Hola a todos, espero que se encuentren lo mejor posible.
Les deseo buena fortuna en este 2020, que tengan éxito, salud, y mucha resistencia para todos los desafíos que tengan que enfrentar.
Como siempre, quiero agradecerles su paciencia, espero que disfruten, ya sea de alguna forma u otra, este episodio, que será algo intenso…
Como me prometí al principio de estar ideando todo el concepto del fanfic, este sería mi proyecto más dramático, triste, conflictivo, y hasta cierto punto, "tóxico", je. Y creo que en este capítulo se reflejara bastante.
Por cierto, quisiera invitarlas a un evento en Tumblr, llamado "Corazon's Valentine" en el cual pueden aportar ya sea con fanfic, fanart, videos, cualquier tipo de contenido (mientras sea apto para todo público) relacionado a cualquier ship en la que participe Cora-san, y a la fecha del día del amor y la amistad.
Law fue el primero en despertar después de aquella difícil noche…
Se levantó del sofá en donde había dormido y fue directamente al baño.
Al terminar de orinar, lavó sus manos y rostro, contemplándose en el espejo del baño por un par de minutos; recordó con claridad las palabras de Rosinante, los reclamos y toda la ola de errores que le fueron arrojados en cara.
No era la primera vez que discutían, todos aquellos hechos que venían en los lamentos y reclamaciones de Rosinante ya se sabían desde hace un par de meses; la gran, dolorosa y única diferencia en esta ocasión era el acontecimiento del cual había sido testigo: Rosinante había besado a alguien más.
Ahora aquel rubio tan alto y torpe estaba brindando su cariño a otra persona.
Law golpeó con su puño derecho la pared al costado derecho del espejo al recordar nítidamente aquella escena… Su enojo era indudable, aunque no tenía legitimidad; había sido lo bastante arrogante y cruel para esperar que, a pesar de todas sus faltas y actitudes despectivas, Rosinante seguiría tolerándolo, peor aún, esperándolo y reservándose solo para él en un lejano futuro.
Rosinante dijo que le amaba, aun le amaba y seguiría amándolo…
Una parte de Law se aferraba a esas palabras, tratando de consolarse y convencerse de que era la máxima verdad y que ese sentimiento nunca podría eliminarse; pero al mismo tiempo otra parte de Law se atormentaba diciéndose que olvidara aquellas palabras: ¿Qué sentido tenía creer en eso? Si la posibilidad de que el corazón de Rosinante pudiera cambiar su rumbo para siempre ahora que intentaba algo nuevo con otra persona…
—Maldita sea…. —la voz ronca de Law evidenció que necesitaba un poco de agua. El jovencito salió del cuarto del baño y fue hacia la pequeña cocina.
Al estar bebiendo agua, dirigió su mirada hacia la puerta de la habitación de Rosinante; no quería verlo, no después de lo de anoche, no lo soportaría…
Podía jurar que su rencor y frialdad se intensificarían de una manera tan molesta al tener que enfrentarlo.
Podía salir rápido de ahí, ir a casa de Penguin y Shachi, ir a perder tiempo en algún centro de videojuegos durante casi todo el día o en caso extremo buscar la compañía de Doflamingo.
Pero esas eran opciones temporales, al final del día tendría que regresar al departamento y tarde o temprano ver a Rosinante.
Algo tendría que cambiar…
Sin más, Law fue a vestirse, tomó su mochila en la cual echó un cambio de ropa además de los cuadernos de estudio que tenía, guardo su teléfono celular en el bolsillo derecho del pantalón y salió apresurado del apartamento.
No estaba seguro a donde ir, pero al menos por ahora, no iría directamente a las pocas opciones que tenía disponibles.
Camino hasta la parada de autobús más cercana y ahí espero por unos minutos…
Tenía dinero para tomar un taxi a cualquier parte, pero lo que quería ahora era estar solo, en un lugar en donde nadie pudiera encontrarlo fácilmente, donde nadie le conociera y viera directamente al rostro.
Seguiría a bordo del transporte hasta que este terminara su ruta, en donde quiera que este finalizara su recorrido, no le importaba, a estas alturas terminar en otra ciudad le daría igual.
Mientras tanto, Rosinante apenas despertaba.
Había sido una tormentosa madrugada, tardó demasiado en poder dormir…
Al salir de la habitación noto de inmediato que Law no estaba en casa.
—No puede ser…—el rubio fue a buscar su teléfono celular y al momento de fijarse en la pantalla se dio cuenta de que tenía una llamada perdida y un mensaje de texto de Crocodile.
Se supone que Crocodile le llevaría su auto ya arreglado esta mañana.
Pero antes de contestar a Crocodile marco deprisa el número de Law, pero fue inútil, pues el jovencito no respondió la llamada.
—Oh, Law… Cielos… Por favor…—Rosinante llamó un par de veces más pero el resultado fue el mismo, así que finalmente envió un mensaje.
El rubio fue a vestirse para poder verse con Crocodile y recuperar su auto, pues seguramente lo necesitaría para buscar a Law si este no regresaba para el anochecer.
—Ah… Buenos días—saludó Rosinante con voz titubeante al llamar a Crocodile por teléfono.
Pasaron treinta minutos para cuando Crocodile llegó frente al edificio del departamento con el auto de Rosinante y su propio auto siendo conducido por un acompañante que seguramente era parte de su seguridad.
—Buen día… ¿Qué te ocurre?—preguntó Crocodile al ver a Rosinante aproximarse a él.
El rubio tenía el cansancio marcado en sus ojos, ojeras estaban resaltando el contorno de una triste mirada que difícilmente podía disimularse.
—Tuve un problema, pero creo que aún es un poco temprano para tomar medidas para resolverlo…—contesto Rosinante tratando de mejorar su semblante, adoptando una voz que luchaba por sonar más relajada.
—Sí, es claro que tuviste un problema, pero por la manera en como luces me empiezo a preocupar, ¿estás seguro de que no puedes hacer algo ahora mismo para solucionarlo? ¿Puedo ayudarte?
—No lo creo, por ahora no…
Crocodile inspecciono por varios segundos el rostro pálido de Rosinante; era tan fácil notar angustia reprimida en los ojos del rubio.
— En serio creo que deberías intentar decírmelo, al menos podría ayudar a calmarte y pensar mejor en qué se puede hacer—dijo cautelosamente el hombre de cabello negro sin dejar de mirarlo directamente a los ojos.
—Lo siento… Es solo que…—y el rubio respiro profundamente mientras asentía levemente con su cabeza—. Tuve una discusión con Law, el realmente se molestó y al parecer se adelantó a todo y salió de casa muy temprano… No responde mis llamadas… Y temo que pueda huir otra vez por un día entero o más…
—Ahora entiendo—soltó Crocodile en voz baja, mientras pensaba que aquel problema empezaba a hacerse tan irritantemente común—. No te preocupes, todo estará bien… Además no es la primera vez que hace algo como esto ¿no es así? Y si no vuelve para entrada la noche, comenzaremos a buscarlo. No te agobies todavía—declaró Crocodile con voz seria mientras sacaba su propio teléfono celular—. Por ahora, solo como medida preventiva, voy a pasar un reporte de alerta a mis contactos, si ven a Law por la ciudad, me lo comunicarán, ¿te parece bien eso?
—Sí… Muchas gracias… Será de gran ayuda.
—Bien, ahora… ¿Ya desayunaste?
—No… Todavía no.
—Vayamos a desayunar, iremos en mi auto.
Al cabo de unos quince minutos llegaron a un restaurante y ordenaron sus desayunos junto con unas grandes tazas de café.
—Rosinante… Quiero hablar contigo de un par de asuntos, es posible que te resulte molesto que opine al respecto, pero en verdad creo que necesitas considerarlo—anunció Crocodile al ver que ambos ya habían terminado de comer.
El rubio se sobresaltó un poco, la intriga y confusión estaban presentes en su mirada que rápidamente se enfocó en el duro rostro de Crocodile.
— ¿Qué quieres decirme?
—Bien… A causa de ver cómo te has angustiado de nuevo por otro escape sin aviso por parte de Law, creo que necesitarías tomar medidas al respecto, tanto contigo mismo y con él.
—Oh…
—Creo que necesitas ayuda profesional para buscar maneras de manejar tu estrés, me preocupa verte tan ansioso cuando llegan a presentarse estas situaciones… Y eso también mejoraría de alguna forma tu perspectiva a la hora de lidiar con el problema principal, tal vez puedas hacerle frente de una manera más efectiva a los problemas de actitud que tiene Law. Quizá ser más restrictivo y duro con él, de una forma en que en verdad recuerde que tú eres la autoridad en casa. Igualmente, creo que Law se beneficiaría de recibir la misma clase de ayuda. Eres joven aún, Rosinante, sé que tomar el rol de padre llego de pronto para ti, pero necesitas serlo…
—Entiendo…
— ¿Estas molesto?
—No, no es eso… Es solo que… Vaya, tienes razón.
—No quiero que te sientas peor con esto, es solo que… Quisiera verte plenamente feliz, superando tus problemas.
—Lo sé… También deseo cambiar esas cosas… Pero he estado tan sumergido en ello que lo pasaba por alto.
—Rosinante…
—Gracias, Crocodile…—y el rubio esbozo una triste sonrisa.
Crocodile miro en silencio aquella melancólica sonrisa, tal vez le había herido un poco, era casi seguro, pero también estaba convencido de que era hora de decírselo de manera clara y directa, pues no quería seguir atestiguando situaciones en las que aquel rubio se llenaba de estrés y ansiedad y desgastaba su energía en cosas que podrían solucionarse o evitarse con un poco más de esfuerzo y disciplina.
La mano derecha de Crocodile tomo la mano izquierda de Rosinante, apretándola con suavidad y acariciándola, mientras seguía mirándolo directamente a sus ojos color cobre. Que hermoso era verlo en calma…
En otra parte, Law había llegado a un vecindario desconocido, orientado en la parte este de la ciudad.
Habían pasado unos veinte minutos desde que bajó del autobús y comenzó a vagar sin rumbo. Law observó que había varios edificios de apartamentos cuyo aspecto algo descuidado y sencillo le hizo suponer que eran ocupados en su mayoría por familias de clase media baja; había un par de niños jugando futbol frente a las entradas de aquellos edificios, un grupo de adolescentes estaban recargados sobre una pared llena de grafitis, charlaban animosamente y de vez en cuando mostraban la pantalla de sus celulares a los demás para después soltar una gran oleada de risas.
Law detuvo su mirada sobre ellos por algunos segundos y finalmente logro reconocerlos…Era aquel chico llamado Luffy a quien había conocido en el campamento de verano del año pasado, también reconoció al resto de los amigos de Luffy que habían asistido a su cumpleaños pero no lograba recordar sus nombres.
Siguió observando como todos lucían tan felices y despreocupados, realmente estaban disfrutando de pasar el tiempo de esa manera tan simple…
Por un breve instante sintió un arrebato de tristeza y envidia; hacía mucho tiempo que no experimentaba uno de esos momentos a completo gusto.
— ¡Hey…!—exclamo de pronto una voz dinámica— ¡Torao…!
Luffy le había reconocido y sin dudar corrió hasta el para saludarle.
— ¡¿Qué estás haciendo por aquí?!—preguntó Luffy mirándole con sincera alegría—. ¡Pensé que no te vería de nuevo!
—Solo pasaba por aquí…
Al cabo de unos segundos los amigos de Luffy se aproximaron a ellos.
Law notó que varios de los compañeros de Luffy le miraban de manera algo extraña, como si no pudieran creer que estuviera ahí mismo.
—Oye, Luffy, no lo aturdas—comentó un joven de cabello negro y de rostro decorado con pecas que propino a Luffy un pequeño y ligero golpe en la cabeza—. Lo siento, creo que mi hermano nunca aprenderá a hablar con educación, je… Oye, Law, ¿no es así? ¿Te encuentras bien?
—Sí, estoy bien—respondió Law con algo de recelo cuestionándose por qué ese muchacho le preguntaba tal cosa de una manera sutilmente preocupada. ¿Acaso su semblante reflejaba su inestabilidad actual?
—Hola, Law...—intervino un joven de cabello rubio que tapaba casi la mitad de su cara—. No sé si me recuerdas, mi nombre es Sanji.
—Sí, si te recuerdo…
—Bien, estábamos pensando en ir por unas hamburguesas, ¿quieres acompañarnos?
—Ah… No lo sé… Yo en realidad… No me agrada comer eso, así que...
—En realidad podrías comer cualquier otra cosa que sea de tu gusto, vamos al restaurante de mi padre, hay mucho que elegir—se apresuró a decir Sanji con una sonrisa amigable.
— ¡Si, ven con nosotros! Luego íbamos a ir a…—agrego Luffy entusiasmado.
—Oigan, quizá Law tenga algo más que hacer—comento Ace prudentemente.
Law les miro por un instante, algo inseguro pero reflejando una tremenda seriedad en su rostro. Finalmente asintió con un ligero movimiento de cabeza; al fin y al cabo no tenía nada planeado, comenzaba a sentir hambre y sed, y aunque le molestara un poco, tener compañía (al menos por un rato) sería mejor que seguir vagando sin rumbo por lugares desconocidos.
Media hora después de que llegaron al restaurante la mayoría ya había terminado su comida excepto por Luffy, que aún estaba devorando varias cantidades de comida mientras hablaba en intervalos con el resto de sus amigos.
—Oye, ¿Cuánto te debo?—pregunto Law al ver que el chico llamado Sanji se aproximó a él para volver a llenar su vaso con limonada.
—Déjalo así…
— ¿Qué?
—Está bien así, no te preocupes—afirmo Sanji.
— ¿Por qué?—replico Law empezando a sentirse incomodo por la situación— Podrías tener problemas con tu padre si no…
—No, no es el caso. En serio, no es nada.
— ¿Qué pretendes?—soltó Law ya sin poder reprimir más su curiosidad recelosa.
—Nada malo, yo solo… Ah… Solo quiero ser amable.
— ¿Por qué?
—Es que… Recordé algo… Lo siento, si te molesta no pagar tu parte, olvidémoslo y…
—Déjate de rodeos, dime que sucede.
Sanji le miro con tristeza y algo de pena.
—Al verte recordé a tu padre… Sé lo que paso con él… Lo lamento, en verdad… El señor Trafalgar fue muy amable cuando fui a solicitar empleo en tu casa.
Ambos se mantuvieron en un incómodo silencio por casi un minuto, evitando verse directamente, siempre dirigiendo sus miradas al suelo o a cualquier utensilio o condimento de la mesa.
—No imagine que la noticia fuera a esparcirse tanto…—resoplo finalmente Law con amargura mientras dirigía su grisácea mirada a su vaso con limonada—. Entonces, al parecer, media ciudad se enteró.
—Lo siento… No debí…
—Olvídalo. Supongo que era algo… Inevitable. No puedo borrar la memoria de las personas—musito Law aun evitando ver directamente a Sanji—. En fin… No estoy de acuerdo en dejar mi comida sin pagar—y el joven moreno sacó su billetera para tomar un par de dólares de ella—. Aquí tienes.
Sanji recibió el efectivo, aunque su semblante triste se mantenía.
—Puedo imaginar porque te preocupa tanto…—continuo Law en voz baja y seria—. Debes de pensar que necesito mucho el dinero, pero no es así, tranquilízate. Si hay algo que no me falta es maldito dinero.
—Bien, al menos me tranquiliza saber eso…—suspiro el rubio. Después de unos segundos más se atrevió a preguntar algo más—. Oye, Law, ¿sigues viviendo en el mismo lugar?
—No. Tuve que mudarme… Y tal vez pronto vuelva a hacerlo. Hablando de eso… ¿Conoces algún lugar disponible?
—No, pero ahora lo tendré en cuenta. Le preguntaré a mi padre y a mis compañeros. ¿Qué clase de sitio buscas?
—Un departamento, un cuarto extra en algún sitio, lo que sea…
— ¡Oigan!—Luffy se había acercado a ellos—. ¡Por fin termine de comer, ahora si podremos ir a casa de Zoro a jugar un rato! Hey, Torao, ¿Qué tal juegas Smash?
—Hace tiempo que no juego…
— ¡Entonces vámonos!
Y una vez más, sin estar del todo seguro en si seguir en compañía de aquel grupo de chicos, Law decidió aceptar la invitación.
El atardecer llegó y junto con él un montón de llamadas al teléfono celular de Law, las cuales fueron ignoradas y siendo solos respondidas por un pequeño mensaje de texto.
El mantenerse ocupado jugando y charlando de vez en cuando por breves momentos con distintas personas de temas triviales le ayudaba a distraerse de lo que le esperaría al volver a su realidad cotidiana.
—Disculpa, ¿en dónde está el baño?—preguntó Law a Ace al terminar su turno al perder una pelea en el videojuego contra Luffy.
—Es por el pasillo, la segunda puerta a la derecha.
Law se levantó de su lugar y fue hacia dicho lugar. Al caminar hacia el baño noto que la casa era más grande de lo que imaginaba, había varias puertas al costado izquierdo; una de ellas estaba abierta para cuando pasó frente a esta y sin quererlo, fue testigo de una escena que tal vez pretendía ser privada: Sanji estaba recargado sobre el marco de la puerta mientras se besaba con el chico que vivía en aquella casa, el muchacho de cabello verde llamado Zoro.
Law rápidamente volteo su mirada y apresuro el paso.
No sabía porque le había incomodado ver aquel gesto, era algo que él ya había hecho muchas veces, tantas sesiones de besuqueos…
Pero aun así sentía un ligero bochorno al haber observado con atención a esos muchachos compartir un beso de una manera tan dedicada, romántica y relajada. Una parte de él empezó a sentir melancolía y frustración:
Solo una vez había experimentado algo así, solo había besado a una sola persona de esa manera tan real y sincera, solo con Rosinante había sentido esa clase de afecto.
—Es una estupidez…—musito Law con frialdad mientras entraba al baño y trataba de deshacerse de aquellas sensaciones que invadieron su cuerpo e hicieron que sus latidos empezaran a alterarse.
Las horas pasaron tan rápido y de manera tan amena, que Law olvidó (al menos por ratos) que tenía que volver al departamento de Rosinante.
—Creo que ya es tarde…—dijo Law al notar que muy pronto serían las diez de la noche.
— ¡Cierto! Luffy, ya debemos irnos, la vieja Dadan nos dará un castigo enorme si llegamos más tarde…—comentó Ace.
— ¡Pero, Ace…!
—Ya fue suficiente, despidámonos de una vez—siguió Ace mientras sacaba un par de llaves de su bolsillo izquierdo.
—Oye, Law ¿Cómo regresaras a tu casa?—pregunto Sanji.
—Tomaré un taxi.
—Es muy tarde para eso, no lo veo muy seguro...
—Si no fuera porque debemos volver lo más temprano posible, te llevaría—se disculpó Ace.
—Oye, Marimo, ¿crees que tu padre pueda prestarte el auto?—dijo el rubio al muchacho con el que había compartido un apasionado beso hace horas.
—Agh, no lo sé—contestó Zoro con una expresión algo tediosa—. Iré a preguntarle…
—No, espera, no se molesten—terció Law—. En serio estoy acostumbrado a viajar en taxi a altas horas de la noche…
— ¿No es algo extraño para un joven de tu edad?—cuestiono una voz profunda, autoritaria pero a la vez tan sutil. Un hombre de porte sumamente elegante había llegado a la sala de estar—. Zoro, ve a avisarle a Perona que iremos a dejar a tu amigo a su casa.
—Disculpe—balbuceo Law—. Señor, yo no…
— ¿En qué parte de la ciudad vives, muchacho?—le interrumpió aquel hombre de amenazantes ojos dorados que lo miraban fijamente.
—Por la parte norte—respondió Law con voz baja. Era tan extraño que un adulto le intimidara de esa manera.
—Bastante retirado de aquí. La próxima vez no te alejes tanto si no piensas regresar temprano a casa; ya deberías saber que no es seguro que estés tan tarde en las calles.
Law se mantuvo en silencio de mala gana, resignándose a aceptar el viaje hasta el departamento.
Mientras tanto, lejos de esa casa, casi al otro lado de la ciudad, Rosinante se encontraba alistándose para salir en su auto en busca de Law.
Hace horas había ido a buscarlo en casa de Penguin, pero este último le dijo que no había visto a Law y que tampoco le había contacto en el transcurso del día. Crocodile le había asegurado que iba a realizar una búsqueda por su parte, en zonas concurridas del centro de la ciudad y cerca de lugares en donde Law podría ingresar ilegalmente.
Cuando Rosinante estaba abordando su automóvil pudo notar que un vehículo color rojo oscuro se estaciono frente al edificio y segundos después de este bajaban un hombre de cabello oscuro, acompañado de un grupo de muchachos acompañados de Law.
—Law…—el rubio se apresuró a salir del auto para dirigirse hacia Law y el pequeño grupo de desconocidos—. Buenas noches…
—Disculpe, ¿es usted el padre de este muchacho?
—Sí. Perdone, quiero decir… No, realmente, soy su tutor…—balbuceo Rosinante mirando confundido al hombre de ojos dorados y piel pálida. Luego notó que Law se despidió de sus amigos solo con un gesto de mano y se retiró sin más hacia el apartamento.
—Parece que tiene algunas cosas que mejorar, ¿no cree?
—Lo sé… Lo siento, disculpe las molestias… Muchas gracias por traer a Law. Si gusta puedo compensar la tarifa de combustible…
—No es necesario. Solo mejore su autoridad y cuidados… Buena noche.
—Buena noche…—respondió Rosinante sintiendo un gran bochorno que se reflejó en su rostro con una expresión pasmada. Miro como aquel hombre subía a su automóvil junto con aquel par de muchachos amigos de Law.
Cuanta vergüenza había sentido, un completo desconocido había señalado lo terrible que era como tutor, era verdad, la dolorosa e incómoda verdad…
Pero ahora tenía cosas más importantes que hacer; subió rápido al edificio, tomo el elevador y camino deprisa hacia el departamento.
—Law… Necesitamos hablar—declaro Rosinante con voz seria al llegar a casa y ver a Law sentarse en el sofá— ¿Dónde estuviste? ¿Por qué no me avisaste?
—Estaba con unos amigos, del otro lado de la ciudad—dijo Law con indiferencia.
—Law, esto tiene que terminar… En serio, ya no puedes seguir haciendo esto—y Rosinante se acercó a este, mirando a Law con algo de desesperación y molestia mientras colocaba sus fuertes y pálidas manos sobre los delgados hombros de Law—. Tienes que dejar de desaparecer y evitar mis llamadas. Solo quiero saber si estás bien, tengo que asegurarme de…
—No te preocupes, ya no será necesario—musito el muchacho evitando la dura mirada de Rosinante y apartando de si las manos de este último.
— ¿Qué dijiste? ¿Law?
—Buenas noches, estoy cansado…—y Law se recostó sobre el sofá, dándole la espalda a Rosinante.
Pasaron varios días, hasta que llegó la semana de la víspera del día de San Valentín; aquella festividad se reflejó con intensidad en la escuela preparatoria pues, justo como ocurrió el año pasado, Law y Rosinante recibieron varios obsequios de parte de algunas alumnas, de nueva cuenta Rosinante agradecía cortésmente pero siempre remarcando aquel limite como el profesor que era en esa escuela. Por otro lado, Law, en esta ocasión adopto una actitud más indiferente y fría, ni siquiera se había molestado en decir algún gracias o alguna mirada directa a una de las chicas que se había acercado a él.
—Law… ¿No crees que estás siendo muy rudo?—comentó Penguin con voz algo cohibida.
Ambos estaban trabajando en un ejercicio de conversación de la clase de idioma extranjero, así que el profesor en turno era Rosinante. Law tenía su vista perdida en su cuaderno, en donde solo estaba garabateando sin sentido alguno. Penguin se había empeñado en hacer el ejercicio con él, debido a que aún tenía problemas con Shachi, sin embargo, Penguin comenzaba a desesperarse de que Law mostrase un desinterés total en la tarea.
—Deberíamos terminar con la actividad de una vez por todas… Law… ¿Law?
—Lo siento, pero no quiero hacerlo.
— ¿Por qué? ¿Por qué estamos en la clase del profesor Donquixote? ¿Es por eso? Law, tal vez a ti no te cause problemas no hacer nada pero…
—Tendré problemas, seguro que sí. Rosinante no me va a perdonar esto, aunque sea una estupidez sin importancia.
— ¿Entonces?
—Simplemente no me importa… Toma todo el crédito por el ejercicio, será mejor para ti.
Penguin miro a Law, totalmente incomodo, y sin decir algo más, se dedicó a hacer todo por su cuenta. Varios minutos después, cuando llegó el tiempo de revisión, Penguin tuvo que explicar al profesor que su ejercicio estaba hecho solo por él. Era tan raro tener que verlo y tratarlo de esa manera después de haberse enterado de la relación que había llevado con Law a escondidas.
—Muy bien… No te preocupes—musitó Rosinante mientras revisaba que la actividad estuviera hecha y revisaba si había errores, a los pocos segundos puso su marca de calificación sobre el cuaderno de Penguin—. Aquí tienes, buen trabajo.
El muchacho regreso a su pupitre, dando un suspiro de alivio.
Rosinante mantuvo un semblante serio en los últimos minutos de clase, observando sutilmente a Law, quien parecía estar en otro lugar.
Al terminar de escribir la tarea para la próxima clase en la pizarra, dio por finalizada la sesión.
—Que tengan un buen día… Law, espera, tengo que hablar contigo—ordeno Rosinante con voz grave.
Cuando el resto de alumnos se fue, Rosinante cerró la puerta y volvió a su escritorio, mirando duramente a Law.
— ¿Qué quieres?—soltó Law con gesto enfadado mientras cruzaba los brazos.
—Dirígete a mí con más respeto, aquí soy tu profesor, recuérdalo—replico Rosinante sin titubear, haciendo un esfuerzo por no mostrarse débil— ¿Qué te ocurre? ¿No habías decidido mejorar tu desempeño escolar para empezar con tu camino a la universidad? Si sigues así, tendré que reportarte con…
—Haz lo que quieras, no me importa reprobar esta estúpida clase.
—Law…
— ¿Algo más que quieras decirme?
— ¿Estas consciente de lo que haces? ¿En verdad no te importa manchar tu historial académico solo porque soy yo quien imparte esta materia? No vale la pena… Detéstame e ignórame todo lo que quieras, pero no sacrifiques tus calificaciones por ese rencor. ¿O acaso quieres que renuncie? ¿Así podrías enfocarte de lleno en tus estudios? ¿Es eso?
—Claro que no renunciaras, no seas estúpido…
—Deja de hablarme de esa manera, es la última vez que me insultas dentro de la escuela, ¿entiendes?—declaró el hombre de cabello rubio endureciendo más su voz—. Ya puedes retirarte, y te advierto, si vuelves a hacer algo similar en la siguiente clase, te enviaré a dirección.
En cuanto Law salió del aula, Rosinante dejó escapar un gran suspiro de pesar, su corazón latía con fuerza y su respiración le demandaba grandes bocanadas de aire, le había resultado tan lamentable, tan cansado, hablar así con Law.
Deseaba tanto que esa jornada, que ese día, terminará pronto…
Un par de vibraciones intermitentes de su celular ayudaron a que su mente volviera a enfocarse en la realidad. Rosinante saco el dispositivo del bolsillo izquierdo de su pantalón y notó que tenía un par de mensajes de parte de Crocodile, en donde este último le preguntaba si estaría dispuesto a salir esa noche para ir a cenar y pasar un par de horas juntos, además de re-plantearle una propuesta (que ya habían discutido hace días) respecto al asunto de supervisión de Law.
Rosinante no estaba seguro de que contestarle…
Una parte de él quería aceptar, tener un rato para despejarse y tratar de olvidar, por un rato, las discusiones que había tenido aquel día, pero por otro lado, temía que Law se enfureciera con aquella medida.
Contemplo por varios minutos la pantalla de su celular, hasta que se recordó que tenía que limpiar la pizarra e ir a la sala de profesores para hacer algo de papeleo pendiente.
Horas después, al empezar el atardecer, Rosinante había tomado una decisión.
Llamo a Crocodile, con un poco de ansiedad pero finalmente convencido de su respuesta:
— ¿Hola…? Lamento responder tan tarde… Sí… Creo que si… Vaya… Gracias… No… No te preocupes. Bien, nos vemos.
En cuanto termino la llamada, fue a ver a Law, quien estaba realizando una tarea en la sala de estar.
—Law… Tengo que salir esta noche…
— ¿Y?
—En vista de lo que has hecho las últimas veces, me vi en la necesidad de requerir la ayuda de alguien que venga a hacerte compañía.
— ¡¿Qué!?
—Ya me escuchaste.
— ¿¡Acaso crees que tengo diez años?!—reclamo Law echando a un lado su cuaderno y libros.
—Pues parece que te comportas como alguien de esa edad. Quiero que te comportes con esa persona, ¿entiendes? Ella no tiene la culpa…
—No puedo creerlo…
— ¿Acaso olvidas que antes también tenías a alguien para cuidarte? ¿Te olvidaste de Velia?
—Era distinto…
—Lo sé…—resoplo Rosinante con tristeza—. Pero trata de entenderlo, es lo que me has orillado a hacer…
Law le dedico una fría mirada de resentimiento y volvió a enfocarse en su tarea. El muchacho soltó un pesado suspiro de enfado.
Un par de horas después, Rosinante salía de su habitación, ataviado en un elegante conjunto que Crocodile le había obsequiado días atrás para que Rosinante lo usará en su próxima cita.
Law notó inmediatamente aquella ropa fina y diferente que Rosinante se había puesto: una camisa color vino, pantalón y saco de fina confección en tela color negro, incluso los zapatos de un brillante color café eran nuevos y de alto costo. Aquel hombre del garfio y cara de matón se había vuelto loco por Rosinante, tanto que ahora le regalaba obsequios de esa categoría.
La puerta del apartamento recibió un par de golpecitos y Rosinante fue pronto a recibir a quien supervisaría a Law por esta noche.
—Hola, buenas noches… Pasa, bienvenida, muchas gracias por venir—saludo el hombre de cabello rubio dejando entrar a una muchacha morena, de cabello lacio y oscuro que le llegaba a los hombros, y de rostro con expresión tranquila y algo misteriosa. Aquella chica tendría unos veinte y tanto años, tal vez un par de años más joven que Rosinante.
—Buenas noches, señor Donquixote. Es un gusto.
—Law, ¿puedes saludar?—pidió Rosinante mirando a Law, quien estaba ignorando a propósito la escena, enfocándose en su celular—. Lo siento, creo que se lo mencione antes, pero Law es un poco… Reservado. Law, ella es Robin, estará contigo por unas horas…
—Hola…—se limitó a decir el muchacho sin mirar a la chica en cuestión.
—Bien… Espero que no tenga problema con lo que dispongo en la nevera, señorita Robin—dijo Rosinante—. Puede disponer de lo que quiera, si hay alguna emergencia o…
—No se preocupe, el señor Crocodile me proporciono un presupuesto para cualquier comida o necesidad que lleguemos a necesitar.
— ¿En serio? Vaya… Supongo que es un alivio para usted, je. Bueno, tengo que irme, cualquier problema que tengan, no dude en llamarme, por favor. Buenas noches…
Y Rosinante salió del departamento.
Bajo por el ascensor, pues estaba seguro que con aquellos nuevos zapatos tendría más posibilidades de tropezar, y si iba por las escaleras, terminaría ensuciándose y lastimándose, arruinando una parte de su nueva ropa y de su aspecto elegante.
Al llegar al estacionamiento notó que Crocodile estaba ahí, recargado sobre una elegante limusina.
—Hola… Crocodile… Oh, no esperaba que…
— ¿Te sorprendí? De eso se tratan estas festividades tan cursis, ¿no es así?—y Crocodile dejo escapar su característica e intimidante risa.
—Ja, supongo que sí…—respondió con una sonrisa algo tímida—. La señorita Robin me menciono que proporcionaste un presupuesto especial para…
—Sí, eso. No te preocupes, Law está en buenas manos y tendrá cualquier cosa que llegue a necesitar en estas horas, mientras tú estés conmigo, no tendrás que preocuparte.
—Gracias…
—Será mejor que nos vayamos de una vez—Crocodile abrió la puerta de aquel largo vehículo, dejando a Rosinante pasar primero.
Mientras tanto, Law miraba con fría aversión a la muchacha que ahora estaba a cargo de él por las siguientes horas.
—Espero que te paguen bien por esta bazofia de empleo…—comento Law levantándose del sofá y dirigiéndose a la cocina.
— ¿Tienes hambre? Podemos pedir algo.
— ¿Cómo qué?
—Lo que tu prefieras, realmente podemos pedir lo que sea… Ya sea una cena de un restaurante en específico, algo de comida rápida o simplemente unas golosinas, lo que se te apetezca. Nos lo pueden conseguir… Incluso si quieres un pescado recién atrapado del río, te lo traerían—y la muchacha soltó una breve y discreta risa.
— ¿Eh? ¿Qué clase de tipo es tu jefe o qué?
—Es dueño de uno de los más grandes y concurridos casinos de la ciudad, es natural que tenga tanto dinero y contactos a su disposición.
—Que fastidio… Y también me mandaría a matar si quisiera, ¿no es así?
—Uhm, técnicamente, si… Pero no lo haría, eres importante para él ahora.
—Dirás que Rosinante es importante para él…—y Law cambió su curso hacia una de las ventanas. Contemplo el cielo nocturno en el que ninguna estrella se asomaba debido a las luces de la ciudad. Se preguntaba qué clase de cita tendría Rosinante con aquel sujeto, que tantos detalles le brindaría esta noche y como trataría de ganarse, aunque sea, un gramo de su afecto.
A kilómetros del departamento, Crocodile y Rosinante se encontraban paseando por la ciudad. Rosinante había subido a una limusina solo una vez en su vida, pero fue hace años, cuando aún vivía en España junto a sus padres.
Crocodile incito a Rosinante a salir un momento por la ventanilla corrediza del techo.
—Puedes aprovechar para gritar… ¿No te gustaría?
—Vaya que sí…
Y tal como recomendó Crocodile, el rubio salió por aquel espacio y lanzo un alarido que fue tan reconfortante como el fresco viento que chocaba contra su rostro mientras el auto seguía en movimiento.
Hasta el clima había sido benevolente en esta ocasión, pues el cruel frio se había atenuado un poco en esta noche para pasar a un clima fresco y agradable.
Pronto llegaron a un restaurante de alta cocina, en donde todo evidenciaba que era un lugar sumamente exclusivo.
Rosinante se sintió abrumado por un momento, pero al sentir la mano de Crocodile sobre su hombro, se relajó, a pesar de que un par de personas les vieron con algo de desaprobación al verlos tan cercanos.
—No te preocupes, puedo averiguar en qué auto vienen y arruinarles su noche—murmuro Crocodile con una voz maliciosa y divertida.
Rosinante rio por lo bajo, pensando en que solo estaba bromeando, pero para Crocodile aquella amenaza podía convertirse fácilmente en algo serio.
Se dirigieron a un área privada que Crocodile había reservado especialmente para esa noche; era un salón pequeño decorado elegante y sutilmente acorde a la festividad, y en donde ya había una mesa llena de exquisitos aperitivos y un par de botellas de vino, champagne y diversos licores que Rosinante no logró identificar. Los platillos y postres que degustaron fueron increíbles, sumamente deliciosos y preparados de una manera tan lujosa que Rosinante no pudo evitar sentirse algo culpable.
Duraron una hora y media en aquel lugar, tuvieron una cena bastante tranquila y agradable. Crocodile le propuso a Rosinante ir a su casa, a lo cual el rubio acepto, totalmente tranquilo y seguro al saber que podía llegar un poco más tarde a casa gracias a que Law estaba a salvo.
—Hola pequeño…—saludo Rosinante al perrito pug de Crocodile en cuanto llegaron a su residencia—. ¿Cómo estás?—y el rubio se puso de cuclillas para acariciarlo y jugar con él.
—Podemos ir un rato a dar un paseo por el jardín, ahí podríamos relajarnos un poco y aprovecharías para convivir con él.
— ¡Buena idea, si…! ¡Vamos!
—Por cierto, me tome la libertad de prepararte otro cambio de ropa, por si quieres quitarte eso y estar más cómodo.
—Eres demasiado considerado conmigo—dijo Rosinante sonriendo tiernamente—, pero creo que te tomaré la palabra… Siento que estos zapatos me terminarán matando, ja.
Dentro de un rato, Crocodile y Rosinante ya caminaban por los diversos jardines de aquella casa. Rosinante se había vestido con un sencillo conjunto de ropa deportiva en color blanco, con los pies ya cómodamente enfundados en unas sandalias del mismo color.
Crocodile también había cambiado su ropa, ahora lucía una bata de seda color verde oscuro, que ocultaba lo que podría llevar (o no llevar) abajo.
Pasaron ahí un buen rato hasta que Crocodile quiso ir volver al interior y por consiguiente, Rosinante le acompaño hasta la sala de estar.
—Crocodile… Fue una noche genial—comentó Rosinante sentándose al costado de Crocodile, quien tomo asiento en un largo sofá color blanco—. Cada vez que vengo a este lugar me siento en un mundo totalmente diferente. Nunca dejó de sorprenderme de cuan increíble es todo esto…
—Me alegra… ¿Sabes? Me parece que todo lo que hay aquí se vuelve más fascinante al solo tenerte aquí presente…
Las mejillas de Rosinante se ruborizaron al instante, su corazón empezó a latir con rapidez.
Crocodile se aproximó a él, llevando con cuidado la punta dorada de su garfio hacia la barbilla de Rosinante, al mismo tiempo que acercaba su rostro lentamente al de él.
—Eres lo más bello que he visto en mi vida…
—Crocodile…
—Rosinante… Te deseo tanto…—suspiro Crocodile al estar a centímetros de los suaves y delgados labios de Rosinante—. Te deseé desde el primer momento en que te vi…
Y finalmente el beso se consumó. Crocodile empezó de manera delicada y lenta, besando con cuidado aquellos finos labios que comenzaron a temblar al sentir que Crocodile iba aumentando la intensidad, tanto en sus besos como en su lenguaje corporal, pues se había abalanzado un poco sobre Rosinante, acariciando partes que nunca antes había recorrido con su mano derecha.
—Todo estará bien…—musito el hombre de cabello negro al notar la reacción del rubio.
Al escuchar esas últimas palabras, Rosinante confirmo todo; Crocodile no pretendía compartir una noche solo besándolo y abrazándolo.
Una poderosa sensación de temor e incertidumbre le inundo; hace muchos meses atrás habría jurado que esta experiencia se reservaría para cuando Law estuviese listo, cuando ambos estuvieran en condiciones para hacerlo sin ningún problema o consecuencia…
Pero ahora las cosas eran tan diferentes: el contexto entre Law y él había cambiado radicalmente, su relación se había hundido en el dolor, su corazón estaba tan herido; ahora aquella vieja promesa lucía tan lejos de cumplirse, tan dañada por las acciones de Law, por sus discusiones, por la decisión de Rosinante de intentar algo nuevo junto con Crocodile…
¿Qué haría ahora mismo?
Seguía teniendo una disputa en su mente, pero al mismo tiempo, su cuerpo había reaccionado a los gestos de Crocodile; un cosquilleo había aparecido en su interior, su piel se sentía cálida, sus labios aun resentían los besos, su corazón palpitaba demasiado emocionado, sus extremidades temblaban ligeramente y aquel centro erótico debajo de su cintura había reaccionado rápidamente.
—Rosinante…
—Es… La primera vez que…—musito el rubio esquivando la apasionada mirada de Crocodile.
Crocodile se apartó un poco de Rosinante, permitiendo que se incorporara y tomara un respiro. Aunque la declaración de ese muchacho rubio no le tomaba por sorpresa, entendía que no sería tan fácil que Rosinante diera el siguiente paso…
Tenía que admitir que hace años lo habría instigado, lo habría seducido hasta el límite posible, aprisionándolo entre sus brazos, causándole oleadas de placer que lo dejarían aturdido, apenas dejándole tiempo para respirar y poco a poco lo habría orillado a su cama para hacerlo completamente suyo, pero esta vez querría hacer las cosas bien, ya no quería volver a viejas costumbres que no le habían dejado nada bueno en el pasado.
—Si no te sientes listo… No hay problema—dijo Crocodile con voz grave.
—Yo… No estoy seguro… Tengo miedo… Quisiera intentarlo… Pero recuerdo cosas que… —respondió Rosinante cubriendo sus ojos con sus grandes y pálidas manos—. Debes pensar que soy patético…
—No. Solo eres joven… Es normal que te sientas así.
—Crocodile…
—Te propongo algo… Podemos intentarlo de nuevo, continuar hasta donde tú lo desees, si ya no te sientes cómodo, me detendré.
Rosinante volteó a ver a Crocodile, tratando de encontrar la respuesta en él…
La mano de aquel hombre mayor se posó en su mejilla izquierda y le acarició con una extraña ternura mientras le miraba con indulgencia.
Después de unos segundos, que se sintieron como una larga espera, Crocodile volvió a acercarse a Rosinante, pero esta vez para plantarle un beso en la frente, levantando el abundante flequillo del rubio.
—Iré por algo de beber…—dijo Crocodile con voz tranquila, mientras se levantaba del sofá.
— ¿Podrías traer algo para mí también? Por favor…
—Claro.
Al quedarse solo en la enorme sala de estar, Rosinante volteó a ver el enorme reloj de péndulo que había en dicha estancia; eran las 10:40 de la noche…
¿Cómo se encontraría Law en este momento? ¿Aquella joven estaría lidiando con su mal humor? ¿Ya estaría dormido?
Quería llamarle… Pero algo le detenía... Podía jurar que Law le despreciaría, ignoraría su llamada y, si acaso Law respondía, sería solo para discutir y hacer algún brusco comentario de reclamo, era seguro, pero aun así una pequeña vocecilla dentro de él le instaba a hacerlo, más que nada, solo para escuchar su voz y recordar que su vínculo con él seguía existiendo…
—Aquí tienes—Crocodile le había llevado un vaso lleno de un licor de color caramelo acompañado de hielo.
—Gracias… Lo siento, debí ir contigo a ayudarte…—se apresuró a decir al notar que Crocodile se había quitado su gran garfio dorado y ver que no llevaba consigo un trago para él.
—No te preocupes… Quédate aquí.
Dentro de poco, Crocodile volvía con un vaso relleno de algún licor transparente. Ambos bebieron un par de sorbos y volvieron a verse directamente a los ojos, en completo silencio, como si trataran de adivinar o discutir mentalmente que era lo que sucedería a continuación…
— ¿En qué piensas?—pregunto Crocodile quedamente. El hombre de cabello negro tomo asiento de nuevo, muy cerca de Rosinante.
—Ya no estoy seguro… Estoy pensando y sintiendo demasiadas cosas…—contesto el rubio, quien sentía su garganta muy cálida gracias al licor y empezaba a sentirse un poco mareado—. Quisiera no pensar en nada… Solo… Quisiera dejarme llevar…
— ¿Eso deseas…?
De nuevo el silencio se hizo presente, dejaron que sus miradas expresaran lo que tenían por decir…
Crocodile termino su bebida, arrojo el vaso de cristal hacia detrás del sofá y se acercó de nuevo a Rosinante, posando su mano sobre la mejilla derecha del rubio, listo para volver a besarlo.
Un apasionado beso surgió… Y esta vez, Rosinante lo acepto con más calma y soltura, dejándose envolver en los fuertes brazos de Crocodile, apreciando más el hecho de como su corazón aceleraba su pulso al sentir la emoción de estar involucrándose en un acto como ese, aceptando como su piel se tornaba cada vez más cálida, asimilando el cosquilleo en su interior que parecía aumentar al ritmo de su respiración que se entrecortaba en las pequeñas pausas que necesitaban para tomar aire.
El hombre de cabello negro pronto recostó al rubio sobre el sofá, acariciando su pecho por encima de la ropa mientras besaba el pálido cuello de este, provocando que se estremeciera con facilidad, dejando como evidencia suaves jadeos y gemidos que empezaron a excitar demasiado a Crocodile…
Así que, Crocodile tomo a Rosinante de la mano, dirigiéndolo hacia la segunda planta de la casa, en obvia dirección hacia una de las habitaciones de aquella enorme residencia.
Llegaron a una gran habitación en donde una cama de sábanas de seda de un hermoso color dorado brillante les esperaban a la luz tenue de varias lámparas.
Pronto la mano de Crocodile se atrevió a bajar más allá de la barrera del pantalón de Rosinante, bajándolo poco a poco junto con la ropa interior, para dejar libre la rígida virilidad que tanto había ansiado ver desde hace tiempo.
Al sentir que Crocodile había dejado expuesta aquella zona de su cuerpo, Rosinante se apartó un poco, con el rostro aún más ruborizado y sintiendo que su ansiedad aumentaba...
Crocodile también se apartó un poco para quitarse la bata color verde oscuro, dejando ver que no llevaba por debajo, causando que Rosinante quedara atónito al verle completamente desnudo por primera vez.
Ver a Crocodile así, tan cerca y frente a él, le impacto demasiado, más de lo que hubiera imaginado.
Las mejillas de Rosinante evidenciaron su asombro; miro cohibido como el cuerpo de Crocodile estaba muy bien conservado, tenía fuertes brazos, un pecho fornido, un torso que evidenciaba que realmente cuidaba de su figura pero no podía mirar más debajo de la cintura…
—No temas mirarme—dijo Crocodile dándose cuenta que al rubio se le dificultaba mirar por más de un segundo su zona intima, que ya estaba más que rígida y lista.
—Es que…
—Ven aquí…—Crocodile arrojo a Rosinante al colchón, colocándolo boca arriba, separándole las piernas para luego colocarse entre estas—. No temas…—murmuro Crocodile al darse cuenta que las largas y pálidas piernas del rubio no dejaban de moverse debido a un ligero temblor, así que las acarició un poco.
—Lo siento…
—No te preocupes—le tranquilizo mientras besaba los pectorales llenos de cicatrices de Rosinante—. En realidad, es adorable…
— ¿Tampoco te molesta que tenga esas marcas en mi piel?—pregunto Rosinante un poco cohibido, pues aquel detalle siempre le había acomplejado.
— ¿Se lo cuestionas a un tipo que perdió la mano izquierda?—señalo Crocodile con voz grave y con toque sarcástico.
—Lo siento… Es solo que… Nunca me gusto mostrar esa parte de mi cuerpo.
—Definitivamente aún tienes muchas cosas que aprender, no tienes que avergonzarte por esta clase de detalles…—declaro Crocodile rozando con sus labios los pezones rosáceos de su querido rubio—. Para mí, eres perfecto… Y probablemente para muchos más… No te subestimes…
La boca de Crocodile se detuvo. Rosinante vislumbro que Crocodile abrió una pequeña gaveta al costado de la cama y de ahí saco un par de pequeños empaques metálicos que no podían ser otra cosa más que preservativos junto con un pequeño envase que asemejaba a la presentación de una pasta dental.
El preámbulo había finalizado.
Ahora, más que nunca antes, el corazón de Rosinante latía frenéticamente…
Crocodile se abalanzo sobre él, para besarle con una extraña ternura que contrastaba con todo lo que había hecho momentos antes.
—Todo estará bien…—le murmuro Crocodile al oído, al mismo tiempo que acariciaba el despeinado cabello rubio.
"¿Realmente estoy aquí? Ya no me atrevo a escapar…" pensó Rosinante tratando de aceptar el hilo de decisiones que había tomado para llegar a tal punto.
Los ojos de Rosinante estuvieron fuertemente cerrados hasta que emitió un fuerte jadeo que anunció que Crocodile finalmente estaba dentro de él.
"Solo… Quiero olvidarlo… Aunque sea por un momento…"
Crocodile podía confirmarlo: aquel muchacho rubio estaba prácticamente intacto, inmaculado, y ahora era conquistado por él; que honor resultaba tener la oportunidad de ser el primero en poseer a tal persona…
No podía sentirse más afortunado… Debía estar soñando… Era un éxtasis.
Volteó a mirar el rostro ruborizado y pasmado de Rosinante, el verlo así aumento más su excitación, era una maravilla que nunca había tenido el placer de provocar y admirar; el pobre muchacho apenas estaba asimilando aquella nueva experiencia, noto como el rubio aferraba sus dedos en las sabanas y jadeaba tratando de soportar la nueva sensación.
Se esforzaría en hacer que Rosinante lo disfrutara genuinamente, daría todo su vigor en hacerle disfrutar aquella primera ocasión.
Comenzó con suaves movimientos, pequeños empujones mientras besaba el cuello y pecho del rubio para ayudarle a relajarse; susurro a su oído diciéndole justo lo que pensaba de aquel suceso, que era el hombre más afortunado del mundo por tener la dicha de compartir aquella noche y este lecho a su lado. Acarició todo lo que tenía al alcance, mordió un poco las ruborizadas orejas del rubio; se abalanzo un poco más sobre él, de manera que su mano derecha sostenía la cabeza del rubio para besarle con toda la pasión que podía concebir, dejando que su ambiciosa lengua buscara la tímida lengua de Rosinante y empezaran a acariciarse como nunca antes…
—Ah… Croco… Ah…—Rosinante al fin se había relajado, sus manos ya no estaban tensas entre las sabanas, sino que ahora se habían atrevido a posarse en la fuerte y ancha espalda de Crocodile. Para este punto, su mente había olvidado por completo al resto del mundo y su realidad, solo podía concentrarse en el placer que su cuerpo sentía en este momento, como Crocodile se adentraba cada vez más en él provocándole sensaciones que nunca imagino, llegando a un rincón totalmente desconocido que mandaba oleadas de intenso placer y provocando que su cuerpo buscará aceptarlo por completo desesperadamente.
—Parece que ya estás disfrutándolo…—gimió Crocodile con un hilo de voz, esbozando una suave sonrisa de satisfacción, sin detener su marcha.
—Sí...—gimió el rubio con una expresión completamente afectada por su sobre estimulada libido; su boca entreabierta, sus ojos desorbitados, su rostro cubierto de sudor y ruborizado.
Al ver aquella expresión en Rosinante, Crocodile decidió que era momento de aumentar su fuerza y velocidad, hundiéndose cada vez más en la profundidad de Rosinante, con bastante energía y algo de brusquedad; como si Crocodile pareciera devorar a una presa indefensa, tal como lo hacían sus exóticas mascotas. Ya no podía contener el fuerte deseo de expresarse de tal manera ante aquel muchacho, a pesar de que en un principio se había prometido tener la mayor delicadeza posible.
Pronto los gemidos del rubio aumentaron de volumen e intensidad, quería que Rosinante perdiera el control por completo, y lo estaba logrando; pronto la mano del hombre de cabello negro tomó el miembro de Rosinante y empezó a frotarlo.
—Ah… No… Ah…—gimió Rosinante sintiendo que ya estaba cerca de su límite. Era demasiado sentir a Crocodile en sus adentros y al mismo tiempo sentir que lo estimulaba por fuera; era una locura que no podía reprimir por mucho tiempo—. No resisto… Voy a…
—Vamos… Déjalo salir…
La intensidad de cada movimiento, el calor que habían creado juntos, las embriagadoras sensaciones finalmente llevaron Rosinante a su clímax; lanzando un grito ahogado mientras cerraba fuertemente sus ojos y sentía como cada parte de su cuerpo se tensaba para que su erección liberara una buena cantidad de esperma sobre su vientre y la mano de Crocodile.
Estaba totalmente aturdido… Pero Crocodile aún no terminaba…
Aquel hombre seguía embistiéndolo con una extraña pasión que a breves instantes se sentía casi gentil, podía sentir que Crocodile ya se había introducido por completo pero aún parecía querer hundirse más y más dentro de él.
—Di mi nombre…—jadeo Crocodile evidenciando con su voz que ya estaba muy cerca de llegar a su clímax.
—Crocodile…—dijo Rosinante con voz débil apenas pudiendo enfocarlo con su alterada vista—. Crocodile…
—Sí… Sí…—el hombre de cabello negro se abalanzo sobre el rubio para besarle con intensidad.
Y entre fuertes jadeos y movimientos frenéticos, finalmente Crocodile llego aquel punto máximo de placer, sintiendo que se derretía dentro del cuerpo de Rosinante… Su cabello negro por fin se había despeinado un poco, dejando caer un delgado mechón sobre su frente empapada de sudor.
Al terminar, Crocodile se dejó caer boca arriba al costado derecho de Rosinante, tratando de recuperar el ritmo normal de su respiración y pulso. Observaba como el rubio también estaba respirando entrecortadamente.
Con cuidado, Crocodile atrajo a Rosinante hacia él, acomodándolo sobre su pecho y rodeándole tiernamente con su brazo derecho.
Después de unos minutos, cuando ambos ya estaban de nuevo en sus cinco sentidos andando normalmente, Crocodile notó que Rosinante lucía un poco afectado, su rostro reflejaba algo de incomodidad.
—Rosinante… ¿Qué ocurre?
—Nada…
—Dime ¿Te lastime?
Rosinante negó con la cabeza. Crocodile observo toda la escena, y al momento de tratar de cubrirse con una de las sabanas, se percató de que el preservativo se había roto, probablemente eso era lo que tenía preocupado a su ruborizado rubio.
—Lo siento…—dijo Crocodile sintiéndose culpable debido a que su muchacho realmente se veía incomodo con el resultado.
—No… No te preocupes…—musito Rosinante, aunque su cara decía justo lo contrario. Quería ir a lavarse lo más pronto posible, pero al mismo tiempo algo en su interior le impedía ir a hacerlo de inmediato, pensando en que Crocodile se sentiría ofendido. Jalo las sabanas y se cubrió hasta la cintura, tratando de volver a relajarse dejándose caer por completo sobre el fornido pecho de su amante.
Crocodile se movió un poco, tratando de alcanzar de nuevo algo del mueblecillo al lado de la cama. Encendió un grueso puro que emano una nubecilla de humo que disipo el olor y humedad de intimidad que había reinado en la habitación durante todo el acto.
— ¿Quieres uno?—ofreció Crocodile refiriéndose al tabaco.
—No, gracias. Encendería las sabanas…
Crocodile dejó escapar un ligero bufido de diversión, acarició la cabeza del rubio mientras aspiraba y exhalaba aquel humo con la placentera y gran sensación de tranquilidad y de total satisfacción.
Por su parte, Rosinante aún mantenía un semblante algo consternado, pero ya no tenía nada que ver con los restos de su encuentro con Crocodile, no.
Ahora su mente volvía a recordarle, a atormentarle, con la imagen de aquel joven moreno de erizado cabello oscuro y ojos grises que le miraban con frialdad en un escenario imaginario.
Una hora después, Rosinante y Crocodile se encontraban despidiéndose en el vestíbulo del edificio en donde vivía el rubio.
—Muchas gracias por esta noche…
—Fue la mejor noche que he tenido en mucho tiempo—dijo Crocodile—. En muchos sentidos…
—Me alegra saberlo… Bien, creo que debo subir ya…
—Sí… Descansa, espero que no te pese tanto ir a trabajar mañana.
—Descuida, a veces me desvelo por más tiempo, ya me he acostumbrado—comento Rosinante con una sonrisa algo triste.
—No deberías hacerlo más. Debes cuidarte, por favor.
—Lo tomaré en cuenta de ahora en adelante…
—Bien…—y Crocodile se acercó a él para darle un fugaz beso en los labios—. Hasta luego, buena noche.
—Buenas noches—y Rosinante se dirigió a las escaleras, subiendo con cuidado cada peldaño, cuidándose de no tropezar a causa de la inquietud que experimentaba por volver a su hogar y ver a Law ahí después de haber pasado la noche en el lecho de Crocodile—. Me olvidaba de la señorita Robin… Supongo que Crocodile debe estar esperándola abajo aún.
Al día siguiente, la rutina escolar fue casi igual que en días anteriores, a excepción por la gran sorpresa por parte de Law; esta vez, el muchacho no había ignorado los ejercicios de su clase y los pequeños gestos de aversión no se presentaron durante toda la sesión.
Rosinante agradeció en silencio aquel gesto, tal vez su breve llamada de atención había tomado efecto en Law…
Sorprendía en verdad que el jovencito no tomara represalias, aun después de haberse enfadado por la decisión de Rosinante de tomarse una noche libre y dejarlo bajo supervisión.
Sin embargo, aún era pronto para tomarlo como un hecho, el joven profesor esperaba que continuara así por el resto del ciclo escolar.
—Oye, Law…
— ¿Qué pasa, Shachi?—respondió el muchacho mientras lavaba sus manos. Ambos estudiantes se encontraban dentro de uno de los baños de la escuela, durante el descanso.
—Quiero hablar contigo…
— ¿De qué?
—Habías mencionado que… Bueno, que ya no querías vivir con el profesor…
—Sí.
—Y estaba pensando en que… Yo probablemente tenga que hacer lo mismo…
— ¿Que? ¿Estás seguro?
—Sí… Lo he pensado mucho… Y creo que es lo que necesito hacer, al menos por un tiempo…—confeso el chico de cabello naranja mientras acomodaba su gorra—. Las cosas no han mejorado entre Penguin y yo… No creo que seguir ahí ayude mucho.
—Ciertamente… Pero es diferente… Quiero decir, sus padres se preguntaran el porqué, será difícil. Además… ¿Ya tienes alguna forma de ganar algo de dinero?
—Conseguiré empleo, ya tengo casi asegurado uno. Así que…
—Shachi… Bien, creo que ya se en dónde va esto… Si es que todo sale según los planes de ambos, podrás quedarte conmigo por un tiempo, eso hasta que consigas un lugar por tu cuenta.
— ¿En serio?
—Sí. Temo que Penguin se enfade conmigo si lo hago… Pero, admitámoslo, necesitare compañía y tú un lugar en donde dormir.
—Gracias, Law… Gracias…—y Shachi le dio un par de palmadas en la espalda—. Por cierto… ¿Cómo se lo ha tomado el profesor Donquixote?
—Aún no lo sabe.
Un par de días después, al llegar a casa por la tarde, Rosinante se sorprendió al ver que en su buzón de correspondencia había un sobre; ya había pagado los servicios y cuentas, así que ese detalle le pareció extraño.
Tomo la misiva, la abrió con cuidado y comenzó a leer.
Al estar leyendo aquel texto, un horrible escalofrío recorrió su espalda, sus ojos color ámbar tenían la expresión del temor y asombro, mientras que la mano que sostenía aquel papel había comenzado a temblar.
Aquello era un aviso de citatorio para discutir la solicitud de emancipación de Law. No podía ser cierto…
Debido a su gran conmoción, el rubio tomo el ascensor para subir al departamento. En cuanto entro a su hogar, busco a Law, quien estaba concentrado en su teléfono celular.
Fue directamente hacia el muchacho, portando la carta con expresión de angustia y desesperación.
—Law… ¿Qué hiciste? ¿¡Por qué hiciste esto…!?
—Es obvio, no quiero seguir viviendo aquí—respondió Law manteniendo su mirada en la pantalla de su teléfono—. No seré testigo de tu nueva relación y no pienso seguir oyendo y acatando tus intentos de órdenes y castigos.
—Law… Tu padre…—dijo Rosinante con voz rota y débil—. Él había deseado que…
—Él ya no está aquí. Acéptalo, no se dará cuenta si estoy bajo tu cuidado o no, no importa ya—replico Law con un tono de voz indolente que resultaba tan increíble como escalofriante—. Deja de insistir en esta farsa, haz tu vida y yo haré la mía por mi cuenta, no tienes que preocuparte más por mí…
Hubo un silencio desgarrador después de aquellas últimas palabras, hasta que el teléfono celular de Rosinante comenzó a sonar.
El rubio no contesto de inmediato, estaba demasiado afectado como para responder por ahora.
—Law… Yo…—no sabía que decir o que hacer, era como si una destructiva tormenta hubiera llegado a él de pronto; su corazón y mente se sentían ahogados en dolor y desesperación. Sentía la presión del llanto amenazando por cubrir sus ojos. Tenía un nudo en la garganta que tenía que deshacer—. ¿Qué se supone que les diga a esas personas? ¿Qué falta tuve contigo o cual necesidad deje sin cubrir? ¿Qué clase de negligencia cometí como para que decidieras que lo mejor para ti era vivir por tu cuenta?—empezó a cuestionar con la respiración entrecortada a causa de la gran desesperación que sentía.
—Di lo que quieras…
— ¿Acaso fingirás ser una víctima de algo terrible solo para obtener el visto bueno del juzgado? ¿Es eso?
—Yo no quería esta vida, yo no quise terminar viviendo contigo, al menos no de esta manera.
— ¿De cuál manera? ¿¡En la manera en la que tuve que olvidarme de todo lo que paso entre nosotros, de todo aquello que en primer lugar nunca debió pasar, para tomar en serio mi responsabilidad como tu tutor!?
— ¡Solo me quieres aquí por una cosa, y solo una cosa…! ¡Solo estas tratando de borrar la culpa que sientes con mi padre!—reclamo Law arrojando su teléfono celular y volteando a ver por fin a Rosinante—. ¡No lo lograrás…! ¡¿Sabes por qué?! ¡PORQUE YA LO HICISTE! ¡YA NO TIENE ARREGLO!
— ¡YA BASTA…!—exclamo Rosinante dirigiéndose a su habitación.
— ¡Acéptalo de una maldita vez!—sentenció Law yendo detrás del rubio, cerrando la puerta de la habitación azotándola con fuerza— ¡Olvídate de esa absurda promesa, supera tu patética culpa, olvídate de mí…! ¡Y DEJA DE JODERME LA VIDA!
— ¿¡Yo te arruino la vida!? ¡YO SOLO QUIERO PROTEGERTE!—grito Rosinante sin poder contenerse más— ¡Yo solo quería que no estuvieras solo después de todo aquello…! ¡Yo solo buscaba como hacerte retomar una vida normal y tratar de encaminarte hacia el mejor futuro para ti! ¡¿Qué acaso todo eso no significa nada para ti!?—inquirió el rubio mirando a Law con una intensa mirada llena de decepción y enojo—. No… No fue así… Parece que solo te importo el estado de nuestra "relación"… Querías que siguiéramos como si nada hubiera pasado…
— ¡NO HABRÍA HABIDO NINGUN MALDITO PROBLEMA REAL SI LO HACIAMOS!
—Te dije que no podía hacerlo, te lo explique, espere que entendieras la situación, lo que menos deseaba era iniciar una especie de guerra entre nosotros, pero querías todo y tan rápido, y decidiste dejarte llevar por tu impulso ¡Y A LA PRIMERA OPORTUNIDAD DECIDISTE IR A BUSCAR A ALGUIEN MÁS CON QUIEN ACOSTARTE Y EMPEZAR A TRATARME COMO BASURA!
— ¡¿Y qué pretendías que hiciera?! ¡¿Qué te esperara hasta que terminará la universidad!? ¡Para ese punto, tú ya habías dejado en claro que ya no querrías nada conmigo!
—Yo sí estaba dispuesto a esperarte. En el fondo, estaba decidido a esperarte el tiempo que fuera suficiente, que ingenuo fui…
—Al menos puedes decir que ya superaste ese dilema ¿no es así? Aquella noche de la semana pasada, con ese imbécil del garfio ¡¿Acaso pensaste en mí cuando te lo estabas follando!? Te lo follaste, ¡¿No!?
— ¡Ni siquiera deberías molestarte en preguntar si me acosté con él o no! ¡¿Por qué rayos tienes el cinismo de reclamarme y molestarte porque me atreví a darme una oportunidad con alguien más!? ¡DIME PORQUE…!—y Rosinante dio un fuerte golpe en la pared, dejando una marca en esta y una herida en su mano.
— ¡¿Qué acaso eres tan tonto como para no darte cuenta!?
— ¡Dudo que sea por algo genuino! Ya no puedo creerte… ¡NO TE ENTIENDO, LAW! ¡¿QUÉ QUIERES DE MÍ!? ¡Primero vas y buscas reemplazarme, pero cuando yo decido intentar tener algo nuevo con alguien más de una manera seria y aceptable, me lo tienes que echar en cara de la peor manera que se te ocurre!—y la voz de Rosinante se quebró, casi dejando asomar a ese trágico tono que acompaña al llanto—. Parece que no soy más que un capricho para ti… Te amaba, Law… Yo en serio te… Demasiado…
— ¿Y ahora amas a ese imbécil?
—No… Te lo he dicho varias veces… Yo siempre te voy a querer… —y finalmente las lágrimas empezaron a fluir de los ojos cobrizos llenos de angustia—. Pero ahora no sé qué pensar… Que voy a hacer… Y que pasará…—Rosinante se sentó sobre su cama, cubriendo sus ojos con sus manos y dando un gran suspiro que le ayudara a calmarse—. Supongo que tendrás razón… Lo mejor para ti será ya no tener que soportarme día a día.
Law le observo en silencio, por ahora ya no tenía más que decir.
Ya había dicho muchas cosas de las que ya se sentía arrepentido...
Sentía que su cuerpo temblaba de la conmoción.
Salió de la estancia para ir al baño por un par de piezas de algodón, gasas y desinfectante para la herida de la mano de Rosinante; de manera rápida limpió aquella marca rojiza y la envolvió con cuidado.
—Gracias…—dijo el hombre de cabello rubio con un hilo de voz mientras trataba de dejar de sollozar—. Bien, si no te molesta, ya quiero dormir, estoy cansado—y Rosinante se recostó sobre su cama—. Buenas noches...
Y Law, dando un último vistazo a la gran figura de Rosinante que yacía sobre la cama, se retiró de la habitación, apagando la luz y cerrando de nuevo la puerta al salir.
Bien, esto fue todo por ahora, vaya que fue un capítulo intenso para mí, estoy toda alterada porque ahora que estoy editandolo me sigo quedando igual de triste por todo…
En fin, gracias por leerlo, y en especial gracias a quienes dejaran su opinión. Las aprecio mucho.
¡Hasta la próxima!
Atte. Levita Hatake
