Hola, después de tanto tiempo... Desde el año pasado.
Cielos, en serio agradezco tanto la paciencia a quien haya esperado este capítulo, se merecen el cielo.
Sé que tal vez las excusas no son suficientes, pero quisiera decirles que de verdad tuve problemas para armar este episodio, no sabía que tanto incluir, si incluir algunas cosas, desecharlas totalmente o dejarlas para el final…
Y hablando de final, creo que ese es un factor importante, siento más presión al llegar a la última recta de cualquier historia que escribo.
Además de que tuve conflictos con mi faceta de ficker y como fan de esta ship de Corazon y Law, que afectaron mi motivación para escribir, pero que afortunadamente ya deje atrás y agradezco que conocí y ocurrieron ciertos eventos o elementos que me ayudaron a inspirarme para enriquecer este capítulo y lo que resta de la historia. Agregaré que al empezar este año se realizó mi boda, lo cual me quito algo de tiempo tantos meses antes y después, pues organice sola muchas cuestiones de dicha celebración.
A este fanfic, si todo se alinea y me sale bien, solo le faltaría un capítulo más y por fin, AL FIN, le diremos adiós a este largo desastre, je.
Muchas gracias por su paciencia y espero que este capítulo les agrade, y pueda recompensar un poco el tiempo de su ausencia.
Crocodile se encontraba terminando una pequeña ración de comida que le había llevado una enfermera.
Pronto se recuperaría por completo y saldría de aquella habitación.
Miro hacia el reloj que colgaba de la pared a su izquierda; eran las 4:15 de la tarde.
No sabría cuál sería su primera acción al salir de ese lugar…
Había recordado aquella declaración imprevista por parte de Daz; le había dicho que luego hablarían sobre ello pero ahora ya no se sentía tan dispuesto puesto a hacerlo.
—Idiota…—musito Crocodile al pensar en aquel gran rubio postrado de nuevo en una cama de hospital, esta vez, por culpa suya. Sabía que merecía cada herida, merecía eso y tal vez más.
Una parte de él se maldecía por haberse dejado llegar a ese punto; si le hubiese matado de una vez por todas se hubiera ahorrado estas emociones... Tal vez no sentiría esta fastidiosa necesidad de querer hacer algo más, esa masoquista sensación de volver a verlo y seguir en ese círculo vicioso de venganza, daño y amargura.
…
—Muchas gracias, señorita.
Rosinante se encontraba saliendo de un hospital, había ido a visitar a Doflamingo una vez más, su condición era estable pero no había mejorado en gran cosa.
Al acercarse a su auto, el rubio tropezó y cayó de espaldas al piso, dejando su ropa algo manchada por la parte de atrás.
—Qué fastidio…—suspiro mientras se levantaba con un gesto avergonzado y triste. Como detestaba caerse en momentos tan inoportunos, en los que su ánimo estaba impregnado de tristeza y seriedad.
Subió a su auto, listo para dirigirse a su apartamento.
Había tenido una semana muy estresante, su carga de trabajo había sido más pesada y su mente divagaba constantemente entre los pensamientos sobre el estado de salud de Doflamingo y la gran culpa que sentía por sentir el apoyo de Law a pesar de todo, aunque este apoyo fuese de manera distante y muy selectivo.
Esperaba tanto que Doflamingo se recuperara por completo, poder asegurarse de que estuviera listo para regresar a prisión y desear que nunca más tuviera que volver a verlo o recurrir a preocuparse por él, anhelando que nunca volviera a ocurrir un suceso como este por el resto de la sentencia dictada para su hermano.
"Solo esta vez… Y nunca más…"
…
—Law, ¿te encuentras bien? Te note distraído durante la clase.
—Creo que voy a tener que retirarme, no entraré a la próxima clase. Discúlpame, Marco.
—Sí, por supuesto, no te preocupes.
—Gracias… Nos vemos luego—y el muchacho de cabello oscuro camino hacia el estacionamiento de la facultad para abordar su auto de color amarillo.
Law conducía sin rumbo hasta que se estaciono frente a una tienda de autoservicio en donde volteó su mirada hacia el espejo retrovisor en donde puso especial atención a su grisácea mirada llena de inquietud.
Tenía que hablar con Rosinante y hacerle saber una rara petición que ocupo su mente y voluntad durante los últimos días y horas.
El joven sacó su teléfono celular y mando un mensaje a Rosinante, imaginando la alterada reacción que este último tendría al leer aquel texto.
Echo a andar de nuevo su auto y continúo en dirección hacia el departamento del rubio con quien tenía que discutir.
—Siento venir tan de pronto—musito Law al llegar frente a la puerta del pequeño hogar de Rosinante, quien estaba en el umbral de la puerta mirándole con aire triste.
—No, descuida… Pasa, por favor.
El muchacho moreno entro al apartamento con paso apresurado, Rosinante cerró la puerta tras su paso y le siguió hasta la sala de estar.
—Rosinante ¿ha mejorado la situación?—pregunto Law con voz indiferente con la vista clavada en el suelo de duela falsa.
—Continua estable. No ha mejorado en algo relevante.
Después de la respuesta del rubio, un largo silencio se dio lugar entre ambos, hasta que Rosinante volvió a hablar:
—Law… ¿Qué es lo que quieres hacer?
—Una vez que recupere la consciencia, iré a verle.
— ¿Qué? ¿Por qué…?
—Solo… Hay cosas que quiero decir frente a él—declaro Law con voz libre de toda emoción.
El hombre de ojos cobrizos dejo su vista fija sobre el rostro del muchacho de ojos grises, cuya mirada estaba en un extraño abismo entre la seriedad y una ira que luchaba por mantenerse reprimida.
Rosinante notó como una de las manos de Law temblaba y amenazaba con cerrarse debido a la frustración.
Después de unos segundos que parecieron una eternidad, el cuerpo del joven moreno se relajó y este volteó a ver directamente al rubio.
—Rosinante, en verdad lamento tener que preocuparte…—continuo Law—. Pero después de pensarlo tanto, creí que debías saberlo.
—Eres demasiado considerado, Law. No tengo nada que replicarte ni exigirte. Solo tengo una sola preocupación.
— ¿Cuál?
—Me preocupo por ti… No quisiera que esa decisión afectara tu tranquilidad—dijo Rosinante mirando con inquietud a Law—. Después de tanto tiempo, todo lo que pasaste… Todo lo que has avanzado…
—No dejaré que eso pase—respondió Law mientras se aventuraba a tomar una mano pálida de Rosinante.
Ambos se miraron con intensidad; la manera en que se veían ahora iba más allá del tono romántico y amistoso, el tipo de cariño que existía entre ellos había transcendido a un nivel que ninguno de ellos podría describir con facilidad si alguien llegaba a cuestionar la clase de vínculo que compartían.
Law sostuvo la mano de Rosinante por más tiempo hasta que recordó el otro tema que aún quedaba por hablar con este último; ahora no estaba del todo seguro si era el momento adecuado para decirle que finalmente se había interesado por otra persona.
La mano de Law soltó la gran mano pálida del rubio con vacilación y bajo su vista al piso.
—Tengo hambre… Vamos a almorzar—dijo Law mientras sacaba su teléfono celular y se disponía a buscar un servicio de comida a domicilio.
En la mente del joven moreno persistían los recuerdos de sus encuentros con aquel hombre de cabello grisáceo, una oleada de culpa le invadió pero no permitiría que esta le afectara exteriormente, no por ahora…
Ahora solo quería ver el tranquilo semblante del hombre rubio que estaba a su lado.
Un mes transcurrió desde aquel encuentro.
Law se mantenía en un extraño estado que oscilaba entre la gran ansiedad y furia de esperar el momento en que Doflamingo reaccionara y pudiera verlo cara a cara; y experimentar el miedo y culpa que le inspiraba el pensar en que llegaría el momento de sincerarse con Rosinante sobre su relación con Smoker.
Mientras tanto, Rosinante se encontraba a punto de salir de su empleo, estaba organizando el último documento que había ayudado a traducir cuando su teléfono empezó a vibrar dentro del bolsillo de su pantalón.
El rubio reviso y notó que se trataba de una llamada del hospital en donde Doflamingo se encontraba internado, por lo que decidió responder enseguida e ir al cuarto de baño para seguir la conversación.
—Buenas tardes. Si, dígame… ¿¡Como dice!?—el corazón de Rosinante empezó a latir con más fuerza y rapidez, sus ojos se abrieron demasiado al oír la noticia de que su hermano finalmente había recuperado la conciencia.
En cuanto la llamada dio fin, volvió con rapidez a terminar su trabajo y salir de inmediato rumbo al hospital.
En cuanto llegó al estacionamiento de la clínica se percató de que había más de un par de patrullas policiacas de lo que usualmente veía durante sus visitas.
—Buenas noches, señor Donquixote. Temo que tendrá que esperar para pasar con el paciente, ahora mismo está bajo la jurisdicción de las autoridades.
—Sí, entiendo.
—No se preocupe, en cuanto termine, le avisaremos enseguida.
—Gracias.
Al cabo de unos cuarenta minutos, Rosinante empezó su caminata hacia la habitación de Doflamingo. Sus pasos eran lentos, vacilantes y temerosos…
Su corazón estaba tan agitado, sentía tanto miedo al solo pensar que en un par de segundos más estaría viendo el rostro de su hermano, pero esta vez, sus ojos estarían abiertos y estaría consciente.
¿Qué podría decirle?
"Tal vez no debería decir nada…" pensó Rosinante angustiado. Quizá la mejor opción era solo mantenerse en silencio hasta que Doflamingo dijera algo y a raíz de esto, pensar en si sería prudente contestarle.
Abrió la puerta con lentitud, su mirada se concentró en el piso hasta cerrar la puerta y, sintiendo que su corazón latía con más temor y fuerza, elevo su vista hacia adelante y, después de tanto tiempo, vio los ojos de su hermano mayor.
—Rosinante… ¿En serio estas aquí? Ja, pensé que nunca te volvería a ver—jadeo Doflamingo esbozando una cansada sonrisa pero que mantenía su distintivo toque arrogante. Sus ojos lucían una clara fatiga; su ojo izquierdo aun ostentaba aquel defecto que había nublado parcialmente su vista resultado de una vieja herida—. Creí que ya no te miraría desde que tuvimos esa pequeña discusión en la prisión…
La expresión de Rosinante dejo atrás su nerviosismo y dio paso a un gesto de gran tensión, fastidio y culpa; sus labios se tensaron en una mueca de frustración y sus ojos reflejaban su enojo reprimido.
—Lo siento, hermanito. Supongo que ya no quieres recordar eso—continuo el hermano mayor—. ¿Cómo lo has pasado estos últimos años?
Rosinante se mantuvo en un hostil silencio.
—Hermanito, si no quieres hablar, ¿con que propósito viniste a verme?
—Solo quería confirmar que ya estás bien—respondió bruscamente el menor de los Donquixote—. Te encuentras bien y hablas como siempre… Puedo irme ya.
— ¿En serio te irás, así sin más?
—Sí, lo único que deseaba es que te recuperaras, que salieras con vida de este incidente. Ni siquiera quiero imaginar el cómo llegaste a esto—declaro Rosinante con voz grave y mirada resentida.
—Después de todo sigues siendo mi querido hermanito que se preocupa por mí…
—Y soy un completo estúpido por eso. Recuérdalo, Doffy. No te mereces la preocupación que siento por ti, no te mereces esa consideración, tenlo siempre en cuenta.
— ¿Acaso crees que nací ayer? Claro que lo sé.
Rosinante miro con gran resentimiento a su hermano, mientras sus manos comenzaban a temblar por la gran ola de emociones que albergaba en su interior.
—Dame un golpe, anda, aprovecha que ya estoy en una cama de hospital, ¿Qué más da tener otra herida?—soltó Doflamingo al notar que Rosinante convertía sus nerviosas manos en puños.
—En cada ocasión en que nos vemos, tu cinismo llega a un nivel distinto, eres increíble…—resoplo el hermano menor sintiendo que su molestia se aligeraba y daba paso a una culposa resignación—. Espero que las autoridades se aseguren de que no vuelvas a escapar de prisión, de ahora en adelante siempre estaré al pendiente de ello.
—No te desgastes, seguramente habrá más personas que me estarán vigilando con más empeño, creo que a estas alturas ya deben saber que estoy aquí: Mí querido Crocodile y ese pequeño Law, me pregunto cuanto habrá cambiado…
Doflamingo ni siquiera había terminado bien su última palabra cuando Rosinante se acercó abruptamente a él, tomándolo de la bata y mirándolo con tanta furia que, por un instante, Doflamingo se sorprendió.
Pronto una cruel risa salió de los labios del hermano mayor y miro con condescendencia a Rosinante.
— ¿Después de todo este tiempo y todo lo que sucedió, sigues con él?
—No… No de la manera que supones. Pero eso no tiene nada que ver, mi preocupación por Law puede superar la poca consideración que tengo hacia ti.
—Ya me di cuenta. Debes quererlo tanto en verdad, supongo que en verdad es el amor de tu vida, ¿cierto?
—No quiero que vuelvas a mencionar algo sobre Law ¿entendido?—amenazo el hermano menor con voz profunda y llena de aversión.
—Claro…
Rosinante soltó el agarre que tenía sobre la bata de Doflamingo y se alejó de este con cautela para dirigirse a la puerta y marcharse de una vez por todas.
Poso su mano derecha sobre la manija de la puerta y antes de abrirla decidió dar unas últimas palabras.
—Siempre deseé que pudiéramos volver a unirnos y vivir en paz, como los niños que fuimos alguna vez…
—Aunque no lo creas, también llegué a desear lo mismo…—confeso Doflamingo con una extraña voz que nunca había sido escuchada por su hermano menor—. Cuídate, Rosinante.
Los labios de Rosinante se tensaron de nuevo, pero esta vez en una dolorosa expresión que luchaba por contener un amargo llanto.
Con un nudo en la garganta, un gran escalofrió y un temblor que recorrió su cuerpo, Rosinante salió de la habitación.
…
— ¿Te encuentras bien?
—Sí… Solo estaba divagando—respondió Law, parpadeando y regresando su conciencia al escenario de la realidad.
El muchacho estaba recostado en su cama, en compañía de Smoker, quien como era costumbre, fumaba un grueso puro de tabaco.
Ambos estaban apenas cubiertos con una de las sabanas oscuras de la cama de Law, quien pronto se levantó para ir al baño.
"Pronto…" se dijo el joven a si mismo al mirarse al espejo que estaba por encima del lavamanos. Enjuago su rostro con agua fría, se sacudió un poco y se dispuso a volver a la habitación.
—Lamentaré sonar tan entrometido, tal vez te fastidie que lo pregunten, pero ¿ese tatuaje de tu pecho significa algo?—pregunto el hombre de cabello grisáceo mientras observaba el cuerpo de su pareja—. Veo que también tienes unos corazones en los hombros.
—Esto… Bueno… Realmente sí. Yo… Los hice en honor a alguien.
— ¿Falleció?
—No...
—Ya veo. Entonces, supongo que…
—No sé cómo explicarlo…
—Descuida, no tienes porque—y Smoker exhalo una gran columna de humo—. Debió ser muy importante para ti, ¿no?
—Sí…
Smoker observo con atención al muchacho, sabía que Law estaba reprimiendo algo importante, quizá demasiado valioso como para que el joven temiera compartirlo para evitar una posible ofensa.
Sabía que la persona a quien Law dedicaba esos tatuajes no era un familiar, pues sabía que al joven no le quedaba ningún pariente relevante con vida, y aunado a la reacción que demostró, no podía tratarse de alguien más que una persona a la que Law amaba demasiado.
— ¿Sabes, Law? No necesitas sentirte de esa manera—dijo Smoker finalmente dando otra bocanada a su puro—. Aprecio tu consideración pero no es necesaria.
— ¿Qué?
—Si esa persona te provoca un sentimiento importante y te lleva a reaccionar de esa forma, creo que no deberías reprimirlo.
Los ojos de Law se abrieron más de lo normal en una expresión atónita.
—Aun eres joven, no deberías complicar tanto tu vida. Te lo digo de manera honesta—continuo el hombre mientras colocaba su puro en el cenicero que estaba encima de una mesita de noche al costado de la cama. Prosiguió a vestirse y colocarse sus botas—. Eres un muchacho brillante, con un gran futuro, una persona interesante tanto física como mentalmente… No te desgastes de esa forma.
— ¿Por qué hablas de ese modo? ¿Qué ocurre?—se alarmo Law.
—No te lo tomes a mal. Solo quiero ser sincero contigo.
—Gracias… Lo… Aprecio—musito el joven algo avergonzado—. Entonces ¿Nos veremos el viernes en la noche?
—Sí tú sigues dispuesto, no tengo objeción.
—Bien… Hasta entonces. Cuídate…
—Tú también—y Smoker salió de la estancia.
Law se recostó de nuevo sobre la cama, observando el techo con expresión melancólica. Las palabras de Smoker habían retumbado en su mente, ¿Cómo podía ser capaz de decir algo como eso? Definitivamente ese hombre poseía una madurez y temple sorprendentes, en ningún momento su voz sonó amenazante, ni con toques de victimismo o con intención hiriente…
Aquellas palabras venían con genuina sinceridad, como el consejo de un buen amigo.
— ¿Por qué…?—suspiro Law mientras pensaba en Smoker y en Rosinante. Su corazón estaba tan confundido, sentía una culpa y pasión tan fuertes que se intercalaban con la misma intensidad.
Como deseaba poder sincerarse con ambos, tenerlos frente a él, exclamar todo lo que sentía por ellos, sin sentirse culpable o temer por una mala reacción y poder sentir que todo lograba tomar su lugar…
No podía negar que los sentimientos que profesaba por ellos eran auténticos, su corazón había establecido una conexión especial con ellos y nunca podría olvidar o negar el significado único para cada uno, aunque cualquiera le juzgaría de cínico y difícilmente creería en sus sentimientos.
Los ojos de Law se cerraron con fuerza, sintiendo como los latidos de su corazón seguían alterados por su reacción ante Smoker y por su reciente pensamiento. Llevó su mano derecha hacia su pecho, donde relucía el gran tatuaje que inició el punto de Smoker.
No borraría ese tatuaje nunca, por nada ni nadie.
Consideraba su amor a Rosinante como algo casi sagrado…
Pero se cuestionaba, con tanta insistencia, ¿Cómo era capaz de mantener un amor tan importante en secreto? Smoker tenía razón; como admiraba a ese hombre, con cada encuentro se convencía de que su afecto y respeto hacia él crecía y se fortalecía más…
Y ahora, después de esta última reunión, tenía una impresión más compleja sobre él.
…
—Aquí tiene, que tenga buena noche.
—Gracias… Disculpe, creo que me incluyeron unas galletas por error—señalo Rosinante Donquixote después de recibir la bolsa de papel que albergaba su cena que incluía una gran ensalada.
—No se preocupe, va por parte nuestra. Esperamos que se sienta mejor pronto, señor.
—Oh, gracias… Lo aprecio mucho. Buenas noches—dijo Rosinante sintiendo un ligero bochorno al caer en cuenta que su rostro denotaba fácilmente su triste estado de ánimo. Inmediatamente, el rubio esbozo una sonrisa melancólica al personal y salió de regreso a su apartamento.
En cuanto llego a su hogar, fue a su habitación a cambiar su ropa para después empezar a consumir su cena.
La mano con la que tomaba los alimentos temblaba ligeramente; resentía el choque de emociones que le había provocado ver a su hermano.
Ya no estaba tan seguro de poder seguir comiendo.
Sabía que en cuanto terminara su cena, tendría que hacerle saber a Law que Doflamingo ya había recuperado la conciencia.
En el fondo, Rosinante no estaba de acuerdo con la decisión de Law…
¿Qué podía hacer a estas alturas? ¿Suplicar a Law que no fuera al hospital?
Era absurdo… No insultaría a Law de esa manera.
Un desagradable nudo de vértigo se sintió en su vientre.
Sus ojos color ámbar se fijaron sobre las hojas y verduras de la ensalada que apenas podía seguir consumiendo.
—Cielos…—musito Rosinante con frustración sintiendo como su mano continuaba temblando ligeramente debido a la ansiedad que le provocaba pensar en esa futura situación.
Decidió tomar su teléfono y llamar a Law de una vez por todas.
— ¿Rosinante? Hola…—respondió Law con voz ronca y con un tono ligeramente sorprendido.
—Law… Buenas noches.
—Buenas noches, ¿te encuentras bien?
—Sí, estoy bien… Solo… Quería decirte que—e hizo una pausa incómoda para soltar un suspiro de molestia y pesar—, Doflamingo ya ha despertado.
A lo lejos, por su parte, Law sintió un escalofrío recorrer su espalda que enseguida provoco que todo su cuerpo se tensara y su cabeza se aturdiera.
— ¿Law…?
—Gracias, Rosinante.
—Entonces… ¿Irás a verle mañana?
—No lo sé.
—Entiendo… Supongo que tienes mucho que pensar.
—Tal vez no mucho. Aun así… Rosinante, te pido que no te preocupes, por favor.
—Law…
—Supuse que quizá estés pensando demasiado en lo que haré o le diré a ese tipo… ¿Es tal como imagino o estoy equivocándome?
—No… Tienes razón. Soy un imbécil…
—No lo eres. Deja de hablarte así—soltó Law subiendo y agravando un poco más su voz—. Tu corazón es demasiado amable, ya lo había dicho. Lo sé, y eso no se puede cambiar. Y no te puedes culpar… Ni yo tampoco te culpo.
Hubo un silencio en donde leves balbuceos quisieron salir de Rosinante, pero Law continuo.
—Rosinante, no quiero hablarte de esta forma pero parece que aún no estas consciente de tu naturaleza… Tienes que aceptarte. Escúchame, estoy hablando como si fuera mi terapeuta…
—Law…
—Todo estará bien. Te lo prometo—declaro con voz clara y llena de convicción—. Rosinante… También hay algo que quiero decirte, algo totalmente diferente, ¿crees que podríamos vernos este sábado en mi casa por la noche?
—Sí... Está bien. Llevaré algo de cenar.
—Bien, hasta entonces… Descansa, Rosinante.
—También tú. Buenas noches, Law.
La llamada dio fin, y como si fuesen un espejo, ambos dirigieron su mirada perdida hacia la pantalla de sus teléfonos.
Law iría mañana al hospital en cuanto tuviera oportunidad, no querría perder un día más en la agonía de querer enfrentar a Doflamingo.
Quería deshacerse de esa idea, expulsar todos sus pensamientos caóticos, dejar la ira y rencor que habían resurgido en él y, después de que terminara con ese asunto, podría continuar con su vida y terminar con un dilema más; podría aclarar la confusión en su corazón.
...
— ¡Hola, Law! Buenas tardes, ¿Cómo has estado?
— ¿Ace? Hola, que sorpresa verte aquí—respondió viendo el rostro decorado de pecas de aquel joven que le saludo tan sonriente.
— ¿Te parece? Qué curioso, y yo pensando que ya me había tardado en toparte por aquí.
— ¿Por qué?
—He venido a vagar por aquí un par de veces, para aprovechar los tiempos libres de mi novio—explico Ace mientras se rascaba la nuca con una risita nerviosa—. Aunque debería considerar no distraerlo tanto…
— ¿En serio?
— ¡Mira, ahí viene…!
— ¿Marco…?—se sorprendió al ver a su mencionado compañero caminar hacia ellos.
—Hola, Law. Y tú no tienes remedio, ¿verdad?—soltó Marco rodeando con un brazo al joven de cabello negro y después le planto un beso en la frente.
—No tenía idea de que salían—dijo Law mirando algo perplejo a la pareja frente a él, pues le resultaba algo sorprendente recordar que Ace era más joven que él y mucho más que Marco, aunque después asimilo la ironía de su pensamiento al recordar su relación con Rosinante y con Smoker.
—Y yo no sabía que conocías a Ace—comento Marco— ¿De dónde se conocen?
—Desde los tiempos de adolescencia—respondió Ace viendo a Marco y después a Law sin dejar de soltar una risa discreta—. A los dos nos mandaron a un campamento para jóvenes problemáticos, junto con Luffy.
— ¡Vaya! Law en un campamento de ese tipo, difícil de creer… Tal vez no tanto en tu caso—agrego señalando a su novio con un dedo índice que pico juguetonamente la mejilla izquierda de este.
— ¡Hey, si he mejorado bastante desde entonces!—replico Ace—. Bueno, creo que ya molestamos mucho a Law, deberíamos irnos ya.
—Tienes razón, discúlpanos Law. Nos vemos mañana—dijo Marco haciendo un gesto de despedida con su mano derecha.
—Espero verte en otra ocasión, Law, hasta luego.
—Sí… Hasta luego—dijo Law mientras veía como la pareja se retiraba con andar cómplice que mezclaba un toque romántico y relajado.
Estaba un poco impresionado por descubrir que Ace y Marco salían; llegó a sentir una pizca de envidia al verlos juntos de manera tan desenfadada y alegre.
"Parece un sueño imposible para mí…" pensó el joven moreno con cierta amargura sin dejar de caminar hacia su auto.
Empezó a conducir hacia el hospital a toda velocidad; aun no sabía que haría o que diría en cuanto pudiera ver a Doflamingo, había considerado y pensado en decir tantas cosas que finalmente no podía concretar alguna línea.
Detuvo el automóvil al costado del camino.
Miro el reflejo de su mirada en el espejo retrovisor, observándose con un deje de confusión y enfado.
¿Realmente sería capaz de ver el rostro de aquel hombre sin perder el control sobre sí mismo?
—Buenas tardes, ¿puedo ayudarle?
—Vengo a hablar con Donquixote Doflamingo.
—Permítame… ¿Cuál es su nombre?
—Law Trafalgar Water.
—Veo que necesita registrarse, ¿es usted familiar del paciente?
—No. No tengo parentesco con este, solo soy un conocido. Necesito hablar con él.
—Muy bien, necesito tomar unos datos sobre usted, por favor…
Al cabo de unos minutos, Law ya se encontraba caminando por un pasillo hacia la habitación que le indicaron.
Se detuvo por un momento ante la puerta, sin dirigirle la mirada al guardia que estaba al costado izquierdo vigilando la habitación.
—Te recuerdo que tienes un límite de tiempo—comento aquel vigilante.
Law no le prestó atención pero sin más empujo la puerta para entrar de una vez por todas.
— ¿Qué, otra visita…? No puede ser—soltó Doflamingo al reconocer al joven de piel morena, cabello erizado y ojos grises. A pesar del paso del tiempo, pudo reconocer aquellos rasgos que maduraron en conjunto—. ¿Eres tú, Law? Aún puedo reconocer esos fieros ojos; la edad te sentó de maravilla…
—Cállate. Solo he venido a decirte un par de cosas.
—Vaya, que sorpresa y honor… Justo al igual que cuando me visito mí querido hermanito—comento Doflamingo con una extraña voz que trataba de sonar cínica pero proyectaba un deje de fastidio—. Vamos, adelante, te escucho, niño. No tengo a donde huir ahora. Y no tengo nada más que perder...
—Entonces no importaría que estuvieses moribundo, seguirías hablando de esa forma tan molesta, bien… No sabes el gusto que me dio saber que estabas aquí, debatiéndote entre la muerte y el regresar a prisión.
—Me imagino, si estuviese en tu posición sentiría lo mismo—admitió Doflamingo riendo con amargura.
—Pero por otro lado, sentí pena por Rosinante, él en verdad rogaba por tu recuperación. No podía decir mis verdaderas opiniones ante él…
—Mi pobre hermanito, siempre tan sensible y compasivo.
—No te mereces su compasión—replico Law y guardo silencio por casi un minuto y continuó: —.De ahora en adelante, me aseguraré de que esta vez no tengas otra oportunidad de escapar de prisión. No permitiré que Rosinante sienta esa angustia de nuevo… Me asegurare de que tu pena se agrave por la estupidez que te atreviste a cometer…Y más que nada, vigilaré que no vuelvas a faltarle el respeto a la memoria de mi padre—declaro con una voz fría y en extremo amenazante, mientras veía directo a los ojos de Doflamingo.
El hombre de escaso cabello rubio percibió esa inconfundible aura de furia y hostilidad, pues el mismo la había experimentado desde la niñez.
—Sea quien sea el responsable de enviarte al hospital, debería agradecerle...
—Ja, lástima que sea una persona que no gusta de los halagos o agradecimientos—resoplo Doflamingo.
De pronto, Law se aproximó de manera brusca a Doflamingo, provocando que por un instante este último se extrañara por tal gesto.
—Hace años, durante la última ocasión en que nos vimos, no pude decir todo lo que quería gritarte… Mi odio se quedó a medias, al igual que mi intento por deshacerme de ti. Era un niño lleno de ira—dijo Law con voz grave y viendo directamente a los extraños ojos de Doflamingo. Observaba con atención el lacerado ojo izquierdo del rubio—. Sentí que volví a esa época en cuanto me entere que estabas fuera de prisión. Hasta imaginé que esa faceta volvería en busca de tomar venganza…
—Sabes que siempre alenté esa parte en ti, ¿lo recuerdas?
—Sí… Lo recuerdo muy bien—y Law alzo su mano derecha dirigiéndola hacia el cuello del hombre de cínica sonrisa. Estaba a punto de envolverlo y aplicar una fuerza con toda la intención de estrangularlo.
—Vamos, ¿Qué esperas? ¿Acaso te detienes por temor a los guardias o enfermeras?
—No…—y Law termino alejándose, observando su mano que temblaba.
— ¿Qué sucede entonces?
—No caeré en esto otra vez. Todos estos últimos años estuve repasando todo ese odio, todos esos pensamientos y recuerdos que me lastimaron tanto…—musito Law sin dejar de ver su mano—. He avanzado para tratar de asimilar todo eso de la mejor forma posible… Por un momento quise volver a tomar acción de acuerdo a esos sentimientos pero no lo haré. Por la memoria de mi padre… Por Rosinante… Y por mí. No me convertiré en alguien como tú, seguiré luchando por mejorar.
Después de unos segundos de silencio por parte de ambos, Doflamingo decidió preguntar:
—Bien, Law ¿Sientes paz después de decirme todo esto?
—No. No espero eso, no aquí, no ahora…—Law se dio media vuelta y se acercó a la puerta dispuesto a irse.
— ¿Ya te vas? ¿Es todo?—cuestiono el rubio mirando la espalda del joven moreno.
— ¿Qué más te da?
—Ja, bien, entonces yo diré algo para finalizar todo esto: Rosinante dijo que él y tú no estaban juntos, pero creo que lo dijo para guardar apariencias… Dime la verdad, Law, tengo mucha curiosidad.
El rostro de Law fue impregnándose de indignación conforme Doflamingo dejo escapar aquellas palabras.
Aquel hombre realmente intentaba fastidiarle hasta el final…
Sabía perfectamente la intención con la que Doflamingo hacía esa pregunta, por lo que no respondería como tal, sino que alzo su mano derecha y levanto el dedo medio en gesto ofensivo.
Doflamingo lanzo un bufido causado por la gracia que le provoco aquel ademán y finalmente Law salió de aquella habitación.
…
Al día siguiente, siendo sábado, Law despertó más tarde de lo habitual.
Había tenido una extraña serie de sueños que no armonizaban entre sí:
El vivido recuerdo del violento incidente cuando enfrento a Doflamingo y casi le había asesinado; varios escenarios en los que convivía con su familia en esta actual época, como si nada trágico hubiese pasado en sus vidas; sueños en donde se encontraba compartiendo un momento de paz en una playa junto a Rosinante viendo un cielo nocturno repleto de estrellas.
Salió de la cama con expresión cansada, reviso la hora en su teléfono, eran las 9:15. Fue a darse un baño, se vistió de nuevo con su ropa de dormir y fue hacia la cocina a servirse un desayuno que consistió en un sencillo plato de avena y fruta.
Durante toda la mañana se dedicó a realizar tareas pendientes hasta que cayera la tarde y la hora de reunirse con Rosinante llegara.
—Ya llegó…—musito Law al oír que alguien llamaba a su puerta principal. Se levantó de su escritorio y fue a recibir a Rosinante, quien llevaba consigo un par de bolsas de papel carton que albergaba la cena que había prometido.
—Hola, Law. Espero que te guste lo que traje, conseguí pasta y distintos tipos de ensalada. También traje postres.
—Gracias, pasa… Iré a servir las bebidas de una vez.
Rosinante fue hacia el pequeño comedor y empezó a sacar los distintos envases de la comida. Law regreso con un par de vasos llenos de un jugo de color rojo.
—Solo faltan los platos, ahora vuelvo—indico Law. Y mientras tomaba un par de platos y tazones para ensalada—. Aquí están…
Y en ese momento un llamado a su puerta principal se escuchó, sorprendiendo a Law.
—Discúlpame, iré a ver de qué se trata—y el joven camino hacia el recibidor, abrió la puerta y sus ojos se abrieron un poco más al ver a su inesperado visitante— ¿Smoker?—se extrañó al ver al musculoso hombre de cabello grisáceo en el umbral de su puerta.
—Perdona por llegar de esta forma, no te quitaré mucho tiempo, quería preguntarte si acaso olvide mi reloj en tu habitación—explico Smoker con su voz grave y exhalando una hilera de humo como acostumbraba.
—Sí…—respondió Law al recordar que había encontrado dicho objeto hace días al pie de su cama—. Aquí esta. Lo guarde. Te lo traeré enseguida…
—Discúlpame, veo que tienes una visita.
—Ah… Sí…
—Buenas noches—saludo Smoker de manera seria pero cortes.
—Buenas noches—respondió Rosinante esbozando una sonrisa amable pero algo confusa. No conocía a aquel hombre ni había oído de él, no pudo evitar preguntarse qué relación tenía este con Law, y tampoco pudo evitar lanzar una mirada algo curiosa y lo más discreta posible, examinando el porte intimidante de aquel hombre, quien lucía cercano a su edad pero que debido a su complexión, color de cabello y los gruesos puros que fumaba, en algún momento podía lucir mayor.
"¿Qué estoy pensando? No me incumbe…" se reprendió el rubio, avergonzándose de su fugaz cuestionamiento.
Por su parte, Smoker también dio un sutil vistazo hacia Rosinante, se percató del semblante un tanto nervioso pero amigable de este último, observo la vestimenta que consideraba algo cursi para su gusto pues el rubio llevaba una camisa de color rosa pálido con un estampado de corazones.
"Corazones…" noto el hombre con curiosidad, recordando con detalle los tatuajes que Law tenía en sus hombros y pecho.
—Disculpe el humo… No pensaba entrar totalmente con esto—dijo Smoker.
—Descuide, también fumo. ¿Gusta un poco?—ofreció Rosinante—. Hay pasta y diferentes tipos de ensalada, frutas y jugo de arándano.
—Gracias, pero no quiero interrumpir.
—Aquí tienes…—musito Law regresándole el reloj que había guardado en uno de los cajones de su cómoda.
—Gracias, Law. Bien, nos veremos después. Un gusto, buenas noches—se despidió e hizo un ligero gesto con su cabeza, dirigido a Rosinante.
—Buenas noches—respondió Rosinante respondiendo al gesto con un ademán con su mano izquierda.
Law sentía como si estuviese completamente ajeno a ese lugar.
Una desagradable sensación ocurría en su interior y volvió a la mesa con cierta incomodidad.
— ¿Te sientes bien?—pregunto el rubio al notar la extraña actitud de Law.
—Rosinante… Había algo que quería hablar contigo—declaro el joven mirándolo con gran seriedad—. Quería decírtelo con calma después de la cena.
—Olvida la cena, dime que ocurre—dijo Rosinante reflejando su preocupación en su mirada ambarina—. Te pusiste tan raro de repente...
—He estado saliendo con alguien.
La expresión en los ojos de Rosinante cambió de la preocupación a la sorpresa y confusión.
—Su nombre es Smoker, es quien vino hace momentos. Ya lo conociste. Realmente no esperaba su vista hoy.
—Ah… Creo que fue una curiosa coordinación, ¿no es así?—soltó Rosinante con una leve sonrisa y soltando una risa de alivio y un tanto incomoda—. Por un momento me asustaste, me alegra que no haya sido algo grave…
Law seguía mirando con seriedad y pena a Rosinante.
—Me siento feliz de que tengas a alguien especial. Parece un buen hombre, aunque algo intimidante, tiene un estilo tremendo je...
—Rosinante…
—No tienes por qué sentirte así, al menos no por mí—declaro Rosinante viendo a Law directamente a los ojos—. Lo digo en serio. Soy muy feliz de saber que estás siendo feliz junto a alguien quien también te aprecia.
Los ojos de Law se empañaron un poco, pero en cuanto el muchacho sintió la amenaza de la conmoción, bajo su rostro en un intento de reprimir sus emociones, tensó sus labios y guardo silencio por casi un minuto.
—Law…
—Eres increíble…—y Law se puso de pie con algo de brusquedad.
— ¿Law?
—Rosinante, lo siento, tengo que irme.
— ¿Irte? Pero esta es tu casa… Si quieres estar solo, me iré enseguida—replico Rosinante confundido pero tratando de adaptarse lo más rápido posible a la repentina acción del joven.
Law y Rosinante se dirigieron casi al mismo tiempo hacia la puerta principal, pero cada uno con una expresión y actitud distinta: el joven moreno lucía desesperado, molesto, decepcionado y triste, mientras que el rubio no podía dejar atrás su semblante confundido, lleno de angustia y desesperación.
En cuanto Law azotó la puerta, volteó el rostro hacia Rosinante, quien le devolvió una mirada expectante.
—Law, por favor, me preocupas, si tienes algo más que decir, hazlo…
Pero ninguna palabra más salió de Law, el moreno se limitó a mirarle con más frialdad que antes, llevó su mano derecha hacia el cuello de la camisa de Rosinante para aferrarse a la prenda, dirigiendo a su portador de manera que este se inclinara un par de centímetros hacia abajo y finalmente pudiera alcanzar su rostro y plantar un desesperado y apasionado beso sobre sus delgados labios.
Los ojos de Rosinante se abrieron un poco más un tanto aterrados pero, por un instante, no pudo evitar sentir esa inconfundible e intensa emoción de deseo y amor que sentía por Law. Después de tanto tiempo, después de pensar que ya no quedaba rastro de aquella emoción…
—Lo siento—musito Law al separarse de Rosinante.
Y finalmente el muchacho se dirigió con paso apresurado hacia el exterior de su apartamento, dejando al hombre de la ropa de corazones plantado frente a la puerta de su hogar, completamente avergonzado, afligido y sin saber exactamente que esperar de ahora en adelante.
Muchas gracias por haber leído, por estar aquí una vez más y a pesar de todo. Les aprecio mucho y deseo lo mejor.
Hasta la próxima, y espero que sea más pronto que este último hiatus.
Atte. Levita Hatake
