Por fin, había llegado el ansioso momento que había estado esperado Umi: El final de la clase.

Se levantó de su asiento antes que Kotori —quién se había sentado a su costado para discutir detalles acerca de lo que harían con el trabajo final— pudiera decir algo.

A rápidos pasos, y evadiendo a cualquiera que se interponga en su camino, se dirigió a la carpeta de la profesora.

Como la maestra Yamaguchi lo esperaba, Umi Sonoda era la primera en la fila para poner una objeción.

—¿Sucede algo, Sonoda-san?

—No quiero hacer grupo con ella —contestó mirando hacia atrás, donde se sentaba la peligrisácea—. Con Minami.

La profesora soltó un suspiro. Ya estaba preparada para esta situación.

—Sonoda-san, ya no estás en la primaria. Esta es la universidad. Tendrás que ingeniártelas para trabajar con ella. Esta no será la única ocasión en la que tendrás que trabajar con alguien que no es de tu agrado y debes estar lista para lidiar con eso. —hizo una breve pausa, Umi continuaba viéndola con el ceño fruncido— No veo cual es el problema. Minami-san es una excelente estudiante y tiene trabajos e ideas muy sobresalientes, cualquiera se sentiría afortunado de trabajar con ella. Además, tú también eres una buena estudiante. Creo que las dos harían un buen equipo y un excelente trabajo.

Aunque lo que la profesora había dicho era cierto, Umi no lo iba a aceptar. Toda su vida, había tenido que competir con Kotori. Tantas fueron las ocasiones, que ya hasta había olvidado que tan dulce era el sabor de la victoria. Ella sentía que, si hacía equipo con Kotori y ganaba el primer puesto, o en este caso, la calificación más alta, iba a ser una derrota por completo. Porque significaría que solo podría ganar con la ayuda de la Minami.

—Pero… profesora-

—Suficiente, Sonoda-san —interrumpió la profesora alzando un poco más la voz—. Si no tienes otra objeción que no sea tu compañera de grupo, puedes retirarte.

Con el ceño fruncido y un puchero, Umi dejó atrás a la docente. Sentía que iba a explotar, quería golpear, patear; quería que mágicamente apareciera un bate en sus manos para que pudiera liberar toda esa rabia acumulada a través de la destrucción de los materiales estudiantiles que se encontraban en el aula.

Se dirigió a su asiento a recoger su mochila, y ahí estaba Kotori, todavía esperándola, para discutir los detalles del trabajo.

Antes de que ella se percatara de su regreso, Umi tomó un fuerte respiro. Inhaló y exhaló con cuidado. Como si las iracundas olas del mar en plena tormenta pasaran al suave y espumoso oleaje de una playa en un día soleado.

—Umi-chaaan —le llamó con su irritante y aguda voz—, ¿Cómo vamos a hacer para el trabajo?

—Antes de eso, Kotori, deja de llamarme por mi nombre.

—¡No quiero! Me gusta llamarte así. Y si así lo quisieras, entonces, también deja de llamarme por mi nombre.

Eso no era complicado. Podía hacerlo.

—Mina- Mina- Minam…-

Un balbuceo inentendible salió de la boca de Umi. Quizás no era tan fácil, después de todo. No sabía muy bien porque no podía llamarla por su apellido… Ciertamente, se había vuelto una costumbre llamarla por su nombre, llevaba haciéndolo desde la primaria, y aún cuando Kotori dejó de hablarle, Umi siguió llamándole así.

Quizá, en el fondo, guardaba esperanza que pudieran volver a ser amigas.

—Como sea, no importa —restó importancia Umi.

—Bien. Lo que haremos será reunirnos y así planificar el tipo de vestuario que confeccionaremos. Ahora yo no puedo porque tengo clase, y supongo que tú también, así que será mejor intercambiar números. Para compartir ideas y ponernos de acuerdo para juntarnos-

—Eso no será necesario —interrumpió la peliazul—. Vivimos al costado de la otra, será mejor reunirnos en uno de nuestros departamentos. Yo trabajo de manera eficiente, así que solo será necesario que nos veamos una vez para tener el trabajo definido.

De ninguna forma le iba a dar su número de teléfono a Minami Kotori.

—Pe-pero es mejor intercambiar números, así podremos tener una mejor comunicación-

—No voy a cambiar de opinión respecto a eso.

La peliazul era una testaruda. Parecía que nada en el mundo podía convencer a ese serio rostro de cambiar de postura.

—Bueno… Está bien… —cedió Kotori.

—Genial, ¿crees que podemos reunirnos esta noche en tú departamento? —preguntó Umi. Era mejor acabar una vez este maldito proyecto—. ¿A qué hora es tú ultima clase?

—Mi última clase es a las ocho.

Dos horas después de la última clase de la Sonoda. Quizá tenía una clase diferente a la de Umi, pero los horarios por lo general no eran tan tardes… ¿Acaso estaba tomando un curso extra?

—Pero, ¿Por qué tenemos que reunirnos en mi departamento? —preguntó Kotori.

La razón obvia era que Umi no la quería a ella en su habitación.

—¿Acaso no puedes?

—Lamentablemente, no. Estoy pintando las paredes.

Umi la miró con ojos sospechosos.

—¿De qué color?

—Verde —contestó al instante. Quizá no mentía…

—Pero ayer te escuche entrando cuando nos encontramos.

—Fue porque tenía que recoger algo. Estoy quedándome de momento en el departamento de una amiga.

Los ambarinos ojos de Umi no se despegaron de los dorados ojos de Kotori. Umi permanecía inexpresiva mientras Kotori seguía con esa sonrisa confiada. La determinación de ninguna de las dos quería flaquear. Un poco más y chispas volarían entre ellas, como si de la rivalidad de un anime se tratará.

Umi suspiró. Tendría que resignarse, otra vez. Ella parecía no estar mintiendo.

—Ok. Será a las ocho en mi departamento.

—Perfecto, iré directo apenas terminen mis clases.

—No demores.

Esto último fue una advertencia. Umi no iba a tolerar una tardanza.

—No te preocupes, nunca lo haría. Ya hasta lo anoté en mi agenda —mencionó mostrando la fecha y hora marcada en el calendario de su celular.

Aquello le pareció a Umi una simple acción con el propósito de molestarla. Frunció el ceño y dio media vuelta. Ya no tenía nada más que decirle. Se fue del salón sin hacer algún comentario, dejando a una pensativa Kotori a sus espaldas.

Varias horas pasaron y a pesar de que Umi estaba en plena clase de estadística, intentando resolver ejercicios y tratando de comprender las explicaciones del profesor, su cabeza seguía distraída en medio de un tornado de emociones mezcladas.

Sus pensamientos vagaban desde la horrible suerte que había tenido, hasta lo descabelladas que fueron las posibilidades de que terminara haciendo el trabajo junto a Kotori.

Y lo peor era que, ahora, le carcomía la preocupación de tener que encontrarse con la peliceniza en su departamento. No había estado a solas con ella desde hace muchos, muchos años. ¿Qué iba a hacer? ¿Burlarse de su habitación? ¿De su colección de boinas? ¿De las novelas prohibidas que guardaba en su librero? ¿Acaso iba a molestarle haciendo bromas innecesarias en su propio cuarto?

No lo sabía, las posibilidades podían ser infinitas…

"Quizá pueda preguntarle porque dejo de…"

No pudo terminar de hilar ese pensamiento, un bostezo se le escapó de sus labios y los parpados se le hacían pesados como rocas. Sobarse los ojos no servía de nada. Se sentía exhausta al igual que el día de ayer.

Su compañera de al costado, Maki Nishikino, le preguntó si se encontraba bien y Umi contesto que sí, no era nada.

Pero la verdad era que sí, algo le pasaba. Estaba horriblemente cansada. Por más extraño que fuera, estar cerca de Kotori le causaba cierto nivel de estrés que, por suerte, todavía no era mortal. Necesitaba descansar, pero no podía permitírselo, ¡Estaba el medio de una clase! Sonoda Umi nunca duerme en medio de una clase. Era algo inaudito y que iba en contra de su desempeño como buena estudiante.

Sin embargo, no pasaron más de dos minutos hasta que Umi se recostó sobre su carpeta de madera y cerró sus adormecidos parpados, dejándose absorber por el agridulce recuerdo de una tierna niñez…

La hora del receso ya estaba acabando.

En uno de los pasillos llenos de infantes ajetreados, algunos emocionados por volver a clase con sus amigos y otros hartos de tener que aprender y memorizar cosas que pensaban que no les serviría; Umi Sonoda, de siete años de edad, caminaba a paso sereno hacia su salón.

¿La razón de su tranquilidad? Ninguna en especial, solo que, a diferencia de los demás niños impacientes, corriendo a toda velocidad por no querer llegar tarde, ella tenía muy bien calculado su tiempo de salida y regreso. El pequeño reloj que le había comprado su madre era muy útil. Verificaba la hora cada cinco minutos, procurando no excederse de más en una actividad y así llegar a tiempo a clase.

Cuando llegó a su salón de clases, se percató que había un cumulo de niños reunidos en la parte de atrás junto al tablón de calificaciones. Sin que se dieran cuenta, despacio se acercó para poder observar, pero se detuvo abruptamente cuando escuchó a una niña quejarse.

¡Otra vez, Sonoda-san acabó primera!

Que molestia. Solo se la pasa estudiando.

El otro día le pregunte si quería venir a jugar, pero se negó. Luego, la vi más tarde en el recreo leyendo un libro junto al campo de football.

¡Sí! Que perdedora-

El niño fue interrumpido cuando uno de sus compañeros de al costado le agarró del hombro y señalo en dirección a Umi. El grupito de amigos se giró, encarando a la pequeña peliazul que mantenía el ceño fruncido.

Ninguno dijo alguna palabra mientras se observaban. Solo estaba ese ambiente de incomodidad y menosprecio.

Las miradas filosas y llenas de desdén pararon cuando el profesor ingresó al aula. De inmediato, el grupito de amigos se disolvió y cada uno regresó con rapidez a sus asientos, al igual que cucarachas refugiándose de la luz.

El profesor al observar a Umi, que permanecía todavía parada y preguntó:

¿Sucede algo, Sonoda-chan?

No, no es nada profesor… —respondió y fue a sentarse en su asiento en primera fila.

La clase en la que se encontraba Umi era la 2-B. La mayoría de salones estaban compuestos por 30 niños, pero la clase de ella solo habían 27, por lo cual, había carpetas vacías. Siendo más específicos, una al costado de Umi y otras dos al fondo de la clase. No importaba mucho, al y al cabo, los niños siempre se cambiaban sitio a conveniencia.

A principios de año se esperaba que se llenaran esos asientos con el pasar de las semanas. En años anteriores había sucedido que a veces llegaban algunos estudiantes luego de los primeros días de clase y otros eran cambiados a último momento. Sin embargo, pasó medio año y no había llegado nadie, hasta ahora.

El profesor había podido presenciar, por unos segundos, la pequeña situación que se había generado entre Umi y el grupito de chicos. Aquello había llamado su atención y permaneció en su cabeza un rato, pero ese pensamiento desapareció al instante cuando recordó el comunicado que debía dar. Una vez que observó a todos sus alumnos sentados en sus sitios, dio la noticia.

Muy bien chicos, sé que es algo repentino a estas instancias del año, pero vamos a tener una nueva estudiante en la clase.

Como era de esperarse, hubo un pequeño alboroto entre los infantes, pero el profesor hizo silencio golpeando la blanca pizarra con un plumón.

Sean buenos con ella —pidió, luego se acercó a la puerta y le murmuró a la muchacha que estaba afuera del salón—: Puedes pasar.

Acompañada por el profesor, la niñita de cabello grisáceo y ojos dorados se posicionó en frente de la clase.

Toma —el profesor le entregó el plumón negro—. Dinos como te llamas.

Luego de que escribiera su nombre y apellido en el pizarrón, pronunció en un tono un poco bajo:

Kotori Minami, espero que podamos ser amigos…

La presentación de Kotori había dejado sin aliento a la clase. Umi opinaba que Kotori era linda, como todos en el salón; y a pesar de que Kotori parecía una chica tímida, pero simpática; a Umi no le llamaba mucho la atención intercambiar palabras con ella.

Muy bien, Minami-chan, puedes sentarte… ahí, detrás de Nanami-chan, al fondo.

Sí profesor, gracias.

Ese fue el primer contacto que tuvo Umi Sonoda con Minami Kotori. Un encuentro tibio que iría encendiéndose con los años.

El tiempo pasó y no fue muy difícil para Kotori adaptarse a la clase. Ella había captado la atención de todos sus compañeros en las primeras semanas. Además de ser muy bonita, ella era muy inteligente y amable, le gustaba enseñar a sus compañeros que tenían dudas respecto a un tema o materia. Sin embargo, la mayoría no prestaba mucha atención a sus explicaciones y se concentraban más en estar cerca de ella, como si fuera un trofeo o símbolo de estatus. El mero hecho de estar cerca de ella te hacia importante.

Para antes de fin de mes, Kotori ya tenía un grupo de amigos definido. Aunque no eran las mejores compañías, en opinión de Umi, ellos se encargaron de contarle a la pequeña Minami todo acerca de sus demás compañeros. Todo.

Pero las cosas cambiarían de manera radical en el siguiente mes.

Era una mañana gris con nubarrones el cielo. Había sido una tranquila caminata hasta la escuela. La pequeña peliazul se encontraba especialmente contenta porque era el día en que se mostraba el tablón de calificaciones. Sabía que iba a tener el primer lugar, otra vez, y eso haría felices a sus padres.

La tabla mostraba el progreso de todos cada mes. Ahí se podía observar en que posición quedaste en tú salón y en todo el grado en general.

Llegó al salón y ya había unos cuantos estudiantes alrededor del tablón. Era temprano así que solo había unos siete chicos ahí, incluyendo a Kotori que sonreía al ver su resultado.

Algunos lucían pasmados al ver el resultado de los primeros puestos y otros estaban felices como si hubieran botado a un dictador o se hubiera acabado una dinastía.

Umi, que no entendía tanta conmoción, se acercó hasta el tablón para ver con sus propios ojos que era lo que estaba sucediendo.

El resultado que observó, sería algo que la marcaría de por vida. La primera vez que experimentó el sabor de la derrota, una sensación que la acompañaría hasta su vida universitaria.

Puesto 1: Kotori Minami

Puesto 2: Umi Sonoda

No lo podía creer. Era como si fuera un sueño, más bien una pesadilla. Era una situación que nunca imaginó suceder.

Aquella nota fue el derrumbe de su autoestima. Sin duda alguna, ella se había esforzado como siempre lo hacía, pero lo que más le dolió fueron los comentarios de sus compañeros que estaban a su costado.

¡Perdiste, Sonoda!

¡Parece que se te olvido estudiar!

¿Qué estuviste haciendo?

No me sorprende que haya ganado Minami-chan. Ella es mejor en todo que Sonoda-san.

Fue un golpe fuerte, en un momento desconocido y de completa debilidad para Umi. Era la primera vez que experimentaba la derrota. Le hicieron sentir diminuta.

Los ojos se le pusieron llorosos. Quería romper en llanto, pero tampoco quería darle el gusto a esas personas que la estaban molestando. Así que se volteó rápido y se fue corriendo al baño.

Lo último que escuchó fue "¡Oigan! ¡Dejen de molestarla!" de Kotori.

Para cuando Umi volvió, justo a tiempo para que la clase comience, el profesor ya estaba al tanto de todo y se aseguró de hablar con Umi personalmente para hacerla sentir mejor.

Él sabía muy bien lo mucho que se esforzaba en sacar buenas calificaciones, así que imaginaba que era algo nuevo de lidiar para ella. Él le hizo saber que no era el fin del mundo, que un segundo lugar no era nada menospreciable, que siempre podría intentarlo otra vez y que aprovechara está perspectiva para aprender cosas nuevas y poder mejorar.

Aquellas palabras le tranquilizaron un poco, y aunque sus compañeros siguieron molestándola a lo largo en los siguientes días, pudo superarlo.

Y luego de que pasara todo eso, el haberse convertido en el segundo lugar por primera vez, la pequeña Umi Sonoda se propuso un objetivo: Quería volverse amiga de Kotori.

Una de las razones fue que Kotori, fue la única persona que pudo superarla. Desde que tienen memoria, la peliazul siempre sacaba los primeros lugares y premios. Era algo de admirar para ella, al fin había conocido a alguien que estuviera a su par e inclusive, más allá de ella.

La otra razón fue que la pequeña Minami había sido la única que la había defendido y que no se había burlado de ella después de lo ocurrido. Los padres de Umi la habían criado bien. Se encargaron de que ella tenga ese nivel de inteligencia, y por supuesto, valores. Por lo cual, Umi admiraba a alguien como Kotori que defendía al indefenso.

Cunado pensaba en Kotori, le venía a la cabeza las palabras de sus padres: "Tienes que juntarte con buenas amistades".

Umi ya había marcado su objetivo, pero no encontraba el momento adecuado debido a su timidez.

Para alguien como ella, hacer amistades no era fácil. Era el tipo de chica solitaria, pero no porque quisiera, sino por su forma de ser. Mientras que ella prefería pasar su tiempo leyendo libros y aprendiendo nuevas cosas, el resto de niños preferían hacer otras actividades, que, desde el punto de vista de ellos eran más "Interesantes".

El momento de pedirle a la Minami su amistad se retrasó hasta el último día de clases. Un viernes.

[…]

La clase del profesor de matemáticas había acabado. Ya podían irse todos a sus casas.

Luego de que el profesor fuera el primero en salir, el aula se fue vaciando al igual que el cielo lleno de nubes blancas. Solo quedaba el radiante sol de ese día en el enorme manto celeste llamado cielo.

Umi miró de reojo hacia donde se sentaba Kotori. Otra vez, estaba dudando, tratando de posponer su solicitud de amistad.

Su cabeza empezó a llenarse de pensamientos negativos:

"¿Para qué intentarlo?"

"Quizá ni quiera ser mi amiga…"

"Es muy probable que se niegue"

Se había quedado ensimismada en sus pensamientos, pero el canto de unos pajaritos que jugaban en el árbol al lado de la ventana de su carpeta, la regresaron a la realidad.

Nunca lo sabría si no lo intentaba.

Se levantó de improvisto, llamando la atención del grupito que rodeaba a Kotori en la parte de atrás.

La peliazul se giró y se dio con la sorpresa que la estaban observando. Las niñas que rodeaban a Kotori le miraban con ceños fruncidos y ojos expectantes. Por otra parte, la Minami permanecía confundida por la situación, no entendía que estaba sucediendo.

Con la cabeza mirando hacia abajo y a pasos tiesos, como la caminata de un robot, Umi se dirigió hacia Kotori. Tragándose el miedo que el séquito de la peliceniza le generaba.

Tardo menos de diez segundos en llegar hasta Kotori, diez segundos que se sintieron como minutos.

¿Qué pasa? —preguntó una de las chicas.

¿Tienes algo que decir? —preguntó otra.

La peliazul, todavía con la mirada hacia abajo, murmuró:

Yo… yo-yo-

¡¿Ah?! ¡Habla bien más alto, Sonoda-san!

¡Es suficiente! —alzó la voz Kotori. Era la primera vez que lo hacía en frente de sus compañeros de clase. Se quedaron asombrados, en silencio—. ¡Dejen de interrumpirla! —Observando como permanecieron callados, Kotori recobró su dulce y aguda voz, luego de una pequeña pausa, preguntó—: ¿Sucede algo, Sonoda-san?

Ante la voz de la peliceniza, Umi, por fin, alzó la cabeza y encaró a Kotori.

¿Podemos hablar? A solas…

No se sabía que pasaba por la cabeza de Kotori, pero ella asintió.

Les dijo a los chicos que se adelantaran sin ella. Algunos no querían, pero al final accedieron a regañadientes.

Kotori se levantó de la carpeta y se paró en frente de Umi.

¿De qué querías hablar? —le preguntó.

La voz de Umi todavía estaba un poco temblorosa, pero estar a solas con Kotori le daba un poco de confianza.

Yo-yo… quería agradecerte. Por defenderme, el otro día…

¡No-no tienes que agradecerme por eso! —contestó un poco avergonzada, moviendo las manos—. No fue para nada bueno lo que hicieron. Tuve que intervenir…

Aún así, me ayudaste. Muchas gracias.

Con un ligero rubor, Kotori asintió.

¿Eso es todo lo que querías decirme?

No. Yo, en realidad, quería pedirte algo…

Kotori ladeo la cabeza.

¿Y eso es…?

Umi retrocedió unos pasos y cerrando los ojos e inclinando un poco la cabeza, exclamó:

¡Por favor! ¡Se mi amiga!

Sus mechones azules se deslazaban por su cabeza mientras esperaba una respuesta. Hubo un breve silencio que solo hizo aumentar los nervios de Umi. Las palmas de sus manos empezaron a sudar, hasta que oyó la voz de Kotori.

¿Por qué…? ¿Por qué quieres que yo sea tu amiga?

La pregunta le tomó de improvisto, pero no dudo en dar su respuesta.

Fuiste la única que me defendió… tampoco te atreviste a molestarme en estos días como todos los demás —hizo una breve pausa, las palabras se le atragantaban, estando un poco más calmada contestó—: Mi relación con nuestros compañeros no es la mejor de todas, siento que soy muy diferente y es por eso que me es difícil relacionarme con ellos. Pero creo que tú y yo nos parecemos. Te he observado, y he visto la dedicación que también pones en los estudios. Era la primera vez en mi vida que termino en un segundo lugar, así que fue algo muy abrumador para mí… Pero también vi esta derrota como una oportunidad para conocer a la persona que me venció, la persona que me ayudó. Tú me inspiras, Minami-san. Quiero mejorar para poder ser alguien que este a tu nivel… ¡Eres la clase de persona con la que quiero estar!

Se había esforzado mucho en articular esas palabras. Palabras sinceras que salían de su corazón y que eligió con cuidado. Su rostro permanecía colorado mientras esperaba una respuesta.

Pasaron varios segundos en los que Umi no recibió respuesta.

"No me ha respondido… Por supuesto, ¿Quién quisiera ser mi amigo?"

Abrió los ojos, entristecida, y lo primero que vio fue un par de lágrimas derramarse en el suelo.

Rápidamente, asustada, levantó la mirada y contempló a Minami Kotori, con el rostro enrojecido y lleno de lágrimas.

¡¿Minami-san?! ¡Lo-lo siento! ¿Acaso dije algo malo?

¡No! ¡No es eso! ¡Es que me da mucha lástima! —respondió con la voz quebrada—. No-no entiendo como ellos pudieron decir cosas tan horribles de alguien tan buena y adorable como tú, Sonoda-san…

Umi no entendía muy bien a que se refería, pero le restó importancia. Sacó un pañuelo blanco que llevaba en el bolsillo de su falda y se lo entrego a Kotori. Ella lo agradeció.

La verdad es que yo también te estuve observando, Sonoda-san. Desde que llegue a la clase… A medida que veía lo mucho que te esforzabas en los trabajos y los exámenes, me daba coraje escuchar cada día como menospreciaban tu dedicación y esfuerzo. Lamento no haber hecho nada para defenderte…

Está bien… lo comprendo. Probablemente si hubieras hecho algo, ¿Quién sabe? Quizá hubieran comenzado a molestarte a ti también.

Sí, pero eso ya no importa —Kotori agarró las pequeñas y suaves manos de Umi—. Lo siento mucho, Sonoda-san. Prometo ya no quedarme callada cuando eso suceda.

Umi esbozo una pequeña sonrisa.

Y en cuanto a mi pregunta…

¡Por supuesto que sí! ¡Sonoda-san, me encantaría ser tu amiga! —exclamó fuerte y claro, pero luego corrigió—: ¡Umi-chan! ¡Seré tu amiga, Umi-chan!

Una pequeña lagrimita se le escapó a Umi.

¡Gracias…! ¡Ko-Kotori…!

Esa tarde después de la escuela, ambas amigas caminaron juntas a su casa.

Fue una caminata que se extendería por unas buenas horas (al punto de casi preocupar a sus padres), entre intercambio de gustos personales, materias favoritas y datos que desconocían de la otra. Y aunque, ninguna quería despedirse todavía, había llegado el momento de decir adiós.

No había ninguna prisa, podían seguir hablando al siguiente día, al siguiente, al siguiente y al siguiente después de ese.

Tenían mucho tiempo para conocerse.

[…]

Era el primer día de la semana.

Después de que Umi y Kotori pasaron todo un fin de semana juntas (Habían descubierto que vivían bastante cerca entre ellas), las dos, ahora, inseparables amigas, caminaban a la escuela.

Kotori y Umi se la pasaron hablando durante todo el trayecto. De hecho, hasta retrasaban un poco su llegada a la escuela por seguir hablando. Eso casi provoca que llegaran tarde.

Normalmente, eso era algo que parecía inaceptable para Umi. Pero lo dejaría pasar, por ahora.

No podemos culparla, era la primera vez que tenía una amistad como la de Kotori, y se estaba esforzando al máximo por disfrutar esta nueva etapa de su vida.

Llegaron al salón y el profesor se sorprendió al ver la hora a la que llegaban. Por un momento pensó que ya no iban a venir a la clase, que estaban enfermas o algo por el estilo.

Umi se dirigió a su asiento en la primera fila, acompañada de Kotori.

Pasaron unos segundos y Kotori se quedó inmóvil junto a ella.

¿Sucede algo, Minami-chan? —preguntó el profesor.

Ella miró a Umi y luego en donde se suponía que estaba su asiento, en la parte de atrás. Su antiguo séquito se le quedo mirando, impacientes, como diciendo "¿Qué esperas para sentarte con nosotros?"

No, nada profesor —contestó y se sentó en el asiento vacío al lado de Umi.

Minami-chan, ese no es su asiento —comunicó el profesor.

A partir de ahora me voy a sentar aquí, profesor. Junto a Umi-chan.

Todos en el salón se quedaron atónitos por su respuesta, a excepción de la peliazul.

El profesor sonrió.

Muy bien, empecemos la clase. Chicos, saquen sus libros…

La muchacha de cabello cenizo volteó en dirección de Umi y le mostró su blanca sonrisa.

Umi no sabía muy bien como describir lo que sentía, ese calor, revoloteo en su corazón. No podía ser otra cosa más que felicidad. Era como si Kotori le hubiera elegido sobre los demás. Lo único que podía hacer, era sonreír.

Corresponder la bella sonrisa de Kotori con otra.

Sin duda, era felicidad.

Se recostó sobre su carpeta y pensó:

"Que sentimiento tan agradable…Gracias… Koto-"

Kotori…

Abrió los ojos.

Sus sentidos regresaron a ella.

El asiento de a su costado estaba vació.

Se sobó los parpados. El salón de clases ya se estaba vaciando.

"No puede ser que la clase haya acabado…" pensó mientras se acomodaba los mechones azules que deslizaban por su cara.

—Umi —le llamó su amiga pelirroja desde su otro costado, tocándole el hombro—, te quedaste dormida.

—Sí…, lo siento... Estaba muy cansada.

—Lo comprendo. El semestre pasado tampoco dormí nada durante los exámenes.

—Oye, Maki… ¿te importa si tomó prestado tus apuntes?

—No para nada —contestó dándole su cuaderno—. Solo devuélvemelo para el viernes.

—Lo haré. Gracias.

—No hay de que, nos vemos en la siguiente clase —se despidió mientras se levantaba y se dirigía a la salida.

—Nos vemos…

La peliazul también se levantó, tenía que ordenar su habitación. Iba a tener una visita.

Por fin había terminado. Ya había barrido como dos veces, ordenado sus libros y escondido todas las posibles cosas que Kotori pudiera usar como una burla o para molestarla.

Se recostó en su cama mirando al techo.

—¿Por qué soñé eso?

Era una pregunta que no dejaba de hacerse desde que había salido de su clase.

—Un recuerdo feliz en un amargo presente —corroboró—. No sé qué planeara, Kotori. Pero espero, que esta sea la última vez que tenga que interactuar con ella. De alguna forma, duele cuando ella está cerca...

El timbre de la puerta sonó.

Se levantó y abrió la puerta.

—Hola, Umi-chan. ¿Puedo pasar?

Estaba ahí, con su típica sonrisa. Al contrario de Umi, toda seria, con una sombra de tristeza causada por un recuerdo que quería ocultar.

—Hola, Kotori.

Se hizo a un lado y le permitió pasar.

Iba a necesitar mucha paciencia para la dolorosa estadía de su vieja amiga.

Ella ingresó, segundos después, la puerta se cerró. Dejando a la imaginación de las personas del exterior lo que pudiera suceder en esa habitación.