Todo había empezado en el segundo año de primaria. Por poco más de seis meses, Umi Sonoda había sido el primer lugar de una clase compuesta por 27 estudiantes. Ella era la que mejor letra tenía, la que más rápido resolvía ejercicios de matemática, la más puntual, la de los mejores modales y la chica con las calificaciones más altas de la clase.

Por desgracia, aquello no duró mucho hasta la llegada de la chica que se volvería su más grande némesis, la alumna número 28, Kotori Minami. Fue como si su simple y adorable presencia hubiera desplazado a Umi por completo. De pronto, su preciado y orgulloso primer lugar, se convirtió en un deshonroso e insignificante segundo lugar. Umi se había convertido en una sombra, siguiendo muy de cerca a la Minami, pero nunca sobrepasándola. Siempre detrás de ella.

El momento de grandeza y orgullo de la pequeña Sonoda se extinguió tan pronto como se encendió. Ya nadie en la clase hablaba de Umi, solo hablaban de lo linda, genial e inteligente que era Kotori. Había sido opacada por completo. Situación que se prolongaría en toda su primaria, secundaria e inclusive, hasta en su vida universitaria.

¿Qué había hecho para merecer algo así?

No lo sabía. Pero Kotori siempre permanecía cerca de ella y un paso adelante.

En cada cosa en la que Umi podía participar, Kotori también lo hacía. Haciendo todo de una mejor manera que la pobre Sonoda, y ganándose los elogios de todos.

Eso le enfadaba. Nunca recibía crédito por las cosas que hacía y todo era abarcado por Kotori. La peliazul no tenía un respiro. Tener a la chica de cabello grisáceo siempre encima de ella se volvió algo cotidiano. Algo cotidiano que por más que pasaran los años, se negaba a aceptar.

Cuando Umi entró a la universidad, pensó que por fin sería libre. Libre de vivir bajo la sombra de Kotori.

Pero se equivocó. Y los profesores no se molestaban en decírselo sin descaro.

Era como echar sal en una herida, que no pudo cicatrizar.

—¡Lo siento mucho, Sonoda-san! —se disculpaba la profesora Yamaguchi haciendo una pequeña reverencia. La docente le había dicho que quería conversar con ella luego de que la clase terminara—. Sé que había dicho que tu diseño iba a ser el foco principal para la Fashion week. Pero lo que sucede es que el diseño que presentó Minami-san es mucho más novedoso y llamativo. Es más probable que atraiga la atención del público, después de todo, ese es el principal motivo de la Fashion week. ¿No te molesta cederle tu lugar a Minami-san? ¿Verdad?

No… por supuesto que no. No es como si ella ya se lo hubiera cedido seis veces desde que empezó su vida universitaria… en cada clase… con cada profesor…

Al costado de la profesora Yamaguchi, estaba el vestido diseñado por Kotori colocado en un maniquí. Umi no comprendía cómo el diseño de ella había podido ganar al suyo. El de ella era demasiado indecente, brilloso y chillón, para su gusto. Todo lo opuesto al de Umi que era más reservado y de colores fríos.

Mientras todo eso sucedía, en la parte trasera del salón de clase, la Minami observaba en silencio y con una leve sonrisa la conversación entre la peliazul y la profesora.

—Usted había dicho que esta vez, yo iba a ser el diseño principal… Estuve todo el último mes trabajando en mi vestido…

—Lo sé, querida. Pero Minami-san presento su diseño el día de ayer y tuvimos que hacer unos cambios-

—¡Pero la presentación de diseños había sido la semana pasada! —interrumpió Umi—. ¿Por qué le ha dado un plazo de entrega extra? ¡Es injusto!

—Minami-san tiene bien justificada su tardanza. Además, debí hacer una excepción por la estudiante número uno de la carrera. Pero no se preocupe, Sonoda-san que usted no estará ausente. ¿No le molesta ser el segundo lugar por esta vez? ¿Cierto?

Tras esas palabras, Umi se quedó en silencio, inexpresiva y apretando los puños de impotencia. No lo podía creer, estaba sucediendo otra vez.

—No, claro que no… —contestó desmotivada, cansada de la rutina—. Gracias por la oportunidad profesora. Si eso es todo, me retiro.

Umi volteó, sin querer escuchar nada más y procedió a atravesar el vació salón de clases. Los ojos se le estaban poniendo llorosos, pero decidió hacerse la fuerte hasta llegar a un lugar donde pudiese desahogarse.

Caminó directo hasta la puerta y se topó con ella.

Kotori.

Ambos ojos color avellanas cruzaron miradas. Estoicos e inexpresivos. Ninguna podía saber lo que pasaba por la mente de la otra.

No mencionaron ninguna palabra. Y ese silencio se prolongó por varios segundos hasta que Kotori decidió ser la primera.

—Umi-chan, yo…

La peliazul pasó de ella y se fue sin escucharla. No quería escuchar ninguna palabra que saliera de su boca.

Salió del salón y se perdió entre el tráfico de estudiantes que había por los pasillos, lejos de la visión de Kotori, camino hacia su receso.

Luego de esa horrible plática que tuvo con la profesora Yamaguchi, toda la comida de la cafetería de la universidad sabía amarga para Umi. Eso había sido suficiente para arruinarle el día y que no dejará de fruncir el ceño por el resto de la tarde.

"No entiendo como siempre se sale con la suya" pensó mientras dirigía una cucharada del curry más amargo que había probado en su vida hacia su boca.

Había elegido una mesa apartada, necesitaba estar sola. Haberse convertido en el segundo lugar, otra vez, era algo que le irritaba demasiado. Umi sentía como si todo su esfuerzo hubiera sido una pérdida de tiempo. Después de todo, ella siempre aspiraba a ser la primera en todo.

A pesar del lugar apartado en el que se encontraba Umi, y del aura amenazadora que emanaba, clara señal de que no quería que se le acercaran, eso no fue impedimento para que cierta chica de cabello morado se acercara hasta ella.

—¡Umi-chan! ¡Cuánto tiempo!

—Nozomi…

La chica se acercó hasta ella.

—¡No te he visto desde que empezó el semestre!

La pelimorada que hablaba de forma tan simpática y amistosa era Nozomi Toujou. Una compañera con la cual la peliazul compartió clases el semestre pasado. Ella también estudiaba diseño y modas al igual que Umi y Kotori.

—Parece que esta vez nuestros horarios son muy diferentes —intuyó Umi.

—Jajajaja, si eso creo… —se sentó a su costado y le abrazo— te extrañe.

Aquello formó una pequeña sonrisa en Umi. Nozomi era una amiga confiable, le había ayudado en varias ocasiones.

—Sí, sí —le dio unas palmaditas en la cabeza—, yo también.

—Y bueno, ¿a qué se debe esa cara tan amargada?

Al instante, la breve felicidad que experimentó por su reencuentro con Nozomi fue reemplazada por el amargo recuerdo de lo sucedido en la clase de la profesora Yamaguchi. Un cambio tan rápido y abrupto como el cambio de color de un camaleón.

—Kotori… —murmuró, muy bajo. Como si ese nombre fuera alguna clase de tabú—. Siempre es ella…

—¡Oh! Tu amiga que siempre te gana.

—¡No es mi amiga!

—¿Pero no se conocían desde pequeñas?

—Sí…, pero luego dejó de hablarme… Y las cosas entre nosotras se volvieron más insoportables que nunca.

—Ya, bueno. Cuéntame Umi-chan, ¿Qué pasó con Minami-chan?

—Otra vez, ella me ganó el primer lugar. ¡Y es injusto! Ella estaba tarde con la fecha de entrega, no había forma alguna de que pudiera entregar su diseño, pero aún así, lo hizo —la peliazul suspiró, ya no tenía caso enojarse—. Había escuchado que ella no iba a participar en la Fashion week, así que decidí ayudar y poder ganar un poco de créditos, para variar.

—Entiendo, aprovechaste la ocasión.

Ella asintió.

—Nunca puedo resaltar cuando ella está presente. Ella siempre se inscribe y participa en lo mismo que yo. ¡Y estoy harta de eso! ¡ya tengo suficiente con encontrarme con ella en clases!

—Jajaja, pareciera que te está siguiendo, Umi-chan.

—Sí, claro. Solo lo hace para molestarme. Lleva haciéndolo desde la secundaria.

El comentario de Nozomi sirvió como un mantra. Al otro extremo de la cafetería, ingresaba Kotori Minami por la puerta, acompañada de una chica sonriente de cabello anaranjado. Era Honoka Kousaka, otra compañera con la cual Umi compartía clase.

—Tiene que ser una broma… —musitó.

—Vaya… ahora sí parece que te está siguiendo, Umi-chan —comentó para después soltar una carcajada que llamó la atención de todos a su alrededor. Umi intentó ocultar su rostro con la boina color rojo que usaba. Muy tarde, la chica de cabello grisáceo ya se había percatado de su existencia.

La pelijengibre soltó una risilla mientras jaloneaba un pliegue de la blusa de Kotori y señalaba hacia a Umi. Si no fuera porque Umi estaba más ocupada en ocultarse, hubiera regañado a Honoka diciéndole que señalar a las personas es un acto de mala educación. Kotori sonrió y soltó una risilla al ver a Umi intentar ocultarse detrás de su boina. Aquello molesto a Umi, una ira silenciosa crecía en silencio dentro de ella. Kotori elevo su mano y la movió de lado a lado en señal de saludo, luego, le dijo a Honoka con su tono dulce, que no debía señalar a las personas.

"Elegí esta cafetería porque, de las tres que hay, esta es la más apartada de la universidad. Y justo se da la coincidencia que vienes hasta acá… ¿Por favor, cuando vas a parar?" suplicó la Sonoda en sus pensamientos.

De pronto, la chica de ojos azules arrastró a Kotori hasta la mesa en donde se encontraban el par de amigas.

—¿Podemos sentarnos? —preguntó Honoka con gran confianza, chocando las palmas de sus manos sobre la mesa, pero sin hacer gran ruido. Por su parte, Kotori permanecía taciturna a su costado, todavía con esa sonrisa.

La peliazul las observó por unos segundos y con una sonrisa que disimulaba toda la ira y cansancio que sentía, respondió:

—Claro, ya nos íbamos.

Se levantó y jaló del brazo a Nozomi para que la acompañara. Dejando a Honoka con una cara de decepción y a Kotori con una expresión que podía leerse como: "Era de esperarse…"

Aún así, la mirada atenta de la peligrisácea se quedó pegada en ese peculiar par hasta que abandonaron la cafetería. Solo ella sabía qué clase de pensamientos estaba maquinando su mente en ese momento…

—¡Umi-chan, todavía no he comido! —forcejeaba Nozomi mientras era arrastrada por Umi. El único momento en el que guardó silencio fue poco después que atravesaron las puertas del local.

A decir verdad, Umi tampoco había terminado de comer su curry. Se arrepentía, un poco, de no haberse llevado su plato y el desperdicio de comida y dinero en que se había convertido, pero no importaba, de todas formas, ese curry sabía mal para ella.

—Lo siento… Ya tuve suficiente de verla por el día de hoy y no iba a tolerar el sentarme junto a ella —admitió. Aunque sabía que era muy probable que se encontrara con ella al final del día. Rogaba porque no fuera así.

Nozomi se le quedó viendo con un puchero y frunciendo el ceño.

—Te invito algo de comer en otra cafetería, ¿está bien? —ofreció Umi.

Ella sonrió y le tomó por el brazo.

—¡Yay! ¡Gracias Umi-chan!

Agradecida con Kotori Minami, estaba Nozomi. Había conseguido un almuerzo gratis.

Ambas tomaron asiento después de recoger sus platos. Nozomi había pedido un plato particular dentro de lo que suele comer. Spaghetti a la boloñesa. Para Umi, era gracioso ver como los fideos se resbalaban del tenedor de Nozomi, no era muy hábil con los cubiertos, había usado palillos toda su vida. Luego de unos segundos le sugirió a Nozomi envolver los fideos alrededor del tenedor. Eso sirvió bastante, como era de esperarse. La chica de ojos esmeraldas se lo agradeció. Por su parte, Umi había pedido solo un Muffin para comer.

—Veo que aun sigues usando esa bonita boina —observó Nozomi, apuntando con su tenedor.

—Eh, sí... ¿Tiene algo de malo?

—No, para nada. Te queda bastante bien —sonrió—. Te hace ver más adorable, es como tu sello o marca personal.

—Supongo que tienes razón. Llevo usando boinas desde los seis años, mis tíos que viven en el extranjero siempre me traen.

—Ahora que mencionas eso del extranjero, ¿has sabido algo de Elicchi?

—¿De Eli? ¿No sigue en Canadá?

—Sí, tienes razón… Ya no hablamos tanto por la diferencia de horario… No he sabido de ella en los últimos días…

—Debe de estar ocupada en sus exámenes. —Umi observó a su amiga mientras olfateaba el dulce aroma que emanaba su muffin. Nozomi lucía triste y cabizbaja ante la mención de la lejanía de la rubia. Luego de darle un mordisco al esponjoso muffin, la peliazul preguntó—: ¿La extrañas mucho? ¿No es así?

Nozomi levantó la mirada ante eso.

—¡Por supuesto! —exclamó—. Después de todo, tú sabes… ella me gusta…

El bombillo del recuerdo se encendió en la cabeza de Umi. Lo había olvidado por completo.

—Oh, cierto. No recordaba que tenías esos sentimientos por ella.

—Jajaja… no es nada fuera de lo normal, Umi-chan. El amor es amor. ¿Acaso tú nunca te has enamorado?

—No en realidad. No tengo tiempo para esas cosas y no me interesa.

—¿En serio? ¿Qué hay de Minami-chan?

—¡¿Ah?! ¡Por supuesto que no! —exclamó con la cara toda roja e indignada por la idea—. ¡No hay forma alguna de que eso suceda! ¡¿Cómo puedes decir algo así?!

Nozomi se había alejado un poco ante el exaltamiento de Umi. Le había asustado.

—Bueno… ahora que lo pienso, no resultaría algo extraño… —empezó a enumerar con los dedos de su mano libre—. Son amigas de la infancia, siempre han estado en la misma escuela, ahora estudian y están en la misma carrera, ella siempre está cerca de ti, comparten la gran mayoría de sus clases…

—Créeme que lo de las clases es una horrible coincidencia… Y en cuanto a lo de estar cerca de mí, ella lo hace para molestarme, sabe que me irrita su presencia. Odio cada vez que se inscribe o participa en las mismas cosas que yo porque-

—Siempre te roba el primer lugar —completó Nozomi.

Ella asintió.

La pelimorada suspiró. Luego de observar la ventana con una mirada pensativa, le preguntó:

—¿Cómo puedes estar tan segura que lo hace por molestar?

Umi enmudeció por un momento. Después de unos segundos, contestó con seguridad:

—Presentimiento.

Estaba segura que su instinto no le fallaba. Luego de pensarlo unos segundos, recordó.

—Una vez… fui a una clase de muestra que estaban dando en el club de kyudo de la universidad —contó—. Ella también estaba ahí.

El gusto de Umi por el kyudo era un secreto que se guardaba solo para ella.

Nadie más sabía de ello.

¿Qué hacía Kotori Minami ahí?

Ella no era alguien muy atlética ni con afición a los deportes.

Sea cual sea la razón de la presencia de Kotori ese día, Umi jamás volvió a acercarse al club de kyudo.

Pasada la hora del almuerzo, Umi y Nozomi se despidieron luego de conversar un buen rato en la cafetería.

Salieron del lugar. Nozomi agradeció a Umi por la comida con una sonrisa y le dio un abrazo. Luego, cada una se fue por su propio camino hacia su respectiva clase.

Para fortuna de Umi, no le tocaba compartir su última clase del día con Kotori Minami. La única clase en la que no estaba encadenada a su presencia.

Mientras apuntaba la explicación de la profesora en su libreta roja, la breve conversación que tuvo con Nozomi en la cafetería aterrizaba en su cabeza al igual que el viaje de un cohete a la luna. Era un espacio inexplorado para ella, un primer paso que nunca se imaginó en dar.

Ella nunca podría tener esa clase de sentimientos por Kotori.

Porque, en definitiva, esa chica era…

—¡Buenas noches, vecina!

Una verdadera molestia.

—…

No estaba siendo el mejor de sus días. Tuvo que darse la casualidad de haberse topado con la Minami cuando buscaba la llave de su departamento en los bolsillos de sus vaqueros al regresar de la última clase.

¿Qué tan desdichada tenía que ser para que este semestre le tocará vivir al costado de la chica que le quitaba cualquier oportunidad de resaltar?

Y ahí estaba, otra vez, con esa sonrisa. Esa sonrisa tan desvergonzada y siniestra para la propia Umi.

No le contestó, como de costumbre. Abrió la puerta y la cerró de un portazo. Aquello pareció un accidente para Kotori.

Dentro de su habitación, sus pulmones se sintieron libres de respirar. Tener a Kotori tan presente y tan cerca de ella en cada instante de su vida, era agobiante. Le hacía sentir incómoda, privada de su intimides.

Arrojó su mochila a un costado en el suelo, se quitó y dejó sus zapatillas sneakers al lado de la entrada y se lanzó a la cama. Tan suave, brindándole tranquilidad.

Estaba exhausta, así que no demoró mucho en quedarse sumergida en un profundo sueño.

A la mañana siguiente, Umi había despertado más temprano de lo habitual. Eso le dio tiempo de sobra para hacer unos trabajos que había dejado pendientes el día de ayer por haberse dormido temprano.

Tras haber tomado su desayuno, Umi se dirigió a paso lento a su clase de diseño principal. Era la misma clase que había tenido el día de ayer. La tomaba dos veces a la semana.

Apenas, abrió la puerta caoba del salón de clases, unos ojos ambarinos fueron los primeros en voltearse en su dirección. La mirada de Kotori no se despegó de la peliazul hasta que la vio sentarse en su asiento en medio de la clase.

Había sido eso lo que quería evitar. Por lo general, Kotori siempre llegaba a la misma hora que Umi, en consecuencia, Honoka, su amiga —que, por cierto, estaba sentada al costado de la peliceniza—, siempre la arrastraba para sentarse cerca de la Sonoda.

Ahora, Umi se sentía aliviada de no tenerlas cerca. Pero… algo no se sentía bien… Era como una incomodidad que sentía en la médula espinal. Por supuesto, esto solo era un presentimiento. Ella era una muchacha saludable.

Kotori no había dejado de sonreír, más de lo normal, en toda la clase. ¿Algo tramaba...?

Hubiera meditado más acerca de eso, si no fuera porque el vigoroso llamado de la profesora Yamaguchi le asustó.

—¡Alumnas…! Como bien saben, se acerca la primera práctica parcial y con ello tiene que presentar su primer progreso del trabajo final. Y se estarán preguntado… pero profesora, ¿cómo haremos eso si todavía no se han seleccionado los grupos?, pues, eso es lo que vamos a hacer ahora.

Varios murmullos se escucharon alrededor del salón. Unas cuantas chicas miraban a sus compañeras de al costado, ya teniendo en mente con quién iban a hacer el trabajo.

—Lamentablemente —continuó la profesora Yamaguchi—, yo seleccionare los grupos —abucheos y quejas de algunas estudiantes no tardaron en hacer presencia—. No habrá cambios en esa decisión. Serán grupos de pares. Como somos una clase pequeña, no será mucho problema para tener el total de 9 trabajos y tener un poco de variedad. Muy bien, no perdamos más tiempo para que podamos empezar con la clase. A continuación, comenzaré a formar los grupos. Primer grupo: Momoi y Yuuki. Segundo grupo: Aida y Kousaka…

Umi se mantuvo tranquila. El tener que hacer grupo no era algo que le perturbara. Solía manejarlo muy bien, pues casi siempre asumía el rol de líder. Esta vez, no podía ser una excepción. No le importaba mucho quién fuera su compañera, a los más vagos siempre los hacía trabajar de cualquier forma. Estaba bien con cualquiera que no sea cierta persona…

Pasaba el tiempo y la profesora seguía nombrando los integrantes de los grupos. Empezó a preocuparse cuando todavía no escuchaba el suyo, y tampoco el de Kotori.

"Tranquila, tranquila… Mi apellido empieza con una S, de seguro estoy al último ¿No?" intentó convencerse, pero en el fondo sabía que la profesora no estaba eligiendo de esa forma.

Quedaban tres personas y la misma Umi, sin grupo. La peliazul había entrado en desesperación, pequeñas gotas de sudor perlaban su frente. Junto sus manos en plegaria y cerró con fuerza los ojos. Empezó a rezarle a Dios, a Buda, a cualquier dios que existiera y no existiera, ¡a quien fuera!, ya no importaba, con la esperanza de que su deseo se haga realidad: No hacer grupo con la persona que más detestaba.

—Y, por último —anunció la profesora—, el noveno grupo: Minami y Sonoda. Eso es todo. Cualquier duda, al final de la clase. Vayan coordinando para ver qué es lo que van a entregar.

La peliazul podía sentir como se le escapaba el alma y la fuerza vital. Se tiró sobre su carpeta y empezó a musitar palabras incompresibles mientras maldecía su mala suerte.

¿Por qué…

Sintió unos golpecitos en su hombro. Con el cabello un poco despeinado y la boina roja resbalándose, volteó hacia atrás.

—¡Hola compañera! —saludó la dueña de esos maliciosos ojos dorados. La persona con la que tenía que compartir grupo.

Kotori Minami.

—…a mí?

No había forma de que ella aceptara algo como eso.