PARTE 1

::: REALEZA Y NOBLEZA :::



2

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Combustión Interna


Toph percibió el latir de los corazones de todos sus amigos. Oyó sus respiraciones perfectamente y por ende se pudo hacer una idea de lo que pensaban. El único que no estaba muy claro con respecto a lo que estaba ocurrido era, por supuesto, su buen amigo Chispitas.

―¿Y ustedes…? ―les musitó Suki―. ¿Qué opinan?

―No lo sé ―Toph fue honesta como siempre con sus amigos―, jamás he tenido novio, así que no sé qué esperan que haga con Chispitas —gracias a sus habilidades, Toph pudo percibir cómo Zuko se inestabilizaba con cada palabra que soltaba—. Y desde que escapé de casa para ser la maestra de Pies Ligeros, no me preocupa actuar como una señorita de sociedad. No es como si la idea de ser reina me emocione—alzó los hombros.

―¿Alguna vez fuiste una señorita de sociedad? ―se burló Sokka siendo golpeado desde abajo por una roca que, luego de cumplir su misión, regresó a la tierra.

El chico se quejó por el dolor.

―Esto es serio ―le espetó Toph―. Hablamos de la vida de Chispitas y la mía. Quieren que sea Pies Ligeros el que bendiga la unión, y tú no puedes dejar tus bromas a un lado.

―Cálmate ―pidió Sokka, sobándose el coxis―. ¡Esperen! Creo que ya se me ocurre algo.

Al contrario de todos, que se aliviaron, Katara lo miró escéptica, haciendo un gesto irritado.

―¿No se trata de fingir la muerte de alguno de ellos o sí?

Sokka, sin dejar de sonreír, miró hacia el cielo. Katara suspiró.

―Lo sabía.

―¡Entonces dime qué propones tú!

―Ninguno de los dos ha respondido mi pregunta ―intervino Suki poniendo una mano sobre la de su prometido para hacerlo callar―. Toph, Zuko. ¿Qué es lo que piensan hacer? Porque, por como yo veo las cosas, ustedes ya han aceptado su destino.

―Se entiende que el todo poderoso Señor del Fuego esté pegado a su nación desde que tomó el liderazgo, y un matrimonio arreglado sólo caiga en un cliché social de la realeza ―Sokka exageró a propósito en su tono de respeto hacia Zuko―, pero, ¿tú qué piensas hacer, Toph? Debo decir que me sorprende que no estés amenazando con matar a quien se atreva a intentar obligarte a hacer algo que no quieres.

―¿Y acaso no es eso lo que llevo preguntándoles desde hace varios minutos? ¿Qué puedo hacer? Para detener algo así necesito principalmente la negatoria de mis padres… —bufó fastidiada—. ¡Pero ellos están encantados con la idea! ¿Escapar? ¿Creen que no lo he intentado?

―Nadie es capaz de pararte ―no creyéndole media palabra, Sokka chasqueó la lengua.

Toph desvió la mirada, a pesar de ser ciega, no quería que sus amigos viesen sus expresiones faciales como ella presentía las vibraciones de sus corazones.

―La honorable madre de Toph… está enferma ―intervino Zuko en el interrogatorio; tan mareado como todos se sentían―. Las raíces de la flor que crece a los pies de los volcanes ubicados en la Nación del Fuego, al parecer, puede ser el antídoto necesario para salvarla.

―¿Qué oportuno, no? ―masculló Toph, con impotencia―. Mi madre se enferma, su única cura está en la Nación del Fuego y resulta que su última voluntad es verme casada con Chispitas por el bien de nuestra tierra.

Incapaz de seguir hablando, pues su garganta se estaba resecando, Toph sonrió ácidamente, se levantó y les dio la espalda a todos. Aunque ellos no hablasen, ella sentía su apoyo. Incluso el de Chispitas también, quien se sentía amarrado de pies y manos al igual que ella.

Chispitas y ella pudieron no haber tenido el mejor de los inicios al conocerse ni tampoco aquella vez en la que él intentó hacer la paz con Equipo Avatar y por accidente quemó sus pies. Sin embargo, con el arrepentimiento del, una vez, orgulloso príncipe del Fuego, vino una larga y cómoda amistad que Toph no deseaba que nadie quebrase por meras cuestiones políticas. Por buscar una solución fácil a la diplomacia que, sin duda, ella no estaba dispuesta a entender uniendo su vida a alguien que para empezar sólo consideraba como un amigo.

Entonces su mente volvió al pasado.

Hubo una época en la que Toph permitió que sus padres decidiesen por ella en básicamente todos los aspectos de su vida; hasta que conoció a Aang, Katara y Sokka, Toph no había podido ver que fuera de esos asfixiantes muros construidos por sus progenitores había un mundo dispuesto a quererla por quien era y no por sentir lástima hacia su incapacidad visual.

Ella aprendió a ver por sí misma usando sus pies y oídos, notando cosas que a los ojos normales de sus amigos eran invisibles. Percibiendo el universo a su modo; moldeándolo a su gusto rebelde.

Lamentablemente, ella, como cualquier roca o metal, no era impenetrable.

―Hubiese pensado que era un truco si tan solo no lo hubiese presenciado desde que inició ―dijo Toph luego de un rato quedándose callada.

Su madre tosiendo sangre sobre una cama… su padre sujetando su mano, intentando aguantarse las ganas de llorar… Toph no necesitaba ojos para saber que eso ocurría cada noche desde hace poco tiempo.

Cuando aquello había comenzado, debido a los primeros lapsus de tos, Toph y su padre pensaron que no era más que un simple resfriado. Siguiendo los protocolos, se llamó a un doctor y éste, analizando los síntomas, llegó a esa misma conclusión, sin embargo, de un día para otro, vino la tos incontrolable… más tarde, llegó la sangre. También vino el dolor.

El doctor, ya sin entender qué estaba pasando, se contactó de inmediato con otros colegas alrededor de las ciudades del Reino Tierra, para después, pedir ayuda a las Tribus Agua. Un médico de la Tribu Agua del Norte, dedujo que esa extraña enfermedad, estaba atacando los pulmones, y que quizás, un médico especializado en la Nación del Fuego, podría darles más detalles.

Sin pedirle permiso a su padre antes, quien estaba en contra de meter a esa gente a su casa, Toph contactó rápido con Chispitas; con quien se disculpó por molestarlo cuando seguro él estaba hasta la coronilla de tareas, pero éste, haciendo uso de su nobleza, mandó deprisa a los mejores médicos disponibles de su palacio al Reino Tierra. Estos, en alianza con el médico de la familia Bei Fong, le dieron la razón al doctor de la Tribu Agua, pero vinieron con malas noticias: la madre de Toph estaba en una etapa donde las posibilidades de supervivencia eran poco menos del 20%.

Toph no recordaba cuál era el nombre científico de la enfermedad, pero el médico de la familia, les explicó que, en resumidas cuentas, dicha enfermedad se originaba muy extrañamente en personas fuera de la Nación del Fuego (dónde era algo más común) debido a la exposición continua al humo, al principio este padecimiento se manifestaba como una simple tos, luego con ciertas elevaciones en la temperatura corporal lo que hacía que muchos (sobre todo, en las otras 3 naciones) se confundiesen y lo tomasen como una fiebre cualquiera. Lamentablemente, cuando llegaba la tos con sangre y el dolor insostenible en los pulmones, era cuando la enfermedad ya estaba en un punto muy elevado de mortalidad.

El doctor de la familia Bei Fong lo llamó: "combustión interna".

A Toph le jodía no poder hacer nada más por su madre, salvo esperar a que su dolor terminase. Los doctores en la Nación del Fuego, eran bastante obstinados, y hasta hoy estaban logrando que su madre no tuviese ataques de tos cada 10 minutos… pero ella era más realista, y sabía que ya no había mucho que se pudiese hacer.

Katara se levantó de su asiento con la ayuda de Suki. Acercándose a Toph, le puso una mano sobre el hombro.

―Me gustaría poder ayudar ―musitó cuando Toph cubrió esa mano con la suya.

Toph no iba a decirlo, pero en su desesperación pensó en los poderes curativos de Katara. A tiempo se negó a llamarla dado a que ella estaba en cinta y debía cuidarse a sí misma primero, lo que quería decir que acercarla a una mujer enferma podría perjudicar su propia salud. La combustión interna no era contagiosa, según los médicos… pero, Toph no permitiría que Katara y su bebé saliesen perjudicados por culpa suya de algún modo.

―¿Entonces ya es un hecho? ―preguntó seriamente Sokka―, ¿lo harán?

—CONTINUARÁ—


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