Hola, espero que estén muy bien…
Y, como siempre, lamento tardar en actualizar...
Pero en serio, este capítulo merecía mucho cuidado.
Muchas gracias por su paciencia, en serio.

Espero que les guste el capítulo, aunque este algo intenso, este será un capítulo importante.
Muchas gracias por estar aquí, a punto de leer otro episodio, no saben cuánto aprecio ver alguna notificación de un review o favorito.
Quisiera aprovechar para decir, agradecer una persona muy especial que leyó mi última actualización en otro fanfic, me hizo un tremendo obsequio por mi cumpleaños; esta persona hermosa realizo unos dibujos sobre Corazon y Law, fue un gesto muy bonito que no dejo de ver y alegrarme por ello. Espero que si estás viendo esto, estés muy bien, te deseo lo mejor y te agradezco de todo corazón tus detalles.
Sin más, espero disfruten el episodio.


Law y Rosinante, quienes habían decidido pasar un rato viendo televisión después de la pequeña celebración de cumpleaños, se habían quedado dormidos sobre el sofá.
Se habían confiado tanto en que resistirían despiertos hasta que el señor Trafalgar llegara a casa, pero fue demasiado tarde, habían pasado un par de horas desde que se quedaron solos en aquella casa. Ahora era la 1:00 am.

Law había subido las piernas al sofá y su cabeza estaba recargada sobre uno de los brazos del sofá. Rosinante había permanecido sentado y ahora estaba cabizbajo, con la boca entreabierta y roncando ligeramente.
La televisión seguía encendida, proporcionando la única iluminación en dicha estancia.

Lejos de ahí, en una sala de espera del área de urgencias, se encontraba Doflamingo.
El hombre de cabello rubio se encontraba sentado, pero toda su postura y rostro reflejaban una terrible tensión: Sus manos entrelazadas, su torso y cabeza ligeramente inclinados hacia enfrente y atentos a cualquier noticia o indicación que le dieran, sus antebrazos apoyados sobre sus muslos y un ligero temblor nervioso que pretendía camuflarse con un movimiento repetitivo de su pie derecho. Sus labios estaban tensos, una ligera capa de sudor cubría su rostro y su mirada se dirigía a revisar el reloj de pared que había en la sala cada un par de minutos.
Su corazón había dejado de estar tan agitado como cuando recién llego al hospital. La angustia de saber qué pasaría con su querido amigo Vergo y la angustia de haber dejado a Crocodile, tan de pronto sin poder explicarle nada por la prisa que tenía en llegar al hospital, le habían dejado mentalmente exhausto.

A un costado de él se encontraban sus ejecutivos; Trebol, Diamante, Pica y Gladius, quienes habían llevado a Vergo al hospital y se aseguraban de que Doflamingo estuviera lo más tranquilo posible.
Se habían asegurado de conseguir una sala exclusiva para ellos para no tener que lidiar con otras personas.

—Doffy, deberías ir a tomar aire y un trago—recomendó el hombre alto de largas piernas, de abundante cabello castaño claro, labios gruesos y ojos azules—. Gladius dijo que trae un poco de licor en el auto.

—No, Diamante. No me moveré de aquí, entiende—declaro Doflamingo con voz ronca y brusca.

—Yo se lo traeré, jefe. No se preocupe—intervino el tipo llamado Gladius levantándose de su asiento—. Vuelvo enseguida…

Pasaron un par de minutos y Gladius volvió, sacando una pequeña licorera de su gabardina se la ofreció a Doflamingo junto con un pequeño vaso de cristal oscuro. Ya que había ingerido un par de tragos se atrevió a levantarse y dirigirse lo más que pudo hacia la entrada que dirigía al pasillo de donde se supone debían salir enfermeras y doctores a dar avisos de los pacientes.
Miro con desesperación por la pequeña ventanilla y nada.

—Trebol, ¿te aseguraste de que a Vergo lo atendieran lo mejor posible?—pregunto Doflamingo dejando escuchar un poco de exasperación en su voz.

— ¡Claro que si, Doffy…! ¡Incluso me dijeron que el médico particular que había estado atendiéndolo se encargaría de su cirugía!—respondió Trebol con voz gangosa y en tono sumamente nervioso, agitándose un poco al hablar— ¡Me dijeron que era el mejor cirujano que podía ofrecer este lugar…!

Doflamingo cruzo sus brazos, sentía que no resistiría más tiempo sin recibir alguna noticia de Vergo; las horas en espera le habían parecido una tortura…
Distintos recuerdos llegaban a su mente como un bálsamo para aliviar su angustia; momentos que habían pasado hace años, cuando apenas se abría paso entre las calles de barrios bajos de la ciudad de Nueva York después de haber perdido a sus padres, aquella ciudad en donde había conocido a Vergo, cuando ambos tenían doce años y soñaban con llegar muy lejos, ser hombres con recursos y poder suficientes para darse a respetar ante cualquiera.
Evoco los días llenos de trabajo, las noches de fiesta y desenfreno que pasaban juntos y la tremenda felicidad que era poder confiar tanto en una persona, en cualquier ámbito de la vida: Administrar bienes, establecimientos y dinero, realizar tratos, encargarse de eliminar a un idiota que quisiera arruinar alguno de sus negocios, pasar un buen rato ya sea en un modo fraternal o pasional, Vergo era alguien con quien podía compartir cualquier cosa y sin ser juzgado de ninguna forma.

—Maldita sea, por favor—musito Doflamingo cerrando con fuerza su mano izquierda hasta convertirla en un puño—. Quiero verte ya…

Se dispuso a volver a tomar asiento pero en cuanto se acercó a la banca, un par de personas salieron de aquella puerta tan importante…
Doflamingo inmediatamente volteó a revisar; eran un par de médicos acompañados de una enfermera, y uno de esos doctores era aquel médico que había estado atendiendo a Vergo, justo como se lo había asegurado Trebol.
El hombre rubio se dirigió apresuradamente hacia este y con suma agitación se colocó ante él en una postura intimidante.

—Dígame como esta Vergo—demando Doflamingo mirando directamente al hombre de cabello oscuro y gafas delgadas con el que se había visto en anteriores ocasiones durante las consultas y tratamientos de Vergo.

—Señor…—dijo Edward Trafalgar quien tenía un semblante muy cansado y triste—. Las condiciones en que las que el Señor Vergo llego eran demasiado graves… El falleció.

Doflamingo se quedó completamente quieto, el temblor general sobre su cuerpo y la agitación de su respiración que habían estado acompañándolo se habían esfumado de repente, su mente pareció quedarse en blanco hasta que volvió a escuchar la suave y afligida voz de aquel médico.

—Lamento mucho su perdida…

Y segundos después de aquella última palabra de Edward Trafalgar, las fuertes manos de Doflamingo le tomaron bruscamente por el cuello de su bata médica, empujándolo con mucha fuerza contra la pared más cercana.
Un grito ahogado de la enfermera que salió inmediatamente de ahí y la expresión de terror del médico que acompañaba al doctor Trafalgar fueron las únicas reacciones.
El resto de los presentes se quedaron quietos y mirando seriamente la escena, incapaces de detener a su jefe Doflamingo.

—Usted… Usted dijo que Vergo mejoraría… Todo el tratamiento y medicinas…—musito Doflamingo con voz ahogada debido a que su mandíbula estaba fuertemente apretada debido a la ira—. No sirvieron de nada…

Edward Trafalgar se mantenía en silencio, con el rostro lleno de culpa y tristeza, no podía evitarlo a pesar de haber perdidos a varios pacientes a lo largo de su desempeño como médico, siempre lamentaba dar esa clase de noticias, pues sabía perfectamente cómo se sentía el recibir aquellas dolorosas palabras.
Decidió seguir callado mientras su colega se encontraba explicando las causas del fallecimiento pero era inútil, aquel hombre rubio no escuchaba solo mantenía una fiera mirada de triste impotencia y enojo que podía vislumbrar a través de aquellas gafas de cristal rojo…

—Por favor, suelte al doctor Trafalgar y mantenga la calma…—demandaron tres guardias de seguridad que habían llegado junto con aquella enfermera que había salido hace poco.

Después de unos minutos, Doflamingo decidió soltar al médico, arrojándolo bruscamente al piso. Edward Trafalgar se puso de pie lentamente y con el mismo semblante lleno de aflicción se retiró de la estancia, junto con el personal de seguridad, su colega y la asustada enfermera.
Una vez se habían quedado solos, Trebol se acercó con cautela a Doflamingo.

—Doffy… ¿Qué quieres que hagamos?

—Necesito que se encarguen de todo lo que corresponde… Todo lo que… Se requiera para… el funeral…—musitaba Doflamingo sintiendo que su cabeza daba vueltas y que solo estaba hablando por inercia dentro de una pesadilla.

—Claro que sí, Doffy.

—Gladius… ¿Puedes acompañarme?—pidió Doflamingo con voz vacía.

—Sí, jefe.

Y Doflamingo y su subordinado de erizado cabello gris salieron del hospital, hasta llegar al auto de color rojo del líder. Doflamingo abrió la puerta de su vehículo y entro en él, manteniéndose en silencio por varios minutos, con la vista fija hacia enfrente.

—Quiero que te asegures de no dar ningún dato de importancia sobre nosotros…Ya sabes que tienes que hacer al llenar las formas que requiera el hospital…—dijo rompiendo con su doloroso silencio.

—Sí, jefe, sabe que puede confiar en mí para eso.

—Quiero que… En cuanto les llame, Trebol y tú vayan a esta dirección—y Doflamingo saco su billetera y de esta una pequeña tarjeta que le brindo a Gladius—. Necesito que arruines el sistema de seguridad y de cámaras antes de que yo llegue ahí.

—Entendido, señor.

—Lleva tu mejor auto, lo necesitaremos, no quiero ninguna falla técnica, y asegúrate de que no lleve ninguna seña particular que sea fácil de detectar…—siguió diciendo Doflamingo con voz vacía. Esas órdenes eran algo rutinario y que no debían de faltar en cualquier operación de importancia que tuvieran que hacer dentro de la banda, pero esta vez, el jefe estaba tan conmocionado que no notó que lo hacía.

—Sí, no se preocupe, confíe en mí. No habrá ningún error.

—Creo que… Iré a casa por ahora… Nos vemos…—dijo Doflamingo entrecortadamente mientras encendía el auto. Cerró la puerta y salió a toda velocidad del estacionamiento, en camino hacia su casa.

Al llegar a su casa, Doflamingo fue por una botella de vino a la cocina, luego se dirigió a su habitación. Tomo asiento sobre su cama, abrió la botella para dedicarse a beber en silencio hasta que terminó con todo el licor.
Pasaron aproximadamente veinte minutos hasta que se quitó sus gafas y decidió recostarse, repasando una larga lista de recuerdos…

Hace diecinueve años Doflamingo había decidido escapar del orfanato donde había ido a parar junto con su hermano menor después del asesinato de sus padres.
"No voy a volver, no voy a dejar que mi vida se desperdicie en este lugar" dijo Doflamingo con mucha convicción a su hermano en la noche que decidió escapar.
Le había dolido bastante hacer esa decisión y tener que separarse de él, pero sus ideas eran bastante diferentes y su voluntad muy fuerte como para hacer caso a las suplicas de su pequeño hermano.
"Lo siento, Rosinante. Cuídate mucho; algún día nos volveremos a ver…" fueron sus palabras de despedida.

¿En qué momento la vida se tornó tan desgraciada?
¿Por qué su familia había sufrido esa terrible suerte? ¿Por qué a sus padres?
¿Qué acaso habían sido una presa fácil en una ciudad tan enorme y salvaje como esa? ¿Acaso no había más familias adineradas a quien arruinar?
Tal vez si se hubiesen quedado en España seguirían con vida…

Pasó varios días vagando y durmiendo en distintos parajes de las diversas y peligrosas calles de la ciudad de Nueva York, constantemente cambiaba su ubicación para evitar que los policías y la gente del orfanato dieran con él. Trabajaba eventualmente limpiando alguna acera o sacando la basura de algún negocio a cambio de comida o un poco de dinero, y cuando no podía conseguir algunas de esas últimas cosas, solo había un par de opciones a las que recurría: Robar o buscar sobras de comida entre los mejores contenedores de basura que conocía.

Cada día maldecía a aquellas personas que habían asesinado a sus padres, cada día deseaba poder llegar a encontrarlos y deshacerse de ellos de la manera más cruel y satisfactoria posible…
Todas las noches recordaba los tiempos felices junto a su madre, padre y su hermano; su mente se aliviaba al evocar esos días llenos de alegría, cariño, juegos y sin carencias de ningún tipo.

La tarde del 30 de Abril de 1995 llego a instalarse a un sitio nuevo, en una callejuela de un barrio del que había oído estaba lleno de extranjeros de todo tipo… Esperaba llegar a encontrar a alguien de su patria y poder volver a escuchar a alguien hablar su lengua natal y sentir por un breve momento que había regresado en el tiempo.
Esa tarde, al conseguir algo de cenar e instalarse en un callejón, dos sujetos le abordaron con la intención de despojarlo de sus pocas pertenencias y de su comida.
Doflamingo les enfrento como pudo…
Al final, logró salir airoso de la situación, por supuesto que se llevó una buena tanda de golpes y heridas, pero su astucia se había desarrollado lo suficiente para deshacerse de aquellos tipos, usando diferentes objetos que tuvo al alcance.

En la entrada del callejón se visualizó una pequeña figura, un niño de la edad de Doflamingo había presenciado el incidente; ese niño era el pequeño Vergo, quien completamente admirado por la hazaña que el niño de cabello rubio, le invito a comer algo mejor y le dijo que le presentaría a un hombre que podría cambiar su suerte.
Al principio Doflamingo se mostró incrédulo ante la oferta, pero acepto ir al final, debido a que la disposición y el asombro de aquel niño de cabello negro, que traía gafas oscuras y una mejilla decorada con un pedazo de sándwich, parecían emociones muy genuinas.

Y esa noche conoció a Trebol, Diamante y a Pica. Trebol le había preguntado sus orígenes y situación actual, cuando Doflamingo termino su relato, el hombre de voz gangosa le elogio por su audacia.

"Así que eso paso con tus padres… ¿Quisieras encontrar a los culpables?" pregunto Trebol con voz lenta y con un tono malicioso.

Doflamingo asintió sin duda ni temblor alguno, aseguro que los mataría a la primera oportunidad y que daría, y haría, lo que fuese necesario para lograrlo.

Aquella ferocidad y certeza en las palabras del pequeño rubio bastaron para que lo aceptaran en el pequeño grupo, que se manejaba en el mercado minorista de drogas, apuestas ilegales y tráfico de algunas armas de bajo calibre.

Y el tiempo pasó… Fue progresando en sus nuevas tareas, desarrollo más astucia, conoció distintos ambientes e infinidad de personas, pronto se hizo más hábil en el arte de las peleas, conoció y admiro muchas cosas que nunca pensó que existían y, finalmente, al cumplir los trece años su primera meta importante se cumplió: Trebol había conseguido encontrar a los culpables del asesinato de sus padres; habían sido un par de asesinos a sueldo contratados por un amigo de negocios de su padre, que decidió aprovecharse de la confianza y el poco conocimiento que tenía Homing Donquixote al mudarse a la ciudad.
Trebol logro acorralar a los tres responsables en una bodega vacía que usaban para tratos y distribución de mercancía.
Doflamingo los torturo durante varias horas, usando navajas, distintos objetos punzocortantes, golpeándolos con sus propias manos y piernas, gritándoles y recordándoles, con todo el odio que podía concebir, sobre el cómo habían asesinado a su madre y a su padre, y sobre cómo este iba a seguir vengándolos hasta que sus cuerpos ya no pudieran resistir más…
Finalmente Doflamingo uso una pistola que Trebol le regalo, su primera pistola personal, y con ella se deshizo de los criminales a sueldo, dándoles un tiro en la cabeza.
Y para deshacerse del principal responsable de aquella tragedia, el jovencito de cabello rubio decidió pedir un galón de combustible y un par de fósforos.

"Tú… Basura… No te vas a despedir tan fácil. Mira bien mi rostro… Esto es la venganza de la familia Donquixote…" declaro Doflamingo mirando fijamente al hombre que rogaba por su vida dando disculpas desesperadas y vertiendo todo el odio que sentía por él en sus palabras.

Y aquel sujeto ardió por bastante tiempo. Doflamingo se quedó contemplándolo hasta que se consumió todo el fuego.

"Felicidades, Doffy… Eres todo un hombre de palabra. Si sigues así, te convertirás en uno de los hombres más poderosos de la ciudad… ¿Qué digo? ¡Del país…!" bramo Trebol completamente satisfecho de ver como Doflamingo había realizado aquella hazaña tan mortífera.

Aquellos extraños individuos se convirtieron en seres cercanos a él, Trebol se había convertido en un tutor y protector, al igual que Diamante, con quien por fin pudo volver a poner en práctica su lengua natal (ya que también provenía de España), y ni que decir de su relación con Vergo, con quien estableció una sincera amistad que con el pasar de los años se convertiría en su primera experiencia de amor.

"No te preocupes, Doffy. No se lo diré a nadie, nadie lo sabrá. Y si alguien llega a descubrirnos, yo acabaré con el…" prometió Vergo al ver que Doflamingo temía que los descubrieran y se burlaran de ellos cuando apenas eran unos pre-adolescentes.

Aquellos días tan felices junto Vergo… Los primeros intentos de besos, abrazos y encuentros íntimos habían sido con él, cuanto confiaba en él, cuanto lo adoraba como un hermano, amigo y amante.

"Siempre estaré ahí para ti… No importa si decides estar con otra persona" decía Vergo cuando ambos habían crecido y Doflamingo ya era un hombre que se encontraba estableciendo negocios y comenzado a sentir atracción por nuevas personas.

Esa sincera lealtad que Vergo siempre le había profesado era una de las cosas más bellas y valiosas que Doflamingo tenía en su vida, era tan inmensa, tan genuina y parecía ser infinita… Que afortunado se sentía de haber conocido a alguien como él y de tenerlo a su lado.

Su amor sincero e incondicional era algo que enternecía su corazón como pocas cosas lograban hacerlo.
Ahora ya no podría volver a escuchar su voz…
Nunca podría volver a escuchar aquellas muestras de lealtad y sinceras muestras de cariño.

— ¡¿POR QUÉ…!? ¡¿POR QUÉ MALDITA SEA…!?—gritó Doflamingo levantándose de la cama y arrojando la botella de vino vacía hacia un mueble de la habitación, quebrándola en cientos de pedazos—. Vergo…

La culpa de no haber estado en los últimos momentos de Vergo le atormentaba, si tan solo se hubiese quedado cerca, si tan solo aquellas medicinas y tratamiento hubiesen funcionado a tiempo, ¿Por qué tuvo que irse? ¿Por qué el…? Le resultaba algo inaceptable… Era tan frustrante…
Una completa ofensa para su existencia, una herida que jamás sanaría por completo.
Se había imaginado que él y Vergo llegarían hasta la vejez, siendo un par de viejos que vivirían de todo el dinero y bienes recolectados a lo largo de estos años.

Volteó a ver su cama. Esa cama donde había compartido noches y mañanas junto a Vergo…
No podía dormir en esa cama, al menos no por hoy. Se desplomo al pie de esta, solo recostando su cabeza sobre ella y esperaría a que la mañana llegara o el sueño le venciera mientras seguía rumeando aquellas memorias.

Mientras tanto, lejos de ahí, Edward Trafalgar llegaba a la cochera de su casa.
Había sido una dura madrugada…
El cansancio mental y físico eran más intensos en esta ocasión.
Al entrar a su hogar notó el rumor que provenía de la televisión encendida en la sala de estar. Se preguntó si Law aun seguiría despierto, desvelándose jugando algún videojuego o solo se le había olvidado apagar dicho aparato.
Llegó a la entrada de aquella estancia y miró a su hijo, que estaba dormido sobre el sofá y, al costado de su muchacho, se encontraba Rosinante, quien también estaba profundamente dormido.
No le tomo importancia, ya que le pareció algo normal que Law y Rosinante por fin se llevaran lo suficientemente bien para tomarse el tiempo de convivir y hasta de quedarse dormidos ahí mismo, después de todo Rosinante era alguien que había vivido con ellos por meses y se había convertido en alguien de confianza.
Subió hacia su habitación, cambió su ropa con mucho esfuerzo y somnolencia, y finalmente se internó en su cama, esperando descansar lo suficiente para levantarse lo mejor posible para atender las citas pendientes en su consultorio por la mañana.

Y la mañana llegó... Eran las 9:00 am cuando Rosinante abrió perezosamente sus ojos, parpadeo un par de veces para después tallar delicadamente sus parpados con el dorso de su mano izquierda.
Soltó un bostezo y en unos cuantos segundos más sus ojos se abrieron mucho en expresión de temor; la realidad de que había dormido en la casa Trafalgar le cayó como un balde de agua helada.

—No puede ser…—musito el rubio totalmente atemorizado mientras volteaba a ver a Law, que seguía profundamente dormido sobre el sofá.

Pronto se puso de pie, haciendo el menor ruido posible para no despertar a su querido muchacho y para no provocar un torpe accidente que pudiese llamar la atención del señor Trafalgar. Rogaba al cielo que pudiese escapar de ahí sin provocar un problema para Law.
La televisión seguía encendida…
Tal vez el señor Trafalgar no había llegado a casa o quizá ya había llegado pero no se percató de la presencia de ambos en la sala de estar…
Eso lo sabría al salir de la casa y verificar si el auto del padre de Law estaba ahí estacionado. Así pues decidió dejar la televisión tal como estaba.
Al salir de la sala, camino lenta y cuidadosamente hacia el recibidor y la puerta principal.
Afortunadamente no se escuchaba ningún rumor que proviniera de cualquier parte de la casa.
Finalmente llego a la puerta principal, quito el seguro y abrió lentamente la puerta…

— ¿Rosinante? ¿Qué haces aquí?—pregunto una chica de cabello rubio que estaba a punto de tocar el timbre. Velia había llegado a casa de los Trafalgar y sus ojos castaños se habían quedado en expresión de asombro al ver al hombre de cabello rubio abriendo la puerta. Se extrañó al verlo con el cabello algo desaliñado y el rostro adormilado, par de señales que indicaban haber despertado hace poco.

Ah… Yo… Yo… Vaya… Yo vine a recoger mi teléfono…—respondió balbuceando en su idioma natal ya que la chica había usado el español para dirigirse a él—. Ayer lo olvide aquí y… Bueno, quise venir lo más temprano posible, a veces tengo llamadas urgentes…

Ya veo… Entonces… ¿El señor Trafalgar ya está despierto, no es así? Yo también vengo por algo que olvide ayer durante la fiesta de Law.

Ah…Pues no lo sé… Verás… Todavía tengo una copia de la llave de esta puerta—mintió el rubio sintiendo un nudo en el estómago—. Por eso me tome la libertad de venir por mi teléfono a esta hora, no quería… Molestar…

Entiendo…

Bueno, nos vemos luego, Velia. Cuídate mucho…—y Rosinante se apresuró a dirigirse hacia su auto.

La muchacha observo el como el vehículo gris de Rosinante se alejaba de ahí mientras seguía pensando en que algo andaba mal respecto a ese breve encuentro con el hombre de cabello rubio; era obvio que estaba nervioso y pretendía esconder algo…
Pero después recordó que era algo habitual en él verse agitado y torpe, tal vez estaba diciendo la verdad, por más forzosa que se escuchará, tal vez lo estaba juzgando mal y solo eran imaginaciones suyas.
Toco el timbre de nuevo pero nadie acudió.

Rosinante había dejado la puerta sin seguro, ¿en verdad tenía las llaves de esa entrada? Decidió tocar de nuevo el timbre pero otra vez nada paso, así que con mucha duda se adentró a la casa.
Alcanzo a escuchar un rumor, su origen era la sala de estar.

— ¿Señor Trafalgar…? Señor Trafalgar, soy yo, Velia… Disculpe…

Fue hacia allá y encontró a Law, dormido sobre el sillón y la televisión encendida.

— ¿Acaso se quedó a dormir aquí…?—musito la joven sin dejar de mirar al adolescente de cabello negro. Decidió despertar con cuidado a Law, tocándole un hombro y hablándole en voz baja—. Law… Law…

— ¿Qué…? ¿Rosinante…?—balbuceo el muchacho abriendo sus ojos con pesadez.

—No… Soy yo, Ve. Law…—y la chica se impresiono al oír que el jovencito había llamado el nombre de aquel rubio. La sospecha que se había ideado en su mente se deshizo en ese instante.

— ¿Ve? ¿Qué haces aquí? ¿Qué hora es…?—pregunto Law totalmente tomado por sorpresa, sintiéndose desorientado y empezando a reflejar en su rostro una expresión de leve molestia.

—Son como las nueve de la mañana… Oye, quiero decirte que entre a la casa debido a que me encontré a Rosinante saliendo de aquí, hace minutos, estaba por tocar el timbre para llamar y me lo tope en la entrada…

Law se mantuvo en silencio, comenzando a sentirse algo nervioso ante la situación, pero no iba a dejar que esto se evidenciara tan fácil. Así que Rosinante se había quedado dormido también… Y no había logrado escapar sin ser del todo descubierto, que jodida suerte.

—Me dijo que todavía guarda una copia de la llave de esa puerta, que había olvidado su celular y que aprovecho para venir por él lo más temprano posible, pero al irse no cerró la puerta con llave, me pareció extraño. A pesar de que la puerta seguía sin llave, seguí tocando el timbre, pero nadie iba a atender… Entonces me atreví a entrar, e imagine varias cosas…

—Agh…

— ¿Tu padre ya despertó?

—No lo sé… Tal vez llego muy tarde en la madrugada y sigue durmiendo. Ve, en serio, ¿A dónde quieres llegar?—inquirió el jovencito poniéndose de pie.

—Agh… No lo sé, Law…—soltó la chica comenzando a avergonzarse y a preocuparse—. Imaginé que Rosinante… Vaya, creí que tu padre y él habían… Pero luego… Cuando te vi aquí y escuche que dijiste su nombre…

— ¿En verdad creíste eso?—soltó Law con una arrogante risa mientras se ponía sus zapatos—. Por favor… Mi padre no tiene esas inclinaciones, semejante locura se te fue a ocurrir…

—Solo sé que Rosinante se quedó a dormir aquí, su cara lucía como si apenas se acabara de despertar…

—Pues sí, se quedó a dormir aquí. Nos quedamos charlando y viendo televisión después de la fiesta… Y perdimos la noción del tiempo y nos quedamos dormidos. Fue un descuido solamente… Estas malinterpretando las cosas.

—Lo siento, pero por la actitud de Rosinante solo pude pensar mal… Se miraba muy nervioso, como si quisiera ocultar algo muy grave e irse lo más pronto posible…

—Ya sabes que es un torpe de primera, no sé porque te sorprendes… Obviamente se sintió muy avergonzado por ese descuido. Además… Le estas dando demasiado crédito, ¿crees que un tipo como él pudiera estar con alguien como mi padre? Apuesto a que todavía es virgen a sus veintiséis años…

La muchacha se quedó algo perpleja, miro a Law con incomodidad y cierta culpa; tenía pensamientos muy difusos respecto a aquella situación, se sentía terriblemente culpable por haber pensado mal sobre Rosinante y su jefe.

Ambos salieron de la sala y se dirigieron hacia las escaleras.

—Bien… Creo que iré a buscar mi billetera, la olvidé ayer en el comedor, por eso es que vine.

—Bueno, puedes ir a buscarla… Iré a ver si mi padre ya está en casa—declaro Law dispuesto a subir las escaleras.

—Ya debe estar aquí. Su auto está estacionado afuera. Oye, Law…

— ¿Qué?

—Lo siento, no quise molestarte, no debí entrometerme tanto… Ni suponer nada.

—Descuida—respondió Law con voz grave mientras subía el primer escalón—. Solo… No vuelvas a precipitarte en tu imaginación, no deberías tomarte esas molestias, en especial con eso de que estás esperando, ¿no lo crees? Podrías estresarte si sigues así...

—Tal vez sea por eso, tal vez estoy tornándome muy suspicaz por el embarazo… Lo siento.

—Bueno, iré a despertar a mi padre. ¿Quieres quedarte a desayunar?

—Ya desayune, gracias. Solo vine por mi cartera, tengo que ir a abrir el consultorio de tu padre, se supone que la hora de atención es partir de las diez de la mañana…

—Entonces me apresuraré a despertarlo.

—Debió tener una noche muy pesada en el hospital, no es normal que se levante tan tarde, es una lástima que tenga que atender citas en las próximas horas…

—Sí, pero no hay más remedio… Es su profesión. Pero espero que un par de tazas de café y un buen desayuno le basten para reponer energías, me encargare de eso—aseguro Law subiendo otro escalón—. Bien, nos vemos luego, Ve.

—Sí... Hasta luego, cuídate, Law.

Y la joven se retiró de ahí. Al oír la puerta principal cerrarse, sintió un gran alivio, que embrollo había evitado… En definitiva se había confiado demasiado, no volvería a cometer un descuido así.

Se dirigió al cuarto de su padre, llamó a la puerta y, al no recibir respuesta, se dispuso a abrir la puerta lentamente.
Pudo ver que su padre aún estaba en cama, se acercó a él y comenzó a llamarlo y a tocarle la espalda.

—Papá… Despierta… Ya es algo tarde…

— ¿Law…? ¿Qué ocurre, hijo?

—Buen día, papá. Nada realmente grave, solo que ya es algo tarde… Creo que hoy tienes que ir a trabajar a tu consultorio, ¿no es así?

—Cielos, es cierto… ¿Qué hora es?

—Las nueve con veinticinco minutos, pero no te preocupes. Voy a prepararte algo para desayunar, mientras tú te vistes y preparas para irte, ¿está bien?—le dijo Law con voz tranquila y confiable mientras se alejaba de la cama, listo para bajar a la cocina.

—Sí, te lo agradezco mucho, hijo—y Edward Trafalgar salió de la cama, tomando sus gafas de la mesita de noche a su costado izquierdo—. Bajaré lo más pronto que pueda…

Law preparo café, lavó y cortó frutas, cocinó un par de huevos fritos junto con jamón y tostó un par de rebanadas de pan.

—Muchas gracias, Law. Fue un gran gesto de ayuda el que preparas todo esto…—dijo Edward Trafalgar al casi terminar con su desayuno.

—No hay de que… Parece que tuviste una mala noche—observo Law mientras le servía más café.

—Lo que sucede es… Es que… Ayer, durante la emergencia que atendí no pude hacer más por el paciente—confeso el señor Trafalgar dejando ver una expresión desanimada mientras daba otro sorbo a su taza con café oscuro.

—Lo lamento… Aunque es seguro que hiciste tu máximo esfuerzo por esa persona. Eso es algo siempre ocurrirá de vez en cuando en tu trabajo—dijo Law mientras se sentaba junto a su padre— ¿No es así?

—Sí…—y lanzo un pesado suspiro, tratando de olvidar por un momento su molestia respecto al trágico incidente—. Por cierto… ¿Rosinante ya se fue a su casa?

—Ah…—y Law sintió una ligera sensación de nerviosismo que pronto reprimió exitosamente—. Si, ya se fue... Dijo que lo disculparas, no pretendía quedarse dormido aquí. Se sintió demasiado avergonzado…

—No hay problema, me alegra ver que por fin se lleven bien, pero sobretodo de que te hiciera compañía. Me preocupaba que te quedaras solo durante toda la noche, en especial durante tu cumpleaños…

—Si… Estuvimos platicando sobre cosas de la escuela y viendo películas—dijo Law con voz tranquila.

—Bueno, creo que ya estoy listo, me siento renovado y todo gracias a ti… ¿Qué te parece si vamos a cenar fuera esta noche?

—Me parece bien, ¿a qué hora regresarás a casa?—pregunto el hijo mientras recogía el plato y taza vacía que había usado su padre.

—Pues después de mi trabajo en el consultorio, iré a arreglar unas cosas al hospital… Tal vez, a las seis de la tarde ya esté libre por completo—respondió el médico ajustándose sus gafas—. Te llamaré entonces, será mejor.

—Entonces, ¿podría salir hasta entonces? Llegaré a tiempo para la cena—pidió Law.

—Vaya, jaja, ¿con que para eso era el desayuno? No te preocupes, solo estoy jugando… Claro que puedes salir, solo ten cuidado, ¿de acuerdo?

—Sí, muchas gracias, papá. Que tengas un buen día…

—Igualmente, hijo—y el padre se despidió con una sonrisa mientras sacudía el erizado cabello de su hijo—. Nos vemos en la tarde…

Y Edward Trafalgar salió de su hogar, listo para ir a su consultorio.
Law se preparó el desayuno, para después subir a darse una ducha y prepararse para contactar a Rosinante.
Después de bañarse y vestirse, recordó que había no había abierto los obsequios que le habían dado ayer.
Fue por ellos, para subir de nuevo a su habitación y comenzar a abrirlos.
Le habían regalado un par de camisas y camisetas informales, una billetera y unos cupones para conseguir una comida gratis en un restaurante de pollo frito. Y al final abrió el regalo que le había dado Rosinante, era lo que más había aguardado descubrir…
Eran varios discos de sus bandas favoritas: Kasabian, The Verve, The Kooks, The libertines, Kaiser Chiefs, incluso un disco que había mencionado que faltaba en su colección de The Beatles.
Se sorprendió al ver que Rosinante había tomado nota de sus gustos musicales, a pesar de que solo lo habían platicado un par de veces a lo mucho.
Y luego se percató de que había un disco más, pero este al igual que su caja no tenían portada, nombre o alguna distinción en particular.
Encendió su computador e introdujo el disco.

Pronto el reproductor mostro a Rosinante, sentado en la orilla de una cama, dentro de una habitación, sosteniendo una guitarra acústica.
Este llevaba una camisa de color arena y pantalones blancos en el video y se le miraba con el cabello algo despeinado pero este le brindaba un toque muy especial, se le miraba muy atractivo.

Y comenzó a sonar una música de fondo, muy rítmica que estaba integrada por una percusión en batería, bajo y un sintetizador hipnótico que pretendía emular el sonido del piano, que pronto fueron acompañados por la guitarra que Rosinante empezó a tocar…

"Una idea, un continente, una mirada… Casi sin querer...
Se me escapa, se me nubla, no se acaba… Casi sin querer..."

Rosinante había iniciado a cantar, en español y con el acento típico de su país de origen; su voz era tan suave, relajante y un tanto seductora al hablar en ese idioma.

"Aire soy y al aire… El viento no, el viento, el viento no…
Que sin ti soy nadie… Sin ti yo no, sin ti, sin ti yo no…"

Law sintió un intenso arrebato de admiración y amor al verlo y al escucharlo de esa manera. Realmente estaba encantado por recibir un regalo como ese.

"Y la duda en sentimiento transformada... Casi sin querer.
No hay nada ya. No hay nada ya… Tan bello es caer a tus pies…
No hubo y no habrá. No hay nada aquí ya…
¿De quién este cielo es, de quién…?"

No entendía realmente que decía la canción, su problema con el español aún seguía dándole problemas para comprenderlo en canciones, películas o conversaciones, pero a pesar de eso sabía perfectamente la intención de la melodía; la música y la manera de cantar de Rosinante provocaban un sentimiento único, era una canción exquisitamente romántica, relajante y llena de un misterioso toque de seducción.

Law decidió escuchar la canción varias veces, era algo adictivo escuchar a Rosinante cantar en español, tan relajante y sensual, parecía broma que aquel rubio cumpliera con el estereotipo de que los hispanos tenían la habilidad de seducir a cualquier con sus gestos y su exótico acento.

Finalmente decidió hacer una copia del video para dejarla guardada en una carpeta secreta de su computadora. Sacó el disco, lo metió de nuevo en su caja transparente y lo dejo en el mueble enseguida de su cama.
Era de las mejores cosas que había recibido en su vida, su corazón latía fuerte por la emoción de haber presenciado a su rubio amante tocar y cantar de esa manera.

—Necesito verle…—y Law busco su teléfono celular, listo para llamarlo— ¿Rosinante?

—Law… ¿Estas bien?—respondió el mayor—. Lo siento tanto…

—Sí… Ya sé lo que paso, todo salió bien, no te preocupes—le tranquilizo Law—. No hicimos nada malo, en realidad. No es para tanto.

—Pero… Dios, no debí quedarme dormido, fui un tonto…

—Ya para con eso. ¿Estarás ocupado hoy? ¿Podría ir a visitarte?—pregunto el joven empezando a sonreír con impaciencia.

—No, no tengo nada que hacer hoy, pero ¿estás seguro de venir hoy? ¿Le pediste permiso a tu padre para salir?

—Sí, aunque no le dije a donde iría…

—Ah… Supongo que ya es hora de que conozcas mi nuevo hogar—suspiro el rubio accediendo a la petición— ¿Quieres que pase por ti?

—No, no te molestes. Mándame un mensaje con tu dirección, yo llegare en un rato.

—De acuerdo, te espero. Y por favor, ten mucho cuidado al venir…—y termino la llamada.

Dentro de unos quince minutos más, Law se encontraba tomando un taxi para dirigirse al departamento de Rosinante. Al llegar frente a un edificio de color gris que albergaba cinco pisos, el taxi se detuvo y Law bajo del vehículo, revisando en su teléfono que el viaje había terminado y que la cuota estaba cubierta.
El nuevo hogar de su querido Rosinante se encontraba en el último nivel. Entro al edificio, uso el elevador y finalmente llego frente a la puerta del departamento 5-12, tocó la puerta firmemente con un par de golpes hasta que el rubio abrió, recibiéndolo con una sonrisa nerviosa.

—Bienvenido…—y Law se adentró en el lugar.

Era un apartamento sencillo comparado con las estancias de su casa, con mobiliario básico y buena iluminación.

—Debe ser genial tener verdadera privacidad, ¿no es así?—dijo Law observando cada rincón de aquel hogar.

—Sí, a veces… Pero también extraño oírte cada día. Era agradable saber que siempre podría haber alguien en casa, como cuando vivía en tu casa.

— ¿Ya desayunaste?

—No… Estaba muy nervioso por lo que paso, no tenía apetito… Eche a perder todo… Seguramente Velia no pudo creer en mi excusa… No sé porque dije eso…

—Te haré algo de desayunar. Y ya no te preocupes por eso, yo le explique todo a ella y a mi padre. Y hablando de eso…—y Law abrazó fuertemente a Rosinante, recargando su cabeza sobre el pecho del rubio —. Lo siento… Tuve que decir un par de cosas ofensivas sobre ti…

— ¿En serio?

—Sí… Discúlpame…

—No, no importa. Descuida… Me alegro de que todo haya salido bien—dijo Rosinante con voz aliviada mientras abrazaba a Law con ternura.

—Ya pude ver tu obsequio—y se estrechó más contra su enamorado—. Muchas gracias…

— ¿Qué te pareció? Dude demasiado en hacer lo del video… Espero no haber hecho el ridículo.

—Es genial… Tu voz es asombrosa, no pude entender nada, pero la sensación que me provocó fue extraordinaria—declaro Law recordando lo feliz que fue al ver aquella grabación por primera vez—. ¿Podrías decirme que significa cada verso?

—Por supuesto, te traduciré la letra…

—Excelente, pero ya lo harás después de que comas algo, ¿Si tienes comida para cocinarte algo, cierto?

—Sí, hace poco fui al súper mercado… No debería faltar nada esencial. Espera, si quieres te ayudo…

Dentro de un rato ambos se encontraban en la habitación de Rosinante, el rubio consumía su desayuno sentado al pie de su cama, mientras que Law se recostaba sobre su cama.

—Rosinante, ¿puedo quedarme aquí hasta la tarde?—pidió Law estirando sus extremidades.

—Sí quieres…

—Gracias. Tengo unos cupones que me regalaron ayer, podemos ir a usarlos para la hora de la comida—informo Law sacando los boletos del bolsillo derecho de su pantalón.

—Suena bien… Bien, ya termine. Es hora de que traduzca y repasemos tus lecciones de español, ahora vuelvo…—y Rosinante se puso de pie para dejar su plato vacía de regreso a la cocina.

Horas después, casi siendo las tres de la tarde, Doflamingo se encontraba saliendo de la ducha. Solo había logrado dormir pequeños lapsos durante el trayecto de la mañana y mediodía.
Hace treinta minutos le habían informado que el cuerpo de Vergo estaba listo para rendirle los últimos honores.
Fue a buscar un nuevo conjunto de ropa, un traje de color negro en todos sus componentes. Aquel saco de plumas de color rosa sería lo único fuera de lugar en su ropa, ese abrigo de plumas que Vergo le había elogiado tantas veces y con el que lo había cubierto en distintas ocasiones.

En un par de minutos más se encontraba saliendo de su casa, entrando en su carro y saliendo a toda velocidad hacia la funeraria.
Al llegar al recinto encontró a todos sus subordinados, junto con conocidos, amigos y socios de sus distintos negocios.
No quiso hablar con nadie, a pesar de que muchos querían acercarse a darle sus condolencias.

Doflamingo se dirigió directamente al féretro en donde descansaba Vergo.
Le había ordenado grandes arreglos de flores durante el trayecto hacia allí… El lugar estaba decorado por infinidad de coronas de distintas flores en color blanco.
Doflamingo se mantuvo todo el tiempo al lado del ataúd de color mármol, contemplando la tranquila y fija expresión en el rostro de Vergo.

—Doffy…—Trebol y Diamante se habían acercado con cautela—. Es hora…

— ¿Podrían darme unos minutos más? Asegúrense de que nadie venga hasta que yo haya salido de aquí…

—De acuerdo, Doffy—y salieron de la estancia, quedándose fuera de la puerta, esperando a que su líder saliera de ahí.

Doflamingo echo una última mirada a su mejor amigo, posando su mano derecha sobre el inamovible rostro de este.

—Gracias por todo…—musito sintiendo que un nudo se hacía en su garganta y que su voz se quebraba. Aparto su mano y se alejó de ahí, usando toda su fuerza de voluntad.

Salió de la sala y le dio una pequeña indicación a Trebol y a Diamante, diciéndoles que les esperaba en la dirección que le había brindado a Gladius al salir del hospital durante la madrugada.

Doflamingo se dirigió a su auto y tardo algunos minutos en encenderlo.
Pronto se dio cuenta de que todos se retiraban de ahí, probablemente llevarían el cuerpo de Vergo al cementerio y ya terminaría ese proceso mortuorio.
No quería ir a ese lugar; no podría resistir las escenas que se darían ahí…
Una intensa frustración y tristeza se apoderó de él al pensar en esto último, cerro con fuerza sus manos sobre el volante de su auto, apretando fuertemente su mandíbula y comenzando a temblar debido al enojo provocado por la negación; era una pesadilla, no lo aceptaría… No podría…
Probablemente no lo haría, ni aunque pasaran varios años, tal vez nunca...
¿Por qué tenía que volver a sufrir una pérdida de alguien querido?
No podría perdonar al responsable… Pronto se encargaría de todo…
Era lo que tenía que hacer; todos aquellos que le habían herido o arrebatado a un ser querido lo habían pagado y esta no sería la excepción.

Finalmente llego a su casa. Gladius le esperaba ahí, de pie junto a una camioneta de color negro, sin ninguna matricula por detrás ni por delante.

— ¿Ya está todo listo?

—Sí, señor… Me encargue del sistema de alarma y cámaras.

—Bien… Vámonos—Doflamingo entro en aquel vehículo, tomo lugar en el asiento de copiloto y comenzaron su viaje.

—Creo que no debimos comer tanto…—dijo Law mientras caminaba por la acera junto a Rosinante. Habían ido al restaurante de los cupones que le habían regalado.

—Hace mucho que no comía algo con tantas calorías—comento Rosinante al recordar las piezas de pollo frito que había consumido.

—No está mal llenarse de comida chatarra de vez en cuando…

Y llegaron al auto de Rosinante y abordaron.

—Ya casi son las cinco de la tarde… No falta mucho para que tenga que regresar a casa—observo Law al ver la hora en el reloj del auto mientras iban de regreso al departamento de Rosinante.

— ¿Quieres que te lleve directo a casa de una vez?—pregunto el hombre de cabello rubio sin dejar de ver al frente.

—No… Vamos a tu casa, todavía queda algo de tiempo, quiero estar contigo todo lo que pueda—contesto Law sonriendo—. Ya tomaré otro taxi de regreso.

—Ese viaje irá por mi cuenta—dijo el rubio mientras volteaba a ver a Law durante una breve pausa en su manejo ante una luz roja—. No quiero que gastes tus ahorros por mi culpa.

—Que gesto tan amable y caballeroso, "señor Rosinante"—soltó Law diciendo lo último en un español muy forzado.

En cuanto llegaron al departamento, Law se abalanzo sobre Rosinante, rodeándole el cuello con sus brazos, listo para elevarse un poco más y alcanzar el rostro de su amante de 1.90m de alto.
Pronto terminaron en la habitación del rubio, recostándose sobre la cama y abrazándose con ternura.

—Creo que en cada nueva ocasión en que nos vemos…—murmuro Rosinante con voz suave y dulce, mientras miraba fijamente el rostro de Law—. Puedo notar un cambio en ti…

— ¿Si? ¿Y eso te agrada?

—Amo cada cosa de ti…

— ¿Aunque ya tenga más vello facial que tú?—inquirió Law tocándose la barbilla que estaba levemente cubierta por varios vellos oscuros.

—Sí…—y Rosinante lanzo una risa indulgente—. A pesar de que tendrás una masculina perilla y yo no…

—Si quieres puedo afeitarme.

—No, no me molesta. Creo que te hará ver muy bien…—dijo Rosinante estrechando más el cuerpo del jovencito contra el suyo—. Quiero estar contigo y admirarte en todas tus facetas…

—Quiero que ya llegue el tiempo en que podamos estar juntos… Sin ningún problema—musito Law con voz más seria y profunda—. En verdad… Quiero estar contigo durante mucho tiempo más…

—Law…

—Yo… Ya te lo había dicho antes, pero quiero volver a decírtelo—continuo el muchacho moreno mientras tomaba una mano del hombre rubio y la acariciaba—. Nunca antes había experimentado algo así… En verdad… Te aprecio, como a nadie…

El corazón de Rosinante latió con mucha fuerza y rapidez al escuchar las últimas palabras de Law. Estrecho con más fuerza la mano de Law y sintió que sus ojos se empañaban un poco.

—Yo… También, Law…Nunca lo había sentido antes…—declaro Rosinante sumamente conmocionado—. Te quiero tanto…

Acercaron sus rostros y lentamente consumaron un delicado beso.
Delicadamente rozaban sus labios mientras acariciaban el cabello del otro…
Sus besos aumentaron de intensidad y muy pronto Law se colocó encima de Rosinante, mientras adentraba una mano por debajo de la camisa del rubio.

—Espera… Law… Detente…—jadeo Rosinante al sentir que el jovencito tocaba aquellos puntos rosados y suaves que decoraban sus pectorales—. No… Hagas eso…

— ¿No te gusta…?—murmuro Law con voz seductora al oído del rubio mientras presionaba uno sensible pezón, provocando que Rosinante lanzara un leve gemido.

—No es eso…—y Rosinante apartó a Law de sí y se levantó de la cama. Su cuerpo había empezado a reaccionar a esas caricias y tenía que detenerse lo más pronto posible—. Si seguimos así… Ya lo sabes, Law.

—Lo siento, sabes que mi intención no es llegar a... Tú sabes…

—Bien, ya no importa. Creo que sería mejor que ya vuelvas a casa.

—Sí, entiendo…—y Law fue a abrazarlo—. Discúlpame, ¿sí?

—No te preocupes, solo… Me preocupa que si llegamos a cierto punto no podamos detenernos, eso es lo que temo—explico el rubio con cierto pesar recibiendo al muchachito entre sus brazos y acariciaba su espalda—. Solo hay que tener paciencia…—y le dio un tierno beso en la frente—. Seremos muy felices cuando el tiempo sea el apropiado…

Law soltó un pesado suspiro, esbozo una resignada sonrisa y le pidió a Rosinante que ordenara el taxi para volver a su hogar.

Salieron del departamento y esperaron frente al edificio la llegada de aquel transporte. Al cabo de unos 5 minutos el esperado vehículo llegó y se despidieron con un simple gesto de mano.

—Nos vemos el lunes—musito Rosinante—. Descansa…

—Sí, tú también… Hasta entonces—y Law abordo el auto.

Rosinante se quedó en la acera hasta que el taxi desapareció de su vista.
Volvió a su departamento y se arrojó sobre el único sofá que tenía ahí.
Que día tan agradable… Que hermosa mañana y tarde había pasado junto a Law, cuanto se había divertido al pasar horas compartiendo anécdotas y conocimiento sobre su idioma natal, cantándole de nuevo aquella canción que le había grabado; cuanto había disfrutado tener entre sus brazos a su querido muchacho por tanto tiempo...
Pero aquel último incidente le había dejado muy inquieto; era una tortura reprimir cualquier pensamiento y deseo de llegar más allá con Law…
No quería que volviera a ocurrir algo como lo que paso en su último día en la casa Trafalgar…
No, aquello había sido una terrible equivocación que no pudo lograr detener y eso aún le causaba una fuerte culpa que le atormentaba cada noche desde entonces. Esa culpa no solo era por haber permitido que Law le realizara tal acto sino también por el vergonzoso hecho de que, durante un par de ocasiones, se había atrevido a recordar el erótico suceso para auto estimularse.

—No volverá a pasar…—musito Rosinante llevándose las manos al rostro, tratando de calmarse.

Y el teléfono celular de Rosinante comenzó a sonar.

— ¿Hola? Sí, soy Rosinante Donquixote…

Law había llegado a su hogar. Ya eran las 6:00pm, su padre ya debería estar libre de trabajo y estaría en camino a reunirse con él.
Se dirigió a la sala de estar y prendió la televisión para esperar la llegada de su padre. Repaso todo el día, que buen rato había pasado junto a Rosinante…
Estaba ansioso por volver a tener la oportunidad de visitar a ese hombre rubio y, en esa próxima ocasión, procuraría no hacer algo demasiado atrevido que pusiera a Rosinante en aprietos.
Ya habían pasado quince minutos desde que llegó a casa, tomo su celular y llamó a su padre, pero no respondió. Imagino que todavía le quedaban cosas por hacer en el hospital así que decidió no insistir.

El timbre de la casa resonó.

— ¿Quién será…?—se preguntó el jovencito yendo hacia el recibidor. No podía ser su padre, él no se molestaría en tocar el timbre—. Rosinante… ¿Qué haces aquí? ¿Olvide algo?

El rostro de Rosinante estaba sumamente serio, el rubio tenía su mirada fija en el piso y sus labios estaban tensos. Se le miraba muy afectado.

—Necesito hablar contigo, Law…

—Está bien…—y Law lo dejo pasar, sintiéndose nervioso al ver el tono tan lúgubre con el que el rubio había llegado. ¿Acaso se había demasiado mal por lo que había pasado hace rato? Fueron a la sala de estar y Rosinante se mantuvo de pie— ¿Qué te sucede?—inquirió Law al ver que Rosinante se había mantenido en silencio con la vista fija en el piso—. Rosinante… Dime que te pasa.

Al ver que no había respuesta, Law fue hacia él, poniéndose directamente frente al rubio para averiguar que ocurría. Rosinante comenzó a temblar, como si tratara de reprimir una gran angustia.

—Rosinante… ¿Qué te…?—y los ojos del mayor dejaron escapar un par de lágrimas al tomar fuertemente a Law entre sus brazos, el jovencito se extrañó bastante por aquel gesto tan repentino.

—Law…—jadeo Rosinante sintiendo que su voz se quebraba—. Lo siento… La policía me llamo… Dijeron que… Tu padre... Ha…

Y no pudo continuar. Y eso bastó para que Law lo entendiera todo.
Los ojos grises del jovencito se quedaron estáticos, no pudo parpadear por unos segundos, su mente se quedó en blanco.

—Law…

El muchacho se separó de Rosinante y tomo su teléfono, busco el número de su padre y llamó. Nadie respondió. Volvió a llamar, pero nada ocurrió…
Insistió cinco veces más, pero nunca hubo respuesta.
Salió de aquella estancia a toda prisa, mientras Rosinante iba tras de él.

— Law, espera…

Law decidió subir a su habitación. Sintió un escalofrió al ver la puerta de la habitación de su padre…
El joven tomo asiento en la orilla de su cama. Se mantuvo quieto y en silencio, entrando en lapsos en los que su mente se quedaba en blanco y en los que se obligaba a tratar de asimilar aquella noticia.

—Law…—Rosinante había llamado a la puerta.

El jovencito no respondió, por lo que Rosinante no tuvo más opción que entrar por su cuenta.

—Law… Necesito hablarte de algunas cosas…—y Rosinante tomo un profundo respiro—. La policía llegará en cualquier momento, tienen que hablar contigo… Y también conmigo… Nos informaran sobre todo…

Y hubo un doloroso silencio.
El ver el rostro de su amado Law en esa terrible expresión de triste vacío y triste resignación le partía el corazón…

Se acercó al desolado joven y le abrazo fuertemente.

—No te dejaré solo…—declaro Rosinante tratando de detener sus lágrimas; ya no podría dejarse llevar tan fácil por sus emociones, ahora tendría que ser quien tuviera la fuerza suficiente para brindar todo el apoyo y protección que Law necesitaría de ahora en adelante—. Estaré aquí, contigo…

Finalmente un par de oficiales llegaron a la residencia.
Law tuvo que recibirlos y estos le realizaron infinidad de preguntas, tomaron sus datos personales y le pidieron que confirmara algunos de su padre, para finalmente comunicarle las circunstancias en que su padre había fallecido.

Su padre había sido asesinado en su consultorio, los responsables habían arruinado el sistema de seguridad por lo que no pudieron tener algún video como evidencia.
También habían ejecutado a la única testigo, aquella joven de cabello rubio que se había convertido en la recepcionista de su padre, a quien siempre había llamado "Ve".
Lo único que su padre pudo dejar como última voluntad fue una pequeña nota escrita con letra difusa que tenía una corta petición; el señor Trafalgar le había confiado el cuidado de su hijo a Rosinante Donquixote.

Los oficiales les informaron sobre las medidas que tendrían que acatar para llevar a cabo el proceso funerario así como varios procedimientos legales que Law y Rosinante tendrían que realizar junto con los encargados de manejar los bienes del señor Trafalgar.

Law, al verse libre de aquellos hombres, quienes siguieron interrogando a Rosinante y dándole indicaciones sobre lo que tenía que hacer, volvió a su cuarto. Unos veinte minutos después, Rosinante llegó a la habitación.

—Law…

—Ya sé cómo es esto…—musito Law con voz ronca y algo molesta—. Ya sé… Como tengo que ir a despedirme y que tengo que hacer…

—Law… ¿Quieres que nos quedemos aquí?—se atrevió a preguntar el rubio al pensar en cómo y dónde dormiría Law esta noche.

—Dormiré en la habitación de mi padre. Puedes quedarte aquí en mi habitación…—y Law se retiró de ahí para ir al mencionado lugar.

Rosinante quería seguir a Law, deseaba estar a su lado, tratando de brindarle todo su consuelo y calor…
Pero no era lo adecuado por ahora, era evidente que Law quería estar solo, no tenía que decírselo directamente, pero su muchacho siempre había sido de un temperamento más taciturno y de actitudes más frías comparado con su manera de ser.
Se quedó sentado sobre la cama, sosteniendo su mirada en aquel viejo oso de felpa color blanco que había sido del pequeño Law.
Su cuerpo volvió a temblar y, no pudiendo resistir más, dejo salir un amargo llanto. ¿Por qué tenía que sucederle algo así a Law? ¿Por qué…?
El dolor de perder a un ser querido… Ese dolor que también había tenido que experimentar hace años… Una vez más se presentaba en la vida de ese jovencito, llevándose al único pariente que le quedaba en el mundo.

Lo entendía perfectamente… Comprendía ese desgarrador sentimiento.
Pero no podría comprender él porque había sucedido tal tragedia…
El padre de Law siempre había sido un buen hombre durante el tiempo en que convivió con él, era un hombre responsable, amable y siempre atento…
¿Quién pudo haber tenido algún problema con él para llegar al punto de tomar su vida?

Recordó todas las veces en que había charlado con él, en donde había escuchado cuestiones de su trabajo como médico; todas las ocasiones en que había recibido algún agradecimiento de su parte; esas terribles situaciones en las que tenía que verlo de frente y ocultarle la verdad que guardaba junto con Law…
Ahora nunca tendría oportunidad de confesarle aquella delicada situación, de poder explicarle todo y, algún día, llegar a tener su consentimiento e indulgencia para poder compartir libremente su vida al lado de Law.
Ahora tendría que vivir con esa culpa por el resto de sus días.

—Lo siento…—sollozó Rosinante cerrando fuertemente sus manos y dejando escapar más lagrimas llenas de frustración, vergüenza y dolor.

Y a tan solo un par de metros de esa habitación, Law se encontraba de rodillas junto a la cama de su padre, recargando su cabeza sobre el colchón.
Su rostro seguía con esa expresión de vacío y desolación, no había llorado hasta ahora.
¿Qué hora sería? ¿Qué pasaría de ahora en adelante…?
No podía concebir que el día de mañana no hablaría con su padre; no volvería a verlo salir de casa dispuesto a ir a su consultorio o al hospital; no volvería a escucharlo preguntar sobre cómo había estado su día…
Pronto cientos de recuerdos invadieron su mente; ahora estos le parecerían un hermoso consuelo y un terrible dolor.
Ahora toda su familia se había ido…

Su hermana, su madre y su padre ya estarían reunidos en algún sitio.

Y la noche transcurrió…
Doflamingo se encontraba bebiendo en la sala de estar de su gran y suntuosa casa; este día le había parecido una terrible alucinación que trataba de aliviar con el vino.
Tantas cosas habían pasado por su cabeza, tantas cosas acontecieron hoy.
¿Cómo sería todo de ahora en adelante?
El mundo le parecía más asqueroso que nunca…
Todo sería tan difícil y vacío… Difícil, complicado…
Recordó incluso el momento en que había llegado a cobrar cuentas con aquel médico, incluso ese asunto en el que solo esperaba desahogo y venganza, le había dejado una horrible sensación al evocar un amargo recuerdo…
Al momento de disparar hacia la muchacha que laboraba ahí, ver como esta se desplomaba sobre el piso y su larga cabellera rubia se manchaba de sangre, un escalofrío recorrió su cuerpo pues el trágico recuerdo del cuerpo sin vida de su madre había llegado a su mente, recordaba haberla visto totalmente herida y yaciendo en el piso, con su cabello rubio cubriéndole el rostro.
Quería borrar eso de su cabeza, no quería pensar en algo así, ya no…

Y después de tantas horas confusas y dolorosas, otro asunto doloroso llegó a su mente, recordó a ese hombre de cabello negro, semblante orgulloso y con una cicatriz decorándole el rostro: Crocodile.
Le había abandonado sin explicarle nada después de pasar horas tan hermosas junto a él y casi volver a tener su confianza.
¿Qué estaría haciendo en estos momentos? ¿Podría volver a verlo?

—Soy un ingenuo…—jadeo Doflamingo mientras evocaba la imagen de Crocodile en sus pensamientos y, por un momento, se imaginó que aquel hombre aparecía en su casa. La ebriedad estaba llegando a su organismo.

Crocodile no le perdonaría en esta ocasión… No era probable…
Si fuese a buscarlo en esta ocasión le dispararía directo a la cabeza.
Seguramente le habían llegado con la noticia de la muerte de Vergo.

—Debes de… Estar muy feliz…—dijo Doflamingo arrastrando las palabras para después beber lo último que quedaba de la botella que cargaba. Seguía viendo la imagen de Crocodile frente a él, mirándole con arrogancia y frialdad— ¿Ahora estarás contento…?—y sintiendo una punzada de triste frustración que dejo escapar con el violento gesto de arrojar la botella hacia la falsa imagen de Crocodile, la botella fue a estrellarse contra un mueble y cientos de pedazos de vidrio quedaron regados por la alfombra.

Mientras tanto, el auténtico Crocodile se encontraba caminando en uno de sus jardines. El hombre tenía un grueso puro en sus labios, inhalando y exhalando una nube de denso humo.
Las noticias de que el mejor subordinado de Doflamingo había muerto llegaron a él desde mediodía; ahora entendía muy bien porque aquel rubio se fue con tanta urgencia en la madrugada…
¿Cómo Doflamingo evitaría salir a toda prisa si uno de sus amados estaba en peligro?
Ni siquiera podía establecer que sentía al respecto…
No podía imaginar a Doflamingo en una situación así, no concebía una expresión de luto en él…
Tal vez esa era la máxima prueba de que no lo había conocido lo suficiente en todo este tiempo.

No sabía si volvería a verlo…
No se sentía capaz de comprender el estado en que Doflamingo se encontraría…
No sabría cómo actuar o hablar frente a él después de un suceso como ese.
Su puro se había consumido hasta la mitad, ya era hora de ir a su habitación.

Al día siguiente, en cuanto el sol comenzó a asomarse, Rosinante se levantó de la cama de Law. Apenas pudo dormir un par de horas y en intervalos, tan solo se había quitado los zapatos para descansar y sentía un malestar en general que lo tenía aturdido.
Pronto tendría que ir a hablar con Law, prepararlo y apoyarlo para enfrentar el desdichado día que tenía por delante. Volvió a recostarse por media hora más y finalmente decidió ir a lavarse la cara, recobrar la compostura e ir a buscar a Law.

—Law… ¿Law…?—llamo Rosinante con voz suave. El hombre de cabello rubio toco la puerta con un par de golpes dados de la manera más leve posible.

Al ver que Law no respondía, Rosinante abrió la puerta con lentitud.
Miro a Law recargado sobre la cama. El rostro del muchacho evidenciaba que no había descansado en lo más mínimo, sus ojos estaban tan cansados y algo oscurecidos por las ojeras que estaban remarcadas por no dormir.

—Law…

— ¿Qué hora es?—musito Law.

—No lo sé… No he… revisado…—balbuceo Rosinante.

Law volteo a ver el reloj que su padre tenía en uno de sus muebles, eran las 7:00am.

—Law...Por favor, recuéstate y trata de descansar—murmuro Rosinante con un tono muy triste—. Necesitas descansar lo más que puedas…

—No tiene caso, no puedo dormir—contesto Law con voz ronca— ¿A qué hora es el funeral?

—Dentro de un par de horas…—y Rosinante se agacho para tomar a Law y tratar de que cambiará de posición y lugar—. Por eso tienes que descansar…

Pero Law no quiso moverse de ahí.

—Law… Por favor…

—Déjame estar aquí hasta entonces—dijo Law sin ver al hombre de cabello rubio y apartando de si las pálidas y grandes manos de este.

—Está bien… Pero Law, necesitas comer algo. Iré a prepararte algo, por favor, al menos tienes que comer bien, antes de…—y Rosinante no pudo continuar. Se retiró de la habitación sintiendo una profunda tristeza por el estado de Law, además sentía un terrible peso sobre sus hombros…
Una punzada de remordimiento le invadió al entrar en aquella estancia, el recuerdo del señor Trafalgar le perseguiría causándole una dolorosa culpa.

Horas después, Rosinante y Law se encontraban llegando al recinto funerario.
Todos los arreglos habían sido cubiertos con anticipación, Edward Trafalgar había establecido desde hace un par de años el cómo y dónde se dispondría de su cuerpo el día en que llegará a fallecer.
Muchos colegas y conocidos de la universidad de su padre estaban ahí, rindiéndole homenaje, exponiendo su gran trabajo como médico, compañero, amigo y padre, entregándole sus últimas palabras, deseándole paz en su eterno descanso y dando sus condolencias al joven hijo del respetado médico. No había ningún familiar directo por ahí, su madre y su padre no habían tenido mucho contacto con sus propios parientes.
Law no había podido acercarse al féretro...
Rosinante, quien se había mantenido detrás de Law desde el principio de la ceremonia, decidió que era momento de ir a despedirse del señor Trafalgar.

Con un paso muy pausado, lleno de nerviosismo y temor, se acercó al ataúd y miro el tranquilo rostro de Edward Trafalgar.
Recordó el último día en que había hablado con él…
La manera tan amable con la que siempre se había dirigido a él; cuanta confianza había depositado él en todo este tiempo.
Ese hombre había llegado al punto de tomar sus últimos minutos de vida para pedirle que cuidara de su hijo. ¿Por qué había confiado tanto en él?
Rosinante se sentía tan indigno de todo aquello. Y ya no pudo resistir más…
Dejo escapar gruesas lágrimas, tratando de reprimir sollozos apretando fuertemente su mandíbula y sus manos.

—Lo siento tanto…—musito Rosinante cerrando sus ojos—. Perdóneme…—y tomo un largo respiro para dar sus últimas palabras—. Yo… Haré lo mejor… Cuidaré de Law... Hasta mi última fuerza…

Y Rosinante se alejó de ahí, sintiendo que, al menos por un instante, un poco de su arrepentimiento se había liberado al dedicar aquellas palabras.
Volvió junto a Law, que seguía sentado al fondo de la sala, alejado lo más posible de todo y todos…

Rosinante volvió a tomar asiento junto a él, mirándolo a ver sutilmente, esperando el momento en que el jovencito decidiera ir a despedirse de su padre.

—Law…—el hombre de cabello rubio se acercó al muchacho que tenía un vacío y frío semblante, la mirada grisácea de Law estaba perdida—. No queda mucho tiempo…

—Lo sé. Rosinante… Necesito estar a solas con mi padre—dijo suavemente el jovencito aun con la mirada pérdida—. ¿Podría…?

—Haré lo posible. Ahora vuelvo…

En unos minutos más, muchas personas comenzaron a retirarse de la sala, hasta que solo quedaron Rosinante y Law.

—Solo tienes unos minutos… Law, te espero afuera…—y el rubio salió de ahí.

Law finalmente llego frente a su padre. Y su cuerpo por fin dejo escapar toda la tensión que había acumulado hasta ahora…
Comenzó a temblar, su pulso se aceleró, un nudo se hizo en su garganta y finalmente, sintiendo que la cabeza le daba vueltas, su llanto surgió, dejando escapar lágrimas y un desgarrador sollozo mientras se ponía de rodillas ante aquel féretro.

— ¿Por qué…?—jadeo Law dejando escapar más llanto y sintiendo que se quedaba sin aire. La última imagen de su padre sonriéndole llego a su mente; ayer se habían hablado por última vez, habían acordado ir a cenar, todo estaba tan normal. Y comenzó a sentir que la tristeza aumentaba y esta se combinaba con la frustración y desesperanza, no podía resistir más, su voz dejo escapar gritos de dolor y fuertes sollozos— ¡¿POR QUÉ…!?—y convirtiendo sus manos en puños golpeo el piso, una y otra vez dejando escapar un poco de su dolor—. Papá… Mamá… Lami… ¿¡Por qué…!?—y no pudo continuar, el doloroso llanto no dejaba de fluir.

Rosinante, quien estaba justo al otro lado de la puerta de aquella sala, pudo escuchar los desoladores lamentos de Law. Con mucho pesar, ingreso de nuevo en ese lugar y se acercó a Law, poniéndose de rodillas también mientras ponía una mano sobre un tembloroso hombro del joven.

—Tenemos que irnos…—declaro Rosinante con voz suave y sumamente afectada por la trágica escena que tenía frente a él—. Law…—y sintiendo que ya era prudente hacerlo, se atrevió a abrigar al jovencito entre sus brazos, abrazándolo con fuerza, recargando su cabeza sobre su pecho, haciendo que Law derramara sus lágrimas sobre su ropa. Pudo sentir el fuerte palpitar del muchacho, como seguía temblando y sollozando sin encontrar consuelo alguno.

Pronto unos encargados entraron a la sala, se encargarían de transportar el ataúd hacia la carrosa fúnebre y llevar al señor Trafalgar a su entierro.

—Law…—y Rosinante sostuvo el afligido rostro del adolescente entre sus manos, mirándole directamente por primera vez desde el comienzo de este trágico incidente. Observo la triste y lastimada mirada de ojos grises, inundada de lágrimas—. Tenemos que irnos…—volvió a decir Rosinante con la voz más moderada que podía concebir.

Law, aferrándose a él fuertemente, siguió sollozando hasta que su llanto cesó de intensidad y, poco a poco, su compostura regreso hasta volver a aquella vacía y desolado expresión seria.
Rosinante tenía que llevar a Law al cementerio y, después de eso, no sabría que hacer… Al menos no hasta que empezara la semana y todos aquellos asuntos legales que quedaban por discutir con todos los asesores del señor Trafalgar pudieran empezar; también tendría que avisar a la dirección de la escuela sobre la situación de Law, y también acerca de su nueva posición respecto al cuidado del muchacho.

Law no quiso acercarse demasiado a la sepultura de su padre, mientras el féretro era enterrado, el joven se dirigió hacia las lapidas de su madre y hermana, que no quedaban muy lejos de ahí; su padre se había asegurado de comprar un lugar muy cercano a donde ellas descansaban.
El joven miro melancólicamente aquellas lapidas, imaginándose que, al menos su padre estaría muy feliz de volver a verlas y estar finalmente a su lado una vez más y para siempre. Law sintió de nuevo que el llanto venía a sus ojos…
Tratando de esbozar una sonrisa, una dolorosa sonrisa acompañada de un par de lágrimas, se despidió de toda su familia y huyo de ahí, dirigiéndose a toda prisa hacia el auto de Rosinante.

El rubio pronto le alcanzo.

—Law… ¿Quieres irte ya…?

Law asintió en silencio. Subieron al auto y al ponerse los cinturones de seguridad, el hombre de cabello rubio pregunto:

— ¿Quieres ir a tu casa?

—No.

— ¿Entonces vamos a mi departamento?

—Si. Rosinante…

—Dime, Law.

—Quiero dormir—y Law, sin poder resistir más, cerró los ojos y en unos cuantos minutos más se quedó profundamente dormido, mientras Rosinante seguía conduciendo en camino a su hogar.

Rosinante sintió un gran temor por lo que pasaría cuando Law despertará y regresara a la terrible realidad. ¿Qué debería decirle? ¿Qué harían entonces?
Pensó en que debería ir por algo de ropa para él mientras el muchacho tuviese tiempo para reponerse de todo; prepararle algo de comer; empezar a buscar alguna ayuda profesional para que Law pudiera sanar de la manera más adecuada, y también, avisar a su viejo tutor Sengoku, para pedirle un consejo sobre su nueva responsabilidad… Tenía tanto que contarle…

Al llegar al edificio de su departamento, Rosinante bajo del auto y con mucho cuidado despertó a Law, quería llevarlo en brazos, pero debido a que todavía no había pruebas oficiales de que era su nuevo tutor, no quiso arriesgarse a que sus vecinos malinterpretaran el gesto.
Law fue apoyándose en Rosinante hasta que llegaron a la vivienda de este último.
Law se dejó caer en la cama, Rosinante se dispuso a quitarle los zapatos y después lo cubrió con un par de sabanas, cerrando la ventana y sus persianas para que la luz del exterior no le molestara.

Y finalmente el muchacho descanso después de tantos sucesos difíciles.
Rosinante se dirigió a la sala de estar y tomo asiento en su sofá, enfocando su vista en el par de zapatos que le había quitado a Law y que aun llevaba en sus manos. Cuanto habían cambiado las cosas de un día a otro…
No era algo totalmente ajeno a él, así de sorpresiva y cruel había sido su vida hace años, dejándolo sin padres en su infancia. Ahora volvía a rozar con esa clase de incidentes… Ahora lastimaban a otro ser querido…

Pronto resintió un cansancio acumulado, también comenzaba a sentir que necesitaba dormir, pronto sus parpados fueron cayendo hasta que finalmente cayó rendido en el sofá de su sala, aflojando la mano con la que sostenía los zapatos oscuros de Law, haciendo que estos cayeran al piso.


Bueno, esto fue todo por ahora...
Hasta la próxima, muchas gracias por leer.

Espero que les vaya bien, mis mejores deseos.

Atte. Levita Hatake