Hola a todos Espero que se encuentren lo mejor posible.
Aquí tienen el doceavo capítulo de esta historia ;-; que espero que les agrade porque este es uno de los episodios que más temía publicar, debido a lo "arriesgado" que puede ser relacionado a la evolución de la trama, pero pues es algo necesario, esto era una de las ideas principales desde la concepción de la historia.
Muchas gracias a todos quienes han dejado comentarios, a quienes siguen esta historia en cada actualización, a pesar de que no avance tan rápido como desearía :c
Logre actualizar antes de mi cumpleaños, jaja, fue un milagro... Iba a tener ese pendiente y no me iba a dejar disfrutar en paz ;0;
~Un abrazo a todos~
Doflamingo se encontraba colocándose un pantalón de pijama de tela de seda color rosa claro; el rubio tenía que bajar al comedor de su casa para ir en busca de una botella de vino y un par de copas.
Y mientras Doflamingo salió, Law aprovecho para volver a colocarse las prendas superiores que le faltaban.
El jovencito regreso a tomar asiento en la cama que estaba hecha un desastre y se dedicó a contemplar el reloj que había en una pared.
Ya eran las diez de la noche.
Probablemente Rosinante ya estaría llegando al departamento o quizá ya habría llegado y estaría como loco buscándole por doquier y llamándole insistentemente…
Y esta última situación fue la acertada; cuando Law miró su teléfono celular pudo confirmar que tenía varias llamadas perdidas y mensajes de texto de parte de aquel rubio.
Por unos segundos el muchacho miro con un frío y triste resentimiento la pantalla de su dispositivo, hasta que decidió responderle con un breve mensaje de texto, escribiéndole:
«Estoy bien. Regresaré más tarde »
Había sido un gran alivio para Rosinante recibir esa señal de Law, pero no era suficiente, así que no tardo en cuestionar el donde estaba y porque había salido tan tarde y sin avisar.
Obviamente Law no respondió aquellas últimas interrogativas y volvió a ignorar el teléfono.
—Bien, espero que te guste esto… Es ligero, perfecto para platicar con nuestros cincos sentidos intactos—anunció Doflamingo al volver a la habitación. El hombre le brindo una copa a Law y le sirvió un poco de vino de un tenue color rosa.
Law tomo un sorbo y dirigió su grisácea mirada hacia la alfombra.
—Law… Realmente me intrigas, quisiera que pudieras compartir más de ti conmigo… Pero sé que no lo dirás tan fácil—comenzó a decir el rubio mientras tomaba asiento al lado del jovencito—. Así que, para iniciar, voy a contarte algo sobre mí—y bebió un largo sorbo directo de la botella, derramando unos hilos de líquido sobre sus labios.
Doflamingo relató que desde pequeño tuvo que enfrentar situaciones difíciles, pero eso le había servido para ser quien era hoy en día. Contó que sus padres habían sido asesinados y, a causa de ello, termino vagando por las calles de Nueva York, pues no estaba dispuesto a pasar el resto de su infancia y juventud esperando una adopción que tal vez nunca llegaría...
—Además no soportaba la idea de tener que volver a llamar padre o madre a otras personas—menciono Doflamingo con algo de molestia. Dio otro gran sorbo al vino.
Luego conoció a quienes habían sido sus más grandes confidentes y amigos de su vida; se inició en el crimen organizado y en el mercado negro y fue haciéndose de una reputación digna de temer y una fama que le llevo lejos, tan lejos que luego pudo establecer sus propios negocios y vínculos y finalmente cambió de residencia, mudándose a California, en donde llevaba viviendo desde hace ya unos diez años.
—Creo que una de las mejores cosas que me ha brindado este estilo fue el hecho de poder haberme vengado de los malditos que asesinaron a mis padres—dijo Doflamingo con una voz tan calmada que sonaba tan incómoda y extraña para Law—. Tuve la suerte de encontrarlos y deshacerme de ellos, justo como lo había imaginado y deseado tantas veces…
Law se encontraba como en un extraño trance; el joven estaba con la mirada perdida, experimentando una sensación de melancolía y desamparo, sentía un vació en el pecho, su mente estaba llena de confusión y tristeza, como si se preguntara el cómo y porque estaba ahí escuchando aquella historia del pasado de ese hombre.
Escuchar aquellos sucesos le había resultado algo tan familiar…
Podía fácilmente imaginarse como pudo haberse sentido Doflamingo en aquel entonces.
—Pero, como puedes comprobar, no he dejado que esa clase de incidentes me marcaran para mal… Sigo disfrutando de mi vida justo como quiero y no dejaré que nada me detenga… Así debe ser esto, Law—declaró el hombre de las gafas extravagantes sonriendo con total sinceridad y confianza.
—Supongo que sí… Te ha funcionado bien…
—Si. ¿Te sientes mejor o que te ocurre?
—Es solo que… No pensé que dirías algo así.
— ¿Te sorprendió?
—No, no es algo raro para mí… Me resulta más familiar de lo que crees, pero no esperaba algo así viniendo de alguien como tú—explico Law sin dejar atrás su seriedad—. Yo… No sé si algún día pueda volver a vivir de manera tan despreocupada y plena como tú, después de haber pasado por algo similar…
— ¿Quieres contarme?
Law guardo silencio por casi un minuto, hasta que lanzo un pesado suspiro y decidió confesar de manera cautelosa su lamentable pasado familiar.
—Perdí a mi madre y hermana menor en un accidente automovilístico, fue algo inesperado, sin embargo pude aceptarlo con más facilidad, comparándolo con lo que le ocurrió a mi padre…
Doflamingo había dejado la botella de vino sobre la mesita de noche que estaba al costado de su cama y presto toda su atención a Law, quien claramente estaba evidenciando una ligera alteración en su habla y reacciones corporales: La voz del adolescente parecía estarse quebrando aunque este no lo notara, sus ojos reflejaban una triste frustración que cada vez lucía más como una oleada de furia que buscaba venganza y todo su delgado cuerpo había comenzado a temblar ligeramente.
—Mi padre fue asesinado mientras trabajaba… Yo… Nadie… La policía aún no logra averiguar porque ocurrió tal cosa… Es algo que…—y Law se detuvo un segundo para pasar saliva y tratar de calmarse—. Espero que pronto llegue el día en que por fin pueda saber quién o quienes le hicieron eso… Y en verdad deseo que reciban el mismo destino que le dieron a mi padre.
Doflamingo siguió en silencio, mirando fijamente el tenso rostro de Law que luchaba por deshacerse de aquellas tormentosas emociones.
Pasados unos segundos, cuando al fin notó que el muchachito se había calmado genuinamente, se atrevió a preguntar en voz tranquila:
— ¿Ocurrió hace mucho tiempo?
—No… Ocurrió este año…—confeso Law tensando sus labios, tratando de reprimir su dolor en lo posible—. Ya no quiero seguir hablando de esto—y se levantó de la cama, para dirigirse al balcón y tomar aire fresco.
Doflamingo le siguió de inmediato, cuando llego detrás de él poso su mano derecha sobre un delgado hombro del jovencito.
—Law… Tal vez pueda ayudarte. Dijiste que no han podido averiguar nada al respecto… Creo que ya debes saber que tengo los medios para poder conseguir ese tipo de información—musito Doflamingo sin apartar su mano de Law—. Justo como yo lo hice hace años…
Law comenzó a sentir una ansiedad insoportable, sintió un nudo en su estómago, su corazón palpitaba tan rápido y fuerte que comenzaba a incomodarle y a darle una leve sensación de temor.
—No tienes por qué responderme ahora, ya no hablemos más de eso por ahora—le tranquilizo el hombre mientras acariciaba con cuidado su hombro—. ¿Quieres ir a dar una vuelta al jardín?
—Sí…
Mientras tanto, Rosinante se encontraba en su apartamento, luchando contra una desesperación horrible; quería ir a buscar a Law a cada rincón de la ciudad, pero era casi seguro que sería inútil y que tarde o temprano Law regresaría por su propia cuenta, o eso esperaba en el mejor de los casos, solo faltaba un poco para que fuera hacia la comisaría de policía y pidiera auxilio para encontrarlo.
—Law… ¿Por qué haces esto…?—musito el desconsolado rubio mientras mantenía su cansada vista fija en el teléfono celular, esperando a que Law volviera a mandar algún mensaje o respondiera alguna de sus llamadas.
Se quedaría despierto hasta que Law volviera, así que el rubio fue a preparar café a su pequeña cocina.
Cuando su café estuvo listo, Rosinante decidió bajar un rato al recibidor del edificio, para seguir esperando a Law ahí.
Paso una hora y media...
— ¿Law?
Rosinante alcanzo a divisar que en la acera del frente se estacionaba un taxi y de este bajaba un jovencito de cabello oscuro y piel bronceada, definitivamente era Law.
Rosinante avanzo rápidamente hacia él, sintiendo un alivio enorme al ver que se encontraba a salvo.
—Law…—y Rosinante le abrazó fuertemente y hablándole con una voz totalmente afectada por el gran alivio que era volver a verlo—. Law… Por favor, no vuelvas a hacer esto…
Law no tenía ánimo para hablar, solo se limitó a decirle que estaba bien y quería ir a dormir. Rosinante, quien pudo percibir sin dudar algo raro y triste (más triste y serio de lo normal) en el semblante de Law, se guardó todas sus preguntas para el día siguiente.
El sueño de ambos fue tormentoso, tanto Law como Rosinante tardaron en conciliar el sueño y, cuando lograron dormir, tuvieron lapsos intermitentes en donde despertaban por el estrés de haber experimentado una pesadilla…
Law había estado viendo imágenes terribles de su familia sufriendo, siendo víctimas de sus fatales destinos, había imaginado como pudo haber sufrido su padre antes de ser atacado, su atormentada imaginación recreo unos terribles gritos de angustia y auxilio; en definitiva haber charlado sobre su familia durante la velada de Doflamingo le había afectado.
Por su parte, Rosinante, tuvo pesadillas sobre Law siendo víctima de algún accidente, también se vio angustiado al soñar que el muchacho se había marchado lejos, muy lejos de él, sin dar explicaciones y olvidándose para siempre de él… También la imagen del señor Trafalgar le atormento, reclamándole su falta de cuidado y compromiso hacia Law, y también para empeorar las cosas, gritándole que había descubierto que Rosinante había llegado a sentir algo más por Law, más que simple amistad y paternalismo.
Fue una madrugada terrible, y sus consecuencias se reflejaron en el desayuno de la mañana siguiente.
—Law… ¿Puedes decirme porque saliste anoche?—pregunto Rosinante con voz ronca. El rubio se encontraba sirviendo la comida directo del sartén al plato de Law.
—Necesitaba tiempo a solas.
—Pero si ayer estabas solo aquí en el departamento…
—Realmente a solas. No quería estar aquí, en tu casa.
—Es tu hogar también.
—No, no lo es.
— ¿Realmente no te gusta estar aquí?
—No.
—Lo lamento… Realmente nunca lo considere así… Quisiera poder ofrecerte algo mejor, pero…
—No importa realmente.
—Law… Entonces, ¿A dónde fuiste?
—Con un amigo, solo estuvimos bebiendo un poco y charlando, es todo.
—Law, entiendo que no te sientas bien aquí, y que necesitas tener tiempo para ti y sentirte pleno…—empezó a decir Rosinante con un tono de voz más serio y grave—. Pero no puedo permitir que estés fuera tan tarde… Por favor, entiéndelo… No puedes seguir haciendo esa clase de cosas.
Hubo un largo silencio mientras se dedicaron a comer, para cuando su plato estaba casi vacío, Rosinante volvió a hablar.
—Law, quiero saber si en verdad estás considerando y prestando atención a lo que te acabo de pedir…—dijo el mayor, empezando a sentirse frustrado por la fría indiferencia que Law mostraba en su rostro.
—Si… Tratare de no salir tan tarde. Lo siento…
Una fugaz sonrisa apareció en el pálido rostro de Rosinante.
—Oye, Law… Quería hablarte sobre el asunto de navidad y año nuevo.
— ¿Qué pasa con eso?
—Estaba pensando en que si de verdad querrás pasar las fiestas con tus amigos…—dijo el hombre con voz algo nerviosa. Luego agregó con gran inseguridad y en una voz tan débil que Law apenas pudo escucharle—. O si acaso… Querrías estar conmigo…
—Ya les había dicho a Penguin y Shachi que estaría con ellos en esas fechas—dijo Law con voz seria.
—Sí, no hay problema, solo quería confirmarlo, como ya falta poco… Quiero asegurarme de que tengamos todo organizado.
Dentro de una semana y cuantos días más, la temporada navideña llegó. En la tarde del 24 de Diciembre, Rosinante y Law salieron del departamento; tanto Law como Rosinante habían llevado consigo una pequeña mochila con un cambio de ropa y artículos de higiene personal, pues se quedarían en casa ajena hasta que llegara navidad.
—Rosinante…
— ¿Si, Law?
— ¿Puedes llevarme a un lugar antes de dejarme en casa de mi amigo?
—Claro que sí… ¿A dónde necesitas ir?
—Al cementerio. Necesito visitar a mi familia.
Un escalofrío recorrió la espalda de Rosinante a la vez que en su garganta se hacía un nudo que evidenciaba lo mucho que le afectaba oír aquella petición.
El auto cambió de dirección, fijándose rumbo al lugar mencionado.
Cuando finalmente llegaron, Law bajo rápidamente del vehículo, dejando a Rosinante atrás.
El muchacho camino a paso apresurado hacia las sepulturas de su familia. Primero fue a donde descansaban su madre y hermana menor, al llegar frente a la lápida se arrodillo y paso aproximadamente quince minutos ahí.
Estuvo armándose de valor para pasar a visitar a su padre…
Realmente le desestabilizaba en gran manera pensar que tendría que posarse frente a su sepultura; el simple hecho de volver a asimilar que le había perdido para siempre y sin ninguna explicación seguía aturdiéndole.
—Papá…—musito Law al plantarse frente aquella lapida.
El jovencito no pudo contener la gran ola de emociones que albergaba en su interior y, al cabo de unos segundos, sus ojos dejaron escapar amargas lágrimas.
Law trataba de no sollozar demasiado, no quería que alguien pudiera oírle sufrir de esa manera.
Mientras tanto, Rosinante le observaba desde lejos, pues pensaba que su presencia solo empeoraría un momento tan doloroso. El hombre de cabello rubio no pudo evitar que sus ojos se empañaran y que su cuerpo temblara ligeramente a causa de la conmoción que era estar ahí y ver como Law tenía que enfrentarse con aquella trágica realidad.
—Tal vez pueda… Encontrar a quien te hizo esto…—murmuro Law con su respiración entrecortada por el llanto.
Después de esas últimas palabras, el muchacho se limitó a voltear su cansada vista al cielo nublado y recordar las últimas horas que paso junto a su padre.
Para cuando Law decidió que era hora de marcharse, pudo ver a lo lejos la figura de Rosinante, quien seguramente estaba observándole durante todo ese rato.
—Rosinante…—hablo Law cuando estaban a punto de llegar a casa de Penguin— ¿En dónde pasaras navidad?
—Estaré con el señor Sengoku, ¿recuerdas quién es?
—Si.
—Y hoy, tal vez, vaya al evento de un amigo, solo un rato…—finalizo Rosinante con voz algo nerviosa, pues Law no había tenido una buena actitud respecto a ese tema de su nueva amistad con Crocodile.
—Ya veo…
Y el auto se detuvo, llegando al destino.
Rosinante noto que Law quería tomarse unos segundos antes de bajar del vehículo.
—Law… ¿Estas bien?
—Si—y el jovencito tomo su mochila. Law quería hacer algo sumamente imprudente pero tan necesario para su alma; sentía un intenso deseo de abrazar fuertemente a Rosinante y besarle una vez más, como en aquellas tardes en su antigua residencia en donde ambos vivían sin preocupaciones graves. Pero su impulso fue detenido al notar que sus amigos salían de su hogar para recibirle—. Nos vemos luego, cuídate…
—También tú, Law—dijo Rosinante con voz suave, mirando con algo de ternura y melancolía a Law—. Te llamaré mañana.
—Si.
—Law…—Rosinante quería decirle algo que hace mucho no expresaba pero que ahora sentía de diferente manera, totalmente libre de toda pretensión apasionada o romántica—. Te quiero.
Law sintió como su cuerpo se estremeció al oír aquellas palabras, dichas con total sinceridad y de manera tan inocente.
El muchacho se limitó a asentir con la cabeza, tensar los labios y actuar de la manera más calmada posible.
Law bajo del auto y se reunió con sus amigos con quienes se adentró en la casa dentro de unos segundos.
Rosinante continúo su camino después de ver la puerta cerrarse.
—Mis padres fueron por unas últimas cosas para la comida de mañana—explico Penguin a Law quien se estaba instalando en su habitación.
—Ya me extrañaba…—Law se había recostado sobre la cama de Shachi, en donde había un gran peluche de una ballena orca, el cual Law uso como almohada temporal.
—Oye, Law, ¿y donde pasara la navidad el profesor Donquixote?—pregunto Shachi que llego a la habitación y tomo asiento junto a Law.
—Con un familiar suyo…—respondió vagamente el joven moreno tratando de no tomarle mucha importancia—. Oigan, ¿Qué cena habrá este año?—pregunto para cambiar el tema lo más pronto posible.
Por otra parte, Rosinante se encontraba llegaba al casino de Crocodile. Estaciono su auto, entro al establecimiento y se encontró con una gran y reluciente decoración navideña por doquier.
Al parecer había subestimado que un casino pudiera estar lleno en esas fechas; había bastante gente, ya sea que fueran a jugar o disfrutar de los eventos que tenían disponibles por la temporada especial.
— ¿Señor Rosinante?—una especie de anfitrión vestido elegantemente le había abordado.
—Si… Soy yo.
—El señor Crocodile le invita a pasar a su sala privada.
—Oh, si… Claro…
—Por aquí, por favor.
Rosinante siguió al empleado y finalmente llegaron a una especie de sala VIP, en donde también todo estaba finamente decorado acorde al tema navideño pero con un toque muy elegante y fino.
Había varias personas ahí, hombres y mujeres de apariencia extravagante, glamorosa e intimidante en cierta manera.
Todos charlaban alegremente, algunos fumando, otros con alguna copa de champagne o vino en alguna mano, y otros tomando pequeños bocadillos mientras seguían inmersos en una densa platica.
—Rosinante…
—Hola… Crocodile…
— ¿Qué te sucede?—pregunto Crocodile al notar que el rubio tenía un semblante nervioso.
—Creo que no vine acorde a la celebración… Lo siento, no suelo vestirme de manera tan formal—balbuceo el rubio sonriendo de manera avergonzada—, creo que lo más elegante que tengo es mi ropa recurrente de profesor… Yo…
—No te preocupes por eso, no es realmente importante. Veras que a nadie le importara ese asunto.
—Eso espero…
— ¿Y cómo estas hoy?
—Bien… Deje a Law en casa de sus amigos, estoy seguro que tendrá una navidad más agradable ahí, por ahora estoy tranquilo…
—Me alegra oírlo. Es bueno verte un poco más relajado que de costumbre—comento Crocodile mientras exhalaba una gran hilera de humo de su grueso puro—. ¿Quieres beber algo en especial?
—No sé… Tal vez algo de vino… Aunque tengo un poco más de hambre que sed, siendo sincero.
—Pasemos a la mesa de platillos entonces…
Rosinante paso la tarde charlando con Crocodile de temas relacionados a los eventos que se estaban llevando a cabo en el casino, luego hubo un lapso en que Crocodile le presento a varios de sus compañeros y conocidos más apreciados.
Para cuando llego la noche, un viejo conocido de Crocodile ofreció un espectáculo de canto y danza, Rosinante encontró al hombre bastante talentoso y carismático.
— ¡Puedes llamarme "Bon-chan"! ¡Y puedes venir a ver mis presentaciones cuando quieras!
— ¡Lo hare…!
—Muy bien, te esperare entonces, Rosinante. ¡Ahora, creo que debo ir por algo más de beber, quiero refrescarme!—y el hombre se retiró de la misma manera histriónica y llamativa con la que se expresaba al hablar y bailar.
—Realmente le apasiona su arte, ¿no es así?
—Sí… Siempre ha sido así, por eso quise tenerlo en mi equipo—respondió Crocodile y le dio un sorbo a su copa de champagne—. Oye, Rosinante…
— ¿Si?
— ¿Podrías acompañarme a tomar aire fresco un rato?
—Claro, vamos…
Ambos se dirigieron hacia un elevador, abordaron y Crocodile marcó el último piso.
En unos segundos más llegaron a la terraza del edificio: era un lugar que seguía contando con mobiliario ostentoso además de tener grandes extensiones de arbustos, varias plantas y flores.
Crocodile camino hasta llegar frente a una zona en donde la vista era espectacular, un vasto paisaje de luces de diferentes tonalidades que emitían los diversos edificios de la ciudad.
Hacía bastante frio el cual se intensificaba debido a que empezó a soplar un ligero viento.
Crocodile estuvo en silencio por un par de minutos, con la vista perdida entre la gran multitud de edificios y luces.
Rosinante noto aquel gesto algo extraño, así que después de considerarlo unos minutos más, se atrevió a preguntarle:
— ¿Todo está bien?
—Rosinante… Hay algo que me ha tenido pensando mucho en estas últimas semanas.
— ¿Tienes un problema?
—Si…
—Si gustas puedes contármelo—dijo Rosinante con voz calmada y comprensiva—. Desde que nos conocimos has estado atento cuando yo he estado con problemas encima. Quisiera poder hacer lo mismo por ti…
—Estuve pensándolo mucho. No sabía cómo asimilarlo. No sabía si era demasiado pronto para tomarlo realmente en cuenta como algo verdadero… Pero debido a que no puedo dejar de pensar en ello, creo que es necesario que lo acepte de una vez por todas…
Rosinante escuchaba atento a Crocodile, observaba la actitud tan seria que había adoptado aquel hombre de cabello oscuro y como parecía ponerse cada vez más serio a cada segundo.
—No quería discutir esto contigo antes—continuo Crocodile con voz grave—. Ya tenías mucho con que lidiar, tus problemas y estrés eran demasiados. No quería provocar una angustia más en ti…
Rosinante esbozo una expresión de confusión, realmente se preguntaba que podría causarle tanto conflicto a Crocodile.
—No debiste tener en consideración algo así—comento Rosinante—. Somos amigos, si tú me estabas apoyando, yo pude haberte ayudado de alguna manera…
Crocodile soltó un ligero bufido que pareció ser una risa indulgente.
— ¿Qué te paso?—cuestiono Rosinante empezando a reflejar su preocupación en su pálido rostro que empezaba a tornarse rosa en algunos puntos a causa del frio.
—Rosinante… Yo…
Y Crocodile supo que no podría decirlo, no podía continuar de otra forma que no fuera acercándose al rubio, posando una mano sobre la mejilla derecha de Rosinante, aproximando su serio rostro al del rubio y lentamente evidenciar que quería unir sus labios con los delgados temblorosos de Rosinante.
Los ojos de Rosinante no daban crédito a lo que veían; tal vez había bebido demasiado, tal vez ambos estaban muy ebrios, si, tal vez era eso...
Pero la sensación de los labios de Crocodile, besándole suavemente y de manera casi tímida, era tan real…
El aliento de ambos podía verse manifestado en pequeñas nubecillas de vapor. Crocodile y Rosinante se miraban fijamente.
Ninguno pudo concebir alguna palabra.
Rosinante retrocedió, completamente aturdido por la situación.
—Yo… Me tengo que ir…—balbuceo Rosinante apenas mirando a Crocodile—. Lo siento…
Rosinante, al querer huir lo más pronto posible, tropezó y cayó de espaldas. Le tomo unos segundos volver a ponerse de pie y seguir su camino hacia la salida del casino.
Crocodile, a pesar de querer ir detrás de Rosinante y calmar las cosas de alguna manera, finalmente se quedó en el mismo lugar, reflexionando sobre la gran tontería que se había atrevido a cometer.
Alcanzo a ver el auto de Rosinante saliendo del estacionamiento.
Sintió una terrible culpa al verle irse con tanta prisa.
Que imbécil se sentía; la persona más estúpida del mundo.
Podía apostar a que su amistad con Rosinante ya se había fracturado para siempre y que aquel rubio no querría volver a verlo jamás...
Rosinante se tomó unos segundos para volver en sí, se estaciono en una tienda de autoservicio de 24 horas.
Se miró en el espejo retrovisor: su rostro aún estaba estupefacto, sus ojos seguían reflejando el asombro que le había causado aquella revelación por parte de Crocodile, su corazón latía con fuerza, sentía un incómodo vértigo en el estómago y aunque el clima estuviera helado, sudaba como si estuviera en un día en pleno verano.
Estaba muy nervioso, sentía que en cualquier momento tendría que salir del auto a vomitar debido al aturdimiento.
Hace mucho que no experimentaba algo así…
Desde que había llegado a casa de los Trafalgar y Law comenzaba a flirtear con él… No, esto era diferente, muy diferente.
Crocodile era una persona totalmente diferente a Law…
¿Qué tendría que hacer ahora? Había huido sin dejar que Crocodile le explicase o continuara, se sintió tan confundido y un tanto aterrado, que la mejor opción que pudo ocurrírsele era irse pronto de aquel lugar.
Salió del auto, el frio le hizo "volver en sí" y calmarse un poco.
Respiro profundamente y decidió que era hora de irse a casa, pues mañana tendría que ir con el señor Sengoku a celebrar navidad; después de que pasara navidad pensaría en que hacer respecto a ese delicado asunto.
Al día siguiente, Law despertó gracias al ruido que provenía de fuera de la habitación, tal vez Penguin y Shachi ya estaban recibiendo la navidad y felicitando a sus padres.
El muchacho se levantó con cuidado de la cama y fue a reunirse con sus amigos.
— ¡Oh Law, feliz navidad…!—exclamo Shachi con una sonrisa alegre al ver a Law por el pasillo que dirigía a la parte principal de la casa.
—Feliz navidad…—respondió Law con voz ronca.
—Vamos, ya estamos abriendo los regalos…
Al llegar a la sala de estar observo que en efecto, Penguin junto con sus padres estaban abriendo sus obsequios.
—Feliz navidad, Law—le dijo la madre de Penguin mientras se ponía de pie para alcanzar un par de cajas de regalo y una calceta navideña que tenía el nombre de Law.
Law recibió los regalos algo extrañado pero agradecido por el gesto.
—No debió molestarse…—balbuceo Law algo apenado mientras se animaba a abrir un regalo.
Dentro de un rato más, después de haber desayunado, Law, Penguin y Shachi decidieron entretenerse jugando un nuevo videojuego que les habían obsequiado.
—Oigan… Necesito ir a llamar a alguien…—dijo Law pensando que ya era una hora apta para llamar a Rosinante.
—Sí, no hay problema…
Law salió de la casa, tomando asiento en el frio pórtico de la casa, saco su teléfono celular y llamó.
—Law... Buen día—respondió la voz de Rosinante—. Feliz navidad.
—Feliz navidad…
— ¿Cómo te encuentras?
—Todo ha ido bien. La familia de Penguin ha sido muy amable—respondió Law con voz tranquila— ¿Y tú?
—Ah…Estoy bien… Apenas iré a visitar al señor Sengoku—dijo Rosinante con algo de titubeo en su voz—. Iré por ti en la tarde. Sigue pasándola bien, Law. Nos vemos más tarde…—y Rosinante terminó la llamada.
Law noto algo extraño en la voz de Rosinante, en la manera en que había terminado la llamada, no sabía exactamente el que o porque lo percibía así, pero no quiso cuestionárselo mucho, al menos no por este día. Guardó su teléfono y se dispuso a regresar con sus amigos.
Para mediodía, Rosinante ya estaba reunido con su viejo tutor, Sengoku, quien en cuanto vio llegar al hombre de cabello rubio, supo que algo no andaba del todo bien con él.
—Creo que primero deberás contarme que sucede contigo—le dijo Sengoku—. O de lo contrario temo que no podrás dar ni un bocado debido al estrés que tienes…
—Pero ¿Cómo…?
—Rosinante, ¿olvidas que te críe una buena cantidad de años? Es obvio…
—Lo siento, no querría haber venido de esta manera en plena navidad.
—No te preocupes, toma un poco de ponche y empieza a contarme que es lo que te sucede, ¿de acuerdo?
Rosinante, totalmente nervioso, acepto la bebida cuyo calor le reconforto para comenzar a explicarle al señor Sengoku lo que le había sucedido la noche anterior.
Para cuando Rosinante termino de narrar los hechos, tuvo que levantarse y dar un par de vueltas alrededor del gran sofá en donde estaban sentados.
—Vaya… Nunca pensé que me fueras a decir algo así—comento Sengoku con algo de diversión en el tono de su voz—. Oh, Rosinante, definitivamente has crecido… Y mira que captar la atención de alguien como ese sujeto…
—No sé qué hacer… En verdad me agrada, se ha vuelto un buen amigo, pero no esperaba que algo así fuera a suceder…
— ¿En verdad no lo viste venir?
—No…
—Entonces, ¿a ti realmente no te podría interesar intentar algo con él?
—No… No sé… Es mi amigo…
—Vaya… Pues si realmente valoras su compañía tendrás que armarte de valor para volverlo a ver y aclarar las cosas, es la única alternativa—y Sengoku dio un trago a su taza con ponche—. Al menos servirá para despedirte si es que ese tipo no respeta la decisión que llegues a tomar…
Rosinante miro angustiado hacia la chimenea que estaba encendida.
Volver a verse con Crocodile sería algo tan incómodo, complicado y difícil de asimilar.
El haber recibido un beso de alguien más que no fuese Law le había dejado con una sensación de culpabilidad…
Ahora recordaba los comentarios despectivos que Law había realizado en contra de Crocodile y todas las suposiciones que había dicho sobre que mantenían una relación ahora le dolían más.
— ¿Crees que ya te sientes listo para comer algo, Rosinante?—pregunto Sengoku sacando al rubio de su disputa mental.
—Tal vez…
Horas después, cuando ya estaba atardeciendo, Law se encontraba guardando su par de obsequios y ropa dentro de su mochila, pues había recibido un mensaje de parte Rosinante, comunicándole que pasaría por él dentro de unos minutos.
— ¿Qué te ocurre, Penguin?—pregunto Law al ver que su amigo entraba a la habitación con un semblante triste y amargo.
—Shachi empezó a hablar con su novia… Ya llevan como diez minutos hablando—respondió Penguin con voz apagada mientras se recargaba sobre el umbral de la puerta—. Probablemente mañana vaya a verla y a llevarle su regalo de navidad…
Law tenso sus labios en gesto de incomodidad, pensó que ese asunto tal vez ya se había aclarado entre ellos, pero estaba muy lejos de la realidad. Tal vez todo el ánimo navideño había borrado por unas horas la tensión entre ellos, pero ya pronto volverían a la dura realidad.
— ¿Aun no has hablado con él?
—No como yo quisiera... Paso algo la última vez que intente aclarar algo con él pero…—y Penguin se percató de que alguien se aproximaba—. Será mejor que te lo cuenta después, a solas—añadió en voz baja.
—Hey, Law, creo que ya han llegado por ti—anunció Shachi llegando a la estancia.
—Gracias Shachi.
Y los tres muchachos se dirigieron hacia la entrada principal.
—Muchas gracias por permitirme pasar estos días con ustedes, fue de ayuda…—comento Law con una sonrisa algo melancólica.
—Te recuerdo que si decides venir en año nuevo serás igualmente bienvenido—le dijo Penguin.
—Creo que será lo más probable. Nos vemos luego…—y Law avanzo hacia el auto de Rosinante.
Al abordar el auto, Law noto que Rosinante le sonrió de manera nerviosa.
—Feliz navidad, de nuevo…—balbuceo el hombre de cabello de rubio echando a andar el auto.
— ¿Qué te pasa?—cuestiono Law.
—Es solo que no me cayó bien comer tanto y beber tanto ponche, creo que me excedí un poco en la comida del señor Sengoku—respondió Rosinante soltando una incómoda risa que se escuchaba muy falsa.
Law le miro algo receloso pero no quiso decir algo más, al menos no hasta que llegaran al departamento.
Al llegar, Law noto que había varios regalos encima de la mesita de centro que había en la pequeña sala de estar.
—No es mucho, pero espero que te gusten…—dijo Rosinante un poco más relajado.
Law se acercó lentamente, tomando una pequeña caja envuelta en papel rojo oscuro. Realmente no tenía mucho interés en abrir aquellos obsequios.
—Muchas gracias… Pero no tenías que hacerlo, no debiste gastar en algo así cuando tenemos cosas más importantes que pagar…
—Law, es navidad. Quería hacerlo, lo hice, de corazón, quería darte algo para alegrar un poco estas fechas… Además, creo que todo te será útil.
—Entiendo… Rosinante, ahora que estamos aquí, ¿quieres decirme que te ocurre?
— ¿De que estas hablando?
—Puedo saber que ocultas algo que te tiene ansioso, lo note desde que me llamaste, te escuchabas muy raro.
—Realmente no es nada, solo estoy algo cansado y atareado por todo el ambiente… Solo necesito descansar un poco. ¿Te molestaría si me voy a dormir de una vez?
—No…
—Buenas noches, Law. Descansa…—y Rosinante fue hacia la habitación para cambiar su ropa y luego volver a la sala para recostarse en el sofá mientras Law llevaba sus obsequios a su pequeño espacio personal en donde estaba su computador.
Al día siguiente, para cuando Rosinante despertó gracias a la alarma de su teléfono pudo notar que había recibido un mensaje.
Era un mensaje de parte de Crocodile.
El corazón de Rosinante empezó a latir con rapidez y fuerza.
El rubio se puso de pie para ir hacia el baño y revisar el mensaje ahí.
Respirando con pesadez empezó a leer el texto:
« No sé qué pensaras exactamente de mi ahora, pero sea cual sea la situación, siento mucho lo que te hice. Fue una grave falta hacia ti y lo reconozco. Si aún tengo una leve oportunidad de aclarar mejor las cosas, permíteme verte una vez más, el día y la hora que tú decidas.»
Rosinante leyó varias veces el mensaje. No sabía si responder ahora mismo o meditarlo en el transcurso del día…
— ¿Rosinante? ¿Te falta mucho para salir?—pregunto la voz ronca de Law después de tocar la puerta del baño.
—No, ya termino enseguida…
Rosinante guardo su teléfono celular en el bolsillo derecho de su pantalón pijama y se apresuró a salir del baño.
—Buen día, Law… ¿Dormiste bien?
—Sí…—y Law observo que de nuevo Rosinante lucía algo alterado y ansioso, entró al tocador y dejo en paz al sospechoso rubio que se dirigió a la cocina por un vaso de agua.
Horas después, cuando faltaban unos veinte minutos para que fueran la siete de la tarde, Rosinante salió del departamento.
Le había dicho a Law que iría a fumar un rato en el estacionamiento… La verdad era que quería responder el mensaje de Crocodile lo más lejos posible.
Después de horas de estar discutiéndolo consigo mismo, finalmente se atrevió a dar su respuesta.
Su respuesta fue que se verían dentro de una hora, en el café italiano que habían acostumbrado visitar últimamente.
Rosinante estaba asombrado de su propia decisión, aunque seguía teniendo un inmenso nerviosismo por ver de nuevo a Crocodile.
—Será mejor que no lo prolongue más…—murmuro el rubio subiendo de nuevo a su departamento con paso lento y algo vacilante. Trataba de asegurarse una y otra vez de que había que enfrentar todo de una vez por todas.
Al llegar a su piso, fue directamente hacia su habitación, para ponerse un abrigo y zapatos apropiados.
—Law… Necesito salir—aviso Rosinante al jovencito que había estado atento a la pantalla de su computadora—. Por favor, no salgas sin avisarme y no…
—Tranquilo, no iré a ningún lado—respondió Law con algo de molestia.
—Muchas gracias… Volveré lo más pronto que pueda…
Rosinante se dispuso a salir del departamento pero en el camino hacia la puerta principal, se tropezó y cayó su espalda.
— ¿Estas bien?—pregunto Law quien ya estaba a punto de levantarse para ir a auxiliarle.
—Si… No te preocupes… Nos vemos más tarde—y finalmente el hombre salió de su apartamento.
Dentro de una media hora más, Rosinante estaba llegando al lugar en donde había citado a Crocodile.
Bajar de su auto le costó demasiado, como si al bajar del vehículo fueran a condenarlo y herirle de por vida.
Camino torpemente hasta ingresar al establecimiento.
Y ahí estaba ya…
En una mesa más alejada de todo, con una sencilla taza sobre la mesa.
Crocodile poso su intimidante vista sobre él al instante.
Rosinante respiro hondamente y camino con cuidado hasta llegar a aquella mesa.
—Buenas noches…—balbuceo Rosinante al tomar asiento. Todo su cuerpo temblaba ligeramente. Su corazón no podía dejar de latir con fuerza.
—Rosinante. Lo siento, en verdad.
—Disculpe, ¿gusta ordenar?—interrumpió un mesero dirigiéndose al rubio.
—Un café italiano, por favor—respondió Rosinante rápida y nerviosamente.
—Rosinante… ¿Por qué decidiste aceptar el volver a vernos?—pregunto Crocodile en cuanto volvieron a estar solos.
—Yo… No sabía que pensar… Aun no lo sé—empezó a decir el rubio con voz cohibida—. Creo que no debí irme tan rápido cuando "eso" ocurrió… Tal vez debí esperar a que explicarás algo…
—No… Claro que no. Es lógico que te fueras, tenías todo el derecho de marcharte sin más. No debí atreverme a hacer algo así. Fui un imbécil…
—Entonces… ¿Eso era el único problema con el que estabas lidiando?
—Sí… Eso era todo lo que quería decirte.
—Ya veo…—y Rosinante recibió su café, bebió un sorbo con cuidado y después de guardar silencio unos segundos, continúo—. Aprecio que hayas querido aclarar las cosas, aprecio todo lo que has hecho por mí hasta ahora… Eres un amigo que en verdad necesitaba.
—Lamento no haber declarado mis intenciones desde un principio, pero no estaba seguro si en verdad era algo serio… Perdóname, Rosinante.
—No tienes por qué disculparte…—titubeo el rubio mientras tensaba sus labios. Le resultaba tan difícil hablar en una situación pero también empezaba a sentir empatía por los sentimientos de Crocodile—. En realidad no es que hayas hecho algo terrible, entiendo que… Bueno… Sé que a veces podemos sentir cosas así de intensas y no estamos seguros de lo que hacemos y pensamos…—y soltó un pesado suspiro mientras desviaba su mirada hacia el piso—. Pero no sé si pueda corresponderte de la forma en que tú lo deseas… Hay alguien que…
— ¿Tienes pareja?—pregunto Crocodile cautelosamente. Rosinante nunca había mencionado algo así en el tiempo que llevaban conociéndose.
—No… No. No es algo que pueda concretarse. Temo que nunca podre estar con esa persona…—explico Rosinante con voz casi al punto de quebrarse—. Pero yo aún le aprecio, no creo poder olvidarlo pronto… Aunque tuvimos problemas y diferencias graves…
— ¿Esa persona te lastimo?
—Un poco… Ya está saliendo con alguien más… Pero no lo culpo… Así son las cosas… Pero si soy sincero conmigo mismo, sigo sintiendo algo por esa persona. Soy muy idiota…
—Rosinante…
—No vale la pena fijarse en alguien como yo… Lo siento… Quisiera poder responderte como te mereces, pero…
—Siendo así, creo que podrías entender que aunque digas algo así yo seguiría pensando en ti…
—Crocodile…
—Quisiera poder hacerte feliz… Rosinante, en verdad quiero tener esa oportunidad.
Rosinante no podía responder o decir algo respecto a aquellas últimas palabras; bajo su mirada llena de vergüenza y tristeza.
—Rosinante…
Y Crocodile sintió que su ser se llenaba de nuevo de ese intenso y casi imprudente valor, esa misma osadía que lo había llevado a besar a aquel hombre de cabello rubio la noche anterior ahora le impulsaba a llevar su única mano hacia la mano izquierda de Rosinante, que temblaba ligeramente sobre la mesa.
Por primera vez en la noche, Rosinante dirigió su cobriza mirada directamente hacia los ojos de Crocodile…
Aquellos que solían ser tan intimidantes ahora le miraban con una intención llena de determinación.
—No necesitas decirlo en este momento…—musito Crocodile mientras apartaba su mano de la del rubio—. Entiendo que no es algo que puedas decidir de un momento a otro—dijo mientras se ponía de pie—. Esperare tu respuesta… No importa si tardas semanas o meses en decidirlo. Aceptaré cualquier decisión que tomes…
—Crocodile…
—Buenas noches, Rosinante. Cuídate mucho…
Y Crocodile se dispuso a irse de aquel lugar, dejando a Rosinante completamente estremecido y con la vista fija en la puerta principal por la cual había salido su amigo de cabello oscuro.
Bueno, fue todo hasta el momento :c espero que les deje con las ganas suficientes para continuar viendo como sigue todo este desastre.
Muchas gracias por leer, en especial gracias a quienes se animan a dejar su opinión :0 valoro muchísimo ese detalle.
¡Hasta la próxima, cuídense!
Atte. Levita Hatake
