Hola a todos, espero que estén lo mejor posible.
Bien, aquí está otro capítulo más de la recta final de esta complicada historia.
Ah, será un capítulo difícil, me costó escribirlo… Ya sabía que tenía que llegar este punto pero aun así una parte de mí no quería aceptarlo

Como sea, les agradezco mucho por seguir aquí a pesar de la naturaleza de la historia, agradezco su paciencia y su apoyo.
Les deseo lo mejor y espero que decidan seguir aquí para los últimos capítulos.

De casualidad, ¿pudieron ver One Piece con el re-doblaje latino?
Ame la nueva voz que le dieron a Crocodile y a Bon-chan, se lucieron en verdad, ver de nuevo todo Alabasta con una buena calidad de voces y traducción es genial. Recuerdo que hace años, en el doblaje de la versión censurada de 4kids, el doblaje era muy deficiente, hoy en día estoy agradecida por la decisión de volver a darle otra oportunidad a One Piece en Latinoamérica.


Rosinante continuaba abrazando con firmeza el agitado cuerpo de Law, sus fuertes brazos rodeaban al muchacho y trataban de calmarle.

—Rosinante…—musito el joven de piel morena al percatarse de que el hombre de cabello rubio por fin empezaba a separarse de él teniendo mucho cuidado y dirigiendo su vista hacia Doflamingo, disponiéndose a ir hacia este último.

—Lo siento, Law, pero tengo que saber cómo se encuentra—declaró Rosinante con voz afligida y la mirada clavada en el suelo, en un intento de esconder la pena que sentía.

Haciendo un gran esfuerzo por quedarse quieto, Law le observo en un amargo silencio, vio como Rosinante se acercaba a su hermano y se ponía en cuclillas para examinar más de cerca su estado.
Una sensación de impotencia le inundaba al verlos juntos, seguía sin poder asimilar que ellos eran familiares.
Aquel hombre de gafas rojas le había arrebatado a su padre, le había engañado de una manera tan cruel y cínica…
Su cuerpo volvió a temblar al recordar todas las ocasiones que pasó junto a él; el odio que sentía por Doflamingo era tan inmenso que solo la presencia de Rosinante podía detener sus ganas de volver a herir a ese hombre.

—Doffy…—el hermano menor aproximo su mano derecha sobre la amplia frente de su hermano mayor. Rosinante observo el arma que seguía plantada dentro de la herida, un terrible escalofrío recorrió su cuerpo para después ser desvanecido por una rabia que parecía no querer manifestarse—. Doffy ¿por qué…? ¿¡Por qué tuviste que hacer todo esto…!?—cuestiono entre dientes y, no pudiendo evitar más aquel intenso enojo que empezaba a surgir en su interior, pronto su mano derecha se movió hasta acercarse a uno de los antebrazos de Doflamingo y poco a poco enterrar sus uñas sobre la piel de este.

—Rosinante… Largarte de aquí, te meterás en problemas—jadeo el rubio de las gafas rojas, ignorando el gesto de su hermano.

—Ya lo estoy. Ambos lo estamos—y Rosinante miro atento la empuñadura de la navaja que Law uso contra Doflamingo, con cuidado cerró su mano izquierda alrededor de esta, después la apartó con cuidado y empezó palpar la zona inferior a la herida, dejando que la sangre de su hermano manchara su palma.

—Rosi ¿Qué haces…?

—Law cometió un terrible error a causa de tanto dolor…—murmuro Rosinante con una tristeza profunda impregnada en su mirada cobriza—. Tú y yo tenemos grandes deudas con él.

—Ja, creo entender tu intención… Entonces ¿será así…? Estás loco, Rosi—y Doflamingo dejo escapar un gruñido de dolor—. Tarde o temprano sabrán la verdad… Y ese mocoso no dudará en contarlo para salvarte.

—Aun así lo intentaré, además tengo muchas otras cosas que pagar.

Rosinante continúo observando su mano empapada de aquel fluido rojo oscuro.
Law, aterrado, al percatarse de la acción de Rosinante, corrió rápido hacia él.

— ¡Rosinante…! ¡¿Qué haces!?

—Law, escucha, tienes que salir de aquí. Me encargaré de todo. Vete…

— ¡CLARO QUE NO! ¡YO HICE ESTO Y…!

—Law, todo esto fue una horrible consecuencia de tantas cosas… Tu dolor, mi falta de voluntad y malas decisiones... Tal vez si hubiese algo más por ti… Fue mi culpa, no te protegí lo suficiente.

— ¡No seas idiota, Rosinante! ¡Todo esto fue un desastre hecho por Doflamingo! ¡Y en todo caso, también fue mi culpa, hice cosas terribles…!—exclamo el joven de cabello oscuro mientras sujetaba con desesperación los antebrazos del hombre rubio— ¡Huyamos de aquí!

—No, Law. Por favor…

— ¡Al menos solo tú, debes irte de aquí! ¡Por favor, vete!

—No… Entiéndelo.

En ese momento, se alcanzó a escuchar un rumor que provenía de unos cuantos metros hacia afuera, era seguro que un grupo de policías y paramédicos llegarían pronto a la escena.
Rosinante estaba dispuesto a cargar con el peso de la acción de Law junto con las consecuencias de los lamentables errores del pasado.

—Te amo, Law… No lo olvides—dijo finalmente Rosinante brindándole una melancólica sonrisa.

— ¡Rosinante…!

En un momento aquella estancia se llenó de paramédicos y oficiales de policía que abordaron a cada uno de los involucrados en aquel incidente.

Doflamingo fue inmediatamente transportado a una camilla y llevado a una ambulancia.

Y, como se esperaba, al notar que las manos de Rosinante estaban empapadas de sangre, fue detenido inmediatamente apuntándolo como evidente culpable de aquel violento altercado. Un par de policías le ordenaron alzar sus manos, dejando camino libre para examinarlo detenidamente en busca de algún arma.

— ¡ESPEREN…! ¡Él no es el responsable de esto!—protesto Law en voz alta, tratando de seguir a los policías que llevaban a Rosinante.

—Detente, muchacho. Acompáñanos—le indicaron un par de oficiales que le detuvieron tomándolo con firmeza de los hombros.

El cuerpo de Law volvió a temblar de arriba abajo, el muchacho se resignó a que las cosas tendrían que tomar el curso que las autoridades indicaran...

Al salir del edificio, diviso a Shachi y Penguin a lo lejos, detrás de la barrera de cinta amarilla que la policía colocó sobre el área.
Law subió a un vehículo policial que después de un par de minutos se alejó del lugar.

La mente de Law comenzó a quedar en blanco durante el trayecto, su grisácea y vacía mirada se perdió en la ventana hacia su lado izquierdo; el sonido de las sirenas de aquella ambulancia y el resto de patrullas policías fue el único estímulo que logró captar en aquel momento.

...

—Tiene derecho a una llamada—indico un oficial a Rosinante que se veía desprovisto de las esposas que habían inmovilizado sus muñecas.

En cuanto llego a la comisaría, sus huellas dactilares fueron registradas y le despojaron de los pocos objetos personales que había llevado consigo: su billetera, las llaves de su auto y departamento y su teléfono celular.

Rosinante miro hacia el teléfono disponible de la estación policial, solo podía llamar a una persona…
No alcanzaba a imaginar la decepción y deshonra que sentiría al momento de confesar su verdad. Marco el número que sabía de memoria y el sonido que indicaba que la llamada en proceso comenzó a invadir su oído derecho.

—Señor Sengoku, soy Rosinante…

—Ese hombre asesino a mi padre… Por eso lo hice… No quería perder más tiempo en contactar con la policía, sé que habían estado estancados con el caso de mi padre… Doflamingo es culpable de ello y de muchas otras cosas más, solo actué en defensa propia, él me hubiera asesinado también.

— ¿De dónde obtuviste esa información sobre Doflamingo?

—Yo… Recibí ayuda de alguien más… Una persona me proporciono pruebas.

— ¿Cuál es su nombre?

Law miro con recelo a los hombres que estaban interrogándolo, su cabeza daba vueltas, había estado relatando todos los hechos previos a ese día y explicando cómo llevó a cabo el ataque contra Doflamingo y su relación con este.

...

—Como temíamos… Law no responde su teléfono, bueno, tal vez ya no lo traiga consigo—comento Shachi con voz lamentable.

—No podemos dejar a Law solo... Habrá que esperar a que salga de ahí—dijo Penguin soltando un pesado suspiro al final— ¿Qué es lo que habrá sucedido en aquel lugar?

—Si tu no lo pudiste averiguar, menos yo… Tampoco el profesor Donquixote tenía idea alguna—señalo Shachi con desanimo.

...

Rosinante miraba con tremenda culpa y aflicción el rostro atónito de aquel hombre que le había acogido como un hijo y que tanto le había ayudado durante años. Había terminado de confesarle todas las acciones que estuvo ocultando, todo por lo que estaba dispuesto a permanecer en custodia de la policía hasta que la ley decidiera su siguiente destino.

—Rosinante…

—No pienso huir de lo que tengo que enfrentar, señor Sengoku. Solo… Solo necesito pedirle un último favor, aunque sé que no tengo derecho a exigirlo—musito el rubio con voz desamparada—. Asegure que Law esté bien, por favor… Él tiene que retomar su camino. Nada de esto fue su culpa.

Sengoku se mantuvo en un doloroso silencio que evidenciaba su decepción, la mirada de Rosinante ya no podía mantenerse debido al pesar que este sentía; no era más el jovencito inocente y torpe que permanecía en sus recuerdos, ahora era un hombre destrozado y hundido en un terrible error.

—Haré lo que pueda, por el bien del chico. Rosinante...—y Sengoku se detuvo, no pudo continuar, pues la insoportable y dolorosa sensación de aceptar la verdad sobrepasó su voluntad de seguir hablando.

...

—Esto es un desastre… La declaración del joven Trafalgar contradice lo que han dicho el resto de los involucrados—comento un hombre del departamento de policía a uno de sus compañeros.

—El muchacho está encubriendo a Donquixote Rosinante—señalo el otro, con expresión de desagrado—. Con las declaraciones de este último se entiende perfectamente por qué… Aún nos falta interrogar a Crocodile y a Doflamingo, aunque para ser honesto, no le encuentro mucho sentido, si Donquixote Rosinante ya confeso y está dispuesto a aceptar los cargos.

—Si eso es así no habrá más remedio que hacer una investigación en la escuela en donde laboraba, ¿Cuántos estudiantes tendríamos que interrogar?

...

Law se había librado de los interrogatorios por aquel día…
Un auto de la policía lo llevaba a su departamento.
Mañana tenía otro citatorio, de nuevo tendría que ponerse a disposición de la autoridad y esperar a que todo aquello tuviera una conclusión.

Al ingresar a su apartamento, se sorprendió al ver a Penguin y a Shachi en la sala de estar. Sus amigos saltaron del sofá en cuanto le vieron llegar.

— ¡LAW…! ¡¿Estas bien!?—preguntaron al unísono.

—Estoy bien.

— ¿Qué ocurrió…? Law, no pudimos evitar querer esperarte aquí hasta que supiéramos algo de ti. Estuvimos intentando llamarte, pero…

—Lo sé.

—Law…

—Hice muchas estupideces, todo lo que pretendía hacer, todo lo que hice ya es de conocimiento de la policía. Mañana tendré que ir de nuevo con ellos. No tengo idea de que es lo que vaya a suceder…—declaro Law con voz vacía, pausada y con su vista desprovista de alguna emoción destacable.

—Law…

—Vayan a descansar, necesito estar solo. Aprecio que hayan estado aquí y toda su ayuda en los últimos meses.

—Law, no hables así.

—Váyanse, por favor.

—Bien, nos iremos por ahora… Pero recuerda que estamos contigo, pase lo que pase, sabemos que saldrás de esto—le dijo Penguin.

—Si… Law, tienes mucho por delante, no te dejaremos solo—agrego Shachi.

Y con algo de esfuerzo, aquellos chicos de gorros tan singulares tuvieron que salir del lugar, dejando a Law en un silencio desgarrador.

Por fin la mente de Law logro concretar una línea de pensamiento más estable, aunque el único tema que podía ocupar ahora mismo era la gran interrogante de lo que pasaría con Rosinante y con él.

Al día siguiente, alrededor de las diez de la mañana, un par de detectives solicitaron hablar con el dueño de uno de los más grandes casinos de la ciudad: Crocodile.
Lo primero que aquellos hombres discutieron con Crocodile fueron los hechos sobre su contacto con Law Trafalgar y Doflamingo y, después de proporcionar esa información, llego una pregunta que desestabilizo al hombre del garfio, aunque no podía reflejarlo frente a esas personas.

— ¿Usted estaba al tanto del tipo de relación que Rosinante Donquixote sostenía con el joven Trafalgar?

—De haberlo sabido yo mismo lo hubiera denunciado hace tiempo. Lo supe hasta el incidente en el hotel—respondió Crocodile con un evidente tono de amargura e indignación en su grave voz—. ¿Quieren que colabore con mi testimonio? Aquí lo tienen, grábenlo o háganme firmar lo que sea que necesiten, pero no pienso ir a un juicio.

—Muy bien, señor Crocodile. Solo necesitábamos corroborarlo y tener evidencia al respecto. Gracias por su cooperación.

— ¿Qué ocurrirá con el muchacho?

— ¿Se refiere a Law Trafalgar? No podemos decírselo, eso es algo fuera de nuestro conocimiento.

Crocodile miro con recelo a los detectives, su molestia era tan grande al tan solo recordar aquellos sucesos… Aún no podía asimilarlo y probablemente no lo olvidaría nunca.
El recordar aquella escena en que Rosinante abrazaba fuertemente a aquel muchacho; aquello le significaba algo tan ofensivo como algo que le habría hecho Doflamingo.

Sacó de uno de los cajones de su escritorio un pequeño marco que resguardaba una fotografía de Rosinante, la mano que sostenía aquel recuadro pronto empezó a aplicar más fuerza, al punto de agrietar el cristal.

Que estúpido se sentía… Había tenido la ingenuidad de volver a confiar en alguien de esa forma tan descuidada; entregó su confianza, protección y, lo más lamentable de todo, su sincero afecto.

¿Estaría condenado a no volver a confiar en alguien? ¿Acaso el amor no era algo viable para él? Quizá la vida le estaba confirmando que su destino no podría encaminarse por tal sentimiento.

Pronto, aquella foto de Rosinante salió del cristal y del marco que la resguardaba, para ser colocada sobre el cenicero que tenía sobre el escritorio; Crocodile tomo su encendedor y acerco la flama a la esquina inferior derecha, provocando que la foto comenzará a quemarse hasta convertirse en cenizas.

...

Rosinante había pasado la noche en una celda de una comisaría, tan solo esperando el momento decisivo en que todo culminará, en que tuviera que aceptar una sentencia y comenzar a enfrentar una nueva realidad en su vida.

— ¿Estarás bien, Law? ¿En dónde estarás…?—se preguntó en un murmuro imperceptible para otros.

—Rosinante…—y la voz de Law se hizo escuchar.

— ¿Qué? ¡¿LAW!? ¿¡Qué haces aquí…!?—el rubio levanto su abatido rostro y confirmo la presencia de aquel muchacho.

Si, era él, Law estaba del otro lado de las rejas, estaba agitado y con un semblante tan miserable y desgastado, justo al igual que el suyo.

—Tenía que verte. No sé si esta pueda ser la última vez que nos veamos, pero necesitaba verte antes de que…—comenzó a decir Law con voz jadeante.

—Law, no debiste venir, tienes que irte de aquí.

—No me importa, me importa una mierda lo que tengan por decirme… No me iré—replico el muchacho, cerrando con fuerza sus manos alrededor de las rejas—. Rosinante, ¿en verdad estas dispuesto a seguir en esto? ¡¿Por qué!? ¡Todo esto no debió pasar! ¡Todo fue culpa de Doflamingo…!

—Law, basta, entiéndelo…

—Contrata un abogado, no dejes que todo se…

— ¡YA BASTA, LAW!—exclamo el rubio dejando ver sus ojos enrojecidos y cubiertos de lágrimas—. Ya, detente… Por favor—y su voz empezó a quebrarse. El rubio estallo en un llanto intenso, su nariz empezaba a taparse, su garganta libero el nudo que había estado sintiendo, su cuerpo ya temblaba por completo pero, a pesar de ello, trataba de mantenerse lo más firme posible—. Law… Yo… Confesé todo.

— ¿Qué?

—El incidente que ocurrió con mi hermano, tomé toda responsabilidad por ello, como ya lo sabes—dijo Rosinante luchando por recuperar un poco de calma—. Y aunque eso llegara a desmentirse… Aún tengo que enfrentar una consecuencia más.

— ¿De qué hablas?

—Sobre lo que permití que sucediera entre nosotros.

—Rosinante… No…—Law sintió una horrible sensación en la cabeza, comenzaba a sentirse tan aturdido—. No… ¡¿Por qué lo hiciste!?

—Por favor, vete, Law.

—Rosinante… ¿Por qué…? ¡¿POR QUE!?—y Law empezó a azotar aquella reja, dejando escapar la desesperación que sentía en todo su ser. Sus ojos se cerraron con fuerza, tratando de evitar el llanto pero fue inútil.

—Law, por favor, escúchame, tienes que superar esto…—declaro Rosinante tratando de mostrar toda su convicción. Por fin se había acercado a las rejas, poniéndose lo más cerca de Law, sus manos apenas se enlazaron a través de la estructura—. Olvídate de mí, supera este terrible acontecimiento y retoma tu vida; sé que puedes hacerlo, enfócate en avanzar de la mejor forma posible, busca la ayuda que necesites y encuentra la manera de ser feliz…—y su voz tuvo otro punto de quiebre—. Vuelve a vivir sin ningún temor ni desesperación… Recupera tu vida, Law—y un par de nuevas lágrimas salieron de sus ojos y rodaron por sus pálidas mejillas, cayendo hasta la punta de sus zapatos—. Hazlo…

—No… Rosinante, no puedo… ¡No voy a dejarte aquí!

—Debí ser mejor para ti… Nunca debí hacerte daño… Nunca debí permitir que cruzáramos el límite. Por eso es que estoy aquí.

— ¡No digas eso! ¡Tú has sido la primera y única persona que he amado de verdad! ¡Tú eres mí…!

—No sigas, Law…—replico Rosinante con voz ahogada, pues trataba de detener la sensación de dolor y llanto, apretando con fuerza su mandíbula—. Escúchame, Law, gracias a ti conocí una felicidad que nunca creí posible. Nunca podré olvidarte, y lo puedo jurar, nunca dejaré de amarte.

— ¡No quiero perderte, Rosinante, por favor…!

—Fue suficiente, niño—dijo una grave y fría voz a espaldas de Law. Un hombre mayor de cabello afro y canoso, con una terrible mirada seria protegida tras unos lentes, había llegado a la escena.

—Señor Sengoku…—musito Rosinante aterrado de ver a su viejo tutor justo en ese difícil momento.

Law volteo para mirar al mencionado, quien venía acompañado de un par de oficiales de policías, que muy pronto se acercaron a Law para escoltarlo de regreso al vestíbulo de la comisaria.

— ¡ROSINANTE…!—exclamo Law echándole una última mirada a aquel hombre de cabello rubio tras la rejilla de aquella celda.

En cuanto Law y aquel hombre llamado Sengoku llegaron a un área alejada, este último escudriño el rostro abatido del muchacho.
No podía ignorar la incómoda y desagradable estupefacción que le causo comprobar de primera mano que todo lo que había relatado Rosinante era verdad; le era tan doloroso aceptarlo.
Vio por unos segundos el como aquel muchachito derramaba lágrimas y luchaba por no emitir lamentables sollozos.

—Tu nombre es Law, ¿cierto?

— ¿Quién es usted…?—cuestiono Law con voz rasposa, el chico no le miro directamente, pues estaba con la mirada clavada en un reloj de pared.

—Fui el tutor de Rosinante, mi nombre es Sengoku. Pienso ayudarte en lo que necesites, hasta que puedas valerte totalmente por tu cuenta.

—No necesito dinero, ya tengo bastante… Además… Ya me emancipé.

—No me refería solamente a un asunto económico. Escucha, volverás a enfocarte en tener una vida normal y tranquila, estaré ahí para asegurarme de ello, hasta que te conviertas en alguien verdaderamente capaz de enfrentar al mundo por su cuenta.

— ¿Por qué le interesa…?

—Porque solo eres un niño envuelto en una trágica locura, por eso.

—Rosinante tampoco debió terminar aquí. ¡Es el que necesita de su ayuda…!

— ¡Será mejor que saques esa idea de tu cabeza! ¡Todo se acabó, Rosinante cometió una terrible falta y tiene que enfrentar las consecuencias! ¡¿Entiendes!?—exclamo Sengoku con voz autoritaria pero con un tono desgarrador que afecto de inmediato al muchacho al que trataba de hacer entrar en razón.

Los ojos de Law se vieron inundados de nuevo en lágrimas, por lo cual el muchacho trataba de esconder su rostro de la vista de otras personas, encogiéndose un poco en la silla en donde estaba sentado y acomodando su rostro hacia la izquierda.

— ¿Crees que descubrir todo esto no me duele…?—cuestiono Sengoku con voz más baja pero con el mismo tono de desgarradora aflicción—. Rosinante es… Como un hijo para mí… Pero… Tengo que aceptar lo que ha sucedido. Y tú también.

Después de unos minutos, Law recobro un poco de compostura, enjugándose las lágrimas y calmando un poco su respiración, atreviéndose a mirar directamente al rostro del hombre que tenía en frente.
No sabía que esperar de él, no sabía que esperar de la vida de ahora en adelante…

Dentro de unos días, un par de detectives comenzaron a entrevistar a todos los estudiantes que habían recibido clases con Rosinante Donquixote, en busca de otros posibles afectados como el joven Law Trafalgar.
Los testimonios arrojaron que el profesor Donquixote nunca demostró tales conductas con algún otro estudiante, sin embargo, no pudieron evitar su asombro al enterarse de aquel detalle.

—Es obvio que el estudiante involucrado con el profesor Donquixote fue Law, ¿Por qué otra razón Law no ha venido a clases desde entonces?

— ¡Es cierto…! ¡Creo que un par de veces los vi llegar e irse juntos de la escuela!

—No sé porque hacen tanto alboroto de esto, ¿Cuántos casos no han conocido de profesores involucrándose con sus alumnos por intereses mutuos?

—Pero Law no parecía ganar nada al involucrarse con él, seguía teniendo calificaciones regulares y bajas en su materia. Era pésimo en esa clase.

Shachi y Penguin alcanzaron a un escuchar a un grupo de compañeros discutiendo aquel tema, el par de amigos tuvieron que reprimir su irritación ante los cotilleos de la escuela, pues todo era verdad, tristemente, tenían que aceptar los hechos.

—Me pregunto qué es lo que pasará con Law…—resoplo Shachi, quien notó a lo lejos como su ex novia lo miraba de reojo con una ligera expresión de preocupación. Pronto la mirada de aquella chica se desvió cuando apareció junto a ella un chico alto de estiloso cabello rojo y gafas oscuras.

—Probablemente tenga que cambiar de escuela—contesto Penguin cruzándose de brazos—. No creo que sea fácil lidiar con los comentarios y miradas de todos si decidiera regresar a este lugar…

—Espero que podamos hablar con él pronto.

...

— ¿Estás seguro de que cuentas con todo lo que necesitas?

Sengoku había acompañado a Law hasta su departamento después de pasar casi toda la mañana y el transcurso del día junto a él en el departamento de policía e investigación.

—Si.

—Bien. Recuerda que puedes llamarme en caso de cualquier emergencia. Mañana iremos a tratar el asunto de tus estudios, así que trata de dormir lo suficiente, tenemos que estar a tiempo… Habrá mucho que discutir—y Sengoku se retiró sin decir más.

Law entro a su hogar, que estaba en completo silencio.
Ni Shachi ni Penguin se encontraban esperándole ahí.
A los pocos minutos sintió la desesperante sensación de querer salir de ese lugar; quería estar en su antigua casa, la sensación de nostalgia y tristeza le invadió por completo.
Fue hacia su habitación por un cambio de ropa, eligiendo lo más holgado que pudo encontrar después de sentir una asfixiante tensión durante todo el día.
Llamó un servicio de transporte que llegaría en unos diez minutos.

Al cabo de unos veinticinco minutos, Law estaba llegando a su residencia anterior. Aquella casa de color blanco y de estructura victoriana le recibió en un silencio más profundo que el de su departamento.
Encendió las luces del pórtico, del recibidor y al final fue hacia la sala de estar, en donde decidió que pasaría la noche.
Los retratos de su familia estaban ahí, era el lugar más confortable de aquella enorme casa.
El muchacho observo quieto todas las fotografías, tal como solía hacerlo siempre que volvía a su viejo hogar.

—Papá… Mamá… Lami… Deben sentirse decepcionados de mí—musito Law, apretando sus puños—. Lo lamento…—tomó uno de los retratos y lo llevó hacia su pecho, aferrándose a él con tanta emotividad que por un momento pensó que dañaría la estructura de alguno de ellos.

Y por un instante, Law sintió como si aquella estancia hubiera vuelto en el tiempo, como si en ese mismo momento sus seres queridos volvieran a estar ahí, alrededor de él, abrazándole y recibiéndole una vez más en su hogar.
Sus ojos dejaron salir un torrente de lágrimas, su corazón parecía quebrarse al igual que su voz y su mente.
De ahora en adelante llevaría una gran carga sobre él, que tal vez debería llevar por mucho tiempo y que tal vez, después de un largo tiempo y un camino lleno de esfuerzo y acciones por delante, algún día podría llegar a liberar…

...

— ¿Entonces Law está bien?

— Si, afortunadamente está bien. Al parecer está en su vieja casa. Eso me dijo en el mensaje—explico Penguin mostrándole su teléfono a Shachi.

—Entonces, mañana iremos directo ahí.

—Sí. Así que será mejor que ya nos vayamos a descansar…

—Penguin…

— ¿Qué?

—Sé que con todo esto que está sucediendo con Law no hemos tenido el suficiente tiempo para hablar de…

—Cuando todo mejore, lo discutiremos—le corto Penguin—. Buenas noches.

Después de un largo rato de silencio y desahogo, Law decidió que era momento de cambiar su ropa y encender la televisión; no le importaba que ver en específico, solo quería oír algún ruido y acabar con aquel silencio que comenzaba a desesperarle.
Cambiaba de canal de manera casi inconsciente, hasta que la pantalla proyecto una imagen que captó su atención de inmediato:
Un muchacho de espeso y ondulado cabello rubio y de piel pálida, fumaba dentro de lo que parecía ser un cuarto de baño en compañía de una joven sirena dentro de una bañera.
No pudo evitar sentir que estaba viendo una versión ligeramente más joven de Rosinante en la televisión.
Sus ojos se empañaron y soltó el control remoto; ya no seguiría cambiando de canal, pues el ver a aquel actor le reconfortaba de cierta manera extraña, no le importaría la rara temática del film, solo quería seguir viendo a ese desconocido actor que le recordaba a ese hombre al que amaba tanto.

—Rosinante… ¿Estarás bien?—musito Law, dejando fluir una vez más un par de lágrimas, estaba vez inspiradas por otro sentimiento.

...

Rosinante Donquixote se encontraba en la estancia en donde viviría los próximos cuatro años para cumplir la sentencia que había recibido por el delito de estupro.
Ya había dejado atrás su ropa personal y vestía el uniforme de la penitenciaría, el cual consistía en un traje holgado de camiseta y pantalón azul.

Serían días largos, llenos de arrepentimiento y dolor, de recuerdos y cuestionamientos sobre como iría la vida de las personas que apreciaba; no dejaba de preguntarse como lidiaría el señor Sengoku con la terrible decepción, como estaría su hermano ¿Doflamingo seguiría en el hospital?, no olvidaba la última mirada llena de desprecio de Crocodile, y después de todo, al final prevalecía la cuestión sobre como continuaría la vida de Law…

Era una locura seguir pensando en Law, el mismo se reprendía por ello cada momento del día, mientras hacía alguna labor, mientras iba al comedor, al estar en el patio de la prisión en el corto tiempo en que les permitían salir a tomar aire y observar el cielo, al terminar sus sesiones con el psicoterapeuta que lo atendería, al estar sobre su austera cama viendo el techo de aquella celda; el pensamiento y la imagen de Law le mantenía vivo y al mismo tiempo le recordaba él porque estaba en aquel sitio.
Cargaría con todo el peso de sus errores y decisiones, así lo haría, por un largo tiempo…


Bien, fue un capítulo muy difícil, creo que de lo más difíciles que he escrito.
Creo que solo serán dos capítulos más y ya llegamos al fin

Espero que estén aquí hasta entonces, de nuevo gracias por leer y por sus comentarios.

Atte. Levita Hatake