Hola a todos.
Espero que estén muy bien. Disculpen, como siempre, la tardanza en la actualización, pero este capítulo sí que merecía bastante tiempo, trabajo y edición...
Ya verán por qué...
En fin, espero que les guste... Bueno no, es que será algo intenso y difícil, pero espero que les ayude a seguir al pendiente de esta historia, que prometo todo va a salir bien al final ;-; 3
Les deseo lo mejor, muchas gracias por leer y seguir esta historia


Rosinante despertó. Tenía la horrible sensación de pesadez sobre todo su cuerpo, los ojos y boca algo resecos, y algo de acidez estaba molestando su estómago y garganta.
Le tomo un par de segundos recordar todo lo que había pasado hace horas…
Ya eran las 5:00pm
Volteo a ver a su alrededor, luego miro que los zapatos de Law estaban en el suelo y ese detalle le hizo levantarse rápidamente para ir a ver si el joven seguía durmiendo.
Law estaba acostado sobre su cama pero ya había despertado.

—Law…

Rosinante se acercó a la cama y tomo asiento junto al muchachito, que estaba recostado sobre su lado izquierdo, con la mirada perdida.

—Ya han pasado varias horas… Necesitas comer algo—musito el hombre de cabello rubio.

Law no respondió nada.

—De acuerdo… Entiendo… Te dejaré un rato más a solas—siguió diciendo Rosinante con voz suave y pausada—. Tengo que ir a comprar más ingredientes para comer, entre otras cosas… Cuando vuelva te prepararé algo… ¿O quieres que te compre algo en especial?

Law siguió en silencio, así que Rosinante decidió no insistir, se levantó de la cama y se dispuso a prepararse para salir.
En cuanto Rosinante dejo el departamento, Law se levantó de la cama y se dispuso a caminar por todo aquel lugar.
Se detuvo frente a una ventana. Contemplo el cielo pintado de tonos naranjas y rosados, era una magnifica tarde. Luego noto la altura considerable del edificio…

"Tal vez solo me sirva para quedar lisiado por el resto de mi vida…" pensó Law amargamente después de haber considerado la idea de arrojarse por aquella ventana.

Era la primera vez en que una idea de ese tipo había atravesado por su mente; ahora le parecía una noción totalmente digna de considerarse debido a todas las cosas que tenía que cargar en sus recuerdos.
Siguió admirando el paisaje, poniendo atención al vértigo que le causaba la altitud, hasta que la imagen de toda su familia sonriéndole apareció en sus pensamientos… Y luego, casi como si fuera una película de advertencia, llegó la imagen de Rosinante, rogándole que no volviera a pensar en algo así, abrazándolo fuertemente, dedicándole un sinfín de palabras de cariño y consuelo, derramando un torrente de lágrimas.

Finalmente Law se apartó de la ventana, fue hacia la cocina a buscar un vaso y beber algo de agua, y después volvió a la cama.
¿Qué clase de futuro le esperaba? ¿Ahora qué haría con su vida…?

Mientras tanto, Rosinante estaba llegando a un pequeño mercado.
Trato de hacer las compras lo más rápido, recorriendo los pasillos con paso apresurado y llevando un poco más de lo acostumbrado ya que ahora tendría que compartir con Law.

Al terminar las compras, e ir de regreso al departamento, no pudo evitar detenerse en un pequeño auto servicio y comprar un par de cajetillas de cigarros, necesitaba ese pequeño respiro después de aquel día...
Cuando finalmente llego al estacionamiento de su departamento, bajo del vehículo y se tomó unos segundos para fumar un cigarrillo, que consumió velozmente.

En un par de minutos el hombre ya estaba subiendo con las bolsas llenas de víveres y demás artículos de hogar.

— ¿Law…?—pregunto al llegar anunciando su regreso.

Fue a dejar todo a la cocina y fue a su habitación para comprobar que Law siguiera ahí.

—Ya empezaré a preparar la comida… Además traje más cosas, si quieres algún bocadillo o postre, puedes tomarlo cuando lo desees…—dijo Rosinante con la misma voz cautelosa de antes.

En un rato más, Rosinante estaba llevándole un plato con carne de pollo, patatas cocidas y ensalada, junto con un vaso lleno de jugo de naranja frío.

—Aquí esta… Por favor, Law, trata de comer, aunque sea un poco…

Al cabo de unos segundos el jovencito se había incorporado para tomar asiento sobre la cama y empezar a alimentarse.
Afortunadamente, Law ingirió todo de buena voluntad, al parecer estaba muy desgastado.

— ¿Quieres un poco más? ¿Quieres otra cosa…?—pregunto Rosinante al retirar los utensilios.

—No. Ya está bien—contesto Law con voz ronca.

—Bien… Oye Law, si quieres tomar una ducha o asearte, traje algunas cosas que te pueden servir. Ya está todo en el cuarto de baño…

—Necesito ropa… Rosinante, necesito que vayas por algo de mi ropa—dijo Law hablando con el mismo tono grave y sin emoción.

—Ah… Si, entiendo… Pero Law… Necesito que me acompañes—declaro Corazon con un leve temor en su voz. Le pareció sumamente difícil pedirle eso al muchacho—. No puedo entrar así sin más a tu… casa.

Hubo un incómodo silencio durante casi un minuto.

—Pero no entraré ahí—dijo finalmente Law mientras se ponía de pie para ir a buscar sus zapatos.

En unos minutos más, Rosinante y Law estaban subiendo al auto, el cielo nocturno ya se había hecho presente y una fría brisa era el clima que les acompañaría.
Ninguno de los dos soltó palabra alguna durante el trayecto a la residencia Trafalgar.
Al llegar Rosinante estacionó el auto frente a la acerca de la gran y elegante casa de color blanco.
Ninguna luz estaba encendida lo que provocaba que el estilo arquitectónico (que emulaba el de la época victoriana) de aquella vivienda proyectara un aspecto sumamente triste y vacío.

Law ya le había dado las llaves a Rosinante, así que el joven ni siquiera volteó a ver su hogar y se limitó a indicar donde se encontraban sus piezas de ropa y zapatos.
El hombre de cabello rubio bajo del auto y al caminar hacia la entrada pensó que aquel patio frontal, lleno de césped y vegetación en buen estado, probablemente se marchitaría si el mismo no se encargaba de cuidarlo.

Cuando Rosinante introdujo la llave en la cerradura de la puerta principal sintió como si el picaporte tuviera alguna especie de corriente eléctrica que le provocaba una terrible sensación de ansiedad que alteraba su pulso y reacciones en general.
Entro a la solitaria morada, el hombre tardo unos segundos en asimilar la sensación de incomodidad y tristeza que le invadió al ingresar.

Diversos recuerdos llegaron a su mente: El primer día en que llegó a esa residencia; las tardes en que Law y el repasaban lecciones escolares y tareas; las breves pláticas con el señor Trafalgar, aquellas amenas charlas en su idioma natal con Velia; todos los momentos de tensión que tuvo con Law; aquel día en que el jovencito se marchó a su campamento de verano y se dieron su primer beso…

Decidió encender las luces del pórtico y de la estancia del recibidor para evitar que la casa siguiera viéndose tan lúgubre.
Después camino apresuradamente hacia las escaleras, rumbo a la habitación de Law.
Busco entre el armario un par de camisas, chaquetas, además del par de piezas del uniforme escolar con las que contaba Law y la valija que el jovencito usaba en sus viajes en la que guardaría todo. Después se dirigió a buscar dentro de una cómoda varios juegos de ropa interior, calcetines, prendas para dormir, junto con un par de camisetas informales y pantalones.
Luego busco el par de zapatos escolares, tomo un par de tenis y comenzó a organizar con cuidado todas aquellas pertenencias de Law dentro de la maleta.
Al terminar con la tarea, Rosinante tomo asiento sobre la cama y se dedicó a observar toda la habitación con aire entristecido.

"¿Por qué…? ¿Por qué a él?" se lamentaba una y otra vez, tratando de entender el trágico destino de su joven amado. Daría lo que fuera por volver al pasado y evitarle ese terrible dolor…

Al cabo de unos segundos más, en los que trato de reprimir un amargo llanto, se levantó, dispuesto a dejar la habitación llevando la maleta consigo.
Con mucho malestar echo un vistazo al resto de la casa: comprobó si todas las ventanas y puertas estaban bien cerradas y bajo llave; reviso que las tomas de agua y gas estuvieran bien cerradas, reviso la nevera y decidió llevar consigo los comestibles que estuvieran próximos a caducarse para evitar desperdicio, desconecto los aparatos innecesarios y finalmente salió de la casa, no sin antes comprobar que dejaba la puerta principal bien cerrada.

Observo que Law seguía en el auto, negándose a mirar en dirección a su hogar. Rosinante dejo la valija en el portaequipaje y el resto de las cosas de cocina en el asiento trasero.

—Law ¿estás seguro de que no requieres algo más?—pregunto Rosinante con cautela y voz suave—. No hay prisa… Si necesitas un tiempo para…

—No, ya vámonos.

Y Rosinante, resintiendo todo el dolor que debería estar experimentando Law al estar frente a su casa, decidió no insistir. Encendió el auto y fueron de regreso al hogar de Rosinante y, al igual que el camino de ida, fue un recorrido silencioso.
Al llegar al apartamento, Law subió su propia maleta que dejo en la esquina de la sala de estar, pues el adolescente había acordado consigo mismo que dormiría en el sillón de aquella estancia, aunque aún no le había mencionado nada a Rosinante.

—El agua caliente sale de la toma derecha. Puedes usar la toalla amarilla, es nueva, la compre hace horas… También te conseguí un nuevo cepillo de…

—Rosinante…

— ¿Si?

—Ve a descansar, no necesitas estar indicándome todo—declaro Law sin voltear a ver a su nuevo tutor. El joven moreno ya estaba frente a la puerta del cuarto de baño.

—Perdón... No quise molestarte—balbuceo el rubio sintiéndose un completo torpe—. Iré a caminar un rato… Si necesitas algo, solo llama, llevaré mi teléfono—y Rosinante, aun sintiéndose avergonzado por las palabras de Law, salió del apartamento con una postura que reflejaba su estado emocional; una mirada baja, llena de vergüenza y tristeza.

Al bajar Rosinante no pudo evitar consumir otro cigarrillo, lo necesitaba más que nunca. Era necesario que retomara la mejor calma posible, no había cabida para ponerse en actitudes débiles y sensibles…
Mañana tendría que lidiar con toda la dirección escolar, comunicarles la situación de Law y del finado señor Trafalgar; luego de cumplir con ese asunto tendría que ir con todos los encargados legales necesarios para asegurar el futuro de Law con completa seguridad.

Mientras tanto, Law ya se encontraba dentro de la regadera, lavó rápidamente su cabello, tallo con algo de brusquedad el resto de su cuerpo y en unos minutos terminó con su ducha.
No tardó mucho en secarse, se vistió con una sencilla y suelta ropa de dormir que consistía en un pantalón y camiseta de tela de algodón de colores negro y amarillo, para finalmente dejar sus pies descalzos.
El jovencito fue hacia la cocina, bebió un gran vaso de agua y se dirigió hacia la sala de estar, acostándose sobre el sofá, decidiendo que ya no había nada más que hacer o pensar…
Pensar, eso era lo último que quería hacer, pero fue inevitable, no tardó mucho en evocar las imágenes de esta mañana; los recuerdos del día de ayer y de su cumpleaños; todo su pasado junto a su familia…
Pronto trato de negar todo, quedarse en blanco, cerrar los ojos y tratar de dormir.

—Maldita sea…—y Law no pudo resistir más. Dejo escapar un sollozo reprimido que luego se fue convirtiendo en un silencioso llanto. Los ojos del muchacho se cerraban fuertemente, de la misma manera en que apretaba su mandíbula para no dejar escapar más lamentables sonidos.

Su tristeza y desesperación se intensifico al momento en que una gran interrogante llego a él…
¿Acaso los culpables de acabar con la vida de su padre pagarían por ello?

Después de unos veinte minutos, Rosinante había terminado su rato de fumar, había calmado sus nervios y se sentía listo para volver a su pequeño hogar.

Cuando Rosinante entro al apartamento, en cuanto Law escucho la puerta abrirse, se apresuró a retomar la compostura, seco todo rastro de lágrimas y demás fluidos consecuencia del llanto, y se mantuvo en un frio silencio que casi se disfrazaba con la concilia del sueño.
El hombre de cabello rubio decidió acercarse y con cuidado poso una mano sobre la cabellera del joven.

—Law… Quería decirte que…

— ¿Qué?

—Si no te sientes preparado para asistir a la escuela pronto, lo entenderé. Yo les explicaré...

Law se mantuvo en silencio.

—Ya es tarde, ve a dormir en mi cama—le indico Rosinante.

—Dormiré aquí.

—Claro que no, vamos, tienes que descansar apropiadamente—y Rosinante tomo una mano de Law para tratar de llevarlo a la habitación pero Law se rehusó apartando la mano del hombre rubio—. Law…

—Tú no podrías dormir en este sofá, eres demasiado grande para que duermas aquí.

—No me importa. No te preocupes por eso, por favor, ve a la cama—replico Rosinante elevando un poco su tono de voz.

Law, esbozando una fría expresión, se levantó de ahí y fue hacia la habitación como Rosinante le había pedido. El jovencito no tardó mucho en quedarse dormido.
Rosinante lo vigilaba desde el umbral de la puerta…
Pronto el sueño y cansancio también le invadió, tomo un par de sabanas y fue a sentarse en el sofá, para dormir.

Al día siguiente, Rosinante despertó en el mismo horario que usualmente tenía entre una semana normal. Cuando fue hacia su habitación en busca de su ropa, observo como Law seguía profundamente dormido; sintió un arrebato de ternura pues nunca antes había podido apreciar bien una escena así…
Que vulnerable lucía aquel desafortunado muchacho.
Rosinante se acercó con tremendo cuidado hacia Law y acaricio el cabello del joven.

—Descansa…—murmuro Rosinante sin dejar de conmoverse por Law.

Al llegar a su empleo, el hombre de cabello rubio fue directamente a hablar con los directivos de la preparatoria, teniendo que sacrificar bastante tiempo de su primera clase.
Para la sorpresa de Rosinante, no tuvo que explicar mucho sobre el fallecimiento del señor Trafalgar, la trágica muerte del médico apareció en periódicos y algunos noticieros locales.
Pero lo que tuvo que explicar bastante fue el hecho de que ahora sería el encargado de cuidar a Law hasta que cumpliera la mayoría de edad.

—Aún no se han comenzado los procedimientos legales necesarios, pero ya contacte a varios asesores legales del señor Trafalgar—dijo Rosinante con voz seria y algo nerviosa—, probablemente en estos próximos días ya…

—Entonces, profesor Donquixote, ¿el joven Trafalgar ahora se encuentra viviendo con usted?—pregunto el director entrelazando los dedos de sus manos.

—Sí, por el momento y hasta nuevo aviso, el muchacho estará viviendo en mi domicilio actual. Law no quiere estar en su hogar por ahora, es algo muy difícil para el estar ahí…

—Ya veo, es comprensible. Y también el hecho de que no asistiera hoy; pero profesor Donquixote, deberá estar al corriente de llevar las tareas que el joven Trafalgar tenga que cubrir en todas sus materias, así como de sus calificaciones y demás requerimientos escolares que tenga de ahora en adelante…

—Si, por supuesto. Pero no podría decir cuánto tiempo le tome a Law estar listo para volver a sus clases.

—Creo que será necesario que el joven Trafalgar asista a terapia psicológica, profesor Donquixote puede disponer del mismo departamento que tenemos aquí en la institución, a menos que usted considere otra opción…

—Si… Tiene razón, es algo necesario…—balbuceo Rosinante temiendo por el momento en que le propusiera eso a Law.

—Bien, creo que por el momento no hay más que discutir… Envíe mis condolencias al pobre muchacho.

—Gracias, lo haré. Con permiso…

Y dentro de un par de horas más, Rosinante tuvo que dar clases al grupo al que pertenecía Law. Pudo notar que los amigos del muchachito le echaban miradas interrogantes como preguntando por la presencia de Law…
Y al finalizar la asignatura, Shachi y Penguin le abordaron, poniéndose frente al frente del escritorio.

— ¿¡Cómo está Law!? ¿Sabe algo de él?—pregunto Penguin con voz impregnada de preocupación.

—Nos enteramos por la televisión… No podíamos creerlo… ¿El sigue en su casa?—pregunto Shachi con voz desanimada.

Rosinante lanzo un pesado y triste suspiro y dirigió su cobriza mirada al par de muchachos.

—Law necesita tomarse un descanso por ahora, no sé cuánto le tome regresar a la escuela. El… Por el momento no estará en su casa, creo que entenderán porque…

— ¿Entonces? ¿Dónde está? ¡Si lo necesita puede venir a vivir con nosotros!—soltó Penguin.

—Creo que si Law estuviera aquí, apreciaría mucho su preocupación, pero por ahora, estará bajo mi tutela. Ese fue… Fue el último favor que pidió su padre…—y al decir esto último la voz de Rosinante se quebró un poco.

Penguin y Shachi miraron al rubio profesor con suma tristeza y se mantuvieron en silencio por un buen par de segundos.

— ¿Podemos visitarlo?—pregunto Shachi con cautela.

—Si… Creo que Law se sentiría bien al verlos…—murmuro Rosinante mientras arrancaba una pequeña hoja de su bloque de notas y escribía su dirección para que los chicos fueran después—. Pero… Creo que hoy no sería el día apropiado, Law aún necesita más descanso y tiempo para asimilar todo.

— ¿Podríamos ir este jueves?

—Si, tal vez… Se lo mencionare a Law, mañana les daré su respuesta, ¿sí?

—Gracias, profesor…

—Ahora, creo que deben darse prisa para ir a su siguiente clase—dijo Rosinante tratando de esbozar una débil sonrisa.

—Dígale a Law que cuente con nosotros, siempre. Si quiere hablar por teléfono, puede llamarnos cuando quiera—dijo Penguin.

Y ambos alumnos se retiraron del aula con paso apresurado.
Al salir de aquella estancia, Shachi y Penguin se tomaron un momento para reflexionar sobre la situación en la que su amigo se encontraba…
Aunque seguían teniendo algunas diferencias entre ellos, estarían dispuestos a ir juntos a visitarlo y brindarle su apoyo.
Shachi miro directamente a Penguin y sostuvo su mirada en él por unos segundos.

— ¿Qué pasa?—soltó Penguin con algo de indiferencia al notar que su compañero le miraba.

—Nada… Solo… Bueno, más tarde te lo diré…

Y continuaron su camino.
Horas más tarde, cuando la jornada docente se terminó para Rosinante y este estaba en camino hacia su departamento, decidió ir a echar una vuelta para ver cómo se encontraba la casa de Law. Todo estaba en orden, nada fuera de lo común, era una suerte que estuviera en un buen vecindario.

—Law… Ya llegué…—dijo Rosinante al entrar a su hogar. El rubio no recibió respuesta— ¿Seguirá dormido?

Fue hacia la habitación y encontró a Law acostado en la cama, con la mirada fija en el techo. El joven seguía con su ropa de dormir.

—Law… ¿Desayunaste algo? ¿Hace cuánto llevas despierto?

—Ya desayuné—se limitó a contestar el muchacho sin mirar directamente a Rosinante.

—Bien…—y Rosinante dejo su maletín al pie de la cama y comenzó a quitarse la corbata azul con patrón de corazones blancos—. Law, ya hable con la dirección; les dije que no te sentías bien para asistir a clases… Sin embargo, las tareas tendrán que ser hechas, traje toda la tarea de tus asignaturas de hoy, pero si no te sientes bien para hacerlas, te ayudaré con…

—Claro que no… Dámelas, puedo hacer esas tonterías—dijo Law incorporándose y mirando el maletín de Rosinante— ¿Acaso estan ahí?

—Sí… Pero Law…

—Te dije que puedo hacerlo.

—Está bien… Quería decirte que en un par de horas me reuniré con alguno de los abogados de tu padre, comenzare con todos los trámites necesarios para que…

—Bien—le corto Law— ¿Podrías darme mis tareas?

—Claro… Aquí tienes. Law, también quiero que sepas que tus amigos preguntaron por ti, realmente estaban preocupados… Les dije que ya estabas aquí, me pidieron visitarte, les dije que sí, pero que aún necesitabas algo de tiempo…

— ¿Les diste la dirección de este lugar?

—Sí, estuvieron de acuerdo conmigo en que necesitabas unos días, decidieron venir este jueves a verte…—le informo Rosinante temiendo por una reacción brusca de Law.

Law se mantuvo en un frio silencio de nuevo, se dispuso a comenzar a hacer sus tareas mientras Rosinante buscaba un nuevo cambio de ropa.
El jovencito siguió haciendo su tarea hasta que dentro de unos cuarenta minutos más dio por terminada y fue hacia la sala de estar en busca de su teléfono celular. Rosinante estaba comiendo su almuerzo en la sala de estar mientras revisaba un par de cosas en su computador portátil.
Law pensó que tal vez debía traer su computadora al departamento también…

Llego el jueves. Law se sentía con el ánimo ligeramente más elevado debido a que hoy vería de nuevo a sus amigos…
Para cuando Rosinante llegó del trabajo, Law fue rápidamente a buscar un cambio de ropa que consistió en unos jeans, una camiseta negra y una chaqueta azul. Se peinó un poco y se dispuso a salir.

— ¿Law…?

—Iré a casa de mis amigos—contesto Law secamente mientras se dirigía a la puerta—. Vuelvo más tarde.

— ¡Espera…! Pensé que se verían aquí…

—No quiero que vengan.

—Entiendo… ¿Al menos puedo llevarte? Además necesito que me digas donde viven, por precaución, necesito saber dónde estarás—declaro Rosinante dejando sus deberes a un lado y levantándose del sofá—. Solo dame unos minutos, de todos modos ya tenía que irme, también iba ir a…

—Puedo ir solo, pero si tanto quieres saber dónde estaré…—y Law busco una pluma y papel para escribir la dirección requerida—. Aquí esta.

— ¿A qué hora volverás? ¿Quieres que vaya por ti?

—No lo sé… Y no, gracias.

—Pero…

Y Law ya no quiso escuchar más, abrió la puerta principal y salió de ahí con paso apresurado, mientras que Rosinante se quedaba pasmado mirando como la puerta se había cerrado y resintiendo la manera tan cortante con la que Law se había retirado.
El muchacho decidió tomar el autobús hasta aproximarse a una zona cercana al vecindario de la casa de Penguin y Shachi y luego caminar hasta llegar a esta.

—Law…—recibió Penguin al abrir su puerta principal. El muchacho de la gorra con la leyenda de pingüino abrazo fuertemente a su amigo en cuanto este último entro a la casa y la puerta se había cerrado—. Lo lamento tanto…

—No pasa nada…—balbuceo Law que rápidamente trato de cambiar de tema— ¿Y Shachi?

—Él… Bueno, él… Salió hace rato—contesto Penguin dejando ver una mueca que trataba de disfrazar algo muy frustrante y doloroso para él—. No sabe que estas aquí, estábamos muy seguros de que te veríamos hasta dentro de un par de días más...

— ¿No trataste de llamarlo?

—Lo siento, Law… No… El… Por fin consiguió salir con esa chica que lo trae tan distraído… No quise…—y la voz de Penguin comenzó a quebrarse—. Perdón, mira que idiota soy al ponerme así por una tontería como esta… No es nada comparado con lo que debes de estar pasando ahora mismo, debo de parecerte un patético llorón…

Law miro a su amigo, su grisácea mirada recorrió el triste semblante de Penguin y una idea que venía construyéndose desde el camino hasta ahí se empezaba a antojar más razonable.
El joven moreno poso su mano derecha sobre el hombro de Penguin y con voz calmada le propuso:

— ¿Qué tal si vamos a beber algo?

— ¿Ahora mismo? No creo que sea buena idea…—se sorprendió Penguin.

—Bien, nos quedamos aquí… ¿Tendrás algo por ahí? ¿O voy a conseguirlo?

—Eso… Bueno… Si nos quedamos aquí no creo que haya tanto problema…—balbuceo el joven de la gorra—. Creo que luego tendré que reemplazar la botella de whisky de mis padres…

— ¿Hace cuánto estan de viaje?

—Dicen que llegaran para navidad…—dijo Penguin con voz desanimada mientras se dirigía hacia un estante cerca de su sala de estar donde estaba resguardada aquella botella de licor que muy pronto fue abierta y cuyo contenido de color caramelo fue vertiéndose en un par de vasos de cristal junto con un par de cubos de hielo.

Law bebió su porción con rapidez, dispuesto a beber cuantas pudiera.
Pasaron casi diez minutos de silencio hasta que Penguin inició conversación.

—Law… Entonces ¿estás viviendo con el profesor Donquixote?

—Sí…—resoplo Law para después beber un largo sorbo de su vaso.

—No lo habría imaginado… Al menos no tendrás que estar bajo supervisión de un desconocido asistente social, ¿o sí?

—No lo sé.

— ¿Piensas regresar pronto a la escuela?

—No tengo idea...—y se sirvió más bebida.

—Perdón… Debe resultarte tedioso pensar en cosas así ahora mismo—y Penguin le dio un sorbo a su vaso—. En verdad pensé que tendría que verte hasta el jueves… ¿El profesor Donquixote te dejo salir?

—Le avise que saldría, le dije que vendría a verlos…—contesto Law dando un sorbo a su licor—. Pero por supuesto que no sabe que vine a hacer esto…—y dio otro trago.

—Entonces, el no vendrá por ti más tarde, ¿o sí?

—Le dije que no necesitaba hacer eso. Además, le di una dirección falsa…

Penguin miro perplejo a su amigo que seguía consumiendo aquella bebida sin tomarse un descanso entre tragos; definitivamente Law estaba tomando una actitud extrema, en especial después de haber sufrido un incidente de tal magnitud como el fallecimiento de su padre.
Su amigo ya comenzaba a percibirse algo afectado por el licor, después era algo fuerte y Law lo estaba bebiendo así sin más y con destacada rapidez.

—Law… No creo que debas seguir bebiendo… No debiste hacer eso—se atrevió a decir con cierto temor a ser confrontado por su amigo—. Creo que ese tipo tiene las mejores intenciones para ti, después de todo ahora el estará cuidándote, ¿no crees que debes tratar de mantener una buena postura por ahora? Tampoco es bueno para ti que estés bebiendo así después de…

Y de pronto Law azoto su vaso contra la mesa en donde estaban recargados.
Penguin se sobresaltó mirando impresionado a su amigo.

—Penguin, ¿vas a sermonearme? No vine para eso… Pensé que tú también querías olvidarte un rato de toda la mierda que nos ha pasado, ¿no?

—Pero Law…

— ¿¡Quieres seguir interrogándome respecto a lo que me ocurrió!?—inquirió Law poniéndose cada vez más irritable— ¿¡Quieres seguirme recordando lo que me paso!? ¿¡Quieres saber…!? ¡Pues bien…!—y Law bebió otro largo sorbo antes de continuar y ponerse de pie, tambaleándose un poco— ¡NO TENGO IDEA DE QUIENES FUERON LOS IMBÉCILES QUE MATARON A MI PADRE! ¡NO TENGO NI LA MÁS JODIDA IDEA DEL PORQUE LO ASESINARON…!—y la voz de Law comenzó a temblar a causa de la rabia y tristeza—. Y ahora… Ahora tengo que vivir con la persona que… Él… él… Nada volverá a ser como antes…

Penguin no entendía muy bien lo que Law dijo al último, pero aun así no se atrevía a cuestionar nada, estaba estupefacto ante la reacción de su amigo.

— ¿Por qué…? ¡¿POR QUÉ MI PADRE TUVO QUE PEDIRLE ALGO ASÍ!? ¡¿Por qué a él…!?—gritó Law cerrando con fuerza sus manos convirtiéndolas en puños y pronto sus ojos dejaron escapar lágrimas amargas.

—Law… ¿No quieres seguir viviendo con el profesor Donquixote? ¿Paso algo malo con él?—pregunto Penguin preocupándose demasiado por una posible respuesta afirmativa.

—No… él… Siempre ha sido bueno conmigo…—dijo Law con voz frustrada y triste. El muchacho apretaba sus dientes debido a la conmoción—. Con todos… Tal vez por eso mi padre le eligió… Pero…

— ¿Pero…?

—Penguin… Yo… Y él…—y Law no tuvo que decir nada más para que Penguin entendiera la naturaleza del asunto—. Prométeme que no se lo dirás a nadie…

Penguin se quedó completamente atónito. Por supuesto que no le diría a nadie, menos aún en la situación por la que ahora atravesaba Law, pero no dejaba de sorprenderse por la revelación que ahora se le presentaba...
Ahora entendía un poco más la frustración de su amigo, no solo tenía que lidiar con el inmenso dolor de perder a su padre, sino con la culpa de haberse relacionado con en el que ahora sería su tutor por propia decisión del señor Trafalgar; el fallecido hombre nunca debió haber sospechado algo entre ellos.

—Lo prometo, Law.

—Gracias…—y Law se desplomo sobre su asiento de nuevo. El joven ya sentía un intenso mareo y nauseas.

—No te preocupes, pero…—y Penguin llevo la botella de licor fuera del alcance de Law—. Ya no podemos seguir bebiendo…

Para cuando Law se calmó un poco, Penguin le recordó el detalle que Law había hecho respecto a mentirle a Rosinante sobre la dirección en donde estaría.

—Ah… Si me ve de este modo… Se pondrá histérico…—jadeo Law llevando una mano hacia sus ojos para frotarlos un poco para después pasarla por su cabello—. Esperemos un poco más… Cuando me sienta mejor llamaré un taxi…

—Muy bien, creo que prepararé algo de comer.

Transcurrió una hora, durante ese lapso Law le contó el cómo fue que se había relacionado con Rosinante, los momentos que había pasado con él y el cómo se había enamorado en serio de aquel hombre rubio tan gentil.
Para Penguin era algo increíble, nunca se había imaginado que su amigo se atreviera a salir con alguien mayor, menos aún que fuera alguien tan cercano como un profesor o el antiguo huésped de su hogar.
Ahora recordaba aquella ocasión en que Law se había embriagado demasiado en el bar al que solían colarse y el profesor Donquixote había ido en su auxilio, ahora tenía sentido.

—Y… Law… ¿Acaso ya te…? Quiero decir… ¿Te has acostado con él?—pregunto Penguin con algo de temor y una tremenda curiosidad que no pudo evitar.

—No… No… Él no lo ha permitido. No es esa clase de persona…—suspiro Law aun con la mirada perdida y sintiéndose algo desorientado.

—Si… No parece un tipo muy atrevido. Aun así, me parece impresionante que haya algo entre ustedes. Aunque… Ahora, lo veo como algo muy difícil y riesgoso…

Law miro amargamente hacia el piso. Como le frustraba pensar en ese tema en realidad, era algo que le resultaba sumamente doloroso ahora.

Mientras tanto, Rosinante (antes de ir a reunirse con los abogados y demás encargados legales de los procesos que tendría que llevar a cabo para obtener la custodia de Law) conducía en camino hacia un vecindario…
En el asiento del copiloto había un pequeño ramo de flores variadas.
Finalmente detuvo su auto frente a una sencilla casa de color café claro.

Bajo del vehículo llevando las flores con cuidado, llegó frente a la puerta principal y dio dos golpes moderados a esta última pues no había algún timbre del cual tocar.
Después de unos segundos, le recibió un muchacho de tez pálida, cabello oscuro y fríos ojos de color verde claro. El sujeto tendría más o menos la edad de Rosinante, pero sin duda, su rostro y expresión le hacían ver de alguna manera más curtido que el joven de cabello rubio.

—Hola…

—Pasa.

—Gracias…—y Rosinante se adentró en aquel hogar, ingresando a la sala de estar automáticamente—. Quería decirte que aprecio mucho que me dejarás venir…—murmuro el rubio con cautela, cuidando mucho su tono de voz—Realmente… Quería despedirme apropiadamente de ella… Lo lamento mucho…

Aquel muchacho, cuya fría mirada había sido tan dura en todas las ocasiones en las que Rosinante lo había tenido enfrente, dejo entrever una triste y amarga expresión. Este le indico que le siguiera hasta llegar frente a un mueble en donde una foto de su finada novia se encontraba detrás de una urna funeraria.
Luego miro a Rosinante y decidió retirarse de la estancia por unos minutos.
El rubio entendió la intención de darle un tiempo para dirigirle unas palabras a solas.
Rosinante dejo las flores sobre aquel mueble, con un gesto solemne se puso de rodillas y después de unos segundos comenzó a soltar un par de lágrimas al observar con atención aquella fotografía de su antigua compañera.

Observo la confiada y amigable sonrisa de la muchacha, los ojos castaños tan alegres y el cabello largo y rubio…
No pudo evitar recordar a su madre, tal vez con suerte, se conocerían en un lugar más allá de la vida.
Eran tan tristes e injustas las condiciones en la que esta muchacha había fallecido; solo por estar presente en un lugar y ser testigo de otro terrible crimen, aquella muchacha perdió su vida, y con la de ella, la de un futuro hijo.
Sea quien fuera el causante de aquel trágico incidente, no tendría perdón jamás y, para Rosinante, sería un ser despreciable justo como aquellos que tomaron la vida de sus padres hace años.

Aunque tal vez fueron pocos los momentos en que pudimos convivir, siempre fuiste alguien amable…—musito Rosinante en idioma español, justo como solía hacerlo cuando hablaba con ella, mientras agachaba su cabeza y trataba de no derramar más lágrimas—. Nunca olvidaré todos esos gestos de ayuda que me brindaste… Descansa.

Se puso de pie, se limpió el dorso con un pequeño pañuelo que ya llevaba en el bolsillo izquierdo de su pantalón y se preparó para marcharse, en camino a sus obligaciones legales relacionadas a Law.
Se despidió de aquel duro muchacho que, por primera vez, le brindo una sonrisa, aunque esta fue una sonrisa triste, y ambos se desearon suerte y fortaleza para todo lo que viniera en el futuro.

Horas después cuando el cielo ya se había oscurecido, Rosinante apenas había terminado sus consultas legales y principios de trámites.
Saco su teléfono celular y decidió llamar a Law, esperando que el jovencito ya estuviera en el departamento.

— ¿Law…?

— ¿Qué sucede?

— ¿Ya llegaste a casa?

—No.

—Law… Ya es tarde, pensé que… Bueno, no importa ya. Enseguida iré por ti—le informo Rosinante sin dejar de caminar hacia su auto.

—No… Quiero decir… Yo regresaré por mi cuenta, pediré un taxi.

—No quiero que gastes dinero de esa forma, no tiene sentido. Iré por ti, no te preocupes…

—Rosinante, vine a otro sitio.

—Ah… ¿Entonces en dónde estás?

—Te mandaré la dirección en un mensaje. Nos vemos…—y la llamada termino.

—Toma un par de mentas—le indico Penguin dándole un par de pastillas para ocultar el aliento alcohólico que había quedado impregnado en Law desde hace rato—. Espero que sea suficiente…

Y en ese momento, Shachi entro a la casa. Este se quedó impresionado al ver que Law estaba ahí.

—Law… ¡PENSE QUE NO TE VERÍA HASTA DENTRO DE UNOS DÍAS…!—exclamo Shachi yendo rápidamente hacia su amigo.

—Hola, Shachi…—saludo Law mientras el chico pelirrojo le dio un cálido abrazo—. Lo siento, pero ya tengo que irme…

—Pero…

— ¿Qué tal si vuelvo el sábado en la tarde?—propuso Law mientras se dirigía a la puerta principal para salir de la casa.

—Claro… No te apures, cuando quieras y puedas hacerlo. Cuídate mucho, descansa, Law...

—Descansen… Buena noche—y el chico de cabello negro salió de ahí.

Dejando a un Shachi sumamente incomodo, con una mezcla de vergüenza y confusión, este volteo a ver a Penguin y sin poder aguantar sus ganas de cuestionar…

— ¿Por qué no me llamaste para decirme que Law había venido?

—No quise molestarte…—soltó Penguin con voz fría. El chico se fue a sentar a un sofá y luego agrego algo que no quería decir pero no pudo evitarlo: —. Viendo lo mucho que te costó conseguir una cita con esa chica…

— ¿Es en serio…? Por dios… Penguin, pude haber venido—declaro Shachi dejando ver una expresión de molestia—. Carla sabe muy bien que Law es mi amigo, también se enteró de lo que ocurrió, media escuela lo sabe… Pudo haber entendido…

Penguin, al escuchar esto último, tuvo que admitir que probablemente era cierto, pero debido a que su resentimiento estaba muy enardecido en estos momentos decidió callar y pasar de largo el asunto, encendiendo el televisor e ignorando la expresión de molestia de Shachi, mientras este último, dando un bufido de fastidio, fue hacia su habitación.

Por otra parte, Law esperaba a Rosinante en un pequeño autoservicio, en un par de minutos el auto color gris había llegado frente al muchacho.
Law abordo el vehículo y…

—Entonces ¿fuiste con tus amigos?

—Si. Pero luego quise estar un rato solo… Por eso vine a esperarte aquí—dijo Law con voz calmada mientras dirigía su grisácea mirada a la ventana de su costado.

—Entiendo… Tengo que contarte varias cosas—dijo Rosinante que al igual que Law hablaba con voz tranquila y suave—. ¿Quieres que compre algo para cenar o prefieres algo casero?

—Hace rato me dijiste que no gastara el dinero, deberíamos comer en casa—señalo Law—. Puedo prepararme algo al llegar.

Para cuando llegaron a casa, Law fue inmediatamente a la cocina. Mientras que Rosinante dejo un par de documentos y carpetas sobre la mesita de la sala de estar. El hombre de cabello rubio, al recibir un plato de sopa de parte de Law, le pidió que le acompañara en la sencilla cena.

—Law… Hoy hable con los abogados de tu padre, me comentaron que tendrás que acompañarme a una sesión para informarte bien sobre el estado de los bienes de tu padre, como y cuando podrás disponer de ellos… Así como también habrá que asistir a la corte para que pueda ser tu tutor legalmente y… ¿Law?

—Sinceramente, no quiero escuchar nada más sobre esos asuntos, hasta que llegue el momento en que tenga que ir a pararme delante de esos tipos—comento el jovencito mirando fríamente su plato de comida.

—Entiendo… Lo siento mucho—murmuro Rosinante. El rubio dejo pasar unos segundos para continuar hablando—. También quería mencionarte que hoy fue a visitar a Velia…

Hasta el momento el jovencito no se había preguntado las circunstancias en las que aquella muchacha había terminado, se sintió un tanto culpable y con algo de triste frustración cuestiono a Rosinante por qué no le había avisado que haría algo así.

—Te lo iba a decir… Pero vi que estabas muy apurado en irte… No me diste tiempo—balbuceo Rosinante apenado por no haber insistido—. Perdóname… Si quieres puedo llevarte mañana.

—No, prefiero ir solo después.

—Law… También quería hablarte sobre que… Es muy posible que necesite conseguir otro empleo—prosiguió Rosinante con cautela—. Por el momento he podido solventar los gastos pero no es seguro que pueda mantenernos con mi sueldo actual a largo plazo… Y el proceso para que puedas disponer del dinero de tus padres tardara algo de tiempo, así que…

—Yo puedo trabajar—dijo Law con indiferencia.

—No, claro que no. Daré asesorías extras cuando pueda, no sé, incluso cualquier trabajo sencillo que pueda conseguir sería de ayuda, no te preocupes por eso… Solo quería avisarte de esto… No quiero que descuides la escuela.

Y Rosinante decidió acercarse un poco más a Law; habían tenido una interacción tan fría y distante desde que el jovencito llego a su casa, quería recordarle que estaría a su lado apoyándolo y que estaría dispuesto a cuidarlo en cualquier situación.
El hombre rubio dejo su plato sobre la mesita y coloco sus manos en los hombros del joven moreno, haciendo que este volteara a mirarlo directamente.
Ambos fijaron sus miradas en el rostro del otro; en la cobriza mirada de Rosinante reinaba una mezcla de inseguridad, actitud interrogante y desesperación por entender a Law. En la grisácea mirada de Law solo había un extraño vacío que a veces se disipaba para darle paso al hastío y una seria tristeza.

Rosinante se acercó un poco más a Law y al hacer esto pudo notar un leve aroma a alcohol que emanaba de la ropa del muchacho.

—Law… ¿Acaso…? ¿Estuviste bebiendo?—cuestiono Rosinante con voz pausada y muy tenue.

Law lanzo un pesado suspiro y cerro sus ojos en expresión de cansancio mientras alejaba las pálidas y grandes manos de Rosinante.

—Si. Lo hice—terció Law admitiéndolo de una buena vez para no darle tantas vueltas al asunto—. No estoy ebrio, no ocurrió nada grave, no es para tanto…

—Law…

— ¿Qué? ¿Me vas a castigar?—inquirió el chico mirando a Rosinante con una fría mirada retadora.

—No…

—Solo quería olvidarme un rato de toda esta maldita situación…—soltó Law levantándose del sofá.

—Sé que estás pasando por un momento horrible, Law—comenzó a decir Rosinante quien también se puso de pie y decidió adoptar un tono de voz muy grave y duro, algo que tomo por sorpresa al adolescente—. Lo sé mejor que nadie… Sabes que también pase por algo así hace años… Pero no puedes hacer esa clase de cosas, menos aún en estas circunstancias, no te ayudara en nada.

Law guardo silencio mientras Rosinante trataba de guardar la calma y se tomaba unos segundos para continuar hablando. El rubio había comenzado a temblar un poco y su rostro reflejaba muy bien la tensión que le causaba estar en una posición así.

—No quiero que… No, no debes de volver a hacer algo así. No lo hagas por mí, hazlo por ti… Por tu bien, necesitas ser fuerte y estar dispuesto a seguir en tu mejor forma, aunque todo te parezca inútil y estúpido…

Al ver que Rosinante no podía seguir hablando, Law quiso salir del departamento pero:

— ¿A dónde irás?—le pregunto Rosinante mirándolo con algo de asombro y molestia como si el muchacho no hubiera tomado en cuenta todo lo que había dicho anteriormente.

—Quiero estar solo…—dijo Law.

—Ya es tarde, no es seguro que bajes. Quédate aquí, yo me iré por un rato—declaro el hombre rubio con voz cortante mientras se ponía un abrigo negro—. Buenas noches…

Law se quedó mirando la puerta principal que se había cerrado de manera tan estrepitosa cuando Rosinante salió de ahí.
No sabía bien que pensar o que decir, por una parte, sentía una terrible culpa para con Rosinante, el solo buscaba lo mejor para él…
Pero también era inútil negar que sentía una intensa mezcla de emociones dentro de él y con las que deseaba lidiar a su propia manera.
El jovencito se dirigió hacia la habitación, decidió que ya se iría a dormir y que mañana iría a clases, pensó que al menos ese gesto le ayudaría a calmar a Rosinante de alguna forma.

Pasaron unos veinte minutos y Law se quedó dormido sobre la cama de aquel hombre rubio que apenas terminaba de reflexionar sobre la situación que había ocurrido hace rato, estaba listo para subir y tratar de volver a hablar con Law, pero se llevó una sorpresa al encontrar al muchachito profundamente dormido, sintió un tremendo alivio y fue a descansar también, sentándose en el sofá y quedándose dormido a los pocos minutos.

A la mañana siguiente, Rosinante se despertó al escuchar la alarma de su celular. Al abrir los ojos se sorprendió al ver a Law con su uniforme escolar puesto y desayunando cereal.

—Law… ¿Irás a la escuela?

—No me hubiera molestado en ponerme esta ropa si no fuera así—respondió el muchacho.

— ¿Te sientes completamente seguro de querer asistir ya?

—Si.

—Bien… En un par de minutos estoy listo—y el rubio se levantó rápidamente para ir a vestirse y prepararse para ir a sus clases.

Al llegar cerca del perímetro de la preparatoria Law pidió que Rosinante le dejara en una esquina próxima.

—Pero si podemos llegar juntos, no hay problema…

—Pero no quiero que todos sepan que vivo contigo. No quiero tener que contestar preguntas estúpidas—terció Law.

—De acuerdo…—y el auto se detuvo para que Law bajara del vehículo.

El día transcurrió como cualquier otro, para suerte de Law muchos se abstuvieron de preguntarle o decirle algo que le recordara el trágico incidente con su padre, pero las miradas de pena y melancolía no pudieron evitarse.
Muchas personas le miraban con compasión al verlo, otros con más sutileza y otros no dejaban de mirarlo con cierta curiosidad morbosa en cada oportunidad.

Durante cierto momento del día, cuando Law se dirigió a los baños y este se lavaba las manos...

—Oye, Law.

Law volteo a ver de quien se trataba y sus ojos se llenaron de tensión.
Era Eustass Kid, aquel pelirrojo con el que había peleado hace meses y con el que había tenido distintos enredos de todo tipo hace mucho tiempo atrás.
Law le vio con suma frialdad, esperando cualquier excusa para que empezara una pelea…

—Oye, se lo que paso con tu… Bueno, ya sabes—comenzó a decir el pelirrojo con una voz algo cohibida pero sin sonar tímida ni suave—. Quería decirte que… Lo lamento mucho. En serio.

Law quedó completamente desconcertado, nunca se hubiera esperado tales palabras de parte de Kid. Se limitó a mirarlo con una extraña mezcla de desconfianza y seria incredulidad.

—No sé si lo sabías… Pero después de que peleamos aquella última vez tu padre me busco días después—siguió diciendo Kid mientras cruzaba los brazos—. Claro que me dio un tremendo sermón y me advirtió que no volviera a meterme contigo, pero también… Fue hasta cierto punto… Amable conmigo; es raro que me topé con adultos así, que me tratarán con decencia.

Law dirigió su mirada al piso, tratando de reprimir la sensación de tristeza al imaginarse a su padre hablando.

—No tienes que decir nada, solo quería hacértelo saber… Nos vemos—y el pelirrojo salió del lugar.

Así era y así fue… Kid había conocido a su padre y lo describió a la perfección…
Y de nuevo una tristeza le invadió con intensidad.
Como extrañaba a su padre…
¿Qué clase de idiota fue el que se atrevió a matarle? No se lo merecía…
No… Maldita sea…
Sus ojos dejaron escapar un par de lágrimas por unos minutos, Law se metió dentro de un cubículo para que nadie pudiera verlo hasta que recobrará la calma.

Paso una semana y algunos días…
Los asuntos legales seguían en proceso, Rosinante había conseguido un empleo como asesor educativo en un centro de educación para adultos, cuyas clases ofrecía durante las tardes.
Rosinante y Law seguían con su fría y distante dinámica.

Durante la mañana del 23 de Octubre, Law observo que Rosinante se encontraba algo distraído, a pesar de que no habían estado interactuando mucho, los dos estaban muy al pendiente de los gestos y actitudes del otro.
El hombre de cabello rubio estaba parado frente a la ventana, viendo el horizonte con mirada melancólica.
La razón era que Rosinante se encontraba recordando el hecho de que esa fecha era el cumpleaños de su hermano mayor; se preguntaba que estaría haciendo ahora mismo y como estarían las cosas en su vida.
Si acaso su hermano le estuviera recordando también en ese momento…

—Lo siento, Law… Ya vámonos…—soltó Rosinante al reaccionar que iban tarde a la escuela.

Para cuando terminaron las clases, Rosinante fue a buscar rápidamente a Law, para ir de regreso al departamento, esta vez el profesor no tenía ningún papeleo extra que hacer en la escuela.

—Rosinante…

— ¿Si, Law?

—Quiero ir a mi casa…—declaro Law son voz suave.

Rosinante parpadeo repetidamente en gesto incrédulo. El auto se detuvo ante una luz roja y el hombre de cabello rubio volteo a ver a Law.

— ¿Estás seguro?

—Si… Necesito ir por unas cosas y… Revisar como esta todo…

—De acuerdo.

Finalmente llegaron a la residencia Trafalgar. Todo lucía normal y seguro como siempre, bajaron del vehículo y entraron a la casa, percibiendo la sensación de estar entrando a una especie de templo sacro, guardando silencio y actuando de la manera más seria posible.

—Te esperare aquí…—dijo Rosinante quedándose en el recibidor.

Law fue hacia la segunda planta para dirigirse hacia su habitación.
Pero antes de eso, Law decidió pararse unos segundos ante la puerta de la habitación de su padre…
Sin duda la tristeza era demasiada, pero también una extraña calidez le invadió, como si la comprensión y calidez de su padre pudiera estar sobre él solo al estar cerca de ese lugar.
Luego de unos minutos, se despidió de ese pequeño santuario y luego caminó hacia su habitación.
Al entrar fue inmediatamente por una foto familiar que tenía enmarcada; tomo también el pequeño osito de felpa que había pertenecido a su hermana menor, Lami.
Por supuesto, también llevo consigo aquellos discos que Rosinante le había obsequiado en su cumpleaños, ese disco donde aquel hombre le había dedicado una hermosa canción…
Estaba decidido a llevarse su computador. Siguió echando un vistazo a sus muebles y pensando en si tenía que llevarse algo más…
Abrió varios cajones de su escritorio, agarro el álbum de recuerdos que tenía guardado ahí que contenía fotos con sus amigos, junto con una caja donde había una buena cantidad de dinero, pues eran algunos ahorros de emergencia que siempre tenía como reserva.
Echo todo lo que pudo en su mochila de la escuela, en unos minutos bajaría para que Rosinante le ayudara a bajar con cuidado su equipo de cómputo.

Decidió tomarse unos minutos para seguir viendo y explorando sus pertenencias; sentía como si nunca hubiese vivido ahí y le parecía un tanto irónico que todas esas cosas le resultaran tan familiares como extrañas…
De pronto, mientras revolvía uno de los cajones de su escritorio, se encontró con una pequeña tarjeta de color rosa intenso, con un número telefónico impreso y con una pequeña carita sonriente como decoración.
Hizo memoria de cómo había obtenido esa tarjeta…
No sabía si llevarla consigo o de ignorar y dejarla ahí.
Finalmente la guardo en el bolsillo derecho de su pantalón y continuo inspeccionando.

—Rosinante… ¿Podrías ayudarme a llevar el computador al auto?

—Claro…

Cuando llegaron al apartamento, Law decidió instalar su computador en la sala de estar y comenzar a hacer tareas y revisar unas cuantas cosas más.
Rosinante sintió una pequeña sensación de alivio al ver que el jovencito parecía sentirse finalmente cómodo después de estar varios días viviendo bajo su techo… Sobre todo se sintió muy feliz al ver que Law había avanzado de alguna forma, pues por fin se había animado a regresar a ver su antiguo hogar.
El hombre de cabello rubio fue a su habitación, encendió su computador portátil y empezó a vagar en internet.
Law recordó el disco en donde estaba el video que le había grabado Rosinante.
Tenía una tremenda duda en si verlo de nuevo o no…
Le parecía que había pasado una eternidad desde que tuvo un pensamiento o gesto romántico o pasional respecto a Rosinante, con tantos sucesos, emociones, recuerdos y cambios no le quedaba bastante tiempo para esas cuestiones.

—Al diablo…—y Law se dispuso a reproducir el video en su computadora.

Una cálida y vibrante sensación invadió al jovencito en cuanto el Rosinante de la pantalla comenzó a cantar en aquel español tan suave y arrullador.
Observo la manera tan galante con la que el rubio interpretaba la canción.
Recordó como había sido tan feliz la primera vez que vio ese regalo…
Lo mucho que le había provocado ver algo así y como le inspiraba a volver a ver al rubio de cerca, abrazarlo con fuerza y juntar sus labios con los de él y sentir la hermosa sensación de querer a alguien con tanta pasión y dedicación.

El video termino y Law decidió ir a ver a Rosinante, quien estaba aún inmerso en su laptop. No tardo mucho para que el rubio se percatara de la presencia de Law en el umbral de la puerta de la habitación.

—Law… ¿Qué ocurre?—pregunto Rosinante con voz amable.

—Rosinante…—y Law se acercó a la cama, en donde el rubio se encontraba sentado, tomo asiento junto a él y el rubio decidió cerrar su portátil.

Law miro fijamente a Rosinante por casi un minuto. Fue algo sorpresivo para el mayor, ya que hace mucho que Law no se acercaba tanto a él.

— ¿Quieres hablar de algo, Law?

Law paso saliva, tomo la mano derecha de Rosinante y lentamente se acercó a este, hasta que sus rostros quedaron a un palmo de distancia.
El corazón de Rosinante empezó a latir fuertemente, al igual que el de Law.
Sus respiraciones comenzaron a hacerse más pesadas.
Esa inconfundible sensación de intensa atracción había aparecido en ellos…
El cuerpo de Rosinante inició a temblar ligeramente al sentir que la mano derecha del jovencito se acercaba hacia su mejilla izquierda para acariciarla, mientras los labios de Law amenazaban con acercarse a su boca.

—Law… No…—musito Rosinante con un hilo de voz que fue totalmente ignorado por el muchacho de cabello negro que se abalanzaba sobre él.

Y un beso se consumió. Los sedientos labios de Law rozaban los temerosos labios de Rosinante. Las manos del jovencito pronto se colocaron sobre el espeso cabello rubio del mayor, guiando la aturdida cabeza de Rosinante…
El beso aumento de intensidad; la lengua de Law comenzaba a luchar por entrar en la boca del rubio, las caderas del jovencito se frotaban contra el cuerpo de Rosinante, al punto de notar una leve erección, y ese último gesto fue suficiente para que el adulto reaccionara y detuviera todo.

Rosinante aparto a Law, haciendo que el adolescente le mirará con una mezcla de indignación, asombro y molestia.

—Law… No podemos… Seguir con esto…—dijo Rosinante con respiración afectada, tratando de recobrarse poco a poco. Puso sus grandes manos sobre los delgados hombros del adolescente—. No… Por favor… Comprende que…

— ¿Qué? ¿Acaso nos estan vigilando? ¿Hay alguna cámara o micrófono oculto en el departamento?

—Claro que no—respondió Rosinante dejando ver un poco de enojo en su voz—. Pero Law, entiende, por favor, no es posible… Ya no…—y al decir estas últimas cosas su voz volvió a sonar con un tono débil y desolador.

Los ojos grises de Law se abrieron demasiado. Su rostro se había quedado estático en una expresión de intenso resentimiento al oír esas últimas palabras de Rosinante. Sintió un dolor en su pecho, una fuerte punzada llena de rechazo y frustración. Su respiración volvía a afectarse pero esta vez solo era por la fuerte emoción del despecho y desesperación de ver que la única persona con la que había compartido algo verdaderamente significativo le declaraba su despedida a todo gesto de amor entre ellos.
Tardo unos minutos en tomar valor para decir algo…

—Entonces ¿será así? ¿Ya acabo todo…?—inquirió Law tratando de no elevar la voz y no dejarse dominar por el enfado.

—Law… Todo lo que ha pasado, lo que tenemos que encarar aun… No habíamos podido hablar de esto, pero… No es correcto que tengamos esta clase de relación… Ya no podemos tratarnos así…

Law fijo su grisácea mirada en el estresado rostro de Rosinante. Sus ojos llenos de una terrible frustración que parecía estallar violentamente en cualquier segundo.
Rosinante observo el hostil semblante del muchachito, parecía que había cambiado tanto en tan solo estos días. El rubio, sintiéndose presa de un desconocido terror, bajo su cobriza mirada para intentar calmarse y seguir discutiendo de la manera más sensata y madura posible.

—Law… Puedes encontrar a alguien más… Alguien con quien puedas salir sin ninguna preocupación o problema de por medio—declaro Rosinante evidenciando un temblor en su voz. La idea de renunciar a Law era algo que le dolía más de lo que podía evidenciar; su corazón no dejaba de latir con fuerza, su respiración seguía dificultándose, su garganta parecía tener un fuerte nudo y sus ojos luchaban por no empañarse—. Estoy seguro de que puedes ser feliz con alguien más… Alguien de tu edad… Yo… Decidí protegerte ahora, ya no puedo… Quererte de la forma en que tú deseas… Así que…

—Yo no quiero a nadie más—terció Law—. Tú has sido la primera persona que en verdad…

—Law, eres muy joven aun—murmuro Rosinante sin poder ver directamente al jovencito que se había levantado de la cama y se había posicionado a un lado de el—. Todavía te queda mucho por conocer… No puedo ser el único… Por favor entiende que no podemos seguir con esto…

— ¿Y quién rayos se va a enterar si seguimos con lo nuestro?

—Nadie—declaro Rosinante con voz firme—. Pero… Nunca fue correcto que estuviésemos haciendo esto, lo sabes. Creí que entenderías que las cosas tendrían que cambiar…

— ¿¡Y ahora qué más da!?—gritó Law dejando escapar un deje de furia.

— ¿Qué dices Law…?—musito Rosinante asustado ante la reacción tan visceral del jovencito. Volteó a mirarlo y su temor y nervios se dispararon al conectar su mirada con aquella mirada de Law, llena de resentimiento, una fría ira y que también parecían estarse empañando con amenazantes lágrimas amargas.

— ¿¡Acaso temes que el fantasma de mi padre aparezca y te reclame por haberme besado y…!?

Y después de aquellas desgarradoras palabras, la habitación se quedó en silencio hasta que se hizo presente el estridente ruido de una mano azotándose con fuerza contra la mejilla de alguien.
Una pálida mano de Rosinante había golpeado una mejilla de Law.

Los ojos de ambos reflejaban una expresión de estupefacción, ambos estaban sumamente quietos, respirando con dificultad y tratando de asimilar lo que había pasado.
Pasados unos segundos, Law decidió salir de la habitación.
Rosinante seguía pasmado… No podía creer lo que acababa de hacerle a Law.
Observo la mano con la que había abofeteado al jovencito y sintió un terrible remordimiento; sintiendo que merecía el peor de los castigos por atreverse a golpear a quien amaba más que a nada y nadie.

Law había ido directamente hacia la sala de estar, en donde se encontraban algunas de sus pertenencias. Se puso una chaqueta y zapatos, tomo todo el dinero que disponía y lo guardo en una vieja billetera que había encontrado, agarró su teléfono celular, listo para salir de ese lugar.

—Law… ¿A dónde vas?—cuestiono Rosinante adelantándose a él al ver que se dirigía a la puerta principal. El rubio se puso entre el trecho de la puerta y el jovencito, mirándolo con toda la firmeza que podía seguir manteniendo después de aquel incidente tan lamentable que habían tenido en la habitación.

—No te importa. Quítate, voy a salir…

—Te estoy preguntando a donde piensas ir—reitero el mayor sin dejar de mirar a Law con expresión severa—. Te recuerdo que eres un menor de edad, aun no tienes responsabilidad sobre…

—Hazte a un lado, no eres mi padre, y nunca lo serás—le dijo Law fríamente mientras trataba de hacerse paso hacia la salida, pero Rosinante lo tomo por las muñecas con fuerza para evitar que siguiera avanzando— ¡Déjame…!—y empezaron a forcejear— ¡SUELTAME…!—y de repente Law empujo con fuerza a Rosinante, usando una especie de tacleada. El joven moreno vio una pequeña oportunidad para llegar a la puerta y salir de ahí a toda velocidad.

— ¡LAW…! ¡Por favor, perdóname…! ¡No quise…!—exclamaba Rosinante mientras corría detrás de Law que se dirigía hacia el elevador.

Para suerte del adolescente, el elevador abrió sus puertas y este ingreso antes de que Rosinante le alcanzará. El rubio se tomó unos segundos para recobrar aire antes de comenzar a bajar rápidamente por las escaleras.
Law llegó a la primera planta y en cuanto el ascensor le dejo salir este salió corriendo hacia fuera del edificio, dirigiéndose hacia la calle y perdiéndose lo más posible del alcance de Rosinante.

Para cuando el rubio llego a la primera planta no había rastro del jovencito.
Salió al exterior, listo para ir a buscarlo a las calles aledañas y por todo el vecindario.

— ¿Qué rayos hice…?—musito Rosinante sintiéndose culpable de todo. Apretó fuertemente sus dientes y ya no pudo reprimir sus intensas emociones. Un amargo llanto comenzó a decorar sus pálidas mejillas mientras se dirigía de vuelta al departamento para ir por las llaves de su auto y comenzar a buscar a Law.

Law se había encontrado vagando por calles desconocidas para él desde hace una hora.
Había estado pensando en que tal vez debía ir a casa de Penguin y Shachi, pero no se sentía con el ánimo apto para charlar con ellos ahora.

Ya estaba comenzando a ponerse oscuro y pudo notar que varias personas le habían estado observando con curiosidad.
Pronto decidió tomar un taxi e ir a aquel viejo lugar en donde él y sus amigos acostumbraban a ir a beber.
Con suerte, Rosinante no recordaría la existencia de ese lugar.
Al llegar fue hacia la parte trasera, como acostumbraba ingresar y en unos minutos le atendieron.

—Vaya… Pensé que ya no te vería por aquí—le dijo un empleado mirando al muchachito completamente asombrado. El sujeto noto que Law había cambiado considerablemente desde la última vez en que lo miro— ¿Y en dónde estan tus compañeros?

—En casa… ¿Me dejaras pasar o me tendré que beber algo justo aquí?—inquirió Law sacando un par de billetes, ofreciéndolos al encargado.

—Pasa… Pero ya sabes que hacer si… Bueno, olvídalo, ya no luces tan pequeño como antes—dijo el tipo mientras volvía al interior junto con Law— ¿Y qué vas a querer?

Law comenzó a beber un par de cervezas, luego de una media hora ordeno un par de tragos de vodka que tomo sin consideración.

—Oye, cuidado, si te pones ebrio y no tienes quien te lleve a tu casa, ¿Qué se supone que voy a hacer contigo?—inquirió el encargado de barra.

—Te estoy pagando ¿no? Si eso sucede…—y el jovencito pidió un bolígrafo y una servilleta para anotar la dirección de su antiguo hogar, la residencia Trafalgar—. Pide un taxi a esta dirección, y ya… Dame otro trago…

En cierto momento Law se levantó para ir al baño, comenzándose a sentir desequilibrado. Al terminar su necesidad, fue a lavarse las manos y luego las metió a los bolsillos de su pantalón.
Saco una pequeña tarjeta rosa y de nuevo tuvo que recordar con atención por qué o para que servía tal papelito.

—Oye… Necesito un teléfono…—pidió Law con voz algo irritable al volver a la barra.

—Aquí está su majestad…—soltó irónicamente el sujeto que le había estado atendiendo brindándole dicho aparato.

Law marcó con dificultad el número que venía ahí en la tarjeta, comenzó a marcar pero nadie contesto.

— ¿Qué sucede? ¿No te respondieron?—pregunto el sujeto al ver que Law se había enfadado.

—No…—y Law arrojo la tarjeta con fastidio.

—Oye… ¿Estás buscando a Doflamingo?—pregunto el tipo al notar la tarjeta.

—No sé ni cómo se llama…—soltó Law mientras miraba amargamente su vasito con licor—. Lo vi hace tiempo aquí mismo...

—Sí, es él… Hace mucho que no viene aquí... ¿Para qué rayos quieres contactarlo?

—No te importa…

—Ja, bueno… Si quieres encontrarlo, será mejor que vayas al centro de la ciudad, ahí tiene varios negocios, te será muy fácil dar con él. En especial si vas al club nocturno "Dressrosa", además… Te divertirías más ahí viendo un par de chicas lindas que en vez de estar llenándote de alcohol—le menciono el sujeto mientras limpiaba un tarro.

Law pensó en que tal vez ese tipo tendría razón, tal vez debería ir ahí y tratar de revolcarse con la primera persona que encontrase y olvidar el despecho provocado por Rosinante.

—Llama a un taxi a ese lugar—ordeno Law con voz seria—. Y dame una cajetilla de cigarros…

Dentro de un par de minutos, Law se encontraba llegando frente a aquel club nocturno. El joven había encendido un cigarrillo, como para tratar de ocultar el hecho de que aún era menor de edad. Camino despreocupadamente hacia la entrada y un gigantesco guardia le vio un tanto sospecho pero finalmente le dejo ingresar sin hacer preguntas.
Al entrar se topó con un ambiente totalmente desconocido, mucha música que sonaba estruendosamente, luces, humo y distintas mujeres bailando sobre pistas y mesas. Además noto que la decoración del lugar era bastante extravagante y estaba con una temática de cumpleaños.

Fue hacia una pequeña mesa que por milagro estaba vacía y en cuestión de segundos una atractiva joven de largo cabello verde claro se le acerco cariñosamente. La chica clavo sus dorados y seductores ojos sobre el tenso rostro de Law, que había empezado a sentir algo de duda respecto a su decisión. A pesar de que la chica estaba ataviada solo en paños muy pequeños que dejaban ver sus grandes atributos, Law no pudo sentir ni la más mínima atracción hacia ella.

—Hola dulzura… ¿Es tu primera vez por aquí, cierto?—dijo la muchacha mientras acomodaba ligeramente sus manos sobre los hombros de Law—. No recuerdo haberte visto antes… Eres muy guapo para este lugar…

Law estaba demasiado desorientado y tenso para decir algo.

— ¿No quieres hablar? ¿Qué ocurre? ¿Acaso no te parezco bonita?

Y de pronto una gran figura se acercó a ellos. Un hombre con un extravagante saco de plumas rosadas llego detrás de la chica y la tomo por la cintura para cargarla entre sus brazos. Era un tipo de cabello rubio corto y erizado, con estilosas gafas puntiagudas cubriendo su mirada.

—Mi querida Monet… ¿Qué acaso te olvidaste de mí en pleno cumpleaños?—terció aquel hombre mientras sonreía ampliamente—. Creí que querías verme feliz…

—Claro que no me olvide de usted, joven amo… Solo… Estaba sorprendida al ver a este chico—y la joven señalo a Law—. Nunca lo había visto por aquí…

— ¿Qué?—y el hombre de estilosas gafas rojas dirigió su atención hacia el adolescente—. Oh vaya… Que tenemos aquí, parece que un niño salió tarde de casa…—comento mientras reía con algo de burla. Miró detenidamente a Law y luego tomándose un poco más en serio las cosas le pregunto— ¿No te conozco?

—Sí…—y Law le mostro la pequeña tarjeta que hace tiempo atrás le había dado. No esperaba encontrarlo tan pronto.

—Vaya… Entonces ¿ya nos habíamos visto? ¿Qué ocasión fue?

—En el bar "Spider Miles", ahí nos vimos…—dijo Law mientras se aclaraba la garganta.

—Ah…—y por un breve momento la sonrisa de aquel rubio se desvaneció, como si recordara un momento triste—. Entonces… ¿Qué haces aquí?

—Yo…

— ¡Joven amo, venga, ya llegó su pastel de cumpleaños…!—gritaron varias voces al unísono.

— ¡Ahora voy…!—respondió Doflamingo con voz fuerte y animada. Dejo escapar a la joven de entre sus brazos para indicarle que se adelantara—. Oye tú, ¿quieres acompañarme? Parece que has pasado un mal rato por esa cara tan seria que tienes… ¿Qué dices? A eso viniste, ¿no es así?

Law se levantó y se puso frente a Doflamingo.

—Si…


Bueno, hasta aquí por ahora… Rayos… En serio que siento muchos nervios al terminar este episodio, porque a pesar de que la historia ya estaba planeada así desde hace años, ya cuando lo veo escrito y estoy a punto de publicarlo, me quedo con la sensación de emoción e intriga a lo que puedan llegar a pensar los que leen esto. En fin… Espero que sigan al pendiente de esto, a pesar de que pueda empezar a ponerse dramático, difícil y triste. Pero, como garantía de mi sello personal, todas mis historias sobre Corazon y Law tienen que tener un final bueno, a pesar de que puedan ser resultar algo dramáticas.

Muchas gracias por su paciencia, en serio. Sé que tardo bastante en actualizar esto, les agradezco mucho seguir aquí, en especial por dejar sus opiniones.

Les deseo lo mejor, felices fiestas y un abrazo~

Atte. Levita Hatake