¡Hola! Espero que estén muy bien y pues sean bienvenidos a la sexta entrega de este fanfic.
Este capítulo será bastante más largo de lo usual, creo que valió la pena la tardada en actualizar, tenía que añadirle muchas cosas...
Espero que les guste o les cause alguna emoción positiva, no sé, o al menos digan: "Vaya, esto me deja pensando..." jaja c:

Este capítulo salió más rápido de lo que me creí capaz, debido a la motivación de dos lectoras en especial, Kane y ManiakoPixel, créanme que sus últimos comentarios me han ayudado bastante :)


Rosinante se encontraba saliendo, con mucha cautela, de aquel baño del restaurante a donde le había invitado a cenar Edward Trafalgar.
Las sensaciones de vergüenza y culpa seguían intensificándose...

"¿Ahora qué…? ¿Qué debo hacer? No debería de escapar pero…" pensaba con remordimiento el hombre de cabello rubio mientras se dirigía hacia la salida del establecimiento.

Al llegar a la puerta principal se detuvo al notar a los lejos que Law y su padre seguían en aquella mesa, al parecer Law le estaba dando su excusa por demorar tanto. Afortunadamente, el señor Trafalgar no lucía nada molesto, así que, finalmente Rosinante decidió salir del restaurante.

— ¿Habrá tenido alguna complicación con su pantalón?—pregunto Edward Trafalgar al cabo de unos minutos mientras se acomodaba sus gafas.

— ¿Qué ocurrió?—pregunto Law fingiendo no saber nada mientras adoptaba una pose de indiferencia cruzando sus brazos.

—Ah, Rosinante derramo su bebida sobre sus pantalones—le conto su padre.

— Que torpe… No sé por qué no me sorprende…

Y en ese momento el teléfono celular del señor Trafalgar comenzó a timbrar. El hombre saco el pequeño aparato y notó que un mensaje había llegado.

«Señor Trafalgar, tuve que retirarme por una emergencia, discúlpeme. »

—Vaya… Parece ser que si tuvo más inconvenientes—resoplo el médico mientras volvía a guardar su teléfono—. Bien, será mejor que pague la cuenta y nos vayamos también, se hace tarde…

Rosinante caminaba hacia el estacionamiento en donde había dejado su auto. Observo que había varios restaurantes más, establecimientos de comida rápida, tiendas de autoservicio y un par de cantinas y bares, todos estos iluminados por brillantes letreros de neón.
De pronto una voz exclamo el nombre de Rosinante.
El rubio volteo confundido a sus alrededores buscando el origen de aquella voz que le llamaba.

— ¡Rosinante…! ¡Por aquí...!

Desde la terraza de una cantina, que emitía una enérgica música de su interior, una muchacha rubia le saluda agitando el brazo derecho. Era Velia, la cocinera de la casa Trafalgar.
La chica llevaba una botella de cerveza en su mano izquierda.

— ¡¿Qué hay Rosinante, no te nos unes!?—exclamo la chica invitándolo a entrar a beber con ella y unos cuantos acompañantes más, entre los que figuraba el novio de dicha muchacha, quien había mirado de manera amenazante a Rosinante en aquella vieja ocasión en donde ambos estaban charlando en el pórtico de la casa de la familia Trafalgar.

— ¡Hola, Velia!—respondió el rubio tratando de alzar su voz al máximo debido a la música. Y, como ya era costumbre entre ellos, ambos estaban hablando en español— ¡Lo siento, será en otra ocasión….! ¡No puedo ahora mismo…!

¿¡En serio…!? ¡¿Entonces qué haces por aquí!? —inquirió la chica mirándolo con intriga exagerada debido a su ligero estado de embriaguez— ¡¿Vienes al muelle de noche y no te diviertes!?

— ¡No es eso, es que…!—Rosinante instintivamente volteo a echar una ojeada a su alrededor y, para su mala suerte, divisó a un par de metros a Law junto con su padre. Al parecer ellos también se dirigían hacia el estacionamiento, listos para marcharse.

Sin tener más opción, el rubio se adentró rápidamente en la cantina y decidió estar un rato ahí, hasta que el señor Trafalgar y Law terminaran de cruzar por ahí. El lugar no estaba tan abarrotado de personas como se lo había imaginado, había solo dos pequeños grupos de apenas unas cuatro personas y una banda tocando en vivo música de rock.
Rosinante tomo asiento en un taburete de la barra principal del bar.

Eh, Rosinante… ¿Qué te ocurrió? ¿Por qué tan de repente decidiste entrar? ¿Te encuentras bien?—pregunto Velia quien había bajado de la terraza junto con su pareja.

Sí, sí, estoy bien… ¿Cómo estás?—soltó Rosinante nerviosamente mientras soltaba una débil risa y trataba de evitar la ruda mirada del novio de aquella rubia— ¿Llevan mucho tiempo aquí?

Casi una hora. Toda la tarde me la pase en la playa, surfeando. ¿Y tú que haces aquí? Ah… ¡Espera, ya recordé! ¿De casualidad vienes de pescar con el señor Trafalgar?

Eh… Sí… Supongo que te lo dijo…

D hecho me invito, pero ya tenía planes... Bueno, ¿y qué tal estuvo?—pregunto con interés para después darle un trago a su cerveza.

Bien, tranquilo y agradable…—balbuceo el rubio mientras dirigía su vista hacia el montón de botellas de licor de vistosos y diferentes colores que adornaban detrás de la barra.

Genial… Oye, no te miras muy bien, ¿No vas a beber algo? Te ayudaría a relajarte un poco…

No lo sé, tengo que conducir… Sería una muy mala idea…

— ¿Te embriagas muy fácil? Si es así, podrías tomar un taxi de regreso.

Rosinante, quien aún sentía la adrenalina de haber besado a Law a escondidas y una pesada culpa por haber escapado del señor Trafalgar, al final decidió ahogar un poco su pesar y le indico al cantinero que le diera una copa grande de vino tinto.

Que sofisticado…

Nunca me ha gustado beber cerveza—confeso el rubio mientras recibía aquella copa de cristal llena de bebida de color rojo oscuro.

Mientras tanto en la autopista rumbo a las afueras de la ciudad, el auto móvil de la familia Trafalgar iba con dirección al campamento juvenil donde Law había sido inscrito.
El adolescente, que iba en el asiento de copiloto, estaba con la mirada fija en la ventana; su semblante era mucho más serio de lo normal…
El muchacho se encontraba recordando, una y otra vez, el encuentro que había tenido con Rosinante.
Verdaderamente le había tomado por sorpresa las acciones y palabras de aquel torpe rubio…
El abrazo tan efusivo y lleno de cariño acompañado de un "te voy a extrañar tanto…" había llegado a la parte más sensible de su ser.
Al solo recordar la cálida sensación de los fuertes brazos de Rosinante rodeando su cuerpo, su piel se estremeció y su corazón comenzó a latir de manera brusca.
Nadie le había dedicado gestos de esa clase, nunca había tenido esa clase de atenciones afectivas con alguien…

No se imaginaba que podría llegar a emocionarse tanto con los tiernos y sentimentales guiños de otra persona; para Law el contacto en sus previas e inestables relaciones se limitaban a besos, besos tórridos cuyo único propósito era encender la libido hasta el punto en que las partes íntimas estuvieran listas para el asalto sexual, después de eso, solo era dejar escapar toda la urgencia de tocar la piel de otra persona, meter, sacar, frotar esto y aquello para así llegar al clímax y finalmente respirar profundamente para recuperar las fuerzas y quedarse con la extraña sensación de haber hecho algo que te hacía sentir que eras una persona llena de experiencia de vida.
Se preguntaba si acaso Rosinante, detrás de toda esa torpeza y palabras emotivas, no sentía la urgencia carnal de poseerlo una noche y por fin librarse de la etiqueta de virginidad de la que tanto se había burlado.

"El prometió que esperaría… Que esperaría todo lo necesario…" pensó Law evocando la promesa que el rubio le había dado.

Que irónico le resultaba ver los hechos; él que era una adolescente de quince años tenía muchísima más experiencia en ese turbio y erótico terreno que aquel rubio tan alto que casi llegaba a los treinta. Law sonrió tiernamente y no pudo evitar reír un poco al imaginarse la primera vez en que Rosinante tuviera que usar un preservativo.

—Law, ¿recordaste algo gracioso?—pregunto su padre al notar el alegre semblante de su hijo.

—Sí… No creerías la cantidad de torpezas que han pasado durante el campamento—se apresuró a decir el muchacho mientras se preparaba para reemplazar la verdad y relatarle en su lugar algunas de las fechorías o anécdotas que había visto realizar a aquel compañero de cabaña llamado Luffy.

Por su parte, dentro de aquella cantina del muelle, Rosinante seguía bebiendo copas de vino, el rubio ya estaba un poco mareado y las penas que le atormentaban se habían disipado, sin embargo, ahora su mente estaba totalmente hundida en recordar al muchachito que había conquistado su corazón. La imagen de Law sonriéndole con arrogancia, la imagen de Law burlándose de su torpeza, la seria mirada que el joven usaba durante sus clases, el alborotado cabello negro que había acariciado hace una hora…
Podía jurar que aun podía percibir claramente la sensación de abrazar fuertemente a Law, recordaba bien la cálida sensación de la respiración del jovencito y el suave tacto de sus labios rozándose.
Sería una tortura resistir hasta finales de Agosto para volver a verlo…
Se volvería loco viviendo cada día rumiando recuerdos, sensaciones e imaginando mil escenarios donde pudiera seguir abrazando cariñosamente a ese atrevido muchacho llamado Law.

—Law… ¿Por qué…? ¿Por qué tenía que sucederme esto…?—musito el rubio mientras recargaba sus brazos sobre la barra y hundía su cabeza entre estos.

"¿Cómo me fui a enamorar de él…? No tiene sentido… Soy terrible… No debo seguir en esto, no… ¡¿A quién engaño!? No podría dejar de verlo… Estoy totalmente perdido…"

Y de pronto una mano toco la ancha espalda de Rosinante, provocando que el rubio se incorporara con brusquedad debido a la sorpresa de que interrumpieran esa discusión que tenía consigo mismo y el temor imaginario de que alguien pudiera ser capaz de escuchar sus pensamientos.

Rosinante… Ya estás muy mal… Deberías irte a casa—dijo Velia, quien había dejado solo a Rosinante desde hace un par de horas y ahora estaba dispuesta a irse del lugar. La chica se había detenido para despedirse de él, ella lucía un grado de embriaguez pero no tan afectado como el del hombre rubio—. Estas… Llorando…

No… No es nada… Bueno, sí, tienes razón… Será mejor que me vaya…—la voz de Rosinante estaba sumamente afectada por sus emociones, era evidente que había estado pensando en cosas muy difíciles. El rubio se puso de pie, se tambaleo un poco contra la barra y cayó al piso.

No puedes conducir así, ven, vamos, te acompañaremos a tomar un taxi… Amor, ¿podrías ayudarlo a sostenerse?—pidió la muchacha rubia a su pareja, quien con el mismo mal gesto con el que el rubio le había mirado siempre, fue a ayudar a Rosinante a ponerse de pie y escoltarlo así hasta que llegaran a un punto donde pudieran abordar un taxi y llegar a salvo a casa.

Law ya había llegado de nuevo al campamento, su padre le había despedido de manera afectuosa, deseándole que siguiera aprendiendo y pasándola bien en aquel lugar y que esperaba ansioso el final de Agosto para tenerlo de regreso en casa.
El adolescente de cabello negro ya se encontraba boca arriba sobre su cama, contemplando el techo de su litera.

—Eh, Torao… ¿Cómo te fue?—susurro Luffy, su compañero de litera, quien asomo su cabeza desde la segunda planta de dicho mueble.

— ¿Aun no te duermes? Ah… Fue un buen día… Y tú… Parece que no pudiste escapar como planeabas.

—No, es que tuvimos problemas, unos muchachos empezaron a fastidiar a Ace en una tienda de la carretera, no pudo evitar pelearse y llamamos mucho la atención, fueron por nosotros…

—Vaya…

— ¿Y no te sacaran rápido de aquí entonces?

—Claro que no, me quedaré hasta el final del curso. Le hice una promesa a mi padre. Luffy, ya quiero dormir, estoy cansado. Buenas noches…—y Law se acostó sobre su lado derecho, dando la espalda a Luffy, fingiendo que ya estaba listo para quedarse dormido.

Luffy volvió a su cama y Law se dedicó a recordar, una vez más (y hasta que conciliara el sueño) la escena que había conmovido su ser: El abrazo de Rosinante y su sincera voz diciendo "Te extrañare tanto…"

Lejos de ese campamento juvenil, Rosinante apenas se encontraba llegando a casa de los Trafalgar. Velia y su novio se habían encargado de escoltar al aturdido rubio hasta la puerta principal, con mucha torpeza Rosinante logro abrir la puerta y llegar hasta su habitación. Por fortuna, el señor Trafalgar ya había llegado y estaba profundamente dormido, así que no noto la tardía llegada.

Rosinante se recostó bruscamente sobre su cama, sin siquiera molestarse en cambiar su ropa, se quedó observando el techo y a los pocos segundos se adentró en un profundo sueño.

El mes de Agosto llego; para Rosinante los días del mes se llenaron de mañanas llenas de remordimiento (porque al toparse con Edward Trafalgar todo su cuerpo se invadía de culpa), las tardes se convirtieron en tiempo de escritura en donde el rubio plasmaba en una libreta todos sus pensamientos respecto a Law, sobre su deseo de volver a verlo, la satisfacción que sentía al hablar con él, las sensaciones que su cuerpo experimentaba al tenerlo cerca, su concepción y teorías sobre el porqué se había enamorado de aquel muchachito y sobre el futuro de su controversial relación. Además, Rosinante había leído demasiados poemas románticos y recurría a escuchar canciones del mismo tipo mientras se dedicaba a escribir sus emotivos pensamientos…
Las noches se convertían en un lapso de tortura recordando el último contacto que habían tenido juntos y la lucha interna por reprimir cualquier pensamiento o deseo "erótico" hacia Law, pero para su desgracia, esta clase de ideas parecían tomar más fuerza con cada noche que pasaba…

La auto estimulación se volvió recurrente, era (y sería hasta dentro de dos años más) su único consuelo y escape para desahogar aquellos pensamientos eróticos.
Todas estas experiencias hicieron que Rosinante considerara tomar una medida urgente y sumamente necesaria… Buscar un nuevo lugar donde vivir.
No confiaba en resistir la enorme tentación de seguir viviendo bajo el mismo techo que Law al tiempo en que ambos ya podían besarse en cualquier momento en cuanto estuvieran a solas.

Y finalmente llegó la última semana de Agosto.
El señor Trafalgar había anunciado que el viernes de dicha semana sería el día en que Law regresaría a casa.

Rosinante sintió que su ansiedad llegaría a un punto nuevo, tan alto y fuerte que podría jurar que su corazón sufriría de taquicardia al volverlo a ver de nuevo en su rutina.

Rosinante trato de visualizar como sería su vida ahora que Law regresara, como tendría que actuar cuando asistieran a la escuela y viera a ese muchachito en sus clases como si nada hubiera ocurrido, como tendría que fingir que solo era un alumno más.
Si antes de que ambos declararan abiertamente su interés por el otro ya era un tanto incomodo ver a Law y negar las ligeras insinuaciones y atracción, ahora sería un martirio…

De nuevo la idea de mudarse le resultaba una medida de gran ayuda…
Rosinante empezó a buscar tanto en internet como en el periódico anuncios de renta en casa y departamentos. No era tan fácil encontrar alguno que pudiera pagar cómodamente, que fuera conveniente para sus necesidades y quedara relativamente cerca de su trabajo; aun así, el rubio no dejo de buscar en cada catalogo o página disponible, no descansaría hasta que pudiera encontrar un nuevo lugar donde vivir.
Él sabía que su mente no volvería a ser libre… Que haberse enamorado cambiaría su destino de ahora en adelante.

El jueves en la transición de la tarde a la noche, Rosinante se encontraba escribiendo una de sus pensamientos por Law:

«Parece que, con cada día que pasa, me convirtió en un hombre diferente; me transformo en un ser lleno de vergüenza, tristeza y desesperación que se ha enamorado de un pequeño demonio mortal… Él se mantiene irreconocible para los demás… Y se siente tan seguro de su fantástico poder…»

Y de pronto alguien toco a su puerta. El señor Trafalgar le llamaba…

—Rosinante, ¿estas ocupado…?

—No, descuide, ahora voy…—y el rubio se apresuró a guardar la libreta en donde escribía sus apasionados pensamientos, la oculto tras un montón de planes de clase que había estructurado para este próximo semestre. Se levantó a toda prisa, fue a abrir la puerta y miro al padre de su joven amante un tanto preocupado— ¿Se encuentra bien?

—Sí, bueno… De hecho me siento un poco avergonzado, vengo a hablar contigo, más bien para pedirte un gran favor—y el señor de cabello negro se acomodó sus delgadas gafas—. Verás, ¿recuerdas que mencione que mañana Law terminaría su curso en el campamento?

—Sí…

—Pues ya tenía contemplado ir por Law, a medio día, pero me surgió una urgencia dentro de mis citas en el consultorio y, si no estás ocupado mañana a esas horas, quisiera pedirte el favor de ir por él…

— Ah…

—No te preocupes, si el combustible es un problema, puedo darte la cuota que necesites para tu auto, solo…—y el hombre se propuso a sacar su billetera en busca de efectivo.

—No, no se preocupe por eso—se apresuró a decir Rosinante haciendo un gesto con su mano derecha—, puedo ir por Law sin ningún inconveniente.

—Muchas gracias, Rosinante. Me has salvado de un aprieto… Iré a llamar a los encargados del campamento para dar la notificación de que tú pasarás por mi hijo… Una vez más, gracias.

—No hay de que, señor… Descuide…

Y el padre de Law dio la vuelta en dirección a las escaleras.
Rosinante se quedó quieto en el umbral de la puerta. Su corazón había comenzado a latir sumamente exaltado…
Soltó un pesado suspiro y supo con seguridad, tan seguro como de que algún día moriría, que el día de mañana, en cuanto volviera a ver la figura de Law, se volvería loco de felicidad y se rendiría a los caprichos de aquel jovencito…

—Doffy, no es necesario…

—Basta, ya está hecho, Vergo—declaro Doflamingo quien se encontraba sirviéndose vino tinto en una copa de boca ancha—. Mañana irás a esa cita, es uno de los mejores médicos de la ciudad, no quiero oír más discusión al respecto—y el rubio le dio una pequeña tarjeta con el nombre y dirección del nuevo médico al que tendría que recurrir.

El rubio de las gafas extravagantes se encontraba hablando con su subordinado favorito: Vergo. El par de hombres se encontraban en la suntuosa sala de estar en la casa de Doflamingo. Vergo, quien se encontraba sentado en un gran y cómodo sofá miraba consternado y un tanto avergonzado a su jefe.
El sujeto de cabello negro leyó la tarjeta que le había Doflamingo:
«Centro médico Trafalgar. Medicina general, cardiología y cirugía especializada »

—Pero Doffy…

—Entiende que no puedes seguir exigiéndole ese esfuerzo a tu cuerpo—continuo Doflamingo mientras se dirigía a sentarse junto a Vergo—. Quiero que te mejores, en serio. Así podrás volver a ayudarme eficazmente, como tanto procuras hacerlo… No puedo dejar que tu vida se desgaste mientras haces cosas en mi beneficio, quiero que tú también tengas una buena vida.

—Lo agradezco bastante, en serio…—empezó a decir con voz grave el sujeto de la barba oscura y que traía un pedacito de bizcocho pegado a su mejilla izquierda—. Esto, sin duda, es una de las cosas más significativas que alguien ha hecho por mí, lo sabes bien, Doffy. Pero…

— ¿Pero…?

—Todas estas molestias que tomas por mí estan repercutiendo en tu relación con el señor Crocodile…

Y Doflamingo se sobresaltó al escuchar esto último.
Miro fugazmente, un tanto desconcertado, a su amigo Vergo y al cabo de unos segundos decidió actuar como si realmente aquella declaración no importara o no fuera verdad.

—Vergo, que cosas dices… ¿Por qué dices algo así?

—Lo sé, Doffy. Siento tener que haberlo dicho en un momento así, pero… Es inevitable no darse cuenta, incluso en algo tan superficial como los negocios que llevamos a cabo, se ha notado la diferencia al ya no contar con la ayuda del señor Crocodile—y Vergo miro directamente a los ojos a Doflamingo—. Además… Realmente adorabas pasar tiempo con él.

—Por el momento es importante atender tu enfermedad, no quiero dejarte solo… Y él no entendió eso, así que, por ahora, está bien que estemos alejados…

—Doffy… No valgo tanto la pena.

—Claro que sí, eres como un hermano para mí, ¿te lo tengo que recordar?—y Doflamingo acerco mucho su rostro al de Vergo—. Me preocupas mucho…

Y el teléfono comenzó a sonar. Doflamingo fue a contestarlo y en un par de segundos termino la llamada.

—Tengo que irme… No, no se te ocurra seguirme, Vergo. Quiero que, para cuando este de regreso, estés aquí… Esperándome en la habitación, descansando, ¿entendiste? Nos vemos más tarde…—y el rubio salió a toda prisa de su lujoso hogar.

Y la mañana de viernes llegó. Como ya lo había anunciado, el señor Trafalgar salió desde la mañana, Rosinante se despidió de él asegurándole que tendría sumo cuidado en el camino de ida y de regreso, que traería a Law sano y salvo a casa y que no tuviera ninguna preocupación adicional.
El rubio comenzó a preparase desde temprano; no había dormido lo suficiente debido a la ansiedad que le causaba volver a ver a Law y en privilegio de ser el que fuera por él a ese campamento.
Se vistió con una camisa de botones de un discreto color crema, pantalones en color café y los zapatos negros que usaba para ir al trabajo.
Peino su esponjado cabello rubio con cuidado, reviso su rostro y se esmeró en revisar y arreglar cada detalle de su apariencia.
Quería verse lo mejor posible para dejar una buena impresión a Law después de tantas semanas sin verse.
Cuando ya estaba a punto de retirarse de la casa, regreso a toda prisa hacia el baño para lavarse los dientes.

Un par de horas después, en aquel campamento juvenil, un montón de adolescentes se encontraban empacando sus pertenencias en diversos tipos de mochilas y valijas. Law se encontraba atándose las agujetas de su par de tenis en color negro; el muchachito se había puesto una camiseta amarilla con bordes de color negro y un pantalón de mezclilla oscura.

— ¡Hey, Torao…! ¿Qué harás una vez que salgas de aquí?—pregunto el chico llamado Luffy con mucha curiosidad y energía. El delgado joven con la cicatriz en la mejilla ya había terminado de meter toda su ropa (echa un bulto) en un pequeño morral.

—Volver a la preparatoria…

— ¡No, además de eso…!

—No lo sé, estudiar, pasar tiempo en casa, leer…

— ¡Que aburrido! Oye, si algún día quieres divertirte, puedes buscarme, vivo del otro lado de la ciudad pero…—y Luffy busco papel y pluma para apuntar su dirección pero el adolescente se detuvo cuando estaba a punto de anotar; realmente no recordaba del todo su domicilio—. Hey, Ace… ¿Cuál es la dirección de la casa?—pregunto el muchachito al mencionado que se encontraba poniéndose una camisa sin abotonarla.

— ¡Serás tonto…! ¿Cómo no puedes recordar dónde vivimos?—Ace anoto la dirección en aquel papelito—. Toma…

— ¡Aquí tienes Torao…! ¡Visítanos cuando quieras…! Siempre estamos haciendo algo…

—Lo tendré en cuenta...—respondió Law con un tono de voz que revelaba su incomodidad al pensar en que podría seguir viéndose con ese par de muchachos.

Y en ese momento una de las monjas del campamento entro a la cabaña y le dio el aviso a Law de que ya habían llegado a buscarlo.

—Bien, nos vemos un día… Cuídense—se despidió Law con seriedad mientras alzaba su mano derecha en un gesto de "adiós".

— ¡Hasta luego…! ¡Tú también cuídate mucho, Torao!

Y Law salió de la cabaña con su mochila sobre su hombro derecho y llevando su valija en la mano izquierda.
Camino desde la zona de cabañas, por los campos deportivos, hasta que llego al edificio principal, echo un breve vistazo a la entrada en busca del auto de su padre, pero no lo encontró por ninguna parte.
El calor estaba comenzando a fastidiarle, el verano seguía haciendo su fuerte presencia.
Volteo a ver a sus alrededores, había varios vehículos estacionados donde varios chicos ya guardaban sus pertenencias en el portaequipaje mientras hablaban con sus padres.
Y de pronto sus pupilas se dilataron al visualizar la alta figura de un hombre rubio que se acercaba al edificio… Rosinante había venido por él.

"¿¡Que es esto…!? ¿Por qué esta aquí…? No puedo creerlo…" se preguntó el muchachito mientras se aproximaba con paso acelerado hacia el rubio.

Rosinante, al instante de vislumbrar a Law, esbozo una gran y dulce sonrisa.
Law llego ante él y este pudo apreciar que los ojos de color cobrizo del rubio emitían un brillo muy particular; era evidente que Rosinante estaba sumamente feliz de volver a verlo.

—Rosinante…

—Hola, Law…—musito el rubio con timidez—. No sé si te notificaron, pero tu padre tuvo que atender algunos asuntos urgentes en su consultorio y me pidió venir por ti. Espero que no te moles…

—Vámonos—le corto el jovencito mientras trataba de reprimir la inmensa alegría que sentía—. Andando… ¿Cuál es tu auto?

—La camioneta de color gris, está por allá…—y Rosinante y Law caminaron hasta dicho vehículo. El rubio tomo el equipaje del adolescente para guardarlo atrás en la cajuela.

—Estoy empezando a tener hambre ¿me invitarías algo?—soltó Law al subir al auto y tomar asiento en el asiento del copiloto mientras arrojaba la mochila que cargaba hacia el asiento trasero.

—Sí, lo que tú quieras…—y Rosinante tomo asiento, cerró la puerta, coloco los seguros, encendió el auto y después el aire acondicionado.

Y un silencio reino hasta que salieron de los terrenos del campamento y ya se encontraban ingresando a la carretera.

— ¿Cómo está mi padre?

—Se encuentra bien, solo que como te mencione, se ocupó esta mañana, ha estado muy bien, como siempre…—respondió el rubio sin dejar de mirar el camino—¿Lo has pasado bien en el campamento?

—Ah…

— ¿Qué pasa?

—Nada, no hay nada extraordinario que contar—resoplo el adolescente mientras encendía la radio.

—Vamos, no pudo haber estado tan mal…

Law soltó un bufido de fastidio y se dedicó a cambiar las estaciones de radio hasta encontrar una donde tocaran música de rock.

—Sabes, Law… Te he echado terriblemente de menos—se atrevió a decir Rosinante con voz un tanto nerviosa—. No tienes idea…

—Pues no lo parece…

— ¿Por qué dices eso?

—Porque no me has besado, ¿no es así?

Y Rosinante se estremeció al escuchar tal declaración.
Su pulso comenzó a acelerarse, tanto, que tuvo que detener su auto en la orilla de la desierta carretera.

Casi sintiendo que en cualquier momento desfallecería dentro de aquel auto, trato de reunir las pocas fuerzas que le quedaban para resistir hacer cualquier contacto con aquel muchachito moreno mientras estuvieran en ese lugar…
Pero no tuvo salvación. Apenas se detuvo el automóvil, Law se había quitado el cinturón de seguridad para abalanzarse sobre los brazos de Rosinante.
No podía creer que fuera verdad; volver a sentir la dulce humedad y la juvenil suavidad de los labios de Law rozándose contra sus delgados labios, era algo con lo que había soñado por semanas, en noches llenas de desesperación.
Rosinante apenas podía besar al adolescente, estaba demasiado aturdido.
Por su parte, Law, con ardiente impaciencia, apretaba su boca contra la del rubio con tal pasión que Rosinante sintió con mucho detalle la lengua y dientes del muchacho.

Pasados unos segundos, el mayor abrió de nuevo sus ojos (que habían estado cerrados debido al deleite de la situación), miro el acalorado rostro de Law y sintió un terror fatal de ir demasiado lejos…
Así que aparto al jovencito de si y tomo el aire que necesitaba para calmarse.

—No… No debemos hacer eso aquí… Podrían vernos…—balbuceo Rosinante mientras veía su alterado reflejo en el retrovisor.

—Lo siento, no pude evitarlo—musito Law mientras volvía a colocarse el cinturón de seguridad—. Bueno, regresemos al camino, muero de hambre…

Y en aproximadamente treinta minutos, Law y Rosinante se encontraban dentro de un pequeño restaurante de carretera.
Law había ordenado un plato de arroz y pollo al vapor, acompañado de vegetales y un gran vaso de refrescante limonada.

Rosinante se había abstenido de almorzar algo, su estómago estaba hecho un nudo debido a las fuertes emociones de hace rato.
El rubio, quien solo se había dedicado a observar como Law consumía su comida, se atrevió a preguntar algo que estuvo cuestionándose desde que emprendió el camino al campamento.

—Oye, Law… ¿No conociste a alguien interesante en ese campamento?

— ¿Eh? ¿Por qué preguntas eso?

—No quiero sonar como un tipo celoso o controlador, pero…

—No, no pasó nada, no conocí a nadie, no me gusto nadie. ¿Satisfecho?

Rosinante no supo cómo disculparse por haberse atrevido a preguntar algo así, así que se mantuvo en un incómodo y culpable silencio.

—Oye, no te pongas así… Es normal que te imaginaras cosas… Y que sintieras esa clase de… ¿Celos paranoicos?—dijo Law con un taciturno tono de voz—. Relájate… No es nada del otro mundo.

—Gracias… Nunca… Nunca me había puesto así por nadie…

—Vaya, estoy halagado…—y Law sonrió con ese toque arrogante y travieso que volvía loco a Rosinante.

Law termino de comer, Rosinante pago la cuenta y volvieron al auto para continuar el regreso a casa.

—Bien, estas en casa…—anunció Rosinante al estacionar su auto frente a la casa de los Trafalgar. Abrió el portaequipaje y bajo la valija de Law.

Entraron a casa y, tal como esperaron, estaba vacía. Al parecer el señor Trafalgar seguía ocupado en su trabajo y Velia, la cocinera, no había ido a trabajar por razones desconocidas.

—Voy a desempacar, ¿quieres ayudarme con eso?—pregunto Law mientras se dirigía a las escaleras.

—No lo sé…

— ¿Qué te pasa?—inquirió

—Me siento algo… Nervioso. Estamos solos en casa.

— ¿Y? No va a pasar nada demasiado intenso, así que tranquilízate. Ven, tienes que aprender a relajarte…

Y Rosinante fue detrás de Law. Subieron hasta la habitación del adolescente, al entrar Law encendió la luz y el aire acondicionado para luego comenzar a desempacar y acomodar sus pertenencias con ayuda de Rosinante.
Al terminar, el joven moreno se arrojó sobre su cama e invito al rubio a recostarse junto a él.

—Sabes… Hice algo muy estúpido el día en que te fuiste al campamento…—murmuro Rosinante con un tono avergonzado. Law se había puesto a acariciar el espeso cabello del rubio.

— ¿Qué hiciste?—cuestiono en susurro el muchacho mientras seguía tocando los mechones de cabello de Rosinante.

—En cuanto me quede solo en casa… Vine aquí, a tu habitación…

—No te creo…

—Sí, vine y me recosté aquí…—narro Rosinante con voz pausada, aun avergonzado de confesar aquella acción—. Y abracé tu almohada…

—Serás bobo… Qué clase de fetichista resultaste…—y Law soltó una débil risa sorprendiéndose del acto que le resultaba algo infantil y un tanto tonto— ¿Y por eso te avergüenzas?

—Me sentí muy mal después de hacer eso, la verdad.

—Hay cosas peores, no sé… Pensé que habías buscado mi ropa interior o te habías masturbado aquí…

Y Rosinante se escandalizo bastante evidenciándolo en un gran sonrojo.

— ¿Sabes que en Japón hay máquinas expendedoras de ropa interior usada?—le dijo Law con naturalidad.

—Recuerdo haber leído algo así, lo había olvidado… Aun así, no me parece algo agradable, no haría eso…

—Lo sé. Por cierto… ¿Cómo te fue en la última noche que nos vimos?

—Ah… No quisiera recordarlo…—y Rosinante cubrió sus ojos con sus manos.

— ¿Qué ocurrió?

—Cuando salí del restaurante, fui hacia el estacionamiento pero en el camino me tope a Velia en una cantina, me entretuve unos segundos y luego vi que tú y tu padre se encontraban cerca, así que decidí esconderme en ese lugar un rato, pero…

— ¿Te embriagaste? Vaya…

—Estaba demasiado alterado por lo que había pasado, además sentí demasiada culpa respecto a tu padre y… No pude evitar tomar un par de tragos de vino, se me salió de las manos…

— ¿Cómo llegaste a casa entonces? ¿Te atreviste a conducir ebrio?

—No, Velia y su novio me ayudaron a volver en taxi…

—Qué suerte… Debo de agradecerle un día de estos.

—No volveré a beber así…

—Así es, no mientras pueda evitarlo—terció Law para después empezar a acariciar el torso de Rosinante, por encima de la ropa, y recordó un detalle que quería descubrir en aquel día de playa—. Rosinante, el día de tu cumpleaños, cuando fuimos a nadar, no quisiste mostrar tu pecho… Ahora que estamos solos, ¿podría verlo?

— ¿Ahora…?

—Sí, es el momento perfecto. Nadie más podrá saberlo… Por favor—y Law desabotono un solo botón de la camisa del rubio.

—Está… Está bien… De acuerdo…—y Rosinante se incorporó (poniéndose de rodillas sobre la cama) para desabotonar lentamente su camisa. Cuando todos los botones estaban libres tardo unos segundos en desprenderse de la camisa.

Y por fin el torso de Rosinante quedo al desnudo. Varias cicatrices le adornaban la pálida piel. Law observo con cuidado cada una de ellas…
Pronto el muchachito se aproximó y poso su mano derecha sobre el pecho del mayor, sintiendo los fuertes latidos que este emitía.

—Quisiera tener la piel en mejor estado… Lo siento, Law. Debe sentirse horrible…—musito Rosinante sintiéndose sumamente apenado por las marcas en su piel.

—No te acomplejes por eso, me agrada como luce… ¿Puedo saber cómo se hicieron?—musito Law con lentitud mientras seguía pasando su mano por el pálido pecho del mayor.

—Eh… La mayoría son gracias a la militarizada y mi torpeza…—respondió Rosinante con voz suave.

— ¿La mayoría? Entonces… ¿Qué hay con el resto?

—No quisiera hablar de eso ahora… Es algo muy triste… Algún día te lo contaré…

—De acuerdo, no tienes por qué decírmelo. Ven…—y Law volvió a recostarse llevando a Rosinante consigo de nuevo a su lado.

— ¿No estas molesto?

—No, no quiero forzarte a decir algo que te resulta doloroso—dijo Law mientras volvía a hundir sus dedos en el cabello rubio de su amante.

—Gracias… Eres…

— ¿Qué?

—Es muy maduro y comprensivo de tu parte—menciono Rosinante mientras colocaba un brazo por encima de Law.

—Puedo ser un cínico y muy frio la mayoría del tiempo, pero…—Law volteo a ver directamente a los ojos cobrizos de Rosinante—cuando alguien me importa en verdad, no dudo en dejar atrás esa fachada…—y el jovencito le dio un ligero beso—. Es raro…

— ¿Qué es raro…?

—La noche en que nos vimos por última vez, cuando me abrazaste y me dijiste que me extrañarías mucho... Me sentí terriblemente emocionado durante toda la noche—conto Law con una voz afectada—. Fue algo…

—Ahora que recuerdo, sí, te incomode un poco…

—Me tomo por sorpresa… ¿Sabes? Nadie me había abrazado de esa manera; es decir, mis amigos y mi padre me han abrazado en alguna ocasión, por supuesto, pero…—e hizo una pausa algo reflexiva—. Ningún sujeto… Nadie con quien me haya involucrado "íntimamente" me había expresado la más mínima atención…

—No sé qué decir…

—Es algo patético desde mi punto de vista, nunca pude relacionarme con alguien más allá del sexo… Hasta que te conocí. Aun así, sigue siendo raro—y el muchachito soltó una suave risa—. La primera persona de la que me he enamorado resulta ser un tipo que me lleva años de edad… Afortunadamente tienes la mente de un joven inocente aun, no estaría contigo si fueses un tipo como cualquier otro de tu edad…

— ¿En verdad…?

— ¿En verdad que?

— ¿En verdad estás enamorado de mí? ¿En verdad piensas eso?

—Dios… ¿Me harás repetirme?—y Law se acercó mucho más a Rosinante—. Quiero que pasemos más momentos así, solos tu y yo, charlar de cualquier cosa y que poco a poco nos conozcamos más…

—Suena hermoso… Verdaderamente hermoso… Estoy muy feliz de haberte conocido.

—Igual yo…—y Law se apretó contra Rosinante—. Es agradable querer a alguien así… Quisiera… Quisiera haber esperado un poco…

— ¿Esperar? ¿A qué te refieres, Law?

—Quisiera haber esperado un poco más para así haberlo hecho contigo por primera vez, haber hecho muchas cosas contigo por primera vez…

—No importa eso… Tenemos mucho tiempo por delante… Podremos hacerlo algún día y será asombroso… Ya verás… Espero hacerte muy feliz…—suspiro Rosinante con ilusión.

Que tiempo de ensueño… Que felicidad era estar así, acurrucados cómodamente, compartiendo pensamientos y atención, sintiendo el calor, latidos, piel y respiración del otro.
Era algo que necesitaban y buscaban en el fondo de sus corazones; sentir que había alguien en quien confiar, con quien encariñarse y compartir un deseo intenso de estar juntos el mayor tiempo posible.

Rosinante abrazo a Law y en unos segundos más volvieron a besarse tiernamente.

Esa noche, para cuando el señor Trafalgar había llegado a casa y Law le había dado la bienvenida, el padre le dio permiso para que el muchacho volviera a usar su teléfono celular y volviera a salir con su amigos (claro, con la promesa explicita de Law de no volver a hacer alguna tontería).

Law encendió su celular y llamo a sus amigos, Shachi y Penguin.
El tono de espera se escuchó por unos segundos y la contestadora automática se hizo presente. Intento unas tres veces más y desistió.
El muchacho se preguntó que estarían haciendo sus compañeros.

—Ah… El teléfono…—musito un muchacho de cabello de un tono oscuro azulado. Penguin se había quitado su característico gorro con la misma leyenda que su apodo. El muchacho se encontraba recostado sobre su cama, vestido solo con su ropa interior.

—Olvídalo por ahora…—jadeo Shachi cuyo cabello cobrizo estaba alborotado por las manos de Penguin. Al igual que su compañero, este también vestía solo su ropa interior y sus gafas oscuras. Shachi se encontraba encima de Penguin—. Quedamos en disfrutar esta noche… ¿No es así?

—Sí…

Penguin miro fijamente a su amigo y sonrió con cierta melancolía.
Habían hecho un acuerdo mutuo; esta sería la última noche en que tendrían esa clase de encuentro apasionado. De ahora en adelante tratarían de guardar compostura y tomar con más calma esos asuntos.
Este próximo lunes volverían a la escuela y tratarían de llevar un ritmo de vida más sobrio que el alborotado ritmo lleno de noches desenfrenadas de sexo sin protección, salidas a beber, desvelos jugando videojuegos y haciendo cualquier locura, ese alocado camino que llevaron durante todo el verano.

—Ah… Que brusco estas…

Shachi se había quitado la ropa interior y se había dedicado a pasar su boca sobre la entrepierna y partes íntimas de Penguin.
Pronto el jovencito de cabello naranja introdujo su erección dentro de su compañero y comenzó a empujar con suavidad, provocando largos y profundos gemidos en su amante de cabello oscuro.

Y septiembre llegó y con este el regreso a clases.

—Es genial tenerte de regreso… ¿Cómo estuvo el campamento?—pregunto Penguin a Law durante el breve lapso antes de que entraran a la primera clase.

—No fue la gran cosa… Pero tampoco fue terrible…

— ¿Y gane la apuesta? ¿Fue de esos campamentos con base religiosa?—soltó Shachi divertido.

—Sí, justamente acertaste—respondió Law—. Pero me temo que todo el empeño de las monjas solo funciono en tres sujetos… Me incluyo ahí. Había sujetos demasiado problemáticos que a cada oportunidad trataban de escapar o buscar problemas…

—Entonces tu padre ya debe de estar más tranquilo…—objeto Penguin.

—Así es…

Y la campana se escuchó. La primera clase la dio nadie más y nadie menos que el profesor Donquixote, quien llevaba su característica corbata con patrón de corazones.

Buen día a todos… Bienvenidos a este nuevo ciclo escolar—saludo Rosinante al entrar al aula. Por supuesto, había utilizado el idioma que se dedicaba a enseñar en esa institución.

Law sintió una leve punzada de excitación al volver a verlo vestido así y pensar que de nueva cuenta tendría que llamarlo "profesor".

—Creo que todos ustedes ya tomaron clase conmigo en el curso anterior… Así que no necesitamos presentaciones, ¿no es así?—dijo el rubio académico hablando ahora en inglés—. Bien, vamos a empezar con…

Y alguien llamo a la puerta. Rosinante fue a atender y salió al pasillo.
En unos minutos el profesor regreso acompañado de una muchacha de abundante y ondulado cabello oscuro le llegaba hasta los hombros.

—Clase, tenemos a una nueva alumna, quiero que todos sean amables y le den la bienvenida a… Disculpa, ¿Cuál es tu nombre?

—Carla Cavaccelli, mucho gusto.

Todos los alumnos, excepto Law, miraban muy atentos y curiosos a la nueva compañera. Shachi, en especial, no pudo evitar abrir mucho más sus ojos ante la atractiva figura que poseía aquella chica.

Penguin noto enseguida el excitado semblante de Shachi y sintió un arrebato de amargura que pronto trato de negar, pero fue inútil, estaba sumamente molesto; ¿Cómo era posible que cayera tan fácil por una chica cuando hace apenas unos días habían tenido relaciones?
Ya habían salido con chicas, pero casi siempre al mismo tiempo y en contextos diferentes a este. En esta ocasión, las circunstancias le fastidiaban bastante.

Y la clase continúo sin problemas y en cuanto finalizo la clase un montón de alumnos abordaron a la nueva integrante de su clase.

—Demonios… Ya la acapararon…—bramo Shachi cruzándose de brazos, frustrado de no poder saludar a la muchacha que tanto le había llamado la atención.

—Ni que fuera la gran cosa…—soltó Penguin.

Ambos ya iban por el pasillo.

— ¡¿Eh!? ¿Bromeas verdad? ¿Acaso no la viste bien?

—Shachi, podría apostar mis ahorros a que solo le viste su gran busto…

— ¡Hey…! No solo le mire eso, en serio… Es muy bonita, tanto de cuerpo y rostro, tenía esa linda expresión de una chica con clase…

—Claro… Apúrate que vamos a llegar tarde a la otra clase… Por cierto ¿Dónde está Law?

Mientras tanto, Law se había quedado a propósito en el salón.

—No creo que sea conveniente que hagas esto—dijo Rosinante mientras borraba sus anotaciones del pizarrón—. Además, vas a llegar tarde a tu siguiente clase….

—Solo quiero mirarte un poco más… Hace mucho que no te veía con esa ropa—dijo Law mientras se ponía su mochila en el hombro—. Oye…

Y el jovencito se acercó a Rosinante para decirle en voz baja.

— ¿Crees que pueda aprobar el primer examen con la nota máxima si te doy una pequeña muestra de mi cariño?—indago Law con una seductora voz y mirada.

—Law…

—Solo bromeaba… Bueno, ya me voy. Nos vemos más tarde—se despidió el muchacho saliendo del aula.

—Ten un buen día, esfuérzate en tus clases.

Al terminar el día escolar el cielo estaba sumamente nublado, amenazaba con llover. Rosinante, al ver dicho clima, mando un mensaje a Law, invitándolo a marcharse a casa en su auto, claro que con la discreción de verse a un par de calles de la escuela.
Al leer aquello el muchacho se despidió de Shachi y Penguin y fue a encontrarse con Rosinante.

— ¿Cómo estuvo tu día?—pregunto Rosinante al poner en marcha el auto después de que Law subiera.

La lluvia comenzó a caer, así que Rosinante activo los parabrisas del auto.

—Tranquilo, así son los primeros días de clases… ¿Y a ti?

—Solo tuve problemas con un grupo de último semestre, por lo general nunca me prestan atención a la primera.

—Por cierto, Rosinante, no te pregunte como te hiciste con este auto…

Lejos de ahí, en las calles del centro de la ciudad, un hombre de apariencia elegante e imponente se encontraba caminando bajo la protección de un paraguas de color negro.
Crocodile había ido a realizar un par de negocios a esa zona y, a causa de eso, su cabeza había empezado a presentar un fastidioso dolor que intentaba mitigar con la caminata junto con un buen puro que emanaba una larga fila de humo.
En verdad le habían fastidiado el día… Incluso el clima era un tanto desagradable; la lluvia nunca había sido de su agrado.
Le habían recordado que Doflamingo y él habían tenido sus diferencias y por ende ciertos negocios que ambos habían concretado juntos se habían visto afectados.
Siguió caminando...
Observo su reflejo en algunos aparadores de diversas tiendas y restaurantes; su traje formal de color negro seguía impecable, al igual que el saco de color oscuro que cargaba sobre sus hombros.
Y de pronto se detuvo.

Crocodile se había detenido al ver a un pequeño perro frente al aparador de un pequeño negocio. El pobre can, que era un ejemplar de la raza pug, estaba comenzando a empaparse por completo.
El hombre de cabello negro se acercó al pequeño animal para ponerlo bajo la protección de la sombrilla. Crocodile miro con cierta indiferencia al perro, sin embargo, con un leve gesto en la cabeza y un seco: "Ven, andando"
pudo captar la atención del can y este último decidió seguirlo en su camino.

—Señor… Ese perro…

—Vendrá conmigo—declaro Crocodile a su ayudante que le abría la puerta de su lujoso automóvil de un brillante color negro.

—Sí, señor…—y el ayudante, quien era un sujeto fornido de piel morena, de cabeza rapada y labios gruesos, introdujo al pequeño can dentro del auto, en el mismo asiento trasero en donde su jefe había tomado asiento.

Y el auto se encendió y echó a andar.

—Daz… Llévame a casa, cancela el resto de mis compromisos por hoy—ordeno Crocodile a su subordinado—. No quiero que nadie me moleste…

—Entendido, señor.

Y en ese momento el teléfono celular de Crocodile comenzó a timbrar.

"No puede ser… ¿Qué rayos pretende ahora…?" pensó el hombre de cabello negro al ver el nombre de Doflamingo en la pantalla. Crocodile no dudo en rechazar la llamada de inmediato, aun así, Doflamingo persistió al menos unas cinco veces más.

—Señor, ¿tiene algún problema?

—No es nada… Voy a apagar esta maldita cosa…—y de pronto una alerta de mensaje llego.

«Por favor, necesito verte de nuevo. Vamos a hablar, dame una oportunidad… He pensado mucho en todo lo que ha ocurrido. Si podemos vernos, te espero esta noche, en el hotel donde pasamos nuestra última noche de aniversario. »

Crocodile contemplo el mensaje hasta que llego a casa.
Bajo rápido del auto, seguido de su ayudante y el pequeño pug, y entro rápidamente a su elegante casa.

—Daz, por favor, encárgate de darle algo de alimento—dijo Crocodile refiriéndose al can que ahora estaba emocionado explorando la enorme sala de estar de aquella lujosa casa.

—Sí, señor…

—Estaré en mi estudio…—y el hombre se quitó el gran saco de sus hombros y se dirigió hacia una escalera de caracol.

Crocodile llego a la mencionada habitación y cerró la puerta bajo llave.
Las palabras de Doflamingo aun hacían eco en su mente.

—No debo ir… No voy a caer en su juego…—musitaba el hombre mientras se dejaba caer en un gran y suave sillón de terciopelo rojo. Llevo su mano derecha hacia su frente y la paso por su cabello, destrozando su impecable peinado hacia atrás.

Y llego la noche. Crocodile, tal y como se había prometido, no acudió al llamado que Doflamingo le había propuesto.
Doflamingo lo estuvo esperando por al menos una hora en una gran suite…
El rubio, completamente decepcionado y furioso, abandono el lugar no sin antes pisotear un pequeño ramo de girasoles que había llevado como obsequio a Crocodile.

Y los días pasaron…
Las tardes de Septiembre se convirtieron en tiempo valioso para Law y Rosinante. En algunas ocasiones se dedicaban a charlar sobre trivialidades, otras tardes eran para ayudar a Law en sus tareas, en ciertas ocasiones Law invitaba a Rosinante a jugar videojuegos en la sala de estar; cuando el clima era agradable, pasaban la tarde platicando en el jardín trasero.
Y cierta tarde, ambos decidieron revelar sus secretos familiares mientras estaban cómodamente sentados sobre la cama de Law.

—Mi madre y mi hermana salieron una mañana, mi madre se encargaba de llevar a Lami a su escuela...—narraba Law con voz lejana y apagada—. Y en ese común lapso de tiempo ocurrió el accidente. No podía creer que, así de repente, las vidas de mi hermanita y madre se hubieran esfumado…

—Law…—y Rosinante abrazo fuertemente al muchacho cuyo semblante se suavizo un poco al sentir el cálido contacto contra el hombre que lo rodeaba con mucho cariño—. Se lo que se siente… Perder a quienes más quieres… Mis padres me fueron arrebatados de una manera terrible…—y su voz comenzó a quebrarse—. Ellos… Fueron asesinados… Un día irrumpieron en casa una banda de sujetos y comenzaron a…

—Rosinante… No tienes que…

—Es por eso que tengo estas cicatrices… Fue un milagro que saliera vivo de ahí… Bueno, fue un milagro que mí…—y de pronto se detuvo. Su rostro estaba completamente afectado por los horribles recuerdos de aquel día fatídico en que su familia había sido atacada. Rosinante ya no pudo continuar.

—Dejemos este tema, Rosinante. Vamos…—y Law se aferró a Rosinante, sintiendo la suavidad del suéter que el rubio llevaba puesto—. A tus padres no les gustaría verte triste mientras los recuerdas… Es lo que me ha dicho mi padre cuando me pasa lo mismo cuando pienso en mi madre y mi hermana…

—Creo que tiene razón…—Rosinante respiro profundamente y poco a poco recobro la tranquilidad y esbozo una suave sonrisa.

—Tu sonrisa…

— ¿Qué sucede con ella?

—Creo que nunca había visto una sonrisa tan amigable y sincera como la tuya…—y Law toco con su dedo índice la punta de la fina nariz de Rosinante—. Voy a extrañar mucho tu sonrisa… No sé qué voy a hacer cuando te vayas de esta casa…—suspiro el joven moreno recordando la noticia que le había dado Rosinante hace un par de días.

—Lo siento…

—No te disculpes, es comprensible. No podemos estar así todo el tiempo—reflexiono mientras se recostaba sobre su cama—, de lo contrario tarde o temprano nos descubrirán…

—Sí…

—Prométeme que me llevaras a tu departamento en algunas ocasiones—dijo Law mientras se ponía a acariciar las largas piernas de su amante.

—No sé si podamos hacer eso… Pero prometo que te visitare cada semana, te lo juro—y Rosinante se colocó sorpresivamente sobre Law mirándolo directo a sus ojos grises—. No podría estar en paz sin ti…

—Ja, pudiste resistir una buena parte del verano—le recordó el adolescente mientras sonreía divertido.

—Pero fue una tortura… Créeme. Cada día y noche era desesperante pensar en ti y no poder verte… No tenía ninguna foto tuya…

—Ah… Qué bueno que lo mencionas. Déjame levantarme, por favor—y Law salió de la cama para dirigirse a su escritorio. De uno de los varios cajones que tenía ahí, saco un pequeño álbum de fotos donde solo tenía fotos de él y sus amigos. Tomo una foto que les habían tomado en alguna ocasión durante una de sus viejas salidas clandestinas, tomo unas tijeras y recorto la parte en donde el aparecía—. Toma…

Y Rosinante agarro el pedazo de fotografía entre sus grandes manos.

La imagen le ofrecía la figura de Law, desafiante y un tanto seductora.
El Law de aquella foto vestía una chaqueta de piel en color negro, unos desgastados pantalones de mezclilla y una camiseta blanca. Llevaba una botella de licor en la mano izquierda y con la mano derecha saludaba a la cámara con un grosero gesto (levantando el dedo medio).

—Que salvaje…—comento Rosinante sin separar su mirada de aquella fotografía—. Muchas gracias…—y el rubio dio a Law un beso en la frente.

—Espero darte otra mejor pronto, una donde no salga comportándome como un idiota…

—No te preocupes, sé que ya no eres así… Pero, debo admitir, que me gusta mucho verte así de arrogante—confeso Rosinante para después lanzar una divertida risa.

Y el mes de Septiembre llego a su última semana…
La mudanza de Rosinante estaba próxima; esta sábado Rosinante diría adiós a la casa de los Trafalgar y se mudaría a un departamento que por fortuna consiguió gracias a los contactos que le había proporcionado su viejo y estimado conocido, el señor Sengoku.
El viernes, después de la escuela, Law, se encontró almorzando en la barra desayunador que había en la cocina. Rosinante se había tenido que quedar hasta tarde en la preparatoria por una junta de docentes y su padre se encontraría trabajando hasta muy tarde.

—Entonces… ¿tú también te irás?—pregunto Law un tanto sorprendido a la joven cocinera rubia a la que él llamada "Ve".

— ¿Por qué lo dices?

—Bueno, es que Rosinante se mudara mañana… Y ahora me dices que tú tendrás que dejar de trabajar aquí—explico el joven.

—Estoy segura de que encontraran un buen reemplazo, ya le he dado muchas recomendaciones a tu padre sobre otras personas aptas para cocinar y limpiar—le dijo la rubia mientras le sonreía y le servía más bebida.

—Espero que no sean señoras mayores aburridas que me tengan bajo juicio siempre…—comento Law.

—Descuida, no es así… Sé que eso no te gustaría, no va con el estilo que acostumbran tu padre y tú. Además, ya tengo apartado el día de tu cumpleaños, ese día vendré a hacer una comida especial para todos, como despedida.

—Bueno, eso me tranquiliza. Pero dime ¿Por qué tienes que irte?

— ¿Tu padre no te lo ha dicho?

—No. Espera… ¿Tienes alguna enfermedad? ¿Es por eso que has estado ausente varios días?—pregunto Law recordando que gracias a las últimas faltas de la chica en su casa había podido tener momentos completamente a solas con Rosinante.

—No precisamente… Verás…—y la chica comenzó a reírse nerviosa.

Y se escuchó la puerta principal abrirse. Rosinante había llegado a la casa.
El rubio, que traía su ropa habitual para su faceta de profesor (camisa azul con rayas blancas y la cortaba de corazones) se percató que había gente en la cocina y se dirigió a saludar.

—Hola, Rosinante. Bienvenido…

—Hola…—saludo Law tratando de ser lo más indiferente posible.

—Hola, ¿Cómo estan? Huele muy bien, ¿Aún hay comida? ¿Podrías servirme un poco?

—Sí, claro… Todavía queda bastante—y la chica fue a buscar un plato para Rosinante y comenzar a servirle una porción de estofado.

—Bien, Ve, me estabas contando…—dijo Law mientras trataba de alejar su mirada y atención del joven profesor— ¿O prefieres decirme después?

—Perdón, ¿estaban hablando de algo privado?—se apresuró a decir Rosinante queriendo levantarse—. Puedo comer en mi habitación…

—No, no te preocupes, solo iba a decirle Law la razón por la que tuve que faltar algunos días y por la cual tengo que dejar de trabajar por un tiempo—le tranquilizo la joven mientras le servía su platillo—. Voy a tener un bebe.

—Eh… ¿Es en serio?

—Sí. De hecho tu padre fue el que me aseguro la noticia…—le informo la chica sonriendo—. Así que me recomendó que empezara a cuidar mi salud desde ahora y preparar todo…

—Vaya… Felicidades—comento Rosinante recordando la noche en que la muchacha y su reservado novio le habían ayudado a llegar a salvo a casa después de embriagarse—. Si puedo ayudarte o necesitas algo, no dudes en decírmelo…

—Te lo agradezco Rosinante, pero no creo que sea necesario, por suerte.

—Bien… Ya termine, muchas gracias por la comida. Estaré en mi habitación—anunció Law levantándose de su silla y llevando su plato al lavaplatos—. Felicidades, Ve…—y el jovencito se marchó sin más.

No sabía si era suposición suya, pero Rosinante sintió que algo no andaba del todo bien con Law. Ya era costumbre que el jovencito le ignorara o tratara con indiferencia frente a los demás, pero en esta ocasión había algo diferente y el rubio estaba sumamente inquieto por descubrirlo.
Rosinante se apresuró a comer y, por suerte, Velia se tuvo que retirar al solo terminar de lavar todos los utensilios usados durante la comida, así que el gran hombre rubio subió hasta la habitación de Law y llamo a su puerta.

— ¿Law…? ¿Puedo pasar? Estamos solos…

Y Law fue abrir la puerta. El muchacho tenía un semblante serio, como si estuviera pensando algo muy importante.

— ¿Te sucede algo?—pregunto el mayor mientras miraba consternado a Law.

—Rosinante… Mañana te iras de aquí ¿crees que estoy bien?

—Pero creí que ya lo habías entendido…

—Lo entiendo, sí, pero no puedo evitar sentirme así…—declaro el muchacho con un tono de voz sumamente fastidiado—. Perdóname...

—No tienes por qué disculparte…—y Rosinante se adentró un poco en la habitación para poder abrazar al muchacho.

Pronto Law le indico que fueran a su cama, como siempre acostumbraban a hacerlo. Sin embargo, apenas Rosinante se recostó en la suave cama, Law fue a cerrar la puerta bajo llave y a cerrar las persianas de su ventana.

—Law… ¿Qué haces?—se extrañó el hombre de cabello rubio al mirar que el muchacho también cubría la cámara de su computador y luego se aseguraba de que la puerta estuviera bien cerrada.

—Rosinante… Quiero… Quiero que hagamos algo…—respondió Law con voz grave y un tanto ansiosa. Y el jovencito volvió a la cama y se colocó encima de Rosinante, sentándose sobre la cadera de este.

—Law… No… Por favor… Prometí esperar hasta que tuvieras la edad adecuada… No rompamos ese acuerdo…

—Rosinante… Sabes que no sería la primera vez que hago eso… Pero descuida, no quiero que lo hagamos ahora mismo—murmuro Law mientras posaba sus manos sobre el pecho de Rosinante.

— ¿Entonces…?

—Quiero darte un regalo especial, como despedida…

Y Law se apartó de Rosinante para bajar la cremallera del pantalón azul oscuro que este último llevaba. Inmediatamente Rosinante sintió como la sangre se agolpaba en su miembro y comenzaba a ponerse rígido.
El jovencito bajo un poco los pantalones para después toparse con la ropa interior blanca. Law observo con cierta fascinación el marcado bulto que Rosinante tenía bajo esa delgada tela… Pronto empezó a acariciar aquella protuberancia.

—Law… No… No lo hagas…—musito Rosinante en un vano intento de parar la situación. Su cuerpo ya no le respondía, sentía que cada parte de su cuerpo vibraba de excitación; sus brazos y piernas temblaban, sus ojos estaban fuertemente cerrados, su pecho subía y bajaba apresuradamente y su boca ya estaba entreabierta en una expresión de inevitable placer.

—Tranquilo… Yo haré todo… ¿Quieres que continúe?—pregunto en un susurro el adolescente que seguía acariciando el endurecido bulto de Rosinante.

Y sin poder resistirse más, Rosinante asintió con la cabeza.
Law le dio un apasionado beso para después bajar con lentitud la ropa interior del rubio. La gran erección de Rosinante quedo libre.
Pronto Law bajo su rostro hacia aquella zona intima.

—Es más grande de lo que imagine…—musito Law mirando impresionado el endurecido miembro mientras lo tomaba con firmeza con su mano derecha—. Nunca había mirado a alguien así… ¿Te habían hecho esto antes?—pregunto y Rosinante negó con la cabeza—. Me alegra poder hacer esto para ti… Eres la primera persona que realmente se merece que haga esto por él…

Law comenzó a frotar con ritmo, aplicando poca fuerza y apretando un poco de vez en cuando. Rosinante comenzaba a emitir débiles quejidos de placer.
Pronto el muchachito aumento el ritmo de su mano y se detuvo al ver que mucho líquido pre-seminal comenzaba a salir.
Law decidió dar el siguiente paso:

Sin dejar de agarrar dicha extremidad, acerco su boca lentamente hacia aquella extremidad y sacando un poco su lengua comenzó a saborear el sabor de aquella sustancia traslucida.
Rosinante tembló un poco más y abriendo un poco sus ojos se aventuró a ver como Law actuaba…
Las breves y suaves lengüetadas del jovencito le causaban un intenso placer y le hacían temblar aún más que antes, su corazón latía con una motivación nunca antes experimentada.

—Law… Agh…—y el rubio puso sus manos sobre los delgados hombros de Law, como si tratara de que todo terminara de una vez.

— ¿Te gusto eso…? Aun no comienza la mejor parte…—susurro Law mientras amenazaba con rozar sus labios sobre aquella rosada y redondeada punta—. Disfrútalo, querido Rosinante…

Y los suaves labios de Law empezaron a besar aquella suave anatomía con una intención que mezclaba ternura y sensualidad de una manera extraña…
Rosinante notaba con dificultad como el joven besaba con dedicación y pasión la punta de su erección, como si quisiera dejar la huella de su devoción por él.
Después de unos cuantos besos más, Law comenzó a tratar de introducir el rígido falo dentro de su boca. No era tan sencillo, el muchacho no tenía experiencia en tratar un órgano de tales dimensiones.

Y Rosinante lanzo un largo y profundo gemido al sentir que su virilidad entraba en la húmeda boca de Law.
Law lo había logrado, comenzó con cuidado y lentitud, tratando de acostumbrarse al volumen de aquel órgano.

Rosinante arqueaba su espalda debido al intenso e incontrolable placer.
Law no se limitó a atender solamente aquella fálica forma, sino que también rozo de vez en cuando las redondeadas formas que se encontraban debajo y el interior de los pálidos muslos de Rosinante.

—Law… Law… No… Agh… Cielos…—gemía el rubio hundiendo sus dedos en el edredón de la cama.

Law alcanzo a vislumbrar ese gesto así que no tardo en tomar la mano derecha de Rosinante y estrecharla con fuerza contra su mano izquierda, mientras que mantenía la otra mano ocupada sosteniendo aquel órgano que succionaba cada vez con más energía.
Habían pasado aproximadamente cinco minutos hasta ahora.
Law decidió realizar una maniobra que solo había realizado una sola vez y a la fuerza: Quería engullir por completo el miembro de Rosinante.
Con mucho cuidado comenzó a introducir más allá de lo que había succionado durante toda sesión.

Los ojos color cobrizo del gran hombre rubio se abrieron demasiado al sentir que su erección llegaba a una parte más profunda y ajustada.
Y no pudo soportar más.
Un apasionado gemido anunció el clímax de Rosinante.

Inmediatamente el jovencito saco el gran órgano de su cavidad oral, dejando salir rastros de aquella blanquecina sustancia sobre sus labios y barbilla.
Pronto Law se dejó caer boca arriba sobre la cama, comenzando a auto estimularse con urgencia hasta que su propio fluido seminal salió y ensucio su mano derecha.

Ambos quedaron completamente aturdidos.
Tardaron unos minutos en recobrar la calma, limpiarse y acomodar su ropa.
Rosinante miraba el techo de la habitación, su mirada estaba perdida, como si estuviera durmiendo con los ojos abiertos.

—Rosinante… Amor…—llamo Law quien poso una mano en la mejilla del hombre de pálido rostro— ¿Estas bien?

—Law…—y Rosinante salió del trance—. Law… ¿Qué acabamos de hacer…?

—Déjalo por ahora, no te martirices por esto aún…—y el muchacho le dio un beso en la frente— ¿Quieres que te traiga agua?

—Si… Por favor…

Law salió de prisa de la habitación, fue a lavarse la boca al baño, bajo a la cocina por agua y volvió a la habitación donde Rosinante ya estaba sentado en la orilla de su cama, acomodándose el cabello.

—Toma…

—Gracias…—y el rubio bebió casi todo el contenido de un sorbo—. Law… Me siento muy raro… Además de la obvia culpa, siento algo muy extraño, no sé cómo explicarlo…

—Creo que puedo imaginarme a que te refieres… Las primeras veces que tuve relaciones sentí algo parecido. No te preocupes, es normal hasta cierto punto…—y Law tomo asiento junto a él.

—Law… ¿En verdad disfrutaste hacer algo así? ¿No sentiste repugnancia por mi cuerpo o…?

—Claro que no. Si decidí hacértelo, es porque me gustas mucho, deseaba hacerte feliz, pasar un buen rato contigo… De una manera diferente sin ir más allá por completo…

—Sin ir "más allá"… Law… Creo que la promesa que hice se fue al olvido…—y el rubio bajo su cabeza en gesto deprimente.

—Pero no me hiciste nada…

—Aun así permití que hicieras algo así…—le corto Rosinante lanzando un pesado suspiro—. Ya no tiene remedio… ¿No es así?—soltó con voz afligida.

—No… Lo siento…

—Me siento terriblemente culpable, asqueroso, como un imbécil de lo peor…—dijo con voz calmada el mayor mientras recobraba una postura erguida para abrazar con fuerza a Law. En el fondo, tuvo que admitirlo por un instante, no podía negar que la sensación que experimento había sido unas de las mejores de su vida.

Rosinante se apartó un momento del muchacho para observarlo directamente a los ojos.
Miro con atención el par de ojos grises de Law, la tez morena, la recta nariz, los delgados labios y con cierto asombro noto que en la barbilla del muchacho comenzaban a brotar pequeños y oscuros vellos que más tarde formarían una masculina perilla.

Ahora caía en cuenta de que Law tenía esos detalles inconfundibles de esa etapa del desarrollo adolescente; ahora se percataba de que la voz del joven comenzaba a escucharse un poco más grave, ronca y seria a comparación de antes de que se fuera al campamento de verano.

— ¿Tengo algo raro en el rostro?—pregunto Law al ver que Rosinante se quedaba inmerso mirando su cara.

—No… Es solo que… No me había dado cuenta de que ya estas cambiando…

— ¿A qué te refieres?

—No me había dado cuenta de que pronto tendrás una perilla—y tomo la barbilla de Law con cuidado levantando su mentón ligeramente.

—Ah, eso… Ya era tiempo, ¿no? Ya pronto tendré diecisiete años.

—Sí…

Rosinante se dejó caer de nuevo sobre la cama, llevando a Law junto a él.
El joven de cabello negro recargo suavemente su cabeza contra el fornido pecho del mayor, mientras este último le rodeaba cariñosamente con un brazo.