Hola, espero que se encuentren lo mejor posible.
Bueno, aquí está otro capítulo… Quizá sea el penúltimo, no lo sé aun, pues tengo que decidir cómo organizo los últimos sucesos y lo que falta.
Sinceramente ya estoy sintiendo la típica presión que experimento cuando estoy próxima a terminar una historia, pero nada que impida seguir escribiendo. En cuanto termine este fanfic, ya actualizaré mi historia de "Amor Inmortal" y espero comenzar otros proyectos.
Espero que les agrade. Gracias por su paciencia y apoyo en esta complicada historia.
—Law… ¿Estás seguro de que no quieres comer un poco más?—pregunto Penguin al ver que su amigo no había consumido más que una pequeña porción de sopa y jugo de naranja.
—No, gracias, ya estoy satisfecho.
El muchacho de cabello negro se levantó de su asiento, pues ya era hora de retirarse para ir a enfrentar su futuro próximo; le habían advertido que probablemente estaría bajo custodia del departamento de corrección juvenil pues debido a su historial que conllevó el uso de una identificación falsa para ingresar en establecimientos no aptos para menores para ingerir alcohol, los antecedentes de desapariciones espontaneas que solo eran producto de sus arranques de rebeldía; su vieja estancia en un campamento que ayudaba a corregir conductas problemáticas en jóvenes; su agresión mortal (aunque justificada) hacia aquel hombre llamado Doflamingo y su inapropiada relación con Rosinante Donquixote, por todo lo anterior las autoridades correspondientes no veían un buen prospecto en él y consideraron intervenir para ayudar en su "rehabilitación".
—Nos vemos más tarde—se despidió Law.
—Cuídate. Espero que no sean tan duros contigo…—dijo Shachi con preocupación.
—No creo que merezca condescendencia—declaro Law con voz ronca—. Sabes que hice cosas estúpidas, haré lo que sea necesario para pagar por ello… No importa que sea. Aun así, creo que nunca será suficiente—agrego en voz casi inaudible para sus amigos.
—Law...
—Tengo que irme, cuídense.
…
—Oye, tú niño rubio, ¿Cómo te llamas?
—Rosinante…—contesto deteniéndose ante aquella persona que le llamó. El hombre de despeinado cabello rubio cargaba una charola con su comida del día. Su pálido rostro reflejaba el vacío que sentía la mayor parte de los días.
— ¿Y que pudiste haber hecho para terminar aquí, niño Rosinante?
—No quiero hablar de eso, lo siento.
— ¡Ja, y aun te disculpas! Que modales tienes, niño rubio. Ven, siéntate con nosotros…
Rosinante aceptó con indiferencia, realmente le daba igual estar en cualquier lugar mientras estuviera disponible y no tuviera problemas con nadie.
—Puedes llamarme Ivan, niño Rosinante.
…
—Hay varias posibilidades para ti: podrías obtener libertad condicional, eso significaría que tendrías que retomar una buena rutina al pie de la letra y ser supervisado constantemente, no más ausencias en tus estudios, respetar límites de horarios, asistir a asesorías regularmente y realizar algún tipo de servicio comunitario—decía el señor Sengoku a Law, quien se había mantenido en silencio durante todo el trayecto, pues solo esperaba el dictamen de las autoridades, fuese lo que fuese—. En el peor de los casos pasarías algún tiempo en una correccional para menores… Y cumpliendo con la mayoría de las obligaciones que mencione anteriormente.
—Sea lo que sea... Lo haré.
—Algo más… Creo que es importante que siempre tengas en cuenta el hecho de que, después que hayas pasado por todo esto, tendrás la posibilidad de solicitar que eliminen los registros asociados con tu historial problemático. No es seguro de que tanto alcance podría cubrir al respecto, pero es algo vital si es que quieres entrar a una buena universidad.
—No creo que sea posible… Ya no más. Y no me importa.
— ¿Por qué lo dices? No te puedes resignar tan fácil.
—Ya no me interesa ingresar a Harvard, eso está totalmente perdido. Aunque eliminaran o pulieran mi registro legalmente, la clase de cosas que hice no se podrían borrar de la mente de ciertas personas… Menos en algo tan riguroso como lo es el ingreso a esa clase de universidad.
—Eso no lo puedes asegurar… No lo has intentado.
—Haré mi mejor esfuerzo en cualquier escuela en donde me acepten después de averiguar mis antecedentes. No importa en donde, seré lo mejor que pueda ser… Seré un médico del cual mi padre estaría orgulloso.
…
— ¡QUITATE DEL CAMINO!
Un hombre de gran corpulencia había empujado con brusquedad a Rosinante mientras se dirigían a un breve receso en el patio de la prisión.
El rubio se levantó con dificultad pues el paso apresurado y descuidado de otros reos le impedía reincorporarse.
—Niño Rosinante… Tendrás que ser un poco más ágil si no quieres terminar aplastado—le dijo aquel nuevo conocido que hizo durante el almuerzo, cuyo nombre Ivankov.
—No es algo que me preocupe.
— ¿Qué acaso quieres salir muerto de este lugar? ¿Qué no tienes a alguien que te espere afuera o qué?
Y los ojos de Rosinante se abrieron un poco más en una expresión que reflejo lo mucho que le había afectado esa última cuestión.
— ¿Qué te sucede, niño Rosinante?
—Nada… Disculpa.
—Ja, si por supuesto… Creo que tu reacción fue una respuesta clara. Ven, ¿no quieres hablar de eso?
Rosinante miro con aflicción a aquel hombre de cabello morado y rizado.
…
— ¡Law…! ¿¡Cómo te fue?!
—Les contaré todo más tarde, por ahora quiero ir a recostarme un rato—respondió el chico de los ojos grises que ahora lucían muy cansados.
—Sí, está bien, descansa… Creo que iré pensando en que podríamos cenar—dijo Shachi.
— ¿En dónde está Penguin?
—Fue a dar un paseo… Ya sabes… Aun las cosas no estan muy bien entre él y yo.
Law miro con amargura el suelo de su departamento; había pasado por alto que sus amigos no estaban en buenos términos en su relación, pero a causa de su complicada situación actual, estos habían decidido unirse para apoyarlo en lo posible. El muchacho sintió una punzada de culpa.
—Shachi… No tienen que seguir haciendo esto—musito Law—. Ya pronto empezaré a asistir a distintos lugares y tendré que hacer muchas cosas durante la mayor parte de los días; lo grave ha pasado, creo que ya me han ayudado bastante, ahora ustedes necesitan descansar y arreglar sus asuntos.
—Law…
—Por favor, piénsalo en serio—y Law se internó en su habitación, cerrando la puerta tras él.
Horas más tardes, Law, Penguin y Shachi se encontraban cenando juntos, habían pedido comida china a domicilio.
—Estaré casi un año en un campamento de apoyo para jóvenes—dijo Law con voz calmada—. Después estaré bajo libertad condicional, como sea, las dos cuestiones conllevaban que tendré que concentrarme al máximo en mis estudios, asistir a asesorías, terapia y dar servicio comunitario. Así que quería pedirles un importante favor, al menos hasta que salga de ese centro.
—Sí, Law, ¿Qué necesitas?
—A pesar de que el señor Sengoku estará supervisándome, saben que solo puedo confiar totalmente en ustedes… Cuiden de mi viejo hogar. Aún tengo muchos recuerdos de este.
—Por supuesto, no te preocupes.
—Sí, Law, estará bien.
—Gracias… Les agradezco mucho… Por todo—musito Law sintiendo un nudo en la garganta y dirigiendo su mirada hacia sus pies.
Shachi y Penguin miraron a su amigo con cierta melancolía, habían compartido tanto junto a él y ahora tendrían que despedirse de él por varios meses después de los caóticos acontecimientos, era bastante doloroso pero tendrían que hacerle frente y apoyar a Law a la distancia.
…
—Es por eso que estoy aquí…—Rosinante había terminado de relatar la serie de sucesos y decisiones que lo llevaron a cumplir una sentencia en aquella prisión.
—Ahora entiendo tu actitud… Vaya, ¿Quién podría imaginárselo al ver a alguien como tú?
—Soy una basura… Deje que pasaran tantas cosas, cometí un error terrible y lo empeore al no poder ayudar ni proteger a Law de una manera realmente significativa…—y su voz se rompió al mismo tiempo que sus ojos dejaban escapar un par de lágrimas.
—No hay más remedio, tendrás bastante tiempo para recordar eso una y otra vez… Creo que tus ojos se marchitarán; calma, niño Rosinante.
—Soy un completo imbécil y un hipócrita a este punto; llorar y lamentarme después de todo… Estando aquí…—musito el rubio enjugándose las lágrimas con el dorso de la mano derecha.
—No se puede evitar…—y para cuando Rosinante reflejo más tranquilidad, Ivankov pregunto por un detalle que llamo su atención pero no estaba del todo seguro—. Oye, el nombre de tu hermano me sonó familiar… ¿Cómo era?
—Doflamingo. Aunque la mayor parte del tiempo me refiero a él como Doffy…
—Eh… ¿Doflamingo? ¿¡DOFLAMINGO!?
— ¿Lo conociste?
—Alguna vez fue a mi club… Era un tipo único, es imposible olvidarlo—comento el hombre del afro color violeta—. Y era de temer… Todos en el mundo de los clubes nocturnos sabían que no debías meterte en problemas con él.
—Nunca me imaginé que Doffy se convirtiese en alguien así… Confié ciegamente en él.
—Eso no es tu culpa, es tu hermano después de todo. Aunque no lo habías visto en años… Quizá fue demasiada la emoción de volver a verlo que no tuviste ningún reparo en ser cauteloso.
—Supongo…—y Rosinante dirigió su mirada enrojecida hacia el techo. No pudo evitar preguntarse sobre el destino actual de su hermano.
Lejos de ahí, en la sala de espera de un hospital.
—Señor Crocodile, ya puede pasar—indico un joven enfermero que se acercó al mencionado para recibir discretamente un par de billetes que guardo con agilidad dentro de su ropa.
Enseguida, Crocodile se dirigió a un pasillo con varias puertas que daban a habitaciones de pacientes en recuperación. Finalmente ingreso a un cuarto en donde sobre la gran camilla estaba Doflamingo.
Aquel hombre de grandes piernas estaba esposado a la cama, así como también tenía unas gruesas cuerdas que le sujetaban al colchón.
—Ja… Eres tú… Pensé que ya había llegado el otro guardia—jadeo el hombre de cabello rubio, ya no llevaba consigo sus características gafas.
—No. Aún falta algo de tiempo para su llegada. Me asegure de ello—declaro Crocodile acercándose a la camilla.
Doflamingo siguió con la mirada a su antiguo amante.
— ¿Qué haces aquí?—pregunto el rubio con más esfuerzo en su voz.
Crocodile guardo silencio por unos minutos, que parecieron una eternidad mientras veía fijamente a Doflamingo.
—Quise asegurarme de que no te escaparas de tu destino.
—Pues aquí estoy… No fue la gran cosa. Y los malditos agentes deben de estar esperándome en las afueras del hospital, ¿no es así?
—Sí, hay un auto de la policía en el estacionamiento.
—Predecible…—y Doflamingo soltó una risa que pronto se transformó en una breve y brusca tos— ¿Sabes que paso con mi hermanito?
—Rosinante está en prisión, justo como lo harás tú en cuanto salgas de aquí—respondió el hombre de cabello negro con voz grave. Al decir aquellas palabras su interior experimento un intenso dolor pero después de pasar por tanto su rostro había aprendido a ocultarlo a la perfección.
—Que lamentable… Supongo que… No podía evitarse... ¿Y que sucedió con el mocoso?
—No tienes derecho de saber cualquier cosa sobre él. Eres un maldito cínico…—dijo Crocodile dejando escapar un agudo deje de desprecio en su profunda voz—. Después de todo lo que le hiciste, ¿Cómo te atreves a preguntar algo así?
—Sé que nadie me lo creerá… Pero… Yo en verdad llegue a apreciarlo.
—Siempre fuiste un desquiciado, pero nunca imaginé que llegaras a un punto como ese. Nunca entenderé tu retorcida manera de querer…
—Nadie la entiende; nadie podría comprenderla—afirmo Doflamingo apuntando su cansada mirada hacia el techo.
De nuevo hubo otro silencio, mucho más profundo y doloroso que el anterior.
—Aunque creo que tú también tienes un poco de eso…
— ¿Qué? ¿Por qué lo dices?—inquirió Crocodile viéndolo directamente a la cara.
— ¿Acaso el hecho de que estés aquí no es prueba suficiente de que en el fondo de tu ser aún permanece algo de cariño por mí?
La mirada de Crocodile dejo atrás aquella mascara de frialdad, la coraza de firme seriedad se quebró para dejar entrever, por un instante, una expresión vulnerable de horror y duda, aquella cuestión había sido un golpe demasiado bajo para su orgullo.
—Dime, Croco… ¿Me equivoque?
—Tú… Maldito…
—No te atormentes… Lo que hay entre tú y yo no desaparecería tan fácil.
— ¡Cállate! ¡Maldito imbécil engreído!—y Crocodile tomo a Doflamingo por los hombros— ¡Tú te encargaste de destruir lo que sentía por ti…! ¡Y luego fui tan estúpido como para creer que podía volver a formar algo mejor con alguien más! ¡Pero al final pude ver que ustedes no solo comparten la misma sangre, también compartieron la habilidad de mentirme y hacerme quedar como un idiota!
Y Crocodile aparto sus manos de Doflamingo, tratando de recuperar la fría calma que lo caracterizaba.
— ¿En serio te enamoraste de Rosinante…?
—Eso creía—musito el hombre del garfio con la mirada clavada en el suelo.
—Realmente fue una tremenda joda para todos, ¿no es así?
—Me voy—le cortó Crocodile—. Tu próximo custodio no debe tardar en volver…—añadió revisando la hora en el reloj de pared que estaba en una pared.
—Hubiese querido tenerte aquí por más tiempo… En verdad… Este momento fue un regalo—jadeo Doflamingo siguiendo con la mirada a Crocodile quien se dirigía a la puerta—. Pensé que ya no te volvería a ver.
—Idiota, ya cierra la boca. Tendrás que cuidar mejor como te expresas o te partirán la cara en prisión—soltó el hombre de la cicatriz en el rostro.
—Ja, ya veremos…—y Doflamingo volvió a esbozar su singular sonrisa.
Y dando un último vistazo, grabando esa imagen de Doflamingo en su memoria, Crocodile salió de aquella habitación.
Un tiempo considerable pasó desde aquellos caóticos acontecimientos…
—Gracias—dijo Rosinante al sujeto que le brindo su porción de almuerzo. El rubio camino hacia una mesa, pero en el trayecto no pudo evitar resbalar y tropezarse, provocando que su bandeja saliera volando y terminara estrellándose contra otro recluso, dejándolo manchado a causa de la comida.
Rosinante, poniéndose de pie con dificultad, de inmediato advirtió que aquel hombre venía a por él, sabía que recibiría un buen golpe en la cara o en distintas partes de su cuerpo, pero sus suposiciones fueron erróneas.
El tipo afectado se limitó a darle una despectiva mirada y con una voz llena de recelo dijo:
—Tienes suerte de ser el jodido hermano de Doflamingo—y se alejó de Rosinante sin más.
Los ojos de Rosinante se abrieron un poco más en un gesto de estupefacción; ¿Acaso había escuchado mal?
—Niño Rosinante, ¿estás bien?
— ¿Lo escuchaste? ¿Menciono a mi hermano?
—Sí, todos lo escuchamos.
—Tú… ¿Se lo dijiste? ¿Les contaste sobre ello a otros?
— ¡Claro que no! Ah, cielos… No quise mencionártelo pero desde hace tiempo empezaron a correr noticias sobre ese detalle; al parecer Doflamingo ha movido sus influencias para saber en dónde te encontrabas y dejar en claro que nadie debería meterse contigo.
—No… ¿Por qué…? ¡¿Por qué!?—Rosinante se sentía tan frustrado por aquella noticia. ¿Qué es lo que pretendía Doffy al hacer algo como eso a estas alturas?
—Hey, niño Rosinante, sé que debe ser molesto para ti, pero… Al menos así no la pasarás tan mal aquí dentro. Si te sirve de consuelo, siempre habrá un par de sujetos que no tendrán consideración con esa regla o no saben sobre Doflamingo.
El rostro de Rosinante se dejó invadir por una triste impotencia y resignación.
Tenía que hacerle saber a su hermano que aquella "ayuda" no era deseada.
— ¿Tienes alguna idea de en donde se encuentre?
—Debe estar en la cárcel de máxima seguridad, lo más probable, no creo que este en la misma categoría que nosotros.
De alguna forma u otra, Rosinante se esforzaría por contactarlo.
…
—Bien, ya está—dijo Penguin al terminar de vendar la mano izquierda de Shachi, pues este último se había lastimado al reparar una puerta del departamento de Law.
—Gracias.
—Debes tener más cuidado, tonto.
—Lo sé… Penguin, la última vez que hablamos sobre nuestras futuras carreras, alguna vez mencionaste que querías estudiar enfermería. ¿Aún tienes esa idea?
—Ya no lo puedo asegurar... Aún tengo que pensar muy bien en mis opciones.
—Estoy en las mismas.
—Supongo que es una prueba más para desarrollar tu capacidad de tomar decisiones—resoplo Penguin con algo de cansancio y recelo.
—Penguin…
—Perdón, no quería molestarte, olvídalo…
—No, tienes razón. Quería hablarte de eso… Por eso te hice la pregunta al principio—se adelantó Shachi—. Ya faltan meses para que Law salga de ese lugar, pronto volverá al departamento y estaba pensando en mudarme.
En cuanto nos graduemos, lo haré.
—Shachi, las cosas al vivir solo por tu cuenta no son tan fáciles…
—Lo sé, pero me esforzaré. Encontraré un mejor empleo, para luego ahorrar lo suficiente para mis estudios.
—Pero sabes que cuentas con el apoyo de mi familia para ese asunto—replico Penguin con voz seria y grave.
—No lo merezco, después de lo que te hice…
—Shachi, eso es algo ajeno a esa situación, estamos hablando de tus estudios.
—Si mi vida cambio para bien, fue gracias a ti. He querido decírtelo a diario desde hace tiempo… Pero no sentía el valor suficiente—confeso el chico de cabello naranja—. Siempre estaré agradecido por ello.
—Shachi…
—Sé que soy un idiota, pero si soy totalmente sincero debo decir que, en cualquier futuro que pueda imaginar, siempre estás tú a mi lado.
Penguin no podía decir algo al respecto, su cuerpo temblaba por completo, un nudo en su garganta le impedía el habla, y sus ojos comenzaban a empañarse.
—No pretendía hacerte llorar, no quiero que tomes mis palabras como un deseo o un chantaje… Solo… Quería decírtelo, necesitaba que lo supieras…
Y Penguin abrazo fuertemente al pelirrojo, que tampoco pudo evitar sentir que su cuerpo y pensamientos se desvanecían solo para dar paso a un torrente de conmoción. Shachi estrecho con mucho más fuerza a su amado amigo, dejando escapar libremente su llanto.
—No estoy seguro de que pasará entre nosotros, pero ya te lo dije, sea cual sea el futuro, nos tendremos el uno al otro, siempre…—musito Penguin.
…
Law Trafalgar seguía con su estricto itinerario y metas a cumplir dentro del centro juvenil que le ayudaría a reformarse durante unos meses, se había puesto al corriente respecto a sus estudios, ahora con el claro objetivo de mejorar sus notas y su historial curricular para poder iniciar su camino rumbo a una carrera médica.
Después de su rutina académica, asistía a asesorías psicológicas y a pláticas sobre prevención de abuso de sustancias y alcohol así como cualquier tipo de comportamiento adictivo; durante esas reuniones, la mente de Law se llenaba de una sutil vergüenza y altas punzadas de arrepentimiento al recordar los comportamientos que tuvo en el pasado, recordaba tanto aquella seria platica que su padre le dio antes de mandarlo a un campamento de verano, aquel verano cuando Rosinante aún vivía en su antigua casa…
Su servicio comunitario intercalaba entre asistir a jornadas de apoyo a otros sitios que brindaban ayuda a sectores vulnerables de la sociedad y jornadas de limpieza y rehabilitación de espacios públicos.
Cuando el muchacho no estaba ocupado con algo relacionado a su rutina de obligaciones, la mayoría de su tiempo libre se dividía entre practicar alguna actividad física, leer cualquier libro o revista de medicina o solo salir a caminar por silenciosos lapsos en donde mantenía su grisácea mirada apuntando hacia el pasto y el asfalto de los espacios al aire libre de aquel sitio.
—Quisiera poder saber aunque sea solo una cosa… Solo algo de ti, Rosinante—musito Law en una caminata que realizaba por las tardes.
Los tonos naranjas y amarillos del cielo le recordaron a ese hombre al que tanto anhelaba ver; aquellos ojos cobrizos y ese cabello rubio eran ahora elementos de una belleza invaluable para él.
—No puedo evitarlo. No puedo olvidarte…—murmuro el chico con un hilo de voz impregnado de dolor.
Esperaba con ansias ese lejano día, dentro de años y semanas, en el que por fin su vida estuviera en orden, sus aspiraciones estuvieran en marcha y cumpliéndose, esperaría esa remota época en la que pudiera contemplar con satisfacción el cómo pudo rehacer su vida, sentirse de nuevo tranquilo consigo mismo y con todas las personas que apreciaba.
—Me esforzaré por ello… Lo prometo.
…
Rosinante se encontraba recostado sobre su cama, ya se aproximaba la hora de dormir.
Su inevitable costumbre de rememorar la terrible serie de eventos pasados que le atormentaban había iniciado, su semblante se mantenía estoico hasta que llegaba a la parte más dolorosa.
—Law…—sus ojos se cerraban con fuerza, evocando la imagen de aquel muchacho, mientras deseaba que se encontrara mejor que antes, a salvo, avanzando en sus objetivos de vida y recuperando la estabilidad que la vida le había arrebatado—. Espero que estés mejor ahora…
Deseaba tanto poder saberlo, tener alguna mínima prueba de que Law estuviese a salvo, avanzando en su vida y volviendo a sonreír sin preocupaciones ni culpas.
Tal vez, algún día, si el destino de algún modo se lo permitía, sería capaz de comprobarlo y sentir una genuina felicidad de nuevo.
Muchas gracias por leer, nos vemos en el siguiente capítulo, cuídense mucho. Gracias por leer y por dejar sus valiosos comentarios.
Atte. Levita Hatake
