Capítulo 30
-¿Recuérdame otra vez por qué estoy aquí? –le preguntó Clint a Tony, mientras trataba de no juguetear con el collar de su camisa y si corbatín.
-Porque no pude evitar venir a este evento. –Tony lograba parecer estar completamente cómodo en su atuendo formal. Casi como si hubiese nacido en traje.
Clint se preguntó que edad tendría Tony la primera vez que usó un traje hecho a medida.
-¿Y eso significa que yo tengo que estar aquí porque sí? –Clint logró abstenerse de maldecir, no creía que se vería bien entre los invitados de la fiesta.
-Puedes maldecir o insultar si quieres, -Tony sonrió burlón –están acostumbrados a peores comas de mi. Tú tienes que estar aquí porque tengo una entrada para traer un invitado extra. Y si tienes una de esas es un suicidio social el no traer a alguien.
-Pudiste haber traído a Pepper. –sugirió Clint.
-Ella tenía su propia invitación, -Tony se encogió de hombros –así que no podía. Iba a traer a Steve. Pero le surgió ese trabajo de último minuto. Como suele pasar.
-Sabes que Steve no iría si no tuviera que. –Clint inmediatamente defendió a su amigo.
-Lo sé. –suspiró Tony –Es solo que a veces desearía que nuestro trabajo no interfiriera tanto en nuestras vidas. Y sí, sé que tengo tanta culpa como él. Si no más. Pero puedo desearlo, ¿o no?
-Podrías hacer algo sobre ello. –le recordó Clint –tómate un respiro de vez en cuando. El mundo no se va a acabar solo porque te tomaste un par de días de más en crear algo revolucionario. Sigues operando más rápido que cualquiera en el negocio. He escuchado comentarios de que tan rápido trabajas en los laboratorios de I&D.
-¿Bajas ahí? –Tony parpadeó sorprendido.
-Me hice amigo de uno de tus internos. –Clint tomó un sorbo de su bebida –Bajo a hablar con él.
-Peter, ¿verdad? –cuestionó Tony –Hey, no estoy ciego. El chico necesita a alguien como tú. Alguien que sea para él algo así como un hermano mayor. Tengo la sensación de que suelen dejarlo fuera de las cosas. Demasiado inteligente para jugar con los chicos cool. Demasiado joven para socializar con personas que compartan su intelecto. Y sin suficiente dinero para cerrar aquel espacio.
-Por eso es que lo escogiste. –se dio cuenta Clint –Viste un poco de ti en él. No querías que fuera por el camino que tú casi tomaste.
- Tú, mi amigo, -Tony señaló a Clint con su copa –eres peligrosamente perceptivo. Pero no le digas a Peter, preferiría que no se enterara de mi brillante plan. O que técnicamente le estoy pagando de más, dándole poco trabajo y más tiempo para trabajar en sus propios proyectos.
-Tú, Tony Stark, -sonrió Clint –tienes corazón de pollo.
-Shhh. –Tony llevó un dedo a sus labios –No dejes que nadie lo sepa. Es un secreto. Tengo que mantener mi reputación. A veces es útil.
-¿Para qué es todo esto por cierto? –Clint frunció el ceño –No creo haberlo captado entre todo el asunto de traerme aquí.
Clint sabía que él había sido la única persona disponible en la torre. Se había lesionado la muñeca en una caída durante la última misión. Aún tenía usar una muñequera. Pero aun así, Tony debía de haber sabido de la fiesta por alrededor de dos semanas, y Steve se había ido hace cuatro días.
-esperaba que Steve regresara a tiempo, -Tony se encogió de hombros –pero no pudo. Esto es en celebración a que Henry Pym ganó el Premio Wolf en Química. Creó un gas que temporalmente provee inmunidad limitada a la radioactividad, en ciertas circunstancias. Un descubrimiento fascinante.
-¿Y eso es importante porque? –Clint frunció el ceño –Me refiera que sé que puede ser útil. Pero solo bajo determinadas circunstancias. Así que tendría una aplicación bastante limitada. ¿Por qué el Premio Wolf es tan importante?
-El Premio Wolf es usualmente un buen indicador de quien ganará el Premio Nobel el siguiente año. –dijo Tony –Así que la mayoría de la gente cree que Hank estará en Estocolmo el siguiente diciembre.
-¿Y tú? –le preguntó Clint.
-No estoy seguro. –contestó Tony –Puedo ver como podría ser útil, pero también creo que esrá demasiado limitado en su estado actual. Pienso que aún queda mucho trabajo que hacer en él. Honestamente no creo que esté en el estado adecuado para ser premiado. Pero con el clima político y la necesidad de algo como esto… la gente quiere esperanza. Y yo no tengo voto en esto.
Tony terminó su copa. Clint sabía que solo contenía una mezcla de limonada y jugo de manzana (él estaba bebiendo lo mismo), pero se veía convincentemente parecido a la champaña. Probablemente por la proporción exacta de jugo de manzana en la limonada, la cual Tony había explicado con lujo de detalle con uno de los camareros casi en cuanto llegaron al evento.
-¡Anthony Stark! –sonreía la voz y el que habló-¿Por fin saliste de tu largo retiro? Te ves increíble.
-Aldrich Killian. –Tony lo saludó con calma –Te ves… te ves bien.
-Ten. –Aldich tomó una copa de uno de los camareros y se la dio a Tony –Te serviría un más.
Tony colocó de forma elegante su copa en una de las bandejas de los camareros que iba pasando y aceptó la nueva copa. Sin embargo Clint notó que Tony ni siquiera pensó en tomar un sorbo, simplemente sostuvo la copa.
-¿Y este es tu esposo? –Killian ni siquiera se molestó en hablar con Clint.
Eso no le pareció bien al arquero. De echo había algo definitivamente extraño en Killian, decidió Clint. No estaba seguro de qué era. Si era que estaba recibiendo las vibras de disgusto y desconfianza que Tony emitía o si era algo inherente en el hombre, Clint no estaba seguro. Pero sabía que no le agradaba Killian desde su rubio, perfectamente estilizado cabello hasta la punta de sus relucientes zapatos.
Clint sentía la necesidad de alejar a Tony de ese hombre. De envolver a Tony en una capa protectora de cualquier maldad que pudiese venir de Killian.
Pero no podía.
-No. –Tony sonrió mientras contestaba la pregunta –Desafortunadamente a Steve lo llamaron negocios. Este es Clint. Uno de mis mejores amigos. Él accedió a acompañarme esta noche.
-¿Dejas que tu esposo trabaje en horas tan poco convenientes? –preguntó Killian casi desafiante -¿Acaso necesita trabajar?
-¿Financieramente? –sonrió Tony burlón –No, no lo necesita. Pero yo tampoco. Y aun así trabajo. Pero aún así tengo que. Porque tengo todas estas ideas en mi cabeza que necesitan salir de alguna forma. De cualquiera. Trabajo porque lo disfruto. Y él también lo hace. Si le quitara las cosas que disfruta, no sería el hombre que amo. Si eso significa que a veces debe de viajar por trabajo… bueno, he hecho peores cosas por menos.
-Hablando de trabajo, -dijo Killian casi lascivamente -¿has tenido de revisar mi proposición? Lo he enviado a tu compañía varias veces, pero creo que lo traspapeló tu secretaria… digo tu Vice-CEO. No hay duda de que si lo hubieses visto entenderías el potencial que tiene.
-Aldrich, -suspiró Tony –leí tu propuesta. Concuerdo contigo, tiene bastante potencial. Pero no creo que sea lo más adecuado conforme a la dirección que Industrias Stark está tomando. No puedo en buena consciencia comprometerme con ello. Te recomendaría buscar una asociación con una empresa diferente.
-No. –Killian negó con la cabeza –Tiene que ser Industrias Stark. Tienes que ser tú. Eres la única persona, aparte de mí mismo, con la visión para llevar este proyecto correctamente. Piensa en todo el bien que podríamos hacer juntos, Anthony.
-Mi decisión es final. –la voz de Tony se hizo fría –Además este no es lugar ni el momento para tener esta discusión. Creo que veo a una amiga. Tal vez te vea más tarde.
Tony se alejó, Clint lo siguió tratando de ponerse en medio de Tony y Killian. Sabía que no se estaba imaginando las olas de malicia que salía de Killian hacia Tony. Sin embargo esperaba que se estuviera imaginando el sentimiento de lujuria que podía percibir.
-Clint, -murmuró Tony -¿puedes hacerme un favor?
-Lo que sea. –contestó Clint sin tener que pensarlo.
-¿No dejes, bajo ninguna circunstancia, que se me acerque estando solo durante lo que queda de la noche? –pidió Tony.
-Esta noche o cualquier otra. –contestó Clint -¿Qué fue todo eso? ¿Quién es él?
-Te explico más tarde. –suspiró Tony –Te lo prometo… solo… no ahora. Y no dejes que ella se me acerque tampoco.
Señalo a una castaña bastante hermosa.
-¿Y ella es? –preguntó Clint.
-Maya Hansen. –respondió Tony –La mano derecha de Killian por lo que sé. Ella también me quiere a bordo del proyecto. Y lo podría hacer un intento también. Ella cree que tiene una ventaja.
-¿Por qué? –lo presionó Clint.
-La llevé a mi habitación una vez. –Tony se encogió de hombros –Aunque no me acosté con ella. Aun así ella sigue diciendo que sí. Supongo que es mejor que admitir que preferí irme a trabajar.
Clint simplemente asintió. Tenía un millón de preguntas. Pero no era el momento adecuado para hacerlas. Simplemente decidió tomar nota del nombre y el rostro para investigarlos más tarde.
También decidió que no le quitaría el ojo de encima a Tony en toda la velada. Que lo mejor sería mantenerlo sano y salvo de los tiburones que nadaban en el estanque. ¿Quién diría que había tantos peligros en un evento social?
Bueno, además de los que Clint había catalogado antes de llegar al lugar. Pero no había creído que los invitados inscritos en la lista que tenían los de seguridad podían ser tan peligrosos (o incluso más) que algunos criminales o terroristas.
-¡Hank! ¡Hope! –Tony sonrió enormemente al acercarse a ambos -¿Cómo han estado? Felicidades Hank.
Clint notó la diferencia de edades, y el ligero parecido entre ambos. Claramente emparentados. Posiblemente pared a hija.
-¡Tony! –la mujer le devolvió la sonrisa y lo abrazó, besándolo en ambas mejillas con entusiasmo. Antes de hacer lo mismo con Clint -¿Y quién es este atractivo hombre? No creas que voy a notar lo que hiciste aquí, Tony. Tu sastre tiene un estilo particular cuando hace algún encargo yuyo.
-¿Acaso fue demasiado, Hope? –Tony alzó una ceja.
-Ponerle un letrero que dijera 'Propiedad de Stark' hubiera sido más discreto. –contestó Hope con una risa –Al menos para aquellos que sabemos de moda.
-Hablando de eso, -suspiró Tony –fui un ingrato con Pepper otra vez. ¿Qué es lo último que hay en la moda que crees que le gustará como disculpa? Espero que en ese aspecto te parezcas más a yu madre.
-Te enviaré algunas opciones, –dijo Hope –sabiendo que conoces lo suficiente de moda como para ser peligroso. Gracias a Dios que escuchas a tu sastre. Siempre has tenido conocimiento para lo que te queda a ti. Y puedes identificar a las marcas grandes. Pero en cuanto a los detalles más pequeños… eres como la mayoría de los hombres.
-Siento que debería sentirme insultado. –sonrió Tony –Es bueno verte, Hope.
-A ti también, Tony. –casi susurró Hope –Las fiestas no han sido las mismas sin ti. No tan divertidas.
-Sigo recuperándome. –Tony se encogió de hombros –En estos días prefiero las fiestas tranquilas. Con solo algunas cuántas personas. Por cierto, él es Clint. Uno de mis mejores amigos. Clint, ella es Hope Van Dyne. El callado caballero a su lado es el invitado de honor de esta fiesta, su padre, el Doctor Hank Pyn.
-¿Detecto una nota de envidia, Stark? –casi lo retó Pym.
-No creo que tu investigación esté en el punto en el que todo esto sea apropiado. –contestó Tony –Tu gas aún está formulado al punto en que pueda ser usado en Japón o incluso Chernóbil. Es un invento brillante. Pero aún no tiene aplicaciones en el mundo real. Y llegarás a ello. No tengo dudas de eso. Pero siento que esto es prematuro.
-Acepto que aún no es completamente aplicable en situaciones fuera del laboratorio, sin embargo tienes que admitir que en condiciones de laboratorio tiene usos múltiples. –le recordó Pym –Con un poco de tiempo lo mejoraré para que tenga más aplicaciones al mundo real.
-¿Has considerado colaborar con el Doctor Banner? –preguntó Tony –Es uno de los principales expertos en Radiación Gamma.
-Había considerado consultar con él previamente. –Pym se encogió de hombros –Sin embargo tienes que admitir que las cosas son diferentes ahora.
-¿Por qué? –Tony se veía confundido.
-Hulk. –dijo Pym firmemente.
-Es un blando. –contestó Tony con calma –Mira, nunca ha aparecido conmigo. Y yo no promuevo un ambiente de trabajo calmado y libre de estrés exactamente. Al menos no en mis laboratorios personales, que es donde usualmente pasa la mayor parte del tiempo. So yo no lo hago aparecer. Tú menos. Además, no tienes que temerle a Hulk.
-Es un monstruo sin consciencia, Stark. –contestó Pym.
-No. –sonrió Tony –Y lamento que no puedas ver eso. Él realmente podría ayudar a tu investigación, pero es tu pérdida. No la suya.
Tony dio un cabezazo y se alejó. Sin siquiera molestarse en despedirse.
Clint estaba buscando la forma delicada de decirle a Tony que estaba siendo un poco abrasivo. Al final decidió rendirse.
-¿Estás seguro que fue bueno decir eso? –soltó Clint –Digo, sé que tienes la reputación de que eres un idiota. Pero creo que eso fue un poco excesivo para este tipo de evento.
-Clint, -sonrió Tony –he dicho peores cosas. He hecho peores cosas. Créeme, ¿esa pequeña escena? No será un punto en el radar de Hank para mañana. Probablemente ni siquiera en una hora. Además, él sabe que estoy en lo cierto. Eso es lo que realmente le molesta. El hecho de que yo estoy en lo correcto y él equivocado. Que él necesita la ayuda de Brucie-bear si quiere terminar su proyecto rápidamente. Puede que lo termine él solo. Pero no sería ni la mitad de rápido que con ayuda. Agrégale que su presupuesto para investigación proviene del Departamento de Defensa…
-Y justo ahora Bruce no les agrada demasiado. –resopló Clint -¿Entonces por qué lo sugeriste?
-Porque si puedo hacer que la comunidad científica piense en colaborar con Bruce otra vez, -respondió Tony encogiéndose de hombros –puedo hacer que vuelva al campo más rápidamente. Restauraría su reputación y resolvería muchos problemas de insuficiencia. Además, tiene una mente brillante, sería una pena que se desperdiciara… hablando de mentes, ahí veo una.
Y ahí iba Tony otra vez. Con Clint yendo tras él. Empezaba a sentir que esto era más una misión de guardaespaldas que simplemente acompañar a un amigo. Ciertamente Tony estaba sacando de quicio a mucha gente.
Pero era más que eso. Clint había visto las miradas que Tony estaba recibiendo. Escuchado (o leído los labios) los murmullos de que Tony no debería estar ahí. ¿Qué estaba haciendo el Mercader de la Muerte en una celebración como esta?
Clint podía ver que la mayoría de esa malicia venía de aquellos con menos riqueza y/o inteligencia que Tony. Parecía que Tony, a pesar de su anterior vida fiestera, había sido lo suficientemente cuidadoso para evitar a los envidiosos… o al menos a los que tenían malas intenciones. En lugar de solo los envidiosos.
-¡Charles! –Tony saludó a un hombre en silla de ruedas.
-Anthony. –el hombre sonrió en respuesta.
Profesor Xavier, informó la mente de Clint, telépata. Lector de mentes. No pienses en elefantes rosas.
-Es Tony. –lo corrigió enseguida -¿Cómo has estado? ¿Me dejarás hacerte un silla flotante?
-Estoy feliz con la que tengo por ahora. –contestó Xavier -¿Cómo estás? Me sorprendí de escuchar sobre tu boda.
-También la mayoría de la gente. –sonrió Tony –Ese era el punto. Casi llegué a mi primer aniversario antes de que se hiciera público. Lo considero un logro.
-Muy cierto. –asintió Xavier –Lo has hecho bien con tu compañía desde que la recuperaste. Mis felicitaciones. Siempre supe que tenías más potencial que del que dejabas ver al mundo.
-Más bien que el que el mundo quería ver. –contestó Tony –Por cierto, él es Clint. Un buen amigo.
-Puedo verlo. –sonrió Xavier –Aunque es un pez pequeño entre los tiburones de aquí. Debiste de haberlo preparado mejor.
-¿Y qué si me gusta de la forma en que es? –contestó Tony desafiante –Libre de la malicia, la traición y las mentiras. Oh dios, los mentirosos. Los peores de lo peor. Escondiendo todo tras mentiras y mentiras. Y yo soy el Rey de las Mentiras. El Peor de los Mentirosos.
-No, no lo eres. –interfirió Clint –No eres un farsante. Ni un mentiroso. Eres bueno, honesto y real. Tienes un gran corazón, aunque trates de ocultarlo. Y entiendo porque lo haces. Porque es tan grande que la gente podría destruirte con él. Te importa. Te importan mucho tantas personas. Eres un buen hombre. Y no creo que suficientes personas te hayan dicho eso.
-Él tiene razón, Anthony. –coincidió Xavier –Eres un buen hombre. Y por eso es que te sientes tan traicionado cuando las personas te lastiman. Confías con todo tu ser en aquellos a los que amas. Y eso no es malo. Es algo muy bueno. Si más personas amaran y atesoraran las cosas que amas y aprecias, el mundo sería un mejor lugar.
-¿Qué? –Tony alzó una ceja -¿Comida, alegría, canciones y por encima de todo acumular oro? No lo creo Charles. Has que Hank me llame. Estoy seguro de que Bruce apreciaría sus conocimientos de genética. Ciertamente publicarían un artículo que me encantaría leer.
Tony se dio la vuelta y se alejó. Clint estaba dividido entre seguirlo y quedarse lo suficiente para asegurarse que el Profesor Xavier supiera como se sentía sobre lastimar a Tony.
-No. –Xavier cerró sus ojos, casi como si se lamentara –Amigos y familia. Amor y lealtad. Protección y paz. Estás más roto de lo que dejas ver, Anthony.
La mitad de Clint temblaba rabioso. La otra mitad concordaba con lo que Xavier había dicho. Mientras que durante todo ese tiempo su cerebro trataba de no dejar que Xavier leyera su mente.
-Clint, -Xavier se giró hacia el arquero –soy telépata. Sin embargo soy también un hombre con una conciencia y un código moral. Una regla que tengo es la de no husmear dentro de las mentes de las personas, a menos que crea que la vida de esa persona está en riesgo. Dicho eso, no puedo evitar escuchar lo que las mentes gritan. Como una pelea a gritos en medio de la calle. ¿Podrías tratar de dejar de pensar en no pensar en elefantes rosas?
Clint no pudo evitar el ligero rubor que cubrió sus mejillas, incluso cuando fue a alcanzar a Tony.
-¿Hank? –preguntó Clint –Le dijiste que te llamara antes.
-McCoy. –explicó Tony –No Pym. Un Hank diferente. Especialista en genética.
-Algo en lo que Bruce estaría interesado en colaborar. –concordó Clint –No sabía que conocías al Profesor Xavier.
-Un viejo conocido. –Tony se encogió de hombros –Era una amigo de Howard. Algo que Stane no aprobaba. Pero Howard creía que Charles podía encontrar al Capitán América. Creía que los mutantes podían ayudarlo con su búsqueda. No que le sirviera de algo. Xavier no podía sentir los pensamientos del Capitán América. Y ninguno estaba dispuesto de unirse a la búsqueda. No estaban dispuestos a mostrar sus habilidades. No estaban… tan orgullosos sobre ello en ese entonces.
-¿Tú no los apruebas? –Clint sabía que nunca habían discutido sobre los mutantes.
-No es sobre eso. –contestó Tony –Nunca ha sido sobre eso. Nadie debería de tener que esconder quien es en realidad. No deberían tener que mentirle al mundo. No… lo que no me agrada… es la arrogancia.
-¿Arrogancia? –Clint parpadeó sorprendido.
-Homo Superior. –dijo Tony –Eso es arrogancia. Se están diferenciando a sí mismos como especie diferente a los humanos. Y peor, clamando que son mejor que nosotros. En el simple nombre. Y aun así no son mejores que nosotros. Somos iguales. Y no son una especie diferente. Son Homo sapiens, como nosotros.
-No. –Clint negó con la cabeza –Todos concuerdan con que son una especie diferente.
-La definición de una especie es un grupo de organismos vivos consistentes de individuos similares capaces de intercambiar genes o que al reproducirse producen crías fértiles. –casi recitó Tony –Un mutante puede tener hijos fértiles con un humano. Así que somos la misma especie. Solo con diferencias. Una mutación no es diferente a tener ojos verdes.
Y ahí iba Tony otra vez. Una vez más dejando a Clint con dudas. Su millón de preguntas rápidamente se estaban convirtiendo en un billón. Y aun así sabía que no podía preguntárselas todas a Tony. Porque algunas revelarían conocimientos que no supondría que tuviera. Pero las dudas aún lo atormentaban.
Una imponente figura se interpuso en el camino de Tony. Clint inmediatamente lo reconoció como una amenaza conocida.
Pero no una hacia Tony.
-Stark. –Ross vio con el cejo fruncido al hombre más bajo.
-General Ross, -Tony le dio una sonrisa ladeada –no sabía que estaría aquí. Este no es un evento de los que suele preferir.
-Tu pequeña pelirroja no me dejaba verte. –dijo Ross –También insiste que Industrias Stark no me ayuda… que no ayudará al ejército.
-Es bueno saber que Pepper me cuida. –respondió Tony –Le dije que no quería hablar contigo. E Industrias Stark si ayudará al ejército.
-Entonces puedes producir las armas que necesito.
-Ya no producimos armas. –lo corrigió Tony –Sin embargo tenemos una excelente línea de equipo de comunicación. Creo que sería algo en lo que estaría interesado. Parece que no recibe la mayor parte de las señales que as personas le envían.
-Vas a entregar al monstruo.
-No sé de lo que habla.
-Hulk. –gruñó Ross –Me lo entregarás.
-No. –los ojos de Tony se endurecieron bajo los lentes.
-No sabes con lo que estás lidiando.
-Creo que lo sé mejor que tú. –lo retó Tony –El Doctor Banner es un genio, no solo en su campo, puesto que fácilmente se adapta a otros campos de la ciencia. Me considero honrado de poder considerarlo como uno de mis amigos. Algo que no lo incluye a usted, General.
Clint no se molestó en esconder la sonrisa que la voz de Tony llevó a su rostro. De alguna forma, el Inventor había logrado hacer sonar la palabra "General" como si se tratase de un desperdicio que Tony debía de limpiar de sus zapatos.
-Te arrepentirás cuando el Monstruo se vuelva en tu contra. –dijo Ross con desprecio –Y lo hará. Te destruirá a ti y a los que amas. Solo que eres demasiado ciego para verlo. Y cuando eso ocurra me construirás armas para lidiar con ello.
-No. –Tony afiló su mirada –No obtendrás más tecnología Hulk-buster de mi. Y Pepper no aprobará eso tampoco.
-Cambiarás de idea cuando el Monstruo emerja. –dijo firme Ross –Cuando lastime a los que te importan.
-Oh, no tienes ni idea. –gruñó Tony –Ya es una piedra en mi zapato. Ya hace cosas con las que estoy en completo desacuerdo. Y es totalmente irrazonable. ¿Su insistencia en que coma tres veces al día? No lo entiendo. Sobrevivo a base de café, smoothies y donas. Y ocasionalmente ordeno comida china o pizza. Él no lo entiende. Él exige que desayune, coma y cene… y además, ni siquiera en mi laboratorio… ¡quiere que me siente al menos en una mesa en la cocina! Y me lleva un almuerzo preparado cada día. Y se asegura de que me lo coma.
-Y tiene esta idea absolutamente irracional de que tengo que dormir al menos siete horas cada noche. Incluso hizo que mi esposo se involucrara en esa última. Ahora Steve viene a mi laboratorio una vez que sabe que es seguro que me vaya, me carga y literalmente me lleva al dormitorio si no he dejado el laboratorio por mí mismo en un par de días. Y no me deja irme hasta la mañana. Tengo suerte de que Steve se levanta temprano, de otra forma no lograría terminar la mitad del trabajo que hago. ¿Es que ninguno de los dos lo entiende? No he tenido una buena noche de sueño en años. ¡Ese es el punto! Trabajo por días sin descanso si me llega la inspiración. Trabajo hasta que caigo rendido. Disfruto bastante de mis periodos de trabajo en ingeniería. La ingeniería invertida es realmente divertida. Tomo pequeñas siestas. Pedacitos de sueño. Una hora aquí. Dos horas por allá. Treinta minutos son lo que necesito. ¿Por qué necesitaría siete horas? No las he tenido desde que ingresé al MIT.
-Y además está la ridícula idea de que mis heridas necesitan ser atendidas por alguien… como si eso fuera realmente importante. He trabajado antes con un brazo roto. ¿Por qué necesitaría que alguien atendiera eso? Sé cómo lidiar con ello. Sé cómo lidiar con todo lo que pudiera pasarme en el laboratorio. No necesito que alguien cuide de mis auchis. Pero Bruce insiste. Y Steve lo alienta.
Clint apenas era capaz de aguantarse la risa. No era solo lo que Tony había dicho (lo cual era cien por ciento cierto, había visto a Steve cargar a Tony sacándolo del laboratorio). Pero los rostros de los sicópatas de Ross no tenían precio. Y el General se estaba tornando cada vez más morado con cada palabra que salía de la boca de Tony.
Y entonces la atmósfera cambió.
Clint pudo verlo antes que Tony. Clint se movió sin pensarlo.
Y detuvo la mano de Ross justo antes de que golpeara a Tony.
-No toque al Señor Stark. –dijo Clint.
-Has que tu guardaespaldas se retire. –ordenó Ross, después de tratar inútilmente de zafarse de Clint.
-No es mi guardaespaldas. –lo corrigió Tony –Es mi amigo. Decide por sí mismo cuando retirarse. Y no creo que quiera hacerlo justo ahora. ¿Clint? Es Tony.
-Perdón, Tones. –Clint se encogió de hombros –Fue por instinto. Cuando protejo a alguien usualmente no les gusta que los trate tan familiarmente.
-Eres mi amigo. –le recordó Tony –Y no soy un cliente. Incluso si tienes el hábito de revisar mis sistemas de seguridad cada mes.
-No voy a dejar que mi mejor amigo masculino viva en un lugar con mala seguridad. –contestó Clint –Especialmente cuando sé que tiene algunos enemigos rondando por ahí.
-¡Suéltame! –gruñó Ross a Clint, mientras seguía tratando de liberarse.
Clint lo soltó justo en el momento exacto causando de Ross cayera al suelo.
-Perro de ataque. –llamó Ross a Clint con desprecio.
-Y uno muy bueno, de hecho. –sonrió Tony –Y el lleva su propia correa, así que yo no intentaría nada. También puedo agregar, con absoluta seguridad, que puede vencerte en una pelea.
Tony no miró atrás cuando se alejó de Ross y sus sicópatas. Parecía no temer a recibir un ataque por sus palabras. Ya fuera porque confiaba en que Clint cubría su espalda o porque no creía que Ross se atrevería a actuar de manera violenta en tal lugar (el intento de abofetearlo previo siendo una anomalía), Clint no lo sabía. Tampoco le importaba mucho. No confiaba en Ross así que seguiría vigilante.
Sin embargo estaba tan ocupado poniéndole atención a Ross y a sus lame botas que no vio el siguiente ataque, aunque fue insignificante.
Una rubia se le acercó a Tony y le quitó los lentes de la cara.
-Señorita Everhart, -Tony le habló con calma –creo que esos son míos.
-Ni siquiera me miras a los ojos. –lo acusó ella.
-¿Y eso es un crimen? –le contestó él –Si es así no lo sabía. Y confieso voluntariamente en tal caso.
-Deliberadamente me excluiste de tu última Conferencia de Prensa. La única Conferencia de Prensa que has dado desde el incidente de Iron Man.
-Y la última vez que hablamos usted desencadenó un episodio de TEPT del cual me tomó meses recuperarme. –respondió Tony –No tenía muchas ganas de repetir el evento.
-¡Hiciste que me despidieran!
-¿Cómo? No me he molestado en seguir su carrera. No he hablado con ningún canal de prensa en pro o en contra de usted. Si nunca hubiéramos tenido que interactuar otra vez yo hubiese sido feliz.
-¡Estaba cubriendo la historia del embarazo de tu terapeuta cuando anunciaste que eres gay! Perdí mi trabajo por eso.
-Mi supuesta terapeuta. –la corrigió Tony –No es mi culpa que no se haya molestado en revisar correctamente sus datos, o sus fuentes. Y soy bisexual.
-Y este es tu esposo. –Ella sacó una cámara y activó el flash prácticamente en la cara de Tony.
Clint lo vio y se movió antes de que conscientemente registrara lo que había visto. La cámara estaba en sus manos y el chip en su bolsillo, antes de lanzársela sin cuidado de regreso. También le había arrebatado las gafas de Tony.
-No soy su esposo. –dijo Clint mientras ponía con gentileza una mano en el rostro de Tony –Soy su amigo.
-El Mercader de la Muerte no tiene amigos. –dijo despectiva.
-Me tiene a mí. –contestó Clint –Vamos, Tones. Regresa conmigo. Te tengo. No estás allá. Ya no estás allá.
-¿Un flashback? –rió Everhart -¡Creí que estabas curado!
-Estoy mejor. –dijo Tony –Gracias Clint. Estoy mejor de lo que estaba antes. Y creo que he terminado aquí.
-¿Celoso? –le desafió Everhart -Tú nunca ganarás un Premio Wolf. Mucho menos un Nobel, que es lo que Pym ganará el siguiente año. Eres el Mercader de la Muerte. Y seguirás siéndolo. Los leopardos no cambian sus manchas. Eso es y lo que siempre será tu legado.
-¿Y cuál será el tuyo? –Tony alzó una ceja en respuesta -¿La Mercader del Escándalo y el Chisme? ¿O serás olvidada mucho antes de que tu cadáver se enfríe? Yo quiero pensar que mi legado aún está por ser escrito. Los mejores años aún no llegan, nena.
Tony recuperó sus gafas de las manos de Clint y volvió a ponérselas. Entonces se dio la vuelta y se alejó.
-¿Ya nos vamos? –murmuró Clint mientras le alcanzaba el paso.
-Si. –contestó Tony –Ya me cansé de besar traseros y de los traidores.
