Lamento la tardanza...
Ya no volveré a prometer que actualizaré pronto, creo que salió contraproducente (?)

En fin...
Espero que les agrade el capítulo, aunque, tal vez resulte algo intenso (?)

Como sea, quisiera ya no preocuparme tanto por la reacción del público, no me malinterpreten no es que no quiera leer su opinión, pero últimamente he estado pensando mucho en mi faceta como ficker, con la última cosa que publique no me fue muy bien y creo que esperar una respuesta especifica del público me afecto un poco y creo que por eso mismo se demoró en salir este capítulo...

En fin quiero regresar a tener la misma seguridad que tenía cuando recién comencé a escribir fanfics de One Piece, satisfacerme primero a mí misma y luego compartirlo con el fandom, no escribir para satisfacer al público, y ahí está el detalle... Eso es lo que debería de importar.

Quiero agradecer a los que han esperado con paciencia, los que siguen esta historia y dejan sus comentarios de gusto por esta cosa. Lo aprecio mucho. En especial a cierta lectora que dejo reviews en todos mis fanfics de One Piece y en cada capítulo,

Algo que quiero mencionar y considero importante es, si tengo lectoras que son de España o Venezuela, quiero mandarles todos mis buenos deseos, que su situación mejore pronto, les mando un fuerte abrazo.


¿Acaso había sido real? ¿O solo una fantasía?
Un inapropiado, impactante y apasionado sueño…
La sensación… Aun podía percibir la hermosa y embriagante sensación en sus labios.
El roce entre los labios de Law y los suyos…
La cálida huella de su tacto aun persistía en su pálida piel.
Sus ojos se habían cerrados acompañados por una expresión de total éxtasis.
Las manos, que habían sostenido firmemente la delgada figura de aquel muchachito, aun temblaban de excitación.
Su corazón latía con fuerza y rapidez; su respiración luchaba por estabilizarse.

De pronto se escuchó una puerta cerrarse y unos pasos subir por la escalera.
Sus ojos se abrieron de golpe, salió de ese hermoso y alocado trance y regreso rápidamente a su habitación.

Rosinante tomo asiento en la orilla de su cama, confundido y algo aturdido, se dedicó a fijar su vista en el piso mientras repetía aquella increíble escena en su mente tratando de confirmar que había sido real de una vez por todas…
Y tocaron la puerta.

-¿Rosinante…?-llamo aquella chica rubia detrás de la puerta.

-¿Si…?-contesto el hombre sin moverse de la cama.

-Saldré por un par de horas… ¿No requieres algo de comer antes de que me vaya?

-No, no, gracias, Velia-dijo el rubio con voz algo inquieta-. No te preocupes por eso. Estoy bien…

-De acuerdo, nos vemos más tarde.

Y Rosinante estuvo atento a cada sonido, escuchó con atención como la chica regresaba y bajaba las escaleras para finalmente salir de la casa.
Después de unos minutos salió de su habitación y bajo para comprobar que realmente se encontrara completamente solo en aquella casa.
Reviso la sala de estar, el comedor, la cocina, el patio, el pórtico y algunos pasillos.

Al constatar su absoluta soledad, subió de nuevo y una idea llego a su mente: decidió ir hacia la habitación de Law.
Sus pasos nerviosos y torpes reflejaban su desesperación por llegar a tal estancia…
Y finalmente llego delante de la puerta de la habitación de aquel adolescente. Poso una temerosa mano sobre el pomo de la puerta y la abrió con lentitud.

Hasta hace unas horas había estado ahí, hablando con Law y observando con atención como guardaba sus pertenencias. Su cuerpo volvió a temblar de emoción al solo recordarlo…
Echo una mirada a la cama de Law y después de unos segundos se dejó caer sobre esta.
El pecho de Rosinante subía y bajaba al ritmo de su conmoción.
Pronto comenzó a acariciar el edredón y a acercar su rostro hacia la almohada donde quien sabe cuántas noches el rostro durmiente de Law se había recostado.
El rubio se incorporó, tomó aquella mullida almohada y la apretó contra su pecho que aún no podía conciliar la calma.
Luego, con cierta duda, llevó aquel cojín hacia su rostro y comenzó a aspirar el aroma que este emanaba.

-¿Qué rayos estoy haciendo…?-murmuro Rosinante al reaccionar sobre su perturbador gesto. Dejo la almohada donde estaba y se apartó de la cama.

Se quedó unos segundos más observando la habitación. No tardó mucho en sentir una enorme vergüenza y remordimiento por lo que acababa de hacer, tanto hace unos segundos, como lo que había permitido que pasara antes de que Law dijera adiós…

Pronto el torpe rubio salió de aquel cuarto y se dirigió al suyo.
¿Qué haría?
¿Cómo podría volver a ver el rostro del señor Trafalgar sin sentir una tonelada de culpa?
¿Qué haría en estos meses?
¿Cómo lidiaría con ese ferviente deseo que se apoderaba de su mente y cuerpo cada vez con más fuerza?
Y, cuando ese difícil y solitario lapso de tiempo concluyera y aquel muchacho moreno regresara de su "rehabilitación", ¿Qué se supone que debía de hacer?
¿Cómo sería su rencuentro?
¿Cómo reaccionarían los dos después de vario tiempo transcurrido desde aquel apasionante beso?

-¿En qué me he metido…?-se cuestionó Rosinante mirándose al espejo con expresión de angustia y pena. Suspiro profundamente y decidió despejar su mente, al menos por un rato, en el mundo de su computador.

Pero no funciono del todo…
Mientras revisaba el montón de noticias y publicaciones en la pantalla, su mente comenzó a divagar. De nuevo aquella escena del beso invadió sus pensamientos por completo y pronto su cuerpo comenzó a reaccionar de la manera más inapropiada posible.
Noto su entrepierna, una erección estaba comenzando a tensar la suave tela de sus pantalones de dormir.

-No puede ser...

Trato de reprimir la excitación que parecía tomar más fuerza conforme más quería negarla… Miro a su alrededor, como si temiera que alguien estuviese espiándolo, y con mucho nerviosismo introdujo un par de palabras en la página de búsqueda de su computador que en unos cuantos segundos más le ofrecieron una amplia variedad de imágenes explícitamente eróticas y de videos de alto contenido sexual.
Su corazón empezaba a latir con fuerza, un calorcillo invadió por completo su cuerpo y pronto todo su rostro se ruborizo.
Las imágenes que le ofrecía la pantalla no eran adecuadas aún…
Busco y exploro hasta que un capricho quedo satisfecho a medias:
Había encontrado un video homosexual donde un muchacho moreno y de cabello negro era el que recibía los embates de su pareja.

Su mano derecha se acercó vacilante hacia su entrepierna...
Su gran mano pálida tomo temblorosamente su endurecido miembro y lo saco de sus pantalones para comenzar a frotarlo.
Rosinante miraba desorbitado la pantalla sin dejar de estimularse.
Un par de minutos pasaron, el video se había terminado pero el hombre rubio seguía masturbándose mientras vociferaba en voz baja:

-Law… Law…

Y pronto su mano derecha termino empapada de un fluido semi viscoso color blanco.
Su pecho subía y bajaba con rapidez, su boca entreabierta trataba de recuperar el aire y sus ojos se habían cerrado desde el momento en que sintió que llegaba al clímax.

Cuando volvió en sí, fue rápidamente a limpiar su mano para después cerrar el computador y dejarse caer boca arriba en la cama con una tremenda sensación de culpa y asco por sí mismo.

Y la noche llegó. El señor Trafalgar, sorprendentemente, tuvo la noche libre de trabajo y, para desgracia de Rocinante, el médico fue a llamar a su puerta.

-Rosinante, ¿estas ocupado?

-Ah…-el joven rubio había estado leyendo después de haber tomado una larga siesta, se encontraba recostado en su cama. Al oír la voz de aquel hombre un escalofrío recorrió su cuerpo-. No, deme un segundo…

Al abrir la puerta sintió como si una descarga eléctrica recorriera su cuerpo. Su corazón empezó a agitarse por la ansiedad que le producía ver el rostro de aquel hombre que, ahora más que nunca, le recordaba a Law.

-Buenas noches, ¿me acompañas a cenar?

-Eh… Sí…

-Te miras algo cansado, ¿estabas durmiendo?

-Dormí casi todo el día… Debe ser por eso, me sobrecargue…-balbuceo el rubio mientras se pasaba una mano por el cabello-. No se preocupe.

Y el rubio salió de la habitación cerrando la puerta tras de sí, acompaño al señor Trafalgar escaleras abajo y se dirigieron al comedor donde aquella joven rubia se encontraba acomodando platos y cubiertos.

-Hace mucho que no cenaba en casa… Es reconfortante ¿Cómo has estado, Rosinante?-pregunto el médico mientras tomaba asiento y servía un poco de jugo en su vaso-¿Ya estás de vacaciones o aun tienes que hacer papeleo en la escuela?

-Eh… No. Sí, tengo que seguir asistiendo a unas juntas en la preparatoria por cuestiones de organización docente-respondió Rosinante fijando su vista en el par de recipientes de cristal que contenían sal y pimienta.

-Vaya, ¿hasta cuándo tendrás tiempo libre?

-Supongo que hasta el próximo mes…

-Perfecto. Te quería mencionar, con anticipación para que puedas hacer espacio en tu agenda, que saldré de pesca con Law el día quince de Julio-dijo Edward Trafalgar con voz jovial-. Ya reserve el día, tanto en mi trabajo como en el campamento, por si quieres unírtenos…

-¿El quince de julio?

-Sí, ¿tienes ocupado ese día?

-Eh… En realidad no sé… Es mi cumpleaños.

-No lo sabía-soltó el hombre de cabello negro mientras se ajustaba las gafas-. Bueno, si gustas acompañarnos un rato, podríamos hacer una pequeña comida especial en tu honor…

-No, no es necesario. Igualmente tratare de acompañarlos-dijo Rosinante con voz lacónica-. Gracias…

Y la cena siguió. Fue una suerte que el señor Trafalgar decidiera contar un montón de anécdotas respecto a su trabajo, Rosinante se limitó a escuchar atentamente y a asentir en breves momentos.

-Gracias por la cena, Velia-dijo el señor Trafalgar al ver que la muchacha rubia llevaba su mochila sobre su hombro para retirarse del trabajo-¿Quieres que te lleve a casa?

-Muchas gracias, señor. Pero esta noche vendrán por mí. Que tengan buenas noches-y la muchacha hizo un gesto con la mano para despedirse de aquel hombre rubio y de su jefe.

-Bueno, creo que ya es hora de que me retire también… Buenas noches Rosinante, descansa.

-Buenas noches, señor.

Y finalmente Rosinante tomo un respiro. Subió a su habitación y sintió como su ansiedad se liberaba poco a poco…
¡Que martirio era tener que ver a aquel hombre después de lo ocurrido…!
Qué horrible y penosa presión era tener que mirar la cara del padre aquel muchachito que le había hecho enloquecer como nunca.

-No puedo seguir así…-suspiro al entrar en la seguridad de su habitación.

Y Rosinante se miró al espejo. Observo su rostro lleno de culpa y su mirada llena de consternación. Tal vez tendría que buscar otro lugar para vivir…

Mientras tanto, en el interior de una lujosa residencia, en la sala de estar una pareja de hombres discutían.
Un hombre de cabello negro perfectamente peinado hacia atrás se encontraba sentado en un sofá con los brazos y piernas cruzados. Su semblante era sumamente intimidante y amargo.

-Todo esto me empieza a hartar, en serio...

-Esta vez no es solo por sexo. El en verdad está enfermo. Crocodile… ¿Qué tengo que hacer para que me creas?-soltó con cierta brusquedad un hombre rubio y bronceado con gafas de color rojo-¿¡Quieres que traiga los papeles del médico y exámenes que le han realizado!?

-¿Y específicamente requiere tu compañía como tratamiento?

-Es uno de mis mejores hombres, no lo dejaré solo en estos momentos…
Tu sabes... Él es como mi hermano, ha estado conmigo desde el principio.

-Es suficiente. Doflamingo, ya deja de dar excusas-terció Crocodile mirando fríamente al rubio que estaba delante de él-. Supongamos que sea verdad que ese hombre este enfermo, pero, ¿acaso quieres que piense que solo pasas tiempo con él para darle tu apoyo moral? Eres tan cínico y sin vergüenza que no dudaría que te lo follarías en un hospital…

-Está bien. Puedes creer que lo que quieras pero… ¡¿Por qué tan de repente te preocupa la exclusividad!? ¡¿Cuándo te había importado!?

-No voy a seguir siendo la segunda opción. He sido un estúpido por bastante tiempo…

-Nunca has sido la segunda opción, tú lo sabes. Si alguien ha tenido que cargar con ese título ha sido la persona de la que ahora te quejas y muchos más… Tú siempre has sido lo más alto…-y Doflamingo, quien había estado de pie hasta el momento, se arrodillo ante Crocodile mientras tomaba su mano derecha y rozaba sus labios contra esta-. Sabes que eres especial… Siempre lo has sido.

Crocodile miro con cierto desdén al hombre que ahora parecía rogarle, de rodillas y besando su mano con delicadeza.

-Dejemos esta discusión, por favor… Aun podemos tener una noche agradable-y dio otro delicado beso en la mano de Crocodile que lucía grandes anillos en todos sus dedos excepto en el anular.

Crocodile se puso de pie y echando una última mirada despectiva decidió aceptar la propuesta de Doflamingo sin decir una palabra.
Ambos caminaron en silencio hacia la habitación del rubio.
Crocodile tomo asiento en la orilla de la cama y Doflamingo, como si fuera un protocolo que ambos ya tenían grabado en la mente, comenzó a besar su cuello y a desvestirlo con lentitud. Al momento de quedar su torso desnudo, Crocodile se recostó sobre la cama y Doflamingo fue a quitarle los pantalones.

Pronto el rubio de las gafas rojas comenzó a quitarse su ropa.
Ya desnudo, se abalanzo sobre Crocodile y comenzó a besarlo tórridamente en los labios, mientras posaba con firmeza el pálido rostro de su amante.

-Basta… Basta…-y Crocodile aparto el rostro de Doflamingo deteniendo el apasionado beso-. No quiero que hagas eso hoy.

-¿Qué…?-soltó Doflamingo completamente extrañado y viendo a Crocodile como si estuviera loco-¿Qué te pasa…?

-Solo haz el resto y ya.

-Maldita sea… ¿¡Vas a seguir molesto por aquel asunto…!?-y Doflamingo se incorporó y miro molesto a Crocodile. Tomo aire y con un tono algo intimidante que trataba de pasar por una voz calmada declaro:-. Bien, si no quieres hacerlo por las buenas…-alzo su mano derecha y la azoto fuertemente contra el rostro de Crocodile-. Te trataré tal y como quieres… Como un vil hoyo…

Y Doflamingo coloco a Crocodile boca abajo, estimulo un poco su miembro hasta que recupero su dureza para introducirlo sin problema dentro del hombre de cabello negro.

-¿Contento…?-gruño Doflamingo empujando con brusquedad. Su semblante estaba marcado por el enfado a pesar del gran placer que su cuerpo sentía en esos momentos.

Y el rubio continuo con su lubrica tarea… Dejes de violencia y brusquedad se hicieron presentes durante toda la sesión de sexo, Doflamingo descargo todo su enfado sobre Crocodile en cada áspero movimiento.
No tardo mucho para que Crocodile detuviera el asalto…

-Déjame en paz, imbécil…-y el hombre de cabello negro se separó de Doflamingo y salió de la cama.

Pronto Doflamingo le siguió, lo tomo por el cabello y un con mucho impulso clavo su puño derecho contra la mejilla izquierda de Crocodile…

-Tú fuiste el que me exaspero-soltó Doflamingo mirándolo con enfado-. Te dije que olvidáramos todo el asunto… Eso es lo que ganas…

Y Crocodile le propino un golpe en el abdomen. Doflamingo pronto se recuperó y fue de nuevo contra su amante para esta vez presionar su cuello con fuerza. Los ojos amenazadores de Crocodile le miraban con una increíble fuerza de voluntad, a pesar de que lo tuviera sometido, este no tenía ni una pizca de duda o temor.
Pronto Doflamingo abrió sus manos y libero a Crocodile.

En cuanto Crocodile recupero el aliento comenzó a vestirse y Doflamingo se limitó a recostarse en la cama con aire indiferente.

-No creas que voy a olvidar esto…

-Lo mismo digo, cariño-dijo a su vez el rubio mordazmente-. Maldita sea, arruinaste lo que pudo haber sido una linda noche…

-Puedes ir a desahogarte con tu personal, ¿no?-comento Crocodile con voz amarga.

-Qué fastidio puedes llegar a ser…

-Me largo.

-Perfecto…

Y Crocodile se retiró del cuarto y en unos minutos más de aquella lujosa casa.

Doflamingo permaneció en su cama, con las manos detrás de la nuca y con un semblante de reflexión.
¿Qué haría? ¿Por qué su naturaleza era tan "problemática"?
Sintió una punzada de desesperación.
En sus pensamientos varias imágenes y recuerdos de Crocodile aparecieron, una tras otra, trayéndole cierta paz al recordar momentos más felices junto a él…
Y de pronto su mente volvió a preocuparse; la imagen de su mejor amigo y subordinado favorito, Vergo, invadió sus pensamientos.
El estado de salud de su compañero le angustiaba en verdad, Doflamingo había estado aparentando una completa seguridad ante Vergo y ante los demás pero la verdad era que una pequeña ansiedad se había apoderado de él y cada vez que estaba a solas esa ansiedad le provocaba un de temor desesperante.

-No hay nada que temer…

Se había comprometido con el médico con el que habían acudido y con el propio Vergo en apoyar las medidas y tratamiento que le habían sido indicados. Ya había tenido una larga conversación con Vergo sobre su carga de trabajo y todo parecía aligerarse. Repaso esos hechos por varios minutos hasta que realmente recobro la calma.
Se levantó de la cama, fue hacia su armario para cubrirse con una sencilla bata rosada e ir hacia su sala y tomar un poco de vino.

Días después, durante una noche dentro de una cabaña perteneciente a un campamento juvenil localizado en las campiñas fuera de la ciudad…

-¿Y tú por qué estás aquí? ¿Eh, eh…?-pregunto un muchachito flacucho de cabello negro, piel morena clara, ojos oscuros muy expresivos y una cicatriz en la mejilla izquierda. Este se encontraba jugueteando con varias ligas entre sus dedos mientras colgaba del segundo nivel de una litera.

-¿Cuál era tu nombre?

-Luffy.

-Bien, Luffy, estoy leyendo…-contesto Trafalgar Law con voz áspera sin apartar la vista de su lectura. Law se encontraba recostado en la cama del primer nivel de la litera-¿Te importaría dejar de molestarme por unos minutos?

-¡Vamos, solo tienes que responder rápido!-insistió el chico de la cicatriz en la mejilla-. Además… ¡Llevamos varios días aquí, podrías contarme lo que hiciste para que te mandaran a este lugar…!

-No hice nada.

-¿Eh?-soltó impresionado el jovencito-¿En serio? ¡A mí me trajo mi abuelo! ¡Dijo que debería disciplinarme por algunas peleas que tuve en la escuela y en mi vecindario! Pero no le hago mucho caso…

Law no opino nada al respecto y dejo que aquel chico siguiera hablando.

-Oye, ¿no quieres ir a comer algo?

-No tengo hambre.

-Yo sí…-y el jovencito se lanzó al piso con gran agilidad-. Bueno me voy, ¿no quieres que traiga nada para que comas?

-No gracias.

-Bueno…-y el muchachito salió de la cabaña dejando a Law completamente solo.

Law cerró su libro, miro hacia el techo de la litera y empezó a recordar el último día que estuvo en casa.
Sin duda había sido maravilloso…
Y luego una ráfaga de remordimiento llego a él; recordó lo terriblemente culpable que se había sentido en todo el trayecto de camino al campamento, charlando con su padre después de haber besado a Rosinante.

-Rosinante… Agh… Maldita sea, ¿Por qué…?-y Law cerro fuertemente sus ojos tratando de alejar la imagen de aquel rubio de su mente. Pero fue inútil, visualizo desde la apariencia que el rubio tenía en las mañanas y noches, hasta las torpezas que cometía constantemente e incluso su actitud como profesor.

Había ido a ese lugar precisamente para "reformarse" y olvidarse de sus turbias aventuras pero ahora veía realmente difícil sacarse de la cabeza a Rosinante.
Ahora que recordaba, probablemente tendría que verlo en el día que su padre había reservado para "vacacionar"…
Su deseo de volver a verlo estaba dividido; quería fervientemente volver a tenerlo frente, poder sonreírle y, por lo menos un segundo, rozar su mano.
Y por otra parte, quería olvidarse de él, no volver a verlo y renunciar a la idea de volver a tener contacto físico con este.

Y los pensamientos del muchacho se interrumpieron cuando alguien entro a la cabaña. Una joven monja había entrado en el lugar y se aproximaba al jovencito que volvía a abrir su libro de medicina general.

-¿Law…?

-Buenas tardes, hermana.

-Law, ¿no vas a salir en todo el día? Recuerda que es domingo, puedes hacer muchas actividades deportivas…

-Me apeteció leer, mi padre me presto varios libros-contesto Law mostrándole el libro a la religiosa-. Por eso no he salido. Pero si usted cree conveniente que vaya y me ejercite un rato…-y el muchachito salió de la cama y guardo su libro en el pequeño casillero que le habían asignado.

-Tus compañeros de cabaña se encontraban jugando baloncesto cuando venía para acá…

-Bien, iré a reunirme con ellos. Con permiso.

Y Law salió de la estancia para reunirse con sus compañeros; sin ninguna otra motivación excepto la de "ganar puntos" con los directivos del campamento y al final estos le dieran buenas reseñas a su padre sobre su desenvolvimiento en aquel lugar.

Y el mes de Julio llegó. La primera semana paso rápido y pronto el quinceavo día del mes arribó.
Esa mañana Rosinante fue despertado por una incesante lluvia de llamadas de su teléfono, el rubio había tenido una noche problemática: No dejo de pensar en Law, en la incómoda situación que se presentaría y su deseo de asistir a verlo a pesar de los inconvenientes que probablemente su mente y cuerpo manifestarían cuando lo viera.
Se incorporó y contesto el teléfono…

-¿Si?

"¿Te desperté, Rosinante…?"

-Sengoku… Buenos días, señor.

"¿Qué tal estás? Feliz cumpleaños, muchacho."

-Gracias… Estoy bien…

"¿Tienes planes para hoy?"

-De hecho, sí… Verá, más tarde iré a la playa, a pescar, con la familia que me hospeda-explico el rubio mientras se rascaba la cabeza-. Pero será hasta la tarde…

"Perfecto, ¿te gustaría desayunar conmigo?"

-Pero… ¿No estaba fuera…?

"Vine a la ciudad para saludarte, entonces ¿qué dices?"

-Sí, me gustaría…

"Perfecto, te enviaré la dirección del restaurante por mensaje. Nos vemos en una hora"

Y la llamada termino. Rosinante salió de la cama con cierto aire confundido.

Un tanto aturdido por los eventos que tendrían lugar este día y por la incómoda sensación de caer en cuenta que hoy cumplía otro año más de vida…

"Veintiseis años"

Ahora, como nunca le había sucedido, detestaba añadir un año más a su existencia.
El indecoroso hecho de su atracción por Law le pesaba aún más.
Y luego, como un horrible estruendo, una serie de recuerdos se presentaron en su mente; aquellos antiguos cumpleaños que había pasado junto con sus padres y su hermano mayor, con el señor Sengoku…
La imagen de sus padres le había llenado de una dolorosa nostalgia.
Su corazón comenzó a agitarse y un nudo se hizo en su garganta…

"¿Qué pensarían mamá y papá de mí ahora…?" se preguntó con una angustia llena de culpa y vergüenza.

Tomo un profundo respiro y pronto termino de vestirse; el rubio se atavió con una camiseta de color blanco, unos pantalones color arena y unas zapatillas deportivas blancas.

Salió de su habitación y en cuanto bajo las escaleras se topó con Edward Trafalgar.

-Buenos días, Rosinante. Feliz cumpleaños…

-Muchas gracias, señor.

-Entonces, ¿nos acompañaras más tarde?

-Sí... Solo que ahorita iré a un desayuno ¿A qué hora puedo reunirme con usted?

-Será mejor que te llame en cuanto tenga todo listo, no te preocupes-declaro el médico sonriéndole amablemente-. Aún me falta conseguir un par de cosas y revisar las cañas de pesca…

-Muy bien, gracias… Bien, hasta entonces-dijo el rubio con cierta actitud circunspecta-. Con permiso…

Edward Trafalgar noto con escepticismo la manera de hablar y el rostro un tanto evasivo del rubio.

"¿Le avergonzara salir con nosotros? ¿O será que le incomoda que sea su cumpleaños…?" pensó el médico tratando de encontrar alguna razón para la actitud incomoda de Rosinante.

No tardo mucho para que el señor Trafalgar se olvidara del asunto y continuara con los preparativos para esa tarde.

Rosinante tomo un taxi y finalmente llego a un suntuoso restaurante especializado en desayunos y almuerzos. Pronto un hombre de cabello grisáceo peinado en una especie de afro, con ropa veraniega, le saludo desde una terraza donde había mesas para comer al aire libre.
En un par de minutos Rosinante ya estaba frente a él y el mayor le dio un fuerte abrazo mientras le felicitaba.

-Rosinante, que cara tienes… ¿Qué te ocurre? ¿Te sientes enfermo?-pregunto el señor Sengoku mirando consternado el pálido rostro del muchacho rubio.

-No se preocupe señor, discúlpeme, solo es que... No dormí bien-declaro el rubio tratando de mejorar su semblante y voz. Se aclaró la garganta y trato de esbozar una débil sonrisa-. Gracias por invitarme a desayunar…

-Rosinante, debes de estar atravesando algo muy estresante para estar así. ¿No quieres hablarlo?

-No quiero molestarlo con mis problemas personales…

-Parece que lo has olvidado por nuestra distancia pero quiero recordarte que siempre has sido como un hijo para mí-declaro Sengoku observando directamente a los ojos de Rosinante. El rostro del rubio se reflejaba en las pequeñas gafas del mayor-, quiero apoyarte si estas atravesando alguna dificultad. Y por lo que veo, estas en una y muy agobiante para que tengas esa clase de reacción en pleno cumpleaños…

-Señor…

-Buenos días, ¿puedo tomar su orden?

-Por ahora, solo tráigame más café-dijo Sengoku sin voltear a ver a la alegre mesera.

-¡Enseguida, señor!

En unos minutos la taza de Sengoku volvió a llenarse con café y un discreto "gracias" se escuchó por parte del mayor.

-Disculpa, Rosinante, ¿Qué ibas a decirme?

-Señor… Es muy complicado… No…

-¿Complicado? Has atravesado tantas cosas complicadas…-dijo Sengoku con voz nostálgica mientras dirigía la vista a su taza de café-. Pero todas ellas las has superado valientemente, por eso estas aquí-continuo con un tono más firme y alentador-¿Qué dificultad se atraviesa ahora en tu camino?

-Sé que he pasado cosas difíciles; antes de venir con usted no pude evitar recordar algunas...-murmuro Rosinante reflejando, ahora sin ataduras, su desanimo en su rostro-. Pero... Siento que no puedo con esto… Me volverá loco…

-Rosinante, ¿acaso…? ¿Es un asunto sentimental? ¿O me equivoco?

Rosinante se mantuvo en silencio, bajo la mirada y con ese simple gesto le dio la razón a Sengoku. El mayor miro con indulgencia al muchacho rubio que parecía querer evitar cruzar miradas directamente.

-Muchacho… No puedo aconsejarte del todo en esto, lo lamento de verdad-empezó a decir el hombre de cabello gris-. Nunca me casé ni mantuve relación con alguien por más de un año, ya sabes bien eso. Pero aun así quiero hacer un esfuerzo para comprenderte… ¿No puedes estar con esa persona? ¿Esa persona sabe lo que sientes por ella? ¿O no puedes confesárselo…? ¿Qué es lo que causa tu pena?

Todas aquellas cuestiones atormentaban a Rosinante; no podía confesar la incorrecta, terrible y culposa verdad… ¿Qué podría responder?
Imagino la reacción que Sengoku tendría si le dijera todo como tal acontecía: perdería su respeto, su confianza y probablemente hablaría con la policía y lo llevaría a un psiquiatra, en el mejor escenario posible.
No, no podría decirle la verdad, nunca…

-No puedo. No puedo estar con esa persona… Es imposible-murmuro Rosinante con voz quebrada-. Sería una total locura, moralmente incorrecto… Esa persona…

-¿Ya está con alguien más?

Rosinante agradeció que Sengoku llegara esa conclusión, así que el rubio no hizo más que asentir. Sin duda su tristeza aumentaría debido a que ahora le mentía a Sengoku.

-Vaya… Eso es una tragedia… Rosinante, lo lamento.

Y un silencio doloroso se hizo presente por varios minutos. Luego Sengoku se atrevió a formular un escenario que Rosinante no pensó que fuera capaz de proponer.

-¿Y esa persona en verdad ama a la persona con quien está ahora? ¿Crees que no tienes alguna oportunidad…?

-Señor…-musito Rosinante mirando totalmente extrañado a su mayor. Sengoku era la persona más justa y correcta que conocía, no esperaba oírlo decir una cosa así.

-Sí, sé que puede sonar terrible y es un pésimo apoyo, pero…-y bebió un sorbo más de café-. He visto matrimonios falsos y parejas donde alguna de las dos personas es infeliz… Por eso dije aquello. Tú me entiendes…

-Ah… Si, sé que trata de darme alguna esperanza, pero… A lo que veo, en mi caso no hay nada que pueda hacer por ahora. No veo ninguna oportunidad.

Sengoku lanzo un suspiro pesimista.

-Bueno… Creo que deberíamos empezar a comer algo, para animarnos un poco-y Sengoku hizo un ademán llamando a la mesera.

Y el desayuno continuo con mucho esfuerzo de parte del señor Sengoku, el mayor empezó relatando sus días de retiro y pasatiempos, luego animo a Rosinante a contar sobre su experiencia en aquel puesto como profesor y como era su nueva vida en la casa de los Trafalgar.
Cuando terminaron y pagaron la cuenta, se quedaron hablando unos segundos afuera del restaurante.

-Entonces, ¿vas a ir a pescar más tarde?

-Sí… Bueno, ahora no estoy tan seguro de ir. No me siento con ánimos…

-Entiendo… Rosinante, ¿me acompañarías a un asunto que tengo pendiente?

-Sí, claro.

-Perfecto. Vamos, deje el auto por allá…

Y Rosinante le siguió. Subieron al vehículo y en unos minutos llegaron a una agencia automotriz.

-Espero no le moleste, pero preferiría esperar aquí-dijo Rosinante con voz calmada mientras se recargaba cómodamente en el asiento.

-Me temo que necesito que bajes conmigo, de lo contrario no podrás firmar el papeleo y no podré darte tu regalo de cumpleaños…

-¿Qué?

-Ya me oíste. Feliz cumpleaños.

Rosinante quedó pasmado mientras Sengoku le dedicaba una sonrisa acompañada de una ligera risa al ver la expresión de sorpresa en la cara de aquel muchacho rubio que tanto estimaba.

Y mientras tanto, horas después, a las afuera de la ciudad, dentro de la cabaña de un campamento juvenil:

-¡Hey Torao! ¿Por qué estas empacando? ¡¿Ya te dejaron ir!?

-No, solo saldré por un par de horas-contesto Trafalgar Law mientras cerraba el cierre de una pequeña mochila de color amarillo con negro-. Mi padre quiere verme. Y por favor pronuncia bien mi apellido.

-¡Parece que muchos no iremos a dar una vuelta hoy!

-¿Vas a volver a escaparte? ¿Acaso quieres que te vuelvan a castigar?

-Eh me daría igual…

-¿No te apena hacer enojar a tu abuelo?

-Eh, no es mi intención molestarlo, pero no quiero estar encerrado, no sé si me entiendes…

Law no respondió pero tuvo que admitir en silencio que comprendía a la perfección ese complicado sentimiento de querer y hacer cosas que podrían llegar a herir o preocupar a aquellos seres queridos sin quererlo.

-¡Hey, Luffy, te dije que no tardaras tanto!-exclamó una voz que irrumpió en la cabaña. Era un joven de cabello negro, de tez blanca y con pecas decorando sus mejillas-¿¡Que estás haciendo!?

-¡Eh Ace…! ¡Estoy platicando con Torao!

-Vaya… ¡Ya date prisa! ¡O nos van a atrapar!

-¡Si, sí, ya voy…! ¡Nos vemos, Torao!

-Nos vemos…-y Law salió de la cabaña junto con ellos llevando su mochila en el hombro derecho.

El muchacho se dirigió hacia el edificio principal del campamento, donde esperaría hasta que su padre llegara por él, según le habían indicado, llegaría aproximadamente en veinte minutos.

Entro al recinto, saludo a un par de monjas que estaban ahí charlando, sonrió fugaz y casi por obligación a la recepcionista que le avisaría el momento exacto en que su padre arribara a las instalaciones del campamento.
Tomo asiento en un sofá y se dedicó a mirar el reloj de pared.
En unos minutos más su padre ya estaba dentro de las instalaciones del campamento.

-Hola, buenas tardes-saludo Edward Trafalgar al llegar al edificio principal.

-Buenas tardes, señor Trafalgar. Aquí estan listos los requerimientos para el documento de autorización-comunico la recepcionista.

Rápidamente el medico se hizo cargo del papeleo y pronto pudo llevarse a Law consigo. Ya dentro del auto (en cuyo techo ya iba todo el equipo necesario para la tarde de pesca y de recreo) padre e hijo voltearon a verse con cierta incomodidad pero sin dejar de lado una tímida sonrisa.

-Bueno, hijo… ¿Cómo ha estado el campamento?-pregunto el padre mientras no apartaba su vista del camino.

-Bien, todo es muy tranquilo.

-¿Qué has hecho?

-Muchas actividades deportivas, juegos, clases de diversas temáticas, música, los domingos nos reunimos a misa y después nos dan una plática para reflexionar sobre los actos que hemos hecho o podemos llegar a hacer y cómo estos pueden tener consecuencias que pueden afectar para mal nuestra vida...-relato Law mientras observaba a su padre de reojo-. En fin, muchas cosas. También me he dedicado a leer bastante, los libros que me diste me gustaron bastante.

-Me alegra mucho escuchar eso, parece que este campamento fue una buena decisión…-comento el señor Trafalgar sonriendo satisfecho-. Pero, al menos por hoy, vamos a tomarnos un respiro. Hay que pasar una tarde agradable…

-Sí…

-Oh por cierto, espero que no te moleste, pero invite a Rosinante a pasar la tarde con nosotros, ¿sabes? Hoy es su cumpleaños, y al parecer no tenía planes de hacer algo, así que…

Y los ojos de Law se abrieron ligeramente más, el muchacho no pudo evitar sentir una euforia interna, su corazón empezó a latir con rapidez. Pronto trato de reprimir aquella emoción y volver a su habitual calma para responder:

-¿En serio acepto venir? Bueno… No importa. Aunque ¿crees que este bien dentro del bote?-soltó Law con una deje despectivo totalmente falso para que su padre no sospechara y siguiera pensando que le tenía cierta aversión y desdén-. Ya sabes que es muy torpe y podría caer al mar, espero que sepa nadar…

-Descuida ya le pregunte, si sabe nadar. No habrá problema.

"¿Así que te animaste a acompañarnos? Maldita sea, Rosinante… ¿por qué tenías que decir que sí?" se dijo Law con interna frustración.

El muchachito estaba comenzando a preocuparse… El beso que se habían dado el día de su despedida había sido algo tan intenso que ahora apenas podía concebir que de verdad lo habían hecho. Se cuestionaba si podría ser capaz de disimular y no dejar que sus sentimientos y sensaciones le traicionaran al ver a aquel alto rubio de ojos color naranja.

Y finalmente llegaron a la zona costera de la ciudad, estacionaron el auto y comenzaron a bajar el equipaje. Se dirigieron hacia el muelle y luego hacia la zona de portuaria, donde el bote de su padre estaba resguardado.

-Rosinante ya debería de estar por aquí cerca…-dijo Edward Trafalgar mirando a su alrededor-. Bueno, voy a las oficinas por las llaves del bote ¿puedes esperarme aquí?

-Sí, descuida. Yo cuido el equipaje.

-Bien, vuelvo enseguida.

En cuanto su padre se alejó, Law comenzó a mirar en todas direcciones en busca de la gran figura de Rosinante, pasaron unos diez minutos…

-Bien, ya podemos abordar-anuncio el padre mientras balanceaba las llaves con su mano derecha-. Y no hay rastros de Rosinante, tal vez no pueda venir, debería llamarle otra vez…

Y Edward Trafalgar tomo su teléfono celular y llamo al mencionado rubio.
Law miro atento la escena; claro que Rosinante contesto, su padre le dio un par de indicaciones y pareció sorprenderse de algo.

-Bien, ya no debe tardar mucho… Será mejor que vaya subiendo todo el equipaje, puedes ir a cambiarte de ropa mientras tanto. ¿Te molestaría esperar aquí para que cuando Rosinante llegue lo puedas escoltar al bote?

-Sí, no hay problema…

Y padre e hijo se separaron. Law se dirigió hacia un establecimiento con varios vestidores y baños disponibles para los usuarios de la playa y muelle.
En un par de minutos el jovencito se había retirado toda prenda de la parte superior, reemplazo sus pantalones por un bañador color negro con pequeñas manchas blancas en los bordes inferiores y un par de sandalias negras apoyaron sus pies desnudos. Al salir se colocó la mochila (que ahora guardaba su ropa anterior) en el hombro izquierdo y se dedicó a regresar cerca del muelle en espera de Rosinante.

-Debió haberse perdido-resoplo Law mirando en dirección hacia el muelle-¿Cuánto más piensa tardar...?

-¿Law?-dijo una voz grave a su espalda.

Y el adolescente se dio vuelta y por fin volvió a ver la alta figura de Rosinante frente a él. Su mirada gris recorrió de arriba abajo al hombre rubio…
Observo que ya llevaba ropa apta para el paseo: Una sencilla camiseta blanca, un bañador de color rosa pálido con patrón de corazones y unas sandalias que hacían juego con su camiseta.
Luego miro a sus ojos de tono anaranjado…
Law quedo boquiabierto por unos segundos, su rostro sintió un calor inmediato y su corazón comenzó a palpitar con fuerza.
Rosinante comenzó a ruborizarse al sentir la profunda y fija mirada de Law sobre él…
Rápidamente, Law trato de disimular su reacción y carraspeo en un intento de verse serio y calmado.

-Llegas tarde-dijo el jovencito tratando de forzar su tono de fría indiferencia mientras volvía a darse vuelta-. Vamos, mi padre ya está en el bote…

-Espera, Law…

-¿Qué pasa? ¿No creerás que vamos a hablar sobre lo que paso antes de irme al campamento, cierto? Hablaremos después, tal vez cuando ya esté a punto de acabar este paseo ¿sí? No quisiera hablar de eso ahora, no cuando voy a estar un buen rato frente a mi padre… ¿entiendes?

-Claro que sí, yo tampoco quisiera eso-dijo Rosinante con voz avergonzada y pausada-. Créeme que… Fue muy difícil decidir venir, no puedo estar frente a tu padre sin sentir una terrible culpa… Trato de evitarlo en lo posible…

-¿¡Entonces por qué diablos viniste!?-soltó Law con cierto fastidio, con voz baja entre dientes causada por el temor a que le descubrieran.

-Necesitaba verte…-admitió el rubio viendo directamente al rostro de aquel jovencito que ahora volvía a tener una expresión de conmoción en su rostro-. ¿Sabes? Hoy es mi cumpleaños, tal vez si hubieran elegido cualquier otra fecha no habría venido, pero… No pude evitar venir a verte aunque sea por un rato y aunque no pudiera hablar abiertamente contigo, esto sería una especie de regalo…

-Maldita sea, Rosinante…

-¿Qué sucede?

-¿¡Tenías que decir eso…!?

-Sé que suena demasiado retorcido, no debería estar hablando de cosas así siendo que…

-Escúchame. Cuando ya todo haya terminado y regresemos aquí para cambiarnos de ropa, trataré de escabullirme y verme contigo…

-Pero…

-Ya está, no se diga más-y Law comenzó a caminar-. Por cierto, ¿Por qué traes una camiseta? ¿Te da frío estar en mar abierto o eres demasiado tímido para mostrar el torso?

-En realidad es por un inconveniente-contesto el rubio mientras seguía a Law-. Claro que es por timidez, pero si no fuera por un par de cicatrices que tengo, tal vez no sufriera de esa dichosa timidez.

-¿Cicatrices? Quiero verlas… Tal vez pronto las vea…-dijo Law en voz baja casi como si estuviera hablando para si mismo.

Finalmente llegaron al muelle, caminaron hasta el espacio donde el bote deportivo de los Trafalgar seguía atracado y su padre revisaba los últimos detalles con un hombre que parecía encargado de la seguridad del muelle.

-Ten cuidado al querer entrar, no te vayas a resbalar-advirtió Law a Rosinante.

-¡Oh, por fin llegas Rosinante! ¿Qué tal estás? ¿Tuviste problemas con tu nuevo auto?

-Hola, señor… Pues… Un poco, solo es cuestión de que me acostumbre.

"¿Ahora tiene auto propio? Vaya…" pensó Law mirando con indiferencia la escena e imaginándose un posible escenario donde pudiera estar a solas con Rosinante dentro de aquel nuevo vehículo.

-Bueno, ya pronto zarparemos… Adelante Rosinante, siéntete cómodo, trajimos refrigerios y bebidas, estan todos en la pequeña nevera, Law, ¿podrías mostrarle…?

-Sí, no te preocupes… ¿Qué quieres beber?-pregunto Law con voz neutra y tomando una actitud de sorprendente indiferencia a Rosinante.

Y el paseo comenzó. El barco se adentró en el mar, el clima era agradable; gracias a unas cuantas nubes los rayos de sol no se sentían tan intensamente, la brisa marina movía el cabello de los tres hombres a bordo y el horizonte azul les daba una vista hermosa.
El señor Trafalgar detuvo el bote en cierto punto específico donde había una hilera de boyas en color amarillo y se propuso a sacar su caña de pescar, Law le dijo que en esta ocasión no le apetecía realizar dicha actividad y pidió permiso para echarse al agua y nadar un rato.

-Claro que puedes, solo no te alejes demasiado del bote, sabes que puede ser peligroso-dijo Edward Trafalgar mirando a su hijo quien se encontraba estirando sus extremidades como manera de hacer calistenia y preparar su cuerpo para una sesión de nado.

Para cuando Law ya había ingresado al agua, Rosinante se sentó al costado del padre y se dedicó a escuchar como habían sido sus experiencias previas en el ámbito de la pesca.

-Me alegra que Law se esté relajando tanto-comento de pronto el señor Trafalgar mientras miraba de lejos como su hijo comenzaba a nadar de espaldas-. Creo que también el campamento le está ayudando a despejarse y encontrar nuevas cosas en las que enfocarse…

Rosinante solo asintió levemente con la cabeza y sonrió levemente.

-¿Tu no quieres nadar un rato?

-Bueno…

-No te preocupes por mí, me gusta más la tranquilidad de estar aquí en el bote-dijo el padre de Law sonriéndole con confianza al muchacho rubio.

Rosinante se disculpó con voz tímida, se dispuso a quitarse las sandalias y con cuidado se arrojó al mar. El rubio rápidamente nado hacia el otro lado del bote, de manera que pudiera salir de la vista del señor Trafalgar por un momento…
Se dedicó a flotar boca arriba, tratando de calmar la terrible culpa, olvidándose de todo y concentrándose en la agradable sensación de dejarse llevar por el suave ritmo del agua.

-Sinceramente, creí que te hundirías. No esperaba que supieras nadar…

Law se había posicionado a un costado de él. Por la sorpresa, Rosinante se conmociono, rompió su equilibrio y comenzó a hundirse ligeramente.

-Ten cuidado…

-Creí que no hablaríamos durante todo este lapso-dijo Rosinante mientras recobraba una postura segura.

-¿Entonces ya tienes un automóvil propio?-le interrumpió Law mirándolo con curiosidad.

-Sí ¿por qué…?

-Genial.

-Oye Law…

-¿Qué?

-¿Entonces nos veremos en los vestidores?

-Sí… No lo olvides-y Law se zambulló por completo en el agua y se alejó de Rosinante.

Para el final de la tarde, el bote regresaba al muelle y Law se encontraba ayudando a organizar y guardar las cosas que había usado su padre.

-¿No tienen hambre? ¿Les gustaría ir a cenar? Más adelante hay un restaurante en el que preparan excelentes filetes-pregunto el señor Trafalgar mientras cargaba una gran mochila parte de su equipaje-. Aunque… Primero deberíamos llevar este equipaje al auto y cambiarnos de ropa, ¿no es así, hijo?

-Sí… Déjame ayudarte con…

-Yo podría ayudarle a llevar el equipaje, señor-se ofreció Rosinante.

-Sería de mucha ayuda, gracias. Puedes ir a cambiarte de ropa mientras tanto, Law.

-Sí… Está bien…-balbuceo el adolescente no muy convencido.

Law miro fugazmente a Rosinante, dedicándole una mueca de enfado y una mirada que comunicaba claramente que el rubio había echado a perder el acuerdo de verse en los vestidores. El rubio noto el gesto del adolescente pero ya estaba completamente ocupado escuchando al padre de este y tratando de disimular su reacción.

"Maldita sea… Seguramente se atemorizo al último minuto. ¿Ahora qué haré?" pensó Law con resentimiento mientras caminaba hacia los vestidores.

Ingreso en un cubículo, se quitó el bañador rápidamente, se colocó su ropa interior de color oscuro, enfundo sus piernas en unos jeans, se puso una camiseta de color amarillo, se cubrió con una rara chaqueta con pecho en tela de mezclilla con mangas y capucha en tela suave de color gris, y finalmente se puso unas zapatillas deportivas de color amarillo. Se acomodó un poco el cabello y salió del establecimiento.

Su padre y aquel torpe rubio ya regresaban de dejar el equipaje en el auto y solo traían un par de mochilas consigo, entraron a los vestidores y rápidamente salieron con un cambio de ropa casual.

En unos minutos más ya estaban eligiendo una mesa en el restaurante que el señor Trafalgar había mencionado; Law quiso estar en una mesa que se encontraba en un espacio al aire libre y daba vista al mar.
Ya después de comer y charlar un rato…

-No te preocupes por tu billetera, yo invito, Rosinante-comento el médico al notar que el rubio echaba un vistazo no muy discreto a su delgada billetera-. Tómalo como un regalo de cumpleaños de mi parte…

-Se lo agradezco mucho, pero…

-Insisto, por favor…

-Muchas gracias, señor.

-¿Law? Te veo más serio de lo normal…-observo el padre-¿No te sientes bien?

-Estoy bien, no te preocupes. Creo que solo estoy un poco confundido, olvide que tengo que volver al campamento después de esto...

-Law…

-No es nada, no es que no me guste estar allá. Solo lo había olvidado, la pase muy bien esta tarde, gracias papá-dijo el muchacho mirando con una suave sonrisa a su padre-. Discúlpame, tengo que ir al baño…

Y Law se levantó de su asiento. Rosinante miro de reojo su delgada figura y luego volvió a fijar su vista en su vacío plato.

-Desearía poder llevarlo conmigo a casa hoy mismo pero… No sería lo correcto, ¿cierto? Hicimos un acuerdo, Law se quedaría en el campamento hasta la última semana de Agosto…

Rosinante no supo que responderle, así que se limitó a sonreír tímidamente y a evitar la mirada del padre de su interés amoroso.

-Ja, debe ser incómodo para ti escuchar mis cuestiones familiares…

-No quisiera dar mi opinión en temas así de delicados, señor-murmuro el rubio mirándolo por breves lapsos.

-Bueno, supongo que tienes razón, es mejor así…

Y Rosinante se propuso a servirse un poco más de la limonada que habían estado bebiendo durante toda la comida pero por culpa de su nerviosismo tiro el contenido sobre sus muslos, empapando sus pantalones blancos.

-Lástima que no usemos la misma talla de ropa, tengo un par de pantalones extra en mi mochila…-lamento Edward Trafalgar mirando como Rosinante trataba de secar aquellas manchas de humedad con un pequeño puño de servilletas.

-No se preocupe, iré al baño… Así podré secar esto con más libertad-dijo el rubio mientras se levantaba de su silla.

-Sí, buena idea…

Y Rosinante se dirigió al baño. Al entrar se topó a Law en los lavamanos.
La mirada grisácea del más joven inmediatamente se fijó en el par de iris color naranja del rubio. Después de unos segundos Rosinante reacciono y empezó a mirar por alrededor del lugar para ver si había alguien dentro de los cubículos.

-No te preocupes, no hay nadie. ¿Te tiraste el agua encima solo para tener una excusa para encontrarte conmigo aquí? Vaya…-dijo Law mientras cruzaba los brazos y esbozaba una sonrisa de medio lado-. Y yo que me había ofendido porque echaste a perder nuestro encuentro en los vestidores…

-Bueno, en realidad lo del derrame si fue un accidente, no lo planeé-explico el rubio que se dirigía a tomar un par de toallas de papel que había disponibles ahí-. Aunque… Si tenía intención de venir para acá. Siento mucho lo de hace rato, pero…

-Querías ser servicial con mi padre, lo sé…-y Law fue hacia la puerta y puso el seguro en la cerradura.

-¿Law? ¿Qué haces?

-¿No es obvio? Ven aquí rápido…-dijo el muchachito mientras se recargaba sobre la puerta.

Rosinante se acercó al jovencito y se puso de cuclillas para que su rostro estuviera más accesible al manejo de Law.

-Estas temblando mucho…-murmuro el adolescente mientras fijaba sus ojos grises en el ansioso rostro del rubio. Law poso su mano derecha sobre la mejilla izquierda de Rosinante y comenzó a acariciarla como una manera de confortarlo-. Relájate, solo serán unos segundos... Feliz cumpleaños, Rosinante.

Law cerró sus ojos, acerco con cuidado su rostro y al fin volvió a sentir el roce de los suaves labios de Rosinante.
Las grandes manos del rubio pronto se posaron en la cabeza del joven moreno, acariciando su cabello negro mientras no dejaba de besar a Law con una dulce delicadeza que fue convirtiéndose poco a poco en una desesperaba pasión…

-Agh… Tenemos que volver…-jadeo Law apartándose con cuidado de Rosinante mientras trataba de recuperar el aire y la compostura. Su rostro ya se percibía demasiado cálido, sentía que ya estaba ruborizado y que pronto su entrepierna manifestaría físicamente el gran placer que sentía al haber besado de nuevo a ese gran rubio que ahora se había alejado bastante y se encontraba viéndose en los espejos del lavamanos.

Rosinante apoyaba sus manos en la estructura del lavamanos mientras miraba firmemente su reflejo en el cristal. La mirada del rubio era sumamente intimidante; era una extraña mezcla de furia y culpa. Rosinante volvía a temblar y ahora parecía que en cualquier momento perdería la razón y se pondría a golpear lo primero que se encontrara.

-Rosinante, ¿Qué te pasa?

-¿Cómo puedo hacer esto…? ¡¿Qué clase de persona asquerosa soy!?-inquirió entre dientes mientras cerraba fuertemente sus manos convirtiéndolas en puños.

Law lo observo con cierta precaución. Se aproximó a él y con cierta vacilación poso una mano en su espalda con intención de calmarlo.

-Estamos en esto juntos, recuérdalo. Ambos estamos conscientes de que esto no es correcto, que es una terrible carga y una relación de secreto y culpa compartidos…-dijo Law con voz seria mientras miraba el reflejo de Rosinante en el espejo-. Si te hace sentir mejor… No creo poder dormir esta noche, no después de salir de aquí y ver a mi padre despedirse de mí al dejarme en el campamento confiando en que soy un mejor chico que el que era al salir de casa aquel día…

-Deberían enviarme a prisión…

-No, no digas eso. Por favor, Rosinante, cálmate…-y Law tomo una mano del rubio y la estrecho fuertemente-. No dejaría que eso pasara… Pensemos en algo mejor, pensemos en el futuro, tres años más… ¿Me esperaras hasta cuando sea mayor de edad?

-Claro que sí… Te esperaría todo lo que sea necesario.

-Bien… Eso es todo lo que importa. ¿Te podrías imaginar la cara de mi padre en ese entonces?

-No creo que le vaya a resultar agradable que termines con un sujeto de treinta y dos años mientras tú apenas estés pasando a la mayoría de edad…

-Je, creo que no… Pero espero que lo comprenda, al menos.

-Siento que estoy en un sueño… En un confuso sueño…

-También yo. Bueno, ya tarde demasiado. Voy a tener que inventar una excusa… Al menos por tu parte tienes una buena, tus pantalones siguen húmedos.

-Creo que me iré ya…

-¿No te vas a despedir de mi padre?

-No creo poder hacerlo, no después de eso. Me disculparé mañana, mientras tanto le enviaré un mensaje a su teléfono, diré que me surgió un imprevisto…

-Bueno, no puedo juzgarte. Entonces… Nos veremos hasta finales de Agosto. Cuídate mucho, trata de no quemarte cuando fumes, mejor aún, trata de no fumar…

-Tú también cuídate mucho…-y de pronto Rosinante le abrazo con fuerza-. Te extrañare tanto…

-Basta… No te pongas tan emotivo…-soltó Law mientras se incomoda un poco y se ruborizaba-¿No crees que es muy pronto para demostrar esa clase de gestos? Por poco podría pensar que de verdad me quieres…

-Pues en efecto, si te quiero… ¿No es por eso que te esperaré hasta que seas mayor…?

-Ja, a decir verdad, lo decía solo como una probabilidad, lo dije para calmarte… No pensé que… Bueno, esto es algo nuevo para mí… Nadie me había demostrado un afecto así…-dijo Law con cierta cohibición-. Si en verdad lo dices de corazón, eres el primero en quererme de ese modo…

-Law…

-Ya me retrase demasiado. Nos veremos luego…-y Law salió a toda prisa del baño.

Rosinante se quedó plantado ahí, con una expresión pasmada, no sabía bien que pensar sobre lo que había acontecido o sobre lo que vendría en el futuro, solo podía sentir una sensación de temor y euforia…
En su mente solo reinaba la imagen de Law sonriéndole.


Dudas o si algo no quedo muy claro... Ya saben pueden preguntarme en comentarios.

Muchas gracias por leer, hasta la próxima.

Atte. Levita Hatake