¡Buenas!

¡Muchísimas gracias por todo el apoyo que le han dado al inicio de la historia, la verdad no lo esperaba!

A ver qué es lo que sucede 7.7


El golpe brusco y luego el estruendo metálico de algo impactando sobre el suelo y retumbando en aquellas paredes subterráneas hizo saltar a Ieiri Shoko en su lugar, de pie al lado de una máquina procesadora de muestras sanguíneas, más dormida que despierta; incluso antes del primer golpe a sus espaldas, sus ojos habían estado fijos sobre el armatoste delante suyo sin verlo realmente, el sonido del procesamiento surtiendo un efecto somnífero mientras sus párpados se cerraban lentamente, las ojeras más pesadas que nunca.

Cansada pero también molesta, volteó a ver el estropicio. Una de las camillas metálicas de prueba se hallaba ahora en el suelo, las ruedillas aún girando en el aire.

— Te va a oír y vas a asustarlo.

Como si su voz cansina no hubiese sido oída en el silencio de aquel espacio amplio, Gojo Satoru volvió a patear la misma camilla, la cual ahora se arrastró unos centímetros en el piso produciendo un ruido siniestro.

— Es sorprendente como los Alfas demuestran éste tipo de conductas estúpidas y primitivas cuando se ven amenazados. ¿Se te quemaron todas las neuronas, Satoru? Y ya deja de soltar ese olor espantoso, me estás asfixiando.

— ¿Qué?¿Cómo que olor espantoso? Deberías sentirte conquistada por mi.

El tono frívolo de su frase le dio a entender, por suerte, que sólo estaba bromeando. Rodó los ojos y volteó nuevamente a la máquina. Apenas le faltaban unos minutos más.

—Soy Beta, la verdad no puedes hacer mucho al respecto. Falta poco para que esta cosa termine...Satoru, de verdad, basta. Para la gente que no se siente atraída por las feromonas de los Alfa, esto es repulsivo. No puedo respirar.

— Lo siento.

— No, no lo haces.

— No, no lo hago. Dije "lo siento" porque no puedo controlarlo.

Por favor.

Shoko escuchó el pitido de la máquina al final del centrifugado; ahora sólo restaba un par de pasos más y ya tendría el resultado de la prueba que estaba buscando. Había guardado un poco más de sangre para realizar otros estudios, pero eso ya tendría que ser al otro día.

No a las 5 AM.

Bostezó mientras recargaba un codo en la mesa metálica al tiempo que abría la pequeña puerta del equipo. Mientras retiraba la muestra y la llevaba hacia otro sector de su laboratorio subterráneo, recordó los segundos que había tardado en reconocer a Satoru por teléfono cuando la había llamado soltando palabras y amenazas sueltas sin contexto que la obligaron a levantarse e ir hasta allí a esas horas.

Y por lo único que lo había hecho en realidad era porque en medio de las frases el nombre de Itadori había estado involucrado. Eso y la palabra embarazo.

Por supuesto, había temido lo peor en sólo cuestión de segundos; se había incorporado de la cama rápidamente, vestido con lo primero que había encontrado y salido raudamente hacia el colegio mientras las pocas posibilidades existentes surcaban su mente a toda velocidad. Había intuido que con el cambio hormonal que Itadori había estado demostrando aquellas últimas semanas Gojo se tendría que haber sentido como mínimo, afectado.

Sin embargo, si el muchacho consumía los supresores como la mayoría de los Omegas y Gojo se mantenía alejado de él como había surgido la casualidad, no tendría porqué haber problema alguno. Satoru era un Alfa adulto e Itadori un Omega que recién estaba terminando de desarrollarse, Shoko no había encontrado necesidad alguna de preocuparse porque nunca había habido ningún problema.

Pero al oír la voz tomada y distorsionada de Gojo, su rabia contenida mezclada con preocupación y la connotación de las palabras...no había podido hacer otra cosa que aterrorizarse por lo que ella había considerado una situación no problemática.

Por suerte habían sido sólo delirios. Igualmente, había tenido que ser Itadori quien le explicara a grandes rasgos lo que había sucedido. En un cuarto aparte. Con Satoru alejado. Desde que ella había arribado al lugar, no había hecho otra cosa que caminar en círculos y, de vez en cuando, preguntarle a Itadori si se encontraba bien.

Y aunque aquello resultara un tanto irrisorio, había accedido a realizar la prueba en ese momento porque sabía perfectamente que Itadori no iba a poder dormir y que Satoru no iba a dejarla en paz.

— Bueno.

— Estoy listo.

— No, no lo estás.

Shoko jamás creyó que sus palabras tendrían un efecto tan negativo en Satoru; el ambiente no sólo se enrareció con sus feromonas otra vez, sino que su expresión corporal, a unos metros de su posición le hacían creer que estaba a punto de desmayarse. Con temor a una posible complicación indeseada producto de un malentendido, Shoko levantó ambas manos, la prueba en una de ellas.

— No me malinterpretes, la prueba es negativa.

— Shoko, maldita seas.— Satoru resopló y el aire volvió a despejarse. El hombre apoyó ambas manos en las rodillas como si en verdad hubiese estado a punto de descomponerse.— No jodas con algo así, estúpida.

— Lo siento, me malinterpretaste. La prueba de embarazo es negativa, como ya te lo había adelantado.

Se aproximó hacia Satoru con la prueba en la mano para enseñársela, como si sus palabras no fuesen suficientes; éste la tomó y se quedó observándola, ambos en silencio.

— Primero, Sukuna debería tener un cuerpo físico para embarazar a Itadori. No es el caso, y esto no es una película de terror como para que invente otro método. Segundo, es muy probable que cuando se hallaba vivo haya sido un Alfa, sobre todo por el olor repugnante que aún tiene Itadori encima...déjame respirar, Satoru, por Dios.

Al soltar aquello parecía haber sido un disparador automático de las feromonas del otro; Shoko se cubrió la nariz, más molesta que nunca por la cercanía. Hacía años que no sentía aquel aroma tan llamativo viniendo de Satoru, y la última vez no había sido una buena experiencia. Solía ser un Alfa tranquilo, más que pacífico en ese tema a diferencia de los demás de su género. Nunca había tenido problema alguno, ni atracción alguna por los Omegas que lo habían rondado dentro y fuera del colegio y ahora, por aquello…

— Lo siento, de verdad no puedo controlarlo.

— Sigo. Puede que haya sido un Alfa, pero ya no es humano. Es una maldición, es incompatible con Itadori. No puedes pretender que dos especies diferentes se apareen y haya un resultado.

— Así que es imposible que Sukuna embarace a Itadori.

— Completamente imposible.

— Incluso si entra en celo.

— Bueno, esa es otra cosa de la que quería hablarte.

Otro silencio se instaló entre ellos mientras Shoko intentaba elegir las palabras adecuadas.

— Es increíble, pero Itadori nunca ha tenido su primer celo.

— ¿Qué?

— Y es por eso que nunca ha tomado supresores. Su cuerpo está completamente libre de drogas y los cambios que ha tenido estas últimas semanas los atribuye al estrés.

— ¿Es normal?¿Puede ser que Sukuna tenga que ver con eso?

— ¿Con su retraso de desarrollo? No, no creo. No debería tener injerencia en eso, pero puedo atribuírselo al estrés. Itadori no la ha tenido nada fácil y no ha tenido un momento de paz, puede ser que su cuerpo haya reaccionado así.

— ¿Cómo?

— No desarrollándose.— Shoko suspiró mientras se recargaba en la mesada, al lado de Satoru.— Es una cuestión instintiva. El ambiente era hostil y nada apto para pensar en tener hijos. Míralo de esa manera. Quizás ahora Itadori se sienta un poco más relajado y por eso…

— Espera. Está por entrar en celo, ¿verdad? Es por eso que su aroma ha cambiado así.

— Efectivamente. Eso quería decirte. Sus niveles hormonales son exageradamente altos, te diría casi como si ya estuviese en celo...así que no sabría afirmar cuándo va a suceder.

— Maldita sea. ¿Debería sacarlo del colegio?

— ¿Y llevarlo contigo? Está más seguro con Sukuna. Sólo mírate, estás hecho un asco. Sus feromonas realmente te están alterando, es sorprendente. Quizás debería tomarte una muestra también, a ver si…

— Ya basta, Shoko. ¿No es normal, acaso?

— En ti, no. Megumi pasó su celo hace menos de un mes y ni siquiera te enteraste pese a que estuviste por aquí rondando. Itadori ni siquiera está en celo y estás por colapsar.

— No estoy por colapsar.

— No me tientes a provocarte. Incluso tú mismo lo sabías, por eso te fuiste.

— Tenía una misión.

Otro silencio. Satoru desvió el rostro hacia delante mientras Shoko chasqueaba la lengua, empujándolo con el hombro.

— Fuiste a verlo a él, ¿verdad? Dime que sí aunque sea para dejarme más tranquila, Satoru.

— Sí, fui a verlo.

Y nada más. En ese momento, Shoko se atrevió a mirarlo. La expresión de su rostro era indescifrable y no sabía realmente si aún seguía pensando en Itadori o si estaba escarbando en la pregunta que ella le había hecho.

— ¿Y?¿Cómo está?

— ¿Sabes? Se alegra de verme.

— Satoru, ¿cómo no se va a alegrar? Te ama, lo eres todo para él...no lo mereces.

— Ya lo sé, no tienes que decírmelo. Yo tampoco merezco esto.

— Es tu culpa, de nadie más. Hazte cargo. Satoru, ¿Itadori lo sabe?

— ¿Por qué tendría que saberlo? Shoko…

El ruido de la puerta los alertó a ambos. Itadori acababa de abrirla y por la expresión de su rostro, estaba un poco perdido. Se había cambiado ya la blusa manchada con sangre y ahora tenía la misma expresión descompuesta que Satoru había tenido momentos atrás.

Y Shoko temió que hubiese oído parte de la conversación y ese rostro desfallecido no tuviese nada que ver con Sukuna.

— Es negativo.

Shoko habló con el tono más alegre que pudo hallar en su mente esperando a que Satoru reaccionara de una vez. Por suerte lo hizo rápido, acercándose a Itadori y pasándole un brazo por los hombros, zarandeándolo.

Itadori tardó varios segundos en procesar la información mientras miraba a Satoru con cara de estúpido. Parpadeó unos segundos y reaccionó, inspirando bruscamente.

Ahí iba otro afectado por las feromonas. Era en momentos como ése que Shoko agradecía al cielo haber nacido Beta.

— ¡¿De verdad?!

— De verdad.— Satoru fue un poco más allá, abrazándolo. Shoko entrecerró los ojos al ver la conducta protectora pero dominante del otro y la pasividad con la que Itadori lo aceptaba.— No tienes que preocuparte, Shoko dice que es imposible que suceda.

— Entonces Sukuna sólo está jugando conmigo. Como siempre. Se divierte haciéndome sufrir.

— Así es. Ahora tenemos que encontrar una manera de bloquear esa conexión que él ha establecido con tu inconsciente.

— ¡Sí!

— Ahora, a la cama. No te preocupes, yo vigilaré tu sueño. Si noto algo raro te despertaré.

— ¿En serio?

— En serio, Yuuji.

Shoko soltó el aire en un resoplido incrédulo mientras Itadori se esperanzaba con la posibilidad de dormir en paz. Satoru esquivó la mirada de Shoko mientras empujaba a Itadori fuera de allí.

— Satoru, alto ahí.

— ¿Mmh? .— el aludido volteó en la puerta con expresión confundida.— Ve, Yuuji. Ya te alcanzo. ¿Qué quieres ahora?

Eres increíble. Vas a meterte en el cuarto de un Omega casi en celo adrede, lo sabes, ¿verdad? Te estás aprovechando de las circunstancias.

— ¿Con quién piensas que estás hablando? No voy a hacerle nada.

— Sólo voy a recordarte que si bien ya no es tu alumno de manera directa, sigue siendo un mocoso y es su primer celo. No vas a querer…

— Ya, ya. Buenas noches. ¡Y gracias!

— ¡Satoru!

No había caso.

Shoko tenía razón y Satoru lo sabía. Ella ahora se había transformado en la voz de la conciencia que él había oído en un principio pero que ahora ahogaba en lo más profundo de su mente, el instinto interponiéndose. Mientras caminaban fuera de allí, Satoru se alegró y alivió a partes iguales al comprobar que la noticia había sido muy bien recibida por Yuuji, quien no dejaba de parlotear acerca de cuestiones irrelevantes que a Satoru le parecían inesperadamente maravillosas. El cambio en la expresión de su rostro casi lo había transformado en otra persona y, para qué mentirse a sí mismo, la risa de Yuuji lo ablandaba y distendía a un punto ridículo.

— ¿De verdad vas a quedarte, Gojo-sensei? ¿O vas a huir por la ventana cuando me duerma?

Pese al dejo de inseguridad en su voz, Satoru notó la provocación implícita cuando llegaron a su cuarto. Por el rabillo del ojo vio la luz del cuarto de Megumi apagada. Ni siquiera sabía si estaba allí. Ya no era el profesor titular de ambos así que el distanciamiento, aunque fuese sólo un poco, se estaba haciendo notar en pequeños detalles pese a que no había perdido comunicación con ninguno de los tres.

— No voy a salir por la ventana, de última desaparezco de aquí.

— Ah.

— Yuuji.

Ingresaron a la habitación en completo silencio, la sonrisa de Yuuji apagándose un poco ante la perspectiva de despertar solo. Impelido por el sentimiento que él mismo había provocado, Satoru se recostó sobre la espalda de Yuuji sin abrazarlo, su barbilla apoyada sobre el hombro ajeno y sus rostros prácticamente pegados.

— No voy a irme. No te preocupes.

Aquellas palabras susurradas los afectaron a ambos; a Yuuji, porque se relajó casi instantáneamente pese a que un leve temblor recorrió su cuerpo — el cual no había pasado desapercibido por el otro — y a Satoru, porque en el instante en el que Yuuji se había distendido había soltado un aroma demasiado tentador para dejarlo pasar por alto. Era tan llamativo, tan dulzón que lo atraía de una manera miserable. Inesperadamente, su aroma le produjo hambre y, antes de darse cuenta de lo que estaba haciendo, su nariz estaba enterrada detrás de la oreja izquierda de Yuuji buscando en su cuello el origen de la fragancia.

— Gojo-sensei...me haces cosquillas…

Una leve risilla por parte de Yuuji lo hizo sonreír aún en su búsqueda; cuando rodeó el cuerpo más menudo entre sus brazos y lo presionó contra su torso, el aroma se intensificó un poco más. En realidad, toda la piel de su cuello parecía oler a fresa, a una fresa demasiado dulce y adictiva. Se preguntó en esos momentos qué sabor tendría, ¿sería demasiado empalagoso? Tragó saliva y lamió sus labios mientras su nariz se hundía un poco más en la piel ajena percibiendo el leve temblor de la risa de Yuuji, alguna palabra susurrada en forma suave que no alcanzó a comprender.

Y su lengua se animó a rozar apenas la piel suave y caliente. Ambos gimieron inconscientemente con el contacto mientras el abrazo se cerraba un poco más; por supuesto, aquello no era suficiente. Su lengua lamió un poco más, deleitándose con la delicia que hasta ese momento se había estado perdiendo. Con ansiedad renovada, notó como Yuuji exponía un poco más el cuello para él y no dudó en buscar los puntos donde más se percibía el sabor tan satisfactorio; fueron su olfato y su gusto los que lo guiaron más allá del cuello hacia su mandíbula mientras Yuuji volteaba la cabeza hacia él. Por una breve fracción de segundo los ojos de Satoru se posaron en el sonrojo evidente, en los ojos brillosos de párpados caídos atentos a su boca.

El abrazo se apretó un poco más cuando Yuuji ladeó el torso hacia él aún de espaldas; Satoru sintió la mano del muchacho sobre uno de sus brazos, los dedos apenas temblorosos presionando suavemente mientras su lengua se topaba con la comisura de aquellos labios entreabiertos; los humedeció sin pena alguna al comprobar que era allí donde más empalagosa se volvía su esencia. Los labios se curvaron en una sonrisa tímida, otra risilla surgiendo de su boca mientras su lengua también salía al encuentro de la suya. Se limitaron a lamerse mutuamente sin llegar a algo más tal y como si reconocieran sus naturalezas, sus fragancias. Aún así, aquello ya no era suficiente, y Satoru lo supo en el momento en el que su mano se coló por debajo de la blusa tocando la piel suave de su abdomen…

Y la risa un poco más fuerte de Yuuji reventó la burbuja enajenada en la que su mente se había obnubilado. Jadeó al percatarse de lo que estaba haciendo mientras Yuuji recargaba su espalda en él aún riendo, sus mejillas sonrojadas y su respiración levemente agitada.

— Te dije que me hacías cosquillas…¿Mmh, qué sucede?

Yuuji parpadeó un par de veces recomponiéndose; arqueó la cejas y miró sin comprender la expresión consternada de Satoru. ¿Era posible que no se hubiese dado cuenta de lo que estaban por hacer?¿Tan inocente era?

— Creo que deberíamos dejarlo aquí. Ve a dormir.

— ¿Qué cosa?

— Lo que...lo que estábamos haciendo, Yuuji.— increíblemente era él quien se sentía incómodo con la situación, las palabras de Shoko resonando en su cerebro.

— ¿Está...estuvo mal? A mi me gustó. Digo, me relajó bastante.

El sonrojo reapareció con menor intensidad pero, aún así, en la mirada caída y las cejas fruncidas Satoru reconoció cierta timidez y vergüenza.

Estaba deseando tener cerca un cuchillo para castrarse en ese mismo instante.

— Lo siento.

— No te disculpes, no...no estuvo mal. Pero tratemos que no se repita, ¿si?

— Sí.

La sonrisa volvió a su sitio y con eso parte de su paz interior. Mientras Yuuji acomodaba el desastre en el que se había transformado su cama durante la noche, Satoru se golpeó mentalmente una y otra vez por su poco dominio de la situación. Se había dejado llevar no sólo por el aroma potente que Yuuji estaba emanando en esos momentos y que si, efectivamente, había sido parte de la razón por la que se había marchado al comprobar que por primera vez en mucho tiempo, sí se sentía afectado, sino también por un sentimiento nefasto y venenoso parecido a los celos, a la envidia.

Su preocupación había sido sincera cuando Yuuji le había terminado confesando lo de Sukuna pero una parte de su mente, la que estaba seguro tenía que ver con ese instinto primitivo e inútil le había despertado un sentimiento de ira tal que la indignación por el horror que había tenido que pasar Yuuji se había transformado progresivamente en un resentimiento irracional al darse cuenta que Sukuna le había ganado de mano.

Dentro de su delirio, se percató de que se sentía peor por el hecho de que esa bestia inmunda se había hecho con Yuuji antes que él, y el pensamiento lejos de horrorizarse no había hecho sino más que aumentar, sobre todo por la ausencia total de rechazo de Yuuji para con él.

Por eso se había alejado, por eso no tendría que haber vuelto…

Yuuji tardó más de la cuenta en volver a recostarse; pese a que se había higienizado mientras aguardaban los resultados del análisis, Yuuji volvió a darse una ducha rápida con la intención de retirar el aroma de Sukuna de su piel, ya no tan intenso. Cuando por fin había salido del baño y se había lanzado a la cama, Satoru respiró aliviado el aire limpio sin la toxicidad de aquellas feromonas.

Sentado en el borde de la cama en su cabecera, Satoru apoyó la espalda en el respaldo y cruzó las piernas, apenas cerrando los ojos. No necesitaba dormir, al menos no tanto como antes, pero podía permitirle a su cuerpo relajarse un poco mientras aguardaba que Yuuji conciliara el sueño; su aroma aún era intenso porque todo allí olía a él, pero al no ser su fragancia directa pudo respirar en paz, al menos por un rato. Satoru cubría con su cuerpo la mayor cantidad de luz de la lámpara y la habitación pronto quedó en una semi penumbra; al cabo de unos minutos de silencio, Yuuji se removió entre las sábanas y suspiró, una mano posándose en su pierna y obligándolo a abrir los ojos.

Simplemente se quedó mirando como Yuuji se había quedado dormido casi en el instante en el que su cabeza había tocado la almohada; su sueño parecía ser pesado pero tranquilo, su respiración profunda y lenta. Había volteado en su dirección y en el camino su mano derecha se había posado sobre su pierna. Sintiéndose seguro, Satoru se atrevió a posar una mano en su cabeza, apenas acariciando sus cabellos; ante el gesto, Yuuji sonrió dormido acercándose más a su pierna e imitando su conducta anterior, enterrando la nariz sobre los pantalones oscuros.


Mmm...que no se repita dice...xD...