Capítulo 23
El interrogatorio después pareció durar para siempre. El Agente Barton se sentó y esperó tan pacientemente como podía pretender.
Pero su teléfono se sentía como un carbón al rojo vivo en su bolsillo. Lo había tomado cuando regresaron del campo. Lo había tomado cuando se había cambiado por el del Agente Barton. Tenía una llamada perdida. –tenía una llamada perdida de Tony. Un mensaje perdido de Tony.
Dios solo sabía lo que el hombre había pensado, atrapado en el Hellicarrier sabiendo que había personas siendo atacadas en Manhattan. Que había personas muriendo en Manhattan. Y sabiendo, aunque fuera falso, que Clint estaba ahí. Que Steve estaba ahí.
Pero no había tenido tiempo de revisar el mensaje. No había necesitado hacerlo inmediatamente. Después de todo, Tony estaba a salvo. Estaba en el Hellicarrier. En ningún lugar cerca del caos que aún reinaba en Manhattan.
Sintió el teléfono vibrar otra vez. Pero lo ignoró. De todas formas no podía contestarlo.
Finalmente, finalmente, a Barton se le permitió dejar el cuarto. El interrogatorio había terminado.
Caminó de vuelta a su camarote. Revisó su teléfono y frunció el ceño. La segunda llamada perdida era de Tony. Pero no había registro de la primera llamada perdida de Tony. Estaba seguro de que había estado ahí. ¿Pero por qué desaparecería?
Fue sacado de sus pensamientos cuando se abrió la puerta de su camarote. Romanov estaba de pie en el marco de la puerta, Rogers detrás de ella.
Y fue entonces que Clint recordó que no había visto a Phil. No había visto a Phil desde que Loki se metió en su mente. Y Phil siempre estaba en donde estaba la acción. No se habría quedado atrás si hubiera podido ayudar. Habría tratado de detener a Loki.
¿Y no había estado Tony recogiendo unas tarjetas?
¿Y no estaban esas cartas extrañamente manchadas con una sustancia entre roja y café?
¿Y Tony no había estado actuando extraño con ellos?
Clint no necesitaba realmente que Natasha y Steve le dijeran. Pero lo hicieron.
Y Clint sintió como su mundo se rompía en pedazos.
(Se había equivocado antes. Este era un sentimiento mucho, mucho peor.)
No podía ir a casa. Phil estaba por donde fuera que mirara. Phil estaba en todo. No podía ir ahí. Demasiados recuerdos.
No podía quedarse en el Hellicarrier. Muchas personas no podían verlo a los ojos. Y los que podían lo miraban con desprecio. Y además estaban los empujones "accidentales" que había recibido de los equipos de Asalto.
No podía ir a la Torre Stark. Demasiado cerca de toda la acción. Demasiados recuerdos ahí.
Estaba oscuro cuando Clint escapó del Hellicarrier la noche después de la Batalla de Nueva York. Logró tomar un quinjet a la base de DC. Luego se dirigió, rápidamente, a Nueva York. Sabía exactamente a donde se dirigía. El único lugar donde podía sentirse a salvo. Donde no habían malos recuerdos. Donde podía ser solo Clint.
Básicamente se había negado a dejar correr sus lágrimas, no tenía derecho a llorar. Escuchó los pasos aproximarse. Pero no se molestó en reaccionar. Si alguien quería asesinarlo, ya no le importaba. No tenía nada porqué vivir. ¡Lo había perdido todo!
Un cuerpo cálido se envolvió alrededor de él. Encajando fácilmente con el cuerpo de Clint. Un par de brazos lo rodearon en consuelo.
-Supongo que lo sabes. –la voz de Tony no fue más que un susurro en su cuello –Quería ser yo el que te lo dijera. Para que al menos lo escucharas de un amigo, hermanito.
¿Y eso no sobrecogió el corazón de Clint? Porque mientras que casi todos lo odiaban, y con justa razón, ahí estaba una de las personas más importantes de su vida llamándolo un amigo y un hermano en la misma oración.
-Es mi culpa. –murmuró Clint –Es mi culpa que él está muerto.
-No. –Tony negó con la cabeza, aunque Clint lo sintió en lugar de verlo –No, no lo es.
-Sí, lo es. –contestó Clint –Ayudé a Loki. Se metió en mi cabeza y lo ayudé.
-¿Querías hacerlo? –preguntó Tony.
-Sí. –dijo Clint –En ese momento, sí. Quería adorarlo. Quería servirle.
-Te hizo algo, ¿no es así? –presionó Tony.
-Tocó mi pecho con ese estúpido cetro. –admitió Clint –Dijo que tenía corazón.
-Él tenía razón. –dijo Tony con suavidad –Amas tanto y tan intensamente. Creí que Coulson rompería tu corazón. Pero nunca así… nunca así.
Clint se congeló cuando sintió las lágrimas de Tony caer por su cuello. Eso abrió sorpresivamente una puerta en su mente y empezó a sollozar. No podía parar. Aunque ni una solo lágrima cayó por su rostro. Pero el sollozó suficiente para dejarlo salir todo.
Sollozó hasta que el cansancio lo llevó al mundo de los sueños.
Tony seguía enredado alrededor de Clint cuando este despertó. Por un largo, largo tiempo Clint trató de recordar porqué eso estaba mal. Porqué Tony no debería de estar ahí. Pero su mente no podía seguir ese tren de pensamiento por mucho tiempo. Cada tantos momentos su mente seguía volviendo a Phil.
-Hey. –Tony finalmente se desenganchó -¿Quieres desayunar?
Tony estaba estirándose cual gato, claramente tratando de destensar se espalda.
-¿Cómo estás aquí? –preguntó Clint. Finalmente logrando encontrar cual era el problema con la situación.
-JARVIS me dijo que estabas aquí. –Tony se encogió de hombros –No quería dejarte solo. No después de… eso, así que pensé que sería mejor que tuvieras a alguien aquí.
-Pero… –Clint frunció el ceño –Te fuiste. Tenías un trabajo. Te fuiste.
-Regresé, –contestó Tony –cuando escuché lo que estaba pasando. Mi trabajo había terminado. Las cosas estaban algo caóticas por allá. Tomé prestado un avión. Yo diseñé esa cosa, así que sé como volarla. Regresé. Me necesitabas.
-¡Era peligroso! –señaló Clint.
-¿Y? –Tony se encogió de hombros –Había escases de suministros. Muy pocos refugios seguros. Las personas estaban siendo lastimadas. Tenía que hacer algo. Hubo un tiempo en que solo habría lanzado dinero al problema, si es que siquiera hubiera hecho algo. Pero ya no soy más ese hombre. Ya no puedo ser más ese hombre. Tenía que involucrarme de alguna manera. Ensuciarme las manos. Recordarme a mí mismo que soy un mejor hombre de lo que solía ser. Así que regresé. Fue mi decisión, Clint. Por favor, respeta eso.
Y por mucho que a Clint le gustaría estar en desacuerdo, no podía. Quería envolver a Tony en algodón y mantenerlo a salvo del resto del mundo. Pero Tony estaba determinado… tan determinado a hacer lo correcto. Era adorable.
También era peligroso. Tony podía haber salido herido. De hecho, mirando más de cerca, Clint podía ver que si lo había sido. Había unos moretones apenas visibles en la piel de Tony. Y algunos cortes, que necesitarían tratamiento. Afortunadamente nada peor.
-Estás herido. –Clint rodó y se levantó.
-Tú también. –contestó Tony –Y creo que tu estás peor. Sanaré.
-Estoy acostumbrado. –Clint se encogió de hombros.
-¿Estás acostumbrado a un corazón roto? –Tony levantó una ceja –Mira, no te preocupes por mí. Esto es como un mal día en el laboratorio para mí. He estado peor. Una vez casi me di una contusión.
-Pero puedo ayudar. –discutió Clint.
-¿Quieres ayudar? –preguntó Tony.
-Sí. –asintió Clint –Apartará mi mente de las cosas. Por favor, Tony.
-Seguro. –Tony encogió lo hombros –Sé donde puedes ayudar.
Antes de que Clint lo supiera, estaba de vuelta en la Torre Stark mirando todo el caos. Solo que era caos organizado. Happy estaba dirigiendo equipos de civiles para limpiar el desastre y los escombros. Un equipo de médicos estaban atendiendo a los heridos y revisando a los que estaban siendo encontrados.
Tony caminó entre ellos, como si fuera algún tipo de rey. Pero también un gran gobernante. Estaba preguntando a la gente si tenían todo lo que necesitaban. Estaba revisando que los suministros de comida siguieran ahí. Y que todos hubieran tenido una cama la noche anterior.
Tony había abierto su Torre y había recibido a todos. El centro de la destrucción se había convertido en el símbolo de esperanza. Había comida, calor y electricidad. Clint podía ver a varias personas escribiendo en laptops y cargando sus celulares. No sabía que parte jugaban ellos en los esfuerzos de reconstrucción, pero estaba claro en la forma en que había sido dejados en paz que si eran una parte. O tal vez estaban descansando.
Tony subió por varios tramos de escaleras y entró en una grande habitación. Probablemente diseñada para conferencias, pero que ahora estaba reproduciendo una película de Disney.
-¡Tony! –un par de niños apartaron los ojos de la pantalla y se lanzaron hacia él -¡Regresaste!
-Por supuesto que lo hice. –Tony les sonrió –Les dije que lo haría.
-Pero dijiste que tu amigo te necesitaba. –dijo un niño mayor.
-Bueno, Danny, -contestó Tony –por eso lo traje de regreso conmigo.
Clint casi se encogió cuando varios pares de ojos voltearon hacia él.
-Él es Clint. –dijo Tony –Quiere ayudar. Así que lo traje aquí.
Clint echó un vistazo alrededor del cuarto. Estaba lleno de niños. Algunos heridos, pero todos ellos felices y sonrientes.
Y lo golpeó como un fuerte peso en el pecho, esto era lo que había ayudado a salvar. Todos estos niños. Los había salvado.
Ok, si, había ayudado a ponerlos en peligro en primer lugar. Pero era probable que hubiera pasado en primer lugar.
Pero los había salvado. Estaban a salvo. Estaban protegidos. Estaban felizmente viendo… ¿qué era eso? ¿Síganme, chicos?
Tony se acomodó en una esquina con una tablet y comenzó a trabajar en algo. Clint no podía ver en qué, pero se permitió relajarse. Tenía un trabajo que hacer.
Tenía niños que entretener. Había pasado mucho tiempo desde que había sido un chico de circo. Pero algunas cosas nunca se olvidaban. Sin importar cuanto tiempo pasara. O cuanta distancia ponías entre eso y tú.
Tomaron otros dos días que las cosas estuvieran lo suficientemente organizadas para que las personas comenzaran a regresar a casa.
De alguna forma Tony había organizado milagros, arreglando que los caminos fueran despejados, que la estabilidad estructural de los hogares fuera revisada, que la electricidad y demás fueran reconectados, que las acomodaciones fueran entregadas, que las familias fueran reunidas.
Y todo sin autorización oficial.
Tony casi por sí solo había reparado Manhattan. No le fue difícil a Clint sumergirse en la tarea. Descubrió que las labores físicas hacían que su cuerpo doliera de buena manera. Mantenía su mente enfocada en otra cosa. Y nadie le hizo preguntas sobre a quién había perdido o cómo lo estaba sobrellevando o cómo se sentía. Nadie lo rechazó. Lo recibieron con los brazos abiertos. Sus heridas por la batalla fueron atendidas. Pero nadie esperaba que descansara y se recuperara.
Para cuando Steve y Natasha llegaron, Clint había empezado a encontrar algo de paz para si mismo. Era extraño y probablemente más que un poco tonto. Pero era la verdad.
No podía cambiar el pasado. Solo podía hacer su paz con ello. Y estaba encontrando que cada vez era más y más fácil. Porque no estaba enfocado en él y en lo que había pasado. Estaba enfocado en ayudar a alguien más.
-Clint. –la voz de Natasha fue suave cuando se le aproximó.
-Él regresó. –murmuró Clint, tan bajo que nadie más podría oírlos –Dejó el Hellicarrier y regresó.
-Lo sé. –contestó ella –Fury está destrozando a todos por los que debió haber pasado.
-Bien. –Clint fue firme -¿Qué los detuvo?
-Fury está furioso. –Natasha se encogió de hombros –El misil vino de uno de nuestros aviones. Del Hellicarrier.
Clint se congeló en shock. ¿Había sido una de sus propias armas? ¿Casi habían muerto por una de sus propias armas? Ahora tenía idea de cómo Tony se había sentido en Afganistán.
-Fury te quiere de regreso para una junta sobre todo lo que pasó y partir desde ahí. –dijo Natasha.
-¿Cuándo? –suspiró Clint.
-Hoy o mañana. –dijo Natasha –Quiere hacerla antes de que Thor se lleve a Loki y el Tesseracto de regreso a Asgard. Y antes de que Banner desaparezca, o lo intente, de nuevo.
–No creo que Tony aprecie que desaparezcamos tan pronto. –señaló Clint –Sobre todo después de que les tomó dos días aparecer.
-Nos tomó dos días llegar aquí. –contestó Natasha –Venimos en el Hellicarrier. Una hora, dos a lo máximo. No debería molestar mucho a Tony. Solo diremos que saldremos a ayudar.
-Bueno, -sonrió Clint –si logras apartar a Tony de Steve. Solo digamos que extrañó al Cap.
-Hay sido solo dos días. –señaló Natasha.
-Más bien tres. –contestó Clint –Y él no sabía que Steve no estaba en la Torre. Creyó que Loki había atacado a Steve hasta que le dije lo contrario. No ayudó que ninguno de nosotros contestara nuestros teléfonos.
Natasha asintió.
Como Clint esperaba, tomo un tiempo poder separar a Steve de Tony. Pero ahora estaban todos en una sala de conferencias, sentados alrededor de una mesa, con Fury al frente.
-¿Por qué no está el Hombre de Hierro aquí? –preguntó Thor –Es un valiente guerrero. ¿Sus heridas son tan graves que impiden su asistencia?
-Ese no es el problema. –murmuró Hill.
-Iron Man es un villano. –dijo el Director –Su identidad también es desconocida. No sabemos como encontrarlo.
-¿Un villano? –Thor alzó una ceja –Dudo eso Nicholas de Fury. Él habría dado su vida por nuestra protección. No tiene el corazón de un villano.
-Sus acciones previas hablan por si mismas. –gruñó Fury –Ahora, dejando eso de lado, ¿alguien tiene algo qué agregar antes de comenzar esta junta?
Hubo una negativa general.
-Doctor Banner, -Fury se giró hacia el científico –usted dijo que no sabía lo que Hulk hacía. ¿está seguro acerca de eso?
-Tengo imágenes vagas. –Banner se encogió de hombros –Impresiones. A veces palabras. Pero no mucho. A veces las palabras son cosas que escuchó. A veces son cosas que pensó. Mire, solo puedo decirle que el otro sujeto siente respeto hacia el Capitán América. No el suficiente para obedecer cada orden. Pero el suficiente para considerar las órdenes del Capitán. No le agrada Thor. Pero no lo odia tampoco. Trabajará a su lado de ser necesario. Hawkeye y la Viuda Negra… no lo sé. No siente nada que yo pueda identificar respecto a ellos. Loki, siente desdén. A falta de una mejor palabra. Iron Man…
-¿Si? –presionó Fury.
-No lo sé. –Banner negó ligeramente con la cabeza -¿Protección? ¿Agrado? ¿Cuidado? Solo tengo la imagen de Iron Man en mi cabeza, con las palabras "hombre de lata" alrededor. También tiene una fijación con el brillo en su pecho. No sé porque.
-Así que nada realmente útil. –Hawkeye podía ver que Banner estaba incómodo con el escrutinio —Prácticamente igual que el resto. Mire, señor, Loki ha Sido derrotado. La invasión se acabó. La limpieza está llendo bastante bien. ¿Qué importancia tiene realmente ahora Iron Man? Estaba trabajando con nosotros.
—Importa, —congestó Fury —porque la gente está empezando a echarle la culpa por el misil. Importa porque el Consejo de Seguridad Mundial quiere que todos miren hacia el otro lado y dejarlo de esa manera. Si puedo ponerle un rostro y un nombre al traje, puedo discutir que no tenía la capacidad de conseguir un misil.
—¿Se atreverían a manchar el honor de un valiente guerrero? —rugió Thor.
—Cuando se trata de salvar sus traseros? —murmuró Clint —¿Por que fueron ellos los que lo autorizaron? Demonios, sí.
—No saben nada de batallas y honor verdadero. —refunfuñó Thor.
—Eso suele ser verdad. —coincidió el Capitán América —Director, si ya terminó con nosotros, yo, por mi parte, me gustaría ir a casa. Dónde mi esposo está tratando de reconstruir Nueva York en estos momentos, mientras que los políticos siguen discutiendo sobre a quien deberíamos apresar por protegerlos en lugar de poner de su parte para ayudar a arreglar lo que está roto.
Fury se dió la vuelta y salió de la habitación.
—Supongo que podemos irnos. —murmuró Banner —Debo irme. Quiero ayudar.
—Intenta en la Torre Stark. —sugirió Hawkeye —Tony tiene un verdadero ejército trabajando en limpiar las calles. Pero le faltan médicos.
Banner asintió en respuesta. Hawkeye no tenía duda de que ahí es a dónde iría.
Tenía razón. Cuando Clint, Steve y Natasha regresaron a a Torre, habiendo regresado de enviar de vuelta a Thor y Loki, Bruce ya estaba sumergido en atender a varios pacientes en el área médica.
—¡Steve! —Tony se lanzó hacia su esposo —¡Mira! Es el Doctor Banner. ¡Brucie! Quiero quedármelo. Voy a quedármelo. Tendrá un piso de la Torre. Se va a quedar ahí.
Banner les dió una sonrisa tolerante, claramente esperando que Steve rechazara la idea. Clint estaba divertido y lanzó una sonrisa ante las acciones de Tony. Estaba actuando como un niño pequeño. Claramente se le estaba pegando de los niños.
—¡Y también Clint! —agregó Tony.
—¡Espera! ¿Qué? —Clint parpadeó sorprendido.
—Bueno, es obvio, ¿no? —Tony se movió para jalar a Clint a un abrazo —No quieres ir a casa. Tampoco quieres realmente estar solo. Así que vas a mudarte. Ya tengo un piso preparado para ti de todas formas. Ni siquiera resultó dañado. Lo revisé.
Tony estaba actuando inusualmente empalagoso. Algo que normalmente habría preocupado a Clint. Pero estaba seguro de que era debido a la invasión. Tony probablemente estaba en modo de superviviente, incluso si no había estado involucrado para nada en la pelea.
—No puedes discutir conmigo. —apuntó Tony —Te quedas. ¡Y eso es todo!
Y entonces se lanzó a lidiar con algo más.
—¿Steve? —Clint miró al soldado.
—Tú trata de discutir con él. —Steve se encogió de hombros —Yo no. Me hará dormir en el sofá. Además... ¿puedes decir realmente que está equivocado? Es mejor que cualquier alternativa.
Clint cerró los ojos. Los dos tenían razón. No quería estar solo. Y no quería ir a casa. Así que sabía que accedería a los deseos de Tony.
—Yo no me quedaré. —le aseguró Banner a Steve —Tony no parece tener un buen sentido de seguridad personal. No es seguro que me quedé en Nueva York.
—No lo sé Doctor. —Steve inclinó su cabeza hacia un lado —Me parece que es un buen amigo para mantener cerca. Al menos no tendré que preocuparme de que alguien lo convierta en uno de sus monos voladores. Y no tengo que preocuparme de que usted se enoje porque siempre está enojado.
Los ojos de Banners se abrieron enormemente, antes de que alzara su mano ligeramente para trazar una estrella en su pecho.
—Apreciaría su discreción. —dijo Steve —Mi esposo no sabe y preferiría que no lo averiguara. Está más seguro de esa manera.
—¿Está seguro? —preguntó Banner. Clint sabía que no estaba preguntando sobre el conocimiento de Tony, o la falta de este, sino más bien sobre la decisión de Steve de dejarlo quedarse. De animarlo a quedarse.
—Absolutamente. —asintió Steve —Es bienvenido a quedarse por cuanto lo desee. No hay una jaula aquí.
—Gracias. —solto Banner en un suspiro —No dejaré que nada le haga daño.
—Lo sé. —sonrió Steve —Estos son Clint y Natasha. Espero que podamos unirnos.
—Entendido. —aceptó Banner.
Y eso fue todo.
