CAPÍTULO 29

No sé cómo iniciar este capítulo.

Me da flojera pensar.

No debería sorprenderte, tengo flojera todo el tiempo.

Probablemente se deba a mi TDAH no diagnosticada y a mi permanente falta de motivación.

¡Já! Tal vez he ahí la razón por la cual procrastino tanto.

¿Saben quién más procrastina tanto?

Daniela.

¿Quién carajos en Daniela?

La mejor amiga de Nancy.

¿Y quién es Nancy?

La chica que se sienta junto a Timothée Clarke.

¿Y quién es este Timothée Clarke? ¿Lo conozco?

Claro que lo conoces. Es uno de los prefectos de último año del colegio Hogwarts.

Aunque no lo parezca la mayor parte del tiempo —gracias a mi gran flojera—, existen muchísimos más personajes dentro de esta historia que merecen tener su propio momento para brillar.

Sí, sí, yo sé que lo que quieren leer son las múltiples referencias y los momentos románticos fanservice entre Snape y Hermione, después de todo, para eso están aquí. ¡Obvio!

Pero nos estamos olvidando de los personajes más importantes, después de los protagonistas. Esos personajes que le dan sazón a la vida; aquellos que, aunque no tengan una vital importancia para el desarrollo de la trama, siguen siendo divertidos de leer.

Sí, así es.

Hablo de los alumnos de Hogwarts.

Específicamente, los alumnos de último año.

—Terminen de copiar, por favor —anunció la docente de turno en voz alta—. Borraré la pizarra en ocho minutos para comenzar con la evaluación oral. Ya saben, solo entran los temas 11, 12 y 13.

Era miércoles, mitad de semana, y se encontraban en la primera hora de su tercera clase de la mañana, Geografía, cuando ocurrió uno de los eventos más impresionantes en la historia de Hogwarts, un evento que trascendería la barrera de tiempo por medio de las futuras generaciones, pasando de boca en boca como una de las leyendas urbanas más conocidas dentro de la institución.

Ellos no lo saben aún, pero lo que estaban a punto de vivir, cambiaría para siempre su forma de ver a sus maestros.

O por lo menos a uno de ellos.

—¡Ay! —bostezó Daniela, estirándose todo lo que podía sobre la mesa de su pupitre—. Hmmm… Tengo hambre —sollozó lagrimeando mientras se dejaba desesperanzada.

—¿Otra vez, Daniela? No tendrías hambre si hubieses desayunado bien —le reprendió Nancy en voz baja mientras selecciona tres marcadores de colores para decorar el subtítulo de su cuaderno—. Te dije que ese jugo no te iba a llenar.

Aish, ya te dije que sí me llenó en el momento —se quejó mirando hacia la sección de la pizarra que aún le faltaba copiar. La cantidad de información que tenía que escribir era abrumadora, pero más abrumadoras eran las protestas de su estómago caliente por la falta de alimento—. Pero ya va a ser hora del almuerzo y tengo hambre.

—Todos tenemos hambre, Srta. Simons —Daniela cerró los ojos con pesar al escuchar a su profesora, Aurora Sinistra, hablarle directamente a ella en voz alta. La morena de ojos pardos y trenzas apretadas la observaba con atención desde su escritorio al frente de la clase. Una de sus cejas estaba enarcada y una sonrisa burlona amenazaba con dibujarse en su alargado rostro—. Así que le sugiero que termine de copiar rápido para que sea la primera en dar su examen y pueda irse antes.

—Sí, profesora —susurró avergonzada enderezándose al instante para ponerse a escribir como si su vida dependiera de ello.

Genial, ahora no solo tenía hambre, sino que también tendría que ser la primera en salir al frente a responder las preguntas sorpresa. ¡Maldita sea su suerte!

—Y, por favor, espero que esta vez tenga la amabilidad de hacer legible su letra si no es mucho pedir —continuó ocultando su sonrisa tras el libro que sostenía en sus manos—. Enseño Geografía, no Gramática Egipcia. No sé leer jeroglíficos, Srta. Simons.

Una breve risa colectiva hizo acto de presencia en el salón tras el comentario, pero desapareció tan pronto como la profesora colocó su dedo índice sobre sus labios.

A buen entendedor pocas palabras.

O, en este caso, ninguna.

Los alumnos volvieron a sus asuntos y Sinistra volvió a su libro lleno de apuntes y líneas resaltadas con marcadores neón. Estaba revisando una vez más las preguntas que tomaría dentro de unos minutos para la evaluación mensual. Había estado repasando los últimos tres temas vistos en clase durante esas semanas y había llegado a la conclusión de que eran tan complejos que sería un abuso incluir temas anteriores para este examen. Ya tenía suficiente material con el cual trabajar, podría sacar unas 15 o 20 preguntas por cada tema, así que seguiría su plan de evaluación inicial sin algún contratiempo.

Claro, primero tenía que calcular un aproximado de cuánto tiempo invertiría cada estudiante en contestar sus preguntas. Solo le quedaban 30 minutos antes de la hora de almuerzo, por lo que no tenía otra opción más que dividir el salón para tomarle el examen a la primera mitad ahora y a la segunda, después de comer.

Sinistra levantó la cabeza y empezó a contar mentalmente todas las cabezas de su salón.

"22, 23, 24, 25..."

Sus ojos pardos automáticamente se detuvieron en el tercer pupitre de la última columna de la izquierda. Estaba vacío a pesar de que tenía libros y una mochila en él. Los materiales de estudio perfectamente ordenados indicaban que llevaba un buen tiempo abandonado, pues la persona que estuvo ocupándolo sabía que se iba a tardar en regresar.

Qué extraño, pensó. No recordaba haber dado permiso al baño a ningún estudiante.

—¿Quién falta? —preguntó en voz alta captando la atención de todos.

—Diane Dashwood, profesora —respondió Timothée Clarke cumpliendo sus funciones de prefecto.

—Ah, ella... ¿Dónde está? ¿Entró a clases? —preguntó confundida— No recuerdo haberla visto hoy.

—Es que no ha entrado, profesora —explicó una chica de cabello rubio y diadema en la cabeza—. Dijo que tenía que hacer unas cosas con el equipo de noticias del colegio, así que me encargo que dejara sus cosas aquí, pero no se preocupe, me dijo que sí iba a venir.

—¿Cree que demore?

—Hmmm... Un poco —contestó dudosa—. Tal vez esté para la segunda hora.

—Bien, entonces moveré su examen para después de almuerzo —dijo anotando el nombre de la muchacha en su hoja de registro—. Avísale que no falte porque necesito llenar estas notas y si no se presenta, tendré que ponerle 0.

—Sí, profesora.

Sinistra revisó una vez más las columnas vacías de su registro. Todavía le faltaba completar dos notas antes de fin de año. Tenía que administrar el poco tiempo que le quedaba con precisión. Por experiencia propia, sabía que diciembre pasaba súper rápido y, debido a las fiestas navideñas, era la época en la que los alumnos más se relajaban.

Cerró su carpeta y suspiró con cansancio. Al frente sus alumnos seguían copiando y el reloj de pared no dejaba de avanzar. Aburrida, desvió su mirada hacia las ventanas del salón. La luz fría de invierno atravesaba los cristales y, gracias a la altura que implicaba encontrarse en el tercer piso de la institución, una vista despejada del cielo grisáceo de Londres deleitaba sus ojos.

No pudo evitar preguntarse con curiosidad qué "exclusiva" tendría para presentar el equipo periodístico del colegio esta vez.

Siempre la hacían reír con sus ocurrencias.

Esperaba que esta vez no fuese la excepción.

—"Hola, Tulio. Me encuentro aquí, reporteando desde Saint John's Street, frente a la puerta sur a la vuelta del colegio. Como dato te puedo decir que aquí hace mucho frío. Así que, para otra vez, no voy a venir con falda, voy a venir con pantalón. Eso. Más adelante, otro interesante informe".

Diane Dashwood, con micrófono en mano y determinación en la voz, cumplía con su tarea periodística en una de las calles principales que rodeaba su casa de estudios. Era su último año, se graduaría en junio, lo que significaba que debía aprovechar cada oportunidad que tenía para seguir jugando a la periodista intrépida antes de irse a la universidad a estudiar diez semestres para, por fin, cumplir su sueño de trabajar para la BBC.

Desde luego, no podía comparar la —de seguro— increíble experiencia de ser reportero de la BBC News con la de reportar para el canal de YouTube del taller periodístico escolar, pero todo aprendizaje, por más pequeño que fuese, contaba. Hablar frente a la cámara desde tan corta edad e interactuar con extraños en la calle de forma constante la estaban preparando para que, en el futuro, no tuviera miedo de enfrentarse a entrevistas reales con personas reales.

Solo rogaba que sus futuras "exclusivas" fueran mejor que las actuales.

—"Ahora, en exclusiva, el ruido de la calle" —dijo acercando su micrófono al cruce de Saint John con Spencer Street. La zona estaba relativamente tranquila, apenas sí pasaba uno que otro auto. Lo único que parecía tener vida era el semáforo que cambiaba de rojo a verde cada dos minutos—. ¡Shhh!... Qué silencio".

Por lo general, sus reportajes solían ser mucho más interesantes que esto, es decir, ¿quién carajos hace una nota periodística sobre el ruido de la calle? ¡Nadie! Pero por alguna razón que no podía comprender, el día de hoy estaba muy lento. Demasiado. ¡Literalmente no estaba pasando nada en la calle! Casi no había vehículos y los pocos que veía estaban estacionados. No había gente caminando, ni siquiera había un puesto de comida o algún repartidor de delivery en bicicleta.

¡¿A dónde se habían ido todos?!

¡Es que ni la locación colaboraba! Seguían siendo las mismas casas y los mismos negocios. Estaba tan desesperada por algo nuevo que hubiese hecho un reportaje entero sobre el pavimento si es que este hubiese sido repintado recientemente, pero ni siquiera tenía eso.

Uno quiere trabajar y nunca le colaboran.

—"Oye, Pete. Mira. Allá hay una chica con su perro" —señaló la joven reportera cuando por fin vio rastros de vida inteligente en la desolada calle. Se trataba de una chica de rizada cabellera castaña que esperaba a mitad de la acera junto a un perro blanco de abundante pelaje y correa roja—. "Vamos a meterle conversa".

Sin miedo a hacer el ridículo y decidida no irse a almorzar sin haber obtenido, por lo menos, una buena nota que ofrecerle a la comunidad estudiantil, Diane Dashwood se dirigió junto con su camarógrafo hacia la jovencita de abrigo trench color camello al otro extremo de la calle.

No tardaron mucho en llegar a su lado. La muchacha tenía la piel tostada y unos bonitos ojos color miel. Estaba a mitad de una llamada telefónica que parecía importante, por lo que no les prestó mayor atención. Su perro, en cambio, se mostró muy animado pues empezó a olfatearlos y a mover la cola a medida que se acercaban.

—Graba esto —susurró mientras se agachaba para acariciar al can.

¡El animalito era una cosita adorable! Tenía las orejas paradas como triángulos y una cara de peluche que daban ganas de apretar y besar. Su nariz húmeda hacía cosquillas al tocarla y recién se percataba de sus ojos heterocromáticos. Por su actitud juguetona, se atrevería a decir que todavía era un cachorro. Esa incapacidad de contener sus demostraciones de afecto le dejaban en claro que estaba ante un "pequeño" cachorro muy cariñoso.

—Tranquilo, Lamarck, calma —pidió de repente la dueña tirando de la correa del cuadrúpedo—. Lo siento, suele ser muy intenso cuando se emociona —se disculpó con una sonrisa—. Ya, Lamarck, basta. Estas ensuciando la ropa de la señorita... Sentado, sentado.

—No se preocupe. Se limpia —Diane se levantó y sacudió su falda distraídamente mientras sujetaba su micrófono cerca de sí—. Su perro es muy lindo.

—Gracias. Él es Lamarck. Tiene un año —sonrió.

—Hola, Lamarck. Hola, precioso.

—Saluda, Lamarck. Da la pata —animó, pero el perro encontró otra cosa en la cual posar su atención por lo que la terminó ignorando magistralmente—. Supongo que las palomas son más interesantes que nosotras, ¿eh?

—Sí —rio nerviosa. Esta era su oportunidad para tener una nota que presentar al final del día. Aún no tenía nada planeado para preguntarle, pero podía ir improvisando sobre la marcha. Por ahora, tenía que procurar conseguir la entrevista—. Por cierto, soy Diane, mucho gusto. ¿Cómo está? —preguntó con amabilidad esperando generar simpatía en su interlocutora.

Tal vez tendría mayor chance de obtener una respuesta positiva si generaba más contacto entre ellas.

—Estoy bien, gracias.

—¿Qué está haciendo?

La chica de cabello rizado apretó los labios, sorprendida. Puede que estuviese un poco incómoda por la familiaridad con la que la adolescente le hablaba, pero si era así, Diane no lo notó. Le desconocida no quiso ser grosera ya que solo se trataban de dos indefensos alumnos de colegio así que, después de dudarlo un par de segundos, optó por responder ligeramente avergonzada.

—Vengo a recoger a mi novio —dijo con las mejillas encendidas no solo por el frío—. Lo estoy esperando. Saldrá del trabajo en unos minutos. Iremos a comer juntos.

—Oh, ya veo —contestó sonriente—. Oiga, le presento a mi amigo, Peter, mi camarógrafo. Saluda, Pete, ¡saluda! —la chica levantó la mano y la agitó con timidez. Una bonita sonrisa de incisivos grandes se dibujó en su pequeño rostro. No obstante, Peter no respondió pues estaba demasiado avergonzado como para si quiera intentarlo—. "No seas quedado, la traes loca" —su improvisado chiste fue efectivo pues, al menos, le arrancó una suave risa a la castaña—. Eh, somos del equipo de noticias de Hogwarts. El colegio de allá al frente. ¿Le importaría si le hacemos unas preguntas? No será nada difícil.

—Eh, claro, no veo por qué no—contestó no muy convencida, pero dispuesta a ayudar a la jovencita.

Diane Dashwood asintió agradecida y se tomó su tiempo para arreglarse el cabello y el uniforme antes de empezar a grabar de verdad. Se colocó a un par de pasos a la derecha de la extraña y contó silenciosamente hasta tres con los dedos para darle la señal de inicio a Peter.

—"Soy Diane Dashwood y me encuentro aquí para averiguar qué tan culto es un londinense promedio. Estamos aquí con, ¿cuál es su nombre, señorita?"

—"Eh… Hermione y este de aquí es Lamarck".

—"Me encuentro aquí con Hermione y su adorable perro Lamarck quienes están dispuestos a someterse a esta ronda de preguntas y respuestas sobre cultura general. Empezamos".

A pesar de haberle sacado una conversación medio decente a la muchacha del perro blanco, esa entrevista había sido un completo fiasco. ¡No podía presentar eso al editor! Se lo iba a regresar o, peor, se iba a burlar. Una extraña respondiendo correctamente a todas sus improvisadas preguntas de cultura general no era una nota interesante para presentar en un noticiero escolar matutino, ni siquiera era algo que pondría en el blog del colegio.

Pero al menos tenían muchas tomas del perrito persiguiendo su cola.

"Tal vez podrían salir en la sección de noticias adorables del día", pensó decepcionada.

—¡Esto apesta! —exclamó decepcionado Peter bajando la cámara—. Solo estamos perdiendo el tiempo. No está pasando nada y nosotros estamos aquí como tarados grabando a los autos y las nubes, ¿no podemos entrar ya?

—Tenemos que entregar al menos una buena nota antes que acabe el día, Pete.

—Tengo hambre y frío, quiero entrar —se quejó—. ¡Agh! ¿No podemos mostrar las imágenes del perrito? Les va a gustar, todo el mundo ama a los perros.

Tsk, ¡que no! —renegó sacando su teléfono para revisar posibles locaciones cercanas donde pasara algo interesante— Tenemos que conseguir la nota, sino después Tulio nos va a estar reclamando que no trabajamos y que no hacemos nada. Ya sabes lo cargoso que es.

—¡TENGO HAMBREEEE! —Sollozó aburrido.

¡Aish! Esto no pasaría si nos firmaran los permisos para salir a buscar buenas noticias. No podemos quedarnos en el colegio, ¡tenemos que ir a donde está la acción! —se quejó dándose por vencida. No había nada nuevo cerca de la zona, ni siquiera una cafetería recién inaugurada o algo por el estilo. En esos momentos, daría lo que fuera porque ocurriera un accidente o cualquier otra tragedia. Por lo menos así tendría algo que presentar—. Sabes qué, voy a llamar a los chicos. Voy a pedirles que me manden a alguien, a quien sea. No me he pasado toda la mañana muriéndome de frío aquí para volver con las manos vacías.

—Diles que te manden a la señora de la cafetería con comida.

Diane puso los ojos en blanco antes de llevarse el aparato al oído y caminar unos pasos más allá en busca de privacidad. El viento helado soplaba en su contra, congelando la piel desnuda bajo su falda.

"Debí ponerme medias más gruesas", lamentó.

—"¿Aló, Mario Hugo? Soy Diane —dijo cuando por fin le contestaron desde el salón-oficina del taller periodístico—. Estoy aquí con Peter detrás del colegio y no tenemos a quién entrevistar porque no hay nadie. Está vacío. ¿Por qué no me mandas a alguien, a un profesor o a quién sea, para poder grabar, por favor? Estoy quedando como estúpida paseando por la calle con un micrófono en la mano… ¡¿Qué?! ¿Cómo que no?... ¡Me colgó!".

Eventualmente, no les quedó de otra que darse por vencidos, lo cual era una lástima pues realmente se veía el esfuerzo que ambos le ponían a esto.

Encontraron a un grupo de chicos que paseaban por ahí vestidos muy a la moda por lo que se animaron a pedirles un par de fotos modelando sus outfits. Los desconocidos no se negaron y tuvieron una pequeña sesión en medio de la calle. Minutos más tarde, encontrarían a un amigable paseador de perros que llevaba a cuatro cariñosos y muy enérgicos canes.

No obstante, no tuvieron mayor suerte luego de eso.

—Ya vámonos, oe —dijo Peter, cansado—. Tengo hambre.

A Diane no le quedó que tragarse su orgullo y aceptar su derrota.

La dura calle de Londres la había vencido una vez más, pero esto no se quedaría así pues estaba decidida a tener su revancha… algún día.

—Ok. Vamos a grabar el final y nos vamos. Ya va a ser hora del almuerzo de todos modos —dijo mirando su reloj, en donde claramente se veía que faltaba cinco minutos para que sonara la campana.

El chico asintió y preparó la cámara una vez más. Diane se puso al frente con su micrófono en la mano y esperó atenta la señal de su compañero para empezar a reportear.

—"Tulio, se está nublando y es simplemente maravilloso. Luego de una inigualable mañana de diversión en la calle, me despido. Soy Diane Dashwood y estos son los perros que conocí hoy día. Este es Chu, este es Ro, este es Playita y este es Palmera —dijo mirando en dirección al paseador de perros del cual se acababa de despedir—. Qué lindos son, ¿no? … Miren la calle, tan limpia... —sus ojos se pasearon a lo largo de Saint John's Street, deteniéndose al ver algo que la impactó. ¡Oye! ¿Pero si ese no es el profesor Snape? ¡Y está con una chiquilla! ¡ENFÓCALOS! ¡ENFÓCALO! Míralo el pillín, con una chi-… ¡Se están besando! ¡Se están besando!"

Diane y Peter casi se desmayaron en el acto.

Ver algo como eso había sido más impactante que patada de monja.

¿Ese hombre de pelo negro graso, nariz ganchuda y piel cetrina era su profesor? ¿De verdad era él? ¿En serio su huraño profesor estaba besando a la dueña del cachorro blanco de hace rato? ¡Esperen! ¿Eso quería decir que ella era su novia? ¡¿Era él el hombre al que tanto esperaba?! Esto debía ser una broma. ¿Acaso se trataba de una broma? ¿Dónde estaba la cámara escondida? ¿Siquiera esto era real? ¿O es que estaban alucinando otra vez? Tal vez no debieron comerse esas donas en el desayuno, parecían estar pasadas.

Sí, eso tenía sentido. Estaban alucinando por la sobredosis de azúcar.

Sí, eso era.

Su profesor rodeó con ambos brazos a la muchacha y la elevó unos escasos centímetros sobre el suelo para que sus carnosos labios rozaran los suyos. La castaña lo besó voluntariamente, incluso levantó su pierna derecha como si se tratase de una princesa en una película de cuento de hadas. Lamarck, el cariñoso cachorro blanco, ladraba contento a su alrededor moviendo la cola mientras sus dueños frotaban sus narices dentro de su propio paraíso solitario londinense.

¡¿QUÉ ESTABA PASANDO, DR. GARCIA?!

—¿Estás viendo lo que yo veo?

—Sep.

—¿Estamos soñando?

—Noup.

—¿Seguro?

—100%

—Pellízcame, debo estar soñando… ¡Ay! ¡No tan duro!

—Lo siento.

A lo largo de los siete años que llevaba viviendo y estudiando en Hogwarts, Diane Dashwood había visto y escuchado muchísimas historias locas sobre sus profesores. Desde romances secretos en la sala de maestros hasta épicas peleas políticas televisadas en el Parlamento, cada profesor tenía una. De hecho, eran tantas que hasta se podría escribir un libro con ellas. Sin embargo, las que más le interesaban a todo el público estudiantil eran las historias relacionadas al profesor Snape pues, al ser una persona tan reservada, eran muy pocas y muy extrañas.

Unos decían que era una persona pudiente que vivía de forma humilde para no pagar impuestos, he ahí la explicación de por qué siempre estaba rodeado de la más alta elite de estudiantes en el colegio. Ser el padrino del único hijo de los Malfoy o el profesor al que más acudían los padres de los estudiantes old money no era algo que fácilmente se pudiera explicar. Otros decían que, durante su juventud, había sido una clase de agente secreto y he ahí el porqué parecía no tener pasado pues, por más que lo buscaban en redes sociales, Snape ni siquiera parecía existir. Más allá de alguna pequeña colaboración en algún artículo científico, no había rastros de él en internet.

Algunos se volaban la cabeza inventando historias sobre cómo Snape había sido mordido por el vampiro que antes vivía en las catacumbas del castillo y ahora él era el sucesor del señor de la noche o algo así. Había aquellos que se pasaban la vida jurando que el profesor aún era virgen y que jamás había besado. Luego, estaban esos pocos privilegiados que sabían de la existencia de una ex esposa, pero a los que nadie creía.

Y ahora estaban ella y Peter, los únicos dos alumnos en todo el colegio que sabían de la existencia confirmada de una nueva novia.

Una novia joven y bonita.

Probablemente, más joven que bonita.

—¿A dónde va? —preguntó Peter sacándola de sus pensamientos— Está regresando al castillo.

Diane siguió con la mirada a su profesor. El hombre daba largas zancadas cruzando la calle de regreso al colegio. Parecía apurado, como si estuviera corriendo contra el tiempo. Probablemente porque deseaba desaparecer antes de que sonara la campana que anunciaba el receso.

—Supongo que va por su abrigo —dijo en voz baja, todavía en shock— o, tal vez, al baño.

—Tal vez… ¿Qué vamos a hacer, Diane? —preguntó apagando la cámara y asegurándola para que no se cayera— Sabes qué tipo de información tenemos en nuestras manos, ¿verdad?

—Lo sé, Pete —susurró girándose hacia él con expresión neutral en su rostro, como si por fin estuviera procesando esta nueva información—. Tenemos una… ¡EXCLUSIVA! —anunció con un grito eufórico y los ojos brillantes de la emoción. Sus manos sujetaron los brazos de su compañero y empezó a sacudirlo mientras daba pequeños brinquitos que llamaron la atención de todo aquel que estuviera cerca—. ¡Tenemos que ir a contarlo! ¡¿Lo grabaste?! ¡Dime que lo grabaste, por favor!

—Eh, sí, sí, lo grabé… creo.

—¡Ay! —chilló procediendo a pegarle de forma infantil con ambas manos— Revisa la cámara, revísala, ¡revísalaaaaaaa!

Adentro de la institución, la campana que anunciaba el final de las clases marcaba no solo la salida de los alumnos de sus respectivas aulas, sino también la salida anticipada del profesor Snape del colegio sin una hora exacta de retorno.

Su próxima clase podría esperar.

Incluso su almuerzo habitual con Lupin y sus colegas podía esperar.

Ahora, tenía una cita muy importante que atender.

—Regresando del almuerzo, Marshall, Méndez, Newport, Nisha y O'Hare, y, los cinco serán los siguientes en salir al frente, ¿de acuerdo? —dijo la profesora Sinistra revisando su registro mientras los alumnos de su clase guardaban rápidamente sus cosas en sus mochilas para irse a comer—. Lleguen puntuales, ¿de acuerdo?

—Sí, profesora.

—Sí.

Daniela, quien se sentaba en la columna más cercana a la ventana, estaba de pie acomodando torpemente sus libros dentro de su apretada mochila. El sol le caía en la cara y el estómago le sonaba debido al hambre que se aguantaba. Su mente hambrienta imaginaba todo lo que se serviría más tarde en el Gran Comedor. Estaba tan famélica que ya podía imaginarse el sabor de la comida.

¡Tenía hambre!

—Apúrate, Dani —llamó Nancy poniéndose a su lado, esperando pacientemente a que su amiga terminara de guardar sus cosas—. Quiero llegar temprano para no hacer fila.

—Sí, sí, ya voy.

Nancy se quedó de pie con los brazos cruzados apoyándose contra la ventana mientras veía aburrida como todos, excepto ella, empezaban a abandonar el salón. Miró a un lado y vio a su profesora empacando sus cosas, miró al otro y vio a la calle, donde su profesor Snape caminaba de la mano junto a una joven castaña con perro blanco.

—Da-Da-Dani —tartamudeó en shock, apegándose a la ventana como si su vida dependiera de ello—. Dani, Dani, Dani, Dani, ¡DANI!

—¿Qué?

—Ven, ven, ven, ¡mira, mira, mira! —exclamó desesperada tirando de su brazo para que también pudiera ver lo que ella veía. Las pocas personas que quedaban dentro del salón las observaron confundidas y expectantes—. Ese hombre de ahí, el de cabello negro, ¿no es Snape?

—¿Quién? —dijo enojada debido al actuar extraño de su amiga.

—¡Ese! —señaló en voz alta, apuntando con su dedo sobre el cristal a la figura masculina que caminaba calle abajo junto a la muchacha y el can. Daniela entrecerró los ojos y acercó su nariz al cristal con la intención de tener una mejor vista de lo que pasaba—. Es Snape con la… con la—

La estudiante dejó escapar un horrorizado gemido ahogado que alertó a todo el mundo, incluida a la profesora Sinistra. Sin ser capaces controlar su curiosidad, los presentes se acercaron a la ventana con recelo, temerosos, pero al mismo tiempo ansiosos por saber quién era la persona que caminaba junto a su temido profesor de Química.

— ¡CON LA CHICA DE LA CAFETERÍA!

Sus reacciones fueron asombrosas. Nadie podía creer lo que sucedía; sin embargo, no se lo tomaran. Fue todo lo contrario. Rieron, vitorearon, bromearon, aplaudieron y, de no haber sido porque la profesora Sinistra estaba ahí para controlar la situación —cosa que era digna de admirar pues a la morena casi le dio el patatús cuando vio la escena—, estoy segura que hubiesen tomado fotos o algo por el estilo para guardarlas como evidencia para las futuras generaciones.

Fue un verdadero golpe de suerte que Snape ya se encontrara demasiado lejos como para notarlo.


Pero, así como existen personajes secundarios divertidos, como los alumnos de séptimo año de Hogwarts, que viven y mueren por saber los más profundos secretos de la vida privada de Severus Snape, también existe otro tipo de personaje secundario no tan divertido que no, contrario a los demás, no está tan pendiente de la vida privada de su profesor.

Es más, me atrevo a decir que en lo único que tiene en común con los otros es que también es alumno.

Desde ya debo ir advirtiendo que ella no se parece mucho a los demás alumnos que ya hemos visto.

Ella no es carismática, no es amable, no es inocente, no es bondadosa. Tiene un humor muy particular, uno que cobra vida gracias a las bromas pesadas, comentarios sarcásticos y chistes de doble sentido. Tampoco es auténtica, probablemente no había ni un solo rasgo de su personalidad que no fuera una copia descarada de algún personaje de ficción, familiar o conocido con serios problemas de conducta.

Tampoco diría que era verdadera.

Dudo que la mitad de los sentimientos que tanto profesaba en voz alta fuesen sinceros. No creas ningún comentario bonito que pueda dedicarte, existe una enorme posibilidad que no sea cierto. La hipocresía era un deporte que practicaba desde que muy niña y, a estas alturas de su vida, podíamos decir que estaba más que lista para representar a su país en las próximas Olimpiadas.

"—¡Qué falda más linda! ¿Dónde la compraste? ¡Me encanta!

Es de mi mamá.

Uh, ¡vintage! I love it.

Gracias. Oh, ya debo irme. ¡Nos vemos!

Bye-bye, corazón… Esa es la falda más horrorosa que he visto".

Ella no era una buena alumna ni una buena compañera; no era una buena amiga y, probablemente, tampoco una buena hija. Ella no era de esas personas con las que elegirías pasar el rato a no ser que fuera una obligación hacerlo, ni siquiera su propia familia lo hacía. Sus primos se habían encargado de marcar una notoria línea divisoria que los separaba de ella y sus malas costumbres. Era irrespetuosa, violenta, chismosa y cizañosa. Tenía mal carácter y puede que algunos se atrevieran a decir que estaba un "poco" mal de la cabeza.

"¿"La "Loca" Lestrange? Sí, sí, por supuesto que la conozco, digo, ¿quién no? Intentó quemar el comedor el año pasado… Fue increíble".

Muchas de las personas que la conocían dirían sin dudar que era una muchachita muy maleducada. Ella, en cambio, prefería decir que su pasatiempo favorito era "desafiar" a todo tipo de autoridad, en especial, la de sus maestras. No era que estuviera loca, es solo que disfrutaba enormemente de ver las expresiones de espanto de sus profesoras al escuchar las ingeniosas respuestas que tenía para ofrecer cada vez que intentaban "retarla".

"—Srta. Lestrange, ¿cuántas veces tengo que decirle que se acomode el uniforme escolar? La falda debe cubrirle las rodillas y ya sabe teñirse el cabello está prohibido.

—Madre, ¿cuántas veces tengo que decirle que se lo diga a alguien que realmente le importe?"

Ella no entraba en el concepto de "chica popular" que tenemos.

No era la estereotipada mean girl de las películas, no era la abeja la reina que controlaba el comedor con puño de hierro, no era la mala con cara bonita que hacía bullying a las rechazadas solo por no ser como ella. Sin embargo, tampoco diría que encajaba en las etiquetas de la marginada, la rebelde, la diferente o la inadaptada.

Tampoco era una santa, sus pensamientos impuros y demasiado precoces para su corta edad dejaban mucho qué desear, pero no era una zorra, ni siquiera había dado su primer beso aún.

Sabía defenderse muy bien, también sabía cómo evadir problemas y, sobre todo, sabía cómo causarlos, pero con eso tampoco quiero decir que fuera una chica mala o incomprendida. Muchas veces, solo quería relajarse escuchando música con sus compañeras de dormitorio mientras comían dulces a escondidas.

Ya saben, cosas de adolescentes comunes y normales nada fuera de este mundo.

Realmente, por más que lo intento, no soy capaz de encasillarla en un solo lugar dentro de esta jungla salvaje que es la secundaria pues pertenece a todos lados y, al mismo tiempo, a ninguno.

Eso sí, te conviene tenerla más de amiga que de enemiga. Solo por preocupación. Nunca se sabe cuándo necesitaras de sus "contactos" en el futuro y, sobre todo, de su protección.

"¿Delphini Lestrange? Ah, ella. Sí, la he visto. Creo que hemos hablado un par de veces… Nah, no sé, no me hablo mucho con ella, pero escuché que le gusta meterse en problemas. Dicen que a veces se pone a reír en medio de la clase sin motivo aparente solo para molestar a las profesoras".

"¿Delphi? Ah, sí. ¡Es asombrosa! Su papá nos llevó a un concierto de One Direction el año pasado, justo antes de que se separaran. ¡Estuvimos en primera fila! Prácticamente podía oler a Niall. Fue lo mejor que me pasó en la vida".

"¿Lestrange? No hablo con ella, no me agrada. Golpeó a mi mejor amiga en la espalda cuando la empujó por accidente en gimnasia. Tiene un muy mal carácter, explota por todo, escuché que está loca… ¡Pero no le digas que yo dije eso, por favor, por favor, por favor!"

"Dicen que conoce a Leonardo DiCaprio en persona… Hmmm, yo creo que es solo una exageración, un autógrafo lo obtiene cualquiera".

"¿Delphini Lestrange? Oh, sí. Una vez me pegó en el rostro… ¡Y fue asombroso!".

Sí, efectivamente.

Acabemos con tantos rodeos, ¿para qué el misterio? Ustedes ya saben la respuesta.

Estamos hablando de nada más y nada menos que Delphini Lestrange, la única hija del matrimonio conformado por Bellatrix y Rodolphus Lestrange.

No obstante, no he invertido tanto tiempo sentada frente a la laptop pensando en cómo describir a Delphini Lestrange para que ustedes crean que es otra chica "única y diferente" más de la lista, aunque muchas veces lo fuera de forma inconsciente.

Diría que Delphini podía ser mucho más compleja que eso. Diría que, tal vez, en un universo alterno donde las cosas no suceden simplemente por el poder del guion, Delphini Lestrange podía ser más que una adolescente rebelde que busca la llamar la atención de sus padres. Diría que, desde el punto de vista correcto, podía ser más que un simple personaje genérico sacado por debajo de la manga en el último minuto por el poder de la conveniencia solo para darle continuación a una historia que, hasta el momento, había funcionado perfectamente sin su existencia.

"¿Miss Lestrange? Es una de nuestras estudiantes. Lamentamos de antemano si le ha causado algún problema... ¿Qué? No, lo siento, me temo que no podemos darle ningún tipo de información pertinente a ella, nos reservamos cualquier opinión. Tenemos un acuerdo de confidencialidad con sus padres, espero lo entienda".

¿Qué puedo decir? Era una niña... especial.

En el sentido más maquiavélico de la palabra.

No era mala, me niego a creer que algún niño pueda ser "malo" desde tan tierna edad, pero sí había señales innegables del terrible monstruo que podría llegar a ser si es que no se le corregía a tiempo.

¿Qué debería preocuparme más? ¿Qué no fuera capaz de reconocer el peligro que provocaban sus acciones o que le gustara recoger los cuerpos marchitos de las mariposas y polillas todavía vivas para alfiletearlas con agujas mientras veía sus patitas retorcerse agonizantes de dolor?

Aún no lo tengo claro.

Dicen que los niños son las copias más crudas y realistas de sus padres, son el reflejo de todo aquello que ven en la privacidad de sus casas, son el resultado de lo que absorben en su círculo familiar más cercano. Teniendo eso como principal premisa, no es de extrañar que Delphini Lestrange fuera una combinación muy peligrosa de las rabietas y locura de su madre y de la negligencia e inmadurez de su padre.

Ningún matrimonio es perfecto, por supuesto que no. Solo Dios sabe el trabajo duro que se realiza todos los días por ambas partes para evitar que el número de divorcios aumentase radicalmente. Sin embargo, el matrimonio Lestrange era por lejos el más imperfecto y funcional de todos.

No era un secreto para nadie que Bellatrix y Rodolphus se habían casado por conveniencia. Ambos eran de buenas familias y, al ser los primogénitos de ambas casas, heredarían gran parte de los respectivos negocios familiares, incluso si ninguno era bueno para la administración del patrimonio. Gracias a un jugoso acuerdo firmado por los padres de ambas partes, se arregló un estratégico matrimonio que uniría los prósperos ingresos de la casa Lestrange con la mitad de los activos de la fortuna Black, asegurando la riqueza social y económica de ambas familias.

No había sido un placer para ninguno, pero luego de muchos años de convivencia y nada ortodoxas concesiones de libertad añadidas bajo mutuo acuerdo, el matrimonio Lestrange había sobrevivido exitosamente hasta la fecha, dejando como resultado una única heredera que pudiera continuar con el legado de ambas familias.

Locura y negligencia tuvieron una hija y ese pequeño monstruito estaba creciendo y muy rápido.

Desde afuera, todo el mundo diría que Delphini Lestrange vivía en un buen hogar y, probablemente, así fuera. Pero por dentro, la historia era muy diferente.

¿Qué debes esperar cuando tu madre es Bellatrix Lestrange, la abeja reina de las socialités inglesas?

Pues, lo inesperado.

Bellatrix, como tía, no era tan mala.

Pero como madre, ¡era terrible!

Siempre ocupada con sus amigas o con demasiada resaca por culpa de todo lo que había tomado en la fiesta de anoche, Delphini no recordaba ni una sola vez en que su mamá hubiese hecho a un lado sus compromisos con sus amigos para pasar voluntariamente tiempo de calidad con ella.

Bellatrix nunca había querido ser mamá y eso lo dejaba claro con cada una de sus acciones. No era cariñosa más allá de lo estrictamente necesario. No solía llamarla con frecuencia al internado a pesar de que pasaba la mayor parte del año ahí. Rara vez le permitía llamarla "mamá" en voz alta pues decía que se sentía muy vieja cuando lo hacía. En más de una ocasión, había cancelado sus planes para con ella porque justo tenía un "almuerzo" con sus "buenos amigos" varones.

Ni siquiera estaba segura de que alguna vez le hubiese dado de lactar cuando era bebé tal y como decía y era un hecho que jamás había cambiado un pañal en toda su vida.

Sin embargo, no todo era malo, en serio.

Dentro de tanta oscuridad y desprecio, había algunos rayos de luz.

A veces, Bellatrix compartía divertidos chismes con ella y la dejaba usar sus finas ropas cuantas veces quisiera. Otras veces, la invitaba a ir pasar el rato donde sus amigas y participar de las conversaciones para gente adulta repletas de temas +18 que su papá no quería que escuchara. Lo máximo que había logrado como madre era llevarla de compras religiosamente cada fin de mes y cuando digo que no le pone limite a la blackcard, es porque no lo hace.

Sé que no suena muy alentador, pero, hey, por lo menos, sabe cuándo es su cumpleaños y eso ya es todo un logro.

Por otro lado, teníamos a la otra cara de la moneda, su padre, el Sr. Rodolphus Lestrange.

La debilidad de todo hombre son sus hijas y Rodolphus no es la excepción.

El primogénito de la familia Lestrange se vivía y moría por su única hija, la niña de sus ojos, la joya más valiosa de su casa, su linda flor inglesa, su pequeña bien amada. Delphini tenía un papel tan crucial dentro de su vida como el del mismo oxígeno. No importaba que la gente creyera que la estaba malcriando, no importaba toda la basura que pudieran decir respecto a la forma de comportarse de su hija, nada de eso era verdad, ellos no la conocían como él.

Delphini era su pequeño angelito y nada ni nadie podría hacerlo cambiar de opinión jamás.

Ella era su razón de ser, el verdadero motivo por el cual había dejado atrás esa vida tan desordenada e irresponsable del pasado para ser una figura ejemplar para ella en el futuro.

No es que lo hiciera perfecto, pero al menos lo intentaba.

No obstante, no porque Rodolphus Lestrange amara tanto a su hija significaba que, necesariamente, era un "buen padre".

Si lo fuera, no hubiese permitido que esa pequeña criatura de cabellos dorados que tanto adoraba jugar a las escondidas terminara convirtiéndose en ese monstruo maleducado que una vez intentó quemar el comedor de su escuela solo porque no quería usar el uniforme.

"Madre superiora, con todo respeto, es culpa de la institución por no tener equipos de seguridad a la mano. Pensé que esta escuela cumplía con todas las normas de seguridad estipuladas por el gobierno. ¿Por qué no funcionaron los rociadores? ¿Por qué los extintores no estaban a la mano? Aquí hay niñas, deberían tener más cuidado. ¿Qué le parece si hacemos esto? Repondré la infraestructura del comedor y mandaré a alguien que revisé las tomas de agua de los rociadores. Es un peligro que estén sin funcionar, alguien podría salir herido… Tómelo como una donación".

Dicen que el padre que quiere, castiga.

Pues, con Rodolphus Lestrange, la palabra "castigo" no existía.

Tampoco "disciplina", "límites", "respeto", "autoridad" o cualquiera otra que fuera esencial al momento de criar a un hijo.

Y es que el único concepto que Rodolphus tenía del "amor" era consentir, consentir y consentir.

Aunque, también estaba "engreír".

Demasiado diría yo.

Desde que Delphini llegó al mundo, Rodolphus Lestrange supo que jamás escatimaría en gastos cuando se tratase de darle lo mejor a su pequeña princesa. Desde los muebles "aesthetic" que decoraban su habitación hasta caprichos más costosos como conciertos en primera fila o los últimos aparatos tecnológicos del mercado digital, Delphini Lestrange siempre tuvo todo lo que quiso en el momento en que lo quiso.

Solo tenía que abrir la boca y su papá se lo cumpliría en un santiamén.

¿Quería irse de viaje? Que alistara el pasaporte que se iban mañana.

¿Quería ropa nueva? Que hiciera espacio en su closet, lo iba a necesitar.

¿Quería ir a un concierto? Solo tenía que decir el nombre del artista y ya.

No importara que fuera un capricho grande o pequeño, Rodolphus no conocía la palabra "límites" y, por ende, Delphini Lestrange no conocía la palabra "no".

Lo cual, por desgracia, era necesario que conociera.

No todo en la vida iba a ser "sí".

O, bueno, al menos no fuera del mundo idílico repleto de regalos y arcoíris que con tanto esfuerzo había creado para su hija: un mundo donde nadie la criticaba, un mundo donde no existían los males o peligros, un mundo donde nadie, ni siquiera su familia o su propia madre se atrevería a rechazarla, un mundo donde ella creía firmemente que era la princesa del lugar y, por lo tanto, nada ni nadie podría lastimarla.

Un mundo donde ambos solo había "felicidad".

Tal vez por eso es que preferían hacerse de la vista gorda cada vez que eventos oscuros amenazaban con nublar su pequeño reino de cuento de hadas. Por dar un ejemplo cualquiera, ambos simplemente ignoraban todas esas miradas lascivas y tocamientos inapropiados que su uncle Greyback, su principal socio de negocios, tenía para con ella cada vez que venía de visita desde el extranjero.

Ojos que no ven, corazón que no siente.

Tía Cissy que teme.

Abro debate:

¿Fantasía exagerada o distorsión necesaria?

¿Mala crianza o simple genética?

¿Malcriadez o tendencias antisociales?

Supongo que nunca podré adivinarlo.

Pero, sé que estarás preguntándote: "Autora, ya, está bien, ya entendí tu punto. Delphini no es una niña malcriada porque nació mala, es una niña malcriada porque tiene padres horribles que no deberían tener a un niño bajo su cuidado. Ya, ya entendimos. Pero, ¿eso de qué me sirve? ¿Qué aporta la biografía de una niña problemática a esta historia? ¿Acaso quieres que le tenga lástima? ¿Qué gano yo sabiendo esto?"

Pues, realmente no mucho.

Al menos por ahora.

Tal vez te sirva más adelante, cuando las cosas se pongan un poco más... intensas.

Como, por ejemplo, ahora mismo que se encontraba en el despacho de la madre superiora a punto de ser castigada por lo que sea que hubiese hecho ahora.

—No debería sorprenderme, Miss Lestrange —dijo la directora de la institución, el internado católico para niñas "Mary's Ascot"—, pero aun así lo hace. Es la segunda vez que viene a mi oficina este mes.

—Pues, me alegra que le sorprenda. Pensé que no lo notaria —dijo despreocupada, desparramándose sobre el asiento—. Me he estado portando mejor, ¿no lo cree? Solo he estado dos veces aquí en lo que va del mes. Es todo un récord. Debería estar orgullosa.

—Usted y yo tenemos conceptos muy diferentes respecto a "estar orgullosas" —dijo leyendo a pequeña notificación amarilla que sostenía en sus manos por enésima vez—. Además, no cantaría victoria tan rápido. Todavía faltan 10 días para que acabe el mes y eso es mucho tiempo.

—Hmmm, no debería retarme, madre. Recuerde que es una hija de Dios —contestó mirándola fijamente, exhibiendo un brillo peligroso y altanero en sus ojos claros— y los hijos de Dios no deberían fomentar los conflictos, ¿verdad?

La madre superiora frunció el ceño y apretó el rosario de madera que siempre colgaba de su cuello. La cara se le había puesto roja debido a los malos pensamientos que cruzaban por su cabeza y se autoflageló mentalmente por desearle mal a una niña "inocente".

Delphini, por su parte, sonrió de lado antes de morderse el labio inferior para contener una sonrisa aún más grande. Siempre era un placer ver la cara que ponían sus maestras cada vez que la enviaban a la dirección, pero sin duda, su favorita era la que ponía la madre superiora. Cometería mil travesuras con tal de ver esa divertida expresión de rabia reprimida en su rostro todos los días. Sabía que se moría por golpearla, por usar su mano dura como castigo, pero sabía que, por ley, no podía y verla tan desesperada por romper las reglas y hacer con ella lo que quisiera era algo que no tenía precio.

Sentada al otro lado del escritorio, Delphini Lestrange estaba tan cerca que a la madre superiora solo tenía que estirar una mano para tomarla por la coleta desordenada que caía sobre su hombro y darle la sacudida de su vida.

Solo un movimiento, uno chiquitito, y tal vez lograra deshacerse de toda esa ira que estaba sintiendo.

¡No! ¡No! Esos pensamientos no estaban bien. ¡No estaban bien!

Perdóname, Padre, porque he pecado...

"Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa"

La mujer mayor dejó escapar un pesado suspiro y se incorporó en su asiento buscando la paz interior que le hacía falta para hacerse cargo de este asunto.

—Miss Lestrange, tiene otra suspensión por mala conducta y desacato —anunció acomodándose los lentes cuadrados sobre el puente de la nariz mientras leía el papel amarillo en sus manos—. La hermana Agnes dice que ha estado usando el teléfono celular en clases otra vez.

—Solo fue una vez —murmuró malhumorada cruzándose de brazos.

—La hermana Agnes dijo que le dio tres advertencias.

—La hermana Agnes miente —sentenció rodando los ojos—. Me odia. No le agrado. No debería creer lo que le dice. ¿Sabe que fuma? Já, hasta la he oído maldecir en más de una ocasión.

—¿Disculpe? —dijo casi ofendida— ¿Qué…—

—Sí, lo que escucha —continuó poniendo una petulante sonrisa en sus labios—. La he atrapado diciendo palabrotas en voz alta. Ya sabe: "mierda", "puta", "carajo", "joder", "hijoeputa", "conchasumare", "la concha de la...—

—Creo que ya entendí, Miss Lestrange. Es suficiente —la calló al instante. Su corazón latía con fuerza contra su pecho. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que había escuchado tantos insultos en una sola oración—. Ay, Ave María purísima —exclamó persignándose.

Delphini sonrió y volvió a desparramarse sobre el asiento, esta vez, de mejor humor.

No obstante, la madre superiora no era tonta. Ya sabía que todo lo que salía de la boca de esa niña era una potencial mentira la mayor parte del tiempo. No llevaba cuatro años soportándola día y noche como para no haber aprendido ya la regla más importante a la hora de sobrevivir a la convivencia con Delphini Lestrange:

"Pase lo que pase, no dejes que te enrede con sus mentiras".

Dame fuerzas, Señor...

—Qué barbaridad, Miss Lestrange. Una señorita no puede decir esas palabras tan horribles, por supuesto que no.

—Lo sé, son horribles, ¿verdad? —dijo fingiendo angustia, llevándose una mano a la frente en señal de pesar— Creo que merece un buen castigo, madre.

—Así es, y es por eso que va a rezar 10 Padre Nuestros y 20 Ave Marías.

—¡Ay! ¿Tan poquito, madre? —se quejó como una niña pequeña—. La hermana Agnes de seguro reza el doble que eso al día. Debería ordenarle limpiar los baños y…—

—No son para la hermana Agnes, Miss Lestrange. Son para usted.

La sonrisa burlona de Delphini Lestrange desapareció en cuanto escucho esas palabras. Se inclinó hasta el borde del asiento y colocó ambas manos sobre el escritorio de forma tan inesperada y violenta que la madre superiora casi saltó al escuchar el golpe de sus extremidades contra la madera.

—¡¿QUÉEEE?! —exclamó indignada— ¡¿POR QUÉ?! ¡No es justo!

—Delphini, ya hemos pasado por esto una infinidad de veces antes, yo no nací ayer.

—Se nota —masculló entredientes cruzándose de brazos otra vez.

La religiosa prefirió ahorrarse el comentario y no desviarse del tema.

—Sé perfectamente que esas palabras las dices tú. Debería lavarte la boca con jabón para que aprendas —la chica chasqueó la lengua y se hundió en su asiento—. Insultar está mal y decir mentiras, peor. Levantar falsos testimonios contra tus prójimos es un pecado gravísimo, ¡hasta Dios se podría enojar!

—Pues que se enoje —respondió de mala manera.

—No blasfemes, hija —corrigió frunciendo el ceño—. Ay, Dios Mío, perdónala porque no sabe lo que hace.

Oh, por supuesto que sabía, lo sabía muy bien. Llevaba sabiéndolo perfectamente desde que ingresó a ese internado hace cuatro años. Si la iban a alejar del mundo real para hacerla jugar con las monjas en el convento, al menos iba a intentar hacerle la vida miserable a todos quienes lo intentaran.

—Vas a rezar 10 Padre Nuestros, 20 Ave Marías y 2 Credos…—

—¡Pero, Madre!

—De rodillas y nada de peros —continuó ignorando sus reclamos—. Estás pecando al mentir y, por el bien de tu alma, no puedo dejarlo pasar. Sería un pecado de omisión si lo hiciera —dijo apretando su rosario—. Luego de eso, tendrás que cumplir cinco horas de castigo acomodando los libros de la biblioteca escolar.

Aish —bufó lanzando su larga coleta rubia hacia atrás.

Puede que hubiese pasado mucho tiempo, pero todavía recordaba con claridad a la madre de Delphini, la Sra. Bellatrix Lestrange, y a su mirada de enojo, exactamente igual a la mirada que la rubia adolescente estaba poniendo en esos momentos. En ese entonces, ella no era más que una simple novicia que ayudaba en el internado como maestra suplente y la Sra. Lestrange solo era la Srta. Black, la mayor de las tres hermanas Black. Sin embargo, esa mirada había sido lo suficientemente impactante como para seguir recordándola incluso después de tantos años.

Nunca había conocido a alguien tan egocéntrica y maquiavélica como ella en su vida. No debería sorprenderle que su hija fuese una copia exacta de ella.

O peor.

—Y, en cuanto al tema del celular, ya no sé cuántas veces tengo que decirle que está estrictamente prohibido el uso de celulares durante las clases.

—Tal vez, unas dos o tres veces más —respondió aburrida—. Una vez, leí que, si quieres aprender algo, debes repetir la acción 21 veces. De esa forma se queda grabada en el subconsciente y se forma un hábito... Creo que solo vamos 18.

La madre superiora se lleva ambas manos a la cabeza y masajeó sus sienes.

"Dame fuerzas, Señor, dame fuerzas"

—¿Puedo preguntar qué era eso tan "importante" que tenía que hacer que la "obligó" a usar su teléfono durante horario de clases a pesar de que sabe muy bien que está prohibido? —dijo la madre superiora de repente, haciéndola ponerse en estado de alerta.

Delphini lo pensó un par de segundos y respondió— Hmmm... No. No puede.

"Padre, mejor dame paciencia porque si me das fuerza, la ahorco"

Delphini se acomodó sobre el asiento, escondiendo sus manos tras su espalda y desvió la mirada fingiendo aburrimiento. Debía tener mucho cuidado a partir de ahora, estaba tocando terreno sensible. ¿Cómo se suponía que iba a decirle que interrumpió la clase de religión por estar leyendo el segundo tomo de "50 sombras de Grey"?

En su defensa, tenía que acabarse toda la saga antes de que saliera la siguiente película en 3 meses. Todas sus compañeras ya lo habían terminado, no podía ser la única que seguía sin saber qué pasaba con el sexy y atormentado Sr. Grey.

—La hermana Agnes decomisó su celular el cual, como puede ver, tengo aquí —dijo abriendo un cajón de su escritorio para sacar un iPhone envuelto en una funda protectora llena de stickers que la misma rubia había seleccionado—. Y, además, me informó que la atrapó leyendo "contenido" inapropiado para una señorita de su edad.

"¿Una novela erótica? ¡Qué niña tan escandalosa y precoz!", pensó la directora con las mejillas sonrojadas.

Si tan solo la madre superiora supiera la cantidad de muchachitas hormonadas de 14 y 15 años que habían leído los libros después del fenómeno mundial que había sido la película, no creería que Delphini fuese la única niña "escandalosa y precoz". Es más, si descubriera que el género literario más leído dentro de su escuela eran las novelas románticas eróticas, consideraría seriamente dejarla quemar todo el lugar para librarlo de tanto "pecado".

"¿Contenido inapropiado? Todas bajo ese techo ya han leído ese libro, incluso deberían catalogarlo como "lectura obligatoria" dentro de la lista de material didáctico de este año", pensó.

—¿Qué tienes que decir en tu defensa?

—Que la hermana Agnes es una chismosa —masculló cruzándose de brazos—. No tiene por qué revisar mis cosas. Es una violación a la privacidad, ¿lo sabe? Artículo 12, inciso C —añadió mirándola de reojo, viéndola tensarse en cuanto comenzó a usar términos legales—. Mis tíos son abogado. Solo digo.

Una sonrisa maquiavélica amenazó con dibujarse en sus labios.

—No hay necesidad de recurrir a vías legales, Srta. Lestrange —dijo la madre poniéndose de pie, sosteniendo el celular contra su pecho—. Llamaré a sus padres y resolveremos esto como siempre hacemos, ¿de acuerdo?

—Pero…—

—Le sugiero, Srta. Lestrange, que se ponga a rezar de inmediato para que pueda cumplir con su castigo lo antes posible —la mujer se encaminó hasta un rincón despejado del despacho donde un tapete rectangular de textura rugosa yacía solitario en el suelo, aguardando por un par de suaves rodillas que quisieran reposar sobre él—. Arrodíllese aquí y haga sus oraciones.

Delphini Lestrange soltó un bufido y se levantó de mala gana para hacer lo que le pedían. Se levantó la falda para que sus rodillas quedaran expuestas y, apoyándose en la pared de piedra que tenía al frente, descendió sobre el tapete para ponerse en postura de plegaria y comenzar con su castigo.

Sus rodillas maltratadas no se quejaron tanto como inicialmente solían hacer. Luego de tantos años de castigos, ya estaba más que acostumbrada al suave y placentero dolor que provocaba la textura molesta de ese maldito tapete.

"Padre Nuestro, que estas en los cielos.

Santificado sea tu nombre..."

Después de pasar poco más de 15 minutos recitando en voz alta todas sus oraciones, Delphini Lestrange fue libre de poder irse y continuar con su vida común y corriente de estudiante de internado. Sus rodillas pálidas estaban rojas debido a la presión que su peso ejerció sobre la superficie rugosa durante todo ese tiempo y la piel sensible de la zona le ardía con cada roce de su falda al caminar.

A medida que se alejaba del despacho, una serie de emociones descontroladas y muy intensas iba surgiendo desde lo más profundo de su ser. Desde el enojo hasta la vergüenza, probablemente la rubia pasó por más emociones durante ese pequeño trayecto hasta su habitación que en toda su vida.

La principal fue la indignación.

¡¿Cómo se había atrevido a castigarla de esa manera solo por estar leyendo?! ¿Qué era esto? ¡¿La Santa Inquisición?! ¿Es que acaso la lectura estaba prohibida? ¡Ella estaba desarrollando su mente! Estaba en pleno crecimiento, necesitaba nutrir las neuronas de su cerebro con material literario para ser una mejor estudiante.

Esto le parecía sumamente ridículo. Iba presentar su queja formal al comité de padres de familia. Se iban a enterar de las prácticas medievales con las que educaban a sus hijas.

Además, ¡no veía motivo por el que enojarse! El mismo consejero escolar le había recomendado una y otra vez que leyera más libros porque "desarrollar el hábito de la lectura" y, ahora que lo hacía, le decían que estaba prohibido.

Realmente no entendía a los adultos.

—Mi celular —lamentó mientras arrastraba los pies por las escaleras de regreso a los dormitorios.

La peor parte era que acababa de renovar equipo. Su teléfono no tenía más de un mes y ya lo había perdido. ¡Ni siquiera pudo quitarle el chip!

Su papá iba a matarla...

Bueno, no en realidad, pero siempre quiso decir eso.

En fin, no era gran perdida, todavía podía pedir prestado los libros a alguna de sus compañeras para continuar con su lectura. Lo malo era que, sin celular, estaría completamente incomunicada del resto del mundo. ¿En dónde iba a escuchar su música? ¿En dónde vería videos? ¿Cómo iba a saber que hacían sus celebridades favoritas si no tenía en dónde entrar fácilmente a Instagram para chequearlos?

—¿Y ahora cómo voy a ver mi dorama? —refunfuñó abriendo la puerta del dormitorio compartido.

Adentro la esperaban sus tres compañeras de cuarto, niñas buenas de buena familia que más o menos compartían sus gustos, gustos genéricos de toda adolescente de la generación Z.

Cantantes, actores, libros, películas, series, ropa e, incluso, aesthetics.

En especial aesthetics.

¿Por qué últimamente todos se visten igual?

Las tres muchachas se giraron en su dirección cuando la escucharon abrir la puerta. Cada una estaba en sus respectivas camas ya sea avanzando alguna tarea pendiente o simplemente pasando el rato frente a las pantallas de sus celulares. Las niñas le sonrieron tristemente mientras la veían hacer su marcha fúnebre hasta su cama sobre la que se dejó caer cual saco de papas.

—¿Cómo te fue? —preguntó la más cercana a ella— ¿Te castigaron?

—¿Te expulsaron? —dijo otra, apenas sin levantar la mirada de su cuaderno de apuntes— La hermana Agnes seguía muy molesta después de que te fuiste. Refunfuñaba todo el tiempo.

La chica que se encontraba más cercana a la puerta, una pelinegra de larga coleta, se levantó para ir a recostarse junto a Delphini, haciéndola a un lado para poder entrar las dos en la pequeña cama. La rubia no mostró rechazó alguno, todo lo contrario. Pareció agradecida de tenerla cerca.

—¿Qué te dijeron? — preguntó con precaución.

—Agh... —suspiró cubriéndose los ojos con el interior de su brazo derecho, dejando que la oscuridad la acobijara por un par de segundos—. Me quitaron el celular y llamarán a mis padres para hablar sobre esto... otra vez —soltó un bufido y exclamó— ¡¿Qué no se casan?! Ya saben lo que pasará. Podrían ahorrarles el viaje hasta acá y solo devolverme el maldito teléfono.

—Ya sabes cómo son —dijo la primera, volviendo a lo suyo—. Solo llama a tu papá y explícale todo antes de que ellas lo hagan.

—Sí, eso iba a hacer, solo... Ah, solo déjame descansar un minuto. Me duele el cuello por tener la cabeza agachada tanto tiempo —se quejó retirando su brazo de su cara—. Carol, ¿me prestas tu celular, por fa?

—Claro —le dijo la compañera recostada a su lado—. Toma.

La rubia tomó el aparato y luego de un par de segundos sin hacer absolutamente nada, tomó impulso y se levantó de un tirón, lista para marcar el ya tan conocido número y aguardar a que no la mandaran a casilla de voz como casi siempre solían hacer.

Agh...

Odiaba llamar a su papá.

Es decir, no es que odiara hablar con él, todo lo contrario. Era con el principal adulto con el que hablaba. Lo que odiaba era tener que llamarlo por cosas de la escuela y montar su pequeño "numerito" de víctima trágica para poder librarse de los castigos.

Después de hacerlo tantas veces, aburría.

—¿Aló, papi? —preguntó con voz temblorosa una vez que lo escuchó contestar.

Había contestado a la primera, era algo que no se veía todos los días.

— ¿Quién habla? —preguntó él con voz seria y grave, la típica voz que usaba en reuniones de trabajo.

La niña puso los ojos en blanco y continuó.

—Soy yo, Delphini, tu hija —aclaró caminando hacia una esquina de la habitación, la que estaba más cerca de su cama. En ningún momento intentó cambiar la suavidad y vulnerabilidad de su voz. En su lugar, pareció incrementarlas—. Te llamo desde el número de una amiga, Carol. La recuerdas, ¿verdad? Fue a la casa en vacaciones. La que tiene el pequeño Yorkshire, ese que se orinó en el sofá.

En su cama, la tal Carol no pudo evitar sonrojarse al recordar el desastre que había hecho su perro aquel día. Esperaba que ya lo hubiesen olvidado, pero estaba claro que no.

—¿Princesa? —preguntó el papá ahora sí convencido de que se trataba de su pequeña—. ¿Cómo estás? ¿Estás bien? ¿Por qué me estás llamando de un número desconocido? ¿Y tu celular?

—Justo por eso te llamo —dijo sintiendo como sus ojos claros se irritaba tratando de contener las lágrimas. Se apoyó en la pared de la esquina y se dejó caer lentamente hasta sentarse sobre el viejo suelo de madera oscura—. Me quitaron mi teléfono otra vez.

—¡¿QUÉEE?! —lo escuchó gritar al otro lado de la línea. De hecho, tuvo que alejar el aparato de su oreja para que no le dañara los tímpanos— ¿Cómo que te quitaron el teléfono? ¿Quién fue? ¿Otra vez esas monjas?

—Shí —masculló sosteniendo el móvil entre su hombro y cabeza para tener sus manos estuviesen libres—. Me lo volvieron a decomisar y ahora no me lo quieren dar hasta que vengas a hablar con ellas —añadió.

Sus amigas la miraron divertida y volvieron a sus asuntos, siempre atentas a las próximas palabras que su amiga utilizaría.

Rodolphus Lestrange soltó un suspiro pesado y se llevó una mano a las sienes. Ya podía imaginarse lo qué había pasado.

—¿Otra vez, Delphini? Creí que ya habíamos hablado de esto, princesa. No puedes usar tu celular en clases —dijo chasqueando la lengua. La rubia soltó un pequeño sollozo, como si sorbiera por la nariz, y eso lo hizo sentir culpable—. A ver, dime qué pasó esta vez. ¿Cómo fue? ¿Qué te dijeron?

Una suave y casi imperceptible sonrisa se formó en los labios de la niña antes de transformarse en un constante temblar de labios conteniendo un llanto que nunca llegó.

—Ay, papi. Yo estaba bien tranquila en clases cuando la hermana Agnes, la profesora del curso, comenzó a decir cosas sobre el tema que estábamos viendo que me llamaron la atención, así que, como no quería quedarme con la duda, quise investigar ahí mismo, entonces saqué mi celular y me puse a leer todo lo que pude encontrar. Fue así como encontré un libro que parecía hablar del tema —comenzó su relato, cubriendo puntos claves que, probablemente, bajó un análisis más detallado de los hechos, tendrían muchas inconsistencias con la versión que contarían las monjas, pero que, bajo la mirada afligida de un padre devoto, eran más que suficientes para ponerlo de su lado— Y, entonces, después de gritarme, me hizo volver a rezar ese tapete horrible que tiene.

Delphini sorbió por la nariz, enjugándose una solitaria lágrima que, tras mucho esfuerzo, logró soltar.

—Esa vieja… —susurró para sí mismo, apretando el puño de la rabia que sentía— ¿Cómo están tus rodillas? ¿Te duele? ¿Te lastimó mucho?

—No, están bien. Voy a echarme el ungüento en un rato.

—¿Se ve feo?

—Hmm… No, se ha visto peor antes —comentó restándole importancia mientras sus manos se dirigían al suelo, buscando a base de pequeños golpes contra la superficie la zona hueca que se escondía tras la madera—. Pero ahora tengo un problema. No me darán el celular hasta que tú o mamá venga a hablar con la madre superiora.

—Sí, ya lo sé.

—Ya sabes que mamá no vendrá, así que me preguntaba si podrías venir pronto —dijo con una voz calmada, algo ronca por los sollozos—. Lo necesito para hacer mi tarea y para comunicarme contigo. Las computadoras del laboratorio no siempre están libres y no puedo estarle pidiendo el teléfono a Carol todo el tiempo —la mencionada sonrió aún sobre la cama de su amiga y se llevó las manos a la boca para contener una risilla—. ¿Podrías venir, por favor?

Mientras encontraba la tabla de madera floja que tanto buscaba, Delphini Lestrange escuchó el exhalar pesado de su padre lo que era señal de un mal augurio en todos los sentidos. Apretó los labios ligeramente decepcionada por la respuesta que obtendría a continuación, pero aun así no dijo nada.

—Lo siento, princesa. Estoy ocupado —dijo con una gran carga de culpa en la voz—. Tengo una reunión mañana y el internado está muy lejos. Además, tu tío Greyback llegará el viernes, entonces tengo que recibirlo aquí así que no puedo ir pronto.

—Hmmm… Está bien, papi. No te preocupes, yo me las apañaré sola.

La voz de la niña se apagó de repente, hundiendo a su padre aún más en aquel mar de culpa.

—Pero, podría ir el fin de semana, ¿te parece? —consoló carismático tratando de animarla—. Hablaré con las hermanas y solucionaremos todo, ¿ok, princesa? Solo prométeme que ya no volverás a dejar que te atrapen, ¿sí?

—Ok.

—¿Quieres que te lleve algo de aquí? —ofreció no dispuesto a colgar hasta antes haber escuchado, por lo menos, un ápice de alegría en la voz de su hija—. ¿Quieres que te lleve chocolates de esa tienda que te gusta? Puedo ir a ahí o, si quieres, podemos ir a comer algo. No creo que nos impidan la salida.

—¿En serio, papi? ¡Me encantarían ambas! —dijo animada mientras retiraba la tabla con mucho cuidado para no dañar el suelo—. ¿Puedes traerme también una botella nueva de shampoo? Ya se me va a acabar.

—Has una lista de todo lo que te falte y lo compramos el día que voy, ¿te parece?

—Ok —dijo sonriente, haciendo notar su cambio de humor para la tranquilidad de su progenitor—. Gracias, papi.

—De nada, princesa.

—Ya me tengo que ir, papi. Carol quiere su teléfono.

—Ok, ok. Con cuidado, ¿sí? Hablaré con la directora y nos vemos el fin de semana.

—Ok. Nos vemos, un beso.

—Adiós, princesa. Cuídate.

Con un suave movimiento del dedo índice, la heredera Lestrange finalizó la llamada y dejó el teléfono a un lado para poder sacar la pequeña caja rectangular de cartón escondida debajo del piso. Era de color blanca y tenía el logo de una reconocidísima marca de productos digitales en la tapa. La chica extrajo el objeto y lo abrió para relevar su antiguo teléfono, aquel que hasta hace apenas un mes estuvo usando a diario.

—¿Terminaste? —preguntó Carol llamando su atención.

—Sí, toma —respondió devolviendo la tabla de madera a su respectivo lugar antes de levantarse con ambos teléfonos para volver a su cama—. Gracias —susurró al devolverlo a su respectiva dueña.

La rubia sacó el cargador de la caja y puso a cargar el teléfono recién encontrado. La pantalla oscura se iluminó en cuanto la energía empezó a fluir a través de sus circuitos. El solitario número cero apareció indicando que todavía debía esperar unos minutos antes de encenderlo.

No importa, no había prisa, pensó dejando el aparato sobre su mesita de noche y volviendo a recostarse junto a la pelinegra.

—¿Por qué le engañas de esa forma si tienes otro celular ahí escondido? —preguntó una de sus compañeras apartando disimuladamente la vista de su cuaderno—. ¿No se da cuenta?

—No tiene porque —dijo sin mirarla. Se acomodó al lado de su amiga Carol y ambas se pusieron a ver en silencio las actualizaciones en las stories de Instagram de los famosos que seguían—. Además, ese teléfono no sirve.

—¿Cómo que no sirve?

—Ah, no tiene internet —respondió como si fuese lo más obvio del mundo—. Oye, regresa a la otra —pidió volviendo su atención a la pantalla del teléfono de Carol.

—Pero, es un 6S. Tiene Wi-Fi.

—Sí, pero el Wi-Fi de aquí es una caca. Me desespera que sea tan lento, prefiero los datos —dijo levantando la mirada, irritada de tantas preguntas sin sentido—. No pasaría nada si tuviera el chip, pero la madre se lo quedó con el teléfono así que... pues, nada, valió —dijo chasqueando la lengua, poniéndole fin al tema—. ¿Qué? ¿Se ha pintado el pelo? Qué bonito le queda, ¿no?

—Sí, está preciosa —respondió la pelinegra a su lado, con una sonrisa bonita en sus labios—. Va a sacar nuevo álbum así que supongo que deben ser las fotos del detrás de cámara.

—¿Cuándo crees que sacará el primer sencillo?

—No sé, si supiera no estaría tan pendiente de todo lo que publica.

—Dah —rieron.

No tardaron mucho en llegar a las infaltables instastories del día de hoy del extravagante Sirius Black. Como siempre, el más que famoso noble inglés exponía su día a día a los ojos de miles de desconocidos a través de la cámara de su teléfono. Había una de él en el gimnasio levantando pesas, otra de él hidratándose, luego una almorzando con su ahijado y ahora veían unas en las que le hablaba a la cámara en lo que parecía ser un salón lleno de espejos y suelo de madera.

—"Uff… Otro día dándolo todo… aquí… en las clases de la profesora" —dijo jadeante, acomodándose el largo cabello negro hacia a un lado, permitiendo ver su ángulo bueno o, al menos uno de sus tantos ángulos buenos—. "Estamos preparando algo genial, chicos. Ya les iré mostrando cuando esté más perfeccionado, pero, se los prometo, va a ser épico" —sonrió.

Carol no pudo evitar suspirar al ver esa perfecta y bonita sonrisa de galán patentada. Delphi solo la miró divertida y volvió su atención al pelinegro.

—"Aquí está el team McGonagall ganando como siempre… Saluda, Neville".

—"Hola" —dijo un muchacho avergonzado mientras escondía su rostro parcialmente con una mano no mostrar su tierna sonrisa. Ya lo habían visto un par de veces en anteriores videos, pero hasta el momento no podían descubrir más sobre él además de lo básico que el millonario alguna vez había contado en sus lives—. "Adiós".

—"Síganlo en su Instagram, lo voy a poner por acá. Da consejos para cuidar plantitas. Sé que hay muchas chiquibabies lindas por ahí que les gusta criar plantitas así que ahí mi amigo Neville les puede dar algunos tips. ¿Cómo te buscamos, Nev?"

—"Síganme como nevlong. Ahí publico algunas cosas que tal vez les gusten".

—Sabes, si criara plantas, tal vez lo seguiría —dijo la pelinegra en voz alta pasando a la siguiente historia—. Estuve revisando su Instagram y casi no sube nada con Sirius.

—F.

—"Aquí está la hermosa y sensual profesora Mc…"—

—"Sirius, quita esa cámara de mi cara o la voy a tirar".

—"Tan carismática como siempre. Oiga, ya pues, ¿cuándo va a aceptar ser mi futura esposa? Yo voy en serio con usted" —la mujer mayor le lanzó una mirada matadora antes de volver a sus asuntos con sus libros contables—"Ya entendí, ya entendí. Es tímida".

—"Vete"

—"Saben, mejor vamos por acá, no vaya a ser que se transforme en una fiera, si ya saben a lo que me refiero —el hombre soltó una suave risa picarezca antes de girarse, todavía teniendo a la mujer mayor en el fondo de la imagen—. Ya saben lo que dicen: mientras más arrugada, más dulce la fru… ¡Ya! ¡Ya! No me pegue. ¡Auch! ¡Ya! ¡Ya me voy!".

—Ja —rio Delphi—. A veces me pregunto quién será esa señora. Me cae bien. Es chida.

—Sí, me gustaría saber quién es y dónde enseña. ¿Aceptara alumnos? ¿Te imaginas que vaya y me encuentre con Sirius Black? —murmulló la pelinegra, sonriendo como una tonta— ¡Ay! Es que yo no puedo con este hombre. Como me encula este caballero.

—¡JAJAJAJAJAJA! —estalló Delphi en escandalosas risas.

—"Saluda, Luna" —pidió el millonario en la siguiente story— "Oe, saluda"

—"¡Holi!".

—"Ya saben, síganla en su Instagram".

—"¡SIGANME EN MI INSTAGRAM! Estoy como moony_lovegood. Subo fotos casi todos los días. Pueden reservar su sesión por inbox"

—Me cae mal esta chica —se quejó arrastrando las palabras—. ¡¿POR QUÉ NO PUEDO SER TÚ?!

—Porque es muy adorable para ser tú —respondió Delphi acurrucándose más contra ella—. Tienes la mente muy cochina.

—Cállate —la rubia le sacó la lengua de forma infantil—. Luna es bien tierna. Qué suertuda.

—"Y por aquí tengo a nuestra nueva adquisición, uno de los mejores de bailarines del mundo. El gran y único Viktor Krum, mi nuevo mejor amigo. Saluda, Krum" —Sirius se puso al lado de un muchacho alto y atlético de mirada seria, pero de apariencia atractiva. El desconocido frunció el ceño y sonrió de forma extraña aparentando más una mueca. No dijo nada, pero algo en su mirar indicaba que se sentía algo incómodo ante tanto contacto por parte del mayor—. "Es un poco tímido porque no entiende muy bien el inglés, pero ¿quién lo hace?" —rio alejándose—. "Síganlo en sus redes, lo voy a poner por aquí. Es un campeón internacional y está soltero por si acaso".

—Está guapo el mushasho —comentó Delphi pausando el video con un dedo para poder apreciar mejor el rostro cincelado del búlgaro—. Como para mí. Tú te quedas con Black y yo con el Krum. Tendríamos citas dobles.

—Hecho.

—"Y aquí está… ¡Oye, Snape! Déjala respirar" —gritó cambiando la cámara frontal de su móvil a la cámara trasera para enfocar a una pareja acurrucada en un sofá—. "Oye, oye, oye, esa mano. ¡Sáquese de ahí, cochino! Esto no es un hotel".

—"¡Oe, oe, oe, oe!" —escucharon gritos y risas lejanas provenientes de las demás personas presentes en el video—"¡Échenle agua!"

La pareja, que no estaba haciendo nada malo cabe aclarar, se vieron obligadas a separarse a regañadientes, acabando con su pequeña sesión de besos por culpa del molesto "camarógrafo".

—"Aquí está mi hermosa Hermione, la bailarina más increíble de todo el país. Saluda, Herms".

—"¡Hola!" —saludó la chica castaña forzando una sonrisa, pero colaborando con el video.

—"Aquí estrenando novio nuevo, la traviesa" —rio el millonario haciendo que ella se quejara—. "Ya está algo usado, es de segunda, pero todavía sirve, ¿no, Mione? Todavía puede JAJAJAJAJA"

—"Cállate, Sirius".

—"Saluda, Snivellus. No seas quedado… Tsk, Snape, saluda, pues —exclamó tratando de poner su teléfono frente a su cara, pero su interlocutor, quien evidentemente era mayor que la muchacha, se negó—. ¡Snape!"

—"Adiós, Black"

—"Ya no los voy a dejar salir en mis videos, me asustan a mis chiquibabies".

Probablemente, tal vez en otro contexto o en otra vida, Delphini Lestrange no le hubiese mayor importancia a ese video. Tal vez, solo se hubiese reído junto a su amiga mientras pasaban a la siguiente story del siguiente famoso. Tal vez, no hubiese reparado en ponerle atención al nombre del desconocido. Tal vez, ni siquiera se hubiese molestado en ver la cara del hombre al que Sirius Black acosaba con su teléfono.

Tal vez, en un mundo donde las coincidencias fuesen nulas, Delphini Lestrange jamás hubiese reconocido al hombre detrás de la pantalla.

"No puede ser... No puede ser... Esa horrible voz yo la conozco", pensó abriendo los ojos como platos, reincorporándose sobre la cama como si tuviera un resorte en la espalda, estirando su mano para arrebatarle el teléfono a su amiga de un zarpazo. "¡¿Es Snape?!"

—¡O-Oye! —gritó Carol reincorporándose también, completamente confundida y asustada por lo que acababa de pasar—. ¡¿Qué carajos te pasa?! ¡Delphini! —chilló esperando captar su atención.

Sin embargo, la rubia estaba demasiado ocupada retrocediendo a la última historia de Sirius Black como para escucharla.

"Adiós, Black".

Un repentino gemido ahogado se quedó atascado en el fondo de su garganta cuando aquellas palabras resonaron por los parlantes del celular inundando la habitación.

El solo escuchar la voz grave y huraña de su tío hizo que se le pusiera la piel de gallina.

—Esa voz, esa voz yo la conozco —susurró para sí misma, sintiendo que acababa de descubrir la cura para el cáncer o el nombre del próximo ganador de la temporada de premios—. ¡Es Snape! ¡ES SNAPE!

No había duda.

Era Snape.

Esa nariz ganchuda, ese cabello negro y graso estilo Lord Farquaad, esa eterna mueca de disgusto en sus labios y ese ceño fruncido que le aumentaba la edad eran características propias de su tío Snape.

Ese hombre era su tío Snape.

Ese hombre que estaba besando a esa chica era su malhumorado tío Snape.

Y ahora era amigo de Sirius Black.

ª

—Delphini, Delphini. ¿Qué pasa? ¿Qué tienes?

El sistema se está actualizando. No apague ni desconecte el equipo.

—Oye, ya. No juegues. Da-Dame mi teléfono.

No puede ser.

¿Qué estaba pasando?

Ya se estaba asustando.

¡¿QUE ALGUIEN LE EXPLIQUÉ QUE ESTÁ PASANDO?

"Adiós, Black"

—¿Delphi?

—Es Snape —susurró saliendo de su trance, dejando caer el aparato sobre el colchón sin importarle si rebotaba o no—. Es Snape.

—¡Oye, ten cuidado! —exclamó la pelinegra recuperando su aparato y girándose a verla extrañada— ¿Quién mierda es Snape?

Delphini demoró un par de segundos para de salir de su estado de shock inicial. Sus manos temblaban y su cabeza le daba vueltas. Esto era demasiada información nueva de un solo golpe, ni siquiera sus clases de historia la dejaban tan mareada como esto.

En el dormitorio, todos la observaban preocupadas y en silencio.

Finalmente, logró enfocar la vista en Carol y, haciendo uso de sus pocas fuerzas, logró articular una respuesta.

—Mi tío.


Oxford es una universidad grande, muy grande, por no decir la más grande del Reino Unido.

Con tantos años activa dentro de la industria académica y con cerca de 3300 ingresantes de pregrado al año —por no mencionar los 5500 de post grado—, Oxford constituye una de las casas de estudios con el mayor número de colleges para albergar a sus estudiantes.

Para ser más exactos, 38.

Estos colleges, también llamadas residencias universitarias, son entidades totalmente independientes, dueñas de sus propios inmuebles —los cuales son muchos— y poseedoras de su propio presupuesto y personal. Como dato adicional, les puedo decir que cada alumno y profesor de Oxford debe pertenecer necesariamente a una de estas 38 instituciones al momento de su ingreso.

El college de su elección pasara a convertirse en su "casa" por el resto de su estadía en la universidad.

Algo así como si un sombrero seleccionador parlante te sorteara entre las casas de colores de una escuela de magia y hechicería o algo parecido.

Realmente es todo un mundo este tema de los colleges. Son tantos que me podría pasar el resto del capítulo hablando de ellos, pero no le veo el caso. Sin embargo, para quienes le interesa saber un poco más sobre estos "alojamientos" —por así decirlo—, creo que podemos dar un breve recorrido.

Empecemos por Hertford College.

La mayoría de los estudiantes describirían esta institución como "amigable y bonita".

Era el tipo de lugar donde era fácil hacer amigos y sentirse como en casa. Tal vez se debía a que Hertford era el college al que, por lo general, enviaban a los estudiantes de primer año al momento de su ingreso.

La universidad puede ser algo abrumadora al inicio. Un ambiente amigable e inclusivo como Hertford garantizaba una cálida bienvenida para todos los recién llegados.

Entre las múltiples atracciones que ofrece este college, sus habitantes parecen destacarse particularmente por su gran afición a la cocina y la buena comida. Su ingenioso equipo de catering organiza banquetes con regularidad para celebrar todo: desde el Día del Panqueque hasta cenas más formales dos veces por semana.

En conclusión, Hertford College acepta y da la bienvenida a todos los recién llegados.

A partir del segundo año puedes optar por quedarte ahí o cambiar a alguno de los otros colleges para seguir alojándote en Oxford. A partir de este momento, todo dependerá de dos cosas: tu capacidad para los estudios y/o deportes o tu poder adquisitivo.

Sí, sé que suena feo, pero es lo que hay.

Tómalo o déjalo.

Hay colleges muy buenos y accesibles a todo bolsillo como Exeter, Keble o Mansfield.

Son alojamientos universitarios muy buenos y espaciosos que contaban con grandes bibliotecas abiertas las 24 horas, gimnasios y áreas deportivas, salones de estudios, cafeterías, comedores —si no me equivoco, Keble tiene el comedor más largo de todo el campus— y una muy amplia y variada gama de estudiantes, aunque su principal población eran los alumnos provenientes de colegios estatales. Si deseas entrar a un coro, grupo de teatro, debate, música, deportes o cualquier otra actividad extracurricular, probablemente tendrías una buena oportunidad en cualquiera de estos colleges. Y, si eres de esas personas que tienen miedo a los cambios y no te gusta la idea de abandonar tu anterior college, descuida. Mansfield es prácticamente lo mismo que Hertford, solo que más pequeño, acogedor e informal

Pero, así como hay colleges disponibles para todo el mundo, también hay otros a los que ningún simple mortal podría acceder.

Como el Saint John's College.

No es que dentro de Oxford exista una notoria discriminación económica entre estudiantes —o eso es lo que se supone—, pero si le preguntas a cualquier alumno de la universidad cuál es el college más costoso o cuál tiene el mayor número de estudiantes provenientes de internados privados, probablemente te responderían que Saint John's.

Este college tiene el presupuesto más alto del todo el campus: £303,850,750 al año para ser exactos.

Si tuviera esa cantidad de libras, no sabría en qué gastarlas, pero estaba claro que los administrativos de Saint Johns, sí.

Por lo general, el dinero se iba en el mantenimiento de sus muy bien equipadas zonas de recreación y en la organización de actividades sociales a lo largo del semestre. No por nada, Saint John's es conocido entre los universitarios como el college con el mayor número de escándalos de Oxford. Por supuesto, los profesores y otros miembros de Saint John's lo negarían, pero era algo así como una verdad que todos sabían, pero que nadie quería admitir.

Al igual que el Oriel College, Saint John's era un alojamiento elitista para un círculo cerrado de jóvenes universitarios cuyo patrimonio los ubicaba rápidamente en la categoría de clase alta, la famosa upper class.

¿Cómo llamarías a los que se alojan ahí?

Pues, si me lo preguntas, hay muchas formas de decirlo en español, dependiendo del país que seas.

Pitucos, cuicos, chetos, fresas, pijos, sifrinos, popis, pipis, gomelos, jaibón, yeyés, los pípirisnais…

A mí me gusta llamarles: los Lucius Malfoy.

Sí, Lucius Malfoy había pertenecido al Saint John's College cuando estudió en Oxford hace ya muchos años.

Realmente no hay por qué sorprenderse, creo que era más que obvio.

Lucius había ingresado a estudiar Negocios y Administración y, después de terminar su primer año Hertford, fue trasladado a los edificios de Saint John's en donde se alojó en una de sus tantas habitaciones lujosas. Del tamaño de un minidepartamento, su dormitorio contaba con una habitación grande, una zona para el living, armarios y un baño privado, un closet espacioso, balcón independiente y una kichenette totalmenteequipada.

Realmente creo era un poco demasiado para una sola persona la cual era un estudiante que apenas sí pasaba tiempo ahí además de para dormir. No me estoy quejando, obvio no. Si a mí me dieran la oportunidad de vivir en un dormitorio como ese, lo aceptaría sin dudarlo. Es más, tendrían que sacarme a rastras de ahí al terminar la carrera. Pero sí me parece un poco injusto en comparación a dormitorios más humildes como los de Exeter.

En comparación al primero, una habitación simple con el espacio justo para una cama y un escritorio era como una alacena diminuta bajo las escaleras.

Por suerte, ese no fue el caso para Severus Snape quien fue acogido por la elitista casa de Oriel College, a pesar de todos los pronósticos en su contra.

Sí, Oriel era el hogar de los chicos ricos, pero también de los estudiantes de alto rendimiento. Si destacabas lo suficiente, había una posibilidad de que Oriel considerara evaluarte antes de darte acceso a sus amplios dormitorios: Una sola habitación con espacio de sobra para tu cama, tu escritorio, estantes, radiador, walking-closet y un baño para tu uso exclusivo.

Ya sea que fueras un genio en lo académico o un atleta de alto rendimiento —sobre todo en remo, ellos aman remar—, conseguir una vacante en Oriel no era tarea fácil; no obstante, gracias a las miles de cartas de recomendaciones escritas por sus profesores, Snape pudo cambiarse a estas instalaciones en su segundo año de carrera.

Y uno pensaría: "Oh, ¡qué bueno! Irá a la universidad de sus sueños en una de las mejores locaciones y será muy feliz".

Pues no.

¿Ya les dije que Oriel está rankeada por los mismos estudiantes de Oxford como el college más elitista y conservador del campus?

O al menos así lo era durante la época en la que Snape asistió a clases.

La mayoría de los estudiantes —por no decir todos— pertenecían a colegios privados de alto status y sus representantes académicos eran muy puristas y conservadores. Realmente miraban con malos ojos a los estudiantes que no "pertenecían" a su mundo o que tenían ideas diferentes a su pensar.

Aclaración: no quiero quemar a los estudiantes de Oriel, así que, si conocen a alguno, no le digan que les dije "elitistas y conservadores". Yo solo me estoy basando en diferentes opiniones que encontré en vlogs en YouTube y algunos foros universitarios.

En fin, volviendo a lo que realmente nos importa, si el ambiente del Oriel College era tan tóxico para personas fuera de este círculo cerrado, ¿cómo fue que Severus Snape sobrevivió toda la carrera ahí?

Pues muy simple, no lo hizo.

Por más recomendaciones que tuviera, era claro que la elitista Oriel no era para él, sobre todo cuando vivía gracias a los pocos ingresos que le ofrecía su beca y ahorraba cada centavo para poder llegar a fin de mes. Sin un mecenas que financiara sus estudios como Dumbledore, probablemente Snape no hubiese terminado ni el tercer semestre.

Lo que me parece más chistoso de todo esto es que teniendo Oriel un presupuesto mucho más bajo que St. Johns, era mucho más "pituco" que este último.

En fin, la hipotenusa.

Fue por eso que tomó la sabia decisión de mudarse de college, a uno que fuera más acorde a él. Al principio pensó en volver a Hetford, su zona de confort. Luego pensó que le gustaría explorar la biblioteca de Keble o disfrutar de las instalaciones de Exeter, pero una fabulosa propuesta llegaría unos días antes de terminar sus papeles de traslado, una propuesta que no podía rechazar:

La propuesta de Lucius Malfoy.

Cálmense.

No fue una propuesta de matrimonio.

"—Ven a vivir conmigo, Severus. Mudémonos juntos".

Bueno, tal vez un poco.

Guiño.

Lucius ya llevaba unos años viviendo en Saint John's y, según lo planeado, le faltaban un par de semestres para dar por finalizados sus estudios y egresar de la universidad. A pesar de no estudiar la misma carrera o compartir facultad, todavía seguía hablándose con aquel chico pelinegro que conoció en Hogwarts. Le caía bien. Era una persona brutalmente honesta dentro de su mundo superficial, un diamante en bruto que planeaba conservar.

Fue así como el heredero aristócrata decidió acoger bajo sus alas al huraño científico, protegiéndolo de todas las personas malintencionadas que se atrevieran a abusar de él dentro de aquel circulo elitista en el cual se desenvolvía desde nacimiento.

Un extrovertido adoptando a un introvertido, típico.

Cuando se enteró que su mejor amigo planeaba mudarse de college, no lo pensó dos veces y le ofreció su ayuda. ¡Que Oriel y sus puristas se fueran a la mierda! Snape no los necesitaba. Él era mucho mejor que ellos y, por ende, se merecía el mejor dormitorio universitario de Oxford. Podría tomar la habitación al lado y así podrían desvelarse jugando videojuegos, llegar juntos después de ir a los pubs a tomar los fines de semana o maratonear estudiando para sus parciales y cosas así.

Pero yo sé que tú, querido lector(a), te estarás preguntando: si Snape no tiene dinero ni para comprarse ropa interior nueva, ¿cómo carajos se supone que podrá vivir dentro del college más caro de Oxford?

Simple: las conexiones de Lucius Malfoy.

Todo tiene un precio, sobre todo los alojamientos. Con sus contactos y la billetera de papá, conseguir uno no sería difícil, pero el rubio estaba olvidando un factor importantísimo: el enorme orgullo de Severus Snape.

"—Gracias, pero no necesito tu dinero. Yo puedo conseguir mis cosas por mi cuenta".

Era un secreto a voces de que Severus Snape era de esas personas que no les gustaba recibir la ayuda de nadie bajo ninguna circunstancia. Siempre se esforzaba por realizar sus cosas lo mejor que sus habilidades le permitieran y siempre procuraba hacerlo solo. Ya pueden imaginarse la tortura que era para él trabajar en equipo. En todos los años que Lucius llevaba conociéndolo, nunca entendió por qué esa obsesión de querer hacer todo por sí mismo, como si nadie fuese lo suficientemente capaz para ayudarlo y solo fuesen un estorbo para él.

"Trabajo solo", ese era su lema.

Y también: "Todos son inútiles".

"Tal vez era algo psicológico", solía pensar el mayor.

Tal vez, estaba tratando de probarse a sí mismo. Tal vez, quería demostrarle algo a alguien. Puede que sintiera vergüenza de pedir ayuda o puede que fuese una combinación de todo eso y mucho más.

Jamás lo sabría.

Era muy reservado.

Sea como sea, que Severus aceptara su oferta no iba a ser cosa fácil.

Qué bueno que el ser el mejor amigo de Snape te hacía desarrollar ciertas habilidades especiales como la persuasión y la paciencia y qué bueno que Lucius tuviera un talento natural para las negociaciones y para obtener lo que sea quisiera.

No por nada era un Malfoy.

"—Deja el orgullo, Snape. Tú y yo sabemos que mereces estar aquí. ¿Quieres llegar lejos? Créeme, no lo lograrás por tus propios medios. Todo el mundo necesita de una palanca en esta vida, así es cómo funciona el mundo. Si quieres formar parte de ese exclusivo círculo de "cerebritos" del que tanto hablas, júntate con las personas que puedan garantizarte un lugar o conexiones que puedan ayudarte. Así se hacen los negocios" —dijo con indiferencia mientras lo miraba empacar sus pocas pertenencias. Snape hizo caso omiso a sus palabras y continuó doblando su ropa para meterla dentro de su maleta. Lucius soltó un suspiro y rodó los ojos—. "Ahora, no es como que te vaya a dejar vivir gratis en mi dormitorio. Obviamente, te voy a cobrar. Vas a estar viviendo conmigo, ¿sabes cuántas mujeres matarían por estar en tu lugar?".

Snape sonrió de lado y negó con la cabeza— "Entonces ve a ofrecérselo a ellas".

"—¿Y que mi madre me mate si entera que estoy viviendo con una mujer sin haberme casado? No gracias" —el comentario logró sacarle una pequeña risilla al menor. ¿Cómo olvidar a la "encantadora" Madame Malfoy? Una devota creyente que no tenía la culpa de tener a un idiota como hijo—. "Vamos. Te cobraré barato. Podrás quedarte en mi living, dormirás en el sofá, usarás mi computadora cuando quieras y me pagarás preparando mi cena y ayudándome a pasar Estadística. Es una ofertón, si me lo preguntas. Si esto fuese una inversión, sería la más segura".

Y, a pesar de que Lucius insistió una y otra y otra vez, Snape siempre mantuvo su orgullo y dignidad diciendo que no.

O al menos así lo hizo hasta que vio el precio que le costaría pagar su capricho de trasladarse.

"—Te odio" —susurró el día que metió su última caja con pertenencias al dormitorio de su platinado amigo en el college de Saint Johns.

Lucius, apoyado en la puerta de su cuarto, solo atinó a sonreír antes de responder—. "Yo también".

Como siempre pasa, el convivir todos los días con una misma persona durante un buen tiempo genera vínculos que, muchas veces, van más allá de una simple amistad de colegio.

A pesar de que vivir con Malfoy no era tan fácil como hubiese imaginado, Snape descubriría que fue una de las mejores decisiones que pudo haber tomado en lo que respecta su vida personal. Ser amigo de Lucius Malfoy le daría la familia escogida que tenía hoy en día: Narcissa, Bellatrix, Draco, Alecto, Amycus, Rabastan, Rodolphus, Nott, Zabini y tantos otros más.

Puede que no fuesen las mejores personas, puede que tuvieran cientos de defectos y puede que a veces se excedieran con sus bromas o comentarios, pero no los cambiaría por nada del mundo porque le habían demostrado miles de veces su apoyo incondicional no importara la hora o el lugar.

Tenía amigos muy excéntricos que componían una especie de familia disfuncional que, de alguna forma, funcionaba para él.

Esta bonita amistad, que había generado sus primeros brotes en Hogwarts, echaría raíces en Oxford y trascendería sólida y saludable a la vida adulta, esta vez, con Londres como escenario, siempre superando los diversos obstáculos que el ambiente le imponía para seguir dando frutos incluso después de 20 años.

Es por eso que me parece muy tierno que los retoños de esta amistad continúen fortaleciendo estos lazos de compañerismo y familia dentro de las mismas paredes de piedra de la milenaria universidad inglesa, incluso cuando no fuese dentro de los mismos colleges.

New College era una de las tantas locaciones de Oxford que tenía como población principal a estudiantes de colegios privados. Tenía muy bonitos edificios, tal vez los más bonitos de todo el campus. Eran de estética gótica y sus jardines eran la principal atracción. Escondidos dentro de sus construcciones de piedra y arcos ojivales con rosetones incluidos, esta serie de jardines y corredores serían la locación perfecta para grabar una película de fantasía.

Por ejemplo, diría que este college en específico sería perfecto para ser el escenario principal de una historia de magos y brujas que estudian magia en medio de Escocia.

En fin, New College era algo así como el hijo pequeño de Saint John's, lleno de personas con cierto valor adquisitivo y uno que otro elitista; sin embargo, era mucho más amable y cálida, abierta en cuanto opiniones y con un estilo más relajado que se reflejaba en sus propios estudiantes.

Draco Malfoy se alojaba aquí, en uno de las tantas habitaciones grandes de puertas rojas que su college tenía para ofrecerle. Con el espacio suficiente para una cama grande, escritorio, closet, biblioteca, frigobar, chimenea y un baño compartido con la persona de la habitación de al lado, Draco vivía cómodamente, libre de…—

—¿Podrías callarte?

—¿Perdón?

—Que si te callas —repitió el rubio sin tomarse la molestia de apartar la mirada de la pantalla de su laptop en su escritorio junto a la ventana—. Ya me tienes aburrido hablando sin parar del mismo tema. Por última vez, a nadie le interesa los colleges.

—Ah, ¿sí? ¿Eso crees? Pues díselo a mis 52 mil subscriptores que me han pedido un tour por la universidad —respondió Blaise Zabini con fastidio. El muchacho moreno estaba sentado en la cama del rubio y, hasta hace poco, estaba hablándole a la cámara que tenía al frente apoyada en un trípode profesional—. Ya estarás contento. Ahora tengo que repetir la toma.

—Jódete.

Blaise y Draco eran compañeros de piso dentro de New College. Blaise vivía en la habitación de al lado y, por ende, compartían el baño.

Ignoren sus actitudes un tanto hostiles.

Aunque no lo parezca, estos dos "primos" se llevaban bien, casi tanto o más que sus propios padres.

De hecho, todos los retoños pertenecientes al círculo Malfoy y asociados se llevaban tan bien que prácticamente se trataban de primos, incluso de hermanos. Al ser hijos únicos en su gran mayoría, debían buscar compañía los unos en los otros para lograr sobrevivir a las locuras de sus padres.

Y qué locuras.

Si ser hijo de un Malfoy no era fácil, imagínense ser hijos de un Zabini, un Carrow, un Nott o, peor, un Lestrange.

Un destino horrible que te haría perder la cabeza y muchas horas en terapia.

Esperen, ahora que recuerdo, así se llama su chat grupal.

—¿Qué no nos íbamos a reunir hoy? —preguntó el moreno mientras ajustaba el ángulo de su cámara— Quiero terminar este video entre hoy y mañana, ya tengo una semana sin subir contenido y ya sabes cómo es internet. Te retrasas un par de días y el algoritmo ya no te recomienda.

—Se supone que Pansy nos enviará el enlace al meet, pero todavía nada.

—¿Te fijaste en el chat?

—Sí.

—Pues fíjate otra vez.

Aish —se quejó abriendo la pestaña de WhatsApp desde su ordenador.

*3 mensajes nuevos en "LA TERAPIA LA PAGAMOS JUNTOS"*.

Corrección.

*4 mensajes nuevos en "LA TERAPIA LA PAGAMOS JUNTOS"*.

Parece que por fin el grupo revivía y, a juzgar por el sonido de la campanita de notificaciones, lo hacía rápido.

[Crabbe: Siempre nos vamos a reunir hoy?]

[Theo: Sí, estoy esperando .-.

Quién crea el meet?]

[Goyle: Pans, no lo ibas a hacer tú?]

(6 mensajes no leídos)

[Pansy: Sí, sí, sí

Perdón, mi conexión estaba pésima uu

Ahorita les envió el link]

[Crabbe: *Sticker*

[Pansy: *ha enviado un enlace*

Vayan entrando, porfis]

—Ven, ya enviaron el link —ordenó haciendo su silla giratoria de escritorio a un lado para que Blaise pudiera sentarse junto a él—. Trae una silla.

La familia escogida de Draco estaba conformada por muchos primos, ya sea en primer o "segundo" grado. Con los que más se relacionaba era con aquellos que creció: los hijos de los amigos más cercanos de sus padres: Blaise, hijo de su tío Zabini; Theodore, hijo de su tío Nott; Vincent, hijo de su tío Crabbe y Gregory, hijo de su tío Goyle.

Luego, estaban sus primos de segundo grado, los hijos e hijas de los amigos de sus padres que frecuentaba cada tanto, generalmente durante reuniones familiares importantes o tardes en el club. El mejor ejemplo era Pansy Parkinson, hija de su tío Perseus Parkinson, un importante y muy ocupado corredor de bolsa que había hecho negocios con su padre en más de una ocasión.

Se llevaba bien con todos —más con algunos que con otros—, pero desde que entraron a sus respectivas universidades, se había vuelto muy difícil coincidir presencialmente en un mismo lugar a una misma hora durante la mayor parte del año.

Gracias a Dios que vivían en la era del internet y las telecomunicaciones.

Prendió su cámara y su micrófono y Pansy le dio el acceso a la sesión. En la pantalla, se proyectaba en vista de mosaico las caras de todos sus amigos de la infancia.

Ahí estaba Crabbe en su habitación de Cambrigde. En el cuadro de al lado estaba Theo en lo que parecía ser el asiento trasero de su auto. Goyle estaba frente a un fondo descargado de internet, una foto con marca de agua de un gato muy gracioso. En la esquina inferior izquierda, Pansy hacía su aparición encendiendo su cámara y acomodándose los audífonos.

La pelinegra tenía una expresión de alivio plasmada en su rostro al ver a todos. Ya podía imaginarse lo desesperada que estuvo por culpa de su pobre conexión.

Siempre había sido muy impaciente para todo.

—¡Hola!

—Hola.

—Hola, chicos.

—¿Qué tal?

—¿Qué hubo?

—Lo máximo tu fondo, Goyle —rio Blaise acercando su rostro a la pantalla para ver mejor, empujando al rubio en el proceso—. No has limpiado tu cuarto, ¿verdad?

—No, por eso lo puse.

—¿Por qué no me sorprende?

—Con razón.

—¿Cómo lo supo? Jajajajaja.

—Jajajajajaja, este conche…

—Te pasas.

—Chicos —llamó Pansy, poniendo orden a esa caótica secuencia de voces masculinas que seguían sonando tan infantiles como en el pasado—. Delphini me escribió. Dice que se nos unirá en un ratito. Recién está saliendo de clases.

Un silencio incómodo se produjo después de aquel anuncio.

Siempre se producía un silencio incómodo cuando que se hablaba de ella, su única prima biológica por parte materna.

No se habla de Delphi, no, no, no.

—¿También estará con nosotros? —preguntó Theo sorprendido, produciendo eco en la llamada.

—Pues, claro —respondió como si fuese evidente—. Es nuestra principal fuente de información.

Theo puso los ojos en blanco y Blaise y Draco lo imitaron.

Delphini Lestrange era la prima más pequeña que tenía dentro de este pequeño circulo de "familiares" y, por ende, con la que menos frecuentaba debido a la notoria diferencia de edades. Sin embargo, Pansy siempre se esforzaba por integrarla en el grupo cada vez que podía, incluso si muchas veces fallara en el intento.

Tal vez lo hacía porque no quería ser la única chica.

O, tal vez, porque le tenía simpatía a la molesta niña.

—Bueno, volviendo al tema —retomó la pelinegra aclarándose la garganta y acomodándose el cabello para que esos mechones lisos no le cubrieran el rostro. Por un momento, adoptó esa pose dominante de hombre de negocios que había aprendido de su padre cuando aún vivían juntos—. Los he reunido aquí esta tarde para discutir un tema extremadamente importante para nosotros pues se trata del bienestar de una persona a la que todos aquí queremos: el tío Snape.

Realmente no había necesidad de hacer tanto preámbulo ni agregar misterio. Todos en la videollamada ya sabían o, al menos, tenían una idea de lo que estaba pasando con su malhumorado tío Snape desde que sus respectivos padres les habían ido con el chisme luego de que este desapareciera durante la gala de Halloween del hotel The Heir.

Por supuesto, cada uno había ido con su propia versión de los hechos, algunos más exagerados que otros, pero en lo que todos coincidían era en que estaban a nada de que el profesor de Química les impusiera una nueva tía antes de que acabara el año.

Y todo parecía indicar que podría ser más una prima que una tía.

—Entonces, ¿sí es verdad que está saliendo con una chiquilla? —preguntó Crabbe sorprendido, abriendo los ojos como plato— Wow. No esperaba eso, al menos no de él. Del tío Rab, sí, obviamente, pero ¿de Snape? Qué creepy.

—Coincido —secundó Goyle—. O sea, cuando me contaste, Theo, que Snape había salido con una chica que disque tenía nuestra edad, pensé que era una broma. ¡Él jamás haría algo así!

—¡¿Cómo va a ser broma si yo estaba ahí?! —chilló el mencionado, provocando eco para todos los demás— Estaba con Draco cuando pasó, ¿no, Draco? Le vimos su espalda. ¡Estaba toda arañada! Y no era como si se hubiese lastimado rascándose o algo por el estilo. Esos arañazos eran de mujer. Él mismo lo dijo.

—Sí, así es —respondió el rubio reprimiendo un escalofrío. Blaise rio ante tal reacción—. Que, si no lo hubiese visto, no lo creería —todos asintieron, completamente de acuerdo—. Desde que Snape se divorció de tía Valerie, pues, creo que todos hemos asumido que él ya no tiene… pues nada, ¿no? Se le acabó la acción.

—Sí.

—Sí.

—Coincido.

—Sí, él es bien puritano.

—Sí, además qué asco imaginar a tío Snape haciendo cositas —agregó Pansy frunciendo el entrecejo y toda la cara en general—. En fin, estuve hablando con Draco y Delphini porque ellos son los que tienen acceso directo a tía Cissy y tía Bella, quienes, ya sabemos, son las que siempre están al tanto de lo que hace Snape. Hemos estado intercambiando información así que les voy a resumir lo que sabemos hasta ahora, ¿ok? Draco, me corriges si me equivoco, por fa —añadió antes de mirar fijamente a su pantalla, indicador de que estaba leyendo algún apunte o similar—. Tío Snape ha estado comportándose raro desde la primera mitad del año. Se ha puesto en forma y lleva una vida más sana lo cual está bien, claro que sí, pero al mismo tiempo está despareciendo mucho. Draco dice que ya no frecuenta Malfoy House, tío Rodolphus dijo que ya no va a jugar con ellos el club, va a lugares sin avisar nada a nadie y parece que está haciendo gastos grandes porque mi papá, quien que le ayuda con sus finanzas, me ha dicho que ha estado gastando fuertes cantidades en cosas como viajes y eso.

—¿Y te ha dicho a dónde? —preguntó Crabbe curioso— Es su contador, debería saber.

—No me ha dicho más. Solo me lo comentó mientras cenábamos —respondió seria—. No quise parecer entrometida.

Conocía la pobre relación que Pansy tenía con su padre. Que le comentara algo como eso debió ser por pura casualidad.

—Pero si ya lo eres —quiso bromear Blaise, pero quedó claro que no fue una buena idea luego de la mirada gélida que la pelinegra le dedicó.

—Como decía —retomó—, Draco me dijo que Snape ha estado saliendo con alguien, la niñera de Lamarck, su perrito, ¿verdad, Draco?

Draco se acomodó sobre la silla giratoria negra y se mantuvo callado. Blaise, a su lado, lo miraba con atención. Sus ojos oscuros estaban sobre él al igual que los del resto de sus amigos, todos aguardando a que él dijera una palabra, un sonido, lo que fuese.

Draco humedeció sus labios y aclaró su garganta antes de hablar. No se sentía cómodo con la idea de exponer a su padrino de esa forma frente a todos sus demás "sobrinos", pero su comportamiento estos últimos meses le resultaba alarmante a pesar de que se le viera mucho mejor. No quería que la historia de su tío Rabastan se repitiera con Snape y la sola idea de que esto pudiera ir más lejos y terminara perjudicándolo otra vez lo aterraba, sobre todo después de lo de su falso viaje a Blackpool.

Algo le decía que esa muchachita superficial solo iba a traer problemas a su padrino y a su pobre y perturbada paz mental que sus padres tanto se esforzaban por cuidar a toda costa.

—Pues, parece que estuvo saliendo con esta chica —admitió finalmente, poniéndole fin a la infinita espera—, o sea, no sé mucho, en realidad. Él nunca me dijo nada directamente, pero habla con mi padre y con mamá. A veces, los he escuchado hablando en secreto y, hasta donde entendí, parece que se conocieron porque él necesitaba a alguien urgente que paseara a Lamarck, ya saben, por su problema de hiperactividad —se rascó la parte trasera de la cabeza y se tomó un par de segundos para ordenar sus ideas—. Él estaba demasiado ocupado con su trabajo y ella, disponible, supongo. No escuché los detalles de cómo se conocieron, pero lleva un buen tiempo trabajando para él, seguro desde antes de mitad de año.

—Entonces, ¿le gusta su empleada? —escuchó decir a Theo.

—Así parece. Papá se burlaba porque le parecía tonto.

—Es porque es algo tonto —interrumpió Pansy, apretando los labios en una mueca de disgusto probablemente adoptada de su tía Narcissa— ¿Cómo le va a gustar su empleada? Eso está mal en todos los sentidos.

—Totalmente.

—Sí.

—Qué ingenuo —exclamó Blaise a su lado—. Terminará lamentándolo más adelante, cuando tenga más deudas de las que pueda pagar.

Draco tomó aire y prosiguió.

Su corazón latió rápido. Sentía que estaba traicionando a su padrino hablando de él a sus espaldas.

Aun así, siguió.

—En fin, papá dijo que tuvieron algo y estuvieron juntos un tiempo muy breve —continuó recordando todas aquellas charlas que su padre había compartido con su padrino en el jardín de su casa durante lejanas tardes en las que jugaba con Lamarck entre la hierba, fingiendo no escuchar lo que sus adultos tenían para decir—. Ella lo cortó, parece que no quería nada serio. Ya saben, solo pasarla bien…

—No me sorprende.

—Por dos.

—Saben, creo que mi padrino sí estaba ilusionado —admitió luego de reflexionarlo un rato—. Hasta ahora siempre se ha negado a salir con alguien cada vez que le presentamos a una mujer, pero con ella fue diferente. Al parecer salían, incluso sé que fueron a la playa juntos y ya saben cómo odia la playa —todo estuvieron de acuerdo. Su padrino y la arena simplemente no se llevaban bien—. Creo que esa niñera era más especial de lo que pensamos, es decir, planeaba presentársela a su mamá por lo que escuché.

La habitación cayó en un incómodo silencio.

En general, todos los participantes de la videollamada se vieron envueltos en un abrumador e incómodo silencio.

Hablar de la muerte de alguien siempre es un tema delicado, incluso si nunca conociste a esa persona. Los chicos jamás conocieron a Eileen Snape, pero sabían lo mucho que significaba para su tío Snape. Era su madre y a pesar de todas las discrepancias, traumas y resentimientos que pudieran tener hacia ella, seguía siendo su madre, una mujer a la cual Snape adoraba con devoción.

Ellos lo comprendían mejor que nadie.

Sus padres tampoco eran perfectos, pero hacían lo que podían.

Solo Dios sabía cuánto dolor tuvo que aguantarse el día del funeral.

Draco había vivido todo el proceso junto a él, desde la funesta llamada y el conducir como locos a través de la ciudad hasta la cremación y el duelo. Vio a su padrino quebrarse en una sala fría de hospital y llorar desconsolado como un niño en el regazo de su propia mamá.

A veces no creemos que algo es real hasta que vemos a nuestros héroes llorar.

Ver al pelinegro tan vulnerable fue algo que se quedaría tatuado en su memoria por el resto de su existencia.

Ni mencionar los días posteriores.

Eso era algo por lo que jamás quería volver a pasar.

Los otros muchachos no se quedaron atrás.

En cuanto recibieron la noticia de que la madre de su tío había fallecido, pausaron lo que sea que estuvieran haciendo e intentaron viajar de regreso a Londres lo más rápido posible. Primos como Delphini o Goyle no pudieron llegar por obvias razones: se encontraban estudiando muy lejos de la capital. Otros, como Theo o Crabbe, pudieron llegar y acompañar a su tío en aquella difícil situación, pero Pansy…

Oh, Pansy.

Ella era otra historia.

Pansy Parkinson se encontraba estudiando su primer semestre de Leyes en l'Université de Lille, al noroeste de Francia, a casi cuatro horas y media de Londres, cuando ocurrió el deceso. Fue una de las primeras en enterarse, Draco le había escrito en un momento de desesperación cuando buscaba algo de apoyo emocional para hacerle frente a su padrino y consolarlo.

Uno pensaría que, a esas alturas y estando tan lejos, Pansy Parkinson no asistiría. Nadie la iba a juzgar si solo llamaba o enviaba un mensaje, eran entendible. Ella estaba muy lejos.

Pero un canal de 50 km de ancho no la iba a detener.

No cuando se trataba de su tío Snape.

Fue por eso que no le importó cruzar mar y tierra en un tren subacuático a través del Eurotunel solo para pasar unos diez minutos con él en uno de los peores días de su vida.

Se lo debía.

Debía estar con él dándole su apoyo tal y como él había hecho con ella cuando más lo necesitó.

Llegó tarde, casi finalizando la ceremonia, pero pudo acercarse a él y tomar su mano de manera silenciosa. No dijo nada, ni siquiera intentó abrazarlo pues sabía muy bien lo mucho que las muestras de afecto le molestaban. Lo único que hizo fue quedarse a su lado y mirar la fotografía de la madre muerta mientras le daba a entender que ella estaría para él, lista para escucharlo o reconfortarlo cualquiera que fuese el caso.

Nunca lo había visto tan destrozado desde el día en que su ex tía Valerie lo había dejado y eso le partió el corazón. No compartían ningún tipo de vínculos sanguíneos, ni siquiera sabía cómo es que había terminado llamando "tío", pero Snape era parte de su familia y ella no iba a permitir que lo siguieran lastimando.

No si podía evitarlo.

Y es que tenía una razón muy poderosa para ello.

—¿Ha vuelto a hablar de ella? —preguntó Crabbe, siguiendo el hilo de la conversación.

—No que yo sepa. Creo que no la ha vuelto a ver o, por lo menos, eso fue lo que le dijo a papá.

—Pues me parece bien —dijo la muchacha acomodándose un audífono en la oreja—. Tío Snape no merece estar con una mujer a la que le importa tan poco como para desecharle de esa forma tan horrible y fría. Después de lo de su madre, que en paz descanse, merece estar en paz y rodeado de gente que sí lo quiera.

—Aunque una vez escuché a mis padres hablando de que él había viajado a Blackpool con una mujer y piensan que fue ella, aunque todavía no tienen nada confirmado.

—Espera, espera, espera —interrumpió Blaise, empujando a Draco para tener más espacio en pantalla—. ¿Quieres decir que después de que ella lo usara y terminara justo unos días antes de que su mamá muriera, él le pagó ese viaje a Blackpool del que Pansy dice que gastó mucho dinero?

—¡Que no lo sé, no lo sé! —exclamó alterado, sintiéndose como una basura por urgar dentro de la vida privada de su ex profesor—. Es una teoría que creó mi papá, pero mamá dice otra cosa así que ya no sé en a quién creerle.

—¿Y qué te dice tu mamá? —cuestionó Theodore Nott al otro lado de la pantalla—. ¿Ha sido la misma chica o es que hay otra mujer?

—¿Ahora tenemos que preocuparnos por alguien más? —preguntó Goyle soltando un bufido— Puta mare'. ¿Por qué cada vez que a alguno de ellos les da una crisis de mediana edad somos nosotros quienes terminamos cuidando sus traseros? Contaba con que Snape sería más tranquilo.

—¡Já! Terminó siendo el peor —completó Crabbe.

—Cállense los dos —ordenó Draco frunciendo el ceño y apretando los labios tal y como sus padres solían hacer cuando se enojaban—. Retiren lo dicho.

Otra vez, silencio incómodo.

—Calma, viejo.

—Sí, era una broma. No era para tanto.

—Olvídalo, son unos tontos —dijo Nott poniendo los ojos en blanco—. En fin, ¿qué dijo tía Cissy? ¿Hay otra mujer?

—Oh, ella no va a hablar —suspiró con pesar mientras se pasaba las manos por el pelo—. No quiere saber nada de él, ni siquiera aguanta que lo nombren. Ahora es tema prohibido en la casa, ni siquiera papá habla de él en voz alta.

Mi tío Snape…

(¡No se habla de Snape!)

—¡¿Qué?! —exclamaron al unísono— ¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué pasó?

—Tía Cissy adora a Snape, si hasta parece su mamá —dijo Pansy extrañada— ¿Por qué no me contaste eso?

—Sí, ¿qué pasó? —cuestionó Blaise curioso— ¿Pelearon o qué?

—Já —se burló amargamente el rubio—, "pelear" no es la palabra que yo usaría.

Y tenía razón.

Técnicamente no se habían "peleado", al menos no física o verbalmente, pero por alguna razón que su mamá no quería revelar, ella y su padrino ya no se hablaban.

Llevaban poco más de un mes sin dirigirle la palabra, lo cual era sumamente inusual para alguien que vivía pendiente de todo lo que comía o hacía el otro. Por un lado, su mamá había bloqueado su número de su teléfono. Por el otro, su padrino había dejado de ir a su casa y, a excepción de algunas brevísimas llamadas o mensajes de texto que intercambiaba con su padre, había cortado todo contacto con ellos.

Hasta donde sabía, su padre estaba haciendo todo lo que podía para llegar a una negociación, pero estaba fracasando abismalmente. Su mamá no quería verlo ni en pintura y Snape la estaba complaciendo al desaparecer por completo de sus vidas. Ni siquiera era capaz de hacerla pronunciar su nombre en voz alta. Había pasado de ser su mejor amigo a "ese despreciable gruñón desconsiderado y malagradecido".

Al principio, Draco pensó que era un juego y que pronto terminarían aburriéndose, pero ya estaban entrando a diciembre y ellos seguían sin hablarse.

A este paso, todo parecía indicar que esta sería la primera Navidad que no pasaría con el tío Snape.

Esto ya no se trataba de una simple disputa infantil por algo que ella había hecho.

La cosa iba en serio.

Ahora, todo era al revés.

Ella era quien estaba enojada y era ella quien no quería verlo.

¿Qué seguía después? ¿El fin del mundo? ¿El declive de la aristocracia? ¿Poder decir "P" con la boca abierta? ¿Qué Gryffindor le ganara a Slytherin? ¿Qué yo me volviera millonaria?

—Vaya, quién lo diría, ¿verdad? —suspiró Nott dejando caer su cabeza hacia atrás con desanimo— Tía Cissy y Snape peleados. Siento que se caerá el cielo o algo así… Tal vez, la Reina muera.

—La verdad es que nunca pensé que esto pasaría —intervino Pansy mordiéndose el labio inferior unos segundos—. Tía Cissy y tío Snape son como hermanos. Es más, me atrevería a decir que ella es más hermana de Snape que de tía Bella —todos asintieron dándole la razón—. Es que, literal, ¡son iguales!

—Sí, igual de orgullosos y testarudos —respondió Draco cruzándose de brazos—. Ninguno se disculpará, sus egos son demasiado grandes como para hacerlo. Mamá dice que ella no ve motivos para disculparse porque la víctima es ella y Snape dice que no ha hecho nada malo y que mamá solo está exagerando como siempre —suspiró poniéndose rojo debido a la acalorada conversación—. La verdad es que me van a volver loco. ¡Se me está cayendo el pelo por el estrés! Ya tenía suficiente con lo de mamá siendo insoportable por su gala como para ahora tener que lidiar con Snape y su extraño comportamiento…

Qué ingenuo fue al pensar que tenía suficiente con la crisis de mediana edad de su papá.

—Delphi me está escribiendo —anunció de repente la muchacha acabando por fin con aquella larga espera—. Ahorita se conecta. Le voy a dar acceso.

Sus demás primos dejaron escapar un quejido molesto que Pansy prefirió ignorar. No importaba cuánto tiempo pasara, ella seguiría sin entender por qué no les agradaba su prima pequeña. Era una buena niña, básicamente había crecido a su lado, era como su hermanita pequeña. Tía Bella jamás había hecho distinción entre ella y su hija.

Tal vez se debía a que era mucho más menor que ellos quienes ya bordeaban los 23 años.

Por supuesto, no tenía nada que fuera una completa malcriada.

Un pequeño rectángulo negro emergió de los otros y, un segundo después, el rostro algo pixeleado de Delphini Lestrange apareció en pantalla. Su cabello rubio platinado similar al de su tía Cissy le caía sobre la cara pues parecía haber estado expuesta a las furiosas ráfagas de viento invernal del campo inglés. Sus mechones azules apenas sí se seguían notando, indicador de que el tinte de fantasía ya estaba perdiendo efecto.

La adolescente de 14 años frunció el entrecejo y arrugó su nariz respingada característica de su lado materno de la familia, apoyando el micrófono de sus audífonos cerca de su boca para saludar.

—Hola, chicos, perdonen la demora —dijo jadeante mientras se acomodaba su despeinado cabello hacia un lado, revelando unas nuevas perforaciones en su oreja izquierda—. Estaba en clases y ya saben cómo son las monjas son… ¡Agh! No me querían dejar ir. Que "tenía que rezar", dijeron.

—No te preocupes, Delphi, recién estábamos iniciando de todas formas —contestó la pelinegra. Los demás solo asintieron—. Bien, como estaba diciendo, esta reunión es para hablar sobre lo que está pasando con el tío Snape y…—

—Oigan, entonces ¿sí es verdad que el tío Snape ahora es un sugar daddy? —interrumpió divertida. Se oía curiosa y sus ojos azules brillaban con malicia, la misma que a veces su madre exhibía—. Puta, ¡qué asco! —exclamó antes de soltar una carcajada exagerada que ninguno de sus primos supo cómo interpretar— Esto lo esperaba mil veces del tío Rab. Después de lo de Miranda, le creo lo que sea, pero ¿del tío Snape? Jajajajajaja… ¡Jamás en la vida! JAJAJAJAJA… ¡Ay! ¿qué tienen los hombres de esta familia? ¿Por qué ahora todos quieren salir con menores? —preguntó para sí misma mientras tomaba grandes bocanadas de aire, procurando calmarse— Oh, por cierto, ya que ahora quiere ser un sugar, tal vez pueda presentarle a una de mis amigas. Es un año mayor que yo y necesita dinero para ir a un concierto. Estoy segura que no tendría problemas en ser su baby.

Ni siquiera fue capaz de terminar su frase, la risa exagerada y estridente heredada de su madre se apoderó de ella, haciéndola olvidar el verdadero motivo de su presencia en la reunión.

Draco miró a Blaise quien le devolvió la misma incómoda mirada. No importara cuantas veces Pansy intentara convencerlo de aceptar a su "hermanita", él seguiría creyendo que su prima era una completa demente, una pequeña desquiciada producto de la histriónica locura de su madre y de los caprichos cumplidos por su padre.

— Eh, Delphi —interrumpió Pansy al notar la incomodidad de los demás—, ¿qué tal si les cuentas a los chicos lo que me contaste el otro día? Lo de la conversación entre tu mamá y tía Cissy.

—Ah, sí, por supuesto —respondió acomodando la cámara de su celular frente a ella, asegurándose de siempre mostrar su mejor perfil—. Atentos, ¿sí? Esto es información de primera mano, me lo van a agradecer luego —Draco rodó los ojos y se abstuvo de comentar algo—. Hace como dos semanas fue mi fin de semana libre así que regresé a casa para pasar tiempo con papá. Fue en vano porque justo tenía que no sé qué ese día y tía Cissy había venido a visitar a mamá, so, tenía la tarde libre para mí sola.

"Sí, otra gran demostración de la dinámica familiar de los Lestrange", pensó el rubio.

Al menos a su prima parecía no impórtale.

Anyway, había bajado a la cocina para buscar algo de comer cuando pasé por la sala y escuché a mamá y a tía Cissy conversando. Ya saben, nada fuera de lo común, pero si no fuera porque tía Cissy mencionó que lo que le iba contar era un "secreto", seguro no me hubiese quedado.

Delphini recordó claramente ese momento. Aún en pijama, con el cabello sujetado en un moño desordenado, con un trozo de pan blanco en la boca y una bandeja llena de comida en sus manos, la adolescente estaba parada detrás de la puerta escuchando atentamente todo lo que su madre y tía tuvieran qué decir. Incluso se tomó la molestia de contener la respiración para no ser descubierta.

—Wey, o sea, ¡casi casi grito cuando me enteré que el chisme era sobre el tío Snape!

—¿Y qué era? —preguntó Crabbe.

—A eso voy, a eso voy. No me interrumpas —cortó emocionada—. Como decía, me quedé tras la puerta a escuchar todo. Y cuando digo todo, es ¡TODO! —exclamó abriendo los ojos lo más qué pudo—. Resulta que tío Snape salió de viaje a finales de octubre. Al parecer, tenía una de esas conferencias de científicos aburridas a las que siempre asiste y el evento se iba a realizar en Blackpool. Ya saben, lo usual, nada que pareciera sospechoso —entonces hizo una pausa dramática muy larga e innecesaria que sus primos no pudieron evitar interrumpir—, excepto que no se ha hecho ni una sola maldita conferencia científica en Blackpool desde hace más de 20 años.

Es una lástima que su anuncio no tuviera el efecto esperado.

—¿Eso es todo? —intervino Blaise mostrándose aburrido— Tsk. Eso ya lo sabíamos.

—Sí, es noticia vieja —secundó Theo Nott—. Draco ya nos lo contó.

—Sí. Se fue de viaje con una mujer, su amante —siguió Goyle—. Si eso es todo, no aportaste nada.

Delphini se mostró ligeramente decepcionada, pero no dejó que eso acabara con su buen humor.

—Continua, neni —le animó Pansy, forzando una extraña sonrisa tras la pantalla.

—Sí, como decía antes de que me interrumpieran, muy descortés de su parte, by the way —retomó sacudiendo ligeramente la cabeza para aclarar sus ideas—. Tía Cissy comenzó a contar con lujo de detalles todo lo que había pasado durante ese viaje. Al parecer usó esos boletos que tío Lucius le regala todos los años para viajar en primera clase con su amante y engañó al pobre Charles, el asistente de tía Cissy, para que le reservara una suite doble, o sea, una con dos habitaciones, una para cada uno, para que así ella no pudiera enterarse —enfatizó usando sus manos—. Resulta que Snape es más listo de lo que pensaba, ni yo lo hubiese hecho tan bien.

Esta nueva información no aportaba mucho, pero seguía siendo interesante, más que todo, morbosa.

—Entonces ¿durmieron en camas separadas? —preguntó Crabbe, confundido.

—¡Ay! ¡Sí, claro! No seas tan crédulo, Vincent —se burló Blaise, desparramándose sobre su silla—. ¿En serio crees que Snape se llevó a esa chica tan lejos solo para "dormir"? Apuesto lo que sea a que estuvieron haciéndolo en toda la suite. Snape no es tonto. ¿Sabes cuánto cuesta una noche en el Heir? No va a pagar tanto para solo "dormir".

Los hombres de la videollamada soltaran unas pequeñas carcajadas.

Pansy frunció el ceño y carraspeó.

—Chicos —llamó gélida y con el ceño fruncido—. Hay menores.

Tsk, ¿cuáles menores? —bromeó la rubia poniendo los ojos en blanco, esbozando una sonrisa pícara en el angular rostro—. Yo también estoy segura de que eso pasó. Tía Cissy dijo que la chica era, y cito, "joven y de buen rostro", un pequeño encanto con buenas piernas.

Con tal descripción por parte de la matriarca Malfoy, los muchachos podían irse dando una idea de cómo sería su nueva "tía".

¿Deberían empezar a llamarla "Miranda 2"?

—Espera, espera —interrumpió su primo biológico, acomodándose en su asiento—. ¿Mamá habló de la mujer?

—¡Uy! La pregunta sería "¿qué no habló? —rio—. Mi tía estaba tan alterada cuando empezó a despotricar contra ella. Decía que era una aprovechada, que era una borracha, una escandalosa sin pudor que se estaba burlando de Snape, que lo estaba haciendo gastar una millonada en todo ese viaje y que se estaba divirtiendo en su hotel a costa de SU dinero. ¡Uy! ¡Comenzó a contar de todo! De donde venía, profesión, edad, estudios, dirección, ¡es que por poco y dice de hasta qué se iba a morir la chica! —exclamó abriendo los ojos de forma exagerada— Draco, tu mamá sí da miedo cuando está enojada. Parecía peor que el demonio. Creo que ni el Servicio Secreto es tan efectivo a la hora de buscar información.

—Se los dije —canturreó Blaise en voz baja.

—Yo tendría cuidado si fuera esa chica —continuó mordiéndose el labio inferior de forma nerviosa—. En cualquier momento, la desaparece.

—¿Tanto así? —preguntó Pansy ligeramente preocupada al escuchar sobre el lado oscuro de su tía. Delphini asintió enérgica—. ¿Y dijo su nombre?

—Fue lo único que nunca mencionó —respondió algo desanimada—. Es una lástima. Me gustaría saber quién está tan desesperada como para meterse con Snape. Hmm… Seguro debe tener un fuerte estómago.

—¡Delphi!

—¡¿Qué?! ¡Es verdad! No lo nieguen. Snape no es un galán y lo saben —acusó —. No quiero hablar mal de él, pero ¿qué no lo han visto? Es grasiento y huele a zapatos viejos, además, siempre está de mal humor.

—Del…—

—Realmente, la admiro, en serio. Podrán decir lo que quieran, pero de verdad lo hago. Es decir, hay que ser muy valiente para aguantar ese carácter de mierda que se carga tío Snape y más para meterse en su cama —la chica chasqueó la lengua y cambió de mano para sostener el celular por el cual hablaba—. No la juzgo, su trabajo no es nada fácil. Yo también me conseguiría un sugar si no fuese tan complicado. Ahora…—

Draco movió lentamente el cursor de su mouse para clickear un botón y silenciar el audio de su prima, haciendo uso de sus privilegios como moderador de la reunión. Puede que pareciera algo grosero a simple vista, pero él sabía que le estaba haciendo un favor a todos. Cada vez que Delphini se ponía a hablar de algo que le interesaba, no había nadie que pudiera pararla, ni siquiera su propia madre.

Ella no pareció darse cuenta pues siguió hablando a pesar de que su voz ya no se escuchaba.

Desde uno de los pequeños recuadros de la pantalla, Pansy Parkinson miraba molesta a todo el mundo.

Eventualmente, volvería a retomar el hilo de la conversación.

—Entonces, seguimos igual —resumió Theo suspirando desesperanzado—. Seguimos sin saber quién es esta misteriosa mujer con la que Snape tiene un amorío.

—Neni —llamó la pelinegra haciendo uso de la palabra—. Draco dijo que tío Lucius piensa que esa chica que mencionas era la niñera de Lamarck. ¿Recuerdas si tía Cissy dijo algo relacionado a eso?

La rubia frunció los labios e hizo un gesto pensante.

—No, nada que ver con eso —dijo luego de un rato, deshaciéndose de las esperanzas de sus primos por encontrar algo que les fuera útil—, pero sí dijo que tuvo el descaro de presentarse como una de las bailarinas de la gala de Halloween del Heir, esa a la que nuestros padres asistieron.

El comentario, aparentemente inocente, de Delphini tuvo más peso del que ella creyó pues, al instante, se desató un completo barullo entre los demás miembros de la reunión. Palabras por aquí, teorías por allá, sus primos hablaban y hablaban tratando de conectar puntos e información que ella, en realidad, no entendía.

—¿Qué más dijo, Delphi? —exigió Draco con el ceño fruncido— ¿Cómo llegó ahí? ¿Snape la invitó?

De ser así, puede que se develara el porqué su mamá estaba tan enojada con su padrino.

¡¿Y quién no lo estaría?! ¡¿Cómo se le ocurrió hacer una tontería como esa?!

—No, no, no. Si no me equivoco, ella es una bailarina o algo así y había postulado para ser parte del elenco de baile del espectáculo principal de la gala. Fue aceptada y todo y estuvo ensayando en casi todas las sesiones excepto la última semana que fue cuando Snape se la llevó a Blackpool —explicó con calma, haciendo su mejor esfuerzo para recordar las palabras exactas de su tía—. Tía Cissy dijo que le pareció cero profesional en todos los sentidos. Primero, por dejar su trabajo tirado a una semana del gran evento. Segundo, porque, a pesar de que se le había dado una única indicación, que era no conversar con los invitados, fue lo primero que hizo ni bien terminó de bailar. Fue directito a Snape y estuvo paseándose con él por todo el salón, pavoneándose entre los invitados, conversando con todo el mundo. ¡Hasta con mis padres conversó! —dijo recordando como su mamá intercambiaba anécdotas con su hermana, contando a detalle como la muchachita altanera se atrevió a contestarle de forma descortés cuando preguntó por su identidad—. Mi mamá dijo que tenía a Snape como idiotizado. Estaba súper nervioso y se le notaba avergonzado. También dijo que tenía fascinado al tío Rab. Dice que está segura de que, si termina con Snape, intentará quitarle su puesto a Miranda. Que tenía toda la pinta de ser una cazafortunas.

Cómo es escuchar la otra versión de la historia, ¿verdad?

Esa parte que no te cuentan, el punto de vista de tu contraparte.

Puedes aprender mucho.

—Qué atrevida —susurró Pansy llevándose una mano a la boca, indignada—. ¿En serio pasó todo eso? ¿Qué clase de profesionales contrata mi tía Cissy?

—Ni ella sabe cómo terminó ahí —le contestó— Y eso no es todo. Lo peor fue que se peleó con ella en plena fiesta y casi le provoca un derrame. ¡Un derrame! —chilló exaltada para el horror de Draco.

—¡¿QUÉ?! —gritó el rubio casi dejando sordo a Blaise y todos aquellos que tenían sus audífonos conectados— ¡¿Cómo que casi le provoca un derrame?! ¡¿Cuándo pasó eso?!

—¿Qué no sabías? —exclamó sorprendida— Charles tuvo que llevársela de ahí antes de que la cara se le cayera. ¿No te lo dijo? —avergonzado, el rubio tuvo que negarse. Su mamá jamás había comentado nada de eso durante sus llamadas, mucho menos durante sus breves visitas a Londres. Supuso que lo hizo para no preocuparlo u obligarlo a tomar bandos, sabía lo mucho que quería a Snape como para forzarlo a elegir—. Dijo que tuvieron que traer a un doctor para que le diera algo ya que tenía que volver para cerrar el evento y despedir a los invitados.

Draco no dudó de la veracidad de las palabras de su prima por más increíbles que estás fueran. Conocía muy bien a su mamá como para saber lo comprometida que estaba con el evento y cuán lejos estaba dispuesta a llegar para que este fuera un éxito.

—La verdad es que creo que admiro más a tía Cissy después de eso —comentó Blaise después de salir del shock inicial del relato—. Yo hubiese mandado todo a la mierda y hubiese mandado a alguien a acabar con todo

—Por dos.

—Coincido.

—Es lo mismo que pensé —continuó Delphini—. La cosa es que desde entonces no le habla a Snape. Está esperando a que se disculpe o a que terminé con esa fulana. Dijo que lo hará elegir: o su amistad o ella porque no piensa compartir el mismo aire con esa, y cito otra vez, "ratona".

Y todos parecieron coincidir completamente con ella.

A estas alturas, ya tenían una idea muy clara de la clase de chica con la que su querido tío Snape estaba saliendo y, está de más decir, que no les inspiraba ningún tipo de confianza. Una jovencita de buen aspecto que gasta más libras en una semana de las que puede generar por si sola en todo un año significaba "peligro".

Su tío Snape ya estaba algo viejo y podría retirarse en cualquier momento, ¿sería tan descarada para querer quedarse con su pensión?

Creo que alguien debía recordarles que solo tiene 42.

—Recapitulemos, por favor —pidió Goyle tomando la palabra—. Ya me mareé.

Aish, qué estrés —suspiró Pansy llevándose las manos a la cabeza para masajear sus sienes—. Ok, escuchen y, de ser necesario, tomen nota porque solo lo repetiré una vez.

—Habla.

—Snape estaba saliendo con una chica, la niñera de su perro, quien es mucho menor que él. Según Draco y Theo, de nuestra edad más o menos. Ellos tuvieron algo, no sé si más allá de lo sexual, pero terminaron justo antes de la muerte de Eileen. ¿Me siguen ahí? —todos asintieron—. Luego, empezó a salir con una bailarina, también joven. Se la llevó a Blackpool y han estado gastando una cantidad grande de dinero, probablemente a capricho de ella. Esta misma chica, la bailarina, trabaja para tía Cissy y casi le provoca un derrame, seguro a causa de la impresión de verla en su gala, y ahora ninguno de los dos quiere verse por culpa de ella.

Sonaba un poco ridículo ahora que lo decía en voz alta, pero estaba tan indignada que lo dejó pasar.

—Entonces, ¿son dos chicas? —dijo Goyle.

—Así creemos —contestó Draco, acomodándose el cabello—, pero existe la posibilidad de que sean la misma persona porque primero, mi padre así lo cree —una razón más que valida, si me permiten opinar—. Segundo, parecen tener la misma edad y vínculo, y, tercero, porque todos sabemos que Snape no es de las personas que cambian de amante como si se cambiara de ropa interior y ya lleva dos mujeres en menos de seis meses —dijo abriendo sus ojos grises de forma exagerada—. No es un comportamiento normal en él.

—Sí —admitió Blaise—. Tiene la mala costumbre de encariñarse demasiado con sus parejas… y a no soltarlas —añadió.

Un impronunciable nombre vino a la mente de todos al mismo tiempo: tía Valerie.

—Ay, no puede ser —se lamentó Nott cubriéndose el rostro cansado con ambas manos—. ¡QUÉ ESTRÉEEES!

—¿Por qué Snape no podía ser normal? —se quejó Blaise apoyando su frente sobre el hombro de su primo, adoptando la misma pose de derrota que siempre adquiría durante sus parciales— Solo quiero tener un tío que no se divorcie para salir con chicas de mi edad, ¿es mucho pedir? Ahora no solo debo competir con mis contemporáneos, sino también con ellos.

Mientras todos los "adultos" del grupo se lamentaban la mala suerte que tenían con los tíos que la vida les impuso, Delphini Lestrange miraba aburrida la pantalla de su celular, batallando mentalmente para no caerse dormida de aburrimiento. El tema le resultaba demasiado insufrible. Tenía mejores cosas que hacer que estar ideando un plan de vigilancia extrema para el cuaretón de su tío. Era tiempo y señal de internet que estaba desaprovechando y que jamás recuperaría.

Podría estar leyendo, lamentó.

Nunca entendería por qué la fascinación de todos por cuidar del tío Snape. ¡Él ya no era un niño! Era un adulto, era grande, ya pagaba impuestos. Si tenía edad para tener sexo, entonces tenía edad para hacerse cargo de sus mierdas, ¿no? ¿Por qué tenía que estar detrás de él cuidando que no se diera contra la pared? ¿Acaso él la había cuidado alguna vez?

No.

Entonces no le debía ni un favor.

Ella no era el guardián de Snape.

Ninguno de ellos lo era.

No entendía por qué tanto alboroto por un hombre tan patético como él. ¡No tenía nada de especial!

—¿Por qué simplemente no lo dejan en paz? —preguntó luego de un rato, incapaz de guardarse sus pensamientos—. Es decir, ya está grande, es un adulto. Si quiere salir y tener citas o sexo salvaje con quien sea, pues ¡déjenlo! ¿Qué más da si es con una señora vieja de su edad o con una chica de 23? Si él es feliz, deberían dejarlo y ya. ¿Por qué son así? ¿Por qué son tan metiches? —reclamó con fastidio— ¿Acaso les ha llamado para que opinen? ¿Por qué se meten en su vida si no les debe? O ¿es que acaso les tiene que pedirles permiso? ¿Quiénes son para que haga eso? ¿Su mamá, su papá, sus hijos? Ni siquiera es nuestro tío de verdad. ¿Con qué derecho pretenden entrometerse en su vida?

Todos se quedaron en silencio al oír tal reclamo por parte de la menor. Había sido tan inesperado y contundente que le cortó la respiración a más de uno. Probablemente, Delphini se arrepentiría de abrir su bocota luego de ver todas las expresiones de enojo dirigidas a ella, pero ya no había tiempo para arrepentimiento.

Ya estaba hecho.

—Ustedes son solo los hijos de sus amigos, no sus hijos. No se confundan. Ni siquiera son sus sobrinos biológicos ni nada parecido. No tienen ningún derecho a interceder en sus decisiones. Si quiere acostarse con el perro o con el gato, a ustedes no debería importarles.

—Delphini —dijo Pansy mirándola con seriedad, pero también con precaución—. Basta.

—No, no, déjala hablar —la interrumpió el rubio, evidentemente enojado por las palabras de su prima—. Quiero seguir escuchando. Quiero oír lo ingrata que puede llegar a ser con aquellos que le dan la mano.

—¡Draco!

—Déjalo, Pans —la calló—. ¿Qué no lo ves? Hace todo este show solo porque está celoso, hace todo esto porque, al igual que sus padres, quiere que le regresen lo que es "suyo" —escupió con veneno, permitiendo que el enojo de sus primos la impulsara a continuar—. Acéptalo, Draco. Esto no lo haces por él. ¡Ninguno lo hace! Por favor, no nacimos ayer, ¡no sean hipócritas! No quieren defender a Snape de otro corazón roto, lo que quieren es volver a tenerlo cerca para que siempre esté ahí, actuando de niñera, solucionándole a todos sus perfectas vidas, porque están tan inmersos en sus propias miserias que necesitan de alguien que constantemente escuche sus quejas y se compadezca de ustedes —sus ojos claros se enfocaron directamente en el recuadro que mostraba la imagen de su primo y susurró—. Tu único vínculo con él es un sacramento de una religión que ni siquiera profesa. Ni tú ni tus padres tienen derecho a elegir por él. ¿No les parece curioso que tía Cissy haya pasado cerca de dos años intentando conseguirle una nueva pareja y, ahora que por fin tiene una, trate de alejarlo de ella porque no es lo que ella esperaba, porque no es alguien a quien ella pueda controlar? ¿No les parece extraño que hable tan mal de una persona que ni siquiera conoce cuando ella es la primera en decirnos que no debemos juzgar a nadie sin antes de darle una oportunidad?

—Delphini —bravó Theo.

—¡Ay! ¡Por favor! ¡¿Soy la única que hablará del elefante en la habitación?! ¿En serio creen que a ella le agradaba tía Valerie? —exclamó— Todos sabíamos que solo la soportaba por respeto a Snape, hasta mi mamá lo dice. Ustedes deberían saberlo mejor que nadie. Son más grandes, convivieron más tiempo con ella.

—Entonces no hables de cosas que no conoces —exigió Blaise acercándose a la laptop—. Tú no sabes cómo fue su relación, eras muy pequeña para recordarlo.

—¡Tú tampoco lo sabes! No vivías con ellos, tú no estabas ahí para saber lo que pasaba en la privacidad de su casa.

—Solo dices eso porque tía Bella te metió esas idease en la cabeza porque a ella tampoco le agrada Snape.

—¡BLAISE!

—Pansy, cállate.

—¡Cállate tú, Draco!

—Escúchense los dos, pelean igual que un viejo matrimonio.

—¿Por qué no mejor te vas a jugar con el dinero de papi, eh? —retó el rubio apretando con furia los posabrazos de su silla de escritorio— Ni siquiera sé por qué estás aquí, nunca te ha importado Snape. La próxima vez, haznos el favor de no aparecer, ¿quieres? No nos has aportado absolutamente nada. Solo nos haces perder el tiempo… como siempre.

Si le dolió, no lo demostró.

Siempre había sido buena ocultando cosas, esta vez no fue la excepción.

Delphini permaneció en completo silencio al igual que todos los demás. Sus labios delgados se esforzaban por contener una sonrisa burlona en su rostro y sus ojos proyectaban un aura tan indescriptible que resultaba peligrosa por no saber qué esperar.

Tal vez se trataba de un mecanismo de defensa.

Tal vez, simplemente no sabía qué hacer.

Pansy silenció su micrófono para que nadie escuchara el suspiro de derrota que escapó de sus labios al fallar una vez más en su intento de integrarla a la familia. Ya estaba cansada. Siempre era la mismo con esos dos. Nunca podían llevarse bien. Cualquiera que los viera pensaría que no eran familia.

—Saben, Snape nunca ha hecho nada por mí, así que no veo ninguna razón para que yo intente "salvarlo" para cuando, en primer lugar, ni siquiera quiere que lo salven —dijo luego de un rato cuando sintió disminuir su impulsividad—. Y lo mismo les aconsejo a ustedes. ¿No han pensado que tal vez su querido tío Snape no quiere ser salvado? Se los dejo de tarea —la chica se arregló el pelo y revisó su imagen proyectada en pantalla para asegurarse de que seguía igual de linda que siempre—. Me voy.

—Sí, justo estaba por invitarte a retirarte —comentó Draco incapaz de contenerse—. Adiós.

—Adiós —sonrió achinando los ojos no sin antes agregar—. Por cierto, ya sé el nombre de la bailarina con la que está saliendo y el lugar en donde suelen practicar. Oh, y no se imaginan quien es el nuevo aristócrata con el que ha reemplazado a tío Lucius. Debo admitirlo, Snape tiene buen gusto. Yo hubiese hecho lo mismo —rio—. Bueno, bye.

No les dio tiempo de decir ni una palabra pues, en cuanto cerró la boca, cortó la llamada, desapareciendo para siempre del cuadro de mosaicos que la pantalla proyectaba.

Cuando Draco le habló de esa forma, tenía la esperanza de dejarle muy en claro que no iba a soportar sus malcriadeces y que no la necesitaba para cumplir su objetivo, pero al parecer, acababa de demostrarle lo contrario.

—¿Qué dijo? —preguntó Goyle acabando con el silencio— ¿Reemplazar? ¿Reemplazar a quién?

—Dijo que sabía quién era la bailarina esa —le siguió Crabbe— ¿Por qué no lo mencionó antes?

—¿Por qué crees, genio? —masculló Pansy, enojada— Ya saben cómo es. ¿Por qué no podían simplemente dejarlo pasar? Tenían que pelear como siempre lo hacen, par de idiotas.

—Oye, no te desquites con nosotros.

—No es para ustedes, tontos, es para el otro par de idiotas —dijo acusando a Blaise y a Draco— Para estudiar medicina, no eres tan listo, ¿verdad, Blaise?

—Oye, ¿y ahora por qué es mi culpa?

—"No hables de cosas que no conoces" —imitó con voz de cavernícola— Tú eres el menos indicado para hablar de eso —bravó— Y tú, Draco. Es que… ¡agh! ¡Te arrancaría la cabeza si estuvieras aquí! —la pelinegra se pasó ambas manos por la cabeza, tirando de su cabello con desesperación—. ¿Tienen idea de lo emocionada que estaba cuando me contó que había descubierto algo importante sobre Snape? Quería compartirlo con todos porque pensó que sería de nuestro interés. Yo no la invite, ella misma insistió en participar porque quería ayudarme, porque sabe lo muy importante que es Snape para mí y ahora no va querer hablar con ninguno. ¡Acabamos de perder nuestra única pista!

Por más que lo intentó, Pansy no pudo evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas, probablemente a causa del enojo o la frustración. Sus demás primos prefirieron silenciar sus micrófonos para no tener que hacer frente a su radical cambio de ánimo.

—Bueno, es su culpa —siguió el moreno cruzándose de brazos, recostándose sobre el respaldar de su asiento—. ¿Por qué tiene que ser tan malcriada? Si quería montar sus espectáculos, que fuera a hacerlo frente a su papá. Yo no tengo porque aguantarme sus estupideces. Suficiente tengo con Draco.

—Tiene 14 años, Blaise. Eras igual de malcriado a su edad —recordó Theo—. Los dos.

—¿De qué lado estás, eh?

—De ninguno, pero ya saben cómo es. No tuvieron que caer en sus provocaciones.

—¡Pero es que es insoportable! —exclamó ofendido— No puedes obligarme a que me agrade. Podrá ser familia y todo lo que quieras, pero es peor que un dolor de muelas. No sabe respetar, no sabe cuándo quedarse callada y es insufrible. Di lo que quieras, pero esa niña está mal de la cabeza.

—Cállense, me provocan migraña —interrumpió la chica pasándose las manos por la cabeza—. Trataré de hablar con ella a ver si consigo algo. No quiero que vuelvan a hablar de esa forma otra vez, ¿me escucharon? No voy a tolerarlo. Es una niña. No sean abusivos.

—¡Já! ¡Díselo a ella!

—Adiós, tontos.

Cortó la llamada y desapareció dejándolos solos.

Los cinco muchachos restantes se quedaron viéndose las caras, pensando qué hacer a continuación.

—Vaya pérdida de tiempo —suspiró Theo.

—Sí.

—Coincido.

—¿Nos vamos?

—Sí, yo digo que sí —dijo Blaise—. Ya no tenemos nada que discutir.

—Oigan, ¿jugamos una partida de LOL? —sugirió Goyle.

—Dale.

—Ya, nos conectamos en el Discord.

—Ok, bye.

—Bye, nos vemos.

—Ya.

—Adiós.

—Adiós.

***.***.***

Más tarde, esa misma noche, Draco Malfoy se encontraba recostado en su cama, escuchando música en sus auriculares, cuando recibió una llamada de Pansy Parkinson.

Afuera estaba nevando y la luz amarilla que salía por su ventana hacía que todo tuviera un aspecto cálido y mágico. Su pijama lo mantenía caliente y, aunque el reporte de clima indicaba que la temperatura había descendido a los cero grados, la calefacción funcionaba muy bien. Eran casi las doce, pero todavía no tenía sueño.

Y, por lo visto, su prima tampoco.

—Sigue molesta. Me costó mucho hacerla hablar. No quería contestar mis mensajes. Tuve que escribirle a una de sus amigas para que me hiciera caso —dijo en voz baja, probablemente para no despertar a nadie en su habitación. Después de todo, le llevaba una hora de ventaja—. Me dijo que no lo volviera a hacer.

—¿Sabes quiénes son sus amigas?

—Eh, obvio —aclaró con petulancia—. Tengo el contacto de la mayoría de ellas, por lo menos, de las más importantes. Ya sabes, números de teléfono, dirección, Instagram, Snapchat.

—Pareces su mamá.

—Qué gracioso —respondió con sarcasmo—. Tengo que saber con quién pasa el rato, alguien tiene que cuidarla, está claro que sus padres no lo harán —tuvo que darle la razón. El consejo que los Lestrange manejaban de cuidado difería mucho al concepto descrito en los libros de crianza—. Si algún día desaparece, Dios no lo quiera, al menos podré tener algunas pistas sobre su paradero… Sabré por dónde empezar.

Era noble que se preocupara por ella. Parecía ser la única que genuinamente lo hacía. Conocía demasiado bien a su tía como para saber que solo se daría cuenta de la ausencia de su única hija cuando ella ya hubiese cruzado el Atlántico.

—No deberías preocuparte por eso —le dijo acomodándose bajo las frazadas verde oscuro de su cama—, no es tu trabajo.

—Sí, pero si no lo hago yo, ¿quién lo hará? ¿Tú? Já, me quedó muy claro está tarde.

Draco se mordió el labio inferior mientras dejaba que su prima descargara su frustración en él. No le guardaba resentimiento por eso, todo lo contrario. De cierta, la entendía.

Pansy había crecido bajo la crianza de su tía Bella durante mucho tiempo, por ende, se había criado en conjunto con Delphini. Tenían una conexión algo extraña, pero sólida. Delphini la veía como una hermana mayor a la cual acudir en caso de problemas y Pansy, a alguien indefenso al cual cuidar. Prácticamente era como si Delphini fuese su muñeca. Cuando ella era más niña, solía llevarla de la mano a todos lados.

Nadie habría imaginado que terminaría transformándose en una completa rebelde sin causa.

—En fin, di lo que quieras. Eso no cambia el hecho de que sea una malcriada que no puede controlar su boca —bufó poniendo los ojos en blanco—. A veces pienso que está mal de la cabeza. Es decir, está bien, no ha tenido la mejor crianza, pero a veces tiene unos comportamientos que realmente me asustan. En serio, necesita medicarse. ¿No será bipolar o algo así?

—Hmm, le he dicho varias a mi tío que la lleve a un psicólogo, pero cada vez que toco el tema se enoja. Prefiero ya no insistir… Sabes, es una buena niña, solo… solo tiene problemas.

Y qué grandes problemas.

No podía echarle la culpa completa a la dinámica familiar Lestrange. Sus tíos podían ser terribles figuras paternas, pero habían criado a Pansy y ella había salido normal —muy normal—. Era aplicada en sus estudios, respetuosa de la ley, sabía comportarse de acuerdo a la situación y era una excelente negociadora, incluso estaba estudiando Derecho. En cambio, su propia hija, ella era un caso perdido.

Tal vez había un factor genético detrás de eso.

No lo sabía en realidad, no era biólogo.

Además, no era su asunto.

—Como sea, ¿lograste que te dijera algo?

—Sí. No fue fácil. No quiere hablar de Snape. Dice que no le debe favores a nadie, mucho a menos a Snape, por lo tanto, no es su asunto "ayudarlo" —dejó escapar un bostezó y continuó—. Solo me lo contó porque le dije que le seguiría escribiendo a sus amigas si no me ayudaba… Hmm, a veces me da pena que no quiera a Snape como nosotros. No la culpo.

A diferencia de sus demás primos, Delphini jamás había puesto un solo pie en Hogwarts y eso se debía a que asistía al mismo internado al que su madre y su tía asistieron cuando eran jóvenes: el internado para señoritas Mary's Ascot ubicado entre las desoladas colinas de Berkshire y dirigido por las hermanas de la Congregación de Jesús.

Las mujeres de la familia de su madre habían asistido ahí por generaciones. Su bisabuela, su abuela, su madre y sus tías y ahora, su prima. Probablemente él hubiese corrido con la misma suerte de haber tenido el cromosoma X en su ADN.

El mismo hecho de no haber sido educada en Hogwarts hacía que su perspectiva de ver las cosas difiera demasiado a la de sus demás primos. Mientras que para ellos, Snape era no solo su profesor, sino que también un segundo padre, para Delphini, Snape solo el amienemigo de su madre y el tío deprimido que nunca le daba buenos regalos en Navidad.

Al haber sido alejada a tan temprana edad, jamás había recibido un consejo de él ni tampoco protección. No lo reconocía como figura de autoridad y mucho menos como un aliado en tiempos de dificultad. Para ella, Snape apenas sí podía decirse que formaba parte de su vida.

—¿Y qué te dijo?

—Dijo que se llama Hermione, la vas encontrar en Instagram como… ¿ ? Creo que así dijo, espera, lo tengo anotado —escuchó el forcejeo de algo al otro lado de la línea por lo que supuso que lo había anotado en una libreta como siempre hacía con todo lo importante—. Sí, como . Dijo que estaba viendo stories de Sirius Black con su amiga cuando encontró a Snape compartiendo pantalla con él y con la tal Hermione en un estudio de baile, creo.

—¡¿Qué?! —chilló reincorporándose lo más rápido posible— ¿Sirius Black? ¿Qué tiene que ver él con Snape?

—Es lo mismo que me pregunté yo. Parece que trabajan en un proyecto juntos o algo así. Ahí fue donde conoció a la tal Hermione. Espera, ella me mandó audios explicando todo, te los voy a reenviar.

—Ok —mientras la pelinegra empezaba a reenviar los mensajes de su prima, Draco no pudo evitar preguntarse qué carajos estaba haciendo su padrino en un estudio de baile rodeado de bailarines y Sirius Black— Entonces ahí es donde aprendió a bailar —susurró atacando los cabos—. Papá dijo que se robó el espectáculo…—

—En el Heir. Sí. Tía Bella me dijo lo mismo. Parece que ha estado tomando clases de baile todo este tiempo.

No pudo evitar sonreír ante la idea de su ex profesor aprendiendo a bailar. Sonaba ridículo.

Una serie de notificaciones empezó a bombardear su celular. Los mensajes reenviados habían llegado.

—Ahí está. Ah, también te mandé los screenshots de la conversación y las cuentas de Instagram que tuvo que buscar para encontrarlo. Dijo que Sirius había etiquetado a una chica que siempre que está con él y ella es amiga de esa tal Hermione. Su cuenta es privada por lo que fue difícil saber si era ella, se ha basado en lo que ha visto en las cuentas de sus amigos que sí lo tienen en público. Vio las stories de algunos, siempre etiquetaban Earl's Court Road, así que supongo que podrías empezar por ahí.

—Ok.

—Revísalas y me cuentas que piensas.

—Lo haré —asintió revisando los 17 mensajes nuevos que acababa de recibir—. Dale las gracias a Delphi de mi parte.

—Lo intentaré.

Se quedaron en un agradable silencio que solo se veía interrumpido por la respiración adormilada de Pansy y los bostezos ahogados de su parte. Afuera seguía nevando y no pudo evitar preguntarse si al otro lado del English Channel también lo estaría.

—¿Draco? —preguntó con voz dudosa luego de un par segundos.

—¿Sí? —susurró en respuesta.

—… Promete… Promete que vas a averiguar qué está pasandopidió con voz temblorosa, como si le doliera pronunciar cada una de las palabras. Podía sentir cómo el corazón de la chica se apretaba contra su pecho, podía sentir la angustia que experimentaba en ese momento— Lo quiero demasiado como para permitir que le vuelvan a hacer daño… Prométemelo, ¿sí?

Pocos lo sabían, en realidad, costaba creerlo, pero Severus Snape significaba más en la vida de esos jóvenes que lo que sus propios padres alguna vez lo harían.

Él era la una figura paterna a la cual acudir cuando necesitaban ayuda.

Casi todos habían estudiado en Hogwarts, habían paseado por sus pasillos y convivido en sus salones. Todos fueron sus alumnos en la clase de Química y, en más de una ocasión, habían tenido sesiones privadas de estudio para que su "tío" les ayudase con sus tareas. Habían crecido a su lado, él había estado en cada una de sus etapas. Los había cargado cuando apenas eran unos bebés, había sostenido sus manos torpes cuando dieron sus primeros pasos, había soportado sus travesuras cuando fueron niños y había sido un completo santo por aguantarlos como profesor durante sus adolescencias.

Aunque no lo pareciera, Severus Snape había estado presente en gran parte de sus vidas y por ello representaba muchísimo para ello.

Disciplina, severidad, carácter, responsabilidad y sabiduría.

Pero también refugio, lealtad, paciencia, comprensión, apoyo y mucho más.

En especial para Pansy.

Podía parecer que la pelinegra tenía una vida perfecta. Sana, inteligente, bonita, buena posición económica y social, un padre que cumplía todos sus caprichos, una vida sin preocupaciones ni necesidades. Sin embargo, aquella careta de niña rica y mimada ocultaba a una joven frágil y emocionalmente vulnerable.

Todos aquellos que la conocían jamás podrían olvidarla, simplemente no era fácil de pasar desapercibida. Tenía un carácter fuerte e intenso, colérico y, a veces, ponzoñoso si la provocabas lo suficiente, pero nunca nadie se había detenido a preguntar por qué.

Pues, ¿qué tal si te dijera que lo había aprendido en gran parte gracias a su tía Bellatrix y tío Snape?

Pansy era la única hija de Perseus y Genevive Parkinson.

Él, como ya se había mencionado antes, era un astuto corredor de bolsa que trabajaba en uno de esos grandes edificios de cristal de la pequeña City de Londres. Siempre estaba ocupado, trabajaba casi todo el día al lado del teléfono y vivía al extremo invirtiendo desorbitantes cantidades de euros en la Bolsa de Valores de Londres.

Está de más decir que Pansy no lo veía mucho.

El tiempo es dinero y todo corredor de bolsa lo sabe. Cada minuto que estaba distraído durante su jornada hacía que perdiera cientos y cientos de millones para sus empleadores y, al volver a casa, tenía que balancear el poco tiempo que le sobraba entre estudiar a sus siguientes inversionistas y dormir algunas horas.

Pansy nunca le decía nada, sabía que estaba muy cansado.

No importaba.

Genevive, por otra parte, era una mujer bonita, pero un tanto hueca y superficial.

No me gusta jugar con los arquetipos pues creo que cada humano es único, pero podría describir a Genevive como la típica chica sin personalidad ni aspiraciones más que comprar el nuevo abrigo de la temporada. De buena familia, bonitos ojos y cuerpo, Genevive siempre había estado acostumbrada a la buena vida acomodada y era obvio que no buscaría nada menos que eso para su futuro. No diría que era alguien mala, no podía calificarla como tal. No era la típica antagonista de alguna comedia para adolescentes, pero tenía toda la apariencia de serlo.

Pansy nunca tuvo la confianza de contarle sus cosas. Nunca tomaba nada en serio.

¿Cómo se habían conocido sus padres? En un coctel de algún evento importante. ¿Fue amor a primera vista? No, pero Perseus la encontró bonita. ¿Y Genevive? Lo encontró apropiado. ¿Tenían algo en común? No realmente, pero eso no importaba cuando no querías nada serio. Entonces, ¿por qué se casaron si no querían nada serio? Digamos que pronto serían tres. ¿Cuánto tiempo estuvieron junto antes de casarse? Un año o tal vez un poco menos. Ella lo había presentado a su amigos y familia, convirtiendo esta relación casual en algo serio.

Genevive era la mejor amiga de Bellatrix Lestrange. No era extraño verlas siempre juntas en todas las reuniones o fiestas a las que asistían. Era toda una mariposa social, solía agradarle a todo el mundo con facilidad, por lo que se convirtió en una visitante frecuente al círculo cerrado Malfoy a pesar de no ser amiga directamente de los rubios. Por ende, cuando su primogénita nació, era común verla jugando ya sea con Draco o con cualquiera de los demás hijos de este exclusivo grupo.

La pequeña Pansy, con la sonrisa encantadora de su madre y la mente aguda de su padre, rápidamente se robó el corazón de sus demás tíos.

Los Parkinson se separaron cuando ella cumplió siete.

Como era de esperarse, el matrimonio no funcionó. Se veía venir. Perseus y Genevive eran tan diferentes que, a excepción de su hija, no existía nada que tuvieran en común.

No fue un divorcio escandaloso, firmaron los papeles rápido. En un abrir y cerrar de ojos, ya no eran más que simples conocidos otra vez.

A pesar de que no hubo violencia psicológico o maltratos de por medio, perder a su familia de la noche a la mañana había sido un golpe muy duro para la niña. De por sí no veía a su padre. Ahora que estaban divorciados, prácticamente solo lo veía en su cumpleaños o en los fines de semana que la corte le había asignado como parte de sus visitas.

Pansy pasó a vivir únicamente con su madre.

No era tan malo, su estilo de vida no había cambiado mucho. Sin embargo, su casa nunca se había sentido tan grande.

Bellatrix Lestrange había sido nombrada su madrina desde el momento de la confirmación del embarazo de su amiga y, como tal, se esforzaba por llenar ese lugar que su padre había "abandonado". Puede que no fuera el mejor ejemplo de adulto responsable —no sabía nada de niños y era como una copia pelinegra de su madre—, pero al menos lo intentaba y eso sumaba puntos. Iba a todos recitales o actuación de colegio y siempre procuraba integrarla a las actividades que sus otros sobrinos organizaban, de ese modo, tal vez la niña no se sentiría tan sola.

A falta de una familia real, una familia escogida era mejor que nada.

E iba a necesitarla pues, tres años después, Genevive abrazaría por última vez a su hija ante de entrar al quirófano para unos "pequeños retoques" en su cuerpo. Se suponía que solo serían un par de cortes, relleno, estiramiento y listo, ella saldría más hermosa de lo que ya era, si es que eso era teóricamente posible.

Pues, debieron decirle que saldría con los pies por delante.

Hasta el mejor cirujano plástico puede fallar, ¿saben?

Pansy tenía diez, casi once.

No tenía la madurez mental para entender por qué. Siempre pensó que su mamá era linda tal y como era. ¿Por qué querría más?

Tal vez hasta ahora se lo seguía preguntando.

Es en esta parte de su historia en la que Bellatrix, los Malfoy, Snape, sus primos y el resto de sus tíos de su familia escogida empezaron a hacer mayor acto de presencia en su vida.

Pansy pasó a vivir con su papá, pero él nunca no estaba ahí, al menos no físicamente. No era raro que pasara más tiempo en la casa de su madrina o donde sus demás primos. Bellatrix, quien estaba destrozada por la muerte de su amiga, encontró consuelo en su ahijada y la educó como su propia hija, asegurándose de que se convirtiera en una mujer fuerte y hermosa. Una digna representante de los valores y enseñanzas que ella misma había aprendido de su propia madre cuando tenía su edad.

—"No eres 'exagerada' y no eres 'demasiado sensible'" —solía decirle cuando ella llegaba de la escuela llorando porque la molestaban o porque, simplemente, había tenido un mal día—. "Tú eres mi perfecto y precioso angelito" —consolaba mientras tomaba un pañuelo y limpiaba sus lágrimas antes de sacar su estuche de maquillaje y usar su brocha para esparcir suavemente polvo traslucido en sus mejillas y párpados y, así, esconder su tristeza— "y quien quiera que te haga sentir menos que eso, está cordialmente invitado a besar mi trasero".

Tía Bella le había enseñado a formar un carácter fuerte y defenderse. Ella era su hija y nadie tenía la autoridad para hacerla sentir inferior. Ella era mejor que el resto, ella iba a ser alguien importante en el futuro y solo necesitaría chasquear los dedos para obtener lo que quisiese, así como ella. No iba a permitir que unos simples don nadies la hicieran llorar.

Draco solía pensar que todo el instinto maternal se lo había gastado en su ahijada, dejando absolutamente nada para su propia sangre.

Tal vez solo fue suerte.

Las cosas mejoraron cuando entró a Hogwarts. Ahora estudiaba junto a sus primos y estaba en un ambiente en el cual ella era abeja reina de su nuevo grupo de amigos. Las enseñanzas de tía Bella producían frutos, su pequeña Pansy se convertía poco a poco en una feroz mujercita a la cual pensarías dos veces antes de hacerle daño.

Sin embargo, algo seguía faltando.

—"¿Mi tío vendrá a verte esta vez?" —preguntó una vez Draco cuando estaban en tercer año y ambos se encontraban arreglando sus disfraces detrás del escenario minutos antes de salir a escena para actuar en la obra escolar de clase de teatro.

Pansy se miró al espejo una vez más mientras se acomodaba la peluca y suspiro— "Llamó hace rato. Lo mismo de siempre, tiene una reunión con unos inversores y no podrá venir. Me deseo suerte. Dice que nos veremos el fin de semana".

En fin, no importaba, al menos ya no.

Después de tantos años de lo mismo, Pansy había aprendido a superarlo y bloquear esas emociones. No me malinterpreten, seguía doliendo, por supuesto que sí. Ella siempre tenía la esperanza de que, esta vez, sería diferente; sin embargo, con el tiempo, aquella sensación de decepción dolía cada vez menos. Pero eso no importaba pues sabía que, al mirar hacia el público, encontraría a tía Bella y a tía Cissy entre el público, saludándola disimuladamente con grandes sonrisas en su rostro.

Y no solo ellas estarían ahí.

En primera fila, siempre al lado izquierdo del director Dumbledore, su tío y profesor de Química, Severus Snape, estaría sentado, cruzado de brazos, observándola complacido con una suave y casi imperceptible sonrisa de medio lado en su cetrino rostro.

Siempre había estado en todas sus presentaciones durante los siete años que estudio en Hogwarts: recitales, lectura de poemas, obras de teatro, competencias deportivas, debates académicos, desfiles. Al terminar el evento, solía aplaudir con elegancia, mirándola fijamente y elevando sus manos de manera disimulada hacia ella, dedicándole su ovación.

Él siempre estaba ocupando ese lugar vacío que, se suponía, debía llenar su papá.

No era que Snape intentara suplantar a Perseus. Pansy tenía un padre y lo amaba, pero también deseaba que estuviera ahí durante los momentos más importantes de su vida. La presencia de un padre o, en general, de una figura paterna en la vida de una niña es de vital importancia durante sus primeros años y adolescencia. De acuerdo a la psicología, determina la imagen que ella tendrá de sí misma a futuro, elabora el patrón de comportamientos a seguir que deben tener los individuos del sexo opuesto para con ella y genera un soporte emocional que, eventualmente, puede marcar su forma de relacionarse con ella misma, parejas, amigos o autoridad.

Lástima que Perseus estuviera muy ocupado para ello.

Tal vez por eso existan tantos daddy issues.

En fin, encontró en Snape y en sus demás tíos aquellas figuras paternas que tanto necesitaba. Eran muy diferentes entre ellos y, al igual que Bellatrix, puede que tampoco fuesen las mejores figuras paternas. Todos eran adultos mimados que estaban o mitad de sus crisis de mediana edad o al borde de un divorcio o acostumbrados a reprimir sus sentimientos.

No obstante, eso era mejor que nada.

Por razones obvias, pasaría mucho tiempo con Snape en Hogwarts y este se convertiría en su mayor referente de autoridad masculina. Sin darse cuenta y, de seguro, sin proponérselo, el profesor inculcaría en Pansy valores como la responsabilidad, la determinación y la constancia; el espíritu competitivo, la autosuperación y las ansias de destacar y, lo más importante, le enseñaría a ser una mujer independiente que conocía su verdadero valor y que no se dejaría lastimar por nada ni nadie, mucho menos, por un muchacho estúpido que solo quería divertirse con ella.

—"Dawson, Parkinson, ¡separense! Diez puntos menos para cada uno por actividades indecentes en el colegio" —gritó en una ocasión en la que la encontró besándose apasionadamente con un chico de último año en los pasillos del castillo mientras hacía sus rondas nocturnas. Pansy cursaba el quinto año en ese entonces—. "Y ahora, usted, Dawson, regrese inmediatamente a sus habitaciones antes de que decida mandarlo a dormir a la calle. Tendremos una larga conversación sobre esto con sus padres por la mañana" —susurró amenazante haciendo temblar al muchacho quien salió huyendo al instante. Pansy estaba por hacer lo mismo cuando sintió la mano helada de su tío sobre su hombro—. "¿Y tú a dónde crees que vas, mocosa?"

"—A mi habitación" —contestó altanera, ya acostumbrada a lidiar con su mal carácter. Snape frunció el ceño y puso una mueca en su rostro que la forzó a completar su oración—, "señor".

"—Parkinson —llamó con frialdad, obligándola a levantar la mirada. Sus ojos verdes observaron fijamente al ojinegro, esperando a que le diera su veredicto. Impasible, fría, temerosa, pero no dispuesta a mostrar debilidad, Pansy se quedó callada. Sin aflojar su agarre en su hombro, Snape la obligó a caminar en la dirección que él ordenaba—. "A mi despacho, ahora".

Snape la llevó su oficina en los sótanos del imponente castillo.

Las rondas nocturnas de Hogwarts eran realizadas por los docentes todos los días. Usualmente, eran dos por noche. Dumbledore les dividía los días de forma equitativa a todo su personal, de este modo, los profesores que se quedaban a vivir todo el año en el castillo podían compartir el peso de sus rondas con los demás docentes que vivían en la ciudad. Snape solía quedarse en Hogwarts una o dos noches dependiendo de su horario. Por desgracia, Pansy tuvo la mala suerte de hacer sus "travesuras" justo la noche en la que Snape vigilaba.

—"¿Qué está sucediendo, Parkinson?" —preguntó sentado detrás de su escritorio con los codos apoyados sobre la superficie de madera. La pelinegra mantenía la cabeza agachada mientras dejaba a su profesor hablar—. "¿Qué crees que diría tu padre si supiera que te escapas de noche para besarte con chicos mayores que tú?"

—"Le daría igual, nunca se entera de lo que me pasa" —se quejó como si no le importara.

—"Parkin…"—

—"¿Qué? ¿Vas a llamarlo?" —interrumpió al instante— "¿Le contarás sobre Patrick Dawson?" —Snape asintió. La chica soltó un bufido antes de mirar hacia otro lado— "Suerte intentando que te conteste. A mí siempre me manda a buzón".

—"Pues tendrá que contestar" —refutó con el mismo tono de voz grave de siempre—. "No me importa si tengo que ir personalmente a su oficina, él tiene que saber sobre esto".

—"¿En serio vas a traicionarme de esa forma? Pensé que eramos familia.

—"No te confundas, Parkinson" —le advirtió con severidad—. "Mientras estés dentro de estas paredes, soy y seré tu profesor y te tendrás que dirigir a mí como tal en todos los aspectos. No hago excepciones con ningún alumno".

La adolescente pelinegra se cruzó de brazos y frunció los labios haciendo un puchero extremadamente similar a los que hacía su tía Bella cada vez que se enojaba.

Snape dejó escapar aire en un bufido frustrado y retomó el dialogo.

—"Sabes que tengo que hacerlo. Son las reglas del colegio y tú ya has roto demasiadas en una sola noche. Llamaré a tu papá y a los padres de Dawson por la mañana y todos hablaremos sobre esto con Dumbledore" —sentenciócon firmeza. Pansy lo observó decepcionada y dejó escapar un suspiro melancolico que buscaba crear pena y manipular, una táctica infalible que su madrina le había enseñado muy bien. Snape se llevó las manos al puente de la nariz y masajeó su piel—. "Pansy, quiero hablarte como tu tío y no como tu profesor".

—"Pensé que no hacías excepciones con ningún alumno" —contestó molesta.

—"¿Qué está pasando contigo, niña? Te conozco desde antes de que pudieras caminar y sé que no eres así. Tú no romperías las reglas de esa forma tan tonta y mucho menos por un idiota como Dawson" —ella puso los ojos en blanco y se mantuvo en silencio—. "Quiero saber qué está pasando. Tu comportamiento ha cambiado muchísimo estas últimas semanas. Te saltas las clases, no presentas tus tareas y ahora te encuentro besándote con un alumno de ultimo año. ¿Qué sucede?"

Pansy estaba en la dulce edad del enamoramiento, la edad en la cual se dejaba llevar por los cambios de su cuerpo y sus hormonas. Por razones de la vida, había destinado sus tiernos afectos a un joven de último año que consideraba atractivo y, desde luego, no pudo evitar que sus sentimientos nublaran su razón, obligándola a hacer cosas que normalmente no haría. La muchachita que solía destacar en las clases de letras empezaría a faltar a ellas solo para encontrarse con su "novio" a escondidas de todos porque, tal y como él decía, no era "prudente" que los vieran juntos y que debían esperar a formalizar cuando él dejara Hogwarts y su relación no le trajera problemas con su padre.

Y con su certificado de egreso, obviamente.

Enamorada y por fin llena de la atención y afecto que tanto anhelaba, Pansy solo aceptaba hipnotizada todo lo que él le dijeran. Olvidando todo lo aprendido de su tía Bella, la muchachita solo cedía y cedía, incluso cuando no estaba segura de si eso era lo que quería.

El primer beso fue mágico, el segundo también, pero lo que empezó con pequeños e inocentes besos pasó a subir de tono cuando sintió sus manos deslizarse por su cintura y muslos, buscando explorar debajo de su falda. Ella estaba asustada, por supuesto que sí, pero no dijo nada, nunca dijo nada. Patrick le decía mil veces que eso era algo que ambos disfrutaban y, tal vez, tenía razón.

En fin, ¿qué importaba si lo hacía o no? Tenía su atención y eso era todo lo que importaba. Por fin había alguien que se preocupaba genuinamente por ella.

Esa noche iban a dar el siguiente paso.

No estaba asustada —bueno, tal vez un poco—, pero eso era lo que quería… ¿verdad?

Patrick decía que eso era lo que ambos querían.

Pero, claro, Snape tuvo que interrumpirlos.

—"Ay, Pansy" —suspiró negando con la cabeza después de escuchar toda su explicación. No sabía cómo reaccionar al respecto. Ya había lidiado con alumnos hormonados en el pasado, pero ninguno de ellos tenía la relación de cercanía que ambos tenían. Jamás pensó tener que hablar de estos temas con su única sobrina mujer hasta el momento—. "¿En serio te creíste todo eso? Pansy, Dawson es un muchacho problemático que se está aprovechando de una niñata ingenua como tú —exclamó genuinamente preocupado por la gravedad de la situación—. "Dime, ¿te ha obligado a hacer algo que no hayas querido? Si es así, dímelo. Puedes decírmelo y acabaré con esto. Lo prometo".

—"Él no me ha obligado a nada" —respondió con firmeza—. "Yo lo quiero… y él me quiere a mí".

Sí.

Sí la quería, pero para él.

Un poema simple, unos susurros tiernos, un beso y una caricia fueron suficientes para hacerla caer.

No podían culparla.

Ella tenía 15 y él, 17, ya casi 18.

Ella estaba en una etapa de llena cambios, inseguridades y autodescubrimiento; él tenía la mentalidad de un adulto irresponsable.

Carente de afecto y desesperada por atención, Pansy había sido la víctima perfecta de un par de palabras bonitas y la negligencia de los adultos a su cargo. Su padre le había fallado, su madre la había fallado, su tía Bella le había fallado. Todos le habían fallado y ella les había fallado a todos.

A todos excepto Snape.

—"Ya calma. Tranquila, ya pasó" —consoló en susurros mientras su mano fría acariciaba su corto cabello lacio—. "Sé que duele, un corazón roto siempre duele, pero vas a estar bien, ¿de acuerdo?" —la muchachita se sentía una completa tonta. Su amor nunca fue correspondido, solo se había burlado de ella. Quiso ir más lejos y ella se lo había consentido. Luego de eso, no volvió a hablarle, ni siquiera se tomó la molestia de despedirse antes de dejar el colegio con diploma en mano—. "No fue tu culpa, ¿sí? No lo sabías. Podrás parecer madura, pero no olvides que aún tienes 15, apenas sí los cumpliste. Sigues siendo una niña, Pansy. Nosotros debimos ponerle un alto a esto, debimos estar más atentos. Nosotros somos los adultos... Te fallamos".

—"Me duele" —gimoteaba limpiándose las lágrimas y fluidos nasales con las mangas de su blusa—. "Me duele mucho".

—"Pansy, escúchame. Vacía tu mente. Por un minuto, solo deja de pensar y escúchame, ¿de acuerdo?" —pidió teniéndole su propio pañuelo el cual no dudó en aceptar. Seguía hipando, pero estaba haciendo su mejor esfuerzo para concentrarse en aquella voz autoritaria y grave que le hablaba—. "No vas a ser ni la primera ni la única a la que le haya pasado algo como esto. Por desgracia, el mundo está plagado de tipos como Dawson y, aunque odie admitirlo, no podrás evitar encontrarte con ellos" —ella estuvo a punto de romper en llanto otra vez al escuchar lo desalentador que sonaba el futuro, pero el pelinegro no se lo permitió—. "Pero eso no significa que dejarás que te vuelvan a lastimar. Eres una chica inteligente y muy astuta, ¿entendido? Tienes mucho más valor de lo que crees y, ahí dentro, se esconde una mujer fuerte que hará cosas extraordinarias algún día. No permitas que nadie te haga sentir menos. Mereces algo mejor, mereces conocer a buen chico que te cuide y, sobre todo, te respete. Nadie te puede obligar a hacer algo que no quieres y, si no te sientes cómoda con algo, tienes todo el derecho a negarte, ¿me oíste? No permitas nunca que alguien intente lastimarte —Pansy asintió con vehemencia aún con lágrimas en los ojos, haciendo esfuerzos sobrehumanos para poder mirarlo a los ojos sin ahogarse con sus propias lágrimas—. "No tienes por qué conformarte con un "cariño" como ese, no cuando te lastima y te engaña. Es más, ni siquiera tendrías que rogar por cariño. Ya tienes muchas personas que te quieren tal y como eres. Tu papá, tu tía Bella, tu tía Cissy, tus primos… yo".

Snape nunca le manifestaba su afecto a ninguno de sus sobrinos, ni siquiera se lo decía a Draco y eso que él era su padrino. Simplemente no era algo que él hiciera, no podía poner en palabras o acciones lo que su corazón sentía. Entonces, él que se lo dijera a Pansy, aunque fuese de una forma tan simple y fría, significaba mucho para ella, más de lo que el consuelo de su propio padre podría significar.

—"Lo importante aquí es que tú te quieras, ¿ok?" —Snape la sujetó por los hombros obligándola a verla. Su cara llorosa se reflejó en sus ojos negros y, por primera vez en mucho tiempo, se sintió a salvo—. "Eres asombrosa y que se joda quien piense lo contrario".

—"Solo lo dices porque eres mi familia… No le gusto a nadie, no soy lo suficientemente bonita para que se queden".

—"Pues, yo creo que debes tener algo en los ojos que te impide ver bien porque yo veo a una chica muy asombrosa, incluso cuando no es capaz de dejar de hablar" —la chica dibujó una suave sonrisa y sorbió por la nariz—. "Eres serás más que suficiente. Siempre lo has sido y siempre lo serás. Tu valor es eterno, va más allá de una idea tonta y machista de pureza o un corazón roto, y nadie puede quitártelo. No le vas a gustar a todo el mundo y eso puede asustar, lo sé, pero déjame decirte una verdad muy cierta: no tienes que gustarles a todos tanto como tú te gustes a ti misma —el profesor apoyó una mano en su cabeza y dio un par de palmaditas haciéndola ensanchar la sonrisa—. Y si sirve de algo, personalmente que eres muy "cool".

Ese había sido el primero de muchos consejos, el primero de muchos consuelos.

Snape había estado ahí protegiéndola siempre y, ahora, ella quería devolverle el favor, incluso cuando no estaba segura de que si realmente era lo correcto.

—… Lo prometo.


Las envolturas arrugadas de una orden grande de hamburguesa con papas yacían acumuladas dentro de una bolsa plástica sobre el asiento del copiloto, la bebida gaseosa a medio terminar iba segura en el portavaso y la cajita roja que acompañaba todo el pedido descansaba en el regazo del dueño del vehículo esperando el momento oportuno para ser abierta.

El elegante Mercedes negro de Draco Malfoy se encontraba estacionado a tan solo un par de metros de la salida norte del colegio Hogwarts, la salida más cercana a la estación de metro. Escondido en medio de los demás autos aparcados, el carro del rubio se mantenía lejos de la vista curiosa de todos aquellos estudiantes y maestros que salieran por dicha puerta dentro de los próximos diez.

Nueve minutos.

Recostado en el asiento reclinable y adormilado por el proceso de digestión, Malfoy no pudo evitar soltar un largo y sonoro bostezo a la vez que sus ojos lagrimeaban, batallando por mantenerse abiertos. La música suave que su teléfono reproducía incrementaba su sueño y, a estas alturas, estaba seguro de que, si seguía sentado, terminaría quedándose dormido ahí mismo a mitad de Rosebery Avenue.

Llevaba casi dos horas y media sentado ahí, esperando por alguna señal de vida de su ex profesor de Química. Según lo que indicaba la pantalla de su celular, Snape todavía se encontraba dentro de las instalaciones de su ex colegio, probablemente, dictando alguna clase o taller.

A veces, agradecía profundamente que su padrino no fuese un curioso tecnológico. El hombre no tenía ni la más mínima idea de cómo desactivar la función GPS de su celular lo cual le venía como anillo al dedo para cumplir con sus "misteriosos" planes.

Después de esa desastrosa reunión virtual con sus primos, Draco no pudo pasar ni un solo minuto de su semana sin darle vueltas a las venenosas palabras de su prima menor. Ya sabía que no debía hacer caso a nada de lo que saliera de su boca; sin embargo, no podía evitar preguntarse si tenía razón.

¿Realmente estaba haciendo todo esto porque estaba genuinamente preocupado por Snape o lo hacía porque no soportaba la idea de que se alejara de él y de esa pequeña familia que habían formado junto a sus padres? ¿Estaba tratando de salvarlo de una "villana" a la que juzgaba sin conocer o estaba impidiendo que rehiciera su vida junto a una mujer que, finalmente, parecía haber borrado el recuerdo de su ex esposa? ¿Estaba siendo hipócrita al interponerse en esta nueva relación consentida por él, a pesar de que, en múltiples ocasiones, él mismo había sido participe de las estratagemas de sus padres para conseguirle citas a ciegas en contra de su voluntad?

¿En serio lo estaba haciendo por él o solo era su egoísmo saliendo a flote?

Dejó escapar un suspiro frustrado y se puso a juguetear con la Cajita Feliz que descansaba en su regazo. Sus dedos delgados tamborilearon sobre el cartón y, luego de un par de segundos sin hacer absolutamente nada, procedió a abrirla para revelar el pequeño juguete coleccionable que se escondía en su interior.

Se trataba de un muñequito de plástico de Sid el Perezoso de la última película de la Era del Hielo. Estaba sujetado a un soporte de algo que simulaba ser hielo y una versión femenina y mucho más bonita lo acompañaba con una sonrisa en su particular rostro.

Parecían felices.

Draco acercó el juguete a su rostro y lo analizó a detalle, revisando el material simple y de mala calidad con el que estaba hecho.

—Hmmm… Yo quería a la ardilla —murmuró devolviendo a la caja, la cual hizo a un lado.

No tenía idea de por qué había comprado esa tontería. Tenía 23 años, ya no era un niño. Ya estaba demasiado grande para las Cajitas Felices. Incluso la señorita que entregó su pedido le miró extrañada al no ver a ningún crío cerca.

¿Cómo decirle que era para él?

Snape nunca tuvo que pasar por ese tipo de problema cuando compraba comida rápida en el McDonald's a la vuelta de su casa. De pequeño, él siempre lo acompañaba a comprar hamburguesas con doble queso con su respectiva Cajita Feliz por lo que nunca tenía que dar explicaciones a nadie.

Como todo niño a la tierna de seis años, Draco Malfoy se moría por el juguete de turno que vendía la multimillonaria franquicia. Sus padres rara vez solían llevarlo a esos establecimientos, por lo que nunca podía completar una colección.

No obstante, ahí estaba su tío Snape, listo para hacer la fila y gastar las 2.48 libras que costaba su capricho a pesar de que siempre le advertía que esa sería la última vez.

Para cuando cumplió diez, ya tenía seis colecciones completas.

No pudo evitar sonreír al recordar aquellos tiempos que ahora le resultaban tan lejanos. ¿En serio habían pasado más de 15 años? ¿Tan rápido?

Parecía que todo fue ayer.

Sus pensamientos volvieron al juguete de plástico de hace rato. ¿Por qué de repente le recordaba mucho a Snape? ¿Tal vez porque estaba proyectando la figura de su padrino y su nueva compañera en un juguete coleccionable para niños o porque, a lo mejor, su niño interior pedía a gritos volver a aquellos días simples en donde todo lo que tenía que hacer era marcar el botón número tres del teléfono de su casa para que, automáticamente, lo comunicara con su padrino y, así, planear todo un día de diversión juntos comiendo hamburguesas y jugando en el parque?

Probablemente lo primero.

Al igual que Sid, Snape tampoco era muy agraciado y una novia menor que él era lo más parecido a decir una novia que desafía las variaciones del tiempo.

—"Promete que vas a averiguar qué está pasando. Lo quiero demasiado como para permitir que le vuelvan a hacer daño" —la voz dolida de Pansy resonó en su cabeza una vez más. Había estado ahí desde que salió de Oxford esa mañana y, al parecer, no planeaba dejarlo en paz hasta que cumpliera con su objetivo—. "Prométemelo, ¿sí?"

—Eso hago, Pans… Eso hago.

Miró la hora en el tablero del vehículo. Ya iban a ser las cinco y todavía no había señales de Snape por ningún lado. Se suponía que su jornada terminaba a las tres, pero ya llevaba dos horas tarde. ¿Qué tanto estaba haciendo ese hombre? ¿Por qué demoraba tanto? ¿Qué no pensaba regresar a casa o qué? Tenía un perro que alimentar, debería ser más responsable.

Eventualmente, algunas personas empezaron a salir del colegio, incluido el objetivo de su intensa vigilancia. Severus Snape, con su largo abrigo negro cubriéndole el cuello y portafolio en la mano, descendió por las escaleras y se encaminó calle arriba en dirección a la parada de autobuses más cercana que lo llevaría a la estación de metro Angel.

Draco dejó todo lo que estaba haciendo para acomodar su asiento y encender el auto. Desbloqueó su teléfono y activó la opción de rastreador para mantener siempre ubicada la señal de Snape en su radar. Esperó a que el profesor tomara una distancia segura entre él y su coche y procedió a maniobrar el volante para salir de su escondite y seguir sus pasos.

Tenía que ser rápido, pero sigiloso. No quería ponerse en evidencia tan pronto. No había visto tantas películas de espías por nada. Debía tener cuidado de no alarmarlo.

Hoy era el día.

Hoy iba a ponerle a fin a todas sus dudas de una buena vez por todas.

Hoy iba a averiguar qué tanto escondía Snape y quién era la misteriosa mujer a la que tanto protegía.

Tal y como supuso, Snape hizo la fila en la siguiente esquina para tomar uno de esos autobuses rojos típicos de la ciudad. Fue algo difícil no perderlo de vista, pero al menos sabía que sí o sí debería detenerse en Angel Station. Hasta ahí era la parte fácil, ahora venía el verdadero reto.

¿A dónde iría luego de esto? ¿A Southfields o a la sospechosa Earl's Court Road?

Aún no lo sabía, pero estaba por averiguarlo.

Según lo que su no tan inútil prima le había contado a Pansy, parecía ser que su padrino pasaba una parte de su tiempo junto a un par de desconocidos tres veces a la semana en algún lugar cercano a la estación Earl's Court lo cual, ahora que lo pensaba con más claridad, tenía mucho sentido. Él no usaba mucho el transporte público, pero sabía que la línea que Snape tomaba para ir a casa era la District, línea que pasaba exactamente por dicha calle antes de bifurcarse según lo que indicaba el mapa.

Detenerse en Earl's Court era estratégico pues, literalmente, le quedaba de camino a casa.

El plan era el siguiente. Ya que hoy era jueves, esperaría en Earl's Court Road a ver si Snape se aparecía por ahí. Si veía que anochecía y seguía sin llegar, pasaría de frente a su casa para comprobar qué estaba haciendo e intentar sacar un poco de conversación que pudiera ser relevante para su caso.

Finalmente, vio a Snape entrar en el metro y con eso, ya podía empezar a cronometrar el tiempo que transcurriría de ahora en adelante.

De acuerdo a la lógica, el profesor tendría que tomar la línea Northern unas cuatro estaciones hacia el sur hasta llegar a Monument, lugar exacto donde podría cambiar de tren para tomar uno de la línea District que lo llevaría hasta Earl's Court. Según Google Maps, no debería tomarle más de una hora llegar a su destino, lo cual le daba una ventaja de treinta minutos si es que no se quedaba atascado en el tráfico de la zona turística.

Y la carrera empezaba.

En sus marcas.

Listos.

¡Fuera!

***.***.***.***

Llegó diez minutos más tarde de lo calculado. Se había atrasado un poco tratando de salir de Westminster, la hora pico era lo peor, pero gracias al cielo había logrado abrirse camino por una calle paralela hasta llegar a su destino. Según lo que indicaba su GPS, Snape no debía de andar lejos. Se encontraba a una estación de distancia y, si todo salía tal y como estaba planeando, dentro de ocho minutos debería estar desembarcando en Earl's Court para salir a la calle principal.

Aparcó el auto a un lado de la estación, siempre asegurándose de que algún vehículo cubriera la matrícula trasera. Tenía vista directa a la salida de la estación lo que le permitía tener una mejor idea de quienes entraban y salían. Pensó que había mucho movimiento para ser un simple jueves por la tarde. Se preguntó si es que así era siempre.

El cielo empezaba a oscurecerse, las luces del alumbrado público no tardarían en encenderse y Snape seguía dentro de la estación, inmóvil acorde a su radar.

El tiempo seguía avanzando.

Una parte de él deseaba que nunca apareciera por esa puerta. Quería que siguiera su curso, que esperara su tren de trasborde y continuara su camino hasta Southfields. De esa forma, todo se mantendría tan normal como hasta entonces, Snape seguiría siendo el hombre confiable que nunca le guardaba secretos y con el que siempre podría contar.

Otra parte de él, moría por saber la verdad.

Eventualmente, su ex profesor salió de la estación acompañado de un muchacho alto de cara redonda y apariencia noble. El desconocido debía tener más o menos su edad, se veía joven. Llevaba un bolso de gimnasio colgado en el hombro y le hablaba haciendo alarde de la familiaridad que ambos tenían. Snape, por su parte, estaba tan concentrado en la conversación que, una vez más, no notó su presencia. Es más, se atrevería a decir que estaba tan cómodo que podría haber pasado por su costado y él jamás se habría percatado de que estaba ahí.

¿Quién era ese chico? ¿Un ex alumno o uno de esos desconocidos con el que pasaba el rato?

Draco tomó su celular, su gorra oculta identidades y las llaves del auto antes de bajarse y correr tras ellos para no perderlos entre tanta gente. Al no saber exactamente la dirección de aquel estudio de baile, dependía completamente de ellos para encontrarlo.

Seguir a alguien era más difícil de lo que habría imaginado. Desde la seguridad y anonimato de su coche, podía hacerlo sin temor a ponerlos en alerta. Sin embargo, ahora que se encontraba a solo unos metros, sentía la adrenalina correr por su cuerpo. Tenía miedo de que alguno de los dos se girara en cualquier momento y notara su presencia. Tenía miedo de hacer algún ruido o movimiento sospechoso que lo pusiera en evidencia. Lo peor ya no era que su padrino se diera cuenta de que lo vigilaba, ahora lo más peligroso era que alguien llamara a la policía por su actuar dudoso.

Siempre quiso una vida llena de aventuras, pero si esto era lo que implicaba ser un espía, prefería seguir siendo un heredero y nada más.

Se veía más fácil en las películas.

Eventualmente, cruzaron la calle antes de llegar a la esquina. Se detuvieron frente a un edificio de ladrillo con puertas dobles azules en donde se encontraron a una muchacha rubia de largas trenzas gruesas que venía desde dirección contraria. La joven tendría también más o menos la edad del primer desconocido, tal vez incluso menor pues todavía tenía esa apariencia infantil. Llegó hasta ellos dando brinquitos y luego los abrazó de forma efusiva antes de que Snape abriera la puerta y los tres entraran.

Draco Malfoy se quedó oculto tras los anaqueles de postales que decoraban una pequeña cafetería al frente del edificio. Miraba con atención toda la fachada principal del establecimiento buscando algo que le indicara la índole del negocio. Había un letrero de tamaño considerable que ponía "MCGONAGALL'S DANCE STUDIO" en el segundo piso. Daba la impresión de que alguna vez funcionó, pero ahora no iluminaba a pesar de que ya estaba anocheciendo. Abajo, al lado de la entrada, había algunos carteles que indicaban el horario y el tipo de clases que ofrecían.

Más allá de eso, no había absolutamente nada que indicara que eso era un estudio de baile.

—Con razón es tan difícil de encontrar —pensó en voz alta mientras aprovechaba la ausencia de autos para cruzar al otro lado—. ¿"McGonagall's Dance Studio"? Nada mal. Yo no le pondría así si fuera mío, pero primera regla del diseño.

Kiss (Keep it simple, stupid)

Empujó la puerta con suma precaución, como si tuviera miedo de activar alguna alarma secreta que pudiera mandarlo directo a prisión. El interior constaba de un recibidor muy bien iluminado de aspecto sencillo lleno de fotografías y los permisos de operatividad correspondientes. También veía un pasillo que llevaba a un callejón sin salida y una escalera empinada que, en teoría, debería conducir a los salones. Escuchaba música y voces provenientes de los pisos superiores, incluso detectaba algunas risas lo que podía tomar como señal de vida.

Al darse cuenta de que el ambiente no representaba un terreno hostil, se relajó.

Nada mal, nada mal. Para una primera impresión, no estaba mal. El lugar tenía potencial. Un buen decorador de interiores y un equipo de marketing y ya tendría este negocio listo para despegar.

Evidentemente, no podía ir por el pasillo, así que subió las escaleras siguiendo la alegre melodía de la música. En el segundo piso, el sonido era más fuerte y provenía de alguno de los dos salones de baile que contaba. Al lado de la escalera, encontró un pequeño pizarrón donde estaban escritos los horarios que el estudio manejaba. De acuerdo a eso, ahora deberían estar a mitad de una sesión de ballet para adolescentes principiantes de 12 a 15 años.

"5, 6, 7, 8. 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8… "

No había necesidad de asomarse a verificar. Era claro que Snape no estaría ahí.

Él no hacía ballet.

Aunque tal vez debería considerarlo, pensó dudando de si avanzar o no. Después de todo, hasta hace una semana, Snape no bailaba ni la macarena y ahora se roba el show en las fiestas.

—¿Disculpe?

Una voz masculina lo hizo girar de inmediato, casi muriendo del susto. Su pobre corazón palpitaba descontrolado contra su pecho, provocándole una punzada dolorosa en la parte izquierda de las costillas. Tuvo que llevarse una mano al pecho para intentar calmarlo.

Un muchacho de más o menos su edad lo miraba con desconfianza desde la mitad de las escaleras. Tenía el cabello azabache desordenado y no parecía muy alto, tal vez no le llegaba más allá del hombro. Era de aspecto delgado, lo que lo hacía ver más endeble aún; no obstante, se notaba que hacía ejercicio pues la ropa de gimnasio se pegaba a su torso revelando un cuerpo atlético.

Sus ojos verdes se enfocaron en los suyos y un nudo se le formó en la garganta.

—Disculpa, ¿puedo ayudarte? —preguntó el muchacho, terminando de subir el tramo de escalones que le faltaban para llegar a su altura— ¿Buscas algo?

Draco quiso hablar.

En serio que lo quiso.

Quiso ser ese chico seguro que era y responder con la voz confiada y encantadora que lo caracterizaba.

Pero no pudo.

—Eh… —articuló tratando de despejar su mente lo más rápido posible. Estaba seguro que no debía estar dando la mejor impresión en esos momentos pues lo había agarrado completamente desprevino, pero no importaba. No iba a dejar que un pigmeo lo intimidara. Iba a demostrar el buen agente secreto que podía ser. Solo debía mantener la calma y lucir cool, nada de titubear—. ¿Tra-Trabaja aquí?

Claro, ya podía echar ese plan por la borda porque su garganta acababa de traicionarle.

No solo tartamudeó, sino que además desafinó como un gallo galo.

Fuck.

El ojiverde contuvo una sonrisa burlona y respondió— Sí, así es. ¿Cómo le ayudo… señor?

—Quería saber si dan clases de baile —improvisó con seguridad hasta que se dio cuenta de la tontería que estaba diciendo.

"¡¿Qué clase de idiota pregunta si dan clases de baile en una academia de baile?! ¿Qué te pasa? Es como preguntar si venden pizzas en la pizzería. ¡Despierta, Draco!"

—Eh, sí —respondió el pelinegro algo extrañado por su comportamiento tan raro— ¿Quiere inscribirse a una? —Draco asintió— Esa de allá es de ballet adolescente, pero tenemos clases para adultos principiantes por si le interesa —añadió señalando el salón del cual provenía la música— ¿Usted baila ballet?

—Eh, no, no —negó rápidamente como si le fuese la vida en ello.

—Ah… ok.

Ambos se quedaron en silencio, uno sin saber qué preguntar y el otro sin saber qué responder.

Por un lado, Harry Potter pensó que jamás había visto un tipo tan raro por ahí. Por otro, Draco se preguntó si en realidad su padrino venía aquí a tomar las clases de ballet para adultos principiantes que el desconocido había mencionado.

¿Snape en mallas y bailando el Lago de los Cisnes? Ni siquiera drogado podría imaginarse eso.

—Estas clases… —retomo el rubio tratando de salvar la situación— ¿Estas clases son las únicas que ofrecen? ¿Esta es una academia de solo ballet?

—Eh, no. Tenemos otros cursos —explicó—. Ritmos latinos, ballroom, hip-hop, danza árabe, contemporánea. En verano damos clases para niños y pensamos añadir K-pop.

—Oh, ya veo.

—Sí —el muchacho apretó sus labios en una delgada línea y, una vez más, pareció contener una risa. ¿Es que acaso tenía el aspecto de un payaso o qué? ¿Por qué se reía tanto? ¿Estaba enfermo?—. ¿Hay alguna en específico que le interese?

—Eh…

No sabía qué decir. ¡Ninguna sonaba a Snape! Su padrino era una persona que difícilmente podía coordinar manos y pies. Ni el hip-hop, ni los ritmos latinos ni ninguna de esas opciones parecía encajar con él. Simplemente eran demasiado complicados para sus limitadas destrezas físicas.

Aunque no debía olvidar estas "habilidades artísticas" recién adquiridas del que tanto alarde habían hecho sus tíos. Al aparecer, ahora su padrino bailaba el vals como todo un profesional.

—¡POTTER! ¡POTTER! —gritó una voz femenina desde el piso de arriba— ¿ENCONTRASTE LAS PESAS DE ENSAYO?

—NO, PROFESORA —gritó en respuesta— DEBEN ESTAR ARRIBA. YA LAS BUSCO.

—¡NO! ¡NO! ¡OLVIDALO! MANDARÉ A SNAPE.

Draco levantó la cabeza aliviado al oír ese nombre. ¡¿Snape?! ¿Estaban hablando de Snape? ¡¿Su Snape?! ¡¿Ese Snape?!Pues, ¡debía ser! Era el único Snape que conocía que estaba dentro del edificio. ¡Debía ser él! Además, ¿qué tan común era ese apellido? ¿Cuál era la probabilidad de que se tratase de otro Snape? ¡Una en un millón!

Bien, ya lo había encontrado.

Ahora, solo debía confrontarlo.

—¡OK! —gritó el tal Potter en respuesta. Se giró hacia él y sonrió antes de hacer el ademán de subir—. Me están llamando, pero ¿qué tal si vienes conmigo y te explico todo el proceso de inscripción? ¿Te parece? Justo ahora está por iniciar la clase de ballroom para principiantes, tal vez te quieras unir, es divertida —subió un par de peldaños y se detuvo a esperarlo— ¿Vienes?

No hubo necesidad de insistir, esto era justo lo que estaba buscando.

—Claro.

Subieron juntos las escaleras, uno detrás del otro. El corazón de Draco palpitaba ansioso, anticipándose al momento del tan esperado encuentro.

—Soy Harry, por cierto —dijo el ojiverde mirándolo por encima del hombro—. Harry Potter.

Draco dudó un par de segundos, pues se suponía que estaba de incognito, pero finalmente respondió al no considerarlo un gran peligro. Solo estaría ahí una vez, sería imposible que alguien lo reconociera. Él no era tan famoso como sus padres. Siempre había cuidado su privacidad.

—Draco. Draco Malfoy.

Otra vez, ese enano pelinegro volvió a ahogar una risa contra sus labios.

¡¿POR QUÉ REÍA TANTO?!

—¿Crees que mi nombre es gracioso? —preguntó a la defensiva con el ceño fruncido.

—No, no, lo siento. Solo recordé algo —dijo doblando en el pasillo para dirigirse al salón de al fondo— ¿Alguna relación con los Malfoy de British Airlines?

Acostumbrado a estas preguntas, la respuesta salió automáticamente.

—No, solo una coincidencia —sus hombros volvieron a tensarse, pasando a un estado de alerta una vez más—. ¿Qué es esto? ¿Un interrogatorio?

—No, no, solo buscaba conversación.

Llegaron a un enorme salón decorado con múltiples espejos en las paredes y madera pulida en el piso. Tenía buena iluminación y grandes ventanales que miraban a la calle. Había un par de sillones en el que reconoció el área de descanso que aparecía en las stories de Black. También vio un armario de cristal, trofeos, medallas, y fotografías decoraban las paredes desnudas.

Desde luego, el lugar no estaba vacío.

Adentro, encontró a los dos desconocidos que acompañaron a su padrino en su camino hasta ahí. Pudo confirmar que, efectivamente, podrían tener su edad. Ambos estaban sentados piernas abiertas en el suelo y sus pies se tocaban para realizar un extraño ejercicio de estiramiento. Se sujetaban de las manos y uno tiraba del otro haciendo que sus cuerpos se inclinaran hacia adelante en una postura aparentemente dolorosa. A un lado, una señora mayor de apariencia severa y ojos gatunos vigilaba que realizaran apropiadamente el ejercicio.

Los tres se giraron en su dirección en cuanto cruzó la puerta, las risas y el chismorreo se acabaron con su llegada. Los dos bailarines lo observaron con ojos curiosos, sobre todo la rubia. Ella tenía unos grandes ojos grises que lo hacían sentir expuesto, como si le estuviera analizando el alma o algo así.

Tuvo que reprimir un temblorcillo.

El otro chico, por su parte, solo le dedicó un ademán de saludo con la cabeza antes de volver a sus asuntos. La mujer mayor quien, supuso, era la instructora de baile, la tal profesora McGonagall, se irguió todo lo que pudo, dejando apreciar la figura esbelta de lo que, alguna vez, fue una mujer hermosa. Posó sus ojos verdes sobre él y se aclaró la garganta, imponiendo su autoridad en su salón.

—Bienvenido —saludó con educación— ¿Puedo ayudarle, joven?

—Eh…—

—Lo encontré perdido abajo, profesora —aclaró Harry entrando en el aula con total confianza y dirigiéndose hacia un mostrado que no había notado—. Se llama Draco y dice que quiere inscribirse en una clase.

Los ojos de los tres desconocidos se iluminaron en cuanto Potter dijo la palabra "inscribirse". Podía ver fuegos explotando en los ojos de ambos aprendices, figurativamente hablando. La profesora no mostró mayor emoción, pero estaba claro que la noticia alegró su humor pues, de la nada, su ceño fruncido había desaparecido.

—Voy a enseñarle el formato de registro.

—Adelante, Potter. Bienvenido, señor Draco.

El rubio lo siguió hasta el mostrado de recepción, donde una serie de carpetas llenas de documento, ocupaban la mayor parte del espacio disponible sobre la superficie.

—Perdona el desorden, estábamos haciendo inventario —dijo tomando una carpeta roja abarrotada de hojas—. Ya sabes, diciembre, una locura.

—Sí.

No era su intención ser tan cortante, pero simplemente no pudo evitarlo. Era una costumbre no entablar una conversación con los empleados de la recepción, por lo general, él solo se anunciaba y luego continuaba su camino. Harry levantó la mirada y se quedó fija sobre la de él haciéndolo sentir incómodo.

No estaba nervioso. No lo estaba.

¡¿ENTONCES POR QUÉ LE SUDABAN LAS MANOS?!

Se giró a un lado y luego al otro esperando romper el contacto visual con el petizo. Intentó encontrar al objeto de su búsqueda por algún lado, pero no había ni la más pequeña señal de que su padrino hubiese estado ahí. ¡Ni siquiera veía su portafolio! Era como si la tierra se lo hubiese tragado sin ningún motivo. ¡¿Dónde carajos estaba?!

"Vamos, vamos, Snape. ¡Vamos!¡Aparécete ya!"

De pronto, una idea descabellada cruzó por su cabeza.

¡¿Y si se encontraba en una academia del mal que secuestraba a inocentes estudiantes como él para luego desaparecerlos y quedarse con sus pertenencias?! Tal vez eran muchas películas de terror y suspenso, pero siempre cabía la posibilidad, ¿no? ¿Qué no hubo un psicópata en Chicago que atendía un hotel y desaparecía a sus huéspedes? ¿Por qué no podía haber una academia de baile que despareciera a sus estudiantes a lo Suspiria? Esa rubia de mirada intensa se veía peligrosa.

Tal vez, se dedicaban a desaparecer desafortunados solteros de mediana edad para quedarse con sus cuentas bancarias. Si no, ¿dónde estaba Snape? ¿Dónde estaba Sirius Black?

¡Qué alguien le explicara!

—¿Draco? —llamó Harry sacando de sus pensamientos— ¿Draco?

—¡Ah! Eh…

—¿Todo bien?

—Sí, eh… Sí —dijo volviendo en sí, sintiendo el corazón palpitar agitado a pesar de no haber hecho esfuerzo físico—. Lo siento, me distraje. ¿Decías algo?

—Sí, eh, estos son los cursos que ofrecemos y los horarios y, por aquí…

Probablemente, bajo otras circunstancias muy diferentes a las actuales, Draco Malfoy se hubiese esforzado por prestarle atención al muchacho pelinegro que tenía detrás del mostrador. Probablemente, hubiese fingido interés por cada una de sus palabras. Por lo menos, se habría tomado la molestia de mirar las páginas y folletos que el empleado le alcanzaba. En su lugar, estaba más concentrado en la puerta y en calcular el tiempo que le tomaría escapar de ahí si salía corriendo ahora.

Pero todo plan de escape se vio arruinado cuando la figura alta y atlética de Severus Snape atravesó la puerta en compañía de nada más y nada menos la bailarina castaña de la que todos hablaban.

Vestido con ropas holgadas para mayor movilidad y zapatos oscuros formales, Severus entraba a la habitación cargando una especie de cuerdas blancas gruesas que parecían contener peso. Tenía una sonrisa en el rostro ahora joven y sus ojos no se apartaban de la belleza castaña que revoloteaba a su alrededor. Envuelta en las finas mallas que exhibían sus torneadas piernas y buena figura, la nueva pareja de su ex profesor también cargaba una de esas pesas mientras parloteaba sobre cosas que no alcanzaba a escuchar.

De pronto, los ojos oscuros del mayor se posaron justo en los ojos grises de su ahijado y, como si se tratase de una escena en cámara lenta de una novela extranjera, la respiración de ambos se cortó.

Draco miró a Snape.

Snape miró a Draco.

Y los dos sintieron el verdadero terror.

—Oh, qué bueno que llegan —intervino la profesora acercándose—. Hermione, Sr. Snape, dejen esas pesas en… ¡AAAHH!

Las susodichas pesas cayeron como saco de papas sobre el suelo de madera, provocando un sonido seco que resonó por toda la habitación, haciendo saltar del susto a más de uno. La profesora había gritado ante la inesperada acción, la castaña también. Los dos aprendices en el suelo se habían llevado las manos al pecho para calmar sus corazones y estaba seguro que el tal Harry Potter había lanzado un insulto a modo de reacción.

Snape siguió mirando a Draco sin apartar los ojos de su figura ni para parpadear. El hombre que, por lo general, era bueno ocultando sus emociones estaba completamente expuesto ahora. Su piel ligeramente más rosada y saludable que antes empalideció completamente y una expresión de desconcierto se apoderó de su rostro mezclándose con el pánico y horror que le corría por las venas.

En su cabeza, solo había espacio para una palabra:

Mierda.


HOLA, CHIQUIS! QUÉ TAL? CÓMO ESTÁN?

YA! YA NO HAY MÁS! HASTA AQUÍ EL CAPÍTULO DE HOY, ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO, NOS VEMOS EL PRÓXIMO DILUVIO CON LA CONTINUACIÓN DE ESTO

NO PENSÉ QUE TARDARÍA TANTO EN ACTUALIZAR ESTO, SE SUPONÍA QUE LO SUBIRÍA HACE DOS DÍAS. REALMENTE NO PENSÉ QUE FUESE TAN DÍFICIL ESCRIBIR LA HISTORIA DESDE OTRA PERSPECTIVA, FUE UN EJERCICIO DIVERTIDO, DIGAMOS, UNA ESPECIE DE EXPERIMENTACIÓN, ASÍ QUE ME DISCULPO DE ANTE MANO SI NO HUBO SUFICIENTES INTERACCIONES SEVMIONE EN ESTE CAP.

AL IGUAL QUE SNAPE, QUERÍA PROBAR ALGO NUEVO.

YA LLEGAMOS AL TAN ANSIADO ENCUENTRO, VAMOS A VER COMO SALE ESTA VAINA SI ES QUE ANTES NO NOS MORIMOS EN LA TERCERA GUERRA MUNDIAL —ya no quiero seguir jugando a vivir momentos históricos—. PROMETO DAR MI MEJOR ESFUERZO. NO ESPERABA DESVIARME CON TANTOS PERSONAJES SECUNDARIOS, PERO ESPERO AL MENOS HABERLES SACADO UNA SONRISA.

HASTA AQUÍ MI REPORTE, JOAQUÍN. ESPERO QUE TENGAN UN BONITO DÍA, SEMANA, QUINCENA, MES, LO QUE TARDE EN VOLVER A ACTUALIZAR. MUCHAS GRACIAS POR TOMARSE EL TIEMPO DE LEER ESTO, GRACIAS POR EL APOYO Y PUES, POR TODO. ESTO NO SERÍA POSIBLE SIN TI.

UN FUERTE ABRAZO Y NO OLVIDES TOMAR AGUA.

P.D.: ¿YA VIERON EL NUEVO TRAILER "LOS SECRETOS DE DUMBLEDORE"? ES QUE ME VOY A MORIR! YA QUIERO VER QUE SE BESEN XD TODAVÍA ME SIGUE DOLIENDO QUE NO ESTÉ JD, PERO NO IMPORTA, SÉ QUE EL PAPEL ESTÁ EN BUENAS MANOS Y, POR LO QUE VI, TODO SE VE PROMETEDOR. YA QUISIERA SER JACOB PARA QUE ME RUEGEN PARA IR AL MUNDO MÁGICO JAJAJAJAA LO ÚNICO QUE ESPERO VER ES EL BESO Y PELEA DE ESE PAR DE TÓXICOS QUE TANTO QUIERO.