Hola... Espero que estén muy bien y estén disfrutando de vacaciones (bueno aunque algunos estudian en diferentes modalidades y pueden seguir en clases), en fin, como sea espero que estén bien y no estén teniendo problemas. Si estan pasando por algún momento difícil, espero que pronto pase el mal trago, sean fuertes y esta cosa les ayude a entretenerse.
Hace semanas acabó de terminar la universidad (Sí, ¡Al fin!) Y mi carrera de Lic. En Psicología está concluida. Me la he pasado muy feliz últimamente; he encontrado un trabajo que me permite avanzar bastante con mis fanfics, cosa que no me era fácil durante mis estudios. Así que espero que las actualizaciones sean más frecuentes o al menos que el intervalo de espera sea menor al acostumbrado. Gracias a mi colega, thelovearesick, por su gran apoyo en este fanfic, 3 de los 4 reviews son de ella, a pesar de que ella no está en el fandom de One Piece, hace un esfuerzo por ir conociendo los personajes y su dinámica, para así leer con más facilidad esta historia.
¿Vieron el manga de esta semana? Estuvo genial… Pero no entiendo cómo se libraran de Big Mom.
En fin, espero que les guste este capítulo, lectores fantasma, y los invito a dejar sus comentarios, aunque puedo ser una autora que a veces suene muy fría o distante con su público, aprecio leer sus opiniones… En serio.
O no sé si es el público, tal vez en Fanfiction son más reservados. No se si sepan, pero tambien publico en amor-yaoi y en wattpad (próximamente en AO3)
y en aquellas plataformas, este fanfic ha sido mejor recibido.
Igualmente quiero decirles que si tienen alguna duda respecto a la historia o personajes, no duden en exponerla.
Sin más que decir, aquí tienen.
Trafalgar Law se encontraba sentado, con sus brazos cruzados al igual que sus piernas, justo fuera de la dirección de la preparatoria.
Su padre y el director habían estado discutiendo por unos diez minutos.
El señor Trafalgar ni siquiera lo había mirado directamente cuando arribo a la institución, tenía un semblante tan confuso y estresado.
Ahora mismo Law no sabía que esperar, no había enfadado a su padre desde hace tanto tiempo, desde aquella época en que su madre y hermana seguían con vida…
Y por fin la puerta del despacho del director se abrió y su padre salió de ahí.
Edward Trafalgar se dirigió a su hijo, con postura tensa, lo miro fugazmente a los ojos y le indico con un leve gesto hecho con la cabeza que era hora de marcharse.
Law se puso de pie y fue detrás de su padre.
Mientras iban saliendo del edificio, un profesor rubio observaba los pasos del padre y su hijo. Rocinante miraba desde la ventana de su salón asignado como el señor Trafalgar y Law se dirigían hacia el auto y entraban en él rápidamente.
Rocinante solo tenía un pensamiento, un deseo, en su mente:
Que Law saliera de este problema lo más pronto y estable posible.
Su corazón latía con cierta violencia debido a sus nervios…
Aun no tenía ni una pista del porque había golpeado a aquel muchacho pelirrojo, en un par de horas más regresaría a la casa de los Trafalgar y podría platicarlo con el joven… Eso si Law no era castigado y confinado en su habitación.
Mientras tanto en el carro de los Trafalgar, padre e hijo seguían sin hablarse provocando un incómodo silencio. Law, quien iba en el asiento de copiloto, tenía su rostro dirigido hacia la ventana, el adolescente comenzaba a sentir la presión de tener que hablar con su padre…
Tal vez era hora de decirle la verdad sobre muchas cosas.
Y llegaron a casa, estacionaron el auto y entraron con paso tranquilo a su vivienda. El señor Trafalgar le indico a su hijo con un gesto de mano que tomara asiento en un sofá de la sala de estar.
Una vez sentados, Edward Trafalgar echo a su hijo una mirada crítica mientras que el menor trató de evitar esa profunda mirada en lo posible hasta que…
-Law, ¿quieres darme tu versión de la historia?
-Padre…
-Por favor, Law, dime la verdad. ¿Qué ocurrió? ¿Qué te orillo a recurrir a los golpes?-pregunto el padre mostrando una preocupación sincera e inclinándose ligeramente en dirección a su hijo.
-Yo…-y el joven lanzo un pesado suspiro mientras bajaba su cabeza en gesto de vergüenza. Law volteó a ver fugazmente uno de los viejos retratos familiares. Su grisácea mirada se fijó en una fotografía donde su madre y su padre cargaban a su hermana y a él respectivamente.
Los rostros tan felices e inocentes de su madre y hermana le conmovían demasiado…
¿Hace cuánto había comenzado a salir a toda clase de fiestas y lugares no apropiados para su edad? ¿Cuándo había empezado a beber, a tener peleas y sexo ocasional? No lo recordaba con exactitud…
Ahora le parecía todo tan nauseabundo y vergonzoso, ¿Cómo se había dejado caer en ese hoyo de estupideces a sus quince años?
Tal vez solo había sido una salida, una distracción fácil, para su mente desde aquella temporada llena de dolor y recuerdos familiares…
Quizás ya era tiempo de decirle adiós a esa faceta de desviación y mentiras.
Law inhalo hondo y levanto su rostro para mirar directamente a su padre.
-La pelea de la escuela solo fue para defenderme.
-¿Ese muchacho te había molestado antes? ¿Qué te hizo?
-Él… Yo…
Y Law fue revelando la verdad, narrando hechos pasados y explicando cada consecuencia…
Su voz se pausaba constantemente, un nudo en la garganta prevaleció durante todo el relato al igual que una postura cabizbaja que reflejaba toda su vergüenza.
Edward Trafalgar estaba estupefacto; sus ojos estaban en una estática expresión que mezclaba horror, sorpresa e incredulidad.
El padre sentía que su pecho parecía contraerse dolorosamente al escuchar cada insólita situación que había experimentado su hijo.
Law lo conto todo; sus salidas para beber ilegalmente, sus peleas y enredos pasionales, sobre cómo le había ocultado muy bien todo hasta ahora y por último una posible justificación (tal vez no tan válida y lógica para su padre) sobre él porque había decidido a hacer todas esas actividades.
Solo hubo una cosa que Law no pudo confesar y eso fue su amor platónico hacia aquel profesor rubio que alquilaba una habitación en su hogar.
Un silencio sepulcral reino en la sala de estar de los Trafalgar al menos por unos diez minutos.
De pronto el señor Trafalgar se puso de pie y se dirigió hacia la chimenea donde tenían varios reconocimientos, premios y fotografías familiares.
El padre tomo un retrato de su fallecida esposa, la observo fijamente por unos minutos y finalmente la dejo de regreso sobre la chimenea.
-Law… Te suspendieron por un par de días de la escuela, así que no saldrás de casa hasta entonces-declaro Edward Trafalgar con una amarga voz-. Una vez regreses a clases, no podrás tener salidas ni hablar con tus amigos hasta nuevo aviso. Mañana te llevaré a un chequeo médico para asegurarme de que…-y no pudo continuar, se aclaró la garganta y solo pudo agregar-: Ahora, ve a tu habitación.
Law sin decir nada, obedeció a su padre y subió directo a su habitación.
Al llegar a su cuarto se tendió sobre la cama y contemplo el techo.
Sus grises ojos guardaban aun toda su vergüenza y ahora trataban de retener la inmensa tristeza que cada vez tomaba más fuerza y hacía que sus brazos y piernas temblaran…
Finalmente una discreta lágrima salió de su ojo derecho y esta fue rápidamente desvanecida por la manga de su uniforme.
Quería ir a disculparse mil veces con su padre, aunque fuese inútil y no ayudara a reducir la pena que sufría por su culpa...
¿Cuánto tiempo pasaría para que su padre lo viera de nuevo a los ojos y le hablara con cariño y confianza? Tal vez su confianza nunca podría recuperarse del todo…
-Sería idiota esperar eso-murmuro Law mientras se quitaba el saco color negro de su uniforme-. Nunca volverá a confiar ciegamente en mí… No lo merezco…
Y el joven llego a la conclusión de que, efectivamente, no merecía su total confianza, no hasta que dejara de sentir aquella estúpida, fantasiosa e inapropiada atracción hacia Rocinante.
Al cabo de unas horas Rocinante Donquixote llegaba a casa de los Trafalgar con una sensación de inmensa inquietud.
La casa lucía tan tranquila y solitaria como siempre…
Decidió ir a la cocina primero. No encontró a nadie.
Luego, con mucho nerviosismo, subió las escaleras y al llegar a la segunda planta tropezó al ver al señor Trafalgar salir de una habitación.
-¿Estas bien, Rocinante?-y el hombre de cabello negro ayudo al torpe rubio a ponerse de pie.
-Sí, muchas gracias…
-Debo pedirte una disculpa, hoy le pedí a la señorita Velia que se retirara; lamento hacerte cocinar o, en otro caso, salir a comprar comida…
-No se preocupe, no pasa nada.
-En serio, discúlpame pero creo que entiendes porque prefería no tener a nadie más en la casa mientras…-y su voz se quebró por unos segundos. Se aclaró la garganta y prosiguió-Mientras hablaba con Law.
-Sí… Me imagine…-y Rocinante noto el semblante triste y sombrío de Edward Trafalgar-. Señor, disculpe mi atrevimiento, pero luce bastante agobiado, ¿le gustaría ir a tomar un café? Tal vez no ayude mucho pero…
-Te lo agradezco pero no aun no me siento con ánimos de consumir algo, de hecho… Quería tomarme una larga siesta, mientras puedo.
-Entiendo, no lo detengo, descanse mucho-y Rocinante siguió el camino hacia su habitación al igual que aquel cansado médico.
"¿Qué habrá pasado? Lucía tan abatido… ¿Cómo estará Law…?"
Cuando llego a su cuarto, dejo su maletín con material escolar con cuidado sobre la cama y rápidamente se cambió de ropa, había decidido salir a comer fuera. Un par de jeans desgastado, una sencilla camiseta blanca con un bordado de cuello en color rosa y unos tenis blancos le dieron automáticamente una apariencia juvenil a comparación de la ropa formal que llevaba durante su desempeño como profesor.
En unos minutos más estaba almorzando en un sencillo restaurante donde servían ensaladas y comida "ligera". Mientras comía miraba constantemente su celular…
Tenía unas terribles ganas de llamar a Law y saber cómo se encontraba, al menos enviarle un mensaje de apoyo.
"¡No! ¿¡Que me pasa?! No debería meterme en problemas, puedo meterlo en problemas… En más problemas…" pensó con desesperación el rubio mientras apretaba en su mano izquierda su celular.
Y los días pasaron…
Law, justo como lo ordeno la dirección de la preparatoria, no asistió a clases pero todas las tareas le fueron enviadas a casa.
El señor Trafalgar y Law no habían coincidido en ninguna de las comidas de la casa (el desayuno, comida y cena eran enviadas a las habitaciones de cada uno) y, cuando por fuerzas mayores, padre e hijo coincidían en algún pasillo o estancia de la casa, se limitaban a evitar miradas y apresurar el paso.
Era muy triste, incomodo pero sobretodo estresante.
Cierto día, los amigos de Law, Shachi y Penguin, decidieron tomar una alternativa para comunicarse con su compañero, así que al terminar la clase de español esperaron a que todos los demás alumnos se retiraran y pudieran abordar sin problemas al joven profesor de cabellera rubia que se encontraba revisando unas tareas.
-¿Puedo ayudarles?
-Necesitamos saber de Law, ¿Cómo está?-pregunto el chico con gorra de Pingüino-¿Cuánto tiempo más seguirá castigado?
-Chicos… Ni siquiera yo he podido hablar con él aun-respondió el profesor con incomodidad y cierta tristeza-. Desde aquel incidente, no he podido verlo por más de un segundos. Él y su padre tienen mucho que arreglar entre ellos aún… Supongo que tendrán que seguir esperando.
El par de adolescentes miraron decepcionados al profesor.
-Bueno, si puede hablar con él, aunque sea por unos segundos, dígale que puede hablarnos, que estamos apoyándolo-dijo el chico llamado Shachi.
-Si puede entregarle esto, se lo agradeceríamos…-agrego Penguin al sacar un sobre de la chaqueta de su uniforme para colocarlo encima del escritorio.
Y sin más, el par de adolescentes se retiraron del lugar. Rocinante tomo con cuidado la misiva que le había sido confiada para su entrega y la guardo en una libreta personal para después guardarla de nuevo en su maletín.
Esa tarde, cuando ya había llegado a casa y se dirigía a su habitación, se aproximó con paso ligero a la puerta de la habitación de Law y con mucho cuidado deslizo la carta que sus amigos le habían enviado.
"Listo… Espero que le anime un poco saber de ellos…" y Rocinante se fue a su cuarto no sin antes tropezar al tratar de recuperar su ritmo normal de sus pisadas.
Más tarde...
-Todo esto es demasiado agobiante-dijo la cocinera rubia mientras recogía el plato vacío de Rocinante-. Nunca espere ver al señor Trafalgar actuar de ese modo… Se nota a leguas que la situación le duele demasiado.
-Sí… Supongo que solo el tiempo puede ayudarlos a sanar esa situación. Ya falta poco para que las clases terminen, tal vez en las vacaciones Law y él puedan reconciliarse.
Rocinante había terminado una ligera merienda.
En estos solitarios días sin poder convivir con Law y el señor Trafalgar, había hablado mucho más con aquella muchacha rubia que cocinaba y hacía la mayoría de los quehaceres de la casa. Y, como para ejercitar la nostalgia, sus conversaciones habían sido en español.
-Eso espero, la tensión que reina en esta casa es tan… palpable, argh-y la muchacha comenzó a lavar los trastes sucios-. Solo se tienen el uno al otro, no deberían distanciarse aún más de lo que ya estaban…
Rocinante miró desanimado los asientos en los que Law y su padre se sentaban regularmente.
Aunque era rara la ocasión en que veía comer a esos dos juntos, extrañaba verlos y charlar en lo posible hasta que el señor Trafalgar tuviera que salir a trabajar al hospital o a atender algún otro pendiente.
-¿Tú no sabes porque ocurrió todo esto?-pregunto Velia consternada mientras terminaba de guardar los platos limpios.
-Bueno, solo sé que lo desencadeno, fui testigo de ello, pero, sinceramente, no creo que solo ese incidente haya provocado toda esta situación-confeso Rocinante mirándola con pesadez-. Law tuvo una pelea en la preparatoria, una pelea común y corriente que suelen acontecer en las escuelas. Por eso no creo que solo ese simple hecho haya dejado tan abatido a su padre…
-Vaya… Pobre… Ahora que lo dices, tampoco creo que una simple pelea haya causado esto. Bueno, dejemos esto, no deberíamos hablar de esto-y la joven guardó un par de recipientes (que contenían la cena de los Trafalgar) en el refrigerador, se quitó el mandil color verde que usaba durante sus labores para después deshacer el peinado que sujetaba todo su cabello-. Ya es hora de irme, nos vemos mañana.
-Te acompaño…
-Está bien, aunque solo esperare en el pórtico, vendrán por mí en esta ocasión.
Y el par de jóvenes adultos salieron de la casa y tomaron asiento en la pequeña escalinata del pórtico.
A los segundos de haberse sentado, la rubia saco de su pequeña mochila una cajetilla de cigarros y un encendedor.
-No sabía que fumabas…
-Hoy no me siento muy bien, me duele un poco la cabeza-y la joven se llevó un cigarrillo a los labios y rápidamente lo encendió soltando una bocanada de humo-¿Quieres uno?
-Trato de evitarlo lo más que puedo, pero tampoco me he sentido muy tranquilo, así que…-y Rocinante acepto la invitación-. Gracias.
-Cuando todo vuelva a la normalidad, haré una gran parrillada y si puedo también les hare tacos, ¿has probado los tacos, Rocinante?
-Pues he ido "Taco Bell"…
-¡Oh no! Esa comida es una tontería, son una burla. Ya verás como son los tacos de verdad... Por cierto, ¿has leído algún libro últimamente?
-Pues estoy leyendo "Los miserables" como por quinta vez, es uno de mis favoritos, ¿lo has leído, te gusta?
-Sí, lo leí hace mucho y me encanto. Aunque solo lo leí dos veces… Lo que he visto repetitivamente son las películas y los musicales. Siempre tuve el deseo de interpretar a Fantine…
-Creo que te imagino más como Cossette…
-¿Tú crees…? Bueno, yo estoy leyendo "1984", es realmente… ¡ROCINANTE! ¡Tú camisa se está incendiando!-grito la chica mientras se alejaba para apagar su propio cigarrillo y este comenzaba a tratar de apagar con palmadas el pequeño fuego que consumía una parte de su ropa.
En unos segundos, Velia fue por la manguera del jardín para lanzar un fugaz y preciso chorro de agua hacia Rocinante. Al final, Rocinante quedo con un agujero ahumado en su camisa y con los ojos completamente cubiertos por su abundante y mojado fleco.
-Mierda… Lo siento, ¿fue demasiado?
-Descuida, así fue más rápido. Perdón por asustarte, hace mucho que no me pasaba… Soy muy descuidado a veces…
Y en ese momento una motocicleta se estaciono frente a la casa.
La conducía un sujeto vestido con pantalones y chaqueta negra.
Se quitó el casco y volteo a mirarlos con expresión ceñuda.
Era un tipo de cabello negro, tez pálida y ojos de color verde claro que tenían una fría expresión que se clavaba en el rostro de Rocinante.
-Mira es mi novio, ya llego por mí-anunció la muchacha mientras acomodaba su mochila.
-Ah… ¿está molesto?
-¿Por qué lo dices?
-Me está observando como si… quisiera golpearme…-murmuro Rocinante tratando de evitar la dura mirada de aquel sujeto que más o menos rondaba por su edad-¿Crees que se haya molestado por acompañarte?
-Descuida… No es personal, siempre mira así a casi todos mis amigos-explico la joven sonriendo sin preocupación-. Nos vemos luego, cuídate-y fue rápidamente hacia la motocicleta, su pareja saco otro casco de un comportamiento para dárselo y rápidamente se montó en el vehículo detrás de su amante para salir a toda velocidad.
-Si no estuviera castigado y hundido en problemas, le rompería la cara a ese tipo, o al menos le averiaría la motocicleta-dijo una estoica voz a la espalda de Rocinante.
Law, por fin, había salido de su habitación y se encontraba de brazos cruzados recargado en el umbral de la puerta principal.
Rocinante abrió mucho sus ojos y quedo boquiabierto, estaba realmente sorprendido.
-¡Law! ¿Co-como estas? ¿Cuánto tiempo llevas aquí?
-Vi cómo te incendiaste. Que torpe eres, en verdad, ¿Cómo te atreves a fumar y distraerte? Pudiste haberte quemado la cara-dijo Law con cierto tono represivo.
-Sí, lo se… Seré más cuidadoso la próxima vez.
-Bien… Creo que debo ir por mi cena y volver a mi habitación-y Law dio media vuelta para entrar a casa-. Por cierto, gracias por dejar la carta.
-De nada… Tus amigos estan preocupados por ti.
-Me imagine. Ya este miércoles regreso a la escuela. Aunque no tiene mucho caso, ya solo queda una semana más para que terminen las clases…
-Si… Law, ¿Por cuánto tiempo más seguirás castigado?-se atrevió a preguntar el rubio mientras sentía un nudo en el estómago.
-Vamos a la cocina, no es seguro hablar aquí.
Y dicho y hecho, fueron a la cocina. Law saco su cena del refrigerador, la sirvió y tomo asiento junto a Rocinante.
-¿Puedes servirme un poco de jugo?-pidió Law al notar que no se había servido bebida-. Bueno… ¿Cómo empezar esto?
-Podrías contarme por qué peleaste con ese muchacho pelirrojo en la escuela…
-Hace tiempo me acosté con ese tipo-declaro Law mientras recibía el vaso con jugo de la mano de Rocinante-. Fue hace tiempo… Y fueron un par de ocasiones. Solo eran juegos, pero terminamos por "conocernos" más y no congeniamos bien, empezamos a tener una rivalidad, tanto que ese idiota empezó a fastidiarme en cada oportunidad o manera posible. Entonces, ese día, me encontró en el baño, comenzó a molestarme… Quería que volviera a… Ya sabes, y, obviamente, decline su propuesta y todo terminó así…
-Vaya… No… No me lo habría imaginado-balbuceo Rocinante incómodamente mientras se sonrojaba un poco-. Law, ¿le dijiste todo esto a tu padre?
-Si… Y también le confesé que me he embriagado, le dije todas las estupideces que he hecho y le he escondido-resoplo amargamente el joven-. Creo que ahora entenderás mejor por qué las cosas han estado tan tensas entre él y yo…
-Sí… Entiendo. Law…
-¿Qué?
-¿Acaso…? ¿Acaso también le dijiste sobre…?-dijo esto último con un tono de voz muy bajo y que reflejaba un temor horrible.
-No, no le dije nada respecto a lo que pienso de ti-respondió Law con voz baja y calmada-. Sabría que te metería en problemas, aunque tú no tuvieras nada que ver… Probablemente mi padre te hubiera pedido que te marcharas ese mismo día-y siguió comiendo.
El rostro de Rocinante se quedó pasmado. Sin duda, le aliviaba haberse librado de problemas, aunque no tuviera ninguna responsabilidad directa en ello. Oír que Law había confesado todas sus "aventuras" a su padre era algo que no podía asimilar…
Se imaginó la pena que debía de pasar el señor Trafalgar, su reacción al haber recibido tales noticias.
-Debió ser muy duro para tu padre…
-Lo fue… Lo es… Aunque ahora estoy más tranquilo, no creas que me siento libre de culpa. No sé cómo volveré a verlo a la cara-dijo Law mientras ladeaba suavemente su vaso. Lanzo un pesado suspiro y se puso de pie-. Nos vemos el miércoles en la escuela…
Y así fue. El miércoles por la mañana Law volvió a las filas escolares.
Rocinante se alegró bastante al ver a ese jovencito de nuevo en aquel pupitre y haciendo sus deberes, aunque ahora, sin duda, lucía un poco más serio de lo normal.
En cuanto Shachi y Penguin lo vieron llegar a la escuela fueron a su encuentro. Law, con una seria tranquilidad, les recomendó no emocionarse demasiado; les conto que seguiría castigado hasta nuevo aviso de su padre.
-¿Qué? ¿Tanto te castigaron por una pelea?
-No solo fue la pelea… Le revele a mi padre todo lo que hacíamos a escondidas. No me pregunten porque... Ya paso y no hay vuelta atrás…
-Oh viejo…
-No puedo creerlo… Ahora entiendo porque te habías aislado de todo-soltó Penguin completamente desanimado-¿Ahora que pasara?
-No lo sé… Ni siquiera en mi casa me siento tranquilo. Mi padre no me ha visto a la cara desde aquel día.
-Vaya… Bueno, tratemos de pasarla bien aquí, mientras podamos-dijo Shachi mientras rodeaba los hombros de Law con su brazo.
-Tratemos de ya no meternos en problemas, si Law está en este embrollo, también fue por culpa nuestra-agrego el muchacho de gorra de pingüino-. Discúlpanos…
-No hay porque pedir perdón. Vamos a clases…
Y el día pasó. El trio de amigos se despidió al salir de la preparatoria y Law fue directo a su casa. Al llegar a su habitación empezó a quitarse su uniforme color negro. Mientras que el adolescente se ponía otro cambio de ropa alguien llamo a su puerta.
-Un segundo…-y Law termino de ponerse una camiseta de color amarillo. Fue a abrir la puerta y su corazón pareció detenerse.
Su padre entro en la habitación. Edward Trafalgar tomo asiento en la cama de su hijo. Law se sentó en la silla que acompañaba su pequeño escritorio. Un embarazoso e irritante silencio prevaleció por unos minutos.
-¿Cómo te fue hoy en la escuela?-hablo finalmente el padre sin ver directamente a su hijo. Su oscura mirada, oculta tras sus cristalinas gafas, estaba entretenida en el piso.
-Bien… Todo fue tranquilo, no tuve ningún inconveniente.
-Me alegro…-y otro silencio más-. Han pasado días muy difíciles, ¿no es así?-soltó de pronto Edward Trafalgar ahora dirigiendo su mirada al techo.
-Sí…
-Law, sinceramente no sé cómo lidiar con esto… Créeme que sigo aturdido al pensar e imaginarme todo lo que…-y un nudo se hizo en su garganta, tomo aire y continuó-. Quiero que sepas que, dejando de lado mi enojo y asombro por todo lo que hiciste, me preocupa, es decir, quiero charlar contigo sobre eso...
-Papá…
-Law, debes tener en cuenta que debes tener mucho cuidado con qué clase de personas te relacionas. Quiero dejar en claro que acepto tu orientación pero no me gusta la idea de que hayas iniciado tu vida sexual a temprana edad-la voz con la que decía esto era muy extraña; era como si se esforzara en mostrarse sumamente serio y ocultar la inmensa incomodidad que le causaba hablar de estos temas con su hijo-. Sé que no podré estar vigilándote las veinticuatro horas del día, no puedo evitar que vuelvas a tener sexo hasta que seas mayor pero al menos me gustaría que dejaras de tener encuentros casuales con cualquier sujeto, ¿entiendes? Debes tener un mínimo conocimiento sobre su estilo de vida y estado de salud, y siempre usar protección… Por suerte no tuviste ningún problema de infección o…
-Lo sé, créeme que tuve en cuenta eso… Aunque no parezca. Solo en una ocasión no use protección, fui un idiota, lo lamento…
-Eso es solo una parte de la gran responsabilidad. Law, también debes de tener en cuenta la personalidad de tus parejas, mira la clase de bruto con el que te involucraste… ¿Qué hubiera pasado si te atacaba en otro sitio donde no hubiera nadie para auxiliarte?
-No hubiera pasado nada, puedo contra ese idiota…
-¡Law, no quiero que te metas en problemas, nunca te confíes, nunca!-espeto el mayor mientras endurecía su voz sin dejar de lado el tono de preocupación-. Entiende que no puedes arriesgarte…-y su voz bajo drásticamente y su rostro reflejo una expresión de profunda aflicción-. No quiero que te pase algo de lo que luego me lamente… No quiero que…-y se detuvo súbitamente.
Law soltó un pesado suspiro.
-Entiendo que te preocupes por mí, sé muy bien porque estas tan preocupado-murmuro el adolescente-. Yo siento lo mismo cada vez que pasas mucho tiempo fuera de casa; siempre tengo esa especie de ansiedad… Y recuerdo a mamá y a Lami…
El señor Trafalgar volteo a ver a su hijo, directamente a los ojos, y sonrió melancólicamente después de unos segundos. Law fue a tomar asiento junto a él y su padre le rodeo por los hombros, acercándolo más a él en un gesto de cariño paternal.
-Ese muchacho no volverá a molestarte, me encargaré de eso-declaro el padre-.Y habiendo discutido ese tema, quería comunicarte una opción en la que he estado pensando mucho…
-¿Sobre qué?
-Hay un campamento juvenil…Es un campamento que ayuda a orientar a jóvenes de tu edad, es para chicos que han pasado situaciones parecidas a las tuyas o tienen problemas de conducta tanto en casa y escuela… Creo que puede ser de ayuda para que te despejes de todo de una vez y de una manera práctica, ¿Qué dices? Si no quieres ir, lo entenderé…
-No lo sé… Pensé que pasaríamos las vacaciones aquí, que saldríamos a pescar como siempre-murmuro Law-. Pero si te parece una buena idea, si crees que me puede ayudar, iré sin problemas.
-Claro que iremos a pescar, eso no lo podría cancelar... Me encargare de reservar un día si decides ir al campamento.
-Iré… Por eso no te preocupes más. ¿Cuándo tendría que irme?
-La siguiente semana después de que termine el curso escolar. El campamento está en las afueras de la ciudad, cerca de los viñedos y de la costa. Tienen varias actividades deportivas y culturales…
Y su padre siguió platicándole sobre tal campamento.
A decir verdad, Law no estaba nada emocionado por ir a ese lugar pero el solo ver el rostro de su padre, que lucía un poco más aliviado y relajado al platicarle todo eso, le convencía lo suficiente para aceptar la idea.
Y el último de clases llegó. Shachi y Penguin, al oír sobre el destino veraniego de Law, se pusieron a exclamar quejas y lamentaciones. El trio de adolescentes estaba cerca de la salida de la escuela.
-¿En serio aguantaras estar en ese lugar? Me da miedo imaginarme la clase de fastidio que puede resultar ser…-dijo Shachi con voz cansada-. Ya sabes, puede ser de esos campamentos ñoños y sosos donde todo es relacionado a la religión…
-Si resulta ser así será mejor, así mi padre estará más tranquilo-dijo Law mientras revisaba su celular brevemente-. Quiero que olvide que fui un desastre, ¿entienden?
-Bueno, tienes razón, así será más fácil que se quite todas las malas impresiones que tuvo de ti-corroboro Penguin mientras se acomodaba su mochila en el hombro izquierdo.
-Será mejor que me enderece, al menos hasta que tenga dieciocho años… ¿Me esperaran hasta entonces?
-Claro que sí, viejo, nosotros también deberíamos calmarnos por un rato, ¿no?-soltó Shachi mientras miraba a Penguin.
-Así es…
-Verás que cuando regreses para el próximo ciclo escolar, todos sentaremos cabeza y seremos todos unos muchachos bien portados-siguió diciendo el muchacho pelirrojo de las gafas oscuras.
-Ja, lo dice el más relajado de los tres-observo Penguin ácidamente-. Law, espero que te vaya muy bien en ese lugar, escríbenos si puedes, ¿de acuerdo?
-Claro que sí. Cuídense mucho, los veré hasta septiembre, aunque espero poder tener la oportunidad de tener una salida en medio del verano, tal vez nos podamos ver en esa ocasión…
-Ojala sea así…
Y los tres amigos se separaron y se despidieron con un gesto de mano
Law sentía una extraña melancolía, nunca se había imaginado despedirse de sus amigos por un verano entero e ir a un campamento que lo ayudaría a "reformarse". Todo era tan extraño, tenía la desagradable sensación de que estaba dentro de un incómodo sueño…
Entretanto, lejos de ahí, en un lujoso establecimiento dedicado a ofrecer bailes y espectáculos eróticos, un hombre bronceado de cabello rubio, que vestía un vistoso abrigo de plumas rosadas, bebía y charlaba con una voluptuosa mujer morena de abundante cabello castaño y cuyo curvilíneo cuerpo estaba escasamente cubierto con una especie de lencería llena de bisutería. Estaban sentados en un sofá circular de color rojo oscuro y justo delante de ellos una pequeña mesita resguardaba un par de cocteles que habían estado sorbiendo en pequeños intervalos.
-¿Y cómo te ha ido hoy mi querida Violet?
-Lo mismo de siempre, aún no ha llegado la parte donde llegan buenos clientes…
-Bueno, tienes tiempo de pasarla bien conmigo hasta entonces, ¿no?
-Doffy, pensé que solo venías a verificar como iba el negocio…
-Tengo que llevar un control de calidad, ¿no lo crees?-terció el hombre cuyos ojos estaban perfectamente escondidos detrás de unas extravagantes gafas de cristal naranja-. Vamos, preciosa…-y este se acercó mucho más a la mujer y acerco sus labios al cuello de la bailarina.
-Creo que tendrás que atender otra clase de asuntos-señalo la mujer al ver que un hombre de cabello oscuro, con una barba y patillas peculiares las cuales habían crecido con una extraña forma acabada en pico que cruzaba toda su mejilla, se les acercaba con paso marcial.
-¿Por qué lo dices…?-y se apartó de ella para ver a que se refería-. Oh, hola Vergo, ¿Qué noticia me traes?-saludo Doflamingo alegremente al verlo.
-Unos inconvenientes con unas entregas-comunico el hombre que, al igual que su jefe, llevaba gafas que ocultaban perfectamente sus ojos tras unos cristales negros-. Dijeron que quieren hablar personalmente contigo, ¿quieres que me encargue de ellos o les concederás un momento contigo?
-No, no te preocupes, yo me encargo de eso…-respondió el rubio mientras se inclinaba hacia la mesa para tomar su copa de licor-. Ya has hecho bastante últimamente, ¿Por qué no nos acompañas?
-No gracias, Doffy. Lo aprecio mucho, en serio, pero…
-¿Aun sigues sintiéndote mal? ¿No has vuelto a ir al médico?-inquirió Doflamingo perdiendo su sonrisa por unos segundos mirando directamente al rostro de su subordinado.
-Me siento bien, no creo que sea necesario ir…
-Tonterías, quiero que mañana vayas a hacerte un chequeo, ¿entendido?-ordeno Doflamingo quien al terminar de hablar termino su bebida de un sorbo-. No permitiré que sigas ignorando tu salud. Ahora me retiro por un par de horas…-y se puso de pie. Doflamingo brindo su mano derecha a la mujer que le acompañaba, como un gesto de caballerosa invitación, para que ambos se retiraran de aquel bullicioso lugar-. Violet, adelántate...
La mujer se alejó rápidamente de ahí y entonces Doflamingo se acercó al hombre llamado Vergo para decirle algo al oído.
-Te llamaré más tarde, tengo que cuidar bien de ti-susurró el rubio con voz seductora mientras deslizaba una mano hacia la entrepierna de su subordinado para finalmente presionar ligeramente aquella zona-. Nos vemos…
Y Doflamingo se retiró del establecimiento con paso relajado y con una amplia sonrisa que reflejaba toda su satisfacción...
Y el día de irse al campamento llego. Esa mañana, la casa de los Trafalgar respiraba un ambiente más ameno.
Debido a que Law se marcharía por algún tiempo, la joven cocinera Velia había preparado un desayuno enorme, había hecho varias porciones pequeñas de varios platillos, junto con frutas que decoraban la mesa y la comida.
El señor Trafalgar y Law volvieron a comer juntos, padre e hijo se trataban con la misma cordialidad de siempre.
Rocinante, por su parte, estaba feliz de volver a verlos compartiendo la mesa pero dentro de él había un par de pensamientos que le impedían disfrutar del todo el agradable desayuno…
Una era la culpa de que el señor Trafalgar ignorara la atracción que su hijo sentía hacia él y, peor aún, la bizarra y extraña simpatía que el mismo sentía hacia Law desde hace tiempo y con la cual se sentía cada vez más incómodo debido a que tomaba más fuerza y tonos diferentes; el otro pensamiento que agobiaba su mente era el irremediable hecho de que Law se iría por casi tres meses… ¡Tres meses sin verlo, sin poder charlar con él!
El castigo que tan recientemente había acontecido había sido demasiado incómodo y solitario; ahora imaginar los días de verano sin aquel rostro desafiante, sarcástico y juvenil le resultaría un completo hastío.
-Rocinante, ¿Qué opinas?
-¿Qué?-balbuceo Rocinante parpadeando repetidamente como si se recién se hubiera despertado de una siesta.
El señor Trafalgar le había pedido su opinión al rubio pero este había estado absorto en sus pensamientos.
-Disculpe, estaba distraído…
-No te preocupes. Te preguntaba tu opinión sobre el campamento, ¿alguna vez fuiste a algún lugar así durante tu adolescencia?
-Ah… Pues estuve unos meses en una academia militar-conto el rubio tratando de recuperar la formalidad-. Un conocido que respeto mucho me ayudo bastante al incorporarme en ese lugar, siempre hay algo bueno que aprender ahí…
Y mientras, Rocinante decía todo aquello, Law mantenía su mirada en él. Recorrió sutilmente el rostro del rubio, miro con atención los delgados labios que ahora relataban su estancia juvenil en una militarizada, observo el par de iris que parecían imitar el color ámbar y se perdió por unos segundos en ellos…
-Espero que te vaya muy bien en ese campamento, Law-dijo Rocinante al terminar de contar su experiencia.
-Gracias…-contesto Law sintiendo una incómoda sensación en su estómago, hasta ahora había caído en cuenta sobre el tiempo en que estaría sin ver a ese torpe rubio.
En tan solo un par de horas más Law le diría adiós a su hogar.
Al faltar solamente una hora para partir al campamento, el adolescente subió a su habitación y se dedicó a empacar su ropa y otras pertenencias personales que considero importante llevar consigo. La puerta de su habitación estuvo abierta durante ese momento, así que en cierto instante, Rocinante se asomó brevemente por el umbral. Vislumbró al joven acomodando unas piezas de ropa en una maleta, observo con atención las piernas delgadas que lucían libres gracias a unos pantalones cortos de color negro.
-¿Qué se te ofrece?-inquirió Law al darse cuenta de la presencia del rubio.
-Nada… Lo siento, fui al baño y pase por aquí, la puerta está abierta y…
-Ja, no sabes ni que decir, que tonto eres-soltó Law con una sonrisa mordaz-. Vamos, puedes pasar, al menos puedes ayudarme con esto, cierra bien mi valija.
-¿Ya empacaste todo lo necesario?-pregunto Rocinante con voz inquieta.
-Sí, ya todo está listo.
Rocinante asintió con la cabeza mientras daba un vistazo a la habitación del joven. Un detalle llamo su atención; a un lado de su cama, en la mesita de noche, descansaba un muñeco de felpa, era una especie de oso polar.
-¿Es tuyo?-señalo el rubio con curiosidad.
-No, claro que no… Bueno… Era de mi hermana, pero primero fue mío, cuando era pequeño…-contesto Law con voz incomoda y veloz.
-Ya veo…
-Oye…-y Law se acercó un poco a él para preguntarle en un susurro mientras le miraba directamente a los ojos-¿Mi padre esta acá arriba, está cerca?
-No, está en la cochera, me menciono que tenía que revisar unos detalles del auto antes de que salieran-contesto Rocinante sintiendo como los latidos de su corazón aumentaban en fuerza y velocidad.
-Bien… Puedo hablar con un poco de libertad, ¿Qué harás en estas vacaciones sin mí?-pregunto Law ácidamente con una sonrisa burlona mientras se separaba del hombre rubio que llevaba una simple camisa blanca y un pantalón de pijama rosa pálido.
-No lo sé… Supongo que debo revisar algunas cosas de la escuela y mi plan de clases, ir a visitar a ese viejo conocido que te conté de la militarizada, hacer deporte…-y exhalo deprimentemente-. No debería decir esto pero…
-¿Decir qué? ¿Por qué?
-No debería de decirlo, debido a que se puede malinterpretar…No, malinterpretar no, más bien porque no debería de sentirlo o pensarlo…
-Ya dilo de una vez, Rocinante.
-Te voy a extrañar…
Law soltó una sonrisa triunfante acompañada de una mirada de absoluta satisfacción, como si hubiera ganado una larga y difícil batalla.
Pero esa sonrisa no duro mucho tiempo, después de unos segundos se desvaneció al ser drásticamente reemplazada por una seria expresión.
-Será mejor que salgas de aquí rápido, mi padre puede subir en cualquier momento…-y Law tomo aire profundamente-. Rocinante, está de más decirlo pero, también de voy a extrañar, bastante, ¿lo sabes, cierto?
Rocinante no contesto a eso y se limitó a decir:
-Cuídate mucho Law-y se retiró de la habitación.
Law persiguió con su grisácea mirada la ancha y fuerte espalda de Rocinante y sintió un arrebato de tristeza al perderla de vista.
En unos treinta minutos más, el señor Trafalgar y su hijo se encontraban subiendo el equipaje de Law al auto que ya se encontraba frente a la casa y listo para el viaje. Pronto abordaron el vehículo.
-Gracias por los almuerzos, Velia. Volveré para la tarde-dijo el señor Trafalgar a su empleada-. Si quieres puedes tomarte unas horas libres hasta entonces… ¿Y el joven Rocinante?
-Oh, cuando fui a decirle que ya estaban a punto de partir, me dijo que le disculpara, tenía una llamada personal muy seria…
-Bueno, no vale la pena interrumpirle…-y Edward Trafalgar encendió el auto.
-Cuídate mucho Law, espero que te gusten los sándwiches que te hice para el camino-dijo la joven rubia en tono burlón.
-Déjate de bromas, Ve… Nos vemos-y Law se despidió con un breve gesto de mano.
-¿Estás seguro de que no olvidas nada, hijo?-pregunto el padre.
Y Law volteo a ver la fachada de su casa. Paso la mirada por todas las ventanas, esperaba ver entre algunas de ellas la figura alta de aquel rubio que extrañaría tanto… Y en efecto, la encontró. Rocinante, estaba observando las escena desde una ventana cuyas cortinas disimulaban su presencia.
Law sintió un vuelco en su corazón y una decisión llego a su mente.
Rápidamente se quitó el cinturón de seguridad y abrió la puerta del auto.
-Regreso en seguida, si olvide un par de cosas-dijo Law con cierta impaciencia-. No me tardo…
Y salió del auto a toda prisa. Ingreso velozmente a la casa y subió las escaleras con gran urgencia. Finalmente llego a la ubicación donde Rocinante se encontraba y sin esperar un minuto más el adolescente corrió hacia el gran hombre rubio, el joven se abalanzo sobre el mayor y este cedió sin dudar ante el inevitable deseo que sentían el uno por el otro.
Los brazos de Law rodearon el fuerte cuello de Rocinante.
Las grandes manos de Rocinante tomaron con firmeza el delgado cuerpo de Law, sosteniéndolo efusivamente mientras que sus labios seguían acariciándose…
Después de unos segundos, que parecieron una eternidad en un paraíso, Law separo su boca de los delgados labios de Rocinante, le miro a los ojos con intensa afectuosidad y con cuidado se apartó de él.
-No podía irme sin hacer un último desmán, ¿no lo crees?-murmuro Law sin dejar de ver a su alto amante.
Y después de decir esto, el adolescente le lanzo una cálida sonrisa y salió a toda prisa de regreso al auto. Rocinante se quedó plantado ahí, completamente quieto, con el fantasma de la última sonrisa de Law que vería en mucho tiempo y con una emoción y felicidad tan intensa que parecía quemarle el pecho.
-¿Encontraste lo que habías olvidado?-pregunto el señor Trafalgar cuando Law abordó de nuevo el vehículo.
-Sí, ya está todo listo.
Y el carro empezó a marchar.
Bien, hasta aquí por el momento. Espero que les haya gustado, entretenido, intrigado, emocionado, este episodio. Lo hice con mucho cariño y entusiasmo.
Gracias por leer, pero en especial, muchas gracias por dejar su opinión y comentarios.
Hasta la próxima...
Atte. Levita Hatake
