PARTE 1

::: REALEZA Y NOBLEZA :::



5

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Calor Insípido


Momentos después de esa tensa charla, Suki y Katara propusieron comer algo en el pueblo más cercano a los Templos Aire del Sur, la pobre Katara estaba algo agotada y ninguna de las dos mujeres (mucho menos Toph) estaban de ánimos para cocinar ni para celebrar básicamente nada, pero como los seres humanos que eran, era necesario que se alimentasen, sobre todo Katara, quien necesitó de la ayuda de su marido para montar a Appa y no vomitar sobre él por los movimientos que hacía el bisonte al alzar en vuelo.

―Ahora te entiendo, Toph ―tembló mareada, la maestra agua aferrándose a los brazos de su esposo. Éste, aguantándose la risa, sonreía sujetándola con cuidado. Ella cerraba fuerte los ojos, pues si los abrían, éstos le jugarían una mala pasada y terminaría bautizando al pobre bisonte que se esforzaba por no ir muy rápido ni brusco.

Toph, ubicada en una esquina inferior y con el mentón apoyado en la enorme silla de montar, resopló ante el despertar de sus pensamientos.

―No seas tan dramática, Princesita. Te acostumbrarás.

―Lo dudo ―respondió resistiendo algunas arcadas.

Reteniendo su suspiro, Toph sacó un brazo y acarició la suave piel del bisonte. Appa en respuesta gruñó con aceptación, bajando con cuidado en el punto seguro de aterrizaje.

El típico golpe que los sacudía a todos cuando Appa ponía las patas sobre la tierra en esta ocasión fue mucho más liviano, aun así, Katara soltó un quejido ante el movimiento.

―Gracias, Appa ―le agradeció sosteniéndose la barriga. Aang, con sus habilidades prodigiosas de maestro aire, la cargó y la ayudó a bajar suavemente.

El resto bajó por su cuenta, incluso Toph quien ya tenía medido todo cálculo a tener en cuenta cuando se requería descender de un bisonte volador enorme y no terminar saludando a la tierra con la cara.

―Ya no tengo hambre ―musitó la maestra agua suspirando. Se había mareado más de lo usual.

―Ni lo pienses ―la regañó Aang―. El doctor dijo: "mantener una alimentación adecuada y constante".

―Eso lo dices porque no eres tú el de la barriga, los antojos, la comezón, los mareos y los vómitos ―le gruñó ella sin dejar de caminar.

―Diablos, hermanita, cálmate ya —dijo Sokka—. Con cada mes que pasa te vuelves más insoportable.

Molesta por su comentario, Suki le codeó las costillas a su prometido mientras Katara se giraba e iba iracunda en su dirección.

―¡Cuando te embaraces me dices cómo debo actuar! —le espetó a la cara. Sokka ni se inmutó—. ¡Hasta entonces cierra esa enorme boca!

―Mmm ―articuló Toph desde lo lejos para evitar hacer un comentario que emporara el humor de la mujer del Avatar.

Al frente de ella, el Señor del Fuego y Aang andaban caminando sin apresuro, este último suspiró.

―Debe ser duro para ti ―le dijo Zuko a su antiguo enemigo jurado.

―Bastante.

―¡¿Qué se secretean ustedes dos?! ―los atacó Katara con ese tono que advertía dolor.

Toph debía darle crédito a la Princesita. Aún lejos y regañando a su hermano pudo oír a su esposo y amigo hablar de ella a sus espaldas. Sonrió divertida, cosa que no había hecho casi en meses.

―¡Nada, querida!

―Na-nada… ―Zuko tragó saliva con nerviosismo―, tal vez no sea asunto mío, pero… ¿estás segura que en tu condición está bien que te exaltes tanto? Dudo que sea sano para ti o el bebé.

Empalideciendo, los gritos de Katara cesaron al fin.

―¡No! ―respondió dramáticamente arrepentida―. Pero, no puedo evitarlo ―se trató de excusar con suavidad e inocencia―. Así como Sokka no puede evitar hacer chistes ¡estúpidos!, yo no puedo evitar sentir deseos de estrujarle el cuello cada vez que… ¡me dice qué hacer!

―¡Mis chistes no son estúpidos!

―Sí lo son ―respondieron Toph, Zuko y Suki.

El chico del boomerang miró mal a su prometida.

―¡¿Y tú de qué lado estás?! —replicó dramáticamente.

―Cálmate, hermanito. No te vaya a salir una hernia ―se burló Katara regresando al lado de su marido, tomándolo de la mano.

―¡Tú, déjame en paz!

Por poco Toph olvidaba lo graciosos que eran sus amigos. En serio los había extrañado. Además, saber que ellos estarían ahí para Chispitas y para ella, le daba a Toph un valor que se alimentaba hasta explotar.

Con una emoción bastante fuerte latiendo en su pecho que no sabía exactamente a qué se debía, Toph oía a Sokka peleando con su hermana otra vez, a Suki tratando de pararlos, a Aang suspirando y reteniendo a su esposa para que no matase a su único hermano, recordándole a su querida esposa lo mucho que ambos extrañarían a Sokka si ella lo eliminaba… y finalmente a Chispitas riendo quedamente a su lado sin deseos de morir a manos de una furiosa mujer embarazada a la que su propio hermano acababa de llamar "gorda neurótica".

―Chispitas ―lo llamó no perdiendo el hilo de los insultos que brincaban de hermana a hermano. No tenían desperdicio.

―¿Mmm?

―Quizás nos hayan obligado a aceptar el compromiso. Pero, que te quede claro no habrá ninguna fuerza sobre la faz de este mundo que me obligue a pasar por eso sin que yo lo decida ―apuntó con su dedo índice a su grupo de amigos.

O más bien a Katara que golpeaba en la cabeza de su hermano con el puño pues éste seguía llamándola "el bollo asesino"

―Estoy de acuerdo ―musitó él viendo a Aang tapando el cuerpo de su esposa lo más que podía para evitar que ella siguiese violentando a Sokka, algo casi imposible de lograr lo que provocaba que varios golpes se los llevase él.

Definitivamente no estaban listos para eso. Ni siquiera sabían si estaban listos para afrontar lo que sería su compromiso pues si era cierto que ambos sostenían una buena relación de amistad, un lazo bastante fuerte, al igual que un respeto mutuo como maestros, también era evidente que en un matrimonio no sólo era necesario respetarse…

Aang al fin separó a su esposa de Sokka, quien se adelantó al restaurante junto con Suki. Ella le reprendía duramente por haber insultado a su hermana mayor, pero él se defendía diciendo que Katara le había hecho mucho daño en su coronilla.

―Me llamó bollo asesino ―se lamentaba Katara bajando la cabeza con una depresión bastante fingida.

―Pero eres mí lindo bollo asesino ―riendo, Aang la tomó de la cabeza y la abrazó―. El bollo asesino más hermoso que he visto en toda mi vida ―le susurró en la coronilla.

¿Acaso ya habían olvidado que dos almas que estaban obligadas a unirse los miraban desde no muy lejos?

I-N-C-Ó-M-O-D-O.

En el caso de Toph, ella fue la única que pudo oír lo que Aang le susurró a Katara mientras Zuko sólo apreciaba el tierno abrazo… y ese último beso inocente que la pareja se dio.

Sí.

Eso era lo fundamental en un matrimonio.

Pero… ¿llegarían a originar Zuko y Toph algo así?

¿Cómo diablos podrían hacerlo?

—CONTINUARÁ—


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