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— ¿Yuuji?¿Estás bien?
Sentado en la cama, el cuerpo de Itadori se aflojó completamente y finalmente pudo exhalar el aire que había estado reteniendo. Su mano rígida y sudorosa dejó de presionar el teléfono contra su oreja, la otra mano frotando su rostro en un intento por centrarse para hablar, decir algo, lo que fuera. Sentía la garganta y los labios secos y pese a que tragaba saliva una y otra vez, la situación no mejoraba.
— ¿Yuuji?
— Ah...sí, Gojo-sensei.— del otro lado de la línea se hizo el silencio sólo interrumpido por el sonido del viento. ¿Acaso estaba fuera, al aire libre? Itadori pegó el teléfono nuevamente en un intento por oír algo más.
— ¿Estás llorando?
— ¿Eh? Ah, ¡no! Sólo estoy un poco congestionado, es todo.
— Yuuji, vamos de nuevo.— el tono de voz se volvió más bajo e Itadori notó la amenaza tácita pese al tono despreocupado.— ¿Qué sucede?
— Tuve una pesadilla y...lo siento, marqué sin pensar.
— ¿Qué?¿Una pesadilla?¿Con Sukuna?
— Sí, pero nada grave. ¡Lamento la hora, Gojo-sensei!¡Hasta mañana!
— ¡Pero…!¿Te ha hecho daño…?
Y colgó.
Itadori percibió nuevamente aquel zumbido molesto en los oídos que ahora era acompañado por el aleteo de sus latidos desenfrenados. Con el teléfono celular aún en su mano, observó como la pantalla se apagaba y se bloqueaba al tiempo que su cerebro intentaba ordenar el maremoto de emociones destructivas que colapsaban una sobre otra.
Aún no había podido sacarse el temor y la sensación desagradable de Sukuna sobre él, dentro suyo. Pese a eso, sus palabras se volvían cada vez menos amenazantes conforme pasaban los minutos e Itadori lograba calmarse y despertarse del todo, tal y como si hubiese sido un sueño; el hecho de que no lo hubiese seguido hasta allí y no emitiera palabra alguna le ayudaba a controlarse y a restarle cierta importancia al asunto.
¿Para qué había llamado a Gojo si podía calmarse a sí mismo? Había sido un acto desenfrenado, inconsciente. Ahora, con su voz profunda retumbando aún en su oído, la vergüenza y una nueva ansiedad se sumaron a la vorágine de su cabeza. Chasqueó la lengua, molesto consigo mismo.
Porque en realidad lo que le había calmado había sido oír la voz de su profesor.
Se odió a sí mismo siquiera por tener ese pensamiento. Hacía tiempo ya había notado que su cuerpo se comportaba diferente al de otros Omegas, que no las características típicas como las feromonas o el celo no se expresaban en su cuerpo y que, como no lo hacían, tampoco podía percibirlas claramente en las demás personas. Ni siquiera había sabido definir correctamente el género de Fushiguro hasta que él mismo se lo había aclarado furibundo, luego de explicarle e intentar consolarlo diciéndole que eso sucedía porque la mayoría allí dentro usaba supresores.
Menos él, que parecía no necesitarlos. Itadori no era una persona que le prestara atención a ese tipo de cuestiones porque tenía problemas más acuciantes e importantes que resolver, como las misiones y su pesadilla personal, Sukuna. Al recordarlo, Itadori frunció el ceño y la nariz al percatarse que de él sí percibía un aroma fuerte, penetrante pero aún así, cautivante. Debería haberle causado asco, repulsión y rechazo. Sin embargo, era una de las causas por las que en todas las ocasiones Sukuna había logrado dominarlo.
Su aroma lo enajenaba al punto de marearlo, aún más en aquellos últimos días. ¿Acaso era porque se trataba de un Alfa? Itadori creía reconocer a varios Alfas entre alumnos y profesores y nunca le había sucedido una cosa así antes, gracias al cielo. ¿Era acaso brujería y él ya confundía todo?
Sin embargo, otra cosa muy diferente había sido lo que le había ocurrido con Gojo Satoru. De él, como del resto, no había percibido ningún efluvio particularmente intenso, llamativo o peculiar. Aún así, de un tiempo a esa parte - misteriosamente coincidiendo con el tiempo que hacía el olor de Sukuna lo alteraba aún más - había percibido otras cosas. Su voz, por ejemplo. Para Itadori siempre había sido una voz grave con un tono frívolo y despreocupado, y de repente, de un día para el otro, se había transformado en un hipnótico. De la nada y cada vez que Gojo abría la boca, Itadori tenía que refrenarse para no parecer un alienado; escuchaba lo que decía pero apenas le entendía, su tono de voz tocando alguna fibra sensible de su cerebro que hasta ese momento parecía haber permanecido dormida. ¿O acaso se había descompuesto algo allí dentro?¿Algo más?
Con el paso de los días había logrado combatir con la sensación relajante y estúpida que le provocaba la voz de su profesor. Aún así, había perdido las esperanzas de que aquello fuese pasajero; día a día, el esfuerzo se había convertido en una tarea titánica, empeorando momento a momento. ¿Tendría que ver acaso con su condición de Omega, o había algo más? No se había atrevido a preguntarles a Fushiguro o Kusigaki porque ninguno de los dos parecía ni remotamente afectado como él y la pena, como siempre, lo habían inhibido una vez más.
Eso hasta que Gojo había anunciado de repente que tenía que partir en forma urgente a una misión lejos, muy lejos. Tan lejos que ni él sabía dónde quedaba.
Incluso Itadori había notado que la mentira se filtraba en sus palabras, la expresión molesta de Megumi secundando sus sospechas. ¿Para qué mentía, si ellos no tenían nada que ver con su vida personal…?
Y de eso ya habían pasado dos semanas. Itadori no había notado grandes cambios desde ese momento; había tenido una misión menor con Kusigaki, clases con los chicos de cuarto año...bueno, sí. Estaba durmiendo menos, sudando más y su humor estaba un poco inestable. Cuestiones nimias que antes ni registraba ahora le molestaban y con cada una de ellas, la ansiedad subía un poco más dentro de su mente.
Por eso, en el momento en el que oyó su voz del otro lado de la línea su ansiedad había descendido casi hasta el suelo, su cuerpo relajándose en el proceso. Aquello no era normal, ¿qué carajo sucedía, a quién podía…?
Casi suelta el teléfono cuando, en medio de sus delirios, comenzó a vibrar furiosamente. El alma se cayó a sus pies mientras la ansiedad se elevaba otra vez al ver que era Gojo quien lo llamaba.
Y claro, si le acababa de colgar…
— Muy bien, así se provoca a un Alfa. Punto para el mocoso.— Itadori gimió alterado por la sorpresa de oír la voz de Sukuna sobre su rostro. Se golpeó a sí mismo con la palma de la mano en un intento por sofocar la voz del otro.
— Cállate y vete.
— Al final, no eras tan estúpido como pensaba, eh. Diviértete, Yuuji.
Pese a que Sukuna ya se había retirado y la sensación opresiva había disminuido considerablemente, aún podía oír su risa macabra y sádica retumbando en su cráneo. Mientras tanto, el celular seguía vibrando en su mano como si de una bomba de relojería se tratara, listo para estallar en cualquier momento...
...y colgó otra vez. Acababa de pulsar el botón de rechazar llamada. Lo había hecho, se había atrevido a…
Lo primero que sintió fue su espalda rígida, no porque algo lo hubiese tocado sino porque había algo más en la habitación además de él. Sentado en la cama, de espaldas a la ventana, supuso que alguien se había metido por allí sin que él lo hubiese sentido, pero la sensación de terror inminente le indicaba que sí podía ser peligroso si no volteaba a tiempo…
— ¿Por qué has colgado? Si tu profesor te llama, lo mínimo que debes hacer es responderle, aunque sean las 4 de la madrugada.
Itadori volteó lentamente mientras apoyaba una mano temblorosa sobre el colchón.
— L-Lo siento, yo…
— Yuuji, ¿Quiéncarajo estuvo aquí antes que yo?
En ese momento, Gojo se acercó a su posición y pasaron varias cosas a la vez; Itadori se incorporó de la cama al percibir una sensación opresiva y desagradable en el ambiente, como si éste de repente se hubiese puesto denso, dificultándole la respiración. Gojo ni siquiera había rodeado la cama, sus piernas apoyándose en el colchón para llegar hasta él. Parecía enojado, muy molesto pero, aún así, no era con él. Itadori lo supo en el momento en el que el mayor desvió el rostro de él hacia el resto de la habitación, como si buscase algo. O a alguien.
Y en ese momento lo vio fruncir la nariz, tal y como él lo había hecho minutos atrás.
— Nadie.
— ¿Cómo que nadie?¿Piensas que soy estúpido?
Sorprendido, Itadori retrocedió un paso, a la defensiva y listo para romperle la cara si hacía falta. Era la primera vez que Gojo le hablaba de aquella manera, más agresivo que nunca. El tono de voz que solía tranquilizarlo en ese momento le agobiaba, tal y como si de repente se hubiese convertido en una amenaza.
— Gojo-sensei, no hubo ni hay nadie aquí, lo juro.
En todo ese tiempo, Gojo no se había retirado la venda pero Itadori supo el momento exacto en el que sus ojos se posaron sobre él, analizando sus palabras. Paulatinamente, la sensación opresiva cedió, sus hombros distendiéndose.
— Voy a elegir creerte.— su tono seguía siendo un tanto agresivo cuando se paró frente a él a menos de un metro. La diferencia de alturas seguía siendo considerable pese a que Itadori había crecido unos centímetros más, la sombra del adulto proyectándose sobre él.— Ahora, ¿por qué me has llamado?¿Alguien te ha atacado?
Gojo había dado uno, dos pasos a su posición, el tono embriagador volviendo con toda su fuerza. Itadori se sintió petrificado en su sitio, sus ojos clavados en la figura que se acercaba lentamente…¿lo estaba…?
— Ya te dije que fue un error. Ah...eh...¿Me estás oliendo, Gojo-sensei?
— Ese olor asqueroso sale de ti, Yuuji. ¿Ves como tu mentira sale a la luz?
— ¡Pero no estoy mintiendo!¿De qué olor hablas?
Finalmente, la distancia era prácticamente mínima; el rostro de Gojo se inclinó hacia él, su nariz desviándose hacia su cuello. Itadori lo sintió olfateando otra vez, el rubor cubriendo sus mejillas. ¿Tan mal estaba oliendo? Qué vergüenza, tendría que haberse…
— Tienes el aroma de un Alfa sobre ti.
Sus rostros se encontraron mientras Itadori sentía la presencia de su mirada a escasos centímetros de su rostro, sus neuronas intentando procesar lo que había dicho y procurando dar algún tipo de respuesta.
Hasta que se dio cuenta de lo que hablaba.
— Ah. Es el aroma de Sukuna.
— ¿Sukuna?.—Gojo pareció tan desconcertado como él, apartándose.— Nunca había sentido su olor sobre ti de ésta manera tan...presente.
— Debe...debe ser por la pesadilla que tuve con él.
— ¿Quieres contármela?
— No.
Un silencio incómodo se estableció entre ambos durante segundos que parecían horas; Gojo finalmente se sentó sobre su cama, una mano invitándole a sentarse a su lado. Itadori dudó, pero al final lo hizo. Permanecieron en silencio unos segundos más hasta que Gojo se inclinó hacia delante, las manos cruzadas, sus brazos apoyados sobre sus piernas. No lo estaba mirando pero la intuición le decía a Itadori que de igual manera, el otro podía verlo.
— ¿Sukuna te ha dicho algo, te ha hecho algo, Yuuji?¿Te ha amenazado?
— Eso lo vive haciendo, no tienes que preocuparte por…
— Yuuji.— si bien no volteó el rostro hacia él, Itadori supo que tenía toda su atención.— No confundas valentía y orgullo con estupidez. Si Sukuna ha hecho algo para que te alteres lo suficiente como para llamarme a la madrugada, tienes que decírmelo. No es una cuestión de debilidad. No eres débil, y lo sabes.
Se hizo el silencio mientras Itadori sentía las piernas y los brazos flojos al oír cada palabra como si fuera un bálsamo para sus nervios.
Gojo tenía razón...en parte. Era real el hecho que intentaba evitar que alguien más se enterara de sus abusos y amenazas por una cuestión de orgullo. ¿Tanto tiempo y aún no había podido acostumbrarse a la maldición? La respuesta era sencillamente negativa, porque se había puesto peor. Con 19 dedos en su haber, Sukuna estaba a un paso de volverse peligrosamente real, tangible y dueño de su cuerpo, circunstancia que aterraba a Itadori en silencio. ¿Podría ser capaz de controlarlo si eso sucedía?¿Sería una circunstancia diferente a las que vivía en su área innata? No lo sabía, pero las dudas estaban ahí.
De haberse tratado de otro asunto, Itadori habría dejado de lado su orgullo y lo habría comentado sin problemas a Gojo. Le tenía confianza y, actualmente era la única persona viva capaz de poder con Sukuna en caso de que la situación se descontrolara. Él seguro sabría que hacer en cada circunstancia y era quizás ese pensamiento lo que lo había impulsado a marcar su número rápidamente.
Pero…¿eso?¿Iba a ser capaz de confesar eso?
— Él...ha dicho un par de cosas que me preocupan.
— ¿Acerca de tu cuerpo?
— Sí.
— Aún no puede siquiera intentar gobernarte, eso es un hecho.
— Se trata de otro asunto.
— ¿Cuál?¿Yuuji?
— Voy a decirlo rápido así no suena tan mal, ¿está bien?
— Estoy listo. Suéltalo.
Aún así, Itadori no lo estaba. Gojo no volteó hacia él pero sí se aproximó un poco más, a su lado. Como pudo, intentó convencerse que decirlo estaba bien, que no debía sentir vergüenza ni pensar demasiado en el asunto para no morir de pena. Tomó aire profundamente y se preparó para lo peor.
— Me dijo que...existía una posibilidad de que él pudiese…
— ¿Sí?
— ¡Es muy difícil, espera!
— Dilo de una sola vez, Yuuji, tampoco debe ser tan grave.
— Dijo que podría embarazarme.
Lo soltó al mismo tiempo que Gojo pronunciaba la última frase y, paradójicamente, las palabras "grave" y "embarazarme" quedaron superpuestas en el aire. Por supuesto, el silencio incómodo no se hizo esperar. De repente, Gojo pareció reaccionar y ahora sí reclinó el cuerpo sobre él, su rostro enfocado en su cara.
Antes de que la boca de Gojo se abriera, Itadori se vio obligado a fruncir la nariz. Un olor fuerte y asfixiante parecido al café negro inundó repentinamente la habitación a un punto irracional. Tardó varios segundos más en percatarse que ese aroma provenía de Gojo.
— ¿Qué?¿Cuándo te dijo eso?
— Hace un rato. Es la primera vez que me lo dice, de hecho.— increíblemente, el olor se volvió insoportablemente fuerte.— Gojo-sensei…
— Y por qué te preocupa.
— ¿Qué?
— Si Sukuna no intenta nada raro, no va a ser por arte de magia. Esas cosas aún no se logran. Por qué estás tan preocupado por eso.
Itadori intentó apartarse hacia atrás sin éxito al percibir la amenaza y la ira creciente en la voz de Gojo, su mandíbula apretada y las palabras casi ininteligibles; las manos del mayor habían bloqueado su intento de huida sujetándolo por los hombros pese a la resistencia que dio Itadori.
— Te ha hecho algo, ¿verdad? Es por eso que siento su olor sobre ti. Está en todas partes. ¡Habla!
— ¿Sabes?
Repentinamente, Itadori se soltó de Gojo bruscamente y se incorporó observándolo con indignación, enojado, avergonzado y levemente asfixiado. Gojo se limitó a mirarlo desde su posición sin siquiera moverse, sus brazos cayendo lentamente.
— No es fácil admitir abiertamente que esa basura hace lo que quiere conmigo, porque esa es la realidad. Si, si me ha hecho de todo, y yo no he podido...no pude hacer nada en ninguna de las malditas ocasiones.
Mientras hablaba notó que su tono de voz ascendía y con ello, su voz se quebraba mientras su garganta se cerraba en un nudo difícil de deshacer; al mismo tiempo, Gojo se incorporó de la cama y se acercó a él, rodeándolo con sus brazos cuando no pudo continuar hablando. Enterró el rostro en el pecho del otro inspirando el aroma fuerte pero relajante procurando calmarse; percibió las manos acariciando su espalda, presionándolo un poco más contra su torso, la barbilla descansando sobre su cabeza.
— Es mi culpa.— el susurro espabiló a Itadori quien intentó separarse. Al final lo consiguió lo suficiente como para ver su rostro apesadumbrado.
— ¿Qué?¿Qué es tu culpa?
— Si yo encontrase la manera de sacar esa cosa de tu interior, de exorcizarla...tú...lo siento, Yuuji, yo…
— Hey, espera. No es tu culpa, no es culpa de nadie. Sukuna es de lo peor que hay, eso ya lo sabíamos. Y habíamos dicho que exorcizarlo recién iba a poderse cuando encontrásemos el dedo restante, ¿no?
— Voy a preguntar algo estúpido, pero…¿cómo estás?.— Itadori intentó pensar la respuesta antes de empeorar la situación.
— Estoy bien. Un poco golpeado, pero bien.
— ¿Golpeado?
— Ah, si.
Y por supuesto, Itadori se separó de Gojo y realizó la estupidez mayor, mostrándole los cardenales de sus caderas. Sintió los dedos del otro rozando su piel y un calor que nada tenía que ver con la temperatura ambiental se instaló en su cuerpo.
— No sabes lo difícil que es para mi ver eso...no quiero imaginar lo que fue para ti. No sé cómo disculparme.
— Dejando de pedir perdón por algo que no has hecho. Ya sanarán, es una tontería.
— Yuuji, tú…has estado tomando supresores, ¿verdad?
— No.
— Cómo que no.
— Eh...ah…¿no? Nunca los he tomado. Mi ciclo hormonal está desajustado. Nunca tuve mi primer celo, así que…
La frase quedó flotando mientras Itadori se percataba de que acaba de soltar dos bombas en menos de un minuto. La reacción de Gojo fue casi similar a la que había sentido antes, confundiéndolo.
— ¿Gojo-sensei?
En ese instante, Gojo descubrió sus ojos, al fin. Tenían un brillo extraño que Itadori no supo definir pero que le generó ansiedad, casi anticipación de un suceso que desconocía.
— Vamos a ver a Shoko.
— No creo que sea necesario, te dije que estoy bien.
— Ahora.
— ¿Ahora?
Si, ahora.
