PARTE 1

::: REALEZA Y NOBLEZA :::



7

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Quemando Salidas


Decidiendo quedarse atrás, afuera del restaurante y apartados del resto del grupo, Aang y Zuko tomaron asiento en un pequeño banco bajo un árbol.

―¿Qué era tan importante? ―preguntó Aang, pues mientras Katara y Toph hablaban entre ellas, Zuko le pidió unos minutos a solas.

Para evitar ser tan reconocidos a simple vista, los miembros del Equipo Avatar solían usar atuendos más sencillos y menos fáciles de identificar. Ropas más civiles a pesar de sus posiciones. Zuko, en su caso, se cubría el rostro tanto como podía con su cabello largo y evitaba usar el rojo/negro. Aang usaba capas de colores claros que protegían su piel del abrazador sol del verano a la vez que le permitían mantenerse fresco debido a la tela de la prenda. Cubriendo un poco sus tatuajes. Eso les había ayudado a pasar desapercibidos para los que paseaban, y les permitía hablar con más libertad.

―Sentía que debía consultar con alguien esto —dijo Zuko demostrando que estaba muy nervioso—. Necesito un consejo. Y perdón, pero no confío en el sentido común de Sokka.

―Me lo imagino ―Aang sonrió entendiendo a Zuko―. ¿Es sobre el compromiso?

―Parcialmente.

―¿Hay más?

―Aang, escúchame —soltó un suspiro—. Esto me está aterrando.

―Es normal. Supongo. Básicamente se te está imponi…

―No, no es tan sencillo. No es sólo esto del casamiento —soltó un suspiro desganado—. ¿Recuerdas a Mai?

―Eehh… ¿tú novia?

Con gran desazón, Zuko resopló.

―Lo era.

―Sí, la recuerdo —asintió con la cabeza—. ¿Qué pasa con ella?

―Estoy seguro de que Mai sabía del compromiso mucho antes que yo.

Sorprendiéndose un poco por eso, Aang quería entender por dónde iba el asunto con exactitud.

―¿Por eso terminaron su relación? —sin malas intenciones, el Avatar alzó una de sus cejas.

―Ese es el punto —Zuko gruñó—. Nosotros terminamos un día antes de que se me fuera anunciado el compromiso con Toph.

―¿Y?

―¿Y? ―miró con severidad al avatar―. Aang, ella me dijo que lo nuestro no iba a funcionar, ¡un día antes! Un día antes, ella fue la que terminó la relación conmigo.

―Ajá… —Aang siguió sin entender, claramente nada.

―Me pregunto… si de algún modo la obligaron a hacer eso para quitarme la opción de usarla a ella como excusa. Ya sabes, quizás la amenazaron para alejarse —serio, Zuko miró a su amigo, verdaderamente preocupado.

―Dices que crees…

―Qué estoy seguro.

―De acuerdo, estás seguro de que ella sabía lo que te iban a obligar a hacer.

―Sí.

―¿Y por qué no en vez de terminar su relación contigo, te dijo de aquel plan para… de algún modo, evitarlo? Aun si hubiese sido amenazada, Mai te lo hubiese dicho —y es que Aang estaba seguro de que esa mujer era de muchas cosas, menos una cobarde o por lo menos una mujer fácil de intimidar. Mucho menos amenazar.

―Eso es lo que quisiera saber ―gruñó Zuko otra vez.

―¿Y cómo estás tan seguro de que ella ya lo sabía?

―Porque antes de despedirse de mí me dijo "qué seas muy feliz", ¿qué diablos quiere decir eso?

―Quién sabe —alzó los hombros con despreocupación, notando que Zuko no estaba para nada calmado—. Tal vez quiere que seas feliz.

Sintiéndose exasperado, Zuko quiso darse de golpes contra la pared.

―Aang, hablo en serio —lo miró severo.

―También yo —está vez, Aang también hizo una expresión asertiva—, ¿no crees que estás exagerando?

―¡No! Y… y, y es decir, ¿por qué me diría eso? —se exaltó más—. La primera vez que terminamos, Mai casi me arranca la cabeza. Además, ella es una leal ciudadana de la Nación del Fuego, pero apartarse sin más y dejar el camino libre para que se me imponga una boda con una amiga mía… ¡eso es ridículo!

Pensando, cada quién por su lado, en lo que podría pasar si las sospechas de Zuko pudiesen ser ciertas, ¿y si se le había amenazado u obligado a Mar a apartarse?

Ambos se quedaron en silencio por un rato.

A ojos de todo el mundo, este casamiento por obligación sería (y es) algo planeado, pero las preguntas reales eran: ¿desde cuándo y por qué precisamente? ¿Deberían preocuparse o no?

―¿Aún sientes algo por ella? ―preguntó Aang de pronto.

—¿Cómo? —Zuko despertó de sus cientos de hipótesis.

—A Mai… ¿todavía sientes algo por ella? —Aang lo miró dudoso de que no fuese así.

Y es que, desde la infancia, ellos dos habían estado juntos por mucho tiempo.

―Ese es otro problema —masculló Zuko—, cuando ella terminó de hablar y se fue… no sentí nada. No quise detenerla ni pedirle explicaciones —respondió con cierta desazón.

—¿De verdad no sentiste nada?

—De hecho… sí, sentí algo. Mucho alivio, como si mis pulmones funcionasen de maravilla otra vez. Hasta que me dijeron que iba a casarse con una amiga, quisiéramos nosotros o no.

—¿Por qué el alivio? ¿Ya no estabas cómodo con ella?

—Eso creo.

—¿Eso crees? ¿O estás seguro? —le preguntó con severidad—. Porque espero que entiendas la importancia de tu respuesta.

—Lo hago, Aang —dijo severo, casi molesto—. ¿Y qué quieres que te diga? No es posible para mí olvidar todo lo que pasé con Mai, y lo que ella significó para mí… pero cuando se alejó de mí, no me dio la sensación de estar perdiendo algo. Me sentí… libre.

Tratando de destensarse, Zuko inhaló profundo y luego exhaló.

—Aunque no le guarde ningún rencor, ni en mí haya lo suficiente para decir que sigo pensando en ella como antes —continuó pensativo—, no voy a permitir que alguien le haga daño con el fin de querer controlar mi vida. A pesar de todo, Mai sigue siendo una mujer importante para mí… y si alguien la amenazó para alejarla y hacerme aceptar este compromiso con Toph… eso quiere decir que debo cuidarme las espaldas.

—No solo tus espaldas —concordó Aang—, sino las de ellas dos también.

—Sé que ambas pueden cuidarse solas —dijo Zuko reconociendo que ni Mai ni mucho menos Toph eran damiselas secuestrables—, pero…

—Entiendo, sencillamente no puedes evitar preocuparte —lo interrumpió Aang con comprensión—, a veces Katara piensa que no confió en sus habilidades, pero al final es algo que yo tampoco puedo controlar.

Zuko asintió a eso.

—¿Y qué piensas hacer con respecto a tu compromiso? —cambió Aang un poco de tema—, sé que no tienen muchas soluciones, pero…

—No tenemos ninguna, Aang. Salvo huir como perros con las colas entre las patas y ocultarnos como gusanos. Pero, sé que Toph y yo somos demasiado orgullosos para hacer eso —farfulló Zuko sintiéndose enfermo—. Además, esa tampoco es una solución aceptable considerando la situación con su familia; ni la mía con respecto a mi deber como Señor del Fuego. No hay escape, Aang, para ninguno.

—CONTINUARÁ—


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