, gracias por tu gran concepto de mí .
Genial, ahora la había ofendido . Esto, literalmente, no podía empeorar. Solo faltaba que se rompiera el techo o algo por el estilo.
- Lo siento. Perdóname, no quise decir… -
—Sí, lo entiendo, no te disculpes. —La joven dejó salir todo el aire de sus pulmones y estiró sus brazos, ignorándolo por un rato.
Recostados sobre la cama, en la oscuridad de la habitación, Hermione y Snape se quedaron en un silencio que, si bien ya no era incómodo, si era pesado. Como si quisieran cambiar de tema sin saber exactamente cómo. La joven dobló su cuello a un lado, luego al otro. Este tronó. Luego, pasó a hacer lo mismo con los brazos como tratando de liberarse de la tensión. Pareció funcionar, pues, luego de unos minutos, volvió a hablar.
—En fin, como te decía, no me acuesto con alguien desde hace mucho también. Tener sexo salvaje con alguien de vez en cuando es delicioso, no te lo voy a negar, pero… pero no me gusta que sea así todo el tiempo —se relamió los labios, como pensando que decir a continuación. Snape estaba algo sorprendido por sus declaraciones. Nunca había esperado escuchar tal frase de la boca de Miss Granger—. Yo ... yo no quiero que sea ... vacío, ¿me entiendes? Me gusta que mi pareja se tome su tiempo, que se exprese, que… que… que no solo sea meter y sacar —sus manos se movían en el aire, como tratando de enfatizar todo lo que su boca decía. Realmente parecía consternada respecto al tema—. Necesito más.
—Comprendo eso —comentó bajito—. A veces… a veces después de tanto sexo vacío como que, no sé, te aburres.
—¡Exacto! —Contestó enérgica, sus ojos miel brillando en la oscuridad— Y, para serte sincera, he tenido suficiente de eso por un tiempo… Al menos, lo que tuvimos fue… diferente.
Al menos fue diferente , pensó como consuelo.
Snape se acomodó en la cama, ya más calmado, aunque aún decepcionado. Tal vez fue un error haber aguantado tanto tiempo. El tango era el causante de todo este problema, se había excitado con cada movimiento. Él estuvo preparado para tomarla ahí mismo en el salón de clases, pero lo consideró una falta de respeto al santuario sagrado de la profesora McGonagall. Luego, dentro del metro, pudo fácilmente bajarle los pantalones y haberla penetrado sobre el asiento hasta llegar a Southfields, pero no quería que ninguno de los dos terminara encerrado en la cárcel de Scotland Yard por "daños a la moral" y con una cuantiosa multa que pagar.
Incluso tuvo que soportar la mirada indiscreta de la farmacéutica cuando fue a comprar condones… los cuales, ahora, no resultaban más que dinero mal invertido.
—Mi última vez no fue memorable, ni siquiera recuerdo con quién fue —confesó la castaña después de meditarlo durante varios minutos. Por alguna razón, sintió la confianza necesaria para decírselo. No por nada ambos estaban desnudos sobre su cama, ese era un nivel muy alto de intimidad—. Creo que mis dedos hicieron un mejor trabajo. No me sentí satisfecha en ningún sentido. Desde entonces decidí dejar a los hombres, hay mejores formas de conseguir un orgasmo. Digo… hay… aparatos.
—Esa fue mucha sinceridad —admitió abrumado, aunque curioso por todos los detalles que Miss Granger soltaba con tanta naturalidad. A veces, eso le llamaba la atención de ella, la facilidad con la que podía abordar casi cualquier tema, no importaba que tan íntimo este fuera—. ¿Hace cuánto fue?
—Hace ocho meses creo —La joven hizo un gesto como pensando, cerrando un ojo, tratando de hacer memoria—. Déjame ver… Sí, fue a finales de diciembre. Mi propósito de año nuevo fue no más sexo con extraños… ¿Y la tuya? ¿Cuándo fue?
¿La suya? Ocho meses no eran nada comparada con la suya.
- No.
Eso no iba a pasar, no, no, no, no y no.
—Yo dije el mío, no es justo —reclamó. Odiaba cuando tenía razón.
—No te vayas a reír, por favor —quiso sonar fuerte, pero parecía que suplicaba.
—Lo juro en el nombre del maestro Arthur Murray —como si fue una niña exploradora, levantó la mano derecha a la altura de su cabeza. Snape enarcó la ceja derecha. ¿Quién demonios era Arthur Murray? La castaña parpadeó un par de veces, sin poder creer que esto estaba pasando—. El profesor de baile… tiene muchas academias con su nombre por todo el mundo. Fue el maestro de baile del Duque ... ¿Sabes qué? Olvídalo —se rindió—. Solo diez centavos y ya.
-… Hace seis años —confesó en voz baja, esperando un poco antes de ver a la castaña a los ojos. Debido a la pequeña inhalación que hizo, supo que tal verdad la tomó por sorpresa -. Sí, ya sé lo que estás pensando.
—No-puede-ser —vocalizó parpadeando muchas veces. No podía ocultar su sonrisa de incisivos grandes, pero no era porque se estaba burlando, era porque no sabía qué decir o hacer—. Ok, definitivamente tú ganaste esto. ¡Seis años! ¿Cómo…? ¿Ni una sola vez desde entonces?
—Ni una sola vez —confirmó, negando con la cabeza lentamente—. No es que no se presentaran oportunidades, hubo muchísimas, créeme —Y no lo quería porque quería presumir… bueno tal vez un poco. Bueno, tampoco fueron muchísimas, pero sí hubo oportunidades—. Es solo que… no podía hacerlo. No, o sea, sí, pero no —río nervioso, contagiando sus nervios a la joven—. Me refiero a que no quería hacerlo —se explica con atropello, sintiendo como la sangre corría a su rostro—. Mi última vez fue con mi ex esposa, realmente no estoy seguro si lo hicimos. Fue tan vacío y automático…
No estaba tan seguro que tan apropiado sería hablar de Valerie en un momento como ese. Es decir, ahora estaba con Hermione —físicamente hablando—, pero por más que quisiera no podía cambiar el hecho de que su última vez fue con su ex. Incluso estaban en la misma habitación que ambos compartieron durante sus años de matrimonio, aunque no luciera como tal a causa de la remodelación, lo cual agradecía con todo su ser.
Se pasó las manos por su cabello negro y estiró un poco el cuello, procurando alejar esos pensamientos—. Mi última vez tampoco fue memorable.
—Lo lamento.
Ambos volvieron a caer en su incómodo silencio. Hermione jugó con sus dedos entrelazados, esperando a que Severus volviera en sí. ¿Seis años? ¡¿Seis años ?! No podía culparlo por venta corrido tan rápido después de seis años. ¡Era toda una vida! Es decir, hace seis años ella todavía era virgen, hace seis años ella aún competía, hace seis años ella aún vivía con sus padres en Cambridge.
Hace seis años era una eternidad.
—¿A quién le importa el sexo? —Snape se giró a verla para encontrarla mirándolo despreocupada, simulando ya haber olvidado todo lo que pasó—. Sabes, realmente no sé porque le dan tanta importancia. Si no fuera porque es tan placentero, las personas no lo haríamos. Tú, tú eres biólogo, deberías saber cómo funciona el cuerpo, creo. El corazón se acelera y parece que te dará una taquicardia, es difícil respirar, el cuerpo suda y es pegajoso. Súmale el hecho de que segregas hormonas y otras cosas que ni recuerdo el nombre y… y… y descubres que tu cuerpo es capaz de doblarse en posiciones que jamás hubieses esperado saber.
—Si lo dices así, pues sí, es horrible —afirmó, robándole una sonrisa de labios rosados a la mujer a su lado—. Por cierto, olvidaste mencionar que los músculos se contraen y los ojos se voltean hacia atrás como en El Exorcista.
—Esa es una imagen muy desagradable —rio. De alguna forma, esa risa alivió un poco el ambiente en el que se encontraban—, pero es delicioso.
—Lo es —reconoció. Sus labios inconscientemente se relamieron recordando los deliciosos momentos vividos en el tren. Sus mejillas ardieron—. Existen muchos factores, pero sí, lo es.
Hizo una pausa mordiéndose el labio inferior, sus ojos de niña traviesa brillando para él. Su típica señal de que quería preguntarle algo. Snape vislumbró una sonrisa pequeña y la trabajo en silencio con sus ojos oscuros, como incitándole a que preguntara y calmara su curiosidad.
—Si hace seis años no tienes sexo con nadie… ¿Cómo le haces? —Snape abrió la boca, atónito por el atrevimiento de su joven amante por preguntarle eso. Él nunca se sonrojaba, pero estaba seguro de que se veía como un tomate en esos momentos. Hermione dejó escapar una risilla nerviosa y continuó—. No, no pienses mal, es que… seis años de abstinencia no es algo fácil. Digo, yo voy ocho meses, pero… tengo mis dedos y compré un consolador —se aclaró la garganta, tratando de opacar la última palabra, totalmente avergonzada—. Lo siento, necesito saber cómo sobreviviste tanto tiempo. Mi mente no estará tranquila hasta tener una respuesta.
—Eres una completa caja de sorpresas, Granger ofrece con su típica voz de susurro grave. Oh, sus mejillas nunca le ardido tanto como ahora. No iba a negar que esta conversación lo estaba calentando otra vez, pero al mismo tiempo, se estaba divirtiendo como nunca. Ni en sus más locos sueños hubo encontrado en una situación como esa—. Digamos que… si tú tienes tus dedos… yo tengo mi mano… y es posible que algo de estimulación… audiovisual.
—¡Eres un asqueroso! —Rio en voz alta, poniéndose igual de roja.
—¡Tú querías saber!
Por más increíble que sonara, el ambiente que hasta entonces fue sumamente incómodo y vergonzoso se alivianó de tal manera que ahora parecían haber dejado ese "incidente" en el pasado, como si nunca hubo pasado. Ambos se sentían tan a gusto en compañía del otro, con sus cuerpos desnudos uno cerca del otro y su conversación tonta cortando el silencio de la habitación grande.
—¿Mejor? —Hermione se recostó sobre la cabecera y lo miró a los ojos, sincera.
—Mejor.
Volvieron a su usual silencio, ese silencio tan íntimo, solo de ellos dos, Hermione apoyando su cabeza sobre el hombro de Snape, cruzando las piernas debajo de las sábanas. La conversación no solo había despertado la lívido del profesor, sino que también la de la joven bailarina. Hermione apretaba las piernas con fuerza una contra otra, mientras sentía un cosquilleo entre sus estas. Aquella calentura que había procurado controlar la sofocaba, sobre todo ahora que tenía a Snape acariciando su mano derecha, sus dedos largos jugando sobre el dorso de su mano, subiendo delicadamente sobre su antebrazo y volviendo a bajar.
Tal vez era que realmente quería hacerlo o tal vez… solo tal vez era que tuvieran una conexión y pensaban lo mismo. Sea como sea, los pies de Hermione acariciaban las piernas velludas del profesor y el brazo de este rodeó con cuidado por encima de ella, acariciando su hombro izquierdo. Ninguno se atrevía a mirarse aún, esperaban que el otro diera el primer paso.
—Bien… —empezó Hermione al darse cuenta de que no obtendría nada del mayor. Soltó un suspiro y prosiguió—. Creo que solo nos quedan dos opciones. O puedo usar tu baño, limpiarme, pedir un Uber y olvidamos todo esto, volvemos a la normalidad y aquí no pasó nada. Yo seguiré siendo tu maestra; tú, mi alumno y ya.
—¿O?
—O ... no lo sé, tú dime —contestó levantando los hombros, fingiendo desinterés.
Severus sonrió de lado y dejó que su cabeza se recostara contra la cabecera acolchonada de su cama. Los pies de Hermione seguían acariciando sus piernas y pueden que "accidentalmente" una de sus manos rozara su miembro el cual empezaba a despertar de nuevo.
—Escucha… Después de todo lo que hemos pasado, después de todo lo que he dicho sobre el sexo y lo horrible que es, creo que sería muy hipócrita de mi parte pedirte, no, rogarte que me des una segunda oportunidad.
Hermione se mordió el labio inferior otra vez mientras le dedicaba una mirada traviesa. Pensó un poco y luego abrió la boca para decir algo.
—Antes que digas cualquier cosa —la interrumpió poniendo su índice sobre sus labios—, prometo tomarme más tiempo. Prometo dar mi mejor esfuerzo para… para durar más esta vez y, en caso de que vuelva a pasar, encontraré la forma de hacerte venir, aunque tenga que recurrir a otros métodos… Lo juro.
—¿Puedo hablar ahora? —Murmuró contra su dedo el cual retiró de inmediato—. Gracias… Yo iba a preguntarte si tienes otro condón.
Snape asintió enérgico con la cabeza— En la caja vienen seis.
Hermione sonrió— Adelante, novato.
Una de las manos del profesor subió hasta el rostro de la joven y la otra bajó hasta su cintura, para acercarla a él. Hermione levantó el rostro e, inclinando la cabeza, acercó sus labios hasta los de él. Este beso fue muy diferente a los anteriores. Este era un beso tímido, lleno de miedo. Hermione percibió la preocupación de Severus y lo comprendía totalmente. Si ella estaba en sus zapatos, también estaría asustada de que ese "incidente" le pasara por segunda vez.
—Hey, hey —dijo ella, subiéndose encima de su regazo, dejando caer las sábanas por su cuerpo, olvidando la vergüenza. Sus manos subieron hasta que se fijaron en ambos lados de su rostro, acariciando despacio—. Está bien, relájate —se inclinó sobre él y besó su frente para luego bajar por todo el contorno del rostro, esparciendo castos besos por cada centímetro de su piel—. ¿Recuerdas lo que te dije cuando estábamos bailando? Concéntrate en mi voz —besó su mejilla derecha—. No digas nada —besó la izquierda—. No pienses —besó la punta de su nariz —y no te muevas a menos que sientas que debas hacerlo.
Sus labios volvieron a juntarse, moviéndose suaves unos contra otros. Las manos del profesor recorrieron su cuerpo femenino, acariciando las curvas de sus caderas, subiendo por su cintura hasta llegar por debajo de sus omóplatos, aquel lugar que conocía a la perfección.
Siguió el consejo al pie de la letra: dejó de hablar, dejó de pensar y se dejó llevar por sus emociones.
Su mano derecha se quedó en su omóplato mientras que la izquierda subió para tomar la mano derecha de Hermione y entrelazar sus dedos. Llevó dicha mano a sus labios donde inició un camino de besos que ascendía por su antebrazo, brazo, hombro hasta llegar a su cuello. Hermione dejó caer su cabeza hacia atrás para darle un mejor acceso al mayor, sus manos fueron directamente hacia sus negros cabellos, jugando con ellos, atrapando a Severus en ese pseudo abrazo. Sus dedos delgados pasaban con mucha facilidad entre los cabellos lacios del profesor y su nariz pequeña aspiraba el aroma de su shampoo y su sudor.
Olía a hombre .
Hermione soltó un gemido ahogado cuando Severus atrapó un pedazo de la piel de su cuello y comenzó a succionar con tormentosa lentitud, como si fuera un vampiro alimentándose de su presa. Su lengua presionaba contra su piel caliente y su mano izquierda subió hasta la parte posterior de su cabeza, donde sujetó su cabello entre sus dedos y tiró de este hacia atrás. Dolía, sí, pero era un dolor agradable, que solo la excitaba más.
Snape abandonó su cuello después de dejar alguna marca y volvió a asaltar sus labios, intensificando el beso. Su lengua invadió su boca, librando una batalla para ver quien debería el control. Cuando parecía que Hermione estaba por dominar, Snape tiró delicadamente de la parte de atrás de su cabello otra vez, recuperando el control del beso. Hermione ahogó un gemido contra su boca y sus brazos rodearon su cuello, apretándose más contra él.
Snape bajó, besando sus pechos, playing con ellos, mientras Hermione movía sus caderas contra su pelvis, esperando pacientemente a que su miembro despertara. La mano que hasta entonces había estado tirando de su cabello, bajó hasta su centro donde comenzó a jugar con su clítoris, dibujando círculos con su pulgar, intensificando el placer que de por sí Severus provocaba en sus senos gracias a su lengua. La mano que estuvo en sujetando su omóplato, viajó a su seno izquierdo, masajeándolo y apretándolo mientras que el derecho era atendido por su lengua y sus dientes, brindándole especial atención a su pezón.
Otro gemido escapó de sus labios, esta vez más fuerte y Hermione experimentó esa sensación conocida de una burbuja formándose en la parte inferior de su vientre, una burbuja que crecía más y más con cada círculo que el dedo de Snape realizaba en su punto G. Una de sus manos seó por su pecho lampiño y siguió bajando hasta encontrar su abdomen el cual se empezaba a cubrir por una ligerísima capa de vello negro que iba en aumento hasta llegar a su miembro, el cual se asomaba semierecto entre ellos dos.
Su mano derecha tomó su polla con cuidado y empezó a moverse de arriba abajo, intentando despertarlo como antes ya había hecho en el tren. Su otra mano se aferraba al hombro del mayor, sujetándose para no caerse. Sus uñas se clavaron en su piel cuando sintió que esa burbuja explotaba y se dejaba llevar por el orgasmo que Severus provocó con su lengua en sus pechos y su pulgar en su clítoris, gimiendo de forma erótica junto a su oído, con la esperanza de excitarlo más.
Estuvo bien, tuvo mejores, pero estuvo bien.
Al no ser tan intenso, Hermione estaba lo suficientemente lúcida como para tomar el control de la situación. Besó por última vez sus labios finos y bajó por su mandíbula, su cuello, su pecho, abdomen hasta descender por completo, dejando un camino de besos por todo su cuerpo. Apoyando contra la cabecera acolchada de la cama, Severus cerró los ojos ante el cosquilleó que le generaba la respiración cálida de la castaña al contacto de su piel. Contuvo la respiración cuando la sintió sobre su miembro, respirando y suspirando sobre este.
—Hermione —jadeó nerviosa, dirigiendo una de sus manos hacia el rostro de la joven, como intentando detenerla.
—Shhh… está bien, te va a gustar —susurró contra su pene, depositando un beso en la punta de este, estremeciendo al mayor—. ¿O prefieres que pare?
Severus abrió los ojos, tratando de enfocar ese par de ojos miel en la oscuridad de su habitación. No iba a mentir, ambas manos deslizándose con lentitud de arriba abajo sobre sus muslos y su rostro peligrosamente cerca de su polla lo excitaban a niveles que no había experimentado en mucho tiempo. Todo estuvo que ella lamió por encima de su glande para lanzar su cabeza hacia atrás y dejarse llevar ante esa dulce locura.
Hermione no era de esas personas que fuera conocidas por su paciencia, sobre todo en situaciones donde solía dejarse llevar por su enojo… o por su lujuria. Hermione sabía que necesitaría más que ese pequeño orgasmo para calmar ocho meses de abstinencia autoimpuesta y, por más que realmente quisiera esperar a su amante y tomarse todo el tiempo del mundo, necesita que ese miembro esté lo suficientemente erguido para entrar dentro de ella y calmar ese incendio entre sus piernas.
Empezó rodeando con sus dedos todo su eje, sintiéndolo crecer en su mano. A pesar de que aún estaba algo blando, tenía buen tamaño. Uso sus dedos para esparcir el líquido pre seminal por todo su largo, acariciando la piel tersa y sus venas sobresalientes. Ante la falta de lubricación, optó por elmer aquel órgano, mojándolo con su saliva.
—¡Oh, mierda! —Exclamó Snape cuando Hermione se introdujo su polla en la boca, jugando con su lengua sobre la punta—. Joder, Hermione —suspiró cerrando los ojos, perdiéndose momentáneamente de aquella visión borrosa de la castaña moviendo la cabeza de arriba abajo, escondiendo su pene en su boca, deslizándose fácilmente gracias a la humedad de sus labios hinchados y su saliva brillante.
En un determinado momento, Snape abrió sus oscuros ojos para encontrarse con los claros de ella, mirándolo desde abajo, sus mejillas pintadas por un rojo intenso. Tenía la boca abierta y sobre su lengua descansaba la punta de su pene hinchado y completamente erecto, mostrándose orgulloso en su máximo tamaño. Hermione le sonrió pícara desde su posición y, cerrando los ojos, volvió a su trabajo, cerrando los labios sobre el grueso órgano, moviendo la cabeza a su propio ritmo, enloqueciendo al pobre hombre. Sus manos grandes viajaron hasta la cabeza de la castaña, tomándola de los cabellos, aumentando la velocidad de la felación.
Aquellos ruiditos casi pornográficos que su boca generaban al succionar su miembro lo enloquecían, incluso mucho más que la misma acción. Inconscientemente, sus caderas empezaron a move, en busca de su encuentro con el rostro de la muchacha, su pene golpeando contra su garganta, su mano sujetando con firmeza su cabello para que no podría cambiar la posición y la cama empezando a golpear contra la pared .
Hermione se quejó aún con el pene en la boca, produciendo vibraciones que enloquecieron al mayor. Snape estaba golpeando muy fuerte contra ella, necesitaba parar eso antes de que se volviera a dejar llevar por la pasión y terminara en su boca. Ella, no, necesitaba que terminara en otro lugar y no ahora, no se había esforzado tanto quería con su lengua para que esto volviera a durar tan poco. Apoyó ambas manos en los muslos de Severus y se alejó de su miembro.
Snape elevado aquel hilito de saliva bajando por su mandíbula en cuanto ella se levantó.
Hermione subió encima de él, volviéndolo a besar mientras el profesor batallaba para poder meter su miembro dentro del preservativo. Le dio un descanso de medio minuto para asegurar de que todo estaba en su lugar. Luego, procedió a acomodarse sobre su pelvis, using una de sus manos para guiar la polla del pelinegro en su entrada húmeda. Tembló al sentir su contacto y reprimió un gemido cuando comenzó a descender sobre su eje, sintiéndolo abrirse paso entre sus paredes, llenándola poco a poco.
La placentera danza comenzó.
Hermione se movía de arriba abajo, rebotando sobre Snape y sus gemidos llenaban la habitación. El hombre llevó sus manos a sus caderas y las movía a su ritmo, sujetándola para que no se cayera. La cabecera de la cama chocaba contra la pared, uniéndose a los gemidos. Sus manos grandes se paseaban por su trasero, masajeándolo y, en algún momento, se vio tentado a golpearlo suavemente.
—¡Severus! ¡Ah! —Gemía la joven, extendiendo sus dos brazos hacia la cabecera como punto de apoyo. Sus paredes se cerraban y relajaban sobre el eje, provocando que presionara más contra sus caderas. Los pechos firmes de la joven se balanceaban provocadores frente a él, por lo que solo tuvo que inclinar la cabeza un poco para obtener acceso a ellos— ¡Oh! ¡No pares! ¡Por favor!
Hermione no supo en qué momento, ni siquiera Snape lo sabía, pero eventualmente ambos cambiaron la posición. Snape estaba completamente recostado en la cama, su cabeza descansando cómodamente sobre una de sus almohadas mullidas mientras que sus brazos largos abrazaban el torso de Hermione contra él, impidiéndola moverse y cambiar la postura. Ella tenía que sus codos para apoyarse sobre el colchón dado que sus manos estaban demasiado ocupadas apretando las sábanas en respuesta al placentero dolor que sintió cada vez que el miembro del pelinegro golpeaba contra su clítoris en cada envestida.
Ahora con él control solo para él, Snape movía las caderas con brutalidad, entrando y saliendo tan rápido que a veces tenía que detenerse para volver a acomodar su polla con su mano en la entrada de la castaña. Cuando retomaba el ritmo, la castaña dejaba escapar gemidos y gritos que rápidamente eran opacados ya sea por medio de un tirón de cabello por parte de Snape o por la almohada que mordía.
—¡Severus! —Gritó la joven, retorciéndose, cerrándo los ojos con fuerza debido al placer— ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah!
—Shhh ... Hermione, despertarás a mis vecinos —susurraba a su oído con la voz ronca.
El sonido constante de la cama golpeando contra la pared se vio opacado cuando Snape comenzó a golpear el redondo de la Granger, tornándolo rojo. Dolía, pero podía aguantarlo siempre y cuando él estaba dentro de ella, llenándola, satisfaciéndola hasta la locura.
La humedad de Hermione era tal que se escurría hasta manchar el interior de sus muslos y él no se quedaba atrás, su polla se agitaba dentro de ella y crecía hasta el punto en qué ya era doloroso. No iba a aguantar más tiempo, podía sentir esa sensación caliente bajando por su vientre hasta su miembro. Ya había llegado el momento, por fin ambos estaban listos para el delicioso orgasmo.
Y este no se hizo esperar mucho tiempo.
La cabeza de Hermione daba vueltas, sus caderas se sacudían y sus paredes se apretaban más alrededor del miembro de Severus. Ya no podía más, podía sentirlo, el dulce orgasmo recorriendo desde la punta de sus pies hasta llegar a su vientre y explotar por todo su cuerpo. Solo necesitó de cinco estocadas más para ver las estrellas.
—¡Ahhh! —Gritó contrayéndose, dejándose llevar a cabo por el ansiado orgasmo, temblando contra el cuerpo de Severus, mordiéndose los labios para no hacer más escándalo. Ella cerró los ojos y se abandonó a la dulce sensación post orgásmica mientras caía sobre el hombre. Snape dio dos embestidas más y se corrió casi en simultáneo, uniéndose a los gritos de la joven sobre él. Poco a poco bajó el ritmo hasta que se detuvo por completo, aunque todavía podía sentir como las paredes de la feminidad de Hermione apretaban a su cansado amigo.
Ambos se quedaron inmóviles, adormilados, uno sobre el otro. Sus respiraciones agitadas se sincronizaron y sus cuerpos aletargados dolían demasiado como para moverse por el momento. Hermione temblaba contra él, demasiado cansada como para articular palabra alguna. Sus manos abandonaron el dolorido trasero rojizo de la joven, subieron por su espalda, acariciando con delicadeza, hasta llegar a sus omóplatos donde una se quedó ahí y la otra subió a su cabeza para acercarla a sus labios y depositar un beso sobre sus rizados cabellos .
—Eres asombrosa —murmuró contra estos.
La sensación sonreír contra su piel y, tomando impulso, levantó su cadera. El miembro de Snape se deslizó fuera de su interior y cuando se vio liberada, la castaña rodó a su lado, dejándose caer cansada sobre la cama. Snape se giró también, acomodándose a su lado, abrazándola cerca de él para depositar besos por su rostro y acariciar con sus piernas las de ella, ambos disfrutando las agradables caricias post orgasmo.
Al ver que Hermione no respondía no importara todos los dulces halagos en forma de susurros que Snape pudiera regalarle, el mayor la acomodó sobre la cama para luego levantarse con torpeza para dirigirse al baño a asearse. Hermione ni siquiera pareció notarlo, estaba tan cansada como para siquiera quejarse.
Cerró la puerta con delicadeza y se recostó contra ella, apoyando su cabeza contra la superficie de madera. Mantuvo sus ojos cerrados, tratando de visualizar el rostro de Hermione. Oh, esa hermosa y divina expresión cuando se vino para él y por él. No sabía que había al final de esta vida, pero sí sabía que lo único que quería ver al morir era el rostro de Hermione al momento de correrse.
Ella era maravillosa.
Caminó agotado hasta el toilet donde se deshizo del preservativo used y se aseó lo mejor que pudo. Su pene flácido colgaba entre sus piernas, cansada pero orgulloso de haber dado una buena batalla.
Nada mal para alguien que estaba fuera de forma , pensó divertido.
Desnudo, descalzo, bajo la luz blanca en la soledad de su baño, Severus se apoyó sobre el lavabo y soltó un suspiro antes de verse al espejo. Se sintió diferente. Se veía diferente —bueno, tal vez no mucho— y se sintió diferente. Se sintió ligero, más delgado, más relajado, más… sintió que, por primera vez en muchísimo tiempo, volvía a ser él. Aquel Severus Snape que dejó atrás, aquel que alguna vez fue feliz.
Porque se sintió feliz.
Muy feliz.
Feliz como no lo había sido en años.
Gracias a ella.
Se lavó las manos y volvió a la cama cálida donde una adormilada Hermione lo esperaba en una postura erótica encima de sus sábanas, sin importarle exponerse a él completamente desnuda y vulnerable. Su cabeza caía a un lado, exponiendo su cuello marcado por sus dientes, sus brazos estaban doblados hacia arriba, sus puños cerrados con delicadeza, su frente perlada por el sudor, sus ojos de largas pestañas cerrados por el cansancio y sus labios hinchados por la fuerza de sus últimos besos.
Hipnotizado por tal belleza, Snape subió sobre la cama, gateando hasta ella. Se recostó a su lado, dudoso de volver a tocarla. ¿Es que acaso esto era real? No podía creerlo, simplemente era demasiado bueno para ser verdad. Su corazón no cabía dentro de su pecho por tanta felicidad. Se sintió bien.
No, se sintió de maravilla.
Sus manos recorrieron aquel cuerpo adormitado, provocando suspiros y jadeos. Se inclinó sobre ella, escondiendo su rostro entre el espacio de su cuello y su hombro. Aspiró su aroma y jugueteó con el lóbulo de su oreja, dedicándole frases tiernas a bajo volumen, dándole cosquillas. Los brazos de Hermione subieron lentamente y rodearon su espalda, dibujando círculos con sus dedos sobre su piel cetrina. La joven adormilada sintió el peso de su amante sobre ella, envolviéndola con su calor por completo y, aunque Snape era mucho más pesado que ella y probablemente la estuviese aplastando, se sintió bien tenerlo ahí.
Sobre ella.
—Me gustó —susurró a su oído, dejándose llevar por las caricias de la castaña sobre su cabello y su espalda—. Fue… asombroso.
—A mí también me gustó —le respondió, inmóvil, encontrando por fin la posición más cómoda para dormir—. Estuviste esplendido.
Lo sentimos sonreír contra su piel.
—Gracias.
Puede que lo hubiera dicho como una forma de vanagloriarse de sí mismo, como una respuesta a su halago, pero Hermione pensó que Severus decía ese "Gracias" por lo que realmente era: un agradecimiento. Un agradecimiento después de haberle permitir hacer el amor, un agradecimiento por no haber salido huyendo, un agradecimiento por tenerle paciencia, un agradecimiento por tantos besos y caricias, un agradecimiento por dejarlo ser él, un agradecimiento por una noche maravillosa.
Un agradecimiento por hacer sentir vivo.
Se giró a su lado, para que ella se acomodara junto a él antes de quedarse dormida. Hermione pasó su brazo y pierna izquierda sobre Severus, este la rodeó con sus brazos y, aspirando el olor de sus rizos castaños, se unió a Hermione en un sueño profundo.
Snape llevaba un buen rato sentado en uno de los sillones que tenía en su habitación. Solo llevaba puesto un pantalón negro y, actualmente, se estaba terminando de poner los zapatos perfectamente lustrados para irse a su reunión de trabajo. Miraba en dirección a su cama donde una inconsciente bailarina castaña llamada Hermione aún descansaba, ignorante de la hora y su ubicación.
Debía estar cansada , pensó. Él también lo estaba. Anoche estuvo asombroso —sin contar el primer encuentro el cual fue desastroso— y pudo asegurar con total satisfacción que ambos fueron capaces de llegar a un par de intensos orgasmos que compensaron y superaban con creces todo lo ocurrido previamente.
Estaba complacido con su trabajo.
Hermione estaba tan dormida que ni siquiera sintió cuando él abandonó la cama para irse a bañar y ahora tampoco se daba cuenta de que llevaba como diez minutos sentado en la misma posición, admirándola dormir. Sus piernas sobresalían de las sábanas, contrastando su piel bronceada contra la blancura de las telas. Podía ver su espalda desnuda, pues estaba durmiendo bocabajo, abrazada a una almohada. Esta estaba cubierta de pecas, cosa que no pudo notar anoche debido a la oscuridad. Su cabello castaño caía sobre su rostro en salvajes rizos que jamás pensó conocer. Ni siquiera parecía ser la misma muchacha lacia con la que se había acostado anoche. Era la primera vez que Severus despertaba con una mujer completamente diferente a la de la noche anterior.
Era hermosa. Más que hermosa… era divina.
Sonrió para sus adentros y terminó de vestirse en silencio. Su reunión iniciaba a las diez por lo que aún tenía tiempo para preparar el desayuno, aunque llegaría lo suficientemente tarde como para usar la patética, pero creíble excusa de haber estado en el baño desde que llegó. Se acercó a ella, procurando no despertarla y cubrió su espalda con la manta con delicadeza.
Bajó las escaleras encontrando a Lamarck durmiendo al final de estas, esperando a que su amo despertara. Pobrecito , pensó conmovido, había esperado toda la noche a que le abriera la puerta para dormir en su cama. Obvio eso no pasó ni iba a pasar nunca pues no necesitaban un tercero en la habitación. El perro despertó al escucharlo bajar y volvió a la vida, saltando sobre él para darle los buenos días.
—Hola, amigo —Lamarck lo siguió de cerca, frotándose contra sus piernas casi haciéndolo caer—. ¿Listo para desayunar? Sí, yo también. Ven, es hora de que tomes tu medicina y, luego, puedes ir al patio.
Mientras tanto, Hermione por fin despertaba de su letargo. Se estiró como gato por todo lo largo y ancho de la cama, girando entre las sábanas, enredándose aún más con ellas. Al abrir los ojos, estaba desorientada y no se debía a que hubiera dado tantas vueltas. En un inicio, no reconoció la habitación en donde se encontraron, pero estaba lo suficientemente lúcida como para saber que no era su casa. Había un par de sillones verdes oscuros, los muebles eran color negro, uno que otro cuadro sobrio y un espejo de cuerpo entero. Sus ojos miel vagaron por el resto de la habitación hasta identificarla.
Mierda. Era la habitación de Snape. Había tenido sexo con un estudiante.
Soltó un bufido y escondió el rostro contra la almohada que había estado abrazando. Ahora que estaba en sus cinco sentidos y con la lívido controlada, se dio cuenta de la magnitud de sus acciones. ¡Qué pésima calidad profesional de su parte! La profesora McGonagall estaría decepcionada, sus profesores de danza estarían decepcionados, incluso si ella era su jefa estaría decepcionada de su poco profesionalismo… pero eso no quitaba el hecho de lo bien que se lo había pasado anoche.
Sus labios rosados dibujaron una sonrisa tonta de satisfacción en su rostro. Sí que fue una gran noche. Dejando de lado la desastrosa primera actuación de Snape, las siguientes dos rondas fueron espectaculares. Sus manos grandes y ligeramente rasposas recorrían su cuerpo de arriba abajo, dando especial atención a sus piernas, las acarició con devoción, debería agregar. Su lengua había degustado su cuello, bajó por sus pechos donde había jugado con sus pezones, incluso los llegó a mordisquear haciéndola gemir en voz alta. Finalmente, aquella boca que siempre tenía algo inteligente que decir le hizo ver estrellas de colores con cada lamida sobre ella. La había hecho gritar.
Ni mencionar tuvo dentro.
Era cierto que, al principio, su miedo a repetir la acción era palpable; sin embargo, el profesor había usado todo su autocontrol para no dejarse llevar tan rápido. Ella también había ayudado. Era muy consciente de que Snape no era un muchacho de veinte, él era un hombre de cuarenta años que no había tenido sexo durante años y quería —de una u otra forma— saciarse hasta más sin poder. Teniendo en cuenta eso, ella había tocado en zonas que consideró bien. Había estimulado con caricias, besos y susurros en zonas erógenas como los oídos y el cuello, uso sus uñas para arañar con suma delicadeza su espalda, sus manos para recorrer su torso y bajar hasta su miembro, estimulando con una tortuosa lentitud, preparándolo para el momento oportuno. Y cuando por fin estuvo dentro de ella… Oh,
Sí, la había pasado bien… muy bien… más que bien. Fue glorioso.
Snape no se encontró en la habitación, de hecho, no había rastro alguno de él. Ni siquiera una nota. Se preguntó dónde estaba, lo más probable era que estaba abajo alimentando a Lamarck o sacándolo al patio. Por más que quisiera amanecer con él a su lado, tenía que respetar el horario establecido del can, por su propia salud. Se movió por la cama hasta encontrar una posición cómoda mirando al techo.
¿Qué procedía ahora? ¿Cómo debía actuar ante un hombre que había cambiado radicalmente su estatus de amigo a… amigo con derecho? Se acostado, no iba a ser igual nunca. Ni siquiera sabía cómo iba a hacer cuando bajara las escaleras y se lo encontrara. Al acostarse con Snape, él había dejado de ser simplemente su alumno y había pasado a ser algo más, algo que no sabía qué nombre darle porque, si bien ellos tenían una buena relación como profesora-alumno, era casi el mismo tipo de relación que tenía con Luna, Sirius y Neville. En todos los casos se llevaban bien en clases y eran muy buenos amigos. Sin embargo, no se había acostado con ninguno de ellos salvo por Snape.
Si lo analizaba, tampoco era que su amistad con el pelinegro era la misma que con sus otros alumnos. Con Snape ella se había abierto en más de una ocasión. Había estado con ella en la gala del Bloomsbury, estuvo con ella cuando tuvo su crisis, le había contado casi toda la historia con Ron. En realidad, se había abierto con él como nunca antes lo hizo con alguien ajeno a su entorno. Y era algo recíproco pues Snape también le había comentado sus cosas, temas demasiado dolorosos que no cuentan con cualquier extraño, pero él había confiado en ella para ello.
No eran simplemente amigos, nunca lo fueron y eso quedó claro anoche.
En fin, se ocuparía de eso más tarde. Ahora tenía cosas más importantes que hacer, como encontrar su ropa y volver a casa.
Se reincorporó sobre la cama. Su vientre dolía. Puso un pie sobre el suelo y luego el otro. Esperó unos minutos antes de levantarse tambaleante, casi cayéndose en el intento.
Iba a matar a Severus. No bromeaba cuando dijo que daría más que su máximo esfuerzo.
Buscó su ropa la cual estaba perfectamente doblada sobre uno de los sillones junto al armario. Asimismo, había una toalla lista para que ella la usara en caso de necesitarlo. Sonrió, le pareció un gesto tierno. Tomó la toalla y se dirigió al cuarto del baño donde se lavaría el rostro y trataría de hacer algo con el arbusto que tenía por cabello.
Abajo, Snape les dio la vuelta a los últimos panqueques y esperó que se terminaran de cocinar. Lamarck estaba sentado en el piso de la cocina, apoyado sobre sus dos patas traseras, poniendo una carita tierna esperando que el pelinegro le diera otro de esos premios sabor a carne que tanto le gustaban. Acababa de tomarse su medicina y estaba esperando que su amo terminara de preparar el desayuno para que este llenora su plato con croquetas… otra vez. Desde que había aprendido el infalible truco de rogar con las patas en alto, Snape tuvo que llenar la despensa con más croquetas pues estas desaparecieron casi a los dos días de su compra.
—¿Otra más, Lamarck? Ya te di dos —Le respondió apagando la hornilla—. No, sabes que esa cara no funciona conmigo —Lamarck lloró y el profesor de Química sabía que seguiría llorando hasta que cumplieran su capricho—. Yo no soy Hermione, Lamarck, conmigo no sirven esos trucos… No me hagas esa cara… Está bien, está bien, pero está es la última y ahora sí no bromeo.
El perro atrapó la croqueta en forma de hueso en el aire cuando Snape se la lanzó. Se la llevó al otro lado de la cocina donde podría comerla con tranquilidad.
Premio triple después del desayuno, este día no podía mejorar.
El profesor puso los panqueques en dos platos, los bañó con miel y los decoró con un par de blueberries . Sacó naranjas de la cesta de fruta y procedió a la preparación de un delicioso zumo de naranjas recién exprimidas para la castaña durmiente. El café ya estaba listo y tan solo esperaba ser servido para él… ¿Estaría bien ese desayuno? ¿Debería preparar huevos revueltos o servir yogur?
—Ve a hacer algo útil y despierta a Hermione disponible cuando terminó de exprimir las naranjas—. No quiero irme y dejarla encerrada aquí —Lamarck ladró en cuanto escuchó el nombre de su amiga, como si entendiera el significado de cada una de sus palabras—. Ve, anda, busca a Hermione, busca.
El perro de pelaje blanco salió corriendo por las escaleras en busca de la castaña. Al llegar a la puerta de la habitación de su amo comenzó a aullar y rascar la superficie de madera con su pata, tal y como lo había hecho ayer, pero esta vez —al menos— se dignaron a abrirle la puerta. Hermione estaba detrás, con el cabello atado en un moño desordenado y con solo su camiseta y ropa interior puestas. El perro saltó hasta ella, exigiendo su atención y sus mimos.
—Buenos días, bebé. ¿Cómo estás? ¿Dormiste bien? Ofrecer dejándose caer sobre el suelo para abrazarlo y jugar con su largo pelaje—. ¡Sí que lo hiciste! ¡Estás lleno de energía! ¿Quién es mi buen chico? ¡Tú eres mi buen chico! —El perro hizo unos ruidosos, como si realmente pudiera hablarle. Hermione sintió que le estaba reclamando por lo de ayer—. No podías dormir conmigo, bebé, lo siento. ¿Me perdonas? ¿Si?
Lamarck lamió su rostro como señal de afecto y luego se alejó de ella, yendo a por sus pantalones para que se vistiera. Hermione rio. Sí que era un perro muy listo . Finalmente, ya vestida, siguió al perro fuera de la habitación, el can estaba tan apurado en hacerla bajar a la primera planta de la casa que ni siquiera le dio tiempo de ponerse los zapatos. Con el par en mano, Hermione bajó las escaleras siguiendo al perro, evitando tropezar con este quien cada dos segundos se giraba para ver si lo estaban siguiendo.
Severus estaba en la cocina, comiendo panqueques y tomando su café matutino. Hermione se quedó de pie en la entrada de la habitación, sujetando sus zapatos contra su pecho y custodiada por el perro mientras que Snape la observaba en silencio, con su taza de café en la mano, esperando por algo.
—Buenos días —saludó la muchacha, sonrojada.
—Buenos días —respondió, limpiándose los labios con una servilleta—. Te hice del desayuno. Panqueques. Ven, siéntate aquí, yo ya terminé.
—Gracias —Hermione caminó tímidamente hasta él. Tomó el asiento vacío a la mesa mientras que Snape recogía sus platos y los dejaba en el lavabo—. No debiste molestarte.
—No te preocupes —Severus puso el plato de panqueques y el vaso de zumo frente a ella y, luego, fue por un par de cubiertos—. Tenía algo de tiempo para preparar algo, aunque ya voy tarde, tengo que trabajar.
—¿Trabajar?
—Tengo una reunión a las diez, te lo comenté ayer. Ya nos dieron fecha para la presentación del proyecto y estamos puliendo detalles. Es el 19 de este mes.
—Ah, cierto, lo olvidé —Su estómago rugió, se moría de hambre y el desayuno olía delicioso. Lamarck arrastró su tazón de metal hasta sus pies y se puso a comer el contenido sobrante, como si quisiera hacer compañía mientras desayunaba. Snape se movía de un lado al otro de la habitación, cada tanto mirándola de reojo, señal de que quería decirle algo, pero no se atrevía—. ¿Dormiste bien?
—Sí, sí, de maravilla… y ¿y tú? ¿Dormiste bien?
—De maravilla.
Hermione volvió a mirar a su plato. ¡Panqueques! ¿Cuándo fue la última vez que comió un buen plato de panqueques? Había pasado mucho tiempo. Snape se sentó al otro lado de la mesa y sus dedos jugando sobre la superficie de cuero de su portafolio de trabajo. A un lado, la pantalla de su móvil estaba apagada, pero —por su lenguaje corporal— Hermione sabía que se moría por encenderla.
Tal vez quería hablar antes de irse.
Se relamió los labios, nervioso, tomándose su tiempo para planear su discurso— Hermione… -
—Ayer fue… —lo interrumpió, igual de nerviosa que él—. Estuvo… bueno.
—¿Bueno?
—Está bien, está bien… Fue más que bueno —admitió sonrojada, evitando mirarlo, aunque no era necesario. Ya sabía que Snape estaba sonriendo de lado por su comentario—. Fue ... fue ... Mira, más demoré en ponerme de pie que en arreglarme, creo que eso te da una idea.
—Casi te desmayas —respondió sonriendo de lado, unas líneas de expresión aparecieron al lado de ambos ojos—. Por un momento, me asusté. Creí que te había matado o algo.
—Estaba cansada.
—Lo noté. Duermes como un tronco. Un tronco que se mueve mucho —comentó. Hermione frunció el ceño mientras tomaba el tenedor, por fin dispuesta a probar su desayuno—. Te movías como un gusano. Girabas a la derecha, girabas a la izquierda, te destapabas, me quitabas mi sábana, te volvías a girar —Hermione cerró la boca antes de probar bocado y se cubrió el rostro con una mano, muerta de la vergüenza—. No me estoy quejando, para nada, es bueno tener compañía durante las noches… pero no esperaba recibir una patada a mitad de la madrugada.
—Lo siento —murmuró avergonzada, estirando una de sus manos para alcanzar la suya. Snape acarició el dorso de esta con su pulgar y luego se llevó sus nudillos a sus labios, depositando un casto beso sobre estos—. ¿Te dejé dormir al menos?
—No había dormido tan bien en mucho tiempo, Granger.
Ambos se quedaron así, en silencio, como esperando por algo, aunque no supieran muy bien qué.
Por un lado, Snape quería tomar el teléfono y llamar a sus colegas, decir que tenía fiebre y se estaba muriendo y que "lamentablemente" no podría asistir hoy, para —de esa forma— poder quedarse con Hermione todo el día, verla desayunar, tal vez tomar una segunda taza de café. Ir al parque juntos, tomar el sol junto a Lamarck, tal vez luego ir a almorzar y hablar un poco sobre esta nueva "situación".
Sonaba como un buen plan.
Por otro lado, Hermione tenía sus propios problemas corriendo en círculos en el interior de su cabeza. Primero, estaba el hecho de que no sabía qué iba a pasar ahora. ¿Seguían siendo amigos? ¿Ya eran algo más? Bueno, obvio que sí, pero eso era algo implícito, todavía no hay comentario nada sobre ese tema. Segundo, Necesite tener la certeza de que era exactamente esto. Snape fue amable, sí, pero asumía que siempre fue así en la cama. Necesitaba saber si esto solo había sido sexo casual por la calentura de tantos años de abstinencia o si el hombre frente a ella estaba haciéndose otra idea. Tercero, necesitaba ordenar sus sentimientos, porque esto que había pasado no se sintió para nada como las otras veces que había tenido sexo por un desborde de deseo y, aquí está involucrado muchos sentimientos que no podía ignorar. Por ultimo,
—Bien, eh, debo irme —anunció levantándose de la mesa—. Voy tarde así que pediré un taxi.
—¿No te dirán nada por la tardanza? —Preguntó angustiada— No quise meterte en problemas.
—No, Hermione, no te preocupes. Diré que tuve un problema con el tren o que tuve una emergencia con Lamarck —explicó recogiendo el portafolio de la mesa y tomando su celular—. Ya se me ocurrirá algo.
-Okay.
Snape asintió y, antes de cruzar la puerta de la cocina, dijo— Te quería preguntar… eh… ¿Te gustaría que almorzáramos en la tarde o algo así? Quisiera… -
—Tengo turno más tarde, a las 11:45 —agregó de inmediato, interrumpiéndolo—. Voy a reemplazar a una maestra así que… -
—Sí, sí, yo entiendo —respondió rápidamente, ligeramente avergonzado—. Bien, eh, ya debo irme.
- Gracias por el desayuno y, por favor, no te preocupes por lo platos, yo los lavo.
—Gracias —Snape realizó una sonrisa forzada que resultó ser más una mueca y salió de la cocina. La castaña soltó un suspiro y trató de relajarse, pero su amante nocturno volvió a entrar casi de inmediato— ¿Puedes hacerme un favor? —La castaña asintió, enderezándose sobre la silla al instante -. Mira, probablemente tenga que avanzar con el proyecto durante la tarde. ¿Crees que puedas sacar a pasear a Lamarck antes de que te vayas? Solo tienes que sacarlo hasta el inicio de la calle y regresas, luego yo lo volveré a sacar en la noche. ¿Podrías?
—Por supuesto —Snape asintió y le dedicó una última sonrisa antes de irse—. Que tengas un buen día.
—Tú también.
Hermione esperó pacientemente a que Snape recogiera sus llaves, se despidiera de Lamarck y cerrara la puerta para dejarse caer sobre la superficie de la mesa, aliviada de que ya no estaba en la misma habitación con él. Un largo suspiro escapó de sus pulmones, ni siquiera notó que estuvo aguantando la respiración todo ese tiempo. Cerró los ojos con fuerza y se masajeó las sienes, esperando calmar ese dolor de cabeza.
Eso fue incómodo.
Nunca había sido buena para lo que venía después del sexo. Usualmente no desayunaba con su amante de turno, porque no lo ameritaba, era cosa de una noche. Era la primera vez desde que terminó con Ron que alguien le preparaba el desayuno después de una noche desbordante de pasión. Ni siquiera Cormac fue así, él solía llevarla a desayunar, pero no hablaban mucho… En realidad, casi no hablaban.
Tomó el tenedor y se llevó un trozo de los panqueques a la boca. Cerró los ojos ante el contacto de la miel y la masa contra su lengua. ¡Esto estaba delicioso! Estaban calentitos, de textura esponjosa y sabor dulce. Estos panqueques no le iban a durar.
—¿Tú qué me ves? Ofrecer al abrir los ojos y encontrar a Lamarck mirándola desde el suelo, moviendo la cola peluda—. Por tu culpa estoy en esta situación. Si no fueras tan lindo, yo ni siquiera habría puesto un pie aquí desde el inicio.
¡Guau!
¡HOLA, CHIQUIS!
DISCULPEN LA DEMORA, ESTE MES HA SIDO UNA COMPLETA LOCURA POR LO QUE ACABABA MI CICLO DE LA UNIVERSIDAD, OFICIALMENTE YA ESTOY A MITAD DE CARRERA Y, AUNQUE NO HA SIDO SENCILLO LLEVAR ESTE SEMESTRE ONLINE, CREO QUE ME HA IDO BIEN. GRACIAS POR SU COMPRESIÓN RESPECTO A LA ACTUALIZACIÓN, SÉ QUE HA PASADO MÁS TIEMPO DE LO DEBIDO, ASÍ QUE LES PIDO LAS DISCULPAS CORRESPONDIENTES. DICHO ESTO, AHORA SÍ, A LO QUE NOS COMPETE.
NO ME MATEN, YO NO SÉ ESCRIBIR LEMONS TT EN SERIO ME HE DEMORADO MÁS POR ESA PARTE QUE POR EL RESTO. NO SE ME OCURRÍA QUE PONER. PERDÓN SI QUEDÓ FORZADO, ES QUE ME DABA RISA ESCRIBIRLO, TENÍA QUE IMAGINARME TODO Y ERA RARO (ME SIENTO SUCIA XD). NO SÉ ESCRIBIR SEXO, YA ESTÁ VISTO.
PERDONEN LA MEDIOCRIDAD. ES POCO, PERO ES TRABAJO HONESTO XD. ESPERO ACTUALIZAR PRONTO.
GRACIAS POR LEER: 3
