^ω^
Hola (?) después de tanto tiempo...
Creo que desde Octubre no actualizaba.
Espero que hayan tenido feliz navidad, feliz año nuevo, felices fiestas y cualquier otra celebración que haya pasado hasta hoy.
Espero que estén muy bien y estén haciendo su mejor esfuerzo en lo que sea que tengan que hacer en sus vidas.
Pues aquí está la séptima parte de esta historia, al menos no será un capítulo corto, para compensar el hiatos de meses, trate de hacerlo lo más robusto posible, en Word fueron casi 100 hojas y unas 15,000 y tantas palabras.
Espero que les agrade, aunque no haya actualizado en mucho tiempo, créanme que en estos meses estuve trabajando en esto, nunca lo deje completamente olvidado.
Quisiera agradecerles a todas esas personas que estuvieron al pendiente del fic en este tiempo, que estuvieron dejando favoritos, reviews o follows, no saben cómo me motivaban... Mucha gracias a TheLittleDarkQueen, quien me envió un precioso PM y review, a Kane-noona (que espero que se encuentre muy bien junto con su familia) y a ManiakoPixel (que adoro sus dibujos 3 y su apoyo)
Sin más por el momento, aquí está el capítulo...
Habían pasado un par de horas desde que Rosinante y Law habían tenido aquel tremendo, rápido e inesperado encuentro íntimo.
El hombre de cabello rubio se encontraba sentado en el pórtico de la casa de la familia Trafalgar; era la última noche que pasaría en aquella gran y elegante residencia que había sido su hogar por varios meses.
Rosinante estaba fumando, lo necesitaba después de experimentar el increíble deleite carnal que Law le ofreció con gran pasión.
Había sido lo más placentero que su cuerpo había sentido, tan solo recordar cada caricia y beso que Law le había brindado hacía que su piel se estremeciera y su corazón latiera con ímpetu.
Aún se sentía algo aturdido y nervioso, la mezcla de emociones y sensaciones tan intensas le había afectado demasiado; por esa razón había recurrido al cigarrillo, trataba de 'relajarse' con aquel pequeño tubo relleno de tabaco que despedía una larga fila de humo.
Law se encontraba en su habitación, quien sabe que estaría haciendo ahora mismo su joven e intrépido amante. Por supuesto, aquel jovencito estaba en su alcoba gracias a que su padre había llegado a casa temprano.
Rosinante tenía su cobriza mirada fija en la hilera de pequeñas flores que delineaban el camino de asfalto que conectaba la casa con la acera pública.
Como extrañaría aquel lugar…
Ese sitio donde tuvo la oportunidad de conocer a ese fascinante muchacho que había invadido su corazón y había hecho un desastre en él; un maravilloso, increíble y negligente desastre que le llenaba de culpa cada día.
¿Qué clase de sucesos le esperaban en el futuro?
¿Cuándo y cómo sería el lejano escenario donde por fin Law y él pudieran estar juntos sin ningún problema? Habría que esperar un par de años más…
Y luego un desalentador pensamiento llego a su mente:
¿Qué tal si aquel escenario ideal donde Law y el estuvieran juntos nunca llegara a cumplirse? Ahora recordaba una vieja frase que había oído de su viejo tutor, Sengoku, y de su tan alejado hermano mayor…
"Nada es para siempre, no puedes asegurar algo por completo"
El cigarrillo se consumió por completo, dando Rosinante una última bocanada de humo. Tiro la colilla al piso y la apago por completo pisándola con la punta de su zapato izquierdo. Ya era hora de irse a dormir, mañana tendría que ir a su nuevo departamento y empezar otro ritmo de vida.
A la mañana siguiente, Rosinante despertó sumamente temprano.
Se vistió con un pantalón de mezclilla, una camisa de color café y tenis de color blanco.
Sus maletas estaban listas; ayer había limpiado la habitación para dejarla en perfecta condición para cuando se marchara.
Al salir de la alcoba, dirigió su vista hacia la puerta de la habitación de Law, sostuvo la vista en aquella puerta de color blanco por unos cinco segundos hasta que su mirada cambió hacia la puerta de la habitación del señor Trafalgar.
Cuanto remordimiento albergaba en su mente al pensar en lo lejos que había llegado a relacionarse con Law y en la manera tan increíble en la que había seguido dirigiéndose hacia el padre del muchacho; seguir saludándolo y viéndolo cada día después de haber pasado la noche anhelando estar con su hijo.
Definitivamente mudarse era lo mejor.
Se había convertido en alguien tan diferente…
Su viejo yo, el antiguo Rosinante que había llegado hace meses a esa elegante casa ahora se marchaba con diferentes facetas y 'manchas' en su ser.
Ahora estaba tan preocupado por cosas que en el pasado le habían sido tan lejanas e indiferentes: el amor, el sexo, el deseo de tener la compañía de alguien, su apariencia, sentimientos tan contradictorios...
Ahora la agobiaban a diario pensamientos de culpa, de cinismo y vergüenza al darse cuenta la clase de persona 'doble cara' en la que se había convertido.
El auto desprecio era regular desde que empezó a relacionarse con Law, que ahora lo veía como algo natural y que se olvidaba fácil en cuanto veía la imagen de Law frente a él.
Y Rosinante se dispuso a bajar las escaleras.
—Rosinante… ¿Ya te vas?—la voz de Edward Trafalgar se escuchó venir a su espalda. El hombre de cabello negro y delgadas gafas se encontraba vestido con una bata de descanso de color azul oscuro. Una taza llena de café descansaba en su mano izquierda. El médico se aproximó a Rosinante brindándole una amable sonrisa.
¡Que punzada de remordimiento! Que tormento era tener que recibir la confianza y amabilidad de aquel hombre que no tenía la menor sospecha del terrible secreto que su hijo y él le ocultaban.
—Sí, sí… Ya me voy… Pensé que usted aun seguiría durmiendo, por eso no quise molestarlo—dijo Rosinante algo cohibido—. Pensaba en dejarle un mensaje para avisarle…
—Bueno, fue una suerte de que también me levantara tan temprano—dijo el médico quien después dio un sorbo a su café—. Espero que haya sido de tu agrado vivir aquí durante este tiempo…
—Claro que lo fue, señor. Fue muy agradable vivir aquí…
—Me alegra escucharlo. Debo agradecerte todo el tiempo que invertiste en Law, ya te lo dije en una ocasión pero debo volver a decirlo, desde que llegaste he notado mejoría tanto en su desempeño escolar como en su manera de relacionarse con todos.
—No lo agradezca…
—Eres muy modesto, Rosinante. Bien, también quería recordarte que siempre serás bienvenido a esta casa, este próximo viernes es el cumpleaños de Law, espero que puedas venir para cenar.
—Sí… Gracias por la invitación. Espero poder asistir.
—Bien, no te detengo más… También toma en cuenta que si tienes algún problema de salud, no dudes en contactarme—y el señor Trafalgar se dirigió hacia las escaleras—. Hasta pronto, Rosinante. Mucho éxito y suerte en tu nuevo ciclo de vida.
Rosinante sintió una horrible sensación sobre sus hombros, cuello y nuca, una terrible tensión provocada por el intenso remordimiento que le inundo al escuchar aquellas palabras de buena fe de parte del señor Trafalgar.
—Gracias, señor. Se lo agradezco mucho—contesto el joven profesor con voz ahogada y melancólica—. Hasta luego…
Y el rubio salió de aquella residencia, cerrando con cuidado la puerta principal. Se dirigió a su auto y abrió la cajuela para guardar el equipaje.
En unos segundos más ya estaba dentro el vehículo, con rumbo a su nuevo apartamento.
Pronto encendió la radio para distraer, un poco, su ajetreada mente.
Una canción en español comenzó a escucharse.
Rosinante tenía configurada una radiodifusora hispana en el reproductor; la nostalgia se disparaba en el caso especial cuando le tocaba escuchar cualquier pieza de origen español.
"Siempre serás bienvenido a este lugar. A mi lista de obsesiones, de nombres a olvidar…"
Al llegar a un semáforo Rocinante se imaginó a Law despertando, levantándose de su cama y dirigiéndose hacia la habitación que había dejado vacía esta mañana.
Un arrebato de frustración y tristeza le invadió, quería dar vuelta atrás y regresar a aquella casa y ver a ese jovencito con el pijama puesto y el rostro aun con rastros de sueño.
"Como recordarte, sin mirar atrás… Yo nunca olvidaré el último vals..."
Después de que la luz verde se reflejara en el semáforo, Rocinante llego a su apartamento en aproximadamente diez minutos. Dejo su auto en el estacionamiento exclusivo para residentes que se encontraba detrás del edificio de color gris que albergaba cinco pisos.
El nuevo hogar del rubio se encontraba en el último nivel.
Rocinante, cargando su equipaje, entro al inmueble y se dirigió hacia el ascensor.
El hombre tenía un semblante desalentador.
Ya comenzaba a sentir la desesperación de no poder seguir viendo a Law con regularidad.
Finalmente llego a su apartamento, la puerta exhibía en la parte posterior central el número 5-12. Rosinante ya había ido a acomodar detalles básicos de su nuevo hogar y, por suerte, el apartamento contaba ya con cierto mobiliario básico: una nevera vacía que estaba lista para guardar sus primeros víveres, una cama con un colchón blanco y un sencillo baño con regadera resguardada por una puerta corrediza.
Fue hacia la habitación. Era una estancia con paredes de color blanco que brindaba un aire de relajación, en especial por la iluminación que dejaba pasar la ventana. Dejo sus maletas al pie de la cama; tendría que conseguir un juego de sabanas, cobertor y una almohada para cubrir su nuevo lecho…
Rosinante se arrojó sobre el colchón y observo el techo durante unos segundos. La imagen de Law seguía tan nítida y persistente en su mente...
Pudo evocar claramente la voz del jovencito saludándolo con un seco e indiferente: "Buen día"
—Oh, Law…—y Rosinante se incorporó para sacar de su equipaje una pequeña libreta—. Law…
En la contraportada de dicho cuadernillo había colocado la foto que su joven amante le había obsequiado. Law le sonreía arrogantemente, le señalaba groseramente con el dedo medio y le miraba desafiante.
—Solo ha pasado un rato desde que me marche y ya siento que me volveré loco…—musito el rubio dirigiéndose a la fotografía con una triste y ansiosa mirada.
Mientras tanto, en la residencia Trafalgar, Law estaba apenas saliendo de la cama. El joven se puso de pie y estiro su cuerpo mientras daba un bostezo.
Luego tomo su celular para revisar la hora, se había despertado algo temprano para ser sábado. Law reviso un par de cosas más en su celular, mensajes y redes sociales, hasta que en unos segundos más recordó que esta misma mañana Rosinante se mudaría.
El adolescente, algo apresurado, salió de su habitación y al salir al pasillo encontró la puerta de la habitación de Rosinante cerrada.
Law volvió a su cuarto e inmediatamente mando un mensaje al teléfono de Rosinante con el siguiente texto:
« ¿A qué hora tienes planeado irte? ¿Quieres que desayunemos juntos antes de que te vayas?" »
Espero unos minutos en los que aprovecho para vestirse y peinar su cabello.
Al estar completamente listo, tomo asiento en su escritorio y miro extrañado su teléfono: Ya era demasiado tiempo para responder un simple mensaje como ese.
— ¿Qué pasa, Rosinante? ¿Sera que aún no has despertado?—murmuro el joven mirando algo frustrado la pantalla de aquel aparato.
Y la puerta de su habitación fue tocada con un par de golpes.
— Buen día, Law. ¿Puedo pasar…?
El jovencito inmediatamente bloqueo la pantalla de su celular y lo guardo en el bolsillo de su sudadera amarilla.
—Sí, claro, pasa… Buen día, papá.
— ¿Dormiste bien?
—Sí… ¿Y tú? Parece que ya llevas rato despierto—observo Law mirando a su padre con atención.
—En efecto…—y el adulto sonrió ligeramente—. Me levante muy temprano, pero me siento bien, además, algo bueno salió de despertarme pronto, pude despedirme de Rosinante.
Law se sobresaltó un poco, tuvo que reprimir en un instante su reacción de sorpresa.
—Me sorprendió que decidiera irse a esas horas, supongo que no le gustan las despedidas… En fin, ¿quieres ir a desayunar fuera?
—Claro.
—Bien, solo iré por mi chaqueta…
En cuanto su padre salió de la habitación, Law saco su teléfono de vuelta, miro la pantalla con cierto resentimiento y se encontró con una notificación de nuevo mensaje. Rosinante por fin había respondido:
«Law, perdóname. Decidí marcharme lo más temprano que pude, no debí irme así. Pero no hubiera soportado despedirme de ti en esta ocasión. De hecho, ahora mismo no me siento muy bien. Creo que volver a vivir solo será más duro de lo que creí. Ya estoy extrañándote. Te amo. »
El resentimiento de Law empezó a bajar de intensidad hasta que una sensación de intenso cariño le invadió por completo. Una suave sonrisa apareció en su rostro mientras se dedicaba a escribir velozmente una respuesta al mensaje de aquel hombre de cabello rubio.
— ¿Ya estás listo, hijo?
—Sí… Vámonos.
Rosinante sintió un inmenso alivio al recibir la contestación de Law:
«Te diré la verdad: al darme cuenta que te habías ido sin despedirte, me enfade, pero ahora que lo pienso bien, no puedo culparte, habría sido demasiado incómodo para ti. Así que ya no te preocupes. Espero que te sientas mejor en tu departamento. Leer tu "te amo" me hizo sentir algo apenado. En realidad no sé cómo explicarlo. En fin, no es que no me guste, me parece genial. Iré a desayunar con mi padre. Cuídate, te quiero. »
El rubio sonrió ampliamente al leer el mensaje, su día estaba ya completo. No importaba toda la lista de pendientes que tenía que resolver, el evocar una y otra vez las palabras de aquel muchacho hacía que su mente y cuerpo se sintieran en un estado de increíble tranquilidad.
—Te veo muy animado… ¿Tuviste algún sueño agradable?—pregunto Edward Trafalgar a su hijo mientras iban en camino hacia un famoso restaurante familiar donde servían abundantes platos de desayuno.
—Sí… Además descanse bastante, me siento muy bien.
—Genial. Tal vez después de desayunar podríamos ir un rato a caminar... Y ahora que lo recuerdo, deberíamos ir a comprar la despensa, ya no podremos depender de la señorita Velia para eso, ahora me ayudara en la recepción de mi consultorio particular, mientras avanza su embarazo.
—Vaya, no lo sabía…Entonces deberé trabajar más mis habilidades en la cocina—comento Law mientras llevaba las manos hacia su nuca.
—Bueno, eso sería un gran apoyo hasta que consiga a alguien más para que nos ayude en casa. Aún estoy en eligiendo a una persona adecuada para el trabajo… ¿Sabes que hay un joven, creo que es un par de años menor que tú, que está solicitando el empleo? Tiene un gran talento para la cocina, pero que sea tan joven es un problema…
Esa misma tarde, Rosinante había ido a conseguir un juego de sabanas, cobertor y almohada para su nueva cama. Había ido al mercado por una sencilla dotación de víveres y artículos necesarios para la limpieza.
Quería que su nuevo hogar luciera lo más decente posible para cuando Law fuera a visitarle.
—Ahora… Debería pensar en que podría regalarle para su cumpleaños—dijo Rosinante mientras miraba la pantalla de su computador portátil en busca de opciones entre las cuales estaban elegantes prendas de vestir, relojes y gadgets electrónicos. Había dejado una buena cantidad de ahorros para esa ocasión—. Vaya esto si es difícil…—resoplo el rubio al darse cuenta de que Law tenía la fortuna de contar con muchas pertenencias de buena calidad, el jovencito no tenía ninguna carencia o necesidad material que alguna vez hubiese podido notar.
Y luego pensó en algo que una vez su madre y el señor Sengoku le habían dicho cuando era pequeño: "Hay una clase de regalos muy especiales, esos son los que estan hechos con las propias manos del quien los obsequia."
Con tristeza y ternura recordó que, en un lejano día de las madres durante su infancia, Rosinante había realizado un florero para su madre, utilizando unas botellas de vidrio, pintura y purpurina. Recordó la dulce y amable sonrisa de aquella mujer que recibió con mucho entusiasmo su humilde presente.
Por supuesto que no le haría un florero así a Law, tendría que pensar en algo más, pero ahora estaba decidido en realizar algo manualmente, aunque sea un pequeño detalle que acompañara algún otro regalo adquirido en algún comercio.
—Cierto… Tengo anotado la música que Law suele escuchar...—y Rosinante comenzó a organizar sus opciones e ideas para el futuro obsequio.
La semana inició y Rosinante y Law volvieron a verse en la preparatoria.
Para cuando la clase de español de nivel II termino, Law ya estaba más que listo para abordar al joven profesor en cuanto todos sus compañeros se marcharan.
— ¿Qué tal estuvo tu fin de semana?—pregunto Law mirando a Rosinante con una suave sonrisa ladeada.
—Tranquilo… Y muy solitario… ¿Y el tuyo?—respondió el profesor quien estaba sentado en su escritorio fingiendo que revisaba unos apuntes.
—Podría decir que igual…
— ¿No saliste con tus amigos?
—No. Últimamente han estado algo… Distraídos con cosas personales entre ellos—contó el jovencito mientras se cruzaba de brazos.
—Lo lamento. Si te soy sincero, hoy lo note. Por lo general, tus amigos hablan por lo menos tres veces durante clase, pero hoy no escuche nada de su parte.
—Bueno, dejemos ese asunto. ¿Crees que hoy pueda ir a visitarte después de la escuela?
—No lo sé, quiero decir, claro que no. Mi apartamento ya está listo, pero no me siento tan seguro de que vayas, al menos no hoy, menos aun después de clases…—tercio el hombre con un ligero temblor en su voz que adoptó un tono algo reprensivo.
— ¿Tienes miedo de que puedan descubrirnos?
—Claro que sí. Law, parece que olvidas en que posiciones estamos… No podemos actuar sin cuidado. Además… con lo que paso en tu habitación, la última vez yo… No, fue demasiado. Tengo miedo de que las situaciones empeoren…
—Tranquilo, lo sé. No me atrevería a ir a visitarte con el uniforme puesto. Y también, puedes estar seguro, de que no me atrevería a hacer algo más grave que lo que paso el viernes.
—Bien… Ya es tarde, tienes que ir a tu siguiente clase. Ten un buen día, Law. Nos vemos mañana…
—Sí, hasta mañana…—y Law miro hacia la puerta, una vez que se aseguró de que nadie estaba del otro lado de esta, acerco rápidamente sus labios al rostro de Rosinante y planto un beso en la frente de este.
Los ojos de Rosinante se abrieron demasiado en expresión atónita. Su boca se abrió un poco, a punto de replicar algo, pero su impresión era demasiada para poder soltar alguna palabra. Law soltó una leve risa y salió a toda prisa del salón.
Pronto, la cara del rubio profesor se ruborizo y comenzó a sudar ligeramente. Que atrevimiento de aquel jovencito… Que osado era Law de darle un fugaz beso en pleno horario escolar.
Ese breve beso le había sorprendido, asustado, enfadado y, más que nada, fascinado…
Definitivamente repetiría esa pequeña escena durante el resto del día y probablemente durante el resto de la semana.
—Oigan, ¿creen que podrán asistir a mi cumpleaños?—pregunto Law durante el almuerzo. El adolescente moreno miraba con cierto escepticismo a sus amigos.
Shachi, el pelirrojo con gorro decorado en alusión a una orca, se encontraba escribiendo y repasando algo en su cuaderno con el ceño fruncido.
Mientras que Penguin se encontraba mirando hacia su lado izquierdo, con semblante de aburrimiento y cierto enfado.
—Claro que sí, Law…—respondió finalmente Penguin volteando a ver directamente al mencionado— ¿En serio crees que vamos a faltar a tu cumpleaños?
—No sé, oye, no me pueden culpar. No hemos hablado mucho en estos últimos días, pensé que estarían ocupados con otras cosas…—terció el moreno, mirando con molestia a Shachi, quien después de unos segundos sintió su pesada mirada—. Y en serio, si no pueden ir, si no quieren ir, no hay problema, solo necesito que me lo digan antes del viernes. No quiero estar esperando en vano y al final solo estemos mi padre y yo compartiendo una comida para cinco personas…
—Viejo, lo siento…. Tienes razón—musito Shachi mientras cerraba su cuaderno—. Perdón…
—Estaremos ahí el viernes, Law—dijo Penguin firmemente.
—Perdón si sueno como si se los exigiera, pero…—soltó Law relajándose un poco.
—No, ya no te fijes en eso. En serio hemos estado apartados—corroboro Penguin—. Tratemos de pasarla bien en tu cumpleaños.
—Si…Espero que así sea—y Law se atrevió a preguntar a Shachi sobre lo que estaba haciendo hace minutos en su cuaderno—. Oye, ¿qué tanto escribías?
—Ah… Pues… Ja, te vas a reír de mí, pero estaba leyendo y repasando poemas—confeso Shachi con una sonrisa medio nerviosa y avergonzada—. Y bueno, también tratando de escribir alguno…
— ¿Poemas?—se extrañó Law. Shachi no era un chico de letras en particular, era el que más detestaba leer y escribir de los tres— ¿Teníamos alguna tarea así?
—No, viejo, no es tarea…
—Está tratando de 'cultivarse' para enviarle un mensaje secreto a la chica nueva—intervino Penguin con un ácido y algo despectivo tono de voz—. Escuchó un rumor de que a ella le gusta mucho la lectura y todo eso…
—Oh vaya… En verdad parece interesarte esa muchacha, ¿no es así?—dijo Law mientras veía con cierta incomodidad la clara expresión de molestia de Penguin.
—Sí… No sé; creo que sí puedo tener alguna oportunidad con ella—contesto Shachi esbozando una ligera sonrisa con un toque de esperanza.
— ¿Ah sí? ¿Ya has hablado con ella?
—No, aun no… Pero ya van tres ocasiones en que me descubre viéndola y no parece enfadarse, de hecho, en la última me sonrió… ¿Qué piensas, Law? ¿Acaso no crees que es una buena señal?
—Pues no es un mal paisaje… Pero…—y Law miro disimuladamente a Penguin.
— ¿Pero?
—Nada. Te deseo suerte con eso entonces, Shachi.
—Muchas gracias, hermano. Si no les molesta, creo que iré a dejar esta cosa al casillero…—y el pelirrojo se puso de pie rumbo al sitio mencionado.
En cuanto Shachi se alejó lo suficiente del comedor, Law miro con seria preocupación a Penguin, tenía la intención de decirle unas cuantas palabras de apoyo a su amigo pero el chico con el gorro se adelantó a sus acciones.
—Law, sé que me dirás algo respecto a lo que pasa con Shachi, pero déjalo así. Te agradezco que quieras hablar pero…
—Pero siempre pensé que Shachi y tú...
—Ya se. Pero las cosas siempre pueden cambiar, Shachi lo ha demostrado muy bien.
Law no supo que decir, miro con desanimo a su amigo que aún tenía una fuerte expresión de molestia.
—Supongo que esto tenía que pasar tarde o temprano—suspiro Penguin—. Tal vez yo debería buscar a alguien también, al menos para pasar un rato agradable y olvidarme de todo esto…
—Penguin…
—Olvidemos ese asunto. ¿Qué se tiene planeado para tu cumpleaños?—pregunto Penguin tratando de quitar el mal semblante.
—Ya sabes, casi lo mismo de todos los años: vamos a comer y pasar un buen rato jugando o haciendo lo que sea… En esta ocasión mi padre me dijo que invitara más personas, ya sea de la escuela o gente que conocí en el campamento, pero la verdad no quiero invitar a nadie más.
—Bien, ahí estaré el viernes—y Penguin se puso de pie—. Nos vemos más tarde, Law. Necesito ir a tomar aire fresco.
Y el muchacho del gorro con la leyenda de pingüino se retiró del comedor.
Law lanzo un pesado suspiro. ¿En verdad sus mejores amigos estaban teniendo asperezas después de tanto tiempo juntos? ¿Sería prudente seguir con el plan de hacer una reunión en su cumpleaños?
—En este caso tal vez no sea tan mala idea invitar a más personas—concluyo Law al terminar su almuerzo—. Si Penguin y Shachi se distraen conviviendo con otros, no se dará algún roce incomodo entre ellos…
Y la semana transcurrió.
El jueves por la noche Rosinante se encontraba envolviendo el regalo que tenía para Law; el señor Trafalgar ya le había llamado para invitarlo a celebrar el cumpleaños de su hijo mañana por la tarde.
El hombre de cabello rubio estaba muy feliz de poder celebrar por primera vez un cumpleaños de Law y, al mismo tiempo, estaba tan nervioso…
Era seguro que se sentiría la habitual culpa cuando tuviera en frente al padre de su joven amante.
—Tengo que estar lo más tranquilo posible…—musito Rosinante mientras elegía la ropa que usaría durante el festejo—. Sí, todo saldrá bien…
Mientras tanto, en la residencia Trafalgar, Law se encontraba saliendo de la ducha. Su padre había tenido que ir a trabajar al hospital esta noche, a cambio de poder tener todo el día libre para su cumpleaños.
El adolescente, quien solo estaba envuelto en una toalla oscura de la cintura para abajo, fue hacia su habitación para vestirse y después pasar un rato en internet.
Probablemente hablaría un buen rato con Penguin y después tomaría su teléfono para desearle buenas noches a Rosinante y asegurarse de su asistencia a su cumpleaños.
—Penguin ¿vienes a cenar?—llamo Shachi desde el umbral de la puerta de la habitación que compartían.
—Shachi, ¿acaso yo te moleste en toda esta semana cuando estuviste pegado a tu cuaderno haciendo quien sabe cuántos poemas?—respondió Penguin con voz áspera.
—No… Está bien, ya olvídalo…—respondió Shachi haciendo una mueca de incomodidad y siguió su camino de regreso a la cocina.
Penguin se encontraba charlando con Law por vía de un chat de un juego online.
"P: Lo siento, Law, creo que ya iré a acostarme... Nos vemos mañana"
"L: De acuerdo, hasta mañana. Buenas noches."
Penguin se dispuso a apagar la computadora. Se levantó de una silla de escritorio y se dirigió hacia el costado de su cama, donde empezó a desvestirse para colocarse el par de pantaloncillos cortos y una camiseta de tela ligera
Se arrojó hacia el colchón y quedó boca arriba, contemplando el techo donde Shachi y él habían colocado varios posters y círculos de tiro al blanco desde hace años.
Escuchaba con atención el rumor que provocaba Shachi en la cocina, al parecer el pelirrojo se había empeñado en cocinar algo diferente esta noche, a diferencia de los sándwiches o platones de cereal que casi siempre acostumbraba.
Sintió una punzada de frustración, lanzo un gruñido y trato de dormir de una vez por todas.
Horas después, casi siendo media noche, en un sitio en las afueras de la ciudad…
—Señor Crocodile. Tiene una llamada.
Crocodile se encontraba en una de las tantas y grandes áreas verdes que tenía la parte posterior de su mansión. Estos jardines fungían como una especie de zoológico para distintas especies de animales. En ese momento, el hombre de cabello negro estaba cerca de una gran estructura de piedra que albergaba un amplio hábitat con agua y plantas que era el hogar de un par de cocodrilos.
— ¿Una llamada? ¿A esta hora? ¿Quién llama…?—soltó Crocodile sin voltear a ver a su subordinado. La mirada melancólica se mantenía fija en sus enormes e intimidantes mascotas.
—Me temo que es el señor Donquixote…
Y Crocodile sintió una punzada de molestia al escuchar tal apellido.
—Entonces ya sabes que hacer. Daz, ¿Acaso te dio amnesia? ¿Olvidaste la orden que te di respecto a ese tema…?—inquirió con brusquedad— ¿Cómo es que consiguió el nuevo número?
—No señor, pero…
— ¿Pero qué?
—El señor Donquixote amenazo con venir ahora mismo, a no ser que contestara su llamada…
Crocodile por fin volteo a ver a su subordinado con total terror y enojo. Rápidamente le arranco el teléfono inalámbrico de las manos.
Aquel moreno subordinado se retiró inmediatamente después de ver que su jefe estaba indeciso sobre contestar o no aquel llamado.
El hombre cuya cicatriz atravesaba su orgulloso rostro no podía responder aún…
Doflamingo estaba realmente empeñado a acosarlo hasta que volvieran a tener contacto; eso era algo que realmente le provocaba una terrible ansiedad.
— ¿Cómo mierda conseguiste mi nuevo número? Esto es una línea privada…
—Es tan hermoso oír de nuevo tu voz, aunque tus primeras palabras sean tan desagradables—dijo Doflamingo con voz tranquila.
— ¿Quién crees que eres para estar amenazándome? Deja de una vez estos juegos idiotas…
—Por favor, amor…—Doflamingo había pronunciado esta última palabra con un suave acento español.
—No te atrevas a llamarme así de nuevo—espeto Crocodile comenzando a alterar su voz junto con sus emociones—. Voy a volver a cambiar mi número…
—Y yo voy a volver a averiguarlo… Recuerda que tengo un elemento entre mis filas que puede hacer milagros consiguiendo información y burlando defensas, así que, por favor, no lo hagas más difícil en vano.
— ¿Si? ¿Otro subordinado? ¿Otro de aquellos que probablemente te follas de vez en cuando?
—Crocodile, no empieces con ese tema. Ya no he hecho tales cosas, no desde que te fuiste… En serio…
— ¿Esperas que crea esa afirmación? ¿Crees que soy un adolescente ingenuo? No me imagino con cuantos te debiste haber acostado desde entonces.
—Espero que confíes en mí… Si algún día signifique algo para ti, por favor, recuerda aquellos momentos que vivimos, cuan felices éramos… ¿No quieres volver a sentir eso?
Crocodile tenso sus labios. Definitivamente recordaba aquellos momentos de gloria junto con Doflamingo, que feliz había sido junto a él; todo era tan productivo, tan divertido, tan intenso y pasional…
Aquel rubio le inyectaba un aura de vitalidad a su vida, algo que muy pocas cosas en este mundo le podían brindar.
Un silencio de cinco segundos paso hasta que Crocodile se atrevió a decir:
—Tú te encargaste de destrozar eso… Creí que algún día cambiarías y te darías cuenta de que si querías formar algo serio y duradero, tendrías que dejar de meterte con cualquiera. Pero eso nunca va a pasar, no contigo…
—Amor…
—Juro que si vienes a mi casa, llenare tu cuerpo de balas en cuanto te atrevas a mostrar tu desvergonzado rostro—le corto Crocodile volviendo a su voz seria y amenazante
Y termino la llamada.
Doflamingo, quien estaba en la sala de estar de su lujoso hogar, miraba fijamente el teléfono con expresión reflexiva.
Había escuchado claramente la advertencia de Crocodile, pero aun así estaba completamente decidido a ir a verlo…
El hombre de corto cabello rubio salió de su residencia y subió a su automóvil predilecto, un convertible de un vibrante color rojo.
Doflamingo conducía a velocidad por encima del límite recomendado, era demasiada la urgencia de volver a encontrarse con aquel hombre de orgulloso rostro…
El hogar de Crocodile estaba en las afueras de la ciudad; a su viejo amante siempre le había gustado estar alejado de todo el bullicio y de la gente.
Para cuando Doflamingo llego frente a la gran muralla que resguardaba todo el terreno de la residencia de Crocodile, decidió volver a llamarlo.
— ¿De nuevo…?—gruño Crocodile al ver que aquel rubio insistía. El hombre de cabello negro se encontraba sentado en un enorme sofá dentro de su sala de estar, Crocodile trataba de calmarse encendiendo un grueso puro. El teléfono siguió sonado por unos segundos más hasta que, de nuevo, se resignó a responder—. Te dije que no volvieras a…
—Estoy frente a la barda de tu casa—dijo Doflamingo sin rastro de temor o vergüenza en su voz.
Crocodile arrojo el teléfono con frustración. Se puso de pie y llamo a su subordinado, Daz. Crocodile le dio unas breves instrucciones y se retiró a su habitación.
Daz se dirigió hacia el cuarto de control y cámaras de seguridad.
Abrió el gran portón de aquella muralla y el auto de Doflamingo se abrió paso.
Cuando el vehículo rojo se estaciono frente a la gran casa y el hombre de cabello rubio estaba bajando de él, Daz abrió la puerta principal de la mansión y se perdió de la vista de Doflamingo.
Doflamingo no le tomo importancia, avanzo hacia el interior de la casa, entro al recibidor y cerró la puerta sin preocupación alguna.
El rubio camino hasta la sala de estar y recorrió con la vista la estancia sin encontrar a nadie.
— ¿Dónde estás…?—musito el hombre acomodándose sus estilosas gafas de cristales rojos.
De pronto se escuchó una serie de ladridos, un pequeño perro de raza pug se aproximaba hacia sus pies sin dejar de ladrar con una pose de aversión.
—Vaya, se consiguió un bicho más para su colección de mascotas…—soltó Doflamingo muy divertido viendo al can con actitud burlona— ¿Qué pasa? ¿Acaso tu amo ya te enseño a odiarme?
El perro seguía ladrándole mientras que el hombre rubio lo alejaba con ligeras patadas que no llegaban a golpearle directamente y solamente eran hechas para intimidarlo.
—Bien, parece que no hay nadie aquí abajo… Entonces nuestro querido Crocodile debe estar esperándome en su habitación—concluyo mientras se dirigía a las escaleras de caracol—. Te quedas aquí, pulgoso...—y el pequeño perro pug se quedó al pie de la escalera, dedicándole un par de ladridos finales.
Al llegar a la segunda planta de aquel hogar, rápidamente camino hacia una elegante puerta de madera con cerraduras antiguas que resguardaba la habitación de Crocodile. Doflamingo poso su mano derecha en el pomo de la puerta y, para su sorpresa, al girarlo descubrió que no tenía el seguro puesto.
—Que fortuna… Pensé que tendría que estar rogando por un rato afuera de tu puerta…—suspiro aliviado mientras empujaba la puerta.
A tan solo unos segundos de que Doflamingo intentara entrar en la habitación, un estruendo se hizo presente. El cuerpo del rubio se detuvo al ver que Crocodile sostenía una pistola y le amenazaba con esta.
El disparo había sido dirigido aproximadamente a un metro de distancia del lado derecho de Doflamingo. La bala fue a parar contra una mesita de decoración.
—Te lo dije, ¿no es así?—dijo Crocodile fríamente mirando fijamente a Doflamingo con expresión amarga. Su mano derecha se aferraba con fuerza al arma que apuntaba a su viejo amante.
—Amor… Tenía que venir a verte, ya no puedo seguir así…
—Ya te dije que dejaras de llamarme así, maldito idiota.
Doflamingo lanzo un pesado suspiro mientras llevaba su mano derecha hacia su amplia frente para luego pasarla por su erizado cabello rubio.
—Está bien, Crocodile. Lo lamento… Solo quería verte una vez más—dijo Doflamingo tratando de llevar una voz más seria debido al arma que estaba apuntándole—. Ya no pretendo pedir tu perdón, sé que no me lo darías, pero…
— ¿Entonces?
—Solo quería verte de nuevo, ¿Qué acaso tu no me has extrañado ni aunque sea un poco? ¿Es tan difícil de creer?
Crocodile tenso sus labios, su semblante se endureció más que antes; la presencia y las palabras de Doflamingo revolvían su mente y cuerpo…
Su corazón estaba latiendo tan bruscamente.
—Ya lárgate... A menos que quieras morir aquí—dicto Crocodile recuperando un poco de fuerza en sus palabras.
—Creo que voy a tener que arriesgarme…
Y otro disparo se hizo presente, esta vez fue dirigido a un par de metros del lado izquierdo de Doflamingo. Ahora un librero fue el que se vio afectado por el proyectil.
— ¡QUE TE LARGUES!—grito Crocodile mirando furioso a Doflamingo directamente hacia sus gafas. Los ojos del hombre de cabello negro reflejaban una desesperación y coraje increíbles. La mano que sostenía el arma comenzó a temblar.
Doflamingo, tan arriesgado como se había proclamado segundos antes, se atrevió a avanzar un par de pasos hacia Crocodile. Crocodile seguía apuntándole…
El rubio estaba cada vez más cerca de la punta de aquella pistola, mientras que el rostro de Crocodile se contraía más en una expresión de enojo y desesperación: Sus ojos seguían fulminando a su viejo amante, sus dientes se mostraban gracias a una mueca de coraje y sus cejas enmarcaban perfectamente ese conjunto de fuertes e intimidantes emociones...
Y finalmente el pecho de Doflamingo choco contra la fría punta de la pistola; el arma estaba tambaleando en la mano de Crocodile, la expresión de este último fue transformándose dolorosamente de una emoción de rabia hacia una de pura desesperación y resignación.
—Creo que es ahora o nunca…—musito Doflamingo mientras veía a su amado con una mirada baja y cautelosa.
Los ojos de Crocodile se cerraron fuertemente mientras trataba de retomar la fuerza en su mano para así volver a poner firme aquella arma que seguía topándose con el pecho de su antiguo amante.
Transcurrieron algunos segundos…
El pulso de ambos hombres estaba a tope, sus corazones latían con rapidez mientras esperaban los posibles y caóticos desenlaces.
Y de pronto, la mano derecha de Doflamingo se dirigió hacia el rostro de Crocodile, posándose sobre la mejilla izquierda de este. Los ojos de Crocodile se abrieron al contacto; una intensa expresión de resignación y vergüenza marco su cara, al mismo tiempo que su mano dejaba caer la pistola.
—Maldita sea…—musito Crocodile sintiéndose como el ser más débil y avergonzado— ¿Por qué…? ¡¿POR QUÉ TENÍAS QUE HACER ESTO…!?—inquirió el hombre con desesperación y rabia mientras volvía a cerrar fuertemente los ojos mientras se cerraba su mano fuertemente convirtiéndola en un amenazante puño que fue a parar contra el rostro de Doflamingo.
Doflamingo no respondió al violento gesto, prefería mantenerse en silencio mientras se reponía del golpe. Después de unos segundos, el rubio tomo con ambas manos el afectado rostro de Crocodile, se acercaba cada vez más hacia este último para un inminente beso que tanto había anhelado.
Los labios de Doflamingo se posaron con suavidad sobre los de Crocodile, quien todavía seguía temblando por todas las fuertes emociones que le habían invadido a causa de aquella situación tan estresante.
Pronto los brazos del hombre de cabello rubio rodearon el grueso cuerpo del hombre de cabello negro, estrechándolo con fuerza y con ese toque inconfundible de cuando un par de personas no se han visto por vario tiempo.
—Amor…—y Doflamingo, volviendo a besar a Crocodile pero esta vez con pasión y, con algo de ansiedad, fue guiando a su amante hacia la enorme cama que estaba en medio de la habitación.
Las agiles manos de Doflamingo se dirigieron hacia los puntos clave para deshacerse de la vestimenta de Crocodile: quitaron un pañuelo verde, desabotonaron un saco color negro, desprendieron una camisa gris, incluso se deshizo de aquel dorado garfio dejando al descubierto un pálido muñón…
Los labios de Doflamingo fueron recorriendo la pálida piel desnuda que iba revelándose conforme quitaba las prendas.
Crocodile cerró sus ojos con una rara expresión que fusionaba su frustración y su gusto por ceder a esa situación: Ese enorme placer culposo que era inevitable sentir al percibir los cálidos y fogosos besos de Doflamingo le avergonzaría y atormentaría el día de mañana...
Pronto Doflamingo se deshizo de su propia vestimenta, con rapidez se quitó su camisa, pantalón y ropa interior.
Crocodile observo con atención el bronceado cuerpo de su amante; como había extrañado ver aquella figura tan bien cuidada, tan sensual y tonificada;
cuanto había echado de menos la naturaleza tan audaz de Doflamingo, su sonrisa tan arrogante, sus gestos atrevidos…
Los melancólicos ojos de Crocodile bajaron lentamente desde el rostro de su amante, hasta su abdomen bien marcado, luego bajaron lentamente hasta donde empezaba una espesura de vello rubio oscuro que dirigía hasta donde el erecto miembro de Doflamingo se erguía amenazante con querer introducirse en su boca…
Muy pronto la boca de Crocodile se encontraba succionando la endurecida virilidad de Doflamingo, primero solo se encontraba chupando la punta pero no tardo mucho para que casi todo el miembro fuera engullido con mucha energía y dedicación. El hombre rubio se encontraba de pie junto a la cama, mientras que Crocodile se había incorporado un poco para poder hacer tal felación.
—Agh… Croco… Amor… Te adoro…—gemía Doflamingo mientras acariciaba el cabello oscuro de su amante y empujaba ligeramente su cabeza para meter aún más su miembro dentro de la boca de Crocodile hasta sentir que llegaba a la garganta.
La lengua del hombre con la cicatriz en el rostro se coordinaba perfectamente para lamer en intervalos el pene de Doflamingo para después continuar succionando con fuerza y engullirlo hasta donde le fuera posible.
Que placer era volver a sentir el sabor de aquel hombre tan molesto y atractivo, volver a palpar la textura de su cuerpo y sentir su calor.
—Es suficiente… También necesito volver a saborearte…—suspiro Doflamingo al cabo de una buena cantidad de minutos mientras salía de la boca de Crocodile y lo recostaba para poder jugar con su cuerpo de manera más cómoda.
Doflamingo, separando las piernas de Crocodile, posiciono su cara en medio de estas y se dedicó a lamer aquella zona, empezando por la erección de Crocodile, luego dio lentos lengüetazos a los testículos provocando que Crocodile se estremeciera demasiado y comenzara a retorcerse un poco mientras soltaba gemidos más potentes.
—Siempre te gusto demasiado que hiciera eso, ¿no es así, amor?
Crocodile mordió su labio inferior, aun la culpa no le dejaba disfrutar por completo la experiencia, ¿Cómo había caído tan fácil a la provocación de Doflamingo?
Y su mente volvió a divagar cuando sintió la lengua de aquel rubio pasar rápidamente por aquella ajustada entrada que muy pronto recibiría la gran virilidad de Doflamingo.
—Espera… No… No hagas eso…—musito Crocodile con las fuerzas que podía concebir.
—Oh querido Crocodile, ¿pretendes recibirme sin estar apropiadamente preparado? Podrías lastimarte, ¿no lo crees?—dijo suavemente Doflamingo para después humedecer su dedo índice con algo de saliva y luego introducirlo dentro de Crocodile.
El dedo del hombre de cabello rubio se movía con toque juguetón dentro de aquella ajustada cavidad, palpando las paredes con avidez. Luego, sin aviso ni lubricación, introdujo otro dedo y lo movió de igual forma.
—Idiota… Podría estar sucio… Basta… Agh…
—Lo dudo, te conozco bien, siempre estas impecable… Y esa es una de las cosas de ti que siempre me volvió loco. Eres tan hermoso…—y Doflamingo se abalanzo sobre Crocodile para besarlo con desesperación, sin dejar de mover sus dedos dentro del cuerpo de su amante.
Los besos se tornaban cada vez más apasionados, la hábil y larga lengua de Doflamingo manipulaba fácilmente la lengua de Crocodile…
Los labios de Doflamingo se resbalaban desde la boca hasta el grueso cuello de Crocodile, mordiendo un poco de vez en cuando, dejando unas pequeñas marcas rojizas.
—Ya… Ya no puedo más…—gimió Crocodile mirando apasionadamente al hombre de cabello rubio.
Doflamingo esbozo una suave sonrisa mientras veía con cierta ternura a Crocodile. Pronto el rubio se colocó de nuevo entre las piernas de su amante, acomodo las gruesas piernas de Crocodile sobre sus hombres, elevando las caderas de este último y dejando más expuesta su entrada.
Y con una actitud casi solemne se dispuso a introducirse dentro de Crocodile, provocándole espasmos de placer y algo de dolor mientras lo hacía.
Para cuando el miembro de Doflamingo estaba por completo dentro de Crocodile, el rubio comenzó a mover con lentitud sus caderas, empujando un poco al compás de un lento y sensual movimiento, acariciando el amplio pecho de Crocodile de vez en cuando, abalanzándose sobre el para volver a juntar sus labios...
Era una noche fresca, la habitación de Crocodile contaba con un balcón cuyas puertas de acceso estaban abiertas y dejaban entrar un ligero y fresco viento que provocaba un contraste con la calidez y sudoración de la piel de ambos amantes.
—Doffy…—gimió Crocodile al sentir que Doflamingo aumento la velocidad y potencia de sus movimientos.
—Agh… Hace mucho que no te escuchaba llamarme así… Dilo otra vez…—jadeo Doflamingo sintiendo que su pulso se aceleraba en gran medida al oír que su querido Crocodile le había vuelto a llamar por aquel apodo que solo gente muy cercana a él podía usar.
—Doffy…
La virilidad de Doflamingo trataba de hundirse más dentro de Crocodile, la fuerza de movimientos provocaba que sus pieles chocaran con violencia y se provocara el clásico sonido de dos cuerpos copulando con vigor.
— ¿Oyes eso…?—susurro el hombre de cabello rubio al oído de su amante—. Que sonido tan obsceno y delicioso…
—Agh… No… No puedo… Doffy…
— ¿Qué pasa…?
—Doffy… Creo que… Agh…—la expresión de Crocodile evidenciaba que muy pronto llegaría a su clímax. Sus mejillas estaban ruborizadas, sus ojos se cerraban con fuerza, su boca entre abierta dejando escapando jadeos y gemidos tan intensos, un hilo de saliva resbalando de la esquina izquierda de su labio inferior, su frente cubierta por una fina capa de sudor, todo su rostro contorsionado por el placer que hacia parecer como si estuviera siendo torturado.
—Claro que si…—jadeo Doflamingo dando su mejor desempeño, moviéndose con más pasión y rapidez.
Al cabo de unos segundos, Doflamingo decidió tomar el rígido miembro de Crocodile y frotarlo con energía hasta que su amante alcanzara la cima del placer.
—Doffy… Doffy… Agh…—la voz de Crocodile se afectaba cada vez más, rompiéndose entre gemidos y jadeos, hasta que solo quedo un hilo de voz que anunció con un profundo gemido que había llegado al orgasmo.
La mano de Doflamingo quedo empapada de aquella blanquecina sustancia; rápidamente el hombre de cabello rubio llevo un poco hacia su boca y saboreo un hilo del esperma de su amante.
El pecho de Crocodile subía y bajaba con rapidez, estaba sumamente agitado, tratando de retomar el aire y volver su pulso a la normalidad, la expresión de intenso deleite aún seguía presente en su rostro.
Doflamingo, al haber presenciado aquel intenso final por parte de su pareja, sintió que su deseo por Crocodile llegaba a niveles más profundos…
Su corazón estaba muy agitado, sintió un nudo en el estómago, como si fuese un adolescente que apenas estaba descubriendo los goces del amor, experimento una deliciosa ansiedad que le demandaba que volviera a tomar a Crocodile, que volviera a hacerlo gemir y llamarle con aquella suplicante y sensual voz, y explayara dentro del cuerpo de este toda la pasión que sentía por él.
Y así fue. Doflamingo volvió a agitarse en el cálido interior de Crocodile, con más fuerza que antes, dando repetidas estocadas con mucho vigor, hundiéndose lo más posible en aquella cavidad, agitando el gran cuerpo de su amante con sus bruscos movimientos y volviéndolo a hacer gemir y jadear su nombre.
—Agh… Voy a… Agh…—los ojos de Doflamingo se cerraron fuertemente al momento de sentir que su cuerpo llegaba al límite y descargaba una gran cantidad de semen dentro del ardiente interior de Crocodile. Las manos del hombre de cabello rubio se aferraron a los fuertes hombros de su pareja mientras trataba de sobrellevar aquella intensa y placentera sensación.
Para cuando Doflamingo se separó de Crocodile, ambos ya estaban completamente calmados, con su respiración y pulso estables, y con la vista clavada en el techo de la habitación. La fresca brisa seguía entrando en la estancia y ayudaba a quitar la sensación de humedad y calor que había quedado debido a sus actividades lubricas.
—Amor…—musito Doflamingo al cabo de unos minutos mientras se acostaba sobre su lecho izquierdo y acariciaba el pecho de Crocodile, quien aún seguía boca arriba y con la vista perdida.
Crocodile no respondió, se limitó a mirar a Doflamingo por unos segundos, con una expresión un tanto melancólica.
— ¿Estas molesto…?—pregunto el rubio con cautela y deteniendo sus caricias.
—Ya quiero dormir…—contesto Crocodile con voz grave y neutra.
El hombre de cabello negro agarro las revueltas sabanas de su cama y se cubrió con ellas, mientras le daba la espalda a Doflamingo.
Doflamingo observo a su amante con cierta preocupación por un rato…
El rubio llego a la desalentadora conclusión de que, muy probablemente, Crocodile estaba arrepentido de haber cedido ante los impulsos.
Doflamingo suspiro con cierto pesar y se dispuso a dormir, al igual que su amado. Mañana ya resolverían todo aquel embrollo, mañana escucharía lo que sea que Crocodile tuviera que decirle…
Por la mañana del 6 de octubre, Law se encontraba preparándose para ir a la preparatoria.
Mientras el joven, quien ya tenía diecisiete años, se encontraba peinándose frente al espejo, noto que (tal como lo había mencionado Rosinante) su barbilla ya estaba empezando a cubrirse de oscuros vellos que, muy pronto, le darían un aspecto muy semejante al de su padre.
Al estar completamente listo, llevo su mochila amarilla sobre su hombro derecho y salió de su habitación.
—Feliz cumpleaños, hijo—dijo Edward Trafalgar al verlo bajar de las escaleras.
Law se acercó a su padre, sonriendo, para recibir un cálido y firme abrazo.
— ¿Dormiste bien? ¿Qué tal te sientes?—pregunto el padre al separarse de su hijo mirándolo con entusiasmo.
—Bien, estoy bien… Gracias, padre. ¿Y tú? Espero que no te haya molestado que haya invitado a más personas a la celebración…
—Para nada, estoy contento de que tengas más compañía, es bueno que estés haciendo más amigos.
Law sonrió con un poco de incomodidad, no era del todo cierto que estuviera incrementando su vida social, pero al ver que su padre estaba genuinamente alegre por ese detalle le pareció que tal vez no era muy mala idea comenzar a construir amistades nuevas.
—Vamos, hoy te llevare a la escuela—dijo el señor Trafalgar mientras se dirigía a la puerta principal junto con Law.
Para cuando ambos estaban rumbo a la escuela, al detenerse en un semáforo con luz roja, Law recordó un detalle que siempre solía hacer en sus cumpleaños.
—Papá, tienes el día libre por completo, ¿cierto?
—Sí, ¿por qué?
—Me gustaría ir a visitar a mamá y a Lami, después de la escuela y antes de empezar el festejo en casa—dijo Law con voz neutra mientras dirigía su vista hacia su padre.
El rostro de Edward Trafalgar se tensó un poco, su mirada se entristeció por unos segundos, pero no tardó mucho en que volviera a sonreír suavemente para responderle a su hijo que sin falta le llevaría a visitarlas.
—Que tengas un buen día, hijo—se despidió el padre al detener su auto a un par de metros frente a la preparatoria—. Te estaré esperando aquí mismo para cuando terminen las clases…
—Gracias. Que tengas buen día también. Hasta más tarde…—y Law bajo del vehículo, brindándole una última sonrisa a su padre.
Mientras tanto, en las lejanías de la ciudad, en una gran y elegante casa, un hombre de cabello negro y una gran cicatriz que decoraba horizontal su orgullo rostro se encontraba fumando un grueso puro en la comodidad de su balcón.
Crocodile miraba sus jardines y patios con cierto desánimo, el débil viento agitaba los delgados mechones que caían sobre su frente y alejaban la hilera de humo que su puro generaba. Era un día agradable, estaba parcialmente nublado, pero en ratos unos débiles rayos de sol lograban asomarse entre las espesas nubes y provocaban un ambiente muy apacible.
Que noche tan más impulsiva, tan llena de emociones y arrepentimiento, ¿Qué hacer ahora? No lo sabía… Sentía temor y vergüenza por el momento en que Doflamingo se despertara y fuera ante él para pedirle confirmación de lo que habían compartido anoche.
—Maldita sea…—musito el hombre que estaba en ropa interior de color verde oscuro y ya se había puesto su dorado garfio de vuelta.
Muy pronto el grueso cigarrillo se consumió y Crocodile regreso al interior de su habitación para comenzar a vestirse.
—Buen día, amor… ¿No crees que deberías regresar a la cama por un rato más?
Doflamingo había despertado mientras Crocodile estaba poniéndose unos pantalones de color negro.
—No. Deberías vestirte de una vez. Tengo cosas que hacer…—declaro el hombre sin voltear a ver al hombre de cabello rubio que se colocaba sus gafas de nuevo.
—No seas así… Vamos…—y Doflamingo salió de la cama, aun completamente desnudo, para acercarse a Crocodile—. No vine aquí solo para acostarme contigo.
Crocodile le dedico una fría e incrédula mirada mientras se ajustaba el pantalón.
—Quiero que hablemos, que pasemos un buen día juntos ¿Me lo permites? Hablo en serio… No te molestes en vestirte como si fueras a un día normal de negociaciones y demás basura parecida, quiero que…—y tomo la mano derecha de Crocodile—la pases bien conmigo, como antes.
—Agh…. Doflamingo, por favor—suspiro amargamente Crocodile sin poder verlo directamente aun—.ya deja estos intentos de romanticismo. Ya fue suficiente con lo de anoche… ¿No estás satisfecho con eso?
—No. No quiero que me llames "Doffy" solo cuando te estoy follando, ¿entiendes? Quiero que lo digas en cualquier momento…
Crocodile sintió un vuelco en su estómago, su corazón se agito un poco y su rostro reflejo un poco de lo inesperado, incómodo y sincero que le resulto ese último comentario.
— ¿Qué dices? Nos damos un día libre, tu y yo, vamos a intentarlo…—dijo Doflamingo suavemente mientras acariciaba la fuerte mano de Crocodile.
El hombre de cabello negro finalmente miro directamente al rubio y, pensando que ya nada podría empeorar más, se resignó a dar una cabezada en señal de aprobación al plan de su amante. Doflamingo beso la mano que sostenía entre la suyas y sonrió ampliamente.
— ¿Qué te parece si vamos a desayunar?
—Como sea, pero vístete antes de bajar…
Y lejos de ahí, en un salón de clases de una preparatoria, una clase estaba a punto de iniciar. Rosinante Donquixote se encontraba apuntando un nuevo tema en el pizarrón mientras los últimos alumnos llegaban a su aula y se acomodaban en sus respectivos asientos.
—Buen día, alumnos—saludo el rubio profesor en idioma español mientras terminaba de escribir y volteaba a ver a su clase—. Espero que estén listos para el repaso de temas que haremos hoy; recuerden que la siguiente semana se aplicara el examen de la segunda unidad y…—y su mirada cobriza se detuvo al toparse con el taciturno rostro de Law.
Law, al notar la mirada de Rosinante sobre él, esbozo una suave y fugaz sonrisa para después evadir su mirada y concentrarse en su libro y cuaderno de notas de dicha materia.
Rosinante, quien trataba de controlar en lo posible sus emociones por Law, sintió unas terribles ganas de ir a abrazarlo y felicitarle por su cumpleaños.
—También recuerden que deben tener en cuenta que sus participaciones, tareas y exposiciones, son muy importantes para que logren tener una buena calificación en este parcial. Bien, vamos a comenzar…
Para cuando la clase termino, Law se vio abordado por Shachi, Penguin y demás compañeros de clase, compañeras sobre todo, que querían felicitarlo y darle algún presente.
—Gracias… Es muy amable de su parte…—decía Law con la voz más educada y amigable que podía concebir.
En realidad era algo que le incomodaba, pero no podía evitar, era común que recibiera obsequios y felicitaciones de muchas personas de las cuales (muchas veces) no recordaba sus nombres. Hace un par de años, Shachi y Penguin habían revelado su cumpleaños, y desde entonces, varias muchachas habían esperado ansiosamente sus cumpleaños para poder brindarle regalos, que, muchas veces, acababan en las manos de los culpables de revelar dicha fecha.
Rosinante observaba con suma atención la escena, como sus alumnas se entusiasmaban al poder darle una tarjeta o una caja de dulces al joven Law, quien seguía con un semblante serio a pesar de ser el celebrado.
— ¿Quieres algo de esto?—pregunto Law a Rosinante para cuando los demás alumnos se habían retirado. El jovencito le ofrecía alguna de las cajas de dulces que le habían dado hace unos momentos.
—Claro que no. Law, son tus regalos—respondió el joven profesor mientras borraba los diversos apuntes del pizarrón—. Además, te los dieron con mucho cariño; en verdad tus compañeras estan flechadas por ti. Parece que, en verdad, eres el chico más cotizado de la escuela.
—A veces siento algo de pena por esto, es inútil que desperdicien tanta atención y detalles en mí, podrían hacer lo mismo con otros chicos, chicos que si pudiesen corresponderles. En fin… Note que me mirabas constantemente durante la clase, ¿no podías evitarlo?
—No, esta vez no… Oh, Law…—y el rubio suspiro mientras miraba hacia sus alrededores, revisando que no hubiese nadie que pudiera descubrirlos—. Tenía tantas ganas de abrazarte…
—Bueno, ahora puedes hacerlo, ¿no?
Y rápidamente Rosinante fue a abrazar a Law, con demasiado entusiasmo que provoco que los diversos regalos y tarjetas que el muchacho sostenía cayeran al piso.
—Feliz cumpleaños, Law…—musito Rosinante sin dejar de apretar al muchacho contra su cuerpo—. Espero que la pases muy bien hoy, que seas muy feliz, te quiero…
—Ja, eres tan cursi…—soltó Law mientras reía suavemente. El jovencito sintió una gran calidez al sentir los fuertes brazos de Rosinante rodeándole con tanto afecto.
—Lo siento…—y el rubio libero a Law del abrazo—. Mira que torpe soy, hice que tiraras tus regalos, déjame ayudarte. Creo que tengo una bolsa que puede servirte…—y busco en su escritorio una bolsa de tela de color verde y se la dio a Law, quien fue guardando sus obsequios dentro de esta.
—Gracias. Bien, no olvides que te espero esta tarde en mi casa.
—No podría olvidarlo. Aunque creo que ya debes de saber que estoy muy nervioso… Voy a hablar y convivir con tu padre una vez más, y…
—Sí, lo supuse. No te angusties demasiado, siempre puedes distraerte hablando con "Ve", en lugar de morirte de la ansiedad por llevar una plática con mi padre—le dijo Law mirándolo con seriedad. Cada vez que Rosinante mencionaba a su padre, algo en su interior se avergonzaba en gran medida, haciendo que su ánimo se apagara y adoptara una actitud de seriedad instantánea.
—Estaba pensando en solo quedarme un rato, dejar tu obsequio, comer un poco e irme lo más pronto posible…
—Bueno, haz lo que creas mejor para ti—y Law se cruzó de brazos—. Estaba pensando en que podríamos vernos mañana, en tu departamento, ya que es obvio que no podremos pasar un buen rato juntos esta tarde…
—No lo había pensado, pero…
—Por favor, hazme ese 'regalo', ¿sí?
—Agh… De acuerdo—accedió Rosinante dando un pesado suspiro mientras se llevaba una mano a la cabeza y acomodaba un poco su cabello—. Pero más tarde arreglaremos los detalles de ese asunto, tienes que ir a tu otra clase, ya es tarde…
—Si… Hasta más tarde—y Law salió del salón, en camino a su próxima asignatura.
Un par de horas después, durante al almuerzo, Law se encontró charlando con Penguin y Shachi, al fin de varios días de almorzar solo con alguno de ellos. Aunque aún se percibía una clara tensión entre ambos, el par había acordado que este día pasarían junto a Law el mayor tiempo posible.
— ¿Y qué tal te fue este año, eh Law?—pregunto Shachi con interés al ver que su amigo de tez morena llevaba consigo una bolsa llena de regalos.
—Creo que fue igual que el año pasado—contesto Law mientras sacaba una caja de chocolates para dársela a Shachi—. Toma, lo de siempre…
—No, gracias, guárdalo para ti. Creo que este año no saqueare tu dotación de dulces—dijo Shachi mientras tomaba una fritura más de su plato de almuerzo.
—Bien, como quieras. Oigan, les quería decir algo sobre la reunión…
— ¿Qué ocurre, Law?—pregunto Penguin mirándolo atentamente.
—Comenzara un poco más tarde de lo acordado, además… Invite a un par de personas más, espero no les moleste.
— ¿Eh? Por mi parte no hay ningún problema—dijo Penguin haciendo una mueca que evidenciaba su asombro—, pero me sorprende… Nunca habías invitado a más personas.
— ¿Puedo saber a quiénes invitaste?—pregunto Shachi con una voz muy curiosa y agitada— ¿Acaso invitaste a gente de aquí de la escuela?
—No, más bien a compañeros que conocí en el campamento de verano—declaró Law, mientras notaba que el animado semblante de Shachi se apagaba al oír su respuesta. Era obvio que Shachi esperaba que Law hubiese invitado a un par de compañeros de clase, incluida aquella chica que tanto había llamado su atención últimamente—. Vale más que nos demos prisa en comer, ya queda poco tiempo para que termine el descanso…
Y mientras tanto en una mansión en las afueras de la ciudad, Crocodile y Doflamingo caminaban entre uno de los tantos jardines que la residencia albergaba.
Crocodile sostenía una copa, cuya mitad de contenido era de vino tinto, y daba sorbos de vez en cuando, mientras que Doflamingo cargaba la botella en su mano izquierda, bebiendo directamente de esta.
— ¿Pretendes embriagarte tan temprano?—soltó Crocodile mirando de reojo a su pareja de cabello rubio.
—Esto no es nada, solo es para reanimarme un poco—declaró Doflamingo con actitud relajada—. Siempre tomo algo de vino por las mañanas… En serio que tu casa es un lugar exótico, creo que me ganaste en extravagancia.
—Al menos en lo que respecta en patios y jardines, mis habitaciones y mobiliario dentro de la casa no son tan extravagantes como los de tu hogar—dijo Crocodile recordando los interiores con colores tan vibrantes que Doflamingo solía usar—¿Aun tienes tu cama llena de edredones rosas, plumas y telas esponjosas?
—Claro que sí, espero que pronto vuelvas a visitarme y puedas volver a sentirlos…—y Doflamingo se acercó mucho a Crocodile, rodeando sus anchos hombros con su brazo—. Me dieron ganas de que nos tendamos en medio de estos hermosos jardines y lo hagamos al aire libre… ¿Crees que podríamos?
—Estás loco, claro que no. Hay muchos animales rondando por aquí. Sería una molestia…
—Oh, cierto, lo olvide, tus adorables mascotas y monstruos… Bueno, entonces tendré que esperar hasta que regresemos a tu habitación.
— ¿Sigues teniendo tu pequeño hábitat de flamencos?—pregunto el hombre de cabello negro mientras recordaba la imagen de aquellas aves de largas patas y rosado plumaje, majestuosamente posando en un pequeño estanque rodeado de vegetación y piedras.
—Sí… Son los únicos compañeros animales que he podido tener en mi hogar. Sabes que me gustan mucho…
—Era lo más interesante de tu casa…
— ¿Más interesantes que yo? Vaya, amor, no recordaba lo mucho que te entusiasmaban contemplar y cuidar de criaturas… Por cierto, ayer cuando llegue, tu pequeño pulgoso no dejo de ladrarme.
—Debe saber perfectamente la clase de loco que eres—y Crocodile dio un largo sorbo a su copa, dejándola casi vacía—. Debería seguir su advertencia y echarte de mi casa de una buena vez…
—Vamos, te estas poniendo de mal humor, creo que será mejor que rellene tu copa y sigamos con este tranquilo paseo—y el rubio vertió un poco más de vino en la copa de Crocodile—. Cuando volvamos adentro, hay que darnos una ducha caliente, te ayudara a relajarte por completo y tal vez después podamos...
Crocodile echo una mirada calculadora a Doflamingo; le parecía estar dentro de un extraño sueño, la noche anterior, el despertar junto a él y pasar la mañana charlando con él le parecían cosas tan increíbles después de haber declarado que nunca más lo volvería a tratar en su vida.
Claro, sentía (y sentiría por un rato más) una terrible vergüenza por sí mismo, no había tenido el valor de herirlo y de echarlo de su casa, había caído rendido ante sus encantos y una vez más había entregado su cuerpo a los deseos de ese hombre de amplia sonrisa.
Entonces, dándose una especie de agridulce resignación, sonrió por primera en toda la mañana y decidió escuchar cualquier tontería que Doflamingo tuviera para contarle por el resto del día.
Horas después, en las afueras de una escuela preparatoria, Law se encontraba guardando la bolsa llena de obsequios en el portaequipaje del auto de su padre, que como habían acordado, le llevaría a visitar la sepultura de su madre y hermana.
— ¿Cómo estuvo tu día?—pregunto Edward Trafalgar para cuando su hijo ya estaba sentado en el asiento del copiloto, ajustándose el cinturón de seguridad.
—Muy tranquilo, aunque nunca dejare de sentirme extraño al recibir obsequios por parte de compañeras con los que tal vez no convivo demasiado—dijo Law mientras se recargaba cómodamente sobre el asiento.
—Tal vez deberías darle una oportunidad de conocerlas un poco más, parece que te estiman mucho.
—No lo sé, creo que es solo cuestión de apariencias… Shachi y Penguin siempre lo han dicho, a la mayoría de las chicas les agrado de manera superficial—conto Law mientras miraba a su padre de reojo.
—Bueno, tal vez eso sea verdad, pero no dudo que algunas también se fijen en tu forma de ser, no todas las chicas son frívolas—declaro el padre sin dejar de mirar el camino—. Recuerdo que tu madre era muy atenta con todos durante la universidad, tenía muchos amigos, yo por el contrario, era bastante solitario (creo que en eso nos parecemos, hijo), por eso mismo tenía miedo de acercarme a ella, pensé que no tendría nada especial que pudiese gustarle… Y un día de suerte, tuvimos que trabajar juntos en un proyecto, y no sé cómo pudo ver más allá de mi apariencia de chico solitario y decidió conocerme un poco más, era tan paciente y amable…
Law observo con atención como su padre relataba sus viejos recuerdos, el jovencito noto como la mirada de su progenitor se iluminaba con expresión nostálgica detrás de sus delgadas gafas y su semblante se llenaba de felicidad melancólica. Nunca lo había mirado de esa forma, pero le pareció algo digno de recordar para el resto de su vida, le daba tanta tranquilidad ver a su padre relatando algo tan preciado para él.
—Creo que todos conocemos a una persona que logra ver más allá de las fachadas que damos en distintas partes de nuestra vida—continuo Edward Trafalgar mientras volteaba a ver a Law durante una pausa delante de una luz roja—. Estoy seguro de que un día encontraras a esa persona especial, que querrá conocerte en todas tus facetas y será feliz aceptándote y amándote por lo que eres…
Law sintió un nudo en la garganta; el muchacho evoco la imagen de Rosinante en su mente y sintió un vuelco en el estómago. Sin duda aquel torpe rubio le había contemplado en distintas facetas y actitudes, y aun así le querría a pesar de lo complicadas que podrían ser sus actitudes en ciertas situaciones.
—Sería genial que me ocurriese lo mismo… Pero no estoy muy seguro de tener la misma suerte que tú—musito Law mientras seguía con imagen de Rosinante en su mente; el corazón empezó a latirle un poco más fuerte.
—No te desanimes, aun te quedan muchos años por delante, mucha gente que conocer…
—Sí, supongo que aún hay tiempo…—y Law guardo silencio por el resto del camino.
Para cuando estaban cerca de llegar al cementerio, el señor Trafalgar hizo una parada en una pequeña florería donde se hacían arreglos especiales para ofrendas que eran para el cementerio que quedaba cerca.
Law compro un pequeño arreglo de distintos tipos de pequeñas flores, en colores claros, blancas y rosadas, que sería para su hermana.
Mientras que el señor Trafalgar compro un ramo de lirios blancos, que serían para su esposa.
En veinte minutos más, padre e hijo se encontraban llegando hacia las lápidas de sus difuntas familiares. El par de sepulturas estaban muy bien cuidadas, con una escultura de un ángel resguardándolas. La primera lápida en color mármol albergaba la inscripción: "Elizabeth Water, maravillosa madre, adorada esposa, gran médico entregada a su profesión, su legado y amor vivirá para siempre en nuestras memorias"
Y al costado, en otra lápida de mármol, rezaba el nombre de la pequeña hija de la familia: "Lami Trafalgar Water, siempre estarás aquí porque tu alegría estará en cada uno de nuestros corazones"
El señor Trafalgar se arrodillo frente al lugar, coloco con cuidado el ramo de lirios sobre una pequeña estructura especial para albergar flores al pie de la sepultura y observo aquellas palabras tan emotivas que evocaban la memoria de su esposa e hija. En unos segundos, un par de lágrimas rodaron por las mejillas de Edward Trafalgar, haciendo que este se quitara las gafas y se limpiara con el dorso de su manga izquierda.
—Lo siento… Sé que ellas no me querrían ver llorar, ¿no es así, Law?
—Es difícil… Pero estoy seguro que ellas lo entenderían…—dijo Law calmadamente, con una voz muy pausada y ahogada, como si quisiese hundir una profunda tristeza y evitar que saliera en forma de lágrimas. Se aclaró la garganta y dejo su pequeño arreglo de flores a un lado del ramo de lirios.
Law esbozo una triste sonrisa mientras se acercaba a su padre y ponía una mano sobre su hombro.
— ¿Quieres que te deje solo por un rato?—pregunto Law al ver que su padre seguía emitiendo pequeñas lágrimas.
—No… No te preocupes, hijo. Vinimos porque es tu cumpleaños y querías visitarlas, no… Yo soy quien debería darte un tiempo a solas… Te sorprenderá saberlo, pero vengo aquí cada semana… Y aun así no puedo dejar de reaccionar así.
—Es comprensible, no te sientas mal…—y Law volteo a ver la lápida—. Creo que debo disculparme con mamá por algunas cosas, espero me entienda…
—Espero que así sea…—y el señor Trafalgar se puso de pie—. Bien, te esperare en el auto…
Y Law imito la antigua posición de su padre, se puso de rodillas frente a la lápida, contemplando con respeto la inscripción y evocando las lejanas imágenes de su madre.
—Probablemente hayas estado observando la clase de tonterías que he estado haciendo últimamente… No estoy muy orgulloso de ello, aun no me queda claro si estoy haciendo bien o mal en seguir este camino que he elegido…—musito Law en voz muy baja, con la cabeza baja y la vista fija en el nombre de su madre. Guardo silencio unos segundos, luego respiro profundamente y continuó con su mensaje—. Solo espero que, tarde o temprano, llegue a sentar cabeza y logre clarificar que es lo quiero… Y así… Para cuando llegue el día en que nos veamos de nuevo, si es que tengo suerte de llegar al lugar en donde tú estás, logres perdonarme por todas las locuras que he hecho…
Y después de unos segundos, lentamente levanto su rostro, respirando profundamente y sintiendo que su corazón latía con pulso rápido y afectado.
Para cuando se sintió más tranquilo, le dedico un par de palabras de afecto a su hermana, deseando que ella estuviera a su lado para comer y divertirse en el festejo que más tarde le brindarían.
—Te extraño tanto, Lami… Vendré a visitarte más seguido—y Law se levantó dando una última sonrisa melancólica—. Hasta pronto…
En unos minutos más, Law había regresado junto a su padre, subió al carro y volvieron a la carretera, de regreso a casa.
El camino de vuelta fue más silencioso, ambos no hablaron hasta que quedaban un par de calles antes de llegar a la calle que dirigía a su hogar.
—Espero que la pases bien con tus amigos esta tarde; como ya te debes imaginar, Velia me ayudo bastante en encargarse en preparar todo para tu festejo, comida, despejar el lugar y decorarlo, casi todo…
—Sí, lo supuse. Entonces supongo que ya debe estar en casa, dando los últimos arreglos.
—Sí… Espero que aprecies mucho lo que hizo, no quiso que le diera pago alguno, todo lo hizo como un regalo para ti y tus amigos.
—Vaya… Gracias por hacérmelo saber, supongo que luego podré darle un regalo para su futuro hijo.
—Es una buena idea…—y finalmente llegaron a la cochera de su hogar.
Al entrar a casa y llegar a la sala de estar, Law encontró una gran y larga pancarta que decía "feliz cumpleaños, Law", sobre la chimenea, observo que había varias sillas acomodadas a lo largo de la estancia, flotaban por ahí un par de manojos de globos metálicos en color amarillo y negro, también observo que en la mesita de centro ya estaban colocados unos platones con diferentes bocadillos, una jarra con limonada, un par de botellas de refresco y varios vasos.
—Velia… ¿Estas en la cocina?—llamo el señor Trafalgar dirigiéndose hacia dicha parte de la casa.
Law le siguió y al llegar al lugar se encontraron a la joven sacando una charola metálica del horno.
—Señor Trafalgar, buenas tardes. Law… Feliz cumpleaños, lo siento, estoy hecha un desastre, ya casi termino con todo—dijo la muchacha de cabello rubio mientras dejaba la charola en la barra desayunador.
—Oye… Gracias… Siento haber invitado a más personas, creo que solo aumente la carga de trabajo—dijo Law observando como la chica se quitaba un mandil color verde.
—No te preocupes, no es nada… Me alegra que estés haciendo más amigos, mira, lo que cocine en esa charola son alitas picantes y costillitas, una vez oí que a tus amigos Shachi y Penguin les gustaban mucho. Y no te preocupes también te prepare algo más ligero para ti.
—Sí… Te quedaras a comer, ¿cierto?
—Pues si me aceptas en tu festejo, por supuesto que sí.
—Entonces quédate, también vendrá Rosinante, podrían hacerse compañía junto a mi padre, así no se sentirían fuera de lugar entre tanto chico de mi edad…
— ¿Me estas llamando vieja? Vaya, cumples diecisiete años y te crees demasiado genial...—y la chica lanzo una risa burlona—. Está bien, solo porque es tu cumpleaños lo dejare pasar. Iré a asearme un poco antes de que lleguen tus amigos… Con permiso.
En un rato más, Law estaba completamente listo para recibir a sus amigos, se había cambiado de ropa, se había puesto una camisa de manga corta en color negro y de botones, un pantalón de mezclilla, muy ajustado y con manchas negras a la altura de sus pantorrillas, y un par de zapatos negros formales.
Mientras daba un último arreglo a su cabello, tocaron a su puerta.
—Law… Un grupo de muchachos ha llegado—informo su padre.
Rápidamente Law termino de peinarse y salió de su habitación.
—Gracias, ya iré a recibirlo…
El jovencito llego al recibidor, abrió la puerta principal y se encontró con un grupo variado de muchachos, del cual solo conocía a dos de ellos.
— ¡TORAO…! ¿¡Como estas!? ¡Feliz cumpleaños…!—exclamo un muchachito de cabello negro, cubierto por un sombrero de paja, que rápidamente ingreso a la casa, pasando de Law.
—Eh… Hola, Luffy—balbuceo Law observando como el mencionado se adelantaba a él.
—Hola, feliz cumpleaños—saludo un muchacho cuyo cabello negro era más espeso y largo que el de Luffy, cuyas mejillas estaban cubiertas de pecas—. Gracias por invitarnos… Disculpa a mi hermano, nunca ha sido un chico de buenos modales, ya lo pudiste comprobar desde el campamento…
—No te preocupes… Tu nombre es Ace, ¿no es así?
—Sí… ¿Y tú eres Trafalgar?
—Llámame Law, por favor. Pasen, adelante…
—Espero que no te moleste que hayamos traído a más personas, mi hermano los invito, son amigos suyos…
—No hay problema, creo que será mejor si somos más.
Law observo al resto de los chicos: Un muchacho de cabello muy corto y de color verde, cuyo semblante era demasiado serio, casi dándole un aire gruñón, y poseía una complexión que evidenciaba que se ejercitaba regularmente;
un sujeto moreno y con cabello afro, cuya nariz era muy sobresaliente y llamaba a Luffy para que le esperase, siguiéndole en su entusiasmo; un joven de talle delgado, vestido con ropa muy formal, con lacio cabello rubio que le cubría buena parte de la cara; y finalmente otro muchacho rubio, de cabello ondulado, de rostro amigable y con una cicatriz en su ojo, y que se mantenía al costado izquierdo de Ace.
Todo el grupo se dirigió a la sala de estar, la mayoría tomo asiento en sillas individuales, excepto por Luffy, que se sentó en el sillón principal de dicha estancia. Por un par de segundos todos se mantuvieron en un silencio algo incómodo, algunos miraban la decoración y mobiliario del lugar, otros perdían su mirada en su teléfono, hasta que el chico llamado Ace le brindo una pequeña caja de regalo a Law.
—Esto es de parte de todos. Esperamos que te guste…
—Muchas gracias—y Law dio un rápido vistazo a todos sus invitados—. Oigan, tengo varias consolas, no sé qué prefieran jugar, iré a traerlas. Pueden poner la música que quieran en el reproductor que está ahí…
— ¡Genial! ¡¿Qué juegos tienes…?!—salto Luffy inmediatamente
—No recuerdo… Como dije, tengo varias consolas y para cada una hay varios juegos disponibles. Si quieres puedes ayudarme a traer todo eso, lo tengo guardado en mi habitación.
— ¡Sí, no hay problema!—y el muchachito del sombrero se levantó del sofá, en dirección a Law.
—También te ayudaré…—intervino Ace.
—Oye, disculpa, ahm…—el muchacho de cabello afro y nariz alargada trataba de hablarle a Law— ¿Entonces puedo poner algo de música?
—Sí, no hay problema… Y también pueden empezar a tomar algunos bocadillos de la mesa, no se detengan, hay demasiado que comer. Bien, ahora vuelvo…
Law, Ace y Luffy se dirigieron hacia la habitación del primero. Al entrar a la estancia, Ace observo con atención todo a su alrededor.
—Que habitación tan ordenada. Hace mucho que no veía algo así… La nuestra casi siempre es un asco—dijo Ace mientras echaba una mirada de soslayo a Luffy.
—Jajaja, es que hay cosas más importantes que hacer que limpiar nuestra habitación—declaro Luffy poniéndose las manos en la nuca y sonriendo sin preocupación.
Law ignoro dichos comentarios mientras buscaba los videojuegos; finalmente le dio una consola a Luffy, junto con varias cajas de juegos, a Ace le brindo dos consolas y Law cargo una gran cantidad de cajas de juegos.
—Oye Law, ¿y cuantos años cumpliste?—pregunto Ace cuando estaban bajando las escaleras.
—Diecisiete años…
Y Law se sorprendió al ver a Penguin al pie de la escalera. Su amigo traía una pequeña caja de regalo en su mano izquierda.
— ¿Qué hay Law? Parece que llegue un poco tarde… Pero a tiempo para empezar a jugar.
—Así parece… Ah, Penguin, te presento a Ace y Luffy, fueron mis compañeros durante el campamento de verano—dijo Law con un tono diplomático mientras reprimía las ganas de preguntar por Shachi.
—Hola, pueden llamarme Penguin. Déjame ayudarte con eso, Law.
En unos minutos más, Law y Penguin estaban conectando una consola a la televisión, mientras los demás se organizaban para asignar turnos para jugar.
Para cuando empezaron con el videojuego, alguien llamo a la puerta, así que el chico de cumpleaños fue a atender.
—Shachi… Estaba preguntándome por ti—soltó Law sintiéndose aliviado de ver a su amigo pelirrojo.
—Lo siento. Es que… Penguin y yo discutimos cuando íbamos saliendo de la escuela. Tú sabes que no estamos tan bien entre nosotros, pero en fin... No te preocupes por eso. Toma, espero que te guste—y le brindo una bolsita de regalo—. Oh por lo que alcanzo a escuchar ya empezaron a jugar…
Y Shachi y Law se unieron a los demás. Penguin miro fugazmente a Shachi, el pelirrojo sintió su recelosa mirada y decidió ignorarlo de la manera más sutil, mientras saludaba al resto de los invitados.
El grupo de muchachos paso un buen rato jugando y compitiendo entre ellos, mientras algunos esperaban su turno para jugar mantenían charlas y consumían algún bocadillo y bebida.
—Así que ¿ustedes son hermanos?—pregunto Law para después dar un sorbo a su vaso con limonada. El joven que cumplía sus diecisiete años se encontraba charlando, junto a su amigo Penguin, con Ace y los dos chicos rubios.
—La verdad es que no somos hermanos de sangre, pero eso no importa en absoluto, para mí Luffy y Ace son mis hermanos—contesto el muchacho de cabello rubio ondulado, cuyo nombre era Sabo—. Ellos me han apoyado como nadie…
—Ya basta Sabo, te vas a poner muy sentimental—soltó Ace riendo un poco mientras rodeaba con su brazo los hombros de su hermano de cabello rubio.
— ¡Oye, Torao…!—llamo Luffy sin dejar de jugar y sin soltar su control de juego. El muchachito del sombrero de paja se encontraba jugando contra Shachi, el muchacho de cabello corto color verde y el chico de cabello afro— ¿Podríamos comer ya? ¡Ya tengo mucha hambre…!
—Sí, claro, ahora vuelvo…
Law se puso de pie y se dirigió hacia la cocina.
—Law, ¿Qué pasa? ¿Ya quieren comer?—pregunto la muchacha de cabello rubio al encontrarse con Law en el comedor.
—Así es, "Ve", iba por la comida.
—Vuelve con tus amigos, no te preocupes, de eso me encargo, enseguida iré…
—Está bien, gracias…—y cuando Law se dirigía de regreso a la sala de estar escucho que alguien llamaba a la puerta principal.
El corazón de Law empezó a latir con fuerza y rapidez, ya no quedaban más amigos o invitados por llegar, solo Rosinante…
Law corrió hacia el recibidor y al abrir la puerta, efectivamente, se encontró con la alta figura de aquel rubio de sonrisa amable y ojos cobrizos.
Rosinante le miraba como si no lo hubiese visto en mucho tiempo.
Law esbozo una amplia sonrisa, una sonrisa que reflejaba una gran felicidad.
—Law… Ah… Feliz cumpleaños…
—Rosinante…—y Law volteo hacia atrás, para asegurarse de que nadie estuviera cerca, entonces el joven se abalanzo contra el mayor, abrazándolo con fuerza.
—Law… Agh… Creo que no deberías hacer eso…—balbuceo el rubio sintiendo que el calor se agolpaba en su cara y su corazón latía velozmente, tanto por la hermosa sensación de sentir a Law cerca de él, como por el temor de que alguien los viera de esa manera.
—Sí… Bueno…—y Law se separó y volvió a adoptar un aire serio y tranquilo—. Sígueme… Mis amigos ya llegaron, estamos en la sala de estar jugando videojuegos, ya íbamos a comer algo; de hecho estaba en la cocina con "Ve" cuando escuche que llegaste. Tal vez, mientras ellos siguen jugando y comiendo, pueda escaparme un rato para hablar contigo…
—No lo sé… Ahora me siento mal por haber venido, deberías pasar más tiempo con ellos, puedo esperarte en el comedor mientras como algo también…
—Ah, no lo sé… Solo déjame ir a la sala para asegurarme de que ya estén sirviendo y… Papá, ¿Qué ocurre?
Ambos se habían topado con el señor Trafalgar rumbo a la sala de estar.
Edward Trafalgar sonrió cortésmente al ver a Rosinante, este último solo esbozo una sonrisa nerviosa.
—Rosinante, que bueno es verte por aquí de nuevo…
—Buenas tardes, señor Trafalgar.
—Justo estaba pensando en ir a saludar a tus amigos, Law—comunico el padre mientras se acomodaba las gafas—. Después podemos pasar al comedor, Rosinante, ¿Qué te parece?
—Está bien, señor… Me adelantare entonces, con permiso—y con paso apresurado el rubio se dirigió hacia la mencionada estancia.
Unos segundos después, Law, junto a su padre, llegaron a la sala de estar.
Los invitados voltearon hacia ellos. Shachi dio la indicación de que pausaran el juego por un momento.
— ¡Hey, es el papá de Torao…!—exclamo Luffy sin pena alguna, sonriendo ampliamente mientras miraba amigablemente al señor Trafalgar— ¡Son iguales!
—Ah, sí… Padre, te presento a Luffy—dijo Law con voz taciturna mientras indicaba con su mano derecha al mencionado—. Es uno de los compañeros del campamento… Ellos son sus hermanos, Ace y Sabo.
Ace y Sabo saludaron con un cordial tendiendo sus manos hacia el señor Trafalgar. Inmediatamente después de eso, el rostro de Law evidencio con una ligera expresión de incomodidad y frustración que no sabía los nombres del resto de los invitados.
El chico de lacio cabello rubio, cuyo fleco le cubría el ojo izquierdo, noto aquel gesto con facilidad, así que, rápida y sutilmente, se puso de pie y se presentó.
—Buenas tardes, señor Trafalgar. Mi nombre es Sanji, ellos son Ussop y Zoro, también somos conocidos de aquel campamento…—y el jovencito le tendió educadamente su mano derecha para saludarle—. Además, permítame recordárselo, pero hace poco solicite el empleo de cocinero para esta casa… Soy Sanji Vinsmoke.
—Espera… Sí, ya lo recuerdo, que coincidencia. Créeme que tu experiencia me ha impresionado, pero hay un inconveniente que aún no he…
Y en ese momento, aquella ex cocinera de cabello rubio entro a la sala de estar con una charola de comida.
—Buenas tardes, espero que la comida sea de su agrado…—dijo Velia mientras se hacía paso con algo de dificultad hacia una mesita para dejar la charola.
— ¡Permítame ayudarle, señorita…!—exclamo el chico llamado Sanji olvidándose de lo demás y cambiando su tranquila actitud por una entusiasmada atención hacia aquella mujer.
—Disculpe la estupidez de este chico—dijo una voz grave. El chico de corto cabello color verde había hablado por primera vez desde que llego.
— ¡Jaja, cuando Sanji mira a una chica siempre se pone así…!—añadió Luffy mientras se dirigía a la charola de comida— ¡Woow se ve delicioso! ¡Gracias por la comida…!—y sin esperar un plato o cubierto, el jovencito comenzó a tomar pedazos de costillitas.
Law observo la escena con cierta pena ajena, le resultaba difícil creer que había invitado a más personas además de Shachi y Penguin, y más aún le costaba ver como se comportaban aun estando frente a su padre.
Sin embargo, Edward Trafalgar reía suavemente, con semblante feliz.
—Supongo que la pasaras bien un rato, hijo. Bueno, yo me retiro, estaré en el comedor si me necesitas… Con permiso, pásenla bien.
—Sí…—y Law siguió a su padre con la mirada, imaginándose que este iría a charlar con Rosinante.
Y la fiesta transcurrió, algunos comieron más que otros, otros jugando más tiempo, otros charlando…
En cierto punto de la fiesta, algo llamo la atención de Law, algo que según sus planes tenía que pasar: Penguin se encontraba platicando con el chico llamado Sabo, llevaban buen rato charlando, y al parecer, Penguin se miraba muy atento…
Law reconoció aquella intención en el rostro de Penguin, reconocía esa sonrisa de interés; podría jurar que el mismo hacía esa misma sonrisita ambiciosa cuando platicaba con Rosinante.
"Tal vez me equivoque en invitar a más personas… Pero después de todo Shachi y él… Diablos, no sé si…" pensó Law sintiendo algo de culpa mientras seguía mirando discretamente a su amigo y a aquel rubio.
De pronto, aquel rubio de cabello ondulado detuvo la conversación para contestar una llamada en su teléfono celular. Law noto que el chico cambio drásticamente su amigable semblante, su cara adopto una expresión de estrés increíble.
—No puede ser… Los padres de Sabo ya estan rastreándolo—menciono Ace con pesar mientras llegaba al lado de Law—. Creo que no nos queda mucho tiempo…
— ¿Acaso salieron sin permiso?—soltó Law volteando a ver al chico de las pecas.
—Pues algo así… Sabo salió a escondidas de su casa—explico Ace con pesar—. Sus padres son… No sé, no creo que pueda decir que sean sus padres, lo tratan como un simple objeto.
—Ya veo… Lo lamento… Espero que no tengan tanto problema, creo que si puede resultar de ayuda, mi padre puede intervenir o…
—Te lo agradezco, pero no ayudaría mucho, no oyen razones, por más buenas intenciones tengamos…
Sabo termino la llamada, se disculpó con Penguin y fue hacia Ace, con el rostro lleno de triste molestia.
—Creo que ya me tengo que ir… Me espera un castigo que empeorara si no llego lo más pronto posible—dijo Sabo para después soltar un pesado suspiro.
—No te preocupes, bueno, iré a decirle a Luffy…
—Lo siento, Law. Tengo unos padres demasiado estrictos, demasiado… Agh, me la pase muy bien, gracias por aceptarme en tu festejo—dijo Sabo tratando de mejorar su expresión.
—Espero que no tengas demasiados problemas, al menos pasaste un buen rato…
Y Penguin llego al costado de Law. Sabo le anunció que tendría que irse, por problemas familiares, Penguin lamento el hecho y le dijo, sutilmente, que deseaba volver a platicar con él, Sabo no parecía captar las intenciones de Penguin, aun así, el rubio acepto un pequeño papel con el número y dirección de la casa del chico de la gorra de pingüino.
—Cuando tengas algún problema, puedes llamarme o llegar a mi casa, no importa la hora. Cuenta con eso…
—Muchas gracias, lo tendré en cuenta—agradeció Sabo con una amigable sonrisa mientras guardaba el pequeño trozo de papel en el bolsillo izquierdo de su pantalón azul oscuro.
—Bueno, es hora de que nos retiremos, creo que voy a tener que llevar a todos a sus casa de una vez…—declaro Ace mientras sacaba un par de llaves—. Gracias por invitarnos, Law.
— ¿Llegaron en automóvil?—pregunto Law con curiosidad.
—Sí… Nuestra vieja Dadan me prestó el auto por esta ocasión—respondió Ace sonriendo mientras jugaba con las llaves—. Tal vez porque sabía que solo veníamos a una fiesta de cumpleaños en este barrio tan tranquilo y de buena reputación… ¡¿Ya estás listo Luffy!? ¡Deja ya de comer, tenemos que irnos…!
En un par de minuto más todos estaban en el pórtico de la casa, despidiéndose y caminando hacia una gran camioneta color naranja opaco.
— ¡Nos vemos luego, Torao…!—exclamo Luffy mientras subía a la parte trasera del auto— ¡Fue divertido jugar contra ti, Shachi…!
—Oigan, ¿no quieren que les deje cerca de su casa de una vez?—pregunto Ace viendo a Shachi y a Penguin cuando estaba a punto de abrir la puerta del conductor.
—Ah… Bueno…—balbuceo Shachi volteando a ver a Law y Penguin. Penguin evito su mirada y Law le dijo tranquilamente que no le molestaba en absoluto que este se fuera más temprano de lo que acostumbraba—. Bueno, creo que tomaré el viaje gratis… Nos vemos, Law. Feliz cumpleaños…
Y Shachi fue a abordar el vehículo. En unos segundos más, la camioneta se encendió y salió rumbo a la calle, perdiéndose de la vista de Law y Penguin.
—Penguin… ¿Estas bien?
—Sí, claro ¿Por qué no iba a estarlo?
—Supongo que te agrado hablar con ese chico llamado Sabo, ¿no es así?
—Jaja, ¿acaso fui muy obvio?
—Algo… Pero creo que nadie más lo noto, parece que somos los únicos con esas "inclinaciones"...—y Law soltó una débil risa mientras se dirigía de regreso al interior de su hogar.
—No es nada serio, sería demasiado rápido... Pero no te puedo negar que me llamo la atención, hace mucho no miraba a alguien así—declaro Penguin metiendo sus manos en los bolsillos de su pantalón.
— ¿Cómo?
—No sé cómo explicarlo bien… Agh… Se nota que es un chico muy amable, listo, educado. Algo que no se ve todos los días…
—Me imagino…
—Creo que esperare unos minutos más para irme a casa. Te ayudare a acomodar el desastre que quedo en la sala…
Y en ese momento, el señor Trafalgar salió por la puerta principal.
Se miraba algo estresado y revisaba su teléfono celular con expresión angustiante.
—Papá… ¿Qué ocurre?
—Me requieren en una emergencia… Lo siento, hijo. Quería verte abrir tu obsequio y pasar un rato contigo…
—No te preocupes, lo entiendo. Espero que todo salga bien… Éxito, padre.
—Gracias… Law, por favor, te encargo que todo esté en orden para cuando todos se vayan, ¿de acuerdo?—le dijo Edward Trafalgar mientras se dirigía a su auto.
—Sí, no te preocupes…—y Law observo como el vehículo se alejaba de su vista—. Penguin, ¿podrías ir guardando las consolas? Debo de ir al comedor a atender algo…
—Sí, no te preocupes.
Law fue a paso veloz hacia el comedor. Ahí estaban Rosinante y Velia, teniendo una relajada platica en español.
—Law, ¿Qué pasa?
—Ya casi todos mis amigos se fueron, solo Penguin se quedó ayudarme a guardar unas cosas—informo Law.
— ¿Entonces ya puedo cantarte "feliz cumpleaños" y apenarte sin peligro alguno?—soltó la chica de cabello rubio mientras sonreía.
—Déjalo para el próximo año…
— ¿En serio? Rosinante y yo habíamos estado ensayándolo…
—Claro… Como sea, gracia por todo lo de hoy—dijo Law.
—No hay de que, Law, me alegra darme cuenta que la pasaste bien… Oh, creo que ya llego mi taxi—y la muchacha se puso de pie—. Hasta luego, Rosinante, cuídate mucho…
—Gracias, también tú. Hasta la próxima…
Law decidió acompañarla a recibir su transporte.
—Penguin, hace mucho que no te veía…—saludo Velia al toparse con el dicho joven que cargaba una pila de cajas de juegos.
—Hola…
Y de repente a Law se le ocurrió sugerirle a Penguin que escoltara a Velia.
Penguin miro algo desconfiado a su amigo, pero finalmente accedió.
—Bueno, supongo que debo aprovechar el viaje—resoplo Penguin mientras le daba los videojuegos a Law. Los tres salieron al pórtico y se acercaron al taxi—. Nos vemos luego, descansa…
—Cuídate, Law—se despidió Velia—. No olvides cerrar bajo llave las puertas para cuando estés solo. Bien, hasta pronto, buenas noches…
En cuanto el taxi se alejó, Law se apresuró a volver con Rosinante. Al entrar a la casa, dejo los videojuegos en el primer lugar que vio disponible y llego a toda prisa al comedor.
—Law, ¿Qué…?
El adolescente se abalanzo contra Rosinante, rodeando con sus brazos el cuello de este último y dándole un apasionado beso.
Los ojos de Rosinante se abrieron demasiado, le había tomado por sorpresa.
—No te preocupes, ya no hay nadie más aquí—le dijo Law con voz suave—. Ya estaba impaciente…
—Law…
El jovencito le sonrió con esa traviesa expresión que fascinaba a Rosinante.
Se miraron directamente a los ojos, el par de iris de color gris de Law reflejaban el rostro fascinado de aquel hombre rubio.
Volvieron a besarse, esta vez con más calma y suavidad…
La respiración de ambos comenzaba a afectarse, el calor aumentaba y el simple hecho de que estuviesen solos aumentaba ese peligroso deseo de querer seguir besándose y tal vez buscar más contacto físico.
—Law… es suficiente—jadeo Rosinante al separarlo de sus labios—. Creo que debo irme ya…
—Pero si apenas podemos estar juntos y a solas ¿Acaso estuviste esperándome tanto tiempo solo para esto? Además, no creo que mi padre llegue pronto…—dijo Law empezando a fruncir el ceño evidenciando su molestia al escuchar aquello.
—Pero ya se está haciendo tarde… No sabes a qué hora podría llegar tu padre, podrían descubrirnos y…
—Agh, que fastidio…—resoplo Law cerrando sus ojos por un momento, en un intento de calmarse—. Mira, podemos ver una película en la sala, solo eso. Si mi padre llegara no encontraría nada malo en eso… Solo regálame un rato más junto a ti, ¿quieres?
Rosinante tenso sus labios en expresión de duda y preocupación. Después de unos segundos, accedió.
—Bien, espérame allá. Iré a ponerme ropa más cómoda…—dijo Law dando una caricia en una sonrojada mejilla de Rosinante.
Pasados unos minutos, Rosinante y Law se encontraban acurrucándose en el sillón más grande de la sala de estar, listos para ver una película de acción que estaban pasando por un canal de cable.
—Hace mucho que no veía una película de esta clase, siento que me transporto a mi niñez—comento Rosinante—. Se siente realmente raro…
— ¿No te gusta cómo se siente la regresiones a la infancia?—cuestiono Law sin dejar de acariciar una mano de Rosinante.
—A veces no… Pero se siente más raro por el contexto en donde estoy, hace mucho que no me ponía tan cómodo, con alguien, a ver algo en televisión… Las últimas veces que hice algo así fue con mi hermano.
—Vaya, puedo decir lo mismo… Lami y yo a veces nos desvelábamos a ver cualquier cosa en televisión, era divertido, muchas veces se ponía a imitar a las actrices de los infomerciales—recordó Law con clara nostalgia.
—Law…
— ¿Si?
—Realmente amo estar aquí contigo…
Law le sonrió tiernamente, para después darle un suave beso en la frente.
—Yo también adoro estar aquí contigo, es de la mejores noches de mi vida…—dijo Law mientras volvía a acurrucarse contra Rosinante.
Y la extraña pareja volvió a concentrar su atención en la pantalla del televisor.
Mientras tanto, lejos de ahí, en una mansión en las afueras de la ciudad, Doflamingo y Crocodile se encontraban cenando en un lujoso comedor.
—Qué día… Siento que estoy en un magnifico sueño...—declaro Doflamingo mientras tomaba una botella de vino tinto para darle un largo sorbo—. Te ves tan bien mientras estas aquí… Luces tan majestuoso, como casi todo lo de aquí alrededor…
—Nunca se te acaban los halagos, ¿cierto?
—Si son para ti, claro que no…—y el hombre de las gafas extravagantes se levantó y se colocó a espaldas de la silla de Crocodile, colocando sus manos sobre los fuertes hombros de su pareja— ¿Sabes? He tenido un tremendo deseo de…
Y las palabras se detuvieron al ver que el subordinado de Crocodile entro en la estancia.
— ¿Qué pasa, Daz?—inquirió Crocodile seriamente viendo al hombre de piel morena que le miraba con sumo respeto.
—Señor, lamento mucho interrumpirlo, pero debo informarle que mientras organizaba las cosas en su habitación note que un teléfono celular ha estado sonando repetidamente durante los últimos minutos.
—Debe ser el mío—soltó Doflamingo estirando sus brazos—. Me olvide por completo… Iré por él, ahora vuelvo.
Doflamingo salió de la estancia, dirigiéndose hacia las escaleras y luego a la habitación de Crocodile. Para cuando estaba a un par de metros de la puerta de dicho lugar alcanzo a escuchar el tono de llamada y hasta de mensajes.
El hombre de cabello rubio finalmente encontró su teléfono y decidió revisar los mensajes recibidos en el lapso en que las llamadas habían cesado de llegar.
El registro (tanto de mensajes y llamadas) evidenciaba que habían tratado de comunicarse con él desde hace un rato.
Y, al leer el primer mensaje, la boca de Doflamingo quedo en una expresión de frio terror; su corazón pareció detenerse por un segundo para luego latir con fuerza y rapidez inspirado por el temor, un escalofrió recorrió su cuerpo…
Una nueva llamada llego. Doflamingo respondió sintiendo que un temblor se apoderaba de su ser.
— ¡DOFFY…! ¡Es urgente que aparezcas pronto, Vergo está en el hospital…!—aulló una voz gangosa con tono de desesperación— ¡Hemos estado buscándote y tratando de contactarte pero…!
— ¡AHORA VOY…! ¡TRÉBOL, ASEGÚRATE DE QUE TODO ESTE CUBIERTO Y SIGA ESTABLE PARA CUANDO LLEGUE!—exclamo Doflamingo con una voz desgarradora y llena de frustración y temor.
Pronto Doflamingo salió a toda prisa de la habitación y bajo rápidamente las escaleras.
—Oye, ¿Qué ocurre? Te escuche gritar desde aquí…—dijo Crocodile quien había decidido ir a verlo y estaba a punto de llegar al pie de las escaleras.
Doflamingo se dedicó a seguir su camino con paso veloz hacia la salida de la mansión.
—Tengo que irme…—se limitó a decir con voz alterada mientras salía de la casa—. Por favor, perdóname, luego te lo explicare…
Crocodile le dedico una adusta mirada.
Su corazón volvía a sentirse oprimido, engañado y lleno de recelo…
Era seguro que ese asunto que tanto le había afectado a Doflamingo era algo relacionado a aquel subordinado que el rubio tanto adoraba.
Crocodile miro como Doflamingo encendía impaciente su auto y miraba directamente hacia la salida.
—Lárgate de una vez…—musito Crocodile tratando de reprimir el torrente emociones caóticas que parecía quemarle el pecho.
Aquel día tan encantador había sido solo una mera ilusión…
Tal como había mencionado Doflamingo hace unos momentos atrás:
"Magnifico sueño…"
Crocodile regreso al interior de su hogar, tranquila y dignamente.
No dejaría que nadie notara lo derrotado que se sentía…
Llego a su habitación, cerró la puerta bajo llave y se dirigió lentamente hacia la cama. Observo fríamente aquellas sabanas revueltas en donde Doflamingo y él habían compartido una vez más esa pasión que tanto les unía.
Crocodile tomo una sábana entre su mano y su garfio.
La apretó fuertemente, dejando salir toda su frustración en esa suave tela, mientras cerraba con fuerza sus ojos, tratando de reprimir cualquier emoción humillante. Pero no pudo resistir lo suficiente.
Un par de lágrimas rodaron por sus pálidas mejillas.
¡Que estúpido y débil se sentía…!
¡¿Cómo había sido engañado y usado una vez más!?
Crocodile arrojo las sabanas y todo lo demás que cubría su cama por el balcón de la habitación.
No quería sentir cualquiera cosa que le recordara la presencia de Doflamingo.
—Soy un idiota...—musito Crocodile mientras seguía tratando de evitar cualquier dolor y tristeza en vano.
