Advertencia: Este capítulo toca temas relacionados al abuso y traumas durante la infancia. Quiero resaltar que siempre escribo de esos temas con todo respeto, pero que puede ser delicado para cierto público, igual no he escrito nada fuerte. En todo caso, ya advertí y se recomienda discreción.


CAPÍTULO 21

—¿Dónde estabas, Severus?

—Escondido en mi habitación, dentro de mi armario —respondió en un susurro tan bajito que el Dr. Sharpe tuvo que hacer su mejor esfuerzo para lograr entenderlo. El profesor tragó hondo, tomando una pausa demasiado larga antes de continuar—. Recuerdo que tenía los ojos cerrados con fuerza y las manos en mis orejas… Quería callar el ruido.

—¿Qué escuchabas? —el psicólogo cambió de posición sus piernas, acomodándose sobre su sillón marrón— ¿Crees que puedas decírmelo?

—… —Snape dejó que su cabeza cayera hacia atrás lentamente. Se llevó una mano al rostro para frotar sus ojos con sus dedos índice y pulgar. Odiaba esas preguntas, odiaba esas sesiones. Sabía que eran necesarias, pero eran muy intensas, a veces, demasiado—. Había muchos gritos. Mamá y papá estaban peleando otra vez. Tobías gritaba muy fuerte, en realidad, creo que era el único que estaba gritando. No recuerdo exactamente qué decía, no hablaba claro, siempre arrastraba las palabras y tenía un fuerte acento del norte —el profesor dejó escapar un suspiro largo y pesado mientras trataba de hacer memoria—. Siempre peleaban en la cocina. Mamá solía esconderse en la alacena donde guardaba las latas de conservas y la escoba… Nunca entendí por qué lo hacía, era completamente inútil, siempre la encontraba y… y ella, en lugar de intentar correr, solo se acostaba en el suelo y cerraba los ojos… siempre me pregunté por qué no se defendía.

—De acuerdo —Sharpe anotó algo en su libreta en completo silencio. Snape se preguntó cuál habría sido aquel "detalle sumamente importante" que necesitaba registrar. Desde que Sharpe se había convertido en su psicólogo, siempre se preguntó qué era lo que anotaba en esa libreta privada—. ¿Qué edad tenías?

—Nueve.

—¿Recuerdas por qué estaban peleando?

—Quería dinero —respondió de inmediato. Esa pregunta era fácil, siempre era el mismo motivo—. Quería comprar alcohol y no tenía dinero, así que le pidió a mamá el dinero que teníamos para la comida de esa semana. Mamá no quiso y luego empezaron a pelear. Primero fueron gritos, ya sabes, lo usual, pero cuando ella se negó a decirle dónde escondía el dinero, sé qué él empezó a golpearla.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque mamá gritaba que parara —Sharpe lo observó en silencio, escudriñándolo con sus ojos verdes a través de sus gafas rectangulares. Snape se mantuvo tenso sobre el sofá, devolviéndolo la misma mirada fuerte, no dejándose intimidar por su mayor bajo ninguna circunstancia. El silencio del doctor era una invitación para que continuara por lo que no le quedó otra opción más que seguir con su narración—. "Tobías, por favor, detente, me duele, por favor". Casi siempre eran las mismas frases. Muy raras veces gritaba pidiendo ayuda para que algún vecino viniera, pero después de tantas veces perdonándolo, ellos simplemente dejaron de venir —Sharpe volvió a apuntar algo sobre su libreta—. Esa vez en específico, recuerdo que escuché pasos, como si alguien estuviera corriendo. Creo que eran los de mi mamá, ella estaba tratando de huir por las escaleras.

—¿Intentaste intervenir alguna vez cuando eras un niño?

—Muchas veces, pero tenía miedo. Mamá siempre decía que yo era de más ayuda si me quedaba escondido en mi habitación. De esa manera, me mantenía a salvo… Ella jamás permitía que las peleas subieran al segundo piso porque sabía que yo estaba ahí —Snape humedeció sus labios con un poco de agua. En todas sus sesiones, Sharpe dejaba una jarra y un vaso de agua en la mesita al lado del sofá, siempre a disposición de sus pacientes—. Recuerdo que escuché un golpe muy fuerte y los gritos cesaron de repente. Luego todo fue silencio… En general, me asustaba más que todo estuviera en silencio que los mismos gritos. En fin, cuando gritaban, sabía que estaban abajo, que todavía estaban bien, que… que seguían vivos. ¡Sabía qué estaba pasando! —exclamó tan fuerte que Sharpe anotó aquella pequeña perturbación en su estado de ánimo en su libreta— Pero cuando todo se quedaba en silencio era… era… —Snape tomó una respiración profunda y llevó la mirada hacia el techo, parpadeando de forma rápida para alejar los deseos de llorar que lo invadían— Ningún niño debería vivir algo así, sabes, simplemente no debería.

Después de despedir a Hermione aquella noche, Severus se había prometido así mismo hacerse responsable de su vida. Había muchas cosas que debía resolver antes de retomar su vida y una de ellas era resolver sus traumas con su madre y de su niñez en general. Aún con buen ánimo, Snape tomó pluma y papel y empezó a escribir aquella lista que Sharpe le encargó durante sus primeras sesiones. Enlistó cada punto que quería tratar en las siguientes sesiones y se quedó hasta altas horas analizando cada una de ellas pues no quería dejar absolutamente nada sin resolver.

Sin embargo, a medida que transcurrían los días y las sesiones se iban poniendo más y más intensas, Severus reconsideró seriamente la idea de continuar con la terapia. ¡Es que era muy difícil hablar de ello en voz alta! Por no mencionar lo doloroso que era revivir tres días a la semana sus recuerdos más turbios de su vida en La Hilandera. Porque no solo tenía que revivir su tormentosa niñez durante la hora y media que duraban sus citas con Sharpe. Aquellos recuerdos eran tan vívidos que solían perseguirlos incluso después de la consulta. A veces, mientras dormía, solía despertarse de forma abrupta de una pesadilla cuyos protagonistas eran él y sus padres o, a mitad de alguna de sus clases, solía tomarse pequeños descansos pues una agobiante sensación de angustia lo invadía. Encerrado en su despacho, solía recostarse sobre su escritorio tratando de pensar positivo, pero era una misión imposible. La angustia lo hacía sentirse como un condenado a muerte, esperando que llegara su hora de ir al matadero. Por más que intentaba luchar contra ello, solo podía ver oscuridad en su futuro y muchos escenarios negativos que lo hacían sentir indefenso.

Eso le daba miedo.

Mucho miedo.

Cuando sentía que no podía más, llamaba a su mejor amigo. Lucius solía pausar su ocupada agenda de hombre de negocios para escapar del lujoso edificio de MALFOY CO. y correr a su encuentro. A veces se encontraban en la pequeña City de Londres para tomar café y hablar un poco. Otras veces, pasaban la tarde en Malfoy House, siempre y cuando Narcisa no se encontrara en casa. Había cosas que solo podía hablar con el rubio, cosas que debía hablar de hombre a hombre. Lucius hacía sus mejores esfuerzos para apoyarlo, siempre incitándole a no dejar la terapia.

"Sé que esto es muy difícil para ti, pero es necesario. Necesitas enfrentar tus miedos, necesitas cerrar este capítulo en tu vida, por tu propio bien", solía decirle.

Y sabía que tenía razón, necesitaba cerrar con todo eso para rehacer su vida, para encaminarse una vez más, para ponerle un fin a ese capítulo dentro de su historia y para resolver sus conflictos con su madre. Ya no quería seguir sintiendo miedo. Quería poder despertarse por las mañanas y no sentirse como un fracasado en cuanto abriera los ojos. Quería tomar el metro sin sentir que se ahogaba entre tantas personas. Quería irse a dormir sin tener esa constante sensación de que los gritos de su madre peleando con Tobías lo despertaría una vez más.

Necesitaba resolver esto para que por fin él pudiera descansar en paz.

Necesitaba resolver eso para que por fin ella pudiera descansar en paz.

—¿Podrías decirme qué pasó después?

—Escuché que Tobías empezó a gritarle a mamá que despertara. Fue ahí cuando salí de mi escondite y corrí hasta las escaleras. Mamá estaba tirada al pie de ellas, completamente inconsciente. Se había caído y Tobías la sacudía para despertarla… Recuerdo que bajé y empecé a gritarle que se apartara, que la dejara en paz. Él se veía muy asustado. No estoy seguro haber visto esa expresión en su rostro antes. Me acerqué a ella y traté de moverla. Recuerdo que tenía un golpe en la cabeza, estaba sangrando —hizo una pausa, frunciendo el ceño, tratando de recordar. La sangre estaba por toda su cabeza y sobre el piso de madera vieja—. No era mucha sangre, es decir, soy consciente de que en realidad no había mucha sangre, era una herida superficial, pero yo tenía nueve años. Leí que, cuando eres pequeño, tiendes a exagerar algunas cosas.

—Fue tu impresión —complementó el especialista—. Eras muy pequeño y ver algo así fue muy fuerte para alguien de tu edad, no podías comprenderlo. Tu cerebro maximizó aquella escena —Snape asintió, completamente de acuerdo.

Sharpe se levantó un momento, dejando su libreta y bolígrafo sobre el mueble y caminó hasta su escritorio en donde se detuvo para revisar algunas carpetas con papeles. Snape aprovechó aquellos minutos para tomar un poco más de agua y relajarse. Ya solo faltaba media hora, podía aguantar un poco más. El castaño volvió con un folder delgado en su mano. Lo abrió y revisó una por una las páginas hasta encontrar la que necesitaba.

—Según el reporte médico que, de manera muy amable, Narcisa logró proveerme —Snape rodó los ojos. Debió suponerlo, Cissy siempre estaba detrás de algo—. Tu mamá sufrió una contusión en la cabeza debido a su caída. Rodó por las escaleras y el golpe fue tan fuerte que se desmayó.

Snape ni siquiera se había dado cuenta de que estaba conteniendo la respiración. Desde que la palabra "caída" salió de la boca de Sharpe, el profesor automáticamente revivió aquellos angustiantes momentos en la sala de emergencias de la clínica. Se veía así mismo a punto de enloquecer, sentado junto a Draco y Narcisa, esperando que algún doctor saliera a darles noticias de la condición de su madre mientras que la enfermera Lobosca lloraba en un rincón. Seguía doliendo, era muy reciente y la herida seguía abierta.

Uno de los peores momentos de su vida, sin duda.

—¿Estás bien, Severus? Te ves pálido.

—Sí, eh… Sí —volvió a tomar agua y se concentró en su respiración.

—¿Quieres que paremos? Podemos cambiar de…—

—No, no. Está bien —lo interrumpió. Tuvo que llevarse los dedos a la cabeza para masajear sus sienes. Aleja los malos pensamientos, Severus, aleja los malos pensamientos—. El doctor dijo que no era nada grave, pero que debía quedarse un día para examinar si no había secuelas o algo así. No recuerdo muy bien… No pude quedarme con ella en el hospital, me mandaron a casa.

—Te mandaron a casa con una agente de servicio social, ¿verdad? —él asintió— ¿Esa fue la primera vez que interactuaste con servicio social? —volvió a asentir—, pero no sería la última, ¿verdad? —asintió por tercera vez— La agente que tomó tu caso, aquí dice que fue la Sra. Stewart, te hizo una serie de preguntas muy puntuales sobre lo ocurrido, ¿no es así, Severus?

—Así fue.

—Estos registros me parecen muy interesantes, Snape —el doctor tomó el papel y leyó en voz alta—. Debido a la gravedad de los golpes que se le encontraron a tu mamá muy aparte de la contusión en su cabeza, se dedujo que estaban ante un caso de violencia doméstica. Te hicieron las pruebas de rutina y en tu primera entrevista dijiste: "[…] Mi mamá estaba peleando con papá. Yo estaba escondido en el armario, arriba. Escuché que corrían y luego un golpe muy fuerte. Salí de mi escondite y encontré a mamá tirada al final de las escaleras. Papá estaba a su lado […] No vi que la tirara de las escaleras, pero yo sé que él la empujó". ¿Dijiste esto, Severus?

—No lo recuerdo, tenía nueve años —respondió en voz baja, sin apartar la mirada de aquel documento. Sharpe entrecerró los ojos en su dirección, observándolo a detalle.

—Bueno… La Sra. Stewart siguió tu caso y, después de que tu mamá volviera a casa y las cosas se calmaran, te hicieron otra entrevista. Quiero destacar principalmente esta porque cambiaste tu testimonio, Severus, y quisiera que habláramos de eso. En tu segunda entrevista dijiste: "[…] Yo estaba jugando en el armario, en el segundo piso. No sé qué pasó, no pude ver nada. Escuché un ruido y bajé las escaleras y encontré a mamá dormida en el suelo. Papá estaba a su lado […] Había una tina con ropa tirada a un costado. Ella se cayó cuando subía las escaleras" —el psicólogo hizo una pausa y observó al profesor fijamente. Snape no se dejó intimidar y le devolvió la misma mirada fuerte. Sin darse cuenta, otra estaba activando su muralla de frialdad, aquel mecanismo de defensa que tantas veces lo había protegido en situaciones difíciles—. ¿Por qué cambiaste tu testimonio, Severus? ¿Hay algo que quieras contarme?

Snape se quedó en silencio, aún si apartar la mirada. Recordaba que la Sra. Stewart fue muy amable con él, parecía una buena persona. Durante todo el tiempo que ella estuvo a cargo de su caso, siempre pareció muy interesada en su bienestar y siempre lamentaría haberle mentido de esa forma. En su defensa, estaba contra la espada y la pared, pues, a sus nueve años, no tuvo tantas opciones como hubiese querido.

—¿Severus? —llamó otra vez— ¿Por qué cambiaste tu respuesta? —Snape humedeció sus labios y se acomodó sobre el sofá— Ya he visto estos casos antes, Severus, aunque no los creas son muy comunes… Tu mamá te pidió que cambiaras la respuesta, ¿verdad? ¿Te lo pidió?

—… Me dijo que, si le decía la verdad, nos iban a separar —susurró en voz baja, restregando una mano sobre su rostro—. Tenía nueve años y mi mamá era mi única familia… no quería que me apartarán de ella y no quería que ella se quedara sola con pa… con Tobías —desvió su mirada hacia otro lado. Sus ojos le ardían, ya estaban poniéndose rojos, una advertencia clara de que empezaría a llorar en cualquier momento si continuaba hablando—. Me dijo que me llevarían a un orfanato… Dijo que se moriría si me apartaban de su lado.

—Y por eso mentiste —no era una pregunta. Ambos tomaron una pausa, dándole al profesor el tiempo necesario para recuperar sus fuerzas. Sharpe era bueno leyendo al pelinegro, siempre sabía cuándo debía parar. No les gustaba hacer de las sesiones una experiencia incómoda para sus pacientes, así no trabajaba él—. La Sra. Stewart hizo un reporte donde especificó exactamente eso. Severus, no eres el primer ni tampoco serás el último niño a quien le pase algo similar. Hay protocolos establecidos cuando se cree que el padre agredido o agresor chantajea emocionalmente a sus hijos para mantenerlos callados. Sin embargo, se necesitan pruebas muy concretas para que el estado pueda intervenir dentro de un hogar. Tu mamá era muy buena encubriendo a tu padre y, lamentablemente, tu testimonio no fue de mucha ayuda para intervenir en tu caso en ese momento.

—Yo debí ser más fuerte —susurró tomando una bocanada profunda de aire. Elevó la mirada hacia el cielo, pestañeando de manera rápida, conteniéndose—. Debí contar todo… pero tenía miedo —una lágrima traicionera resbaló por su mejilla derecha—. Me dolía verla sufrir y llorar cuando se encerraba en su habitación por las tardes. Me sentía inútil al no saber cómo ayudarla.

—Solo eras un niño, Severus, tenías nueve años. No debes culparte por eso. Querías proteger a tu mamá y eso es algo muy noble, pero hay cosas que no podías controlar —el doctor tomó una caja de pañuelos que tenía a un lado y se ofreció a su paciente quien, al instante, tomó uno de los pañuelos blancos dispuesto a limpiarse el rostro—. Algunos padres, sobre todo las madres, que son víctimas de violencia domestica suelen, eh, manipular a sus hijos —dijo aquella palabra con mucho cuidado, como si temiera una mala reacción por parte del académico— con el fin de encubrir la violencia que viven en sus hogares. Es una práctica que, lamentablemente, es muy frecuente. Tienen la idea errónea de que solo es una fase, por así decirlo. Su perspectiva de su relación es muy diferente a lo que nosotros percibimos. Digamos que… no es exactamente esto, pero para que lo entiendas, es como… eh… una realidad alterna.

—No lo entiendo —se quejó—. No había una realidad diferente, era la misma realidad para ella y para mí. ¡¿Qué no se daba cuenta de que estábamos sufriendo?! Era una vida miserable y horrible —el profesor se revolvió sobre el sofá, inclinándose un poco más hacia adelante. Se le notaba muy exaltado. Era como ver un animal acorralado, muerto de miedo, pero dispuesto a atacar y no huir—. Siempre con gritos, siempre peleando, siempre escondiéndose. ¡Eso no era vida! —exclamó, dejando escapar su furia en un par de lágrimas— Solo existe una versión de la historia. ¡Tobías no la quería! ¡Él no quería a nadie! ¡Maldita sea!

—De acuerdo, Severus, vamos a calmarnos un poco, por favor —pidió con amabilidad, levantando ambas manos como si se encontrara frente a un caballo desbocado, el cual, asustado, da coces en todas direcciones—. No fue lo que quise decir, fue una mala elección de términos. Fue mi error, lo siento —el hombre se retiró los lentes rectangulares por un momento y se masajeó la nariz, tomándose una pausa para pensar cómo arreglaba esa situación. Hablar con Snape no era una tarea sencilla. El hombre tenía demasiados conflictos internos con los cuales luchaba y, cuando la cólera lo invadía, no había quien pudiera razonar con él—. Lo que quería decir era que tu mamá, al igual que muchas otras mujeres en la misma situación, tienen la… la esperanza de que sus parejas y agresores cambiaran eventualmente y, por lo general, es porque ellos les dan ciertas, eh, señales. Señales que nosotros no percibimos tal y como ellas sí lo hacen.

El profesor se acomodó de nuevo sobre su asiento, procurando calmar su enojo. La voz de Sharpe tenía cierto efecto sedante en él, cosa que le extrañó porque, usualmente, era lo contrario pues sentía que lo trataba como si fuese un niño pequeño. No sabía si era que todos los psicólogos tenían la voz suave y pausada o si solo era Sharpe.

—¿Puedo continuar?

—… Supongo que sí —murmuró de mala gana. El hombre cruzó sus brazos sobre su pecho y desvió la mirada a una de las paredes—. ¿A qué te refieres con "señales"?

—¿Alguna vez te has preguntado por qué las mujeres siguen con parejas que las agreden?

—Toda mi vida —respondió con sarcasmo—. Por estoy aquí, Gregory, por eso te pago. Quiero que me ayudes a saber por qué.

El Dr. Sharpe tuvo que morderse la lengua. Se vio tentado a aclarar que no era él quien le pagaba, pero pensó que meter a los Malfoy en esto no tendría ningún sentido.

—Bueno, a eso voy —respondió sin perder la calma—. Digamos que los agresores tienen patrones en su comportamiento, muy predecibles, cabe agregar, los cuales hacen que victima crea ciegamente que habrá un "cambio" en el futuro. Este tipo de conductas juegan con la mente de la agredida a tal grado que ellas pueden percibir estos comportamientos como el "amor romántico" del que tanto se habla en los libros o películas.

A pesar de que al principio no lo lograba comprender absolutamente nada, Sharpe tenía un punto y, poco a poco, estaban llegando a él. Snape hizo sus mejores esfuerzos para abrir su mente e intentar aceptar todas las teorías de su médico. Escuchaba atento sus palabras, tomando notas mentales de cada termino técnico que el hombre agregaba. A medida que iba describiendo conceptos y ejemplos, más similitudes lograba encontrar entre la vida de casada de su madre y lo que Sharpe describía. Por fin, empezaba a comprender un poco la situación en la que Eileen estuvo atrapada por tantos años.

— Estos comportamientos, sumados a una personalidad débil, una baja autoestima. Probablemente enseñanzas aprendidas por el modo de crianza o la relación que tiene la mujer con su figura paterna, pueden provocar que estos patrones formen un ciclo.

—¿Un ciclo?

—¿Un círculo vicioso? —Snape enarcó una ceja, aún sin entender nada— En serio estoy tratando de hacerlo fácil para ti —suspiró. Snape dejó caer su cabeza hacia atrás, tan cansado como su propio doctor. Sí, ¡tenía la mente abierta! Pero había cosas que Sharpe no había vivido y él sí; había cosas que el doctor solo había leído en reportes, pero que él sílas había vivido en carne y hueso. Era él quien debía ser comprendido, no al revés—. ¡Ya sé! ¿Recuerdas el ciclo de los estados del agua? ¿Sólido, líquido y gaseoso?

—¡Evaporización, condensación, solidificación y fusión! —exclamó indignado de escuchar una respuesta tan infantil por parte de un profesional. Hubiese esperado eso de sus alumnos de primer año, no de él— Obvio que lo conozco, lo enseño en clases. Habría que ser un estúpido para no conocerlo —respondió rodando los ojos.

—Muy bien. El ciclo de la violencia entre parejas es algo parecido, también son tres fases…—

—¡Cuatro!

—Bueno, ¡usaremos tres! Severus, estas arruinando mi ejemplo. Concéntrate, por favor —el mencionado le dedicó una mirada fría antes de cerrar la boca y dejarlo continuar—. Como decía, son tres frases, al menos, según el modelo de Walker —sabía lo importante que era para una persona como Severus Snape escuchar las fuentes de lo que sea que le estuviera hablando. El hombre siempre necesitaba de pruebas que respaldaran sus argumentos o simplemente dejaba de escucharlo. Costumbres de científicos, supuso durante su primer año de terapia—. Tensión, agresión y luna de miel.

La primera fase, la cual vamos a denominar "acumulación de tensión", es donde se producen diversos enfrentamientos de forma constante entre los miembros de la pareja. Hay un incremento permanente de la ansiedad y la hostilidad, de tensión en otras palabras. Esto puede durar días, semanas, meses o años. Ocurren incidentes de agresión menores los cuales pueden ser gritos o peleas pequeñas, casi siempre son agresiones verbales y psicológicas. Aquí, observamos patrones de comportamientos específicos tanto en la victima como en el agresor. El hombre es más irritable, se enoja por cualquier cosa, aumentan las humillaciones y amenazas hacia su pareja, se vuelve más tenso, más violento, más celoso. En el caso de la mujer, por lo usual, trata de calmar al agresor, acepta sus abusos porque cree que los merece, busca excusas, tiende a minimizar "accidentes", culpa a la situación por los actos de su pareja, tiene la esperanza de que todo cambiara y, por sobre todo, cae en negación.

Snape se llevó una mano al mentón y empezó a jugar con su mandíbula, ocultando su boca para que el doctor no pudiera notar la presión con la cual apretaba sus labios. Estaba un tanto conmocionado. Sharpe acaba de describir de manera breve el día a día de su infancia en La Hilandera. Recordaba con total claridad aquellas agresiones menores, aquellas humillaciones y "accidentes". Aquella tensión que siempre estaba presente en su hogar. Recordaba a Tobías enojándose por cualquier insignificancia, sobre todo si era algo relacionado a él. Recordaba a su madre justificándolo día y noche, diciendo "solo tuvo un mal día en el trabajo, cariño, no lo tomes personal" y, por supuesto, no podía faltar su favorita: "Pronto pasará y estaremos bien".

Verlo de esta forma era algo chocante para él, pero de cierta forma, lo hacía sentir mejor. Por fin obtenía respuestas. Puede que no fueran las que quería escuchar, pero al menos por fin contestaban a sus preguntas.

—Luego viene la fase dos, el episodio agudo de agresión. La agresión en sí, la que involucra violencia física, la que sale en las noticias. Toda la tensión que se ha venido acumulando explota en violencia que puede variar desde un empujón por las escaleras hasta, por desgracia, el propio homicidio. Evidentemente, hay una falta de control y destructividad total. Por un lado, ella será gravemente golpeada, esperará que pase el ataque porque considera que es inútil escapar. No importa que tan "seguro" sea el lugar donde se esconda, él la va a encontrar. Por otro, él es el único que puede detener esa tortura porque él tiene el control. La mujer asume que su pareja no es ella misma en ese momento, está fuera de sus cabales, está cegado por su ira y eso es lo que usan ambos para justificar. "Ella tiene la culpa, ella me hizo enojar". "Es mi culpa, yo hice algo mal, se enojó y perdió el control". Sin embargo, se ha comprobado que los agresores tienen el control sobre su comportamiento violento y deciden descargarlo selectivamente contra sus parejas.

Snape tomó un poco de agua y luego habló— ¿Pu-puedo preguntar algo?

—Adelante.

—Ya sé la respuesta, pero quiero saber… ¿Por qué se molestan cuando alguien llama por ayuda? Mamá solía enojarse conmigo cuando llamaba a los vecinos para que nos ayudasen —susurró en voz baja. Su tono de voz era ausente pues se encontraba perdido en sus propias memorias, aquellas en las que no era más que un pequeño niño delgado y asustado—. En más de una ocasión me gritó por hacerlo… Decía que solo empeoraba las cosas.

—Pues en realidad, sí, solo lo empeorabas para ella. Severus, quiero que entiendas que esto es muy delicado—explicó dejando escapar un suspiro agotado—. Cada vez que un tercero se involucra durante el ataque, solo incrementa la ira del agresor la cual se descarga directamente contra la mujer, en este caso, tu madre —Snape asintió—. Por eso te mandaba a esconderte a arriba o te gritaba si llamabas a los vecinos o si hablabas con la policía. De cierta forma, solo significaba que las cosas empeorarían para ella.

—Pero podía huir, podíamos huir —respondió herido. La herida seguía abierta. Todavía le dolía que ella hubiese rechazado todas sus propuestas de escapar lejos de Tobías y, en su lugar, prefiriera quedarse a sufrir una vida de maltratos—. Íbamos a estar juntos y a salvo… Pero ella nunca quiso… Solo me rechazaba, una y otra vez. Siempre lo iba a escoger a él, siempre sobre mí, siempre sobre ella —su voz volvió a quebrarse en ese momento—. No lo entiendo… No lo entiendo.

—Severus, necesito que entiendas que tu madre no se encontraba bien ni física ni psicológica ni emocionalmente. Ella se encontraba en un estado de miedo y shock perpetuo por culpa de estos ataques. Por lo que me has estado contando a lo largo de estas sesiones, su mecanismo de defensa era racionalizarlos y minimizar las heridas físicas. Al no querer aceptar su realidad, ella, como muchas otras, prefería aislarse por completo. Digamos que era algo como "Si no lo cuento, es como si no hubiese pasado" —Snape analizó la última frase lo mejor que pudo, tratando de ponerse en el lugar de su madre e intentar comprenderla—. Tu madre debía encontrarse sumamente confundida, asustada, en un estado de conmoción permanente en realidad. Debió sentirse vacía, sola, insegura, impotente y profundamente deprimida. Ya sabes cómo es la depresión. Lo más probable es que hubiera días en los cuales ni siquiera quería salir de su habitación —eso alertó al profesor—. Tu madre experimentaba fuertes traumas de forma consecutiva y, aunque quisiera, ella no se encontraba en las condiciones como para intentar escapar. Se encontraba demasiado ocupada evitando más ataques y lidiando con su propio miedo como para si quiera pensar en escapar.

Snape se mantuvo callado una vez más mientras los recuerdos lo invadían.

Los periodos después de los ataques de Tobías eran lentos y tristes, pero al mismo tiempo, eran los que más tranquilidad le otorgaban. El pequeño Severus solía quedarse solo durante todo el día pues Eileen se encontraba tan ensimismada que, prácticamente, era como convivir con un fantasma silencioso, el cual bajaba puntualmente todas las mañanas para cocinar y planchar la ropa de su esposo y luego volvía hacia la soledad de su habitación, encerrándose a dormir hasta que Tobías regresara de la fábrica. Era por eso que Severus se volvió tan independiente a tan temprana edad, porque era consciente de que no podía contar con su madre durante sus periodos en "modo zombie". Para matar el tiempo, Snape solía sentarse a leer recostado junto a la puerta del dormitorio de sus padres, vigilando que la pobre mujer estuviera tranquila y no casi desmayándose por culpa de su llanto. Cuando se aburría, solía salir de la casa sin que ella se diera cuenta e iba a jugar a un pequeño parque a un par de cuadras. Aquel parque era su refugio, el único lugar seguro que conocía… o al menos lo era hasta que daban las 6 p.m. y la campana de la fábrica anunciaba el final de la jornada laboral. Luego de eso, debía correr antes de que Tobías o su madre descubrieran que no se encontraba en la casa.

Por su parte, Tobías se mantenía neutral. Casi nunca estaba en casa, cosa que agradecía a Dios, cuando todavía creía en una deidad omnipresente. Apenas sí le dirigía la palabra, nunca iba más allá del "silencio", "retírate" y "ve a buscar a tu madre". Tobías llegaba cansado de la fábrica, cenaba en silencio, encendía el viejo televisor y refunfuñaba porque la antena de conejo no lograba captar la señal en buena calidad. Veía las noticias un rato y luego subía en completo silencio a dormir. Sabía que nada pasaría entre su madre y su padre. Ellos no se hablaban durante ese periodo, de hecho, nadie hablaba durante ese periodo. Era como si la casa estuviera sumida en una implícita ley de hielo hasta que todo volviera a la normalidad.

—¿Cuál es la tercera? —preguntó rompiendo su silencio.

—¿Qué?

—¿Cuál es la tercera fase? Dijiste que eran tres y solo me has hablado de dos. ¿Cuál es la tercera?

—La luna de miel —Severus parpadeó un par de veces y enarcó una ceja, como pidiendo una explicación, aunque en realidad, no debía buscarles un significado profundo a aquellas palabras tan transparentes—. Aquí se produce el arrepentimiento y comportamiento cariñoso. Casi siempre surge de forma voluntaria en el hombre. Pide disculpas y hace la promesa de que nunca más volverá a ocurrir. Esta etapa se caracteriza por un comportamiento extremadamente amable, cariñoso y muestra signos de arrepentimiento. Da regalos, ayuda con las labores del hogar, salen de paseo, se convierten en la típica familia feliz.

La típica y falsa familia feliz, pensó el profesor.

—Ella se siente feliz, confiada, querida, protegida. Realmente cree que esta vez ha cambiado porque aún guarda la esperanza de que puede cambiar, que pueden ser felices. Ella cree que el agresor es, en realidad, el tipo de persona que se muestra en esta fase, la persona cariñosa y gentil. Ella se ha casado con ese hombre cariñoso que este frente a ella, es por eso que lo defiende tanto. Esta fase solo le da falsas esperanzas de que no todo es malo en esta relación, no todo está perdido. Ella quiere creer que no tendrá que sufrir abusos nunca más. Cree que, si se queda junto a su agresor, éste tendrá la ayuda que tanto necesita. En otras palabras, ella intenta "salvarlo" … Realmente es un juego mental muy cruel y peligroso —a través de las gafas rectangulares del psicólogo, Snape notaba un rastro de auténtica lastima—. Si la mujer ha tomado la decisión de abandonarlo, generalmente se arrepienten en esta etapa. Es por es que se convierte en un ciclo. Esta etapa en sí no tiene una duración determinada, varía según la pareja, pero cuando termina, las pequeñas peleas vuelven, regresan los gritos y humillaciones y el ciclo vuelve a empezar...

Para este punto, Snape ya ni siquiera estaba escuchando al doctor.

Sería un mentiroso si dijera que no había presenciado esa etapa.

Había querido olvidarla cientos de veces, pues no quería tener "buenos" recuerdos de quien se suponía era su padre porque solo lograban confundirlo más. Cuando Tobías y Eileen vivían en su fase luna de miel, realmente creía que podrían ser una familia feliz y funcional. Tobías solía esforzarse en sus regalos, a veces incluso traía comida a la casa. Su primera hamburguesa se la había comprado él, así como su primer par de buenas zapatillas, esas que se exhibían en el aparador de una tienda en el centro y que tanto quería. Cuando era niño, a Severus le gustaba ver como su papá llegaba con flores y plantaba un delicado beso en la mejilla de su esposa. ¿A qué niño pequeño no le gustaría ver a sus padres felices, queriéndose el uno al otro? Los fines de semana, solían ir los tres al mercado y ayudaba con las compras, realmente era muy colaborativo. Muy raras veces, realmente muy raras, Tobías solía llamarlo cuando se encontraba viendo televisión junto a Eileen. Temeroso, se quedaba de pie en silencio, esperando. Tobías sacaba algo de su bolsillo y depositaba un billete de cinco libras en su mano, diciendo "para que te compres lo que quieras". Incrédulo, agradecía en voz baja y corría a encerrarse en su cuarto donde se quedaba mirando el rostro de la Reina impreso en el billete durante horas, aún sin poder creer lo que acababa de pasar.

En serio, siempre parecía que había cambiado.

¿Cómo no iba a tener esperanzas después de una acción como esa?

Ahora que lo veía de esa forma, no podía culpar a su pobre e ingenua madre. Tobías era un excelente mentiroso y gran manipulador.

—… Como puedes ver, hay una gran relación de dependencia entre la víctima y el agresor. Ninguno se siente completo sin el otro, ambos se necesitan. Él necesita a quien humillar y ella tiene la necesidad de "salvarlo" y, obviamente, quien termina siendo el daño colateral son los hijos.

Sí, sin duda él había sido el daño colateral.

Mientras miraba distraído hacia las ventanas de la habitación, Severus pensó en todas esas veces en las que realmente creyó que podrían ser una familia. Pensó en todas esas veces en las que creyó que esa sería la última pelea. Pensó en todas esas veces en las que creyó que no volvería a ver a su mamá. Pensó en todas esas veces en las que creyó que sería la última vez que Tobías volvería a lastimarlos. Pensó en todas esas veces en las que creyó que, por fin, podría ser libre de su familia.

¿Cuándo fue que abrió los ojos y dejó de creer? Ya no lo recordaba.

—¿Severus? ¿Estás escuchándome? —llamó Sharpe sacándolo de sus pensamientos. El profesor regresó su mirada a él, observándolo resignado— ¿Estás bien?

—Estoy cansado. Creo que es suficiente por hoy —susurró poniéndose en pie, llevándose una mano al cuello para liberar un poco la tensión que acumulaba.

—Bueno, ya quedan solo cinco minutos —comentó mientras miraba su reloj—. Creo que hoy hemos hecho un buen progreso. Me imagino que no es fácil para ti, eh, aceptar este tipo de información. Debes tomarte tu tiempo.

—Lo sé.

—Te sugiero que no le des muchas vueltas por ahora, tomate el fin de semana para pensarlo, ¿de acuerdo? —pidió poniéndose en pie también, caminando junto a Severus en su estudio—. Descansa, relájate y prepárate para retomar el tema el martes, ¿te parece bien? —el profesor asintió. Sharpe caminó lentamente hasta él y puso una mano sobre su hombro— Severus, quiero que sepas que estoy muy agradecido por permitirme ayudarte y muy orgulloso por todo el avance que hemos hecho. Sé que es un camino difícil, pero te prometo que haré lo mejor que pueda para ayudarte, ¿sí? Estoy muy orgulloso.

Sin poder evitarlo, Snape rodeó con sus brazos a su doctor y lo atrajo a él en un fuerte abrazo, tomando al mayor desprevenido.

Necesitaba un abrazo, no importaba de quién fuera, en serio necesitaba un abrazo.


Sesiones como esa se repitieron a lo largo de las semanas. A veces eran fáciles, relajadas y muy llevaderas. Severus salía del consultorio de Sharpe contento, con los ánimos renovados y con ganas de vivir. Otras veces, terminaba soltando un par de lágrimas, sintiendo mucho odio, dolor y resentimiento dentro de su ser. Era una mezcla agridulce de sentimientos encontrados, pero muy necesarios para continuar.

Por suerte, contaba con el apoyo de Lucius Malfoy, su mejor amigo.

—Ahora, agrega tres huevos —leyó con voz monótona la receta desde el IPad que tenía en sus manos—. Ahora bate despacio —Lucius accionó el nivel dos de la batidora industrial y la dejó girar sobre la mezcla. La máquina hizo un ruido muy fuerte mientras giraba a alta velocidad por su propia cuenta, asustando a ambos hombres—. ¡Dije "despacio"!

—¡Ya sé! —exclamó moviendo el interruptor de la máquina para bajarle a la potencia—. Es esta cosa. Es una nueva, aún no me acostumbro a usarla. Mi otra batidora iba despacio en dos. Esta, en uno —explicó apartándose de la encimera, limpiándose las manos con un trapo de cocina.

—Sigo sin comprender qué le ves de especial a preparar postres —comentó limpiándose una de sus mangas. Un poco de la harina dentro del tazón había saltado, ensuciando alrededor de la superficie, incluyéndolo a él—. A mí no me salen bien.

—Yo no sé qué le ves a cocinar y no estoy ahí, detrás de ti, quejándome día y noche —replicó.

—No, tienes razón—el rubio sonrió satisfecho—. Te tengo detrás de mí, sentado a la mesa, preguntándome cuando está listo el almuerzo —el aristócrata puso los ojos en blanco y volvió a su mezcla de pasteles—. ¿En serio sigues con esa idea de ser el maestro pastelero de tu propia una cadena de pastelerías?

—Obviamente —respondió con seguridad.

Cada vez que necesitaba hablar con alguien, Severus llamaba a Lucius. Buscando alejarse de la agitada y fría rutina de su empresa, ambos solían pasar un par de horas en la acogedora Malfoy House. Usualmente solo charlaban, a veces bebiendo una cerveza; a veces, preparando algún postre. Sus temas de conversación no se limitaban a solo a la terapia de Snape, al contrario, eran variados con el objetivo de hacer que Snape olvidara sus problemas. Últimamente, los temas de conversaciones caían siempre en lo mismo: la "fantástica" idea de Lucius de abrir una cadena de pastelerías a nivel nacional.

"Tengo miedo de cómo saldrá esto", le había confesado alguna vez Narcisa mientras miraba el desastre que su esposo había dejado en la cocina después de decorar uno de sus tantos experimentos de repostería.

Todos tenemos crisis de mediana edad, decía una vocecita en su mente. Algunos bailamos y nos enamoramos de jovencitas 20 años menor que nosotros. Otros hornean pasteles.

—Ni siquiera sabes usar bien una batidora, ¿sabrás cómo dirigir una cocina?

—Puedo dirigir una empresa valorizada en millones de euros con más de un millón de empleados a mi cargo. Una cocina será pan comido —respondió frunciendo el ceño. Severus sentía que lo estaba retando, como si realmente le ofendiera que dudara de él—. Será todo un éxito.

—Como digas —respondió volviendo a la receta—. Creo que ya has batido demasiado. Ten cuidado, si queda muy líquido, no inflará.

—Todavía falta.

—Pero…—

—¿Quién es el experto? —cuestionó silenciándolo al instante—. Hay que dejarlo tres minutos más por si acaso.

Desconfiaba por completo de ese "por si acaso".

La escena era algo divertida e inusual de ver. Snape estaba sentado sobre una alta banca de metal, apoyando sus codos sobre la encimera de mármol. Se había desabrochado el primer botón de la camisa que usaba para dar clases y tenía una lata de cerveza a un lado. Al otro lado, Lucius, ataviado con un delantal azul de cocina, protegía su inmaculada camisa blanca de la mezcla de harina, huevos y leche. Sus mangas estaban remangadas hasta los codos y su cabello rubio, siempre perfectamente peinado hacia atrás, le caía sobre la frente, claro signo de que estaba perdiendo el control y la paciencia. Snape no lo admitiría en voz alta nunca, por su propio bien, pero disfrutaba de ver a su amigo frustrado por su carente talento en la cocina.

—¿Cómo está Cissy?

—Pues ahí, ocupada con su hotel. Todavía ni es octubre y ya está planeando el evento de Halloween de este año —Narcisa era la reina del perfeccionismo y cada uno de los eventos celebrados en su hotel eran la prueba de ello. El año pasado se había lucido con la decoración y la fiesta. The Heir se había transformado en un antiguo castillo encantado, los botones eran empleados fantasmas y el salón de eventos principal se convirtió en el escenario de una de las fiestas de disfraces más extravagantes a las que alguna vez había ido. Se preguntó qué haría este año—. Además, creo que una persona importante vendrá a hospedarse el próximo mes. Dijo algo sobre un político importante de Francia. No me ha dado detalles, parecen que están conversaciones aún.

—Ya veo… Bueno, ella siempre consigue lo que quiere, de seguro tiene un plan… ¿Y qué hay de Draco? ¿Cómo le va en sus clases?

Ya había pasado un tiempo desde que Draco dejó Londres para regresar a Oxford, a su "pequeño" dormitorio universitario compartido. El siguiente semestre empezaba y sus retos y responsabilidades aumentaban. No sabía cómo era la experiencia universitaria de su ahijado, pero asumía que era mucho mejor que la suya. No era que sus años en la universidad fueron malos, por el contrario, podía afirmar con total seguridad que la mejor época de su vida fue la universidad. Sin embargo, sabía que Draco participaba en más actividades que él en su respectivo tiempo. Estaba en el equipo de fútbol y debate. Además, sabía que era popular en el campus, cosa que podía ser muy beneficioso en el futuro, sobre todo al momento de buscar un trabajo.

—Está bien. Dice que otra vez está acostumbrándose al ritmo, pero que por ahora todo está bien. ¿No te ha escrito? —Snape negó—. Hmmm.

—Debe estar ocupado con las clases —y sus amigos, pensó. Lucius frunció el ceño. Se encargaría de recordarle buenos modales a su único hijo más adelante—. Oye, ya apaga eso.

"Pastel con sabor a café", leyó en la receta. A un lado, estaba una taza con un concentrado y muy oscuro café negro que, según lo que indicaban las instrucciones, debían vaciar en la mezcla. Antes, pensaba que Narcisa solo exageraba, pero poco a poco comenzaba a comprender los miedos de su amiga. Él tampoco estaba seguro si eso terminaría bien.

"Vaya desperdicio de café", pensó mientras mezclaban los ingredientes.

Snape ayudó al rubio a engrasar el molde con mantequilla y, luego de vaciar la mezcla ya terminada en este, lo colocaron en el horno.

—¿No debes precalentar el horno primero?

—No, así está bien —comentó confiado mientras cerraba la puerta de este—. ¡Enciéndelo!

Una vez ajustada la temperatura y activado el temporizador, ambos hombres optaron por dar una pequeña caminata alrededor de los jardines cercanos a la casa mientras mataban el tiempo hasta que su "obra de arte" estuviera lista. Ambos caminaban despacio, con sus latas de cerveza en la mano, disfrutando del aire fresco de la tarde.

—¿Oye? ¿Qué fue de tu niñera clon de Murphy? —preguntó de la nada, provocando que Snape casi se ahogara con su bebida—. ¿Ya no has vuelto a hablar con ella?

—Eh…

Trató de vocalizar, pero las palabras no salían de su boca. Todavía estaba recuperándose de la impresión causada por la pregunta como para formular una respuesta. No esperaba hablar de Hermione justo hoy. No sabía nada de ella desde aquella última vez. Ni una llamada, ni un mensaje ni nada, solo un reconfortante y tímido "hasta pronto". A pesar de que había estado muy ocupado lidiando con sus propios demonios, eso no impedía que se tomara un par de minutos para pensar en la castaña durante las noches. Se preguntaba cómo estaría, si ya habría hecho las paces con su ex y con su antigua yo. A veces, solo se preguntaba si se encontraba bien, si era feliz.

Siempre que pensaba en ella, cierto sentimiento de nostalgia y añoranza despertaba en él.

La extrañaba.

La extrañaba mucho.

—Estuvimos hablando a inicios del mes —susurró despacio, más para sí mismo que para Lucius, como si se tratase de un secreto que quisiera retener—. Me buscó.

—¿Y qué quería? ¿Qué la terminaras de criar? —bromeó esperando obtener una sonrisa, pero solo obtuvo una mueca. Nota mental, no bromear sobre su niñera, se dijo internamente—. ¿Para qué te buscó?

—Quería saber cómo estaba Lamarck.

Lucius enarcó una ceja y se aclaró la garganta— ¿En serio? ¿Solo eso? ¿Es su hijo o qué? No te iría a buscar solo para eso… ¿Verdad?

—Pues… Quería hablar conmigo, quería pedirme perdón… Creo que quería volver.

—¿Volver? —cuestionó con precaución. Dudaba si eso era bueno o malo, pues no sabía cómo afectaría la frágil estabilidad emocional de su amigo—. ¿Volver a qué? Nunca fueron nada.

—Ya lo sé —exclamó elevando un poco la voz—. Me refiero a qué vino a pedirme perdón y creo que quería decirme que quería volver a intentarlo conmigo, pero no se atrevió a decirlo en voz alta —Lucius asintió y esperó a que el pelinegro continuara. Soltando un suspiro, Snape continuó bajo la atenta mirada del rubio—. Hablamos un rato… mucho, en realidad… Me explicó todo y se le notaba muy arrepentida. La noté sincera, muy sincera y le creo, Lucius. Realmente creo que está arrepentida y atormentada por lo que hizo. Me contó cosas que no te puedo decir, pero sé que está muy lastimada, muy confundida... ¡Es una niña! Tiene 22 años. Le queda mucho por tropezar y caerse. Se volverá a levantar y volverá a meter la pata, es parte de crecer. No soy quien para juzgarla. Yo también he sido un idiota y cometí tonterías de las cuales me arrepiento, pero que superé eventualmente. Ella necesita de alguien que la aconseje y volverá a estar a bien.

—¿Y te buscó para pedir consejo? ¿Cree que eres su padre o qué? —Snape frunció el ceño y negó con la cabeza, poniendo los ojos en blanco para sí mismo. No lograría cambiar la primera impresión que sus amigos tenían de Hermione así de fácil, mucho menos después de aquella desventura— En fin, ¿qué te preguntó?

—Consejos del corazón —respondió burlón.

Lucius soltó una carcajada y le dio un sorbo a su cerveza— ¿Qué no sabe qué eres, prácticamente, la persona menos indicada para dar consejos de amor?

—Parece que no —contestó con una sonrisa torcida—. Tiene traumas con su ex, una larga historia —Lucius hizo un gesto de asco. Problemas con los ex era un tema del cual ambos ya estaban hasta el hastío— y, por alguna razón que desconozco —añadió con sarcasmo—, cree que soy el indicado para darle consejos.

Lucius volvió a reír, sonrojándose tanto por causa de su risa como del alcohol— ¿Y qué le dijiste?

—Lo mismo que Sharpe me dijo en terapia. Es un buen consejo. Espero que le sirva.

Siguieron caminando mientras hablaban. Pronto llegaron al salón de baile frente a los jardines de la casa. Se veía majestuoso bajo la luz amarilla de la tarde. A través de los grandes ventanales podía ver los lujosos candelabros de cristal y el piso pulido brillando ante él, como invitándolo a ponerse sus zapatos de baile y realizar aquellas delicadas danzas que ahora solo vivían en sus recuerdos. Antes podía entrar con total libertad ahí y pretender que sabía bailar. Ahora que sí sabía bailar, no podía entrar pues corría el riesgo de exponer su nuevo pasatiempo a miradas indiscretas.

Qué irónica era la vida.

Mientras rodeaban el lugar, pensó que ese sería un gran escenario para una competencia de ballroom profesional. Había mucho espacio para al menos ocho parejas desplazándose de aquí a allá mientras daban vueltas y vueltas. Podían poner la mesa de jurados a un lado y tal vez dos filas de asientos que rodearan todo el salón. Solo era cuestión de organización. Estaba seguro que a Hermione le encantaría. Sería como bailar dentro de una película.

—¿Y… te gustaría intentarlo con ella? Digo, intentarlo de verdad —preguntó el rubio mirando también en dirección a su salón de baile—. ¿Te gustaría? Te veías muy ilusionado con la idea de tener una nueva relación y, bueno, quiero verte feliz. Eres mi amigo y ya has pasado por mucho, solo quiero lo mejor para ti… Necesito saberlo.

Snape jugó con la lata de cerveza, repiqueteando sus dedos sobre la superficie de metal. ¿Quería? Pues, sí, obvio que sí quería. Sus sentimientos por la bailarina no iban a desaparecer de la noche a la mañana. Solo estaban "en pausa". Necesitaban tiempo, ambos lo necesitaban. Por un lado, él se sentía cómo un viejo edificio al que acaban de derribar y ahora estaba volviendo a construir. Necesitaba bases fuertes y una buena mano de obra para volver a ser quien era antes, solo que mucho mejor. Por su parte, Hermione aún tenía asuntos que arreglar con su ex. No era justo que él tuviera que soportar esos problemas, sin mencionar que no era sano para ninguno de los dos.

Tal vez, en el futuro, podrían estar juntos; ahora no era el momento indicado. Ambos tenían que cerrar sus propias puertas antes de abrir una nueva juntos.

—Sí quiero, pero no ahora… Quien sabe y tal vez, en un futuro, podamos intentarlo.

—¿Incluso si termines como Rabastan y tu segundo matrimonio probablemente sea con una mujer que podría ser tu hija? —preguntó apoyando una de sus manos sobre la espalda de su amigo, dando ligeras palmaditas.

—¿Qué? —respondió confundido— ¿Qué estás hablando?

—Pues, tu historia de amor me conmueve, en serio, pero, Severus, tú mismo lo dijiste, ella es una niña, tiene 22, la edad de mi hijo —recordó, rompiendo su burbuja de ilusión. Sí, había olvidado ese pequeño detalle. Miss Granger tenía edad para ser su hija, su sobrina. ¡Por la Reina! ¡Pudo ser su alumna! No engañaba a nadie, ni siquiera a sí mismo. Era tan evidente—. Tal vez ahora no sea de gran importancia, ni siquiera están saliendo, pero… pero te conozco, Snape, tú no eres Rabastan. Esto no será un enamoramiento pasajero. Tú vas en serio, quieres una relación seria, con todo lo que implica… y pues, no son George ni Amal Clooney. Ni siquiera ellos se llevan tantos años. Una relación con una diferencia de edad tan grande podría ser…—

—Creo que eso nos compete solo a nosotros, Lucius —lo cortó al instante, acabándose su cerveza de un último sorbo. Frunció el ceño y se giró hacia él para verlo a los ojos grises—. Además, veo muy lejos la posibilidad de que Hermione y yo tengamos una relación pronto. Tal vez nunca pase —suspiró agotado—. Mira, mejor deja las cosas así. Ya no quiero hablar del tema.

—De acuerdo —susurró cabizbajo—. Solo… solo considéralo, ¿sí? No quiero volver a verte sufrir por alguien.

Snape asintió moviendo la cabeza, volviendo a su silencio de siempre hasta que recordó algo crucial.

—Oye, ¿y tu pastel?

—¡Demonios!


Viernes.

Por fin, ¡viernes!

Esta semana había resultado extremadamente larga, demasiado larga para su salud mental. Le urgía un descanso. La mañana había iniciado bien. Se despertó un minuto antes de que sonara la alarma, se dio un baño, dio su medicina y alimento a Lamarck antes de salir rumbo al metro el cual, por primera vez en mucho tiempo, pudo tomar casi vacío. Llegó a Hogwarts y fue directo al Gran Comedor para desayunar antes de que la campana de inicio de clases sonara.

El ambiente era algo ruidoso con todos los alumnos desayunando ahí. Afortunadamente, él tenía algo más de privacidad en la sección de maestro y digo "algo más" pues su soledad no le duró mucho tiempo. En cuanto divisó al profesor Lupin entrar por las puertas del comedor, Severus levantó el periódico que leía en esos momentos para cubrir su rostro por completo. Se mantuvo quieto, oculto, rogando mentalmente para que Lupin siguiera de largo y se sentara con Flitwick o con cualquier otro de sus colegas, pero, como siempre, decidió sentarse a su mesa.

—Buenos días, Snape, ¿qué dice El Profeta? —preguntó mientras arrastraba una silla. Dejó su taza de café sobre la mesa y se sentó, dejando su maletín gastado sobre el suelo—. ¿Algo interesante?

—Las mismas tonterías del Parlamento de siempre —respondió poniendo los ojos en blanco por última vez antes de retirar el periódico y dejarlo a un lado—. Al parecer lo único interesante hoy es lo que sea que Davis y sus amiguitas estén viendo.

Ambos maestros dirigieron su atención a una de las mesas del comedor, donde la alumna de quinto años, Annie Davis y sus otras cuatro amiguitas estaban amontonadas unas sobre otras, chillando mientras veían un video en el teléfono. El bullicio de las conversaciones en el comedor era demasiado como para escuchar de qué trataba el video, pero debía ser muy "interesante" debido a sus reacciones y gritos de adolescentes ilusionadas.

—¡No! ¡No! ¡No! ¡No! No la mires a ella, mírame a mí. ¡Mírame a mí!

—¡Ay! ¡Qué bello ese hombre, por Dios!

—Está como mi té. Caliente y británico, jajajajajaja

—¡Se van a besar, se van a besar!

—No, van a hacer algo más que besarse.

—¡AAAAAAAAAHHHHHHHHH!

Snape y Lupin cerraron sus ojos y se contrajeron en sí mismos al escuchar el último grito tan fangirl que el grupito acaba de lanzar. Sin duda, lo que sea que estuvieran viendo era mucho más interesantes que las noticias nacionales. Al abrir los ojos y descubrir que ambos tuvieron la misma reacción, al par no le quedó nada más que hacer que reír ante la absurda situación. Lupin rio y aplaudió, dejándose llevar por el momento. Por el contrario, Snape intentó calmarse. Se llevó su propia taza de café a los labios, lo cual fue una mala idea pues por poco y se ahogó.

—Siempre supe que esas mocosas estaban mal de la cabeza, pero cada día logran superarse a sí mismas —comentó negando con la cabeza y continuando con su desayuno—. ¿Qué es lo que están viendo que hacen tanto escándalo? A la pobre Sanders parece que se le saldrán los ojos en cualquier momento.

—Una serie sobre viajes en el tiempo y, por lo que parece, un actor escoces atractivo—respondió llevándose su café a los labios. Snape enarcó una ceja, sorprendido por la respuesta—. Puede que haya descubierto a Annie Davis y Olivia Johnson mirando su serie mientras estaban en mi clase.

—¿En serio?

—¡En serio! —rio—. Estábamos estudiando el ciclo de Krebs y les pedí que trabajaran en parejas. Pasé por sus pupitres y las encontré compartiendo audífonos y con el celular escondido en una de sus cartucheras, mirando atentas su serie —explicó sin omitir ningún detalle sobre lo avergonzadas que se encontraban las jóvenes en ese momento—. Las dejé ir con una advertencia, pero tuve que decomisarles el teléfono hasta el final del día.

—Qué severo —respondió el profesor de Química sin tratar de ocultar su sarcasmo. Lo que Lupin había considerado un "castigo" no tenía punto de comparación con lo que él solía hacer cuando encontraba a esos mocosos usando sus celulares a mitad de su clase. Si por algo era conocido Snape, era por lo autoritario que podía ser en su salón de clases—. Si hubiese pasado eso en mi clase, sus propios padres tendrían que venir a mi oficina para que yo les regrese sus aparatos, sin mencionar su semana de castigos con Filch.

—Solo son niños, Severus. Solo quieren divertirse y hacer tonterías —defendió de manera calmada.

—Esto es una escuela, Lupin, no un parque de diversiones —el profesor giró por un momento su cabeza para darle un breve vistazo a sus jóvenes alumnos. Un enorme y variado grupo de estudiantes de todas partes del país disfrutaban de su desayuno, sin preocupaciones pues sus únicos problemas eran aprobar sus exámenes, nada comparado con la difícil vida adulta que, por su experiencia, incluía pago de impuestos, jornadas laborales largas, depresión, presión social por tener hijos y una larga etapa de mala suerte en el amor.

Son felices y ni siquiera lo saben, pensó.

Como le gustaría volver a esas épocas.

—Deberían esforzarse en las clases. Muchos niños quisieran estar en sus lugares. ¿Recuerdas como éramos nosotros? Esforzándonos día y noche para mantener la beca.

—Sí, lo recuerdo —suspiró con cierta nostalgia—. Una locura, ¿verdad? Desvelarse estudiando y presión por sacar buen promedio en los exámenes, pero al menos nos preparó para la universidad.

—Buen punto —Snape regresó a su desayuno, dedicándose a disfrutar del dulce sabor de sus panqueques, el cual contrastaba a la perfección con su amargo café. Sin embargo, había algo que seguía rondando en su cabeza, algo que no era importante, pero que despertaba su curiosidad—. Hmmm… ¿Cómo sabes qué la serie trata de viajes en el tiempo? —cuestionó señalándolo con su tenedor mientras terminaba de pasar la comida—. ¿Te contaron?

—Digamos que es probable que Dora haya estado viendo la misma serie y es muy probable que yo la haya estado viendo junto con ella —comentó avergonzado, procurando ocultar su sonrojo con una de sus manos—. Ahora que no puede salir debido al embarazo, encontró un nuevo pasatiempo y es ver a escoces de las tierras altas, usando kilts, peleando con espadas y bañándose en ríos —Lupin se notaba incómodo, Severus se atrevería a decir que hasta algo celoso. Por su parte, el pelinegro solo podía reprimir sus carcajadas para no llamar la atención hacia ellos pues encontraba esto sumamente divertido —. Yo no dejaría que mis alumnos vean esa serie. Tiene escenas muy… muy fuertes —dijo con sumo cuidado. Sus ojos se veían apenados—… muy… muy… solo diré que ellas no tienen la edad apropiada para estar viendo esas cosas.

—¿Quiere decir que Tonks cambió los homicidios salvajes por atractivos escoceses?

—Y no solo escoceses —comentó poniendo los ojos en blanco y sonando abatido—. ¡De toda nacionalidad! En serio, creo que mi peor error fue haber contratado Netflix. Al principio fue divertido, veíamos comedias juntos en la noche, ya sabes, como para relajarnos antes de dormir, pero a medida que iba acabando una y empezando otra, las series y las películas se volvieron más fuertes y los actores cada vez más guapos. Y, sabes, no tendría problemas si solo viera las series o las películas y ya, pero ella tiene la misma reacción que Annie Davis y sus amigas, es más, se sabe la vida de los actores y no habla de otra cosa. ¿Cómo se supone que voy a competir con el actor que hace de Superman o estos superhéroes? ¿Has visto el cuerpo de este chico que hace del Capitán América? ¿Cómo voy a competir contra eso? Parece que estuvieran en el gimnasio todo el día. ¡Soy palo al lado de ellos!

—Lupin, eres un palo al lado de todos —aclaró.

—¡Mido 1.80! Este hombre, el que hace del malo de los Avengers, eh, ¡Tom algo! Ese hombre mide 1.88. ¡Es un titán! Soy un enano a su costado.

—Lupin, estoy seguro que eres casi el más alto de esta sala —volvió aclarar, divirtiéndose como nunca—. Imagínate que diría Filius si te escuchara.

El castaño apoyó sus codos sobre la mesa y sostuvo su cabeza entre sus manos. Soltó un suspiro frustrado antes de volver a levantar la mirada gris.

—Yo sé que esto es ridículo, pero no me gusta que Dora me hable de ellos. Es como si me fuera infiel con hombres más guapos y jóvenes que yo mientras estoy aquí trabajando. Bueno, no, no es lo que quiero decir. Es solo que… Ay… Ellos son altos y musculosos y tienen el cabello perfecto, con rulos y brillo. ¡Yo tengo canas y hasta se me está cayendo! De nuevo, sé que es ridículo, pero esos tipos te bajan la autoestima al instante… Creo que me iría mejor si me hubiese llamado Tom y no Remus. Al menos ella se obsesionaría conmigo de la misma forma en la que está obsesionada de Tom Ellis, el actor de una serie de detectives que le gusta. Es decir, ¡¿qué clase de nombre es Remus?!

Snape intentó ponerse en su lugar por un momento. No era un secreto para nadie que Remus Lupin y su encantadora esposa se llevaban 13 años. Si bien en un inicio no era tan notorio, a medida que el mayor entraba a la base 40, poco a poco la diferencia de edad parecía incrementar. Tonks seguía siendo la arriesgada, divertida, coqueta y muy torpe joven detective de siempre y Lupin se transformaba más y más en el pausado, tranquilo y responsable profesor de biología. Era como ver el día y la noche. No era de extrañarse que las inseguridades surgieran a esas alturas. Nadie dudaba del amor que la pareja profesa el uno por el otro, pero eso no quitaba el hecho de que Lupin era una persona muy tímida e insegura de sí misma.

No lo culpaba, él también se sentiría inseguro si su pareja fuera mucho menor que él y hubiera tipos más jóvenes y guapos alrededor de ella, aunque solo fuera por televisión.

—Mira el lado positivo —Lupin esperó pacientemente, pero Snape no sabía que decir. Él estaba esperando que Lupin completara la frase por él, pero eso no iba a pasar—. Eh, pues… puede que tengas un aire a Benedict Cumberbatch… tal vez un poco.

—¿Se supone que eso fue un halago?

—Hmmm —no se había divertido en mucho tiempo. Tal vez este no sería un día malo después de todo—. En fin, ¿cómo está Tonks? Además de ocupar su tiempo en mirar a hombres, ¿cómo le va con el embarazo? ¿Ya tiene fecha para el nacimiento?

—Ella está muy bien. Sigue con antojos y a veces tiene calambres por las noches. Los vómitos han disminuido. Por fortuna, ella está bien, algo aburrida por no poder salir como antes, pero ya estamos a nada de la fecha. El doctor dijo que estaría aquí los últimos días de octubre.

—¿Ya tienen un nombre?

—¡Sí! —respondió entusiasmado, recuperando su buen humor. Eso era lo bueno de Lupin, solo necesitabas mencionar a su familia para animarlo—. Se llamará Andrea. Pensábamos llamarla Andrómeda, como mi suegra, pero luego lo pensamos bien. Ni a ella ni a mí nos gustan nuestros nombres porque son raros, queríamos uno normal para ella. De todas formas, le diremos Andy, igual que su abuela.

—Qué bueno. ¿Preparado para volver a la aventura de desvelarse por las noches y cambiar pañales?

—No aún, quiero seguir disfrutando de dormir mis ocho horas completas mientras aún pueda—suspiró dejando escapar una risilla—. Ya había olvidado lo duro que es. Con Teddy fue terrible. Como éramos padres primerizos, no teníamos ni la menor idea de lo que estábamos haciendo. Andrómeda fue de mucha ayuda, en serio. Tengo el presentimiento que con Andrea será más fácil, pero nunca se sabe, cada niño es un mundo.

—Ni me lo digas —respondió este recordando lo terrible que eran las rabietas de los niños, sobre todo las de su ahijado cuando este tenía la corta edad de cuatro años. Los únicos niños que quería en su vida eran a los que iban a sus asesorías por las tardes y sabían mantenerse en completo silencio. A ellos no tenía que aguantarles ni berrinches ni llevarlos de la mano hasta el baño —. Es por eso que decidí no tener hijos. Los pañales, desveladas y berrinches no son lo mío.

—Pues, espero que los baby showers sean lo tuyo —dijo inclinándose a un lado para tomar su maletín y sacar algo de este—. Nuestros amigos nos organizarán uno en nuestra casa y estás cordialmente invitado —el hombre extendió hacia él una tarjeta rosada de mediano tamaño donde estaba la dirección, la hora y el nombre de la pequeña bebé Lupin—. Lo hizo una amiga de la familia, le quedaron muy bonitas, ¿verdad?

Snape acarició la pequeña imagen de una bebé en pañales y listón rosado siendo cargada por una cigüeña blanca. Sus ojos negros recorrieron la tarjeta hasta posarse en el nombre escrito en hermosas y grandes letras blancas —¿Andrea Hope Lupin?

—Hope es el nombre de mi mamá —respondió con una sonrisa—. Siempre me gustó su nombre.

Snape volvió su mirada hacia la invitación una vez más. La Srta. Andrea Hope Lupin sin duda sería una niña muy afortunada. Su nacimiento no solo era esperado por sus padres y los amigos de estos, también por todo el colegio. En secreto, sus colegas y los alumnos se estaban organizando para preparar un baby shower sorpresa para su querido profesor de biología. Lo harían la primera semana de octubre y, por lo que escuchaba, todos los alumnos querían darle un regalo. Ni siquiera estaba aún aquí, pero estaba seguro que no habría niña más amada que la pequeña Andrea Lupin.

Sin duda, hay algunos que nacen con suerte, pensó.

—Vendrás, ¿no? —preguntó con un brillo emocionado en los ojos— Dora no aceptará un "no" por respuesta y lo sabes.

—Lo sé y no quiero despertar en la cárcel por perderme la fiesta de su bebé—respondió guardando la invitación en su propio maletín—. Trataré de ir, lo prometo —y si no iba, al menos iría al que organizaría en el colegio pues no tenía otra opción.

—¿En serio? Habrá comida —sonrió—. Oh, podrías llevar a Lamarck para que juegue con Teddy y Borf, será divertido.

La campana que anunciaba el inicio de clases lo salvó de responder a ello.

—Lo voy a pensar. Debo irme.

—Suerte en clases.

El resto del día fue igual a los otros. Dos clases de Química en la mañana con los de quinto y tercero y una clase de física con los chicos de séptimo después del almuerzo. La rutina era simple. Entraba en el salón de clases y automáticamente los murmullos y palabreo cesaban. A continuación, solo procedía a sentarse y esperar pacientemente a que todos los alumnos se acercaran a su escritorio para presentar sus tareas, así no tendrían la oportunidad de copiar en el último minuto en el caso de que no la hubiesen terminado. Luego, pedía que abrieran sus libros en la página indicada y empezaba a escribir en la pizarra con sus plumones negro, rojo y azul. Una vez explicada la teoría, procedía a resolver un par de ejercicios y luego exigía que sus alumnos completaran el resto mientras él revisaba sus tareas. Tomaba su bolígrafo rojo y hacía grandes círculos sobre las hojas de los cuadernos, encerrando los errores con mucha satisfacción.

Le gustaba ver su progreso, en serio, pero más disfrutaba resaltarles sus errores.

Sin embargo, por más que se divirtiera leyendo las incoherentes respuestas de tercer año, a veces se tornaba aburrido. Cuando llegaba a esas situaciones, aprovechaba que sus alumnos estaban demasiado ocupados con los ejercicios y se dedicaba unos minutos de relajo revisando su celular. Ya sea en algún juego simple, disfrutando de un libro o simplemente revisando sus redes sociales, Snape solía tomarse esos minutos como un escape de su aburrida jornada laboral.

mione_mione agregó contenido a su historia.

Aquella notificación lo hizo sonreír. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que supo algo sobre Hermione. Su última palabra hacia él fue un corto mensaje anunciando que ya había llegado a su casa sana y salva aquel viernes pasado, cuando platicaron sobre la importancia de "ser responsables y soltar".

Se preguntó cómo estaría. Esperaba que bien. De todo corazón, esperaba que por fin estuviera en el camino al perdón. Esperaba que hubiese logrado contactarse con aquella zanahoria bailarina que tenía por ex y que, por lo menos, hubiese intentado hacer las paces con él, por su propio bien. Hermione era una buena chica, de eso no había duda, pero, al igual que él, tenía demasiados conflictos internos por resolver antes de siquiera embarcarse en la tormentosa aventura que era buscar una pareja y establecer una relación seria.

Era claro que ninguno de los dos estaba listo para ello, al menos no por ahora.

Se preguntó qué estaría haciendo. Supuso que algo muy divertido o lo suficientemente interesante como para compartirlo con todos sus contactos en redes sociales. Levantó la mirada de su móvil hacia sus alumnos. Ellos estaban tan concentrados resolviendo los ejercicios restantes —a excepción de Lucas y Georges quienes estaban tomando una "pequeña" siesta post-almuerzo— que no se darían cuenta si revisaba su celular un rato.

Presionó con su índice aquella notificación y automáticamente la pantalla se pintó de negro, surgiendo un delgado círculo blanco que giraba en señal de estar cargando. A los pocos segundos, la imagen reveló la foto de la fachada de un elegante edificio, un edificio que él conocía.

Era nada más y nada menos que la entrada principal del Bloomsbury Ballroom, aquel salón de baile en Victoria House donde se llevó acabo la gala de ballroom donde fue el acompañante de Hermione en aquella época donde aún la llamaba "Miss Granger". Había un par de palabras abajo que decía el nombre de lugar —Su ubicación, recordó— y, arriba, había un mensaje escrito en delicadas letras blancas que ponía "Nunca me cansaré de esto".

Curioso y sorprendido a la vez, se preguntó qué estaba haciendo Hermione en aquel elegante salón de baile. ¿Acaso estaría paseando? ¿O tal vez tenía algo que hacer ahí? No pasó mucho tiempo para que la imagen cambiara a una foto con filtro blanco y negro de una joven adolescente en un majestuoso vestido de baile, perfecto para la categoría latino. Ella estaba haciendo una pose muy glamurosa con la cual exhibía la exquisita confección de su elaborado atuendo. Snape mantuvo presionada la pantalla y amplió un poco la imagen. Él conocía ese rostro.

¡Era la pequeña Emy!

Bueno, sin duda no tan pequeña en ese vestido, pensó, pues parecía que había crecido un par de centímetros y aumentado unos años. Sin embargo, aquella ternura de niña pequeña todavía podía apreciarse en su rostro sin maquillar por completo. El fondo de la imagen mostraba lo que parecían ser un camerino o los vestuarios de algún lugar similar a un teatro. En este caso, los del salón Bloomsbury. A un lado de la foto, se encontraban unas letras redondas y blancas que ponían: #SYLLABUSJUNIOR2016. Y, por último, había un corto mensaje escrito en letras blancas.

"Mucha suerte mi hermosa emi_darcourt". "SAL Y HAZME SENTIR ORGULLOSA! 💛💛".

¡Así que Hermione se encontraba en una competencia de ballroom! Debió suponerlo. Si hacía memoria, recordaba que la castaña le mencionó en una o dos ocasiones que competirían este mes. Al parecer su pareja elegida para esta ocasión eran los quinceañeros Emy y Alex. Aunque el hashtag decía muy claramente "junior", se preguntó si sus otros alumnos, Lila y Johnny, se encontraban ahí también. No sabía cómo funcionaban exactamente la dinámica de los concursos. La vez anterior habían competido todos los alumnos, no importaba que tuvieran edades distintas, pero en esta foto sólo podía ver a la pequeña Emy.

La siguiente historia era una linda fotografía grupal de Hermione junto a Luna, Neville y la Srta. Weasley. Los cuatro vestían una mezcla de ropa casual que quería ser elegante, pero que no lograba en su totalidad. Lo que sí podía destacar era que todos portaban grandes sonrisas, a excepción tal por la castaña quien más parecía nerviosa que feliz. Debía ser porque sus alumnos estaban compitiendo en el evento, supuso recordando lo "intensa" por ella podía ser cada vez que veía una competencia de ballroom, después de todo, su pobre mano había sido testigo de ello.

Hermione había etiquetado tres cuentas: moony_lovegood, thisisginny y nevlong junto con otro hashtag que ponía #TEAMMCGONAGALL y la cuenta oficial del estudio. No había rastros de la profesora ni de Potter o Black. Supuso que tal vez tuvieron algo importante qué hacer y por eso no pudieron asistir o, al menos, esa era una excusa que Potter y Black podían usar. Por un lado, era consciente del ajustado horario que manejaba el menor como aprendiz de Scotland Yard. Por otro, sabía lo sumamente impredecible que Black podía ser. Podía estar tanto en el evento como en un avión rumbo a un destino desconocido en ese mismo instante. Sin embargo, le sorprendía no ver a la profesora McGonagall ahí, después de todo, ella era la directora de la academia que la pequeña Emy representaba.

O tal vez simplemente era como él y no le gustaba salir en las fotos.

O puede que ella fuera quien tomara la foto.

Bueno, nunca lo sabría pues hasta ahí llegaban las instastories de Hermione Granger.

Las siguientes historias eran de Draco, pero no le interesaba ver qué estaba haciendo su ahijado en ese momento por lo que prefirió volver a última historia de la joven bailarina. Volviendo a la foto grupal del equipo McGonagall, no se había percatado que Hermione había adjuntado un pequeñísimo mensaje en una de las esquinas superiores de la foto que ponía "Faltaron ustedes, chicos!" y había etiquetado a itspottah, blackpadfoot y thehalfbloodprince. Las cuentas de Instragram de Harry, Black y, por supuesto, la de él.

Lo había etiquetado a él.

Era la primera vez que alguien —además de Draco— lo etiquetaba en algo.

"Ella aún piensa en mí".

Aquel pensamiento invadió su cabeza al instante, haciendo que olvide dónde y en qué situación se encontraba. Puede que tal vez estuviese exagerando un poco. De seguro solo lo había etiquetado porque él era "parte" del equipo, aunque ya hubiese pasado casi dos meses sin hablar con ninguno de los otros miembros y medio mes sin hablar con ella. En realidad, ya ni siquiera estaba seguro si volvería al estudio pues no sabría cómo explicar esa abrupta ruptura de comunicaciones con sus compañeros. No obstante, a pesar de ser consciente de todo eso, no podía evitar emocionarse por esto como si fuese un adolescente más dentro de ese salón de clases.

Ella pensaba en él.

Todavía lo consideraba como parte de su equipo.

Sin darse cuenta, una sensación calidad se instaló sobre su pecho. La conocía bien, era la misma sensación cálida que Hermione despertaba en él cada vez que tomaba su mano o lo miraba a los ojos con aquellos bonitos orbes color miel Era aquella sensación cálida, similar a un tierno abrazo en la cama por las mañanas antes de iniciar un nuevo día. Era la misma sensación cálida que tenía cada vez que bailaba vals con ella, girando sonriente a través del amplio salón.

¡Cómo había extrañado esa sensación!

—¿Qué estará mirando el profe? —susurró uno de los alumnos a su compañero.

—Porno —respondió este de manera seca, sin levantar la vista de su cuaderno.

No tuvieron que esperar mucho para que ambos empezaran a removerse en sus asientos, aguantándose las carcajadas lo mejor que podían. Sus caras se estaban tornando rojas por la falta de aire y sabían que, si intercambiaban miradas, empezarían a reír a todo pulmón y no podrían parar. El salón estaba en completo silencio por lo que sus intentos por controlarse eran en vano. Sus otros compañeros se giraron a verlos de reojo. Era evidente que ese par estaba jugando en clases. Ellos jamás supieron cómo comportarse. No era de extrañar que fueran "caseritos" de los castigos del profesor Snape.

Sin embargo, en esta ocasión, el mencionado hizo caso omiso al pequeño alboroto y se negó a apartar los oscuros ojoso del celular.

—Pero, ya, en serio —interrumpió el primer alumno una vez que ambos lograron calmarse—. ¿Qué tanto está mirando Snape? Ni siquiera ha notado que Georges se ha quedado dormido, ¡y está a cinco asientos de él! —ambos se giraron a ver a su compañero quien dormía con la boca abierta y los ojos en blanco. Era algo gracioso de ver—. Y Maggie está usando su celular —miraron en dirección a la mencionada y la encontraron usando su celular de forma disimulada para tomarle una fotografía al tal Georges.

—Qué raro. Por lo usual, Snape no deja de vigilar el salón como un halcón.

—O un murciélago.

—En fin —comentó cuando terminó de reír, otra vez—, debe ser algo muy bueno porque está sonriendo.

—¡¿Sonriendo?! ¿Snape puede sonreír?

—¡Míralo! ¡Está sonriendo!

Los dos pares de ojos se dirigieron hacia el profesor sentado detrás de su escritorio. El hombre se encontraba mirando atento su móvil, deslizando su pulgar hacia arriba por la pantalla. No se encontraba sonriendo, eso estaba claro, pero si eras alguien perceptivo, podrías notar que había una pequeña curva en la comisura derecha de su boca, como una pseudo sonrisa de medio lado… o una mueca de medio lado.

—Me asusta.

—Por dos.


Snape terminó de bajar las escaleras aún con la mullida toalla blanca colgando alrededor de su cuello. Su cabello mojado se pegaba a su cuello y al contorno de su rostro. Había crecido mucho, tal vez ya era hora de cortarlo, pensó. Lamarck lo seguía de cerca, moviendo la cola de un lado a otro, mientras acercaba su hocico a las pantuflas de su amo, tratando de quitárselas a medida que caminaba de regreso a su sofá.

—No, no —lo regañaba tratando de ocultar su sonrisa usando la toalla—. Ya me destrozaste un par de pantuflas la semana pasada, no habrá un segundo —el hombre se dejó caer sobre el cómodo mueble y procedió a terminar de secarse el cabello—. ¿Quieres ver tele, amigo? ¿Quieres ver Nat Geo? ¿Quieres ver a los veterinarios?

En cuanto escuchó la palabra "veterinario", el perro de blanco pelaje empezó a dar vueltas sobre sí mismo, desbordando felicidad por la idea de "ir al veterinario".

—¿Sí? Bien, vamos a ver a los veterinarios.

Tomó el control remoto que siempre dejaba sobre la mesita café y se dispuso a encender el aparato. Ya eran un poco más de las seis de la tarde. Hoy había tenido taller de Física con los chicos de la selección y se había quedado hasta un poco más tarde de lo habitual. En cuanto llegó a su casa, subió al baño y se dio una ducha tibia para relajarse después de un día pesado. Ahora, ya relajado, en pantalones de chándal y camiseta holgada, Snape podía tomarse esas horas antes de cenar para pasar tiempo de calidad con su perro. Tal vez no estaba humor para pasear por el parque, pero sí para sentarse con él y ver sus programas favoritos.

Mientras buscaban el canal indicado, Severus veía pasar imágenes fuera de contexto de manera muy rápida. Los colores brillantes y el sonido entrecortado inundaban la sala y, aunque no podía reconocer ninguna de las escenas, hubo una imagen en particular que llamó su atención y que lo hizo detenerse en seco, olvidando lo que estaba haciendo.

Se trataba de pareja joven bailando en medio de una lujosa y ornamentada salón de baile, siendo rodeado de variados personajes ataviados por elegantes y coloridos vestidos de fantasía. Parecía ser una película de princesas, estaba seguro que había visto el poster por las calles hace un año o un poco más. La pareja principal se movía lentamente de un lado a otro, bailando lo que reconoció como un vals. Ella llevaba un finísimo vestido azul, abultado y de tela vaporosa y este flotaba con gracia como olas en un mar calmo a medida que daba vueltas y vueltas.

—Lo están haciendo mal —susurró para sí mismo mientras se acomodaba sobre el sofá.

No había pasado cinco meses de arduo entrenamiento aprendiendo a bailar para que intentaran venderle ese intento de baile como un "elegante vals". Sí, la chica era muy bonita y no dudaba de que ella y su pareja estuvieran bailando bien pues solo seguían las órdenes del director, pero eso no era vals, al menos no el vals propio del ballroom. Resultó inevitable pensar en la hermosa bailarina de Earl's Court, la cual, en mallas, ropas holgadas y el cabello hecho un caos, tenía mucha más gracia que aquella actriz de elegante vestido.

"Son pocos los que pueden hacerlo de forma correcta", recordó.

Cuando el actor de finísimo traje blanco deslizó su mano por la espalda de la joven hasta llegar a su omoplato izquierdo y ella colocó sus brazos en la posición adecuada, por fin se sintió satisfecho. Ahora sí se atrevía a decir que eso era vals. La joven pareja bailaba con gracia, meciéndose de un lado al otro, captando la atención de todos los demás presentes, así como la suya. Puede que no fuera tan impresionante como un concurso de ballroom, puede que ellos no desbordaran pasión mientras bailaban, puede que ella no fuese Miss Granger, pero, aun así, no podía apartar la mirada.

Extrañaba todo eso.

No era su mundo, pero extrañaba bailar. Extrañaba correr por la estación de metro para llegar a tiempo al McGonagall's Dance Studio, extrañaba cargar con un par de zapatos extra en su mochila y su botella de agua, extrañaba las bromas de Black, los comentarios de Potter y las torpezas de Longbottom, incluso extrañaba los disparates de Lovegood. Extrañaba los consejos de la profesora McGonagall y, sobre todo, extrañaba bailar con Miss Granger.

Su paseo por la nostalgia acabó cuando empezaron los cortes comerciales, los cuales anunciaban siguiente película de la programación y una marca de fideos instantáneos. Snape volvió a cambiar los canales hasta por fin llegar al programa de veterinarios. Lamarck se acomodó sobre la alfombra y miraba atento hacia "la caja parlante" donde el veterinario conducto del programa revisaba a un pequeño conejo blanco y peludo.

Sus pensamientos aún seguían en Hermione y la academia de baile. Se preguntó cómo le habría ido en el concurso. Se preguntó si la pequeña Emy y Alex habrían ganado la categoría. ¿Se habrían llevado algún trofeo o medalla? ¿Hermione habría sobrevivido a la presión o se habría dejado llevar por sus nervios? Ya no había revisado las redes sociales de la castaña desde el viernes por lo que no estaba enterado de nada. Curioso, tomó su celular, el cual yacía a un lado del sofá, y empezó a revisar Instagram.

¿Quién iba a pensar que él, Severus Snape, terminaría sacándole provecho a esa red?

—Gracias, Draco —susurró para sí.

Por supuesto que había publicado algo. Había un par de fotos excelente y de muy buena calidad de sus alumnos en medio de la pista, compitiendo entre el resto de las parejas. Emy y Alex se lucían en sus elegantes trajes. Ella llevaba un delicado vestido azul intenso, de mangas largas traslucidas con flecos al final los cuales ondeaban debido a la fuerza de sus movimientos. Alex, por su parte, vestía un elegante chaleco negro y corbata a juego, los cuales resaltaban contra su impecable camisa blanca. En las fotos, los chicos daban vueltas y realizaban delicadas poses. Notaba las sonrisas, sí, pero también notaba el esfuerzo que hacían para mantener las posturas, notaba la concentración en sus miradas, la fuerza en los músculos de sus cuellos estirados, notaba todo el trabajo duro detrás de cada pose.

Ellos no estaban ahí para verse bonitos, ellos estaban ahí para ganar.

La última fotografía era una de la pareja posando sonrientes mientras exhibían con orgullo sus respectivas medallas las cuales colgaban de sus cuellos por medio de brillantes cintas amarillas. Realmente se veían muy felices. Alex todavía se veía algo nervioso, pero feliz y satisfecho. Algo que quería resaltar de esta última fotografía era la diferencia de calidad. Era como si fuese sido tomado por la cámara de un celular y las otras, por una cámara profesional.

Al leer la descripción de las fotos, lo comprendió todo.

"No tengo palabras para describir lo orgullosa y honrada que me siento de ser la entrenadora de estos dos brillantes bailarines. emi_darcout y alexjones36, muchas felicidades por su gran triunfo en el #syllabusjunior2016, se merecen esto y mucho más. Sé lo mucho que entrenan día tras día para ser les mejores y les prometo que este será el primero de muchos triunfos en sus carreras. ¡Felicitaciones muchachos! ¡Los quiero!

Fotos: moony_lovegood (excepto la última, esa la tomé yo)"

El profesor sonrió mientras terminaba de leer. Las medallas resplandecían magníficas sobre el pecho de ambos adolescentes. En serio se veían muy felices. Sus ojos resplandecían ante las luces y la brillante sonrisa de Emy le recordó las viejas fotografías de Miss Granger que encontró en línea cuando ella tenía más o menos la edad de ese par y aún participaba en syllabus y opens y en todas esas competencias importantes. Era increíble pensar que, hasta hace un par de años, era ella quien se encontraba en esa situación. Ahora, seis años después, varios tropiezos y una pierna rota de por medio, Hermione Granger había perdido ese brillo en los ojos y la sonrisa ganadora.

Le alegraba saber que, al menos, aún le quedaba algo de su carrera que la hacía feliz.

Like.

Sus dedos vagaron un rato por las peligrosas, engañosas y profundas aguas que eran las redes sociales, específicamente por el perfil de Hermione. Había muy buenas fotos de ella, siempre en fiestas, posando misteriosa ante la cámara, siempre sonriendo de manera falsa, sin brillo en sus ojos miel. No había ni una sola foto de ella en traje de gala o compitiendo en algún evento, mucho menos bailando. Ni siquiera parecía el perfil de una bailarina. Era como si quisiera ocultar el hecho de que lo era o de que, al menos, alguna vez lo fue.

Era algo triste, a decir verdad.

También notó que la mayor parte de sus fotos más bonitas fueron tomadas por Luna. Debía admitirlo, la lunática Srta. Lovegood tenía mucho talento para la fotografía. Tal vez debió aceptar su propuesta de una sesión de fotos para Lamarck, así tendría contenido para postear algo en su vacío Instagram. Curioso, decidió pasarse a revisar el perfil de Luna. Había muchas fotos de todo tipo, muy coloridas y algo graciosas. Incluso sus instastories eran divertidos. Especialmente uno de ellos, un breve video de ella, la Srta. Weasley y Hermione de ese mismo día, grabado alrededor de la 13:00 horas en lo que parecía ser un restaurante o algo similar.

"¡FELIZ CUMPLEAÑOS, MIONE!", gritaban ambas jóvenes mientras abrazaban a la castaña quien se notaba algo avergonzada y muy sonrojada, pero con una gran sonrisa en el rostro. Grabado desde la cámara frontal desde su celular, el video estaba muy movido y repleto de risas. La rubia y la pelirroja levantaron lo que parecían ser un par de tarros de mermeladas con cañitas y brindaron frente a la cámara. "¡POR LA MEJOR AMIGA DEL MUNDO!"

"¿Feliz cumpleaños?" ¿Cumpleaños? ¡Era su cumpleaños!

—¡Carajo! —exclamó en voz alta, captando la atención del perro que se levantó sorprendido—. ¡¿Por qué no me avisaste que era su cumpleaños, Lamarck?! —el perro inclinó la cabeza a un lado, confundido. El perro ladró una vez y luego decidió ignorarlo, volviendo su atención al programa de veterinarios— No me ignores.

Una sonrisa torcida se dibujó en su rostro por la reacción del can.

Ahora que hacía memoria, no recordaba ni una sola vez que hubiesen hablado de sus cumpleaños. Ni él sabía su cumpleaños ni ella, el de él. ¿Cómo era posible que conociera cada parte de su cuerpo pero que no supiera la fecha de su nacimiento? Se dio cuenta de que no conocía a Hermione en realidad. Sí, sabía los por menores de las tragedias de su vida y tal vez una que otra anécdota, pero no conocía nada íntimo, nada personal, nada que le dijera quién era Hermione Granger. Desconocía su comida favorita, su color favorito, su canción o película favorita; desconocía las personas a quienes admiraba, no tenía idea si alguna vez tuvo una mascota o si había salido del país. No sabía si tenía más familia además de sus padres en Cambridge. Desconocía por completo si tenía un hermano o hermana mayor.

¡Por Newton! ¡Ni siquiera sabía si tenía segundo nombre!

En fin, volviendo al tema de su cumpleaños, él parecía ser el único que no le había felicitado. Neville, Luna, Sirius, Potter, Weasley, sus propios alumnos, absolutamente todos sus conocidos la habían felicitado excepto él.

Todos merecen ser felicitados en su cumpleaños, sobre todo ella.

Hermione Granger era una persona especial, merecía que la felicitaran por su onomástico. Pensó en escribir algo pequeño, un mensaje, y enviarlo; sin embargo, ese no era su estilo. Primero que nada, le daba vergüenza que todos pudieran ver su mensaje. Segundo, él venía de una generación diferente. En sus tiempos no existía ni Facebook, ni Twitter, ni hashtag ni nada de esas cosas. Si querías felicitar a alguien por su cumpleaños ibas a felicitarlo en persona. Caminabas o tomabas el autobús hasta su casa. Si tenías la suerte de tener teléfono, llamabas, siempre cuidando que no excediera el límite de minutos pues cobraban. Por último, escribías una carta de tu puño y letra la cual sabías que iba a tarde un tiempo en llegar por lo que la enviabas con días de anticipación para que llegara a tiempo.

Sí, dejar un simple "HB, Herms" no era lo suyo.

Todos merecen un saludo de cumpleaños y, con ese pensamiento en mente, Snape tomó su móvil y buscó entre sus contactos el número de la bailarina. Aún no era tarde, estaba seguro que podría encontrarla antes de que ella saliera a cenar. Hermione era joven y tenía muy buenos amigos con los que, de seguro, quería saldría a festejar su día especial. Tal vez una cena divertida o puede que una salida a bailar. En fin, solo lo sabría cuando hablara con ella.

Decidido, presionó el botón verde.

Llevó el aparato a su oído y esperó. En cuanto sonó el primer pitido de la llamada, Snape colgó de inmediato, alejando el celular con tanta violencia que casi salió volando de sus manos.

¡No podía hacerlo! No había hablado con ella en casi medio mes. Incluso la había dejado "en visto" en su última conversación por WhatsApp. ¡¿Qué carajos le iba a decir?! Era pésimo iniciando conversaciones. No podía llamarla y decirle "Hola, Granger, estaba revisando tus estados y me di cuenta que era tu cumpleaños". Sabía que, después de felicitarla, se quedaría en blanco y, probablemente, tendrían la conversación telefónica más incómoda y corta de la historia.

— Ok. Relájate, Severus —se dijo a sí mismo, tomando una profunda respiración—. Puedes hacerlo, puedes hacerlo. No eres un adolescente, eres un hombre adulto que puede hacer una simple llamada, puedes hacerlo. Eres un hombre, no un cobarde—humedeció sus labios y volvió a seleccionar el contacto en la pantalla de su celular—. Solo dile "feliz cumpleaños, pasa un buen y un fuerte abrazo". Eso es todo y cuelgas. ¡Puedes hacerlo!

Desde donde se encontraba, Lamarck lo observaba aburrido, inclinando la cabeza hacia la derecha.

Llenó sus pulmones de aire y presionó el botón de llamada por segunda vez. Timbró una vez. Timbró dos veces. Timbró hasta tres veces y aún nada. Siguió ahí, sentado sobre su sofá, esperando que la bailarina tomase su llamada. Sus ojos vagaban por la habitación, buscando alguna distracción.

"Su llamada será transferida al buzón".

Colgó al instante. ¡No le respondió! ¿Acaso eso era una mala señal? ¿Acaso no quería hablar con él? ¿Debería preocuparse por eso? ¿Debería sentirse ofendido por eso? Es decir, se había tomado la molestia de llamarla, ¡dos veces! —bueno, no en realidad, solo fue una—, pero la había llamado y, aun así, ella no le hacía caso.

Tal vez está ocupada, dijo su parte racional, después de todo es su cumpleaños. Debe tener muchas llamadas que atender o tal vez ha salido.

Soltando un suspiro, optó por no volver a intentar.

—¿Tienes hambre, Lamarck? Ya es hora de cenar —se levantó con teléfono en mano y dio unas suaves palmadas sobre su muslo, indicándole al can que lo siguiera—. Vamos a cocinar. Papá te preparará pollo frito.

Ya en la cocina, Snape estaba revisando entre los tantos ingredientes de su refrigerador los más apropiados para su cena de esta noche. Olvido poner a descongelar el pollo por lo que el pollo frito ya no podía ser una opción. Tal vez podría hacer una pasta o algo más simple. Su teléfono vibrando en el bolsillo de sus pantalones de chándal lo tomó desprevenido. Con torpeza, sacó el aparató para descubrir que solo se trataba de Miss Granger devolviéndole la llamada.

Apartó la mirada para encontrar a Lamarck observándolo fijamente, como si le estuviera brindando su apoyo de manera silenciosa. El celular seguía sonando. Tomó aire y contestó la llamada después de la cuarta timbrada.

—Hola.

—¡Hola!

Ambos saludaron al mismo tiempo, interrumpiéndose el uno al otro con torpeza y ternura. Oh, parecían un par de adolescentes nerviosos o, por lo menos, él se sentía como un adolescente nervioso. Ese era el efecto que Hermione provocaba en él. Lo hacía perder esa madurez y seguridad que tantos años le costó conseguir y solo dejaba al tímido adolescente que, nervioso, se dejaba llevar por la situación.

Hermione rio al otro lado de la línea y volvió a saludar.

—Hola.

—Hola.

—Hola… Perdón por no haber respondido antes, me llamaste en un mal momento —respondió ella mientras se sentaba sobre su cama. Su cabello rizado mojaba la toalla rosada que cubría su espalda, protegiendo su cálido y holgado pijama rojo—. Me estaba bañando.

—Oh, lo siento —contestó avergonzado, sintiendo como la sangre subía lentamente hacia sus orejas. Alejó lo más rápido que pudo aquellos pensamientos indecentes de la castaña bajo el agua caliente de la ducha, frotando su cuerpo mientras pequeñas gotas de agua recorrían su tostado cuerpo. No era de caballeros pensar esas cosas, se reprendió—. Bueno, yo, eh, yo te estaba llamando porque, eh, quería desearte un feliz cumpleaños.

—¡Gracias! —exclamó sintiendo como sus mejillas empezaban a sonrojarse—. ¿Cómo supiste? No recuerdo habértelo dicho.

—Sí, eh, vi que Luna subió un video de ustedes celebrando, así que decidí saludarte… ¡Feliz cumpleaños!

Cerró los ojos con fuerza ante tal comentario. Genial, ya nos expusimos, Severus. ¿Por qué se molestaba en intentarlo? ¿En serio, por qué? Era claro que no era bueno para iniciar conversaciones, solo se estaba poniendo en ridículo.

—Oh… Entonces, ¿ahora revisas estados y perfiles de Instagram? —preguntó de forma juguetona. Podía sentirla sonriendo junto a su celular, traviesa e infantil, encantada de ponerlo en aprietos—. No pensé que te llevaras tan bien con la tecnología. Nunca publicas nada.

—Bueno, soy un hombre reservado, pero te confieso que la encuentro útil.

—Al menos lo haces mejor que mis padres.

—¿Gracias? —respondió con voz sedosa, entrando poco a poco en confianza—. En fin, solo te llamaba para felicitarte por tu día especial. Espero que la hayas pasado bien o, bueno, lo sigas pasando bien. Perdona por no tener un regalo para ti, te lo debo.

—Bueno, tal vez cuando nos volvamos a ver, puedas compensármelo —le respondió en el mismo tono.

Severus sonrió de lado y se apoyó sobre la encimera de la cocina—. ¿Qué tal la estás pasando? ¿Algún plan para esta noche?

Hermione dejó escapar un suspiro mientras que, con su mano libre, empezaba a secar su cabello.

—No, estoy cansada. Además, es lunes. Hay que trabajar mañana. Algunas personas tenemos responsabilidades, Sr. Snape, y no podemos desvelarnos por ir de fiesta en fiesta.

Snape dejó escapar lo que era buscaba ser una pequeña risilla, negando con la cabeza para sí mismo— Tiene razón, Srta. Granger… Entonces, ¿qué hiciste hoy?

—Almorcé con las chicas y luego me pasé todo el día trabajando —la joven subió ambas piernas sobre la cama y las cruzó una sobre otra, acomodándose sobre el colchón—. Sí, ya sé lo que estás pensando. "¿Trabajando el día de tu cumpleaños?". Pues sí. Adivina quién está intentando ser más responsable en su vida —aquel comentario dicho de manera tan juguetona le sacó otra sonrisa de lado al profesor, llenándose de auténtica felicidad por ella. Le que sus palabras no habían caído en saco roto—. Hoy fue un buen día o al menos eso creo.

—Me alegro… Entonces, ¿te pasaste todo el día entrenando a los chicos? Oh, por cierto, vi las fotos que publicaste —añadió al instante, incapaz de controlar su lengua ni lo que esta decía—. Felicita a Emy y Alex de mi parte. Supongo que fue una competencia dura. Deben estar muy orgullosos, ¡ganaron! —la risita avergonzada de la castaña despertó en él una sensación de ternura—. Por supuesto, felicitaciones a ti también, hiciste un gran trabajo entrenándolos.

—¡Sí! Estoy muy orgullosa, pero el triunfo es de ellos, no mío. Obtuvieron el tercer puesto, pero fue una de las competencias más grandes de este año. ¡Fue su primer nacional y estuvieron maravillosos! —sonrió ilusionada, ruborizándose debido a sus sentimientos encontrados— Recuerdo mi primer nacional, estaba demasiado nerviosa, pero ellos estuvieron tranquilos y muy confiados. La profesora McGonagall estaba encantada con la performance. Ella formó parte de la mesa del jurado invitado y, aunque fue totalmente imparcial, podía ver esa mirada satisfecha en sus ojos… Ay, Severus, debiste verlos, estaban tan felices. Me hubiese encantado que estuvieras ahí.

—Si hubiese estado ahí, ¿quién me garantiza que no ibas a destrozar mi mano otra vez? —Hermione soltó una carcajada ante tal broma privada.

—¿Cuántas veces tengo que pedirte perdón?

—Las que sean necesarias —Severus escuchó un poco de ruido al otro lado. Hermione sujetó el teléfono entre su oreja y su hombro pues sus manos estaban demasiado ocupadas untando crema humectante sobre sus pies rojizos. En algún momento, el aparato se le cayó y se estrelló primero sobre la cama y luego contra el suelo, provocando que la castaña soltara un improperio que sorprendió al profesor—. Cuide esa boca, Srta. Granger —le regañó—. Si fuera mi alumna, la mandaría a la sala de castigos a escribir cien veces "No debo decir palabrotas".

—Qué bueno que usted es mi alumno y no al revés —respondió burlona, esta vez, colocando el celular sobre la mesita de noche y dejándolo en altavoz—. En fin, fue una competencia fuerte. Duró tres días. Ya te puedes imaginar cómo estaban mis pobres nervios. Levantarme temprano, ir al estudio, ajustar detalles de coreografía y vestuario, ir al evento, pasar por el mismo protocolo de siempre, ver todo el evento, esperar a que no cierren a mis chicos durante la competencia de secuencia... ¡ufff! Fue un fin de semana de locura —exclamó con cierto toque de dramatismo—. Es por eso que no hicimos nada especial para mí cumpleaños. Se suponía que lo celebraríamos el sábado o el domingo ya que caía día laboral, pero he estado tan ocupada con la competencia que simplemente no tenía ganas de nada. Luna y Ginny me invitaron a almorzar hoy y la profesora McGonagall y mis chicos me prepararon algo bonito en el estudio. Harry me llamó, mis padres, también. Neville, mis primos y mis otros amigos me escribieron y Sirius me prometió hacerme una verdadera fiesta este fin de semana. Por cierto, estás invitado —añadió al instante, sonriente.

—¿Una fiesta? ¿Una fiesta ruidosa con baile y gente joven? —cuestionó fingiendo seriedad, jugando con ella— No sé, debo ver mi agenda, estoy muy ocupado.

—¡Oh! ¡Vamos! Es mi cumpleaños, Severus, no me rechaces —pidió haciendo un puchero que le sacó una sonrisa al profesor—. ¡Será divertido! Sirius prometió que no sería nada salvaje.

—Black y yo tenemos diferentes conceptos de "salvaje".

—En serio, yo se lo pedí. Ya no quiero más fiestas salvajes en mi vida por los próximos dos años —río recordando con algo de vergüenza aquellas noches de locura en Notting Hill, saliendo de una discoteca hacia otra—. Será una reunión en uno de mis clubs favoritos. También es un restaurante durante el día, así que será un almuerzo y luego bailaremos un poco. Por favor, tienes que ir.

La joven se mordió el labio y esperó pacientemente la respuesta del mayor. Sus delgados dedos jugaban con uno de sus rizos despeinados, intentando no enredarse con este. Al otro lado de la línea, Snape dejaba escapar un largo suspiro.

—Está bien.

—¡Si! Te enviaré la dirección y la hora cuando Sirius me confirme todo, ¿ok?

—Ok.

Ambos se quedaron en silencio un rato, escuchando la respiración del otro en un agradable y cálido silencio que ninguno de los dos sabía cómo romper. Hermione volvió a recostarse sobre su cama, esta vez, dejando su laptop blanca a un lado, abriéndola distraída. Snape estiró su brazo para acariciar la cabeza del samoyedo el cual se había acercado para apoyar su hocico contra una de sus piernas, demandando un poco de atención.

—Y… eh… —intentó articular, pensando en cómo cambiar de tema—. Cierto, me estabas contando qué hiciste hoy y te interrumpí, lo siento.

—No te preocupes—comentó risueña, como si fuese una niña pequeña ocultando algo detrás de su espalda—. No hice gran cosa —agregó fingiendo desinterés, pero Snape conocía muy bien ese tono de voz, sabía que había algo más ahí y se estaba muriendo por decirlo—, solo estuve adicionando… ¡Tuve dos audiciones! —gritó finalmente.

En su habitación, Hermione se removía emocionada sobre su cama, sintiéndose tan feliz después de mucho tiempo. Estuvo conteniéndose todo el día para hablar de ello y sentía que, si no lo decía en voz alta, iba a explotar. Pudo habérselo dicho a sus amigos, sabía que sí, pero no quería hacerlo pues no era nada seguro. No quería ilusionarse ni ilusionarlos por algo que, tal vez, jamás saldría. Prefería reservarlo para ella hasta que viera los resultados; sin embargo, por primera vez en mucho tiempo le estaban pasando cosas buenas, necesitaba contarlo.

Las propuestas de audiciones fueron una total sorpresa, pero en cuanto tuvo la oportunidad frente a ella, decidió no desaprovecharla. Sin que ninguno de sus conocidos supiera, se pasó toda la mañana corriendo de teatro en teatro, con su mejor sonrisa en el rostro, rogando que la aceptaran. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que audicionó para algo. Ya hasta había olvidado lo tedioso que era hacer esas largas filas y, sin duda, lo insegura que podías sentirte cuando veías a las otras chicas que también quería el papel y estaban dispuestas a pelear por este. En serio necesitaba hablar con alguien de eso y estaba agradecida que ese alguien fuera el profesor.

Snape, por su parte, arrastraba una silla para sentarse y ponerse cómodo pues el tono de voz de su interlocutora le decía que esta conversación tendría para rato.

—¡Excelente! ¡Dos audiciones! —exclamó algo dudoso—Eh… ¿Eso está bien? ¿Dos es un buen número? Perdóname, no sé cómo funcionan estas cosas. ¿Cuantas audiciones debería tener una bailarina al día?

—Pues, si empiezas temprano y tienes una buena red de contactos, con suerte, tal vez seis, pero dos es un buen número.

—¿Y cómo te fue? ¿Para qué audicionaste? ¿Algún concurso? ¿Volverás a competir?

–No —susurró apenada—. Aún no consigo una pareja para entrenar y este es un deporte en parejas, así que no me puedo inscribir a nada aún, pero estoy evaluando algunas opciones —agregó optimista—. Hoy tuve dos audiciones para unas obras de teatro. La temporada alta empieza pronto en West End, así que, bueno, pensé en intentarlo. ¿Por qué no? Tengo un par de amigos en el medio, y les pedí que me ayudaran a conseguir una audición.

—¿Así que ahora quieres ser actriz? —bromeó, sacándole una sonrisa a la cumpleañera— Qué versátil es usted, Srta. Granger. Toda una caja de sorpresas… ¿Para qué papel audicionaste?

—Para bailarina fantasma número tres sin texto.

Ambos rieron, entrando aún más en confianza.

—¿En serio? ¿Qué clase de obra tiene bailarines fantasmas? —preguntó burlón, relajándose debido a la nueva situación— Es evidente que no es Shakespeare.

—Pues no —rio—. Es un musical, Anastasia —comentó emocionada—. Es una obra, la sacaron este año. ¿Recuerdas la película?

—¿Película? ¿Qué película?

—¡La de Anastasia! ¡La princesa rusa! —exclamó sorprendida—. ¿No has visto la película? Es un clásico animado.

—Pues, me temo que no. Conozco la historia, pero los dibujos animados no son los míos.

—Tengo que hacerte ver esa película —notaba su tono indignado y eso le causaba gracia—. En fin, audicioné para ser uno de los bailarines del número musical principal. Se supone que bailan vals mientras Anastasia canta y, pues, fue muy fácil. Creo que estoy sobrecalificada —rio avergonzada, ocultando su falsa modestia. Era obvio que ella habría sido la mejor de la audición, se había pasado la mitad de su vida bailando vals. Ella tenía el papel en la bolsa—. No sé si me elijan, pero fue una experiencia divertida. No es algo fijo, obvio, solo es para ser reemplazo, por si alguno de los bailarines del elenco principal no puede presentarse durante la temporada —aclaró jugando con uno de sus rizos—. Espero que me elijan. La paga es buena, no es mucho, pero nunca está demás tener un dinerito extra.

—¿Y la segunda?

—Bailarina de ballet número ocho.

—¿También sin texto?

—Sí —rio—. Para la nueva temporada del Fantasma en el Her Majesty's. Esta fue un poco más difícil. Digo, sí, todavía recuerdo como bailar ballet, pero, aunque la coreografía no es complicada, estoy fuera de práctica. Había chicas que lo hicieron mucho mejor que yo… Dijeron que me llamarían y ya sabemos qué significa eso —el eterno "nosotros te llamamos", conocía muy bien eso. Era lo que siempre le respondían los altos académicos del museo cada vez que presentaba uno de sus proyectos—. En fin, no importa. De todas formas, aunque me llamen, solo audicioné para ser parte de los reemplazos. Esta es una superproducción, tiene 1600 personas trabajando en ella. Obras como esa no usan reemplazos para el cuerpo de baile, solo para los actores.

—Bueno, si te llaman y tienes que ir a bailar, prometo comprar una entrada para aplaudirte.

Otra vez, Snape cerró los ojos y se llevó una mano al rostro. ¿Por qué no aprendía a callarse?

—Oh, gracias, eres muy tierno.

Otra vez, silencio.

¿Es que acaso los silencios largos eran lo suyo? Porque parecía que lo único que sabía hacer cada vez que hablaba con Hermione era quedarse en silencio. Escuchó un poco de ruido, parecía que la joven estaba caminando ahora y moviendo un par de objetos. Ella también estaba en silencio, de seguro esperando a que él continuara su extraña conversación. En esos momentos, deseaba no solo haber desarrollado sus habilidades académicas en la universidad. Ahora mismo, le sería muy útil ser bueno socializando.

¿Y si mejor cortaba la llamada?

—Eh… ¿Cómo estás? Ha pasado un tiempo desde la última vez que hablamos —interrumpió ella, distraída, tecleando sobre su computador.

—Yo estoy bien. Trabajando como siempre.

—¿Y Lamarck?

—Está aquí conmigo, tan inquieto como de costumbre.

—Lo extraño. Tal vez podrías reunirnos pronto en el parque. ¿Qué opinas? —Snape asintió, gustoso con la idea. Otra vez, silencio. No era incómodo, pero sí largo. No sabía cómo continuar y era claro que Hermione estaba dando su mejor intento. Era él el problema. Maldita inseguridad, pensó.

Fue inevitable caer en las típicas preguntas de siempre.

—… Eh… ¿Cómo va la terapia? ¿Sigues yendo?

—Sí. De hecho, sí. Va bien —respondió pasándose la mano libre por el cabello—. Mi psicólogo dice que vamos progresando… Es duro a veces, muy duro, hasta pensé en dejarlo, pero es por mi bien, necesito esto.

—Pero, ¿te sientes mejor? ¿sientes que mejoras?

—Sí. Ya puedo dormir mejor, mi estado de ánimo ha mejorado. Ahora estoy haciendo ejercicio los fines de semana con unos amigos y siempre salgo a pasear con Lamarck. También estoy volviendo a cocinar —añadió con una sonrisa rota—. Volver a la terapia fue una de las mejores decisiones que tome este año.

—¿Y cuáles son las otras? —preguntó con voz suave, la cual provocó cosquillas en el oído del mayor.

Evidentemente, una de ellas era quedarse con Lamarck. Ese perro había cambiado su vida para bien y era su más fiel apoyo en momentos cruciales. Tal vez era un completo dolor de cabeza a veces y puede que no supiera qué era el espacio personal, pero no lo cambiaría ni por todas las tazas, ni pantuflas ni por nada del mundo.

También estuvo tentado a responder que unirse a la academia. Sin duda fue una de las mejores cosas que pudo hacer ese año. Había aprendido mucho e hizo muy buenos amigos. También había cambiado su aburrida rutina y, después de mucho, por fin encontraba algo que despertara su interés y pasión, por no mencionar que le había dado a su vida un giro de 180 grados. ¿Él, Severus Snape, practicando baile de salón? Si alguien le hubiese dicho a inicios de este año que se pasaría cerca de cinco meses aprendiendo a bailar, probablemente hubiese pensado que se trataba de una broma. ¡Era una locura! Y él, un loco por haberlo hecho.

Pero por sobre todas las cosas, quiso decir que conocerla fue una de las mejores cosas que le pudo pasar ese año. Jamás hubiese pensado que terminaría siendo el alumno de una talentosa bailarina de 23 años, mucho menos, ser amigo y amante de ella. Tampoco pensó que terminaría enamorándose perdidamente de ella porque sí, había una atracción, fue totalmente consciente de ello desde el primer encuentro, pero desde hace ya mucho tiempo había dejado de ser solo eso. Sabía que era amor, lo supo desde aquella primera vez compartiendo fish and chips en el parque.

Él la amaba.

Snape dibujó una sonrisa torcida en su rostro y cambió el tema de la conversación.

—¿Qué hay de ti? ¿Ahora eres más responsable? —ella asintió—. ¿Solucionaste tus problemas con tu… tu ex?

Snape no se dio cuenta de que estaba conteniendo la respiración hasta que tomó una gran bocanada de aire. Hablar de alguien que te había lastimado no era fácil, nunca era fácil, sobre todo si esa persona fue alguien a quien amaste mucho. Mucho peor si esa persona era la razón principal por la cual habías cambiado tan radicalmente tu modo de ser. Él sabía lo difícil que podía ser responder esa pregunta. Hace un par de años, él mismo se vio atrapado en esa misma situación. Sin embargo, necesitaba preguntárselo. Quería saber cómo se encontraba la bailarina después de recibir su consejo.

—Pues… estoy en eso —confesó bajito—. Decidí responderle el mensaje… No fue muy largo, conversamos un poco por chat durante unos minutos. Sabes, cuando hablamos, no sentí tanto odio como antes, es más creo que ni siquiera estaba molesta, solo un poco resentida… muy resentida.

—Es comprensible. La verdad es que hablar con un ex puede ser muy difícil… ¿y cómo te fue?

—Pues, acordamos reunirnos pronto. Si voy a volver a bailar, es imposible que no me lo encuentre en los eventos. Me cruzaré con Ron y Lavender tarde o temprano, no puedo permanecer resentida todo el tiempo. Tenías razón, no es sano para mí —suspiró—. Acordamos reunirnos a tomar un café, platicarlo, cerrar todo lo que se tenga que cerrar… Ron se mostró muy abierto y accesible a decir verdad… Tengo algo de miedo, Severus. Tengo miedo de enojarme y decirle algo hiriente y empezar a pelear otra vez… ¿Qué debo decirle?

—Bueno, eso es algo que tendrás que averiguar por tu cuenta —aconsejó sin estar seguro de qué decir. No porque él hubiese pasado por algo similar significaba que un experto—, pero puedes empezar hablando de cómo se encuentra o cómo ha estado. Ve en son de paz y cada vez que sientas ganas de gritar o tal vez abofetearlo, solo toma aire… mucho aire y cálmate y, por sobre todo, prepárate para aceptar. Habrá muchos cambios que vendrán de un solo golpe, tendrás que aceptarlo así que prepárate para eso.

—Seguiré ese consejo, muchas gracias.

El perro de blanco pelaje empezó a jugar con su plato de metal, empujándolo con el hocico por el suelo hasta llegar a los pies del profesor. Lamarck no podía ser más directo, estaba exigiendo que lo alimentara inmediatamente. Snape rodó los ojos y se levantó para cumplir los caprichos de su mascota. Mientras llenaba el tazón con croquetas, su estómago empezó a rugir. Observó el reloj de pared y se percató que ya no faltaba nada para que fuera la hora de cenar. Podía irse olvidando de preparar algo elaborado. Por cuestiones de tiempo, debía optar por algo más sencillo.

—¿Qué haces ahora? —preguntó mientras abría el refrigerador.

—Estoy viendo que comer —contestó ella mientras sus dedos bailaban sobre el sensor táctil de la laptop, moviendo el cursor de un lado sobre las pestañas de Google—. ¿Qué debería ordenar? ¿Una hamburguesa o pizza? La verdad es que no sé qué comer. ¿Alguna sugerencia?

—¿Quieres una grasosa hamburguesa como tu cena de cumpleaños, Granger? —preguntó ofendido mientras revisaba que ingredientes tenía en casa— ¿Es en serio?

—No quiero salir de casa, ya me puse el pijama —replicó—. Gasté mis últimos ahorros del mes pagando mi renta, no puedo darme el lujo de pedir comida "sofisticada" ahora y, a diferencia de ti, no puedo cocinar espárragos con esa salsa deliciosa salsa que haces. Lo siento, Sr. Chef, pero no todos sabemos cocinar.

Aquella frase hizo surgir una idea, una muy loca idea, en la mente del profesor.

—Ve a tu refrigerador.

—¿Qué?

—Ve a tu refrigerador. Anda a tu cocina, revisa tu refrigerador y dime qué tienes.

—¡¿Qué?! Severus, no me voy a levantar de…—

—Mueve ese bonito trasero y ve a la cocina —ordenó con voz fuerte y firme, la misma voz que usaba para dar clases.

Tal vez, eso era lo que Hermione necesitaba oír porque se levantó de inmediato y siguió sus órdenes.

—¿Qué se supone que estoy buscando? —preguntó mientras revoloteaba de ahí a allá por su pequeña kitchenette.

Hermione había dejado su celular en altavoz junto al lavabo y hablaba a gritos mientras revisaba refrigerador. Una olla con agua hirviendo yacía sobre la hornilla de la cocina y la tapa de vidrio temblaba sobre esta. Por su parte, Snape acaba de poner una olla alta con agua a calentar y ahora se ocupaba de sacar su tabla y cuchillo para cortar los ingredientes que previamente había seleccionado. La castaña ya había hecho un desorden buscando todo lo que el profesor le estaba pidiendo, pero parecía que su escasa despensa no quería cooperar con ella.

—Vamos a cocinar, Granger. No voy a permitir que comas comida chatarra el día de tu cumpleaños.

Severus estaba confiado, muy confiado. Tal vez, demasiado. Estaban en su elemento, la cocina era lo suyo. Desde que era pequeño sabía cocinar. Tal vez no era un experto cocinero, pero a sus cortos ocho años ya sabía hacer arroz y freír huevos. Ahora, con 42 años y muchos años viviendo solo, su técnica de cocina había mejorado mucho, tanto así que estaba seguro que no existía platillo que no pudiera preparar. Tal vez sus primeros intentos no serían tan buenos, pero confiaba que, con práctica, cada vez saldrían mejores.

Sus amigos lo habían nombrado el chef oficial de todas sus reuniones —al menos cuando cocinaban y no contrataban a alguien para que cocinara— y en millones de ocasiones Draco había escapado de Malfoy House pues "no le gustaba lo que su nana cocinó". Incluso Valerie solía bromear diciendo que ella se había enamorado de él porque la alimentaba. La cocina era su escape, su elemento, sus dominios, el único lugar donde se sentía completamente seguro.

Y ahora lo estaba "compartiendo" con Hermione.

—Te recuerdo que no soy buena cocinando.

—Haremos algo simple, algo que todo el mundo puede hacer —la tranquilizó mientras abría sus propios gabinetes de su despensa—. ¿Tienes cebollas y tomates?

—Tengo… tengo… tengo huevos, lechuga a por montones, muchos champiñones, leche, mayonesa… creo que hay pollo —decía mientras revisaba dentro de su pequeño refrigerador—. Cebolla, cebolla, cebolla… No hay cebollas… ¡Tengo salsa de tomate! ¿Te sirve?

Snape cerró los ojos y estuvo a punto de llevarse una mano al rostro, pero el olor a cebollas que estaba impregnadas en ella lo detuvo. No le gustaba la idea de usar alimentos procesados. ¡No podías comparar una salsa de tomates hecha en casa con una de sobre comprada en tienda! Pero no tenían otras opciones.

—Sí, sí sirve —respondió inhalando profundo para no llorar debido al olor—. Bien, olvida las cebollas. ¿Tienes fideos?

—Creo que sí, déjame revisar —mientras vigilaba el agua de su olla la cual todavía no burbujeaba en su totalidad, Snape escuchaba el fuerte abrir y cerrar de puertas de gabinetes provenientes del departamento de Hermione. Era obvio que esa niña no sabía ni siquiera dónde estaban las tazas en su propia cocina—. Por cierto, ¿qué vamos a cocinar? Que no sea nada difícil, por favor.

—Haremos comida de universitario. Es rica, sencilla, te llena y es rápida de preparar —comentó mientras sacaba su propio paquete de fideos de uno de los gabinetes superiores de la alacena—. Cuando estudiaba en Oxford, vivía en la residencia universitaria y ahí había una cocina común. No siempre comía en el comedor o en restaurantes, así que me veía obligado a cocinar. No tenía mucho tiempo para hacer algo elaborado entre clase y clase, así que eran comidas de diez minutos, muy sencillas, con ingredientes baratos porque el bolsillo de un universitario becado no te permite compras muchas cosas, mucho menos si guardas todo en la cocina común y todos, TODOS, se comen la comida que TÚ compraste.

—Supongo que sí… ¡LOS ENCONTRÉ! —gritó sosteniendo el paquete de fideos en lo alto, como si acabara de encontrar un tesoro escondido o la ciudad perdida de El Dorado—. ¿Los pongo en la olla?

—¿Ya está hirviendo el agua?

—¿Cómo sé que está hirviendo?

Snape puso los ojos en blanco y respondió— Deben salir muchas burbujas.

—Ah, sí… Severus, tengo miedo de levantar la tapa, creo que se derramará el agua.

—¡Te dije que no lo llenaras mucho!

—Lo voy a apagar —la tapa tembló y dejó escapar un par de gotas calientes que, por fortuna, logró esquivar—. ¡Tengo miedo! —exclamó mientras apagaba la hornilla y la olla por fin dejaba de temblar. Temerosa, tomó un paño de cocina y envolvió su mano en él para poder levantar la tapa. Inmediatamente, una nube de vapor inundó la cocina.

—¡NO LO A…! Ya, olvídalo, olvídalo —el hombre revisó su propia olla y vacío una buena porción de fideos en ella, asegurándose de que todos se hundieran gracias a una cuchara de madera—. Retira un poco de agua de la olla con una taza y con mucho cuidado, no te vayas a quemar.

—¡Ay, mierda! —escuchó al otro lado y no necesitó pensar mucho para deducir lo que había pasado. ¡Hermione era más torpe que Lucius dentro de la cocina! — ¿Ahora qué hago? ¿Pongo los fideos?

—Sí —Hermione abrió el paquete y tomó una buena cantidad de ellos con ambas manos—. Ahora échalos en la olla con cuidado —los partió y hecho ambos grupos en la olla—. ¡Pero no los partas!

—¡¿Por qué?!

—¡La pasta no se parte!

—¡Mi olla es pequeña! ¡No entran!

Luego de muchas risas, gritos por parte de Hermione y desesperación por parte de Snape, ambos cocineros tenían listos sus fideos. Mientras que los de Snape estaban sazonados con tomate, cebollas, ajos y otros condimentos, Hermione exprimía todo lo que quedaba del envase de salsa de tomates y lo esparcía sobre su comida. Luego, a la señal del profesor, ambos abrieron una lata de atún —que nunca pueden faltar en casa— y mezclaron todo. Al final, obtuvieron tallarines con atún, los cuales estaban calientitos y olían muy bien.

Sí, muy sencillo y rápido, pero ¿sabría bien?

—Es atún, es imposible que sepa mal —respondió Snape dejando todo lo sucio dentro de lavabo.

—No sé… Creo que mi salsa estaba vencida, no sé —comentó nerviosa mirando su creación.

Al menos tenía buen color.

—Mientras no le hayas puesto demasiada sal, todo estará bien.

¡LA SAL!, pensó Hermione mordiéndose la lengua para no gritar.

Satisfecho con su trabajo, admiró su platillo el cual reposaba, aún en la olla, sobre la encimera de la cocina, desprendiendo delicadas espirales de vapor. Snape se sentía cómo un universitario de 20 años otra vez, preparando su cena en secreto para que no sus compañeros no se acercaran pidiendo comida. Sonrió. Se lavó las manos y recogió su celular para llevárselo al oído.

—¿Sigues ahí? —preguntó relajado.

—Sí, aquí estoy… No puedo creer que logré cocinar algo y no incendie el edificio —bromeó; sin embargo, Severus detectaba cierto toque de alegría, fascinación y hasta podía decir que satisfacción en su voz—. Acaba de hacer lo imposible, Sr. Snape. Me enseñó a cocinar… Muchas gracias.

—No hay de qué.

Hermione se mordió el labio inferior y esperó en silencio a que Snape siguiera hablando. Miró la hora en la pantalla de su celular y se dio cuenta de que ya llevaba hablando con el profesor alrededor de una hora. Ni siquiera con Ron había hablado tanto tiempo por teléfono —porque se veían casi todo el día, no era necesario—. La única persona con la que hacía eso era Ginny. Esta era la primera vez que hablaba por teléfono con alguien durante tanto tiempo. Sintió una sensación cálida por su cuerpo, una sensación que provocaba que sus mejillas se tiñeran de rojo.

Se siente bonito, pensó.

—Sabes, eh, dentro de unos minutos darán una película que me gusta mucho por televisión —interrumpió temeroso el profesor, arriesgándose a cambiar ese encantador silencio por una pregunta estúpida, pero que él consideraba muy importante. No estaba seguro de por qué estaba haciendo eso, solo se estaba dejando llevar por lo que sentía—. ¿Te gustaría verla conmigo?

La sintió sonreír al otro lado de la línea.

—Tal vez sea solo mi imaginación, pero ¿acaso me está invitando a una cita, Sr. Snape? —preguntó de forma juguetona, de seguro jugando con los rizos de su cabello.

—Tal vez, Miss Granger —susurró sonriendo de forma tonta—. Tal vez.

—Por supuesto que sí, sería nuestra primera cita —rio—. ¿En qué canal es?

—¿Tienes FOX?

—Sep.

—Prepárate y ponte cómoda, la película empieza en… —levantó la mirada para buscar el reloj de la cocina— diez minutos exactos.

—Perfecto. Iré a lavarme las manos y preparar mi plato, no me cuelgues.

—Yo haré lo mismo, nos vemos en 10.

—Nos vemos en 10.

Ambos dejaron sus respectivos celulares en un lugar seguro. En el caso de Hermione, sobre el sofá de su casa. En el de Snape, sobre la mesa de la cocina. En cuanto activaron el botón "silencio", ambos procedieron a alistarse para su "cita".

Hermione prácticamente arrojó su móvil sobre su sofá para luego salir corriendo en dirección al baño. Usó el toilet, se lavó la cara y peinó esos enredados rizos lo mejor que pudo. No tenía sentido, ellos no harían videollamada ni nada parecido, pero nunca se sabe. Entró a su habitación para buscar su cargador y luego fue a la cocina a servirse aquella pasta mal preparada, pero que al menos era comestible. Tomó un plato grande y hondo de sopa y en él sirvió todo lo que pudo para no tener que tirar el resto a la basura más tarde. Revoloteo por los cajones, buscando servilleta y tenedor. Llenó su botella de agua hasta el tope y la llevó hasta el sofá, dejándola a un costado sobre el suelo. Encendió el televisor y, rápidamente, buscó el canal FOX. Corriendo, fue por su plato y se sentó sobre el sillón ya con todo listo para empezar la película.

Por su parte, Snape primero sirvió la comida sobre la pequeña mesa de su cocina, teniendo sumo cuidado con la presentación del plato, como si le estuviera sirviendo la cena a un invitado. Colocó su comida en la mesa junto a un vaso y cubiertos y luego se dirigió al baño más cercano para lavarse las manos y usar el toilet aunque no tuviera ganas. Se lavó la cara y verificó parecer una persona decente y no un vago. Al acabar, dio largas zancadas de regreso a la cocina, encendió el pequeño televisor que tenía ahí y buscó el canal mencionado.

Cuando los dos estuvieron listos, desactivaron el silenciador y esperaron que el otro hablara por medio del altavoz.

—¿Estas ahí?

—Sí, aquí estoy.

Ambos sonrieron.

—Bueno, mi querida Miss Granger —empezó Severus, levantando su vaso de agua hacia al frente, como si ella estuviera al otro lado de la mesa—, brindo por usted, por su buena salud, por su futuro gran éxito en audiciones y concursos y por un muy feliz cumpleaños —estuvo a punto de cortarlo ahí, pero quiso agregar algo más—. Brindo porque es una de las personas más fascinantes que pude encontrar en mi vida y porque sé que llegará muy lejos y espero estar ahí para verlo. ¡A su salud!

—Oh, me halaga, Sr. Snape —respondió ella alzando su botella de agua también hacia al frente, en dirección al televisor, como si su alumno se encontrara tras la pantalla. Río ante esa idea—. Brindo por esta maravilla cena de fideos y atún preparada especialmente por usted y brindo por la mejor compañía que podría tener para compartir las últimas horas de mi cumpleaños.

—¡Salud!

—¡Salud! —se llevaron sus respectivas bebidas a los labios y concluyeron su brindis. Hermione pensó que nunca antes el agua supo tan bien—. Hmm... por cierto, Severus, ¿qué película veremos? —No necesitó ni cinco segundos para averiguarlo pues antes de que Severus fuera capaz de responder, la televisión ya estaba anunciando la siguiente película de su programación. Hermione dejó su tenedor en su plato y se cubrió la boca con una mano—. No-puede-ser.

—¿No te gusta?

—¿Bromeas? La habré visto cientos de veces. Es la película favorita de mi mamá —respondió en voz alta, riéndose de la situación—. Solo que no esperaba que a ti te gustara. Es decir, no pareces de los que miran comedias románticas clásicas.

—Granger, soy británico, ver esta película es casi como una obligación —comentó mientras se llevaba un bocado a la boca.

Hmmm... delicioso, pensó mientras los sabores lo trasladaban a sus años universitarios, cuando debía tener más o menos la misma edad que Hermione tenía ahora.

—Quien lo diría. A Severus Snape le "Un lugar llamado Notting Hill" —Severus dibujó una sonrisa avergonzada que obviamente nunca mostraría en público, pero que, en la intimidad de su hogar, sí se la podía permitir—. ¡Ya empieza la canción!

Mientras comía sus sencillos, pero deliciosos fideos con atún y escuchaba a la bailarina cantar de manera desafinada toda la canción principal de la película, Severus sintió que algo crecía dentro de su corazón. Una sensación cálida se albergaba ahí dentro, expandiendolo al grado de sentir que su corazón explotaría. Podia jurar que su corazón no cabía en su pecho. Se sentía realmente muy feliz, verdaderamente muy feliz. Feliz como no lo había sido en mucho, mucho tiempo.

Sabía que Hermione no estaba ahí, sabía que había una hora y algo más de distancia entre ellos, sabía que 6 estaciones metro los separaba el uno del otro y, aun así, nunca la había sentido más cerca de él, ni siquiera cuando dormían juntos, abrazados en la intimidad de su cama. Ahí, en la mesa de su cocina, comiendo mientras escuchaba la voz de la castaña al otro lado de la línea, en su propio apartamento donde, de seguro, ella se encontraba en la misma situación, era justo ahí, en ese momento, donde sentía que ella estaba a su lado.

Era justo ahí donde, por fin, dejaba de sentirse solo.

Nunca sabría cuándo adquirió ese hábito de ver predecibles y tontas comedias románticas de los 90 y, para ser honestos, tampoco le interesaba buscarle una explicación. Simplemente le gustaba, eran su gusto culposo. Aunque las historias, a veces, eran repetitivas o las situaciones demasiado convenientes para la trama, él seguía mirándolas y seguía disfrutando de ellas como si fuese la primera vez. Nunca se había atrevido a confesar su gusto en voz alta. Ya podía escuchar la burla de sus amigos si alguno llegase a enterarse de eso, sobre todo, las burlas de Bellatrix o de Lucius quienes, probablemente, lo recordarían hasta el final de sus días.

Solo hubo una vez en la que pudo compartir su gusto por ellas, aunque todavía en secreto, y fue durante el tiempo que estuvo con Valerie. A la ex Srta. Kay le gustaba ver películas románticas, tal vez no todo el tiempo, pero sí que las disfrutaba. Él solía acercarse, como quien no quiere la cosa cada vez que la encontraba viendo una de esas películas clásicas en el televisor y se quedaba con ella, mirando atento a la trama.

Sin embargo, ahora no tenía que ocultarlo.

Se sentía bien ser honesto.

—¿Y qué harás ahora? —preguntó un tanto adormilada.

Hace ya un buen rato que habían terminado de cenar. Hermione ya había limpiado todo y sacado la basura. Snape ya había lavado los platos y sacado a Lamarck al patio por última vez. Ahora, ambos se encontraban sentados en sus respectivos sofás, viendo los créditos finales de su película.

—Me iré a dormir. Mañana tengo que dar clases temprano.

—Yo también. Le prometí a la profesora McGonagall que mañana estaría ahí a primera hora para suplir a una de las profesoras del curso de ballet de la mañana.

—Bien… eh… te dejaré dormir entonces —contestó de forma insegura.

Sabía que no era una cita ni nada parecido, sabía que Hermione no se encontraba ahí junto a él, pero se sentía cómo si así lo fuera. Podía verse a sí mismo, afuera del edificio de la castaña, despidiéndose de forma torpe después de una agradable cena en algún elegante restaurante en un intento por impresionarla. No recordaba la última vez que tuvo una cita real, pero reconocía esa sensación de inseguridad propia del final de una.

—Buenas no…—

—Aún no tengo sueño —lo interrumpió al instante, decidida a no acabar con su charla—. ¿Qué tal si nos preparamos para dormir y seguimos hablando después?

—No sé.

—¡Por favor! ¡Por favor! ¡Por favor! —rogó mientras se levantaba del sofá y empezaba con la rutina de revisar las ventanas y puertas y apagar luces— Hazlo por mí. ¿Sí?

—… Realmente haces difícil decirte que "no".

Tal como sucedió antes, ambos dejaron el teléfono en silencio sobre sus mesitas de noche o cama y procedieron a alistarse para dormir. Usaron el toilet, se cepillaron los dientes. Hermione buscó un peine y procedió a desenredar sus rizos y hacerse una trenza para que su cabello no pareciera un arbusto mañana por la mañana. Por su parte, Severus buscaba la parte superior de su pijama oscuro mientras se paseaba solo en pantalones por su habitación.

Lamarck lo había seguido en todo momento. El can acababa de instalarse sobre la cama de su amo, acostándose a los pies de esta, rodeando con sus patas su peluche de pato.

Finalmente, ambos se acostaron en sus respectivas camas, listos para una noche de merecido sueño después de un día tan largo.

—Hola.

—Hola

—¿Estás cansado?

—Un poco... ¿y tú?

—No en realidad... Severus, ¿puedo decirte algo?

–De todas formas, lo harás —respondió ahogando un profundo bostezo. Fue tan contagioso que hizo bostezar a la propia Hermione. Ni siquiera Lamarck se salvó de bostezar—. ¿Qué es?

—Esta es la charla más larga que hemos tenido tú y yo alguna vez —susurró junto al aparato que yacía a un lado de su rostro—. Nunca habíamos hablado tanto, ni siquiera cuando íbamos a correr al parque o cuando pasaba las tardes allá.

Ambos se quedaron en silencio después de eso, reflexionando. Dentro de Hermione, surgió la culpa. Se sintió mal por no haberle dado al profesor una verdadera oportunidad para conocerla e intentar formar algo. Él tenía mucho que enseñarle, mucho que compartir con ella, parecía ser bueno y honesto. Él le había abierto su corazón y ella solo lo había pisoteado.

—Severus, lamento no haber sido más sincera contigo.

—No tienes porqué disculparte, Hermione, ya hablamos de eso —contestó de manera calmada—. Ya pasó. Estás aprendiendo de tus errores, estás madurando, estás creciendo y, en serio, me alegro por ti. Mereces ser... Todos merecemos ser felices —se corrigió.

Todos merecían ser felices. Él, ella, todos merecían tener un poco de felicidad en sus vidas.

—Gracias.

Una vez más, silencio.

—Ya es tarde. Será mejor que nos vayamos a dormir —comentó el profesor volviendo a bostezar y acomodándose sobre la cama—. Mañana hay que trabajar.

—Pero aún no tengo sueño.

—Granger, llevamos hablando como... —contó con sus dedos mentalmente— cerca de cuatro horas.

—¿No quieres hablar conmigo? —preguntó de forma infantil, haciendo un puchero y fingiendo indignación— No hemos hablado en… ¿cuánto? Un poco más de medio mes. Te he extrañado mucho, necesito recuperar el tiempo perdido.

—Her…—

—Además, aún es mi cumpleaños, tienes que hacer lo que yo quiera hasta que acabe el día —le recordó—. Solo hasta que sean las doce. Ya no falta nada.

—En serio es imposible decirte que no —volvió a suspirar mirando la hora. Podía aguantar un poco más, pensó—. Bien, ¿de qué quieres hablar?

—No lo sé —Snape puso los ojos en blanco. No había esperado esa respuesta, pero tampoco era algo que le sorprendiera—. Eh… ¿Cuál es tu color favorito?

—¿Qué?

— Quiero saber más de ti, pero no sé qué preguntar.

—Gracias por la honestidad —respondió con sarcasmo.

—¿Cuál es tu color favorito?

Snape se acomodó sobre su cama, apoyando su cabeza contra la almohada y mirando hacia el techo. Su teléfono estaba a su lado, en altavoz, permitiendo escuchar la respiración de Hermione al otro lado de la línea.

¿Cuál era su color favorito? Nunca se había puesto a pensar en ello a profundidad.

—Eh, no lo sé… Supongo que el negro. La mayor parte de mis camisetas son de ese color.

—Interesante elección —le respondió—. ¿Sabías que, psicológicamente hablando, el negro genera sensación de duda y misterio en las personas? Nos provoca sensaciones tanto de miedo como de curiosidad. Leí que se asocia con la juventud e imparcialidad, nos genera confiablidad y hasta puede ser atractivo. También es un color sobrio y formal.

—Felicitaciones, Granger, acaba de abofetearme con su inteligencia —bromeó impresionado— ¿Cómo sabes todo eso? ¿Te tragaste una manual de psicología o qué?

—De pequeña me gustaba leer sobre la psicología del color —explicó—. Lo usaba para elegir los colores de mis vestidos para los concursos. Así podía despertar algunas emociones en los jurados… Antes de que digas algo, no es trampa, no hay reglas que te impidan usar trucos psicológicos en el jurado. Además, de por sí el ballroom es una competencia muy subjetiva. Que use las emociones a mi favor me parece justo.

Snape dibujó una pequeña sonrisa de lado— ¿Qué más puedes decirme sobre el color negro?

—Hmmm… Se asocia con la idea de elegancia, lo que suele sugerir seguridad y fuerza, así como distintivita, pero también puede provocar sensaciones de intimidación, distancia y arrogancia si se da en exceso… Las personas que lo usan mucho, generalmente, es porque buscan sensaciones de protección y de atenuación de lo emocional, incluso a la restricción e inhibición de sus expresiones —añadió en voz baja al ver hacia donde se dirigían sus palabras. Snape parpadeó un par de veces analizando la nueva información. ¿Acaso Hermione lo acababa de analizar? Hizo un apunte mental para recordar preguntarle a Sharpe acerca de eso en su próxima sesión—. Creo que te sienta bien. Resalta tu piel.

—Gracias… ¿Qué hay del tuyo?

—Pues… En las competencias usaba mucho los colores rojo y azul… más rojo que azul, así que creo que elegiré rojo —respondió haciendo memoria de todo lo que conocía sobre el color rojo—. Es un color muy complejo. Tiene muchas cosas buenas como malas. Por un lado, representa el calor, la pasión, la energía. Se asocia con la fuerza, el poder, la vitalidad, la felicidad, la prosperidad… el amor y la sensualidad. Es un color que se puede asociar al éxito. Es muy atractivo. Es por eso que siempre me ponía un vestido rojo en competiciones que encontraba muy difícil. Hacía que los jurados me prestaran más atención.

—¿Y cuál es la parte mala?

—… Se vincula con el comportamiento violento, la agresividad, el odio, la falta de control, el peligro… Creo que, al dolor, la destrucción, crueldad… a la muerte porque se asocia con la sangre. Es por eso que usaba los vestidos rojos con bailes más suaves, como el vals o la rumba. Si eran bailes muy fuertes, podía dar un mensaje erróneo a jurado... También es un color muy competitivo... Creo que por eso me gusta.

—Bueno, en eso te doy la razón. Eres muy competitiva.

—Tal vez —rio—. Es tu turno. Hazme una pregunta.

Snape cerró los ojos y pensó. Esta era su oportunidad. Hermione le estaba otorgando la oportunidad de conocerla y debía aprovecharla.

—¿Tienes hermanos?

—No, hija única, aunque me hubiese gustado tener un hermano, no una hermana. Hermano. Mis padres trabajaban casi todo el día, por eso me pusieron a estudiar ballet, para que mantuviera ocupada en algún lugar mientras ellos trabajaban. Me hubiese gustado tener un hermano mayor que pasara el tiempo conmigo. Ya sabes, que me llevara al parque a jugar y cosas así… ¿Qué hay de ti? ¿Tienes hermanos?

—Igual que tú, hijo único —no quiso comentar más acerca de ello.

A diferencia de Hermione, tener un hermano en las condiciones en las cuales creció hubiese sido una tortura. De por sí, su madre tenía que hacer malabares para alimentar a tres bocas todos los días. Tendría que haber hecho milagros para alimentar a cuatro o cinco personas dentro de la casa. Sin mencionar la violenta presencia de Tobías en ella. Sí, crecer en la casa de La Hilandera no era recomendable para nadie, sobre todo para un niño.

—¿Qué le dirías a tu yo de quince años? —preguntó sacándolo de sus pensamientos.

—¿Qué le diría a mi yo de quince? —repitió en voz alta más para sí mismo— Pues… que las cosas van a mejorar. Que no importa que tan malo sea el panorama, todo va a mejorar. Que tenga paciencia, que se esfuerce mucho y todo saldrá bien —respondió con rastros de nostalgia—. Que no espere tantos años para ir a terapia, que es necesario… Que perdone a sus padres, que llame más seguido a mamá —Hermione notó cierto rastro de dolor en sus palabras y se arrepintió de haber preguntado. El profesor tomó una profunda respiración y trató de controlarse aligerando el ambiente— y que no coma lácteos en la noche o terminará en el hospital —ella rio—. ¿Qué le dirías a tu yo de quince?

—Hmmm… Que se divierta un poco, que no se presione mucho, que se relaje. Habrá tiempo para los concursos más adelante. No debe desaprovechar su adolescencia, no volverá. Que salga con amigos, que acepte ir a los viajes familiares y visitar a los primos. Que no descuide sus relaciones… que haga tiempo para sus padres y amigos.

Supuso que, al igual que él, Hermione también tenía muchas cosas que lamentaba.

Optó por cambiar el tema.

—¿Cuál es tu edificio favorito en Londres?

—Hmmm —meditó por unos segundos—. Creo que el edificio de la Royal Opera House. Es muy bonito. Tiene espacio para cerca de 2200 personas, cuatro niveles y muchos palcos. Es un edificio lleno de historia, ha visto a pasar cientos y cientos de personalidades —agregó entusiasmada—. De pequeña, cuando aún hacía ballet, mi sueño y el de mis amigas era ser parte del ballet de la Royal Opera House. Es todo un honor serlo… Fue el primer lugar que visité en cuanto llegué a Londres, ¿sabes? Era como estar en un sueño.

—De seguro que sí.

—¿Qué hay de ti?

—Mi edificio favorito… Hmmm… Creo que el Gherkin.

—¡Me encanta ese edificio! —exclamó— Nunca supe cómo fue que lo construyeron. Es decir, tiene una forma muy peculiar. Es como un pepinillo, bueno, por eso su apodo, pero es una forma extraña. No es recta ni ovalada por competo y está hecho de cristal. ¡Es increíble!

—Bueno, Foster, su arquitecto, es un genio. Creó un rascacielos de 180 metros de altura, usando una estructura de acero y cristal. ¡Acero y cristal! ¿Sabes lo delicado que es hacer este tipo de estructuras? Este es, al menos para mí, uno de los edificios más interesantes que he visto y te diré por qué —empezó con entusiasmo, dejándose llevar por todos los conocimientos que almacenaba en su cabeza—. Primero, la forma. Foster olvida la estructura clásica prismática de los rascacielos que vemos por todos lados y, en su lugar, opta por una figura aerodinámica que reduce el impacto de la fuerza del viento.

—¿El viento? ¿Qué tiene que ver el viento?

—Pues… Verás, los edificios, en general, son como una caja, un prisma rectangular. Esto genera una normal que, apoyada por el peso y la misma gravedad, crea una estructura firme, recta e inmóvil… si fuese un edificio de una planta o dos, pero estamos hablando de rascacielos de 30, 40 pisos. La fuerza del viento genera una normal horizontal en los lados del edificio, la cual carga y empuja de forma positiva a medida que la fuerza o dirección del viento cambia, provocando que la estructura se deforme y se incline hacia la derecha o izquierda.

No había que olvidar que Snape era un físico y, como físico, le gustaba aplicar la física a todo lo que pudiera encontrar en su entorno. Usaba la física en clases pues era profesor de ese curso. Usaba la física para cocinar pues hacía uso de la termodinámica, el calor o los propios cambios de estado del agua. Usaba la física cuando bailaba pues calculaba los pasos, la velocidad, la fuerza, el tiempo, la rotación e inclinación de cada movimiento. Por supuesto, era imposible que no hubiese aplicado la física para examinar aquel edificio que tanto le encantaba.

Como si se tratase de una clase más en el Hogwarts, Snape empezó a explicarle todo el funcionamiento del edificio creado por Foster.

—¿Cómo la torre de Pisa?

—No exactamente, pero sí, se inclinan. Los rascacielos necesitan de un refuerzo diagonal en cada una de sus estructuras para que sujeten el edificio y no se incline. Es fundamental esta estructura o, simplemente, se caerían con el tiempo y, lo que hace Foster, es crear directamente una malla triangular para ahorrarse usar los refuerzos. ¡Simplemente ya no es necesario usarlos! ¿No es fascinante?

La voz de Severus era enérgica, parecía olvidar por completo que ya era de noche y tenía que dormir.

Hermione sonrió con ternura, sintiéndose feliz por el simple hecho de haber encontrado algo que despertara la pasión del profesor—. Lo es… Oye, ¿y cómo hace para dar la ilusión de estar retorcido? El Gherkin es como un tornillo, es como un espiral, pero es plano. ¿Cómo hace eso?

—Qué bueno que preguntas. Pues verás, es debido a los pisos del mismo edificio. Sus pisos, en lugar de ser círculos o cuadrados perfectos, tiene la forma de una flor de seis pétalos y eso hace que…—

Siguieron hablando por el resto de la noche, hasta alta horas. Poco a poco, la fuerte y clara voz de Severus se convertía en susurros somnolientos los cuales tuvo que repetir en más de una ocasión ya que la castaña al otro lado de la línea no entendía lo que decía. Probablemente, más por el hecho de que ella también se estaba quedando dormida y no por la mala vocalización del mayor. A medida que iban pasando los minutos, las largas preguntas e inteligentes comentarios de la castaña se transformaron en simples "Hmmm" y "Ajá", combinados con cansados bostezos.

Finalmente, ambos se quedaron dormidos, todavía escuchando la calmada respiración del otro por medio de los altavoces de sus respectivos celulares.

En la intimidad de su pequeña habitación, rodeada de mullidas almohadas y peluches de animales, Hermione Granger dormía abrazada a uno de sus almohadones más grandes. Sus pequeñas manos se aferraban a este y su mejilla izquierda descansaba sobre la suave superficie de algodón. Su cobertor de colores la cubría de pies a cabeza, dejando tan solo un espacio alrededor de su rostro para que pudiera seguir respirando. Justo al lado, sobre otra almohada, su teléfono yacía inmóvil, reproduciendo la respiración y los ligeros ronquidos del profesor.

Un par de estaciones de metro más al norte, en Southfields, en la inmensidad y soledad de su dormitorio, Severus Snape ya se encontraba en los brazos de Morfeo. Durmiendo del lado derecho de la cama —ya que Lamarck se encontraba muy cómodo ocupando el izquierdo—, Snape descansaba sujetando su celular con una mano. Su respiración rápidamente se acompasó con la bailarina y era lo único de lo cual era consciente, incluso en sueños.

Todo lo que podía percibir era la calmada respiración de Hermione a su lado.

En sus sueños, la respiración no provenía de un celular, sino de ella en persona. A su lado, entre sus brazos, escondiendo su cara sobre su pecho y brindándole el calor que solo ella podía darle, Hermione dormía a su lado, enredando sus piernas con las de él. Snape elevaría sus brazos por su cuerpo, acariciando sus caderas y subiría por su espalda para acercarla más a él.

Ella solo suspiraría.

Les esperaba una corta noche de sueño, pero la aprovecharían lo mejor que pudieran, después de todo, se tenían el uno al otro a tan solo una llamada de distancia.

Ninguno se daría cuenta cuando dejaron de escuchar sus respiraciones. Después de horas, la llamada por fin se había cortado.

El celular de Hermione marcaba 36% de batería.

El de Snape ya estaba muerto.


HOLISSS! SIGO VIVA!

SIN DUDA, ESTAS DOS SEMANAS (O TAL VEZ UN POCO MÁS) HAN SIDO UNA COMPLETA LOCURA. PRIMERO MI PRECIOSO JOHNNY DEPP PIERDE EL JUICIO CONTRA THE SUN (UN PERIODICO QUE DE POR SÍ YA DETESTO). Y DE PASO, SU PAPEL COMO GRINDELWALD. SIEMPRE HE ADMIRADO A DEPP (FUE MI PRIMER CRUSH) ENTONCES COMO QUE ME AFECTO ANIMICAMENTE. LUEGO HAY UN GOLPE DE ESTADO EN MI PAÍS (PERÚ). NO ME GUSTA LA IDEA DE SALIR ESTANDO EN PANDEMIA, PERO COMO PERUANA TENÍA QUE SALIR A PROTESTAR Y APOYAR A MI PAÍS EN UN MOMENTO TAN CRUCIAL. FUE MUY DURO E IMPACTANTE PARA MÍ, NUNCA ANTES HABÍA ESTADO EN UNA PROTESTA, PERO ESTUVE APOYANDO EN TODO MOMENTO, YA SEA EN LAS CALLES CON MI CARTEL O POR REDES SOCIALES DIFUNDIENDO INFORMACIÓN (#GENERACIÓNBICENTENARIO). AFORTUNADAMENTE, LAS COSAS PARECEN CALMARSE. Y, OBVIAMENTE, NO PUEDO DEJAR DE LADO LA UNIVERSIDAD QUE, DE POR SÍ, YA ES TERRIBLE.

EN FIN, NO QUIERO DAR EXCUSAS. AQUÍ ESTÁ EL CAPITULO, REALMENTE ESPERO QUE LES GUSTE. NO PENSÉ QUE ME QUEDARÍA TAN LARGO. EN EL WORD DICE QUE SON 47 PÁGINAS, NO TENGO IDEA. SE SUPONÍA QUE EL FINAL SERÍA DIFERENTE, EN REALIDAD ERA TOTALMENTE LO OPUESTO A ESTO E IBA A AGREGAR MÁS COSAS DE LA TERAPIA, PERO DECIDÍ CAMBIARLO PORQUE, PRIMERO, NO ME PARECÍA QUE IBA DE ACORDE A CÓMO HE ESTADO PLANTEANDO LA HISTORIA (ERA UN CAMBIO MUY BRUSCO) Y, SEGUNDO, NO TENÍA TANTO TIEMPO COMO PARA SEGUIR INFORMANDOME PARA EL FIC.

HABLAR DE TEMAS RELACIONADOS A LA TERAPIA Y EL ABUSO ES MUY DELICADO Y MERECE MUCHO RESPETO. ESTUVE LEYENDO, DOCUMENTANDOME PARA ESO. YO SÉ QUE ES POQUITO Y TAL VEZ NO MUY PROFUNDO, PERO PREFIERO TOMARME EL TIEMPO DE LEER Y APRENDER SOBRE UN TEMA TAN DELICADO COMO LA VIOLENCIA DOMESTICA QUE SOLO DESCRIBRIR COSAS QUE YO SUPONGO QUE PASAN.

EN FIN, SI LLEGASTE HASTA AQUÍ, GRACIAS POR LEER, GRACIAS POR APOYARME, GRACIAS POR SEGUIR LA HISTORIA Y COMENTAR. EN SERIO, ME ALEGRA SABER QUE HAY PERSONAS QUE LES GUSTA LAS INCOHERENCIAS QUE ESCRIBO. ESPERO QUE HAYAS DISFRUTADO Y PUES, LOS QUIERO MUCHO. NO LOS CONOZCO, PERO SON MUY ESPECIALES PARA MÍ.

BESITOS! BESITOS! CHAU! CHAU!