PARTE 1
::: REALEZA Y NOBLEZA :::
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Baño de Barro
―¿Entonces ya es un hecho? ―preguntó Sokka―, ¿lo harán?
Las pulsaciones del corazón de Zuko se alteraron un poco. Él no sabía cómo responder a eso. Zuko estaba muy confundido, y no era para menos. Aun así, Toph giró un poco la cabeza en su dirección esperando a que él respondiese a la pregunta del Capitán Bumerang.
―Sí ―dijo Zuko no tan feliz por estar a 3 semanas de casarse como debería ser.
Nadie ahí podía culparlos por no estar saltando de alegría, ni siquiera los hermanos de la Tribu Agua tenían algo por agregar y animarlos siquiera un poco. Lo único en lo que todos concordaban, era en que no estaban ni un poco de acuerdo con la decisión que se les había impuesto.
Zuko no obligaba a Toph a casarse con él. Toph no obligaba a Zuko a casarse con ella. ¿Y cómo ir hasta la Nación del Fuego a pedirle a una mujer moribunda que se muera sin ver realizada su última voluntad?
―¿Y qué pasaría si tu madre recuperase la salud? ―preguntó Suki tratando de aligerar el ambiente.
―Ya está siendo revisada por los médicos de la Nación del Fuego, en el palacio. Incluso la hemos visto tomando el tónico de la flor con frecuencia ―respondió el señor del fuego sin dejar de ver el suelo―. Pero, sigue sin haber garantías de una pronta recuperación.
Manteniéndose fuerte y firme como una gran montaña inamovible, Toph soltó aire.
―No lo dicen aun, pero los doctores ya creen que es tarde y sus días están contados —dijo sin permitir que su voz se quebrase—. No deja de toser sangre.
La guerrera kyoshi se llevó una mano a la cara después de suspirar.
―Es tan injusto ―musitó―, es increíble que usen así a tu madre, y les obliguen a unir sus vidas como si fuesen animales. U objetos de decoración.
―Eso es precisamente lo que somos. Aunque Chispitas tenga bajo su mando a un ejército entero que moriría por él, nosotros somos sólo un medio para lograr lo que los políticos quieren ―acertó Toph con la tristeza oculta bajo su tono frío de voz―. Por si no lo sabían, la realeza y la nobleza unifican sus fortunas y poderes mediante este tipo de uniones, todo el tiempo ―luego se separó de Katara para girarse y poner una mano sobre el vientre abultado de la maestra agua.
Toph jamás creyó que envidiaría a la Princesita, pero lo hacía.
Katara había encontrado a su Príncipe. Al hombre que la cuidaba, que la mimaba, que le aguantaba sus berrinches y estaba ahí cuando necesitaba un soporte emocional. Ella iba a tener una familia porque su corazón se había enamorado.
¡Maldición!, y aunque nadie le dijese nada, ni ella pudiese verlo para creerlo, Pies Ligeros había crecido muy alto en estos años.
Incluso la pequeña y hasta chillante voz de niño que Aang tenía, más en el inicio de su pubertad, se había endurecido hasta alcanzar un tono más grave. Como todo un hombre que cuida de su mujer y primer bebé debía de ser.
Por otro lado, ella… ella ya estaba condenada. Pero, lo último que quería era atraer la lástima de sus amigos. Por eso acudió a Chispitas apenas salieron de aquel salón donde se les habló de su feliz matrimonio pactado, para hablar juntos con el poderoso Avatar y explicarle la situación en un inútil intento de pedir una salida más piadosa que no los obligase a unirse de esta manera.
En el fondo sabían que no tenían alternativas favorables. Esos ancianos malditos atrancaron todas las salidas. Usando las dudas de ambos pueblos, las posturas sociales de Zuko y Toph, junto a los padres de ella. Todo eso sólo para cortarles definitivamente todas las cuerdas de escape. Todas las alternativas.
Ella no odiaba a Zuko por esto, tampoco lo culpaba, puesto que no tenía por qué. Ya era una adulta sensata (casi), más relajada y sabia de lo que fue en su niñez. Todos los días se esforzaba por expandir más y más su mente, así como su escasa paciencia. Trataba dejar de actuar como un toro descarriado que no tarda en topar con pared en un pobre intento de huir de los problemas en los que no se requería usar la fuerza bruta. Los cuales, por cierto, eran mucho más peligrosos que los que sí se resolvían a base de golpes.
Un ejemplo muy acertado era este.
Era claro que él tampoco estaba feliz por esta situación. Tan agarrado del cuello como ella lo estaba o quizás era peor ya que su propia gente era la del problema. Mientras Toph apenas era la única hija de una de las familias más poderosas del Reino Tierra, Zuko era el rey de absolutamente toda la Nación del Fuego. Él era el líder, el sabio, el protector, el que debía ver primero por su pueblo que por sí mismo. Y vaya pueblo debía de cuidar, guiar y educar.
Aún había muchas cabezas huecas por ahí, que creían que unificar las Cuatro Naciones era una gran estupidez, y que, la loca de los rayos Azula, debió haber ascendido en el trono en vez de su hermano, el legítimo heredero; un ex desterrado que fue rechazado por su propio padre y marcado de por vida por él antes de lanzar su trasero fuera de casa.
Lo único que Toph sabía era que ese bastardo había marcado a Zuko con una quemadura permanente en su cara, pero no sabía exactamente qué tan grave había sido el daño. Tampoco se sentía con el valor de preguntarle por eso ahora.
Aunque, lo que sus amigos acababan de decirle, le daba un poco de escalofríos. Después de unirlos, en tres semanas, todos en los pueblos tierra y fuego, esperarían que la pareja ya estuviese esperando un heredero. Toph no era tonta ni santurrona, ya sabía cómo se hacían los bebés, y el pensar que para dentro de poco tiempo todos esperasen que intimase con Chispitas… no, era demasiado para ella. Y seguro para él también.
La realeza y la nobleza son así: Frías. Distantes. Crueles. Y más que buscar la felicidad, ambas ramas avariciosas buscaban más dinero.
Por eso, aunque la idea les tomó con la guardia baja, tanto Toph como Zuko no se sintieron especialmente sorprendidos por dicha decisión, tomada sin el consentimiento de alguno de los dos. Lo que más parecía sorprenderles e incomodarles era que los obligasen a unirse, precisamente a ellos, que se supone que, por sí mismos, eran miembros del equipo Avatar, un grupo que había liberado a las naciones de una guerra de 100 años, y que, además, eran sólo amigos.
—CONTINUARÁ—
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