PARTE 1

::: REALEZA Y NOBLEZA :::



4

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Cenizas de Esperanza


Inhalando fuerte, enfriando su cabeza, la maestra metal se quitó un mechón de cabello de la cara que estaba dándole comezón bajo el ojo derecho.

―Relájense ya. En el fondo, Chispitas y yo sabíamos que ya no había nada más que hacer —dijo Toph con cierto tono de humor al no poder soportar más ese horrible silencio. A ella jamás le ha gustado permanecer donde el sonido brillaba por su ausencia—. Además… no seríamos ni la primera ni la última pareja que contrae nupcias sin sentir nada. Nada más allá de la amistad en nuestro caso, claro —inhaló profundo—. Bueno, al menos ya no nos odiamos y eso es… un… un infernal alivio.

Tan fastidiado como el resto, Zuko se pasó una mano por el cabello, el cual solía dejar libre cuando visitaba al Avatar Aang. A diferencia de cuando estaba en su enorme palacio siendo el Señor del Fuego.

―Supongo que no es necesario decirles que ninguno de nosotros dos está de acuerdo con esto… pero no tenemos muchas alternativas.

Toph dedujo que este era el momento justo para que Sokka saltase en su sitio y dijese algún chiste estúpido del que nadie se reiría.

―Lamentamos no poder serles de ayuda ―se compadeció.

Wow, parece que no fue sólo Toph quien pudo madurar un poco con el pasar de los años. Quizás ella lo juzgó mal.

―Dijeron que el evento será en tres semanas, ¿no es así? ―ambos prometidos asintieron con la cabeza ante la primera cuestión del honorable Avatar.

―¿Se te ha ocurrido algo, Aang? ―quiso saber Katara esperanzada.

―¿Para evitar este compromiso? —Katara asintió—. En realidad, no. Pero, si algo he aprendido durante todo el tiempo que he aceptado vivir como el Avatar, es que el tiempo no siempre cura, pero tampoco no siempre hiere más.

―¿Sabes algo, Pies Ligeros? ―resopló Toph―. No estoy de humor para tus enigmas de Avatar viejo. ¿Podrías hablar claro?

―Hablo en serio, Toph. Está bastante claro que ya han aceptado que los unan en un compromiso que jamás podrán romper hasta la muerte del otro.

Diablos, cuando Aang hablaba así parecía un padre dándole lecciones a sus hijos con cabezas de alcornoques. Claro que ellos ya sabían eso, ¿por qué lo repetía? ¿Y ese tono tan… sabio?

―¿A dónde quieres llegar? —Toph volvió a preguntar.

―Suki ya se los dijo. Una vez que esa ceremonia se realice no sólo van a pedirles que sean un matrimonio, sino una familia. ¿En serio están viendo las magnitudes de esto? —les preguntó a Toph y Zuko por igual—. Será mejor que se mentalicen bien al respecto, los dos.

Toph podía sentir en la voz de Aang su preocupación, esa que no dejaría de salir cada vez que el Avatar se veía en la necesidad de ayudar a sus amigos de cualquier modo que pudiese hacerlo aun si supiese que las cartas del destino ya estaban echadas y él no tenía la mano favorable.

―Nos ofendes, Aang. ¿Crees que no lo hemos estado haciendo? ―interrumpió Zuko algo irritado―. ¿Crees que Toph y yo pensamos que los niños los trae una cigüeña o que salen de un árbol? Estamos más que conscientes de lo siguiente que nos pedirán apenas logren concretar esa unión será forzarnos a darles un heredero. No olvides que toda mi vida he estado viéndolos trabajar —dijo esto último con resentimiento—. Sé lo que planean. Sé que tampoco se les escapa que Toph es la primera Maestra Metal y qué básicamente mis genes tampoco son un desperdicio. Ya lo sabemos.

Ante el silencio del equipo, Sokka hizo una mueca de desagrado.

―Si se pone así parece que hablamos de unir razas de perros —dedujo.

―Eso es justo lo que es, Sokka ―reiteró Katara―. Nosotros tampoco estamos de acuerdo con esto.

Sin que Toph la sintiese llegar, Suki le puso una mano sobre su cabeza.

―Pero, estén seguros de que estaremos ahí para ustedes.

El apoyo de sus amigos la alentó. Le dio a Toph las fuerzas necesarias para levantar la cara del suelo y respirar del pacífico aroma natural que se sentía en los recientemente remodelados, Templos del Aire. Ahí donde usualmente a ella no le gustaba venir puesto que estaban en las alturas y eso la ponía un poco nerviosa.

Pero, no se sintió desprotegida ni en peligro, esta vez no. Ella incluso sonrió al detectar el curioso perfume de Appa, quien, no muy lejos de donde estaban ellos, tomaba una siesta. Tranquilo y sin preocuparse de que Aang de pronto quisiera más bisontes voladores y lo fuese a aparear sin que él lo quisiera.

Como le gustaría poder tener una imagen más detallada de lo que no podía sentir con sus valiosos pies. Mirar más allá de lo que su piel podía hacerlo. Percatarse de lo que había tras ese velo oscuro con el que nació, pero desde ya hace mucho se hizo a la idea de que debía dejar de desear cosas imposibles. Y su visión propia era casi perfecta, por lo que no tenía por qué ambicionar más.

―Gracias ―les respondió conmovida—, aprecio mucho sus condolencias —bromeó torciendo su sonrisa a una más agria.

En cuanto a la pregunta de Suki, la respuesta era: sí.

Ellos dos aceptarían su destino. Lo quisieran o no.

La buena noticia era que quizás, su amistad les ayudase a tolerar el tener que jugar a ser un matrimonio. Sin embargo, eso no quitaría que fuese algo incómodo imaginarse fingiendo estar enamorados. Por otro lado, ¿ella tendría lo necesario para ser la próxima "señora del fuego"?

—CONTINUARÁ—


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