¡ADVERTENCIA! Este capítulo puede contener temas y/o escenas que pueden provocar asco en algunos lectores. Se recomienda proceder con discreción.
CAPITULO 32
Era hoy.
El día tan esperado por fin había llegado y era hoy.
¡Es hoy! ¡Es hoy!
Después de haber pasado semanas enteras entrenando bajo la atenta mirada de McGonagall y Viktor, de ensayar una y otra y otra vez las mismas coreografías con sus compañeros para pulir detalles, de visitar incontables veces al sastre para ajustar su traje y de haber tachado los días que faltaban en su calendario, el miércoles finalmente había llegado y, con él, la primera fecha de eliminatorias del Gran Syllabus Anual de Escuelas de Londres.
Hermione les había explicado que este año se habían inscrito más escuelas que en ediciones pasadas del concurso, por lo que el comité organizador impuesto por el British Dance Council había optado por abrir una segunda fecha, el jueves, para dividir a las cerca de 60 escuelas participantes en dos grupos.
Según lo planeado, a ellos les tocaría en la primera fecha en el grupo A. De ahí, saldrían 15 escuelas y del grupo B, otras 15.
Se suponía que el viernes se anunciarían a los 30 seleccionados para pasar a la segunda y última etapa del concurso en marzo.
Todos estaba nerviosos. Probablemente, unos más que otros —no diré nombres (Neville)—. Ninguno había estado nunca en un concurso profesional de baile, al menos no como participantes. No sabían qué esperar de la pista de baile o de sus adversarios, mucho menos del jurado.
Aun así, no pensaban echarse para atrás. Habían trabajado muy duro día y noche para esto. Habían estado en dieta durante un mes entero para poder cumplir con las rigurosas medidas que imponía la federación. Asimismo, habían sometido a sus cuerpos a ejercicios exigentes con tal de adquirir la mínima agilidad que todo bailarín propiamente dicho necesitaba. ¡Habían sacrificado mucho para llegar hasta ahí y estaban decididos a ganar!
Incluso cuando eso significaba una fuerte carga psicológica con la que lidiar.
Era cierto que ellos no eran bailarines profesionales, que este concurso no era tan exigente al tratarse de amateurs y que no tenían nada que demostrar o contratos con patrocinadores que cumplir. Nada de eso. No obstante, se sentía como tal. Conforme pasaban los días y la fecha se iba acercando, Luna, Neville, Sirius y Snape experimentaron lo que a los artistas les gusta llamar "el miedo a morir" antes de salir al escenario.
Mi psicóloga dice que se llama "ansiedad", pero prefiero el primer término.
Me parece más bonito.
Los cuatro principiantes apenas sí podían dormir pues no dejaban de imaginarse diferentes escenarios de lo que probablemente podría pasar durante la competencia. Llegaban más temprano al estudio para ensayar todos los minutos que tuviesen disponibles y hasta tuvieron que pedir permiso en sus respectivos trabajos y centros de estudios para prepararse mentalmente para el gran día.
Fue una verdadera bendición tener alguien como Hermione a su lado todo el tiempo.
Si alguien era experta en lidiar con el "miedo a morir" era Hermione Granger. Llevaba haciéndolo desde que tenía memoria y, tras muchos años de práctica, se había convertido en toda una profesional del tema. Incluso me atrevo a decir que sería capaz de escribir toda una serie de libros sobre eso si se lo pidieran.
Siempre estuvo encantada de responder a sus llamadas y mensajes de auxilio no importara la hora, la fecha o el lugar.
Entendía perfectamente el sentir de sus no tan jóvenes aprendices. Ella también había sido una debutante alguna vez y también se había muerto de miedo esperando el día de apertura de los concursos a los que la invitaban. Conocía de primera mano aquel nudo en la boca del estómago que te impedía comer, aquellos repentinos espasmos que hacían temblar tus piernas, el sudor frío que bañaba la frente y las palmas de las manos y, desde luego, aquella insoportable vocecita en la cabeza que te decía que todo saldría mal.
En serio, odiaba esa vocecita.
Con el tiempo y la experiencia, aquellos nervios iban disminuyendo hasta el punto de convertirse en un motivo para superarse, pero ellos no tenían tiempo, mucho menos, experiencia. Tenían que aprender a controlar su ansiedad ahí y ahora o terminarían sufriendo un ataque de pánico antes de salir a escena.
Lo bueno es que ella tenía mucha paciencia para lidiar con eso.
Hablaba constantemente con Neville para que pudiera desahogar sus nervios y sentirse escuchado.
Resolvía las dudas constantes de Sirius quien, a pesar de mostrarse demasiado seguro, todos sabían que era quien más ansioso estaba.
Pasaba las tardes apoyando física y psicologicamente a Luna quien, al ser la única mujer representante del estudio, se llevaría la parte más dura de la competencia al tener que participar en cada uno de los bailes durante cada ronda, y cambiarse de atuendo en cuestión de segundos solo para volver a salir y continuar con la programación.
Una verdadera prueba de fuego para cualquier novata, el pan de cada día para los profesionales.
No obstante, y para sorpresa de todos —o de nadie, en realidad—, quien parecía estar menos preocupado por el concurso era Severus Snape. Y no era porque estuviese confiado de sus capacidades artísticas para el baile o porque no tuviera miedo de salir a un escenario con adversarios mucho más experimentados que él.
No, nada que ver.
Era porque estaba demasiado ocupado preocupándose por el desastre en el que se había convertido su vida privada como para siquiera pensar en el gran evento.
Con Draco enfrentando a Hermione; Narcissa, enojada; Lucius, resentido y todo el colegio al tanto de su relación, el pobre profesor de Química apenas tuvo tiempo para angustiarse por su debut en el mundo del baile de salón profesional hasta que el tan ansiado llegó.
¡Era todo un manojo de nervios!
En una sola noche, experimentó todo lo que sus compañeros habían tenido tiempo de procesar durante medio mes.
Realmente fue un milagro que no sufriera un colapso nervioso a mitad de esa madrugada.
Por suerte, Hermione siempre estuvo a su lado, siendo su roca y apoyo moral.
—¡Arriba, arriba! —una voz femenina canturreó al otro lado de la puerta antes de dar tres golpecitos sobre la superficie— Es hora de despertar. ¡Te espera un gran día por delante!
La bailarina abrió la puerta y se encontró a un adormilado Severus Snape todavía en su cama, con el cabello revuelto y cara de recién despertado. Tenía profundas ojeras, típicas de alguien que había pasado la noche en vela, y dada a su mirada desorientada, algo le decía que su mente todavía no terminaba de procesar el trauma que había significado despertar.
—Buenos días, dormilón —susurró con una suave sonrisa en sus carnosos labios—. Es hora de levantarse. ¿Dormiste bien?
—Hmmm… No —murmuró restregándose las manos por la cara—. No pude cerrar los ojos en toda la noche, no dejaba de dar vueltas. Apenas sí pude… ¡ay! dormir —agregó ahogando un bostezo que lo hizo temblar—. Quiero seguir durmiendo.
—Pues no se va a poder, te tienes que levantar. Nos espera un largo día así que es mejor que te levantes ahora o nos faltará tiempo para todo lo que tenemos qué hacer.
Se acercó hasta la cama y se sentó sobre el colchón, justo al lado de su adormilada pareja.
Snape dejó caer su cabeza sobre su hombro delgado y cerró los ojos, esperando recargar la energía suficiente para ponerse de pie. Los párpados le pesaban y el cuerpo le dolía como si hubiese pasado toda la noche corriendo una maratón. El hombro de Hermione, aunque huesudo, era un buen lugar para dormir. Era cálido, suave y el aroma a jazmín de su shampoo lo invitaba de regreso al mundo de los sueños.
—Oh, mi pobre bebé —la castaña elevó una mano y acarició con suma ternura el cabello ligeramente graso de su pareja. Sus dedos se enterraron en él, desordenándolo, lo que a su vez generaba un agradable sonido cerca de su oído que lo llenaba de paz—. Estás muy cansado, ¿verdad?
—Sí.
—¿Quieres seguir durmiendo?
—Hmmm… sí.
—¿Cinco minutitos más?
—Chí.
Hermione sonrió para sí misma, apoyando su cabeza en la de él por unos breves minutos.
Estar así, con la cabeza de un futuro bailarín sobre su hombro, en silencio, todavía en la cama y con el reloj en contra, le hacía recordar aquellas épocas en las que su mamá solía despertarla para que se vistiera tal y cómo ahora ella misma lo estaba haciendo con Snape.
Cada vez que tenía una competencia o un recital, su mamá siempre se encargaba de ayudarla a prepararse para ir al encuentro. La noche anterior, la ayudaba a alistar su vestido, calzado y set de maquillaje. Le gustaba hacer listas, así nunca olvidaban nada. A la mañana siguiente, solía despertarse temprano, mucho antes que ella. Bajaba en silencio las escaleras, se ponía su delantal y procedía a preparar un balanceado desayuno que no fuera demasiado pesado como para hacerla vomitar a mitad de su performance ni demasiado ligero como para contribuir a que se desmayara durante el calentamiento.
Luego, cuando todo estaba listo, subía a su cuarto para despertarla con un beso en la frente. Se quedaba con ella hasta que estuviera lo suficientemente lúcida como para meterse a la ducha. De camino al salón de eventos, solía recordarle por qué estaba haciendo esto y lo buena que era.
También le decía lo orgullosa que siempre estaría independientemente del resultado.
Aquellos días se veían tan lejanos…
—Muy bien, ya es suficiente —anunció levantando la cabeza y sacudiendo ligeramente su hombro para obligar al mayor a despabilarse—. Tienes que levantarte. Te tienes que bañar y debes desayunar temprano para que puedas digerir y no te den nauseas o calambres durante el calentamiento —Hermione acunó el rostro del pelinegro entre sus manos y plantó un suave beso en su frente, haciéndolo sonreír de forma inconsciente—. Vamos a estirar. Tienes que tener esos músculos relajados para que no parezcas una tabla ante los jueces.
—Ok.
Cinco minutos después, Snape se encontraba estirando las articulaciones junto a Hermione a los pies de la cama. Rotación de hombros hacia adelante, rotación de hombros hacia atrás. Giro de cabeza a la derecha, giro de cabeza a la izquierda, círculos. Manos hacia el cielo, manos hacia el suelo. Estirar los brazos, estirar las rodillas. La muchacha se encargó de que su pupilo estrella estuviese en óptimas condiciones para empezar el día.
Después de unos respetables 15 minutos en la ducha, Snape bajó las escaleras. Grande fue su sorpresa cuando encontró a Hermione en la cocina terminando de servirle el desayuno como si fuese una devota ama de casa de los años 50. La muchachita en delantal estaba terminando de acomodar los platos sobre la pequeña mesa, asegurándose de que se viera llamativo a la vista.
Una sonrisa se dibujó en sus carnosos labios.
Parecía orgullosa de su trabajo.
—Ven a sentarte —llamó retirando una silla para él—. Te preparé el desayuno. Está muy rico, creo. Por lo menos a mí me gusta.
—De seguro está delicioso —contestó sentándose. Tomó una de sus manos con delicadeza y besó su dorso, haciéndola reír—. Huele delicioso.
Hermione nunca sabría si se refería a la comida o a ella.
"¿Por qué no ambos?", pensó traviesa.
—¿Por qué no me esperaste? Te habría ayudado —preguntó soltando su mano, girándose a ver el pequeño banquete que su pareja había preparado para él—. Siempre preparamos el desayuno juntos.
—Quería hacer algo lindo para ti —contestó acariciando sus hombros—. Además, la experta en desayunos aquí soy yo.
—Sí, mis sartenes quemadas lo saben —bromeó. Recibió un ligero codazo juguetón como respuesta—. Bien, ¿qué tenemos aquí?
—Mira, hay huevos duros para que tengas energía, tienen bastante proteína. Unas tostadas para que tengas algo sólido en el estómago. Mermelada, solo un poco, para que el dulce te active y espero que no te moleste que te haya servido té de bolsa —comentó con algo de preocupación en la voz, observando cada gesto en su rostro para descifrar si la idea le desagradaba en su totalidad—. Es que no sé cómo va a reaccionar tu cuerpo a lo largo del día y la leche te podría caer mal. No podemos arriesgarnos a que te enfermes hoy.
—¿Solo hoy? —preguntó enarcando una ceja— Sabes, por lo general uno no desea que alguien se enferme, señorita Granger.
—Si quieres te puedes enfermar mañana, pero no hoy. ¡Jamás! —contestó burlona, apretando su hombro— Ahora, come.
—¿Y tú? No quiero desayunar solo.
—Ya me sirvo. Primero voy a traer algo para quitarte esas ojeras tan feas —anunció dándose la vuelta y yendo a quién sabe dónde fuera de la cocina— ¡¿Te secaste bien el cabello?! Si sigue mojado, ponte una toalla en la espalda. ¡La humedad te afectará los pulmones!
Snape esbozó una ligera sonrisa de medio lado mientras endulzaba su té. Sus orejas se tiñeron de rojo al darse cuenta que había pasado mucho tiempo desde que alguien le había preparado el desayuno. Podía sonar como una tontería, pero encontraba divertido que esa muchachita lo alistara para el concurso como una madre alista a su hijo para la escuela.
Se sentía bien que alguien cuidara de ti de vez en cuando.
—Severus, ¡¿te secaste el cabello?! —gritó desde el segundo piso.
—¡Sí, "mamá"! —exclamó antes de darle un mordisco a su tostada.
El 229 era una sala de eventos grande que se encontraba al lado del Regent's Park en Westminster, exactamente al frente de la estación de metro Great Portland Street.
Tenía dos pistas de baile. La principal medía 225 metros cuadrados —15 de largo y 15 de ancho— y contaba con un aforo de 620 personas de pie o 320 sentadas. Por lo general, se ocupaba para albergar versátiles y polifacéticos conciertos de artistas tanto conocidos como independientes, aunque también servía de local para premiaciones, eventos de comedia y moda, cenas de gala para empresas o festivales de cine durante los fines de semana.
Esta semana, sería el escenario perfecto para la etapa de eliminación de la trigésima tercera edición del Gran Syllabus Anual de Escuelas de Londres.
De acuerdo a la programación, la etapa de eliminación del día 1 tendría dos fases: las rondas de la categoría estándar de 11 a.m. a 1 p.m. y las rondas de la categoría latina de 3 a 4:30 p.m. De acuerdo a lo pactado el día de ayer, los bailarines del McGonagall's Dance Studio se encontrarían a las 10 de la mañana en punto a las afueras del centro de convenciones 229 para reunirse y registrar su llegada. Las reglas decían que debían pasar por un proceso protocolar de 15 minutos aproximadamente antes de poder ir a cambiarse y calentar, así que, si querían sacarle el máximo provecho a esos 45 minutos restantes, tendrían que administrar su tiempo lo mejor posible.
—¿Dónde estarán esos tres? —preguntó McGonagall mirando su reloj de pulsera por quinta vez en lo que iba de la mañana— Faltan dos minutos para las 10 y todavía no aparece.
—Deles un par de minutos más, profesora —tranquilizó Hermione a su lado, acomodándose la gruesa bufanda roja de lana que ella misma había tejido hace ya un par de años—. Harry dijo que ya estaban cerca.
—¡Oh! ¡Sabía que no debía confiarle algo tan importante como los trajes a Sirius Black! —exclamó irritada— El hombre es la personificación de la tardanza.
—Ya deben estar por llegar, profesora —consoló Neville mirando hacia el otro extremo de la calle con la esperanza de reconocer el carro del millonario—. Puede que los agarrara el tráfico. A esta hora todo el mundo va al trabajo.
—En realidad…—las miradas amenazantes de la castaña y su alumno hicieron desistir a Snape de dar su comentario—. Perdón.
La mayor parte del equipo ya estaba ahí. Los primeros en llegar habían sido Hermione y Snape. El metro los había trasladado lo suficientemente rápido como para encontrarse con Neville justo a la salida de la estación. McGonagall y Viktor llegaron poco después. El tío del bailarín se había ofrecido a traerlos y McGonagall no pudo negarse ante tanta amabilidad extranjera.
—¡Hei! ¡Uite ca vine! —exclamó Viktor señalando hacia un vehículo que acababa de doblar por la avenida— ¡Es su auto!
Efectivamente, un auto negro de reluciente apariencia se acercaba a ellos a toda velocidad por la Great Portland Street y no parecía dar indicios de querer detenerse. Tanta fue la sensación de peligro, que incluso la propia profesora tuvo que arrastrar a sus estudiantes tres pasos lejos del borde en caso de que al desquiciado conductor se le ocurriera subirse a la acera.
El vehículo se detuvo en seco justo frente a ellos, como si hubiese sabido de antemano el segundo exacto en que debía pisar el freno. Un chirrido estruendoso captó la atención de todos los transeúntes, incluyendo aquellos que solo estaban ahí por pura casualidad. Los bailarines se quedaron inmóviles a mitad de la acera, en completo silencio, apenas escuchando el sonido de la calle pues sus respiraciones eran tan fuertes que opacaban a todo lo demás.
Al cabo de unos segundos, la puerta trasera se abrió y una asustadísima Luna Lovegood bajó del vehículo, sujetándose a la puerta como si su vida dependiera de ella. Parecía un pequeño gatito de pelaje erizado. Sus cabellos estaban desordenados y en punta, sus ojos abiertos a más no poder y su piel, ya de por sí pálida, estaba más blanca que nunca.
En cuanto sus pies tocaron el suelo, la muchacha se dejó caer de rodillas.
—¡Tierra! ¡Finalmente, tierra! —exclamó acercando la cara a la acera, llamando la atención de todo el mundo— ¡Gracias al cielo! ¡Gracias al cielo! ¡Mua! ¡Mua! ¡Mua!
—¡Ay! Deja de ser tan dramática, no estuvo tan mal —pidió Sirius abriendo su puerta— Y no beses la calle. No sabes quienes han pasado por ahí.
—¡Puaj! Sabe asqueroso.
Harry bajó a los pocos segundos del asiento del copiloto. No tenía tan mala apariencia como Luna, pero a juzgar por la expresión en su cara y la mano masajeando su frente, todo parecía indicar que estaba sufriendo de una agresiva jaqueca. El ojiverde cerró rápidamente la puerta y le dio la vuelta al vehículo para subir llegar donde la escocesa y sus demás compañeros.
—Buenos días, perdonen la demora —pidió avergonzado—. Sirius se quedó dormido.
—¡Oye! —reclamó el mencionado desde su asiento— ¡Quedamos en que diríamos que el GPS no funcionó!
—¡Abre la maletera! ¡Rápido! —ordenó dirigiéndose hacia la parte posterior del auto— No podemos estacionarnos aquí. ¡Viktor! ¡Neville! Ayúdenme a sacar los trajes.
No esperaron una invitación más formal. Asaltaron la maletera con la misma velocidad con la que Sirius había conducido hasta ahí. Uno por uno fueron llevando las cajas de zapatos y las fundas protectoras de trajes hacia un perchero móvil con ruedas que los organizadores les habían facilitado para transportar su vestuario. Sirius se fue a estacionar el vehículo a un lugar más apropiado. Les pidió que fueran entrando y que él los encontraría en recepción.
El equipo no perdió el tiempo, así que, después de un atropellado inicio, ya estaban listos para pasar por el proceso protocolar de registro.
Fue mucho papeleo que firmar. ¿Por qué necesitaban tantas cosas si solo era un concurso de baile amateur? Snape estuvo asombrado de que no le pidieran un examen de sangre o algo parecido.
Aunque Viktor comentó que, por lo general, a los profesionales les pedían una prueba antidoping.
—Su área designada es la número 18 en el salón B —les comunicó uno de los encargados—. Vayan cambiándose, empezaremos en breve.
—Iré al buscar al señor Poe —anunció la profesora antes de que sus estudiantes fueran a los vestuarios—. Tengo que discutir algunas cosas con él. Hermione, ¿puedes encargarte?
—Sí, profesora. Yo me encargo.
—Bien. Los veré antes de la competencia. Apúrense, todavía tienen que peinar a Luna. Asegúrate que los broches de su vestido estén bien sujetos. No queremos accidentes. Nos vemos.
La profesora se dio la media vuelta y se perdió entre la alborotada multitud que iba de un lado a otro, metidos en sus propios asuntos.
Ahora, totalmente a cargo y con más responsabilidades, Hermione se giró a ver a su "altamente calificado" equipo que competería para conseguir un cupo en el concurso amateur más importante del país. No quería menospreciarlos, pero comparados con otros equipos que acababan de llegar, el team McGonagall parecía un grupete de simples aficionados que no tenían ni la menor idea de dónde estaban parados. No es que no les tuviera fe o que se avergonzara, pero ahora que estaban a puertas del evento y rodeados de estudiantes de academias mucho más prestigiosas que la suya, Hermione Granger por fin se planteó lo que todos los demás presentes se estaban preguntando:
"¿Cómo es que un chico de andar torpe, una muchacha más frágil que una pluma, un cuarentón de rodillas rechinantes con ligero sobrepeso y Sirius Black podrían vencer a 29 grupos de jóvenes bailarines de entre 15 a 25 años?"
Pues, no lo sabía, pero estaba por averiguarlo.
—Síganme por aquí —ordenó luego de un rato reuniendo el valor y determinación que tanto necesitaría—. Viktor, tú ayudarás a los chicos con sus trajes. Yo arreglaré a Luna —el búlgaro asintió, pasando a dirigir junto a ella—. Somos el número 18, debería estar por… ¡Ahí está!
El salón secundario del 229, el salón B, de mucho menor tamaño y capacidad, se había convertido en una especie de laberinto de probadores y estaciones de maquillaje y peinado, muy similar a lo que Snape había visto en su visita a los vestidores de los Winter Gardens. Había como 30 áreas designadas para las escuelas, todas estaban separadas por biombos de gruesa tela beige sujetadas a andamios clavados al piso. La de ellos tenía el número 18 colgado en el medio y dos espacios grandes que, Snape supuso, serían la zona de separación de hombres y mujeres.
Al igual que en Blackpool, estos vestuarios también parecían una zona de guerra. Todos iban corriendo de un lado a otro a medio vestir o a medio peinar y el sonido de sus voces mezcladas unas sobre otras era tan fuerte que por momentos parecía el zumbido de un enjambre de abejas.
Un completo caos que Hermione encontró muy familiar.
—¡Bien! Los trajes ya están aquí —exclamó en voz alta para hacerse oír entre el barullo de voces— Chicos, ustedes quédense en el lado del probador. Se pueden cambiar ahí. Luna entrará después, ¿ok? Viktor, les echas una mano.
Asintieron y procedieron a acatar sus órdenes, no sin antes asegurarse de cerrar bien la cortina que dividía el espacio entre ellos.
Hermione se giró a ver a Luna y le sonrió para tranquilizarla al notarla cohibida ante tanto ruido.
—Ven, vamos a peinarte —dijo con calma tomándola de la mano y guiándola al pequeño tocador que habían dispuesto para ellas—. Te voy a hacer un peinado hermoso. Mi mamá solía hacérmelo casi siempre. Me traía suerte en competencias muy importantes.
—¿Crees que ganemos, Mione? —preguntó nerviosa mientras sacaba de su neceser los peines y horquillas que necesitarían— ¿Tenemos oportunidad?
Hermione se quedó un par de segundos en silencio mientras se mordía el interior de las mejillas. ¿Podrían ganar? ¿Tendría oportunidad? No sabría decirlo con exactitud. Había visto la lista de academias que participarían en las mismas rondas que ellos. Eran buenos, siempre alcanzaban un cupo para la siguiente etapa. Sin embargo, cada año era diferente. Al haber tanta gente nueva, nunca había garantía de que esta generación fuese igual de buena o mejor que la anterior, lo que a su vez significaba que nunca sabrías qué podía pasar.
Con algo de suerte, tal vez se sentirían más como ganadores después de vestirse.
—Siempre hay oportunidad —le respondió apretando ligeramente su hombro derecho en señal de apoyo—. Ahora, derecha. No te muevas, sino este peinado saldrá mal. Perdona si te jalo el cabello. Estoy acostumbrada a peinarme a mí misma, no a otros… Hmmm, pásame esos ganchos, por favor. Tengo que dividirte el pelo…
Media hora después o tal vez un poco más, los representantes masculinos del estudio de baile de Minerva McGonagall ya estaban listos para pasar por maquillaje y peinado.
—Ahora, tener que, eh, dividirrr cabello. Así, look, look —explicó Viktor usando él mismo un peine para enseñarle a Neville cómo era el peinado estándar de los concursos—. Desde aquí, a la derecha y poner gel.
—¿Así?
—Ehmmm… A ver, déjame… Sí, ahora sí.
En el caso de Snape o Sirius, el búlgaro no podía hacer mucho. Viktor siempre había tenido el cabello corto, a veces rapado. Se lo dejaba crecer durante las temporadas de descanso, cuando no estaba compitiendo como ahora, pero nunca lo había tenido tan largo como los de sus dos mayores, así que no sabía muy quién qué hacer con ello.
¡Ya era demasiado tarde para un corte!
En el baile de salón había reglas para todo y, desde luego, también había reglas para el cabello tanto de hombres como de mujeres: siempre sujeto y lejos del rostro.
Por ningún motivo el cabello podía ser una distracción.
El peinado y el maquillaje deben ser apropiados para la edad del participante. Para la categoría Juvenile, no se permiten peinados que no se ajusten a la edad del niño.
Decoración del cabello. Solo se permite una flor o un lazo pequeño (máximo de 8 cm de ancho, sin pedrería, purpurina o cualquier otro adorno de material brillante) en el cabello.
No se permite ningún otro tipo de decoración en el pelo, incluyendo spray con brillo y pedrería.
(Dawson, 2018, p.60)
Para su suerte, Sirius Black era un experto en atarse el cabello. Con una salvaje cabellera tan larga para los estándares actuales, el millonario había aprendido a lidiar con ella cada vez que tenía que lucir "presentable" para algún evento importante o reunión seria con sus abogados y contadores.
—Por última vez, Snape, presta atención —le dijo mirándolo fijamente a través de su reflejo en el espejo de cuerpo entero—. Mira. Con tus pulgares, divides tu cabello desde la punta de las orejas. No importa si no agarras todo, pero que sea desde la punta de… No, no, no, así no. Otra vez estás dejando un hueco.
—¡Es que no te entiendo!
—¡Ay! ¡Pareces un bebé! ¿No te enseñaron a peinarte? —reprendió el millonario arrebatándole el lazo negro que usarían para recoger sus cabellos— Tienes el pelo largo, deberías cuidarlo.
Eso era algo que Lucius le repetía constantemente.
—¡Ay! ¿Sabes qué? Lo voy a hacer yo —anunció tomando un peine y una liga para comenzar con su tarea—. Ponte aquí.
—No te atrevas, Black —gritó retrocediendo un par de pasos lejos de él—. Todavía no nos tenemos suficiente confianza para eso.
—¡Apúrate, carajo! —Sirius lo tomó del brazo y lo arrastró frente a él para darle la vuelta y proceder a peinar—¡No tenemos tiempo! Ya van a empezar a llamar y todavía no estás listo. No te has puesto los zapatos.
—¡Tú tampoco!
¿Sabían que ellos no podían usar cualquier tipo zapato para los concursos? La British Dance Council tenía reglas muy estrictas en cuanto a eso.
"Zapatos. Solo se permitirán zapatos negros de cuero, nobuck o charol. No se aceptan otros materiales o colores". (Dawson, 2018, p.61)
Sirius Black no tenía idea de que existía una industria entera dedicada a la producción de calzado especializado para concursos de baile. Había de todas las tallas, modelos, materiales, marcas, suelas, propósito y precios. Fue una verdadera odisea decidir cuál modelo sería el más apropiado para él y sus compañeros. Al final, optó por seguir el consejo de Viktor y comprar de la marca de su confianza. Ahora, dentro de quince minutos o tal vez menos, los cuatro representantes del McGonagall's Dance Studio estarían estrenando sus primeros zapatos de baile oficiales de la marca Supadance.
(Esto no está patrocinado por SUPADANCE®. Ellos no me están pagando por esto. ¿Sabían que el precio estándar de sus zapatos de concurso es de 120 libras? Debería cobrar aunque sea 10).
—Muchachos, ¿están presentables?
La voz de Hermione al otro lado del biombo dio por terminada la pelea.
—Sí, ya puedes abrir.
—Herms, preciosa, yo siempre estoy presentable, con o sin ropa. Mejor deberías preguntar si traigo pantalones —bromeó Sirius recibiendo inmediatamente un codazo por parte de Snape—. ¡Es chiste! ¡Es un chiste!
—Pues ahórratelos.
La cortina se abrió permitiendo ver a una sonriente castaña. Se había desecho de su grueso suéter blanco, ahora andaba mucho más fresca en su camiseta de mangas largas. Su rostro estaba algo colorado y se había recogido el cabello rizado en un moño desordenado, probablemente debido al calor que involucraba estar encerrados en un área tan pequeña como esa.
La muchacha se veía feliz de verlos. La sonrisa se le ensanchó y sus ojos brillaron, las expresiones típicas de alguien que estaba satisfecho con su trabajo.
—¡Wow! Se ven mejor de lo que esperaba —exclamó acercándose para echar un mejor vistazo—. Todos se ven muy apuestos.
Viktor empujó ligeramente a Neville a un costado para que se parara al lado de Sirius y Snape. Ahora Hermione tenía una vista completa de quienes serían los futuros tres bailarines que llevarían a la academia McGonagall de vuelta a la gloria de los concursos amateurs. Los tres con frac negro, corbatín blanco, el cabello peinado o recogido hacia atrás y elegantes zapatos negros recién lustrados, un trío perfecto de caballeros dispuestos a dejar el alma en la pista de baile.
Esperaba que solo dejaran eso y no otras cosas.
Nunca faltaban aquellos novatos a los que se les salía el zapato a media presentación.
—Mione —llamó una voz tímida al otro lado de la cortina—. Ya estoy lista.
—¡Oh, cierto! Ya lo estaba olvidando. Chicos, tienen que verla, ¡está preciosa! Parece una princesa —exclamó dándose la vuelta, emocionada como solo un niño podría estarlo— Ya puedes salir, Luna. Ven.
Todos se quedaron boquiabiertos cuando la pequeña Luna Lovegood hizo su aparición.
Su largo y ondeado cabello platinado estaba recogido en un perfecto French twist que la hacía ver elegante e incluso más alta de lo que en realidad era. Nadie tenía idea de cómo habría hecho Hermione para sujetar esa enorme masa de cabello fino en aquel apretado rodete, pero sea cual haya sido el truco de magia, sin duda había sido efectivo.
En cuanto al maquillaje, los chicos finalmente entendieron por qué la castaña había cuidado con tanto recelo aquel neceser lleno de cosméticos. Su contenido había hecho un verdadero milagro con el rostro pálido de la platinada. No era broma cuando decían que una buena base, corrector e iluminador podían cambiarle la vida a cualquiera, estaban ante una prueba fehaciente de ello. Todo eso, sumado a la sombra de ojos clara y unas anatómicamente correctas pestañas postizas, le daban la apariencia de una muñeca recién salida de su caja.
Ya no quedaba ni un solo rastro de aquella muchachita de largas trenzas, ojos soñadores y semblante enfermizo. En su lugar, había una hermosa jovencita de aspecto refinado con el maquillaje y peinado apropiado para alguna ceremonia real en el Palacio de Buckingham.
Pero si creían que solo el maquillaje y peinado eran impresionantes, es porque todavía no habían visto el vestido. ¡Era simplemente maravilloso!
Sirius Black no había escatimado en gastos a la hora de mandar a confeccionar los trajes que estaban portando ese día y eso se notaba en la calidad del vestido de Luna.
Era de color amarillo.
Bueno, los chicos dirían que era de color amarillo. Cualquier mujer, artista gráfico o diseñador de moda notaría claramente que era de color mostaza o, tal vez, maíz.
Tenía el cuello tipo barco con un borde de pedrería color Dutch White. La tela era de excelente calidad, solo bastaba con echarle un vistazo para confirmarlo. Se veía suave al tacto, estiraba con naturalidad sin perder su forma y se ceñía al cuerpo de Luna como un guante, resaltando atributos que ninguno de ellos había notado hasta entonces. No tenía mangas y el escote estaba en su espalda. Era una abertura en forma de diamante que terminaba en punta justo unos tres dedos por encima de donde la espalda cambiaba de nombre. Al igual que el cuello, los bordes también estaban cubiertos de pedrería y ambas líneas seguían hasta volverse una y bajar por el mismo sendero que recorría su columna hasta llegar a la falda.
Esta empezaba a la altura de los muslos y terminaba tal vez un palmo arriba del tobillo. La tela dejaba de pegarse al cuerpo para expandirse y plisarse creando ondas vaporosas al caminar. Tenía capas, aunque ninguno estaba seguro pues no eran sastres. Parecía que había un tul blanco encima, hacía que se formaba un amarillo mucho más claro que el color base del vestido. Debajo, había más tela, las capas interiores. La parte final, los volantes, daban la ilusión de un clavel recién florecido. Los "pétalos" se abrían generando volumen y dándole una apariencia de fantasía a todo el conjunto. Por último, una fina capa de tul amarillo cubría parte de su espalda como si fuesen un par de alas pequeñas que se sujetaban a su cuello y codos, moviéndose conforme ella se movía.
Era hermoso.
¡Simplemente hermoso!
Y, desde luego, cumplía con todas las reglas citadas por la BDC.
La falda debe ser de un solo material.
Las piezas de tela deben medir toda la longitud del vestido.
Se permiten hasta dos faldas interiores siempre y cuando no sean de material traslúcido.
Se permite el uso de crinolina o alambre en el interior del dobladillo de la falda superior. La crinolina no puede quedar expuesta en la parte inferior de la falda. Se puede utilizar cinta de raso en los dobladillos. Los dobladillos no deben exceder los 8 cm.
Se permite un fajín o cinturón en la cinturilla de la falda para cubrir la zona de la costura, pero no debe sobrepasar los de 5 cm de ancho. El adorno conocido como "lazo" no debe ser mayor de 5 cm y sólo puede emplearse a modo de cierre. Los botones y las fajas sólo podrán utilizarse a modo de cierre. La cinturilla no debe superar los 5 cm de ancho. Se permite que el fajín o cinturón tenga el cierre ubicado en la zona de la espalda, pero debe ser una parte integral del vestido.
Longitud de la falda/del vestido. Se permiten faldas desde la altura de la rodilla hasta 5 cm por encima del tobillo. Estas deben ser representativas del género que se baila. (N. del T.: los 5 cm por encima del tobillo son obligatorios y están fuera de discusión).
(Dawson, 2018, p.60)
El sastre había sido extremadamente cuidadoso a la hora de crear tal pieza de arte. Había considerado cada requisito que los bailarines le habían encargado. McGonagall había aprobado cada uno de sus bocetos y Hermione lo había supervisado en persona durante la mayor parte del proceso. Profesionalmente hablando, el vestido de Luna no podía ser más correcto. Cumplía con todos los requerimientos de la federación inglesa.
Para complementar el conjunto, estaba la discreta joyería: un par de pendientes de botón en forma cuadrada, pequeños, blancos y bañados en oro rosa. Un regalo especial de Sirius comprado en Swarovski para su cumpleaños número 19. La única pieza de joyería de su extravagante colección que cumplía con las reglas del concurso.
"Joyería. Sólo se pueden llevar joyas de carácter personal y/o religioso. Los aretes o pendientes deben ser sencillos y pequeños" (Dawson, 2018, p.60).
—¿Cómo me veo? —preguntó tímidamente con las mejillas sonrojadas— ¿Me veo bonita?
Los cuatro varones estaban demasiado absortos como para si quiera pensar en una respuesta.
—Chicos… —canturreó Hermione escondiendo su sonrisa traviesa tras el dorso de su mano—. Contesten.
El primero en romper el silencio fue Snape. Le costó un poco, cabe destacar. De la nada, se le había secado la garganta y su mente se había quedado en blanco. A su hábil cerebro todavía le tomó un par de segundos formular una oración coherente.
—Te ves muy bonita, Lovegood —dijo aclarándose la garganta, saliendo de su trance—. Casi no te reconozco… Creciste.
No es como si Snape nunca antes hubiese visto a Luna sin maquillaje. Mentiría si dijera que no. Al igual que Hermione o la señorita Weasley, Luna también solía arreglarse, sobre todo cuando salían a bailar en grupo los fines de semana. Casi siempre acentuaba las ondas naturales de su cabello y, de vez en cuando, se aplicaba esos maquillajes llamativos que llevaban las chicas inglesas, probablemente debido a la influencia de su amiga pelirroja o de las nuevas modas que popularizaban las redes sociales.
Sin embargo, esta vez, todo era muy diferente.
Ver a Luna Lovegood, la pequeña Luna Lovegood, la chica de trenzas largas y ojos soñadores, convertida en una señorita elegante de sonrisa tímida y porte grácil había sido una de las transformaciones más asombrosas que el mundo había tenido el honor de presenciar desde que el patito feo se había convertido en cisne.
Con eso no quería decir que Luna fuese fea, todo lo contrario. Snape consideraba que Luna era incluso más bonita que muchas de sus alumnas de último año. Era solo que la ropa colorida y holgada y los accesorios extraños que normalmente usaban no le favorecían en gran medida, en especial si se trataba de hacerla encajar en el estándar de belleza de las demás chicas de su edad.
Por un momento, Snape se sintió como en las ceremonias de graduación al final del año escolar en Hogwarts. Específicamente en la parte cuando los recién graduados se quitaban las togas y birretes y revelaban sus trajes y vestidos de fiesta. Cada vez que eso pasaba, Snape sentía que el universo intentaba recordarle sobre el inevitable paso del tiempo, un recordatorio anual de que aquellos mocosos a los que les había enseñado Química durante siete años por fin se habían convertido en adultos. Las niñas dejaban de ser niñas y se mostraban como hermosas señoritas risueñas llenas de sueños. Los varones, por su parte, no dejaban de actuar como niños, pero verlos con sus incipientes barbas e igual o más alto que él le hacía ver que el tiempo había pasado rápido, tal vez demasiado.
Por alguna razón, tenía la misma sensación para con Luna.
El tiempo había pasado demasiado rápido…
—Te ves como una…—
—¡Un ángel! Te ves como un ángel…
La voz entrecortada de Neville lo interrumpió antes de que pudiera terminar su idea. Su declaración se escuchó tan fuerte y clara que hizo avergonzar aún más a quien era la inspiración de tales halagos. El muchacho de cabello oscuro dio un par de pasos hacia adelante queriendo cortar la distancia que los separaba, pero se detuvo a medio camino, impactado y probablemente algo intimidado ante la belleza recién descubierta de su amiga.
Luna siempre le había parecido hermosa, tanto por dentro como por fuera. Era una chica gentil, amable, divertida, algo extraña y muchas veces demasiado lejos de lo "normal", pero tenía un corazón tan grande y noble que muchas veces pensaba que era demasiada pura para este mundo.
En cuanto a belleza física, era cierto que su amiga no encajaba del todo en el estándar de belleza actual, pero había algo en ella que llamaba su atención. Era otro tipo de belleza, una belleza extravagante y diferente que tal vez se acentuaba aún más gracias a aquellas piezas tan extrañas de joyería que ella misma fabricaba. Sus aretes de flores en resina y collares de conchas marinas habían sido tema de conversación en más de una ocasión. Sin embargo, ahora con toda esta nueva indumentaria, Neville había descubierto una faceta completamente diferente de Luna, una que lo hacía temblar de emoción.
Le gustaba, le gustaba mucho.
—Oh, gracias, Neville —musitó con las mejillas coloradas, inclinando su cabeza ligeramente hacia un lado, desviando la mirada un momento para tomar algo de valor ante tanta abrumadora atención—. Eso es muy lindo de tu parte. Muchas gracias. No esperaba que… Neville, ¿estás llorando?
La pregunta tomó por sorpresa a todos. Posaron sus miradas sobre el muchacho. Un par de lágrimas cristalinas resbalaban por su rostro, sorprendiendo incluso al propio dueño de estas. Neville se llevó una mano a la cara y río nervioso al sentir sus mejillas mojadas.
Tal fue el impacto emocional de ver a Luna que ni siquiera se había dado cuenta que estaba llorando.
—Eh… Yo… Lo siento —se disculpó avergonzado, desviando la mirada hacia cualquier otro lado —. Cre-creo que me dejé llevar.
Luna rio, dejando atrás su timidez.
—¡Oh, por Dios! —interrumpió Sirius robándose la atención de los demás— Luna, preciosa… ¡Estás hermosa! —exclamó en voz alta corriendo hacia ella para tomarla por la cintura, cargarla y darle una vuelta en el aire mientras su falda amarilla se agitaba creando suaves olas. Las manos de la rubia se aferraron con fuerza a los hombros del mayor para un mejor soporte y una gran sonrisa le achinó los ojos— ¡Pareces una princesa! ¡Una hermosa princesa!
—Sirius, bájala —ordenó Hermione conteniendo la risa—. La vas a despeinar. No sabes cuánto he batallado para que esas horquillas se queden en su lugar.
El millonario volvió a poner a la joven en el suelo. Sus zapatos beige de tacón bajo hicieron un agradable sonido al momento que la suela tocó el piso. Sirius no podía estar más contento, el brillo en sus ojos oscuros no mentía. La miraba embobado y con una sonrisa autentica en el rostro.
¡Su Luna se veía preciosa!
—Si hay una categoría "belleza" o algo así, ya ganamos —dijo tomándola de la mano y dándole una vuelta para poder apreciar mejor el vestido— Conmigo y contigo en ese equipo, ya tenemos el trofeo en la bolsa. ¡Seremos imparables!
Snape puso los ojos en blanco.
El resto rio.
—¡AAAAHHHH! —el grito agudo y repentino de una mujer los hizo girar asustados. Afuera de la tienda número 18, una emocionada Ginny Weasley agitaba las manos y daba pequeños saltitos al lado de Harry, quien no pudo evitar taparse los oídos ante tal chillido. Era evidente que ver a su amiga tan cambiada había impactado positivamente a la pelirroja— ¡Luna! ¡Estás hermosa! ¡AAAAHHH!
—No grites —pidió el ojiverde bajando sus manos—, por favor.
La Weasley corrió hacia su roomie y las tres amigas entraron en su propio mundo, intercambiando halagos y risitas.
No tienen idea de lo chillona que pueden ser las voces de tres chicas emocionadas.
Los minutos previos al concurso pasaron rápido, muy rápido.
Hermione se encargó de arreglar detalles casi imperceptibles en los trajes de cada uno de sus aprendices. Que si un cuello mal acomodado, un corbatín chueco, un mechón de pelo fuera de lugar o unas agujetas sin atar, la castaña fue muy minuciosa en ese aspecto. Por su parte, Viktor les hacía un repaso rápido de las posturas de baile más acorde a su nivel para cuando tuvieran que posar ante los jueces.
Ginny Weasley fue una gran ayudante para ello. La pelirroja no tuvo ningún problema en posar a su lado, incluso si no lo hacía con la misma gracia que la castaña o los demás bailarines profesionales del estudio.
Harry revisaba el itinerario dejado por la profesora. De acuerdo a lo estipulado en papel, estaban a tiempo para pasar al salón principal y buscar sus números.
—¡Muchachos! —McGonagall reapareció al cabo de un rato con una serie de papeles en las manos— Aquí tengo sus números. Los pedí antes, así ahorramos tiempo. Harry, ayuda a Hermione a colocárselos en las espaldas.
—Sí, profesora.
—Viktor, cariño, conversé con el señor Poe —la escocesa se acercó al búlgaro y le alcanzó documento con logotipo y varias palabras escritas en él—. Aquí tengo la lista de documentos que necesitas para lo de tu inscripción y nacionalidad. Los datos de contacto del señor Poe están ahí. Dice que puede asesorarte a partir del próximo año, a mitad de enero.
—Oh, grrracias, prrrofesora —respondió tomando el documento con suma delicadeza, como si fuese le objeto más preciado del mundo—. Lo guardaré con cuidado.
Si bien el Syllabus de Escuela de Londres era la prioridad número uno de McGonagall en este momento, eso no quería decir que descuidara otros compromisos importantes como lo era preparar a su nueva pareja de futuros campeones para las competencias del próximo año. Para empezar, primero tenía que nacionalizar a uno y no podría hacerlo sin un documento o carta de la federación inglesa que pudiera agilizar el proceso porque, al fin y al cabo, todos sabemos que siempre es bueno tener un "contacto" en algún buen puesto para evitar toda la maldita burocracia.
¿Quién diría que, al final, el señor Poe sí serviría para algo además de estresarse?
—Minnie, Minnie, Minnie —llamó Sirius agitando sus manos en el aire para captar atención— ¡Míranos! Estamos guapos, ¿verdad? Mira a Luna, mira a Luna —ordenó empujando a la jovencita hacia adelante para que la mujer pudiera observarla mejor— Parece una princesa, ¿no? Y mira a Snape, mira a Snape —dijo haciendo lo mismo con el profesor—. ¡Se bañó!
No puedo mentirles, la broma fue graciosa, incluso la propia profesora rio.
—Están muy apuestos, muchachos, todos ustedes —sonrió acomodándole el corbatín a Neville. El joven sonrió. Con delicadeza, la mujer limpió sus hombros y luego le acarició los brazos con sus pulgares. Apretó sus labios en una línea y tomó una profunda respiración antes de continuar—. Realmente estoy muy agradecida de que me apoyen… nos apoyen a cumplir este sueño.
Minerva McGonagall no era alguien que expresara sus sentimientos de forma seguida y mucho menos en público. No había tenido una vida fácil y las circunstancias adversas le habían forjado una coraza de acero que pocas veces se podía penetrar. No obstante, ese día, más de una persona la vio con los ojos llorosos de la emoción.
Estar ahí junto a sus alumnos más novatos, en su primera competencia, acomodándoles las corbatas y los lazos, le hacía recordar aquellos días de gloria del pasado, cuando ella todavía portaba sus zapatos de baile y se aferraba al brazo de su compañero, Dougal McGregor, esperando ansiosa los resultados del jurado. Cuando anunciaban sus nombres, ahogaba un grito de emoción en el fondo de su garganta y miraba hacia el público, buscando con desesperación un par de ojos azules que le habían robado el corazón.
Su esposo, Elphinstone Urquart, siempre estaba ahí, en primera fila, agitando una bufanda roja con el tartán familiar del clan McGonagall impreso en él, orgulloso de verla triunfar.
Tenía unos muy bonitos ojos.
—¡Profesora! ¡Profesora! —llamó Ginny con su celular en la mano y una sonrisa contagiosa en los labios— Póngase en medio. ¡Vamos a tomar una foto! Luna, párate a su lado. Herms, Viktor, vayan también. Harry, empínate que no sales.
Los ocho miembros del estudio de baile, los antiguos y los nuevos, los viejos y los jóvenes, los nacionales y los extranjeros, todos por igual, la familia completa, se abrazaron y posaron para la foto. Todos con grandes sonrisas de ganadores, listos para dar lo mejor de sí en el escenario.
—¡Team McGonagall! —gritó Sirius poniendo su mano al frente, siendo seguido por todos los demás— ¡Mu-cha-mier-da!
—¡MU-CHA-MIER-DA!
"Muy buenos días, damas y caballeros. ¡Sean bienvenidos a la inauguración de la trigésimo tercera edición del Gran Syllabus Anual de Escuelas de Londres! Soy Albert Poe, representante del comité directivo del área Ballroom del British Dance Council y miembro de la Federación Inglesa de Bailarines de Baile de Salón, mucho gusto. Este día, seré su anfitrión en esta divertida ceremonia que ya es casi una tradición dentro de este maravilloso deporte. Cada año, el Syllabus de Escuelas de Londres reúne a un gran número de participantes de todas las edades y academias para iniciarlos profesionalmente en esta disciplina y descubrir a las nuevas generaciones que representará al país en el futuro. Es un orgullo saber que todavía seguimos despertando interés en los jóvenes y en algunos adultos. Veo algunas caras conocidas y muchas otras nuevas. Para los que sea su primera vez en ese concurso, espero que se sientan cómodos y seguros. Como toda competencia, el objetivo es ganar, pero lo que en realidad nos importa es que formen vínculos de hermandad y compañerismo entre escuelas, así que espero que este día sea un día de intercambio, aprendizaje, convivencia sana y comportamiento deportivo saludable. Recuerden que ya son ganadores por estar aquí. Mucha suerte a todos y ¡qué la mejor escuela gane!"
Tal cual lo programado, la ceremonia de apertura empezó a las 11 en punto en el salón A con un agradable discurso del señor Poe.
Snape pensó que era raro verlo tan calmado pues, en casi todos sus encuentros con él hasta ahora, el hombre siempre estaba corriendo de un lado al otro, apurando a la gente y con la ansiedad al límite. Verlo más calmado y, hasta diría, cómodo en el escenario generaba tanto en él como en los demás una sensación reconfortante que aliviaba sus nervios y dudas previas a la presentación.
Si el señor Poe estaba tranquilo, ellos también deberían estarlo.
Al igual que el Empress Salon en Blackpool, el salón A del 229 se dividía en dos partes: la pista de baile y un único palco superior en el extremo posterior del salón.
Toda la competencia se llevaría a cabo en el primer nivel. El escenario que, por lo general, albergaba a conocidas bandas que tocaban los fines de semana, ahora albergaría la mesa del jurado y a los cinco jueces que otorgarían el pase a 15 afortunadas academias hacia la siguiente etapa. De acuerdo a Hermione, los jueces eran ex bailarines profesionales que cambiaban cada año por lo que nunca se sabía quiénes serían. De esa forma, se conservaba la parcialidad del concurso.
Cosas deportivas que prefiero no explicar.
La pista de baile era amplia, no tanto como la de Blackpool, pero fácilmente tendría la misma área o un poco más que la de su salón de clases en Earl's Court. Habían colocado un falso piso de madera en el centro y todo su alrededor estaba cubierto por algunas sillas para los anotadores y para los bailarines que esperaban su turno. Estaba claro que la organización no había esperado tantos participantes pues todavía había varios concursantes de pie, incluso tuvieron que pedirles a los acompañantes que se retiraran para que no ocupasen espacio innecesario.
Snape había escuchado de la escasez de agua, pero jamás de una escasez de asientos.
Aquello no solo se limitó al primer nivel del salón A pues, en el palco, ocurrió lo mismo. ¡Incluso fue peor! El palco tenía una capacidad para 55 personas nada más, por lo que hubo una gran pelea para ver quienes llegaban primero y se quedaban con los asientos. Usualmente, este tipo de eventos de selección no tenían público porque se trataba de simple protocolo, pero eso no impedía que los acompañantes fueran a alentar a sus respectivas academias. En el caso del McGonagall's Dance Studio, hubo cuatro personitas que pelearon con garras y dientes por sus asientos.
Al final consiguieron sentarse en la tercera fila justo al lado de la pared, aunque puede que Ginny Weasley se hubiese roto una uña intentando lanzar su bolso para reservar su silla.
"—¡Yo lo vi primero!
—¡Yo llegué primero, bitch!"
¿Qué les digo? Ginny siempre tuvo un fuerte espíritu competitivo… y un fuerte gancho derecho.
Afortunadamente, las cosas iban mucho más tranquilas allá abajo.
Aunque eso también era relativo.
¿Se puede considerar un repentino ataque de nervios colectivo como algo "tranquilo"? Porque si es así, los alumnos de la profesora McGonagall estaban muy "tranquilos".
—Tranquilo, calmado, no estés nervioso, no estés nervioso —repetía Neville en voz alta mientras esperaban su turno para presentarse—. Todo saldrá bien, es solo un baile. No estés nervioso.
—No estoy nervioso —respondió Snape sentado a su lado.
—No te lo decía a ti, me lo decía a mí.
—… Genial, ahora sí estoy nervioso.
—¡Lo siento!
La mayoría de los participantes —por no decir todos— ya estaban informados de cómo se desarrollaría la competencia. El comité había publicado el programa completo dos semanas antes del evento y era obligación de los maestros comunicar esto a sus bailarines de antemano. No obstante, el señor Poe, en su papel de anfitrión, repitió todo una vez más para asegurarse de que no quedara ni una duda sin resolver.
"Tendremos cuatro pruebas durante todo el día, dos de la categoría estándar en la mañana y dos de la categoría latina por la tarde. Las dos fases tendrán las mismas pruebas: rondas individuales y rondas en secuencia. Para las rondas individuales, cada escuela presentará un baile por pareja. Esto quiere decir que, si la escuela tiene cinco parejas, se realizarán cinco bailes. En el caso de ser sola una o dos parejas, se le pedirán que realicen de dos a tres bailes. Los bailes serán los mismos con los que fueron inscritos, pero pueden estar sujetos a cambios dependiendo la decisión del jurado. Serán llamados de acuerdo al número que se les asignó.".
Ellos eran los números 18, lo que quería decir que tendrían que esperar un buen rato antes de ser llamados. Snape pensó que eso era algo bueno. Le daría el tiempo suficiente para concentrarse antes de su presentación.
Los nervios de Neville parecían haberse contagiado en todo el grupo pues, a su lado, Sirius no dejaba de removerse incomodo en su asiento, girando y cambiando de posición cada dos segundos. Luna, por su parte, se mordía los nudillos, arruinando parcialmente parte de su maquillaje. ¡Ni qué decir de él! Su pierna derecha no dejaba de moverse de arriba abajo.
Una lástima. Habían estado tan confiados hace tan solo un par de minutos.
La única que parecía tranquila era la profesora McGonagall quien miraba atenta la primera presentación del día: seis parejas de las academias de Arthur Murray.
—¿Es en serio? —preguntó Hermione desanimada, mirando hacia el escenario desde su cómodo asiento en el palco— No deberían dejarlos participar. Ellos ya son profesionales.
—Herms, cálmate —pidió Ginny sentada a su derecha—. Todos son debutantes, tienen el mismo nivel. De otra forma, no los habrían dejado participar —la chica envolvió su brazo con el suyo y apoyó su cabeza sobre su hombro, buscando algo de calor pues la sala le parecía demasiado fría para su gusto—. Seguro que Luna y los chicos lo harán mejor. Estuvieron practicando durante meses, lo harán genial.
—Ojalá —susurró mirando fijamente a la primera pareja entrar en la pista para bailar quickstep—. Los de Arthur Murray siempre son competencia fuerte, no importa la generación.
—¡Ay! Ni que fueran tan buenos.
Pues, Ginevra Weasley tendría que tragarse sus palabras en cuanto la primera canción comenzó. Los bailarines empezaron a saltar de un lado al otro, moviendo rápidamente sus pies al ritmo de la música. Agiles, talentosos y hermosos, los bailarines de la primera academia recorrían la pista entera, marcando su territorio, con grandes sonrisas en los rostros.
—¡Maldición! Sí son buenos.
—¡Te lo dije!
—Ya fue, ya —lamentó Sirius cruzándose de brazos mientras veía a las parejas de la academia número 2 prepararse para salir a escena—. ¿Vieron cómo bailaron? Pensé que este era un concurso para amateurs, no para profesionales.
Los ánimos habían decaído luego de aquella primera presentación. Los alumnos del McGonagall's Dance Studio vieron con horror cómo los bailarines de la academia número 1 se lucían con cada una de sus presentaciones. Cubrieron los seis bailes de la categoría, cada performance era mejor que el anterior. Sirius tenía la esperanza que alguno se resbalara y cayera de boca durante su performance, pero por desgracia todos eran magníficos y no hubo ni un solo error visible que pudiera darles un poco de esperanza.
En conclusión, sabían que no podrían ganarles a los de Arthur Murray.
—Black, deja de ser tan pesimista.
—No soy pesimista, soy realista.
—Señor Black, por favor. Solo está poniendo más nerviosos a todos.
—Pero Minnie…—
—Basta. Concéntrense en ustedes, sobre todo tú, Luna —ordenó volviendo su atención al frente—. Nos tocarán tres bailes y tú vas a participar en todos.
—Ya lo sé, profesora. No necesita ponerme más nerviosa —susurró con un hilito de voz, pálida y apenada como nunca antes había estado. Las puntas de sus dedos estaban tan frías como si hubiese tenido las manos sumergidas bajo agua fría durante horas. Le dolían y apenas sí podía doblarlas. Desafortunadamente, los nervios estaban ganando la batalla—. Mi estómago me duele.
—No vayas a vomitar, por favor —pidió elevando la mano derecha y golpeando ligeramente ambos hombros dos veces—. Sería una tragedia que eso pasara.
Snape frunció el ceño al ver tal ritual, mas no se atrevió a decir nada nada. La profesora era escocesa y no es que fuera prejuicioso, pero los escoceses tenían costumbres raras, así que no le tomó demasiada importancia a sus gestos.
Extraño, se limitó a pensar.
—Aguantaré —susurró llevándose una mano a la boca, alejándola al instante al sentirla más helada que la de un muerto—. ¿Mi-mi maquillaje sigue bien?
Hmmm… Pues no estaba mal si me dejan opinar. Un poco de labial corrido, pero no estaba mal.
—Cuando estén por el número 15, llamaremos a Hermione para que te haga un retoque, ¿ok?
Algo le decía que la rubia tendría mucho tiempo para desarreglarse mientras esperaban las 14 siguientes presentaciones.
No les voy a mentir. Un concurso de baile de salón no es igual que un partido de voleibol o de fútbol. La emoción de jugarse la vida en cada minuto no se vivía como tal, es más, ni siquiera se sabía cuándo un equipo hacía un punto pues lo único que los jueces hacían era observarlos bailar, anotar algunas cosas en sus tableros en completo silencio y luego despedirlos para invitar al siguiente grupo a repetir exactamente lo mismo.
¡Ni siquiera les aplaudían!
¡¿Cómo se suponía que iban a interpretar eso?! En los otros deportes por lo menos hay un marcador, incluso en el patinaje artístico hay una pequeña tabla donde se comparan los puntajes provisionales hasta la publicación del verdadero resultado, pero en el ballroom no había ni siquiera alguien que dijera que lo hicieron bien o mal. Los anotadores se hablaban solo entre ellos y ni hablar del jurado, ellos eran más silenciosos que unas tumbas.
¡Así era imposible saber quién iba ganando!
O, bueno, eso es para alguien que no sabe absolutamente nada de este arte porque, para los líderes de las academias de baile y otros conocedores, esta competencia era tan interesante como el partido final del mundial definido por penales.
No juzgo los gustos, pero tampoco los entiendo.
Aunque supongo que debe ser igual a cuando yo veo la temporada de premios y me emociono apostando para los Oscar. Nadie entiende mi emoción, pero la respetan.
—¡No! —exclamaron en voz alta algunos espectadores cuando los bailarines de la academia número 7 realizaron un pivote inverso durante su presentación de foxtrot.
—¿Qué sucede? ¿Qué sucede? —preguntó Ginny sin entender nada— ¿Qué pasa?
—¡¿Qué no viste?! —respondió Viktor enérgico, sentado al lado izquierdo de Hermione. Ni siquiera se tomó la molestia de ver a su interlocutora a los ojos, simplemente le hablaba como si ella hubiese preguntando por lo más obvio del mundo— No lo clavaron bien. ¡No acabar bien!
—El final estuvo pésimo —tradujo Hermione sin apartar la mirada de la pista de baile— Es una pena, lo estaban haciendo bien… Qué decepción.
Ginny y Harry se miraron entre ellos, más divertidos que confundidos. Por más que hubiesen asistido a esta clase de eventos durante años, seguían sin comprenderlos. Para ellos, todos los pasos estaban bien. Algunos bailaban más bonitos que otros, pero a simple vista no podían identificar ni un solo error. Sin embargo, les divertía ver estas reacciones. Las encontraban exageradas, pero al menos los mantenían entretenidos en lo que esperaban el turno de sus amigos.
Solo esperaban que Luna no vomitara antes de que les tocara.
"Los siguientes en participar son la academia número 15, Michael Litke's Ballroom School. Por favor, formar a sus bailarines para las rondas individuales. Escuela número 16, Princeps Dance Academy, por favor, prepararse".
—Ya nos toca, ya nos toca, ¡ya nos tocaaa!
—Luna, quédate quieta. No puedo terminar el delineado si te sigues moviendo.
—¡Ya nos toca!
Después de casi una hora o un poco menos, McGonagall había mandado a llamar a Ginny y a Hermione para que la ayudaran a retocar a sus bailarines. Pensó que ellas serían ideales para este trabajo, tenían mucho más tacto que Harry o Viktor.
Ginny intentaba arreglar lo mejor que podía el desastre que había hecho Luna en su cara. No podían culparla por quejarse tanto. Los nervios habían causado que la muchacha se pasara las manos por casi todo el rostro, por lo que había partes de su maquillaje que se habían corrido. Con el tiempo jugándoles en contra y una inquieta señorita Lovegood, Ginny Weasley había hecho un verdadero milagro dejándola tan hermosa como al inicio de la gala.
Por su parte, Hermione vigilaba la puerta de entrada del salón A mientras esperaba que sus tres bailarines varones volvieran. McGonagall los había mandado a todos al baño a pesar de sus protestas.
—Aunque no tengan ganas deben ir —les había ordenado con tono serio—. Ya he pasado por esto un millón de veces, siempre les da ganas de ir cuando están a punto de presentarse.
No tuvieron más opción que acatar las órdenes lo cual, en mi opinión, fue lo más sabio que pudieron hacer pues, en cuanto entraron al baño, los tres descargaron, por lo menos, un litro de orina de sus respectivas vejigas.
Tomar tanta agua mientras esperaban no había sido una idea muy inteligente que digamos.
—¡Apúrense! —llamó la castaña cuando los vio asomarse al otro extremo del pasillo— Ya los van a llamar. Los número 17 están por salir.
Inmediatamente, corrieron a su encuentro.
—Recuerden lo que les enseñamos. Mantengan la calma y todo estará bien.
—Es fácil decirlo, tú no eres quien está a punto de hacer su debut.
—Hice mi debut a los 14, Sirius —respondió abriéndose paso entre los demás participantes para llegar donde la profesora. Los tres varones lo seguían en fila como si fuesen patitos bebés siguiente a su mamá—. Tú tienes 42. Ya tienes edad para controlar tus nervios.
—Quiero a la Hermione Buena Onda de regreso —masculló para sí mismo.
Llegaron hasta sus asientos. Luna ya estaba lista y estiraba sus brazos y tobillos a modo de calentamiento, Ginny estaba sentada descansando y McGonagall aplaudía por cortesía la última presentación de la academia 16.
—Qué bueno que llegan. Dos parejas más y nos toca a nosotros —anunció la escocesa poniéndose de pie—. Recuerden sus bailes. No importa que no sea la misma canción con la que hemos practicado, la coreografía es la misma. Además, ustedes ya han escuchado toda la playlist de su género. Tienen que dejarse llevar. Fluyan con la canción.
Como todos los años, el comité organizador había publicado la lista de canciones que se usarían para las pruebas individuales del evento. Cada baile tenía unas 24 posibles canciones, pero solo una sería la que pondrían durante la presentación. Siempre era incierto saber cuál te tocaría, tenías suerte si era la misma con la que habías armado tu coreografía. La profesora había creado tres coreografías para cada uno con tres diferentes canciones. Eran casi iguales, variaban únicamente en el orden de los pasos, pero no eran nada difícil de memorizar, hasta yo podría hacerlo.
Solo esperaba que no se quedaran congelados si es que olvidaban qué pasó seguir. Dudar era algo que no podrían permitirse jamás frente a los jueces.
—Solo recuerden posar para el final y todo estará bien. Ya saben, pies bien firmes en el suelo —los cuatro asintieron—¿Qué van a bailar?
—Tango —respondió Sirius, estirándose perezosamente—. Yo abro.
—Vals Vienés —le siguió Snape con voz grave, aparentemente segura, pero que no confirmaría del todo—. Segundo.
—Y yo cierro con Quickstep —finalizó Neville soltando el aire de sus pulmones—. Eh, me sudan las manos.
—Toma —la pelirroja le tendió un pañuelo y su contemporáneo se dio por bien servido—. Bien, supongo que ya no hay nada más que hacer, así que nosotras ya nos vamos —anunció poniéndose de pie. Ginny procedió a abrazar a su amiga rubia y dar palmaditas en la espalda de sus compañeros en señal de apoyo—. Suerte, chicos. No me queda más que desearle muchos éxitos y rómpanse una pierna.
¿Qué tan políticamente correcto es decir "rómpete una pierna" frente a una persona que literalmente se rompió una pierna haciendo tal actividad?
No estoy segura, pero supongo que no debe ser muy bueno pues todos los demás la miraron raro, incluida la propia Hermione quien no parecía ofendida, pero sí incómoda.
—Perdón.
—Suerte muchachos —contestó Hermione ignorándola—. Relájense, lo harán bien. Solo confíen en ustedes y traten de no romperse nada.
—¡Y sonreír! —añadió Ginny atropelladamente— No olviden sonreír. Es muy importante.
—Los estaremos apoyando desde allá arriba —se despidió la castaña soltando la mano de Snape quien, hasta entonces, la había estado sujetando con fuerza buscando algo de seguridad—. ¡Diviértanse!
Y con eso se dieron la media vuelta y se fueron.
"Los siguientes en participar son la academia número 17, London Dance School. Por favor, formar a sus bailarines para las rondas individuales. Academia número 18, McGonagall's Dance Studio, prepararse, por favor".
—Siéntense, muchachos, disfrutemos el espectáculo. Les ayudará a relajarse —dijo volviéndose a sentar. Dejó escapar un suspiro en el proceso. Luna y los demás optaron por seguir sus indicaciones y se sentaron a su lado, mirando con atención a la pista de baile y la pareja que se deslizaba ahí—. Por cierto, chicos. Ya que han estado en el baño hace un momento, ¿de casualidad, alguno de ustedes ha vomitado o ha visto a alguien vomitar?
La pregunta era extraña, pero no vieron razón para no contestar.
—No, profesora.
—Yo no oí nada.
—Creo que todos estaban bien. No vimos nada raro.
La profesora asintió con la cabeza, volvió a hacer su ritual con las manos sobre sus hombros y dio por finalizado el asunto.
"La primera pareja representante de la academia números 18 son la señorita Luna Lovegood y el señor Sirius Black".
Hubo un revuelo en la habitación cuando el señor Poe anunció el nombre del millonario. No todos los días un miembro de la aristocracia británica e influencer participaba en competencias de este tipo. Los espectadores sentados en el palco empezaron a murmurar, creando un zumbido que ni siquiera la ligera música de ambiente podía callar. Harry y compañía miraron con recelo cómo la gente a su lado empezaba a sacar sus teléfonos para capturar el momento cómo si su padrino fuese una especie de fenómeno que pudieran grabar.
Supongo que es el precio de la fama.
Luna, ansiosa, apretó con fuerza la mano de su pareja mientras caminaban hacia el centro de la pista para adoptar la posición inicial de su baile. Sirius la observó directo a los ojos grises y le dedicó una descarada sonrisa de medio lado, de esas que ponía cada vez que se salía con la suya. Devolvió el apretón con suavidad, acariciando sus nudillos con su dedo pulgar, y le susurró un tranquilo "no te preocupes" para calmarla.
—Todo saldrá bien —musitó cerca de su oído mientras colocaba su mano sobre su omoplato tal y cómo había aprendido en clases—. Tú confía.
"Ellos nos bailarán un tango, el Tarquilla".
Sirius suspiró aliviado al escuchar el título de la canción. ¡Perfecto! Era una de las animadas. No era con la que había practicado, pero se sentía más cómodo con las canciones rápidas. Desde el palco, Hermione celebraba para sí misma la afortunada elección de los jurados.
"¿Preparados? Tres… Dos… Uno… Música, maestro"
La música salió de los parlantes ubicados alrededor del salón. Las cuerdas de los violines y el suave sonido del acordeón resaltaban al compás que marcaban el piano y otros instrumentos de percusión característicos del tango. Adoptaron primera posición, Luna colocó las puntas de sus dedos con delicadeza sobre el brazo de su compañero y procedieron a deslizarse a lo largo de la pista. Siempre con la cabeza en alto y las rodillas dobladas.
Empezando con el pie izquierdo, Sirius avanzó a paso lento mientras que Luna retrocedía dejándose llevar por el mayor. Tres pasos con las rodillas ligeramente dobladas y posaron por un par de segundos, elevando la barbilla para verse más estéticos. Avanzaron tres pasos en laterales, mirando hacia el frente, uno pie siempre frente al otro. Un medio giro de lado, ahora un retroceso para regresar al punto de inicio y, de nuevo, pose. La pierna izquierda de Luna rozaba la derecha de Sirius. Él todavía sujetaba su espalda y ella lo llevaba de la mano, sus pequeños dedos envolviendo los suyos. Estiraron sus piernas contrarias, cual si fuese un espejo, y bajaron un poco más, doblando sus rodillas.
Por un momento, Luna tuvo que contener el aliento al sentir como su pierna de apoyo temblaba.
Los anotadores comenzaron a escribir en sus respectivas tablas. Hermione, desde lo alto del palco, observaba atenta la primera pose casi conteniendo la respiración. Habían practicado mucho y si bien ambos estaban en excelente condición física, ese tipo de movimientos a veces costaba trabajo, sobre todo cuando no estabas acostumbrados.
Respiró aliviada cuando se recompusieron y continuaron la rutina.
1, 2, 3 ¡Pose! 1,2, 3 ¡Pose! 1, 2, 3… 4, 5, 6… 1, 2, 3…. 4, 5, 6… ¡Pose!
Los 60 segundos quedaron cortísimos. En un abrir y cerrar de ojos, la canción ya había acabado. La pareja se veía feliz y orgullosa de lo bien que había salido. Buscaron la aprobación en la mirada de su mentora y sus compañeros y eso pareció complacerlos aún más. Sin embargo, cuando sus miradas ilusionadas se toparon con los miembros del jurado, sus sonrisas desaparecieron.
¡Los cinco jueces ni siquiera les estaban prestando atención! Estaban demasiado ocupados escribiendo en sus fichas como para siquiera dignarse a levantar la mirada. Sus manos se movían a la velocidad de la luz garabateando hoja tras hoja y un silencio incómodo se extendió por el salón siendo interrumpido únicamente por el rasgar de los lapiceros sobre las hojas.
La rubia apretó la mano de su pareja, angustiada.
Esta vez, ni siquiera el suave tacto del millonario logró apaciguarla.
Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, uno de los jueces, el principal, levantó la cabeza, se acercó el micrófono a los labios y dijo:
—Gracias. Siguiente, por favor.
Sirius escoltó a Luna de regreso a dónde se encontraban los demás miembros de su equipo para que pudiera prepararse para su siguiente baile.
No hubo aplausos, ni siquiera en el palco de espectadores. Harry y Ginny se morían por aplaudir, pero al ver que nadie más lo hacía y que nadie lo había hecho durante las presentaciones anteriores, prefirieron abstenerse pues no parecía correcto. Lo peor de todo era que ni siquiera podían preguntarle a Hermione el porqué de tanta seriedad. La castaña estaba demasiado ocupada teniendo su propia crisis de ansiedad junto a Viktor como para resolver sus dudas.
Si me permiten opinar, yo creo que lo hicieron muy bien para ser su primera vez. Algo flojo en unas partes, pero impecable.
Y no es por presumir, pero también opino que mi descripción de su baile fue mucho más completa y detallada en comparación a lo que sea que los jurados hayan apuntado. Yo no soy experta en baile de salón, ni siquiera me sé los nombres de los pasos, pero estoy segura que lo que dije resume de manera más clara esa serie de garabatos y códigos secretos que pusieron en las fichas de evaluación de la primera pareja número 18.
SECUENCIA DE PASOS OBSERVADA
2 walks – progressive link (SS QQ)
1-3 open promenade ending in back check (SQQS)
X line (SS)
Mini five step – turn to promenade (QQQQ S)
Natural turning rocks outside partner (QQS)
Step – tap – step (QQS)
Closed promenade (QQS)
Step – step – flick (SQQ)
Close feet – side step – close feet (Q&QS)
Contra check to promenade position (S&S)
¿Lo ven? ¡No se entiende ni nada!
Tal vez sea porque no hablo inglés y no entiendo ni madres.
No tiene nada que ver que ellos sean profesionales en el campo de la danza y lleven más de mil años practicando esos bailes y que, probablemente, ellos mismos hayan inventado esos nombres.
Sí, no tiene nada que ver.
—Lo hice mal —lamentó Luna con las piernas temblorosas y los ojos llorosos—. No aplaudieron, lo hice mal.
—Claro que no. Estuvo magnífico —defendió Snape.
—Lo hicimos mal —corrigió Sirius, sintiendo el enojo recorrer su cuerpo y concentrarse en sus puños—. ¡Ni siquiera nos miraron!
—No miraron a nadie —tranquilizó Neville a un lado, sosteniendo a Luna para evitar que colapsara—. Tranquilos, lo han hecho bien, ¿verdad, profesora?
—Así es —la escocesa se acercó a ellos por detrás y posó sus manos con delicadeza sobre sus hombros—. Esto no es solo una prueba de resistencia física, también es de resistencia mental. Lo que están haciendo es asustarlos, quieren hacerles dudar para que fallen. Mientras más los ignoren, más tendrán que mantener la calma y concentrarse —explicó con voz cálida—. No se dejen intimidar, ¿de acuerdo?
—Pero ni siquiera nos miran. Básicamente nos echaron.
—Eso es lo que tú crees, Black, pero estoy segura que todos ellos notaron hasta el movimiento de tus labios —sonrió con disimulo—. Todo cambiará para la prueba de secuencia. Por ahora, hay que concentrarnos en un obstáculo a la vez.
"La segunda pareja de la academia número 18 son la señorita Luna Lovegood y el señor Severus Snape".
La respiración de Hermione se cortó en cuanto escuchó el nombre de su novio. Fue como si le apretaran la garganta, como si algo pesado oprimiera su pecho, llenándola de una angustia que no podía explicar. Sus hombros se tensaron cuando vio a la pareja desfilar hacia el centro de la pista. Sus manos apretaron las de Viktor y Ginny a sus lados.
Era algo extraño, a decir verdad. No era la primera vez que se ponía nerviosa por una presentación. Solía tener la misma reacción cuando sus aprendices de la categoría juvenil concursaban, pero con Snape, algo se sentía diferente.
Se sentía mucho más nerviosa de lo normal y no sabría decir por qué.
"Ellos nos bailarán un vals, el Engagement Waltz".
—Tus manos están frías —susurró Snape sorprendido mientras ubicaba su mano en el omoplato de la rubia. Habían estado tomados de la mano solo unos segundos para poder entrar en la pista tal y cómo indicaba el protocolo, pero había sido tiempo suficiente para que entumeciera los propios dedos del profesor—. Pareces muerta. ¿Se te ha bajado la presión?
—No lo sé. Estoy muy nerviosa —susurró angustiada, parándose de puntitas para alcanzar su altura. Ahora estaban en primera posición, sujetados de la mano y con las espaldas erguidas como arboles—. Severus… Ya me olvidé cómo iniciaba.
—Con pie izquierdo, tu izquierdo —ella asintió tomando una profunda respiración. Ahora ni siquiera el maquillaje podía ocultar la expresión de niña nerviosa tatuada en su rostro. Al ver esto, a Snape no le quedó de otra que tomar el control de la situación—. Tranquila, yo me encargo. Solo sígueme.
—Ok.
"¿Preparados? Tres… Dos… Uno… Comiencen"
Una suave melodía compuesta únicamente por las cuerdas de un grupo de violines y la dirección de un piano invadió los oídos de todos los presentes, haciéndolos estremecer debido a la delicadeza de la composición. Las arcos de los violines se mecían como las olas del mar, transportando las notas del piano, haciéndolas resaltar. Era como si alguien estuviese jugando con el instrumento, los hábiles dedos del pianista saltaban graciosos de tecla en tecla, creando una canción que fácilmente podría ir de fondo en alguna película de drama.
Iniciaron deslizándose lentamente al compás de las notas. Sus rodillas estaban dobladas ligeramente y, cada tanto, volvían estirarse, parándose de puntillas para erguir sus cuellos todo lo que podían. En su mente, el mayor contaba el número de pasos que tenía que dar antes de detenerse y posar.
"1, 2... 1, 2… Pose… 1, 2, 3, 4, 5, 6… Pose… 1, 2… 1, 2…"
Sus movimientos eran elegante, calmos y perfectamente coordinados. Era como si la pareja fuese un barco antiguo meciéndose con suavidad entre las olas que la música formaba. Snape era el capitán de esta nave y guiaba a Luna a lo largo de la pista. Daban dos pasos largos y posaban. De nuevo, otros dos pasos y posaban. Cuando se trataba de dar vueltas, no había nadie que pudiera superarlos. Snape tomaba a Luna con delicadeza y la hacía girar frente a los jurados para exponer la gracia de la muchacha. Su falda amarilla ondeaba vaporosa con cada giro y, por un segundo, a McGonagall le pareció ver una ligera sonrisa en el rostro del mayor.
"Tienes que exhibirla al mundo", repetía la voz de Hermione en su cabeza, como un mantra personal. Era una de las primeras lecciones que había aprendido y la tenía tallada en piedra. "Ella es la pintura y tú eres su marco".
Tal vez fue la confianza que tenía Snape en sí mismo o que ya era su segundo baile, pero de un momento a otro, Luna dejó de sentirse tan nerviosa y se dejó llevar. Una sonrisa apareció en su rostro iluminándolo. No sabía si el jurado notaría eso, pero francamente no le importó.
Hermione respiró aliviada cuando la canción terminó. Su corazón volvió a latir con normalidad y liberó las muñecas de Viktor y Ginny de la prisión que habían sido sus propias manos.
Por su parte, Snape se sintió bien al terminar la canción. No estaba seguro de sí lo había hecho del todo bien, hubo momentos donde se fueron demasiado atrás, casi saliéndose de los márgenes de la pista de baile, pero sentía que no hubo más errores además del mencionado. Estaba satisfecho con su trabajo, incluso si no recibía aplausos. Lo que más temía ya había pasado y no se había muerto, es más, consideraba que había salido muy bien.
Había hecho algo nuevo y no se había muerto en el proceso. ¡Era todo un logro!
¡Se sentía realizado!
Luna, a su lado, aún con los dedos congelados, sujetaba su mano y contenía una pequeña sonrisa.
Al igual que antes, uno de los jueces levantó la cabeza y los despidió.
—Siguiente, por favor.
El tercer baile fue mucho menos tenso que los anteriores, claro está.
Luna entró del brazo de Neville ligeramente más confiada y ambos se ubicaron en el centro de la pista para repetir el protocolo por segunda vez en el día. Sus manos todavía estaban algo frías, pero su vestido seguía luciendo casi tan espectacular como su peinado y maquillaje. No obstante, McGonagall habría deseado que su sonrisa fuera el centro de atención y no los accesorios.
Bueno, tampoco podía pedirle peras al olmo. Era lo mejor que la chica podía hacer.
Los nervios le habían jugado una mala pasada a la muchacha, típico de muchos debutantes en su primer concurso. Conocía muy bien esa mirada dilatada y borrosa, se le había bajado la presión. No era algo que debería preocuparlos en gran medida, pero era mejor mantenerla vigilada antes de que empezaran los mareos o las náuseas. Había logrado calmarla lo mejor que un minuto le permitía, no obstante, esperaba que la rubia pudiera resistir el siguiente minuto y medio antes de que les dieran un descanso.
No podía permitir que vomitara. ¡No podía!
Reprimiendo un temblorcillo, volvió a llevarse la mano a los hombros para golpearlos dos veces.
"[…] Ellos bailarán Quando Quickstep. Tres… dos… uno… comiencen".
A pesar de su falta de seguridad al inicio, Neville retomó muy bien la canción a partir de la segunda mitad. Sus movimientos fueron ágiles, graciosos y su sonrisa, deslumbrante. Muy buena coordinación y control en cada paso.
Desde arriba, Harry grababa la performance de sus amigos usando el máximo zoom que tenía la cámara de su celular. Les había prometido a sus compañeros que documentaría todas sus presentaciones para poder verlas y estudiarlas más tarde. Al principio estaba entusiasmado con la idea, pero conforme la tensión se hacía más y más evidente, algo le decía que luego de la ronda de secuencia, ya no sería necesario seguir grabando material.
—Saben, creo que este ha sido el mejor de todos —comentó Ginny en voz baja mientras veía sus amigos dar su pose final ante los jueces—. Luna se ve más relajada, esta vez sonrió.
—Hmmm… Sí, estuvo bien —contestó Viktor, todavía mirando atento al escenario—. Aunque me sorprenderrr que ella no haya vomitado aún. Pensé que sería la primera en hacerlo.
Inmediatamente después de terminar su oración, el búlgaro se llevó el puño derecho al hombro izquierdo y golpeó suavemente en cada hombro dos veces, intercalando la acción entre izquierda y derecha.
Harry frunció el ceño, extrañado, y, al igual que Ginny, no pudo evitar girarse a ver al bailarín quien seguía tan callado e inexpresivo como siempre
—¡Oh! Por favor, no digas eso —exclamó Hermione llevándose las manos al rostro en un movimiento extremadamente dramático. Una vez más, Harry se mostró sorprendido al verla levantar su mano derecha y golpearse ambos hombros al igual que Viktor—. No llames a la mala suerte. ¡No ahora!
—¿Qué? ¿Por qué mala suerte? —preguntó la pelirroja. Su curiosidad había despertado. Era algo innato en ella, por algo había decidido estudiar periodismo— ¿Qué tiene que ver que Luna vomite con la mala suerte?
"Felicitaciones a la escuela número 18, McGonagall's Dance Studio. Eso sería todo por el momento. Escuela número 19, academia The Dance Lab, por favor, presentar a sus bailarines".
La pareja salió de la pista y se reunió con el resto de su equipo, felicitándose el uno al otro por el desempeño. Krum le dedicó una última mirada a la figura pequeñita de Luna con su vestido amarillo y al ver que todo parecía estar bien, se volvió hacia sus interlocutores.
—¿No conoces la historrria? —preguntó con curiosidad. Tenía los ojos bien abiertos, como si fuese incapaz de creer que Ginny ignorara esa información— Mione, ¿no le has contado?
—Son solo mitos, Viktor —respondió con calma, no obstante, volvió a realizar su ritual con las manos—. No hay evidencia científica que lo respalde.
—¡Claro que sí! —exclamó enérgico— ¿No recorrrdarrr accidente de 1968? ¡Incendio en Viena! ¿El Open de prrrimaverrra de 1975? ¡Se cayó el techo del Nacional! ¿La tragedia del 2009? ¡Todos los bailarrrines enfermar estómago!
—¡Estás siendo supersticioso!
—No soy supersticioso, soy búlgaro —se defendió con un fuerte acento que llamó la atención de más de un espectador—. Mirrra, Weasley, hay trrradición entre bailarines. Es antigua y nadie saber de dónde venir, pero se respeta.
—Por precaución, más que nada —aclaró la castaña, frunciendo el ceño, preocupada—. ¿Has escuchado ese mito que hay en los teatros? ¿El que no se puede mencionar el nombre de Macbeth en voz alta dentro de un teatro?
—Sí, creo que todos lo saben —dijo restándole importancia— ¿Es algo parecido? ¿Tampoco pueden decir el nombre de Macbeth o algún personaje en la pista de baile?
—¿Se mueren si dicen el nombre de Macbeth? ¿Así como los actores? —preguntó Harry, sintiéndose más intrigado que nunca— Ron jamás me comentó nada de eso.
—A mí tampoco.
Hermione y Viktor intercambiaron un par de miradas y continuaron.
—No es tan trágico como parece, pero la idea es la misma —continuó la castaña, humedeciéndose el labio inferior antes de continuar—. Hay un mito que dice que ningún debutante tiene permitido vomitar durante su primer concurso pues estará condenado y condenará a quienes estén junto a él a fracasar en todas sus presentaciones. Se supone que ocurrirán accidentes fatales mientras bailen y jamás podrán ganar un concurso hasta que la maldición se rompa.
Repentinamente, después de tal explicación, Harry y Ginny encontraron la competencia más interesante que nunca. No pudieron evitar mirar de reojo hacia el primer nivel, tentados a buscar a la próxima víctima de la maldición innombrable de Hermione.
—Tsk… ¡Así no es! —exclamó Viktor, cruzándose de brazos, ofendido—. Lo contaste mal.
—Pero ¿qué dices?
—Shhh… —la chitó provocando la risa de los demás— Yo lo cuento.
Hermione frunció el ceño, pero no dijo nada. Aunque no pareciera, encontraba muy divertido que su amigo pudiese tomarse con tanta seriedad un viejo mito sin sentido cread por un par de bailarines supersticiosos. Mordiéndose el interior de las mejillas para contener una risilla, la castaña se hizo a un lado para dejarle contar su versión de la historia.
—Hace mucho tiempo, en Austria, se realizó la primera competencia de una generación de debutantes. Llovió demasiado el día anterior y calles y techos estar mal. Mucha agua en el río. Había sido una noche muy tormentosa y nadie había podido dormir —empezó la narración con voz grave y misteriosa, dándole una atmósfera de misticismo a la escena. Harry y Ginny escucharon atentos—. Los debutantes estarrr tan nerviosos por lo de anoche que no dejarrr de temblarrr. Para colmo, la Reina de ese entonces, quien era una gran fan del baile de salón, estaría presenciando el evento. Los nervios estaban por todo lo alto. En un momento, uno de ellos no pudo aguantarrr más y vomitó justó antes de presentarse. ¡Ensuciar todo el lugar!
Sus oyentes saltaron ante el repentino cambió de voz del bailarín. Su voz bajita y en susurro se habían convertido en una voz potente que, sin querer, los había asustado.
Hermione escondió una suave sonrisa tras el dorso de su mano después de ello.
—¿Y qué pasó después?
—El debutante entrrró con su pareja a la pista de baile para empezar con la presentación. Hizo una reverencia a la Reina y todo el protocolo y justo cuando Su Majestad dio la orden a los músicos para empezar a tocar, ¡el techo de se cayó sobre él!
—¡¿Qué?! —exclamaron sus dos oyentes en unísono— ¡¿Cómo?!
—La lluvia se había acumulado y el techo cedió, mojando todo —explicó repitiendo el ritual que había hecho con sus manos—. Lo más curioso fue que el único que salió lastimado fue el debutante. Ni su pareja, ni los demás participantes ni nadie salió herido ese día, solo él.
—¿Se lastimó?
—Se murió —contestó cómo si fuese lo más obvio— ¡Le cayó el techo encima!
Harry se sintió estúpido por haber preguntado eso.
—Desde entonces, su fantasma ronda los concurrrsos de baile de todos los debutantes, esperrrando el momento para poseer un cuerpo y terminar con lo que empezó —explicó serio—. Desde entonces, en cada concurso amateur oficial de ballroom, el primer debutante que llegue a vomitar por los nervios está condenado a sufrir un destino similar al del fantasma austriaco.
—¿La muerte? —preguntó Ginny, más intrigada que preocupada— ¿Se les caerá el techo encima?
Viktor frunció su rostro y negó.
—No necesariamente, pero puede ser una muerte diferrrente. Eh, una muerte ¿"pública"? Eh, ser rechazado, humillado, cosas así… Aunque, durante el incendio en Viena, un debutante se quedó atrapado en el edificio y no pudo salir. Fue el único que murió… Fue una muerte fea.
No sé ustedes, pero en lo personal, en lugar de asustarme, esa historia probablemente ficticia inventada por la imaginación excesiva de algún bailarín con mucho tiempo libre me fascina.
Y creo que a Ginny también porque la muchacha ya estaba lista para usar sus superpoderes de periodista chismosa y sacar el mejor reportaje de su vida.
—¡Ay! ¡Por favor! —exclamó Hermione poniendo los ojos en blanco— No van a creer en eso, ¿verdad? Son solo cuentos, no hay evidencia científica que pruebe que sea una maldición.
—¡Es real! —defendió Viktor— Cuando debuté en mi país, uno de los participantes vomitó y luego de eso se cayó por las escaleras y no pudo participar.
—¿Y murió? —preguntó Harry.
— No lo sé, no lo volví a ver.
— ª
—Eso no prueba nada, Viktor —refutó la castaña—. Chicos, eso es solo una leyenda para asustar a los debutantes. Es algo así como la "bienvenida" para los novatos. Lo peor que podría pasar es que alguien vomite, le de asco a los demás y todos terminen vomitando.
—¡Eso fue exactamente lo que pasó en 2009! —interrumpió el extranjero.
—A lo que voy —continuó, ignorándolo—, es que es solo un juego tonto que se volvió una tradición. No tiene valor real.
—Entonces, si no es real, ¿por qué haces esa cosa extraña con las manos? —la pelirroja imitó el gesto que sus interlocutores estuvieron haciendo durante casi toda la mañana— Si dices que no es real, no deberías hacerlo, ¿verdad?
Todos se quedaron viendo a la castaña quien, al verse atrapada, no pudo evitar sonrojarse.
—Solo es una precaución —susurró bajito, haciendo un puchero—. Por si acaso…
Muy escéptica y todo, pero cuando se trata de supersticiones antiguas, ahí estaba ella, primerita haciendo la "contramaldición" del hechizo
—Como sea —prosiguió Viktor relajándose, volviendo la mirada hacia la pista de baile donde la academia número 22 terminaba sus presentaciones de las rondas individuales—, solo hay que evitar que ninguno vomite antes que los otros.
—O que nadie vomite y ya.
"La ronda dos iniciará en breve. Escuela 3, escuela 8, escuela 9, escuela 14, escuela 18 y escuela 25, por favor, prepararse para ingresar a la pista de baile. Escuelas números 3, 8, 9, 14, 18 y 25, a la pista de baile, por favor".
La segunda fase del concurso, las rondas de secuencia, había iniciado hace poco. La pista se había despejado para permitir que grupos de seis personas cada uno pudieran participar. Las parejas eran elegidas mediante sorteo. Hermione les había explicado que, por lo usual, el proceso de elección solía ser muy tradicional, incluso solían usar esas máquinas de pelotitas con las que se juega la lotería. Sin embargo, en esta oportunidad, usarían una app para agilizar el proceso.
Bienvenidos a la virtualidad.
Hasta ahora, todo parecía ir viento en popa. El primer grupo había tenido una brillante presentación. Seis parejas en simultaneo bailando seis canciones de un minuto y veinte cada una. El tiempo que se les asignaba para alternar representantes era muy breve, apenas diez segundos para cambiar parejas en el caso de que la escuela correspondiente lo creyese indicado. No hubo muchos cambios, apenas dos academias decidieron hacer un cambio en sus "jugadores" después del tercer o cuarto baile, cuando las cosas se pusieron más exigentes.
Más allá de eso, había sido una buena presentación. Harry tenía a sus favoritos y estaba tan confiado en su elección que incluso se había animado a apostar contra Viktor sobre qué parejas pasarían a la siguiente fecha. Desde luego, el búlgaro también tenía sus propias predicciones y aunque distaban mucho de las del pelinegro, no se atrevió a romper las ilusiones del menor por lo que le siguió el juego.
Ya habían pasado las escuelas 1, 5, 10, 17, 21 y 23. Ahora era el turno de los siguientes seis.
—¡Vamos! —aplaudió Ginny poniéndose de pie— ¡Wuuuu!
Esta segunda ronda había sido mucho más emocionante que la primera por mucho. Para empezar, los espectadores ya tenían permitido aplaudir y apoyar a sus favoritos. Ginny Weasley había resultado ser una gran porrista, tenía una garganta muy potente. Se había pasado gritando casi toda la primera vuelta a favor de una pareja de vestido azul. Hermione tuvo que pedirle que reservara energías para apoyar a sus amigos.
Me pareció una forma elegante de decirle que se callara.
—¡Bien! Empezarán Severus y Luna —narró Hermione señalando a la pareja que entraba a la pista para ubicarse en medio de las demás—. Espero que el primer baile sea un vals o foxtrot. Sería perfecto para él, es su elemento.
—¿Soy yo o Luna parece cansada? —preguntó Harry inclinándose hacia adelante y entrecerrando los ojos para forzarse a ver mejor— Desde hace rato está sacudiendo los brazos, como si quisiera relajarse. ¿Le dolerán? ¿Algún calambre?
—Puede ser —contestó Viktor—. Lleva bailando todo el día y no está acostumbrada.
—Está bien, ella es así, inquieta —refutó la pelirroja volviendo a sentarse—. La profesora la hace bailar más que esto durante sus sesiones. Debería estar bien.
—Pero nunca ha bailado en secuencia —observó Hermione haciendo una mueca que no sabría interpretar—. Siempre ha sido solo ella y alguno de los chicos, a veces Sirius y Snape haciendo pareja conmigo y Harry y la profesora con algún asistente. Siempre había tres parejas como máximo, ahora hay cinco y está siendo observada —ella soltó un bufido y se pasó las manos por el cabello—. Las condiciones son distintas.
—Ella estará bien —repitió convencida, mirando hacia adelante—. Estoy convencida… Vivo con ella, la conozco. Lo hará bien.
Eso espero, pensó la bailarina.
"El primer baile de esta ronda es el foxtrot", anunció el señor Poe leyendo sus notas.
—¡Excelente! —exclamó el profesor para sí mismo mientras contenía lo mejor que podía sus emociones para no verse demasiado entusiasta ante el jurado— Tenemos este punto garantizado, Lovegood. Será fácil, no te abrumes.
—¿Seguimos la coreografía desde el inicio?
—Ehm… creo que podemos empezar desde la caminata —comentó después de rearmar rápidamente el esquema de baile en su mente—. Me gustaría poner distancia entre las demás parejas antes de hacer algo más elaborado.
—¿La caminata de tres o la de cinco?
—La de cinco —Luna asintió. Snape dio un paso hacia adelante para acercarse a ella. Tomó con su mano derecha la de ella y la izquierda la posicionó entre sus omoplatos. La rubia ya no estaba congelada como antes, lo cual parecía ser una buena señal, aunque no le gustaba aquel extraño subidón de energía que la hacía estar más inquieta de lo normal y la obligaba moverse como sin control como una maraca—. Tranquila, yo guio. No dejaré que nadie nos cierre.
—Oki.
"Los siguientes bailes después de este serán aleatorios. Recuerden que tienen 10 segundos para cambiar de parejas si lo crean conveniente. Mucha suerte a todos. Comiencen".
El baile inició bien.
La música era animada por lo que Snape tuvo más libertad para realizar movimientos más rápidos y fluidos en lugar de los lentos y elegantes que había previsto durante los diez segundos de preparación. Sentía que lo hacía bien para ser su tercera o cuarta vez bailando en secuencia con otras parejas. Era en esos momentos que agradecía infinitamente que haber acompañado a Hermione a aquella lejana gala en el Bloomsbury. De no haber sido porque su primera vez bailando en secuencia fue con un montón de profesionales, ahora estaría demasiado nervioso como para siquiera intentar despegar sus pies del piso.
Sí pudo contra más de una docena de bailarines profesionales campeones de opens internacionales y sabe Dios qué más, podría fácilmente contra esos cinco pares de novatos.
No me voy a detener mucho explicando los detalles técnicos del baile —lo cual es raro porque este es un fic de baile— porque, pues, me da flojera y ya se me pasó la fecha de actualización.
La honestidad, ante todo.
Lo que sí haré es resaltar dos puntos:
El primero es que, durante los seis bailes, la escuela 18, el McGonagall's Dance Studio, realizó tres cambios, obligando a sus cuatro representantes a participar. Snape bailó foxtrot, vals y vals vienés; Sirius entró para el tango y Neville cerró con quickstep. Otras escuelas hicieron lo mismo. En comparación a la primera ronda, este grupo realizó muchísimos más cambios, poniendo más alertas a los anotadores y jurados.
No hubo choques, el número de parejas cerradas fue el mínimo y tengo la dicha de informar que al equipo 18 solo lo bloquearon dos veces durante el quickstep. Un logro indudablemente loable para un par de bailarines que nunca antes habían tenido que bailar en secuencia.
Lo segundo que tengo que señalar es que, justo antes de acabar con el quinto turno de la mañana, aquello que tanto temió la profesora McGonagall finalmente ocurrió: la innombrable maldición que narró Viktor Krum cobró su primera víctima.
Y, por desgracia, tengo la obligación de informarles que la causante de todo eso fue Luna.
Pobre, señorita Lovegood, los nervios pudieron más.
Empezó como algo pequeño, una señal de alerta justo después de bajar del escenario y sentarse en su silla al lado de su mentora. Su pierna derecha temblaba, no podía dejar de moverla incluso si lo intentaba. No pasó mucho tiempo para que su ojo izquierdo empezara a saltar sin control, produciéndole migraña. Las patas metálicas de la silla hacían ruido cada vez que chocaban contra el piso, ni que decir de los tacones de la rubia, era un sonido molesto que llamaba la atención.
—Toma algo de agua, te hará bien —Sirius, arrodillado a su lado, sacudía una botella de agua frente a ella, pero la chica se sentía demasiado mal como tomarla—. Luna, pequeña…
—No quiero —sollozó dejando caer su cabeza hacia atrás, demasiado pesada como para mantenerla en lo alto—. Me duele mucho el estómago. Siento… siento que voy a vomitar.
—¡No digas eso! —exclamó McGonagall a un lado, dándose golpecitos en los hombros como antes— Tienes que aguantar.
—¡Está mal! ¡Está helada! —exclamó el millonario a la defensiva, sujetando la mano de la rubia con fuerza—. Tiene que salir, necesita tomar aire.
—Toma —Snape llegó al cabo de unos segundos, salvando a la escocesa de la furia del pelinegro. En sus manos traía un par de abrigos, los cuales dispuso sobre la rubia para intentar calentarla—. Está muy pálida. Hay que sacarla de aquí.
—¡Es lo que le estoy diciendo!
—Ch-chicos —apenas si podía hablar con claridad, sus dientes castañeaban como si se muriese de frío—, quiero… quiero ir al ba-baño.
—Ya vienen Hermione y Ginny, pequeña Luna —calmó Sirius rodeándola con sus brazos—. Ellas te van a llevar.
—¿Te puedes levantar? —preguntó McGonagall, con las cejas curveadas hacia arriba, preocupada. La rubia negó llevándose una mano a la boca para aguantar una arcada que la hizo contorsionarse como una oruga— ¡No, no, no, no!
La mirada de curiosa de aquellos que los rodeaban no tardó en recaer sobre la convaleciente rubia. Verla tan pálida, temblorosa y con claras intenciones de vomitar puso en alerta a todos los demás participantes. No pasó mucho para que los rumores comenzaran y la voz se corriera. Antes de que acabara el penúltimo grupo de la mañana, ya todos en el salón A sabían que la señorita Lovegood sería la próxima debutante "maldita" de la temporada.
Condenada por su mala suerte o por el fantasma de una antigua leyenda austriaca, todos le dieron la espalda, apartándose de ella como si fuese una paria.
—¡Ya llegué, ya llegué, ya llegué! —anunció gritando Ginny desde la entrada del salón. Tenía el cabello alborotado, el rostro colorado y de no haber sido porque sus botas tenían un buen agarre, ya se hubiese estrellado contra la pared debido a la velocidad con la que corría— ¡Fuera de mi camino! ¡Quítate! ¡Quítate!
—Quítate tú, no la dejas respirar
—Yo vivo con ella, yo sé cómo cuidarla —la pelirroja se puso a su lado y le apartó el cabello mojado de la cara. Incluso su sudor era frío—. ¡Luna! ¡Háblame! Di algo. Dime qué tienes.
Harry llegó un par de segundos después. Su rostro y cuello rojos indicaban que estuvo corriendo.
—Hermione tiene el auto afuera. Podemos irnos si se siente muy mal —anunció poniéndose al lado de la escocesa— ¿Le dieron agua?
—No quiere nada —respondió preocupada.
—¿Qué no hay equipo de emergencias aquí o algo? —se quejó Snape a un lado— Deberían tener a un paramédico o algo aquí cerca.
¿Sería responsable suspender el concurso por algo así?
Pues sí, pero nunca lo hicieron.
Nunca lo hacen.
—Brillante observación, Quejicus, gracias por iluminarnos con tu sapiencia —ladró Black abanicando a la rubia para hacer que le llegara algo de aire—. ¡Pero serías de más ayuda si hicieras algo más que solo quejarte!
—Ca-cállense
La voz débil y molesta de la joven deshidrata recostada sobre una silla en algún rincón del salón los hizo voltear de inmediato. Ginny miraba sorprendida cómo su amiga intentaba torpemente reincorporarse para terminar con esa inútil pelea entre los mayores.
—… Yo… me quiero… me quiero ir.
A pesar de apenas tener fuerza, se oyó firme, lo suficiente como para hacer que Snape y Sirius se sintieran avergonzados de su actuar.
—Vamos a llevarla afuera, tal vez el aire le haga bien —sugirió la Weasley poniéndose de pie—. Vamos, Lu. Puedes ponerte de pie, apóyate en mí. ¡Ustedes dos no se queden ahí parados! ¡Ayúdenme!
Con mucho esfuerzo, los dos adultos lograron poner a la jovencita de pie. A estas alturas, poco o nada quedaba de aquella hermosa hada amarilla que había sido durante la mañana. Su maquillaje se había corrido; su cabello, mojado y la falda de su vestido, arrugado. Parecía más un peso muerto que una bailarina de ballroom.
—Ojalá no vomite —susurró Harry pasa sí mismo mientras los seguían de cerca camino a la salida del salón.
—¿También te sabes la leyenda? —preguntó la profesora y él asintió— Tenemos que evitar que vomite dentro de este lugar. Por el bien de todos.
No sabría decir si se refirió exclusivamente al bienestar de todos sus alumnos o al bienestar de todos los presentes en el concurso, pero por la forma en cómo miraba con paranoia a los demás participantes y asistentes al evento, algo me indica que probablemente sea la segunda opción.
—¡Profesora! ¡Profesora!
Neville y Viktor se los encontraron casi a las puertas del salón, ambos con cara de preocupados y con toallas de papel y contenedores en las manos. Les habían mandado a buscar implementos de primeros auxilios en el caso de que Luna no pudiera aguantar, pero viendo lo poco que tenían en las manos, la profesora supuso que no tuvieron demasiada suerte.
—Es todo lo que pudimos encontrar —anunció el botánico sosteniendo un cesto de plástico, similar a los que daban en el cine con las palomitas—. ¿Vomitó?
—¡Ne! ¡kazhi mi, che ne povrŭshtash! —exigió Viktor mirando con desesperación a los presentes— ¡No vomitar, Luna! ¡Aguantar! O todos condenados.
—¡Cállate, Viktor! ¡La asustas!
— Vsichki prokleti! Proklyatieto! Proklyatieto!
No puedo precisar si era su voz fuerte, su acento o sus supersticiosas raíces búlgaras, pero sin darse cuenta, Viktor y todos aquellos que peleaban con él terminaron haciendo un escándalo que terminó llamando la atención de todos una vez más, arruinando así la última presentación de la mañana, la del grupo 5.
—Señores, señores, deben calmarse —pidió el señor Poe con su micrófono desde algún lado del salón— ¡Señores!
—¡Ya no aguanto! —exclamó la rubia teniendo otra arcada— ¡Voy a vomi…—
—¡No! ¡No! ¡Contenlo!
—¡Trágatelo! ¡Trágatelo!
—¡La maldición! ¡Todos condenados!
No quiero ser gráfica, pero debo serlo.
¿Alguna vez ha visto a alguien vomitar? Seguro que sí. ¿Si ubican ese horrible ruido de arcada que hace de antesala antes de que vacíen el contenido del estómago? Es desagradable, ¿verdad? Incluso contagioso pues conozco a varios que, de solo oírlo, también les da ganas de vomitar.
Pues, algo parecido pasó en la sala A del 229.
Sin proponérselo, la enfermiza Luna terminó contagiando a todo el mundo su malestar. Sus asquerosas arcadas provocaron el malestar de medio salón, incluyendo a algunos miembros del jurado y de su propio equipo. Para cuando salió del salón escoltada por Sirius, ya tenían a más de 20 participantes en su misma condición: mareados, sudando y conteniendo el vómito para no quedar malditos en su debut.
Asqueroso.
Muy asqueroso.
Esto se convirtió en una competencia de qué debutante aguantaba más. El destino de las 15 escuelas que pasarían a la siguiente etapa ya no se definía en la pista de baile, sino en los rincones y baños del 229. Los maestros apoyaban a sus alumnos, haciendo lo imposible para que nada saliese de sus bocas.
Eventualmente, alguien tuvo que perder y, por desgracia —porque realmente no se lo merecía—, fue nada más y nada menos que el señor Poe quien, a plena vista de todos, terminó vomitando a un lado de la mesa de jurados, manchando su impecable traje y su orgullo de paso.
Una vez que empezó, no hubo quien le parara y eso les dio carta blanca a los demás participantes para poder vaciar sus estómagos con la tranquilidad de que la tan famosa maldición no recaería en nadie esta vez.
—Eso es, bota todo, bota todo —pidió Harry sosteniendo el pelo de Ginny para que no se manchara. La chica le había arrebatado uno de esos contenedores a Viktor y ahora se dedicaba a imitar a su roomie quien hacía lo mismo sentada a su lado— Eso es, tranquila, tranquila.
—¡Puaaaj!
—Neville, ¿cómo estás?
—Podría estar… ¡puaaaaaaj!… peor.
Está de más decir que el evento tuvo que ser cancelado por motivos que "escapaban del control" de los organizadores. Era una forma más elegante de decir que no pudieron continuar porque tenían más de una docena de bailarines encerrados en el baño, vomitando como si no hubiese un mañana, y a casi la mitad de los anotadores en las mismas condiciones.
Hermione llegó luego de un rato al ver que nadie salía a buscarla al estacionamiento. Grande fue su sorpresa al encontrar a un par de bailarines adolescentes vomitando cerca de las plantas y macetas que decoraban la entrada del salón principal. Asustada por la leyenda de la maldición, corrió por todos lados intentando encontrar a sus estudiantes hasta que finalmente los halló en un rincón apartado de los pasillos, sentados cerca al baño.
Luna dormitaba al lado de Sirius, todavía sostenía su propio contenedor. Estaba hecha un desastre, pero la expresión en su cara parecía indicar que se sentía mejor. Harry hidrataba a la pobre Ginny quien todavía temblaba al intentar sostener su botella de agua. Neville yacía tirado a un lado junto a Snape quien se veía tan mal o peor que él. La castaña estuvo tentada a preguntar por McGonagall, pero el dedo de Viktor señalando al baño de mujeres le dejó en claro dónde estaba.
—¿Quién fue el primero? —preguntó en voz baja, angustiada a su pareja búlgara— ¿Fue Luna?
—No, gracias a Dios no —respondió en el mismo tono cauteloso—. Fue el anfitrión.
—¿El señor Poe?
—Sí.
—Oh, pobre —lamentó, aunque no pudo evitar sentirse aliviada al saber que nadie tendría la maldición hasta nuevo aviso—. Hay que llevárnoslos, no pueden quedarse así.
—Sí, nos irrremos en cuanto la profesora salga del baño.
Ella asintió y se apartó para ver cómo estaban los demás, especialmente el profesor.
—¿Amor? ¿Sev? —preguntó arrodillándose a su lado, tendiéndole uno de los tantos pañuelos que los chicos habían conseguido para limpiarle la comisura de los labios— ¿Estás bien? —su interlocutor asintió y tomó el pañuelo, haciendo el trabajo por su cuenta— ¿Quieres algo? ¿Agua?
—Quiero… uuhm… Dame el balde.
—¿Qué?
—¡El balde!
Bruscamente la hizo a un lado para tomar el contenedor en el que había estado vomitando hasta hace un momento y volver a regurgitar.
No a muchos se les habría ocurrido que Severus Snape, el más impasible de todos, también se convertiría en víctima de las incontrolables arcadas de Lovegood, pero estoy segura que a nadie se habría imaginado que sería precisamente él el primero en vaciar el estómago incluso antes que el propio señor Poe.
Y es que en medio de todo el alboroto entre Viktor, Sirius y los demás profesores y coordinadores del evento, nadie le prestó atención al hombre alto y delgado de pelo negro que se tragaba lo que podía de su propio vómito y escondía el resto en el pañuelo de tela que siempre guardaba en el bolsillo de su pantalón, completamente ajeno a la maldición que todos a su alrededor tanto temían.
Mito o verdad, fantasma o no, las cosas ya estaban hechas y, a pesar de que el evento se pospuso y nadie salió herido por el resto del día, nada podría cambiar el hecho de que Severus Snape fue el primer debutante que vomitó en la trigésimo tercera edición del Gran Syllabus Anual de Escuelas de Londres.
¡ACLARACIÓN! Nada de ese mito es real por si se lo preguntan. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Me lo inventé mientras estaba haciendo mi clase de Tradu Inversa, así que si ven puras webadas es porque es difícil inventarse una trama mientras tienes a tu profesora hablándote en otro idioma en la oreja XD
HOLI, MIS CHIQUIS, MIS CORAZONCITOS, MIS AGUACATITOS (O PALTITAS SI VIVEN EN EL SUR)
YO SÉ QUE PROMETÍ ACTUALIZAR A TIEMPO CADA FIN DE SEMANA Y POS… POS LA RESPONSABILIDAD ME DURÓ DOS SEMANAS PORQUE MIREN QUÉ DÍA RECIÉN ESTOY ACTUALIZANDO JAJAJAJAJA SORRY
ES QUE, YA SABEN, HAY UNA COSITA FEA LLAMADA "VIDA" Y POS, A VECES SE VUELVE MUY DEMANDANTE. SE ME JUNTARON LOS TRABAJOS Y SOLO DIRÉ QUE HASTA TUVE QUE CANCELAR MI SALIDA AL TEATRO QUE HABÍA RESERVADO DESDE HACE UN MES EN PLATEA. (MIS AHORROS!)
ME FUI A LA MIERDA EL DOMINGO, CON ESO DIGO TODO.
PERO NO SE PREOCUPEN, AQUÍ ESTAMOS, VIV S Y SOBRI S. VAMOS A CONTINUAR CON ESTA HISTORIA QUE PARECE NO TENER FIN JAJAJAJA
¿EXISTEN LAS MALDICIONES EN EL MUNDO DEL BAILE? PUES NO LO SÉ, YO SOY MÁS DEL TEATRO, PERO SI HAY MALDICIONES AHÍ, ¿POR QUÉ NO EN EL BAILE? ADEMÁS, ES MI FIC, YO DECIDO QUE LE CONVIENE A LA TRAMA, PERO SI SE SABEN ALGUN MITO O MALDICIÓN RELACIONADA AL BAILE, ME CHISMEAN POR AQUÍ PE, AUNQUE SEA PA SABER POR CULTURA GENERAL XD
VAMOS A VER SI ESTA "MALDICIÓN" NO AFECTA A NUESTRO POBRE PROFESOR DE POCIONES QUE YA DE POR SÍ TIENE MUCHAS PREOCUPACIONES COMO PARA SUMARLE UNA MÁS. CAPAZ NO ES TAN GRAVE, NO TIENE QUE CAERLE EL TECHO ENCIMA XD
SE VIENEN LOS CAPS CON LOS MALFOY, ASÍ QUE VEREMOS QUE OPINAN NUESTROS ARISTOCRATAS FAVORITOS SOBRE EL SEVMIONE. YO SÉ QUE LUCIUS PUEDE SER MÁS FLEXIBLE, PERO NARCISSA… PUES, VEREMOS SI ES CAPAZ DE CONTROLAR SUS CELOS DE HERMANA NO BIOLOGICA.
UNA VEZ MÁS, MUCHAS GRACIAS POR EL APOYO, POR LOS COMENTARIOS Y POR SEGUIR LEYENDO. ESPERO HABERLES SACADO UNA SONRISA O AL MENOS HACERLES PASAR UN BUEN RATO. MUCHOS BESOS Y ABRAZOS, NO OLVIDEN TOMAR AGUA.
¡HASTA LA SIGUIENTE SEMANA! (O ESO INTENTARÉ)
