Shaman King pertenece a Hiroyuki Takei


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Los segundos se detuvieron en ese momento fugaz donde el joven tomaba asiento esa acción la veía en cámara lenta, Horo Horo sintió su rostro caliente, recordando aquella penetrante mirada fría que lo había amenazado el viernes por la noche en casa de Kanna estaba sentado a su izquierda con tan solo dos asientos de distancia.

-¿Qué carajos ves? –Susurro para Horo Horo, que este mismo no había despistado su mirada.

-Mierda…. –Pensó.

¿Qué carajos pasara ahora?

Era algo que se cuestionó Horo Horo por el largo de las clases que compartió en ese salón. No presto atención a la clase, aquella mirada penetrante del chico lo inquietaba de tal forma que le daba miedo girarse aunque fueran unos milímetros de su lugar, ni siquiera podía ver a Lyserg, pues aún seguía petrificado e incluso idiotizado por el peculiar tono de ojos que se cargaba el que había llegado tarde esa mañana, algo en él lo intimidaba bastante.

La campana que marcaba el inicio del receso sonó, trayendo de vuelta a la realidad a Horo Horo, guardo sus cosas con velocidad y salió mucho antes que Lyserg, dejándolo atrás confundido por su acción y sin darle oportunidad de ni acompañarlo.

Se reunió con Yoh, debajo de un gran viejo árbol justo pasando las canchas de deportes, lejos de la civilización de la escuela tenían un lugar especial en el que compartían los recesos, se había convertido en una pequeña tradición de ambos, añadiéndole con el paso del ciclo escolar la presencia de Chocolove y Lyserg, los cuales aún no llegaban, el día presentaba un clima agradable, el aire mecía con sutileza las hebras castañas de Yoh y en Horo Horo su cabello azul, fuera de lo común, disfrutaban de unos ricos onigiris caseros, hechos por la abuela Kino.

Yoh tenía el ligero sentir de una tensión que crecía con cada minuto en Horo Horo, este observaba como las hojas del árbol que les regalaba sombra en aquel lugar se movían con el viento mientras disfrutaba de su bocadillo.

-Oye Horo Horo –Hablo al mismo tiempo que daba un trago a su jugo.

-¿Qué? –respondió cortante, mientras terminaba con su alimento.

-¿Te sucede algo?

Horo Horo trago con amargura su bocado, no tenía muchas ganas de hablar, pero sabía que aunque no lo hiciera, Yoh estaría preocupado por él, comenzó una guerra mental entre decirle o no lo que sucedía en su mente.

-N-No… -Mintió. La mirada ámbar volvió a hacerse presente, sobre todo aquella escena en la mañana.- Estoy bien, enserio, no es necesario que te preocupes amigo –Sonrió de medio lado, sabía que con eso bastaría para que su compañero no preguntara nuevamente, sentía que aún no era el momento adecuado de decirle que un chico del salón en donde toma las clases de química los lunes por la mañana, llegó y lo amenazó de muerte con la mirada solo porque era la misma puta persona con la que se estrelló y derramo la cerveza en la fiesta de Kanna, consiguiendo que fuera el centro de atención y que ese instante se volviera el más incómodo de su corta vida.

No, aún no era el puto momento.

-Está bien, creo en ti –Le regreso la sonrisa, Yoh terminaba con su onigiri y el timbre de entrada volvió a sonar, recogieron el lugar y se levantaron, caminando nuevamente a sus respectivos salones.

La hora de salida llegó, marcando el final escolar de ese día, solo quedaban dos malditas semanas para las vacaciones de primavera, Horo Horo añoraba que llegaran de una buena vez, necesitaba con urgencia un respiro, sobre todo por semejante mirada que no dejaba de acosarlo mentalmente, no tenía idea de cómo poder quitársela, solo habían pasado tres miserables días y sentía que lo atormentaba toda la vida, agradeció que solo en esa clase serían compañeros, de todos modos, no tenía ni la más mínima idea de quién era el sujeto, solo conocía el apellido, si es que lo era.

Tao. Que extraño para su mundo y pensamiento, sería una incógnita con la que viviría por los siguientes días.

Yoh lo espero pacientemente en las afuera del edificio, observaba con calma el cielo, y el cómo las nubes se acomodaban de acuerdo al ritmo que tomaba el viento. Hao también esperaba, haciéndole compañía mientras terminaba con uno de sus cigarros. El menor recordó uno de los detalles que Chocolove y Lyserg habían compartido el sábado por la noche sobre la misteriosa chica que le había robado la mente desde el viernes, bajo la mirada, reviso la hora de su celular y soltó un pequeño suspiro, viendo hacia la dirección en la que se encontraba la escuela de la susodicha.

-Ya tardo demasiado, ya vámonos… -Soltó Hao con un aire de molestia e impaciencia, su estómago comenzó a sonar.

-¡Ya voy! –A lo lejos, Horo Horo corría para alcanzar a los gemelos, llego y se detuvo a descansar un poco para tomar aire.

-Estoy hambriento…-Se quejó Hao.- ¿Por qué tardaste demasiado esta vez?

-No importa, yo también tengo hambre –Respondió dándole una palmada en el hombro y comenzando a caminar, ya había tomado el aire necesario.

Ninguno de los tres habló camino a casa, Hao volvió a sacar otro de sus cigarrillos y dejo que los otros dos se adelantaran un poco, para evitar que las molestias del humo llegaran a la delicada nariz de su hermano menor, Horo Horo checaba su celular y de vez en cuando observando a todos lados, Yoh simplemente siendo él, mientras escuchaba música, como acostumbraba a hacer.

La mirada de Yoh logro captar una figura moviéndose a lo lejos, al reconocerla, las mejillas se tornaron de un ligero tono rosa, Horo levanto un poco la vista para pedirle algo a su amigo, y noto el sonrojo en su rostro, dirigió la mirada hacia el frente y ahí estaba, la chica que le había robado el aliento aquella noche en casa de la alemana.

Con cada paso que daba, reflejaba seguridad en sí misma, su cabellera se perdía con los rayos del sol, piernas largas y perfectas, un cuerpo que muchas envidiarían y que sin dudarlo dejaría a muchos sin palabras, Yoh tenía razón para sonrojarse como idiota al verla. Paso por un lado de los tres hombres, Horo Horo y Hao siguieron con la mirada la tremenda figura que portaba aquel uniforme sencillo, las caderas de la muchacha hipnotizaban a cualquiera. Yoh siguió mirando al frente con su sonrojo y una pequeña sonrisa disimulada, Horo Horo volteo a verlo, estaba sorprendido, no se imaginaria que algún día la apreciaría de cerca, menos saliendo de la escuela.

-Mierda, sí que es ardiente… -Exclamó Hao, colgándose del cuello de los otros dos, no noto el sonrojo de su hermano. Una sonrisa se dibujó en su rostro, Horo soltó el agarre, pues le incomodaba bastante que Hao lo abrazara de esa forma después de fumar.

-Es hermosa… -Soltó Yoh, quizás pensando en voz alta, o simplemente por inercia de decirlo, sin darse cuenta que su hermano estaba ahí.

Después de la cena, tomar un baño y tirarse a la cama a descansar evadiendo por completo las tareas que eran para el día siguiente, la mente de Horo no lo dejaba en paz, ese maldito muchacho le había hecho algo con esos ojos, lo hacía dudar de él mismo. Le molestaba bastante más por el hecho de que nunca en su vida lo había visto, ni en todos esos años cursados en esa escuela, justamente un puto viernes, en casa de la estúpida de Kanna tenía que darse cuenta de que alguien con semejante semblante existía, sobre todo que lo llegara a incomodar.

-Mañana será otro día – pensó, y con eso se tranquilizó un poco, apagando la luz de su lámpara de mesa, se giró y cerró sus ojos.

Al día siguiente, la misma escena familiar se presentó, Yoh dormido, un Hao desesperado cepillándose y Horo Horo recordándoles que ya era tarde.

La mañana en la escuela transcurrió normal, hasta que, al salón de Yoh y Horo llego el aviso de que uno de los profesores no se presentaría por asuntos extraescolares, por lo que serían dos horas de libertad y descanso, por suerte era la clase que tomaban junto a Lyserg, Chocolove y Manta.

El grupo de amigos se encontraban reunidos en los mesa bancos de su salón, tomando como platica diferentes temas de conversación. Manta, por su parte, estaba concentrado dando un repaso de los apuntes de la semana pasada, sabía que tratar de convencer a sus amigos seria en vano, por lo que no los interrumpió.

-¿Ya se enteraron que Kanna volverá a hacer otra fiesta? –Añadió Chocolove, checando sus redes sociales, pasando publicaciones absurdas de algunos alumnos de la escuela.

-No de nuevo…-Horo Horo se masajeo la frente, sabía que Hao los invitaría de nuevo e Yoh, como buen hermano, no le negaría la invitación. Apenas era martes, y Horo Horo aún no se recuperaba de la fiesta del viernes, no por el hecho del después de haber bebido, simplemente aun sentía que la mirada del famoso joven Tao le seguía acosando.

-Genial… Ojalá Hao nos invite ¿No crees Horo? –Yoh le sonrió a su camarada, al parecer se le había olvidado la fiesta desastrosa de la semana pasada.- Quizás vuelva a ver a Kyouyama. –Usui le regreso la sonrisa, mientas bajaba la mirada para acomodarse nuevamente en la silla donde se encontraba recargado, hasta que esa misma se borró al ver que la puerta del salón se abría, dejando ver a alguien nuevo. Esta vez, sus amigos voltearon por inercia al escuchar el ruido de la entrada para saber de quien se trataba, callando por completo lo que hablaban, Lyserg se sorprendió al ver a la misma persona de la clase del lunes, Chocolove e Yoh se tragaron una risa al ver el peinado extraño del chico, ¿Quién mierdas llevaría un pico de por medio en su estilo y joder, color morado? ¿En qué carajos estaba pensando cuando decidió tal peinado?

Horo Horo se congelo al verlo de nuevo, ¿era una broma verdad?, el creía que solo tomaría una estúpida clase con él, no la que seguía, ni la siguiente de esa, ni las próximas hasta que el ciclo acabara.

El chico nuevo tomó asiento cerca del grupito de Horokeu e Yoh, un semblante de nerviosismo se dibujó en el rostro del azul al tenerlo nuevamente cerca, lo observo de reojo, Yoh y Chocolove murmuraron para ellos, como si tramaran algo, Lyserg solo observaba las acciones de los demás, pero presto más atención en la reacción que tuvo Horo Horo al verlo entrar, se acercó lentamente al oído del Usui.

-¿Te encuentras bien? –Pregunto disimuladamente, viendo como el sonrojo de Horo seguía presente. Mientras perdía su mirada viendo las aplicaciones de su absurdo celular, tratando de calmar la ansiedad que tenía en esos momentos.

-N-No… -murmuro, riendo nerviosamente sin dirigirle la mirada a Lyserg, cruzo sus brazos, para ocultar que temblaba de los nervios. El inglés seguía extrañado por las acciones que hacia su amigo, eran exactamente los mismos de ayer.- Disculpa, iré al baño…-Dejo a Lyserg solo, caminando a duras penas a la entrada del salón, evitando por completo tener contacto visual con el chico.

Antes de abrir la puerta, vio como de reojo Yoh y Chocolove lo rodeaban, como si trataran de socializar con él. En otro rincón, dos compañeras también hablaban entre susurros, viendo al del cabello morado, que les regalaba una mirada furiosa a Chocolove que al parecer había comenzado con sus estúpidos chistes.