Hola de nuevo 3 Y perdón, como siempre, por la terrible tardanza de meses...
Muchas gracias por su gran paciencia y apoyo, en especial a quienes comentan y esperan la actualización con regularidad.
Estuve trabajando con este capítulo desde Febrero, en serio, quien sabe cuántas veces lo edite y cuanto tarde en avanzarlo...
Me acuerdo que a finales de Abril quería ya terminar pero sentía que aún no lograba lo que quería que pasara.

Una disculpa
En serio espero que les agrade este capítulo, lo hice con harto esfuerzo, ya que desde Abril entre a un nuevo empleo y últimamente ha estado muy pesado, pero por fin me di un espacio para ya terminar el capítulo y publicar.

Espero que estén bien, que les vaya bien en sus vidas y sigan animándose a continuar leyendo este fanfic


Law despertó para ir al baño. Al dirigirse hacia allá, se sorprendió al notar que Rosinante aún no había llegado al departamento.

Al terminar de orinar, observó su reflejo en el pequeño espejo del lavamanos y se percató de las marcas rojizas que Doflamingo había dejado sobre su cuello.

—Maldita sea...—se le ocurrió como podría ocultar aquello; tal vez usaría una bufanda o alguna camisa o suéter de cuello alto.

Ya era tarde, el reloj de la sala marcaba las doce de la noche.

— ¿Dónde estará?—se preguntó el jovencito.

Al cabo de unos segundos decidió ir a buscar al estacionamiento, tal vez Rosinante había bajado a fumar un rato en los alrededores del edificio.

Cuando Law bajó, no le encontró, ni siquiera el auto de Rosinante estaba ahí. Siendo la última opción, regresó al departamento y tomó su teléfono para llamar al rubio. Fueron varias llamadas que no fueron respondidas, hasta que Law mando un mensaje de texto:

«Rosinante ¿Dónde te encuentras? ¿Estás bien? Responde »

Mientras tanto, Rosinante estaba mirando fijamente las llamadas perdidas en su teléfono. Al ver el nombre de Law, sus ojos se empañaron un poco. Ya era hora de volver a casa y a la realidad; las insistentes llamadas de aquel muchacho le hicieron reaccionar sobre lo tarde que era para seguir fuera.

El rubio se dispuso a ponerse de pie, tambaleándose un poco y apoyándose contra la barra para evitar caer.

Y en cuanto Rosinante se levantó, Crocodile (que seguía vigilándolo desde su oficina) no pudo evitar ir hacia su auxilio, lo sentía casi como una obligación...

—Rosinante... ¿Ya pretendes marcharte?

—Si... ya... ya me tengo que ir...

—Entonces te llevaré a casa.

—Oh no... No, gracias... Yo puedo...

—No, no puedes conducir en ese estado. Vamos...

Crocodile, quien había dicho que delegaría a un empleado de confianza la tarea de llevar a Rosinante a su hogar, no se lo pensó dos veces para cuidar del rubio que ahora estaba aturdido y sentado en el asiento copiloto de su elegante auto.

Antes de abordar el vehículo, Crocodile le había pedido a Rosinante las indicaciones sobre su domicilio. Con algo de dificultad, el rubio le señalo un imaginario mapa y finalmente Crocodile revisó la identificación de Rosinante.

Durante el camino, entre semáforos en luz roja y altos, Crocodile volteaba a mirar a Rosinante con diferentes reacciones: a veces le resultaba muy lamentable que aquel rubio tuviera que haber recurrido a la embriaguez para olvidar por un rato algún problema... Los ojos de Crocodile tenían un aire condescendiente.

Luego, por unos instantes, le parecía que el rostro de Rosinante hacía expresiones un tanto tiernas y graciosas. Una vez más, Crocodile reafirmaba que Rosinante era una de esas personas tan peculiares, que combinaba distintos atributos de forma tan sutil...

Finalmente llegaron al edificio del departamento.

— ¿Es aquí?—pregunto Crocodile apagando el auto.

—Si...—respondió Rosinante enfocando con dificultad el inmueble.

Crocodile bajó primero para luego ayudar a Rosinante y llevarlo con cuidado hasta su piso. Llegaron frente a la puerta con el número 5-12.

— ¿Tienes las llaves?—preguntó el hombre de cabello negro.

—Ah... Si... Deben estar por aquí...—y el rubio rebuscó en los bolsillos de su pantalón.

— ¿No sería mejor si llamo a la puerta?—y Crocodile dio un par de golpes suaves a la puerta.

Enseguida, la puerta se abrió y Law apareció ante ellos.

El joven moreno vio sorprendido la fatigada figura de Rosinante y segundos después, con una gran hostilidad en su grisácea mirada, volteo a ver a Crocodile.

— ¿Quién es usted?

— ¿No crees que primero deberías atender a tu padre?

Law, aun dirigiéndole una fría mirada al sujeto de cabello oscuro; le dejó pasar y luego le indicó que llevará a Rosinante a la habitación.

Crocodile dejó al rubio sobre la cama, acomodándolo con cuidado.

— ¿Y bien? ¿Quién es usted?—inquirió Law con voz áspera.

—Vaya... Ya veo porque tu padre se preocupa tanto—soltó Crocodile con un evidente tono de crítica hacia la actitud del joven moreno.

Law tensó sus labios, aumentando el desagrado en sus ojos.

¿¡Quién rayos era ese hombre!? ¿¡Por qué y cómo había terminado encargándose de Rosinante!?

Aunque no tenía derecho alguno de adoptar esa posición de indignación y celos por Rosinante, no podía evitarlo; sentía una intensa frustración que parecía enardecerse ante el imponente semblante del hombre con el rostro decorado por una larga cicatriz.

—Me retiro. Dile a tu padre que no olvide ir por su auto. Buenas noches.

Y Crocodile salió del departamento, con Law siguiéndole a la espalda con aire receloso. Cuando le perdió de vista, Law fue rápidamente a ver a Rosinante, quien ya estaba durmiendo y roncando suavemente. El muchacho se aproximó y pudo olfatear un leve aroma a alcohol y a cigarrillo.

Law observó el rostro tranquilo de aquel rubio...

¿Por qué Rosinante había salido a beber de esa manera? ¿Qué pudo haberlo provocado?

De pronto volvió a sentir algo de sueño y, dudando un poco por algunos segundos, decidió introducirse en la cama junto al hombre de cabello rubio.

A la mañana siguiente, Rosinante despertó sintiendo que su cabeza daba vueltas, lanzó un largo bostezo y parpadeando con aire somnoliento se percató que Law estaba durmiendo a su lado, casi abrazándolo. Al instante de verlo, se sobresaltó y salió de la cama.

Y entonces empezó a recordar con dificultad lo que había pasado anoche...

Recordó que había ido al bar de un casino, había bebido considerablemente tratando de aliviar la pena que le había causado ver a Law con las mismas marcas rojizas que seguían en el cuello del joven. Alguien se había encargado de llevarlo a casa, pero no lograba recordar quién.

—Law...—el rubio se preguntó porque el muchacho había dormido junto a él.

Salió de la habitación y se dio cuenta de que ya pasaban de las diez de la mañana.

Ambos habían perdido sus primeras clases; quizá aún podía presentarse en la preparatoria, aunque tal vez solo iría a recibir una llamada de atención por su irresponsabilidad.

Fue a la cocina y tomó una gran cantidad de agua y jugo. Ya comenzaba a sentir que su estómago demandaba algo de alimento.

—Rosinante...

—Law... Buenos días.

— ¿Cómo estás?—preguntó Law con cautela.

—Bien...

—Suerte que no tuviste una resaca fastidiosa.

—Pues de igual forma el sueño tan pesado me impidió ir al trabajo—resoplo Rosinante bajando su mirada, reflejando su vergüenza. Se pasó una mano por el cabello y lanzó un bostezo que trató—. Y tú... ¿Por qué no fuiste a clases?—preguntó adoptando una voz más seria y alerta.

—Pues cuando llegaste anoche era algo tarde, tuve que recibirte junto con tu...amigo—dijo Law poniendo un despectivo énfasis en esa última palabra.

— ¿Qué? ¿Qué ocurrió exactamente?—preguntó Rosinante con expresión confusa— ¿Quién me trajo anoche?

—Un tipo con una cicatriz en el rostro, no tenía su mano izquierda... No sé de dónde lo conociste pero es sujeto muy sospechoso—declaro Law cruzando los brazos.

—Ah... Entonces fue él...—balbuceo Rosinante haciendo memoria.

—Dijo que fueras por tu auto ¿En dónde lo dejaste?

—En su casino...

— ¿Casino?

—Si... Bueno, tenemos que desayunar—dijo Rosinante—. Vamos a comer fuera, después iré por mi auto.

Se vistieron y salieron hacia al restaurante más cercano. Se limitaron a comer sin hablar en lo absoluto. Cuando terminaron su desayuno...

—Nos vemos más tarde. Por favor, ve a casa—se despidió Rosinante con voz áspera mientras le daba algo de dinero a Law para que volviera al departamento—. Regresaré lo más pronto posible.

Y el rubio le hizo una señal a un taxi cercano que abordó en unos segundos.

Law se quedó parado ahí, hasta que el taxi se alejó de su vista. El joven pensaba en el trato tan distante que Rosinante había tenido con él. Supuso que lo más probable era que se había enfadado porque no había ido a la escuela...

Luego lo averiguaría con más calma... Dio media vuelta y empezó a caminar de regreso al departamento.

Por su parte, Rosinante se encontraba llegando al estacionamiento del casino buscó su vehículo y le abordó pero, antes de encenderlo, consideró que debía ir a darle las gracias al señor Crocodile por su ayuda. Así que bajó del auto para ingresar al casino.

—Disculpe... Estoy buscando al señor Crocodile—dijo Rosinante a un guardia.

El guardia sacó un radio comunicador e informó de la presencia de Rosinante. Unos segundos después, el empleado le escoltó hacia la parte trasera de la zona principal para jugadores, luego subieron por un ascensor que descendió un nivel y salieron a un largo pasillo hasta toparse con unas gruesas puertas.

—Señor, ya está aquí—informo el empleado usando de nuevo su radio comunicador.

—Bien, adelante.

Enseguida ingresó una clave en un pequeño tablero digital que seguramente era el centro de seguridad para poder acceder a la siguiente estancia. Las puertas se abrieron y Rosinante vislumbró una gran y elegante oficina.

—Pase, por favor—dijo el guardia que cedió el paso al hombre de cabello rubio.

Y sintiéndose algo intimidado, el rubio entro a ese lugar. Las puertas se cerraron rápidamente tras su entrada.

— ¿Descansaste bien?

Crocodile estaba sentado en una gran silla detrás de un suntuoso escritorio.

—Ah, creo que sí...—balbuceo Rosinante sonriendo con algo de pena—. Quería venir a agradecerte por llevarme a casa, en verdad, lo lamento... Espero no haber sido muy molesto.

—No te preocupes, no fue la gran cosa. Supongo que también viniste por tu auto—comento Crocodile con voz grave y mirando fijamente al rubio.

—Si...

—Bien. Por cierto... ¿Quieres acompañarme a un desayuno?

—Muchas gracias por la invitación pero ya desayuné antes de venir aquí...—confesó Rosinante y agregó—. Además, tengo que ir a mi trabajo; tal vez pueda dar mis próximas clases...

—Así que eres profesor ¿De universidad?

—Preparatoria.

—Entonces... ¿Tienes libre esta noche?

—No, es que también tengo un segundo empleo por la tarde doy clases en un centro. Lo siento, sé que suena como excusa pero es que mi situación económica no es la mejor...

—Entiendo, y debes de sentir una mayor presión porque tienes que brindarle lo mejor posible a tu hijo ¿Cierto?

—Sí, pero...

— ¿Qué sucede?

—Nada...—Rosinante quería explicar que Law no era su hijo como tal pero decidió que no tendría tiempo suficiente para contar esa delicada historia en ese momento.

— ¿Tenías algo que decirme?

—Sí, de hecho, pero ya debo irme... Es una larga historia...—comentó el rubio con voz ahogada y desviando su mirada hacia un gran reloj de péndulo que decoraba aquella oficina.

—Si es una larga historia... Podríamos charlarlo el fin de semana en una cena ¿Te parece bien?—propuso Crocodile. El mismo estaba sorprendido de su gesto tan audaz; ahora sentía un nudo en la garganta esperando la respuesta de Rosinante.

Rosinante también se sorprendió un poco, pero su ingenuidad fue más grande; pensó que solo era una simple invitación para congeniar, además de que sería una buena manera de corresponder a su ayuda brindada hasta ahora.

—Si, por supuesto... Aunque ¿En qué lugar sería?—se apresuró a preguntar el rubio pensando en su limitada economía—. Es que, de nuevo, mi presupuesto no es muy...

—No te preocupes, yo invito—dicto Crocodile sin darle mucha importancia.

—Pero... No me sentiría muy bien con eso, después de que me ayudaste, sería un abuso...

—Eres demasiado modesto; no es ningún problema—le interrumpió el hombre de cabello negro—. A riesgo de sonar como un idiota arrogante, debo decir que tengo ingresos de sobra, ya deberías suponerlo... Así que ¿Qué decides?

—Creo que... Sí...—contestó Rosinante emitiendo una risa nerviosa—. Muchas gracias.

—Bien, nos vemos el sábado a las ocho.

—Sí, hasta entonces, con permiso...—y Rosinante le brindó una última sonrisa nerviosa y se retiró de la oficina.

Después de que aquellas puertas se volvieron a cerrar, una gran sonrisa de sobria satisfacción apareció en el rostro de Crocodile; estaba eufórico aunque no podía evidenciarlo tan fácil... Su corazón latía con fuerza, el nudo de su garganta había desaparecido y todo su cuerpo se sentía tan estimulado, como si hubiera recibido una ligera descarga eléctrica que le había inyectado felicidad. Era una persona seria y paciente con la mayoría de sus negocios y planes pero ahora sentía que esperar por la noche del sábado resultaría una tortura mental.

Estaría imaginando esa ocasión en cada tiempo libre que tuviera, tal vez a toda hora...

—Law...—llamó Rosinante al llegar al departamento horas después.

— ¿Qué pasa?

—Te traje tu tarea de hoy.

—Gracias, pensaba ir con mis amigos para conseguirla...

—Bueno, ya te ahorré un viaje—y Rosinante fue a sentarse al sofá para comenzar a revisar sus pendientes de sus empleos.

—Rosinante...

— ¿Qué ocurre?

— ¿Puedo hablar contigo?

Rosinante se detuvo al instante. Su espalda sintió una terrible tensión y su pulso se alteró con facilidad.

— ¿Qué quieres decirme?

—Estas molesto conmigo ¿Cierto?—soltó el jovencito con voz clara.

Y los ojos de Rosinante se abrieron un poco más, en expresión de temor.

No sabía que responderle; no estaba molesto, eso era seguro, pero las emociones que albergaba respecto a Law eran muy complicadas. Respiró hondo y se dispuso a contestar:

—No. No estoy molesto ¿Por qué dices eso?

—Por la manera en que me has tratado desde la mañana...

—Solo fue porque estaba cansado—se excusó el rubio—. Lo siento...

— ¿Y por qué fuiste a beber anoche?—continuó Law.

—Law... Por favor, dejemos este tema.

— ¿Qué ocurrió? ¿Algo va mal respecto a las cuentas, tu trabajo o los procesos legales sobre mi herencia? ¿Qué te orillo a hacer eso?

—Un poco de todo... Pero no te preocupes, todo está bajo control—dijo Rosinante sonriendo suavemente—. Ahora... Ve a hacer tus tareas, tengo que ocuparme de estos pendientes. Más tarde iremos por algo de cenar, ¿De acuerdo? La nevera aún está averiada...

—Si... Respecto a eso... Tengo algo de dinero ahorrado, podría ayudarte a pagar su mantenimiento—murmuro Law.

—No, Law. Es tu dinero, guárdalo para una ocasión más importante y para tu uso personal.

—Si viviré aquí por un tiempo indefinido, debo contribuir a mejorar y reparar las cosas que necesite usar.

—Law...

—En serio, quiero ayudarte en eso.

—Muy bien... Tal vez por esta ocasión, solo porque es algo urgente y necesario—cedió Rosinante.

—Bien...—y el muchacho se retiró a su pequeño espacio personal en donde estaba instalado su computadora y algunas pertenencias.

Un par de días después, la nevera se mandó a reparar y pudieron tener de nuevo una gran cantidad de verduras frescas y demás alimentos perecederos sin peligro alguno.

Y el sábado finalmente llegó...

Law había decidido salir un rato a visitar a Penguin y Shachi, había pasado bastante tiempo desde su última reunión juntos.

—Deberías pasar la navidad con nosotros—dijo Shachi mientras tomaba una fritura del platón de aperitivos que sirvieron para los tres.

—Lo consideraré...—dijo Law. El joven moreno revisó la hora en su teléfono y se percató de que ya era tarde, ya faltaba media hora para que dieran las 7:00pm—. Debo irme ya...—se levantó de su asiento y se dirigió a la entrada principal de aquella casa—. Los veo el lunes, cuídense...

Después de unos veinticinco minutos Law llegó al departamento. Al entrar escuchó un rumor que provenía de la habitación.

— ¿Rosinante? Ya llegué...

Y el adolescente se acercó a dicha estancia al ver que la puerta estaba abierta. Law vio que el rubio se encontraba peinando su cabello frente a un espejo, tenía puesto un pantalón algo formal (aún no se había puesto una camisa, por lo cual su torso estaba luciendo sus cicatrices) y alcanzó a oler un ligero aroma a perfume.

— ¿Vas a salir?—preguntó Law sin dejar de mirar con expresión perpleja.

—Si...

— ¿A dónde? Parece que vas a trabajar...

—Iré a cenar con un amigo—respondió Rosinante eligiendo una camisa de color rojo—. Perdona que no te dijera antes...

—Qué más da... ¿Y a dónde irás?

—Deje el número y dirección del restaurante en una nota, la deje sobre la mesita... De igual forma, puedes llamarme al celular—explicó Rosinante mientras abotonaba su camisa.

— ¿Y con quién cenaras?—se atrevió a preguntar Law— ¿Acaso saldrás con el tipo que te trajo la noche cuando fuiste a beber?

—Si... Su nombre es Crocodile—le dijo el rubio.

Después de unos minutos Rosinante terminó de vestirse y revisó su teléfono. Ya faltaba media hora para las 8:00pm.

— ¿Y a qué hora volverás?

—No lo sé, pero no quiero regresar tarde. No quiero que estés solo por mucho tiempo durante la noche.

—Claro...

— ¿Quieres encargarme algo?

—No.

—Bien, por favor no quiero que te duermas tan tarde—y el rubio se dirigió hacia la puerta de entrada.

—Y tú... Ten cuidado, ese tipo luce peligroso—comentó Law.

—Ciertamente, da una impresión de ser alguien intimidante, pero me ha demostrado que es una persona atenta y respetuosa—declaró Rosinante.

— ¿Si? ¿Y qué clase de demostraciones te ha dado?—soltó el joven dejando en evidencia un tono de recelo—. Por lo último que dijiste, suena como si llevarás algo de tiempo saliendo con el...

Y hubo un momento de silencio incómodo, la tensión era más que evidente. Después de unos segundos, Rosinante se dispuso a contestar.

—No puedo creer que sigas actuando así... Law, no hay nada entre el señor Crocodile y yo. No tengo mucho tiempo de conocerlo, es la primera vez que tengo una reunión con el—y luego, sintiendo que todo su cuerpo vibraba de ansiedad se atrevió a continuar—. Y además, si acaso yo decidiera empezar a salir con alguien... No debería de haber problema, después de todo, tú ya estás pasando el tiempo con alguien más ¿No? Dudo mucho que las marcas de tu cuello se hayan hecho solas o por algún golpe...

Los ojos de Law se abrieron un poco más, en expresión de temor y asombro. Rosinante había descubierto ese detalle.

—Rosinante, yo...—Law tenía un nudo en la garganta, no sabía que decir o que excusa dar.

—No quería señalarlo—murmuró Rosinante respirando con algo de pesadez—. Pero en vista de tu actitud... No tuve opción. En fin... Ya me tengo que ir, no quiero llegar más tarde. Regresaré lo más pronto posible. Cuídate.

Y Rosinante salió del departamento, dejando a Law en un doloroso silencio. Al subir a su auto, el hombre de cabello rubio se miró en el retrovisor y respiró profundamente, tratando de calmarse.

¿Por qué tenía que haber sucedido algo así? Pensó que ese asunto se quedaría bajo secreto durante más tiempo, pero no pudo guardárselo...

Encendió el vehículo y salió hacia el restaurante en donde se vería con Crocodile.

Law, por su lado, dejó escapar un grito ahogado de frustración. Si respiración estaba tan alterada, su corazón latía con rapidez y todo su cuerpo se sentía rígido por la tensión.

—Maldita sea...

El jovencito lamentaba el cómo habían terminado las cosas... Era su culpa en gran parte, no tenía derecho de reclamar sobre Rosinante, al menos no de la manera en que él deseaba tanto y que había sido la raíz de todos los errores que había cometido hasta ahora...

¿Ahora con que integridad se atrevería a tener celos de alguna futura pareja que pudiera conseguir Rosinante?

Se había enredado con alguien más, le había estado mintiendo y, peor aún, se había atrevido a involucrarse con un sujeto mayor de edad, que probablemente era un poco más viejo que Rosinante.

Si acaso Rosinante llegará a descubrir esa clase de detalles, no lo olvidaría nunca y tal vez no pudiera perdonárselo jamás...

Por ahora, solo podía aguantar la tormenta de emociones tan contradictorias y seguir resistiendo sus consecuencias.

—Buena noche, señor. ¿Tiene reservación?

—Ah, sí... Tengo una cena con el señor Crocodile. Mi nombre es Rosinante Donquixote.

—Adelante, por aquí...

Y el host dirigió a Rosinante hacia una parte más privada del restaurante.

—Tome asiento, por favor.

Crocodile aún no llegaba. Mientras tanto Rosinante se entretuvo repasando la estresante escena que había acontecido antes de que saliera del apartamento; recordó el rostro aterrado de Law, la voz tan llena de amargura y celos que había usado el jovencito...

— ¿Por qué nunca podremos estar en paz?—suspiró el rubio fijando su vista en una copa vacía.

— ¿Qué te sucedió ahora?—Crocodile había llegado.

—Ah... Hola, buenas noches...

—Parece que tienes una suerte terrible—comentó el hombre de cabello negro mientras se sentaba.

—Empiezo a creer que sí... ¿Cómo estuvo su día?

—Tedioso, como lo suelen ser caso todos mis días... Pero no vine aquí a hablar de mí. ¿Qué es lo que querías decirme aquella mañana?

Rosinante soltó un pesado suspiro.

—Bien... Cómo mencioné, es una larga historia—dijo Rosinante con voz cohibida.

—Sí, recuerdo que dijiste eso. Bien...—y Crocodile ordenó una botella de vino tinto junto con su cena de tres tiempos—. Ahora tenemos algo de tiempo...

Y Rosinante, después de indicar que cenaría, comenzó a relatar los sucesos desde el día en que se mudó a la residencia Trafalgar y cómo se había hecho tan cercano a la pequeña familia; claro está que siempre omitiendo el controversial e importante detalle de su relación sentimental con Law.

Crocodile se había sorprendido por el hecho de que aquel muchacho de actitud problemática no fuera su hijo; él se había imaginado que Rosinante había tenido un desafortunado incidente hace años, que tal vez se había involucrado con una chica y ocurrió un embarazo no deseado y ahora lidiaba con la custodia de su hijo. Igualmente, su intriga se había despertado en gran manera a causa del hecho de que el asesinato de Edward Trafalgar fuera un misterio. Tal vez, si tenía la suerte de continuar viéndose con Rosinante, podría ayudar a resolver esa gran incógnita que también angustiaba al rubio constantemente.

—Y no pude negarme... El señor Trafalgar confió en mí... Y ahora temo que no estoy haciendo un buen trabajo—se lamentó el rubio.

—Creo que he podido ver que te esfuerzas mucho—dijo Crocodile y dio un sorbo a su copa con vino—. Supongo que todos los padres del mundo no pueden dejar de preocuparse por sus hijos... Tú estás en el mismo camino, no creo que lo estés haciendo tan mal.

—Gracias...

—Y por cierto... ¿Cuántos años tienes?

—Veintiséis.

—Eres muy maduro para tu edad; la mayoría de los sujetos que están en sus veintitantos y llegando a los treinta son tipos que sólo piensan en parrandear y conseguir acostarse con la mayor cantidad de personas. Pensé que tendrías unos treinta y tantos...

—No estoy seguro... En una ocasión, alguien me comentó que me comportaba como un adolescente ingenuo—dijo Rosinante recordando aquella vez en que Law le hizo tal comentario—. Creo que los últimos sucesos me han ido desgastando más de la cuenta...—murmuro con cierta tristeza.

—No voy a negar que das esa impresión de ser alguien muy torpe y fácil de engañar, pero también eres una persona muy responsable y comprometida. Y lo puedo asegurar, he conocido bastantes personas a lo largo de mi vida... Y las personas como tú son pocas... Solo necesitas un periodo de descanso, apuesto que después de tener un buen respiro, lucirás en forma de nuevo.

—Tendría que esperar a que Law entrará a la universidad.

—No falta mucho... Dijiste que está en su segundo año de bachillerato ¿No?

—Si...—y Rosinante dio un trago a su bebida.

—Y, Rosinante, ¿Cómo fue tu vida antes de conocer a la familia Trafalgar?

—Pues... Estuve en la universidad varios años, residí ahí en los dormitorios de la misma institución. Antes de la universidad, viví un par de años en una academia militar que manejaba mi padre adoptivo...

— ¿Adoptivo?

—Si... Es que... Vaya, es otra larga historia...

—Estoy dispuesto a oírla.

Y Rosinante sonrió, sintiéndose algo liberado después de tanto tiempo sin poder compartir algo con alguien que realmente estuviera atento a sus palabras. El rubio contó que su niñez transcurrió en España, pero por cuestiones de negocios, su familia se mudó a la ciudad de Nueva York. Años después un desafortunado incidente llegó a si vida; el asesinato de sus padres. En aquella ocasión su vida por poco también acababa, pero por gracias a la tenacidad de su hermano mayor y de su mera suerte, logró huir de su muerte.

Después de perder a sus padres, tanto él como su hermano, terminaron en un orfanato. Para su mala suerte, tiempo después su hermano mayor decidió escapar de aquella institución y comenzar una nueva vida por su cuenta.

—Desde entonces, han sido pocas las ocasiones en que hemos tenido contacto. Hace años que no se de él...—dijo Rosinante dirigiendo su mirada cobriza hacia el circunspecto rostro de Crocodile.

— ¿No has considerado buscarlo de nuevo? Te podría hacer bien volver a ver a tu hermano... En especial ahora que tienes momentos difíciles.

—No lo sé... No creo que a Doffy le pareciera interesante ayudarme con esto—soltó el rubio pasándose una mano por su cabello.

— ¿Qué?

—Es que mi hermano suele ser un poco...

—No, no es eso... ¿Cómo te referiste a él?

—Ah... Doffy. Así solíamos llamarlo en nuestra familia, pero su nombre es Doflamingo.

Y el rostro de Crocodile dejó entrever una fugaz expresión de sorpresa, que Rosinante alcanzó a notar.

— ¿Qué ocurre?

—Nada... Lo siento, estaba pensando en que me has hablado bastante sobre ti pero aún no sé tú apellido...—musito Crocodile con voz cautelosa, sintiendo que los latidos de su corazón se intensificaban en esos segundos mientras esperaba la respuesta.

—Es cierto... Qué descuido, je. Es Donquixote... Es algo extraño, en especial cuando lo pronuncias en inglés—comentó Rosinante con gracia.

La mente de Crocodile estaba en shock; ahora todo le parecía tan absurdo, tan obvio y tan cruel... Como si estuvieran haciéndole una broma de mal gusto en extremo; pensaba que en cualquier momento Doflamingo saldría a reírse de tal suceso...

Pero, al ver la cara tan relajada y amable del rubio y notar que la voz del mismo estaba libre de pretensión maliciosa, decidió calmarse respecto a esa impresionante revelación. Era imposible que Rosinante supiera de la relación que alguna vez tuvo con su hermano mayor.

— ¿Tu familia es originaria de este país?—preguntó Rosinante.

—No... Soy de ascendencia italiana—contestó Crocodile con indiferencia—. Rosinante, veo que ya no luces tan estresado... ¿Si te sientes mejor?

—Oh, sí... No me había dado cuenta, pero así es. Tenía mucho tiempo que no charlaba un buen rato y de manera tan relajada—admitió el rubio—. Muchas gracias por la invitación...

Y, por primera vez durante esa velada, Crocodile esbozo una sonrisa, aunque algo melancólico y muy breve.

—Creo que ya debo retirarme. No debo llegar tan tarde...—comentó Rosinante revisando la hora.

—Entiendo. Bien, déjame acompañarte.

Y ambos salieron del restaurante, rumbo a sus vehículos.

—Espero que te vaya mejor esta próxima semana—dijo Crocodile empezando a despedirse—. De cualquier forma, si necesitas ayuda con algo, cuenta conmigo.

—Muchas gracias, aunque espero no tener que recurrir a eso...—y Rosinante abrió la puerta de su auto—. Es extraño, ya sé que no tenemos mucho tiempo de conocernos pero en verdad aprecio que hayamos podido convivir un poco más hoy... Es bueno saber que puedo confiar en alguien.

—Puedo decir lo mismo, es difícil encontrar a alguien así... Descansa, Rosinante. Buena noche.

— ¡Buenas noches!—dijo el rubio en su idioma natal desde su auto que ya estaba en marcha.

Crocodile hizo un breve sonido que parecía una risa reprimida, acompañado de una suave sonrisa condescendiente.

Buona notte...—murmuró Crocodile, siguiendo el modo de Rosinante.

Al asegurar que aquel rubio se había retirado lo suficiente, Crocodile se dirigió a su vehículo y al entrar en este, dio un profundo respiro.

No podía creer todo lo que había pasado en esa cena: se había puesto a escuchar todos los problemas y sucesos de la vida de su nuevo interés sentimental (sentarse a oír a una persona durante un largo rato no era algo de su agrado), había brindado su apoyo y comprensión, todos esos gestos que pretendían provocar ánimo y valor en aquel rubio tan angustiado le fueron recompensados con la hermosa y sincera sonrisa de Rosinante y con la terrible revelación de que Doflamingo era su hermano mayor.

—Que maldita coincidencia...

Al llegar a su hogar, Crocodile siguió pensando en el mismo asunto.

¿Qué haría ahora? ¿Seguiría con sus intenciones de llegar a relacionarse más con Rosinante, aún después de enterarse de que era hermano de su ex amante? ¿Se atrevería a continuar?

Ya no se sentía tan seguro, a pesar de que Rosinante había sido muy amable y claramente había dado pie a futuros encuentros.

—Además... Ni siquiera me consta que pueda intentar algo con el—musito Crocodile quitándose la camisa, pensando en la posibilidad de que Rosinante no estuviera interesado en sostener una relación homosexual.

Terminó de ponerse su ropa de dormir, se recostó en su cama y le fue inevitable recordar todos aquellos momentos que había pasado junto a Doflamingo...

No negaba que existieron momentos de felicidad, que había experimentado grandes emociones por él...

Intensos sentimientos de pasión, cariño, admiración y complicidad, pero luego recordó que también había sufrido mucho; estar con alguien con Doflamingo era un error para alguien que no estuviera dispuesto a compartir el tiempo y atenciones del rubio.

No valía la pena esperar que cambiará su manera de actuar... Por eso mismo había decidido alejarse de él, por más difícil que fuera.

—Es inútil...—y Crocodile, resignado a perder horas de sueño, salió de la cama y bajó al comedor por una botella de vino para luego dirigirse a sus grandes jardines y contemplar a sus variadas y exóticas mascotas.

Rosinante ya había llegado a casa también. El rubio había temido que Law pudiera hacer alguna tontería a causa de su discusión antes de la cena, pero para su alivio le encontró durmiendo en el sofá.

Cuidadosamente, Rosinante lo llevó en brazos para que durmiera en la cama de la habitación. Después, el rubio regresó a la sala de estar y se acomodó ahí para dormir.

En la mañana, Law despertó antes que Rosinante; el joven fue a comprobar que Rosinante había llegado en buen estado, al parecer todo estaba bien... Pero, para su terrible y cínica pena, no podía dejar de imaginar lo que habría hecho Rosinante durante su reunión de ayer.

Aunque Rosinante le asegurara que no había nada pasional en su nueva amistad con aquel hombre tan intimidante, podía apostar a que el rubio estaba siendo muy ingenuo y era muy probable que ese sujeto estuviera tras el...

En ese momento, el sonido de una notificación en su teléfono rompió el ambiente de tranquilidad. Law fue por el dispositivo y revisó de qué se trataba.

Era un mensaje de Doflamingo; aquel extravagante hombre preguntaba por algún rato libre que pudiera tener Law. El jovencito tragó saliva y apagó la pantalla rápidamente. Ya no sabía qué hacer...

Alcanzó a oír que Rosinante estaba despertando, así que guardo su teléfono en su pantalón.

—Law... Buen día—saludó el rubio con voz ronca.

—Buen día...

— ¿Hace mucho que te despertaste?

—Hace rato... ¿Estás bien?—preguntó Law mirándolo con atención.

—Sí, ¿Por qué preguntas?

—Tal vez pudiste tener una cena muy intensa, quién sabe.

—No, nada de eso. Como te comenté ayer, solo era una cena sin más detalles de por medio.

Law le miró con cierta desconfianza y se limitó a ir hacia la cocina para servirse un vaso con leche.

—Law... Quiero hablar.

— ¿De qué?

—Sobre el hecho de que estás saliendo con alguien—dijo el rubio con voz cautelosa—. Creo que tu padre ya te lo dijo alguna vez, pero no está de más recordártelo...—e inhaló profundo—. Ten mucho cuidado, no conozco a la persona con quién estás ahora, pero más vale que sea una buena persona y que te traté bien... Además, sé que probablemente no evitarás tener...—y se detuvo al pensar en decir la palabra sexo—. Sé que probablemente tendrás relaciones íntimas con esa persona, así que usa protección siempre... No quiero que te pase algo malo. Y si algo terrible llegara a ocurrir, dímelo, por favor. Cualquier problema o duda que tengas, te ayudaré.

—Rosinante, por favor...

—Es mi responsabilidad ver por tu bienestar ahora, no importa lo que haya pasado entre... En fin, desayuna bien—y Rosinante volvió a la habitación.

Pasaron unos cuantos días, y Law aún no había respondido aquel mensaje de Doflamingo. En cierto sábado, Law había ido a buscar a Penguin y a Shachi, pero al llegar a su casa, se enteró de que Shachi había salido a una cita con su novia.

Al final Penguin y Law fueron a dar una vuelta a uno de los parques más grandes de la ciudad, tomaron asiento un rato sobre una banca frente a un estanque.

—Veo que todavía te va mal...—comentó Penguin.

—Todo se ha complicado... Demasiado.

—Puedo decir lo mismo... A veces creo que aquellos tiempos cuando Shachi comenzaba a integrarse más a mi vida solo son una ilusión... Agh, creo que estoy tomándolo muy mal—suspiro Penguin llevándose una mano a la frente—. No debería de actuar así… Deberíamos estar apoyando a Shachi genuinamente…—y soltó un gruñido—. Soy un idiota…

—Oye, es normal que te sientas así, no te culpes…—le dijo Law con voz comprensiva. Después de unos minutos de incomodo silencio, Law se atrevió a preguntar algo que podría ser muy probable y doloroso—. Penguin, sé que tal vez es muy temprano para pensar en eso, pero… Si Shachi continuara saliendo con esa muchacha y llegaran a tener algo serio, tú y él ¿seguirán viviendo juntos?

—No lo sé… No creo soportar un escenario así… Supongo que ayudaría a Shachi a encontrar un nuevo lugar para vivir—musito Penguin acongojado— ¿¡Pero que estoy diciendo…!? No sería capaz de echarlo de casa por esa tontería…

Y el muchacho con el gorro con la leyenda: "pingüino" empezó a recordar los sucesos que habían pasado hace años: Como Shachi había llegado a su hogar, como se habían convertido en mejores amigos y en casi hermanos, un sinfín de noches compartiendo toda clase de experiencias…

Shachi y Penguin habían sido amigos desde el jardín de niños, luego tuvieron la suerte de estar juntos en la escuela primaria.

Para cuando ambos pasaron a la escuela secundaria, llego una temporada en que Shachi presentaba golpes visibles en el rostro y en sus brazos, además de que su comportamiento se volvió algo hostil y rebelde…
La razón de tras de todo aquel recuadro de alarmante naturaleza eran los padres de Shachi, estos tenían serios problemas entre ellos y muchas veces las discusiones llegaban ante el jovencito de cabello naranja.
Una lejana tarde, después de salir de la secundaria, Penguin decidió abordar el tema:

—No puedes seguir soportando eso… ¿No quieres que llamemos a la policía de una vez por todas?—le sugirió Penguin mientras miraba con cierta cautela a su amigo.

—Quisiera irme de ese lugar—contesto Shachi amargamente—. Pero no creo que mis padres lo permitan…

—Si pedimos la ayuda adecuada podrías olvidarte de todo eso… Yo te apoyare en todo, incluso hable con mis padres, ellos también estan dispuestos a ayudarte…

— ¿¡Qué!? ¡Pero Penguin…!

—Sabes que ellos te aprecian mucho, también estan preocupados por ti.

—Lo aprecio, en serio, gracias, pero… Si es que todo sale bien y me alejan de mis padres, me da miedo terminar en un orfanato hasta que cumpla los dieciocho años…

—No tienes por qué preocuparte por eso, precisamente mis padres y yo hablamos respecto a ese tema.

—Penguin…—y la voz de Shachi empezó a quebrarse. Muy pronto el jovencito de cabello naranja respiro hondo, tratando de reprimir lo conmovido que estaba, se aclaró la garganta y sonrió lo mejor que pudo.

—Te prometo que te apoyare en todo lo que pueda—declaro Penguin con total sinceridad mientras rodeaba los hombros de Shachi con su brazo—. Vamos…

Y la mente de Penguin volvió al presente, los recuerdos se disiparon y su mirada volvió a enfocarse en Law.

—Creo que así tienen que terminar las cosas...—suspiro el chico de la gorra de pingüino.

—No es un buen consejo pero, si estuviera en tu posición, lucharía un poco más... Creo que tienes derecho, puedes hablarlo con el aún.

—No me siento capaz... Y tú ¿Por qué hablas así?

—Porque hice una tremenda estupidez... Me metí con otra persona, aun pensando en Rosinante. Pensé que sólo sería algo de una vez pero se salió de control... Rosinante me hizo saber que ya estaba al tanto de ello...—confeso Law con voz grave y pausada debido a la gran vergüenza que sentía—. Y lo peor de todo es que hace poco Rosinante fue a cenar con un nuevo amigo suyo; no pude evitar pensar en que tal vez esté interesado en esa persona... No tengo derecho de reclamar o de sentir celos, lo sé, pero no puedo dejar de sentirme así…

Hubo otro momento en que ambos se quedaron callados, con expresión seria y angustiada. Law temía a la reacción de su amigo, pero Penguin colocó una mano sobre un hombro de Law, como un gesto de solidaridad.

—Lo lamento mucho. En serio estás en un aprieto... Espero que se resuelva pronto.

—Gracias por tratarme con decencia, aún después de enterarte de la basura en la que me he convertido—musito Law.

—Todos tienen sus problemas y sus errores; todos la cagamos alguna vez... Todos nos comportamos como idiotas en cierta temporada.

—Unos más que otros... Me alegra contar contigo.

—También para mí es un alivio tenerte como amigo. No creo que haya otra persona que pueda entender lo que estoy pasando. Creo que me siento un poco mejor...—y Penguin se puso de pie—. No sé si será correcto, pero ahora mismo siento la motivación de hacer lo que me aconsejaste.

— ¿En serio?

—En serio. Nos vemos luego, Law. Espero que tu problema vaya solucionándose pronto, y si algo empeora, sabes que puedes llamarme o acudir a mi casa... Cuídate.

Penguin salió del perímetro del parque, listo para dirigirse a casa y empezar a visualizar las cosas que tendría que decirle a Shachi.

Al caminar entre una de las calles cercanas, dónde abundaban restaurantes de buena fama y algo elegantes, pasó delante de un restaurante de cocina italiana y al voltear curiosamente hacia una de las grandes ventanales, su mirada se topó con el rostro sonriente de Shachi, quien también lo identificó al instante y aquella sonrisa suya se desvaneció en un segundo.

En un momento que pareció una eternidad, Penguin y Shachi se quedaron mirándose fijamente hasta que la atención de Shachi fue recuperada por su novia.

El corazón de Penguin se aceleró...
Siguió mirando como Shachi continuaba con su cita, hasta que aquella chica de abundante cabello castaño se retiró por un momento de la mesa, tal vez para ir al tocador.
Shachi se levantó de su asiento, dirigiéndose hacia la salida.

A pesar del clima frío, la frente de Penguin comenzó a sudar. Después de unos segundos, Shachi y Penguin fueron al costado izquierdo del restaurante.

— ¿Qué haces aquí, Penguin?

—No estoy haciendo nada, solo pase por aquí porque fui al parque cercano con Law... Podría preguntar también que haces en un lugar tan refinado ¿Te vas a gastar los ahorros para navidad en una sola cena para tu novia?

—Claro que no... Carla es muy amable; su familia es la dueña del restaurante, así que me ha invitado un par de veces a comer aquí—explicó Shachi.

—Ja, ya veo... Debes de estar muy feliz, eres afortunado: lograste salir con la chica que deseabas y hasta tuviste la suerte de que fuera alguien con dinero y de actitud generosa.

—Por favor, Penguin. No salgo con ella solo por eso...

—Cierto, ¿Cómo puedo ser tan tonto? Es muy bonita también...—y Penguin soltó una amarga y fugaz risa llena de resignación—. ¿Sabes qué? Ya es todo... Me rindo. Hace rato estaba decidido a hablar en serio contigo, tratar de recuperar lo que alguna vez hubo entre nosotros... Soy un tremendo imbécil... Bien, ya me voy, perdón por quitarte tu valioso tiempo con ella...

—Penguin, por favor...

Y Shachi volteó a ver a su alrededor, sintiendo que su respiración se alteraba demasiado, avanzó hacia Penguin; colocó sus manos sobre los hombros de Penguin, acercó su rostro al de él y, con una dolorosa expresión que reflejaba gran temor y duda, junto su frente contra la de Penguin, retirando las gorras que llevaban.

—Lo siento... Yo no sé qué hacer... Te aprecio mucho Penguin, eres la persona más importante para mí. Sin ti yo... Probablemente estaría sin un futuro y viviendo en un desastre aún—murmuro Shachi mirando fijamente a Penguin—. Pero esto ocurrió... No pude negar mi interés en ella, quise intentarlo y todo parece ir bien... Fue un error de mi parte no manejarlo mejor... No quería herirte... Te quiero como a nadie... Pero...

—Pero ahora quieres a otra persona...—y Penguin se apartó del pelirrojo.

—Penguin... Nunca te dejare de...

—No lo digas... No es verdad, no puedes amar a dos personas al mismo tiempo... Yo perdí, y eso es todo.

—Penguin...

—Ya basta. Tu novia debe de estar preguntando en donde te metiste—y soltó un suspiro. Penguin sonrió amargamente y, sintiendo un irresistible y terrible impulso, volvió a acercarse a Shachi, para juntar sus labios con los de él y crear un fugaz beso lleno de conmoción.

Después de aquella muestra de amor tan breve pero apasionada, Penguin y Shachi se miraron fijamente con expresión atónita.

—Tengo que regresar—musito Shachi colocándose su gorra y tratando de recobrar la calma—. Nos vemos en casa...

Y el pelirrojo salió a paso apresurado de regreso al restaurante, provocando que chocara con un hombre de elegante apariencia que había pasado al lado de ellos hace segundos.

—Disculpe, señor...

Finalmente Shachi volvió a la mesa, en donde su novia ya le esperaba con una curiosa pero amigable expresión.

—Lo siento, Carla. Fui al baño y luego a tomar algo de aire—explico Shachi tratando de sonreír de la manera más relajada que pudiera concebir—. Espero no haberte hecho esperar mucho…

—No te preocupes, Shachi—dijo la muchacha con voz alegre—. Estaba pensando en que deberíamos ir a la cafetería por el postre ¿Ya te sientes mejor para eso?

—Sí, claro. Vamos...

Y la joven pareja salió del restaurante para dirigirse a una cafetería que estaba a anexado al primer lugar y que, de igual manera, era de la familia de la muchacha. Aquel establecimiento tenía varias mesas en el exterior y contaba con una terraza en donde terminaron sentándose Shachi y Carla.

— ¡Oh, mira...!

— ¿Qué?

Y Carla se levantó de su asiento, muy entusiasmada, para acercarse a un hombre alto de cabello negro peinado hacia atrás, de elegante apariencia y rostro intimidante, que llevaba a su mascota, un pequeño perro de raza Pug.

Shachi observó cómo su novia mimaba al pequeño can y después saludaba con amabilidad al dueño y entablaba una ligera conversación con él. Al parecer era un viejo conocido, pues Carla se dirigía a él con actitud tranquila y familiar.

Luego, Shachi noto que Carla le señalaba alegremente, probablemente estaría presentándolo ante ese familiar. Shachi prestó atención al hombre y al cabo de unos segundos le identificó: Era aquel sujeto con el que había chocado al salir del callejón, después de su encuentro con Penguin.
Empezó a sentir una intensa oleada de nervios; rogaba que no le hubiese visto con atención, y si ese era el caso, rezaba para que no le dijera a Carla...

Y la jovencita se despidió, tanto del perrito y de su intimidante dueño, y volvió a la mesa junto con Shachi, mientras aquel hombre iba a tomar asiento a una mesa más alejada.

—Lo siento mucho, pero cada vez que el señor Crocodile viene con su pequeño pug, no puedo evitar ir a saludarlos...

—Sí, recordé que me dijiste que te gustaban mucho los perritos así—dijo Shachi sonriendo con algo de ansiedad.

— ¡Si lo recuerdas! Qué lindo eres... Espero poder adoptar uno pronto. Sería genial que pudiéramos salir a pasear con el...

—Sí, sería divertido. Oye, Carla, tengo que ir al baño de nuevo.

— ¿Quieres que te pida algo?

—Un vaso grande de limonada, por favor. Ahora vengo...

Y el pelirrojo fue al tocador, en donde remojó un poco su cara para tratar de relajarse.

—Rayos... Ya tengo que calmarme... No va a pasar nada.

Y alguien más entró al baño y el temor del chico se disparó: Era el hombre que había saludado su novia. El sujeto se colocó a su izquierda, se lavó la única mano con la que contaba y después fue a usar el secador de manos mientras veía con frialdad a Shachi.

—Debes de tener agallas para mirar a tu novia después de besar a un tipo a escondidas en plena cita...

—Señor... Yo...—musito Shachi con un nudo en la garganta y voz llena de miedo.

—La escoria como tú no merece el afecto de alguien inocente y amable. Sé un hombre y termina con tus farsas—sentenció Crocodile.

—Por favor, le suplico que no le diga a Carla... Sé que hice mal, pero...

—No soy un mocoso que esparce noticias como esa, pero por tu bien, date prisa en terminar ese asunto—y sin más que decir, Crocodile salió del baño.

Shachi miró su temeroso reflejo en el espejo del lugar; todo su cuerpo temblaba y los latidos de su corazón eran tan fuertes y rápidos que pensaba que cualquiera podría escucharlos.

Cuando logró calmarse un poco, decidió que por el día de hoy, no podría lidiar con ese problema, salió del tocador y volvió a su mesa solo para despedirse.

—Carla...

—Shachi... Te ves muy agitado, volviste a sentirte mal...

—Si... Lo siento mucho, en serio, creo que debo irme a casa.

— ¿No quieres que te acompañe a consultar un doctor?

—No, no es tan grave... Tal vez solo me cayó mal la comida, bastará con alguna medicación en casa y descansar.

—Bien, entonces te llevaré a casa...

—No... La verdad…

— ¿Acaso piensas ir caminando a casa en ese estado? Ni hablar, vamos, te acompañaré.

Después de unos veinticinco minutos, Shachi estaba llegando a casa.

—Descansa, por favor—se despidió la joven de cabello castaño, mientras le daba un beso en la mejilla a su novio—. Nos vemos luego, te quiero...

—Si... Yo también...

Y la chica se retiró en su automóvil, dejando a Shachi en la acera frente a su casa.

El pelirrojo caminó hacia la puerta principal, con un paso tan lento y triste que describía muy bien el cómo se sentía al imaginar lo que tendría que hablar con Penguin y, quién sabe cuánto tiempo le tomaría hablarlo con Carla.

Mientras tanto, Law Trafalgar se encontraba caminando sin rumbo por la ciudad. El joven paso delante de restaurantes y tiendas en donde veía con amargura cómo parejas y familias disfrutaban su tiempo juntos. Y una vez más, aquella trágica sensación llego a él; cuánto extrañaba su antigua vida...

Los momentos tan pacíficos que había compartido con su padre, aquellos días en que podía charlar con él durante una comida... Los años cuando su madre y hermana vivían e impregnaban de ternura y cariño sus días. Y también, con gran frustración, evocó aquellas tardes que pasó junto a Rosinante, esos momentos gloriosos en los que había sentido por primera vez lo que podría ser el amor.

Todo se había arruinado... Y de manera tan cruel, indigna y sucia...

Law siguió caminando hasta que llegó frente a una florería.
Se detuvo a observar fijamente un ramo de girasoles que estaban decorando en el aparador.
Al ver aquellas flores que lucían tan cuidadas y bonitas, recordó la sonrisa de Rosinante, tan sincera, tierna y comprensiva...
Deseaba tanto volver a ver esa sonrisa, quería ver de nuevo esa sonrisa dedicada solo para él.

Ya era comenzaba el atardecer, tenía que volver al departamento…
Quería ver a Rosinante, aunque este ya no le tratara igual, solo anhelaba verlo a distancia y sentir que a pesar de todo, seguiría a su lado protegiéndolo.
Al llegar al edificio del apartamento, notó que Rosinante estaba saliendo de tomar una ducha.

—Law… ¿Te sientes bien?

—No…

— ¿Qué sucede?

—Nada que se pueda arreglar fácil…—dijo Law con frialdad.

Rosinante, que llevaba una bata de baño color cereza, tomo asiento en el sofá, mirando con cierta angustia a Law.

— ¿Es un asunto relacionado a tu nueva pareja?—pregunto Rosinante armándose de valor para cuestionar tal asunto.

— ¿¡Quieres dejar de pensar en que tengo "algo" con alguien!?—soltó Law con voz irritada.

—Pero, Law, si ya habíamos…

—Que me acueste con alguien no significa que me importe en serio esa persona—dijo Law mirando con dureza al hombre de cabello rubio.

—Perdona, ya había olvidado que tenías esa clase de pensamiento…—musito Rosinante bajando su mirada con cierta tristeza y vergüenza. El rubio respiro hondamente y continuo—. Entonces, ¿Qué problema te está molestando?

—No importa ahora… ¿Vas a salir?

—Sí, saldré a tomar un café con un amigo…

La mirada de Law, que había reflejado solo frustración y enojo desde que llego, ahora dejaba entrever una emoción de tristeza y derrota.

—Ya veo… Pues que la pases bien—dijo Law con voz amarga, mientras se dirigía a su pequeño espacio personal para prender su computador.

—Law…

—Ya vete, no lo hagas esperar…

Y sin saber cómo seguir o arreglar la situación, Rosinante fue hacia su habitación para continuar alistándose para su salida de esta noche.
Ya habían pasado varios días desde su última charla con su nuevo conocido, Crocodile.
Esta vez, el hombre de cabello negro le había invitado a un café, un lugar tranquilo para charlar y seguir conociéndose.
El rubio se vistió con un suéter de color beige, pantalones de mezclilla y zapatos sencillos de color café.

Law, manteniendo su distancia, observaba como Rosinante se dirigía a la salida del departamento.

—Por favor, Law, no quiero que duermas tarde… Regresare lo más temprano posible—dijo el rubio antes de irse—. Espero que te sientas mejor para mañana… Buenas noches.

Y Rosinante salió de la vivienda, dejando a Law lleno de una frustración que le inspiraba a querer hacer cualquier cosa para hacerla desaparecer…
Luego Law se sobresaltó un poco al sentir que su celular sonaba con el timbre de llamada entrante.

— ¿Si?

—Pensé que no me responderías, mocoso…—dijo Doflamingo soltando una risa discreta—. ¿Acaso ya te olvidaste de mi o te crees tan importante que sientes que puedes ignorar mis mensajes?

—Yo te responderé cuando quiera hacerlo—soltó Law con indiferencia—. ¿Qué quieres?

— ¿Por qué estas preguntando? Ya lo sabes, querido Law, ¿tienes oportunidad de venir a verme?

Y Law guardo silencio por unos segundos, reflexionando sobre su futura respuesta…
¿Se quedaría ahí lamentándose y torturándose pensando en cómo estaría pasándola Rosinante esta noche?

¿O iría a desahogarse y vengarse por un buen rato de toda la mierda que estaba ocurriéndole? Y como todo digno adolescente en medio de una tempestad emocional, decidió hacer caso a su impulso más caótico.

—Bien, ordena un taxi para que venga por mi…—respondió Law.

—Eso quería oír, enseguida nos vemos, pequeño Law…

—Rosinante, ¿Qué te ocurre?

—De nuevo, Law me tiene preocupado… Pero no puedo hablar de eso, es asunto de él, no considero apropiado hablarlo con alguien más. Perdón…

—No te preocupes, lo entiendo.

—Gracias… Creo que hay una coordinación misteriosa entre las discusiones que tengo con Law y tus invitaciones; después de pasar por esas situaciones tan delicadas es reconfortante salir a despejar mi mente y pasar un rato agradable contigo—comento Rosinante sonriendo con algo de tristeza.

—En verdad espero que llegue el día en que podamos reunirnos sin que algo te esté causando estrés…

—Si, en verdad, también lo espero. Debe resultarte tedioso solo verme en estos estados tan lamentables.

—Tengo paciencia, para quienes realmente la necesitan. Así que no te preocupes, estaba pensando en algo…

— ¿En qué?

— ¿Dónde pasaran la navidad y año nuevo?

—Law me había comentado que quiere ir a pasar las fiestas con sus amigos, creo que es lo más apropiado y sano para él, a como han ido las cosas, no considero buen pronóstico que pase esas fechas conmigo…

—Debería apreciar más tu esfuerzo…

—No, no es nada, en verdad pienso que debe ser mejor que pase una buena navidad con sus amigos, se sentiría más cómodo y feliz con ellos.

Crocodile miro fijamente a su querido Rosinante y después de tanto pensarlo, decidió proponerle algo que solo había ideado vagamente.

— ¿Te gustaría pasar las fiestas conmigo?

— ¿Qué?

—Por lo general paso la navidad y año nuevo en Las Vegas, pero este año quiero pasarlo aquí en la ciudad… Haré un evento especial en el casino, además de una cena para mis conocidos cercanos en mi casa… Me agradaría que pudieras asistir.

—Suena genial, por supuesto que sí…—y Rosinante sonrió, totalmente emocionado.

Crocodile sintió una gran satisfacción al ver al rubio sonreír de manera tan sincera. Deseaba que las semanas fueran desapareciendo en segundos y llegaran aquellas celebraciones decembrinas.

—Law… ¿Qué te ocurre?

Doflamingo se encontraba saliendo de la cama, completamente desnudo, acercándose a Law, quien en cuanto cumplió con su lubrica tarea, fue a pararse delante de la ventana para observar el horizonte en silencio.

—Nada…

—Claro, eres muy convincente… Anda, dime ¿Qué te sucede?

—No te interesa.

—Oye…—y Doflamingo tomo a Law por la quijada, para que el jovencito le viera directamente a la cara—. Creo habértelo dicho una vez hace tiempo… Me agradas, y no solo quiero que vengas para follarte y que luego te vayas sin más… Cualquier problema que puedas tener, yo puedo ayudarte a resolverlo. Una vez fui joven como tú, me recuerdas en cierta forma a mí mismo en aquella época…

Law comenzó a temblar; la forma en que Doflamingo hablaba al ponerse serio, le hacía tomar cautela de sus acciones.

—Yo… Solo… Extraño a unas personas. Es todo, pensaba en eso—dijo Law sin querer entrar en muchos detalles.

Doflamingo miro los grisáceos ojos de Law, podía asegurar que lo que decía el joven era cierto; una melancolía y frustración se reflejaban en aquella mirada.

—También perdí a personas que fueron importantes para mí—dijo Doflamingo con voz calmada—. Se lo que es eso… Aunque no lo parezca, a veces también me siento como tu…

Y Law vio a Doflamingo de una manera totalmente diferente, ahora le miraba con interés y algo de empatía.

—Pero trato de seguir adelante, a mi manera, ya lo sabes… Y tú también, supongo…

—Sí…

—No sé si deberíamos seguir hablando de esto… Al menos deberíamos ir por algo de beber, ¿Qué dices?—y Doflamingo salió de la habitación para bajar por una botella de vino.


Hasta aquí por ahora, espero que les haya agradado este drama...

Muchas gracias por leer y en especial gracias a quienes dejan sus opiniones

¡Hasta la próxima, un abrazo!

Atte. Levita Hatake